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Juan Van Der Hamen Y León
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Mensaje Juan Van Der Hamen Y León 
 
Este trabajo está dedicado al pintor madrileño de origen flamenco Juan van der Hamen y León. Proveniente de una familia aristocrática de origen flamenco asentada en España. Es uno de los mejores bodegonistas que ha dado nuestro país.

Juan van der Hamen y León (1596-1631) Es conocido en nuestros días principalmente por su producción de bodegones, género que introdujo en España y en el que su obra delata la influencia de Sánchez Cotán y Francisco de Zurbarán. También él influyó en las siguientes generaciones ( Antonio de Pereda y Juan de Arellano).

También pintó notables cuadros religiosos de técnica tenebrista y abundantes retratos naturalistas, a reyes y nobles, y notablemente a poetas de la época, entre ellos Quevedo, Lope de Vega y Góngora. Trabajó para las fundaciones reales, como el monasterio de las Descalzas, en Madrid, para el cual pintó unos altares fingidos. Se cree que su fama fue oscurecida por el esplendor del pintor sevillano Velázquez del cual fue contemporáneo.

Juan Van der Hamen trabajó para la Corte durante el Barroco del siglo XVII. Su familia estaba al servicio de los Austrias. Su padre era arquero del rey Felipe II, motivo por el cual él nació en España. Su dedicación fue a un género nuevo en España, nacido durante el Barroco, el bodegón. Van der Hamen fue uno de los más famosos bodegonistas del Madrid de principios del XVII. Trabajó para las fundaciones reales, como el monasterio de las Descalzas, en Madrid, para el cual pintó unos altares fingidos. Además, podemos encontrar un par de sus obras en las salas del Museo del Prado: uno de sus frecuentes bodegones y el retrato de un Enano, que se anticipa a los que años más tarde retalizará Velázquez bajo el reinado de Felipe IV.

Juan van der Hamen y León (Madrid, 1596–1631), pintor barroco español del llamado Siglo de Oro, fue reconocido especialmente por sus bodegones y floreros, si bien practicó también la pintura religiosa, el paisaje y el retrato. Pintor versátil, influido tanto por Juan Sánchez Cotán como por el flamenco Frans Snyders en la concepción de sus primeros bodegones, y bien relacionado con los ambientes cultos de Madrid, adoptó tempranamente el naturalismo que llegaba de Italia.

Juan van der Hamen y León nació en Madrid en el seno de una familia perteneciente a la aristocracia holandesa, originaria de Utrecht, y culta. Su padre, Jehan van der Hamen, nacido en Bruselas y fiel católico, se había establecido en España antes de 1586 y pertenecía a la Guardia de los Archeros Reales, guardia personal del rey de origen borgoñón para la que era requisito la hidalguía. Su madre, Dorotea Whitman Gómez de León, descendía a su vez de un archero flamenco y una toledana de origen hidalgo. Sus hermanos mayores, Pedro y el Doctor Lorenzo van der Hamen, canónigo en Granada, fueron escritores de obras históricas y teológicas, y quizá él mismo practicase la poesía. Bien relacionado en los ambientes cultos de Madrid, mantuvo trato de amistad con escritores como Lope de Vega, Luis de Góngora o el dramaturgo y editor Juan Pérez de Montalbán, que le dedicaron sendos elogios poéticos. Al igual que antes su padre y su abuelo, en enero de 1623 ingresó en la guardia de archeros flamencos, encargada de forma más o menos honorífica de proteger al rey desde tiempos de Carlos V.

Nada se sabe de su formación como pintor. Antonio Palomino asegura que su padre, fallecido en 1612, también lo era, de lo que no existen pruebas, y que con él aprendió el arte. La orientación italianizante de su pintura, con arreglo a la tendencia dominante en Madrid en sus años de formación, podría relacionarlo con alguno de los pintores de la corte como Vicente Carducho y aún con Felipe Diricksen, de poca mayor edad y también archero real, cuya escasa obra conocida guarda ciertas concomitancias con la de Van der Hamen. Cuando en 1615, con la oposición de su familia que aspiraba a un matrimonio con persona de mayor rango, casó con Eugenia de Herrera, de una familia de artistas relacionada con Antonio de Herrera, su formación como pintor debía de haberse completado. Y por su declaración ante el vicario al solicitar dispensas para acelerar el matrimonio, consta que su aprendizaje había tenido lugar en Madrid, pues nunca había abandonado la ciudad aunque pudo hacerlo inmediatamente después por un plazo de algunos meses.

La primera obra de que se tiene noticia es de 1619 y fue pintada para el Palacio del Pardo: un bodegón, «lienço de frutas y caça», encargado por Juan Gómez de Mora para completar los cinco que se habían adquirido en la almoneda del arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandoval y Rojas, con destino a las sobrepuertas de la Galería del Mediodía. La relación con Gómez de Mora, de quien hizo un retrato de cuerpo entero, fue duradera. También hubo de ser estrecha la relación con Jean de Croÿ, Conde de Solre, personaje influyente en la corte como caballero de la Orden del Toisón de Oro y capitán de la guardia de archeros. Aficionado a la botánica y coleccionista de pintura, Van der Hamen pintó para él al menos un par de bodegones, además de hacerle un retrato fechado en 1626. Ese mismo año tuvo la oportunidad de retratar al cardenal Francesco Barberini, sobrino de Urbano VIII, por mediación de Cassiano dal Pozzo, que durante su estancia en Madrid había llegado a admirar los bodegones de Van der Hamen. Pese a todo, no logró obtener la plaza de pintor del rey que solicitó junto con otros once pintores en 1627, a la muerte de Bartolomé González. Dos años más tarde, no obstante, todavía e le encargaron tres cuadros de frutas y flores sostenidas por muchachos desnudos para decorar el cuarto bajo de verano del rey en el viejo Alcázar de Madrid.

