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Esteve Y Marqués, Agustín
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Mensaje Esteve Y Marqués, Agustín 
 
Este trabajo recopiltorio está dedicado al pintor valenciano Agustín Esteve y Marqués. Hijo del escultor valenciano Antonio Esteve. Destacó fundamentalmente por los innumerables retratos que realizó a los nobles de la Corte de Carlos IV y a los altos burócratas cortesanos. Su obra está muy vinculada a Goya. Incluso algunas fuentes le situan como su colaborador, desde 1780 hasta que la Guerra de la Independencia los separó definitivamente.
  
0augustin_esteve_presumed_self_portrait_1412260744_790041Agustín Esteve y Marqués (Valencia, 12 de mayo de 1753 – c. 1825), pintor español, activo en la casa real española en Madrid. Protegido de Godoy, fue nombrado pintor de cámara. Sus retratos gozaron de gran aceptación entre la aristocracia. Si bien sus cuadros tienen ciertos ecos goyescos en cuanto a la disposición y a la actitud de los personajes, su obra se distingue por su carácter dibujístico y por su frío colorido.

Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y en 1772 ganó el primer premio de tercera clase en el departamento de dibujo para pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. En 1778 ganó el primer premio de pintura de esa misma academia. Siguiendo el neoclasicismo de Rafael Mengs y la primera etapa de Francisco de Goya, fue un retratista de la corona española muy influido por el genial aragonés, de cuyos retratos realizó gran número de copias. Una de sus obras maestras es el retrato de la Marquesa de San Andrés de Parma, Condesa de Lerena, M.ª Josefa Piscatori Díaz de Lavandero (ca. 1800). El 14 de junio de 1880, el rey nombró a Esteve Pintor de la Corte. Eso le valió un salario de 6.000 reales comparado con el de 15.000 que recibían otros pintores, o con los 55.000 de Francisco de Goya.

La trayectoria artística de Agustín Esteve y Marqués, está marcada por la inmensa figura de Goya y por su labor como retratista cuasioficial de la nobleza española durante el reinado de Carlos IV. De la impronta que en su labor profesional dejó Goya no caben muchas dudas ya que fue su colaborador desde 1780 hasta que la Guerra de la Independencia los separó definitivamente. Tampoco es discutible su éxito entre la elite ilustrada. Agustín Esteve destacó fundamentalmente por los innumerables retratos que realizó a los nobles de la Corte y a los altos burócratas cortesanos. Bajo la protección de Godoy y las familias Osuna y Alba, Agustín Esteve desarrolló una carrera exitosa en la Corte hasta 1808. Dicha labor le proporcionó reconocimiento e importantes sumas monetarias. Como en el caso de otros artistas de su generación, la invasión francesa de 1808 y el período convulso que se inicia hasta 1814, unido a la aparición de otros pintores y el declive natural del envejecimiento, provocará que a partir de la restauración fernandina de 1814 su estrella se eclipse en encargos menores y que incluso, al final de su vida, llegue a pasar apuros económicos.

Agustín Esteve y Marqués nació en Valencia el 12 de mayo de 1753 siendo hijo de Antonio Esteve, un escultor valenciano que le inculcaría su amor por las artes. De familia de artistas, los Esteve, tenían su centro de actuación en Valencia y fue allí donde, lógicamente, Agustín Esteve recibió las primeras clases de pintura. Así, sabemos que acudió a las clases que se impartían en la Escuela de la Academia de Bellas Artes de San Carlos en Valencia y desde allí acudió a Madrid donde, en 1772 ganó un primer premio de tercera clase (dibujo) en el concurso anual de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde continuaba sus estudios. Las noticias de Agustín Esteve en la Academia madrileña no son muy abundantes aunque todo parece indicar que no sería de los alumnos más destacados puesto que, en 1778, se presentó al primer premio de la primera clase de pintura de esta institución con una pintura representando a Aníbal cruzando los Alpes en el que quedó en último lugar con un sólo voto.

Tras su paso por la Academia de San Fernando, en donde se observa sobre Esteve el magisterio de Mengs, aquél se hizo ayudante de Goya, como se observa en la gran influencia que el pintor aragonés tiene en el arte de Esteve a partir de esta fecha. La actividad al lado de Goya debió ser intensa desde 1780 como tenemos ocasión de comprobar con la muerte de Carlos III cuando el nuevo rey encargará numerosos retratos a Goya para diferentes instituciones, muchos de ellos fueron realizados directamente por Esteve basándose en los originales de Goya.

