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Juan Sánchez De San Román
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Mensaje Juan Sánchez De San Román 
 
Este pequeño trabajo recopiltorio está dedicado al pintor español Juan Sánchez de San Román. Fue un pintor de estilo renacentista, activo en Sevilla a partir de 1480, fecha en que se tiene constancia de su ingreso en el gremio de pintores de la ciudad, tras aprobar el necesario examen que demostraba su capacidad en este arte.

Juan Sánchez De San Román. Este pintor aparece por primera vez registrado en el gremio de pintores de Sevilla en el año 1480. Trabajó, por lo tanto, desde finales del siglo XV hasta el siglo XVI. Su estilo demuestra que conoció las novedades del Quattrocento italiano.

A veces se ha llamado a este pintor Juan Sánchez II, puesto que coincidió en tiempo y ciudad con otro artista llamado Juan Sánchez de Castro. El estilo de Sánchez De San Román es vigoroso sobre un correcto dibujo, que combina con una gran expresividad en las figuras, herencia sevillana de la pintura hispanoflamenca.

Entre el escaso número de obras conocidas de este autor, podemos reseñar un Cristo Varón de Dolores de magnifica ejecución por su elegancia que se encuentra expuesto en el Museo del Prado y las dos tablas que representan El Calvario que se puede contemplar en la Sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla.

En el Museo del Prado figura como obra suya un de exquisita ejecución por su elegancia.

Espero que os guste la pequeña recopilación de este pintor español, y en la medida de lo posible que este trabajo contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


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El Calvario o la Crucifixión. Obra de Juan Sánchez de San Román. Siglo XV. Pintura sobre tablaSacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla. La composición, de bellísimo dibujo y colorido, presenta a Cristo muerto en la cruz justamente en el centro de la obra, dividiendo de forma simétrica la tabla. El cuerpo se presenta demacrado, con un paño de pureza casi trasparente y con unos volúmenes anatómicos deformados por el padecimiento de las torturas aunque no se observen heridas o regueros de sangre que nos evoquen los crueles castigos. Cae su cabeza hacia el lado izquierdo de la obra donde se encuentran el grupo que acompaña a la Virgen, que cae desmayada de modo ostensible, siendo ayudada por la Magdalena, cuyo semblante denota una expresión ausente. Esto no ocurre con San Juan, que mira emocionado el cuerpo exánime de Jesús, en un segundo plano tras la Virgen y la Magdalena. En el lado derecho de la cruz se sitúa el donante de la obra, representado en una evidente escala menor, al que acoge la extraordinaria figura de Santiago, vestido con sus atributos de peregrino aunque la roja túnica presenta un bellísimo adorno a base de dorados que la acercan más a un rico brocado. Su expresión es grave y solemne, de gran prestancia y equilibrio psicológico, con una llamativa luenga barba castaña. Todas los personajes a excepción del donante presentan grandes nimbos dorados en relieve. En el fondo se abre un excepcional y magistral paisaje, minuciosamente pintado, quedando a la izquierda de la obra unas grandes construcciones palaciegas en cuyas puertas surgen un tropel de soldados que parecen querer atacar a dos viandantes que se acercan a las mismas por un puente. El resto de la naturaleza se interpreta de forma riquísima, con gran sutileza en las pinceladas y arboledas de curiosa fisionomía.


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En la Crucifixión de Juan Sánchez de San Román de la Catedral de Sevilla podemos apreciar la influencia de la pintura flamenca, especialmente en la expresividad de los personajes y el amplio paisaje que contemplamos al fondo, dos muestras de la calidad de este artista. La composición está presidida por el Crucificado; a la izquierda se encuentran san Juan, la Magdalena, y la Virgen, figura que posiblemente fuera repintada en el siglo XVI intentando evitar que con su desmayo se desobedecieran las órdenes dictadas por el Concilio de Trento relativas a la iconografía del Calvario. La figura desmayada fue recuperada gracias a una restauración realizada en 1909.


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Cristo Varón de Dolores. Tabla, 40,3 cm x 30,3 cm. Museo del Prado. Madrid. Obra de Juan Sánchez de San Román.

