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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola)
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Mensaje Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Balthus, su verdadeo nombre era Balthasar Kłossowski de Rola (29 de febrero de 1908 en París - 18 de febrero de 2001) fue un artista polaco-francés.

Vida y obra


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Durante sus años de formación, estuvo patrocinado por Rainer Maria Rilke y Pierre Bonnard. Su padre, Erich Klossowski, un destacado historiador de arte, y su madre Elisabeth Dorothea Spiro (conocida como Baladine Klossowska) eran parte de la élite cultural de París. El hermano mayor de Balthus, Pierre Klossowski, fue un filósofo influido por los escritos del Marqués de Sade. Jean Cocteau, quien era amigo de la familia, encontró inspiración para su novela Les Enfants Terribles (1929) en sus visitas a la familia.

Como maduró a principios de la década de 1930, muchas de las pinturas de Balthus representan a jóvenes mujeres en posiciones eróticas y voyeurísticas. Una de sus obras más notables, La lección de guitarra 1934, causó una gran controversia en París debido a su descripción de una escena explícita de lesbianismo caracterizada por una joven y su profesora.

En 1937 se casó con Antoinette de Watteville, a quien había conocido en 1924, que fue su modelo para una serie de retratos.


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Sleeping nude, 1980, obra de Balthus

Pronto su trabajo comenzó a ser admirado por escritores y seguido por pintores, especialmente por André Breton y Pablo Picasso. Su círculo de amigos en París incluía al novelista Pierre-Jean Jouve, los fotógrafos Josef Breitenbach y Man Ray, Antonin Artaud, y los pintores André Derain, Joan Miró y Alberto Giacometti. En 1948, Albert Camus, otro de sus amigos, le pidió que diseñara los decorados y el vestuario para su obra L'État de siège , dirigida por Jean-Louis Barrault.

Balthus pasó la mayor parte de su vida en Francia. En 1953 se mudó a Chateau de Chassy en donde terminó su obra maestra El cuarto (1952), influido por las novelas de Pierre Klossowski, y La calle (1954). En 1964 se mudó a Roma, en donde presidió la Academia francesa en Roma e hizo amistad con el realizador de cine Federico Fellini y el pintor Renato Guttuso.
 

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Balthus con su esposa Setsuko en el documental francés, Balthus de l'autre côté du miroir (1996)

En 1977 se mudó a Rossinière, Suiza. Se volvió a casar con Setsuko Ideta, de nacionalidad japonesa y también pintora. Esto agregó aún más misterio alrededor de su vida, de la cual no se conocía mucho a pesar de su fama. Conoció a Setsuko durante una misión diplomática en Japón. En 1996, el director canadiense Damian Pettigrew filmó el pintor durante un período de un año para el documental francés Balthus de l'autre côté du miroir. Los fotógrafos y amigos Henri Cartier-Bresson y Martine Franck realizaron retratos del pintor, su mujer y su hija Harumi en su Grand Chalet en Rossinière en 1999.

Balthus era el único artista con vida que tenía obras en el Louvre (ellas provenían de la colección privada de Pablo Picasso, que fue donada al museo).


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The White Skirt, 1937, obra de Balthus


Influencia y legado

La obra de Balthus muestra numerosas influencias, incluyendo a Tommaso Masaccio, Piero della Francesca, Nicolas Poussin, Jean-Étienne Liotard, Joseph Reinhardt, Théodore Géricault, Eugène Delacroix, Jean Auguste Dominique Ingres, Francisco de Goya, Gustave Courbet, Pierre Bonnard, Félix Vallotton y Paul Cezanne.

Su trabajo influyó sobre varios artistas, entre ellos el cineasta Jacques Rivette, de la New Wave francesa. Su película Hurlevent (1985) estuvo inspirada en los dibujos de Balthus hechos a comienzos de la década de 1930.
Otro artista influido por Balthus es el fotógrafo Duane Michals.

La novela Hannibal, de Thomas Harris se refiere al personaje de ficción Hannibal Lecter como un primo de Balthus.


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"La habitación turca de  Balthus" Collezione Mosaici Moderni - NB: Museum explicitly authorized the upload of its contemporary art collection for WLM 2016 (for further info ask WLM Italy organizators).


Comentarios de Balthus

Balthus decía: "Las niñas son las únicas criaturas que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad. Las jóvenes adolescentes nunca me interesaron más allá de esta idea".

"Las niñas para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado".


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Balthus en sus últimos años de vida fotografiado en su estudio de Suiza.


Comentarios por parte de otros artistas

Camus decía: "no es el crimen lo que interesa, sino la pureza".

Vicente Molina Foix escribió algo irónico, pero puntual: "Balthus no llegó a pecar, y estoy seguro de que era, como le gustaba a él decir, un pintor religioso. ¿No es, al fin y al cabo, la religión el ejercicio de una mirada fija y persistente a un punto inalcanzable? El culto misterioso de las niñas".

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.









Algunas obras



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EL REY DE LOS GATOS, 1935 (Autorretrato. Colección privada) Self Portrait- His majesty, the King of Cats by Balthus (Balthasar Klossowski De Rola)


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Brother and Sister, 1936, obra de Balthus


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Alice, Huile sur toile, 1933, obra de Balthus


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Human art ravens, obra de Balthus


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Three sisters, 1964, obra de Balthus


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Still Life with a Figure, obra de Balthus


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The Card Game, obra de Balthus


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The Cardplayers, 1973, obra de Balthus


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A Saia Branca (The White Skirt), obra de Balthus


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Nude with a Cat , obra de Balthus


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Desnudos sin datar de Balthus


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Cathy's Toilette, 1933, obra de Balthus


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Children, 1937, obra de Balthus


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Drawing room, 1942, obra de Balthus


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Japanese Girl with a Black Mirror, 1967, obra de Balthus


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Katia Reading, 1974, obra de Balthus


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La lezione di chitarra, 1934, obra de Balthus


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Les Beaux Jours, 1944-46, Hirshhorn Museum, Washington DC, obra de Balthus


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Teresa soñando, 1938, obra de Balthus


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The Cat in The Mirror, obra de Balthus


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The Cat in the Mirror, 1978, obra de Balthus


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The dream, 1955, obra de Balthus


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The Golden Fruit 1956, obra de Balthus


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The Room, obra de Balthus


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The Room, c.1953, obra de Balthus


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La habitación turca de Balthus. Obra expuesta en el Museo Nacional de Arte Moderno (Centro Georges Pompidou). Representa dicha obra donde se ve una mujer semidesnuda mirándose en un espejo de mano.


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Paciencia, 1943, obra de Balthus


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Balthus y Setsuko con traje oriental

Enlace interesante dedicado a Balthus




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor franco-polaco conocido como Balthus, fue un peculiar artista de desnudos femeninos que escandalizaron sus obras por utilizar a jovencitas como modelos. Poca suerte tiene en vida, en la actualidad su obra está siendo revalorizada y apreciada por algunos críticos, otros lo detestan y lo acusan de pedófilo.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, paintingandframe.com, lamblegs.wordpress.com, tate.org.uk, pinterest.es, tallerdeencuentros.blogspot.com.es, elespiritudelchemin.wordpress.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Jueves, 07 Diciembre 2017, 18:16; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
El Met rechaza retirar un cuadro de Balthus en el que aparece una joven en posición sugestiva

La petición contaba con el apoyo de 8.700 firmas hasta que el museo ha puesto coto: "Creemos en el respeto por la expresión creativa"



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'Teresa soñando' (1938), de Balthus.

