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Georges De La Tour
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Mensaje Georges De La Tour 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor barroco francés Georges de La Tour. Es el pintor más famoso de los tenebristas franceses; recibió la influencia de los pintores italianos Caravaggio, Jacopo Bassano y Orazio Gentileschi. También se le relaciona con los tenebristas holandeses de la escuela de Utrecht.

Los temas religiosos están protagonizados por figuras tremendamente realistas, caracterizadas por la minuciosidad de los detalles y la amplitud de la gama de colores empleados. Al parecer solo se conservan 40 obras del célebre pintor francés.


Georges de La Tour (Vic-sur-Seille, cerca de Nancy, Lorena, Francia, 13 de marzo de 1593 - Lunéville, Francia, 30 de enero de 1652)

Nació en Vic (Lorena), segundo de los siete hijos de un albañil y de una hija de panaderos. Se formó en Lorena, en concreto en Nancy, con el lorenés Claude Dogoz, pero posiblemente continuara su aprendizaje en Italia, entre 1614 y 1616, donde descubre a Caravaggio.

En 1617 se casó con la hija del tesorero del Duque de Lorena, Diana Le Nerf. Al fallecer su suegro, se traslada a Luneville donde aparece documentado como burgués.

No se sabe si permaneció en su tierra natal toda su vida, conociendo la obra de los tenebristas italianos y holandeses por la circulación de artistas y de obras, o bien si viajó a Italia y los Países Bajos, pues estos viajes no constan claramente documentados. De haber tenido lugar, se señalan las fechas de 1610-1615 para su viaje a Roma y 1615-1620 para Utrecht.

Vic era una villa episcopal, centro católico pero con el protestantismo cercano. El duque de Lorena estaba en continua guerra con el rey de Francia. En 1617 se casó con la noble Diane Le Nerf, hija de un tesorero del duque de Lorena. En 1620 estaba ya viviendo en Lunéville, capital de la región. Enrique II, Duque de Lorena (1563 – 1624) le realizó encargos en 1623. Es posible que en 1622 realizara un viaje a París.

La región de Lorena estaba en disputa entre Francia y Austria, por lo que los ejércitos franceses e imperiales la recorrieron y devastaron varias veces. Entre 1631 y 1635 padeció los efectos de la Guerra de los Treinta Años: los tumultos, epidemias como la peste, las rapiñas de las milicias y los forajidos y rebeliones, en el curso de la cual padeció el incendio de Lunéville (1638). Marchó a París en 1638-1642. Se unió entonces a los franceses y a Luis XIII cuando el duque Carlos IV abdicó. Hacia 1639 es mencionado como “pintor habitual del rey” ("Peintre du Roi").

Volvió a Lunéville en 1643. Con ocasión de la epidemia de peste, en 1652 murieron el artista y su esposa, así como un criado de la casa. A su muerte, continuó su obra su hijo Étienne.

Pintor muy solicitado en vida, cayó después en el olvido. Fue recuperado en los años 1920 por los pintores de la "Nueva Objetividad", que vieron en él a un precursor. Fue esencial, para su recuperación, la exposición que de sus obras se hizo en la Orangerie, en París (1935).

Estilo. Es el más famoso de los tenebristas franceses. Georges de La Tour recibió la influencia del pintor italiano Caravaggio, y debió conocer asimismo la obra de Carlo Saraceni o Orazio Gentileschi. No obstante, se relaciona más con los tenebristas holandeses de la escuela de Utrecht, en particular Gerard van Honthorst que con Caravaggio. En los cuadros de Georges de La Tour, el origen de la luz es concreto: una vela, una bujía, una antorcha u otra forma de luz artificial, mientras que en las obras de Caravaggio, la luz provenía de un foco de origen impreciso.

Trata temas religiosos, escenas de género y de devoción, todos ellos con el mismo estilo, hasta el punto de que algunos cuadros no es fácil distinguir si se trata de uno u otro, como puede verse en El recién nacido, que no se sabe si representa en realidad La Natividad. Entre los temas religiosos, pintó con preferencia santos asociados a la peste, especialistas en prevenir el contagio, de ahí sus varias representaciones de San Sebastián que, además, era militar. No trató, sin embargo, el tema de la Pasión. No consta que hiciese retratos, sino que prefería representar a la gente humilde, sobre todo figuras femeninas serias, contenidas, piadosas: mujeres que curan heridos, jóvenes madres con niños, varias Magdalenas.

Tiene un estilo muy personal. La composición es equilibrada y rigurosa, casi geométrica.


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Georges de La Tour: Le Vielleur ou Le Vielleur à la sacoche ou Vielleur Waidmann, entre 1625 et 1630, dim. 1,57 x 91, musée Charles Friry de Remiremont (Vosges). Cette salle était l'atelier du peintre Pierre Waidmann, petit-fils de Charles Friry.

Su obra tiene dos etapas: los cuadros «diurnos» de la primera época y los «nocturnos» de la segunda.

El primer período abarca hasta 1638, con cuadros famosos de tahúres y soldados, reflejando un poco la realidad de su Lorena natal, en la que abundaban los soldados jugando, con pícaros. Una fase intermedia viene marcada por su estancia en París (1638-1643).

Su segunda época se inicia a su regreso a Lunéville, en 1643. Pinta entonces cuadros nocturnos en los que predominan las luces nocturnas (p.ej. San José carpintero, en esta página). La iluminación, que proviene generalmente de una vela, ilumina con luz blanca o rojiza las figuras. El resto del cuadro queda en la oscuridad, sin que aparezcan paisajes o arquitecturas. Utiliza una paleta prácticamente monocroma: rojo y negro en las escenas nocturnas, blanco y morado en las diurnas.

Obra.  Se le atribuían unas 80 composiciones, aunque los catálogos más exigentes las reducen a la mitad y consideran las restantes como copias. Su datación no es segura.

De la primera época cabe citar:

    - Los comedores de guisantes, Museo de Berlín
    - Anciano, antes de julio de 1624, M. H. de Young Memorial Museum, San Francisco.
    - Anciana, antes de julio de 1624, M. H. de Young Memorial Museum, San Francisco.
    - Tocador de zanfonía con perro, Museo municipal, Bergues
    - Santiago el menor, Museo Toulouse-Lautrec, Albi
    - Riña de músicos, h. 1625-1630 (?), J. Paul Getty Museum en el Getty Center de Malibú.
    - San Jerónimo penitente (con sombrero cardenalicio), Museo Nacional, Estocolmo, 153 x 106 cm. Hay otro San Jerónimo penitente en el Museo de Grenoble.
    - San Jerónimo leyendo una carta, hallado en el Instituto Cervantes y depositado en el Museo del Prado
    - Santo Tomás, Museo Toulouse-Lautrec, Albi
    - El tramposo del as de tréboles, colección privada, Ginebra
    - El tahúr, h. 1625, Museo del Louvre, París. También conocido como Los tramposos y Tramposo del as de diamantes.
    - La buenaventura, h. 1630, óleo sobre lienzo, 101,9 x 123,5 cm, Metropolitan Museum of Art, Nueva York. También conocido como La adivinadora de la fortuna.
    - Tañedor de zanfonía, h. 1631-1636 (?), óleo sobre tela, 162 x 105 cm, Museo de Bellas Artes de Nantes. También conocido como El tocador de la mosca.
    - Tañedor de zanfonía, de perfil, Museo del Prado.

