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SERT (Josep María Sert I Badía)
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor catalán Josep María Sert i Badía. Especializado en la pintura mural, fue un artista de gran imaginación mezcla, al estilo de Rubens, la Biblia y la zoología fantástica, el majismo goyesco y los títeres.

Su obra bebe de las fuentes del barroco. En Venecia había admirado a Tintoretto y en Bélgica a Rubens, que fueron sus modelos. También su estilo revela la influencia de Tiépolo y Goya.


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Josep Maria Sert, ca. 1920.

Josep Maria Sert i Badia (Barcelona, 21 de diciembre de 1874 – ídem, 27 de noviembre de 1945) fue un pintor español. Destacó principalmente como muralista, recibiendo numerosos encargos de decoración tanto de edificios públicos como privados, con un notable éxito internacional.

Josep María Sert nació en Barcelona en 1874, en el seno de una familia de ricos industriales textiles. Estudió en un colegio de jesuitas, pasando a la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona (Llotja) y a diversas academias particulares de pintura: la de Pere Borrell, ebanista de profesión y que le introdujo en el trabajo artesanal, y la de Alexandre de Riquer, pintor cercano a los movimientos prerrafaelita y simbolista. Riquer fue uno de los fundadores del Cercle Artístic de Sant Lluc, donde ingresará Sert; aquí contactará con el círculo eclesiástico de aquel gremio de artistas católicos: Josep Torras i Bages, que será obispo de Vic, le encargará una de sus principales obras.

En 1899 se traslada a París, donde entra en contacto con el grupo nabí, especialmente con Maurice Denis; aquí consigue un primer éxito con el encargo del decorador Siegfried Bing de unos plafones decorativos para el pabellón que su establecimiento L’Art Nouveau ha montado en la Exposición Universal de París de 1900. Ese mismo año recibe el encargo para decorar la catedral de Vic, y Sert hace un viaje por Italia ese verano para conocer las grandes obras de la decoración mural. Desde entonces, Sert estará a caballo entre Barcelona y París, así como numerosos lugares de todo el mundo en que serán requeridos sus servicios.

Durante la Primera Guerra Mundial hizo de enlace entre el estado francés y los fabricantes catalanes que suministraban equipamientos a los ejércitos aliados, por lo que se le concedió la Legión de Honor. Durante la Segunda República, Sert fue agregado cultural para las artes en la embajada española en París. Sin embargo, la destrucción de su obra de la catedral de Vic en 1936, así como el asesinato de su amigo Jaume Serra, canónigo de Vic, hizo que se acercase al régimen franquista; pese a ello, no fue un artista favorecido por el nuevo régimen. Sert fue uno de los encargados de salvaguardar las obras del Prado durante la Guerra Civil, que fueron puestas bajo la protección de la Sociedad de Naciones en Ginebra. Recibió numerosos honores y reconocimientos, siendo Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1929). Se casó dos veces, con Misia Godebska, la musa de los simbolistas, y con Roussadana Mdivani. Fue tío del arquitecto Josep Lluís Sert. Murió en Barcelona en 1945.

Sert elaboró un estilo propio, alejado de las vanguardias del momento, por lo que no ejerció una especial influencia en el arte del momento. Se inspira en la pintura manierista y barroca, especialmente Tintoretto, Veronese, Rubens, Piranesi, Solimena y Tiepolo, recibiendo asimismo una gran influencia de Goya, del que cogerá el gusto por la temática popular y costumbrista, con una cierta idealización del folklore español. También tendrá predilección por motivos orientalistas y primitivistas. Sert desarrolla una iconografía pintoresca, de tipos populares, con figuras gigantescas, titánicas, musculosas, en un tono sublime, monumental, grandilocuente. En los años 20, por su contacto con los Ballets Rusos, se vincula con el art déco, corriente de moda en aquel momento, destacando por su exotismo y su representación de motivos primitivos; Sert introdujo en ese estilo internacional el gusto por las representaciones regionalistas españolas. En los años 30 destaca en su obra la temática mediterránea, realizada dentro de un estilo neobarroco. Hacia el final de su obra se centra principalmente en la representación de la figura humana, sin apenas fondos decorativos.

El estilo monumental de Sert se enfatiza aún más por su evolución cromática, que termina apoyándose en un predominio de la monocromía dorada. Empleaba una gama cromática limitada: oros, ocres, tierras tostadas, con toques de carmín, utilizando como fondo una rica preparación en metal, plata, panes de oro, etc. Su pintura está próxima a la grisalla, técnica que emplea todos los tonos del gris para obtener efectos próximos al relieve escultórico del mármol. A Sert le gustaban los colores de brillo metálico, como los de la fotografía de daguerrotipo. Disponía en la composición elementos arquitectónicos colocados en diagonal, que contribuían a dar sensación de profundidad y amplitud. Pintaba sobre lienzos que fijaba en los muros; solía realizar bocetos y maquetas de sus decoraciones, contando con la colaboración de varios ayudantes, especialmente Miquel Massot. Su proceso de elaboración comenzaba por estudios fotográficos, a veces con grandes masas de figurantes.

Su obra. En el año 1900 Sert recibe el encargo para decorar la catedral neoclásica de Sant Pere de Vic, que será su gran obra y cuya realización le llevará la mayor parte de su vida. Para dicho proyecto Sert concibió una decoración que, saliendo de detrás del altar mayor, se desarrollaría por toda la catedral, con una temática que podría definirse como de exaltación triunfal de la Iglesia. En 1904 exhibe en su estudio parisino unos esbozos de la decoración a un grupo de amigos, y en 1905 los lleva al taller barcelonés de Ramon Casas para que sus compañeros del Cercle Artístic de Sant Lluc (Joan y Josep Llimona, Dionís Baixeras y Antoni Gaudí), así como el obispo Torras i Bages, emitan su dictamen. Al ser favorable, Sert firma con el capítulo de Vic, en 1907, el contrato de la obra por un valor de 150.000 pesetas. Los proyectos habían sido mostrados en la catedral ausetana en 1905, en la Sala Parés de Barcelona en 1906, y en el Salon d’Autumne de 1907. Sin embargo, la ejecución de la obra se retrasa, y en 1912 expira el tiempo previsto en el contrato, aunque es prorrogado en 1915 para cinco años más. El estallido de la Primera Guerra Mundial, causa alegada por el pintor para justificar su incumplimiento, pero sobre todo la atención a compromisos más acaparadores, serán las causas del retraso.

