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Eugenio Lucas Villaamil
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Mensaje Eugenio Lucas Villaamil 
 
Este trabajo está dedicado al pintor madrileño Eugenio Lucas Villaamil. Fue un pintor español, Caballero de la Orden de Carlos III. Algunas obras que han atribuido a Goya en realidad pertenecen a Lucas Villaamil. Hijo del prestigioso pintor Eugenio Lucas Velázquez, que falleció cuando el que debía ser su heredero contaba tan solo doce años de edad.

Sus pinturas mantienen la influencia de las características de las de su padre, con la repetición de los temas goyescos, que tan genialmente trató su padre Lucas Velázquez, copiando diversos temas del aragonés en el Museo del Prado, además de los temas taurinos, de numerosos cuadros de «Casacones» y de ejecutar interesantes y en algunos casos bellísimos retratos, como el grupo infantil de los hermanos García de Palencia.

Eugenio Lucas Villaamil (Madrid, 14 de enero de 1858-ivi, 1918), Fue conocido en vida como “Lucas Hijo”, por ser vástago del también pintor Eugenio Lucas Velázquez y Francisca Villaamil -hija, a su vez, de Genaro Pérez Villaamil-, que vivían en feliz unión tras la separación de Lucas padre de su primera esposa. Lucas Villaamil, heredero de la rapidez y la facilidad paternas en el uso del pincel, desarrolló una producción considerable, si bien es cierto que su obra alcanzó menores cotas de calidad que la paterna. Las pinceladas, cortas y con mucha materia pictórica, denuncian la profunda admiración por los maestros de la pintura española: Velázquez, Carreño, Murillo y, sobre todo, Goya, a quien se han atribuido algunas obras que, en realidad, pertenecen a Lucas Villaamil. Ni dibujo ni academicismo, sino pintura suelta y deshecha, empastada y de rica variedad cromática en asuntos de lo más variado pero centrados, sobre todo, en escenas de costumbres pobladas por majas y toreros y truculentas imágenes de la Inquisición, son las características más evidentes de la pintura de Lucas Villaamil.

Se casó con Eugenia Esteban, con quien tuvo una hija, de nombre Francisca Teresa, también pintora, y frecuentó los cenáculos bohemios del Madrid de fin de siglo, hasta que fue descubierto por el mecenas José Lázaro Galdiano, que le encargó la decoración de los techos del palacio de Parque Florido en la madrileña calle Serrano y lo nombró su “pintor de cámara”. Trabajó después como restaurador y copista en el taller del prestigioso anticuario García Palencia, y entre las mayores distinciones que recibió en vida, destaca la de Caballero de la Orden de Carlos III.

Espero que la recopilación que he conseguido del pintor madrileño, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas Obras


Eugenio Lucas Villaamil en la Fundación Lázaro Galdiano


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Autorretrato de Eugenio Lucas Villaamil con traje claro. 1910. Óleo sobre lienzo, 63,5 x 53,5 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Se retrata de busto ante un fondo neutro, pulcramente vestido con traje claro y camisa de cuello duro, que prende la corbata con un pasador. Posa a sus 52 años, con gesto adusto, serio y el ceño fruncido, sosteniendo en la mano la paleta y los pinceles, instrumentos de su profesión.

Nacido en Madrid el 14 de enero de 1858, fruto de la relación entre el pintor Eugenio Lucas Velázquez y Francisca Villaamil, la biografía de Eugenio Lucas Villaamil –también conocido como Lucas «hijo»– ha tenido hasta hace unos años perfiles casi tan poco definidos como los de su pintura.

Tras iniciar su formación artística durante su niñez en el taller paterno, continuó sus estudios en la Escuela Especial de Pintura de Madrid, llegando a participar en tres ocasiones en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Así, en 1876, presentó dos obras: Italianas y Mendigo; en 1881 un pequeño cuadrito titulado Galanterías en el siglo XVIII y en 1884 la acuarela Después de la fiesta. Dibujo de Serra y el óleo Cuestión de honor, plasmándose ya en estos títulos la predilección de Lucas Villaamil por los cuadros de tipos, escenas de género y «casacón» ambientadas en el siglo XVIII; temas que ocuparían buena parte de su producción madura. Hábil copista de algunas de las pinturas de Goya que guarda el Prado, llegó a ser protegido del conocido coleccionista José Lázaro Galdiano, realizando para él varias pinturas murales para decorar su hotel de la calle Serrano –hoy convertido en el museo que lleva su nombre–; entre otras, la que representa a Goya rodeado de sus modelos.

