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Los Copistas Del Prado
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Mercedes Solé es una de los 60 copistas oficiales del Museo del Prado


Exhibe en la Galería Orfila su primera exposición individual



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'Chicos en la playa', de Joaquín Sorolla. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado

Puede que se haya cruzado con ella o con cualquiera de sus 60 compañeros en alguna de sus visitas al Museo del Prado. Nunca en la misma sala, ley de la casa. Mercedes Solé es una de las copistas oficiales de la pinacoteca, una de las artistas que tienen permiso para extender su sintasol frente a una de las obras maestras y, sin ocupar más de un metro cuadrado con su maletín, su paleta y su caballete, beber directamente de la genialidad de Velázquez, de Rubens o de El Greco.

Tras cuatro años de trabajo concienzudo en una facultad de Bellas Artes en la que muchos desearían formarse, la pintora exhibe sus cuadros en una exposición en la Galería Orfila de Madrid, a la que ha titulado simplemente 'El Prado'. La muestra, en la que reúne a 'Las Meninas' con el 'Agnus Dei' de Zurbarán, o a 'Los chicos en la playa', de Sorolla con 'La dama que enseña el seno', de Tintoretto, estará abierta hasta el próximo viernes.


Fiel a los maestros

Mercedes Solé ha pintado siempre, aunque ésta es su primera muestra individual. Se formó de jovencita y, aunque nunca dejó del todo los pinceles, se casó y educó a sus cuatro hijos, por lo que durante muchos años fue sólo una afición. Aunque su especialidad eran los retratos, quiso dar un paso más y aprender de los más grandes. Le fascinaba la escuela veneciana, sobre todo Tintoretto y Tiziano, pero también la minuciosidad de Velázquez o la espiritualidad que desprende El Greco.

Frente a sus obras, prácticamente ha charlado con los maestros: "Aprendes muchísimo copiando estas obras y para mí es un gran privilegio poder pintar en una de las pinacotecas más importantes del mundo". Y la verdad es que no puede acceder cualquiera que se lo proponga.

El Prado exige que los aspirantes presenten un curriculum que el comité encargado acepte y la autorización de un catedrático de Historia del Arte de la Complutense que todavía esté en activo. Además, se debe entregar un dossier de su obra y, tras el análisis de toda la documentación, la solicitud se aceptará o será denegada. Luego, una vez al año, el pintor deberá renovar su permiso. Si no hubiese cumplido las normas (por ejemplo, los cuadros jamás tendrán las mismas medidas que los originales o no se permite limpiar los pinceles en los lavabos), no podrá volver a desplegar allí su caballete.

Las anécdotas en el Museo son muchas y los curiosos que se acercan a sus lienzos son decenas. Como la vez que estaba tranquilamente encajando al 'San Andrés' de Ribera y se le aproximó un hombre para preguntarle si, cuando lo terminara, podría vendérselo y mandárselo a Miami, donde vivía. Ella se sorprendió porque todavía lo estaba esbozando, pero él le entregó sus referencias para demostrarle que su oferta iba en serio: resultó ser uno de los abogados más importantes de EEUU y se ha convertido en uno de sus principales clientes.

Su idea es seguir y, aunque espera vender sus cuadros, su principal meta sigue siendo su propia satisfacción. Además, tiene mucho trabajo por delante: "Todavía no he hecho nada de Goya y me quedan otros grandes maestros. Tengo para muchos años en el Museo".



Mercedes Solé lleva cuatro años como copista oficial del Museo del Prado


La pintora muestra su obra en la Galería Orfila de Madrid (C/ Orfila, 3) hasta el 23 de julio.



Algunas obras


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'Agnus Dei', de Francisco de Zurbarán. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'Bodegón: manzanas, peras, cajas de dulce y recipiente', de Luis Egidio Meléndez. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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El caballero de la mano en el pecho', de El Greco. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'La dama que descubre el seno', de Domenico Tintoretto. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'El pintor Francisco de Goya', de Vicente López Portaña. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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Las Meninas', de Diego Velázquez. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'El príncipe Baltasar Carlos, cazador', de Diego Velázquez. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'Retrato de hombre', posible autorretrato de Diego Velázquez. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'Rey Felipe IV', de Diego Velázquez. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'Tentaciones de San Antonio Abad', atribuido a El Bosco. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado


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'La Virgen María', de El Greco. Copia de Mercedes Solé. Copista oficial del Museo del Prado



Diálogo con los maestros, ver enlace para ver las obras originales: http://www.elmundo.es/albumes/2010/...tros/index.html



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Mercedes Solé, el arte de la copia en el Museo del Prado. Mercedes Solé, pintora formada en el taller CEPA con Dulce Chacón y en Artestudio, en Madrid, participa en diversas colectivas y certámenes, así como en la ilustración de varias publicaciones. Es copista del Museo del Prado desde 2007 y muestra, por primera vez, una selección de sus copias artísticas.