El museo Metropolitan de Nueva York (Met) se planta. Su misión, explica, es coleccionar, estudiar, conservar y presentar obras que conectan a las personas con la creatividad, el conocimiento y las ideas. Y con ese argumento rechaza con rotundidad una petición para que se retire una pintura de Balthus en la que aparece una niña a la que se le ven las bragas. Las artes visuales, insisten, son un medio para la reflexión.

La obra del artista francopolaco se titula Teresa soñando y data de 1938. Es un cuadro, coinciden los críticos, que irradia luz propia y pureza. Al verlo, se puede sentir la placidez de la joven en el sueño. El trabajo de Balthazar Klossowski (París, 1908 -Rossinière, Suiza, 2001) es conocido, precisamente, por la manera con la que capta la inocencia de la preadolescencia.

La petición se lanzó el 30 de noviembre por una vecina de Nueva York y tenía como objetivo alcanzar las 9.000 firmas. “El Met está, tal vez sin intención, respaldando el voyerismo y la cosificación de los niños”, decía.

Los responsables del museo responden que su muestra recoge trabajos importantes que representan todas las culturas y los tiempos. Y entiende, además, que momentos como el que se vive ahora en Estados Unidos ofrecen la oportunidad para entablar una conversación.

El Met no va a retirar el cuadro ni se plantea tampoco cambiar la cartela para hacer la aclaración que se pide. “Consideraré esta petición un éxito si incluyen un pequeño mensaje diciendo que el cuadro puede ser ofensivo”, explicó en las redes sociales la autora de la petición. “Solo pido que sean más conscientes con la manera que tienen de contextualizar las piezas”.

La explicación que tiene la obra en la actualidad solo señala que la protagonista, Teresa Blanchard, tenía 12 o 13 años cuando se pintó el cuadro. La pintura ya fue expuesta hace cuatro años por el Met en una muestra sobre el trabajo de Balthus. Entonces sí se advirtió a los visitantes de que algunos trabajos podían ofender al público.

“Las artes visuales son uno de los medios más importantes que tenemos para reflexionar a la vez sobre el pasado y el presente, y esperamos motivar la continua evolución de la cultura actual a través de una discusión informada y de respeto por la expresión creativa”, señala la nota emitida por el museo.

El cuadro pertenecía a la colección privada de Jacques y Natasha Gelman, y fue donado al Met en 1998. La pintura se ha exhibido por galerías y museo de EE UU, Europa, América Latina y Asia. Los críticos destacan el carácter místico de la obra de Balthus.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
La pequeña vecina del pintor de los gatos

Es Thérèse, de 11 años, la niña musa parisina de Balthus. Murió pronto, con sólo 25 años.

Esta semana el Metropolitan de Nueva York se negó al retirar el cuadro 'Teresa soñando' como le pedían 10.500 firmantes.

No es la primera vez que se pone en cuestión la obra del pintor por 'sexualizar' las posturas de las menores.




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Thérèse soñando, una obra de 1938, donde retrata a Thérèse Blanchard, su musa entre 1936 y 1939. La pintó en una decena de cuadros, como los que figuran sobre estas líneas. SUARTE

Thérèse Blanchard, hija de un camarero parisino, tenía 11 años en 1936. Balthasar Klossowski, más conocido como Balthus, tenía 28. Entre 1936 y 1939, Balthus pintó a Thérèse de forma casi obsesiva. A día de hoy, esos cuadros, sin desnudos ni obscenidades aparentes, escandalizan todavía. El Metropolitan de Nueva York acaba de rechazar una petición, respaldada por 10.500 firmas, para que Thérèse soñando, una de las pinturas de Thérèse, fuera retirada de sus salas. La impulsora de la petición, Mia Merrill, afirma que se trata de una imagen «abiertamente sexual» y pedófila. El Met ha anunciado que el cuadro seguirá expuesto para suscitar «un debate informado».

Balthus siempre fue acusado de producir pornografía infantil. Eso le asombraba y le divertía. Decía que esas niñas que posaban para él eran «ángeles» que mostraban «el inocente impudor propio de la infancia». El pintor afirmaba que había pintado una sola obra pornográfica, La lección de guitarra (1934), en la que la profesora de música tañe la vulva de una niña recostada en su regazo como una Piedad muy tensa, y que lo había hecho «para provocar». En alguna de sus raras entrevistas reconoció, sin embargo, el «elemento erótico» que contenían los retratos de Thérèse y sus otras modelos. El pintor murió en 2001. Al final de su vida, en la década de los 90, se obsesionó con una nueva modelo: Anna Wahli, la hija de su médico suizo. La pintó entre los 8 y los 15 años. Por entonces utilizaba una cámara Polaroid y retrató a Wahli desde todos los ángulos.

Cuando su viuda, la artista japonesa Setsuko Ideka (otra de sus modelos adolescentes antes de convertirse en su esposa), organizó en 2014 una exposición de las fotografías, flameó de nuevo la indignación pública. En Alemania no pudo ser exhibida: fue considerada una apología de la pedofilia. En la Galería Gagosian de París se mostraron únicamente 200 de las 2.000 fotos, y se vendieron todas, al precio de 15.000 euros la unidad.

¿Quién fue Balthasar Klossowski? Para Albert Camus y André Malraux fue uno de los principales pintores del siglo XX. Para Pablo Picasso y Joan Miró fue un genio y, además, un amigo. Ninguna de sus modelos, ni nadie, le acusó jamás de conducta impropia. Pero su obra y su hermetismo cuajaron en una formidable leyenda negra. Como ejemplo, el novelista Thomas Harris le utilizó como «primo francés» y referencia genealógica siniestra de su más célebre personaje, el asesino caníbal Hannibal Lecter.

Nació el 29 de febrero (una primera rareza) de 1908 en París, hijo de un profesor de arte de origen polaco y de una pintora de origen ruso, ambos nacidos en Prusia y emigrados a Francia. Algo especial debía de tener aquella familia, porque si Balthasar fue un pintor polémico, su hermano Pierre fue un hombre polifacético (filósofo, novelista, dibujante) que alcanzó fama por sus relatos sadoeróticos, sus ensayos en defensa de la obscenidad y sus estudios sobre el marqués de Sade: la película Saló o los 120 días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini, está basada en una de sus obras.

Quizá las claves de la vida de Balthus se escondan en 1919. Ese año ocurrieron dos cosas fundamentales para él. Sus padres se separaron y su madre, la pintora Baladine, se enamoró del poeta Rainer Maria Rilke, gloria de las letras alemanas. Para el pequeño Balthasar, de 11 años, aquello supuso una conmoción. La otra cosa fundamental fue que Balthasar perdió a su gato, Mitsou. Y dibujó con tinta negra 40 estampas sobre la búsqueda del animal, sobre su recuerdo, sobre la desolación de la ausencia. Esa serie de 40 dibujos se expone hoy en el Metropolitan neoyorquino y es un auténtico prodigio, una explosión gráfica que merece figurar entre las obras maestras del expresionismo.


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Rilke hizo que la serie del gato se publicara en libro y aportó un prólogo. La crítica recibió el trabajo de Balthuz (entonces firmaba así) con entusiasmo. Ningún otro pintor del siglo XX, ni el propio Picasso, fue tan precoz. Recordemos que cuando su madre se enamora de Rilke, cuando pierde a su gato y cuando pinta la serie, Balthus tiene 11 años. La misma edad que Thérèse, la misma que las otras modelos infantiles.

