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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Magritte, René
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor surrealista belga René Magritte. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno.


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Retrato de Magritte en 1967.

René François Ghislain Magritte (n. 21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica - 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga.

Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el real.

Poco se conoce acerca de los primeros años de Magritte. Nació en Lessines, provincia de Hainaut, en 1898, el mayor de los hijos de Léopold Magritte, sastre y comerciante de telas, y Regina (nacida Bertinchamps). Comenzó sus lecciones de dibujo en 1910. El 12 de marzo de 1912 su madre se suicidó ahogándose en el río Sambre. Éste no fue su primer intento, pues llevaba años intentando quitarse la vida, obligando a su esposo Léopold a encerrala en su dormitorio. Un día ella escapó y estuvo perdida por días. Más tarde fue descubierta, muerta, río abajo. De acuerdo a la leyenda, Magritte, que entonces tenía 13 años, estaba presente cuando el cuerpo fue recuperado del agua, pero recientes investigaciones han desacreditado esa historia. La imagen de su madre flotando, su vestido oscureciendo su cara, puede haber influenciado una serie de pinturas de 1927 a 1928, incluyendo Les Amants, pero a Magritte le disgustaba esta explicación.


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René Magritte por Lothar Wolleh.

Realiza sus primeros cursos de pintura en Châtelet. En 1915 comienza a hacer sus primeras obras en la línea del impresionismo. Entre 1916 y 1918 estudia en la Academia de Bellas Artes de Bruselas. Expone por primera vez en el Centro de Arte de Bruselas en 1920 junto a Pierre-Louis Flouquet, con quien comparte un estudio. Tras el servicio militar trabaja temporalmente como diseñador en una fábrica de papel. En 1923 participa con Lissitzky, Moholy-Nagy, Feininger y Paul Joostens de maria florecen una exposición en el Círculo Real Artístico.

Su obra del periodo 1920-1924, por su tratamiento de los temas de la vida moderna, su color brillante y sus investigaciones sobre las relaciones de la forma tridimensional con la superficie plana del cuadro, muestran las influencias del cubismo, del orfismo, del futurismo y del purismo.


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René Magritte - El peregrino ('The Pilgrim', 1966).

En 1922 ve una reproducción de La canción de amor de De Chirico, que le impresiona profundamente, y a partir de 1926 se independiza de las influencias anteriores y basa su estilo en el de De Chirico.

En obras como La túnica de la aventura (1926) expresa su sentido del misterio del mundo por medio de la irracional yuxtaposición de objetos en una atmósfera silenciosa.

En El asesino amenazado (1926), el espacio perspectivo deriva de De Chirico y de los decorados de los primeros melodramas cinematográficos. En este mismo año se une a otros músicos, escritores y artistas belgas, en un grupo informal comparable al de los surrealistas de París.

En 1927 se establece en las cercanías de París y participa, durante los tres años siguientes, en las actividades del grupo surrealista (sobre todo, se relaciona con Éluard, Breton, Arp, Miró y Dalí). Aporta al Surrealismo parisino un resurgimiento del ilusionismo. A diferencia de Dalí, Magritte no usa la pintura para expresar sus obsesiones privadas o sus fantasías, sino que se expresa con agudeza, ironía y un espíritu de debate.

En 1928 participa en la exposición surrealista en la galería Goemans de París.

En 1930 regresa a Bruselas huyendo del ambiente polémico parisino, y allí pasa tranquilo el resto de sus días.


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'La lámpara filosófica', de Magritte, 1936. Colección privada.

A partir de 1926 el estilo de Magritte, también llamado "realismo mágico", cambia poco; entre 1928 y 1930 investiga las ambiguas relaciones entre palabras, imágenes y los objetos que éstas denotan. En La perfidia de las imágenes (1928-1929) retrata meticulosamente una pipa, y debajo, con igual precisión, pone la leyenda Ceci n'est pas une pipe (Esto no es una pipa), cuestionando la realidad pictórica. El espejo falso (1928) explora la misma idea: el ojo, como un falso espejo, reflejando las nubes blancas y el cielo azul pintados de forma realista; en este cuadro introduce el tema del paisaje ilusionista, interpretado en clave pictórica, alejado de toda intención naturalista. Magritte explora en toda su obra el problema del espacio real frente a la ilusión espacial, que es el trasunto de la pintura misma.

Hace muchas variaciones sobre este tema, quizá la más clara de todas sea Los paseos de Euclides (1955), donde muestra un caballete con un cuadro frente a una ventana, a través de la cual se ve un paisaje; la escena pintada corresponde exactamente al fragmento de paisaje sobre el que se sitúa el cuadro, llevando el problema de la pintura, como confrontación naturaleza-ilusión, a la cuarta dimensión.


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René Magritte - La Belle Société, 1965-1966. Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm.

En 1933 hace una exposición individual en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas y en 1936 su primera individual en Estados Unidos en la galería Julien Levy de Nueva York.

En ese mismo año su obra está presente en Arte fantástico, Dadá, Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En los años cuarenta la obra de Magritte adopta una paleta y una pincelada impresionistas y en 1947-1948 desarrolla sus cuadros llamados fauvistas.

La respuesta de la crítica es, en general, hostil hacia estas obras, y Magritte vuelve a su acostumbrado estilo. Son característicos de los años cincuenta los cuadros en los que tanto figuras interiores como paisajes y objetos aparecen convertidos en roca.

"Las formas básicas y los temas, sin embargo, continúan la fantasía del lugar común durante los años sesenta. Una escena urbana nocturna a la que se le superpone un cielo azul con nubes de atardecer flotando; carreras de jockeys en coches y por habitaciones; o una elegante amazona paseando por un bosque mientras es segmentada por los árboles. Pero el mundo de Magritte contiene siempre al misterioso hombre invisible con bombín y abrigo negro solo o en grupos, como en Golconda (1953), donde una multitud de ellos desciende sobre la ciudad" (Arnason).


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Museo Magritte, Bruselas.

A lo largo de los años cuarenta expone asiduamente en la galería Dietrich de Bruselas.

En los dos decenios sucesivos recibe numerosos encargos para la ejecución de pinturas murales en Bélgica.

Desde 1953 expone frecuentemente en la galería Alexander Iolas de Nueva York, París y Ginebra. Se organizan retrospectivas sobre su obra en 1954 en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, y en 1960 en el Museo de Arte Contemporáneo de Dallas y en el Museo de Bellas Artes de Houston.

Viaja por primera vez a Estados Unidos en 1965, con motivo de una retrospectiva que el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedica. Durante el año siguiente viaja a Israel.

Muere en Bruselas el 15 de agosto de 1967, pocos días después de la inauguración de una importante muestra de su obra en el Museo Boymans Van Beuningen de Róterdam.

Obras destacadas

    - El asesino amenazado, 1926. Museo de Arte Moderno de Nueva York.
    - La voz de los vientos, 1928
    - Los amantes, 1928. Colección privada, Bruselas.
    - Esto no es una pipa, 1929. Los Angeles, County Museum.
    - Invención colectiva, 1934
    - La violación, 1934
    - La clarividencia, 1936
    - La llave de los campos, 1936. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
    - Prohibida la reproducción, 1937
    - El tiempo perforado, 1939
    - Golconda, 1953. Houston, Texas, colección Menil.
    - El imperio de las luces, 1953-54. Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.
    - Esto no es una manzana, 1954
    - El castillo de los Pirineos (Le Château des Pyrénées), óleo sobre tela, 200 × 145 cm, del 1959, Museo de Israel de Jerusalém. Es citado como una de las obras más representativas del pintor.
    - La gran familia, 1963
    - El hijo del hombre, 1964. Representa un hombre con la manzana sobre la cara, que la tapa casi totalmente, sobre el fondo se aprecia un océano y un cielo nublado. Óleo sobre tela de 78 × 58 cm. Es parte de una colección privada.
    - El donante feliz, 1966.