Pintor de estilo extraordinariamente versátil, consiguió suplir sus discretas dotes artísticas con una indiscutible fecundidad creativa, especialmente atractiva en sus estampas del Madrid goyesco, resueltas con gran habilidad compositiva y alegría de color, con las que logró cierto éxito entre un tipo de clientela media, que le permitió sobrevivir, aunque nunca consiguiera introducirse en los grandes círculos artísticos públicos y oficiales de su tiempo, falleciendo en Madrid el 23 de enero de 1918.

La figura de Eugenio Lucas Villaamil se ha mantenido siempre a la sombra de su padre, en cuyas imitaciones, torpes y reiterativas, dejó lo peor de su arte, provocando a pesar de ello hasta nuestros días continuas confusiones de atribución, fomentadas a veces por oscuros intereses de mercado que en nada han favorecido la valoración estricta y objetiva de su personalidad.

 64eugenio_lucas_villamil_autorretrato_con_traje_oscuro

Eugenio Lucas Villaamil. Autorretrato con traje oscuro. Hacia 1915. Óleo sobre lienzo, 63, x 50,8 cm. Fundación Lázaro Galdiano. De composición prácticamente idéntica al otro autorretrato del artista que se conserva en el Museo (Inv. 11530), éste debe fecharse seguramente algunos años después, según parecen indicar las huellas de la edad en el rostro de Lucas, de apariencia más magra y perfiles redondeados. Vestido con un traje oscuro, está resuelto con mayor jugosidad pictórica que aquél, al modelar su figura, y sobre todo la cabeza, con una materia más vibrante, de toques menudos y yuxtapuestos, que marcan las sombras y los brillos.



Frescos de Eugenio Lucas Villaamil en el Palacio de la actual Fundación Lázaro Galdiano


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Techo de la Sala de Música. Actual Sala 8: "Arte español de los siglos XV y XVI". Fundación Lázaro Galdiano, Madrid. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. Esta habitación fue en tiempos la Sala de Música del palacio. En él, Lucas Villamil representó los gustos musicales de la familia Lázaro-Florido pintando a diversos compositores de música clásica. Así, Richard Wagner aparece en primer plano acompañado de otros artistas, como Verdi, Chopin, Rossini, Beethoven, Mozart, o Liszt.


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Techo del antiguo Gabinete de la Comedia. Actual sala 10, "Arte español de los Siglos de Oro". Fundación Lázaro Galdiano, Madrid. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. Es un lugar en el que ahora podemos imaginar las tertulias que entonces mantendría Don José con sus invitados. Si alzamos la vista una vez más, veremos que Lucas Villamil escogió en esta ocasión una temática muy apropiada a la del conjunto de obras que hoy se exponen aquí, pues, en primer plano, tenemos representado al Fénix de los Ingenios, Lope de Vega, máximo exponente del Siglo de Oro de las letras españolas, el cual está rodeado de otros poetas, novelistas y dramaturgos de distintas épocas, plasmando así el gusto de Lázaro Galdiano.


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Techo del antiguo Comedor de Gala. Actual Sala 11: "Arte español de los Siglos de Oro". Fundación Lázaro Galdiano, Madrid. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. La forma alargada de esta sala ya nos da una pista de qué fue en origen: el antiguo Comedor de Gala de la casa palaciega. En el techo, Eugenio Lucas Villamil representó a varios dioses clásicos, como Baco, Ceres, Diana y Neptuno, aludiendo así a la temática de los alimentos: vino, agricultura, caza y las aguas, respectivamente.


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Techo del vestíbulo del palacio. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. "La imagen femenina en los siglos XVI y XVII", actual sala 9. En la cual fue antes el vestíbulo del palacio ya que, originariamente, el acceso se hacía por la entrada que hay en la Calle Claudio Coello; es por esto que su decoración, de estilo renacentista, es tan elaborada. Si alzamos la vista, veremos el homenaje que Lucas Villamil le hizo al pintor Francisco de Goya, quien aparece retratado en la esquina inferior derecha ; realizado al óleo sobre lienzo en 1906, se trata del primer encargo que Lázaro Galdiano le hizo al artista.