Gracias a la intervención de Francesc Cambó el término es prolongado hasta 1926, aunque unas cuantas pinturas pueden ser ya exhibidas aquel año en el Jeu de Paume de París. En abril de 1927 se inicia la instalación de las obras en los muros de la catedral, excepto el sector de la cúpula; el conjunto seguía el modelo del primer diseño, con temática relativa a la Apoteosis de la Iglesia, y refleja su etapa mediterranista de esos años. Sert sitúa en el centro del ábside a San Pedro y San Pablo, como fundadores de la Iglesia, con los evangelistas al lado; a cada lado de la nave central sitúa el Antiguo y el Nuevo Testamento, y en la contrafachada el Calvario, con el juicio, la crucifixión y el entierro de Jesús. Desgraciadamente, el incendio de julio de 1936 hace desaparecer la decoración de Sert.

Acabada la Guerra Civil, el pintor emprende de nuevo la ornamentación mural de la seo: en esta tercera decoración, Sert varía la temática anterior, abandonando la idea de una Iglesia triunfal por un concepto del cristianismo en que la Pasión de Cristo representa la pasión de la humanidad entera; ahora será el Calvario el que ocupará el puesto central del ábside, mientras que los santos y evangelistas se convertirán en testimonios de la fe cristiana. Sert representa un ciclo alegórico de la redención del hombre, desarrollado en cuatro grupos: la condena del género humano a causa del Pecado Original, la vida y condena de Jesús, los apóstoles y evangelistas como testimonios de fe y la muerte y resurrección de Cristo. En la nueva decoración, Sert pretende fundir la arquitectura del edificio con las pinturas de tal manera que parezcan bajorrelieves, creados en el momento de hacer la catedral. Quedó solemnemente inaugurada el 15 de octubre de 1945, poco antes de su muerte.


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Murales en el Salón de las Crónicas de la Casa de la Ciudad de Barcelona.

Obras en España. Sert trabajó principalmente en el entorno de Barcelona, dejando diversas obras: la decoración del Salón de Pasos Perdidos del Palacio de Justicia de Barcelona (1908); la sala de baile de la residencia del marqués de Alella en la Rambla (1910); las alegorías de la Primera Guerra Mundial que realizó en 1917 para el millonario americano Charles Deering en su palacio Maricel de Sitges, de inspiración wagneriana; las pinturas de temática catalana que ejecutó en 1927 para el domicilio barcelonés de Francesc Cambó; los dos plafones sobre temas hispano-moriscos que le encargó Raül Roviralta para su finca de Santa Clotilde de Lloret de Mar (1933), etc. Destaca sobre todo el Salón de las Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona (1929), llamado así porque el artista se inspiró en las gestas de los catalanes en Oriente descritas en las crónicas de Ramón Muntaner y Bernat Desclot; está formado por doce escenas sobre la historia de los almogávares, de carácter monumental, con un marcado estilo mediterranista.

Fuera de Cataluña, Sert pintó el comedor de los marqueses de Salamanca en Madrid (1920), el tocador de la reina Victoria Eugenia en el Palacio de la Magdalena en Santander, el oratorio del Palacio de Liria de los duques de Alba en Madrid (1932) y los muros del antiguo convento de San Telmo en San Sebastián (1934), destinado a museo y que el artista decoró con temas alusivos a la historia de esa región. Asimismo, el financiero March encargó a Sert la ornamentación de su residencia madrileña (1942) y de su palacio de Palma de Mallorca (1944).

Obras en el extranjero. Sert recibió numerosos encargos en su segunda ciudad de residencia, París: uno de sus primeros trabajos decorativos fue el salón de música del domicilio parisino de los príncipes de Polignac (1910), al que siguieron el comedor del palacete de la condesa de Bearn (1911), la residencia de Luis de Errazu (1912), el pabellón de caza del barón Rothschild en Chantilly (1920), la escalera de honor del palacete de la duquesa de Elchingen (1922), el salón de Maurice Wendel (1924) y el de la rica residencia de la viuda del diplomático Philippe Berthelot (1938).

Sert también destacó como decorador teatral para la compañía de Diaghilev en ballets como La leyenda de José (1914), Los jardines de Aranjuez (1918) y L’astuzie femminili (1920), e hizo los decorados para la ópera de Granados Goyescas representada en la Scala de Milán. Sus escenografías para los Ballets Rusos están vinculadas al art déco, corriente de moda en aquel momento, que Sert adoptará durante una década, aproximadamente.

Fuera de Francia, pintó el domicilio del barón Becker en Bruselas (1930), el palacio del príncipe Mdivani en la antigua abadía de San Gregorio de Venecia (1935), la Kent House, residencia londinense de sir Saxton Noble (1913), la Coombe Court, propiedad de lady Ripon (1915), el castillo de Lympne, de sir Philip Sassoon, en Folkstone (1915), el comedor del castillo de Wretham Hall (1919), también perteneciente a sir Saxton Noble, y el salón de baile de la casa señorial en Londres de otro antiguo cliente, sir Philip Sassoon (1924). También recibió encargos del otro lado del Atlántico: en Buenos Aires decora el palacete Errázuriz (1922), la residencia Pereda (1932) y el domicilio de los señores Kavanagh (1938).


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Josep María Sert - Mural del techo del Rockfeller Center. Nueva York.

En Estados Unidos recibió importantes tareas de decoración: el salón de música de la casa Cosden en Palm Beach, Florida (1924); nueve plafones para Harry Phips en Pittsburgh (1924); la decoración del rascacielos Rockefeller Center (1931-1941), con una temática exaltadora del progreso y la sociedad norteamericana; y especialmente quince plafones con temas españoles para un lujoso comedor del Hotel Waldorf Astoria de Manhattan (1929-1931), que a partir de entonces se llamó Sala Sert; muestra diversas escenas basadas en el folklore español: El forzudo, Bailarines, Caballerías, Trapecios, Guitarras y bandurrias, Funámbulos, Castellers, La siesta, Las bodas de Camacho, Los borrachos, La charanga, La buenaventura, Saltacarnero, Los toros y El astrólogo; estas pinturas fueron retiradas por una remodelación del hotel en 1972, y actualmente se encuentran en el Sucre de Vic.

