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Fontana, Lavinia
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Mensaje Fontana, Lavinia 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a la pintora italiana Lavinia Fontana. Hija del pintor renacentista Prospero Fontana. Sus primeras obras denotan la influencia paterna, pero paulatinamente fue acercándose al estilo de su amigo Ludovico Carracci, con los colores fuertes característicos de la escuela veneciana. También fue influenciada por Correggio (Antonio Allegri) y Scipione Pulzone, il Gaetano.

Lavinia Fontana (Bolonia, bautizada el 24 de agosto de 1552 - Roma, 11 de agosto de 1614) fue una pintora italiana del primer barroco. Fue una de las primeras mujeres en ser admitida en la Academia de Roma.

La pintora adquirió fama en Bologna en sus primeros años de trabajo y esta se extendió luego por Italia. Fue conocida por sus pinturas de retratos de la clase alta bolognesa, que fueron muy bien pagados. Sus modelos se ven posando en forma natural y se destaca su maestría en la pintura de ropajes y joyas. El retrato de la familia Gozzadini (1584) se encuentra entre sus obras más importantes.


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Su Autorretrato tocando la espineta (1577, Academia Nazionale di San Luca, Roma), es considerado su obra maestra por algunos estudiosos. En él puede apreciarse que fue una mujer bella y se la ve tocando el instrumento acompañada de una criada; una escena semejante a la de una pintura de Sofonisba Anguissola. De sus pinturas más tempranas se conserva la de “Cristo con los símbolos de la pasión” (1576), actualmente ubicado en El Paso Museum of Art.

En 1577 Lavinia Fontana se casó con el pintor Gian Paolo Zappi, de origen noble, a quien conoció en el estudio de su padre. Este fue un matrimonio fuera de lo común, ya que Paolo abandonó su carrera artística para ocuparse de las cuestiones hogareñas y el cuidado de los once niños que tuvo la pareja (de los cuales solamente tres sobrevivieron a su madre), mientras Lavinia mantenía a su familia con la pintura. Paolo ayudaba también a pintar los fondos en las obras de su mujer.

Un hecho realmente destacable es que Lavinia llegó a pintar desnudos femeninos y masculinos en pinturas religiosas y mitológicas de grandes formatos, algo inédito para una mujer hasta ese momento. En 1589 recibió el encargo de elaborar pinturas sacras para la iglesia del Palacio Real español, trabajo que incluía estudios de modelos desnudos. La obra, titulada “Familia Sagrada”, fue tan exitosa que motivó que contratasen a la artista en la iglesia de Santa Sabina en Roma.

En 1603 Lavinia se mudó permanentemente a Roma con su familia, donde fue elegida pintora oficial de la corte del Papa Clemente VIII y tuvo el mecenazgo de los Buoncompagni. También fue distinguida como miembro de la Academia Romana. Su primer encargo importante fue una pintura de gran formato para el altar de la Basílica de San Paolo Fuori le Mura, que lamentablemente un incendio destruyó en el año 1823. En Roma, el papa Paolo V en persona estuvo entre sus modelos.

Un retrato muy curioso de Lavinia Fontana es el de Antonietta Gonsalus (1594-95), que se encuentra en Blois, Musée du Chateau. Se trata de una niña cubierta de pelo por padecer Hipertricosis Lanuginosa Congénita, enfermedad heredada de su padre Petrus Gonsalus, quien fue llevado a la corte del rey de Francia (que se convirtió en su tutor) y luego se casó con una mujer francesa muy bella. Cuatro de los hijos que tuvo la pareja sufrieron esta enfermedad.

La importancia de Lavinia Fontana para la Historia del Arte no se da por un criterio de valoración que tenga en cuenta la innovación, pero su trabajo fue muy significativo, tanto en cantidad como en calidad. Recibió encargos públicos y privados -algo fuera de lo común para una mujer de la época- continuó pintando después de contraer matrimonio y fue la artista más productiva anterior al año 1700. Es cuestión de debate si fue ella la primera mujer en tener éxito como pintora o Sofonisba Anguissola, quien probablemente tuvo alguna influencia en su carrera. Se encuentran documentadas 135 obras suyas, de las cuales se conservan treinta y dos firmadas y fechadas. Algunas fueron atribuidas erróneamente por mucho tiempo a Guido Cagnacci.

Lavinia fue una mujer acaudalada y utilizó parte de su fortuna en una colección de antigüedades. Su importancia fue tal que se acuñó una medalla en su honor (ver 1, 2 ) en el año 1611, realizada por el escultor Felice Antonio Cassoni, que la muestra de perfil en una cara, y en la otra frente a su caballete.

Lavinia Fontana murió en Roma, el 11 de agosto de 1614.