El trabajo con Goya no impidió a Agustín Esteve el desempeño de otras actividades artísticas. Las buenas relaciones en entabló con los grupos dirigentes de la Corte, fundamentalmente con la casa de Osuna, de la que llegó a ser un retratista oficial, y de Alba le proporcionaban numerosos clientes convirtiéndose así en el principal retratista de la Corte a finales del siglo XVIII. La enumeración de los retratados resultaría fatigosa pero entre ellos encontramos a la flor y nata de la sociedad madrileña: Godoy, los duques de Osuna, la marquesa de San Andrés, el General Ricardos, el cardenal Lorenzana, Campomanes, Ramón de Pignatelli, el marqués de Ariza, etc.

El patrocinio de Goya y la intensa actividad retratista de Esteve tuvo finalmente su recompensa al ser nombrado, el 14 de junio de 1800, como Pintor de Cámara con un sueldo de 6.000 reales anuales, el sueldo más bajo de entre los pintores de cámara. Lo exiguo del sueldo se ha intentado explicar por la posibilidad de que Agustín Esteve fuera soltero pero todo parece indicar que estaría motivado por su escasa antigüedad en el cargo, la gran cantidad de pintores de Cámara que había en ese momento y los elevados sueldos de Maella y Goya.

Con la entrada en Madrid de los franceses y la subida al trono de José I, se planteó a Agustín Esteve la misma disyuntiva que al resto de los pintores de Cámara sobre la fidelidad al nuevo soberano. Esteve, como el resto, se puso a las órdenes del nuevo rey y recibió sus sueldos como tal pintor de Cámara. A pesar de ello al regreso de Fernando VII no tuvo problemas para reincorporarse al servicio de su antiguo señor al no haberse significado al favor del hermano de Napoleón.

Sin embargo, a la altura de 1814, con 61 años, la decrepitud física de Agustín Esteve era evidente. Sus mejores tiempos habían pasado ya. Y más teniendo en cuenta que el exilio de Goya y el ascenso de Vicente López le arrinconarían entre los pintores de Cámara. Aún así, todavía pinta dos retratos ecuestres de Fernando VII y de su hermano el Infante Don Carlos en 1815 y participa en los retratos oficiales de la doble boda entre Fernando VII y Don Carlos con las princesas portuguesas Isabel y María Francisca de Asis de Braganza, respectivamente.

Pero fueron éstos sus últimos coletazos artísticos. A partir de esta fecha Esteve deja de trabajar pidiendo, ya en 1819, su jubilación que fue aceptada por el rey el 13 de enero de 1820. Retirado en Valencia muere poco después entre la indiferencia general.

Espero que os guste la recopilación de este pintor español, y en la medida de lo posible que este trabajo contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


Agustín Esteve en el Museo del Prado
 
Esteve, Agustín (Valencia, 1753-1820). Pintor español. Hijo del pintor de retablos Agustín Esteve Torralba y de María Marqués, desciende de una familia de artistas que se remonta al si­glo XV. Su formación comenzó bajo la dirección de su padre y continuó con su ingreso, en 1768, en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. En 1770 se matriculó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En su formación influyeron fundamentalmente tres artistas: Francisco Bayeu, Mariano Salvador Maella y Anton Raphael Mengs, siendo este último el que causó más impacto en el joven artista. No obstante, en 1775 Esteve conoció al pintor que más le marcó profesionalmente: Francisco de Goya, de quien fue estrecho colaborador. Su estilo en los retratos debe mucho al de Goya, aunque con características personales e individuales que lo hacen fácilmente reconocible. Durante el último cuarto del siglo XVIII, Esteve fue uno de los ­retratistas más buscados por la aristocracia cortesana, únicamente superado en las cotizaciones por Goya, recibiendo encargos de las familias más importantes del momento, destacando su relación con la Casa de Osuna. En esos años comienza su actividad de miniatu­rista, muy valorada por Goya. Coincidiendo con el reinado de Carlos IV, ­Esteve realizó muchas de las copias de los modelos de los retratos reales creados por Goya para distintos encargos públicos, asimismo realizó varios dibujos para ser grabados y llevó a cabo diversos encargos de pintura religiosa. La etapa dorada del pintor culminó con el cambio de siglo al ser nombrado, en junio de 1800, pintor de cámara y académico de mérito de la de Bellas Artes de San Carlos. Sin embargo, debido a la crisis de principios del siglo XIX -Guerra de la Independencia, advenimiento de Fernando VII- y al cambio de gusto del nuevo monarca, el pintor quedó relegado a un segundo plano. Tras sufrir diferentes achaques, en 1819 el rey le concedió la jubilación y se retiró a su ciudad natal hasta su muerte. De los retratos que posee el Museo del Prado, cabe destacar el de la joven de trece años Joaquina de Alcántara Téllez-Girón, hija de los IX duques de Osuna y futura marquesa de Santa Cruz, y el del niño de diez años Mariano San Juan y Pinedo, futuro conde consorte de la Cimera. En ambos el artista consigue reflejar el candor infantil, pero su técnica, aunque muy precisa, no alcanza la brillantez del aragonés, resultando una pincelada más pesada y opaca.