Segunda época:

    - El soplador de la lámpara, Museo de Bellas Artes, Dijon.
    - El pensamiento de san José, (h. 1640), Museo de Bellas Artes, Nantes.
    - San José carpintero, (h. 1642), óleo sobre tela, 132 x 98 cm (otras fuentes: 137 x 101 cm), Museo del Louvre, París.
    - Magdalena penitente, llamada Magdalena Fabius, National Gallery of Art, Washington.
    - Magdalena penitente, llamada Magdalena Terff, h. 1642-1644, óleo sobre tela, 128 x 94 cm, Museo del Louvre, París.
    - Magdalena penitente, llamada Magdalena Wrightsman, Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
    - La adoración de los pastores (h. 1644), óleo sobre tela, 107 x 137 cm, Museo del Louvre, París.
    - El recién nacido (1645-1648), óleo sobre tela, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes. Cuadro enigmático, que no se sabe si representa, en realidad, una Natividad con la Virgen María, el niño Jesús y Santa Ana. Está bañado por una luz rojiza.
    - Job menospreciado por su mujer, Museo provincial de los Vosgos, Épinal. También conocido como Job burlado por su mujer.
    - San Sebastián cuidado por Santa Irene o San Sebastián asistido por Santa Irene. Hay varias versiones, destacando la del Museo del Louvre de París y la de Berlín. Esta última se cree que es la versión de fecha más tardía. Mide 160 x 129 cm.
    - Las lágrimas de san Pedro (1645), Museo de Arte, Cleveland. Uno de los pocos cuadros de La Tour que lleva fecha y firma.
    - San Alexis (1648), hoy perdido.
    - La negación de san Pedro (1650), Museo de Bellas Artes, de Nantes. Igualmente, lleva fecha y firma.
    - Mujer de la pulga, Museo histórico lorenés, Nancy.

Espero os guste la recopilación de este pintor francés, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


Más datos biográficos de La Tour

Georges de La Tour en el Museo del Prado. El Museo del Prado expone dos obras de Georges de La Tour, las únicas existentes en España: Viejo tocando la zanfonía (c. 1620-30) y San Jerónimo leyendo (c. 1627-29). Las dos ilustran las características esenciales de las pinturas diurnas de La Tour, artista especializado en escenas de género y asuntos religiosos, con tipos populares en ambos casos, representados en circunstancias cotidianas. Sus personajes parecen tomados del natural, con fondos neutros y dispuestos con simple y austera geometría. Suponemos que sus clientes fueron burgueses de la región de Lorena, así como instituciones religiosas.

Georges de La Tour (Vic-sur-Seille, Lorena, 1593-Lunéville, Lorena, 1652). Pintor francés. Famoso en su tiempo y luego completamente olvidado, no fue redescubierto hasta el siglo XX, en particular por Hermann Voss (1915). A partir de la exposición Pintores de la realidad (1934), La Tour recobró un lugar eminente en la pintura francesa, confirmado por la sonada adquisición, en 1960, de la Echadora de la buenaventura por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, y por las dos exposiciones monográficas consagradas al artista, en 1972 y en 1997, ambas en París. Hijo de un panadero, La Tour nace en un burgo de Lorena. Nada o muy poco se conoce acerca de su juventud y de su formación, aunque probablemente vivió una temporada en Italia, situación que no está documentada. En cualquier caso, en 1616 La Tour es ya un pintor formado. Al año siguiente, contrae matrimonio con Diana Le Nerf, nacida en una familia acomodada, y se instala en Lunéville en 1618. Es considerado burgués de la ciudad en 1620, y lleva la vida propia de un pequeño gentilhombre loreno. La fama, de la que goza prontamente (compras del duque de Lorena en 1623-1624), se confirma durante la ocupación del ducado por los franceses. Hace un viaje a París en 1639 y obtiene el título de pintor ordinario del rey. Pinta cada año un cuadro para el gobernador de la Lorena, el mariscal de La Ferté. Otros coleccionistas célebres, como Richelieu, el superintendente de finanzas Claude de Bullion, el arquitecto Le Nôtre e incluso Luis xiii, poseen obras suyas. El artista muere en 1652, sin duda víctima de una ­epidemia, unos días después de su mujer. De las setenta y cinco composiciones conocidas por cuadros, grabados o por las fuentes en que se inspiró, unos cuarenta originales suyos han llegado hasta nosotros. Se trata únicamente de escenas religiosas y de género, y en ambos casos los temas, fielmente influidos por el reper­torio de Caravaggio, son limitados y suelen repetirse. En La Tour, el cuadro queda restringido a sus datos esenciales, la anécdota es excluida, así como la arquitectura o el paisaje, y hasta los accesorios se reducen a lo más estrictamente necesario: los santos suelen carecer de aureola y los ángeles no tienen alas. Solo dos de sus cuadros llevan fecha (Las lágrimas de san Pedro, 1645, Cleveland Museum of Art, y La negación de san Pedro, 1650, Musée des Beaux-Arts de Nantes), por lo cual la cronología de su obra sigue siendo muy discutida. Realizó algunas escenas diurnas y otras nocturnas, que trató de diferente manera. Las primeras se distinguen por su luz fría y clara, por la acuidad de la escritura y la precisión despiadada del retratista registrando, con la punta del pincel, arrugas y harapos. En las escenas nocturnas, casi siempre iluminadas por una vela, los colores son escasos, a menudo limitados a un refinado diálogo de pardos y bermellón, y los volúmenes se reducen a unos cuantos planos simples. Esta economía de medios conducirá al empobrecimiento de sus últimos lienzos y a una estilización creciente que aleja y abstrae cada vez más de la realidad a los modelos del pintor. Ningún gesto, ningún movimiento viene a turbar el recogimiento de los personajes replegados en sí mismos, absortos y reflexivos.


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Ciego tocando la zanfonía, 1610-1630, óleo sobre lienzo, 84,7 x 61 cm. Museo Nacional del Prado. Procedencia: Adquisición Fondos Legado Villaescusa, 1992. La Tour muestra a un viejo músico ciego ambulante tañendo la zanfonía, tema que repite con variantes en diversas ocasiones. El pintor, activo en Lorena (en el este de Francia) e influido por la pintura caravaggiesca, se deleita en la recreación de detalles como el lazo que adorna el instrumento, las arrugas del rostro del anciano o sus cabellos. Es un fragmento de una composición mayor.


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San Jerónimo leyendo, óleo sobre lienzo, c. 1627-29. Obra de Georges de La Tour. Desde 2005 el Museo del Prado expone San Jerónimo leyendo una carta, un cuadro inédito hasta que fue localizado en la sede central de Instituto Cervantes de Madrid, que se incorpora al Museo como depósito del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.



San José, carpintero


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San José, carpintero (en francés, Saint Joseph charpentier), es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. Está realizado en óleo sobre lienzo. Se calcula que fue pintado a principios de la década de los años 1640, en 1642 o 1645. Mide 137 cm de alto y 102 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Louvre de París, a donde llegó por la donación Percy Moore Turner, en 1948.

En el cuadro, José de Nazaret trabaja una viga delante del Niño Jesús de Nazaret, que lo ilumina con una vela. José es carpintero de armar o de obra de afuera, esto es, carpintero que hace las armaduras, entramados y demás armazones de madera para los edificios. San José es el patrono de este gremio.

La vigueta que José está serrando se interpreta como una prefiguración de la madera de la cruz en la que morirá.

Esta pintura muestra el interés de Georges de La Tour en las diversas fuentes de luz. Es una obra de madurez del pintor, plenamente tenebrista. La fuente de luz artificial es explícita, como en el caso de la escuela de Utrecht y en particular de Gerard van Honthorst: una vela.

La fuente de luz modela abruptamente las figuras, mientras que el resto se sume en la oscuridad. Se crean interesantes sombras en la pared del fondo, así como en el traje del Niño y en el suelo, producida esta última por su sandalia. El niño sujeta la vela con una mano, mientras coloca otra delante. Con gran maestría se representan las sombras en la mano derecha de Jesús, así como la forma en que la luz incide en la mano izquierda, haciendo traslúcidos los desdos y filtrándose entre ellos.

