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Alejandro Ferrant Y Fischermans
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Mensaje Alejandro Ferrant Y Fischermans 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor madrileño del siglo XIX Alejandro Ferrant. Cultivó temas de historia, de género religioso, paisajes, retratos y pintura decorativa.

Fue director del Museo de Arte Moderno de Madrid, integrado desde 1971 en el Museo del Prado. Su hijo Ángel Ferrant fue un destacado escultor de la vanguardia española.

00_1412452902_704555Alejandro Ferrant y Fischermans (* Madrid; 9 de septiembre de 1843 – † 20 de enero de 1917) Pintor español. Fue sobrino del también pintor Luis Ferrant Llausás, con el que dio sus primeros pasos en la pintura.

Posteriormente, cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Durante su permanencia en el centro, recibió premios en distintas asignaturas. Destacó como dibujante y, asimismo, por su dominio de las técnicas del óleo y la acuarela.

Su pintura evoluciona desde el academicismo que bebe de las enseñanzas de su tío y, posteriormente, de su estancia en Roma, hasta el impresionismo de cuadros como La Familia en el Jardín, hoy en una colección particular. Destacó como autor de pintura histórica, aunque desde sus comienzos fue un excelente retratista (así lo prueba la tercera medalla obtenida en la Exposición Nacional de 1864 con un retrato de su tío y maestro). Sin embargo, lo más original y avanzado de su pintura se encuentra en sus paisajes, bocetos y apuntes, pintados sin pretensiones, para su círculo familiar, y hoy dispersos por colecciones y museos.

De su etapa como pensionado en Roma, iniciada en 1874, data su primera gran pintura histórica: San Sebastián en la Cloaca Máxima, pintura que, tras presentarse con gran éxito en la exposición de la Academia de Roma en 1877, obtuvo Primera Medalla en la Exposición de 1878. de la misma etapa es La Disputa del Sacramento, pintado a medias con Pradilla. Más avanzado en el tratamiento del dibujo resulta el Desfile de las tropas francesas delante del pabellón español en el Palacio del Trocadero (1879), enviado también desde Roma.

A su regreso, en 1880, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, dos años después, vuelve a obtener primera medalla en la Exposición Nacional, esta vez por El Cardenal Cisneros visitando las obras del hospital de Tavera, asunto que demuestra por sí solo el agotamiento en el que iba cayendo la pintura histórica a finales de siglo. Fue profesor de término en la Escuela Central de Artes y Oficios y en 1903, fue nombrado director del Museo de Arte Moderno.

Pintor de lienzos históricos, desarrolló igualmente ciclos decorativos, entre los que destaca el llevado a cabo en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, junto con Alejandro Ferrant.

Colaboró en labores de decoración, tales como la de la iglesia de San Francisco el Grande (dentro de cuyo conjunto que destaca su labor como una de las mejores, a pesar de la premura con la que se vio obligado a trabajar, además de ser el motivo de que se le concediera la mencionada Cruz de Isabel la Catolica).  En este trabajo decorativo de de San Francisco el Grande colaboró con Manuel Domínguez Sánchez.

También son de destacar los trabajos realizados en el palacio de la Infanta Isabel o el Ministerio de Instrucción Pública (Alegoría de las Bellas Artes) de Madrid, la Diputación Provincial de Pamplona, el Palacio de Justicia de Barcelona o el Casino de Zaragoza entre otras.


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Billete de 1000 pesetas. Reverso: Obra del pintor Alejandro Ferrant y Fischermans "El rey y la sagrada comunion"

El cuadro que mejor muestra la evolución de Ferrant es La Última Comunión de San Fernando, pintura de grandes dimensiones que hoy se conserva en el Palacio del Senado y que le fue encargada por el infante don Sebastián, protector del pintor, en 1867. La obra fue pintada a lo largo de cuarenta y siete años y en dos etapas bien diferenciadas, más académica la primera, visible sobre todo en los cortinajes del lecho, en las vestiduras del sacerdote que sujeta la patena y en el soldado que, en primer término, sujeta una vela, y más impresionista la segunda, en especial en lo que a las figuras del rey, el sacerdote que le administra la comunión y el monaguillo se refiere.