A los 14 años, Balthus escribió en una carta: «Sería feliz si pudiera seguir siendo siempre un niño».

Varios críticos han señalado que lo más fascinante de las pinturas de Balthus con modelos infantiles es la mezcla de erotismo y empatía: el pintor, que dirige las poses, tiene una mirada evidentemente sexual y busca gestos sugerentes, pero a la vez capta la sexualidad primeriza e inocente de las niñas, como si se identificara con ellas. Algunos creen que, en realidad, se pinta a sí mismo.


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Durante la Primera Guerra Mundial, la familia Klossowski, de origen prusiano y por tanto enemiga en Francia, se había refugiado en Suiza. Balthus conoció a una niña de buena familia, Antoinette de Batteville, y se prendó de ella. La cortejó durante años. Hasta que Antoinette le anunció que iba a casarse con un diplomático y le pidió que no le escribiera nunca más.

Balthus intentó suicidarse con una ingestión de láudano, y sólo se salvó porque su amigo Antonin Artaud (nada menos: la lista de las amistades de Balthus es como un Gotha de intelectuales y artistas) le encontró a tiempo. Después del intento de suicidio, pintó La lección de guitarra para su primera gran exposición parisina, en 1934. Y comenzó el escándalo. Balthus tenía 28 años.

Dos años después conoció a la pequeña Thérèse y se dedicó a pintarla, una vez, y otra, y otra. Mientras Balthus pintaba a la niña, Antoinette de Batteville renunció a su diplomático y aceptó el matrimonio. Más adelante, Balthus pintó también a Antoinette, pero no como lo que era, una mujer de 32 años con dos hijos, sino como lo que él prefería ver: una adolescente grácil y sinuosa, la chica de la que se había enamorado en Suiza años atrás.

Balthus no estudió en ninguna academia, ni tuvo maestros, ni se inscribió en ninguna corriente artística. Aunque en su precoz serie sobre el gato perdido se percibe la influencia del expresionismo alemán, su obra adulta permanece alejada del cubismo y de cualquier tentación abstracta (pese a su amistad con Pablo Picasso y Joan Miró) y solamente adopta algunos rasgos del surrealismo, sin someterse ni al dogmatismo de André Breton, patriarca de la doctrina, ni al surrealismo escolástico de René Magritte o Marc Chagall, ni al surrealismo onírico de Salvador Dalí. El surrealismo de Balthus está en la atmósfera, en el aire extrañamente intemporal de sus composiciones.

Ya célebre, el pintor jugó a ser grandioso y misterioso a la vez. Se inventó un pasado aristocrático y añadió a su apellido, Klossowski, un De Rola que evocaba a la nobleza polaca. Más adelante se nombró conde de Rola y se inventó también un remoto parentesco con Lord Byron. Compró un hermoso castillo en la campiña francesa y varias mansiones en Suiza, donde se recluía para pintar. Su trabajo era tremendamente minucioso: dedicaba hasta 10 años a una tela, y aun así afirmaba que ninguna de sus obras estaba terminada. «Todos mis cuadros son un rotundo fracaso», afirmó en una entrevista al New York Times. Cuando la Tate Gallery organizó una muestra sobre su obra y le pidió que enviara una breve reseña biográfica, lo que Balthus envió fue lo siguiente: «Balthus es un pintor acerca del cual no se sabe nada».


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Balthus la conoció cuando ella era estudiante. Setsuko Ideta se convirtió en su nueva modelo adolescente. En 1967, se casaron. Lo estuvieron hasta su muerte. BEATRIX STAMPFLI / AP

Evitaba los fotógrafos y las entrevistas. Sólo en los últimos años de su vida aceptó hablar de sí mismo con algún crítico de prestigio.

En 1961, su amigo André Malraux, entonces ministro de Cultura de Francia, le pidió que aceptara la dirección de la Academia francesa en Roma, situada en la hermosísima Villa Medicis. Balthus aceptó.

Al año siguiente, en Japón, conoció a una joven estudiante de arte, Setsuko Ideta, e hizo de ella su nueva modelo adolescente. Seis años más tarde, en 1967, se casaron. «Balthus estaba fascinado por la inocencia de los niños y por su gestualidad, que le parecía maravillosa», dijo Setsuko Ideta hace dos años, cuando se desató el enésimo escándalo por la exposición de las fotos de la pequeña Anna Wahli.

El propio Balthus había dicho, antes de su muerte, algo parecido: «Veo a las adolescentes como un símbolo. Jamás podría pintar a una mujer. La belleza de la adolescencia es más interesante. La adolescencia encarna el porvenir, antes de convertirse en belleza perfecta. Una mujer ha encontrado ya su lugar en el mundo; una adolescente, no. El cuerpo de una mujer ya está completo. El misterio ha desaparecido».

Thérèse Blanchard, la niña de los cuadros más famosos de Balthus, murió en 1950, con 25 años. Apenas llegó a ser una mujer adulta.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Las niñas de Balthus se exhiben en Madrid

Mapfre celebra el realismo metafísico y la amistad entre Derain, Balthus y Giacometti en una exposición de 200 obras



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La obra 'La habitación' (1947-1948) de Balthus, que la Fundación Mapfre Recoletos en Madrid muestra en la exposición 'Derain, Balthus, Giacometti. Una amistad entre artistas'. / Paco Campos - EFE

A comienzos del pasado diciembre, una de las más bellas obras de Balthus, Teresa durmiendo (1938), fue víctima de la intransigencia de nada menos que 10.000 firmantes de una protesta en la que se exigía al Metropolitan que retirara la tela porque incitaba a la pederastia. El prestigioso museo neoyorquino se negó argumentando que su misión es recoger trabajos importantes que representan todas las culturas y los tiempos. También rechazó incluir en la cartela que la pieza podía “herir la sensibilidad del espectador”. La exposición Derain/Balthus/Giacometti. Una amistad entre artistas que se puede ver en la sede madrileña de Mapfre desde el jueves 1 de febrero hasta el 6 de mayo, incluye entre las 200 obras expuestas algunas similares a la criticada en Estados Unidos.

La más evidente es Los días felices (1945-1946), en la que una pequeña de 11 años dormita reclinada en una butaca. Tapada parcialmente por un ligero vestido, al fondo se ve a un chico que atiza el fuego de una chimenea. Para la comisaría de la exposición, Jacqueline Munck, conservadora jefe del Museo de Arte Moderno de París, coproductores de la muestra, “la pintura es una representación teatral en la que el artista, muy joven entonces, autorretrató su estado de ánimo. Se sabe que Balthus hizo primero el retrato de la niña y después el resto. La pequeña estaba acompañada por su madre y fue premiada con un helado. Cada uno proyecta en su mirada sus propios sentimientos”. Pablo Jiménez Burillo, director cultural de Mapfre, fue aún más contundente durante la presentación de la muestra: “El propio Renoir también ha sido víctima de los fundamentalismos que parecen estar tan de moda. Esa gente no puede ir al museo del Prado, por ejemplo. Balthus nos ha dejado escenas del realismo más poético y eso es lo que queremos mostrar en esta exposición”.

