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Wouwerman, Philips
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Mensaje Wouwerman, Philips 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor holandés Philips Wouwerman, especializado en cuadros de batallas, cacerías y paisajes. Su habilidad principal fue pintar caballos, por lo que prefirió temas que permitiesen incluirlos.

Philips Wouwerman, fue el más célebre miembro de una familia de pintores holandeses de Haarlem, donde trabajó toda su vida. Fue discípulo de Frans Hals, sin embargo lo único que tiene en común con él es su agilidad con los pinceles y su interés por los paisajes. Tuvo muchos imitadores, incluido su hermano Peter, y su fama continúo durante todo el siglo XVIII.


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Philips Wouwerman (Haarlem, 1619 – Haarlem, 19 de mayo de 1668) es un pintor holandés. Se inició en la pintura con su padre, Paul Joosten Wouwerman, un pintor de temas históricos más bien modesto. También aprendió con Frans Hals según alguna reseña de la época, aunque sus cuadros no delatan influencias de Hals.

Wouwerman se hizo miembro de la guilda de pintores en 1642 y emprendió una carrera prolífica y exitosa comercialmente. El experto John Smith elaboró en 1829-42 un catálogo razonado de este pintor, que recogía unas 800 obras. Posteriormente, el experto Hofstede de Groot elaboró otro catálogo de Wouwerman que recogía más de 1.200. Sin embargo, el estudio más reciente sobre este pintor, debido a Birgit Schumacher (2006), restringe la cifra de pinturas auténticas a unas 560 y considera que las demás las crearon dos hermanos menores del maestro, Pieter (1623-1682) y Jan (1629-1666), así como imitadores de diversos países europeos.

Las obras seguras de Philips Wouwerman, de gran vitalidad y cuidado acabado, son muy variadas aunque pertenezcan a unos pocos temas, mayormente ecuestres: cacerías, batallas, campamentos militares, paisajes con viajeros...

Se pueden distinguir tres periodos en la carrera de Wouwerman, por variaciones en su estilo. Sus primeras obras delatan influencia de Pieter van Laer, «Bamboccio», por su colorido terroso y un dibujo anguloso. Las de su época intermedia son muy depuradas y brillantes de color, con una gama más plateada, y sus últimas obras resultan más bien recargadas de figuras y un tanto apagadas de color, aunque mantienen cierto vigor.


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Obra de Philips Wouwerman - Partida para una cetrería, 1665-68, óleo sobre lienzo, 80 x 70 cm. Museo del Prado, Madrid.

Wouwerman se enmarca en la extensa nómina de pintores holandeses y flamencos del siglo XVII («maestros menores») que produjeron de forma masiva para el mercado abierto, generalmente formatos reducidos y sin complejidades temáticas. Al contrario que Rembrandt, Frans Hals y Rubens, que solían trabajar por encargo, los «maestros menores» como Wouwerman vendían sus obras en mercados y mediante intermediarios, por lo que se especializaban en un género hasta ganarse un renombre y una demanda de la clientela, generalmente burguesa.

Los cuadros de Wouwerman, de gran éxito en su época, ganaron mayor estimación en el siglo XVIII, especialmente en las cortes de Luis XVI de Francia y Carlos IV de España. Existen ejemplos de este artista en casi todos los museos europeos de origen real o aristocrático. En España, tanto el Museo del Prado como el Museo Thyssen-Bornemisza poseen cuadros de Wouwerman.

Debo de decir que Wouwerman es un gran artista; tuvo aptitudes para realizar logros mayores, pintando retratos y renunció a ello para hacer lo que más le gustaba: pintar caballos y alrededor de estos construir paisajes o batallas, pero dando siempre el protagonismo a los caballos y no a los personajes o escenarios que componían sus obras. Personalmente he visto algunos cuadros suyos en el Prado o el Thyssen y francamente son excepcionales.

Espero os guste la pequeña recopilación de este pintor holandés, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


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Autorretrato de Philips Wouwerman, c. 1640



Philips Wouwerman en el Museo Thyssen

Philips Wouwerman (Haarlem, 1619 - 1668) Pintor holandés de paisajes y escenas de género, cuya cronología es difícil de establecer, ya que muy pocas de sus obras están fechadas. Bautizado en Haarlem, en 1619, Philips Wouwerman fue el hijo mayor del pintor Powels Joosten Wouwerman; sus hermanos Pieter y Jan fueron también pintores. Probablemente recibió su primera formación con su padre, y continuó sus estudios, según Cornelis de Bie, en el taller de Frans Hals. En 1638 o 1639 residió brevemente en Hamburgo, donde colaboró en el taller del pintor de historia alemán Evert Decker. Durante su estancia en Hamburgo contrajo matrimonio con Annetje Pietersz. van Broeckhof. En 1640 volvió a Haarlem y entró a formar parte del gremio de San Lucas, del que se convirtió en vinder en el año 1646

