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Bourgeois, Louise
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Mensaje Bourgeois, Louise 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Louise Joséphine Bourgeois (Pronunciación en francés: /lwiz buʁʒwa/; 25 de diciembre de 1911 – 31 de mayo de 2010), fue una artista y escultora francesa-americana, es una de las artistas más importantes del Arte contemporáneo, y es conocida por sus estructuras de arañas, las cuales le han valido el apodo de "Mujer Araña". Su escultura arácnida más grande se titula Maman y ha sido exhibida en numerosos lugares del mundo, con una altura de más de 30 ft (9.27m). Es reconocida como la fundadora del Arte Confessional.


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En la década de 1940, después de haberse mudado a Nueva York con su esposo americano Robert Goldwater, se inclinó por la escultura. A pesar de que sus trabajos eran abstractos, también eran sugestivos hacia la figura humana y expresaban temas como la traición, la ansiedad y la soledad. Su trabajo era puramente autobiográfico y estaba inspirado en su trauma de la infancia causado por el descubrimiento del amorío de su padre con su niñera.


Vida Temprana

Bourgeois nació el 25 de diciembre de 1911 en París, Francia.5 Fue la tercera de cuatro hijos de Josephine Fauriaux y Louis Bourgeois.6 Sus padres eran dueños de una galería que se especializaba mayoritariamente en tapices antiguos. Unos años después de su nacimiento, la familia se mudó fuera de París y estableció un taller de reaparación de tapicería debajo de su departamento enChoisy-le-Roi, en donde rellenaban los diseños que se habían desgastado con el tiempo.

En 1924 su padre, un tirano mujeriego, cedía a sus deseos en un amorío con la maestra y niñera de sus hijos8 De acuerdo a Bourgeois, su madre Josephine, “una persona inteligente, paciente e imperecedora, si no es que calculadora” estaba al tanto de la infidelidad de su esposo, pero le fue más fácil ignorar el asunto. Bourgeois, una pequeña niña alerta, almacenaba sus memorias en sus diarios.

De niña, Bourgeois nunca pudo colmar las expectativas de su padre debido a su falta de habilidad. Finalmente, él llegó a adorarla por su talento y espíritu, pero ella continuaba odiándolo por su temperamento explosivo, dominancia en el hogar y por burlarse de ella enfrente de otras personas.

En 1930, Bourgeois entró en La Sorbona a estudiar matemáticas y geometría, materias que ella preciaba por su estabilidad;8 10 ella decía "la única manera en la que yo obtenía paz mental era mediante el estudio de leyes que nadie podía cambiar."

Su madre murió en 1932, mientras Bourgeois estaba estudiando matemáticas. Su muerte la inspiró a dejar las matemáticas y comenzar a estudiar arte. Su padre pensaba que los artistas modernos eran derrochadores y rehusó apoyarla. Ella continuó estudiando arte tras inscribirse en clases donde se necesitaban traductores para estudiantes que hablaban inglés, ya que a los traductores no se les cobraba la colegiatura. En una de estas clases Fernand Léger vio su trabajo y le dijo que ella era escultora, no pintora.

Bourgeois se graduó por La Sorbona en 1935, y continuó estudiando arte en la Académie de la Grande Chaumière, donde estudió de 1937 a 1938 y en otras escuelas como: Escuela del Louvre y la École des Beaux-Arts. Durante el tiempo que estuvo inscrita en la École des Beaux-Arts, utilizó las infidelidades de su padre como inspiración. Descubrió que su impulso creativo se encontraba dentro de sus traumas y tensiones de la infancia.


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Louise Bourgeois en 1998 en Nueva York.

Bourgeois tenía el deseo de experimentar cosas de primera mano, y frecuentemente visitaba estudios en París donde aprendía técnicas de otros artistas y ayudaba con diferentes exhibiciones.

Bourgeois abrió brevemente una tienda de estampados al lado del taller de tapices de su padre. Su padre le ayudo porque había decidido entrar a una profesión centrada en el comercio.

Bourgeois conoció a su esposo Robert Goldwater, un historiador americano de arte conocido por ser pionero en el área de arte primitivo, en 1938 en la tienda de estampados de Bourgeois. Goldwater había visitado la tienda para comprar una selección de estampados de Pablo Picasso, y "en medio de pláticas acerca del surrealismo y las últimas tendencias, se casaron". Emigraron a Nueva York el mismo año, donde Goldwater continuó su carrera como profesor de arte en el New York University Institute of Fine Arts,8 mientras Bourgeois asistía a la Art Students League of New York, estudiando pintura bajo la tutela de Vaclav Vytlacil; también producía esculturas y estampados.

Hasta 1939, Bourgeois no había podido concebir, por lo que ella y Goldwater regresaron brevemente a Francia para adoptar a un pequeño niño francés, Michel. Sin embargo, en 1940 dio a luz a otro hijo, Jean-Louis, y en 1941 dio a luz a Alain.


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Escultura de Bourgeois en la exposición grupal "Incidentes Domésticos" en el museo londinense Tate Modern Turbine Hall, 2006.


Vida Media

Para Bourgeois los inicios de la década de 1940 representaron las dificultades de la trancisión a un país nuevo y el forcejeo de entrar al mundo de exhibiciones de nueva York. Su trabajo durante éste tiempo era construido con pedacería de basura metálica y madera arrastrada por el océano (éste material lo utilizaba para esculpir esculturas de madera). La impurezas de la madera se camuflageaban con pintura para después utilizar clavos para inventar hoyos y rayones con el propósito de expresar alguna emoción. La "Figura Durmiente" es un ejemplo que demuestra una figura de guerra que es incapáz de encarar el mundo real debido a su vulnerabilidad. A través de su vida, el trabajo de Bourgeois fue creado desde revisiones de su problemático pasado, ya que ella encontraba inspiración y catársis temporal de su niñez y de los abusos que recibía de su padre. Lentamente, ella fue desarrollando más confianza artística a pesar de sus años medios son fueron más opacos, esto se pudo deber al hecho de que ella recibía muy poca atención del mundo del arte a pesar de haber realizado su primera muestra individual en 1945.

Conoció a Miró en el París anterior a la Guerra Mundial, hacia 1938, y admiró y recibió su influencia, aunque comenzaron su amistad solo cuando se encontraron en Nueva York en 1947; entonces ella apreció sus pintura, que consideraba naif, aunque no estimaba su escultura. Ella y su marido estuvieron entre los pocos amigos que fueron invitados a un cocktail íntimo que Pierre Matisse ofreció a Miró en otra visita a Nueva York en 1965. En el verano de 1966 Bourgeois y su marido viajaron por España y Grecia, visitando en Barcelona los edificios de Gaudí, aunque no hay noticia de que se encontraran con Miró.


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En 1954, Bourgeois se unió al American Abstract Artists Group, con varios contemporáneos, entre ellos Barnett Newman y Ad Reinhardt. En este tiempo ella se hizo amiga de los artistas Willem de Kooning, Mark Rothko, y Jackson Pollock.

Como parte del American Abstract Artists Group, Bourgeois transicionó de la madera a estructuras de mármol, plaster y bronce mientras ella investigaba temas como el miedo, la vulnerabilidad y la pérdida del control. Esta transición fue un giro de tuerca. Ella se refería a su arte como una serie o secuencia de dias y circunstancias relacionadas entre sí, describiendo su trabajo temprano como el miedo a caer que posteriormente se transformaría en el arte de caer y la evolución final al arte de "aguantar". Sus conflictos en la vida real le dieron el poder de autentificar sus experiencias y forcejeos a través de una forma única de arte. En 1958 (según otras fuentes en 1961), Bourgeois y su esposo se mudaron a una casa con terraza en la calle 22 Oeste en Chelsea (Manhattan), donde ella vivió y trabajó por el resto de su vida.


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Una de las seis copias reconocidas de Maman, escultura de más de 9 m de alto en Palacio de Bellas Artes (Ciudad de México).


Vida Tardía

En 1973, Bourgeois comenzó a enseñar en el Pratt Institute, Cooper Union, Brooklyn College y el New York Studio School of Drawing, Painting and Sculpture. Ella también enseñó por muchos años en escuelas públicas en Great Neck, Long Island.

Su marido, Robert Goldwater, falleció el 26 de marzo de 1973, y ella sufrió un gran cambio en su vida, por la soledad. Durante la década de 1970, Bourgeois fue miembro del Grupo Contra la Censura, un colectivo feminista anti-censura fundado por la artista Anita Steckel que defendía e uso de imágenes sexuales en el arte.

Desde 1980 contó con la colaboración del comisario artístico Jerry Gorovoy, que actuó en la práctica como su mánager. La artista se dedicó desde entonces a crear obras de creciente poder transgresor, muy influida por el feminismo y por los nuevos materiales. Consiguió por fin el reconocimiento internacional al celebrar su primera retrospectiva, comisariada por Deborah Wye, en 1982, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hasta entonces, ella había sido una figura periférica en el arte, cuyo trabajo siempre fue más admirado que aclamado. En una entrevista con Artforum, programado para coincidir con la apertura de la retrospectiva, ella reveló que las imágenes en sus esculturas eran puramente autobiográficas. Ella compartió con el mundo que revivía obsesivamente a través del arte, su trauma de descubrir cuando niña, que su niñera Inglesa era también la amante de su padre.

Bourgeois tuvo otra retrospectiva en 1989 en Documenta 9 en Kassel, Germany. Representó a EE UU en la Bienal de Venecia (1993). Sus últimas obras, realizadas en su taller de Nuva York, exploraron las posibilidades más sorprendentes del montaje monumental, como en Araña (1992) y en Mamá, una araña en bronce de 10 metros de altura y larguísimas patas que se expuso en 2004 en el Museo Guggenheim de Bilbao. Obtuvo varios premios: Gran Prix de Escultura del Ministerio de Cultura francés (1991), León de Oro de la Bienal de Venecia, Premio de la Asociación Japonesa de Arte (1999), Premio Aragón-Goya (2008). En 1993, cuando la Royal Academy realizó su encuesta comprehensiva de Arte americano en el siglo XX, los organizadores no consideraron que el trabajo de Bourgeois tuviera importancia significativa como para incluirla en la encuesta.4 Sin embargo, esta encuesta fue criticada por haber omitido a varios artistas, con el comentario de un crítico que dijo que "secciones completas del mejor arte americano habían sido eliminadas" haciendo énfasis en que muy pocas mujeres fueron incluidas. En el 2000 su trabajo fue seleccionado para ser expuestos en la apertura del Tate Modern en London. En 2001, ella expuso en el Guggenheim Hermitage Museum.

En el 2010, el último año de su vida, Bourgeois utilizó su arte para hablar a favor de la igualdad para las Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero (LGBT). Ella creó la pieza "Acepto", que muestra dos flores creciendo de un sólo tallo, para beneficiar a la organización sin fines de lucro Freedom to Marry. Bourgeois dijo que "todos deberían tener el derecho a casarse. Hacer un compromiso de amar a alguien para siempre es algo hermoso."18 Bourgeois tuvo una historia de activista a favor de la igualdad LGBT, habiendo creado piezas de arte para la organización activista contra el SIDA, ACT UP en 1993.