Mercedes Solé es una pintora que ha dedicado sus energías a la copia de los grandes maestros; con ellos aprende a aplicar la pincelada de mil y una formas. El Museo del Prado es su “hogar” habitual y por sus pinceles han pasado las obras de Zurbarán, El Greco, Ribera... Algunos visitantes le compraron el cuadro en el acto, en un arrebato de fascinación. Mercedes Solé es pintora buena y paciente, que pronto quiere ponerse a interpretar su propia obra plástica ante el lienzo o la tabla. Próximamente expondrás su labor como copista en la madrileña galería Orfila.


Fuentes: elmundo.es / euromundoglobal.com


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'El Prado', de Mercedes Solé

Galería Orfila (C/ Orfila, 3. 28010 Madrid  -  Teléfono: 91 319 88 64).

Horario: de martes a sábado, de 11 a 13.45 y 17.30 a 20.45h. Lunes sólo tarde. Hasta el 23 de julio de 2010.

Más info: http://www.galeriaorfila.com/Mercedes_Sole.htm

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Desde luego Mercedes Solé es una gran artista. Como copista oficial del Prado ya tiene un enorme prestigio, a la vista están las copias realizadas de los grandes maestros. Seguro que cuando presente sus obras originales nos demostrará una faceta más de su arte. A buen seguro los aficinados al arte se lo sabremos agradecer.
 




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De la copia el arte o el arte de copiar



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Ver vídeo de la entrevista realizada al pintor Fernando Ares Muñoz, copista del Prado.

Lo hicieron los Velázquez, Goya y compañía sin ningún pudor. ¿Por qué? Por su gran valor formativo. Muchos, en los años de bonanza económica (del siglo pasado y de principios de este), hicieron de ello su profesión. 'En estos tiempos parece que la profesionalidad sí que pueda desaparecer'. Habla Fernando Ares Muñoz, copista. Una actividad que consiste en hacer una reproducción de un cuadro de otro pintor imitando su técnica, su pincelada. Fernando, gaditano de nacimiento pero con el corazón artístico madrileño, lleva desde el año 1967 ejerciendo por etapas esta actividad en la, para él, 'mejor pinacoteca del mundo, el Museo del Prado'.

Las cifras, al menos en la pinacoteca madrileña, hablan de crisis en el sector. En los años 60, se hacían más de 1.000 reproducciones anuales, hoy en día apenas se acercan a las 70. Llegaron a trabajar 50 copistas al tiempo frente a los 19 actuales. A Fernando nunca le convenció la rentabilidad de las copias y su aportación pictórica a este mundo fue irregular hasta la actualidad. 'Tuve que compaginar la pintura y mi trabajo en centrales nucleares, tenía hijos y en la posguerra fueron tiempos duros', rememora el ahora jubilado y copista a tiempo completo. Según Fernando el problema hoy es que no hay encargos.


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Un cuadro de máximo 130 centímetros de altura o seis centímetros menos que el original (según establecen las reglas del museo) se tarda en hacer, aproximadamente, un mes y medio, por cierto, tiempo máximo para hacer la reproducción. Eso sí, su precio, dependiendo de las técnicas y materiales que se utilicen puede llegar a los 5.000 euros mientras que la autorización como copista son 18 euros anuales y 'el cánon' por copia, 60. Fernando desconocería la palabra crisis si vendiera todos los que tiene en su casa. Al entrar te reciben dos reproducciones de Velázquez, 'el Conde Duque de Olivares' y un fragmento de 'los borrachos' y sólo en el salón habrá unas veinte copias desde Goyas hasta pintores flamencos.


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De hecho, para este humilde copista, pegado a una sonrisa en la boca, la técnica más dificil de reproducir es el realismo de los primitivos flamencos. No obstante, cuando le preguntas sobre pintores, Fernando no lo duda: 'Mi preferido es Goya, el pintor de la calle' aunque posteriormente no se olvida de la técnica de Velázquez que califica de insuperable. Su última copia se trata, precisamente, de un 'retrato del príncipe Baltasar Carlos a caballo' del maestro sevillano. Obra que terminó ante mis narices y bajo la atenta mirada de los curiosos que visitaban la sala de 'las Meninas' del Prado donde está también este retrato.


