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Quinquela Martín, Benito
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Mensaje Quinquela Martín, Benito 
 
Este trabajo está dedicado al pintor y muralista argentino Benito Quinquela Martín. Con un estilo naturalista, es considerado el pintor de puertos -por excelencia- y es uno de los más populares pintores argentinos. Sus pinturas portuarias muestran la actividad, vigor y rudeza de la vida diaria en la portuaria La Boca. Se le consideró el pintor del riachuelo por su tratamiento de los temas portuarios.

0quinquela_martin0Benito Quinquela Martín (Buenos Aires, 1? de marzo de 1890 - 28 de enero de 1977) ... A las 8 de la noche del 20 de marzo de 1890, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, fue dejado en la entrada de la Casa de los Expósitos, un niño de aproximadamente veinte días de edad, con camisa, pañal y ombliguero de madrás, faja blanca de algodón, gorrito y tres mantillas de bombasí, un trapo grueso de algodón y la mitad de un pañuelo de hilo. Fue bautizado el 21 con el nombre de Benito Juan y con el apellido Martín. Vivió casi ocho años allí. ¿Quién sería este niño? El artista más popular y el filántropo más destacado que ha tenido la Argentina. Su padre adoptivo, fue un genovés que había trabajado en Olavarría y que cargaba carbón de leña en La Boca, se llamaba Manuel Chinchella. Su madre, una analfabeta entrerriana, que lo amó y lo cuidó, se llamaba Justina Molina. Cuando este niño cumplió 29 años cambió la grafía de su nombre debido a los problemas y confusiones que le generaba, ya que a Chinchella le decían burlonamente "chinche" y además los genoveses lo pronunciaban Quinquela, por eso pasó a ser BENITO QUINQUELA MARTIN. Vivió con sus padres hasta que ellos fallecieron a los 78 y 84 años, con sus primeras ventas les compró la casa y la carbonería donde trabajó de niño.

Quinquela cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio. Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de "EL MOSQUITO". Su trabajo consistía en trepar a los barcos para llenar las bolsas vacías de carbón y cargarlas en los carros. Esta actividad la completaba con la participación activa en la política de La Boca. Pegaba carteles y repartía pasquines a favor del doctor Alfredo Palacios.

En 1907 ingresó en una modesta academia de dibujo de su barrio para estudiar pintura con Alfredo Lazzari, quien fue su único maestro. Desde entonces se dedicó a la pintura. Conoció a Juan de Dios Filiberto, un estudiante de música con quien mantuvo una estrecha amistad. También conoció al, por entonces, director de la Academia de Bellas Artes, Pío Collivadino, que le ayudó a iniciarse en el dibujo de retratos y a incorporar el color a sus obras.

Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro "El Arte" del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística. Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro.

En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Su condición de filántropo lo llevó a comprar los mejores terrenos para construir una escuela para 1.000 niños, un lactario donde las amas de leche dieron alimento a los niños abandonados o pobres, una escuela de artes gráficas para que se especializaran los niños del barrio y un instituto odontológico modelo, que él no tuvo, por lo que siempre padeció una dentadura imposible. También un jardín de infantes, y en fin, todo lo que recibió lo dio, porque sin duda el ser feliz es dar sin esperar recibir.


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El pintor Germán A. Leonetti con su colega y amigo Benito Quinquela Martín; la foto registra el momento en el que Quinquela le está autografiando su libro 'Vida de Quinquela Martín. 1964.

En 1918 decidió cambiar su nombre (Benito Juan Martín) por el de Benito Quinquela Martín, eliminando el nombre de Juan y adaptando el apellido de su padre adoptivo a la pronunciación italiana. Con su nuevo nombre, el 4 de noviembre, exhibió sus pinturas en la Primera Exposición Individual de la Galería Witcomb. La muestra fue un éxito y los críticos hablaron de la aparición de un original pintor, con técnica, estilo y mensaje propios.