Distribuida en las dos plantas del edificio, la muestra descubre la intensa relación entre tres de los más importantes protagonistas del siglo XX: André Derain (1880-1954), Balthus -Balthasar Klossowski- (1908-2001) y Alberto Giacometti (1901-1966). En un momento en el que el mundo del arte está centrado en el surrealismo y la abstracción en torno a la década de los treinta, ellos se interesan por un realismo metafísico ajeno al academicismo. En palabras del director del museo parisino coproductor de la exposición, Fabrice Hergott, “aquí se pueden ver obras en las que lo importante es la pura belleza, algo no suficientemente valorado entre los historiadores de arte contemporáneo”.

La comisaria añade que es una exposición para sentir, pero también para conocer cómo eran los intensos lazos entre algunos artistas que, como estos, llegaron a compartir modelos, marchantes y relaciones. Como ejemplo, pone el caso de Breton al que los tres conocieron por diferentes vías antes de que existiera el Surrealismo. “Los tres coinciden en la primera exposición de Balthus en la galería Pierre Loeb, en 1934. Y a partir de 1935 sus lazos se estrechan. Se relacionan con escritores como Antonin Artaud, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Louis Aragon o Jean Cocteau; pero también con diseñadores como Paul Poiret o un entonces jovencísimo Christian Dior. Entre los marchantes, Pierre Matisse, llegó a hacer exposiciones con todos ellos”.

La belleza es, sin duda, el hilo conductor de los seis apartados en los que se divide la exposición. En el primero, titulado La mirada cultural, se hace hincapié en lo que los tres artistas tienen en común: la tradición figurativa y las culturas primitivas. Dos importantes piezas ilustran el arranque: Le Joueur de cornemuse (El gaitero) de Derain y Femme qui marche (Mujer que camina), de Giacometti. Siguen los paisajes y bodegones agrupados bajo el epígrafe Vidas silenciosas.
Uno de los apartados en los que la belleza es el valor artístico más evidente es el dedicado a las modelos. El óleo de Derain Isabel Lambert (1935‐1939) sirve para demostrar como las mismas mujeres posaban para uno u otro artista indistintamente. La modelo de Derain fue retratada después por Giacometti a la vez que Balthus trabaja con adolescentes muy parecidas a las mujeres que inspiran a sus colegas, como se puede ver en la sección dedicada a las visiones de lo desconocido, donde Los días felices reina sobre todas las demás piezas.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Un té con Setsuko Ideta, viuda del artista, en la casa donde vivían en Suiza


“Balthus no era un pintor pornográfico”

La Fundación Beyeler expone 40 obras esenciales del autor que en febrero viajarán al Museo Thyssen



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El pintor Balthus, con su hija Harumi y su esposa, Setsuko, en su casa de Suiza en 1995. / BRUNO BARBEY MAGNUM

Setsuko Ideta tenía 18 años cuando, en 1962, conoció en Kioto a Balthasar Klossowski (Balthus). Él, considerado ya uno de los artistas más singulares del siglo, tenía 53 y había viajado hasta Japón enviado por el escritor y político André Malraux, para exponer en París lo mejor del arte nipón. Ella le hizo de traductora y nunca más volvieron a separarse. Se casaron en 1967 y 10 años después encontraron en medio de los Alpes, en el pueblo suizo de Rossinière, lo que sería la casa de sus sueños: el Gran Chalé, una típica construcción de madera de cinco plantas y 113 ventanas que el artista consiguió a cambio de cinco cuadros. Un camino vecinal separa la vivienda del estudio en el que trabajó Balthus hasta su último día, el 18 de febrero de 2001, con 92 años.

Con quimono de seda amarillo, calzada con geta y el negrísimo cabello recogido en un moño, Setsuko Ideta (Tokio, 1943) habla con orgullo de la retrospectiva que se le dedica a Balthus en la Fundación Beyeler de Basilea, una coproducción con el Museo Thyssen que se verá en Madrid del 19 de febrero al 26 de mayo de 2019. Ella se mueve despacio entre los centenares de objetos que ocupan el estudio y pide con dulzura a los periodistas —invitados por el Thyssen— que tengan mucho cuidado con las mochilas. Cada objeto es un tesoro. Con la mirada en los impresionantes pinares que se ven desde el ventanal y ante un gran lienzo inacabado, cuenta cosas que quizás haya repetido decenas de veces, pero suenan como si las pronunciara por vez primera.

Asegura Setsuko que todo está como él lo dejó, incluido el cenicero en el que se amontonan colillas de los cigarrillos que consumía sin cesar. Está su chaise longue, la manta roja con la que se abrigaba cuando pintaba desde la silla de ruedas, mandiles azulones, montones de pinceles, tubos y brochas, aceites, morteros, buriles, sus gafas y frascos repletos de pigmentos con los que ella le ayudaba a preparar los colores.
Su muerte

Recuerda Setsuko Ideta que el mismo día de la muerte de su esposo estuvieron charlando tres horas junto a la hija de ambos, Harumi, diseñadora de grandes firmas de lujo. “Estábamos en casa y de repente sintió la necesidad de ir al estudio. Dijo que se sentía muy feliz. Pese al goteo y al oxígeno que tenía que llevar para respirar, parecía rejuvenecido de golpe. Cruzamos la vereda. Contempló un lienzo en el que trabajaba desde hacía tiempo. Tras un rato, pidió retornar a la casa y murió en su habitación muy tranquilo”.

La condesa Setsuko —así se hace llamar porque así lo decidió su esposo— también es pintora, pero renunció para convertirse en ayudante de su marido. Ella dice que nunca se sintió relegada y que no le costó abandonar su carrera porque “él era un genio”. Trabajar para Balthus era fácil, aunque tenía que estar atenta para ejecutar sus instrucciones. “Cuando se ponía delante de la obra, se aislaba. No se le podía molestar. Fuimos de los primeros en tener un teléfono en estas montañas, pero llamara quien llamara, aunque fuera De Gaulle, no admitía interrupciones”. En el interior de la casona donde la señora Balthus ha organizado un té con nueces y bizcocho para la visita, hay libertad para deambular por las salas y habitaciones en las que vive con su hija y sus nietos. Fotos de Henri Cartier-Bresson o Man Ray se alternan con cuadros inacabados, animales disecados o dibujos escolares. Setsuko cuenta que asistirá a la muestra de Balthus en el Thyssen, igual que hizo con la antológica del Museo Reina Sofía, en 1996. La versión de Madrid será más amplia que la de Basilea. Puede llegar a las 45 pinturas. Balthus pintó poco más de 300 (Renoir, por ejemplo, firmó más de 5.000) y la mayor parte pertenecen a coleccionistas privados.

¿Qué opinaría Balthus sobre las 11.000 firmas que pidieron la retirada de su Thérèse soñando del Metropolitan de Nueva York por “pornográfica”? Setsuko no duda: “Les diría que hicieran lo que les diera la gana. No era un pintor pornográfico. Creo que los cristianos tienen un problema con el erotismo. Soy animista y para nosotros el sexo es maravilloso”. En sus memorias, Balthus afirma: “Mis niñas sobrepasan la condición mortal, exaltan la vida con la tensión de su carne, con la luz que las rodea”. No encuentra nada turbio en su tratamiento. La única obra que reconoce como porno, no incluida en la muestra, es La lección de guitarra, donde la profesora tañe la vulva de una niña recostada en su regazo. El artista tenía entonces 28 años.


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'Thérèse', cuadro de Balthus de 1938.