Philips. Wouwerman fue autor de numerosos paisajes con escenas religiosas, de género, de batallas, de partidas de caza y de escuelas de equitación, incluyendo en todas ellas la representación de caballos y jinetes. En sus pinturas se aprecia la fuerte influencia de la obra de Pieter van Laer, il Bamboccio, conocido por sus escenas callejeras con gente modesta, tema que ya había popularizado en Italia donde residió más de diez años, y que importó a Haarlem a su regreso. Wouwerman fue un pintor afamado en vida, que acumuló una buena fortuna y murió, en 1668, lejos de la pobreza

Sus. escenas con caballos fueron muy populares contando con numerosos seguidores. Colaboró pintando los personajes en paisajes de Jacob Ruisdael, Jan de Wijnants y Cornelius Decker. Wouwerman tuvo muchos alumnos, entre los que destacan Nicolaes Ficke, Jacob Warnars y sus propios hermanos. Sus obras ejercieron una notable influencia sobre otros pintores, entre los que destaca Adriaen van de Velde, y en el siglo XVIII se convirtió en uno de los pintores holandeses más estimados. Gran parte de su amplia difusión se debió al grabador Jean Moyreau, quien, entre 1737 y 1759, publicó ochenta y nueve grabados de sus pinturas


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Caballo blanco a la orilla de un río, antes de 1646. Óleo sobre tabla, 28,7 x 22,7 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Philips Wouwerman.

Philips Wouwerman estaba especializado en escenas con caballos y jinetes sobre fondos de paisajes, que fueron, a lo largo de su carrera, el tema de sus pinturas, aunque también se interesó por las escenas religiosas y mitológicas. Los motivos ecuestres con corceles y jinetes preparados para la caza, tropas cabalgando, salteadores y bandidos, que llevó a sus óleos, gozaron de una gran popularidad en su tiempo sobrepasando incluso el siglo XVII. Wouwerman desarrolló toda su carrera en Haarlem donde, salvo breves intervalos, está documentado regularmente. Según Cornelis de Bie se formó con Frans Hals, pero en sus primeras pinturas no se encuentran trazas de este aprendizaje; hacia finales de la década de 1630 se desplazó a Hamburgo, al taller del pintor de historia Evert Decker, y en 1640 está documentado ya en Haarlem, en cuyo gremio su nombre figura ese año.

Ebbinge-Wubben consideró Caballo blanco a la orilla de un río un trabajo temprano del pintor que lleva la marca de otro artista especializado también en estos temas, Pieter Verbeecq, que posiblemente fue la inspiración no sólo para el asunto de la tabla, sino también para el conjunto de gamas terrosas que Wouwerman aplicó en el óleo. En estas primeras obras, el pintor suele utilizar pocos animales, que instala en parajes con dunas en los alrededores de Haarlem para los que emplea un encuadre con un punto de vista bajo ajustado a formatos verticales. Como Ebbinge-Wubben reseñó, la pintura está firmada con las iniciales del pintor, fórmula esta que empleó en su etapa juvenil hasta aproximadamente 1646, momento en el que pasó a usar las primeras letras de su nombre junto a la inicial del apellido.

Wouwerman nos presenta aquí como tema central de la tabla un caballo blanco que ha colocado de perfil con un punto de vista bajo. El paraje en el que se instala el animal es sencillo, ya que sólo utiliza como escenario la escarpada ladera de un conjunto rocoso en cuyo extremo derecho, bañado por el agua, ha dispuesto tres burros. La calidad de su pincelada se percibe en la manera en la que ha reproducido el pelo y las crines del animal, así como en la forma en que ha resuelto la expresiva cabeza del equino.

Gaskell comparó esta pintura con otra de Pieter Verbeecq, titulada Dos jinetes por un sendero, conservada en la Mauritshuis de La Haya, en la que Verbeecq desarrolló una serie de elementos que Wouwerman empleó en este óleo.

La historia de esta pintura se conoce desde 1778, cuando fue subastada en Amsterdam. Posterior a esta subasta formó parte, durante el siglo xviii y parte del xix, de colecciones parisinas. La pintura, hacia 1952, estaba en Amsterdam, en la colección del doctor Hans A. Wetzlar, siendo adquirida, en 1956, para la colección Thyssen-Bornemisza.



Otras obras


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Travelers Awaiting a Ferry, 1649. Obra de Philips Wouwerman


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Landscape with horsemen, c. 1655-60. Obra de Philips Wouwerman


 17falconers_return_home_from_the_hunt_1658_60_large

Falconers Return Home from the Hunt, c. 1658-1660. Obra de Philips Wouwerman


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De schimmel (El hongo), óleo sobre tabla, 43,5 x 38 cm, Ámsterdam, Rijksmuseum. Obra de Philips Wouwerman


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Descanso de la cacería. Obra de Philips Wouwerman


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Soldados saqueando una granja, c. 1650. Obra de Philips Wouwerman


 14caballer_a_ante_un_molino_en_llamas

Caballería ante un molino en llamas, 1660. Obra de Philips Wouwerman


 15batalla_a_los_pies_de_un_fort_n_national_gallery_de_londres

Batalla a los pies de un fortín, 1646 .National Gallery de Londres. Obra de Philips Wouwerman