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Entre tanta copia, Fernando también tiene tiempo para cultivar su propia obra. Algunos de sus cuadros, principalmente los que son de una etapa en la que vivió en Italia, suponen un mosaico homenaje a los grandes maestros renacentistas. Quizás sea otra manera diferente a la reproducción de acercarse a los antiguos artistas. Personajes que le fascinan y que incluso le valieron un reproche de las autoridades Vaticanas ante tanta visita a sus dependencias. Pintor o copista, Fernando no cree que haya menosprecio de uno a otro calificativo. 'Copista es técnica y aquí te expresas libremente con tus temas', califica el artista.


elmundo.es
 




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Elogio de la réplica


Una veintena de copistas chinos invade el Prado gracias a un acuerdo del museo con la Embajada del país asiático

 

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El Copista chino Li Wendong, de 40 años, entró por primera vez al Prado en 2004. Desde entonces admiró 'El Cristo' de Velázquez.

Sueño recurrente de la posmodernidad, la rebelión de la copia frente al original llena de páginas el eterno litigio entre falso y auténtico, fraude y verdad, plagio y creación. Pero como tantas otras cosas, este debate también se resiste a cruzar las soberanas puertas del museo del Prado, donde la tradición de los copistas se ha mantenido con mimo contra el signo de los tiempos. Si el fantasma de Elmyr de Hory, el famoso falsificador húngaro que inspiró el filme F de Fraude, de Orson Welles, campara estos días a sus anchas por la pinacoteca madrileña se toparía con el colmo de este dudoso ejercicio, 18 pintores chinos que durante dos semanas y con el beneplácito de la casa no hacen otra cosa que copiar y copiar obras maestras con la velocidad y precisión que se espera de los mejores de un país que se jacta de que nada en este mundo se resiste a la réplica.

“Seguramente la copia es lo peor, pero la copia también es el principio de algo. El principio de un aprendizaje”, explica Yang Feiyun, pintor realista, presidente de la prestigiosa China Oil Painting Institute of Chinese National Academy of Arts y guía y maestro de los pintores que han llegado a Madrid desde Pekín. En China, copiar es un arte, la base fundamental del aprendizaje de su arte mayor, la caligrafía. “Para uno de nuestros grandes pintores, Qi Baishi, la copia como fin es la muerte, pero la copia como vehículo es muy diferente. Nosotros copiamos a Velázquez para aprender su espíritu. Y ¿por qué no? Para intentar superarle”, añade este autor veloz (tres días) de un Felipe IV de Velázquez que hasta ha llamado la atención de Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado. “Me he fijado en él porque recoge toda la sutileza del cuadro y con una rapidez realmente sorprendente”, afirma Finaldi, para quien pese a que muchos museos han acabado con este ejercicio, el Prado lo defiende como parte de su paisaje y de la formación de muchos profesionales. “Los romanos copiaban las esculturas griegas y en el Renacimiento los alumnos de los grandes maestros aprendían copiando sus obras en los talleres. El Prado siempre ha contado con copistas, algunos muy famosos. Sargent vino a España en varias ocasiones solo para copiar Las Meninas. De hecho hizo una réplica que hoy pertenece a su familia. Nosotros hemos mantenido la tradición porque sirve a los artistas y le gusta al público. Hay algo mágico y a la vez cercano en ver cómo se pinta una copia. Pese a los avances tecnológicos y la precisión de la fotografía digital, los pintores quieren seguir trabajando en el museo porque la relación directa con el objeto es importante. Y nosotros no tenemos problema en fomentarlo, queremos ser un museo más real que virtual”.

Para evitar fraudes, la pinacoteca mantiene un riguroso reglamento que garantiza la “honorabilidad” de los copistas. Además se exige una diferencia de cinco centímetros de tamaño entre original y copia. El permiso para copiar obras como Las Meninas, Las majas o El jardín de las delicias es hoy casi imposible por la cantidad de público que atraen. “El público manda y en eso somos vigilantes”, explica Cristina Barroso, encargada de la Oficina de Copias, departamento en el que se gestionan todas las peticiones: “tenemos de todo, desde un copista de 82 años o un contable que trabajaba en el ministerio de Obras Públicas pero que siempre quiso ser pintor hasta un arquitecto de Pamplona que cuando puede viaja a Madrid para encerrase en el museo y pintar”.