Una vida llena de misterios

La vida de Balthus está llena de misterios que él mismo cultivó, no dando entrevistas o difundiendo datos contradictorios o falsos. Para Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, lo importante es mirar sus cuadros: “En ellos están su verdad y su valor”.

Los comisarios de la muestra de Basilea y Madrid, Raphaël Bouvier y Juan Ángel López-Manzanares, intentan desbrozar su historia, asumiendo que todo es cuestionable. Nacido en París en 1908, era el segundo hijo de Erich Klossowski, profesor de arte de origen polaco, y Baladine Spiro, pintora rusa. Su hermano era el célebre Pierre Klossowski. La familia se refugió en Suiza durante la Primera Guerra Mundial y allí conoció a la que sería su primera esposa, Antoinette de Batteville, madre de dos de sus hijos y modelo de obras como La jupe blanche (1937).

A su vuelta a París, por el domicilio familiar desfilaban artistas que despertarían su talento: Jean Cocteau, Pierre Bonnard o Rainer Maria Rilke, amante de su madre. Animado por él, Balthus decidió aprender a pintar yendo al Louvre cada día para copiar a los maestros y renunció a seguir los movimientos triunfantes en París. Amigo de Picasso y Miró, pero alejado de su senda artística, logró asombrar con sus composiciones figurativas pobladas de niñas. Al reconocimiento le seguiría un brote de grandeza por el que decidió que tenía un pasado aristocrático y se convirtió en el conde Klossowski de Rola. También habló de su remoto parentesco con Lord Byron. Pero esto, como otras muchas cosas, son leyendas de un artista genial.


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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
La tensa inocencia de las 'lolitas', según Balthus

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid repasa en una exposición parte de la obra del gran artista figurativo, con un despliegue de sus retratos de modelos adolescentes



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Todo es conflictivo. Desde los orígenes del artista al nombre: Balthasar Kossowski de Rola. También su convicción de que para ser exactamente moderno había que dar la espalda a las vanguardias, como un clásico llegado a trasmano del tiempo, razonablemente ajeno a las cosas que suceden ahora mismo. Balthus fue el seudónimo elegido. Nació en 1908 en París, tarde para el cubismo y pronto para el exceso.

Escogió la senda de la figuración, pero no exactamente de la realidad. O no, al menos, de la evidencia. Por maestros tuvo a Rilke y a Pierre Bonnard, patrocinadores del raro talento de aquel muchacho de infancia lunar y muy bien cuidada, acolchado de libros y belleza. Un niño seco como una vara, con ramalazos de extravagancia. Balthus comenzó a pintar en los años 20 tanteando a ciegas desde una especie de misantropía, que era la de no seguir escuelas, sino que escogió la senda de lo que estaba ya fuera de sitio, enclavijado en la Historia: Piero della Francesca, Caravaggio, Poussin, Géricault, Courbet... Quizá Cézanne. Los de la tribu del pasado. Los indiscutibles del tiempo atrás. Y eso empujó muy pronto su trabajo al lugar de lo posmoderno. Si a algo de lo nuevo se acercó fue al surrealismo, pero sin convencimiento. «Todos aquellos que se interesan en la pintura deberían leer el Diario de Delacroix. Lo trata todo, tanto la mezcla de colores como el interés por pintar de memoria para aprender la esencia de las cosas. Explica también que no era un romántico sino un clásico. Picasso, que imaginó, como yo, la idea de artista universal, había realizado muchas copias de Delacroix. ¡Delacroix, qué pintor! y Picasso no hace nada». Eso dijo.

En la obra de Balthus no existe rastro de melancolía sino ráfagas de soledad, de deseo, de asombro, de distancia, de algo furtivo. Es una pintura de emociones interiores, porque la vida se concreta en lo pequeño. Pero también de espacios de frialdad, de observaciones distanciadas. El Museo Thyssen-Bornemisza propone una revisión del gran artista de origen germano y polaco a través de 47 piezas, de las que más de 15 no se han visto antes en España. La muestra, en colaboración con la Fundación Beyeler de Basilea (Suiza), despliega algunas de las obras principales de la producción de Balthus. Los desnudos de adolescentes, los paisajes de postguerra, los autorretratos, alguna escena callejera (como la del excelente La rue, 1933). El comisario de la muestra, abierta hasta el 26 de mayo, es Juan Ángel López-Manzanares.

Hay que entender que pintar, para este artista, tiene mucho de tránsito: un paso del caos a las emociones; y de ahí a un nuevo orden posible. Ejerció una figuración de formas contundentes y contornos muy delimitados. Logró un extraño equilibrio entre erotismo e inocencia, sueño y misterio con realidad, tranquilidad con tensión extrema. Eso sucede, por ejemplo, en cuadros como Los buenos tiempos (1944-1946), Le Lever (1955). También en Los hermanos Blanchard (1933), que perteneció a Picasso y fue la primera obra de un artista vivo que se expuso en el Louvre.

  Donde el artista alcanza su cima es en los trabajos sobre las adolescentes, donde algunos gendarmes de la moral sitúan el escándalo.

El escándalo fue un lugar imprevisto y sagrado para Balthus. Sumó complicidades fabulosas (Breton, Picasso, Pierre Jean Jouve Artaud, Cocteau, que se basó en su familia para Les enfants terribles) y desacuerdos sonoros. La poesía orbita alrededor de su pintura con un ejército de misterios desposeído de emociones primarias. Balthus es sofisticado, felizmente antiacadémico, capaz de adentrarse en oscuridades que están más en el aroma de un cuadro, en su peligro, que en su apariencia. La batalla de Balthus es serena y antirromántica. En su pintura no hay catástrofe sino alusión a enormes tensiones. A diferencia de los adictos a la velocidad y al futuro, él es hijo de la crisis de valores que azota Europa después de la catástrofe de la I Guerra Mundial.

En su obra deja asomar una veta de cierta melancolía, de cuando la vida no estaba acosada por la aceleración y existía un vínculo con el arte, con la cultura. La exposición recorre más de seis décadas de oficio, incidiendo en la riqueza de una pintura que hace de lo intelectual una estética. Ahí está El rey de los gatos (1935), un autorretrato altivo, casi de sujeto disociado de su tiempo, de las apariencias de su tiempo.

Pero donde el pulso de Balthus adquiere los mejores picos arteriales es en los trabajos sobre las adolescentes, donde algunos gendarmes de la moral sitúan el escándalo. Como si no hubiese algo más. Muchacha dormida (1934), La habitación (1948), Desnudo durmiendo (1945), La Lever (1955), La habitación turca (1966)... Y, sobre todo, en Thérèse (1938) y Thérèse soñando (1938). Sobre estos cuadros del siglo XX ha caído una polémica trasnochada de siglo XXI.

  Su delito no es ninguno. Su perversión, nada. Su apología, nula. Su verdad, hermosa. Pero altera el invasivo puritanismo de unos pocos.

La segunda de las telas exhibe a una muchacha sentada en una silla (la foto central de estas páginas). Sestea y en el descuido del descanso asoma su ropa interior. En esa misma intersección entre la estética y la extrañeza sitúa Balthus buena parte de sus retratos. Su delito no es ninguno. Su perversión, nada. Su apología, nula. Su verdad, hermosa. Pero altera el invasivo puritanismo de unos pocos. Es difícil distinguirlos de los talibanes que reventaron los budas de Bamiyán. El impulso es parecido y también arma surtidas teorías para justificar el destrozo de lo distinto, de lo impuro. El fanatismo está muy a favor de la sumisión.