En el 2011 uno de sus trabajos titulado Araña, se vendió por $10.7 millones de dólares, un nuevo record de precio para la artista en una subasta y el precio más alto pagado por el trabajo de una mujer.


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Maman, la monumental escultura de Bourgeois, instalada en la Fundación Proa de Buenos Aires en 2011.


Muerte

Bourgeois murió de Infarto agudo de miocardio el 31 de mayo de 2010, en el Beth Israel Medical Centeren la ciudad de Nueva York. Wendy Williams, la directora que manejaba el Estudio Louise Bourgeois, anunció su muerte. Ella había continuado con la creación de piezas de arte hasta su muerte; sus últimas piezas fueron terminadas una semana antes de su fallecimiento.

El New York Times dijo que su trabajo "compartía una serie de temas repetitivos, centrados en el cuerpo humano y su necesidad de ser nutrido y protegido en un mundo aterrador."

Su esposos, Robert Goldwater, murió en 1973. A ella la sobreviven dos hijos, Alain Bourgeois and Jean-Louis Bourgeois. Su tercer hijo, Michel, murió en 1990.

TRABAJO

La Destrucción del Padre (1974) es una exploración biográfica y psicológica del poder dominante del padre sobre sus hijos. La pieza es una instalación color piel en un cuarto suave parecido a un útero. Está hecho de yeso, látex, madera, tela y luces rojas y fue la primera pieza en la que la artista utilizó materiales suaves a gran escala. Cuando se entra a la instalación, el espectador es expuesto a la escena después de un crimen. Puestos en un comedor estilizado (con el doble sentido de parecer una recámara, los niños con formas abstractas, hijos de un padre prepotente, se han rebelado y lo han asesinado y engullido.

    …diciéndole a la audiencia lo grande que es, todas las cosas maravillosas que hizo, toda la gente mala que él atrapó hoy. Pero esta escena se repite día tras día. Hay tragedia en el aire. Ha dicho su parte demasiadas veces. Es intolerablemente dominante aunque él mismo no se de cuenta. Un tipo de resentimiento que crece y un día mi hermano y yo decidimos que '¡llegó la hora!' Lo cogemos, lo recostamos sobre la mesa y lo diseccionamos con nuestros cuchillos. Lo desmembramos, le cortamos el pene. Y se convirtió en comida. Nos lo comimos completo, lo liquidamos de la misma manera que él líquido a sus hijos.

Celdas

En sus ochenta, Bourgeois produjo dos series de trabajos de instalaciones a las que ella se refería como "Celdas". Muchas son pequeños anexos , los cuales provocan que el expectador mire dentro de ellos y observe un arreglo de objetos simbólicos; otros son pequeños cuartos hacia los cuales el expectador está invitado a entrar. En la piezas "celdas", Bourgeois utiliza formas esculpidas con anterioridad, objectos que encontró así como objetos que tenían una gran carga emocional personal para la artista.

Las Celdas guardan estados psicológicos e intelectuales, principalmente sentimientos de miedo y dolor. Bourgeois dijo que las Celdas representan "diferentes tipos de dolor; físico, emocional y psicológico, mental e intlectual... Cada Celda maneja el miedo. El miedo es dolor... Cada Celda trata con el placer del voyeur, la emoción de mirar y ser mirado.”


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La escultura Maman de Bourgeois en el Museo Guggenheim en Bilbao.


Maman

A finales de la década de los noventa, Bourgeois comenzó a utilizar la araña como imagen central de su arte. Maman, la cual mide más de nueve metros de alto, es una escultura de acero y mármol de la cual se produjeron subsecuentemente seis réplicas de bronze. Al principio hizo una aparición como parte del comisionado de Bourgeois para la serie Unilever para el Turbine Hall del Tate Modern en el 2000. Recientemente la escultura estuvo instalada en el centro nacional de convenciones de Qatar en Doha, Qatar. Es la escultura arácnida más grande construida por Bourgeois.

La escultura hace alusión a la fuerza de su madre, con metáforas de tejidos, nutrición y protección.

    La Araña es una oda a mi madre. Ella era mi mejor amiga. Como una araña, mi madre era tejerdora. Mi familia estaba en el negocio de restauración de tapices, y mi madre estaba a cargo del taller. Igual que las arañas, mi madre era muy astuta. Las arañas son presencias agradables que comen mosquitos. Sabemos que los mosquitos esparcen enfermedades y por lo tanto, no son bienvenidos. Entonces, las arañas son proactivas y de mucha ayuda, justo como lo era mi madre.

    Louise Bourgeois


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Exhibicion temporal de una de las cinco arañas 'Maman' diseñadas por Louise Bourgeois en Copenhague.


Temas Profundos

Uno de los temas recurrentes del trabajo de Bourgeois es el trauma de su niñez y emociones escondidas. Después de que la madre de Louise se enfermara de influenza, su padre comenzó a tener amoríos con otras mujeres, en especial con Sadie (la maestra y niñera de Bourgeois). Louise estaba muy atenta y vigilaba la situación. Fue en este momento cuando la autora comenzó a engancharse con dobles estándarez relacionados con el género y la sexualidad, los cuales se hacen presentes en casi todo su trabajo. Ella recuerda a su padre diciéndole "te amo" en repetidas ocaciones a su madre a pesar de sus infidelidades. "Él era un lobo, y ella era una liebre racional, no era rencorosa y lo aceptaba como era" Page text. Su trabajo de 1993 "Celda: Más te vale crecer", parte de su serie "Celdas", habla directamente del trauma infantil de Louise y la inseguridad que la rodeaba. Su trabajo "Give or take" del 2002, está definido por emociones escondidas, representa el intenso dilema que la gente encara a lo largo de su vida mientras intenta balancear el dar y recibir. Este dilema no solo lo representa la forma de la escultura, si no también por el peso de los materiales de los que está hecha.

La arquitectura y la memoria son componentes importantes del trabajo de Bourgeois. En numerosas entrevistas, Louise describe a la arquitectura como una expresión visual de la memoria, o a la memoria como un tipo de arquitectura. La memoria, protagonista de mucho de su trabajo, es una memoria inventada acerca de la muerte o exorcismo de su padre. La memoria imaginada se entreteje con memorias reales como las de : vivir enfrente de una carnicería, las visitas a su padre al frente del taller o el amorío de su padre. Para Louise su padre representó heridas y guerra, como se engrandecía menospreciando a otros y los más importante, un hombre que representaba la traición. Page text. Su trabajo de 1993, "Celda ( Tres esferas de mármol) habla del miedo y el cautiverio); Mientras que los espejos dentro de esta representan una realidad alterada y distorsionada.

La sexualidad es, sin duda alguna, uno de los temas más importantes en el trabajo de Louise Bourgeoise. El vínculo entre la sexualidad y la fragilidad o inseguridad es muy poderoso, SE ha discutido que esto derivó de las memorias de su niñes y el amorío de su padre. "Mujer en Espiral" (1952) combina el enfoquede Louise en la sexualidad y la tortura. La pierna flexionada y los músculos del brazo indican que la mujer Espiral sigue por encima a pesar de que está colgada y sofocada. Su trabajo de 1995, "In and Out" utiliza materiales de metal frío para ligar a la sexualidad con enojo y cautiverio.


Trabajos Seleccionados por la Wikipedia

Bibliografía

    . 1994 – Louise Bourgeois: The Locus of Memory Works 1982-1993. Harry N. Abrams. p. 144. ISBN 0-8109-3127-3.
    . 1996 – Louise Bourgeois: Drawings and Observations. Bulfinch. p. 192. ISBN 0-8212-2299-6.
    . 1998 – Louise Bourgeois Destruction of the Father / Reconstruction of the Father. MIT Press en asociación con Violette Editions. p. 384. ISBN 0-262-52246-2.
    . 2000 – Louise Bourgeois: Memory and Architecture. Actar. p. 316. ISBN 84-8003-188-3.
    . 2001 – Louise Bourgeois: The Insomnia Drawings. Scalo Publishers. p. 580. ISBN 3-908247-39-X.
    . 2001 – Louise Bourgeois' Spider: The Architecture of Art-Writing. University of Chicago Press. p. 88. ISBN 0-226-03575-1.
    . 2008 – Louise Bourgeois: The Secret of the Cells. Prestel USA. p. 168. ISBN 3-7913-4007-7.
    . 2011 – To Whom it May Concern. Violette Editions. p. 76. ISBN 978-1-900828-36-9.
    . 2012 – The Return of the Repressed. Violette Editions. p. 500. ISBN 978-1-900828-37-6.

Exhibiciones

    - 1995 Louise Bourgeois. Sculptures, environments, dessins. 1938-1995, en Museo de Arte Moderno de París, París.
    - 1996 Louise Bourgeois. Der Ort des Gedachtnisses Skulpturen, Environments und Zeichnungen. 1946-1995, en Deichtorhallen, Hamburgo.
    - 1996 Red Room, en Galerie Hauser & Wirth, Zúrich.
    - 1998 Louise Bourgeois. Recent Work, en Serpentine Gallery, Londres.
    - 1998 Past Tense. Louise Bourgeois, en The Art Gallery of Ontario, Toronto.
    - 1998 Louise Bourgeois: Topiary, en Museo Whitney de Arte Estadounidense, Nueva York.
    - 1999 Louise Bourgeois. Memoria y arquitectura, en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
    - 1999 Louise Bourgeois, en Kunsthalle Bielefeld, Bielefeld.
    - 2000 Louise Bourgeois. Neue Arbeiten/Recent Works, en Galerie Hauser & Wirth, Zúrich.
    - 2001 Louise Bourgeois, en Museo Guggenheim Bilbao, Bilbao.
    - 2001 Louise Bourgeois, en Museo del Hermitage, San Petersburgo.
    - 2002 Louise Bourgeois. Works in Marble, en Galerie Hauser & Wirth, Zúrich.
    - 2003 Louise Bourgeois, en Louisiana Museum of Modern Art, Humlebaek.
    - 2003 Louise Bourgeois. Installation at Inauguration of Dia: Beacon, en Dia Center for the Arts, Nueva York.
    - 2003 Louise Bourgeois. The Insomnia Drawings, en Museo Whitney de Arte Estadounidense, Nueva York.
    - 2004 Louise Bourgeois, en Daros Collection, Zúrich.
    - 2005 Louise Bourgeois. Repairs in the Sky. en FPJM (19 marzo-12 junio 2005). Palma de Mallorca.
    - 2005 Sublimation, en Hauser & Wirth London, Londres.
    - 2005 Stitches in Time, en Museo de Arte Contemporáneo (Miami), Miami.
    - 2005 En Centro Wifredo Lam, La Habana.
    - 2006 Louise Bourgeois, en Kunsthalle Bielefeld, Bielefeld.
    - 2007 Louise Bourgeois: Retrospective, en Tate Modern, Londres.
    - 2011 Louise Bourgeois & Antoni Tàpies, en Galerie Lelong, París.
    - 2011 Louise Bourgeois and Alex Van Gelder: Armed Forces, en Hauser & Wirth, Zúrich.
    - 2011 Louise Bourgeois and Tracey Emin: Do Not Abandon Me, en Hauser & Wirth, Londres.
    - 2011 Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido, en Fundación Proa, Buenos Aires. Itinerancia: Instituto Tomie Ohtake, São Paulo; Museu de Arte Moderna, Río de Janeiro.