A partir de este momento empezaron sus recorridos por el mundo. En 1921 realizó su primera exposición internacional en Río de Janeiro. Su primer viaje a Europa lo realizó dos años más tarde, concretamente a Madrid. En 1925 llegó a París, dos años más tarde a Nueva York y en 1929 a Italia, donde Mussolini lo nombró su pintor predilecto “porque sabe retratar el trabajo”. Todos estos viajes lo separaban de sus padres; de ahí que rechazara una invitación a Japón para quedarse junto a ellos en el barrio argentino de La Boca.


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La Boca, Buenos Aires, Argentina. El barrio de Benito Quinquela.

Muy querido en el barrio, actuó como un protector de las artes y fundó el Café Tortoni para que los artistas pudieran difundir sus obras. En 1933 compró varios terrenos que donó al Estado para que construyera instituciones dedicadas a la expansión del arte y obras sociales. En uno de estos terrenos construyeron la Escuela Museo Pedro de Mendoza, hoy Museo de Bellas Artes de La Boca, que una vez construida fue decorada por él. Entre sus mejores obras destacan Tormenta en el Astillero (Museo de Luxemburgo), Puente de La Boca (Palacio Saint James, Londres) y Crepúsculo en el astillero (Museo de Bellas Artes de La Boca)

Espero que la amplia recopilación que he conseguido de este artista argentino, sea de vuestro interés y sirva para promocionar su obra.






Recorrido Cronológico de la vida de Benito Quinquela Martín


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1890: Nació en Buenos Aires h. el 1 de marzo y fue entregado a la Casa de Expósitos luego Casa Cuna. Allí pasó los primeros seis años de su vida. Fue bautizado como Benito Juan Martín.

1896: El matrimonio Chinchella lo adoptó, Manuel genovés de Nervi y Justina Molina entrerriana de Gualeguaychú con ascendencia india. Ambos eran muy humildes y tenían una carbonería en el barrio de La Boca ubicada en la calle Irala entre Olavarría y Lamadrid. Manuel Chinchella además trabajaba descargando carbón en el Puerto.

1897: Concurrió durante tres años a la Escuela Berutti, dirigida por el dramaturgo José Berutti, ubicada en Australia 1081, donde aprendió a leer, dibujar, sumar y restar.

1898: Después de asistir a la escuela debió abandonar para ayudar a los padres en la carbonería. Su trabajo en un comienzo fue de atención al público. Luego comenzó a repartir el carbón a domicilio

1904: Participó activamente en la Boca, en la campaña que llevo a Alfredo Palacios a ser el primer diputado socialista de Latinoamérica.

1905: Trabajó junto a su padre en el puerto de La Boca, primer puerto carbonero del país, como peón de descarga portuaria, utilizando sus ratos libres para dibujar. Tomó lecciones de dibujo y perspectiva en la casa del carpintero Casaburi.

1907: Ingresó en el Conservatorio Pezzini Sttiatessi para estudiar dibujo y pintura, su verdadera pasión y vocación Su maestro fue Alfredo Lazzari de quien aprendió el respeto por la libertad en el arte. Allí conoció a Fortunato Lacámera y a Juan de Dios Filiberto, estudiante de música, quien fuera su gran amigo.

1908: Junto con otros dirigentes firmó la proclama de la huelga portuaria por la cual se conquistó la jornada de ocho horas y se redujo el peso de las bolsas de carbón hasta un máximo de 70 Kg.

1909: Viajó a San Javier, Córdoba, por motivos de salud, donde permaneció seis meses. Allí conoció a Walter de Navazio con quien pintó al aire libre. Una vez de regreso a Buenos Aires instaló su primer taller en lo alto de la carbonería junto a Montero y Stagnaro. Dirigió su lectura hacia autores rusos y franceses y comenzó a frecuentar el Museo Nacional de Bellas Artes.