Lo más impresionante del equipo de Pekín es su perseverancia y velocidad. La estrechez de tiempo les obliga a una copia “más ligera”, sin la carga de pintura de los originales. Lo lamenta Zhang Xiaopeng, embarcada en Las tres gracias de Rubens. “A él le llevó tres años. Jamás podré copiar su color”. Frente a El Cristo de Velázquez, Li Wendong explica que esta es su tercera visita al Prado. “Y desde la primera este cuadro me impresionó. Para nosotros, Velázquez es sagrado. Yo sigo su trazo y eso es lo que jamás le podré copiar, que su gesto, a diferencia del mío, era natural”.

Los niños de una escuela de Alcorcón cotejan embobados original y copia, copia y original. La profesora les recuerda una leyenda que asegura que Velázquez ocultó con la melena media cara de Jesús porque no lograba representar como quería el dolor de su rostro. Wendong, gorra y pincel, ni se inmuta.

El copista lucha contra sí mismo en esa imposible pelea por seguir el paso de otro. “Nunca puede ocultar su propio movimiento de mano”, dice Finaldi. “Pero su visión nos puede ayudar a entender el original. Al hacer una copia uno se pone en contacto directo con las miles de pequeñas decisiones que ha tenido que tomar el artista”.

La tarea de los copistas despierta mucha curiosidad, sobre todo la de un hombre alto y de buena planta que se sienta con aspecto cansado en uno de los bancos del museo. “En realidad no saben lo que hacen”, opina el misterioso espectador. “Es una tradición del pasado que hoy se queda en la superficie. Tienen maestría en la mano, pero no profundidad. Lo siento, soy un escéptico”. El visitante, alemán, se identifica finalmente como el director del museo dedicado al pintor abstracto Joseph Albers, conocido por su serie Homenaje al cuadrado. “Ya ve, no hay nada más fácil que copiar un cuadrado, pero cualquiera que tenga ojos sabe que eso es imposible”.

A esta imposibilidad se resiste el benjamín del grupo, You Yong, el alumno favorito del maestro chino. En cuatro días ha calcado La adoración de los pastores de El Greco. Explica que para ganar precisión escucha el Mesías de Händel. “Mi maestro confía en mí. Escucho esa música porque creo en la interactividad de todas las artes. Los ojos y los oídos me llevan al mismo camino, perseguir el sentido original del artista”.



FOTOGALERÍA Velázquez 'made in China'


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El maestro Yang Feiyun, pintor realista y presidente de la prestigiosa China Oil Painting Institute of Chinese National Academy of Arts, es el guía de los pintores que han llegado a Madrid desde Pekín.


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Zhang Xiaopeng dedica sus dos semanas en Madrid solo a 'Las tres gracias de Rubens', un cuadro que llevó tres años a su autor y que ella intenta calcar a contrarreloj.


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Los copistas llegados de Pekín en apenas unos días han logrado copiar de manera sorprendente algunos de los cuadros más famosos de la pinacoteca.


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En 2011, el Prado recibió 82 peticiones para copiar algunas de sus pinturas. En 2012, 93. El museo mantiene una tradición que, según sus responsables, ofrece “un plus” al visitante y a los artistas que desean aprenden de sus maestros.


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Cineasta antes que pintor, Wang Xiahong dejó las películas por su vocación de juventud: la pintura. “Dejé el cine para recuperar mi sueño de infancia”, dice ante un tiziano. “Me satisface más la pintura, su placer espiritual, veo más honestidad”.


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Con 25 años, You Yong es el benjamín del grupo . En cuatro días ha calcado 'La adoración de los pastores' de El Greco. Su dominio del color resulta admirable.


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Uno de los pintores chinos frente a su copia en el museo del Prado. Existe un mercado para las copias de obras maestras en Japón, América y Australia. Los precios van de 500 a 7.000 euros.



elpais.com
 




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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
Métodos para seducir a un gigante


Las artes solo aparecen a partir del quinto puesto entre las razones por las que los turistas chinos acuden a España, según un informe presentado en Pública 14



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Copistas chinos de las escuelas de Pekín trabajando en el Museo del Prado. / BERNARDO PÉREZ

Contra Cristiano Ronaldo no hay Goya que pueda competir. Ni Velázquez, ni Greco. El único que aguanta el tipo, por lo visto, es Picasso. Resulta que el artista malagueño es una de las (pocas) razones por las que España es conocida en China. Las otras, según contaba esta mañana Esperanza Liu (directora general de Haike, una compañía de márketing y traducción que trabaja con la comunidad asiática), son los toros, el flamenco, el Barcelona y el Real Madrid. Lo típico, vamos. No sorprende, por tanto, el dato quizás más interesante del estudio que Liu ha desglosado en el marco de Pública 14, nueva edición de los encuentros internacionales de gestión cultural que se celebran anualmente en Madrid: la cultura aparece solo en el quinto lugar entre los motivos por los que los más de 1.300 millones de personas que pueblan el gigante asiático visitan o visitarían España.