Espero que os guste la recopilación de este pintor belga, y en la medida de lo posible que este trabajo contribuya en la divulgación de su obra.






Fotografía de René Magritte por Lothar Wolleh




Algunas obras


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René Magritte - Autorretrato, 1923. Óleo sobre lienzo, 44 x 36.5 cm. Galerie Isy Brachot. Bruselas-París


Las cartas de Magritte


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La correspondencia del pintor surrealista René Magritte con su galerista, Alexander Iolas, desde 1947 a 1967, a subasta en Sotheby's.


Las cartas privadas de Magritte desvelan su faceta más comercial. Las misivas, hasta ahora inéditas, se mostraron en febrero de 2011 junto a cinco obras del autor que Sotheby's subastó en Londres.


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Las misivas, hasta la fecha mencionada nunca antes publicadas, incluyen más de 40 ilustraciones, y muestran el absoluto control que Magritte ejercía sobre la comercialización de su obra.


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'El durmiente imprudente'. Obra de Rene Magritte


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'La Representation', 1937. Obra de Rene Magritte


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'The Future of Statues', 1937. Obra de Rene Magritte


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'The Annunciation', 1930. Obra de Rene Magritte


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'Le Miroir Magique', 1929. Obra de Rene Magritte


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'The Spirit of Geometry', 1937. Obra de Rene Magritte


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'Personal Values (Les Valeurs personnelles)', 1952. Obra de Rene Magritte


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'Time Transfixed', 1938. Obra de Rene Magritte


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Los amantes, 1928. Óleo sobre lienzo. Colección particular. Obra de Rene Magritte


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Intentando lo imposible, 1928. Óleo sobre lienzo, 105,6 x 81 cm. Galerie Isy Brachot. Bruselas. Obra de Rene Magritte


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La Traición de las Imágenes (Esto no es una pipa). 1929. Óleo sobre lienzo. Colección particular. Obra de Rene Magritte


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Madame Recamier de David, 1949. Óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm. Colección privada. Obra de Rene Magritte


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La condición humana, 1935. Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm. Colección Simon Spierer. Ginebra. Obra de Rene Magritte


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La añoranza, 1940. Óleo sobre lienzo, 100 x 80 cm. Galerie Isy Brachot. Bruselas-París. Obra de Rene Magritte


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Recuerdo de viaje III, 1955. Óleo sobre lienzo, 162.2 x 132.2 cm. MOMA. Nueva York. Obra de Rene Magritte


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La gran guerra, 1964. Óleo sobre lienzo, 81 x 60 cm. Colección privada. Obra de Rene Magritte


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El poder blanco, 1965. Óleo sobre lienzo, 81 x 64 cm. National Gallery of Art. Washington. Obra de Rene Magritte


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L'Homme Au Chapeau Melon, 1964. Obra de Rene Magritte


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Seducer, 1953. Obra de Rene Magritte


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The Art of Living, 1967. Obra de Rene Magritte


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The Blood of the World, 1925. Obra de Rene Magritte


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The Fair Captive, 1947. Obra de Rene Magritte


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The Glass House, 1939. Obra de Rene Magritte


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The Human Condition II, 1935. Obra de Rene Magritte


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The Human Condition, 1933. Obra de Rene Magritte


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The Lost Jockey (Le jockey perdu), 1926. Obra de Rene Magritte


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The Mysteries of the Horizon, 1928. Obra de Rene Magritte


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The Six Elements, 1928. Obra de Rene Magritte


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Time Transfixed, 1938. Obra de Rene Magritte


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The wonders of nature, 1953. Obra de Rene Magritte


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The Threatened Assassin, 1926. Obra de Rene Magritte


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The Therapist, 1937. Obra de Rene Magritte


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Attempting the Impossible, 1928. Obra de Rene Magritte


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Discovery, 1928. Obra de Rene Magritte


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Meditation, 1937. Obra de Rene Magritte


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Golconda, 1953. Obra de Rene Magritte



Museo Magritte


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El Museo Magritte en Bruselas, alberga la colección más grande de uno de los mejores artistas belgas del Siglo XX. En el museo se exponen 250 de sus obras extendidas a lo largo de más de 2.500 metros cuadrados repartidos en varias plantas.


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Filho do Homem en el Museo Magritte.

El museo, de reciente creación, tiene una ubicación privilegiada en la Plaza Real, junto a los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica.


En el interior


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La fachada señorial de este palacio neoclásico del siglo XVIII es un gran contrapunto con las obras surrealistas que se exponen en su interior. En el museo se exponen 250 obras de las más de 2.000 que pintó el artista.


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El Museo Magritte está dividido en tres plantas, cada una de ellas dedicada a un periodo diferente. El recorrido comienza por la tercera planta, mostrando los comienzos del artista. Se trata de una época de aprendizaje en la que prueba diferentes estilos: expresionismo, pop-art o arte conceptual.


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En la segunda planta, se exponen las obras del periodo menos conocido del artista. Se trata de las obras que creó en Bruselas durante la guerra. Por último, en el primer piso, se exponen sus obras más conocidas, como la "Sherezade" o el "Imperio de la Luz".


Otro Magritte dedicado al mismo Magritte

En Bruselas hay dos museos con nombres muy similares. El Museo René Magritte, bastante más austero que el Museo Magritte, ocupa la casa en la que trabajó el artista durante más de 24 años.


Importante pero no imprescindible


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El Museo Magritte, a pesar de su corta vida, ya se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la capital europea. A pesar de ello y de su privilegiada ubicación en la Plaza Real, no nos parece una visita demasiado cautivadora para los que no estén interesados en un arte tan especial como es el arte surrealista.


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La Clairvoyance, 1936. Obra de Rene Magritte

Ver obra de Rene Magritte



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor surrealista belga René Magritte. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno. La verdad a mí me ha sorprendido, pues no conocía demasiado su obra.


Fuentes y Agradecimientos a: renemagritte.org, epdlp.com, wikipedia.org, elpais.com, elmundo.com, armandow.wordpress.com, bruselas.net, nohaycomolodeuno.blogspot.com, minube.com, y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Post Re: Magritte, René 
 
Las cartas privadas de Magritte desvelan su faceta más comercial


Las misivas, hasta ahora inéditas, se muestran junto a cinco obras del autor que Sotheby's subasta hoy en Londres     



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Les Tambours de la Mort, de Magritte. / SOTHEBY'S

La correspondencia que Magritte mantuvo entre 1947 y 1967 con Alexander Iolas, su marchante de arte en Nueva York, muestran la desconocida faceta comercial del genial pintor surrealista. En las cartas, completamente inéditas y acompañadas de más de 40 ilustraciones, el pintor belga aparece como un artista profundamente involucrado en todo lo relacionado con la comercialización de su obra. Aunque Sotheby's no subastará las cartas hasta junio en Nueva York, se encuentran en Londres para ser mostradas junto con cinco obras del autor belga, que saldrán a la venta hoy martes. Entre ellas, alguna de las imágenes más popularmente identificadas con Magritte, como su hombre con bombín o la acuarela Le Maître d'école, que podría alcanzar el millón y medio de euros.

René Magritte (Lessines, 1898 - Bruselas, 1967), uno de los mayores representantes del surrealismo, ejerció siempre un control absoluto sobre todo lo relacionado con su obra. Las cartas entre el pintor belga e Iolas, en poder de un coleccionista americano durante los últimos 20 años, demuestran con gran detallismo cómo impartía instrucciones precisas acerca de dónde y cómo debían de exponerse o enmarcarse cada una de sus obras, así como el texto exacto que debía colocarse junto a ellas en las exposiciones y dentro de los catálogos. Para Marsha Malinowski, especialista en libros y manuscritos de Sotheby's, estas cartas son importantes no sólo por su rareza y por las ilustraciones que incluyen, sino porque "descubren la relación que tenía con el galerista que le dió fama internacional tras su primera exposición en Nueva York, en 1947. Tuvo tanto éxito que después de aquella vendrían otras, y le otorgó prestigio mundial". Magritte, como el artista británico Damien Hirst hoy, "es uno de los pocos artistas que han tenido éxito a la hora de comercializar sus propias obras". Entre ellos, el histriónico pintor de Figueres, Salvador Dalí.