Obras

    - Retrato de la reina María Luisa, con mantilla, óleo sobre lienzo, 208 x 127 cm, 1799 [P728]. Copia de Goya.
    - Escena de una comedia, óleo sobre lienzo, 42 x 56 cm [P2573].
    - Retrato de doña Joaquina Téllez-Girón, hija de los X duques de Osuna, óleo sobre lienzo, 190 x 116 cm, firmado, h. 1798 [P2581].
    - Retrato de don Mariano San Juan y Pinedo, conde consorte de la Cimera, óleo sobre lienzo, 128 x 89 cm, h. 1813 [P2876].
    - Retrato de señora, óleo sobre lienzo, 76 x 58 cm, h. 1815 (en dep. en el Museo de Bellas Artes de Granada como obra de José Gutiérrez de la Vega) [P6535].
    - Retrato de Martín Álvarez de Sotomayor, óleo sobre lienzo, 205 x 146 cm [P7259].
    - La duquesa de Osuna y una joven, como Damas de la Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, acompañadas de una niña, óleo sobre lienzo, 200 x 150 cm, h. 1796-1797 [P8016].


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Retrato de don Mariano San Juan y Pinedo, conde consorte de la Cimera, óleo sobre lienzo, 128 x 89 cm, h. 1813. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.


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Carlos IV, rey de España, c. 1799 - 1800. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.


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Retrato de doña Joaquina Téllez-Girón, hija de los IX duques de Osuna. 1798. Óleo sobre lienzo, 190 x 116 cm. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.

Duques de Osuna en el siglo XVIII, Madrid; descendientes de los duques de Osuna (sras. de Gutiérrez), Madrid; adquirido por el Estado español para el Museo del Prado a Francisca Gutiérrez, Almendralejo (Badajoz), 1934.