La pintura es casi monocroma. El rostro de José está tratado con trazos gruesos de pintura que evidencias sus arrugas. Una mancha gruesa de pintura consigue representar la barba


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Otra obra de de La Tour similar en temática y estilo es "El pensamiento de San José" o el "El sueño de san José", en francés "L'Apparition de l'ange à Joseph". 1640. Óleo sobre lienzo, 93 × 81 cm. Museo de Bellas Artes, Nantes,


El recién nacido


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El recién nacido (en francés, Le Nouveau-né), es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. Está realizado en óleo sobre lienzo. Es una obra que data del periodo 1640-1645. Mide 76 cm de alto y 91 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo de Bellas Artes de Rennes (Francia).

Es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. Está realizado en óleo sobre lienzo. Es una obra que data del periodo 1645-1648. Mide 76 cm de alto y 91 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo de Bellas Artes de Rennes (Francia).

A veces es conocida esta obra con el título de La Natividad, pues se trata de un cuadro enigmático del que no se sabe si representará el nacimiento de Jesucristo, con la Virgen María, el Niño Jesús y Santa Ana. Es usual en Georges de La Tour tratar los temas religiosos como si se tratara de una escena de género.

La composición es sencilla: dos mujeres, una de frente y otra de perfil, y en brazos de la primera un recién nacido. Una luz rojiza ilumina los rostros, dejando en penumbra el resto del cuadro. Sólo la cabeza del niño y el pecho de la mujer de perfil están iluminados con color blanco.

A veces es conocida esta obra con el título de La Natividad, pues se trata de un cuadro enigmático del que no se sabe si representará el nacimiento de Jesucristo, con la Virgen María, el Niño Jesús y Santa Ana. Es usual en Georges de La Tour tratar los temas religiosos como si se tratara de una escena de género.



El tocador de zanfonía


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El tocador de zanfonía o El tocador de organillo (en francés, Le joueur de vieller), es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. Está realizada al óleo sobre lienzo. Es una obra de juventud, calculándose su realización en la primera mitad de la década de los años 1630. Mide 162 cm de alto y 105 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo de Bellas Artes de Nantes (Francia).

Esta obra también es conocida con el nombre de El tocador de la mosca, ya que aparece una cerca del lazo rosa del instrumento.

Es un cuadro de género en el que se retrata a un viejo músico con brutal realismo. Presenta sin piedad su decadencia física. El fondo es neutro. Los tonos son apagados, con la excepción del rojo intenso del sombrero en la parte inferior. La escena está iluminada con luz natural.

Stendhal se refirió a este cuadro en sus Mémoires d'un touriste, señalando que se atribuye a Murillo.



San Sebastián cuidado por Santa Irene


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San Sebastián cuidado por Santa Irene (en francés, Saint Sébastien pleuré par sainte Irène), es un cuadro del pintor francés Georges de La Tour. Está realizado al óleo sobre lienzo. Se considera que debió ejecutarse entre 1634 y 1643. Mide 160 cm de alto y 129 cm de ancho. Se exhibe actualmente en la Gemäldegalerie, Staatliche Museen de Berlín.

Se representa el cadáver del mártir san Sebastián cuidado por piadosas mujeres, en particular por la viuda Irene. Es una escena que proviene de la leyenda medieval. En el siglo XVII era un santo al que se recurría con frecuencia debido a que se le consideraba protector frente a las epidemias, como la de peste que en aquella época asolaba la Lorena.

Se ha pintado una escena nocturna, en la que la única luz proviene de la antorcha que santa irene lleva en la mano.

Este tema tuvo gran éxito, de modo que pintó varias versiones. Parece que la primera es la que pintó para el duque Carlos IV de Lorena (1604 – 1675), en 1633, luego pintó otro para el rey Luis XIII al que gustó tanto que retiró el resto de cuadros de la habitación y hubo un tercero encargado por el gobernador de Nancy en 1649. Uno de ellos es el de la Gemäldegalerie, mientras que otro se encuentra en el Museo del Louvre. Se conservan réplicas en Ruán, en la capilla de Bois-Anzeray y en la iglesia de Broglie.



El tahúr


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El tahúr o El tahúr del as de diamantes (en francés, Le Tricheur à l'as de carreau), es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. Está realizada al óleo sobre lienzo. Se considera que debió ejecutarse entre 1620 y 1640. Mide 106 cm de alto y 146 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Louvre de París (Francia), que lo adquirió en 1972.

Es un cuadro de género en el que se retrata una escena de burdel, en el que un tahúr y una prostituta, con la complicidad de una criada, despluman a un joven rico, ataviado con lujo, quien no se da cuenta de que el tahúr se saca del cinturón un as de diamantes.



La buenaventura


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La buenaventura. Autor: Georges de La Tour. 1632-35. Óleo sobre lienzo, 101,9 x 123,5 cm. Metropolitan Museum. Nueva York. Raras veces pintó De la Tour escenas diurnas, y esta es una de ellas. Nos muestra una escena muy querida de los pintores de la primera mitad del siglo XVII, en especial de los seguidores de Caravaggio, entre los que se cuenta De la Tour.

La Buenaventura, de la que podemos encontrar un par de ejemplos en la obra del propio Caravaggio, nos muestra por lo general a un jovencito ricamente vestido a la última moda, pagado de sí mismo y con aire de suficiencia. Su propia ingenuidad le impide sospechar que está siendo timado: la vieja zíngara, con rostro de auténtica bruja, le reprocha su tacañería, pues tan sólo le ha dado una moneda por su profecía. El joven se cree muy astuto pensando que ha obtenido un buen servicio por poco dinero, y no nota que mientras tanto las jóvenes y bellas gitanas que acompañan a la vieja le están robando por todos los lados, mientras ponen cara de no saber nada.El tema fue frecuente como una alegoría moral, muy de moda en el primer barroco, y se considera una representación de la ingenuidad frente a los males y asechanzas del mundo.


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Georges de La Tour - “La buenaventura” (h. 1630, óleo sobre lienzo, 101 x 123 cm, Metropolitan Museum, Nueva York)

Esta obra de George de La Tour es una variante de que veíamos ayer de Caravaggio (http://goo.gl/ej9eXH), aunque tratado de una forma algo más compleja. La gitana de Caravaggio, que robaba el anillo al pobre incauto, se convierte aquí en una eficiente banda organizada compuesta por cuatro mujeres que utilizan una estrategia muy bien estudiada para quitarle al chico la bolsa del dinero. La más anciana, que es la que le ha leído la mano, es la encargada de distraerle discutiendo con él el precio del servicio: la moneda que le ha dado le parece poco. Mientras tanto, sus tres cómplices trabajan perfectamente sincronizadas para desplumar al pardillo, la víctima perfecta, un cursi presumido que se va dando aires por la calle. La del pañuelo blanco está cortando la cadena en la que lleva enganchada una medalla de oro, la de la cofia le roba disimuladamente la bolsa del dinero y la morena del cabello suelto extiende la mano para coger el botín.

En esta época, a Georges de La Tour todavía no le había dado por el tenebrismo (http://goo.gl/CFR6Gb), y casi se agradece, porque la luz que ilumina la escena nos permite ver con claridad todos los detalles: las telas, la piel de los personajes, los bordados, las miradas… Ampliad la imagen y dedicarle unos minutos, que merece mucho la pena.



Magdalena penitente


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Magdalena penitente, llamada Magdalena Wrightsman. Autor: Georges de la Tour. 1638-43. Óleo sobre lienzo, 133,4 x 102,2 cm. Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Quien mayor importancia tiene hoy en día entre los pintores franceses del Barroco que trabajaron bajo una órbita caravaggesca es Georges de La Tour. Sin embargo, este pintor ha estado olvidado desde poco después de su muerte hasta principios del siglo XX, habiéndose atribuido sus obras a otros artistas. En 1915 Hermann Voss descubría su personalidad y desde entonces paulatinamente se ha ido ampliando el horizonte de su obra.