 7techo_salon_gotico

Techo Salón Gótico. Actual Sala 13: "Goya y sus contemporáneos". Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. Esta estancia fue bautizada por Don José Lázaro como Salón Gótico y cumplía las funciones de recibidor para aquellos visitantes que accedieran al palacio por la Calle Serrano. Eugenio Lucas Villamil pintó en este techo “Las Artes reunidas”, representando así las aficiones del coleccionista.


 1techo_despacho_biblioteca

Techo del despacho de la biblioteca de Don Jose Lázaro Galdiano. Actual Sala 14: "Arte español del siglo XIX". Fundación Lázaro Galdiano, Madrid. Obra de Eugenio Lucas Villaamil. Será este último, como hemos visto en el resto de dependencias de esta planta, quien se encargue de la decoración pictórica del techo de esta sala que, originalmente, fue la escogida por Don José para instalar su despacho-biblioteca. Lucas Villamil pintó en este caso una “Exaltación de la Sabiduría y las Letras españolas”, para lo cual se inspiró en “La Era de la Reforma”, un fresco de Wilhelm von Kaulbach que decoraba la escalinata del Neues Museum de Berlín hasta que, por desgracia, fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Lourdes Morales Farfán / unaventanadesdemadrid.com

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La castañera y los majos. Autor: Eugenio Lucas Villaamil. 1900. Óleo sobre lienzo, 37,5 x 22,5 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Madrid.

En una noche oscura, varios majos y dos chiquillos se acercan al puesto de una castañera, situado en la esquina de una calle. Alumbrada por un farol, la mujer atiende la conversación de los chisperos sentada tras una mesa y arrimada al calor de su anafe.

Adquirido por José Lázaro como original de Goya, más recientemente Arnáiz lo cataloga como obra de Eugenio Lucas Velázquez sin medidas y como de la "Ex. Col. Lázaro" titulándolo La aceitunera, si bien el hornillo portátil humeante y agujereado junto al que se calienta la mujer deja clara su verdadera mercancía. Por otra parte, el análisis de su factura, sumaria y aflecada, así como los modelos humanos, descartan tal atribución a favor de su hijo, Lucas Villamil, a quien ha de pertenecer, y quien muy avanzado el siglo sigue insistiendo todavía en los argumentos y tipos de inspiración goyesca.


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Los cruzados ante Jerusalén. Óleo sobre lienzo, 51,5 x 66,3 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Madrid. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

Por las laderas de montes y valles, bulliciosas hileras de tropas a caballo avanzan hacia una gran ciudad amurallada que se yergue majestuosa sobre la montaña del fondo, envuelta en las doradas luces del sol naciente. La mayoría de los soldados enarbolan lanzas, pendones o cruces, mientras otros extienden los brazos en señal de júbilo al aparecer ante sus ojos las siluetas de los torreones de la ciudad de su destino, recortándose sobre el horizonte.


 52bandoleros_asaltando_a_unos_viajeros

Bandoleros asaltando a unos viajeros. Óleo sobre tabla, 37,5  x 61 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

Junto a las peñas de un desolado paraje de sierra, un grupo de damas y caballeros de noble porte han sido asaltados en el transcurso de su viaje por una cuadrilla de bandoleros, que les han reducido atándoles las manos, despojándoles de los objetos de valor de su esquipaje.El cuadro, fechable ya en los albores del nuevo siglo, muestra en época tan tardía la persistencia un tanto convencional de los estereotipos argumentales de las escenas de género puestas de moda por el romanticismo pintoresco, insistiendo en los aspectos más recurrentes del tipismo legendario español, como los asaltos a diligencias por bandoleros y contrabandistas, que tanto juego dieron a los pintores y escritores románticos españoles y extranjeros, interesados por los aspectos más exóticos de su visión de España. En este caso, Lucas Villamil interpreta la escena con su estilo más personal,


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Corrida en la plaza del pueblo. 1910. Óleo sobre lienzo, 63, x 83 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

El festejo se celebra en una explanada en las afueras de una aldea, cuyo caserío asoma disperso entre las copas de los árboles que cierran el fondo de la composición. Ante ellos se ha dispuesto la barrera fabricada con tablones, en la que se arremolina el público agitado que asiste a la capea. A la derecha se lavantan sendas tribunas, adivinándose al fondo la silueta de una ermita. En la arena, los aficionados huyen despavoridos ante la espantada del toro que, desatendiendo los capotes, arremete contra el diestro -ya caído en el suelo bajo sus patas-, y los espontáneos que han saltado al improvisado ruedo para distraer al animal.