Documentales

    - 2008 – Bourgeois, Louise. Louise Bourgeois: The Spider, the Mistress, and the Tangerine. Zeitgeist Films.

Premios y Menciones Honoríficas

    - 1977: Doctorado con Honores de la Universidad Yale
    - 1990: Seleccionada para la National Academy of Design33
    - 1991: Premio al Logro de Vida en Escultura Contemporánea (Hamilton, New Jersey, USA)
    - 1997: Medalla Nacional de las Artes
    - 1999: Praemium Imperiale por logros a lo largo de su Vida
    - 1999: Golden Lion en el Venice Biennale
    - 2003: Wolf Foundation Prize En las Artes (Jerusalem)
    - 2005: Austrian Decoration for Science and Art34
    - 2008: Légion d'honneur
    - 2009: "Commandeur" de la patafísica Ordre de la Grande Gidouille.[cita requerida]
    - 2009: Honrada por el National Women's Hall of Fame


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Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido.

Espero que la recopilación que he conseguido de esta artista extranjera, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección de arte, y en lo posicle contribuya en su divulgación.





Algunas obras


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Clutching, 1992. Obra de Louise Bourgeois


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Fragile Goddess, 2002. Obra de Louise Bourgeois


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"Spider", 2003. Obra de Louise Bourgeois


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St. Sebastien, 2002. Obra de Louise Bourgeois


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Couple, 2004. Obra de Louise Bourgeois


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Cell XXV1, 2003. Obra de Louise Bourgeois


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Spider, 1997. Obra de Louise Bourgeois


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Woman-House, 1994. Obra de Louise Bourgeois


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Eye Benches I, 1997. Obra de Louise Bourgeois


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Soft Landscape II, 1967. Obra de Louise Bourgeois



La vida secreta de Louise Bourgeois


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En el taller. Louise Bourgeois, en el año 1967, contemplando una de sus esculturas, 'Germinal'.


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Su amigo y mano derecha. Jerry Gorovoy fue durante 30 años el asistente de Louise Bourgeois, su confesor, su amigo. En la imagen, tomada en abril de 2015, se encuentra en uno de los salones de la casa de Chelsea.


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La comisaria que lo cambió todo. Deborah Wye impulsó en 1982 la retrospectiva del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York que lanzó a la artista franco-americana.


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Una de las emblemáticas 'arañas' de Louise Bourgeois, en el patio de su casa en Nueva York.


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El abrigo de Bourgeois. La prenda icónica con la que la artista franco-americana fue fotografiada en numerosas ocasiones cuelga en una de las estancias de la casa en la que habitó en Nueva York, ubicada en el barrio de Chelsea. Tras el abrigo se pueden ver algunos números de teléfono que escribía en la pared, en grandes caracteres, cuando la vista le empezaba a fallar.


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Juntos. 'Together' (2005), inédita hasta hace poco, es una de las obras que se podrán ver en la muestra del Museo Picasso de Málaga en el verano de 2015.


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La chimenea. Una parte del estudio casero de Bourgeois, donde se encuentran los archivadores .


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Libros. Una de las librerías de la casa, donde abundan las novelas de autores franceses y los ensayos sobre temas relacionados con el psicoanálisis.


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Esperando a Gorovoy. '10AM is when you come to me' ('A las diez de la mañana es cuando vienes a mí'), serie de dibujos que ilustra la relación de Louise Bourgeois con su asistente, quien, cada mañana, la recogía para llevarla al estudio de Brooklyn.


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Tablón de fotos. En el salón que da al patio trasero hay un corcho con múltiples fotos de la vida de la artista. En esta imagen, Bourgeois junto a Jerry Gorovoy (su asistente) y junto al cantante de U2 Bono.




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Louise Joséphine Bourgeois (Pronunciación en francés: /lwiz buʁʒwa/; 25 de diciembre de 1911 – 31 de mayo de 2010), fue una artista y escultora francesa-americana, es una de las artistas más importantes del Arte contemporáneo, y es conocida por sus estructuras de arañas, las cuales le han valido el apodo de "Mujer Araña". Su escultura arácnida más grande se titula Maman y ha sido exhibida en numerosos lugares del mundo, con una altura de más de 30 ft (9.27m). Es reconocida como la fundadora del Arte Confessional.



Fuentes y Agradecimientos a: es.wikipedia.org, ccommons.wikimedia.org, elpais.com, es.wahooart.com, elmundo.es, proa.org, sauer-thompson.com, letrasdesvestidas.blogspot.com, martitabecareful.wordpress.com, tate.org.uk, artknowledgenews.com, aesthetic.gregcookland.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Martes, 09 Febrero 2016, 10:25; editado 10 veces 
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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Adiós a la escultura de todo un siglo


La artista Louise Bourgeois fallece en Nueva York a los 98 años




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Retrato de Louise Bourgeois, 1982. / ROBERT MAPPLETHORPE

Louise Bourgeois, una de las artistas más importantes e influyentes de los últimos 100 años falleció ayer en Manhattan, a los 98 años. Trabajó hasta el último momento, de la misma manera que, salvo cuando se lo impedía su delicado estado de salud, mantuvo abierto su salón dominical, en el que recibía a jóvenes artistas, en su viejo caserón de Chelsea. Un ataque al corazón motivó su internamiento el sábado pasado en el centro médico Beth Israel de Manhattan.

Su evolución estilística es muy difícil de resumir, pues abarca tendencias muy dispares y no encaja en categorías preconcebidas.

Entre sus influencias más inmediatamente detectables figuran las del surrealismo, el primitivismo y la escultura modernista de artistas como Alberto Giacometti y Constantin Brancusi.
más información

Louise Joséphine Bourgeois nació en París el día de Navidad de 1911, la segunda de los tres hijos de Josephine Fauriaux y Louis Bourgeois. Cuando tenía ocho años, sus padres adquirieron una propiedad a orillas del Biévre, río de aguas ricas en taninos, muy apreciadas para teñir telas para tapices. Los primeros en ver florecer su capacidad artística fueron maestros tapiceros. Ellos le encargaron sus primeros dibujos, cuando tenía apenas 12 años de edad. Durante los años escolares mostró una enorme inclinación por el estudio de la geometría, aspecto que dejó huella en su obra. Vivió en Paris hasta 1938, año en que contrajo matrimonio con Robert Goldwater, conocido historiador del arte, y se trasladó a Nueva York con carácter permanente.

Inmediatamente, se integró en los circuitos artísticos de la ciudad, iniciándose en un lentísimo proceso de indagación durante el cual, por fortuna para ella, no la buscaron ni la fama ni el éxito, siendo prácticamente desconocida para el gran público hasta los 70 años, cuando tuvo lugar su primera exposición, en el MoMA. Fue la primera mujer a la que el prestigioso museo dedicó una retrospectiva.

Llegó a la escultura tras una intensa inmersión en los principales movimientos pictóricos que habían llegado a Estados Unidos procedentes de todo el mundo, o bien habían surgido allí, desde la abstracción biomórfica hasta el automatismo surrealista.

La suya no era una obra fácil, invitaba al espectador a sumergirse con ella en las profundidades de su personalidad, y el viaje entrañaba riesgos. Hasta los críticos a quienes se les atragantaba la palabra, como Robert Hughes, le aplicaron el término feminista con respeto, aunque sea siempre difícil manejar la etiqueta con inteligencia. Lo que hacía era sumergirse en el enigma de la sexualidad, explorando sus símbolos directamente, exponiéndolos y yuxtaponiéndolos, hasta que logró encontrar un lenguaje simbólico muy personal que le ayudó a canalizar sucesos traumáticos de su biografía.

Ahí está la clave de su misteriosa capacidad para conectar con el espectador, en su sabiduría a la hora de dar forma artística a traumas como la infidelidad de su padre con su institutriz inglesa, que dio lugar a un odio que le hizo rozar en el plano artístico la fantasía del asesinato. Fraguaba así sentimientos profundos, conectados con momentos clave, que unían el nacimiento y la muerte a través de la sexualidad, rompiendo la distancia entre el cuerpo masculino y el femenino, buscando en sus representaciones la expresión de genitales dobles y otros símbolos perturbadores difíciles de traducir a un lenguaje cotidiano.

En años recientes, los museos más importantes del mundo le dedicaron amplias retrospectivas: Tate Modern de Londres, el Georges Pompidou de Parísand, el Guggenheim de Nueva York, el Rijksmuseum de Holanda y el Reina Sofía, de Madrid.

El magnetismo que ejercía sobre los jóvenes que la buscaban se puede explicar por las palabras que les decía, y que no eran otras que las que se había dicho desde siempre a sí misma: "Cuenta tu propia historia y serás interesante. No sucumbas a la verde enfermedad de la envidia. No te dejes engañar por el éxito, la fama y el dinero. No permitas que nada se interponga entre tu obra y tú".


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La obra de la artista 'Mamá', instalada junto al Museo Guggenheim de Bilbao / AGE FOTOSTOCK




El desafío


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La obra de Lousie Bourgeois ha supuesto, hasta hace muy poco tiempo, un problema para críticos, historiadores o conservadores de museo que, encasillados en parámetros formalistas o iconográficos, no habían sabido apreciar la contribución fundamental a la escultura del siglo XX de esta artista franco-americana. Así, el otrora poderoso conservador jefe del MoMA, William Rubin, valoraba el arte de Bourgeois por no haber caído en la retórica de los escultores que, durante los años cincuenta, trataron de duplicar los efectos grandiosos de la pintura del Expresionismo Abstracto, pero consideraba que éste pecaba de inconcluso e inconsistente. Para Rubin, los elementos psicológicos o sexuales eran tratados demasiado literalmente.