En su segunda etapa La Tour se acerca mucho más a los caravaggistas holandeses con la introducción de una candela para iluminar las composiciones, lo que por otra parte le permite obtener determinados efectos lumínicos derivados de la localización de este foco de luz dentro del lienzo. A ello hay que añadir la tonalidad rojiza que baña todo el conjunto debido al tipo de iluminación, todo lo cual asemeja estas obras con las de Honthorst, las cuales pudo haber conocido en un supuesto viaje a Holanda.


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Magdalena penitente. Obra de Georges de la Tour. Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Están estos cuadros envueltos en una gran oscuridad cortada bruscamente por una candela, que puesta en un candelabro o sujeta en la mano por un personaje, ilumina fuertemente la zona próxima a ella, variando así con respecto a su etapa anterior, cuyas obras estaban más próximas al tenebrismo italiano al no percibirse el foco de luz, que quedaba fuera del lienzo. En estas composiciones se entremezclan extrañamente aspectos muy naturalistas como los espejos o las candelas, con otros tratados de forma más esquemática, como ocurre con algunas partes del cuerpo de la Magdalena que casi parece un maniquí y que de esta forma ya adelantan lo que será propio de su última etapa.



Otras obras


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San Jerónimo leyendo. 1635-38. Óleo sobre lienzo. Louvre, París, Francia. Obra Taller de la Tour


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Riña de músicos, (1625-1630), óleo sobre lienzo, 94,5 x 142 cm, Getty Center, Los Ángeles. Obra de Georges de La Tour


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El tramposo del as de diamantes, también conocido como Tahúr con un as de espadas, hacia 1630, óleo sobre lienzo, 106 x 146 cm, Museo del Louvre, París. Obra de Georges de La Tour


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La Adoración de los pastores, h. 1644. Obra de Georges de La Tour


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San Jerónimo penitente, 1624-1650. Óleo sobre lienzo, 157 x 100 cm. Grenoble, Musée de Grenoble. Saisie de l ? Etat Inventorié en 1797. Obra de Georges de La Tour


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Job menospreciado por su mujer, fecha desconocida, óleo sobre lienzo, 145 × 97 cm, Museo de Vosges, Épinal. Obra de Georges de La Tour


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Magdalena Wrightsman, 1625-1650. Obra de Georges de La Tour


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Smoker. Tokyo Fuji Art Museum. Obra de Georges de La Tour


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Peasant Couple Eating, c. 1620. Obra de Georges de La Tour


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The Payment of Dues, c. 1630-35. Obra de Georges de La Tour


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Madeleine au miroir. Collection Musée Historique Lorrain, Nancy. Obra de Georges de La Tour


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Georges de la Tour. Collection Musée Historique Lorrain, Nancy


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Le souffleur à la lampe, c. 1640. Obra de Georges de La Tour


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L'Education de la Vierge, c. 1650. The Frick Collection. Obra de Georges de La Tour


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L'Education de la Vierge, fragment. Detroit Institute of Arts. Obra de Georges de La Tour


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Job Mocked by his Wife. Obra de Georges de La Tour


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Holy Family at the table, c. 1620. Obra de Georges de La Tour


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The Old Man, c, 1626. Obra de Georges de La Tour


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Le Vielleur ou Le Vielleur à la sacoche ou Vielleur Waidmann, entre 1625 et 1630, dim. 1,57 x 91, musée Charles Friry de Remiremont (Vosges). Obra de Georges de La Tour


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L'apôtre Thomas, c. 1635-30 . Obra de Georges de La Tour


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The Repentant Magdalen, c. 1635-40. Obra de Georges de La Tour


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Obra de Georges de La Tour, c. 1624-1650


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Obra de Georges de La Tour, c. 1624-1650


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Boy Blowing at Lamp, c. 1640. Obra de Georges de La Tour


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Le Jeune chanteur. New Walk Museum and Art Gallery. Obra de Georges de La Tour


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Le Nouveau-ne Musée des beaux-arts de l'Ontario. Obra de Georges de La Tour


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Mujer espulgándose'. Obra de Georges de La Tour



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado all pintor francés Georges de La Tour. Es el representante más importante de la escuela naturalista en el Barroco Francés. Recibió la influencia de los pintores italianos Caravaggio, Jacopo Bassano y Orazio Gentileschi. También se le relaciona con los tenebristas holandeses de la escuela de Utrecht. Al parecer solo se conservan 40 obras del célebre pintor francés.



Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museodelprado.es, pintura.aut.org, artehistoria.com, epdlp.com, artcyclopedia.com, lozzanoart.blogspot.com, artrenewal.org, wga.hu, elcuadrodeldia.com, lozzanoart.blogspot.com, elpais.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Sabado, 20 Febrero 2016, 11:16; editado 5 veces 
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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Georges de La Tour. 1593-1652. Exposición en el Museo del Prado, del 23 de febrero al 12 de junio.



El Prado desvela los misterios de Georges de La Tour

El museo inaugura una antológica con 31 obras maestras de las 40 que se conservan del célebre pintor francés



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Mujer espulgándose', de Georges de La Tour.

Todo en Georges de la Tour (Vic-sur-Seille, Francia, 1593 - Lunéville , 1652) parece envuelto en misterio. No se sabe nada su preparación como artista, ni quienes fueron sus clientes. Tampoco está claro el funcionamiento de su taller ni de quienes fueron sus seguidores. Por desconocer, tampoco los expertos se aventuran a asegurar si su obra es religiosa o profana y durante mucho tiempo sus cuadros fueron atribuidos a las escuelas española y holandesa. Caído en el olvido después de conocer el éxito en vida, fue recuperado hace un siglo a partir de un artículo publicado por el historiador Hermann Voss en una revista alemana Archiv für Kunstgeschichte .A partir de ahí, el reconocimiento de su pintura no ha parado hasta convertirlo en uno de los grandes de la historia.

Amado y admirado por los franceses, sigue manteniendo el récord de visitantes: 530.000 en el Grand Palais de París, en 1997. El museo del Prado, propietario de dos espléndidos óleos del artista abre el martes al público una exposición en la que que se muestran nada menos que 31 obras de las 40 que se conservan en todo el mundo. Todas salidas directamente de su mano y todas consideradas como absolutas obras maestras. La exposición permanecerá abierta hasta el 12 de junio.

Comisariada conjuntamente por Andrés Úbeda, jefe de Conservación de Pintura Italiana y Francesa del Prado y por Dimitri Salmon, conservador del Museo del Louvre la exposición, patrocinada por Axa, repasa en orden cronológico sus grandes temas y técnica. Con personajes pobres de solemnidad (músicos ciegos, campesinos miserables y apóstoles de aspecto plebeyo) junto a escenas nocturnas de pocos personajes iluminados con la luz de las velas, impregnados de lirismo y soledad.

Miguel Zugaza, director del Prado, define a De La Tour, como un cabo suelto en la historia, el más español entre los pintores franceses. Y cuenta que en el museo se empezó a soñar con esta exposición en 2005, a partir de el hallazgo de San Jerónimo leyendo una carta encontrado de manera casual en el Instituto Cervantes y al que el catedrático y patrono del Prado José Milicua atribuyó la autoría de De La Tour al primer vistazo. El Prado ya contaba desde 1991 con Ciego tocando la zanfonía, procedente del legado de Manuel Villaescusa. La Tour es para Zugaza un descubrimiento del siglo de las vanguardias, el siglo en el que Picasso no desdeñó la corriente realista como se ve en algunos de sus rostros precubistas.