Obras destacadas

   - Retrato de Paul Praun (1573, Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg)
   - Cristo con los instrumentos de la Pasión (1576, El Paso Art Museum)
   - Autorretrato con espineta (1577, Galleria della Accademia di San Luca, Roma)
   - Retrato del senador Orsini (1577, Musée des Beaux-Arts, Burdeos)
   - Sagrada Familia con San Francisco y Santa Margarita (1578, Davis Museum, Wellesley College, Massachusetts)
   - Retrato de dama (1580, National Museum of Women in the Arts, Washington)
   - Noli me tangere (1581, Uffizi, Florencia)
   - Niño en la cuna (1583, Pinacoteca Nacional de Bolonia)
   - Retrato de la familia Gozzadini (1584, Pinacoteca Nacional de Bolonia)
   - Retrato de Petrus Gonsalvus (1585, Ambras Art Collection, Innsbruck)
   - Retrato de Francesco Panigarola (1585, Palazzo Pitti, Florencia)
   - Retrato de dama veneciana (1585, Hood Museum of Art, New Hampshire)
   - Retrato de Bianca Capello con un clavicordio (Musée des Beaux-Arts, Valenciennes)
   - San Francisco de Paula bendice al hijo de Luisa de Saboya (1590, Pinacoteca Nacional de Bolonia)
   - Venus y Cupido (1592, Musée des Beaux-Arts, Ruan)
   - Retrato de Antonietta Gonsalvus (1594-95, Castillo de Blois)
   - Virgen adorando al Niño durmiente (1605-10, Museum of Fine Arts, Boston)
   - Minerva en el vestidor (1613, Galería Borghese, Roma)

Espero que la recopilación que he conseguido de esta pintora italiana, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


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Autorretrato de Lavinia Fontana. Corredor de Vasari. Galería de los Uffizi. Florencia. Italia


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Family Portrait. Oil on canvas, 105 x 85 cm. Pinacoteca di Brera, Milan. Obra de Lavinia Fontana


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Antonietta Gonsalvus. 1594-95. Oil on canvas. Blois, Chateau. Obra de Lavinia Fontana


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Ritratto di Gentiluomo, olio su rame, diam. 16 cm, collez. privata. Obra de Lavinia Fontana


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Minerva vistiéndose, 1613, óleo sobre lienzo, Galería Borghese, Roma. Obra de Lavinia Fontana


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Pope Gregory XIII, portrait by Lavinia Fontana


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Portrait d'homme assis feuilletant un livre (dit du sénateur Orsini) ; Portrait du sénateur Orsini (autre titre). Musée des Beaux-Arts. Obra de Lavinia Fontana


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Portrait of a Lady as Astronomy (Portrait of a Venetian Lady), c. 1585. Hood Museum of Art, New Hampshire. Atribuido a Lavinia Fontana


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Portrait of a Lady with a Lap dog, c. 1590. Obra de Lavinia Fontana


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Portrait of a Noblewoman Said to Be Bianca Cappello, Grand Duchess of Tuscany. Obra de Lavinia Fontana


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Judith. Obra de Lavinia Fontana


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Judith Holofernes. Obra de Lavinia Fontana


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Apollo and the Muses by Lavinia Fontana


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'Newborn Baby in a Crib' (c. 1583). Obra de Lavinia Fontana


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Assumption of the Virgin. 1583. Oil on canvas, 192 x 115 cm. Obra de Lavinia Fontana


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Virgin by Lavinia Fontana


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Gesù appare Maddalena by Lavinia Fontana


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St. Francis of Paola Blessing the Son of Louisa of Savoy. 1590. In the collection of the Pinacoteca Nazionale in Bologna. Obra de Lavinia


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Holy Family with Saints. Obra de Lavinia Fontana


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Noli me tangere. Óleo sobre tabla. 80 x 65,5 cm. Galería de los Uffizi. Florencia. Italia. Obra de Lavinia Fontana


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The Holy Family with Saint Catherine of Alexandria. 1581 Paintings Oil on canvas Gift of The Ahmanson Foundation. Obra de Lavinia Fontana


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The Dead Christ with Symbols of the Passion - Rollins College. Obra de Lavinia Fontana


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Adoration des Mages, Lavinia Fontana, 1560. Obra de Lavinia Fontana


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Autorretrato de Lavinia Fontana tocando la espineta (1577).



Vídeos de la pintora Lavinia Fontana


Lavinia Fontana Biographical Film: http://www.youtube.com/watch?v=VGopiSyfNHI

Giulio Caccini  - Udite amanti - Marco Beasley -Lavinia Fontana: http://www.youtube.com/watch?v=2qexXWPhSGs



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el pequeño trabajo recopilatorio dedicado a la pintora barroca italiana Lavinia Fontana. Hija del pintor renacentista Prospero Fontana. Fue conocida por sus cotizas y bien pagadas pinturas de retratos de la clase alta bolognesa, también realizo pinturas religiosas de mérito.
 

Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.com, commons.wikimedia.org, artcyclopedia.com, pinacotecabologna.it, pintura.aut.org/, culture.gouv.fr, wga.hu, artrenewal.org, artnet.com, mujerespintoras.blogspot.com, youtube.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Martes, 21 Abril 2015, 21:46; editado 9 veces 
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Mensaje Re: Lavinia Fontana 
 
Gracias J.Luis por este nuevo trabajo, seguimos disfrutando de este pequeño homenaje a las mujeres artistas.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: Lavinia Fontana 
 
Gracias xerbar. Como estamos viendo en los últimos trabajos que estoy realizando para la galería; hay grandes pintoras y artistas, en el mundo machista de las artes, que venciendo grandes dificultades lograron el reconocimiento, como en este caso la italiana Lavina Fontana que fue una gran retratista barroca.


 


Saludos.
 




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Mensaje Re: Fontana, Lavinia 
 
Retrato doble de la mujer artista

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, grandes maestras del 1600 italiano, protagonizan una exposición cruzada en el Museo del Prado. Es la segunda muestra protagonizada por creadoras en sus 200 años de historia



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Desde la izquierda, 'La partida de ajedrez' (1555), 'Retrato de familia' (1558) y 'Bianca Ponzoni' (1577), de Anguissola. Julian Rojas - EL PAÍS

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana tienen poco de recién llegadas a la historiografía del arte, aunque su prolongada ausencia del canon occidental haya invitado a pensar lo contrario. El Museo del Prado se sumó ayer a las instituciones internacionales que en los últimos años están llenando el vacío de mujeres artistas con la presentación de una exposición contundente de las dos pintoras del 1600 italiano (hasta el 2 de febrero). No son las primeras grandes maestras que han llenado las salas del museo. Más allá de la monográfica de Clara Peeters, en 2016, ya en 1985 unos cuadros excepcionales de Artemisia Gentileschi resplandecieron en la exposición Pintura napolitana. De Caravaggio a Giordano.

Hoy las cosas han cambiado y los préstamos de las artistas están muy disputados entre los museos internacionales. También en esta ocasión la iniciativa ha despertado una enorme curiosidad, a juzgar por la sala a rebosar, ayer, durante la presentación de la exposición por parte de la comisaria, Leticia Ruiz. Y puede que sea por las razones equivocadas —las mujeres son ahora trending topic—, aunque eso sea en el fondo irrelevante: lo importante es que las grandes maestras se expongan y se conozcan como la calidad de sus trabajos merecen.

Desde que Ann Sutherland Harris y Linda Nochlin hicieran en Los Angeles County Museum la primera gran exposición de mujeres artistas a mediados de la década de 1970, Mujeres artistas 1550-1950, ambas han ocupado páginas y libros completos; reflexiones y muestras monográficas. Ya nadie pondría en tela de juicio que Anguissola (Cremona, 1535-Palermo, 1625) y Fontana (Bolonia, 1552-Roma, 1614) son dos referentes del arte occidental, capaces de sostener la comparación con cualquiera de sus contemporáneos. Ambas fueron además artistas reconocidas en su momento: en la corte de Felipe II en el caso de Anguissola, hija de una conocida familia de Cremona, y entre los sofisticados círculos boloñeses en el de Fontana, quien pronto mostró sus aspiraciones profesionales. Pese a todo, en su caso, como en el de otras mujeres artistas, el relato excluyente las ha ido borrando de la narrativa, hasta hacerlas desaparecer casi por completo.

A estas dos mujeres separadas por veinte años les une, además, un acercamiento novedoso hacia la educación de las damas entre las clases intelectuales de entonces: las jóvenes debían recibir una instrucción esmerada en las artes y las letras, pues, como dijera Castiglione en Il cortigiano (1528), las cosas que pueden entender los hombres las pueden entender las mujeres también. Esta respuesta de reafirmación personal, tan extendida entre las señoras de la época, podría justificar los numerosos autorretratos de ambas que se exponen en el Prado y en los cuales se representan pintando o tocando la espineta, como perfectas damas del Renacimiento.


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Lavinia Fontana. Autorretrato tocando la espineta. 1577. Óleo sobre lienzo. Roma, Accademia Nazionale di San Luca

Aquí se encuentra una de las primeras contradicciones de las muchas que plantea a cada paso el papel de las artistas. Si por un lado, los autorretratos en diferentes actividades subrayan el orgullo de una formación cuidada, por el otro, desactivan la idea misma de profesionalidad: no son únicamente pintoras. No hay nada que temer.