Su escultura no responde a cánones que nos puedan parecer familiares. Al contrario, su obra se basa en la transgresión de las barreras, en la abolición de los límites. En Bourgeois la subversión de la diferencia sexual se extiende a una subversión de las formas y los géneros artísticos. La ambigüedad es quintaesencial en sus obras, en las que no queda nunca bien definido qué es lo exterior y qué lo interior, qué es lo individual y qué lo colectivo. De una manera no muy diferente a como sucedía con un cierto tipo de escultura surrealista, ejemplificada en los objets désagréables de Alberto Giacometti, crea objetos que se ubican en un espacio real, directamente en el suelo o colgados del techo y que, por tanto, no necesitan pedestal. Ahora bien, cuando utiliza el pedestal, no lo hace con la intención de idealizar la escultura, sino que le confiere una función transgresora, ya que con estos pedestales los objetos sexuales, agresivos y aformales se sitúan directamente a la altura de la vista. Transforma lo que podría haber sido una escultura tradicional-clásica en una crítica de la misma escultura. Se trata de la reacción intensa de una mujer ante el mundo del logos heterosexual y represivo, que durante tantos años ha sido hegemónico en los círculos artísticos europeos y americanos. Fue esa actitud radical la que propició que, desde los setenta, su arte empezase a ser reivindicado por numerosos grupos feministas; y que, en las últimas décadas, se haya convertido en una figura de referencia para todos nosotros.

Por Manuel Borja-Villel es director del Museo Reina Sofía.



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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
La última araña de Louise Bourgeois



Venecia expone la producción más reciente de la artista, fallecida el 31 de mayo a los 98 años

La muestra se convierte en un homenaje a la escultora de todo un siglo



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Spider (2007), una de las obras hechas por Bourgeois con telas de prendas de la artista o de su madre.
  
Louise Bourgeois nunca pensó en una despedida. Quería ofrecer una visión de los dramas y temores que conforman su arte. Pero, desde el pasado sábado y hasta el mes de septiembre, se ofrece en Venecia el que ha resultado ser un homenaje póstumo a la artista, fallecida el pasado día 31 de mayo a los 98 años. Como un símbolo, también son 98 las obras que, bajo el título Louise Bourgeois, The Fabric Works, se exhiben en los antiguos Almacenes de la Sal, transformados por Renzo Piano en el Museo de la Fundación Vedova. Casi un centenar de obras que ofrecen una detallada panorámica de los sentimientos que perturban al ser humano: la memoria, el dolor, las complejas relaciones familiares, un collage de las emociones de la escultora nacida en París y nacionalizada estadounidense.

El comisario de la muestra, Germano Celant, explica que, al preparar la exposición, la escultora nunca pensó en un resumen general de su obra sino más bien en una exposición normal, eso sí, con muchos inéditos que evidencian su incansable energía creativa. "Ella no pensaba en la muerte, solo pensaba en seguir trabajando. Se negó a que hiciéramos un catálogo general, como le propusimos, quería un catálogo específico de la muestra veneciana", comenta Celant. Y añade: "Es una lástima que se haya ido. Es cierto que sufrió mucho en su vida, pero también supo disfrutarla".

En la exposición no podía faltar el símbolo de su obra, una gigantesca araña que da la bienvenida a los visitantes en la puerta de las bodegas del siglo IV veneciano. Se trata de Crouching Spider (2003), ya expuesta en la Bienal de Arte de Venecia de 2009, una alegoría de la figura materna. "La asocio a mi madre, porque la araña es un animal que se esconde en los ángulos y pone trampas. Los ángulos dan seguridad. Pero ella no caía nunca en la trampa, por el contrario, trataba de poner trampas a los otros", escribió la artista en el catálogo.

Louise Bourgeois preparó The Fabric Works en colaboración con su asesor en Nueva York Jerry Gorovoy, y cuidó cada detalle de la muestra. Incluso tres días antes de su muerte aportó su opinión sobre la cubierta del catálogo. Bourgeois decidió también que en la primera parte de la muestra estuvieran obras emblemáticas de su carrera: Bullet Hole (2002), Peaux de lapins, chiffons ferrailes à vendre (2006) y Conscious and Unconscious (2008).

Muchos de los cuadros son inéditos y evidencian que, a pesar de su edad, no paraba de crear. Como la serie de cuadros realizada entre 2002 y 2008 con telas de vestidos suyos, de su madre o de otros seres queridos, que eran para ella una forma de "repensar la vida", según Celant. En total son 140 obras, de las cuales 80 se exponen en Venecia. "Vestirse es también un ejercicio de la memoria. Me hace explorar el pasado, pensar en cómo me sentía cuando llevaba cierto vestido. Los trajes son señales de tránsito en la búsqueda del pasado", escribió la artista. Sedas, lanas y trozos de ropa, que montados forman imágenes del universo de Bourgeois. Un universo ahora cerrado.



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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Este pasado verano pude visitar el Museo Guggenheim en Bilbao, y como no, allí estaba la famosa y monumental escultura 'Mamá' de Louise Bourgeois dándonos la bienvenida.


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Saludos.
 




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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Bourgeois, de visita en el infierno

El Museo Picasso Málaga dedica una retrospectiva a la artista con un centenar de obras, 30 de las cuales se muestran por primera vez



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'Juntos' (2005), en primer término, y 'Siete en la cama' (2001), dos de las obras de Bourgeois que pueden verse en Málaga. / Garcia-Santos

"Era tan hermosa y revelaba tal genialidad que no cogí el pincel en un mes... Parón total. Limpié los pinceles, las paletas. Una vez que la fuente de tal goce desapareció, la vida se hizo deprimente". Louise Bourgeois (París, 1911 - Nueva York, 2010) pronunció estas palabras en 1939, después de visitar la retrospectiva que el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York le dedicó a Pablo Ruiz Picasso. El impacto que causó la obra del malagueño en la entonces joven artista debió de ser brutal para dejar inerme a una de las creadoras más prolíficas del siglo XX. Nadie, ni siquiera Jerry Gorovoy, que fue su asistente durante sus 30 últimos años de vida, sabe si Picasso y Bourgeois llegaron a conocerse en el París de 1938, cuando ella abrió una pequeña galería de arte en el bulevar Saint-Germain por la que pasaron Delacroix, Matisse o Bonnard. Lo que sí sabemos es que el encuentro definitivo de estos dos titanes del arte contemporáneo se produjo este miércoles en el Museo Picasso Málaga con la inauguración de una retrospectiva de la artista franco-americana que recorre siete décadas de su carrera a través de 101 obras.

La exposición, que viene del Moderna Museet de Estocolmo, podrá verse en Málaga hasta el 27 de septiembre bajo un título tan sugerente y provocador como su autora: Louise Bourgeois. He estado en el infierno y he vuelto. La frase, que continúa "y permítanme decirles que fue maravilloso", forma parte de una obra de 1996, un pañuelo bordado que se incluye en la última de las nueve secciones de la muestra, la dedicada al equilibrio.

"A Louise Bourgeois el reconocimiento y el éxito le llegaron tarde, tras la retrospectiva que le organizó el MoMA en 1982, cuando tenía ya 71 años. Fue la segunda mujer que exponía en el MoMA, después de Georgia O'Keeffe. Desde entonces ha habido muchas exposiciones de Bourgeois en todo el mundo, varias de ellas en España; de forma que cuando nos planteamos esta muestra pensamos qué podíamos aportar a lo que ya se había hecho. Nos hemos centrado en el amplio arco de tiempo durante el cual trabajó (1938-2009) y en la diversidad de técnicas y materiales que usó y hemos organizado las piezas por temas, no por orden cronológico", explica en Málaga la comisaria de la muestra, Iris Müller-Westermann.


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'Araña' (1996), de Louise Bourgeois, en el Museo Picasso Málaga. / Garcia-Santos

"Su obra, como ella siempre admitió, contiene mucho drama, mucha tensión; pero a menudo aparecen los sentimientos y aportan un doble sentido a las piezas", relata la comisaria ante Guarida (1986), un saco de boxeo de goma sobre el que descargar toda su agresividad pero que está atravesado por un agujero "en el que puede esconder sus sentimientos más íntimos", añade Müller-Westermann. "No estableció nunca una separación entre arte y vida. Ella necesitaba trabajar para sobrevivir. Había momentos en los que estaba deprimida y bajaba el ritmo, pero siempre estaba haciendo algo física y mentalmente", apunta Jerry Gorovoy, presidente de The Easton Foundation, institución que gestiona el legado de la artista y que, el próximo septiembre, abrirá sus puertas en el barrio neoyorquino de Chelsea, en una casa junto a la que vivió la artista desde 1961 hasta su muerte.

La ironía, la sensualidad y la ternura comparten protagonismo con la rabia, la agresividad y la tristeza que la artista muestra descarnadamente en todo su trabajo. Sin tapujos, Bourgeois exorciza el trauma que le provocó la infidelidad de su padre con la institutriz inglesa que cuidaba de ella y de sus hermanos a través de sus obras. A este primer desencuentro con la vida se irían sumando otros que han alimentado durante siete décadas su universo creativo, que siempre ha estado influenciado por sus primeros años en el taller de restauración de tapices de su familia.

Bourgeois conoció al historiador del Arte americano Robert Goldwater en 1938 en París, ese mismo año la pareja se casó y se trasladó a Nueva York. "En 1941 se encuentra en un país que no es el suyo, casada y con tres hijos. Ha perdido su libertad y no le gusta su nueva vida. Esa angustia se plasma en obras como La fugitiva (1938) o Mujer casa (1947)", afirma la comisaria ante algunas de sus primeras obras.

"Ella siempre tuvo la sensación de no haber sido una buena madre, porque eso chocaba con su deseo de desarrollarse como artista", apunta Gorovoy, quien explica que la treintena de obras inéditas que forman parte de la muestra proceden de la fundación que él preside. "Esa no era originalmente nuestra intención, pero cuando las vi sentí curiosidad y las incluimos porque eran apropiadas para el discurso que queríamos construir", añade la comisaria ante una de esas piezas inéditas, Topiaria (2005), con la que Bourgeois es capaz de sorprender, una vez más, al espectador. La intrincada raíz de un árbol sostiene una delicada escultura de mármol con cuerpo de mujer, a la que esta jardinera de los sentimientos ha dado forma floral.


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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Louise Bourgeois, álbum de ausencias


La artista franco-americana protagoniza desde el próximo 10 de junio una muestra en el Museo Picasso de Málaga

Viajamos hasta Nueva York, a la que fue su casa, en el barrio de Chelsea, para hablar con el hombre que se convirtió en su mano derecha durante los últimos 30 años de su vida



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En el salón que da al patio trasero hay un corcho con múltiples fotos e la vida de la artista. / Joseba Elola

No paraba de gritarle. No paraba de gesticular y de gritarle. La primera vez que Jerry Gorovoy se encontró con Louise Bourgeois no se puede calificar de prometedora. El joven comisario esperaba que la artista, en aquel entonces underground, estuviera agradecida por haber sido incluida en una muestra en pleno Soho neoyorquino, una exhibición que podía ayudar a situarla en el mapa. Pero no, ahí estaba esa mujer pequeñita e iracunda profiriendo gritos como una posesa; no le gustaba cómo estaban dispuestas sus obras junto a las del resto de artistas que componían la exposición Diez esculturas abstractas. Corría el año 1980.