La modelo, hija de los IX duques de Osuna, nació en Madrid el 21 de septiembre de 1784. Condesa de Osilo, por cesión de su madre, casó el 21 de diciembre de 1800 con don José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein, X marqués de Santa Cruz desde 1802, mayordomo mayor de Fernando VII y director de la Academia Española y de la de Medicina. La pintó Goya, junto con sus padres y hermanos, en un lienzo célebre del Museo del Prado (P739) y en otro retrato, ya aislado, en 1805, con una lira y recostada en un canapé como musa de la Poesía, perteneciente a la misma institución (P7070). Murió en Madrid el 17 de noviembre de 1851. Esta obra forma parte de un grupo de cuatro que fue encargado a Esteve. Representaban a los hijos de los duques y la presente, en particular, es pareja de otra de similares dimensiones que muestra a su hermana mayor, la marquesa de Camarasa (colección particular), ante una mesa con un juego de tric-trac. Fue una de las damas más sobresalientes de su tiempo y llegó a ser ama, así como camarera, de la reina Isabel II. Al igual que el resto de sus hermanos, recibió una educación esmerada, tanto desde el punto de vista del conocimiento de materias científicas y humanísticas, como de las artes. Había tenido, además, la posibilidad de conocer desde muy niña, en las tertulias de sus padres, a los más notables intelectuales y artistas de los últimos años del siglo XVIII, como Ramón de la Cruz, Tomás de Iriarte, Moratín, Meléndez Valdés, etc.; ella misma mantuvo, después del matrimonio, su propia tertulia, a la que asistieron poetas de la categoría de Manuel José Quintana. La marquesa, según las memorias de Lady Holland, era bellísima con una insinuante y cautivadora sonrisa cuando habla. El aspecto de la dama, aún muy joven -de acuerdo con la firma debía de tener trece años de edad- no permite, todavía debido a sus rasgos de adolescente, apreciar la belleza que poseyó más adelante y que fue comentada positivamente en su época. Aparece apoyando el brazo derecho sobre un globo terráqueo, dispuesto encima de una mesa, lo que puede ser prueba de un interés por la Geografía, disciplina en boga durante la Ilustración. Destaca en el cuadro una bella armonía cromática basada en el empleo de grises azulados en los fondos y en el gran cortinaje que enmarca la escena, sobresaliendo las tonalidades blanquecinas del vestido, junto al destello rojizo de la madera que sustenta la representación de la esfera terrestre. Su atuendo, sencillo pero elegante, se encuentra determinado por el tipo de indumentaria al gusto griego, a la moda en Francia durante el Directorio. Los cabellos aparecen sueltos y tratados sin artificio. Al fondo, una puerta entreabierta puede ser tanto la entrada en la habitación como un símbolo de apertura a la vida, lo que para la muchacha, culta y refinada, significaría de hecho un ingreso en la sociedad aristocrática de su entorno (Texto extractado de Luna, J. J. en: El retrato español en el Prado. Del Greco a Goya, Museo Nacional del Prado, 2006, p. 180).


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Retrato de la reina María Luisa, con mantilla, óleo sobre lienzo, 208 x 127 cm, 1799. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.

Es copia de Agustín Esteve del retrato de Goya conservado en el Palacio Real (Madrid) y pintado en septiembre de 1799. Esta copia de Esteve forma pareja con el Retrato del rey con uniforme de coronel de los Guardias de Corps (P0727), del mismo año. Como el del rey, figuró en el inventario de la colección de Godoy, de enero de 1808, como de mano de Esteve. La reina, por otra parte, en su correspondencia con el Príncipe de la Paz, adelantaba el 15 de octubre del mismo año que: "quiero que tengas una copia echa por Esteve de el de mantilla". Viste efectivamente con traje negro de encaje y mantilla sujeta con un gran lazo de seda rosa. En la mano derecha sostiene un abanico cerrado y está en pie ante un fondo de paisaje, aquí de gran indefinición, aunque el retrato original de Goya fue pintado en el palacio de La Granja, desde donde la reina escribió a Godoy el 24 de septiembre: "Me retrata Goya de mantilla, de cuerpo entero; dicen sale muy bien".    


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Retrato de Martín Álvarez de Sotomayor, óleo sobre lienzo, 205 x 146 cm. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.