 19battle_on_horseback

Battle on Horseback, c. 1645. Oil on canvas, 98 x 122 cm. Akademie der bildenden Künste, Vienna. Obra de Philips Wouwerman


 20cavalier_holding_a_dappled_grey_horse

Cavalier Holding a Dappled Grey Horse. Oil on oak panel, 28 x 29 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


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Dune Landscape with Figures. Oil on panel, 32 x 41 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


 22dune_landscape

Dune Landscape, 1645-50. Oil on wood, 39 x 56,5 cm. Kunsthistorisches Museum, Vienna. Obra de Philips Wouwerman


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Ships Foundering in Stormy Seas. 1650s. Oil on panel, 19 x 23 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


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The Halt at a Gypsy Camp. Oil on panel, 36 x 42 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


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A Hawking Party, c. 1651. Oil on panel, 21 x 26 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


 26a_man_and_a_woman_on_horseback

A Man and a Woman on Horseback, 1653-54. Oil on wood, 31 x 41 cm. Metropolitan Museum of Art, New York. Obra de Philips Wouwerman


 27the_horse_fair

The Horse Fair, c. 1665. Oil on wood, 64 x 88 cm. Wallace Collection, London. Obra de Philips Wouwerman


 28halt_of_a_hunting_party

Halt of a Hunting Party, c. 1665. Oil on canvas, 56 x 83 cm. Dulwich Picture Gallery, London. Obra de Philips Wouwerman


 29huntsmen_setting_out

Huntsmen Setting Out. Oil on canvas, 55 x 80 cm. The Hermitage, St. Petersburg. Obra de Philips Wouwerman


 30landscape_with_peasants_by_a_cottage

Landscape with Peasants by a Cottage. 1651-53. Oil on canvas, 49 x 61 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


 31landscape_with_bathers

Landscape with Bathers, c. 1660. Oil on canvas, 59 x 81 cm. Liechtenstein Museum, Vienna. Obra de Philips Wouwerman


 32manege_riding_in_the_open_air

Manege Riding in the Open Air, c. 1650. Oil on canvas, 62 x 77 cm. The Hermitage, St. Petersburg. Obra de Philips Wouwerman


 33path_through_the_dunes

Path through the Dunes. Oil on oak, 35 x 43 cm. Staatliche Museen, Berlin. Obra de Philips Wouwerman


 34rider_s_rest_place

Rider's Rest Place. Oil on panel, 43 x 37 cm. Koninklijk Museum voor Schone Kunsten, Antwerp. Obra de Philips Wouwerman


 35riding_school

Riding School. Oil on canvas, 68 x 83 cm. Szépművészeti Múzeum, Budapest. Obra de Philips Wouwerman


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Rocky Landscape with Resting Travellers, c. 1650. Oil on oak panel, 46 x 61 cm. Szépművészeti Múzeum, Budapest. Obra de Philips Wouwerman


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Scene on a Rocky Road. 1648-49. Oil on panel, 40 x 59 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


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Setting out on the Hunt. 1660-65. Oil on oak panel, 45 x 64 cm. Gemäldegalerie, Dresden. Obra de Philips Wouwerman


 39skirmish_of_horsemen_between_orientals_and_imperials

Skirmish of Horsemen between Orientals and Imperials, 1550-60s. Oil on wood, 34 x 47 cm. Musée du Louvre, Paris. Obra de Philips Wouwerman


 40cavalry_skirmish

Cavalry Skirmish, 1640-45. Oil on panel, 42 x 58 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


 41stag_hunt_in_a_river

Stag Hunt in a River. 1650s. Oil on canvas, 130 x 190 cm. Carolina Museum of Art, Raleigh. Obra de Philips Wouwerman


 42the_watering_place

The Watering Place, 1655-60. Oil on canvas, 29 x 37 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


 43the_grey

The Grey, c. 1646. Oil on panel, 44 x 38 cm. Rijksmuseum, Amsterdam. Obra de Philips Wouwerman


 44white_horse_in_a_landscape_with_a_groom

White Horse in a Landscape with a Groom. Oil on panel, 33 x 34 cm. Private collection. Obra de Philips Wouwerman


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Winter Landscape with Wooden Bridge. Oil on oak, 29 x 37 cm. Staatliche Museen, Berlin. Obra de Philips Wouwerman



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor holandés Philips Wouwerman, especializado en cuadros de batallas, cacerías y paisajes. Su habilidad principal fue pintar caballos, por lo que prefirió temas que permitiesen incluirlos. Fue el más célebre miembro de una familia de pintores holandeses de Haarlem, donde trabajó toda su vida. Fue discípulo de Frans Hals, sin embargo lo único que tiene en común con él es su agilidad con los pinceles y su interés por los paisajes.