Por mediación de Salvador de Madariaga, Sert se encargó de la ornamentación de la gran Sala del Consejo del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra (1935-1936), desarrollando una serie de alegorías de la Guerra y la Paz, del Progreso de la Humanidad, de la Justicia y del Derecho internacional. El plafón central es una alegoría de los continentes, representados por cinco figuras gigantescas que destruyen un arco, símbolo de la guerra; a los lados se muestran las consecuencias de la guerra, con la doble versión de vencedores y vencidos, y en los extremos las alegorías de la paz muerta y la paz resucitada; en los laterales se representan los éxitos de la humanidad y las virtudes que los guían; en el techo, el derecho internacional representado por la lección impartida por Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca y que ha de conseguir la unión de los cinco continentes, cinco gigantes que unen sus manos formando una corona de brazos justo en medio de la sala. Irónicamente, la inauguración tuvo lugar en octubre de 1936, en plena Guerra Civil. Sert exhibió en el pabellón del Vaticano de la Exposición Internacional de París de 1937 una obra alusiva a la tragedia española, La intercesión de Santa Teresa en la Guerra Civil española.

Espero que la información que he recopilado de este pintor catalán, os resulte interesante y contribuya en la divulgación de su obra.





Algunas obras


Pinturas murales de Josep María Sert en la catedral de Vic (Barcelona)


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La Catedral de San Pedro (en catalán Sant Pere) de Vic, atraviesa en sus estilos gran parte de la historia arquitectónica europea, desde el románico, hasta el neoclásico, pasando por el gótico pleno, el tardío y el barroco. El edificio es actualmente sede de la diócesis de Vic.

Vic es un municipio español, capital de la comarca de Osona, situado en la provincia de Barcelona. La población de Sentforas o La Guixa forma también parte del municipio desde los años 1940.


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Lo primero que destaca del interior del templo son las extensas pinturas murales de Josep Maria Sert, que representan escenas evangélicas como la Redención, y que datan de 1930.

La catedral inicial fue construida durante el episcopado del obispo Oliba de Vic (1018 y 1046) en estilo románico, siendo consagrada en 1038 por el arzobispo Wifredo de Narbona. De esta etapa se conservan la torre del campanario y la cripta, cuyos capiteles pertenecen a un templo anterior.

El claustro data del siglo XIV, destacando de él la columnación y los capiteles, en un marcado estilo gótico. A este estilo pertenece también el retablo mayor, aunque de un gótico más tardío, ya que data del siglo XV. Ya en el barroco se incluye la capilla de San Bernardo.

Sin embargo, la mayor ampliación se produce entre 1781 y 1803, período en el que se realiza la remodelación del templo a manos de José María Sert quien le dio su actual carácter neoclásico. De esta etapa data la actual portada de la catedral. En 1891 abre sus puertas el Museo Episcopal de Vic, justo en frente de la catedral y sobre su anterior claustro, que recoge algunas obras inicialmente situadas en la catedral.


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Ya en el siglo XX, destacan las pinturas murales del interior de Josep Maria Sert. En 1931 la catedral es declarada Monumento Histórico Artístico, pero poco después, en los primeros años de la Guerra civil española, la catedral sufre un incendio, que provoca el derrumbe de parte del edificio, siendo poco después restaurado.


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Altar de la catedral de Vic (Barcelona). Al fondo las pinturas murales de Josep Maria Sert.


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En el año 1900 Sert recibe el encargo para decorar la catedral neoclásica de Sant Pere de Vic, que será su gran obra y cuya realización le llevará la mayor parte de su vida. Para dicho proyecto Sert concibió una decoración que, saliendo de detrás del altar mayor, se desarrollaría por toda la catedral, con una temática que podría definirse como de exaltación triunfal de la Iglesia.


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En 1904 exhibe en su estudio parisino unos esbozos de la decoración a un grupo de amigos, y en 1905 los lleva al taller barcelonés de Ramon Casas para que sus compañeros del Cercle Artístic de Sant Lluc (Joan y Josep Llimona, Dionís Baixeras y Antoni Gaudí), así como el obispo Torras i Bages, emitan su dictamen. Al ser favorable, Sert firma con el capítulo de Vic, en 1907, el contrato de la obra por un valor de 150.000 pesetas.


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Los proyectos habían sido mostrados en la catedral ausetana en 1905, en la Sala Parés de Barcelona en 1906, y en el Salon d’Autumne de 1907. Sin embargo, la ejecución de la obra se retrasa, y en 1912 expira el tiempo previsto en el contrato, aunque es prorrogado en 1915 para cinco años más. El estallido de la Primera Guerra Mundial, causa alegada por el pintor para justificar su incumplimiento, pero sobre todo la atención a compromisos más acaparadores, serán las causas del retraso.


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Vista de la decoración mural de la catedral de Vic. Autor: Josep Maria Sert

Gracias a la intervención de Francesc Cambó el término es prolongado hasta 1926, aunque unas cuantas pinturas pueden ser ya exhibidas aquel año en el Jeu de Paume de París. En abril de 1927 se inicia la instalación de las obras en los muros de la catedral, excepto el sector de la cúpula; el conjunto seguía el modelo del primer diseño, con temática relativa a la Apoteosis de la Iglesia, y refleja su etapa mediterranista de esos años. Sert sitúa en el centro del ábside a San Pedro y San Pablo, como fundadores de la Iglesia, con los evangelistas al lado; a cada lado de la nave central sitúa el Antiguo y el Nuevo Testamento, y en la contrafachada el Calvario, con el juicio, la crucifixión y el entierro de Jesús. Desgraciadamente, el incendio de julio de 1936 hace desaparecer la decoración de Sert.


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Vista de la decoración mural de la catedral de Vic. Autor: Josep Maria Sert

Acabada la Guerra Civil, Josep Maria Sert emprende de nuevo la ornamentación mural de la seo: en esta tercera decoración, Sert varía la temática anterior, abandonando la idea de una Iglesia triunfal por un concepto del cristianismo en que la Pasión de Cristo representa la pasión de la humanidad entera; ahora será el Calvario el que ocupará el puesto central del ábside, mientras que los santos y evangelistas se convertirán en testimonios de la fe cristiana. Sert representa un ciclo alegórico de la redención del hombre, desarrollado en cuatro grupos: la condena del género humano a causa del Pecado Original, la vida y condena de Jesús, los apóstoles y evangelistas como testimonios de fe y la muerte y resurrección de Cristo. En la nueva decoración, Sert pretende fundir la arquitectura del edificio con las pinturas de tal manera que parezcan bajorrelieves, creados en el momento de hacer la catedral. Quedó solemnemente inaugurada el 15 de octubre de 1945, poco antes de su muerte.


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Nave central de la catedral de Vic (Barcelona). Al fondo las pinturas murales de Josep Maria Sert.