Este gran lienzo, que muestra a una figura de cuerpo entero, despliega muchos de los recursos del retrato descriptivo del periodo Barroco, aun cuando pertenezca a una etapa declinante del estilo, propia de la última década del siglo XVIII. El personaje aparece con el uniforme de ministro y faja de capitán general, ostentando la gran cruz de la orden de Carlos III, con su banda correspondiente cruzándole el pecho, que presenta los colores en su disposición primitiva -azul en centro y blanco a ambos lados- sobre la que destaca la venera con la cruz de la orden de Santiago. Viste casaca larga, con chaleco y fajín, puños por los que asoman los encajes de la camisa, cuello blanco y corbata también de encaje, calzas, medias y zapatos con hebillas. Lleva espada ceñida y en la mano derecha mantiene un bastón mientras hace el ademán de indicar con la izquierda un cuadro apoyado en el suelo, que describe Gibraltar y la bahía de Algeciras con un campamento militar en primer término. Se toca la cabeza con una corta peluca que se resuelve en lazada por debajo de la nuca. Está emplazado en una habitación que cuenta con un sillón del tipo Carlos IV sobre el que aparece un tricornio emplumado. El fondo lo cierran un amplio cuadro con un paisaje alusivo a la campaña de Navarra -con el monte de San Cristóbal de Pamplona- y un cortinaje que reposa sobre el marco del lienzo aludido. El retratado es el I conde de Colomera (1723-1819), título concedido el 20 de septiembre de 1790, con grandeza de España desde el 20 de marzo de 1797. Fue un distinguido militar que sirvió en el Ejército español durante varios reinados. Una larga inscripción en el área inferior del lienzo informa acerca de su vida y hazañas, atestiguando también la autoría de la obra: Primer Conde de Colomera, con honores y tratamiento de Grande de España para sí y sus herederos y sucesores perpetuamente; Caballero Gran Cruz de la real y distinguida Orden Española de Carlos III; Comendador de La Puebla de Sancho Pérez en la de Santiago, Consejero de Estado, Gentilhombre de Cámara de S.M. y Capitán General de sus reales ejércitos, los que mandó en Jefe en dos ocasiones; la primera, en el bloqueo activo de la plaza de Gibraltar desde el año de 1779 hasta el de 1782; y la segunda, siendo Virrey del Reino de Navarra y presidiendo sus Cortes y Capitán General de las provincias exentas en la campaña de 1794, concluyéndola con la defensa de Pamplona por haber rechazado a los enemigos el día 24 de noviembre del ataque vigoroso que ejecutaron contra los puestos que ocupaban nuestras tropas para cubrir la montaña de San Cristóbal, de la que intentaban apoderarse a fin de dominar aquélla. Lo pintó con mucha propiedad y confianza del original, D. Agustín Esteve en el mes de agosto de 1798. La representación protocolaria del caballero, en actitud entre declamatoria y solemne, posee un grado de rigidez que otorga un marcado hieratismo a la figura, lo que le acerca al concepto del retrato oficial de la época en el que todos los elementos contribuyen a enaltecer al modelo, revelando su posición, a fin de diferenciarlo de otros y marcar con claridad su estatus social. Tal envaramiento no interfiere en la valoración de otras consideraciones positivas concernientes a la composición, el cromatismo, la iluminación y la precisa atención a los muchos pormenores que acreditan a la obra como una creación notable dentro de la producción madura de Esteve. El 8 de diciembre de 2005 se subastó en la empresa Sotheby`s, de Londres (lote núm. 298) un retrato del mismo personaje de medio cuerpo, atribuido a Esteve, con la consideración de ser de iconografía desconocida y procedencia de un coleccionista británico, cuyos abuelos lo adquirieron a comienzos del siglo XX. Esta obra pertenece actualmente a una colección particular española (Texto extractado de Luna, J. J. en: El retrato español en el Prado. Del Greco a Goya, Museo Nacional del Prado, 2006, p. 174).


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La duquesa de Osuna y una joven, como Damas de la Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, acompañadas de una niña, óleo sobre lienzo, 200 x 150 cm, h. 1796-1797. Museo del Prado. Obra de Agustín Esteve y Marqués.