En esta ocasión se ha optado por exponerlas juntas y tal vez es posible hacerlo solo por las enormes diferencias entre ambas, por sus estilos a ratos divergentes, incluso por sus vidas, condicionadas por sus lugares de procedencia y sus circunstancias familiares. Y su diferencia de estilos no es, desde luego, un asunto menor cuando se habla de mujeres artistas: durante mucho tiempo se han incluido todas en un gran cajón de afinidades por el simple hecho de ser mujeres. Parecía que las mujeres han pintado como mujeres sin más, aunque nadie haya sabido explicar muy bien en qué consisten las afinidades básicas, aparte de menos oportunidades de formación —las mujeres no podían compartir taller con otros chicos— y los clásicos obstáculos de los que hablaba la escritora australiana Germaine Greer.

Pese a todo, cabe preguntarse por las razones de la transformación de un proyecto individual de partida, dedicado solo a Sofonisba Anguissola, a otro en el que comparte protagonismo con otra mujer, como si las mujeres necesitaran siempre muletas de otros nombres, otros hombres, otras mujeres incluso. ¿No es posible hacer una exposición de una mujer sola, como se hace de Goya, El Greco o Picasso?

Sin duda, esas sospechas provienen de esa deformación profesional que me mantiene alerta siempre que se exponen mujeres artistas. Ya pasó con la estupenda muestra de Clara Peeters que, sin que nadie entendiera por qué, acababa con el cuadro de un artista muy conocido pero colocado allí sin mucho sentido.

Sin embargo, viendo las modulaciones de la brillante muestra, comisariada por Leticia Ruiz, teniendo sobre todo la ocasión de ver juntos tantos retratos de dos pintoras casi antitéticas —Anguissola la contenida y poco prolífica; Lavinia productiva y dúctil, a veces casi simbolista—, comparando las expresiones de las hermanitas jugando al ajedrez de Anguissola con las del arreglo de novia de Fontana, queda claro que es un privilegio ver el relato que cuentan estas dos mujeres artistas cuya desaparición impuso la historia.

elpais.com
 




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Mensaje Re: Fontana, Lavinia 
 
Museo Nacional del Prado. Madrid / 22/10/2019 - 02/02/2020
Comisaria: Leticia Ruiz, Jefa del Departamento de Pintura Española hasta 1500



Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana



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Lavinia Fontana. Autorretrato en el estudio. 1579. Óleo sobre cobre. Florencia, Galleria degli Uffizi, Galleria delle statue e delle pitture

En el marco de la celebración de su Bicentenario, el Museo del Prado presenta “Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras”, una exposición que reúne por primera vez los trabajos fundamentales de dos de las mujeres más notables de la historia del Arte de la segunda mitad del siglo XVI.

A través de un total de sesenta y cinco obras -cincuenta y seis de ellas, pinturas- procedentes de más de una veintena de colecciones europeas y americanas, el Museo del Prado recorre la trayectoria artística de estas dos pintoras, que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos, pero cuyas figuras se fueron desdibujando a lo largo del tiempo.

Sofonisba y Lavinia nacieron y se formaron en Cremona y Bolonia respectivamente, dos centros artísticos cercanos geográficamente en Italia, pero condicionados por sus propias tradiciones pictóricas, sociales y culturales. Partieron de perfiles familiares y biográficos distintos, aunque en los dos casos el papel paterno fue fundamental para condicionar sus respectivas carreras. Ambas supieron romper con los estereotipos que la sociedad asignaba a las mujeres en relación con la práctica artística, el arraigado escepticismo sobre las capacidades creativas y artísticas de la mujer, y ambas se valieron de la pintura para alcanzar un papel significativo en la sociedad en que les tocó vivir.

Sofonisba Anguissola, perteneciente a una familia de la pequeña nobleza de Cremona formada por seis hermanas, encontró en la pintura un modo de alcanzar la posición social que correspondía a la familia Anguissola-Ponzoni. Su talento y su personalidad, así como el empeño promocional de su padre, la convirtieron en una dama afamada y respetable que posibilitó la práctica artística de las mujeres y forjó un mito femenino que aún perdura. Practicó sobre todo el retrato y fue contratada como dama de compañía de la reina Isabel de Valois, cargo que enmascaró su papel como pintora.

Para Lavinia Fontana, hija de un pintor de cierto prestigio, la pintura fue el ámbito natural que acabó por convertir, empujada por su padre, en su modus vivendi. Fue la primera en ser reconocida como una profesional, la pintora que traspasó los límites y los géneros impuestos a las mujeres. Su producción fue amplia y variada con numerosos retratos y pintura religiosa para iglesias y oratorios privados, aunque también se ocupó de asuntos mitológicos, género en el que el desnudo tenía marcado protagonismo.