Por una orden de pago fechada en diciembre de 1630 consta que trabajó al servicio del cardenal-infante don Fernando como «pintor de su Real casa», aunque ni el número de pinturas que realizó para él ni su naturaleza ha podido ser determinado con claridad. Murió en Madrid aún joven (35 años) el 28 de marzo de 1631, dejando un elevado número de obras, muchas de ellas sin duda salidas del taller que tenía establecido en la calle de Fuentes, lo que podría explicar las diferencias de calidad que se advierten en sus obras, incluso entre las por él firmadas. El elevado número de sus composiciones y las abundantes copias ejercieron, especialmente en el género del bodegón, una influencia profunda en artistas posteriores y no sólo entre los que pueden considerarse discípulos directos, como Antonio Ponce, el único de sus aprendices documentados, quien ingresó en su taller con diecisiete años, en 1624, y casó al completar sus estudios con una sobrina del maestro. Su hijo Francisco, de quince años a la muerte de Van der Hamen, fue colocado como aprendiz de Cornelis de Beer para completar sus estudios de pintura y al alcanzar la mayoría de edad, en 1634, recibió en herencia todos los modelos que guardaba en el taller su padre. Casado el mismo año se estableció en Toledo donde falleció prematuramente en 1639. No se conoce ninguna pintura firmada, pero podrían atribuírsele algunos bodegones inequívocamente relacionados con la obra de Van der Hamen en los que, sin embargo, los especialistas encuentran una mano diferente.

De Juan Pérez de Montalbán es este elogio fúnebre incluido en el «Índice de los ingenios de Madrid»:

Juan de Vanderhamen y León, Pintor de los más célebres de nuestro siglo, porque en el dibuxo, en la pintura, y en lo historiado excedió a la misma Naturaleza: fuera de ser único en su Arte, hizo extremados versos, conque provocó el parentesco que tienen entre sí la Pintura, y la Poesía, murió muy moço, y de lo que nos dexo assi en frutas, como en retratos y lienços grandes, se colige que, si viviera, fuera el mayor Español que huviera avido de su Arte

(Para todos, 1632)

Palomino, quien se declaraba propietario de dos bodegoncillos de su mano, grandemente hechos, dirá sin embargo, comentando este elogio, que le concedería más crédito si viniera de Velázquez o de algún otro pintor, porque no dejó de tener alguna sequedad de la manera antigua flamenca.

Espero que la recopilación que he conseguido del pintor español Van der Hamen de origen flamenco, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


Juan van der Hamen y León en el Museo del Prado

Hamen y León, Juan van der (Madrid, 1596-1631). Pintor español, excelente retratista que también tuvo ocasión de llevar a cabo encargos de carácter religioso, como lo prueban sus telas para el monasterio de la Encarnación de Madrid, inmersas en el llamado naturalismo tenebrista. Pero fueron los bodegones y las pinturas de flores las obras que le reportaron fama y un amplio mercado. Pintó para Felipe iv y para el cardenal-infante don Fernando y Diego Mesía y Guzmán, marqués de Leganés; también poseyó bodegones de su mano; pero la obra de Van der Hamen llegó sobre todo a pequeños funcionarios de la corte, quienes pudieron encontrar en ella un buen remedo de los excelentes bodegones flamencos que atesoraban los grandes coleccionistas de la nobleza española. Se ha supuesto incluso que los orígenes flamencos del artista -su mismo apellido- pudieron ayudar al éxito comercial del pintor. Pero es posible también que esa fuerte trabazón con un género considerado menor dentro de la jerarquía artística del momento, le impidiera desarrollar plenamente sus ambiciones profesionales; de hecho no pudo acceder, por ejemplo, al cargo de pintor real. Juan van der Hamen nació en Madrid en el seno de una familia procedente de los Países Bajos. Su abuelo y su padre, y también el propio pintor desde 1622, formaron parte de la «guardia flamenca de arqueros», cuerpo de carácter honorario y representativo, que otorgaba a sus miembros un estatus de nobleza y prestigio social. Creció en un ambiente refinado e intelectual, pero no contamos con datos concretos sobre su formación pictórica, que debió de quedar concluida en 1615. Desde sus primeras producciones conocidas, se mostró como un artífice capaz de recoger elementos provenientes de distintas fuentes, adaptándolos y dirigiéndolos al público español y a las circunstancias de cada encargo, lo que explicaría además la calidad diversa de sus obras, realizadas muchas de ellas por su taller. El gran periodo creativo de Van der Hamen se corresponde con la segunda década del siglo xvii, diez años en los que, partiendo de algunos modelos flamencos y sobre todo del austero e inquietante modelo de bodegón creado por Juan Sánchez Cotán -desarrollado en el estrecho margen del poyo de una ventana o fresquera-, el pintor madrileño supo crear sutiles y elaboradas composiciones espaciales en las que introdujo sencillos y refinados elementos: vidrios, cerámicas, bronces, frutas, dulces y confituras. El Museo del Prado cuenta con un total de nueve lienzos de Van der Hamen, de los que solo tres proceden de las colecciones reales y uno del Museo de la Trinidad, Bodegón de frutas y hortalizas. El lienzo firmado y fechado en 1622, Bodegón con dulces y recipientes de cristal, aparece en los inventarios del Buen Retiro desde 1702, y en el Real Alcázar, desde 1666, se registra la pareja formada por Florero y bodegón con perro y Naturaleza muerta con florero y perro, dos telas que pertenecieron al conde de Solre, un flamenco afincado en Madrid que murió en 1638. En ambos lienzos se aúnan elementos tradicionales del bodegón utilizados generalmente por Van der Hamen y de la pintura de flores. Más característico aún de este tipo de producción es Ofrenda a Flora, que también pudo pertenecer a Juan de Cry, conde de Solre, pero que ingresó en el Prado en 1944, gracias al legado del VI conde de la Cimera; una tela de empeño compositivo que pudo hacer pareja con Pomona y Vertumno (Banco de España, Madrid). En fecha más reciente ingresó Retrato de enano, lienzo fechado en torno a 1625 y que es uno de los escasos ejemplos de la alta calidad que Juan van der Hamen alcanzó en este género. Forma parte de las colecciones del Museo desde 1986, gracias a la donación de la Fundación Bertrán, a través de la Fundación Amigos del Museo del Prado. En 2006 ingresaron procedentes de la colección Naseiro Bodegón con alcachofas, flores, y recipientes de vidrio y Plato con ciruelas y guindas.