Por su argumento y dimensiones, este cuadro forma una pequeña serie de escenas taurinas populares pintadas por Eugenio Lucas Villamil e integrada además por los lienzos que representan respectivamente La barrera rota (Inv. 11546) y Espantada en una capea (Inv. 11547); éste último de escenario muy similar al que sirve de marco a la presente escena. [...] En estos tres lienzos, Lucas Villaamil repite los esquemas más convencionales de las escenas de capea pintadas por su padre, imitando su estilo e insistiendo en los detalles más anecdóticos, aunque resueltos con evidentes descuidos de técnica que, sin embargo, no ensombrecen el efectismo dramático de este tipo de estampas taurinas, de clientela fácil y pretensiones eminentemente decorativas.


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La barrera rota. 1910. Óleo sobre lienzo. Medidas: Con Marco: Altura = 73,70 cm; Anchura = 93 cm; Profundidad = 4,20 cm Sin Marco: Altura = 63 cm; Anchura = 83 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

En el transcurso de una capea que tiene lugar en las afueras de un pueblo, el toro ha arremetido contra la improvisada barrera de madera, destruyendo la estructura de tablones y provocando el lógico pánico entre el público resguardado tras ella. Varios aficionados, caídos en el suelo empujados por la avalancha, son pisoteados por el animal, que embiste hacia el gentío que se agita aterrorizado, provocando la espantada del caballo de un mayoral que apenas puede abrirse paso entre la muchedumbre, mientras un chicuelo se guarece del peligro trepando por el mástil de una cucaña.

Compañero de otros dos lienzos, que muestran respectivamente una Capea en la plaza del pueblo (Inv. 11545) y una Espantada en una capea (Inv. 11547), es el único firmado de este pequeño conjunto.


 59suerte_de_varas

Suerte de varas. 1910. Óleo sobre lienzo, 57,5, x 74,5 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

Tras haber derribado a un picador de su montura al herir a su caballo, un toro enfurecido embiste a otro varilarguero, que le aplica la suerta de varas en frenético galope, mientras otros toreros de a pie intentan inúltimente quites de capote para distraer al astado, que lleva en volandas a un espontáneo sobre su testuz. La corrida se dsarrolla en un extraño ruedo, sin barreras ni gradas, en lo que parece una amplia pradera, en la que aparecen diseminados grupos de gentes, cuyas siluetas apenas se adivinan, perdiéndose en la lejanía.
De todas las escenas taurinas pintadas por Eugenio Lucas Villamil que se conservan en el Museo Lázaro, ésta es sin duda la más interesante de todas, al estar resuelta con su lenguaje estilístico más personal y ciertos rasgos de originalidad compositiva que la distinguen de las meras imitaciones de las obras de su padre, aunque sin abandonar nunca la veta de intencionada inspiración goyesca. En efecto, la libertad pictórica con que están resueltas las figuras, dibujados sus perfiles a punta de pincel y modeladas con toques de color extraordinariamente enérgicos y fogosos, que contribuyen a acentuar la sensación de confusa agitación de la escena y, sobre todo, el despliegue panorámico del gentío disperso en la llanura que lleva la mirada del espectador hacia un horizonte muy lejano, y que convierte sus siluetas en meros grumos de pintura, hacen asomar las facultades verdaderas de Lucas Villamil, casi siempre constreñido a seguir las modas dictadas por el mercado, y amordazados sus pinceles al estar condenado a seguir la estela de su padre, repitiendo una y otra vez esquemas ya dados.