Entre los cuadros y sus marcos se establecen relaciones muy estrechas como sucede en este caso, donde le marco es el primitivo y como tal forma un todo con el cuadro, evidenciándolo así el que en él aparezca la firma del pintor. Teniendo en cuenta su temática y formato, esta tabla debe encuadrarse entre las obras ejecutadas para dar solución a las demandas de una Piedad de tipo doméstico. En cuanto a iconología, estilo y forma se relaciona con las orlas en miniaturas góticas que se ejecutan en la Sevilla de finales del siglo XV.  Sánchez Román rompe la tradicional frontalidad de este tipo de figuras. Lo hace volverse hacia la izquierda, para de esta forma conseguir una cierta profundidad espacial y, sobre todo, para resaltar la visión de la llaga del costado, elemento iconográfico en torno al cual gira este tipo de imágenes. No obstante, la disposición que adoptan las manos consigue desplazar la atención hacia el rostro de Cristo, que de esa manera se convierte en el centro de atención temático y lumínico. A esto último contribuye el desplazamiento hacia la derecha de la cabeza, recurso a través del cual el pintor acentúa la tristeza del rostro de Cristo. De hecho lo que el pintor pretendió fue acercarlo al lado humano de Cristo, ajeno ya al mundo de los iconos. Al igual que sucede con las restantes pinturas que por entonces se ejecutan en Sevilla, los rasgos que la definen siguen siendo góticos. Dado el cosmopolitismo de la ciudad, no es de extrañar que en esta tabla afloren también modos y formas flamencas e italianas. A estos influjos se debe el que este Cristo no presente el intenso y crispado dramatismo que caracteriza a los flamencos y aún a los castellanos, ofreciendo, por el contrario, un realismo ilusorio similar al que, partiendo de unos presupuestos no muy diferentes, hizo suyos Antonello da Messina (Texto extractado de Serra, J. M. en: Museo del Prado últimas adquisiciones: 1982-1995, Museo del Prado, 1995, pp. 28-29).


  
Pues esto es todo amigos, espero que os haya interesado el pequeño trabajo recopilatorio dedicado al pintor español Juan Sánchez de San Román. Pintor de estilo renacentista, activo en Sevilla a partir de 1480, fecha en que se tiene constancia de su ingreso en el gremio de pintores de la ciudad.



Fuentes y Agradecimientos a: es.wikipedia.org, museodelprado.es, iaph.es, artehistoria.jcyl.es, pintura.aut.org y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Domingo, 14 Diciembre 2014, 12:05; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Juan Sánchez De San Román 
 
El Prado, en la distancia corta


El museo libera la belleza encerrada en 280 obras de su colección, todas de pequeño formato, en su nueva exposición


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Dos personas, ante la serie de los sentidos, pintada al alimón por Rubens y Jan Brueghel el Viejo

El tamaño no importa. Tampoco en el arte. Cuelgan en el Museo del Prado grandes obras, en todos los sentidos. Grandes en calidad y también en tamaño: «Las Meninas», «Los fusilamientos del 3 de mayo», «Las Lanzas»... Son sus huéspedes más célebres y populares. Pero hay otro Prado menos famoso, más secreto, íntimo y oculto, inédito para varias generaciones. Un Prado «de bolsillo» en el que habitan obras de pequeño formato: cuadros de gabinete, pinturas de devoción que formaban parte de oratorios portátiles, bocetos preparatorios...

Tienen difícil competir con las prima donnas del museo, muchas veces porque ni siquiera se hallan en él (son depósitos) o sencillamente están en los almacenes. Son obras sacadas de los arrabales de las colecciones del museo: el Prado disperso y el Prado oculto. La nueva exposición del museo reivindica y homenajea a este otro Prado con 280 obras (unas 90 no cuelgan habitualmente en sus paredes), que recorren del siglo XIV, cuando surgen estas obras de pequeño formato, al XIX.


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Obras de Metsu, Steenwijck, Koninck, Linard y el célebre «Agnus Dei», de Zurbarán

La muestra, en 17 gabinetes

Durante seis meses, dos de las salas de exposiciones temporales del Prado acogen «La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny». Los espacios diseñados por Rafael Moneo han cambiado por completo de fisonomía. Se han tornado en 17 pequeños gabinetes. Se invita al visitante a ver las obras sin prisa, con detenimiento, muy de cerca, en la distancia corta, como requieren estos tesoros para descubrir toda su belleza encerrada, que es mucha, y, si es posible, llevarnos un trozo de ella al concluir la visita. Ese es el deseo de Manuela Mena, comisaria de esta pequeña gran exposición, patrocinada por la Fundación BBVA.

El montaje está plagado de guiños y juegos. Pequeños ventanales en las paredes invitan a que nos asomemos y miremos, cual voyeurs, lo que hay al otro lado. Nos sentimos como esa Alicia agigantada, pasando a través del espejo y explorando este diminuto país de las maravillas; como Gulliver paseando por este liliputiense y exquisito jardín de las delicias... En él nos tropezamos con un pozo. Nos asomamos y contemplamos «La mesa de los pecados capitales», de El Bosco.


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«La Anunciación» de Fra Angelico, con su espléndida predela a la altura de los ojos de los visitantes

Sin interferencias

No hay cordones de seguridad lejos de las obras; tampoco cartelas junto a los cuadros. La comisaria quiere que no haya interferencias, que nada distraiga la relación entre el espectador y la obra de arte. Sí dispondrán los visitantes de un programa de mano con información de todas las obras: retratos, bodegones, paisajes, pinturas mitológicas y religiosas... Las hay en madera, lienzo, cobre, pizarra, hojalata, mármol, alabastro, arcilla, bronce, cristal... La lista de grandes maestros presentes es interminable: Rafael, Andrea del Sarto, Fra Angelico, Sebastiano del Piombo, Tiziano, Tintoretto, Veronés, Bassano, Van der Weyden, El Bosco, Carracci, Luca Giordano, Durero, El Greco, Rubens, Brueghel, Velázquez, Goya, Mengs, Fortuny...