Obras

    - Bodegón con dulces y recipientes de cristal, óleo sobre lienzo, 52 x 88 cm, firmado, 1622 [P1164].
    - Bodegón de frutas y hortalizas, óleo sobre lienzo, 56 x 110 cm, firmado, 1623 [P1165].
    - Ofrenda a Flora, óleo sobre lienzo, 216 x 140 cm, firmado, 1627 [P2877].
    - Florero y bodegón con perro, óleo sobre lienzo, 228,5 x 100,5 cm, h. 1625 [P4158].
    - Bodegón con florero y perro, óleo sobre lienzo, 228,5 x 100,5 cm, h. 1625 [P6413].
    - Retrato de enano, óleo sobre lienzo, 122 x 87 cm, h. 1626 [P7065].
    - Cesta y caja con dulces, óleo sobre lienzo, 84 x 105 cm, firmado, 1622 [P7743].
    - Bodegón con alcachofas, flores, y recipientes de vidrio, óleo sobre lienzo, 81 x 110 cm, firmado, 1627 [P7907].
    - Plato con ciruelas y guindas, óleo sobre lienzo, 20 x 28 cm, [P7908].


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Bodegón con dulces y recipientes de cristal, 1622, óleo sobre lienzo, 52 x 88 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Juan van der Hamen.

Este pequeño lienzo es uno de los más apreciados del pintor madrileño. Planteado aparentemente con una enorme sencillez, muestra, sin embargo, una sutil composición en la que se disponen objetos de formas sinuosas, elipses sugerentes relacionadas con objetos y productos de un dulce refrigerio, muy común en las casas acomodadas de la época: frutas confitadas, bizcochos, barquillos y aloja, una bebida de origen morisco en la que se entremezclan especias aromáticas con aguamiel. El pintor ha incluido dos moscas que, atraídas por el dulce contenido de esa frasca de agua y miel, sirven de ingeniosa referencia al pintor griego Zeuxis, a la pintura como engaño. Al tratarse muy probablemente de una pintura de sobrepuerta, los objetos se situarían en una alacena ficticia, un trampantojo que serviría de permanente invitación a la degustación de un agradable y cortesano placer de la época; en más de una ocasión, la pintura de Juan van der Hamen se ha puesto en relación con los versos de Lope de Vega en su obra El cuerdo en su casa: «Una caja de perada / algún vidrio de jalea, / cidra en azúcar, jalea, / o con ambos nuez moscada, / es lo que habéis de tener / para honradas ocasiones». Es una de las pocas obras del artista que se registra en las colecciones reales, y en 1702 colgaba en el palacio del Buen Retiro, donde se la tasó en la modesta suma de 180 rea­les, muy lejos de los más apreciados bodegones flamencos. Se ha supuesto que la tela, antes de su paso al real palacio, provenía de algún coleccionista particular, tal vez formando pareja con otro bodegón, en una fórmula muy habitual en este tipo de obras. La pintura se fecha en 1622, un momento temprano de su corta carrera, en donde el influjo de Juan Sánchez Cotán es el componente principal de sus naturalezas muertas, una influencia que, gracias a Van der Hamen, llegará también a la obra de Zurbarán y de Pereda, ­entre otros. Marcada por la iluminación tenebrista y por la disposición espacial constreñida al estrecho marco, sutilmente animada por la colocación de los objetos, por la propia construcción pictórica, de pincelada ligera y vibrante, y la misma entonación dorada que envuelve todos los objetos, este bodegón del Prado se ha convertido en una de las obras más significativas del artista, tanto por la fecha de realización como por la singularidad de la tela con respecto al resto de su producción que, conforme avanza el decenio, irá tomando una mayor complejidad espacial y compositiva, al tiempo que la participación del taller irá desdibujando la calidad conseguida en este Bodegón con dulces y recipientes de cristal.


Bodegón de frutas y hortalizas firmado, 1623
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Bodegón de frutas y hortalizas. 1623, óleo sobre lienzo, 56 x 110 cm,. Museo Nacional del Prado. Procedencia: Museo de la Trinidad. Obra de Juan van der Hamen.

Sobre un poyete o alacena se sitúa una cesta con albaricoques y ciruelas, con una calabaza a un lado y al otro un grupo de brevas. La simetría de la composición, la iluminación tenebrista, la minuciosa ejecución y la segura captación del espacio enlazan con la tradición de bodegones sobrios y sencillos de Sánchez Cotán o Zurbarán, creadores de este tipo de obra y paradigma del género en España. La humildad de los elementos representados es excepcional en la producción de Hamen, comparado con otros bodegones mucho más exuberantes.

Procedente posiblemente de algún monasterio desamortizado en 1835, estos humildes frutos podrían interpretarse como sugerencias o recuerdos de la huerta conventual para donde pudo ser pintado.


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Ofrenda a Flora. Obra de Juan van der Hamen. 1627, óleo sobre lienzo, 216 x 140 cm. Madrid, Museo del Prado. También conocida como Alegoría de la Primavera, representa a la diosa romana de la primavera y las flores, feliz esposa del viento Céfiro. Una dama sentada en un jardín, recibe un cesto de rosas de mano de un niño. La profusión de flores alrededor de la dama y la corona que toca su cabeza, junto a su ubicación en un jardín cortesano, con una estatua al fondo, la identifican con una alegoría de la diosa Flora.

La pintura se relaciona con una serie de composiciones similares que realizó Van der Hamen en la década de los años veinte, en ocasiones como alegorías de las distintas estaciones o narrando escenas mitológicas, que le convirtieron en algo más que un mero pintor de bodegones. Su capacidad para la captación de las figuras se hace visible en esta pintura. Asimismo, a través de la perspectiva de los setos, queda patente su habilidad para la composición. Todas ellas son características que completan su conocida minuciosidad en la pintura de flores, como demuestra el maravilloso grupo de primer término.

La obra, presente en la colección del conde de Solre -capitán de la guardia flamenca del rey Felipe IV, a la que también pertenecía el pintor- en 1638, ilustra un tipo de pinturas muy estimadas por los aristócratas madrileños del momento, que hicieron de Van der Hamen uno de los artistas más notables de la corte.