Pinturas de Saló de Cròniques


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Venjança Catalana. 1929. Salón de las Crónicas, Ayuntamiento de Barcelona. Obra de Josep María Sert i Badía


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Pinturas del Salón de las Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona. Obra de Josep María Sert i Badía



Las Bodas de Camacho


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Las Bodas de Camacho. Obra de Josep María Sert. Grisalla en negro y oro sobre lienzo, 420 x 640 cm. Waldorf Astoria de Nueva York. Josep Maria Sert, crea un conjunto de piezas que forman la decoración del comedor del hotel, con el tema común del episodio del Quijote de Miguel de Cervantes de "Las bodas de Camacho". Su temática literaria pero a la vez popular también recuerda al Goya de los cartones para tapices y al aire popular español, con carácter de fiesta.

Extraordinario conjunto realizado en grisalla en negro y oro entre 1929 y 1930 por Sert para la decoración del comedor del Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, donde estuvieron hasta 1972.

La popularidad que alcanzaron los lienzos entre los huéspedes hizo que finalmente el comedor se nombrase como Salón Sert. El resultado fue un magnífico conjunto de quince murales que consiguieron que Don Quijote y Sancho Panza fueran representados en uno de los edificios más significativos de la época.

Posteriormente las obras fueron adquiridas por Bankunión y se trasladaron a Barcelona. A causa del tamaño de las obras, entre otras razones, las piezas se depositaron en el edificio Sucre de Vic, perteneciente a la Cámara de Comercio de la ciudad, donde han estado hasta su ubicación definitiva en la Ciudad Grupo Santander de Boadilla del Monte.


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Los trapecios  y Los borrachos (1929-1930), Obras de Josep María Sert

Se trata del primer encargo internacional de carácter casi público de Sert, ya que hasta entonces las grandes decoraciones del artista habían sido para residencias particulares o las de carácter público, para su país (Catedral de Vic, Ayuntamiento de Barcelona). El tema elegido fue el episodio de El Quijote de Miguel de Cervantes "Las bodas de Camacho".

Su temática, literaria pero a la vez de carácter popular, es traducida al lienzo por el artista con evidentes resabios goyescos. El aire estilizadamente popular español, con carácter de fiesta y el frecuente recurso al tema del guitarrista, sitúan a este Sert en la estela del gran decorativismo hispanizante del Hermen Anglada-Camarasa del monumental Valencia, de Los enamorados de Jaca o de El tango de la corona.

Se trata de un conjunto de extraordinaria trascendencia, no sólo por la posición de su autor y por la entidad sobresaliente del local para el que fue encargado, sino también porque al coincidir el encargo - que valió 150.000 dólares al pintor - con el gran crack de la economía americana, "se puede interpretar esta obra como el último estertor del capitalismo loco de los años veinte".



Josep María Sert en el Palau March de Palama de Mallorca


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Josep M. Sert (1874-1945) fue uno de los más prestigiosos muralistas del siglo XX y una gran parte de su obra artística fue promovida por la elite financiera de Europa y América. Uno de sus últimos trabajos fue para la casa-palacio de Juan March en Palma.


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En el Palau March de Palama de Mallorca decoró dos escenografías espectaculares: la cúpula de la escalera principal y la sala de música. En la primera realizó un trabajo complejo y académico, encerrando en un espacio arquitectónico lo que es un fresco solemne de alegorías alusivas a las virtudes del promotor. En la sala de música cambió de registro y compuso la que él tituló "El Diván Oriental", una de sus características escenografías: brillante, efectista, elegante y desenfadada.


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Los muralesde de Josep María Sert representan la belleza, fuerza, letras y ciencias en el Palau March.



Otras obras


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Pinturas para el Museo de San Telmo de San Sebastián. 1930-31. Mención aparte merecen las pinturas de Josep Maria Sert, expresamente creadas por el artista para dicho espacio en San Telmo.


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Ver más imágenes de  las pinturas de Josep Maria Sert en el Museo de San Telmo de San Sebastián.


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Pinturas de la Sala del Consejo de la Sociedad de Naciones de Ginebra. Actual Salón de la Conferencia de Desarme, llamada Sala del Consejo. Las paredes de esta sala fueron decoradas por el artista español José María Sert, c. 1935. El tema general de las pinturas es La Solidaridad del Pueblo y en ellas se reflejan las distintas fases de la lucha de la humanidad por conseguir un mundo mejor. La decoración de esta sala fue donada por el Gobierno de España. La sala fue inaugurada en 1936. La pintura que se puede ver al fondo se denomina El progreso social.


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Sala del Consejo de la Sociedad de Naciones de Ginebra. Detalle de las Pinturas de José María Sert


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Virgen del Alcázar de Toledo. Óleo sobre papel de plata. 116 x 90 cm. Colección Gregorio Marañón y Beltrán de Lis. Obra de Josep María Sert


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San Pedro. Óleo sobre tabla. 133 x 74 cm. Museo Goya. Castres. Francia. Obra de Josep María Sert


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Obra de Josep María Sert


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Obra de Josep María Sert


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Obra de Josep María Sert




Pinturas de de Josep María Sert del Congreso de los diputados


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El Ministerio de Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), ha iniciado -en 2011- la intervención sobre las pinturas murales de la antesala y salón de reuniones del Congreso de los Diputados de Madrid, realizadas por el pintor José María Sert (Barcelona, 1874 -1945).

Las pinturas, que representan una España de clara evocación literaria, con temas paisajísticos y escenas taurinas, fueron realizadas para la mansión de los marqueses de Salamanca en Madrid.

La intervención tiene como objetivo lograr la estabilidad estructural del conjunto, facilitando su lectura. Los tratamientos serán reversibles y se usarán materiales estables y productos compatibles con la obra para no alterar sus características físicas o estéticas.

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Se procederá, además, a su limpieza, eliminando algunos repintes y consolidando aquellas zonas que presenten levantamientos de la capa pictórica. Se sellarán las grietas con estuco y se estudiará la conveniencia de añadir una capa final de protección.



El invierno de Josep María Sert


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El invierno o América, 1917-20. Obra de Josep María Sert. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

José María Sert (Barcelona, 1874-1945) fue uno de los pintores más cotizados y controvertidos de su tiempo y uno de los mejores muralistas españoles. Heredero de la Renaixença catalana y de formación modernista, desarrolla un estilo pictórico al margen de las corrientes estilísticas de su época. Sert pone un cierto orientalismo, una clara influencia del barroco y un expresionismo de corte goyesco, al servicio de una potente imaginación para la creación y adaptación de temas basada en una narrativa grandilocuente.