Nadie hubiera dicho en aquel momento que ese joven espigado, barbudo y apuesto, artista y comisario que buscaba su sitio en el mundo del arte, de nombre Jerry Gorovoy, iba camino de convertirse en el más firme apoyo de la artista francesa afincada en Nueva York, en el bastón que la sostendría durante sus 30 últimos años de vida, en el hombre que le organizaría la agenda, la recogería cada mañana a las diez en su casa para llevarla al estudio, le pondría plazos para que entregara sus obras a tiempo, su paño de lágrimas, el bálsamo de sus desconsuelos, su amigo. El hombre al que solía referirse como El Pacificador.

“Probablemente tendría que haber sido su psiquiatra”, dice con media sonrisa y gesto de cariño Gorovoy, hombre de pelo largo y aspecto elegantemente bohemio, nacido en Nueva Jersey hace 61 años. Enfundado en su chaqueta blanca, el que fuera asistente de Bourgeois está sentado en el viejo sofá azul en el que tantas tardes pasó, viendo a la artista trabajar en la mesa contigua; ella, siempre de espaldas a la cocina, mirando al patio trasero. Estamos en Chelsea, Nueva York, en la casa a la que Bourgeois (1911-2010) se mudó en 1961. Junto al sofá, sobre una mesa, reposan, intactos, los tubos de pintura al óleo que usaba una artista cuya obra ha experimentado un sostenido proceso de reivindicación a lo largo de los últimos 40 años, una mujer que plasmó su vida en cada jirón de sus esculturas de paño, cargando de fuerza autobiográfica cada retal de su obra, la impulsora del llamado arte confesional.


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En el taller. Louise Bourgeois, en el año 1967, contemplando una de sus esculturas, 'Germinal'.

En aquel primer encuentro –“me quedé en estado de shock total”–, Gorovoy pudo atisbar algunos de los trazos que ayudan a explicar la vida y la obra de esta creadora inclasificable que rompió con el minimalismo imperante en el Nueva York de los ochenta con una obra en la que volcaba todas sus turbulencias emocionales. “Básicamente, aquel día gritaba porque estaba nerviosa. Le ponía nerviosa exhibir sus trabajos. Según fui conociéndola, tomé conciencia de su ansiedad: cuando estaba asustada, asustaba a los demás”.

Ella solía decir que la gente feliz no tiene historias”, indica su asistente

–¿Su arte estaba conducido por la ansiedad?
–¿Su trabajo? Totalmente. Las obras solo le salían cuando tenía un problema o sufría de ansiedad. Ella solía decir: “La gente feliz no tiene historias”. Lo que la impulsaba eran los problemas, el dolor, la angustia, la ansiedad. Por eso necesitaba trabajar: para expresar, procesar e intentar comprender lo que le pasaba.

Llegan ecos de niños jugando en el patio de colegio ubicado junto a la parte trasera de la casa. A Louise Bourgeois, autora de la célebre araña gigante que habita a las espaldas del Museo Guggenheim de Bilbao, le encantaba escuchar ese rumor que filtraban sus ventanas. Le ayudaba, además, a saber cuándo había llegado la hora de comer. Le ordenaba el día.

En la parte trasera de esta vivienda reposa en estos días una de las réplicas de Maman (1999), la icónica araña de Bourgeois. Habita en un lugar que a partir del próximo mes de septiembre podrá ser visitado. La antigua casa del vecino está siendo reconvertida en espacio expositivo donde se podrán ver fotos de la artista, viejos carteles, escritos, esculturas, cuadernos de notas. Las arañas son uno de los elementos recurrentes de su obra. Aparecieron por primera vez en sendos dibujos que datan de 1947 y reaparecieron con fuerza a partir de los años noventa. A la artista francesa le atraían los arácnidos, insectos inteligentes, protectores y tejedores como lo fue ella en su infancia en el taller familiar de tapices medievales y renacentistas.

Louise Bourgeois, que falleció en 2010, a los 98 años, fue una creadora de honestidad brutal. Esculpía sus traumas, trazaba sus culpas, dibujaba sus obsesiones. “Pero era una mujer capaz de resucitar”, apunta José Lebrero, director artístico del Museo Picasso de Málaga, que el próximo 10 de junio inaugura Louise Bourgeois. I Have Been to Hell and Back (Louise Bourgeois. He estado en el infierno y he vuelto), una ambiciosa muestra sobre la artista francesa (nacionalizada estadounidense). “Los artistas lo pueden pasar mal”, añade Lebrero, “pero también son capaces, como lo fue ella, de sublimar este mal pasar y convertirlo en obra, haciendo partícipes de este tránsito sanador a los espectadores”.


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'Together' (2005), inédita hasta hace poco, es una de las obras que se podrán ver en la muestra del Museo Picasso de Málaga. / Ana Nance

Un pañuelo de cuadros con los bordes azules que la artista tejió en 1996, y en el que grabó el mensaje “I have been to hell and back. And let me tell you, it was wonderful” (He estado en el infierno y he vuelto. Y déjame que te diga, fue maravilloso), es la obra que sirve de leitmotiv y da título a la muestra. Procedente del Moderna Museet de Estocolmo, la exposición recoge más de 100 trabajos (47 esculturas, 44 dibujos en papel y piezas tejidas, y un lienzo), de los cuales 33 no se habían visto antes, según dicen los organizadores. La mitad de la obra expuesta, 52 trabajos, son posteriores al año 2000. Es decir, fueron creados por una Bourgeois octogenaria o nonagenaria.

La creadora de Maman fue una artista tremendamente prolífica hasta el final. Y es precisamente en los últimos años de su vida cuando sus trabajos adquieren mayor vuelo. “Yo soy un gran defensor de su obra de los años noventa y dos mil, es cuando ella llega a lo que realmente quiere contar, con economía de medios, precisión y claridad”, afirma Philip ­Larratt-Smith, canadiense de 36 años que comisarió una exposición basada en los textos de Bourgeois (incluidos los escritos psicoanalíticos; estuvo en terapia durante largos años). “Para la mayoría de los artistas, los últimos trabajos son posteriores al punto más alto de su obra; pero en el caso de Louise, no es así. Los trabajos más originales y radicales son los de su etapa final. Eso explica por qué tiene tan buena acogida entre los jóvenes artistas; la ven contemporánea”. Hacía tiempo que el comisario Larratt-Smith, que vive a caballo entre Dinamarca y Nueva York, no se acercaba a la antigua casa de Bourgeois. Aquí solía acudir él en los últimos años de la artista a leerle textos. “Siempre me pareció muy atractiva intelectualmente. Era una persona juguetona, irónica. Tenía un sentido del humor muy oscuro”.

Bourgeois tenía unas rutinas bien marcadas. Cada mañana, a las diez, Jerry Gorovoy acudía a buscarla para llevarla al estudio que tenía en Brooklyn, donde pasaba el día trabajando. Acudía allí seis días por semana. “Unos días estaba de mal humor porque algo le molestaba; otros, estaba fenomenal”, recuerda Gorovoy. “Louise sufría de un insomnio terrible”. En los últimos cinco años de su vida, podía estar cuatro o cinco días seguidos sin dormir.

Este ritual diario queda recogido en 10AM is when you come to me (Las diez de la mañana es cuando vienes a mí) (2006), serie de dibujos que refleja la gratitud de la artista hacia su asistente. En ella se ven sus manos y las de Gorovoy acercándose, tocándose; el trazo se vuelve tembloroso en la última estampa, el reloj se pone rojo. Es el reflejo del miedo a que él no llegue, a que lo haga tarde.

Sus escritos revelan que tenía una fijación edípica con su padre”, afirma Philip Larratt-Smith

“Ella solía castigarme destrozando sus obras”, relata Gorovoy con una imagen de Bourgeois junto al cantante Bono y al artista Damien Hirst a sus espaldas. Acusaba a su asistente de ser el que la obligaba a trabajar, a cumplir con los plazos. “Podía ser muy autodestructiva; y destructiva con otros. Tras comportarse así con alguien, se sentía culpable”.

Gorovoy, que compartía con Bourgeois un gran interés por el psicoanálisis, profundiza en las características psicológicas de la artista. “Se sentía culpable por no ser una buena madre. Por no ser una buena esposa. Su relación con sus padres fue complicada, hay mucho sentimiento de culpa en su trabajo. Llegó a Nueva York en 1938 y en 1941 ya tenía tres hijos. Aquello fue muy duro. Tenía que ser mujer, madre, y quería ser artista. Todo este conflicto entre esos roles le suponía una gran presión y se sentía culpable por no poder llegar a todo”.

Louise Bourgeois nació en el seno de una familia de clase media en el París de 1911. Sus habilidades para el dibujo no pasaron inadvertidas para su madre, que regentaba un negocio de restauración de tapicerías medievales y renacentistas. Ahí dio la pequeña Bourgeois sus primeros pasos como artista.

Un gran trauma de infancia marca su vida y su obra. El causado por la relación que su padre mantuvo con la tutora que le enseñaba inglés, Sadie Gordon Smith. “Lo que sus escritos de psicoanálisis revelan es que tenía una fijación edípica con su padre”, afirma Philip Larratt-Smith, hombre que empezó a trabajar con el archivo de Louise Bourgeois en 2002, ordenando todos sus escritos, diarios, agendas y apuntes, y que acabó comisariando una muestra con 93 textos de la artista bautizada como The Return of the Repressed (el retorno de lo reprimido). “Ella contaba que le odiaba, que le molestaba que fuera mujeriego; pero, en realidad, le idealizaba, le amaba”.


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A la derecha, la habitación a la que se mudó Bourgeois en 1973, poco después de fallecer su marido. Decidió no volver a usar el cuarto con cama de matrimonio para trasladarse a esta estancia con vistas a la calle. / Ana Nance

El retrato psicológico es complejo porque, por otro lado, experimentaba sentimientos de odio, resentimiento y celos hacia la figura materna, de modo que la coexistencia de estos conflictos emocionales dejará huellas en su discurso artístico.

El pintor cubista Fernand Léger fue uno de sus maestros en París. Bourgeois abrió una pequeña galería de arte en el seno del negocio familiar. Allí conoce a su marido, el historiador de arte norteamericano Robert Goldwater. Esa relación sella su salto a Estados Unidos, el lugar en el que desarrollará toda su carrera artística.

Llega a Nueva York en 1938, donde su marido la pondrá en contacto con el mundillo del arte. Conocerá a Willem de Kooning, a Mark Rothko y a franceses afincados en la Gran Manzana en los años de la Segunda Guerra Mundial como André Breton y Marcel Duchamp. Ahí empieza a sufrir de insomnio y descubre los efectos terapéuticos de la pintura.

“Ella deseaba tener hijos. Y su marido, al principio, no quiso”, explica Gorovoy. “Pero luego, cuando los hijos llegaron, ella, en realidad, no los quería; y su marido, sí”. En 1939 adoptan a Michel Olivier, un chico francés, huérfano. En 1940 nace su hijo Jean-Louis. Un año más tarde llega el tercer hijo de la pareja, Alain Matthew. Y en 1945 realiza su primera exposición en solitario, Pinturas de Louise Bourgeois, en la galería neoyorquina Bertha Schaefer. Así arranca su carrera.