 60espantada_en_una_capea

Espantada en una capea. 1910. Óleo sobre lienzo. Medidas: Con Marco: Altura = 72 cm; Anchura = 96,50 cm; Profundidad = 4,50 cm Sin Marco: Altura = 61 cm; Anchura = 85 cm

De argumento y escenario muy semejante al lienzo titulado "Corrida en la plaza del pueblo" (Inv. 11545)¸ con el que forma una pequeña serie, integrada además por el que representa "La barrera rota " (Inv. 11546), tan sólo aumenta en este caso el número de espontáneos que ha saltado a la arena para distraer al toro con los capotes, viéndose entre ellos a los picadores en sus cabalgaduras, varas en ristre.
De este pequeño conjunto, es quizá el cuadro que mejor resuelve la sensación de pánico y agitación de las gentes asustadas por la espantada del toro, acentuando así la intensidad dramática de la escena con indudable efectismo.


 54el_aquelarre

El Aquelarre. 1900. Materia: Hojalata. Técnica: Óleo. Medidas: Con Marco: Altura = 60,50 cm; Anchura = 51 cm; Profundidad = 6,40 cm Sin Marco: Altura = 52 cm; Anchura = 36,30 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

Escena de brujería en una noche de Sabbat. De un cielo completamento negro desciende fantasmales figuras brujeriles para atormentar a varios hombres, desfallecidos en primer término, a quienes parecen tentar con sus artes diabólicas, iluminados por la trémula luz del candil que sujeta el espectro de un viejo monje en vuelo. Entre tan confusa visión, parece adivinarse a la izquierda a un joven mostrando al hombre recostado a su lado la imagen de un cuadro o espejo, quizá su reflejo rejuvenecido, para seducirle a un trato con el diablo. A la derecha puede verse una tumba abierta, de la que los seguidores de Satán han extraído un cadáver para celebrar sus ritos. Entre el grupo de brujas en vuelo, una muestra en sus manos una corona real y otra un reloj de arena; probablemente como símbolos de poder y juventud eterna con que los seguidores de Mefistófeles tienta al alma humana.

Es seguramente una de las más atractivas escenas de brujería pintadas por Lucas Villamil entre su producción conocida, mostrándose en ella hábil en la invención y en la distribución de las figuras, además de digno sucesor de su padre en la interpretación del lenguaje plástico del universo goyesco, tanto en el juego de empastes y en la utilización dramática de los efectos luminosos, insistiendo en los aspectos expresionistas más efectistas de este tipo de escenas, que resuelve con una inusual claridad compositiva.


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Escena de inquisición. 1900. Óleo sobre lienzo. Medidas: Con Marco: Altura = 66 cm; Anchura = 77,20 cm; Profundidad = 7 cm Sin Marco: Altura = 48,50 cm; Anchura = 59,50 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

En lo que parece una lóbrega cripta, tiene lugar la preparación de un grupo de condenados por la Inquisición. En primer término, al pie de un gran crucifijo, unos monjes parecen consolar a un grupo de hombres y mujeres convictos, que se arremolinan a sus pies. A la derecha, otros acusados, ya con los torsos desnudos, las manos atadas a la espalda y coronados con capirotes, se dirigen hacia el fondo, para ser sometidos al escarnio público y posterior auto de fe.

Resuelto con la técnica más sumaria y descuidada de Lucas Villamil, que de puro abocetada llega a volverse tosca en algunos fragmentos, y especialmente característica de las interpretaciones que hace este artista de las escenas de origen goyesco, desdibujando las figuras como meros borrones y envolviendo así toda la composición en una masa confusa y misteriosa de sombras gimientes, de gran efecto. En este caso, recrea un argumento de especial atractivo para los seguidores de Goya por su intensidad dramática y su crueldad despiadada como el de la Inquisición, frecuentemente recreada por su propio padre, Eugenio Lucas Velázquez, en óleos y gouaches, manteniendo así, en los albores del siglo XX, un lenguaje plástico y unos recursos argumentales vigentes casi cien años antes, lo que, entre otras cosas, viene a confirmar el interés creciente por la obra de Goya en las décadas de entresiglos, en las que, por moda o capricho, aparecen con frecuencia este tipo de imitaciones inspiradas en el universo goyesco.