Estas características le constituyen como renovador de la pintura mural y un prolífico artista que llegó a pintar más de siete mil metros cuadrados de catedrales, palacios, grandes salones, residencias privadas y ayuntamientos de diversas ciudades, pero sin duda la obra que más presente estuvo a lo largo de su vida fue la decoración de la Catedral de Vic.

Aunque esta obra fue encargada en 1900, Sert no presentó los primeros bocetos hasta seis años más tarde, ocupado por los numerosos pedidos que recibía de los aristócratas de la época. La Primera Guerra Mundial interrumpió los trabajos y una vez reanudados, Sert sintió que tenía que modificar el planteamiento, suprimiendo el color y, por tanto, repensando las perspectivas para obtener profundidad. Se finalizó en 1929, pero tan solo siete años más tarde fue destruida. Conmocionado, Sert acepta la restauración de la catedral basándola esta vez en un juego de bajorrelieves que no concluirá hasta el año de su muerte.

La agitada vida de Sert ha sido objeto de dos biografías hasta la fecha. En ellas se cuenta cómo su gran carisma y erudición le abrieron las puertas de la alta sociedad parisina, que conoció tras dejar Barcelona con veinticinco años y establecer su taller en París. Casado con la mítica Misia Godebska, modelo de los pintores impresionistas, Sert contaba entre sus amigos íntimos a Guillaume Apollinaire, Marcel Proust, Paul Valéry, Gabrielle Colette y Paul Claudel; así como el obispo de Vic, Torras i Bages. Su trato con diferentes personalidades y miembros de la realeza, como la reina Victoria Eugenia, le reportaron numerosos encargos.

Sert pinta en Francia la residencia del barón de Rothschild, mientras que en Gran Bretaña decora las mansiones de Sir Saxton Noble, Lady Ripon, o el castillo de Philip Sassoon, entre otras. En Palm Beach (Estados Unidos de América) pintó en 1924 el tema referido a las Aventuras de Simbad el marino para decorar la residencia de Mr. Joshue Cosden. En Nueva York logra un gran éxito y consigue dos encargos, uno para el Rockefeller Center y el otro para el Waldorf Astoria para el cual pinta una traducción fantástica del episodio cervantino de las Bodas de Camacho. En 1934 y 1935 Sert realiza una de sus mayores y más importantes obras: la sala que llevará el nombre de Francisco de Vitoria en la Sociedad de las Naciones de Ginebra.

A pesar de que su vida estuvo marcada por la actividad y el éxito, la obra de Sert cayó en el olvido tras su muerte en 1945. Esta exposición retrospectiva recupera el excelente trabajo realizado por el pintor catalán presentando numerosas maquetas, bocetos y estudios fotográficos de sus creaciones que se exponen junto a una cuidadosa selección de obras, como Las Cuatro Estaciones -realizada para el pabellón de caza de los Barones de Rothschild- que ha sido restaurada para la ocasión.

Su modelo y dorador, Leonard Marcini, ha participado en la catalogación de la obra y ha aportado datos sobre el taller de Sert en París que se suman a la exposición junto a obras como Elegías al pueblo vasco (1929-34), para el antiguo convento de San Telmo en San Sebastián; Evocaciones españolas (1942), biombos de la sala de música de Juan March en Madrid; los cinco techos para el Palacio Pereda en Buenos Aires de 1932 o la Expedición de la Reina de Saba (1923-1924) para la Sala de Música del Hotel Wendel en París.



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El vendedor de vino, panel, 270 x 294 cm. Obra de Josep María Sert


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Salón de Pasos Perdidos de Justicia de Barcelona. La primera obra de envergadura de Josep María Sert es la decoración del Salón de Pasos Perdidos de Justicia de Barcelona, en 1903. Realizó esta obra mediante grandes lienzos pintados al óleo y adheridos al muro. En estas pinturas monumentales, Sert aparece fuertemente determinado por influjos italianos, ya que las figuras derivan de Miguel Ángel y el colorido cálido veneciano. Destaca una alegoría de la Justicia, se trata de una figura sedente con túnica. Es una mujer de tez oscura y cabellos negros.



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Josep Maria Sert visto por Ramon Casas (MNAC).

Josep María Sert. Especializado en la pintura mural Sert, realizó numerosas decoraciones en mansiones europeas y norteamericanas: el palacio de los marqueses de Salamanca (Madrid), la residencia de Francisco Cambó (Barcelona), el comedor del hotel Waldorf Astoria (Nueva York), la escalinata de honor y el salón de las Crónicas del ayuntamiento de Barcelona, el salón de sesiones del Consejo de la Sociedad de Naciones en Ginebra, las dependencias del Rockefeller Center (Nueva York) o la mansión de Juan March (Mallorca). Pintor de gran fuerza imaginativa, mezcló en sus composiciones la Biblia y la zoología fantástica, el majismo goyesco y los títeres. Su estilo dramático y efectista, de gran fuerza escenográfica, se basa en el poder de la línea y en el dinamismo de la composición.


Enlace interesante sobre el pintor Josep Maria Sert

Ver más obras en Artnet



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor catalán Josep Maria Sert y Badia. Destacó principalmente como muralista, recibiendo numerosos encargos de decoración tanto de edificios públicos como privados, con un notable éxito internacional.


Fuentes y agradecimientos a: fundacionbmarch.es, pintura.aut.org, es.wikipedia.com, biografiasyvidas.com, sertonosert.blogspot.com, arteespana.com, artcyclopedia.com, artmagick.com, hispanismo.org, santelmomuseoa.com, lecturerinspanish.com, modernismo98y14.com, contenidos.universia.es, hoyesarte.com, museoreinasofia.es y otras de Internet.
 




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Post Re: Sert I Badía, Josep María 
 
París intenta salvar del olvido a Sert


Una muestra recupera los monumentales murales del pintor y decorador catalán, afincado en la capital francesa en 1899. La monumentalidad de su obra ha sido un reto añadido para los organizadores



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Estudio fotográfico para 'Los triunfos de la humanidad'. GALLERIE MICHÈLLE CHOMETTE

El pintor y decorador catalán José María Sert (Barcelona, 1874-1945) eligió instalar su taller en París en 1899 y no lo abandonó hasta el final de su vida. Desde allí concibió sus obras cumbre, desde la decoración de la Catedral de Vic, hasta el centro Rockefeller de Nueva York o la sede ginebrina de la Sociedad de Naciones, pasando por una multitud de encargos para la monarquía y las grandes fortunas de la época. Pero el artista que entonces se codeaba con las grandes figuras de la primera mitad del XX como Picasso, Dalí o Proust, ha caído progresivamente en el olvido en su tierra de acogida. Más de seis décadas después de su muerte, el Petit Palais se propone rescatar la figura del español en la muestra José María Sert, Le Titan à l’Oeuvre, que se inaugura este miércoles...