Fuentes y agradecimientos a: museodelprado.es, wga.hu, museothyssen.org, artcyclopedia.com, es.wikipedia.org, lib-art.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Wouwerman, Philips 
 
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Philips Wouwerman en el Museo del Prado


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Wouwerman, Philips (Haarlem, 1619-1668). Pintor y dibujante holandés, miembro de una familia de artistas. Su padre, Paulus Joostens Wouwerman, era pintor, así como sus hermanos Pieter y Johannes. Tras un primer aprendizaje con su padre se forma con Frans Hals, pese a que no se reconoce ninguna influencia de éste en su pintura. También pasa un tiempo en el taller de Evert Decker. Hasta 1640 no ingresa en el Gremio de Pintores de Haarlem y es muy posible que realizara un viaje por Francia o Italia, a tenor de ciertos elementos meridionales que caracterizan su obra. Se especializó en pinturas de caballete de temática bélica o ecuestre: cazas, batallas, campamentos militares, aunque también se le conocen algunas escenas religiosas o mitológicas. Sus primeras obras mantienen una fuerte dependencia de Pieter van Laer, quien volverá a Haarlem después de su etapa italiana en 1638. Esta impronta es evidente en obras como Ataque a una caravana (colección príncipe de Liechtenstein Vaduz). Progresivamente va desembarazándose de esas influencias llegando a composiciones más personales caracterizadas por una colina en diagonal con algún elemento en primer plano como introductor de la escena: árboles, figuras en repoussoir o jinetes. A principios de la década de 1650 sus escenas aumentan en horizontalidad a la par que su paleta se hace más colorista, mientras que los temas narrativos van dejando lugar a un mayor protagonismo del paisaje. Del mismo modo, los elementos de género van adquiriendo mayor significación, siendo la síntesis de paisaje y pintura de género la mayor aportación de Wouwerman a la pintura holandesa. Al final de su vida la influencia formal de Van Laer ha desaparecido, pero mantiene los mismos intereses temáticos que en su primera etapa. La gran producción de este artista y la gran cantidad de seguidores y alumnos garantizaron su éxito comercial, por lo que su obra está presente en la mayoría de las colecciones del siglo XVIII y XIX, a lo que contribuyó la difusión que de su obra se produjo a través de grabados.

Obras en el Prado

    - Un montero, óleo sobre tabla, 32 x 35 cm, firmado (en dep. en la Real Academia de la Lengua, Madrid), 1650-53 [P2145].
    - Caballos asustados por un perro, óleo sobre tabla, 33 x 32 cm, firmado, 1650 [P2146].
    - Partida de caza y pescadores, óleo sobre lienzo, 76 x 115 cm, 1660-62 [P2147].
    - Cacería de liebres, óleo sobre lienzo, 77 x 105 cm, firmado, 1665 [P2148].
    - Partida de cetrería entrando en un río, óleo sobre lienzo, 50 x 66 cm, firmado, 1655-58 [P2149]. Philips Wouwerman y taller.
    - Partida para una cetrería, óleo sobre lienzo, 80 x 70 cm, firmado, 1665-68 [P2150].
    - Salida de la posada, óleo sobre tabla, 37 x 47 cm, firmado, 1660 [P2151].
    - Parada en la venta, óleo sobre lienzo, 61 x 73 cm, firmado, 1655-58 [P2152].
    - Choque de caballería, óleo sobre lienzo, 49 x 54 cm, 1650-55 [P2153].
    - Refriega entre tropas enemigas, óleo sobre lienzo, 69,7 x 71, 5 cm, firmado, 1648-49 [P2154].


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Un montero, 1650-53, óleo sobre tabla, 32 x 35 cm. Museo del Prado (en dep. en la Real Academia de la Lengua, Madrid). Obra de Philips Wouwerman.

El soporte original presenta en el lado derecho un añadido a contrafibra de 10,5 cm. Durante la última restauración (1994) se pudo constatar que en este añadido la preparación y la ejecución son diferentes del resto de la composición, lo que indica que es posterior. El sello de Isabel de Farnesio estampado, como es habitual, en el centro del reverso, está sobre el soporte original, llegando justo hasta la unión con el añadido. Eso permite pensar que, después de su ingreso en la Colección Real, el soporte original fue cortado por ese lado debido, seguramente, a algún daño. Entonces se había añadido el panel derecho, se hicieron los rebajes en los cuatro lados del reverso del soporte y se rehizo la pintura de esa zona, posiblemente copiando el original dañado. La composición está cerrada a la izquierda por un montículo colocado en diagonal hacia el fondo, contra el que se recorta el montero. A la derecha se abre hacia el paisaje. El espacio está construido sobre una alternancia de planos luminosos y oscuros bien delimitados, por lo que resulta todavía artificiosa. El color está aplicado con una pincelada pastosa, pequeña y rápida. Las características compositivas, la tipología de las figuras y, sobre todo, la atmósfera meridional que desprende esta escena, permiten fecharla hacia 1650-1653, es decir, en los años en los que el pintor comienza a inspirarse en los paisajistas italianizantes. El agrupamiento de las figuras en el primer plano, muy próximas al espectador, y el ambiente rústico, derivan de Pieter van Laer Il Bamboccio (1599-después de 1642). Sin embargo, los personajes son más refinados, sus anatomías más correctas y la gama cromática de pardos y tierras, característica de Van Laer, se aviva con toques de rojo y verde. Los azules plateados del fondo y del cielo y el efecto pictórico del árbol anuncian ya los paisajes posteriores del pintor. Formó parte de la colección de Isabel de Farnesio. En 1746, 1766 y 1774 figura en el Palacio de La Granja. Posteriormente es trasladado al Palacio de Aranjuez, donde consta en 1794 y continúa en 1818. Desde allí es enviado al Museo en 1827-1828 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, pp. 168-171).