Espero os resulte interesante la recopilación de este pintor madrileño, sea de vuestro interés y contribuya para divulgar su obra.






Algunas obras


Alejandro Ferrant en el Prado


Alejandro Ferrant y Fischermans (Madrid, 1843-1917). Pintor español. Cultivó temas de historia, de género, religiosos, paisajes, retratos y pintura decorativa. Fue miembro, tesorero y presidente de la sección de Pin­tura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, profesor de pintura de la Escuela Central de Artes y Oficios, director del Museo de Arte Moderno y gran cruz de Isabel la Católica. Se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid junto a su tío Luis Ferrant, artista y académico de dicha institución y fue protegido y pensionado por el infante don Sebastián. En 1874 se trasladó a Roma para ampliar sus estudios gracias a una pensión que le fue concedida por el Gobierno español. Allí asistió a la Academia Española de Bellas Artes, donde trabó amistad con Francisco Pradilla, Casto Plasencia, Jaime Morera, Baldomero Galofre y Manuel Castellano. Remitió sus obras a exposiciones nacionales y extranjeras, obtuvo medalla de tercera clase en la Nacional de 1864 y el máximo galardón en la edición de 1878 por el lienzo titulado Entierro de san Sebastián (san Sebastián en la cloaca Máxima). En la Exposición de Cádiz de 1866 fue premiado con una segunda medalla y presentó sus obras a la Exposición de Roma de 1877. Como decorador destacaron sus trabajos de ornamentación en el Palacio de Linares de Madrid, el Oratorio de Miramar de San Sebastián, la Diputación Provincial de Pamplona, el Ministerio de Educación en Madrid, el Palacio de Justicia de Barcelona y el Casino de Zaragoza. Su obra más conocida como decorador fue la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid, en la que trabajó junto a Francisco Pradilla y Manuel Domínguez. Dominó el dibujo y las distintas técnicas pictóricas: fresco, óleo y acuarela. Sus obras se caracterizan por un colorido sobrio y elegante, que en el caso de los retratos entronca con la tradición barroca por la utilización de gamas pardas. Su técnica se basa en el predominio de la mancha sobre el dibujo, utilizando una pincelada suelta. El artista dona en 1903 (real orden de 1 de junio de 1903) al Museo de Arte Moderno uno de sus dibujos [D5309] y el cuadro El pintor Francisco Pradilla. Estas obras pasaron al Museo Nacional del Prado en 1971.


Obras pertenecientes al Prado

    - La Ciociara, acuarela sobre papel, 85 x 52 cm, firmado (en dep. en el Consejo de Estado, Madrid) [P3359].
    - El escultor Ricardo Bellver, óleo sobre lienzo, 70 x 56 cm, firmado, 1869 [P4313].
    - Tríptico con temas de la vida de san Francisco, acuarela sobre papel, 91 x 64 cm, firmado, 1882 [P4314].
    - El pintor Francisco Pradilla, óleo sobre lienzo, 44 x 33,2 cm, firmado, 1874 [P4315].
    - El compositor Arrieta, óleo sobre lienzo, 84 x 69 cm, firmado (en dep. en el Teatro Real de Madrid) [P4316].
    - Don Alfonso XII, óleo sobre lienzo, 112 x 95 cm, firmado, 1878 (en dep. en el Ayuntamiento de la Orotava, Santa Cruz de Tene­rife) [P6275].
    - Una cabeza de estudio, óleo sobre lienzo, 47 x 34 cm (en dep. en el Museu d'Art, Gerona) [P6485].
    - Un episodio de la vida de san Francisco de Asís, óleo sobre lienzo, 160 x 73 cm, firmado (en dep. en el Museo de Zaragoza) [P6785]. En colaboración con Manuel Domínguez Sánchez.
    - Episodio de la vida de san Francisco de Asís, óleo sobre lienzo, 160 x 73 cm, firmado (en dep. en el Museo de Zaragoza) [P6786].
    - Entierro de san Sebastián (san Sebastián en la cloaca Máxima), óleo sobre lienzo, 305 x 430 cm, firmado, 1877 [P7032].
    - Retrato de Alfonso XII, óleo sobre lienzo, 222 x 160 cm (en dep. en la Embajada de España en Viena) [P7780].
    - Retrato de Casto Plasencia, gouache sobre papel amarillento, 690 x 475 mm, firmado [D5309].
    - El escribiente de cartas, acuarela sobre papel ocre, 350 x 250 mm, firmado [D5364].
    - Entierro de Fortuny, lápiz sobre papel agarbanzado, 200 x 125 mm, firmado [D5469].
    - Ramón Tusquets, lápiz sobre papel agarbanzado, 200 x 125 mm, firmado [D5470].
    - Entierro de Fortuny, lápiz sobre papel agarbanzado, 200 x 125 mm, firmado [D5471].
    - Entierro de Fortuny, lápiz sobre papel agarbanzado, 190 x 125 mm, firmado [D5472].
    - Morell, lápiz sobre papel agarbanzado, 190 x 125 mm, firmado [D5473].
    - Entierro de Fortuny, lápiz sobre papel agarbanzado, 190 x 125 mm, firmado [D5474].