Dimitri Salmon afirmó que Georges de La Tour es el pintor más popular para los franceses. “No digo el mejor. Pero sí que afirmo que es el más querido porque emociona y desconcierta. Todo en él es un misterio que no se agota, un problema que tratamos de resolver desde hace nada menos que un siglo”. Dicho lo cual, Salmon pasó a hablar de las certezas. Se sabe que nació en 1593 en el ducado de Lorena, hijo de un panadero y que en 1616 hizo lo que llama una buena boda con la hija de un platero.

En las actas de la ceremonia se habla de él como pintor, algo sobre lo que hasta entonces no consta en ningún registro. Hacia 1620 se instaló con su familia en Lunéville, donde desarrolló gran parte de su trabajo. “La zona fue devastada por las guerras y él se posicionó junto a los franceses”, explica Salmon y se han podido perder muchas obras. Recuerda que el artista vivió un momento crítico para la historia de la Lorena, ya que acabó con la independencia política del ducado. “Pudo pintar 10 veces más de lo que tenemos localizado, pero no hay nada seguro. Además de las 40 que tenemos constatadas, tenemos registradas otras 30 que pueden ser copias o versiones hechas por otros pintores de su escuela. En Madrid hemos querido reunir lo que es auténticamente suyo, salido de su mano; una tardes complicada porque hay cuadros de 17 países”.

El experto francés añade otra certeza: el mal carácter del artista. Asegura que según consta en los registros, acogía con poco agrado a los recaudadores de impuestos y que en una ocasión les recibió empuñando un arma de fuego.

Andrés Úbeda se ocupó de explicar la exposición. Organizada en orden cronológico, consta de tres ámbitos. En primer lugar, están sus obras más antiguas, retratos de tipos populares que encarnan la miseria, la violencia y el hambre más extremo. La obra que preside este apartado es Comedores de guisantes, un cuadro en el que se recrea la pobreza más descarnada.

En el segundo grupo de obras son sus pinturas más luminosas, muchas de ellas atribuidas en origen a la escuela española. Los personajes son menos duros que en los primeros años y sus acciones más relajadas. Hace series con un mismo tema, nunca copias. Aquí están sus versiones de San Jerónimo penitente, las magdalenas, los tañedores de zanfonía y los tramposos. La obra más conocida de este grupo es La Buenaventura, prestada por el Metropolitan de Nueva York

Por último, se exponen sus escenas nocturnas, también con temas seriados que nunca repite con exactitud, y sus cuadros religiosos de aspecto laico como su interpretación de la maternidad en la que suprime a San José o San Juan Bautista en el desierto, una pintura monocroma cargada de misterio y silencio.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Georges de La Tour. 1593-1652. Exposición en el Museo del Prado, del 23 de febrero al 12 de junio.



Georges de La Tour, en su penumbra

Antonio Muñoz Molina se pasea por las salas de la exposición del Prado y reflexiona sobre la maestría de este genio del XVII




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Exposición de George de La Tour, en el Museo del Prado.

La vida y la obra entera de Georges de La Tour, o lo poco que ha llegado a nosotros de ellas, se abarcan en el tránsito por unas cuantas salas casi en penumbra del Museo del Prado. La penumbra del espacio real se parece a la de los interiores en sus obras de madurez. Las velas que los alumbran dan la impresión de que extienden su claridad hacia nosotros. La pintura de las paredes se corresponde con esos fondos sin asideros anecdóticos que faciliten la sensación de profundidad. Andrés Úbeda, comisario de la exposición, me señala un muro de la última sala en el que hay colgado, en un ejercicio audaz de austeridad, un solo cuadro, uno de los más impresionantes, El recién nacido, del Museo de Rennes. “Queríamos lograr que el espectador no se acuerde luego de cómo es la pintura de la pared, que no lo distraiga nada de la contemplación de la obra”, me dice Úbeda un jueves a última hora de la tarde, cuando todavía hay operarios terminando detalles, añadiendo letreros. El trajín del montaje y las voces murmuradas se pierden en un silencio que emana de la pintura misma y que induce gradualmente a una atención absoluta.

El itinerario va de la juventud a la madurez, de la gestualidad a la contención, de la claridad a la sombra. La economía misma de la exposición resalta el despojamiento de esta pintura, y también la rareza de quien la pintó, y hasta el modo en que su nombre y su talento han ido regresando después de una oscuridad de siglos. Dice Andrés Úbeda que no hay otro caso de un gran pintor que desapareciera tan sin rastro. Caravaggio quedó rezagado en el aprecio de historiadores y críticos, pero nunca dejó de ser visible, “aunque solo fuera para denostarlo”, dice Úbeda. La Tour es un extraño pintor provincial que no parece haber abandonado nunca su tierra de origen, Lorena, una región devastada por matanzas, hambres, epidemias e incendios durante una gran parte de su vida, que coincide con el horror de la guerra de los Treinta Años. Tiene la impronta del naturalismo tenebrista de Caravaggio, pero también hay en él algo muy cercano a la pintura del norte, al interés de Brueghel por las escenas de vida popular y de los pintores holandeses por la recreación de presencias estáticas en interiores cotidianos, sin duda asociada a una religiosidad que por su falta de melodramatismo tiene un aire de introspección protestante.
Visitantes contemplan la obra 'El recién nacido' de De La Tour, en el Prado.
Visitantes contemplan la obra 'El recién nacido' de De La Tour, en el Prado. Javier Lizón EFE

Andrés Úbeda empujó una puerta y me vi sumergido de golpe en la penumbra de la atmósfera real y en la de la pintada. Estábamos empezando por el final. Pero el itinerario ha de seguirse en orden cronológico para que revele plenamente dos maestrías simultáneas: la de la pintura, desde luego, pero también la del montaje de la exposición, más seductor porque está calculado para no llamar la atención sobre sí mismo. Andrés Úbeda me explica, con la satisfacción y el agotamiento de la tarea ya casi cumplida, todas las complicaciones que se han debido superar para que se encuentren juntas aquí obras que proceden de museos y colecciones privadas repartidos por medio mundo. La mayor parte de estos cuadros son familiares para el aficionado. Dos de los mejores, un Tocador de zanfona y un San Jerónimo leyendo, pertenecen a El Prado. Pero el efecto del conjunto es tan poderoso que produce una exaltación feliz con algo de mareo, un lento empaparse de un repertorio de imágenes que se vuelven más intensas a medida que se van haciendo más limitadas en su variedad. En el primer cuadro que encuentra el espectador hay un estallido de violencia y crueldad, de expresiones humanas, de objetos y texturas: dos músicos ambulantes forcejean, uno de ellos sosteniendo una navaja, el otro echándole un chorro de limón en los ojos, sin duda para desenmascarar una falsa ceguera de pícaro. Las expresiones permanecen congeladas en el pavor, la ira o la burla. Una luz sin inflexiones muestra los pormenores más mezquinos de lo real. Parece que escuchamos una carcajada cruel de novela picaresca.

La Tour depura al máximo la iconogafía religiosa

El estilo de La Tour va cambiando, quizás no solo por la evolución interna, sino también por la diferencia entre clientes y encargos. Pero el recorrido tan preciso de la exposición permite advertir lo mismo las modificaciones que las recurrencias de lo que ya estaba en el principio: el ensimismamiento de las figuras y los lazos siempre indirectos que se establecen entre ellas; las variaciones menores pero significativas a partir de modelos establecidos; la relevancia de los gestos de las manos, sean manos ásperas de trabajadores, músicos callejeros o mendigos, o manos muy cuidadas de personas de rango; la atención al pormenor y al mismo tiempo que la economía máxima en los objetos, los rasgos físicos, los colores.

Raro pintor católico, La Tour depura al máximo la iconogafía religiosa, o la modifica con detalles sutiles que no están en ningún otro pintor. En una época en la que el método científico estaba empezando a discernir los procesos de la percepción visual, sobre todo en Holanda, la luz de las velas de Georges de La Tour es un estudio empírico y un símbolo sagrado. Cuanto más atentamente se mira más cosas se van viendo en esa penumbra.