Lo que se ve en la superficie de la tela es un mundo reconocible (como siempre sucede en Balthus). Pero importa más lo que es necesario adivinar. Hay algo de escenografía donde se echa abajo una cuarta pared y el que mira entiende que es parte de la escena. Lo esencial es siempre mutuo. Y ese punto de espera que también está en la pintura tensa la alegría o el estupor.

El retrato de Thérèse soñando para el que unos miles de motivados piden sótano y oscuridad acumula más luz e inocencia que la denuncia que lo ha propagado. El viejísimo desafío de Balthus parece ser hoy una nueva resistencia.
Hay artistas figurativos más interesantes, pero no es fácil encontrarlos tan delicadamente turbadores. Ni tan decisivos en su autoridad de hacer de su pintura de raíz clásica un artefacto de categoría posmoderna: despojada de nomenclatura y de metáfora moral. Si por algo aún seduce Balthus es por esa falta de originalidad que es, a la vez, una defensa del individualismo.

El paso del tiempo, lejos de ser implacable con su pintura, ha realzado y resituado su condición esquiva. Pues de algún modo propone mirar y dudar de otro modo: inquietando. Y nosotros somos parte de la representación.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
El provocador e inclasificable Balthus llega al Thyssen

La pinacoteca presenta la primera retrospectiva en 20 años del controvertido artista francés

Balthus retrató a menudo a niñas en "posturas sugerentes" en el tránsito de la infancia a la adolescencia




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Ver vídeo 'El aseo de Cathy', 1933, Balthus. Centro Pompidou de París Agence photo de la RMN-GP

La enésima polémica que rodeó a Balthus saltó en 2017 en pleno arranque del movimiento #MeToo contra el acoso sexual. Una vecina de Nueva York recogió miles de firmas para que retiraran del Met la pintura Thérese soñando (1938), en la que aparece una niña en una “postura sugerente” con la ropa interior a la vista.

Los firmantes aseguraban que la imagen incitaba a la pedofilia. El museo se plantó y mantuvo la obra. “Las artes visuales son un medio para la reflexión y nuestra misión es conectar a las personas con la creatividad y el conocimiento de las ideas”, cortaron de raíz.

La modelo de ese cuadro, y de otros muchos, era su vecina Thérese Blanchard a la que retrató con 11 y 12 años y una de las musas recurrentes del autor junto a otras prepúberes que plasmó en cuadros con un erotismo ora explícito ora latente.

El interés de Balthus (1908-2001) por enfocarse en la infancia como una “edad de oro” en el tránsito hacia la adolescencia y sus enigmas, le acarreó la etiqueta de “provocador”-una espoleta que sí activó en sus inicios con la escandalosa La lección de guitarra que mezcla sexo y violencia (1934) - pero abocó su trabajo al aura del malditismo y se le llegó a calificar como pintor de “lolitas”.

En algunas pinacotecas, de hecho, se advierte de que las imágenes pueden “incomodar” al espectador. Una “mirada errónea” al desgajarla del contexto histórico de los años 30 cuando fueron creadas: un mundo de tensiones a las puertas de la IIGM y del vértigo de las sociedades modernas e industrializadas, en el que el pintor quiso adentrarse. En palabras de Juan Ángel López-Manzanares, comisario de la exposición que el Museo Thyssen de Madrid consagra al artista francés (hasta el 26 de mayo de 2019) y es una de las muestras destacadas del año.

“Lo que sí creo es que no se puede tachar a Balthus como un pintor que le interesaba la erotización de las niñas si no que él va mucho más allá. Para él la infancia tiene un sentido de dualidad pero también de momento de paso, de momento dinámico. De tensión entre lo que es la inocencia de lo infantil y la conciencia sexual de la mujer hacia la adolescencia”, asegura a RTVE.es el también conservador del Thyssen, cuya muestra también expone sin censuras las obras de Thérese.


La vida detenida

A estas pinturas se suman otras 45 en la primera monográfica del francés que se presenta en nuestro país en veinte años. Recoge obras maestras como La calle (1933) en la que aparece un grupo de niños jugando. Por primera vez exhibida en España, es un compendio de algunos de los rasgos que atraviesan sus creaciones a menudo calificadas de “perturbadoras”.

Tensión extrema. Ambigüedad. Sueño y misterio. Contradicción y hondura psicológica se dan la mano en una teatralización máxima de las escenas: tanto en bodegones como en paisajes e interiores de la vida cotidiana-habitada por gatos, otro de sus motivos recurrentes- en un falso clasicismo.

“Las obras tienen una sabiduría artística y una contundencia visual que da la sensación de que todo se queda detenido y las figuras están estáticas. Algunos autores hablan incluso de arias de ópera. La acción queda en suspenso en el momento de máxima intensidad. A él le interesó descubrir los secretos del mundo, profundizar en su belleza. Ahondar en el lado oculto y mágico de la existencia. Eso le diferencia de los artistas abstractos que se han interesado más en representar más sus sentimientos”, asegura el comisario.


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'La calle', 1933. Museo de Arte Moderno de Nueva York Scala


A contracorriente

Nacido en París, hijo de un historiador alemán y polaco y de una artista alemana con raíces judías, Balthus, apodo familiar de Bhaltasar Klossowski, se trasladaría a Suiza bajo la amenaza de la guerra. El poeta Rilke se convertiría en su padrastro y mentor.

El pintor siempre nadó a la contra. Su estilo es inclasificable aunque se orilla al surrealismo. “No tengo ninguna ganas de figurar entre los representantes de las últimas novedades. Simplemente quiero cumplir mi destino como pintor”, afirmó para ejemplificar su independencia.


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'Las tres hermanas', 1955, Balthus. Coleccion Patricia Phelps

Sus atmósferas oníricas fluyen de una mezcla de influencias: desde los pintores del Renacimiento, era "caravaggista" confeso, a Gericault, Poussin o Courbet. Un realismo moderno que bebe de la cultura popular y donde es palpable el calado de las ilustraciones de cuentos infantiles del siglo XIX como Alicia en el País de las Maravillas y un claro orientalismo “en su búsqueda de las esencia de las cosas”.

Emergen recurrentes las figuras adormiladas, ensimismadas y ociosas reclinadas en sofás con espejos o libros en las manos que remiten al universo de Carroll.

  "Solo pensaba en pintura a todas horas"

Lento, metódico e incansable y poseedor de una depuradísima técnica, Balthus no dejó de crear ni un solo minuto de su existencia como asegura a RTVE su viuda, la japonesa Setsuko Ideta: “Solo pensaba en pintura a todas horas”, recuerda.

Idera posó para él como modelo en numerosas ocasiones, se puede observar su figura de juventud en el lienzo La habitación turca (1965) que encabeza esta noticia, y le acompañó durante media vida en el Grand Chalet de Ròssiniere en Suiza.

Un imponente edificio del Siglo XVIII que se convirtió en su fortaleza creativa mientras su obra alcanzaba cotizaciones astronómicas en el mercado del arte. Primero en la pintura después como fotógrafo con sus series de polaroids.

Sobre el ruido artístico y mediático en torno a la trayectoria de su marido, la viuda defiende: “El arte es un mundo muy particular y todo el mundo expresa su opinión sin conocer la historia que hay detrás de cada cuadro pero son solo opiniones y todo el mundo tiene una”, asevera con cierta rabia. Opiniones en algunos casos certeras como la del fotógrafo japonés Araki que afirmó que “Balthus toca con la mirada y nunca con los dedos”.