El cuadro es una de las obras maestras de la retratística de grupo, cuyos ejemplos son poco frecuentes en España, aunque están bien representados en el Prado con los excepcionales retratos de La familia de Felipe V, de Van Loo, y de Goya, La familia de Carlos IV, de 1800, y el más singular La familia de los duques de Osuna, de 1787. En este último aparecía la elegante duquesa, también sentada, aunque en compañía de su marido, el IX duque de Osuna, y los cuatro hijos nacidos hasta esa fecha.Este gran retrato, adquirido por el Estado en 2008, apareció hace unos años como obra inédita, hasta entonces desconocida por los especialistas. El lienzo evidencia con claridad el modo de hacer del pintor valenciano, amigo y colaborador de Goya, Agustín Esteve y Marqués. Retratista de prestigio en su tiempo, con un estilo propio muy depurado, de extremada delicadeza en el colorido y la técnica, trabajaba para los duques de Osuna, de quienes se podría definir como su Pintor de Cámara. También retrató a otros miembros de la aristocracia ya desde el decenio de 1780, desarrollando una actividad independiente y brillante en el década de 1790, que iba más allá de sus colaboraciones con Goya, centradas en las series de los retratos reales de 1789 y 1799 y en varias copias más de otros retratos importantes de ese tiempo, como el de La duquesa de Alba de blanco, de 1796, de cuya estética neoclásica purista surge el que ahora nos ocupa y otros varios más en distintas colecciones.La duquesa de Osuna pertenecía a la más alta aristocracia y era por ella misma condesa-duquesa de Benavente, entre otros títulos de importancia, y de Osuna desde 1787, al morir el padre de su marido, don Pedro Téllez-Girón, IX duque de ese título. De educación ilustrada y espíritu vivo, se relacionó con lo más elevado de la cultura española, siendo su tertulia, en el palacio familiar de Madrid o en el palacete de recreo El Capricho, de la Alameda de Osuna, una de las más interesantes de la Corte. Protegió a poetas y dramaturgos, así como a actores y cantantes, y promovió una asociación para el fomento de la ópera. Fundó la Junta de Damas, para la enseñanza de las campesinas, en Benavente, y de la duquesa partió también la iniciativa de integrar a las mujeres notables en la Real Sociedad Matritense de Amigos del País, que recibió el nombre de Sociedad de Damas de Honor y de Mérito. Su labor, sus "servicios, prendas y calidades", le valieron el nombramiento de Dama de de la Orden de la Reina María Luisa ya en 1792, es decir, entre las primeras que recibieron ese honor.Desconocida la procedencia primera del cuadro, que no se ha localizado aún en inventarios contemporáneos, no figura entre las obras de arte de la colección de los Osuna, pero se encontraba ya en fecha reciente en la colección de Bornos.La moda que visten las dos damas, y la niña, sitúan el cuadro en los años centrales del decenio de 1790, siendo la fecha más avanzada hacia 1796-1798, cuando cambió drásticamente influenciada por la francesa del Directorio, en vestidos y peinados. La última hija de la duquesa, Manuela Isidra, más tarde duquesa de Abrantes, nació en 1794, por lo que tal vez podría ser ella la niña, de unos dos o tres años de edad, a la que la duquesa ofrece unas rosas. La joven en pie, a la derecha, también con la banda de la Orden de María Luisa, no parece identificable con ninguna de las otras dos hijas de la duquesa: María Josefa Manuela, la primogénita, y Joaquina, ya que eran aún en ese período jóvenes esbeltas, como revelan sus retratos de 1797, también de Esteve, en el Prado y en colección particular de Sevilla. No se casaron, por otra parte, hasta 1800 y 1802 y no recibieron la Orden de la Reina María Luisa hasta mucho más tarde. La banda de esa Orden que ostenta la dama joven de formas opulentas que acompaña a la duquesa, puede ayudar a su identificación y a explicar que el cuadro no figure en las cuentas, recibos e inventarios de la Casa de Osuna. Entre las damas que recibieron la Orden de la Reina entre 1792 y 1797, sólo una de ellas podría coincidir, por edad, con la joven aquí retratada: doña María Fernanda Fitz-James Stuart y Stolberg-Gedern, nacida en París en 1775, y duquesa de Aliaga por su matrimonio en 1790 con don Pedro de Silva Fernández de Híjar y Palafox, IX duque de Aliaga y más tarde XI duque de Híjar. Tuvieron una sola hija, Francisca Javiera, nacida en 1795, que murió sin descendencia en 1818, que podría ser tal vez la niña aquí retratada si no es la última de las hijas de la de Osuna, Manuela Isidra.La composición es de excepcional interés al valorarse la imagen de la mujer de alta alcurnia del siglo XVIII, como modelo que unía a sus cualidades maternales los intereses sociales y culturales de su posición y su tiempo. Esteve, como en otro de sus retratos femeninos de grupo, el de La condesa de Montijo y sus hijas (colección particular), ha ideado una escena que cumple plenamente con los ideales ilustrados para la mujer. Están dispuestas, además, casi a la manera de una representación clásica de las tres edades de la vida: la duquesa es ya una mujer madura, la otra, una joven en la plenitud de la vida, y la tercera, una niña, que representa el futuro de elegancia distinguida y premios a la virtud que ya han recorrido sus dos compañeras de mayor edad.La entonación general del cuadro es magistral al haber empleado Esteve casi exclusivamente tonos blancos con los numerosos matices cambiantes por el efecto de la luz sobre las gasas transparentes, sobre los que se destacan las bandas rojas, de moda en los años centrales del decenio final del siglo XVIII. La escena, con el elegante mobiliario y la cuna al fondo es de una sencillez y pureza singulares y revela la individualidad de Esteve como retratista, que supo, además, captar acertadamente el parecido y la personalidad de sus modelos (Texto extractado de M. Mena, Museo Nacional del Prado, Memoria de Actividades 2008, págs. 24-27).