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Caballos asustados por un perro, 1650, óleo sobre tabla, 33 x 32 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

La escena representa a un jinete sobre un caballo marrón, de espaldas, mientras lleva sujeto por la brida a un caballo blanco. En el momento en que se dispone a entrar en un río, un perro se lanza ladrando en dirección a ellos. Los caballos se asustan y un niño con un palo en la mano intenta detener al perro. Detrás aparece un pescador que parece ajeno a la escena. El mal estado de conservación de la superficie pictórica desvirtúa la correcta apreciación de este cuadro que por su composición y rasgos estilísticos debe ser colocado a comienzos de la década de 1650, es decir, cuando Wouwerman comienza a liberarse de la influencia del naturalismo de Pieter van Laer il Bamboccio (1599-después de 1642), y a conceder un mayor protagonismo a la naturaleza: a partir de ahora ya no se trata de figuras colocadas delante de un paisaje, sino de un paisaje poblado con figuras. Éste será el género cultivado en adelante por Wouwerman y en el que llegará a conseguir una absoluta maestría.

Desde el punto de vista compositivo, todavía mantiene la presencia de un plano diagonal que cierra la composición por uno de los lados, en este caso por el izquierdo, y asimismo la línea del horizonte sigue siendo alta. Sin embargo, la articulación del espacio es fluida y homogénea, pues la anterior estructuración a base de planos horizontales de color bien delimitados, ha sido sustituida por la perspectiva atmosférica que funde luces y colores y dota al conjunto de una mayor profundidad. Las figuras siguen ocupando el primer plano, pero están más alejadas del espectador y dotadas de un mayor dinamismo. El grupo formado por el niño corriendo detrás del perro deriva de Van Laer. Existe otra composición de Wouwerman, El impetuoso caballo blanco, también sobre tabla y de casi idénticas medidas que, curiosamente, parece en cierto modo narrar el episodio siguiente a la escena que aquí nos ocupa: el jinete, en este caso representado de frente, mantiene al caballo blanco, todavía asustado, sujeto por la brida, pero ha logrado tranquilizar a su montura que entra en el agua por un vado junto al pescador. Forma parte de la colección de Isabel de Farnesio. En 1746, 1766 y 1774 figura en el palacio de La Granja de San Ildefonso. Posteriormente es trasladado al Palacio de Aranjuez, donde consta en 1794 y 1818. Desde allí es enviado al Museo antes de 1834 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, pp. 166-167).


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Partida de caza y pescadores, 1660-62, óleo sobre lienzo, 76 x 115 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

Se trata de una de las elegantes cacerías que Wouwerman pinta a comienzos de la década de 1660, que revelan sus extraordinarias dotes como pintor de paisajes. En ellas ya no se representa una escena de caza delante de un paisaje, como en Parada en la venta (P2152), sino una amplia vista panorámica que ocupa la totalidad de la superficie y que está adornada con figuras de cazadores y animales, así como con diversas escenas de género y edificaciones pintorescas. Estos panoramas pueden ser considerados como la versión holandesa del paisaje italianizante, que se impone en Holanda en la década de 1640 por la influencia de artistas que habían trabajado en Roma. La línea del horizonte es más elevada, de forma que el cielo pierde el protagonismo característico del paisaje holandés clásico. Las figuras, ahora casi diminutas, ya no están colocadas como un friso en el primer plano, como, por ejemplo, en Parada en la venta (P2152), sino que se insertan y se distribuyen por el paisaje, que está visto desde una perspectiva elevada. Por otro lado, los agrupamientos son más complejos y dinámicos y están pensados para dirigir la mirada del espectador a través de las diferentes escenas representadas y hacia el fondo, donde se vislumbra un pequeño puerto a la orilla de lo que pudiera ser un estuario de río. La delicada gama cromática de azules y rosas y la gran sutileza en el empleo de la luz son características de las cacerías desarrolladas por Wouwerman desde comienzos de la década de 1660. Mantiene el recurso del caballo blanco como foco luminoso, habitual en sus obras desde su primera época. Sin embargo, el tipo de equino nada tiene que ver con los rudos modelos de las primeras composiciones, derivados de Pieter van Laer il Bamboccio (1599-después de 1642), sino que es el pura sangre español que Wouwerman introduce en sus cuadros a partir de 1660. En los inventarios reales y catálogos antiguos del Museo esta cacería figura como pareja de Cacería de liebres (P2148) (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Museo Nacional del Prado, 2009, pp. 174-175).