RTVE.es
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Las sutiles y polémicas adolescentes de Balthus

“El erotismo y el deseo preocupan de manera enfermiza en algunas comunidades", dice la viuda del artista en la inauguración de una retrospectiva en el Thyssen



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Ver vídeo Setsuko Ideta, viuda de Balthus, en la muestra del Thyssen, en Madrid. Foto: ÁLVARO GARCÍA | VÍDEO: ATLAS

En 1996 el Museo Reina Sofía dedicó una antológica a Balthazar Klossowski, conocido mundialmente como Balthus. Allí se pudo ver una importante selección de sus muchachas adolescentes recostadas o sentadas en actitud sugerente sin que nadie se escandalizara. 22 años después, ese mismo grupo de lolitas aterriza de nuevo en Madrid en un entorno contaminado por lo políticamente correcto —11.000 firmas pidieron en 2017 la retirada de la obra Thérèse soñando de una muestra en el Metropolitan de Nueva York— y un conservadurismo cultural capaz de ensuciar las miradas más inocentes. El público tendrá la oportunidad de pronunciarse en la exposición Balthus, que se podrá ver en el Museo Thyssen-Bornemisza desde este martes hasta el próximo 26 de mayo. Se trata de una retrospectiva de su obra esencial (47 cuadros), que abarcan toda su carrera. Coproducida con la Fundación Beyeler de Basilea (Suiza), donde se ha exhibido hasta el mes de enero de este año, está patrocinada por la Comunidad de Madrid.

Setsuko Ideta, viuda del pintor, se mostraba ayer muy contenta por la exposición, pero un poco cansada de responder una y otra vez a la polémica sobre los desnudos. “Me da igual. Hay que hablar de Arte y no prestar atención a ese tipo de comentarios. Me temo que el erotismo y el deseo preocupan de manera enfermiza en algunas comunidades”.

En la exposición de Basilea se preguntaba a los espectadores sobre las sensaciones experimentadas al contemplar estos cuadros y si creían que había motivos para la censura. En Madrid no se pregunta nada al visitante. “El museo no niega el debate, pero no queremos que la exposición se centre en él. Tendremos conferencias donde se abordará el asunto, pero hemos optado por no incitar”, responde el comisario de la versión española de la exposición, Juan Ángel López-Manzanares.

El comisario añade que no teme a la reacción en redes sociales porque las críticas pueden surgir de cualquier parte. Y como ejemplo pone a las protestas que ha visto en Twitter a propósito de la exposición que actualmente protagonizan en el museo Cristina Lucas y Eulàlia Valldosera. “He leído, por ejemplo, que hemos entregado el museo a las feminazis. Tampoco hay que contestar a todo”.

Escenografía pensada para destacar la luz

Las obras de la exposición inaugurada en el Thyssen proceden de colecciones públicas y privadas europeas y estadounidenses. Una de las piezas principales es La partida de naipes (1948-50), propiedad del museo y el único óleo de Balthus registrado en las colecciones españolas. Con una escenografía pensada para destacar la luz de cada cuadro (iluminación cenital, salas pintadas en diferentes colores oscuros), las pinturas están colocadas de manera cronológica junto a unas cartelas más extensas de lo habitual por el interés didáctico en el que ha querido incidir López-Manzanares.

Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, define a Balthus como un gran clásico y el artista que con más sutileza ha retratado el paso del tiempo. Individualista y aferrado a la figuración para describir su universo es, para Solana, un pintor aupado por los intelectuales del siglo XX. Entre ellos supo el creador moverse tan bien desde sus orígenes familiares en Francia (hijo de una familia de intelectuales judíos, su padrastro fue Rainer Maria Rilke) o instalado, la mayor parte de su larga vida, en el Grand Chalet de Rossinière. Empecinado en seguir en una misma línea, no hizo caso de las vanguardias ni de las grandes tendencias de su siglo. “En su lenguaje aúna la forma de pintar de los maestros antiguos que conoció a fondo en Italia, pero también el surrealismo”, explica Solana. Y advierte el director artístico que no fueron los franceses quienes le pusieron en valor con su gran exposición en el Pompidou en 1983. Mucho antes, el 19 de diciembre de 1959, compartió programa con Pollock en el MoMA, una muestra en la que el crítico de The New York Times destacaba su duro realismo y sus composiciones mágicas y misteriosas.
 
La exposición arranca con una selección de paisajes parisinos realizados en los años 20 para enhebrar después con una galería de retratos de hombres y mujeres situados en interiores en los que solo les acompaña algún mueble o un gato que merodea entre sus piernas. En este apartado se encuentra el retrato de Los hermanos Blanchard (1937), un lienzo comprado por Picasso a Balthus y que, según cuenta Setsuko Ideta, supuso una inyección de moral muy fuerte para su esposo porque, siendo dos artistas tan diferentes, aquella compra representó un acto de confianza y admiración.

Viene después la amplia selección de los retratos de niñas adolescentes a las que pintó en numerosas ocasiones a lo largo de su vida. Thérèse y Thérèse soñando, ambas propiedad del Metropolitan, son las dos obras que más fama han acaparado. Distraídas y con la falda subida, son señaladas como ejemplo de erotismo y transgresión. Juan Ángel López-Manzanares reconoce que se puede ver intención sexual en la obra, pero opina que el tema de los cuadros apunta al deseo de representar el misterio de las cosas. “Esas niñas representan mundos secretos como lo hacía Lewis Carroll con su Alicia. Hablan del tiempo, de lo desconocido, de todos aquellos misterios de los que él hablaba con Rilke”.

En la presentación ha sorprendido la ausencia de Carmen Thyssen. La baronesa está molesta con el Ministerio de Cultura desde que el anterior titular, Íñigo Méndez de Vigo, suprimió su nombre en las invitaciones oficiales al museo. El ministro actual, José Guirao, tampoco ha recuperado el nombre de la baronesa como anfitriona y esta ha decidido no comparecer a las inauguraciones.


La exposición de Balthus en el Museo Thyssen

La condesa Setsuko Klossowski de Rola, viuda de Balthus, ha asistido este lunes a la presentación del exposición que inaugura mañana el Museo Thyssen sobre Balthasar Klossow


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La viuda de Balthus, Setsuko Klossowski de Rola, ha asistido a la presentación de la exposición que inaugura mañana el Museo Thyssen sobre Balthasar Klossowski de Rola (París,1908-Rossiniére, Suiza, 2001), uno de los grandes pintores del siglo XX y uno de los creadores más enigmáticos, místicos y solitarios, "el pintor de los gatos".


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La muestra, que ha sido organizada conjuntamente con la Fondation Beyeler en Riehen/Basilea y que cuenta con el apoyo de la familia del pintor, es la primera que se hace en España, desde que hace 23 años el Museo Reina Sofía le dedicara una monográfica.


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Entre los 47 cuadros que reúne la muestra se encuentra el que causó polémica 'Thérèse soñando', de 1938, que viene del Metropolitan Museum de Nueva York, la pintura en la que una jovencita ensimismada deja ver sus bragas, con un gato a sus pies bebiendo leche, y que quisieron vetar más de 12.000 personas que firmaron un manifiesto para que se retirara, a lo que el museo se negó.