Damas y pintoras
 

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Sofonisba Anguissola. Autorretrato ante el caballete, h. 1556-57. Óleo sobre lienzo. Polonia, The Castle ­­– Museum in Łańcut

Sofonisba Anguissola (Cremona, h. 1535-Palermo, 1625) y Lavinia Fontana (Bolonia, 1552-Roma, 1614) fueron dos pioneras de la pintura que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos. Ambas supieron romper con los estereotipos sociales asignados a las mujeres en relación con la práctica artística, en la que imperaba un arraigado escepticismo sobre sus capacidades.

Sofonisba perteneció a una familia numerosa de origen noble cuyo padre, Amilcare Anguissola (h. 1494-1573), promovió y arropó la formación artística de sus hijas como parte de la educación humanista que se consideraba adecuada para las jóvenes. Sofonisba practicó sobre todo el retrato, y alcanzó una fama que, gracias a sus orígenes aristocráticos y a su aureola de mujer virtuosa, propició su llegada a la corte española, donde fue dama de la reina Isabel de Valois; un cargo que ensombreció su papel como pintora, pero que la convirtió en referencia para otras artistas.

La biografía inicial de Lavinia Fontana entronca con el perfil de la mayor parte de las mujeres artistas. Era hija de Prospero Fontana (1512-1579), pintor de prestigio en Bolonia, con quien se formó y colaboró. Las favorables condiciones económicas y sociales de la ciudad explican el papel destacado de las mujeres en su vida cultural, religiosa, social y artística. Lavinia fue la primera mujer en abrir un taller propio y desarrolló una notable actividad que se extendería a Florencia y a Roma, adonde se trasladó en la etapa final de su vida.


La creación del mito «Sofonisba Anguissola»


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Sofonisba Anguissola. Retrato de familia, h. 1558. Óleo sobre lienzo. Niva (Dinamarca), The Nivaagaard Collection

Entre los once y los trece años, Sofonisba Anguissola inició su educación artística siguiendo las recomendaciones formativas de las clases aristocráticas. Recibió lecciones de música, danza, literatura, dibujo y pintura; en estas dos últimas materias por parte de los pintores Bernardino Campi (1522-1591) y Bernardino Gatti (h. 1495-1576). Destacó como dibujante y sobre todo como retratista, practicando repetidamente con su propio rostro y los de su familia.

Su completa formación queda demostrada en sus numerosos autorretratos (hasta entonces ninguna mujer había producido tantos), en los que fue reflejando los ideales femeninos del momento: discreción, pudor, modestia o prudencia. Realizó pequeñas obras de busto o de media figura que sirvieron para difundir su imagen y sus diversas virtudes.

Gracias al despliegue diplomático de su padre, estos autorretratos se convirtieron en cartas de presentación y raras piezas de coleccionista que forjaron su temprana fama como dama pintora. Surge así un mito femenino que quisieron emular otras mujeres; la más relevante, Lavinia Fontana, quien en su autorretrato de 1577 recuperó el modelo de Sofonisba para subrayar esa misma condición de mujer culta y artista.


Retratar la auctoritas: los entornos humanistas de Cremona y Bolonia
 

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Sofonisba Anguissola. La reina Ana de Austria, h. 1573. Óleo sobre lienzo. Madrid, Museo Nacional del Prado

Antes de su llegada a España, Sofonisba Anguissola realizó algunos retratos de personajes ilustres de su tiempo que atestiguan su temprana fama y sus dotes para un género en el que se aprecia la importancia de las escuelas veneciana y lombarda. A excepción del retrato de Massimiliano Stampa, un niño cuya imagen oficializa su nueva condición de marqués de Soncino y que muestra la influencia de Giovanni Battista Moroni (h. 1525-1578) en la pintora, Sofonisba optó por los retratos sedentes.

Esta tipología la empleará Lavinia Fontana veinte años después para retratar a artistas, letrados, médicos, humanistas o clérigos. Sentados ante un escritorio, sorprendidos en su actividad intelectual –reforzada esta con un gesto retórico de las manos y por la vivacidad de la mirada–, los retratados por las dos pintoras reflejan una condición fundamental de la época: su auctoritas, el prestigio moral y cívico que sus conocimientos y dedicación les reportaron.


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Sofonisba Anguissola. Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II. Óleo sobre lienzo. 1561 - 1565. Óleo sobre lienzo, 206 x 123 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado


Sofonisba Anguissola en la corte de Felipe II

En los años que pasó en la corte española, Sofonisba ejerció como profesora de dibujo y pintura de Isabel de Valois, además de retratar a casi todos los miembros de la familia real. Ninguno de los retratos realizados en España está firmado. Su posición oficial en la corte no era la de pintora y, de hecho, sus cuadros fueron recompensados con ricos textiles o joyas. En los ejemplares que en la actualidad se reconocen de su mano, se advierte su adaptación a los modos del retrato de corte español.