En concreto, se trata de museos y galerías, escogidos por el 22% de los encuestados como uno de los objetivos de su viaje. Para encontrar los teatros hay que llegar hasta el séptimo puesto y, más abajo todavía, se hallan música y salas de conciertos. El informe está basado en entrevistas con unos 3.000 chinos, el 75% residente en su país natal y el 35% en España.

Así, la primera razón por la que los chinos vuelan rumbo a España resulta ser el turismo. Después, la gastronomía. Lo que no deja de parecer curioso teniendo en cuenta que, según el mismo estudio, el 80% de los encuestados una vez en España acaba comiendo en restaurantes chinos. Sea como fuere, la tercera razón son las compras y la cuarta, las playas.

“El motivo principal es que no tienen información en su propio idioma sobre la cultura de España”, explicaba Liu sobre el escaso interés de los chinos por las artes españolas. De hecho, solo el 7% de los entrevistados coloca a España entre los países de gran prestigio cultural. Por tanto, y posiblemente también porque a ello se dedica su compañía, Liu señalaba que la prioridad para acoger a ríos de turistas chinos y a sus carteras sería explicarles en Internet y redes sociales por qué la cultura española bien merece una visita.

De entre los grandes museos, por ejemplo, solo la página web del Prado se puede leer en chino. Legítimo, claro. Pero Liu considera que así se renuncia a un flujo anual de 83 millones de turistas (en 2012, según la Organización Mundial del Turismo), capaces de gastar en el extranjero unos 78.000 millones de euros. Es casi un cuarto de la facturación mundial en este ámbito, y solo una pequeña parte de ello fue a parar a España.

Es cierto, por otro lado, que España recibió el año pasado 60,6 millones de turistas internacionales, su récord histórico. Y que entre enero y octubre unos 203.000 chinos visitaron el país, con un incremento del 33% respecto a 2012, según datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. De momento, son buenas noticias para el Madrid y el Barça. Más bien neutras, para museos y teatros.


elpais.com
 




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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
Ante una gran copia, ¿quién añora un original?


La reapertura de la cueva de Altamira reaviva el debate sobre si merece la pena poner en riesgo su futuro por contemplar una obra 'auténtica'

Algunos visitantes admiten no sentir gran diferencia




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Los copistas del Prado son un atractivo más del museo. / Bernardo Pérez

Desde su apertura hace 12 años, la réplica de la cueva de Altamira ha recibido una media de 250.000 visitantes anuales que han podido hacerse una idea bastante ajustada de lo que se atesora en la gruta original: una de las pocas y valiosísimas reliquias de arte rupestre que se conservan en el planeta. La copia, conocida como Neocueva, cumple con tal éxito su papel que dos de los cinco visitantes experimentales que el 27 de febrero lograron, tras un sorteo, entrar en la cueva original confesaron que, en realidad, no vieron mucha diferencia entre la réplica construida en 2001 en el interior del edificio proyectado por Juan Navarro Baldeweg y la que pintaron hace 18.500 años unos anónimos artistas primitivos. “Está feo decirlo, pero yo las veo iguales, en la original miras las pinturas con linternas y en la réplica están cómodamente iluminadas”, dijo asumiendo su falta de “sensibilidad” uno de los cinco afortunados que cruzó el umbral de la galería milenaria.

“La Neocueva no da la misma emoción”, dice el conservador jefe de Altamira

¿Había triunfado la ficción de la copia sobre la verdad del original? Evidentemente, no es lo mismo. Pero reabierta la puerta de la cueva original también se reabre el debate sobre su conservación y su futuro. Permitir el acceso a la gruta es concederle una voz, pero arriesgando su vida. Cerrarla es perpetuar su existencia, aunque sea a costa de su silencio. El francés Gaël de Guinche, conservador jefe de Altamira, busca con su equipo la solución al embrollo. Sin haber dado aún con ella (hasta finales de 2014 no se conocerán los resultados del dictamen científico acerca del impacto de la presencia humana), no admite dudas sobre la diferente experiencia entre original y réplica. “No hay nada comparable al original. No es una cuestión solo de las pinturas, es la localización, la humedad, la oscuridad, el frío, la experiencia en sí”. Para De Guinche, Altamira es “emoción” y ni la copia más perfecta podría transmitir ese sentimiento.