Mies van der Rohe promulgaba su célebre «menos es más». Ya se sabe: lo breve, si bueno... Bellísimos haikus, hermosos microrrelatos, breves composiciones musicales... La cultura no se mide por el tamaño. Goya es capaz de pintar con la misma maestría su gigantesca «Familia de Carlos IV» y los retratos en miniatura de su familia política: dos diminutos cobres (81 milímetros de diámetro) de la madre y la hija mayor de los Goicoechea. Advierte Manuela Mena que esta exposición «no es un paseo esteticista sobre la belleza en el arte, ni siquiera un compendio de obras maestras del museo en pequeño formato, sino un paseo por el tiempo en el que nada ha cambiado y todo ha cambiado; un reactor nuclear que nos permite entrar en las emociones del arte».


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Obras de Robert Campin, Petrus Christus y Andrea Mantegna

La sabiduría y belleza del Prado

La comisaria nos invita a descubrir los hermosos y diminutos unicornios blancos que Patinir pintó en «El paso de la laguna Estigia»; el caracol que sube por una hoja en «El paraíso terrenal» de Jan Brueghel el Joven; las miradas de los novios en las «Capitulaciones de boda», de Watteau... El director del Prado, Miguel Zugaza, nos propone el disfrute del pormenor admirando, por ejemplo, la sucesión de celdillas, engarzadas en oro labrado, que forman la maravillosa predela de «La Anunciación» de Fra Angelico, obra maestra que cuelga a la altura de los ojos del espectador para admirarla en toda su belleza. Advierte Zugaza que «en estos tiempos de austeridad e incertidumbre que corren, cuanto más débiles nos sentimos más ahondamos en la sabiduría y belleza del museo. Este pequeño museo dentro del museo es un acto de generosidad del Prado consigo mismo y con el público».

Se han limpiado y, en muchos casos, restaurado las obras expuestas. porque, como apunta Manuela Mena, «la belleza también está encerrada bajo los barnices». Gracias a dichas restauraciones hay hallazgos y nuevas atribuciones. Es el caso de un «Cristo atado a la columna». Ha aparecido su firma: ahora sabemos que es de Cornelio Schut. Antes de su inauguración el lunes, el público podrá visitar hoy la exposición, en primicia y de forma gratuita, de 20.30 a 1.00 horas con motivo de La Noche de los Museos.

El recorrido de la muestra arranca con la diosa de la sabiduría: una copia reducida del siglo II d.C. de la «Palas Atenea» de Fidias, de 12 metros, que lucía en el Partenón. Concluye con una vieja postal de la «Gioconda», uno de los ídolos paganos de nuestro tiempo, en la versión de la copia del Prado (mucho antes de que salieran a la luz todos sus secretos). La adquirió en el museo en 1911 un niño de 14 años, Casimiro García Morana. Su nieto, Juan Alberto García de Cubas (responsable del diseño del montaje de la muestra) donó esa y otras postales al Prado. Aquel niño, que la adquirió al día siguiente de que el original fuera robado en el Louvre, se llevó a casa, encerrada en esa postal color sepia, un trozo de labelleza inmortal que encierra la Mona Lisa.


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Obras de G. Agostino da Lodi, Juan de Flandes y Juan Sánchez de San Román


Un museo talla XS plagado de secretos

N. P. MADRID
Decía Goethe: «Sucédeme en el arte como en la vida, que se ensancha más cuanto uno más en ella se interna». Este Prado talla XS está plagado de mensajes, de detalles por descubrir. Y es que la pintura de pequeño formato, advierte la comisaria, «transmite secretos que hay que desvelar». Así, un precioso óleo sobre lámina de cobre de Luis Paret, adquirido recientemente por el museo, «Muchacha durmiendo», solo se puede ver si miramos a través de un pequeño agujero en la pared de una de las salas. En otra contigua, rodeada de obras de Goya, la majestuosa maqueta que Juan de Villanueva presentó al Rey en 1787 para acoger un Gabinete de Ciencias Naturales, que pasaría a ser el futuro Museo del Prado. De nuevo el museo dentro del museo. Hallamos en él a Rubens y Jan Brueghel el Viejo trabajando al alimón en una serie sobre los sentidos, a Velázquez pintando dos vistas del jardín de la Villa Medici en Roma donde estuvo alojado, nos topamos con un curioso maniquí articulado atribuido a Durero...


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Tres obras maestras juntas de Patinir, El Bosco y Durero (Autorretrato)


Fuente: abc.es



 

Una muestra sorprendente y excepcional.
 




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