1910: En la Sociedad Ligure de Socorro Mutuo de La Boca expuso cinco obras: un óleo: "Vista de Venecia", dos paisajes a la tempera y dos estudios de cabeza a la pluma. Fue su primer exposición.

1912: Concurrió con Facio Hebequer y José Arato a las clases de dibujo al natural del maestro Pompeyo Boggio.

1914: Participó en el primer Salón de Rechazados realizado en el país, presentando dos cuadros: Quinta en la Isla Maciel y Rincón del arroyo Maciel. Este salón provocó diversas y encontradas opiniones. La crítica de los diarios La Nación y Crítica destacaron sus obras.

1915: Dictó un curso nocturno para obreros de dibujo ornamental. Por falta de título habilitante no le permitieron seguir enseñando.


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Benito Quinquela Martín en su atelier en 1964.

1916: Apareció el primer artículo sobre la obra de Chinchella titulado "El carbonero", por Ernesto Marchese en la revista Fray Mocho Comenzó a usar la espátula además del pincel. Fundó el grupo "Artistas del Pueblo" junto a Facio Hebequer. Vendió su primer cuadro a Dámaso Arce de la ciudad de Olavarría.

1917: Por intermedio de Facio Hebequer conoció a Pío Collivadino y a Eduardo Taladrid. Le aconsejaron pintar obras de gran tamaño para ser expuestas en la que sería su primer exposición individual.

1918: Realizó la primer exposición individual en la Galería Witcomb, con cuarenta y ocho obras. El primer cuadro lo compró Pío Collivadino. Fue admitido en el Salón Nacional. Participó en el Primer Salón de la Sociedad de Artistas Independientes. Cambió su nombre por el de Benito Quinquela Martin.

1919: Expuso dieciocho obras en el Jockey Club, muestra auspiciada por la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires.

1920: Tercer premio en el Salón Nacional. Expuso en Mar del Plata veinte obras en la Galería Witcomb. Hizo su primer salida al exterior Río de Janeiro, Brasil patrocinado por la Sociedad Estímulo de Bellas Artes y expuso en el Salón de Honra de la Escuela de Bellas Artes con la presencia del presidente de Brasil, Dr. Epitacio Pessoa. Allí vendió varios cuadros, uno para el salón de actos del Palacio de Guanabara, sede presidencial. De regreso alquiló un taller en la calle Almirante Brown.

1922: Trasladó su taller a la calle Pedro de Mendoza 2087, compartiéndolo con Lacámera y Victorica. Apoyado por el presidente Alvear viajó a España con un cargo en el Consulado Argentino en Madrid.


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Benito Quinquela Martín en su taller. 1933.

1923: Realizó su primer exposición europea en Madrid en el salón del Círculo de Bellas Artes. Vendió varios cuadros. Buque en reparación fue adquirido por el Museo de Arte Moderno de Madrid actual Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. A su regreso compró para sus padres la casa donde funcionaba la carbonería sita en la calle Magallanes 887.

1924: Expuso diecinueve obras en Buenos Aires en la Asociación Amigos del Arte. Vendió la obra Día de sol en el Riachuelo al Ministerio de Marina para su Centro Naval.

1925: Viajó a París.

1926: Expuso en la Sala Charpentier de París. A su regreso integró la comisión fundadora de la Peña del café Tortoni. Participó en la creación de la Asociación Gente Arte Impulso en el Ateneo Cultural de La Boca fundado por Fortunato Lacámera.

1927: Viajó a New York. Dos de sus obras: Día de Sol y Día gris en la Boca, fueron adquiridas por el Metropolitan Museum de New York.


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Benito Quinquela Martín pintando un cuadro en el barrio porteño de La Boca, hacia 1925.

1928: Expuso en la Anderson Gallery de New York treinta óleos de gran tamaño. Hizo una muestra de veintiséis obras en los salones del diario de la Marina en la Habana, Cuba A su regreso al barrio de La Boca fue recibido con procesiones y desfiles. El presidente Alvear lo agasajó con un banquete en su honor y su mujer Regina Pacini, se convirtió en asidua visitante de su taller. Pintó dos grandes cuadros para el hall del teatro Regina, ubicado en el segundo piso de la Casa del Teatro.