 10florero_y_bodeg_n_con_perro_h_1625_leo_sobre_lienzo_228_5_x_100_5_cm_museo_nacional_del_prado_obra_de_juan_van_der_hamen

Florero y bodegón con perro, h. 1625, óleo sobre lienzo, 228,5 x 100,5 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Juan van der Hamen.

Esta obra y su compañera (P6413) eran propiedad de Jean de Croy, conde de Solre y capitán de la Guardia de Arqueros flamenca -de la que Van der Hamen era miembro-. Ambas estaban en su palacio madrileño colgadas sin enmarcar a los lados de una sala que conducía a la galería de pinturas, y servían probablemente de ampliación ilusionista del espacio real al reproducir, quizá, el propio suelo de la habitación. El juguetón cachorro (P4158) y el perro (P6413) podrían muy bien ser retratos de animales reales propiedad del dueño de la casa. El tema de los cuadros está relacionado con la cultura de la hospitalidad aristocrática, condición indispensable del refinado estilo de vida de los ocupantes de la vivienda. En uno de ellos hay un recipiente para enfriar el vino en el suelo y sobre los trincheros, cubiertos con terciopelo adamascado verde, aparecen dulces y una jarra de cristal con aloja, mientras que el reloj indica que van a dar las cinco, una hora muy adecuada para tomar estas golosinas.Los motivos principales de ambas obras son dos grandes jarrones de cristal y bronce dorado con arreglos florales. Estas vasijas representan un tipo de objeto decorativo de lujo muy propio del nivel social del mecenas de Van der Hamen y las flores que contienen destacan por la copiosidad y variedad de sus corolas. Evocan, sin ninguna duda, arreglos florales que formaban parte realmente de la rica decoración de la casa de Solre. Sin embargo, no fueron pintadas del natural y constituyen una imagen artificial al reflejar flores de tal perfección y por el hecho de reunir variedades que florecen en diferentes épocas del año (Texto extractado de Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, 2008, Museo Nacional del Prado, pp. 56-57).


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Bodegón con florero y perro, h. 1625, óleo sobre lienzo, 228,5 x 100,5 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Juan van der Hamen.
    
Esta obra y su compañera (P4158) eran propiedad de Jean de Croy, conde de Solre y capitán de la Guardia de Arqueros flamenca -de la que Van der Hamen era miembro-. Ambas estaban en su palacio madrileño colgadas sin enmarcar a los lados de una sala que conducía a la galería de pinturas, y servían probablemente de ampliación ilusionista del espacio real al reproducir, quizá, el propio suelo de la habitación. El juguetón cachorro (P4158) y el perro (P6413) podrían muy bien ser retratos de animales reales propiedad del dueño de la casa. El tema de los cuadros está relacionado con la cultura de la hospitalidad aristocrática, condición indispensable del refinado estilo de vida de los ocupantes de la vivienda. En uno de ellos hay un recipiente para enfriar el vino en el suelo y sobre los trincheros, cubiertos con terciopelo adamascado verde, aparecen dulces y una jarra de cristal con aloja, mientras que el reloj indica que van a dar las cinco, una hora muy adecuada para tomar estas golosinas.Los motivos principales de ambas obras son dos grandes jarrones de cristal y bronce dorado con arreglos florales. Estas vasijas representan un tipo de objeto decorativo de lujo muy propio del nivel social del mecenas de Van der Hamen y las flores que contienen destacan por la copiosidad y variedad de sus corolas. Evocan, sin ninguna duda, arreglos florales que formaban parte realmente de la rica decoración de la casa de Solre. Sin embargo, no fueron pintadas del natural y constituyen una imagen artificial al reflejar flores de tal perfección y por el hecho de reunir variedades que florecen en diferentes épocas del año (Texto extractado de Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, 2008, Museo Nacional del Prado, pp. 56-57).


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Cesta y caja con dulce, 1622, óleo sobre lienzo, 84 x 105 cm. Museo Nacional del Prado. Procedencia: Adquisición Fondos Legado Villaescusa, 2000Obra de Juan van der Hamen.

Este singular lienzo y su pareja, que se encuentra en las colecciones del Banco de España, considerados como obras importantes de bodegones del Barroco español, ejercieron un considerable influjo en la futura naturaleza muerta de la escuela madrileña. Es una pieza central en la producción de Van der Hamen y en ella se evoca la virtud social de la hospitalidad, pues refleja el importante papel que desempeñó el arte de la confitería en la sociedad de entonces, ya que, con suma frecuencia, a los huéspedes o visitantes se les ofrecían dulces junto con bebidas calientes o frías, aromáticas o licores e incluso agua, preparada de distintos modos. En el marco de un vano de piedra, con algunas muescas realizadas para dar mayor verosimilitud al soporte, que sugiere la base de una ventana o fresquera, se disponen varios recipientes de diferentes formulación y categoría. De izquierda a derecha se observan dos cajas circulares de dulce hechas en madera de ligera consistencia, que contendrán algún tipo de jalea; la superior soporta encima un pequeño recipiente que sin duda está ocupado por una sustancia parecida a la que guardan éstas, aunque tal vez más líquida. Ocupando el espacio principal se destaca una gran cesta de mimbre con tres tipos de entrecruzado, eminentemente decorativo a la par que naturalista, colmada por dulces sólidos del tipo de los bizcochos, bollos, frutas confitadas, pastas y rosquillas. A la derecha se aprecian dos recipientes más: otro reducido tarro, similar al antes descrito, y tras él un barrilete que probablemente sirviera para guardar arrope. Todos los elementos, bien combinados, se destacan con fuerza, afirmándose sus volúmenes sobre fondo neutro oscuro, merced a la soberbia iluminación que produce una fuerte contraposición de luces y sombras. Los detalles son otro aspecto a tener en cuenta a la hora de valorar positivamente el cuadro por su especial diversidad, desde la variedad de calidades táctiles de los objetos mostrados hasta los menudos pormenores de cada uno de ellos, resaltando la expresividad del tratamiento en algunas superficies concretas. Esta pureza y monumentalidad no se consiguieron de inmediato, sino que fueron el resultado de un proceso de refinamiento y depuración que llevó varios años al maestro. Durante este tiempo es evidente que Van der Hamen aprendió mucho del arte de Juan Sánchez Cotán (1560-1627), cuyos bodegones de austera y suprema elegancia, presentes en la Colección Real desde 1618, conocía bien. Aparte de la claridad del espacio, el rasgo más característico de su pintura es su toque chispeantemente vivaz cuando pinta los reflejos blancos del azúcar en los dulces y modula hasta el infinito la sustancia translúcida de las frutas confitadas. Este virtuosismo permanecería como un marchamo de su estilo que no sería fácil de imitar, en toda su dimensión cualitativa, porque surgieron determinadas copias relativamente convincentes y trasuntos de mayor o menor acierto, con destino a un clientela menos exigente que la formada por los grandes mecenas y coleccionistas escogidos.