Gorovoy recorre la casa a la que la familia se mudó en 1961. Aquí desarrolló la artista gran parte de sus trabajos de la década de los sesenta, setenta y ochenta (después trasladó el trabajo a un estudio en Brooklyn). En la segunda planta está la habitación que compartió con su marido. En 1973, cuando este falleció, decidió no volver a utilizar esa estancia que da a la parte trasera de la casa y se mudó a la habitación con vistas a la calle. Le encantaba sentarse a mirar por la ventana.

La estrecha cama en la que dormía sigue intacta, encuadrada en una librería. Allí reposan polvorientos ejemplares de Jules et Jim, de Henri-Pierre Roché, junto a obras de Proust, Malraux, Salinger y Erica Jong.

Un día acudió al MOMA y retocó una obra delante del público. Los vigilantes le afearon la conducta. Ella se rebeló

La artista franco-estadounidense expuso a lo largo de tres décadas en Francia y en Nueva York. Pero durante mucho tiempo fue, básicamente, un fenómeno underground. Hasta que se cruza en su camino Deborah Wye. La retrospectiva que comisaría en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, MOMA, en el año 1982, cambia el rumbo de la carrera de Bourgeois y le granjea, por fin, un reconocimiento internacional. La artista ya tiene por aquel entonces 70 años.

Wye recuerda que tuvo que enviar un camión del MOMA a casa de Louise Bourgeois seis meses antes de la exposición para evitar que siguiera retocando sus trabajos. “Para que, con su ansiedad, no lo volviera a cambiar todo”, señala con media sonrisa Wye, que fue comisaria de dibujo y obra impresa del museo neoyorquino. Recuerda incluso que, una vez inaugurada la retrospectiva, hubo un día en que Bourgeois se acercó por el MOMA y empezó a retocar uno de sus trabajos, con el público delante. Los vigilantes le afearon la conducta. Ella se rebeló. Para algo era la autora.

“Adoro cada una de sus fases artísticas, de sus esculturas y de sus dibujos”, dice Wye, que trabaja en la web que reúne todos los trabajos impresos de la artista neoyorquina (ha colgado ya 2.190 obras).

La soledad, el abandono, la maternidad. Son algunos de los grandes temas de su obra, en la que plasma todo aquello que le obsesiona. Sus creaciones experimentan un cambio importante en los últimos años, en que deja de volcar el antagonismo con su padre para reorientar su trabajo hacia la figura de la madre, utilizando materiales más suaves, recuperando la práctica de tejer de su infancia, usando paños y gomaespumas para sus esculturas. En los setenta-ochenta es reivindicada en los círcu­los feministas. A finales de la primera década del nuevo siglo, por el movimiento gay.


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Jerry Gorovoy fue durante 30 años el asistente de Louise Bourgeois. / Ana Nance

El valor de sus obras no ha dejado de crecer en los últimos 30 años. Lo explica en conversación telefónica desde Zúrich Iwan Wirth, galerista y uno de los embajadores de la obra de Bourgeois en la Europa de los noventa. “Pero comparada con artistas de su generación, en mi opinión, todavía está poco valorada”, dice, en términos de mercado. Una escultura de Giacometti se puede vender por 115 millones de euros; una de Bourgeois, por 13, ilustra.

La etapa que compartió con Gorovoy, sus últimos 30 años, fue la más prolífica de su carrera. La que generó la mayor parte de las obras que se podrán ver en Málaga. El asistente y amigo dice que echa mucho de menos a la artista franco-americana. Que aprendió mucho con ella. “Era alguien intensamente sensible, visualmente inteligente. El modo en el que percibía el mundo era tan único…”.

Su arte fue su terapia hasta el final. De ahí la fuerza y honestidad de sus trabajos. En una entrevista concedida en la segunda mitad de los ochenta a Christiane Meyer-Thoss, Bourgeois dijo: “No estoy interesada en la belleza de la piedra. La doy por hecha. Yo intento expresar los devastadores efectos de las emociones que experimentamos. Ese es mi tema”.


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La comisaria que lo cambió todo. Deborah Wye impulsó en 1982 la retrospectiva del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York que lanzó a la artista franco-americana.



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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Desde el 10 de junio y hasta 27 de septiembre de 2015 el MPM muertra la compleja y fascinante obra de Louise Bourgeois (1911-2010), una de las artistas más influyentes del siglo XX.


El Museo Picasso Málaga presenta la exposición 'Louise Bourgeois. He estado en el infierno y he vuelto'


Se trata de la mayor retrospectiva que sobre Louise Bourgeois se ha organizado en España, con más de cien obras de arte realizadas a lo largo de siete décadas, un tercio de las cuales nunca antes había sido expuesto.



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Para la ocasión, en el patio del Palacio de Buenavista - sede de la Colección del Museo Picasso Málaga - se ha instalado Araña (1996), una de las esculturas más reconocidas de Louise Bourgeois.
 


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Louise Bourgeois nació en París en 1911, en el seno de una familia acomodada que regentaba un taller de restauración de tapices medievales y renacentistas. En 1938 parte hacia Estados Unidos, en donde residirá el resto de su vida. Miembro del American Abstract Artists Group, obtuvo el reconocimiento de la crítica y el éxito comercial tras la retrospectiva que le organizó el MoMA en 1982, habiendo cumplido ya los setenta y un años. Su producción, original y compleja a la vez que diversa y fascinante, aborda la memoria, la sexualidad, la maternidad, las relaciones humanas y la búsqueda de equilibrio.
 
La carrera de Louise Bourgeois presenta una serie de coincidencias con la de Pablo Picasso: ambos crearon la mayor parte de su obra en otro país; la innovación y la experimentación es una constante en sus longevas trayectorias; y la obra de ambos es una referencia ineludible para las generaciones de artistas posteriores.

 
“LA ESCULTURA ES EL CUERPO, MI CUERPO ES LA ESCULTURA“ L.B.


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Escultura, dibujo, pintura, instalación, la artista abordó todos los géneros, creando una obra autobiográfica singular, lírica y radical. Bourgeois concibió esculturas en diversos formatos, creó sugerentes dibujos y grabados, y construyó inquietantes instalaciones. En un mundo en el que la mujer ha estado considerada como artista de segunda categoría, su obra ha asumido una emblemática presencia hasta el punto de estar considerada como la mujer artista más importante de nuestro tiempo.

A partir de sus figuras esculpidas en madera en los años 40, Louise Bourgeois experimentó con la representación de fragmentos del cuerpo humano. Pero serán sus famosas arañas de bronce las que le harán mundialmente célebre, por lo que para la ocasión se ha instalado en el Museo Picasso Málaga la escultura Araña (1996), de casi 8 metros de diámetro y más de 3 metros de altura. La artista representó así a su madre: como una enorme arácnida, paciente, protectora e incansable tejedora, en directa alusión al oficio que ésta desempeñó en el taller familiar de restauración de tapices.

 
“HE ESTADO EN EL INFIERNO Y HE VUELTO. Y PERMÍTEME DECIRTE, FUE MARAVILLOSO” L.B.


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Esta retrospectiva en el Museo Picasso Málaga mostrará 101 obras de Louise Bourgeois, realizadas entre la década de los años 40 y 2009.  Cuarenta y seis esculturas de bronce, tejido, látex y aluminio, una celda y una pintura se expondrán junto a cincuenta y tres obras en papel y textiles, muchas de ellas de gran formato o realizadas en series. Dividida en nueve secciones – La fugitiva, Soledad, Trauma, Fragilidad, Estudios naturales, Movimiento eterno, Relaciones, Dar y recibir y Equilibrio- la selección de obras de esta exposición engloba la complejidad de su trabajo. Comisariada por Iris Müller-Westermann y organizada con el Moderna Museet aúna más de cien obras de arte realizadas a lo largo de siete décadas, un tercio de las cuales nunca antes ha sido expuesto.

Como antesala de la exposición, los visitantes podrán acceder a Louise Bourgeois: Photo Album, un recorrido por la vida de la artista a través de fotografías. Además, se proyecta el documental que Nigel Finch dirigió en 1994 para la BBC, Louise Bourgeois: No Trespassing, así como un audiovisual producido por el Museo Picasso Málaga con entrevistas a Jerry Gorovoy, presidente de la fundación Louise Bourgeois, The Easton Foundation, Nueva York; a la comisaria de la exposición, Iris Müller-Westermann; y al director artístico del Museo Picasso Málaga, José Lebrero Stals.

El catálogo está profusamente ilustrado y ha sido editado en inglés, por lo que una selección de textos traducidos al español pueden descargarse gratuitamente en la web del Museo Picasso Málaga. Además, se ha editado para los visitantes un cuadernillo bilingüe (español-inglés) de 32 páginas que explica los diferentes ámbitos de esta exposición y contiene una breve biografía de la artista. Tras Sophie Tauber-Arp. Caminos de vanguardia (octubre 2009-enero 2010) e Hilma af Klint. Pionera de la abstracción (octubre 2013-febrero 2014), el Museo Picasso Málaga aborda de nuevo una retrospectiva que pone en valor el trabajo artístico de la mujer en la historia del arte.


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Una obra de Louise Bourgeois expuesta en el Museo Picasso de Málaga.


Agradecimiento especial a Hauser & Wirth
Patrocina Caixabank
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Fuente: museopicassomalaga.org
 




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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Hombres, 92; mujeres, ocho


92 es el porcentaje sobre el total de obras de arte vendidas durante el año pasado cuyos autores son varones.

El otro 8% se lo tienen que repartir las chicas. Si comparamos cotizaciones, el contraste es igual de tremendo.




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La araña de Bourgeois, durante una exposición en Málaga. / JESUS DOMINGUEZ

En algunos sectores del mundo del arte no quieren oír hablar de hombres o mujeres sino de artistas. "Es igual que tengan pene que vagina", apuntan desde una casa de subastas. Los vendedores y vendedoras son de los que miran una obra de arte y la convierten en una cifra de dinero, con la comisión excluida. En otros ámbitos del mismo círculo, la diferencia entre obras y precios de hombres o mujeres llama, por lo menos, la atención. En las subastas de Nueva York de arte de postguerra y contemporáneo en 2015 el 92% de las ventas correspondió a obras creadas por hombres y el 8% a piezas hechas por mujeres. El mismo porcentaje de 2014, el mismo que salió de un estudio sobre las obras presentadas al público en el museo MoMA de Nueva York en el 2012.

En el 2014 un cuadro de la americana Georgia O'Keeffe consiguió el récord de precio más alto pagado en subasta por una obra firmada por una mujer. Flor Blanca No. 1, de 1936, fue vendido por 44.4 millones de dólares (35 millones de euros). El mercado, para ellas, se animaba y aunque no se llegaba, ni de lejos, a las cifras de ciento y pico millones de sus compañeros, parecía que las artistas se hacía un hueco en el ámbito conocido como el top, la franja alta del mercado. En 2015 se ha conseguido superar la marca en la venta de una escultura gracias a Louise Bourgeois. Spider (Araña), de 1996, fue adjudicada por 25 millones de dólares (20 millones de euros).