El entierro de San Sebastián


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El entierro de San Sebastián (San Sebastián hallado en la Cloaca Máxima). Obra de Alejandro Ferrant. 1877. Óleo sobre lienzo, 305 cm x 430 cm. Museo Nacional del Prado. Procedencia: Adquisición, 1879 - Museo de Arte Moderno

En tiempos del emperador Maximiliano, el diácono Sebastián fue torturado y finalmente precipitado a la Cloaca Máxima de Roma. El Emperador, esperaba así que no fuera encontrado por los cristianos y considerado un nuevo mártir. Sin embargo, mediante un sueño, la beata Lucina alcanzó a saber dónde se encontraba el cuerpo y junto con algunos de sus criados lo llevó a las catacumbas para ser enterrado en una cripta junto a los cuerpos de los Apóstoles.

El cuadro ilustra la última parte de la historia del martirio y enterramiento de San Sebastián. La luz cenital que emplea el artista confiere un siniestro pero eficaz ambiente lúgubre, apropiado para la historia, a la vez que ilumina el grupo central de la composición. El modelado de las figuras, abordado desde un fuerte clasicismo academicista, dota a la escena de una mayor solemnidad.

La obra obtuvo la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878. Adquirida para el Museo del Prado, pasó posteriormente al Museo de Arte Moderno.

Alejandro Ferrant y Fischermans (Madrid, 1843-1917), es uno de los pintores de mayor trascendencia —aunque también más desconocidos para el gran público—, de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Miembro de una conocida saga de artistas, supo compaginar la práctica pictórica con labores académicas (como profesor de pintura de la Escuela Central de Artes y Oficios) y administrativas (ostentando los cargos de tesorero y presidente de la sección de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, así como la dirección del Museo de Arte Moderno desde 1903 hasta su muerte). Por todo ello, en 1889, fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Aunque dominó todas las técnicas de la disciplina, desde el dibujo hasta el óleo y la acuarela, su producción se distingue especialmente por su faceta como decorador al fresco. De su mano quedan ornamentaciones en el Palacio de Linares y el Ministerio de Educación en Madrid, en el Palacio de Justicia de Barcelona, en la Diputación Provincial de Pamplona y en el Casino de Zaragoza. Pero el trabajo que mayor fama le proporcionó fue su intervención en la decoración del altar mayor, cúpulas y bóvedas de la basílica madrileña de San Francisco el Grande, donde colaboró con otros grandes artistas de su tiempo como Francisco Pradilla, Casto Plasencia o su amigo Manuel Domínguez. Seguramente sea esta faceta de fresquista la que ha eclipsado su producción como pintor de caballete, de cuya calidad es testimonio este enorme lienzo, propiedad del Museo del Prado.

Pintado en 1877, durante su estancia en Roma como pensionado del Gobierno español, El entierro de San Sebastián supone una renovación en la interpretación del género religioso en pintura, en el que los personajes sagrados, alejados del prototipo melancólico y sensiblero que tanto gustaba a ciertos sectores de la sociedad de su tiempo, son contemplados desde el punto de vista de la representación naturalista, desde la inmediatez de su propia realidad humana que es la que dota de contenido a sus historias, y con la que consigue composiciones de gran fuerza expresiva que en modo alguno perseguían la lágrima fácil.