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Un grupo de turistas observa la réplica de la cueva de Altamira en Santillana del Mar. / Tino Soriano

Sin embargo, según un estudio efectuado con público de los museos nacionales, “un 80% de los visitantes de la réplica de Altamira declaró estar bastante o muy satisfecho con la visita y más del 90% recomendó la visita al museo a otras personas”. La réplica de Altamira, cuya construcción estuvo conducida por la empresa de museografía y arquitectura Empty, no solo fue pionera en España sino que está situada a la vanguardia mundial. El encargado de construir la reproducción fue Sven Nebel, un madrileño de origen alemán licenciado en Química y Bellas Artes, especialista en modelos y reconstrucciones para exposiciones y museos. En su estudio, situado en Alcalá de Henares, se replica de todo: desde una sandalia romana a cualquier pieza arqueológica, grutas, cuevas o una casa íbera.

La ‘Gioconda’ del Prado es muy popular pese a ser una reproducción

“Hace 15 años la técnica no estaba tan desarrollada como ahora, pero nuestro trabajo, en el que participaron arqueólogos, historiadores, geólogos o el pintor hiperrealista Manuel Franquelo, fue muy exacto”, explica Nebel. Con una técnica de escáner de tres dimensiones y láser, se tomó la huella de la cueva con cuatro milímetros de precisión. Se usó polvo de roca caliza y Pedro Saura y su esposa, Matilde Muzquiz, pintores y profesores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, calcaron los famosos bisontes con los mismos pigmentos que usaron los hombres primitivos: ocre, carbón y agua. “El trabajo salió tan bien que vinieron empresas de Corea y Alemania para conocer el proceso. Hasta entonces una réplica era una mala copia que parecía salida de una película de Walt Disney. No se veía como algo funcional que cumple un papel de conservación y también de investigación”, añade Nebel.


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'La Gioconda del Prado'. Discípulo de Leonardo Da Vinci. Renacimiento, 1503 — 1516. Óleo sobre tabla de nogal, 76 × 57 cm. Museo del Prado, Madrid.

¿Son estos debates asuntos exclusivos del arte prehistórico? Hace un año, el Museo del Prado invitó a un grupo de copistas chinos para imitar algunas de las obras maestras de la pinacoteca. Solo era el guiño de un museo que siempre ha contado con copistas, cuyo trabajo en vivo en las salas del edificio tiene un raro atractivo para los visitantes. Pero un año antes, el mismo museo lanzaba la bomba informativa de su copia perfecta de la Mona Lisa, realizada simultáneamente a la original por un alumno del taller de Leonardo. Automáticamente, La Gioconda del Prado, por más que copia, se convirtió en una de las estrellas de unas salas rebosantes de obras maestras... originales. “La reproducción de las copias de arte era algo aceptado y habitual”, recuerda Miguel Zugaza, director de la pinacoteca. “Lo que conocemos del arte griego fue gracias a las copias romanas. En el siglo XIX existían museos dedicados solo a reproducciones. Sin ir más lejos, el Casón del Buen Retiro estaba especializado en vaciados. Esta idea de aceptación de la reproducción cayó en desuso ante el valor supremo del original de arte, que prima en nuestros días, pero lo cierto es que con los enormes avances técnicos se abre un campo muy interesante para los museos: de investigación, de conservación y de recuperación de elementos que se han perdido”.

Quizá vencido por el sex appeal del original, aquel museo de reproducciones artísticas, situado en el Retiro, acabó cerrando en 1961. Pero fue reabierto en 2012 en Valladolid, en la Casa del Sol, en una de las dependencias del Museo Nacional de Escultura. Allí, entre cerca de trescientas réplicas del siglo XIX y principios del XX de tesoros como el Discóbolo de Mirón o el Apolo de Belvedere, la imaginación se despierta gracias a meras copias. Una de las piezas más importantes de ese conjunto vallisoletano ocupa estos días un lugar preeminente en el Prado en la excepcional muestra de Las Furias. Se trata de una reproducción de Laocoonte y sus hijos, acaso el grupo escultórico más famoso de todos los tiempos (conservado en los Museos Vaticanos), en torno al que se organizan obras de maestros como Rubens, Tiziano o Miguel Ángel.