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Cacería de liebres, 1665, óleo sobre lienzo, 77 x 105 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

En los inventarios reales figura como pareja de Partida de caza y pescadores (P2147). También en este caso se trata de una vista panorámica, en la que cazadores, animales y edificaciones pintorescas se insertan en un amplio paisaje. Sin embargo, aquí el tipo de paisaje boscoso y montañoso evidencia la influencia del paisaje italianizante. En este caso, la agrupación de las figuras está pensada para conducir la vista del espectador no hacia el fondo, sino de izquierda a derecha, hacia la fuente y el grupo de personas sentadas a la orilla del río. A pesar de su detallismo y minuciosidad, estos paisajes no son vistas topográficas de lugares determinados, sino arquetipos compuestos a base de estudios aislados de diversos elementos. En este caso se incluyen motivos meridionales, como el torreón que se alza por detrás y la fuente de los Tritones de Bernini, de 1642-1643, que Wouwerman pudo conocer a través de grabados. Estas cacerías de Wouwerman se adelantan en cierto modo al gusto del rococó por las escenas lúdicas y campestres. En concreto, en este caso, el grupo de elegantes personajes que contemplan el paisaje desde el torreón mientras otros tocan música, o el grupo de hombres y mujeres descansando y charlando a la orilla del río, anuncian las escenas de Watteau (1684-1721) (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, p. 176).


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Partida de cetrería entrando en un río, 1655-58, óleo sobre lienzo, 50 x 66 cm. Museo del Prado. Obra dePhilips Wouwerman y taller

La escena principal se desarrolla en el primer plano, donde un grupo de cazadores distinguidos llega por un estrecho camino a la orilla de un río, poblado por multitud de figuras populares de jinetes, caminantes, bañistas y mendigos.

Schumacher (2006) la considera obra de taller. La reciente restauración ha puesto de manifiesto la calidad de las figuras, que deben ser atribuidas a Wouwermann. Sin embargo, el paisaje carece de las sutiles tonalidades y de la profundidad habituales en este artista, y la ejecución del ganado situado sobre una pequeña loma en el plano medio es torpe, lo parece indicar la posible colaboración del taller.

En el catálogo del Museo (1985 y 1996) se dice que está firmado, dato hoy no constatable. Formó parte de la colección de Isabel de Farnesio. En 1746,1766 y 1774 figura en el Palacio de La Granja de San Ildefonso. En 1794 consta en el Palacio de Aranjuez. Desde allí es enviado al Museo en 1827-1828 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, p. 182).


 51partida_para_una_cetrer_a

Partida para una cetrería, 1665-68, óleo sobre lienzo, 80 x 70 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

Pertenece a un conjunto de escenas dedicadas a la representación de partidas de caza a la entrada de villas o palacetes rurales de arquitectura clasicista. Documentan una serie de innovaciones de la moda y de la doma, que permite ordenarlas en la última etapa del pintor. En efecto, los personajes masculinos van peinados y vestidos a la moda francesa que se impuso en las capas altas de la sociedad holandesa después de 1665, y la forma de montar, piernas estiradas hacia adelante lo que provoca una ligera inclinación del cuerpo hacia atrás, responde a una innovación en la doma introducida también por entonces.

Como es característico de la última etapa de Wouwerman, ya no se trata de una vista panorámica con las figuras insertadas en el paisaje (P2147 y P2148), sino que el interés del pintor vuelve a centrarse en las figuras de hombres y animales, que, como ocurría en las cacerías de 1655-1660, están colocadas en el primer plano y delante del paisaje. Sin embargo, el ambiente y las edificaciones rurales de aquellas (P2152) han sido sustituidos ahora por otro más refinado de villas o palacetes de arquitectura clasicista, combinadas con esculturas y fuentes barrocas y vegetación y arboleda meridional. Las delicadas figuras de cazadores, sirvientes y animales, cuyo tamaño vuelve a ser algo mayor que en la etapa inmediatamente anterior, forman un friso horizontal al plano de la pintura.

Como es habitual en Wouwerman, la disposición de los jinetes está pensada para posibilitar la representación del caballo desde diversos ángulos. Detrás de las figuras se yergue una gigantesca fuente, inventada por el pintor, con la figura de Neptuno de pie sobre su carroza y dispuesto a lanzar el tridente. Esta fuente sirve de plano intermedio entre las figuras y el paisaje que se abre hasta la línea del horizonte, que es más elevada que la de las vistas panorámicas de la etapa anterior. La escena se cierra a la derecha por un plano horizontal, la fachada del palacete y el muro del jardín, recurso compositivo habitual en sus primeras obras, que ahora retoma. Los ejes verticales de la fuente, los chopos y la fachada del edificio contrarrestan la horizontalidad de la composición. El azul del cielo recuerda los paisajes de comienzos de la década de 1660 (P2147). Sin embargo, la entonación general carece de la luminosidad de aquellos. Ello es debido a que la capa de color es muy fina, lo que hace que en determinadas zonas se perciba la preparación grisácea.