"Mis cuadros son una manifestación visual de la poesía", dijo Magritte una vez para describir su propia obra. Así, las cartas vienen a ser una manifestación poética de sus ideas visuales, y revelan la vinculación entre palabra e imagen, que es esencial en su producción artística. En algunos casos, las explicaciones de Magritte para sus escenas más extrañas son tan crípticas como las propias imágenes, que el crítico de arte Robert Hughes describió como "instantáneas de lo imposible" y cuyos bocetos aparecen en los márgenes de las cartas. Algunas de sus creaciones más célebres, como el hombre sin rostro de Le Liberateur y la silla sobre la silla en La Légende des siècles, aparecen por primera vez en estos documentos. Estos motivos se verán más tarde en algunas de sus obras más conocidas, realizadas entre los años 50 y 60.

Viajó a París en 1927 para conocer y aprender de los pintores surrealistas, cosa que hizo, pero decidió regresar a Bélgica al cabo de tres años "al no gustarle las actividades extracurriculares del grupo", en palabras de Malinowski: alcohol y drogas no encajaban en la personalidad de un hombre de orden como Magritte, que volvería a casa "para seguir creando y comercializando su obra".

Las imágenes de Magritte, siempre ingeniosas y provocadoras, no fueron nunca concebidas para una contemplación apacible. Su objetivo era sorprender y desafiar esa idea preconcebida de la realidad que tiene el observador, forzándole a cuestionarse el entorno que lo rodea. Un misterio hecho "para ser confrontado, no analizado", en palabras de David Sylvester, experto en el pintor belga. Según datos de Sotheby's las cartas, que serán vendidas en Nueva York en junio, tienen un valor aproximado de entre 110.000 y 185.000 euros.


elpais.com
 




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Post Re: Magritte, René 
 
El principio del placer y René Magritte


Una gran exposición en el museo Albertina de Viena se sumerge en la obra del pintor surrealista



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'El durmiente imprudente' - Tate © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011. La exposición 'René Magritte. El principio del placer' estará en el museo Albertina de Viena hasta febrero de 2012. En esta imagen, 'The Reckless Sleeper', 1928.

El principio del placer en la obra del artista René Magritte, uno de los más valorados del siglo XX y el de más éxito de los surrealistas belgas, es el eje sobre el que se exhiben más de 200 pinturas y obras en papel, completados con documentos, carteles, fotografías y videos, traídos de toda Europa, EE UU y Japón, algunos de ellos, raramente mostrados. La exposición, que abarca todas sus épocas creativas y sus piezas maestras en el museo vienés Albertina desde hoy y hasta el próximo 22 de febrero, lleva por título René Magritte (1898-1967). Sus obras, que en parte muestran el mundo del absurdo, cuelgan en museos de todo el planeta y son tan apreciadas que la pintura Las vacaciones de Hegel se subastó recientemente por 7,42 millones de euros.

"Creo que esta exposición lleva a Magritte a un nuevo nivel, a un nuevo significado y permite redescubrirlo", según el director del museo Tate Liverpool (Reino Unido), Christoph Grunenberg.

Para el director del Albertina, Klaus Albrecht Schroeder, afirma: "este un mundo que conocemos de nuestros sueño, pero que no muestra sueños, pese a emplear los mismos principios, entre otros, de cambio de proporciones, metamorfosis. Es un ataque a la realidad racional". El principio del placer, título tomado del "padre del psicoanálisis", el austriaco Sigmund Freud, es también el de una obra del artista que no se expone en esta ocasión, pero que está presente en numerosos óleos sobre lienzos, como Los amantes (1928), prestado por el museo MoMA de Nueva York, una pintura de una mujer y un hombre que se besan con sus cabezas totalmente tapadas por sendos paños blancos.

La representación (1937), prestada por la Scottish National Gallery of Modern Art de Edimburgo, presenta la parte de un cuerpo femenino desnudo que va desde el ombligo hasta el comienzo de los muslos. Otra obra en esta línea es La violación de 1934, de la Menil Collection de Houston (EEUU), que exhibe la cabeza y el cuello de una mujer con melena castaña y cuyo rostro esta formado por sus senos, su ombligo y su sexo, es decir, es la reducción de la mujer exclusivamente a sus órganos sexuales, un crítica implícita y clara de Magritte.

Los días gigantes (1928), de la Kunsthalle de Düsseldorf (Alemania), es una escena agresiva de violación en la que el artista enlaza la forma y el contenido para lograr una unidad convincente de una mujer desnuda, en situación angustiosa, quien se defiende con todas sus fuerzas de un hombre vestido. Juntos forman un solo cuerpo, en el que una parte de él es el costado derecho de ella. Una acción que aunque sucede en el interior de un espacio enmarcado, construido con las reglas de la perspectiva, se abre a otro indeterminado con lo que Magritte aumenta el ambiente amenazante mientras pone en entredicho el orden tradicional de una pintura.

Magritte reafirma en el Albertina que su potente arte ha logrado pasar a la historia y sigue atrayendo como un imán y hechizando al público, extremos que se deben, según expertos, a que contribuyó decisivamente a dar al surrealismo una concepción en la que juega con imágenes ambiguas y en las que pone en entredicho el vínculo entre el objeto representado y el real, cuestionando así si realmente podemos creer lo que vemos y si la percepción tiene algo que ver, y cuánto, con la comprensión de la realidad. El bombín, la manzana, las nubes en los cielos que pinta y las pipas para fumar son iconos universales de carácter ingenioso, erótico y humorístico, y por ello se pueden ver en algunas obras en Viena.

El orden cronológico incluye los conocidos juegos mentales de Magritte como la pintura Esto no es una pipa y es verdad, es la representación de una pipa. El filosofo Michel Foucault llegó a escribir un ensayo sobre ello. El óleo sobre lienzo de El reino de las luces (1950), prestado por el MoMA, con el característico cielo y sus no menos curiosas nubes de Magritte, es una de las obras de una serie con títulos similares y algunas pintadas en años diferentes que se exhiben y que muestra al autor y su producción en una enorme amplitud, la que le permiten las enormes y numerosas salas del Albertina. El reino de las luces ofrece una imagen enigmática dado que el cielo es el de un momento del día, mientras que el camino que se abre entre árboles es de noche y así Magritte juega con la luz y la oscuridad y la coexistencia permanente entre el día y la noche.

Puesta en escena

La puesta en escena de la exposición, que algunos analistas consideran excelente, consigue tensión dramática y lleva a recordar que Magritte era un artista que devoraba libros de suspense y era conocedor, por tanto, de cómo generar desasosiego en el observador, dosificando la información. En este sentido destaca dos piezas claves de la muestra, concebida con el Tate. El asesino amenazado (1927), de las favoritas del director del Albertina, y El dormido temerario (1928). Ambas son oleos sobre lienzos. La primera es un préstamo del MoMA y la segunda, del Tate.

La exposición se dedica a abordar aspectos de la vida del autor y su forma de comunicar artísticamente sus mensajes y la realidad circundante, aspectos que hasta ahora apenas se habían analizado. Para ello recurre a los mismos modelos y objetos, al erotismo y al encubrimiento-descubrimiento, a los puntos de rotura visuales y al erotismo. Sus tempranos trabajos publicitarios y en carteles, aspectos artísticos que nunca abandonó, y la inspiración que obtuvo de la cultura pop, son temas que se han abordado pocas veces en las exposiciones dedicadas a Magritte. Apoyan la exposición también cortos cinematográficos realizados de forma caprichosa, pinturas de familiares y amigos, con las que con frecuencia hizo collages, sin separarse de su típico elemento del absurdo.