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La misa de parida. 1900. Óleo sobre lienzo. Medidas: Con Marco: Altura = 57,50 cm; Anchura = 71,50 cm Con Marco: Altura = 69,50 cm; Anchura = 84 cm. Fundación Lázaro Galdiano. Obra de Eugenio Lucas Villaamil

Ante el altar de una iglesia en penumbra, un obispo revestido de pontifical y bajo palio impone su bendición a un recién nacido en brazos de su madre, arrodillada frente al diácono. Asisten a la misa numerosos feligreses, casi todos ellos de condición humilde, adivinándose al fondo los altares de una capilla lateral. [...] En este caso representa la tradicional "misa de parida", costumbre arraigada en España hasta entrado el siglo XX, que consistía en la ofrenda de los recién nacidos llevados a la iglesia por vez primera por su propia madre, una vez cumplida la cuarentena posterior al parto, y que impedía incluso a las mujeres asistir al bautizo de sus propios hijos, que se solía celebrar inmediatamente después del nacimiento bajo la tutela de los padrinos, ante el alto riesgo de mortalidad infantil.
El cuadro continúa la tradición de las escenas litúrgicas en interiores de templos, puestas de moda por el propio Goya y que tuvieron tan hondo calado en el costumbrismo romántico, atraído por sus aspectos más pintorescos. [...] Por otra parte, curiosamente este lienzo repite casi literalmente la composición de otro, catalogado por Arnáiz como original de Eugenio Lucas Velázquez y conservado en el Musée des Beaux Arts de Lyon, que este autor considera a su vez segunda versión de otro, localizado en una colección de Zaragoza, si bien, tanto detalles de factura como el hecho de que el presente ejemplar se halle firmado, -rasgo muy poco usual en el caso de copias de composiciones ajenas-, pudieran indicar incluso que, en realidad, los tres se deban a la misma mano.



Otras obras


 68la_ciudad_sobre_la_roca_1850_75_cortes_a_del_museo_de_arte_metropolitano_new_york

Una ciudad sobre una roca. Autor: Eugenio Lucas Villaamil, 1850-75, cortesía del Museo de Arte Metropolitano, New York. Fue comprado en España a mediados de la década de 1880 por un coleccionista estadounidense, que fue atribuido a Francisco de Goya (1746-1828). La pintura es ahora se cree que por uno de los seguidores de Goya, Eugenio Lucas Villaamil, y puede haber sido pintado tan tarde como 1850-75. Lucas estudió técnicas de Goya y consiguió ejecutar un cuadro suficientemente cerca de estilo de Goya para engañar a la mayoría de las autoridades hasta 1970. Muchos de los elementos de la composición han sido tomados de obras autógrafas de Goya (tanto de pinturas y grabados), y parece, por tanto, a ser un "pastiche"

Muchos de los seguidores de Goya fueron sus propios asistentes, sus aprendices e incluso también miembros de su familia. Uno de estos seguidores es el pintor Eugenio Lucas Velazquez, del siglo XIX. Velazquez es más conocido por sus copias de las obras de Goya. Se presume que hizo más de 700 falsificaciones de Goya y que copió elementos de trabajos firmados por Goya en su obra “La ciudad sobre la roca”. Hasta 1970 esta pintura había sido atribuida a Goya. Tres miniaturas pintadas sobre marfil, que habían sido atribuidas a Goya, ahora se cree que pertenecen a la autoría de Velázquez.

Otro seguidor, Agustín Esteve y Marqués, era pintor de la corte y más conocido por sus pinturas parecidas a las de Goya. También hizo muchas copias de los retratos de Goya.


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Escena de la Guerra de la Independencia, Óleo sobre tabla, 19 x 15,5 cm. (firmado “Lucas”, áng. inf. dcho.) Obra de Eugenio Lucas Villaamil (1858-1918)


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Corrida de toros en una plaza de toros improvisada en un pueblo. Óleo sobre lienzo, 44.5 x 62 cm. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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Estudio de una ventana. 1801-1900. Museo de Bellas Artes de Córdoba. Obra de Eugenio Lucas Villaamil    


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Afueras de la antigua Plaza de Toros de Madrid. 1801-1900. Museo de Bellas Artes de Córdoba. Obra de Eugenio Lucas Villaamil    


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El mago en palacio, 1894. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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Baile en palacio, 1894. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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Entrada a los toros, sol, c.1885. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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Salida de los toros, lluvia, c.1885. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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Llegada al teatro en noche de baile de máscara, c.1895. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Eugenio Lucas Villaamil


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En el palco, s.f. Óleo sobre lienzo, 90 x 100 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de de Eugenio Lucas Villaamil.