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Bodegón con alcachofas, flores, y recipientes de vidrio, 1627, óleo sobre lienzo, 81 x 110 cm. Museo Nacional del Prado.
Procedencia: Colección del I Marqués de Leganés, 1652-1655; colección de los condes de Altamira, Madrid, 1711; colección Rosendo Naseiro, Madrid; adquirido para el Museo del Prado, 2006. Obra de Juan van der Hamen

Juan van der Hamen fue el principal pintor de naturalezas muertas que trabajó en la corte en las primeras décadas del siglo XVII. En 1627 firmó este bodegón, en el que mezcló frutos, flores y recipientes, disponiéndolos en varios planos, y aunando de forma magistral el gusto por la descripción morosa, detallada e individualizada de los objetos, propios de los inicios del género en España, con una composición artificiosa que lo convierte en una de las naturalezas muertas más elegantes de su época. Las formas, los brillos y las texturas de los recipientes de barro y cristal pautan la composición y subrayan la riqueza y delicadeza del conjunto. Dentro de la carrera de su autor significa un punto de equilibrio perfecto entre la sobriedad compositiva de sus primeros bodegones y el abigarramiento de sus obras posteriores.


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Plato con ciruelas y guindas, 1627, óleo sobre lienzo, 20 x 28 cm. Madrid, Museo del Prado. Procedencia: Colección Rosendo Naseiro, Madrid; adquirido para el Museo del Prado, 2006. Obra de Juan van der Hamen.

Sobre un plato de peltre o estaño, propio de los ambientes domésticos de los siglos XVI y XVII, colocado sobre un alargado sillar sobriamente definido se observa un agrupamiento de frutas cuyo cromatismo contrasta vivamente entre sí: rojizo y transparente en unas, azulado y opaco en las otras; tal combinación produce un elegante efecto decorativo, aumentado por el carácter discreto del conjunto que, aparentemente, poco tiene que ver con otras creaciones del maestro, más acordes con la prosopopeya acumulativa del Barroco. Fueron varios los pintores españoles que al igual que elaboraban cuadros eminentemente complicados, llevaban a cabo creaciones de sorprendente simplicidad.El autor, sin duda, escogió estas sencillas vituallas así como los elementos que las acompañan necesariamente por el deseo de reproducir sus formas, su consistencia, su materia, sus colores y los reflejos que sobre todo ello provoca la luz que se difunde suavemente desde la izquierda. Gusta de alternar las áreas envueltas en sombra con las bien iluminadas y la gama cálida con la fría, a fin de alcanzar un concepto de perfección dotada de autenticidad, que expresa de manera convincente su sabiduría más que consumada para que el conjunto ofrezca a ojos del espectador las apariencias de la realidad.Por el momento nada puede afirmarse referente a la fecha de realización de la pieza pero, siguiendo las precisiones expresadas en el párrafo anterior, cabe pensar en una datación tardía en la trayectoria del maestro (Texto extractado de Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado: de Van der Hamen a Goya, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 60).


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Retrato de enano, h. 1626, óleo sobre lienzo, 122 x 87 cm. Madrid, Museo del Prado. Obra de Juan van der Hamen

Enano ricamente vestido y armado, que sostiene un bastón de mando, atributo de poder que, sin embargo, no debía corresponder con el status del personaje. Se trata probablemente de uno de los bufones de la corte, a quienes se les obsequiaba y vestía con lujo y ostentación. Desde el siglo XVI es bastante habitual el retrato de estos personajes, aunque será Velázquez el que ahonde con su singular maestría en este género específico. Por la época en que suele datarse este extraordinario retrato, se ha considerado que pudiera tratarse de Bartolillo, enano cuya existencia se documenta en Palacio entre los años 1621 y 1626.

Juan van der Hamen es conocido sobre todo como un excelente bodegonista, aunque también realiza pintura religiosa y retratos de gran calidad, como éste, en el que, además del marcado detallismo y la iluminación tenebrista, destaca la fuerza expresiva del retratado, visto con enorme dignidad e incluso gesto desafiante.



Más obras


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Bodegón con loza y dulces, c. 1627. Óleo sobre lienzo, 77 x 100 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Juan van der Hamen y León.

Juan van der Hamen compaginó las tareas en la Guardia de Archeros con las de pintor. Sobre su formación artística, que con toda probabilidad hizo en Madrid, se sabe poco, aunque en el campo de los bodegones, género por el que fue admirado y conocido, tuvo presentes los trabajos del toledano Sánchez Cotán, así como las novedades de especialistas en el tema procedentes del norte de Europa. Su primer encargo oficial, en 1619, fue precisamente un bodegón de caza, solicitado por Felipe III, para la decoración del palacio del Pardo. Juan van der Hamen, además de sus personales bodegones, cultivó la pintura de historia y el retrato, del que constituye un buen ejemplo el Retrato de un enano, conservado en Madrid, en el Museo Nacional del Prado. Su pintura fue estimada por los coleccionistas más distinguidos de su época, con una demanda que le obligó a abrir un taller en el que trabajaron discípulos y ayudantes, factor que nos ayuda a comprender las diferentes calidades que encontramos en su producción.