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Sofonisba Anguissola. Felipe II. 1565. Óleo sobre lienzo, 88 x 72 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

Por entonces, la figura más significativa en la corte era Alonso Sánchez Coello (h. 1531-1588), «retratista del rey» que fijó las convenciones del retrato cortesano.Además de los rasgos físicos, se debía mostrar el carácter dinástico y las virtudes de la familia: distancia, quietud y severidad habsbúrgica.

Sofonisba siguió estas pautas aunque atemperadas por su propio bagaje artístico: su gusto por la descripción minuciosa de los detalles, una percepción psicológica que atenúa la distancia y contención de los Austrias españoles, así como una atmósfera envolvente y tamizada que suaviza los contornos de las figuras.


Lavinia Fontana: retratista de Bolonia


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Lavinia Fontana. Autorretrato tocando la espineta. 1577. Óleo sobre lienzo. Roma, Accademia Nazionale di San Luca

Los retratos fueron la principal ocupación de Lavinia Fontana en Bolonia y más tarde en Roma, género en el que destacó por la variedad de tipologías utilizadas.Fue sin duda la pintora preferida de las damas, cuyas pretensiones de mundanidad y sofisticado lujo quedaron bien reflejadas en sus retratos. Lavinia desplegó todas sus habilidades para visualizar la opulencia de la indumentaria, los variados textiles, las numerosas joyas o la fina elaboración de los encajes, además de los inevitables perritos falderos. También representó a los niños de las familias más notables de la ciudad en composiciones religiosas destinadas a capillas privadas, retratados junto al padre o la madre o formando parte del grupo familiar.

El Retrato de familia de la Pinacoteca de Brera es un excelente ejemplo de la evolución de Lavinia a finales de siglo, pues ofrece un «retrato relato» de un grupo familiar captado con cierto aire de cotidianidad. Una idea que se prolonga en Dama con cuatro jóvenes, donde la pintora muestra una instantánea doméstica, vinculada muy probablemente al casamiento de la protagonista.


Pintura religiosa


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Lavinia Fontana. Noli me tangere. 1581. Óleo sobre lienzo. Florencia, Galleria degli Uffizi, Galleria delle statue e delle pitture

La producción religiosa de Sofonisba Anguissola es muy escasa; de hecho, está reunida en esta sala, a excepción de la Madonna dell’Itria que se conserva en Paternò (Sicilia). Son obras de pequeño formato pensadas para ámbitos privados de devoción y sus composiciones se inspiran siempre en creaciones de otros pintores.

En sus años de formación en Cremona, los modelos que siguió fueron las pinturas de sus maestros –Bernardino Campi (1522-1591) y Bernardino Gatti (h. 1495-1576)– o de Camillo Boccaccino (h. 1504-1546). Las pequeñas escenas están dotadas de una sensibilidad tierna y amable y aparecen envueltas por el estilo cercano a Correggio (h. 1489-1534) y Parmigianino (1503-1540) que caracterizó a los citados pintores cremoneses. En Génova, la pintura religiosa de Sofonisba repite fórmulas y modelos de Luca Cambiaso (1527-1585).

Por su parte, Lavinia Fontana desarrolló una producción religiosa totalmente profesional que abarcó tanto obras devocionales de pequeñas dimensiones y soportes variados (cobres, tablas y telas) como grandes lienzos de altar. Obras marcadas por la espiritualidad de la Contrarreforma, donde se aprecian influencias de Correggio, Denys Calvaert (h. 1540-1619), Niccolò dell’Abate (h. 1509/12-1571) y los Carracci.


Lavinia Fontana y la pintura mitológica


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Lavinia Fontana. Marte y Venus. 1600 - 1610. Óleo sobre lienzo. Madrid, Fundación Casa de Alba

Lavinia Fontana fue la primera artista que realizó composiciones mitológicas, donde además de desarrollar su capacidad de invención, tuvo que adentrarse en la representación del desnudo, un terreno vetado a las mujeres.

La sofisticada sociedad boloñesa fue capaz de conciliar el seguimiento de los postulados religiosos contrarreformistas y disfrutar de las representaciones mitológicas, con el desnudo, principalmente femenino, como protagonista. Un gusto coleccionista que se extendió a Roma, donde figuras ligadas al papado encargaron a Lavinia este tipo de obras. No son muchas, pero conforman un elocuente conjunto que manifiesta la sugestiva habilidad de la artista para seguir las estimulantes estrategias eróticas de las escuelas de Praga y Fontainebleau.

La disposición de los desnudos, en los que incorpora detalles que van más allá del relato mitológico al uso, o la presencia de joyas, velos y transparencias, que refuerzan y estimulan la sensualidad de las anatomías, dan buena cuenta de la potente capacidad de invención –la gran piedra de toque del arte en esas fechas– de Lavinia.