Por Antonio Muñoz Molina / elpais.com
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Georges de La Tour. 1593-1652. Exposición en el Museo del Prado, del 23 de febrero al 12 de junio.



De La Tour: la resurrección de un fantasma

¿Cómo es posible que un artista tan peculiar y potente cayera en ese asombroso olvido de dos siglos y medio? El Prado revisa su figura



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Georges de La Tour. 'Ciego tocando la zanfonía', de 1620-1630.

Hasta que, en 1915, el historiador del arte alemán Hermann Voss atribuyó dos cuadros a un tal Georges Dumesnil de La Tour, el rastro de este pintor lorenés, nacido en 1593 y muerto en 1652, se había borrado del mapa. Desde entonces se abrió una formidable pesquisa, que aún hoy sigue abierta, para reatribuirle una obra que había sido asignada a otros artistas de su época, principalmente españoles y, a veces, holandeses, pero tuvo que pasar más tiempo hasta que el público aficionado le asignase el fundamental papel singular que hoy se le concede en la historia del arte. Para que esto último tuviera lugar hubo que esperar a la exposición titulada Pintores de la realidad, que se exhibió en la Orangerie de París en 1934, y aún más, porque hasta 1948 no se publicó una monografía completa sobre el pintor, escrita por el investigador francés François-Georges Pariset. Desde entonces y hasta ahora, no han cesado las muestras y monografías sobre De La Tour en los principales museos del mundo, aportando cada una nuevos datos sobre su catálogo y enigmática personalidad, por no hablar de las encendidas polémicas acerca de las causas y características de su peculiar estilo, dentro de ese complejo haz internacional que fue el del realismo de corte caravaggista durante el siglo XVII europeo.

En cualquier caso, la interrogación candente es ¿cómo fue posible caer en este asombroso olvido de dos siglos y medio de un artista tan peculiar y potente? Es cierto que el vaivén de la fama se ha cernido sobre artistas que fueron menospreciados durante largos periodos, pero es muy excepcional que no se tuviese ninguna huella de su existencia. Protegido por el duque de Lorena y el rey francés Luis XIII, hoy tenemos constancia de que Georges de La Tour fue muy estimado por sus compatriotas contemporáneos y, en consonancia, que vivió en el desahogo económico y pudo elevar considerablemente su modesto origen social, el de una estirpe de artesanos de la panadería, pero nada de ello le franqueó la perduración de su memoria. Quizás, aventuran los especialistas, la causa de este ulterior silenciamiento fue debido a la voluntaria reclusión del pintor en el predio familiar de Lunéville, la conflictiva situación del ducado de Lorena o el progresivo cambio de gusto oficial francés en una dirección clasicista, antagónica con su agraz estilo naturalista, que apenas pudo fecundar en el país vecino más allá del primer tercio del siglo XVII.

Pero el misterioso De La Tour, del que apenas sabemos otros datos biográficos que el de su temperamento montaraz y su afición a apalear a algún vecino, no fue un caravaggista más, trufado de algunas notas holandesas tenebristas. La soledad y el silencio con que imaginó sus temas sacros y profanos, su alternancia de una manera “clara” y otra “oscura”, el impactante aura metafísica con que envuelve sus figuras, la sólida contextura lígnea con que resuelve su perfil, los extremos contrastes de tierna belleza y dureza acre de sus personajes, su distante sentido moral mordaz, etcétera, lo convierten en un caso único. Quizás por todo ello hubo que educar nuestra mirada, gracias al cubismo y a la reivindicación del realismo, que alentaron las vanguardias del primer tercio del XX, para que sintiéramos la larvada potencia de sus cuadros. Por lo demás, como les ocurre a los genios artísticos, De La Tour nos inspira hoy tanto desde un punto de vista formal como simbólico, convirtiéndose, por tanto, simultáneamente, en un referente plástico y filosófico. En este sentido, hay quien lo asocia a la mística franciscana y a san Juan de la Cruz, pero también con la percepción ardiente de la nada, que consume nuestra existencia. De él han escrito el tropel más variopinto de grandes autores contemporáneos, como, entre otros, René Char, Pascal Quignard y nuestro José Jiménez Lozano, además de la flor y nata de los historiadores del arte, como Charles Sterling, Jacques Thuillier, Pierre Rosenberg o Philip Conisbee. ¡Qué maravillosa emoción produce, en cualquier caso, la resurrección histórica de un fantasma!, ¡qué vivificante experiencia!


elpais.com
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Georges de La Tour. 1593 - 1652

Madrid Museo Nacional del Prado 23.02.2016 - 12.06.2016



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La personalidad artística de Georges de La Tour ha sido descubierta recientemente. Poco se sabe de su primera formación en la ciudad católica de Vic-sur- Seille, en la Lorena francesa, que debió concluir hacia 1610, en torno a los 17 años. La documentación posterior lo muestra como un pintor acomodado en lo económico, desabrido en lo personal y reconocido en lo profesional, alcanzando en el culmen de su carrera el nombramiento de pintor de Luis XIII.

La Tour vivió en un momento crítico para la historia de la Lorena que finalizó con la pérdida de la independencia política del ducado. En estas adversas condiciones concibió una pintura dotada de lirismo sorprendente, sobre todo en… | +


Comisario:
    Andrés Úbeda, jefe de Conservación de Pintura Italiana y Francesa, Museo Nacional del Prado, y Dimitri Salmon, Museo del Louvre.



Exposición


Primeros años


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Georges de La Tour. Riña de músicos. Óleo sobre lienzo, 85,7 x 141 cm. Los Ángeles, The J. Paul Getty Museum, 72.PA.28.

A pesar de las dudas sobre la cronología de sus pinturas, no se cuestiona que las más realistas son las primeras en el tiempo, las cuales debieron pintarse en los últimos años de la segunda década del siglo XVII. Fue entonces cuando pobló sus pinturas de personajes sagrados de aspecto tosco, como los que  integran el Apostolado de Albi, del que se pueden ver cuatro ejemplos en la exposición; mendigos harapientos, como los Comedores de guisantes de Berlín, o músicos callejeros miserables y pendencieros, presentes en la Riña de músicos (Los Ángeles). Mención aparte merecen un Viejo y una Vieja de San Francisco, de carácter más refinado, y el Pago del dinero, su primer nocturno conocido.


Réplicas y series



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Georges de La Tour. San Jerónimo penitente. Óleo sobre lienzo, 157 x 100 cm. Grenoble, Musée de Grenoble. Saisie de l ? Etat Inventorié en 1797.

A partir de la tercera década del siglo XVII su técnica evoluciona, con pinceladas más planas y acuareladas y pinturas más luminosas, haciendo que su originalidad y virtuosismo alcancen su máxima expresión en las escenas diurnas. Además, los tipos físicos representados se dulcifican y las acciones que llevan a cabo se serenan y dignifican. Sorprende su obsesiva repetición de tipos, como San Jerónimo penitente (Grenoble y Estocolmo) o los Tramposos (Forth Worth y París), así como las numerosas versiones de tañedores de zanfonía o Magdalenas.

En los dos primeros casos las composiciones son muy parecidas, mientras en que los otros dos, cada cuadro presenta una interpretación original, que retoma en momentos sucesivos de su vida.


Los últimos años



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Georges de La Tour. El recién nacido. Óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm. Rennes, Musée des Beaux Arts.



Sin que haya sido posible explicarlo convincentemente, la producción final de La Tour está protagonizada por pinturas nocturnas de carácter religioso. Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes.

Al final de su vida aparece como residente en Luneville, respetado por la comunidad y con envidiable posición social y económica.