Este bodegón ingresó en la colección Thyssen-Bornemisza, procedente de la colección parisina de De Frey, en 1935. Los dos primeros catálogos de la colección Thyssen-Bornemisza que recogieron el óleo lo hicieron como obra de Francisco Zurbarán, opinión que compartió August Mayer, quien, en 1930, cinco años antes de su ingreso en la Colección, realizó una expertización de la pieza. En 1958, César Pemán publicó el bodegón, con interrogación, como obra de Juan de Zurbarán, hijo del pintor extremeño, y en 1969 Rudolph Heinemann adjudicó finalmente la pintura a Juan van der Hamen y León, recogiendo la impresión de Charles Sterling, que además había comparado el óleo con el conservado en la National Gallery of Art de Washington, firmado y fechado en 1627, titulado Bodegón con dulces y cerámica.

En esta composición, Van der Hamen ha abandonado el «marco ventana» para exponer sus objetos al mismo nivel, alineados sobre una superficie lisa donde la iluminación va trabajando los volúmenes de forma enérgica. Las piezas que Van der Hamen ha seleccionado para la tela son sencillos recipientes de loza, cristal y madera, que, agrupados en dos asimétricos conjuntos, separa en el centro con un montón desordenado de dulces. La sobriedad que emana del conjunto se consigue no sólo por la disposición y por el tipo de objetos elegidos, sino también por el espacio vacío y el aire que circula entre ellos. El pintor construye con sencillas diagonales, en las que se van acomodando los recipientes y en las que el color, fundamentalmente un blanco luminoso y un intenso rojo, acentúa estas líneas.Van der Hamen utilizó para sus bodegones piezas selectas, como el vidrio veneciano, la terracota de Tonalá, Guadalajara, Nuevo México, así como los dulces, que espolvoreados con una gruesa capa de azúcar son, por sí solos, uno de los atractivos más singulares de sus cuadros con bodegones.


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Bodegón con cardo, hortalizas y paisaje nevado, 1623, óleo sobre lienzo, 67 x 104 cm. Antes en la colección del Marqués de Casa Torres, Madrid. De técnica abocetada, tiene su pareja en el Cuenco chino con melocotones y uvas, paisaje de verano, de la condesa de Ampudia. Autor: Juan Van der Hamen y León.


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Bodegón. 1627. Óleo sobre lienzo, 84 x 112 cm. Museo: Col. Samuel H. Kress (Washington). Autor: Juan Van der Hamen y León.

Juan van der Hamen, de origen flamenco, fue uno de los primeros pintores de la Corte madrileña del siglo XVII en adoptar el nuevo género creado en Italia: la naturaleza muerta. En España este género se trató con gran austeridad, como podemos comparar con los bodegones de la misma época que pintaron Arellano, Zurbarán o Sánchez Cotán. En este caso, predomina la disposición geométrica de los objetos, acentuada por los estantes cúbicos y estáticos donde se apoyan los dulces y los cacharros. Estos bodegones ofrecen completos documentos acerca de la cocina y los gustos de la España barroca, que en este caso dan una somera muestra de la sobria repostería castellana.


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Bodegón con un jarro de cristal, alcachofa, un cesto de cerezas y albaricoques, un cesto con higos y un plato de plata con manzanas. Todo sobre repisa de piedra en tres alturas.1629, óleo sobre lienzo, 79,2 x 99,6 cm. Colección privada. Obra de Juan van der Hamen


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Guirnalda de la Inmaculada Concepción, óleo sobre lienzo, 112 x 88 cm, colección privada, Madrid. Obra de Juan van der Hamen


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Guirnalda de flores con escena de la Historia de Josué. Hacia 1628, óleo sobre lienzo, 85 x 106 cm. Colección privada. Obra de Juan van der Hamen


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Guirnalda con la Virgen y el niño en la gloria, óleo sobre cobre, 45,7 x 61.9 cm, Museo Meadows, Southern Methodist University, Dallas, Texas. Obra de Juan van der Hamen


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Paisaje en guirnalda con aves, firmado 1628, capilla Museo de arte, Dartmouth College, Hanover, nueva Hamphshire. Obra de Juan van der Hamen


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Guirnalda con el niño Jesús dormido, 111 x 156 cm, c. 1628-1630, colección privada. Obra de Juan van der Hamen


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Guirnalda con la visión de St. Anthony de Padua, óleo sobre cobre, 45,7 x 62,2 cm, Museo Meadows, Southern Methodist University, Dallas, Texas. Obra de Juan van der Hamen



Otras obras


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Don Diego Mexia. Obra de Juan van der Hamen


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Retrato de Francisco de Quevedo, realizado por Juan van der Hamen. Quizá el más célebre de sus retratos conservados sea el Retrato de enano del Museo del Prado, perfectamente encuadrable dentro de los patrones del retrato cortesano, si bien, junto a la minuciosa descripción del vestido a la manera de Juan Pantoja de la Cruz, hay en él también una nueva preocupación por la luz con voluntad claroscurista.

Preocupaciones semejantes y una incuestionable habilidad del pintor para representar los objetos y calidades de la materia, no impedirán que el resultado final en algunos de sus retratos sea de cierta dureza y sequedad en los rostros de los efigiados, como ocurre en el de algo más de medio cuerpo de Francisco de la Cueva (1625, Academia de Bellas Artes de San Fernando) o en el atribuido de Catalina Erauso (Kutxa-Caja Guipuzkoa). En otros retratos más íntimos, pintados con fluidez y del natural, sin ulteriores retoques, como es el de su hermano Lorenzo del Instituto Valencia de Don Juan -único de aquella serie de personajes ilustres que puede ser identificado con seguridad-, llega a alcanzar una expresividad afín a la del joven Velázquez, lo que puede explicar la cautelosa atribución a Van der Hamen del retrato de Francisco de Quevedo del mismo Instituto, tenido en el pasado por copia de un original perdido de Velázquez.


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Felipe IV, obra de de Juan Van der Hamen. No hay duda, por otra parte, de que Van der Hamen podía con sus retratos satisfacer la vanidad de sus clientes en un grado mayor que el artista sevillano, de lo que puede ser buena prueba el retrato de Jean de Croÿ, conde de Solre, con su vistosa armadura dorada. Según cuenta Cassiano dal Pozzo, que llegó a Madrid en 1626 acompañando como secretario al cardenal Francesco Barberini, su señor se hizo retratar por Van der Hamen, a quien luego encargó alguna otra obra, tras quedar descontento con el retrato que le había hecho Velázquez en el que se encontraba demasiado melancólico y severo.