Las cifras citadas ni siquiera se parecen a los récords globales conseguidos por ellos en los 12 meses previos al actual. En el 2015 se consiguió el precio más alto de pieza de arte vendida en subasta y en mercado privado. El cuadro de Paul Gauguin ¿Cuándo te casaras? fue adquirido por la familia real de Catar a una familia suiza por 300 millones de dólares (250 millones de euros), convirtiéndose en el lienzo más caro de la historia. Los cataríes tienen por norma no comentar sobre compras de arte, pero la información surgió de intermediarios creíbles en Nueva York y Londres.

Por lo que respecta a la venta en subastas, 2015 subió también el listón de los precios conseguidos hasta entonces. El cuadro de Picasso Las mujeres de Alger, de 1955, fue vendido en Christie's por 180 millones de dólares (135 millones de euros) a un comprador de Catar, miembro de la familia real, tío de la jequesa que obtuvo la obra de Gauguin en nombre de los museos cataríes. Las cifras alcanzadas por las artistas en 2015 permanecen a la sombra de las conseguidas por los artistas.

Aunque parece que a ellas les cuesta más tiempo y esfuerzo hacerse notar económicamente, el 2015 ha visto revalorizarse no únicamente a la fallecida Louise Bourgeois sino también a Ruth Asawa (1926-2013) cuyas obras han superado la barrera de los 1,5 millones de euros después de muerta. Agnes Martin vendió Happy Valley, de 1967, por cinco millones de euros en Christie's y la cubana Carmen Herrera, que cumplirá 101 años en mayo, es motivo de exposiciones en Nueva York y ventas que rozan el millón de euros de sus obras minimalistas. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Louise Bourgeois: bienvenidos al dolor

El Guggenheim Bilbao propone un viaje por la vertiente más oscura de la artista fallecida a los 99 años en 2010



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Louise Bourgeois, fotografiada en 1986 dentro de su obra 'Guarida articulada'... Ver vídeo

El entrecomillado “Me dedico al dolor para dar sentido y forma a la frustración y el sufrimiento. No puedo hacer desaparecer el dolor. Ha venido para quedarse” no parece el mejor eslogan escaparatista para vender el concepto exposición del verano. Y de hecho no lo es. Ese entrecomillado es la plasmación de una verdadera declaración de intenciones. La de los responsables del Guggenheim Bilbao, incrustando en el luminoso mastodonte de Frank O. Gehry los mundos —pero sobre todo los submundos— de Louise Bourgeois (París, 1911-Nueva York, 2010).

La exposición Estructuras de la existencia: las celdas abre sus puertas hoy y las cerrará el 4 de septiembre. Exposición del verano, pues. Así que esto ya sugiere una imagen: visitantes en bermudas y camiseta saliendo al sol pero con mala cara, aficionados al arte en plenas vacaciones pero noqueados tras recorrer una tiniebla que no esperaban y asistir al viaje por la soledad, el miedo, el abandono y la angustia, porque no otra cosa es esta exposición.

Bourgeois es indiscutible como trofeo de caza para cualquier museo (la muestra viene de Múnich y Moscú y viajará a Copenhague). Pero hace falta tener muy claras las cosas y saber no renunciar a nada para apostar por esta selva tenebrosa y proponerla a los turistas —que es lo que en verano mayoritariamante entra a un museo como el Guggenheim— como oferta de ocio vacacional. La amargura y los exorcismos de Louise Bourgeois no son precisamente las cicciolinas y los popeyes de Jeff Koons. Ni falta que hace.

Organizar una escultura como quien programa el tratamiento de un enfermo: eran sus propias palabras y ese es el concepto que sobrevuela las salas del Guggenheim. Bourgeois, la mujer menuda, irascible y genial creadora de esas célebres arañas gigantes en bronce pensó y erigió en los últimos 20 años de su vida más de 60 estructuras espaciales para contar ni más ni menos que las oscuridades de una vida. La suya. Las Celdas son autorretratos. Aquí hay 28 de ellos, la más importante exposición montada nunca en torno a esta faceta de la artista, la más áspera y oscura.

El miedo como tema

No quiso dejar nada sin contar y no lo dejó. Hay que advertir que el tono y el material de su narración son, digamos, algo diferentes a los de otras. Las celdas tratan del miedo, y el miedo es libre. Lo puede traer un crujido a destiempo. El ladrido de un perro en medio de la bruma donde ya no hay espigón. Luego están los miedos de la vida, que son los de la muerte. Bien lo sabía Louise Bourgeois: muere la gente y no sabes qué preguntas hacerte ni qué respuestas serás capaz de darte. Eso da miedo. Bien lo sabía aquel pájaro de ala quebrada, alguien volcánico y depresivo con pulsiones suicidas (lo intentó dos veces, la primera cuando murió su madre en 1932, la segunda cuando su padre, que encima se acostaba con la institutriz, quiso casar a Bourgeois con un amigo suyo).


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Un hombre camina junto a la obra 'Araña', que forma parte de la exposición sobre Bourgeois que acoge el Museo Guggenheim. ANDER GILLENEA AFP

“Tenía sus problemas sicológicos, claro, mucha ansiedad, temores, miedos, depresiones y un gran sentimiento de culpabilidad por no ser buena madre… pero sabía que el arte le ayudaba a sobrevivir, todo su proceso creativo, no solo las celdas, eran una terapia”, explica Jerry Gorovoy, asistente personal durante 30 años y actual presidente de la fundación que gestiona los derechos y la memoria de la artista. “Una artista que nunca hizo cosas para el público… sino para ella misma”, aclara Gorovoy sobre alguien a la que la crítica y el mercado del arte reconocieron cuando sobrepasaba ya los 70 años.

Días negros, La destrucción del padre, Sin salida, Arco de histeria, Pasaje peligroso, El confesionario… son títulos que no dejan resquicio a la duda en esta peregrinación por entre las estructuras de acero, vidrio, madera, tela, látex, mármol, resina o trozos de espejo. Todo resulta tétrico y, a la vez, extrañamente plácido. Más que a la contemplación de un conjunto de obras, al visitante se le propone pulular entre ellas, formar parte de ellas. El reto se aceptará o no. Si es que no, tendremos a un visitante de museo visitando un museo. Pero si es que sí, tendremos en escena la rara (por escasa) especie de los pobres diablos examinando en su interior, confrontándose a la obra de arte, cayendo quizá en la cuenta de que, qué demonios, como sostenía Louise Bourgeois el arte nos puede salvar, o al menos interrogar.

La soledad, el abandono, la inseguridad, lo ido, el daño, la memoria, el dolor intenso, quién sabe si la curación. No es poco para una exposición de verano.

Cuesta creer que lo temible pueda resultar poético. Pero en las salas oscuras las guillotinas, los reclinatorios, las prótesis, las puertas, camas y sillas desvencijadas (muchas de ellas recuperadas de vertederos o escombreras), los frascos de perfume —en su caso, siempre Shalimar de Guerlain— y las aberturas por donde asomarse como un voyeur… surgen como estrofas de un poemario maldito. Un poco hay de Baudelaire y un mucho de Duchamp y Bacon. Tampoco olvidemos a Freud.

Es el universo de Louise Bourgeois, un espejo en el que nadie querría mirarse. Ella sí. Amó a su madre muerta (de ahí el útero vacío como tema constante), quiso matar al padre aunque nunca aparcó el complejo de Electra. También quiso matarse a sí misma. Quedan estas 28 celdas como testimonio de una desolación. También como la demostración empírica de un caerse y levantarse. Celdas-refugio, celdas-cárcel, celdas-siquiátrico. La curación por el arte. O el anhelo de ello.


Arte, miedo y neuras en forma de cartas

Bajo la batuta de Jerry Gorovoy, asistente personal —y psiquiatra oficioso— de Louise Bourgeois durante 30 años, abrirá sus puertas en septiembre en el que fuera estudio de Bourgeois en Brooklyn —un antiguo taller textil— un gran centro de interpretación sobre su vida y su obra. Un archivo con centenares de cartas y documentos y fotografías, una residencia para artistas y una colección estable vertebrarán el proyecto. Además, Gorovoy ultima la próxima publicación de esos más de mil folios de cartas personales en los que la autora de las célebres arañas gigantes hablaba de sus procesos creativos, de sus miedos y de sus neuras.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
Exposición de Louise Bourgeois en el Guggenheim de Bilbao


La libertad de las jaulas



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El Museo Guggenheim de Bilbao reúne por primera vez en España las 'Celdas', una de las series que representa lo más inquietante del trabajo de la artista francoamericana Louise Bourgeois

Louise Bourgeois conoció otros mundos: lugares de convulsión, infiernos anchos. Fue inquilina del espanto, pero también tuvo su cielo. La memoria fue el motor de explosión de su desamparo. Una poderosa vocación de recordar y hacer de su biografía el precio exacto de tanta penumbra y desmesura. "A lo que me dedico es al dolor para dar sentido y forma a la frustración y el sufrimiento", dijo en una ocasión. Lo escribió y lo dijo. Porque a hurgarse por dentro dedicó buena parte de su obra. Su obra fascinante. Su obra física, mental, intelectual. Louise Bourgeois, francoamericana, vivió casi 100 años (1911-2010). Nació en París y murió en Nueva York. Y no hizo del arte un remedio, sino un viaje crispado alrededor de sus demonios.

Necesitaba la confrontación. Estaba convencida de que la gente feliz no tiene historias. Ella procesaba la vida modelando sus traumas, su ansiedad, con una vocación confesional. El mapa de su vida son sus piezas. Fue incansable hasta el final: dibujos, patchwork, escultura, instalaciones... El trauma originario le viene de la infancia, de su padre (del temperamento abrasivo del padre). De la relación de aquel con su niñera. De la madre que muere antes de tiempo. De la zancadilla de ser mujer en un mundo macho ("Cuando nací mis padres peleaban como gatos y perros. El país se preparaba para la guerra y mi padre, que quería un niño, me tuvo a mí"). Todo eso contorneó su cabeza por dentro y la afianzó en la osadía. Es una de las artistas más poderosas del siglo XX, con un lenguaje hecho de retales de preguntas y de psicofonías. Ecos muy desgarrados que alcanzan su punto exacto de cocción en una de las series que reúne el Museo Guggenheim de Bilbao en una exposición abundante: Estructura de la existencia: las Celdas (patrocinada por la Fundación BBVA), abierta hasta el 4 de septiembre y de la que son comisarias Julienne Lorz y Petra Joos.