Georges de La Tour en el Museo del Prado


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Georges de La Tour. Ciego tocando la zanfonía. Óleo sobre lienzo, 86 x 62,5 cm. Museo Nacional del Prado.

Tras la adquisición de Ciego tocando la zanfonía en 1991 con fondos del legado Villaescusa, la presencia de este artista fue inesperadamente reforzada en 2005 con el depósito de San Jerónimo leyendo una carta, una obra inédita descubierta en los fondos del Ministerio de Trabajo por José Milicua, miembro del Real Patronato del Museo del Prado fallecido en 2013 y a quien se dedica esta exposición.

La incorporación de ambas obras, magníficos ejemplos de su producción, a las colecciones del Prado ha convertido a esta institución en una ineludible referencia para el estudio de la obra del maestro francés.


Georges de La Tour


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Georges de La Tour. La Buenaventura. Óleo sobre lienzo, 102 x 123 cm. Nueva York, Lent by The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1960 (60.30).


Vic-sur-Seille, Lorena, 1593-Lunéville, Lorena, 1652

Pintor francés. Famoso en su tiempo y luego completamente olvidado, no fue redescubierto hasta el siglo XX, en particular por Hermann Voss (1915). A partir de la exposición Pintores de la realidad (1934), La Tour recobró un lugar eminente en la pintura francesa, confirmado por la sonada adquisición, en 1960, de la Echadora de la buenaventura por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, y por las dos exposiciones monográficas consagradas al artista, en 1972 y en 1997, ambas en París.

En el seno de una familia antigua, relativamente acomodada, de artesanos y propietarios, La Tour nace en un burgo de Lorena. Nada o muy poco se conoce acerca de su juventud y de su formación. Nada se sabe tampoco sobre un posible viaje a Italia, viaje emprendido por otros muchos pintores contemporáneos para completar su formación. En cualquier caso, en 1616 La Tour es ya un pintor formado. Al año siguiente, contrae matrimonio con Diana Le Nerf, nacida en una familia acomodada, y se instala en Lunéville en 1618.

Es considerado burgués de la ciudad en 1620, y lleva la vida propia de un pequeño gentilhombre lorenés. La fama, de la que goza prontamente gracias a las compras del duque de Lorena en 1623-1624, se confirma durante la ocupación del ducado por los franceses. Hace un viaje a París en 1639 y obtiene el título de pintor ordinario del rey. Pinta cada año un cuadro para el gobernador de la Lorena, el mariscal de La Ferté. Otros coleccionistas célebres, como Richelieu, el superintendente de finanzas Claude de Bullion, el arquitecto Le Nôtre e incluso Luis XIII, poseen obras suyas.

El artista muere en 1652, sin duda víctima de una ­epidemia, unos días después de su mujer.

La Tour en números: más de 40 pinturas más o menos unánimemente tenidas por autógrafas y 28 telas y grabados copias de originales perdidos. Esto es, más de 70 composiciones conocidas, de las que sólo cuatro están fechadas y solo 18 firmadas. En La Tour, el cuadro queda restringido a sus datos esenciales, la anécdota es excluida, así como la arquitectura o el paisaje, y hasta los accesorios se reducen a lo más estrictamente necesario: los santos suelen carecer de aureola y los ángeles no tienen alas. Solo dos de sus cuadros llevan fecha inteligible (Las lágrimas de san Pedro, 1645, Cleveland Museum of Art, y La negación de san Pedro, 1650, Musée des Beaux-Arts de Nantes), por lo cual la cronología de su obra sigue siendo muy discutida.

Realizó algunas escenas diurnas y otras nocturnas, que trató de diferente manera. Las primeras se distinguen por su luz fría y clara, por la acuidad de la escritura y la precisión despiadada del retratista registrando, con la punta del pincel, arrugas y harapos. En las escenas nocturnas, casi siempre iluminadas por una vela, los colores son escasos, a menudo limitados a un refinado diálogo de pardos y bermellón, y los volúmenes se reducen a unos cuantos planos simples. Esta economía de medios conducirá en la etapa final de su producción a la realización de pinturas ensimismadas, con una luz que podríamos calificar de metafísica que abstrae cada vez más de la realidad a sus modelos. Ningún gesto, ningún movimiento viene a turbar el recogimiento de los personajes replegados en sí mismos, absortos y reflexivos.



Listado de obras



1. Comedores de guisantes
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 76,2 x 90,8 cm.
Berlín, Gemäldegalerie, Staatliche Museen zu Berlin


2.Niña soplando un brasero
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 67 x 55 cm.
Colección particular


3. San Jerónimo leyendo una carta
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 73,5 x 59,5 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado. Depósito del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales


4. Ciego tocando la zanfonía
La Tour, Georges de
Óleo sobre lienzo, 86 x 62,5 cm. 1620 - 1630
Madrid, Museo Nacional del Prado


5. Santiago el Menor
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm.
Albi, Musée Toulouse-Lautrec


6. Tañedor de zanfonía con un perro
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 186 x 120 cm.
Bergues, Musée du Mont-de-piète-Ville de Bergues


7. Niño soplando una lámpara
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 61 x 51 cm.
Dijon, Musée des beaux-arts de Dijon (Donation Granville)


8. Job y su mujer
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 145 x 99 cm.
Épinal, Musée départemental d'art ancien et contemporain


9. San Jerónimo penitente
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 157 x 100 cm.
Grenoble, Musée de Grenoble. Saisie de l'Etat Inventorié en 1797


10. Mujer espulgándose
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 120 x 90 cm.
Nancy, Collection Palais des ducs de Lorraine – Musée Lorrain


11. Tañedor de zanfonía con una mosca
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 162 x 105 cm.
Nantes, Musée des Beaux-Arts de Nantes


12. Aparición del ángel a san José
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 93 x 81 cm.
Nantes, Musée des Beaux-Arts de Nantes


13. El tramposo del as de diamantes
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 106 x 146 cm.
París, Musée du Louvre, Département des Peintures. Acquis en 1972


14. San José carpintero
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 137 x 102 cm.
París, Musée du Louvre, Département des Peintures. Donation Percy Moore Turner, 1948


15. La Adoración de los pastores
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 107 x 131 cm.
París, Musée du Louvre, Département des Peintures. Acquis en 1926


16. El recién nacido
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm.
Rennes, Musée des beaux-arts de Rennes


17. San Juan Bautista en el desierto
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 81 x 101 cm.
Moselle, Musée départemental Georges de la Tour


18. San Jerónimo leyendo
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 62 x 55 cm.
Lent by her Majesty Queen Elizabeth II


19. San Jerónimo penitente
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 152 x 109 cm.
Estocolmo, Nationalmuseum


20. San Andrés
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 60,5 x 47,5 cm.
Colección privada


21. El pago del dinero
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 99 x 152 cm.
Lviv National Art Gallery named after B.G. Voznytskyi


22. Las lágrimas de san Pedro, también llamado San Pedro arrepentido
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 114 x 95 cm.
Cleveland, The Cleveland Museum of Art, Gift of the Hanna Fund, 1951.454


23. El tramposo del as de tréboles
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 97,8 x 156,2 cm.
Fort Worth, Kimbell Art Museum


24. Riña de músicos
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 85,7 x 141 cm.
Los Ángeles, The J. Paul Getty Museum


25. La Magdalena penitente
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 117 x 91,76 cm.
Los Ángeles, Los Angeles County Museum of Art, Gift of The Ahmanson Foundation


26. San Felipe
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 63 x 53 cm.
Norfolk, Chrysler Museum of Art


27. La buenaventura
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 102 x 123 cm.
Nueva York, Lent by The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1960 (60.30)


28. Santiago el Mayor
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 65 x 52 cm.
Mark Fisch


29. Una vieja
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 91,4 x 60 cm.
Fine Arts Museums of San Francisco. Roscoe and Margaret Oakes Collection


30. Un viejo
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 91,1 x 60,3 cm.
Fine Arts Museums of San Francisco. Roscoe and Margaret Oakes Collection


31. La Magdalena penitente del espejo
Georges de La Tour
Óleo sobre lienzo, 113 x 92,7 cm.
Washington, National Gallery of Art. Alisa Mellon Bruce Fund.