El Albertina completa con este despliegue de Magritte la gran oferta cultural de calidad de este otoño en Viena con la exposición de Fernando Botero en el Kunstforum, de Gustav Klimt y Josef Hoffmann en el museo del palacio Belvedere, Egon Schiele y Hermann Nitsch en el Leopold y Los cuentos de invierno- que cuenta hasta con un boceto de Francisco de Goya- en el Kunsthistorisches Museum.


elpais.com
 




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Post Re: Magritte, René 
 
Unos ladrones devuelven un cuadro de Magritte robado hace dos años porque no pudieron venderlo



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'Olympia', datado de 1948. Obra de Magritte.

Un cuadro del pintor surrealista belga René Magritte robado hace dos años en un museo de Bruselas ha sido devuelto aparentemente porque los ladrones no podían venderlo, según informa la prensa belga.

La obra, titulada 'Olympia' y valorada entre tres y cuatro millones de euros, había sido robada de un museo de Jette (un distrito del noroeste de Bruselas) consagrado al artista.

El experto en arte Janpiet Callens, contactado hace dos semanas de forma anónima por los supuestos autores para devolver la obra, entregó la pintura a las autoridades y explicó que los ladrones no habían conseguido colocarla en el mercado negro, según los medios belgas.

La pintura 'Olympia' es un desnudo de Georgette Magritte, esposa del artista, sobre un fondo de un paisaje junto al mar.

Fue robada el 24 de septiembre de 2009 por dos hombres que actuaron a cara descubierta en el pequeño museo que acoge la antigua casa del matrimonio Magritte en Jette.


elmundo.es
 




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Post Re: Magritte, René 
 
Esto es una exposición de Magritte


Una retrospectiva esclarece en Nueva York la primera etapa del creador belga



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Una visitante saca una fotografía frente a 'Le Viol', obra de la exposición dedicada a Magritte. / joshua loft (reuters)

En la Europa de entreguerras un joven diseñador belga consigue armar su primera exposición de pintura. Con cerca de 60 obras emprende una nueva ruta y deja atrás el poscubismo, para centrarse en la representación de objetos reales a los que imprime un enigmático giro. En los papiers collés emplea hojas de partituras; en el retrato de su amigo el poeta Paul Nogué duplica una misma imagen acercándose a los fotogramas cinematográficos con su pincel. Unos meses después emprende rumbo a París y durante los siguientes tres años clava con su pincel los reflejos, asociaciones y engaños que rodean la experiencia humana contemporánea. Esa estancia parisina, el periodo más prolífico en la carrera de René Magritte en el que realiza más de 170 cuadros y trabaja la metáfora en dos dimensiones, rompiendo los trucos establecidos —ya sea recordando al espectador que eso que ve en el lienzo no es una pipa, por muy fiel que se la reproducción—, o elaborando mapas mentales. La exposición Magritte: the mystery of the ordinary (Magritte: El misterio de lo corriente) presentada en el MoMA de Nueva York este otoño se detiene en esa primera etapa en la que este maestro del surrealismo definió su particular estilo y creó algunas de sus obras más icónicas como Les amants(1928).

El punto de partida de esta muestra que permanecerá abierta hasta el 12 de enero en Nueva York y viajará el año próximo a las sedes de los coorganizadores, The Menil Collection en Houston y The Art Institute de Chicago, es 1926. Abarca hasta 1938, cuando el pintor pronunció la conferencia La línea de la vida en Amberes antes de su 40 cumpleaños. Allí Magritte reflexionó sobre el cambio en su estilo y su relación con el surrealismo. Según explicó entonces fue “una larga experiencia contemplativa en una brasserie sin pretensiones en Bruselas” lo que generó un “estado mental en el que incluso las molduras de una puerta estaban imbuidas de una misteriosa cualidad”.

Abarca hasta 1938, cuando el pintor pronunció la conferencia La línea de la vida en Amberes antes de su 40 cumpleaños.

Ese misterio, desprovisto del contexto histórico que rodeó al pintor y de su posterior repercusión en la obra de otros artistas, es el eje de la costosa exposición que reúne 80 obras procedentes de medio mundo (desde Japón hasta Stuttgart, pasando por París, Florida, Los Ángeles, Londres o Estocolmo), tanto de museos como de colecciones privadas.

La inmensa popularidad e influencia de Magritte en el mundo contemporáneo promete convertir la exposición en un éxito en número de visitas, puede que tan notable como la instalación del Rain room de Ramdom International que generó largas colas en las inmediaciones del museo este verano. Pero curiosamente Magritte, cuyas propuestas artísticas fueron recogidas con entusiasmo décadas después por la corriente pop, no tuvo muy buena acogida en Estados Unidos en un principio. La primera exposición de sus cuadros se celebró en la galería neoyorquina de Julien Lévy en 1936 y solo el galerista compró obra, aunque ese mismo año el belga formó parte de la exposición que el MoMA celebró bajo el título Fantastic art, dada, surrealism (Arte fantástico, dadá, surrealismo). En Londres, sin embargo, tuvo mejor suerte durante este fase de su carrera, y recibió un encargo del mecenas Edward James en 1937 para pintar tres obras, dos de las cuales se incluye en la presente exposición (Le modéle rouge y Au seuil de la liberté).

El recorrido por las salas, estructurado cronológicamente, permite reconstruir la influencia que De Chirico, Duchamp, Ernst y Picasso tuvieron en el pintor belga y el desarrollo de su particular estilo realista y onírico, teñido de ironía, en el que se tensa la cuerda entre la realidad y la ficción con una sobriedad ajena a Dalí. La partición de un lienzo en apartados como en Le musee d’une nuit (1927) le permite crear mapas mentales en Le masque vide (1928) que desembocan en la composición de obras a partir de varios cuadros, como en el desnudo en cinco partes de L’evidence eternelle (1930). El marco, dentro y fuera de la imagen representada, el bombín, y la mirada, furtiva o como simple reflejo, son algunos de los temas centrales en las piezas reunidas en la exposición, que también presenta una decena de fotografías del pintor así como algunos ejemplos de su trabajo como diseñador gráfico. Tal y como explicó la comisario del MoMA Anne Umland el trabajo en esta muestra ha permitido al museo estudiar al detalle los cuadros de Magritte que forman parte de su colección y en los que han descubierto bocetos previos de otras imágenes como en el caso de La durée poingardée que esconde un cuadro incluido en el catálogo razonado del pintor que se pensaba que estaba perdido.

Aunque la exposición se detiene poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, no hace mención explícita a ello. “Después nada volvió a ser igual”, explicó la comisaria. Y esa historia, como la que aguardaba al futuro del legado de Magritte, escapa los límites de <CF1001>El misterio de lo corriente.


elpais.com
 




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Tiene cosas interesantes Magritte a mi siempre me ha gustado
Tal vez los que mas, El espejo falso, The son of the man y La Añoranza.
 



 
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Magritte en España


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René Magritte (Lessines, 1898 - Bruselas, 1967) Fue una figura central en el desarrollo del surrealismo, en especial en Bélgica, su país natal. Entre 1916 y 1918 estudió en la Académie Royale des Beaux-Arts de Bruselas y empezó a pintar dentro de un estilo impresionista. En 1919 se sintió atraído por el futurismo y pronto su trabajo derivó hacia el cubofuturismo. Su descubrimiento en 1922 de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico sería decisivo para el desarrollo de su carrera artística a partir de ese momento

En. 1926 Magritte fue el principal impulsor del surrealismo belga, un grupo que componían, entre otros, Camille Goemans y Paul Nougé, y un año más tarde viajó a París, donde viviría hasta 1930. Allí colaboraría en las actividades del grupo surrealista encabezado por André Breton, por lo que también conoció a Max Ernst y Paul Éluard. En sus obras de ese momento Magritte se apartó deliberadamente del mundo del inconsciente y desarrolló un tipo de surrealismo basado en la asociación absurda de objetos que pintaba con una minuciosidad fotográfica. A través de unas imágenes de aparente sencillez conseguía descubrir al espectador el lado más misterioso de su entorno familiar. Tras su retorno a Bélgica, Magritte decidió llevar la vida de un belga de clase media y sometió sus actividades diarias a una calculada rutina, a pesar de lo cual su casa se convirtió en punto de encuentro de artistas y escritores. Tras un breve periodo de tiempo durante la ocupación alemana en que volvió a un estilo cercano al impresionismo, probablemente con la intención de parodiar este estilo decimonónico, en 1947 se vio inmerso en lo que él mismo llamó époche vache, una etapa que esperaba irritar al público francés con temas crueles y de factura ruda al modo fauve. Tras el escándalo provocado en París por su exposición, Magritte recuperó su estilo anterior e incorporó a su producción esculturas, breves películas surrealistas y encargos para pinturas murales. En 1948 firmó su contrato con el marchante neoyorquino Alexandre Iolas y gracias a él su fama se hizo internacional.