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Una pieza de la exposición del Guggenheim dedicada a Louise Bourgeois. REUTERS

Las Celdas tienen en inglés su término abierto, Cells, que señala tanto el espacio individual de una cárcel o un monasterio como la célula biológica de un organismo vivo. Y en esa ambigüedad reside esta parte de la obra de Bourgeois, desarrollada entre 1986 y los últimos compases de su vida, presentadas en conjunto por primera vez ahora en España. "Estas piezas se ubican en algún lugar entre el panorama museístico, la escenografía y la instalación. Se trata de una entidad escultórica que, a escala y nivel formal, carece de parangón en la historia del arte", sostiene Lorz.

Y es que en ellas está reunida la astronomía artística de Bourgeois. Reinventó sus métodos de trabajo y probó con todos los materiales posibles para dar sitio y sentido al geiser de una emocionalidad que tiene sus raíces en el miedo, en el disfraz, en el espejo, en el voyeurismo, en la necesidad de inventarse, de integrarse, de mezclarse o destruirse. Estas celdas son jaulas, pero también son furias puestas en pie. Traumas y peligros que toman forma, como una arquitectura inadecuada, como una liberación de lo que guarda toda intimidad averiada y su alfabeto de histerias.

"Cuando empecé a crear las Celdas quería establecer mi propia arquitectura y no depender del espacio de un museo, no tener que adaptar a él mi escala. Quería constituir un espacio real en el que uno pudiera entrar y por el que pudiera moverse", aclaraba la artista. De ahí que estas obras sean paseables, incluso navegables desde el ánimo de quien mira. Cabezas de trapo dentro de jaulas. Habitaciones hechas de puertas viejas e invadidas por objetos de naturaleza orgánica: cristales, sábanas bordadas con mensajes que encierran reglas de felicidad o de tensión, cuchillas de guillotina, sillas de tortura, referencias múltiples a la infancia, globos de vidrio rojos y azules. Materiales de derribo de la memoria. También el contrapeso de los sexos. Incluso el rumor de ese ruido tan triste que hacen dos cuerpos cuando se aman. Símbolos sin cesar.


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Francisco González, presidente de la Fundación BBVA y Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, escuchan las explicaciones de Jerry Gorovay, asistente de la artista y presidente de la Easton Foundation en la exposición Louise Bourgeois. FUNDACIÓN BBVA

Y, dispersas, las bobinas de hilo en tantas de estas piezas. Ese hilo que lleva a la madre y que remata en la araña. La descomunal araña que hilvana su tela y es madre y crimen al mismo tiempo. Este es uno de los elementos simbólicos de la última etapa de Bourgeois. "Pero sus obras no parecen pertenecer a un periodo de creación concreto... Al final de su carrera se sitúa al margen de la mayoría de sus colegas, aunque no de las generaciones más jóvenes, a las que atendió e influyó de distintas formas. Aunque la independencia con la que implacablemente marcaba su propio camino diferencia claramente su obra más tardía de la de sus contemporáneos", subraya Jerry Gorovoy, su asistente y confesor durante 30 años.

Hasta el final estuvo Louise Bourgeois trabajando sin pausa. En su casa de Chelsea o en su estudio de Brooklyn. Desde aquel 1940 en que llegó a Nueva York con su marido, el historiador Robert Goldwater. No recibió reconocimiento hasta la década de los 70. Pero tampoco le importó. La vida sucedía en su mente con todos los ingredientes necesarios. De la muchacha que regentaba en París un taller de telas a la artista de sofisticación carnal e ímpetu primitivo suceden casi 80 años. Una vida de esplendor que alcanzó una de sus cimas en las autosuficientes piezas que el Guggenheim despliega. Las Celdas. Allí donde pasado y presente se conjugan con una brutalidad delicadísima. Allí donde sentir convoca sin remedio un peligro hermoso.


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Mensaje Re: Bourgeois, Louise 
 
La Tate Modern altera la Historia del arte


El museo amplía sus espacios y propone un radical replanteamiento de la colección



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El edificio de la ampliación de la Tate Modern, en Londres. El nuevo edificio The Switch House del museo es una imponente torre de diez plantas, diseñada por los mismos arquitectos, los suizos Jacques Herzog y Pierre De Meuron, que en el 2000 se encargaron de reconvertir una antigua central eléctrica abandonada en lo quees este icónico museo.

La Tate Modern, el museo de arte moderno y contemporáneo más visitado del mundo, ha desvelado hoy, martes, ante unos 800 miembros de la prensa, sus cartas para seguir ganando en el siglo XXI la partida del arte como un improbable equilibrio entre reflexión y espectáculo: una pirámide de ladrillo de 10 pisos firmada por los arquitectos suizos Herzog &DeMeuron —que ha costado 260 millones de libras y amplía sus espacios expositivos en un 60%— y una nueva forma, más plural, global y femenina de contar la historia a partir de 1900. “El mundo ha cambiado mucho en estos 16 años [desde la apertura en 2000], ya era hora de que también alteráramos los relatos”, explicó en la presentación Frances Morris, su directora desde enero.

La nueva estructura se asemeja a una de esas torres defensivas que salpican la costa oriental británica. Desde fuera, la fortaleza solo se permite el respiro de unos escuetos ventanales por los que de buena mañana se introducía una luz típicamente londinense. El símil defensivo es útil: el nuevo edificio apuesta por preservar la belleza brutal de los muelles meridionales del río, en los que el arquitecto Giles Gilbert Scott erigió a mitad del siglo pasado la central eléctrica que acabaría en ejemplar museo e icono de la nueva ciudad. La mole achatada luce hoy asediada por torres de cristal a este lado del Támesis y, al otro, por la amenazante arrogancia del dinero de la City. De esta se obtiene una inmejorable vista desde la terraza panorámica del último piso del nuevo edificio, una atracción turística en sí misma y “la mejor postal de la ciudad para un corresponsal financiero”, como certificó asomado a la barandilla el divulgador de la BBC Will Gompertz.

Un simple vistazo evidencia, como aseguró sir Nicholas Serota, responsable de la Tate (paraguas que cobija la Tate Modern), que la pareja no ha pretendido crear “un icono”, sino servir a un propósito espacial gracias a una sutil inversión geométrica. Si el viejo edificio (ahora llamado Boiler House) proponía una distribución vertical de los espacios y las visitas, en el zigurat retorcido (Switch House), vence la fluidez gracias a un entramado de escaleras enroscadas. Así, queda redimido cierto pecado original: la enormidad de la Sala de turbinas (proyectada por los mismos arquitectos) ha definido mucho de lo que el museo significa en el imaginario global (gracias a intervenciones como el sol de Olafur Eliasson o la grieta abierta por Doris Salcedo), pero también acogotó los espacios propiamente galerísticos de una institución pensada para recibir dos millones de visitantes al año y que ya supera los cinco.


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Escultura de un árbol del artista chino Ai Weiwei en el espacio Turbine Hall de la Tate Modern.

“Hubo un proyecto inicial de construirla en vidrio”, explicó en un aparte y con solvente dominio del español Jacques Herzog. “Aquella locura la olvidamos, por suerte. Puede parecer una estructura muy sólida, pero permite que penetre mucha luz del exterior por los huecos de la piel de ladrillo. Nos preocupaba que lo nuevo y lo viejo formasen un todo y que pareciera que la construcción siempre estuvo aquí”.

La ampliación ha servido también para reordenar la colección permanente, tanto en los viejos espacios como en los nuevos, consagrados al arte desde 1960. La Tate fue pionera en negar la cronología como un modo válido de relato. Esa idea sale ahora reforzada. Si las salas de siempre se han reorganizado en torno a conceptos como El artista y la sociedad o Materiales y objetos y el artista brasileño Cildo Meirelles convive con el titán del arte estadounidense Mark Rothko, la preocupación de los equipos comisariales residentes (que firman sus decisiones) se centra en las recién construidas en tres de los temas esenciales del arte contemporáneo: el sentido de la representación escultórica, la participación del público y la ciudad.

Entre las 800 obras de 300 artistas de 50 países expuestas (tres cuartas partes de las cuales han sido adquiridas desde que abrió el museo), crece la presencia de mujeres hasta el 50% (cuando el museo abrió, el porcentaje era del 17%). La apuesta se plasma tanto en la decisión de destacar el trabajo de Louise Bourgeois como en la presentación de la primera planta, donde una sucesión de piezas de Joan Jonas, Angela Bulloch, Cristina Iglesias, Amalia Pica o Yayoi Kusama lanza una primera advertencia: quizá el arte no se desarrolló tal como nos lo habían contado.

Y no solo lo relativo al género: artistas libaneses (Saloua Raouda Choucair), rumanos (Ana Lupas) o de Benín (Meschac Gara) destacan en la colección permanente en un intento de derribar el discurso dominante (europeo y estadounidense) para sorpresa hasta de los vigilantes de sala, que miraban las cartelas con genuino interés. Además, salen reforzadas disciplinas como la fotografía, el cine, el arte en directo o la performance, que disfruta de su propio espacio en los tanques del sótano y se expande por el centro.

Como para subrayar que el cambio permanente es hoy la única certeza posible en todos los órdenes de la vida, Morris sentenció: “Estoy segura de que la institución será muy distinta en 10 años, pero también que no necesitará de más espacio”. Y sonó creíble. En el cambiante mapa de los museos, la nueva Tate abre el viernes al público equipada para enfrentarse al reto de seguir pintando, ahora que otros han aprendido tan bien a continuar lo que la institución londinense empezó: resultar relevante para una vasta legión de visitantes (turistas) tendentes a la dispersión y al bostezo.


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Trabajos de la artista Louis Bourgeois en las nuevas instalaciones de la Tate Modern de Londres.



“No creemos en las franquicias”

Sir Nicholas Serota, director del conglomerado Tate es, a sus 70 años, una de las personas más influyentes del arte. Pese a los rumores, la culminación del proyecto de ampliación de la Tate Modern (cuya creación impulsó) no anuncia su retiro. “No entra en mis planes la jubilación”, ha explicado a este diario en un receso de presentación del nuevo espacio. Tampoco tiene intención de apuntarse a la moda de las franquicias como el Pompidou, el Guggenheim o el Louvre. “No creemos en eso. No queremos conquistar el mundo. La Tate es una institución de alcance global, pero de fuerte implicación local”. Sobre esa dualidad se pronunció Lord Browne, presidente del patronato del museo, que aprovechó la conferencia de prensa, en la que compareció con Serota, Morris, el nuevo alcalde de Londres y el ministro de Cultura, para hacer una referencia al gran tema del momento: el 'Brexit', la posible salida de Reino Unido de la UE. “Hay un país, que es el de la Tate y aspira a ser global, y otro que se empeña en recluirse”. A Browne, Serota le agradeció su trabajo por lograr donaciones. El proyecto, de 260 millones de libras, ha contado con ayuda pública y privada. Aún queda dinero por conseguir. “Logramos unos 200 millones de inversores privados y 50 del Gobierno. No será difícil dar con el resto. ¿Quién no querría aportar a este bello edificio?”.


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