En esta escena, al igual que ocurre en el resto de las cacerías de esta serie, la articulación de las figuras con el fondo es algo forzada. Pero, además, existe una evidente diferencia estilísticas entre las figuras y los demás elementos compositivos. En este sentido, Duparc (1993) y Schumacher (2006) apuntan la posibilidad de que en los últimos años de su carrera Wouwerman se limitara a pintar las figuras y dejara al taller la ejecución de las arquitecturas y los fondos de paisaje. Lo cierto es que, en este caso, el paisaje carece de la ligereza de factura y de las sutiles gradaciones tonales habituales en el pintor.

El tema de la partida y regreso de caza le daba a Wouwerman la oportunidad de crear numerosas detalles narrativos de género, en los que se mantiene la influencia iconográfica de Pieter van Laer (1549-después de 1642). Pero en estas escenas finales abundan también las citas a su propia obra, lo que parece testimoniar un debilitamiento en la creatividad.

Formó parte de la colección reunida por Felipe V. En 1746 y 1774 figura en el Palacio de La Granja. En 1794 consta en el Palacio de Aranjuez, donde continúa en 1818. Desde allí es enviado al Museo antes de 1834 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, pp. 178-180).


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Salida de la posada, 1660, óleo sobre tabla, 37 x 47 cm, firmado. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

Este cuadro pertenece a un grupo de escenas en el interior de un establo, que Wouwerman pinta a partir de 1655. Constituyen una excepción dentro de la producción del pintor orientada en su mayor parte a las escenas al aire libre. En su mayor parte responden al mismo esquema compositivo: dos tercios de la composición está ocupado por el interior oscuro del establo, que se abre a la izquierda hacia el paisaje de suaves tonalidades. Las figuras están colocadas en el primer plano, pero algo alejadas del espectador. A pesar de la aparente naturalidad, el agrupamiento de los caballos está pensado para posibilitar la representación de este animal desde diversos flancos. En cuanto al color, las tonalidades marrones del interior, rotas por pequeñas manchas de azul, amarillo y rojo y por el fogonazo blanco del caballo situado en el primer término, a la derecha, contrastan con la gama azul verdosa característica de los paisajes de Wouwerman. La pincelada es precisa y lisa, algo más empastada en las luces. A pesar del refinamiento general de la escena, en los detalles de género, como los niños jugando con la cabra y el perro, perviven los modelos de Pieter van Laer il Bamboccio (1599-después de 1642).

De esta composición se conocen dos copias: una se encontraba en 1856 en el Muzeum Narodowe, Poznan y la otra en 1908 en la Embajada de los Países Bajos en México. Formó parte de la colección de Isabel de Farnesio. En 1746, 1766 y 1774 figura en el Palacio de La Granja. En 1794 y 1818 consta en el Palacio de Aranjuez. Desde allí es enviado al Museo en 1827-1828 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado. 2009, pp. 164-165).


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Parada en la venta, 1655-58, óleo sobre lienzo, 61 x 73 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

Una dama y tres hombres a caballo llegan a una venta junto a un río en busca de un descanso en su trayecto. Monturas y personajes se refrescan junto a otros viajeros, mientras en la lejanía se proyecta un amplio paisaje propio de las llanuras de los Países Bajos.

La pintura es ejemplo de la particular tendencia de la pintura nórdica de fundir el paisaje con escenas de la vida cotidiana, propia de mediados de siglo y de la que Wouwerman fue uno de los artistas más estimados. El paisaje muestra la etapa final en la evolución del género en los artistas del norte de Europa, quienes fueron progresivamente bajando la línea del horizonte.

Entró en la Colección Real en tiempos de Felipe V fruto del interés del coleccionismo del siglo XVIII por la pintura holandesa.


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Choque de caballería, 1650-55, óleo sobre lienzo, 49 x 54 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

La escena principal ocupa el primer término, pero ya no está situada en el plano inmediato al espectador como en la etapa anterior, sino algo alejada. En consecuencia, el tamaño de las figuras es menor. Asimismo, la línea del horizonte es más baja, por lo que el cielo adquiere un protagonismo mucho mayor. Por otra parte, si bien la composición sigue estando en parte cerrada al fondo por una diagonal por el lado izquierdo se abre hacia la lejanía. Al mismo tiempo, la rígida articulación espacial a base de planos horizontales de color ha sido sustituida por la perspectiva atmosférica que funde la luz y los colores creando una sensación de continuidad espacial. Además esos planos horizontales están ahora enlazados por medio de una serie de escenas secundarias que prestan una mayor vivacidad al conjunto. Con todo ello la composición adquiere una mayor profundidad. En cuanto al color, si bien en la escena principal y el paisaje del primer plano mantiene la gama cromática de pardos y amarillos, rotos sólo por pequeños toques de rojo y el blanco del caballo que cae, el verde del árbol que cierra la composición por la derecha y sobre todo el delicado azul del cielo, perceptible a través de dramáticas masas de nubes, anuncian las delicadas tonalidades del estilo pleno de Wouwerman. Como es habitual en él, a pesar de su aparente naturalidad, los agrupamientos están muy estudiados y todavía siguen la tradición de la escuela de Haarlem. Asimismo, la disposición circular que permite representar al caballo con gran dinamismo y desde diversos flancos, es una fórmula habitual en Esaias van de Velde (1587-1630) y sus seguidores. Wouwerman la emplea en algunas otras de sus batallas, como Batalla entre cristianos y turcos (San Petersburgo, Museo del Ermitage), si bien aquí el círculo es más abierto y el dinamismo mayor. Por otro lado, las figuras y animales son más refinados, pero mantiene algunos elementos de Van Laer como el caballo blanco que cae al suelo mientras su jinete sale huyendo. Schumacher opina que estas escenas de batallas, de compleja composición, eran la tarjeta de presentación del joven pintor: a través de ellas se mostraba como continuador de la tradición de Esaias van de Velde y Pieter van Laer y, al mismo tiempo, como principal pintor de batallas de la escuela de Haarlem, tal y como fue su fama en el siglo XVII. Formó parte de la colección de Felipe V. En 1746 figura en el Palacio de La Granja de San Ildefonso. En 1794 consta en el Palacio de Aranjuez y en 1814 en el Palacio Real de Madrid. Ingresó en el Museo antes de 1834 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado. 2009, pp. 162-163).