Y esto se demuestra ya en el tema escogido. Desde la Edad Media, la iconografía de San Sebastián se limitaba a la reproducción del cuerpo asaeteado del mártir, ya fuese desnudo o vestido en función del período histórico, o, como mucho, al momento en el que la piadosa viuda Irene, al darse cuenta de que su esposo había sobrevivido al suplicio, carga con él, moribundo, y cura sus heridas. Tanto en un caso como en otro, sólo aquellos episodios de los que se podía extraer una lección edificante. Sin embargo, pocos habían sido los artistas que se habían interesado por la representación del humillante destino final de los restos del santo (tras ser flagelado y golpeado hasta el fin en el circo), arrojados a la suciedad de la Cloaca Máxima por orden del emperador Diocleciano. Éste, en cambio, es el tema elegido por Ferrant: el que se aparta de la visión casi sobrenatural del mártir de ojos elevados al cielo, para plasmar la realidad de la muerte del hombre.

Lejos de los desnudos vitales de otros tiempos, el San Sebastián de Ferrant es un cadáver cuya piel comienza a adquirir una tonalidad macilenta, y cuyos ojos y boca, aún entreabiertos, son apenas el único indicio del padecimiento sufrido. Y pese a ello, el cuerpo encadenado está tratado con una dignidad que llega a estremecer. El rostro es bello, sereno; la anatomía correcta, bien perfilada, sin mostrar las lesiones que hubieran podido producir los látigos. Esta es una de las claves de la grandeza del cuadro: sin necesidad de recurrir a la presencia escandalosa de la sangre, el tono de la escena es intensamente dramático, solemne.


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El entierro de San Sebastián (detalle) de Alejandro Ferrant. Museo Nacional del Prado

Sobrecoge el dolor contenido que se refleja en los rostros de los asistentes, especialmente del grupo formado por Santa Lucila y los dos niños que, con la mirada baja y actitud casi reverencial, esperan el cuerpo para poderlo depositar en la camilla que tienen preparada. Potencia esta sensación la escenografía: sólidos muros abovedados de color grisáceo, en cuya superficie brotan musgos y líquenes, para reproducir el ambiente húmedo, oscuro y silencioso de la alcantarilla. Incluso el cromatismo general, con una predilección por los tonos sobrios, apagados, aplicados con una pincelada rápida y suelta, apunta en la misma dirección. Sólo la luz, que penetra entre las ruinas para incidir directamente en el cuerpo del santo y en el lienzo bordado con crismones con el que va a ser cubierto, recuerda el significado espiritual de las imágenes.

Buen dibujante, aunque mejor colorista, Alejandro Ferrant rinde tributo a la Antigüedad con una visión antiquizante de los distintos elementos que componen la escena: desde el tratamiento anatómico de la figura humana (corpórea, con un volumen casi escultórico), hasta los pequeños detalles de ajuar (como la vasija cerámica de figuras negras que lleva uno de los niños en la mano), pasando por la indumentaria que visten (túnicas y togas de clara ascendencia romana), todo remite al momento histórico en el que sucedió el acontecimiento evocado.

El cuadro, expuesto en Roma, París y Madrid, ciudades en las que cosechó siempre el favor de la crítica, fue galardonado con la Primera Medalla en la Exposición Nacional de 1878. Inmediatamente fue adquirido al pintor por el Estado, y pasó a pertenecer a las colecciones del Museo de Arte Moderno.

(Por Marta Poza Yagüe)



Otras obras


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Boceto de altar para el templo de San Francisco el Grande de Madrid. Óleo sobre lienzo, 169 x 83 cm. Museo de Zaragoza. Autores: Manuel Dominguez Sánchez y Alejandro Ferrant y Fischermans.

Porciúncula: Boceto: Altar para el templo de San Francisco el Grande de Madrid´ óleo sobre tela de Alejandro Ferrant en colaboración con Manuel Dominguez y Sanchez pareja de la pieza con NIG 10193.