No es la única copia tratada con los honores reservados al original en la pinacoteca. Zugaza señala la reproducción del León de Oro de Mateo de Bonarelli, que posee el museo desde 2005, como un ejemplo de integración. “Y no solo es el tema de la protección de originales o de la recuperación de originales perdidos”, continúa Zugaza, “también es muy interesante utilizar las técnicas de reproducción para restituir obras en su ubicación original, como los retablos de iglesias o como la magnífica copia de Las bodas de Caná que se encargó para Venecia mientras el original permanece en el Louvre”.

El arte griego ha llegado hasta hoy gracias a los duplicados romanos

El facsímil de la obra de Veronés, tela colosal de 994 centímetros de largo y 677 de alto, sustraída por Napoleón durante la campaña de Italia en 1797, devolvió a la basílica de San Giorgio Maggiore su aspecto original. La copia se realizó en 2006 por encargo de la Fondazione Giorgio Cini a la empresa Factum Arte, que, con un pie en el barrio de San Blas de Madrid y otro en Londres, ofrece todo tipo de facsímiles como vía para proteger el patrimonio cultural. Adam Lowe dirige el equipo de 40 artistas, técnicos y conservadores que estudian y desarrollan tecnologías específicas para registrar y digitalizar obras de arte. En los últimos años, han trabajado con el Louvre, el British Museum, el Pergamon, el Prado y la Biblioteca Nacional o el Supreme Council of Antiquities de Egipto, entre otras instituciones de primera línea. Su proyecto más ambicioso hasta la fecha es la reproducción en el Valle de los Reyes de Egipto de la tumba de Tutankamón. También trabajan en la tumba de Seti (cerrada al público desde 1980) y la de Nefertiti (cerrada al público general, pero abierta con permisos especiales). “En 2010 la tumba de Tutankamón registraba 1.000 visitas diarias, su estado es crítico”, explica Adam Lowe.

Escaneada en alta resolución, el procesado de los datos y la producción del facsímil se ha realizado en el taller de Madrid. La copia abrirá sus puertas a finales del mes de abril como parte de un nuevo centro de visitantes que quiere comunicar la importancia de la conservación de tumbas. “Queremos que cuando se inaugure, las visitas pasen primero por la original y luego por el facsímil para que vean que la experiencia de la nueva es mucho mejor. Es importante explicar por qué se encuentra en el actual estado de deterioro, los desafíos de la preservación de un sitio que fue construido para perdurar en el tiempo y no para ser visitado diariamente por cientos de personas”. Lowe insiste en que el trabajo es preservar la herencia sin dañar la función económica y social del patrimonio. “Egipto necesita el turismo…, pero la pregunta real es ¿queremos formar parte de un modelo conservacionista o de un modelo egoísta y destructivo que se apodera del original sin garantizar su vida a generaciones futuras?”. Para Lowe el concepto de originalidad es cambiante: “Nuestro trabajo es el resultado de un estudio profundo a partir de entender la originalidad no como un estado fijo sino como un proceso que va cambiando y profundizando con el tiempo”.

A finales de abril se inaugurará un facsímil de la tumba de Tutankamón

Los valores de la verdad frente a los de apariencia se mezclan en todo esto con el mandato supremo del conservador de museo. Velar por la integridad de la colección a la que sirve para que las piezas puedan seguir inspirando a generaciones venideras, sí, pero ¿a costa de perder la famosa aura que la Humanidad ha otorgado a las obras de arte originales?

La respuesta es no, si preguntas al más célebre teórico de la defensa del hechizo del aura: el filósofo alemán Walter Benjamin, que alertó a principios del siglo XX del peligro de profanación del objeto en la cultura de la exhibición y la experiencia. En su célebre La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica, Benjamin definía así la “autenticidad”. “Incluso en la más perfecta de las reproducciones una cosa queda fuera de ella: el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia única en el lugar donde se encuentra. La historia a la que una obra de arte ha estado sometida a lo largo de su permanencia es algo que atañe exclusivamente a esta, su existencia única”.