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Refriega entre tropas enemigas, 1648-49, óleo sobre lienzo, 69,7 x 71, 5 cm. Museo del Prado. Obra de Philips Wouwerman.

Desde el punto de vista compositivo la escena está estructurada a base de planos paralelos, pero su articulación carece de profundidad espacial. La línea del horizonte es alta. La escena principal se desarrolla en el primer plano. Las figuras son de gran tamaño y su proximidad permite percibir la precisa expresión de las emociones en hombres y bestias que aparecen engarzados en un frenético desorden que, sin embargo, es sólo aparente, ya que, a pesar de su aparente naturalidad, los agrupamientos responden a estudiados ritmos contrapuestos. Así, el caballo marrón del primer plano tiene su exacto contrapunto en el que figura en el segundo plano y que un soldado sujeta por las bridas. Las figuras de hombres y animales están sólidamente modeladas con una pincelada precisa y con poca materia que se hace más pastosa en las luces. El blanco del caballo caído en el primer plano inmediato al espectador sirve de foco luminoso y al mismo tiempo de contrapunto a la gama parda y amarilla, rota sólo por pequeños toques de rojo, en la que está entonada la escena. Este colorido se separa de la tradición de Haarlem y revela la influencia del caravaggismo, llegada a esta ciudad a través de la obra de Pieter van Laer il Bamboccio (1599-después de 1642). Sin embargo, la organización del espacio en tres planos de color es ajena a Van Laer. Por todo ello esta escena debe ser situada en torno a 1648-1649, es decir, en el período de transición hacia lo que será el estilo propio y más sofisticado de Wouwerman, liberado del naturalismo de Van Laer. Desde el punto de vista estilístico e iconográfico las escenas de batalla Wouwerman se inscriben en la tradición de la escuela de Haarlem. En concreto, se muestra como seguidor de Esaias van de Velde (1587-1630), muy influido a su vez por David Vinckboons (1576-1632) que fue quien popularizó este género, introducido en la pintura holandesa por los pintores flamencos Sebastian Vrancx (1573-1647) y Pieter Snayers (1592-1666). De ellos derivan algunas de las fórmulas pictóricas empleadas por Van de Velde y que Wouwerman repite, como el caballo blanco que centra la composición, los escorzos de los cuerpos caídos o los soldados huyendo. Sin embargo, los agrupamientos de las figuras, los modelos populares y, sobre todo, el tipo de caballo (de panza abultada, cuello encorvado, cabeza casi diminuta y pezuña poderosa) proceden de Pieter van Laer. La escena representa un combate entre tropas de caballería europeas y orientales. Como es habitual en Wouwerman, a pesar del detallismo en la representación de armas y uniformes e, incluso, del estandarte, se trata de una batalla ficticia en un lugar y en un tiempo indeterminados. Por ejemplo, entre lo soldados cristianos se mezclan mosqueteros sin coraza y con el característico yelmo, con otros cubiertos ya con el amplio sombrero que con el tiempo sustituyó al yelmo. En cuanto al armamento representado, se trata en su totalidad de armas blancas: lanzas, jabalinas y espadas. La espada con la que el jinete oriental se dispone a repeler el ataque del soldado que le ataca con la lanza es del tipo llamado balona, utilizada en el norte de Europa en el siglo XVII. Wouwerman fue valorado a lo largo de los siglos XVII y XVIII como el mejor pintor de batallas, entonces uno de los géneros más apreciados entre los coleccionistas. Felipe V llegó a reunir al menos nueve batallas suyas. Formó parte de la colección de Felipe V. En 1746 y 1774 figuraba en el Palacio de La Granja de San Ildefonso. En 1794 consta en el Palacio de Aranjuez y en 1814 en el Palacio Real de Madrid. Desde allí fue enviado al Museo antes de 1834 (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado. 2009, pp. 160-161).


Fuente: museodelprado.es
 




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