En el Museo Thyssen


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La Clef des champs. René Magritte. 1936. Óleo sobre lienzo. 80 x 60 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

«Quienes busquen en mi pintura significados simbólicos no captarán la poesía y el misterio inherentes a la imagen». Para el pintor belga René Magritte, la pintura encierra el misterio de la poesía de lo incongruente. A pesar de ser uno de los mayores representantes del surrealismo internacional, este atípico surrealista belga se apartó deliberadamente del mundo del inconsciente. Su pintura carece de cualquier rastro de romanticismo y está construida con una precisión metódica y casi cerebral. Mediante los enigmas visuales que son sus cuadros, Magritte logró crear una obra de una gran originalidad, en la que con unas imágenes sencillas, y en sí mismas visualmente comprensibles, pintadas con una técnica naturalista, conseguía transmitir significados oscuros y complejos al lograr descubrirnos el lado más misterioso de nuestro entorno.

La Clef des champs (La llave del campo) fue pintada en 1936, cuando la obra de Magritte era ya conocida internacionalmente desde que Alfred Barr la incluyera en la mítica exposición Fantastic Art, Dada, Surrealism, como representante, junto con Dalí y Tanguy, del surrealismo fotográfico. Magritte representa un paisaje enmarcado por una ventana rota a causa de algún impacto y los cristales rotos esparcidos por el suelo están pintados con fragmentos de un paisaje idéntico al del exterior. Utilizando el tradicional tema del cuadro dentro del cuadro, a modo de collage pintado, Magritte se adentra en el mundo de las asociaciones absurdas, como había hecho previamente Max Ernst y parece querer revelarnos que lo que veíamos a través de la ventana no era un paisaje real, sino una imagen pintada en el cristal, aunque idéntica, eso sí, a la del paisaje exterior. El paisaje pintado en los cristales rotos demuestra por tanto que la ilusión y la realidad son una misma cosa. El cuadro fue realizado en el periodo en el que, bajo la influencia de Lewis Carroll, Magritte sustituyó las enigmáticas fórmulas surrealistas por las leyes sin sentido del mundo de Alicia.

David Sylvester, en el catálogo razonado del artista, explica que Magritte intentaba plantear preguntas en torno al problema de la representación de la imagen y en este sentido este lienzo puede considerarse como la continuación del problema de la ventana que ya había tratado tres años antes en La condición humana. José Pierre, en un ensayo sobre el artista, analiza la relación entre ambas composiciones y expone: «En La Condition humaine I (1933), el paisaje pintado sobre la tela del caballete se confunde exactamente con el paisaje que le ha servido de modelo. Entonces surge una pregunta: “Si quitamos la tela, ¿quedará un agujero en el paisaje?”. Encontramos una respuesta indirecta a este interrogante en La Clef des champs (1936): si una piedra rompe el cristal, el paisaje reflejado se hace añicos mientras, fuera, el verdadero paisaje no cambia».

En definitiva, Magritte plantea el problema de la ventana no sólo como alusión al concepto renacentista de la perspectiva en la pintura, sino la ventana como problemática de representación del exterior y del interior: «Lo esencial era eliminar la diferencia entre lo que se ve desde fuera de la ventana y lo que se ve desde dentro», escribía Magritte a Breton en 1934. Christopher Green piensa que en esta pintura también está incluido el tema surrealista del espejo, y la ventana rota sería una invitación al espectador a adentrarse en su interior. Si tenemos en cuenta que para Breton tanto la ventana como el espejo eran imágenes de liberación, y que en francés la clef des champs significa coloquialmente la liberación, la ventana se convierte entonces en el camino de la libertad.



En el Museo Reina Sofía


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Le secret du cortège (El secreto del cortejo). René Magritte. 1927. Óleo sobre lienzo, 73,5 x 100,5 cm. Museo Reina Sofía.

A René Magritte le molestaban las explicaciones que pretendidamente pudieran aclarar los contenidos de sus obras, y prefería mantener siempre el misterio en torno a ellas, sosteniendo que eran simplemente la expresión de ficciones o neurosis personales. Quizá debido a estas razones, resulte tan hermético el significado de lienzos como Le secret du cortège (El secreto del cortejo). Posiblemente esta enigmática pintura se haga eco de algunas de las aficiones y vivencias del pintor, como su predilección por el cine, al que rendiría homenaje en su cuadro Cinema Blue (1925), o su admiración por las aventuras de Fantômas, personaje de ficción seguido con deleite por los artistas de la época, entre los que se cuenta, por ejemplo, Juan Gris, quien le iba a dedicar una pintura en 1915. En otro orden de cosas, en este lienzo podría subyacer también el recuerdo de la tragedia personal que supuso para Magritte la dramática muerte de su madre, que se arrojó al río Sambre en 1912, donde fue encontrada ahogada, con la cabeza cubierta por un paño blanco. En cualquier caso, es significativo constatar que esta pintura coincide con el traslado de su autor a París y su participación en las actividades del movimiento surrealista francés junto con André Breton, Salvador Dalí o Paul Éluard.


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Grelots roses, ciels en lambeaux (Cascabeles rosas, cielos en jirones). René Magritte. 1930. Óleo sobre lienzo, 73 x 100 cm. Museo Reina Sofía.

Uno de los principales elementos que puebla las obras de René Magritte es el cascabel, un icono recurrente en su producción, que evoca de forma misteriosa la infancia del pintor y que posteriormente pasaría a integrar el conjunto de elementos simbólicos de su obra. Grelots roses, ciels en lambeaux (Cascabeles rosas, cielos en jirones), 1930, es una de las pinturas en las que Magritte incluye este símbolo, junto con otro de sus motivos preferidos, las nubes. Como en otras de sus pinturas en las que aparecen también estas «campanas mudas», los cascabeles flotan materialmente en el aire ocupando la mitad del cuadro, desprovistos de su peso, función y escala habituales, lo que les proporciona una apariencia irreal, en la que radica su potencia onírica. A ello contribuye también la técnica utilizada, de precisión casi fotográfica, que parece congelar la imagen en el tiempo y el espacio.
La otra mitad de la escena –la pintura está dividida en dos zonas exactamente iguales– está ocupada por un cielo repleto de esponjosas formaciones de nubes, que contrastan con la majestuosa rotundidad del espacio poblado de esféricos cascabeles. La diferencia cromática –azul encendido para el fondo nuboso y salmón eléctrico para el espacio en que se recortan los cascabeles– contribuye a la sensación general de desconcierto e inquietud que emana del cuadro, como corresponde a las más logradas visiones surrealistas.