Eugenio Lucas Villaamil, pintor escasamente conocido y poco valorado, desarrolló la mayor parte de su carrera durante el último tercio del siglo XIX, época en la que confluyen diversas corrientes estéticas en el panorama pictórico nacional. Villaamil es digno representante de un grupo de pintores madrileños que dan continuidad a los temas castizos de influencia romántica y herencia goyesca y que habían tenido tan buena acogida a lo largo del siglo. De su vida y su carácter, así como de su admiración por el trabajo de su padre, el pintor romántico Eugenio Lucas Velázquez, tenemos noticias a través de las narraciones de José Lázaro Galdiano, quien fue su mecenas y que relata, entre otras muchas anécdotas, cómo la morada de Lucas «el joven» estaba repleta de cuadros de su progenitor. Esta admiración del hijo, que sólo compartió con su maestro doce años de vida, se traduce en una emulación de su estilo, el empaste o la paleta de color y, sobre todo, en la recreación de muchos de sus temas e iconografía. A ambos, a su vez, les unía una profunda admiración por el genio de Goya. En el palco es un magnífico ejemplo de la confluencia de estas tres realidades: la impronta goyesca, el influjo paterno y la actualización de la temática y el estilo conforme a las nuevas corrientes y a su personalidad como pintor.

De su vida y su carácter, así como de su admiración por el trabajo de su padre, el pintor romántico Eugenio Lucas Velázquez, tenemos noticias a través de las narraciones de José Lázaro Galdiano, quien fue su mecenas y que relata, entre otras muchas anécdotas, cómo la morada de Lucas «el joven» estaba repleta de cuadros de su progenitor. Esta admiración del hijo, que sólo compartió con su maestro doce años de vida, se traduce en una emulación de su estilo, el empaste o la paleta de color y, sobre todo, en la recreación de muchos de sus temas e iconografía. A ambos, a su vez, les unía una profunda admiración por el genio de Goya.

En el palco es un magnífico ejemplo de la confluencia de estas tres realidades: la impronta goyesca, el influjo paterno y la actualización de la temática y el estilo conforme a las nuevas corrientes y a su personalidad como pintor.

El recurso de situar un relativamente numeroso grupo de figuras tras una balaustrada ya había sido utilizado por el maestro de Fuendetodos en los frescos de la ermita de San Antonio de la Florida. No obstante, el tema iconográfico queda fijado con las Majas al balcón, claramente latente en esta obra, si bien aquí ha perdido cualquier atisbo de matiz moralizante. La idea del coqueteo de las mujeres que se asoman, seguras de ser observadas, la charla animada y el galanteo, fueron asuntos tratados en numerosísimas ocasiones por Eugenio Lucas Velázquez. De hecho son motivos recurrentes que reproduce en muy diversas versiones a lo largo de su carrera. En el palco reúne distintos recursos ensayados por Lucas «padre» en lienzos como: Charla en el palco y Comentando en el palco, ambas en el Museo Cerralbo de Madrid, Mujeres al balcón del Museo de Perpiñán o El palco de las presidentas, del Museo Nacional del Prado. En todos ellos se repite el recurso del antepecho como elemento auxiliar en el planteamiento de los sucesivos planos, si bien las soluciones compositivas difieren. En este caso, el pintor privilegia a dos de sus protagonistas, situándolos en el lado más próximo al espectador: el torero que charla ufano con la maja y la vendedora de naranjas, que descansa sentada mirándonos con simpatía y cierto descaro, buscando nuestra complicidad.

Tras la línea horizontal que divide rotunda la obra, se sitúan el resto de figuras agolpadas en distintos planos, en actitudes festivas unos, solemnes otros. Lo cierto es que todo el friso de personajes presentados parece formar parte de un acompasado cuadro teatral. La sucesión de estudios fisionómicos, gestos, posturas, actitudes y atuendos, unido a ciertos detalles como el lenguaje de los abanicos, conforman una elocuente secuencia dramática. Lo que aquí se muestra es el discurrir despreocupado de una cotidiana y popular tarde de toros, animada por el detalle del galanteo y los toques castizos.

Destaca la cuidada armonía cromática de colorido claro, brillante en ocasiones, que sabe combinar con un estudiado contraste.