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Ver más imágenes



elpais.com
 




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El comedor del Waldorf Astoria de Nueva York, diseñado por Sert, resucita

La Fundación Banco Santander lleva a cabo una recreación 3D del mítico espacio, accesible en vídeo. Solo se conservan las 15 pinturas, que cuelgan en su Sala de Arte de Boadilla del Monte


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Fue su primer proyecto público en Estados Unidos y el más sonado en Nueva York. El artista catalán Josep María Sert (1874-1945) recibió en 1929 el encargo de decorar el comedor del mítico hotel Waldorf Astoria de la ciudad de los rascacielos. No se limitó a realizar las 15 pinturas que colgaban en esa sala, sino que diseñó todo el mobiliario: sillas, lámparas, cortinas, suelo, techo, ventanas... Concluyó el encargo en 1931. Da una idea de lo ambicioso del proyecto el hecho de que Sert cobró 150.000 dólares de la época, una fortuna (hoy equivaldría a muchos millones). Además, hay que tener en cuenta que aquel año Estados Unidos sufrió el terrible crack.


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Lamentablemente, no sobrevivió el comedor a las sucesivas reformas del hotel. Las pinturas, realizadas en grisalla, sí. Sert tomó como tema para esta serie «Las bodas de Camacho», del Quijote. Resulta curioso imaginar a la alta sociedad de la época cenando con escenas del Quijote como escenario. Muy kitsch. Por allí pasaron desde Marilyn Monroe hasta el gánster Frank Costello. La Fundación Banco Santander, que exhibe los 15 lienzos de Sert en la Sala de Arte de la Ciudad Financiera del Grupo Santander en Boadilla del Monte, los atesora en su colección de arte gracias a las distintas fusiones bancarias.
Fueron vendidas en 1973


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Explica Rosario López Meras, directora de proyectos culturales de la Fundación Banco Santander, que en 1972 se redecoró el hotel y se vendieron las pinturas de Sert. Las adquirieron en 1973 los hermanos Climent, que las trajeron a España. Ese año se exhiben en una muestra en Pedralbes. Dos años después pasaron a manos de Bankunión, aunque las obras estuvieron depositadas hasta 1987 en el Museo Arqueológico de Barcelona. Ese año formaron parte de la última monográfica importante que se ha dedicado en España a este artista: concretamente, tuvo lugar en el Palacio de Velázquez.

La Fundación Banco Santander ha querido ahora reconstruir la apasionante historia que rodea estas 15 pinturas. No lo ha tenido fácil: apenas se han conservado dos pequeñas fotografías en blanco y negro de la sala original, que ha facilitado el hotel neoyorquino (está tratando, por su parte, de recuperar su propia historia, para lo cual ha hecho un llamamiento a sus antiguos huéspedes para que devuelvan todo lo que en su día sustrajeron), y algún que otro objeto de coleccionista, adquirido a través de eBay.


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En el canal de Youtube de la fundación

Con tan escaso material sorprende que se haya podido elaborar la recreación en 3D del comedor: Sert diseñó desde el suelo negro, las sillas en burdeos y plateado, las cortinas grises, los visillos rosas, el techo dorado, y unas modernísimas lámparas blancas, cuyas luces enfocan al techo, que recuerdan a la gran lámpara que preside el hall del nuevo Rijksmuseum de Ámsterdam. En sus paredes, los 15 cuadros. Todos tienen la misma altura (4,20 metros). El mayor, tiene 6,40 de ancho. El más estrecho: 1,50 metros.

Esta espectacular recreación del comedor del Waldorf Astoria puede verse en un vídeo 3D, realizado por la empresa Madpixel, en el canal de Youtube de la fundación. También, en una pantalla instalada en la Sala de Arte donde cuelgan los lienzos originales. En el vídeo especialistas en la obra de Sert ofrecen testimonios sobre el artista y este proyecto. Además de Rosario López Meras participan Miquel Ylla-Catalá, Pilar Sáez Lacave y Elena Cortés.


Numerosos e importantes encargos

Josep María Sert recibió importantes encargos durante su vida, tanto en el extranjero (el Rockefeller Center de Nueva York, la Gran Sala del Consejo de la ONU en Ginebra, el pabellón de caza del barón Rothschild en Chantilly, Kent House en Londres...), como en España (la catedral de San Pedro de Vic, que fue su gran obra; el tocador de la Reina Victoria Eugenia en el Palacio de la Magdalena en Santander; el oratorio del Palacio de Liria de los duques de Alba en Madrid, los muros del antiguo convento de San Telmo en San Sebastián; el Palacio de Justicia, la casa de Francesc Cambó y el Salón de las Crónicas del Ayuntamiento, estas tres últimas en Barcelona; las residencias de Madrid y Palma de Mallorca de Juan March...)


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Pese a su gran popularidad en la época, Sert no tuvo igual suerte tras su muerte: su obra cayó en el olvido. En gran parte se debe a su posición ideológica. Mientras Picasso, Alberto, Miró, Calder, etcétera, exhibían sus obras en el Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París de 1937, Sert exhibió en el Pabellón del Vaticano de esta misma exposición su obra «La intercesión de Santa Teresa en la Guerra Civil española». Su afinidad con el Régimen le marcó: Sert participó activamente en el regreso a España de las obras del Prado tras la Guerra Civil. Poco a poco se va restituyendo su figura. Además de la exposición del 87 en Madrid, el Petit Palais de París le dedicó el año pasado una amplia muestra, «Josep María Sert, le Titan à l’œuvre (1874-1945)», donde pudo verse una de las 15 obras del comedor del Waldorf Astoria: «Los trapecios».


Las 15 pinturas, en gigapíxel

La pintura de Sert tiene unas características muy especiales: las posturas forzadísimas de sus personajes (utilizaba como modelos maniquíes articulados), su peculiar colocación en el lienzo (unos sobre otros), utilizando las diagonales, ocupando todo el espacio del lienzo; empleaba los pulgares para pintar... Era un pintor muy barroco, amaba el Siglo de Oro español. La huella de Goya está muy presente en todo el trabajo de este genial pintor-decorador.