Fuentes: museothyssen.org / museoreinasofia.es
 




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Post Re: Magritte, René 
 
Magritte, mucho más que surrealista

Una gran monográfica en el Centro Pompidou señala al pintor belga como pionero del arte conceptual y recorre sus vínculos con la filosofía



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La leyenda lo ha erigido en genio del humor absurdo, heraldo del surrealismo de entreguerras y su desbordante imaginación y embajador de una patria muy dada a la causticidad, esa donde los reyes abdican por un día para evitar firmar leyes incómodas y los primeros ministros se equivocan al entonar el himno oficial. Pero René Magritte fue más de lo que apunta esa versión oficial. Su obra, de aspecto sencillo e incluso infantil, está impregnada de las preocupaciones filosóficas de su tiempo, todavía vigentes en la actualidad. “Eso es lo que hace que su obra resista. Cada generación ha intentado encontrar nuevas claves para entender su obra, pero todavía quedan muchas puertas por abrir”, explica Didier Ottinger, director adjunto del Centro Pompidou y comisario de la gran muestra que el museo parisino dedica al pintor a partir de hoy y hasta el 23 de enero.

Más que un maestro del chiste visual, la exposición lo define prácticamente como un filósofo. “El arte de pintar es un arte de pensar”, dejó dicho el propio Magritte, que irrigó su obra con “una constante meditación crítica sobre la relación entre el mundo y el hombre”, como afirmó Paul Nougé, jefe de filas del surrealismo belga. Toda nueva monográfica centrada en un nombre tan reconocido debe contener una tesis novedosa. La del Pompidou consiste en afirmar que Magritte no fue solo un surrealista. “El objetivo de la muestra es renovar la lectura de su obra y retirarle esa etiqueta de pintor surrealista, que lo ha encerrado en una categoría que Magritte sobrepasó con creces”, confirma Ottinger. “En realidad, no fue un heredero del idealismo de inspiración romántica de los surrealistas parisinos que encabezaba Breton, sino que estuvo inscrito en la escuela belga, de formación científica e inspiración marxista”. La exposición tira de ese hilo y observa la relación de su obra con la gran filosofía, de Platón y Plinio el Viejo hasta Hegel y Foucault, quien le dedicó una obra de referencia que dignificó su producción y con quien mantuvo correspondencia hacia el final de su vida. Todos ellos se plantearon los problemas que plantea la representación de la realidad a la que aspira el arte, empezando con el mito de la caverna. “La traición de las imágenes”, en palabras de Magritte.


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'La lámpara filosófica', de Magritte, 1936. ADAGP, PARIS 2016 © PHOTOTHÈQUE R. MAGRITTE / BI, ADAGP, PARIS, 2016

Los surrealistas habían descrito la belleza como “el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas”, según la mítica definición del francouruguayo Lautréamont. A Magritte, esa fórmula le dejaba insatisfecho. “Estamos familiarizados con el pájaro en la jaula. Nuestro interés se despierta si lo sustituimos por un pescado o un zapato. Pero, si esas imágenes son curiosas, también son desagraciadamente accidentales y aleatorias”, dijo el pintor, según la versión recogida en sus Escritos completos. Para Magritte, el arte debía ir mucho más allá, hasta lograr imaginar “un huevo dentro de esa jaula”. En La clarividencia, un cuadro firmado en 1936, Magritte retrató a un pintor que observaba un huevo pero pintaba una ave sobre el lienzo. El artista no podía contentarse con establecer burdas asociaciones azarosas. Debía ser un visionario que, a través de sus jeroglíficos, provocara una breve iluminación en quien observaba su obra.

Cuando dio con ese hallazgo, a principios de los años 30, Magritte acababa de regresar a Bruselas, tras su intento fallido de acercarse al grupo surrealista en París. Pasó tres años casi sin pintar, durante los que orientó su arte en una nueva dirección. “La palabra surrealismo no significa nada para mí. Igual que la palabra Dios: son términos que sirven para resumir o deshacerse de una preocupación”, sostuvo años después. A partir de ese momento, Magritte abogó por una pintura que exigiera una participación activa del espectador. La muestra lo describe incluso como un pionero del arte conceptual que emergerá en los años sesenta. Ese que, a menudo, obligaba al visitante a completar la obra en el interior de su cabeza. “El de Magritte es un arte muy erudito y especulativo. No comparte en absoluto la inspiración desbordada de los surrealistas parisinos. Su obra pretende interrogarse sobre la propia naturaleza del arte. Eso es lo que la convierte en conceptual”, sostiene Ottinger. Para el comisario, Andy Warhol, Jasper Johns o Robert Rauschenberg quedaron influidos por sus lienzos al verlos expuestos en el Nueva York de los cincuenta. La sombra de Magritte también se detecta en la obra de Claes Oldenburg y su trabajo sobre los objetos de la vida cotidiana, la causticidad belga de Marcel Broodthaers, el uso del texto en la vanguardia pictórica de John Baldessari y Ed Ruscha, o las viñetas conceptuales del fotógrafo Duane Michals.


“EL PINTOR DEL PENSAMIENTO ABSTRACTO”

Tal como su obra, su vida también está llena de sombras insospechadas. Magritte nació en 1898 cerca de Charleroi, en la Valonia de la Revolución Industrial, hijo huérfano de una madre suicida que se ahogó en el río y aficionado a la pintura desde los 12 años. Siempre evitó relacionar ambos hechos: en otro gesto de inaudita modernidad, no creía que la biografía de un artista sirviera para explicar su obra. Sí admitía, sin embargo, que descubrir la obra de Giorgio de Chirico le cambió la vida. “Mis ojos vieron el pensamiento por primera vez”, escribió años después. No por casualidad, el galerista P. G. Van Hecke lo apodó como “el pintor del pensamiento abstracto”. Pero a Magritte no le gustaba que le trataran como un maestro ni un intelectual. Cultivó con esfuerzo una imagen de hombre corriente, que pintaba en un rincón de su comedor, paseaba a su perro por el barrio y evitaba los baños de masas y los grandes fastos, prefiriendo el conejo al horno de su esposa Georgette, a la que conoció a los 15 años. Para muchos, fue solo un espejismo de banalidad. “Intuimos que su vida cotidiana no fue tan aburrida y llana como pretendía, sino que estuvo salpicada de gustos más dionisiacos”, susurra el comisario, en referencia a sus frecuentes visitas a burdeles o a los intercambios de mujeres que practicó. Su personaje de ficción favorito era Fantomas, el héroe sin rostro de novela negra que hizo furor en la Francia de principios del siglo pasado. Casi 50 años después de su muerte, en el verano de 1967, Magritte sigue encerrando el mismo tipo de enigma.


Algunas obras de Magritte


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"Les Mémoires d'un saint", 1960. The Menil Collection (Houston).


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"Le Modèle rouge", 1935. Centro Pompidou (París).


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"Variante de la tristesse", 1957. Collección Kerry Stokes (Perth).


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"Le Blanc-Seing", 1965. Galería Nacional de Arte (Washington). Colección Paul Mellon.


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"Les Merveilles de la nature", 1953. Museo de Arte Contemporáneo de Chicago.


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"La clef des songes", 1935. Colección Jasper Johns.


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"Le Double Secret", 1927. Centro Pompidou (París).


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"L’Évidence éternelle", 1948. Colección Pierre y Maria Gaetana Matisse.


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"Les Marches de l’été", 1938. Centro Pompidou (París).


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"Les vacances de Hegel", 1958. Colección privada.


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"L’Ellipse", 1948. Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica (Bruselas).


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"La Trahison des images" (Ceci n’est pas une pipe), 1929. Colección Preston Harrison (Los Ángeles).


elpais.com / Adagp, Paris 2016
 




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Post Re: Magritte, René 
 
Las pipas y bombines de Magritte invaden Bruselas

Una exposición reúne obras del maestro surrealista y de sus seguidores para conmemorar el 50 aniversario de su muerte



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Homenaje de Keith Haring a René Magritte.