Alejandro Ferrant fue sobrino del pintor Luis Ferrant, su pintura evoluciona desde el academicismo que bebe de las enseñanzas de su tÍo y posteriormente de su estancia en Roma hasta el impresionismo. Destacó como pintor de pintura histórica, siendo también un gran retratista. Participó en la decoración pictórica de edificios emblemáticos de Madrid como el Palacio de la Infanta Isabel y la Iglesia de San Francisco el Grande. Aquí trabajó como decorador en la cúpula de San Francisco pintando las Sibilas y los Profetas y algunas otras pinturas, trabajando junto a Francisco Pradilla y Manuel Dominguez.
En este boceto se representa una escena de la vida del santo, que aparece postrado en actitud orante, a los pies de Cristo resucitado delante de un altar. Sobre ellos, un rompimiento de cielo presidido por la Virgen que se rodea con un coro de ángeles músicos y querubines entre nubes vaporosas. La escena se enmarca entre dos columnas corintias. La gama de colores es suave, predominando la luminosidad y la pincelada es suelta dado su carácter abocetado. Destaca el punto de vista bajo con el que se describe la escena.


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Interior de la cúpula, decorada con pinturas murales alusivas a Nuestra Señora de los Ángeles, facetadas en ocho grandes secciones.

Pinturas de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid (La rotonda interior está pavimentada en mármoles, así como sus zócalos. De decoración suntuosa, sus principales valores artísticos se concentran en las pinturas murales de la cúpula, resultado de las obras de reforma y remodelación impulsadas, en el último tercio del siglo XIX, por Antonio Cánovas del Castillo.

Éstas tienen como tema central a Nuestra Señora de los Ángeles y muestran diferentes escenas de reyes y santos rindiendo pleitesía a la Virgen. Se deben a una idea de Carlos Luis de Ribera y Fieve como director del proyecto de decoración y ejecutada por los más prestigiosos pintores de la época(Alejandro Ferrant y Fischermans, Casto Plasencia, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover y Manuel Domínguez Sánchez).


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Pinturas de la bóveda de la capilla mayor de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid

Fueron realizadas sobre paneles de yeso, instalados sobre la superficie interior del domo, y están dispuestas en ocho grandes secciones, separadas entre sí por ocho molduras, que parten del arranque de la cúpula y se cruzan en la linterna.

El contorno de la rotonda está adornado con doce esculturas de los Apóstoles, labradas en mármol blanco de Carrara, a partir de modelos españoles. Descansan sobre grandes pedestales y miden más de dos metros y medio cada una, aproximándose, en algunos casos, a los tres metros. Fueron esculpidas por Agapit Vallmitjana i Barbany, Jerónimo Suñol (San Pedro y San Pablo) y Ricardo Bellver (San Andrés y San Bartolomé), entre otros artistas.

La decoración del conjunto se completa con una serie de vidrieras policromadas, situadas en los vanos que rodean la parte inferior de la cúpula. Fueron construidas en 1882 en Múnich (Alemania), a partir de un diseño de Amérigo y Laplaza.

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Interior de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid.



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El Arcangel San Miguel venciendo al diablo. 1897. Obra de Alejandro Ferrant Fischermans. Basílica Pontificia de San Miguel. Madrid

La pinturas de de la Basílica Pontificia de San Miguel, son obra de los hermanos González Velázquez, Alejandro Ferrant, Bartolomé Rusca, Roberto Michel y Nicolás Carisana, entre otros artistas.


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"Alegoría de Zaragoza", Diputación Provincial de Zaragoza. En el techo del Salón principal se puede ver la Alegoría de Zaragoza de Alejandro Ferrant Fischermans (1889). Simboliza a la capital como madre de insignes varones, heroica defensora de la independencia y como ciudad santificada por la Venida de la Virgen. En un extremo aparece un pergamino con las fechas “1808-1809” junto a la Cruz Laureada. En el centro, Palafox, Ramón de Pignatelli y el cronista fray Diego Murillo. Al fondo se atisba a Agustina acercando la mecha al cañón. A la derecha, los pintores Goya y Pradilla. Sobre todos ellos, la Victoria les acerca los laureles de la gloria.