El resultado es una agradable escena desprovista de connotaciones críticas, morales o cualquier otra distinta a la de ofrecer una imagen pintoresca e intrascendente, singularmente atractiva para el público burgués, cautivado en este momento por la pintura de casacón. Predomina aquí el tono amable, la factura acabada, la habilidad en la composición y una especial atención hacia el color. Más allá de estas peculiaridades, el rasgo que distingue el estilo y la personalidad de Lucas Villaamil será su concepción escenográfica de la pintura, a la que él mismo asiste como espectador y que nos acerca complacido, para involucrarnos en ella.



Ver obra de Eugenio Lucas Villaamil en el Museo del Prado



Pues esto es todo amigos, espero os haya gustado el pequeño trabajo recopilatorio dedicado al pintor madrileño Eugenio Lucas Villaamil. Fue hijo del prestigioso pintor Eugenio Lucas Velázquez, que falleció cuando el que debía ser su heredero solo con doce años de edad.


Fuentes y agradecimientos: carmenthyssenmalaga.org, pinterest.com, josedelamano.com, es.wikipedia.org, catalogomuseo.flg.es, artehistoria.jcyl.es, goyaexperts.com, mismuseos.net, ceres.mcu.es, artprice.com, unaventanadesdemadrid.com, es.artprice.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Eugenio Lucas Villaamil 
 
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Se subasta “Majos”. Eugenio Lucas Villamil (Madrid, 1858 – 1918)


 0majos

“Majos”.
Eugenio Lucas Villamil (Madrid, 1858 – 1918). Lote 34002605
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 65 x 48 cm; 86 x 70,5 cm (marco).
Firmado en el ángulo inferior izquierdo.
Lote 34002605

Hijo del también pintor Eugenio Lucas Velázquez, seguidor de Francisco de Goya, hereda de su padre la rapidez y facilidad en el uso del pincel. Su pincelada, corta y espesa, denuncia su profunda admiración por los grandes maestros españoles, como Velázquez, Carreño, Murillo y, sobre todo, Goya.

Su pintura se aleja del academicismo y es suelta y deshecha, empastada y de gran riqueza cromática, mientras que sus temas se hablan del pueblo y sus costumbres. Estudió en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, donde destacó por su maestría como dibujante. Completó su formación visitando asiduamente el Museo del Prado, donde copió diversas obras de Goya. Asimismo, frecuentó los ambientes intelectuales del Madrid de finales del XIX, hasta que fue descubierto por el mecenas José Lázaro Galdiano, quien le nombró su pintor de cámara y le encargó la decoración de su palacio de Parque Florido.

Entre las distinciones que recibió en vida destaca la de Caballero de la Orden de Carlos III. Se conserva obra de Lucas Villamil en la Galería Nacional de Washington D. C., las fundaciones Lázaro Galdiano y Mapfre de Madrid, los Museos de Bellas Artes de San Francisco, La Habana, Badajoz y Álava, el Museo J. Paul Getty de California, el Museo San Telmo de San Sebastián, la colección Carmen Thyssen-Bornemisza y el Museo Camón Aznar.
En este lienzo Eugenio Lucas plasma una pintoresca escena de interior protagonizada por majos vestidos con sus típicos trajes llenos de color, que destacan sobre el fondo umbrío de la estancia. La escena está protagonizada por las dos mujeres situadas en el primer plano, plasmadas de frente, una de ellas incluso mirando directamente al espectador, integrándolo en la narración.

Estas dos figuras quedan además realzadas por la iluminación, que penetra por un punto que no vemos (la ventana queda a sus espaldas), e incide directamente en ellas, dotando de luminosidad tanto a las carnaciones como a los brillantes colores de sus trajes. Ambas componen una imagen típica de la pintura de costumbres de la época, si bien quedan integradas en un escenario que va más allá del retrato de tipos, una estancia abierta al exterior a través de una gran ventana, con varios personajes a espaldas de las protagonistas.

La que más llama nuestra atención es la maja apoyada en el alféizar de la ventana, que sostiene un abanico plegado y vuelve su cabeza para mirar a las mujeres del primer plano, casi como un eco del propio espectador, un hábil recurso compositivo que destaca la presencia de este personaje. Detrás, ya envueltos en penumbra, vemos a dos personajes más, una pareja conversando sentada ante una mesa sencilla, tras la cual destaca un retrato de caballero que parece salirse de su marco y ser un personaje más de la escena.


Publicado el 18/03/2013 por blog.setdart.com
 




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