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Doña Margarita de Austria. Obra de Juan van der Hamen


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Infanta María de Austria. 1626. Obra de Juan van der Hamen


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Conde de Solre. Obra de Juan van der Hamen


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Don Fracisco de la Cueva y Silva. Obra de Juan van der Hamen


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Kopf eines Klerikers. Obra de Juan van der Hamen


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Lorenzo van der Hamen. Obra de Juan van der Hamen


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San Isidro. 1620-1622. Obra de Juan van der Hamen


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San Pedro - Der reumütige Heilige Peter. Colección privada. Obra de Juan van der Hamen


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Juan Bautista. Obra de Juan van der Hamen


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Juan Bautista en oración. 1620-1622. Obra de Juan van der Hamen


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San Pablo el Ermitaño y San Antonio (St. Paul the Hermit and St. Anthony). Catedral de Burgos


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Abraham y los tres Ángeles. Obra de Juan van der Hamen


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Anbetung des apokalytischen Lammes. Obra de Juan van der Hamen


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Das Martyrium des Heiligen Sebastian. Obra de Juan van der Hamen


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Die Heilige Helena und die Entdeckung des wahren kreuzes. Obra de Juan van der Hamen


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Die Jungfrau präsentiert das Christuskind dem Heiligen Franziskus. Obra de Juan van der Hamen


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Die unbefleckte Jungfrau erscheint dem heiligen franziskus. Obra de Juan van der Hamen


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La vendedora de pescado. Hacia 1631. Óleo sobre lienzo. 117,5  x 102 cm. Colección privada. Obra de Juan van der Hamen


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Niño llevando jarron de las Naciones Unidas, óleo sobre lienzo. Obra de Juan van der Hamen. Es en la pintura de bodegón, minusvalorada por los tratadistas como Antonio Palomino pero muy estimada por la clientela, como ponen de manifiesto los inventarios, donde destaca Van der Hamen, con una producción abundante y un alto número de piezas conservadas, cerca de setenta, más de la mitad firmadas y fechadas entre 1621 y 1622. Inmediatamente después de pintar el perdido bodegón del Palacio del Pardo y de conocer en la colección real los bodegones de Sánchez Cotán, Van der Hamen supo apreciar antes que nadie en España las posibilidades mercantiles del nuevo género, abierto a una clientela más amplia, que podían ser explotadas en beneficio de la economía familiar -y en 1622 había sido padre por segunda vez- en ausencia o a la espera de encargos más tradicionales. Buena prueba de su éxito puede dar la presencia de once de sus bodegones, en una fecha tan temprana como 1624, en el inventario de los bienes de Gállo de Escalada, secretario de Felipe IV, con ocasión de su boda.


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Naturaleza muerta con flores y frutas. 1629. Obra de Juan van der Hamen. Muchos de los tipos compositivos que empleará a lo largo de su carrera se encuentran ya representados en el amplio grupo fechado en 1621 y 1622, al que pertenecen piezas como el Cardo con cesta de manzanas, zanahorias, cidra y limón colgando, de colección mexicana, firmado en 1622, con evidentes recuerdos de Juan Sánchez Cotán, de quien toma literalmente la figura del cardo, o los hermosos Cajas y tarros de dulces (1621, Museo de Bellas Artes de Granada) y Cesta, cajas y tarros de dulces (1622, Museo del Prado), en los que el recuerdo de Sánchez Cotán se concreta en la disposición ordenada sobre una alacena y la iluminación tenebrista, siendo los objetos los golosos dulces característicos de la producción de Van der Hamen, reflejo del importante papel que el arte de la confitería desempeñó en la alta sociedad madrileña conforme a lo que establecían las reglas de la hospitalidad. La versatilidad del pintor se pone de manifiesto en el bodegón de Frutas y pájaros con un paisaje del Monasterio de El Escorial, pintura sobre tabla fechada también en 1621, que estuvo atribuida antes de que tras una limpieza apareciese su firma al pintor flamenco Jan Davidsz de Heem. Próximo al modo de hacer de Frans Snyders, cuyos bodegones pudo conocer en la bien nutrida colección de Diego Mexía, marqués de Leganés, en esta tabla de El Escorial unos pajarillos picotean en torno a una fuente de porcelana de Delft, rebosante de frutas, sobre un tapete de un vivo color rojo algo descentrado a fin de dejar espacio a la ventana, abierta a un paisaje, que ocupa un ángulo de la composición. Todo ello es de un flamenquismo radicalmente diverso de la orientación que adoptarán sus más típicos bodegones, pero que no va a abandonar por completo en fechas posteriores, como se demuestra en otra pieza semejante y del mismo lugar pero firmada dos años más tarde.

La presencia de algunos jilgueros picoteando la fruta en estas dos piezas y en alguna otra, como el Plato con frutas, racimo de uvas colgando y florero (1622, Academia de Bellas Artes de San Fernando), de infrecuente formato vertical, es una referencia obvia, que todos sus clientes cultos entendían, a la historia de Zeuxis narrada por Plinio, y fija el alcance y los objetivos de estos ejercicios de mímesis.



Pues esto es todoo amigos, espero os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor madrileño Juan van der Hamen y León. Sin duda uno de los grandes bodegonistas que ha dado nuestro país.


Fuentes y agradecimientos a: Matías del Rey, museodelprado.es, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, pintura.aut.org, artehistoria.com, museothyssen.org, artcyclopedia.com, artedolorescamargo.com, invertirenarte.es, trianarts.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Martes, 23 Diciembre 2014, 19:19; editado 18 veces 
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Mensaje Re: Van Der Hamen, Juan 
 
Gracias J.Luis otra bonita obra que nos traes de otro pintor español quizás desconocido pero muy interesante.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: Van Der Hamen, Juan 
 
Me alegro que te guste xerbar, este pintor no es desconocido, sino uno de los más importante bodegonistas que ha dado nuestro país, quizá su nombre despiste un poco, Juan Van der Hamen es madrileño de origen flamenco.