Las réplicas pueden llegar a ofrecer mejor información del pasado

José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, discrepa. Y apunta la importancia de la copia para entender el original, cómo gracias a ella se recupera la arquitectura natural del lugar, su magia perdida. “Reproducimos exactamente la física y la química del material, del objeto, y en lugar de su alquimia, del aura de la que habla Benjamin, ofrecemos información científica de una manera más sintética, amable y simpática. Pero la Neocueva no es un sucedáneo. Incluso en cierto modo es más fiel a la cueva paleolítica que la propia original tal y como ha llegado a nuestros días”.

En el fondo, solo se trata de la búsqueda de experiencias únicas. En 2010, el cineasta alemán Werner Herzog lideró un proyecto sobrecogedor: el documental en 3D La cueva de los sueños olvidados. Un filme excepcional sobre la cueva de Chauvet (Francia), descubierta en 1994, y cerrada desde entonces para evitar posibles daños. Sus espectaculares pinturas rupestres se remontan a 30.000 años de antigüedad y el mimo del Gobierno francés ha sido tal que desde su descubrimiento su entrada se ha limitado solo al equipo científico. Herzog, sin embargo, logró un permiso excepcional para rodar una película cuyo detalle y pasión nos transmiten de manera brutal el prodigio del lugar. Ese túnel del tiempo que, en palabras de Herzog, nos lleva a “reconocernos a nosotros mismos por primera vez”. El filme documental funciona como réplica perfecta, como una puerta privilegiada para adentrarnos en un tesoro que muy pocos podrán jamás visitar. La cueva de Chauvet, cerrada a cal y canto por pura salud y por respeto a la memoria futura, es una de las maravillas del hombre. Pero la película de Herzog también lo es.

Francia mantiene cerrada la cueva de Chauvet, pero ha permitido grabarla

Para el cineasta, como para Benjamin, este mundo en plena metamorfosis ha perdido uno de sus sentidos fundamentales: el de realidad. Y ya no se trata del expolio arqueológico para alimentar los grandes museos del mundo ni de disparates como la réplica exacta del Partenón que en 1897 construyeron los arquitectos William B. Dinsmoor y Russell E. Hart para conmemorar el centenario de la unión de Tennessee a Estados Unidos. Se trata de entender el papel original de la copia. Su protagonismo en la conservación preventiva del patrimonio, su privilegiado lugar como vehículo de conocimiento. Un símbolo en sí mismo de la infinita capacidad del hombre para crear, destruir y, en último término, sublevarse contra el suicidio de su memoria.


Fuente: elpais.com
 




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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
Hola , saludos j.luis, soy Manel, usuario del foro F1. te comunico que estoy leyendo un libro que se titula El Maestro del Prado, de Javier Sierra.

La verdad es que lo encuentro muy interesante, y habla mucho del " rebelde, de RAFAEL " y los misterios de los cuadros del Prado. Ya te comentare. Saludos.

Lo de "oyes", no suena bien a todo el mundo, pero es una expresión muy Asturiana, espero que lo comprendas.

Saludos amigo virtual.
 



 
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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
Hola manel, el libro que comentas lo leí hace dos años y dejé este comentario. Si te interesa le echas un vistazo. De Javier Sierra he leído varios libros.

Particularmente el Museo del Prado me interesa bastante soy 'amigo protector' desde hace años y lo visito con frecuencia, y es mi debilidad.



 

Saludos.
 




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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
He estado visitando la página de la pintora Elena Velasco, copista del Prado, y me han gustado sus cuadros, tiene talento y domina el oficio a la perfección.

A continuación pongo un extracto de su web, espero si lo ve, le guste a la artista.

00elena_velasco
0elena_velasco
3elena_velasco
1elena_velasco
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Más info en la Web de Elena Velasco



 

Saludos.
 




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Post Re: Los Copistas Del Prado 
 
El Renoir de La Ribera

El burgalés Ángel García de Diego es uno de los pintores que se dedica a reproducir las obras de arte del Museo del Prado. Lleva más de 30 años en la gran pinacoteca, tiempo en el que ha copiado lienzos de Goya, Rubens, Velázquez o Renoir


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Ángel tiene reservada una habitación en su casa de Fresnillo de las Dueñas que utiliza como taller. - Foto: M.R.

Los retratos a carboncillo que realizaba en su juventud en un 'papel guarro' son solo los primeros trazos del cuadro impresionista que es su vida como artista. Ángel García de Diego, nacido en Fresnillo de las Dueñas, lleva más de 30 años trabajando como copista en el Museo del Prado. "No consiste en tener talento. El deseo de hacer las cosas y que te guste es lo que espabila a la mente", cuenta.


Publicado el 26 de agosto de 2016 por diariodeburgos.es
 




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