Coincidiendo con la recreación 3D del comedor del Waldorf Astoria, se han fotografiado los quince lienzos en gigapíxel: gracias a su altísima calidad de definición se pueden apreciar las obras hasta en sus más pequeños detalles. Para ello se han tomado hasta 214.000 fotografías. El resultado está accesible libremente en el minisite de la Colección Banco Santander.


abc.es
 




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José María Sert, nuestro Miguel Ángel olvidado


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Mural del techo del Rockfeller Center. Nueva York. Obra de Josep María Sert

Aladar se propone reivindicar con varios artículos la vida y la obra de uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX que es, sin embargo, uno de los menos reconocidos. Su legado es extraordinario en todos los sentidos. Distintas razones ocultan tanto su personalidad como los importantes servicios que prestó a la cultura y a la sociedad española, pero sobre todo han dejado caer en el olvido una obra genial.

Un tren atraviesa la campiña francesa a toda máquina en la oscuridad de la noche del 5 de septiembre de 1939, viaja con las luces apagadas para evitar los bombardeos alemanes en un momento muy difícil, hace tres días que los aliados han declarado la guerra al Tercer Reich y Francia moviliza a sus reservistas. Pero el pintor José María Sert, afincado en París desde hace años, ha hecho gestiones al máximo nivel para conseguir que se le dé prioridad a este convoy ante los trenes cargados de pertrechos militares que discurren hacia la frontera con Alemania. Todas las barreras de Francia permanecen levantadas. En esos vagones viajan las obras del Museo del Prado de regreso a España. El mundo contiene la respiración. Sert consiguió in extremis poner a resguardo un legado único. Llevaba años trabajando en ello, gracias a sus excelentes oficios consiguió la movilización internacional para poner a salvo la primera pinacoteca del mundo, que el Gobierno de la República había mantenido junto a sí en la desesperación de una huida incierta, primero a Valencia, después al Castillo de Figueras; porque bien lo había dicho Manuel Azaña “El Museo del Prado es más importante que la República y la Monarquía juntas”. Gracias, entre otros, a José María Sert los fondos del Prado se salvaron de los desastres de la guerra.

En 1940, además, conseguía lo improbable, después de prolijas negociaciones con el gobierno de Vichy, la Dama de Elche, el Tesoro de Guarrazar y la Inmaculada Concepción de Murillo retornaban a España. Gracias, de nuevo, a los oficios de José María Sert podemos admirar hoy esas obras emblemáticas en las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional y en el Prado. Con nadie tiene la cultura una deuda tan grande como con el pintor catalán. Ningún nombre se merece tanto un reconocimiento sincero, en vida obtuvo la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Legión de Honor.


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Nápóles, visión mediterránea. Obra de Josep María Sert

Hay tres razones para que los españoles nos hayamos olvidado de uno de los grandes. La principal parece lo que se consideran sus veleidades políticas, materializadas en un acercamiento al régimen de Franco. No es justa. El pintor fue sin duda un burgués, con ideas conservadoras y fuertes raíces católicas, pero demostró toda su vida ser un liberal en lo político, como no podía ser de otra manera para una figura cosmopolita como la suya. Ni se significó contra la República, para la que se desempeñó como agregado cultural de su legación en París; ni apoyó el levantamiento militar. Solo consiguió escorarlo finalmente hacia la dictadura la destrucción de la gran obra de toda su vida, la decoración de la Catedral de Vic, quemada por las turbas y destruida por completo durante los disturbios, en 1936.

El segundo motivo está fundado en el poder de las vanguardias del siglo XX, que aplastaron cualquier movimiento artístico que no fuera rompedor e innovase en la búsqueda de un nuevo lenguaje. En ese sentido quienes perseveraron en lo figurativo y siguieron la estela de los clásicos fueron considerados como pasados de moda, obsoletos. No ayudó tampoco su inmersión en los círculos de la plutocracia para la que trabajó en Palm Beach, Londres y Nueva York, ni el que ocupase el centro de la vida social en el París de los años treinta; ambos factores lo alejaron de la sociedad española.

Pero hay una última razón y es que la mayoría de sus obras, de gran formato, permanecen alejadas del público en el interior de edificios oficiales, o aisladas en museos minoritarios, o escondidas al público por motivos conceptuales o de conservación. Son, también, imposibles de transportar para las exposiciones temporales. Esto no ha sido obstáculo para la extraordinaria muestra en el Grand Palais de París en 2012 Ni para la publicación, en el país vecino de interesantes publicaciones y catálogos que no han sido, sin embargo, traducidos al español. Pero falta la gran exposición sobre su trabajo en Cataluña, donde están algunas de sus obras emblemáticas.


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Circo. Obra de Josep María Sert

José María Sert y Badía nació en el seno de una familia de la burguesía industrial catalana en 1804 y murió en Barcelona en 1945. Estudió en diferentes academias de Barcelona, se trasladó a París donde consiguió sus primeros encargos. Se especializó en un género que se había abandonado hacía siglos, el muralismo. Fue admirador de los clásicos y conocido en su época como el “Miguel Ángel del Ritz” por la magia de sus atmósferas, la desmesura de sus formatos y el poder de sus comitentes, pertenecientes siempre a la alta sociedad.

Y sin embargo, si hablamos de pintura, escasos artistas del último siglo han dado tanto a la Iglesia Católica como él hizo con las pinturas de la Catedral de Vic, que recreó después de su destrucción y a las que dedicó su vida. Pocos han hecho más por el nacionalismo, considerado en su forma benigna de idealización de los mitos fundacionales de los pueblos: La epopeya de los catalanes en Oriente (1929) del Salón de Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona y Las alegorías del Pueblo de Guipúzcoa (1934) en el museo de San Telmo de San Sebastián, representan el sumun de la exaltación patriótica de la leyenda. Nadie como Sert supo representar a España, asombrando a los americanos con las quijotescas Bodas de Camacho (1931) del Waldorf Astoria de Nueva York o el Alegato de la Paz y el Entendimiento de la Sala del Consejo de la Sociedad de Naciones en Ginebra (1937). No se conoce escenario más suntuoso para una fiesta social que El cortejo de la reina de Saba (1924) del salón de baile del Hotel Wendel de París, hoy en el Museo Carnavalet. José María Sert opuso al Guernica de Picasso La intercesión de santa Teresa en la Guerra Civil española para el pabellón de El Vaticano en la Exposición Universal de París de 1937, pintó la capilla del Palacio de Liria (1932) en Madrid y un biombo extraordinario para la alcoba de la reina Victoria Eugenia en el Palacio de la Magdalena de Santander (1920). Soñó con decorar la cúpula del Pilar de Zaragoza. En 1932 el hombre más rico del mundo contrataba para la decoración del vestíbulo del Centro Rockefeller en la Quinta Avenida neoyorkina, una de sus obras maestras, El progreso industrial y la abolición de la esclavitud.