 



Saludos.
 




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Mensaje Re: Van Der Hamen, Juan 
 
Si a alguién interesa este pintor, acabo de añadir unas imágenes que me ha mandado Matías al que le doy las gracias por su continuada y apreciada colaboración.



 


Saludos.
 




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Mensaje Re: Van Der Hamen, Juan 
 
Subastas Segre remata una obra de madurez del maestro de bodegones y naturalezas muertas barroco en 692.288 euros


Van der Hamen, místico y sutil     



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"Bodegón con azafate de fruta y plato de manzanas", óleo sobre lienzo, firmado y fechado en 1630, óleo sobre lienzo, 38 x 76 cm. Colección privada. Juan Van der Hamen

Este excelente bodegón, firmado y fechado en 1630, pintado por lo tanto en plena madurez del artista, y tan solo un año antes de su muerte, sigue la tipología de bodegón creada por el maestro en 1621 y retomada al final de su vida debido a la gran popularidad y aceptación de este modelo. Respecto a otras obras del mismo periodo, la composición se ha simplificado, creando un elegante conjunto en el que destaca la perfecta elección de los elementos representados y el equilibrio de su disposición: un plato con manzanas y un azafate que contiene un melón, peras, ciruelas y uvas, preparados sobre una sencilla repisa enfrentada al espectador.

Como es señal inconfundible de su proceso creativo, el pintor ha reutilizado modelos de otras obras, pues el plato de metal que contiene diez manzanas aparece en por lo menos otros dos espléndidos bodegones pintados en fechas próximas, el de la colección Myriam Lapique, firmado y fechado en 1629, y el de la colección Naseiro, ambos reproducidos por William Jordan en el catálogo de la exposición consagrada al artista en 2005. Por su parte, la agrupación de los elementos en dos partes, y no en tres como suele ser habitual, dota al conjunto de una mayor sobriedad, que consiente al pintor recrearse aún más si cabe en la sutileza del toque, en la definición de las calidades táctiles de los objetos representados y en el juego de luces que éstos proyectan sobre la repisa.

La luz incide sobre estos objetos de izquierda a derecha, creando un efecto de sombra que al mismo tiempo realza la masa de frutas, recortadas sobre un fondo en penumbra. El artista consigue así, con los mínimos elementos, una sensación de misticismo y trascendencia que convierte a estos pequeños lienzos en obras maestras del barroco español.

En los últimos años de su vida Van der Hamen desarrolló una intensa actividad creadora, aunque centrado como estaba en la decoración de la galería del Cardenal-Infante Don Fernando de Austria, no son numerosos los bodegones pintados, lo que hace aún más excepcional éste que aquí presentamos. La calidad de las obras realizadas entonces es muy elevada, como evidencia la que nos ocupa, pintada con el mismo cuidado y delicadeza que los empleados en sus más ambiciosos y grandes bodegones. Por eso no extraña que William Jordan al referirse a esta obra en el catálogo antes citado diga que “…esta pintura intimista, firmada y fechada en 1630, es una pequeña joya”.

descubrirelarte.es / 14 noviembre 2012



Subastado un bodegón inédito atribuido a Juan van der Hamen


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Vendedora de pescado. Óleo sobre lienzo, 117,5 x 102 cm. Colección privada. Bodegón inédito atribuido a Juan van der Hamen (1596-1631)


Más info: http://invertirenarte.es/index.php/...ork-y-en-madrid




Otros dos bodegones que he encontrado en la Red, aunque las imágenes son de escasa calidad.


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Juan van der Hamen y León. Bodegón (mesa dispuesta para la comida). Óleo sobre lienzo, 67,6 x 102,8 cm. Colección privada.


user_50_1juan_van_der_hamen_y_le_n_bodeg_n_mesa_dispuesta_para_la_comida_leo_sobre_lienzo_67_6_x_102_8_cm_colecci_n_privada

Juan van der Hamen y León. Bodegón (mesa dispuesta para la comida). Óleo sobre lienzo, 67,6 x 102,8 cm. Colección privada



 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Juan Van Der Hamen 
 
El 21 de mayo se subasta un bodegón de Juan Van der Hamen



 vander

Juan Van der Hamen / Bodegón con cesta de fruta y plato con cerezas

Subastas Segre vuelve a apostar por Juan Van der Hamen, y es que en la próxima cita del 21 de mayo Bodegón con cesta de fruta y plato con cerezas saldrá a la venta como pieza estrella de la subasta. Se trata de una obra que cuenta con diversos estudios y que se encuentra catalagoda con éxito dentro del catálogo del artista; partirá en un precio inicial de 175.000 euros. Esta obra, pintada a principios de la década de 1620, es un excelente ejemplo de la sensibilidad pictórica de Van der Hamen.

En el pasado mes de octubre, Segre sacó a la luz en el mercado de arte Bodegón con azafate de fruta y plato de manzanas de Van der Hamen, que salía en 275.000 euros y se remataba en 580.000 (692.000 euros comisión incluida), conviertiéndose en la obra récord del año en las subastas españolas y colocándose como la segunda pieza más cara del artista después del remate en el 2004 en Christie´s Madrid.

David y Abigail de Frans Francken II (38.000 euros); dos bodegones de Giuseppe Recco, ambos en 20.000 euros; un Retrato de dama atribuido a Rosalba Carriera (18.000 euros), Santa Teresa de Ávila de taller de Zurbarán (18.000 euros), Coronación de la Virgen de José de Páez (18.000 euros) son otros de los interesantes lotes en pintura antigua.

Respecto a la pintura del siglo XIX y primeras vanguardias del siglo XX sobresalen nombres como Eliseo Meifrén, Emilio Sala Francés, Antonio Muñoz Degrain o María Blanchard.

Oswaldo Guayasamín, Benjamín Palencia, Lucio Muñoz, Manolo Millares, Juan Genovés, Karel Appel, Pablo Palazuelo…, completan una gran cita en Subastas Segre.


aglaenoticias.com
 




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