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Lavinia Fontana. Judit y Holofernes, h. 1595. Óleo sobre lienzo. Bolonia, Fondazione di culto e religione Ritiro San Pellegrino

  
Memoria

Este espacio cierra la exposición con algunas piezas que dan cuenta de la fama alcanzada por las dos pintoras.

Las recopilaciones biográficas elogiosas sobre mujeres ilustres fue un género literario que tuvo un notable desarrollo desde el siglo XV. La edición publicada en 1609 por el valenciano Pedro Pablo de Ribera –Glorias inmortales, triunfos y heroicas hazañas de ochocientas cuarenta y cinco mujeres, antiguas y modernas…– es un excelente ejemplo. Incluye una importante semblanza de Sofonisba, una más breve de Lavinia y las de otras artistas de la época.

Una prueba de la notable fama de Sofonisba fue la visita que recibió unos meses antes de morir en Palermo del joven Antonio van Dyck. Una página del diario de viaje de este pintor y su retrato de la anciana dama recuerdan el emotivo encuentro entre ambos artistas.

Lavinia también inspiró textos y objetos laudatorios. Aquí se ofrece uno de los más elocuentes: una medalla acuñada en Roma en 1611 con su efigie en relación directa con la práctica de la pintura por una cara y la alegoría de la Pintura por otra.


MÁS INFORMACIÓN: https://www.museodelprado.es/actual...ASAAEgLF8vD_BwE
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: Fontana, Lavinia 
 
Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana Historia de dos pintoras

El Prado reúne 75 obras que recorren la trayectoria artística de dos mujeres cuyos nombres se diluyen en el tiempo
a pesar de que recibieron el reconocimiento de sus contemporáneos y se convirtieron en referentes del arte




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SOFONISBA ANGUISSOLA

Maestra de reinas y de maestros de la pintura

La artista, virtuosa del retrato, se reivindica como autora en su obra y se convierte en referente de muchas creadoras posteriores

Sofonisba Anguissola en su larga vida pasó por todos los estados como artista, de aprendiz a maestra de maestros. Nació en Cremona hacia 1535 en el seno de una familia noble aunque sin muchos recursos. Era la mayor de siete hermanos, todos con formación humanista: música, pintura, danza, literatura… Aunque muchos demostraron ciertas dotes, las de Sofonisba sobresalían. De ahí que, tras su formación con los pintores Bernardino Campi y Bernardino Gatti, su padre, Amilcare Anguissola, se erigiera en una suerte de representante de esta joven artista que ya se mostraba como una virtuosa retratista.


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Difundió algunos de los dibujos de su hija a sus contactos por Italia. Miguel Ángel conoció y alabó la obra de la artista. Primero, una escena en la que una anciana estudiando el alfabeto provoca la risa de una joven. Buonarroti, que ya es reconocidísimo, la reta a hacer a un joven con el gesto contrario. Ella no se amedrenta, responde con el dibujo de un niño llorando al ser mordido por un cangrejo, probablemente un retrato de su hermano. Así demuestra su dominio en la expresión de los sentimientos, una de las características más valoradas en la retratística de este momento.

También Vasari la reconocerá dedicándole unas palabras en sus Vite (Vidas). Al ver un retrato familiar de la pintora le pareció que los tres protagonistas respiraban como si estuvieran vivos. No es una anécdota aparecer en el vademécum de los más afamados artistas del momento. Así se convierte en referencia de otras pintoras a las que abre la puerta de la profesionalización.

Es su reconocimiento como artista lo que hace que Felipe II la reclame como dama de su tercera esposa, Isabel de Valois. Será algo más que una de las 16 acompañantes de la reina: le enseñará dibujo y pintura, materias en las que la joven consorte muestra especial interés. El duque de Alba, a través del duque de Sessa, le hace llegar la notificación a su padre. Ninguna familia noble de este momento podía rechazar esa oportunidad. En 1560 llega a España, donde seguirá sacando partido a sus pinceles pero con una clara diferencia: los retratos familiares hasta ese momento eran de los Anguissola, como el de su hermano Asdrubale mirando a su padre en presencia de su hermana. A partir de entonces, se tendrá que adaptar al retrato de corte: sobriedad con expresión de majestad, como pauta Alonso Sánchez Coello, pintor del rey. Ella, que sin ser considerada pintora de la corte ya que era dama de la reina retrata hasta a Felipe II, aplica esas pinceladas de humanidad y cercanía que la caracterizan. Rebaja la pompa sin atisbo de perder el respeto a través de pequeños detalles como el del rey rezando el rosario en un gesto de cotidianeidad. Durante este periodo no firma sus obras por no ser la retratista oficial.