René Magritte pintó la serie La traición de las imágenes entre 1928 y 1929. Allí representaba una pipa de fumar sobre la inscripción “Esto no es una pipa” (Ceci n'est pas une pipe), un juego con el que el artista rompía para siempre con la relación entre imagen y concepto. La imagen, que se encuentra entre las más icónicas del arte del siglo XX, es una de las joyas del museo californiano Lacma, donde no han dudado en prestar la obra para el gran homenaje que Bélgica dedica al maestro surrealista para conmemorar los 50 años de su fallecimiento, el 15 de agosto de 1967. La primera de las grandes exposiciones previstas se abre hoy y se podrá a visitar hasta el 18 de febrero. Bajo el título Magritte, Broodthaers y el arte contemporáneo se muestran en los Museos Reales de Bellas Artes, en Bruselas, 150 obras en las que se habla del surrealismo y su influencia a través de 49 pinturas de Magritte, 50 de su amigo Marcel Broodthaers y el resto de autores considerados como sus herederos: Andy Warhol, Jasper Johns o Robert Rauschenberg. La muestra está conectada con el Museo Magritte, entre ambos conjuntos y lo que se exhibe en otros céntricos edificios como su casa museo, se puede decir que toda la ciudad es una performancededicada al artista.

Misterio y poesía

Michel Draguet, director del museo y comisario de la exposición explica que su intención ha sido recordar al mundo cómo Magritte desligó las imágenes de lo que representaban para dar paso al misterio y a la poesía. A la vez, se demuestra el peso de este artista surrealista en el arte del siglo XX y en lo que va del XXI. “No creó escuela ni tuvo seguidores”, afirma Draguet. “Transmitió a los demás una forma única de romper con lo establecido. Escribió que su pintura consistía en difundir imágenes desconocidas a partir de lo conocido. En sus cuadros no hay respuestas. Solo hay preguntas. Así revolucionó el mundo del arte. Objetos tan cotidianos como sombreros, paraguas, guantes o lunas y nubes remiten a mundos ligados a nuestros pensamientos más ocultos”.

Aunque nacido en la pequeña localidad de Lessines (Bélgica), el mayor de los tres hermanos de la familia Magritte se instaló en Bruselas con solo 14 años y decidió dedicarse a la pintura. Su madre había sido encontrada muerta en el río con el camisón flotando sobre su cabeza, una tormentosa imagen que luego el artista utilizará en varios lienzos, entre ellos Los amantes (1928) o La historia central (1928).

En la capital belga vivió junto a su esposa y musa Georgette los últimos 37 años de vida. Juntos realizaron numerosos viajes por Europa y Estados Unidos a propósito de las exposiciones en las que participó. Los viajes le sirvieron para relacionarse con los principales artistas de su época, como Salvador Dalí, con quien pasó todo un verano en Cadaqués (Girona) y con el que transformó su concepto del mundo surrealista. Precisamente, una de las grandes exposiciones incluidas en el programa del cincuentenario, prevista para comienzos del próximo año, pone en diálogo la obra de ambos maestros.

De la estrecha relación entre Magritte y Marcel Broodthaers dan fe las fotografías incluidas en la muestra en las que, en grandes retratos en blanco y negro, se inmortalizan mutuamente o posan para un tercero en actitud de juego permanente a través de paraguas o bombines. Con sus composiciones a base de mejillones y huevos y sus ensayos con las palabras, Broodthaers llega de la mano de su amigo a lo que podría llamarse surrealismo conceptual.

El sencillo montaje de la muestra permite un recorrido en paralelo entre la obra de Magritte y Broodthaers dando siempre especial protagonismo al primero, aunque demostrando que, con distintos lenguajes, ambos compartían ideas muy similares.


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'Le modèle rouge', de René Magritte.


La celebración en la calle

Si en el interior de los grandes museos de Bruselas se puede ver la obra de Magritte, el exterior también estará dedicado a mostrar sus cuadros más emblemáticos. Allí se proyectarán manzanas verdes, nubes azulísimas o negros bombines.

En el Atomium habrá una exposición teatral con decorados surrealistas y recorridos en 3D para que el espectador pueda bucear en el universo de Magritte. Otro punto de interés será el Teatro Real de las Galerías Saint-Hubert, donde el artista creó un gigantesco cielo con nubes para el techo, que acaba de ser restaurado después de permanecer mucho tiempo oculto por la suciedad.


elpais.com
 




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Post Re: Magritte, René 
 
El surrealismo se inventó con una pipa y unos huevos

Bruselas celebra el 50 aniversario de la muerte de Magritte con una gran exposición en el Museo Real de Bellas Artes enfrentando su obra con la de Broodthaers y artistas como Warhol, Jasper Jons o Ruscha.



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La bonne foi, de Magritte.

“La poesía es una pipa”. Una pipa que no es tal. O que parece serlo pero sólo es su representación. René Magritte pintó en 1928 su obra más icónica, La traición de la imagen, una pipa sobre la leyenda “esto no es una pipa”. Y no lo era. No se podía fumar, no se podía tocar. ¿Era, entonces, real? Con esta pipa el artista belga parió el surrealismo, ese que enfrenta palabra e imagen, el que juega a la discordancia y cuestiona la lógica. Ese cuadro vuelve a Bélgica tras 45 años sin verse en el país como la estrella de Magritte, Broodthaers y el arte contemporáneo (que se inaugura este viernes hasta el 18 de febrero en el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas), la gran exposición que conmemora el 50 aniversario de la muerte de Magritte.

Pero también esa (no) pipa fue el detonante para que Broodthaers, el otro gran icono belga con permiso del Atomium, decidiera convertirse en artista plástico. “Es a partir de esta pipa cuando probé la aventura”, confesó. Poeta sin éxito, cogió 50 de sus libritos de poesía y los incrustó en yeso junto a dos cáscaras de huevos porque, como aseguraba, “el mundo es un huevo. El mundo nació de gran yema de huevo, el sol”. Así creó su primera obra de arte convirtiendo la poesía literaria en poesía objeto o, mejor dicho, en objetos vendibles. Mientras Magritte, el pintor poeta, los hizo lisos y coloridos, Broodthaers, el poeta que se convirtió en artista, los creó rugosos y táctiles. Los dos tomaron lo cotidiano y lo descontextualizaron jugando con imágenes ambiguas y su significado. Sus reflexiones sobre objeto y palabra superaron el surrealismo para poner el foco en el lenguaje y cuestionar el problema del espacio real frente a la ilusión espacial.


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Magritte, foto de Duane Michals.

Junto a la célebre (no) pipa de Magritte, en esta exposición se pueden ver otras cuatro alfabéticas de Broodthaers o su pipa esmaltada azul. Al lado, el homenaje (obviamente en forma de pipa) de Keith Haring. Así esta muestra enfrenta la obra de los dos artistas belgas y ahonda en la influencia de Magritte medio siglo después en artistas contemporáneos como Andy Warhol, Sean Landers, Ruscha, Jasper Jons, Baldessari o Altmayd. Todos con un punto en común: romper con los preceptos conocidos del arte.

La 'belgitude' surrealista

Al igual que el surrealismo es una pipa o unos huevos, no lo es menos un bombín. Ese que el poeta pintor le pone a su joven amigo en las fotos que inauguran esta exposición. Al lado, descansa La página blanca, la inquietante última obra de Magritte con ese anochecer con una luna resplandeciente por encima de los árboles y una ciudad en sombras, y sus célebres hombres con bombín tocados con una media luna como La gran pieza de los misterios del horizonte o El donante feliz. En frente un fémur con el negro, amarillo y rojo de la bandera nacional que tanto cuestionó Broodthaers, 'El cuervo y el zorro' o las lápidas que creó en los setenta homenajean a Magritte e ironizan sobre su país.
 
La muestra está organizada a modo de retrospectiva a la inversa y reúne 150 obras (48 de Magritte y 49 de Broodthaers) que se completan con la visita a las más de 200 que se esparcen por las tres plantas superiores del Museo Magritte. Un completo itinerario para adentrarse en ese universo fantástico de pipas, bombines, manzanas, aves transformadas en hojas, cielos de nubes magnéticas y noches que son días que Magritte acuñó y hoy es imperecedero. Es su propio diccionario. Un vocabulario plástico que juega con la duplicidad y el contraste, con la representación dentro de la representación, como ese Espejo mágico de sus primeros años, para explotar los límites de la percepción. Un universo que Broodthaers llenó de huevos, mejillones, huesos y letras haciendo que si uno era el surrealismo, el otro fuera el surrealismo conceptual.
 