Aladar se propone destacar algunas de sus piezas sublimes para que los lectores se acerquen a contemplar unos lienzos inmensos pintados generalmente en grisalla de sepia y oro que no pueden dejar indiferente a nadie.


Fuente: aladar.es
 




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Post Re: SERT (Josep María Sert I Badía) 
 
José María Sert, franquista pero menos

La Universidad de Salamanca y la capitalidad cultural europea San Sebastián 2016 unen esfuerzos en una exposición-homenaje al pintor barcelonés




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Es altamente probable que, como les pasa a tantos, como les pasa a demasiados, la del pintor José María Sert (Barcelona, 1874-1945) fuese una vida superada por las circunstancias. Ya saben, Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. O Spinoza negando nuestra absoluta seguridad de ser tan libres.

El caso es que Sert, un artista irreprochable en lo formal y menospreciado en general por tanto profesional del reduccionismo, se dedicó con afán y genio a lo que tocaba: lo mismo unos murales (Sociedad de las Naciones, Ginebra) como tributo a la solidaridad, la libertad y la justicia reivindicadas por la II República que una catedral (Vic) a la mayor gloria del franquismo triunfante. Lo mismo unos techos en la mansión madrileña del franquista March chequera Dios mediante, que los 17 lienzos sobre las hazañas del pueblo vasco en las bóvedas de San Telmo (1929, gracias a su amigo Ignacio Zuloaga, que fue quien sugirió a los monjes dominicos de Donostia el nombre de un tal Sert): 784 metros cuadrados de leyendas, pescadores, armadores, navegantes, ferrones y comerciantes. Una obra magna que puede contemplarse hoy en la iglesia del más que recomendable Museo de San Telmo de San Sebastián. Esta exposición sobre Sert se enmarca en el proyecto general 'Tratado de Paz' dentro de la capitalidad cultural San Sebastián 2016.

¿Qué más le daba la República o el Franquismo a alguien que se dedicaba básicamente a prolongar en lienzos decorativos la estirpe rococó de Tiépolo y la huella de Goya? ¿Qué le importaba a aquel personaje ambiguo y a aquel pintor bastante más vanguardista de lo que creemos suplantar a Diego Rivera en el Rockefeller Center de Nueva York porque al comunistón mexicano le habían retirado sus murales –eso sí, tras negarse a quitar el retrato de Lenin-? Nada.

Llegado el momento, José María Sert les vino bien a tirios y troyanos y él, que venía de una familia rica del textil catalán, se dejaba hacer. Y hay que pensar que esa serie de contradicciones en lo moral –que no en lo artístico- y probablemente esa capacidad de apostar en cada momento por aquello en lo que uno cree –un bien tan escaso- es también lo que la Universidad de Salamanca y la capitalidad cultural europea Donostia-San Sebastián 2016 han querido homenajear. Al acto de presentación de la exposición han acudido el vicerrector de la Universidad de Salamanca para la Conmemoración del VIII Centenario, Mariano Esteban de Vega; el director de la Fundación San Sebastián 2016, Pablo Berástegui, y la directora del Museo San Telmo de San Sebastián, Susana Soto.

Sert se inspiró en la vocación humanista de la Escuela de Salamanca y en concreto en la impronta moral e intelectual de Francisco de Vitoria –uno de los personajes más altos que parió este santo país- para sus murales de Ginebra. Fue Salvador de Madariaga quien intercedió ante la II República para que las izquierdas acabaran eligiendo a un nacionalista catalán de derechas –tan conservador en lo ideológico como complejo en lo intelectual- como artesano de los techos de la Sociedad de Naciones.

Ojo: corría el año del Señor de 1936, el del arranque de la Santa Cruzada. Y para entonces tanto Franco como la República maldecían a la Sociedad, germen de la ONU: los unos porque veían en Ginebra al mismísimo diablo, personificado en las compuertas abiertas a la tolerancia, la solidaridad entre los pueblos y la oposición a nuevas guerras tras el horror de 1914. Los otros, porque la Sociedad de Naciones no había tenido a bien condenar la agresión fascista contra la España republicana y legítima. Al año siguiente, la República exhibía en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París el Guernica de Picasso. Y enfrente, el pabellón del Vaticano mostraba las metralletas incautadas a los rojos en la Guerra Civil… junto al mural/homenaje a Santa Teresa y los mártires nacionales, obra de un tal… José María Sert, que acabaría proyectando un magno tributo a los mártires del Alcázar de Toledo con profusión de vírgenes y santurrones.

En la guerra, a Sert le mataron un amigo –Jaume Serra- y le quemaron una catedral con sus pinturas dentro –Vic-. Se hizo franquista. Pero antes había buscado y encontrado inspiración en los juristas y los teólogos que desde Salamanca inventaban para el mundo un nuevo orden moral vertebrado por el llamado Derecho de Gentes, pura semilla del Derecho Internacional, germen de libertad e igualdad entre los hombres. Francisco de Vitoria. Diego de Covarrubias. Melchor Cano. Martín de Azpilcueta. Gente que en el siglo XVI era mucho más moderna y temeraria que los brontosaurios del actual debate de investidura: 2016, siglo XXI.



Óptica y diplomacia de dos ciudades

Este homenaje a Sert llega a la Sala Cielo de los Patios Menores de Salamanca, según se deja la estatua de Fray Luis de León, a mano izquierda. La exposición 1936. José María Sert y la Sociedad de Naciones. Óptica y diplomacia permanecerá abierta hasta el 18 de diciembre. A partir del 13 de enero y hasta el 5 de marzo viajará al Museo de San Telmo de San Sebastián como parte integrante de la programación de la capitalidad cultural europea SSD2016… que como se ve incluye el 2017.

La muestra, comisariada por Patricia Molins, es pequeña, también reveladora y merece el viaje. En ella pueden verse lo mismo fotografías de Sert junto a Dalí o Diego Rivera que los paneles de San Telmo, que los del Rockefeller Center que las imágenes de la sala de Ginebra, aún hoy visitable. Como a los dos bandos de las dos Españas, a Salamanca y a San Sebastián les ha venido bien José María Sert.


elpais.com
 




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