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Al morir Isabel de Valois, en 1568, Anguissola se queda como aya de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela a quienes enseña dibujo y pintura. Acompañará también a la cuarta esposa del rey, Ana de Austria, hasta 1573, cuando Anguissola abandona España.

Que es una profesional lo demuestra, entre otras cosas el que, al casarse en 1573, no deja su oficio como ocurría con otras mujeres como sus hermanas. Se reivindica como artista, desde antes de su estancia en España. En su Autorretrato ante el caballete, de 1556-1557, se representa pintando una escena religiosa, demostrando que aunque son temas que apenas trabaja es capaz de abordarlos. La pintura religiosa no era un género para las mujeres.

Meses antes de morir, en 1625, aún le quedaba un reconocimiento por recibir. Antonio van Dyck la visita en Palermo, en uno de esos viajes que cualquier maestro como él, de los que no se olvida la historia del arte, hacía a Italia. El flamenco, que llegará a ser un gran retratista, recibe algunos consejos de la pintora ya prácticamente ciega con casi 90 años. Él toma algunos apuntes de su rostro en su cuaderno para posteriormente retratarla. Anguissola le pide que le haga llegar la luz de manera frontal para disimular las arrugas. Coquetería de quien sabía hacer.

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Las personas del universo de Sofonisba... Leer más




LAVINIA FONTANA

La pintora que se saltó los límites

La artista cultivó géneros, como el religioso y el mitológico, hasta entonces vedados a las mujeres

avinia Fontana miró a Anguissola, como todas las artistas que siguieron a la de Cremona, que comenzó un camino que aún hoy se sigue recorriendo y en el que queda mucho por reparar debido a todas las que han quedado en socavones y la historia las ha olvidado. Pero a Fontana también la siguieron muchas: es la primera mujer –con la información que se maneja actualmente– que se pone al frente de un taller y la que tiene el corpus de obra más abultado de todas las artistas anteriores al siglo XVIII. Hay constancia de que realizó más de 100 obras, aunque se conservan una treintena. El Museo del Prado no atesora ninguna en sus fondos.

Como Anguissola, Fontana (Bolonia, 1552) nació en una ciudad con una importante riqueza cultural, lo que influirá en su entorno. No en vano, allí se crea la primera universidad, que también será la primera en admitir mujeres. A ese caldo de cultivo cultural hay que añadirle un padre, Prospero Fontana, que es un pintor con cierta relevancia y será en su taller donde la artista se forme y el que conformará el eje de su carrera.

Fontana cultivó todos los géneros: ya no se quedó solo en los relegados para mujeres, la pintura mitológica y la religiosa forman parte fundamental de su obra como artista, ya no se diferencia como mujer artista. Esto no significa que abandone el retrato –en el que también destaca recibiendo a lo largo de su vida encargos de importantes personalidades de toda Italia–. Con sus autorretratos tocando la espineta (1577) y pintando en el estudio (1579), reivindica su papel. Si ha habido hombres del Renacimiento en todas las épocas, también existen las mujeres con formación humanista y conocedoras de varias de las bellas artes. Ella es una de sus representantes. Trabajará para los centros artísticos del momento: Florencia y Roma, morirá en esta ciudad en 1614. Pero antes tiene que dejar su impronta.


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Se casa con Giovanni Paolo Zappi en 1577. Él es un pintor formado en el taller del padre de Fontana que no obtendrá la consideración de la artista que nos ocupa. La vida de Fontana es una excepción para su época. Zappi lleva gran parte de la carga doméstica, tienen 11 hijos aunque solo les sobreviven tres, y él la ayuda en la preparación de los lienzos. A pesar de esto, y como la realidad es la que es, cuando muere Prospero Fontana, Zappi se queda como tutor de la artista y necesita su autorización para firmar contratos.


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Pero para Fontana no existen los límites, ni nada que no pueda hacer. Se mete en terrenos en los que las mujeres no habían entrado antes. Por ejemplo, las obras religiosas de gran formato, recibe encargos de pinturas de altar y realiza obras públicas. También pinta temas mitológicos, recrea desnudos, tanto masculinos como femeninos. En Marte y Venus (hacia 1595) –un lienzo que actualmente pertenece a la Fundación Casa de Alba y que cuelga de las paredes del madrileño palacio de Liria, recientemente abierto al público, aunque temporalmente ha sido prestado para la muestra del Prado– se puede observar el estudio del cuerpo de la diosa, la sensualidad que desprende y el toque de provocación que impregna.

Nada de mojigatería en una artista que lo fue de manera natural al criarse en un taller, lo que seguramente fomentó que se saltara las trabas que por su condición de mujer se podía encontrar.


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Las personas del universo de Lavinia...Leer más


Fuente: EL PAÍS
 




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