Otras obras


 13retrat_de_l_escultor_josep_esteve_i_bonet_agust_esteve_i_marqu_s_museu_de_belles_arts_de_val_ncia

Retrat de l'escultor Josep Esteve i Bonet, Agustí Esteve i Marquès. Oli sobre llenç, 96 x 74,8 cm. Museu de Belles Arts de València. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 12manuel_godoy_com_a_fundador_de_l_institut_pestalozzi_agust_esteve_marqu_s_museu_de_belles_arts_de_val_ncia

Manuel Godoy, fundador del Instituto Pestalozzi, h. 1806. Óleo sobre lienzo, 242.8 x 168.7 cm, Museo de Bellas Artes de Valencia. Obra de Agustín Esteve y Marqués


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Retrato de Manuel de Godoy. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 03retrato_de_la_marquesa_de_san_andr_s

Retrato de la Marquesa de San Andrés. Óle sobre lienzo, 138 x 105 cm. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 7agust_n_esteve_y_marqu_s_goyescas

Goyescas. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 04countess_of_altamira_and_her_son_by_esteve_c_1778

Retrato de la condesa de Altamira y su hijo Vicente Isabel, c. 1778. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 05retrato_de_don_vicente_joaqu_n_osorio_de_moscoso_y_guzm_n_c_1790

Retrato de don Vicente Joaquín Osorio de Moscoso y Guzmán, c. 1790. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 08dom_pedro_i_1800

Emperor Dom Pedro I of Brazil (and King Dom Pedro IV of Portugal), c. 1800. Obra de Agustín Esteve y Marqués


 10esteve_maria_luisa_of_parma_la_habana

Retrato de la reina Maria Luisa. Obra de Agustín Esteve y Marqués.


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Retrato de la reina Maria Luisa. Fundación de Lázaro Galdiano. Obra de Agustín Esteve y Marqués.


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Portrait of a Gentleman. Colección particular. Obra de Agustín Esteve y Marqués


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Niño del cordero, c. 1817. Óleo sobre lienzo, 125,2 x 96,3 cm. Museo Lázaro Galdiano. Obra de Agustín Esteve y Marqués.

En un amplio paisaje, al lado de un gran tronco de árbol, un niño de uns tres años camina hacia la izquierda, con la mano izquierda apoyada sobre un dorderillo, y mostrando en la derecha un ramillete de flores. Viste pantalones blancos rayados y una casaquita roja, como sus zapatos.Se atribuyó alguna vez a Goya, pero ya Camón Aznar lo consideró, con ciertas reservas, de Agustín Esteve, subrayando sus "tintas gayas y su seductor infantilismo". Martín Soria, que acepta la atribución, lo considera obra de hacia 1817, tocado ya de un cierto "prerromanticismo". [...] En el lienzo se advierte con claridad el sentido puramente decorativo del fondo de paisaje tratado en manchas casi planas, y el tratamiento de los niños característico de Esteve: la cara, muy frontal, y los ojos, de un negro intenso, que miran al espectador de modo

 
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La Duquesa de Veragua. Oleo sobre lienzo, 72 x 55,4 cm. Obra de Agustín Esteve y Marqués. Retrato de la Duquesa de Veragua. Medio cuerpo, sentada hacia la izquierda, con mano sobre el brazo del sillón y abanico cerrado en la derecha. Túnica blanco-violáceo y chaquetilla verde con guarnición de piel negra. Museo Fundación Lázaro Galdiano


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Portrait of Vicente Joaquín Osorio y Moscoso (1756-1816). Obra de Agustín Esteve y Marqués


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María Tudor, de Antonio Moro. Autor: Esteve, Agustín (dibujo) y Vázquez, José (grabado) Firma: "Dibujo: Agustín Esteve/ grabador: José Vázquez", anverso, inferior. Cronología: Año 1793



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor valenciano Agustín Esteve. Destacó fundamentalmente por los innumerables retratos que realizó a los nobles de la Corte de Carlos IV y a los altos burócratas cortesanos. Su obra está muy vinculada a Goya. Incluso algunas fuentes le situan como su colaborador, desde 1780 hasta que la Guerra de la Independencia los separó definitivamente.