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Contrastes de la vida, obra de Alejandro Ferrant Fischermans. El dibujo Contrastes de la vida ingresó en la Biblioteca Nacional mediante compra a la Galería Christie´s en el año 2004. Sólo se conocía la existencia de la obra a través de la prensa del momento (Ilustración Española y Americana, 8 de enero de 1897, p. 13, con reproducción fotográfica, pp. 14-15), pero estaba en paradero desconocido.

Ferrant formó parte de los dibujantes que inauguraron y enriquecieron, junto con los litógrafos, uno de los más fértiles caminos del arte contemporáneo: la ilustración gráfica. Los primeros documentos gráficos que se insertaron en la prensa, las ilustraciones, no sólo son una fuente de documentación sobre el arte o búsqueda de obras reproducidas en ella, sino también el reflejo del gusto estético de una época.

La escena de género centra su atención en una elegante dama que baja de su carruaje para entrar en el prestigioso Restaurante madrileño Lardhy, ajena a los viandantes que pasan por delante de su puerta: una humilde madre lleva a su bebé en el brazo derecho, y acoge con el otro a su hijo de corta edad, mientras dos hombres transportan una camilla cubierta por una manta.

Ferrant utiliza una fantástica iluminación artificial, de tonos plomizos y sombríos, con un acusado uso del negro para subrayar el dramatismo, unos brillos magistralmente captados en la figura central y en la luz proveniente del restaurante. La obra está resuelta con una excelente factura, principalmente de pincelada deshecha y rápida, pero a base de trazos largos e insistidos define perfectamente los volúmenes y se recrea en su maestría al definir detalles como los arquitectónicos de la fachada del restaurante, los pliegues de las telas, o los elementos decorativos del escaparate.

Hay una ligera crítica social, una velada intención acusadora en el contraste entre la riqueza y la miseria, una realidad del contexto social madrileño que aún hoy en día nos resulta muy cercana.

Marta de la Fuente Muñoz / bne.es


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El pintor Francisco Pradilla, 1874, óleo sobre lienzo, 44 x 33,2 cm. Museo del Prado. Obra de de Alejandro Ferrant


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Retrato de Luis Ferrant y Llausásc. 1864. Obra de Alejandro Ferrant y Fischermans


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Retrato de caballero. ¿Retrato del arquitecto Lorenzo Álvarez Capra? Red Digital de Colecciones de Museos de España. Obra de Alejandro Ferrant y Fischermans

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Llama mucho la atención los retratos mortuorios como éste de Fortuny. Recordemos que en los siglos anteriores, los retratos o fotos a los difuntos eran muy comunes. Éste fue realizado por Alejandro Ferrant y Fischermarn en 1878. Casa Colón, Sevilla.


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Iglesia de San Ignacio, en San Sebastián, lienzo obra de Alejandro Ferrant Fischermans


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Pabellón de España en la exposición Universal de París de 1878. Óleo sobre lienzo, 36 x 59 cm. Obra de Alejandro Ferrant Fischermans


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La caída de la República Francesa del '78, 1885. Museo de Arte de Ponce. Obra de Alejandro Ferrant y Fischermans


 calvario_de_alejandro_ferrant Calvario. Iglesia de la Duquesa de Sevillano. Guadalajara


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Cisneros, fundador del hospital de Illescas (en Toledo), pintura ganadora de la Primera Medalla de la Exposición Nacional de 1892. Obra de Alejandro Ferrant Fischermans


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Retrato de Alejandro Ferrant y Fischermans por Luis Ferrant y Llausás



Más info de Alejandro Ferrant y Fischermans en el museo del Prado


Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor madrileño del siglo XIX Alejandro Ferrant y Fischermans. Pintó principalmente temas religiosos e históricos, aunque también se dedicó a la pintura de género y la decorativa, actualmente en el Prado destaca su gran lienzo 'El entierro de San Sebastián' en llas salas dedicadas a los pintores españoles del siglo XIX.


Fuentes y agradecimientos a: museodelprado.es, cvc.cervantes.es, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, ceres.mcu.es, biografiasyvidas.com, biografiasyvidas.com, s217.photobucket.com, bne.es, asociacionlossitios.com, maestrosdelretrato.blogspot.com, viendomadrid.com, museodelprado.es, temprano.blogs-r.com, asociacionlossitios.com, flickr.com, artnet.com y otras de Internet.
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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