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Setsuko ha dicho estar cansada de los que quieren censurar algún cuadro del pintor, como el de 'Térèse soñando'. "Hay personas que no quieren ver el arte, pues bien, me da igual, pero da pena que se cree un problema con este tipo de observaciones", ha subrayado.


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El comisario de la muestra en España, Juan Ángel López-Manzanares, ha sido muy claro. "El museo ha adoptado estar abierto al debate pero quiere contextualizar la obra de Balthus para que se entienda lo más posible y la gente no le juzgue según los debates contemporáneos".


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"Balthus comenzó a crear en el año 33, cuando subieron los nazis, un periodo de ansiedad dentro de la cultura occidental -precisa el comisario- y, como pintor moderno, fue permeable al momento de la época con el tema de la sexualidad y ahí no solo está él, sino Picasso y otros muchos. En Balthus el tema de la infancia tiene un sentido más transcendental e importante dentro de la línea de Rilke".


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"Y más tarde en su chalé -en Rossnièrre en la Suiza francesa y donde está el santuario del pintor, donde pasó sus últimos años y donde está su Fundación-, hace una pintura con mayor claridad, cerca de la concepción que tenía Mozart, quedarse en lo erótico es quedarse en la anécdota más marginal", ha apostillado el comisario.


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Las obras de la exposición inaugurada en el Thyssen proceden de colecciones públicas y privadas europeas y estadounidenses.


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Con una escenografía pensada para destacar la luz de cada cuadro (iluminación cenital, salas pintadas en diferentes colores oscuros), las pinturas están colocadas de manera cronológica junto a unas cartelas más extensas de lo habitual por el interés didáctico en el que ha querido incidir López-Manzanares.


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El público tendrá la oportunidad de pronunciarse en la exposición Balthus, que se podrá ver en el Museo Thyssen-Bornemisza desde este martes hasta el próximo 26 de mayo.



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Fotos: ALVARO GARCÍA
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Balthus machaca su propio récord con ‘Teresa sobre una banqueta’

La obra del controvertido pintor francopolaco se vende por 16,9 millones de euros en una subasta



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El cuadro de Balthus en la residencia de la familia Sherwoods. Christie´s
Dorothy y Richard Sherwood tuvieron Teresa sobre una banqueta en el salón de su mansión durante seis décadas. La obra de Balthus es una de las piezas principales de la excepcional colección privada de los mecenas californianos. Este lunes se subastó en la puja que abre la temporada de primavera en Christie´s. El martillo cayó en los 19 millones de dólares (16,9 millones de euros), el precio más alto pagado por el controvertido pintor francopolaco. Es el mejor Balthus que ha salido a la venta hasta la fecha.

La última vez que se vio en público esta obra fue en una muestra organizada por el Metropolitan en 2013, titulada Gatos y chicas. En el mismo museo neoyorquino, otra obra en la que Thérèse Blanchard es la musa, titulada Teresa soñando, provocó una fuerte controversia en el mundo del arte tras circular una petición para que se retirara por ser “sexualmente sugestiva”. El Met se plantó y rechazó con rotundidad descolgarla.

Teresa sobre una banqueta, creada en 1939 por Balthasar Klossowski de Rola, muestra a una niña de 14 años de edad absorta en su fantasía mientras posa recostada en equilibrio. En esta no muestra la ropa interior. El valor indicativo que dio Christie´s antes de la subasta era de entre 12 millones y 18 millones. La garantía que tenían de los interesados por el lienzo propiedad del ex presidente del Los Angeles Museum for Art ya anticipaba que el precio sería de récord.
El Balthus era el octavo lote. La puja duró poco más de tres minutos. El precio de salida se marcó en 8,5 millones. De ahí escaló rápido hasta llegar a los 12 millones. Tras un primer empujón, remontó hasta los 14,5 millones. 16,5 millones desembolsó finalmente el nuevo dueño. Un precio al que hay que incluirle la comisión de 2,5 millones que se paga a la casa de subastas neoyorquina.
 

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‘Teresa sobre una banqueta’, obra de Balthus

Balthus es conocido por cómo capta la inocencia de menores en la preadolescencia. Su estilo único combina procedimientos de los viejos maestros clásicos con toques de surrealismo. “Es como una coreografía”, señala Conor Jordan, especialista de arte Impresionista y Moderno en Christie´s, “la pose es delicada, pero el hecho de que tenga estos ángulos y este sentido de movimiento incipiente le da un aire de ambigüedad”.

El pintor no llegaba a los 30 años de edad cuando Blanchard se convirtió en su musa predilecta. La retrató en una decena de pinturas, que se exponen por todo el mundo gracias a colecciones de museos como el Met, el MoMA o el Tate. La subastada es la última de la serie. Como señalan desde la casa de subastas al hacer mención a la controversia que generan las obras de Balthus, sus pinturas proveen una oportunidad para la discusión.

Pablo Picasso adquirió uno de los cuadros del inquietante artista al poco de terminar este retrato, que donó tras fallecer al Estado francés. Se titulaba Los hermanos de Blanchard. Tenía un talento muy refinado y poderoso con el que era capaz de retratar emociones con intensidad. El anterior récord para el artista era de 9,9 millones, de la obra titulada Lady Abdy. Fue subastada también por Christie´s en 2015. Dorothy Sherwood falleció el pasado otoño.
 
Al Balthus le siguió Arbres dans le jardín de l´asile, de Vincent van Gogh, que se vendió por 40 millones. Lo superó los 59,3 millones por el bodegón de Paul Cézanne titulado Bouilloire et fruits, el precio más alto de la noche. Entre las estrellas se encontraba la escultura Téte de Amedeo Modigliani, subasta por 34,3 millones. Del artista italiano se vendió Lunia Czechowska (à la robe noire), por 25,2 millones. Es el precio que se pagó también por La Lettre (La Réponse) de Pablo Picasso, hasta ahora perteneciente a la colección privada de la princesa Titi von Fürstenberg.

elpais.com
 




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Mensaje Re: Balthus (Balthasar Kłossowski De Rola) 
 
Una 'Thérèse' de Balthus se vende por 16,9 millones, el récord del pintor suizo



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'Thérèse sobre una banqueta' (1938). El lienzo pertenece a la serie más controvertida de su autor

Thérèse sobre una banqueta, lienzo de Balthasar Kossowski de Rola, Balthus, ha sido subastado en Christie's de Nueva York por 19 millones (16,9 millones de euros), por encima de las expectativas de la casa de subastas, que valoraba la obra en un arco entre los 12 y los 18 millones de dólares.

La venta es relevante por dos motivos: primero, porque nunca antes se había pagado tanto dinero por un Balthus. Segundo, porque el retarto de Thérèse pertenece a la serie más controvertida de la obra del pintor, la que ha motivado su mala fama. En 2017, 8.700 personas solicitaron al Metropolitan Museum de Nueva York que retiraran Thérèse soñandode la exposición que dedicó a Balthus. Su supuesto pecado era el contenido erótico de un retarto infantil. Thérèse era la hija de los vecinos taberneros de Balthus en 1936, tenía 12 o 13 años y medio mundo lleva 80 años atormentándose con ella. Su gesto, las piernas abiertas, la braguita blanca, el brillo del calor en la piel... El Metropolitan no atendió a la petición.

El vendedor de Thérèse sobre una banqueta» son los responsables de la colección de Dorothy y Richard Sherwood, de California. No se conoce el nombre del comprador.


elmundo.es
 




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