Fuentes y agradecimientos a: museodelprado.es, es.wikipedia.org, pintura.aut.org, flg.es, flg.es, cult.gva.es, patrimonioartistico.us.es, mystudios.com, setdart.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Esteve Y Marqués, Agustín 
 
El Prado cuelga sus vestidos de muselina

Una exposición muestra los matices del blanco a través de los retratos que Goya y Esteve hicieron a los duques de Osuna



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'Retrato de Manuela Isidra Téllez-Girón, futura duquesa de Abrantes' (1797), de Agustín Esteve. Museo del Prado. / Jaime Villanueva

El retrato de Manolita ha sido hoy, viernes, el blanco de todos los focos en el Museo del Prado. Blanco en dos sentidos: el estético, ya que es el centro de la exposición El desafío del blanco. Goya y Esteve, retratistas de la Casa de Osuna; y como objetivo de la pinacoteca, que quería  comprar esta obra para incluirla en sus fondos. La ha adquirido gracias a la donación de Óscar Alzaga Villaamil, que el 27 de marzo legó al museo seis cuadros y una dotación económica para la adquisición de una séptima. 300.000 euros gracias a los que el Retrato de Manuela Isidra Téllez-Girón, futura duquesa de Abrantes (a la que familiarmente llamaban Manolita), pintado en 1797 por Agustín Esteve, forma parte del patrimonio del Estado y cuelga en las paredes del Prado.

Este retrato, hasta ahora en una colección particular, es considerado como el mejor y más singular de Esteve (Valencia, 1753-1820) y de los retratos infantiles del siglo XVIII. La pequeña, de 32 meses —como indica la inscripción del cuadro—, mira al espectador con unos profundos ojos negros. En una mano lleva una muñeca, con la otra se sujeta el vestido blanco transparente. Estaba de moda la muselina blanca, lo que puso a prueba la manera en que los pintores aplicaban ese color. Esteve, con su sutil pincelada, supo darle todos los matices, como se comprueba en la muestra, cuyo leitmotiv es el blanco, color de los vestidos de las damas de la familia del noveno duque de Osuna, de quien, Esteve, se convirtió, junto con Goya, en una especie de pintor oficial a lo largo de casi cuarenta años.

Así, en dos pequeñas salas, se suceden los retratos que el pintor valenciano realizó de las hermanas mayores de Manolita y de ella adolescente y adulta. También, La marquesa de Santa Cruz y el retrato de toda la familia de los duques, obra de Goya.


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Retratos de Josefa Manuela (izquierda) y de Joaquina Téllez-Girón, en la muestra 'El desafío del blanco. Goya y Esteve retratistas de la casa de Osuna'. Museo del Prado. / Jaime Villanueva

Durante la presentación, se han querido resaltar dos figuras: la del artista y la del donante. El pintor valenciano actualmente no es muy conocido, “sí por los coleccionistas”, indica Virginia Albarrán, comisaria de la muestra, que incide en el interés mostrado por el museo en este pintor, del que se quiere seguir investigando y dándole el puesto que merece en la historia del arte.

Alzaga (Madrid, 1942), catedrático de Derecho Constitucional e histórico político democristiano, ha sido el centro de los agradecimientos de José Pedro Pérez-Llorca, presidente del patronato del Prado. El director, Miguel Falomir, recalcó la importancia de los donantes, gracias a los que se pueden ampliar las colecciones españolas y la necesidad de que cunda el ejemplo. “Todos suspiramos por una ley de Mecenazgo”, respondió a la pregunta de si esta incentivaría el coleccionismo.

Alzaga se quitó importancia justo después de dársela a su esposa, que le acompaña en su labor filantrópica. Se autocalificó como “aficionado a la pintura clásica y coleccionista de segunda división”. “En muchas subastas no he podido comprar porque son otros los que suben más veces y con más capacidad la paleta”, contó. Reflexionó con los asistentes sobre de quién y para quién es una pintura, concluyendo que siempre ha pensado que los cuadros que están en habitaciones privadas tienen vocación de pasar a una sala pública y ser de la comunidad. El Museo le prepara para otoño un homenaje mayor en el que se expondrán las siete obras que ha donado.

elpais.com
 




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