Ambos se conocieron en 1945 y su relación duró hasta la muerte del primero. Aunque el director del Museo Real de Bellas Artes de Bruselas, Michel Draguet, asegura que “Magritte no creó escuela ni tuvo herederos”, Broodthaers fue su alumno más aventajado y quien siguió su estela. Son los representantes de esa 'belgitude' o sentido cáustico del humor belga que es símbolo de un país que se cuestiona todo, incluso su identidad nacional. “Magritte es el vehículo de un identidad cultural que tanto necesitamos hoy en día en una Europa en crisis”, reflexiona el comisario. No en vano esa ironía y humor absurdo no solo atraviesa la obra de los dos artistas sino que los belgas entienden su administrativo país, construido políticamente, como surrealista o magrittiano.

Solo así se entiende el objeto como horizonte. Lo es en esa Cacerola roja con mejillones o en las Seis cáscaras de huevo de Broodthaers. En Drills 7.88, de Warhol, o en la perturbadora gran manzana enclaustrada de La habitación de escuchar, de Magritte. Es la apelación constante a cuestionarse todo. Y así junto a esta claustrofóbica habitación, dos obras que se ven en su museo tituladas El arte de la conversación con una gran maraña de rocas y dos minúsculos hombres con bombín una y otra un toro desangrado en una playa hacen viajar al espectador con fuerza desde su onírico universo a la (surrealista) España sin diálogo. “El surrealismo es el conocimiento inmediato de lo real”, dijo Magritte con razón. Una realidad tan llena de disonancias como esos reflejos imposibles de Reproducción prohibida.


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Le domaine d'Arnheim, de Magritte.


   El surrealismo es el conocimiento inmediato de lo real

Un epitafio en forma de tumba de Albert Szukalski junto al célebre El más allá del belga cierran esta exposición. Tres plantas por encima, el Museo Magritte deshace el camino desde 1918. Parte de sus primeros trabajos publicitarios de los años veinte estilo art decó, se detiene en la gran influencia de Giorgio de Chirico, el belga confesó que con La canción de amor nació su pensamiento surrealista -”mis ojos vieron el pensamiento por primera vez”-, su paso fugaz por un París donde su relación con los surrealistas no cuajó, sus épocas marcadas por el comunismo, el impresionismo o su incomprendido periodo 'vache' (vaca, literalmente, pero también de mal gusto y grosero) y su regreso a Bruselas con su producción más famosa. Esa que traduce el abismo existente respecto a la realidad visible. Esa que, según su doctrina, prohíbe “(bajo pena de imbecilidad) preveer algo”. Siguen los tiempos surrealistas.


elespanol.com
 




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Post Re: Magritte, René 
 
El último fragmento de un cuadro perdido de Magritte completa el ‘puzzle’ en Bruselas

El pintor había cortado la pintura, de 1927, en cuatro trozos para reutilizar el lienzo



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'La pose encantada' completa tras el descubrimiento del último trozo del cuadro. EMMANUEL DUNAND - AFP

El último fragmento de La pose enchantée (La pose encantada), un cuadro del pintor surrealista belga René Magritte perdido durante décadas, ha sido descubierto este martes en Bruselas. El artista había cortado la pintura, de 1927, en cuatro trozos para reutilizar el lienzo.

La parte superior derecha de la obra ha sido encontrada detrás de Dieu n'est pas un saint (Dios no es un santo), un óleo pintado por Magritte entre 1935 y 1936, lo que pone fin a un enigma de más de 80 años y permite reconstruir virtualmente una obra que aporta datos significativos al relato del artista.

La reconstrucción del cuadro de 1927, del que gráficamente solo había localizada una fotografía en blanco y negro fechada en 1932, ha sido el resultado de un trabajo que arrancó en 2013 en Nueva York, cuando el MoMA analizó Le portrait (El retrato), la pintura un bodegón de 1935 con una loncha de jamón y un ojo en el centro, y descubrió en él un lienzo oculto.


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El cuadro 'Dios no es un santo' esconde el cuarto trozo del 'puzzle' de Magritte. EMMANUEL DUNAND - AFP

En el proceso habitual de análisis de las obras antes de las exposiciones, los conservadores del MoMA descubrieron con rayos ultravioleta que el lienzo escondía la parte superior izquierda de esa obra perdida, y contenía la mitad de uno de los dos cuerpos femeninos gemelos que posan sobre dos columnas clásicas, también idénticas.

Magritte decidió deshacerse de esa obra —que presentaba dos cuerpos femeninos desgarbados, próximos al estilo del Picasso de la época— en 1935 porque la consideró "irrelevante" a nivel estético. El pintor creía que las figuras no representaban "lo que Magritte esperaba de sus obras años después", ha explicado el director de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Michel Draguet.

Pero la destrucción de la tela no fue caprichosa, sino que respondía también a un momento de dificultades económicas para el pintor, que tuvo que vender su biblioteca para viajar de París, volver a dedicarse a la publicidad, un trabajo que él mismo tachaba de "imbécil", y apoyarse en su mujer, Georgette, que se puso a trabajar con él. "Probablemente, la obra iba a exponerse en París en 1930, pero la crisis de 1929 provocó el cierre de galerías y obligó a Magritte a volver a Bruselas", ha explicado Draguet.

Desde el descubrimiento del MoMA, los expertos buscaban recomponer La pose enchantée, un puzzle que se fue completando en el Moderna Museet de Estocolmo, con Le modèle rouge (El modelo rojo), también de 1935, que escondía el cuarto inferior izquierdo. En 2016, en el Norwich Castle Museum de Reino Unido, se descubrió un tercer fragmento bajo las capas de pintura de otra tela del mismo año, La condition humaine (La condición humana), antes de prestarla al Pompidou parisino para una retrospectiva del artista surrealista belga.

La investigación culmina de la mano del Museo Magritte, en Bruselas, y la Universidad de Lieja, que además de descubrir el último fragmento ha aportado otro dato relevante de la obra: los colores. "El misterio se cierra ahora y además hemos aportado algo nuevo; gracias a una técnica de análisis elemental sobre los pigmentos encontrados estamos en condiciones de reconstruir los colores que utilizó Magritte", ha asegurado la investigadora del Centro Europeo de Arqueometría de la Universidad de Lieja, Catherine Defeyt.
 
Debido al uso de la fluorescencia de rayos X, la técnica utilizada por el laboratorio, se intuye que las mujeres dibujadas por Magritte posaban en una habitación de fondo azul, paredes color arena y columnas blancas.

Defeyt ha explicado que el descubrimiento ha sido "un azar", dentro de un gran proyecto de cooperación entre el museo y la universidad que busca arrojar "nueva luz" sobre las obras el artista, los materiales que utilizó, descubrir obras inéditas o desaparecidas y dilucidar las causas de alteraciones atípicas recurrentes en sus cuadros de juventud. El hallazgo se ha hecho tras analizar 18 de los 63 óleos custodiados en el museo, que los expertos tienen previsto radiografiar para este gran proyecto.

Aunque ya se habían encontrado capas de pintura oculta en otros lienzos de Magritte, fruto de la reflexión artística durante el proceso creativo, es la primera vez que una obra de este pintor resurge de manera fragmentada.

Los expertos y el responsable del museo niegan que este descubrimiento tenga un impacto en el valor monetario del cuadro, que es patrimonio público, aunque sí en el relato de su obra y el posicionamiento del Museo Magritte en el mundo, en un momento en que su memoria está de actualidad —por el 50 aniversario de su muerte— y sus obras se cotizan a nivel global.

Precisamente este martes, una versión de uno de sus cuadros más icónicos, El imperio de las luces, de 1949, se ha adjudicado en la casa de subasta Christie's, en Nueva York, por más 17 millones de euros.

elpais.com
 




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