Más info...  Web del Museo del Prado
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Las dos vidas de Georges de La Tour

El Museo del Prado presenta una muestra sobre el olvidado pintor francés en la recoge casi la totalidad de su obra.


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'La aparición del ángel a San José', de Georges de La Tour.

Se esfumó durante más de tres siglos, desapareció como el que no ha estado nunca, sin dejar ni un sólo resquicio. Le olvidamos, más bien, dando su página de la Historia a Velázquez o a Zurbarán. Le despojamos de notoriedad y de reconocimiento, lo desconocimos profundamente. El nombre de Georges de La Tour nació más de 300 años después de su muerte, se le nombró en un artículo en el que hablaban del talento insultante de un pintor francés del siglo XVII. Resucitó en aquella página pero tardó 30 años más en ocupar el puesto que le correspondía. Fue en Pintores de la realidad, que se exhibió en la Orangerie de París en 1934 cuando el mundo le encumbró, cuando todos quisieron exhibir un La Tour.

Le ocurrió la excepción, ya que todo el éxito con el que vivió, con sus cuadros en las paredes del palacio de Luis XIII o dentro de la colección de Richelieu, se sepultó tras su muerte. Le enterraron a él y a su nombre, y cayó en el más profundo de los nichos. Ahora, el Museo del Prado le dedica una gran exposición, no por tamaño, sino por porcentaje, el 75% de su obra se encuentra en Georges de La Tour 1593 -1652, que se puede visitar hasta el 12 de junio.

"No entendemos qué ocurrió para que no se supiese nada de él. Ahora tampoco conocemos los primeros años de su vida, ni dónde vivió ni dónde se formó. Carecemos de información sobre el proceder de su arte", asegura Dimitri Salmon, conservador del Museo del Louvre y uno de los comisarios de esta muestra. "Aquí se encuentran 31 de las 40 obras que han sido identificadas. Durante la guerra, cuando Lorena perdió su ducado, se quemaron muchísimos de sus cuadros. Creemos que su trabajo fue mucho más amplio pero que desapareció en aquella época", comenta Andrés Úbeda, el otro comisario y jefe de conservación de pintura italiana y francesa del Museo del Prado.

No hay mucha documentación sobre la vida de de La Tour. Aunque se sabe que fue un pintor acomodado, reservado y con un carácter muy fuerte. "Amenazó con una pistola a un funcionario que venía a pedirle que pagase los impuestos. Pero, pese a su posición y estas anécdotas, vemos a otra persona en su obra. Sus primeros trabajos eran sobre personajes hambrientos. Esto se puede observar perfectamente en Comedores de guisantes, donde representa una pobreza descarnada. Por eso el artista en sí llama tanto la atención", explican Úbeda. Además, en su obra, el contexto queda excluido. No hay naturaleza, no hay arquitectura, no hay más fondo que el color. "Ni una triste ventana, ni aureolas en los santos ni alas en los ángeles", añade.

Así, sus escenas se dividen por la luminosidad, su trabajo tiene dos caras: una clara y otra oscura. "Representa la noche, normalmente, con una vela y con escasos colores; mientras que las escenas diurnas se distinguen por su luz fría y clara". En todas, tonalidades contadas, volúmenes simples y una precisión absoluta en los rostros y las vestimentas. Como describe Úbeda, una mezcla entre el realismo y la espiritualidad. Formas inmensas que nos llenan de silencio, nos dejan solos.

"En Francia, ahora mismo, es un pintor de la talla de Monet. No me atreveré a decir que el mejor, pero si de los más queridos por los franceses", asegura Salmon. El Prado ya vio esa genialidad en el lorenés y adquirió, durante las últimos décadas, dos de sus obras. "Respecto a Georges de La Tour somos una referencia", añade Úbeda, sobre Ciego tocando la zamfonía, cuya adquisición se realizó en 1991, y San Jerónimo leyendo una carta, que se sumó en 2005. "Para poder realizar esta exposición, en la que no se encuentra ninguna obra totalmente certificada, hemos tenido que ponernos en contacto con 26 museos de siete países distintos. Todos han accedido pero ha sido un trabajo duro".


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
Exposición temporal en el Museo del Prado: Del 23 de febrero de 2016 al 12 de junio de 2016

Horario:
De lunes a sábados de 10.00 a 20.00h
Domingos y festivos de 10.00 a 19.00h



VER ESPECIAL QUE DEDICA EL PAÍS A GEORGES DE LA TOUR



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Ver especial de EL PAÍS de la Exposición del Museo del Prado dedicada a Georges de La Tour



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San Jerónimo leyendo una carta. Museo de El Prado (Madrid). Una de las obras de La Tour atribuidas erróneamente a Zurbarán, el artista español con el que más veces se ha confundido con el pintor francés. Fue descubierta en 2005 en el Palacio de la Trinidad de Madrid. Tras su restauración pasó a formar parte de la exposición permanente del Museo de El Prado.


 22la_buenaventura

La buenaventura. Metropolitan Museum of Art (Nueva York, EEUU). “El más bello cuadro diurno de La Tour y una de las creaciones más admirables de la pintura francesa del siglo XVII” para el experto del Louvre Jean-Pierre Cuzin. Su adquisición por el Met de Nueva York obligó al ministro André Malraux a dar explicaciones en la Asamblea francesa.  


 23san_jeronimo_penitente

San Jerónimo penitente. Museo de El Prado (Madrid). Fue atribuido inicialmente a José de Ribera. Es uno de los tres cuadros que menciona el historiador de arte Hermann Voss en el artículo que sirvió para resucitar el nombre de La Tour a principios del siglo XX y considerar su obra “bajo una luz totalmente nueva”.  


 24tanedor_zanfonia_con_perro

Tañedor de zanfona con perro. Museo del Mont de Pieté (Bergues). Hasta 1935 figuró en el Museo de Bergues como atribuida a José de Ribera. Fue entonces cuando Charles Sterling, tras su visita al museo, propuso atribuirla al taller de Georges de la Tour. Es una de las primeras pinturas del artista.


 25el_tramposo_del_as_de_treboles

El tramposo del as de tréboles. Kimbell Art Museum, Fort Worth (Texas, EEUU). Fue un lienzo muy poco conocido hasta la primera exposición monográfica consagrada a Georges de La Tour en el Museo de la Orangerie en 1972. Existe otra obra gemela, supuestamente posterior, titulada El tramposo del as de diamantes, también presente en la exposición.



elpais.com
 




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Mensaje Re: Georges De La Tour 
 
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Ver especial de EL MUNDO de la Exposición del Museo del Prado dedicada a Georges de La Tour



Un paseo por la realidad del Siglo XVII

De La Tour recoge en sus pinturas la realidad de una época marcada por las guerras y el hambre.


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Fuente: elmundo.es



 

Hoy después de estar en el Thysen, he aprovechado para acercarme al Museo del Prado y volver a ver la exposición temporal de Ingres, que está a punto de expirar, y la nueva de otro francés: Georges de la Tour, este es un pintor con menos obra, se estima que hay 40 obras conocidas, de las cuales el Prado expone 31. Como era de esperar había mucha gente y gran expectación, a pesar del frío madrileño del penúltimo día febrero. Pero ha merecido la pena la visita para profundizar en un pintor que solo conocía por las obras del Prado. una visita recomendable. La exposición temporal estará hasta el 12 de junio de 2016.
 




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