1929: Viajó a Italia. Su exposición en Roma fue visitada por el rey Vittorio Emanuelle III y Benito Mussolini quien lo proclamó su pintor preferido porque pinta el trabajo. Su cuadro Momento Violeta, óleo de 2 m. x 1,65 m., fue adquirido por la Galería de Arte Moderno de Roma. El Papa Pío XI lo recibió en audiencia privada.

1930: Viajó a Londres, donde realizó su última exposición en el exterior en la galería Burligthon. Vendió varios cuadros a distintos museos británicos, que se suman a Puente de la Boca regalo del presidente Alvear al Duque de Windsor durante su visita a la Argentina. Expuso veintinueve óleos y algunos dibujos sobre el puerto.

1931: Realizó una muestra en el Museo de Bellas Artes de Santa Fe Rosa Galisteo de Rodríguez, veintiún óleos y diez dibujos. Descarga de carbón con grampas fue adquirida por la Comisión Provincial de Bellas Artes para incorporarlo al Museo.


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Benito Quinquela Martín en su taller, 1964. La Boca, Argentina.

1933: Compró un terreno que donó al Estado para que se levante la Escuela Museo Pedro de Mendoza. 1936: Inauguración de la Escuela Pedro de Mendoza.

1938: Inauguración del Museo de Bellas Artes de La Boca, en la calle Pedro de Mendoza 1835, donde instaló su último taller.

1940: El Ateneo de Ciencia y Arte de México le concedió el titulo de miembro correspondiente.

1943: Fue elegido miembro de la Comisión Directiva del Círculo de Bellas Artes. Expuso veintinueve óleos, veinticinco grabados y diez dibujos en el Museo Provincial de Bellas Artes de Tucumán.

1944: Realizó en Buenos Aires, en la galería Witcomb, su segunda muestra individual con cuarenta y cinco óleos, veinticinco aguafuertes y cuatro dibujos.

1947: Inauguración del Lactariun Municipal N° 4, hoy Jardín Maternal Quinquela Martín, en un terreno donado por el artista.

1948: Creó la Orden del Tornillo de la que será Gran Maestre. El Jardín de Infantes N° 6 comenzó a funcionar sobre un terreno donado por Quinquela Martín. El Grupo Americanista de Intelectuales y Artistas de Linaje lo nombró miembro honorario por su labor intelectual en favor de La Cultura, La Paz y La Fraternidad Continental.

1949: Expuso en Mendoza, en la Feria de la Vendimia óleos, dibujos y aguafuertes. En La Plata, expuso en las salas del Museo de Bellas Artes de la provincia de Buenos Aires, treinta y siete óleos, diez dibujos y veinticinco aguafuertes. El Museo adquirió el óleo Efecto de sol.

1950: Inauguración de la Escuela de Artes Gráficas para Obreros actualmente Escuela de Artes Gráficas Armada Argentina y Colegio Industrial sobre terreno donado por Quinquela Martín. Con el auspicio del Gobernador de la Provincia de Santa Fe, realizó una muestra en el Museo Municipal de Bellas Artes, de la ciudad de Rosario. En Buenos Aires, junto a Victorica organizó la exposición en homenaje a Alfredo Lazzari.

1953: Expuso sesenta obras en la Galería Witcomb. Participó de la inauguración del Museo de Bellas Artes de Bahía Blanca, exponiendo treinta y cuatro óleos, seis dibujos y catorce grabados .

1955: Auspiciado por el Gobierno Superior de la Provincia de Córdoba, expuso cincuenta y seis obras óleos, aguafuertes y dibujos en el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio A. Caraffa.

1956: Expuso veinticuatro obras en el Palacio Municipal de Tres Arroyos. Tormenta con Sol fue adquirida por la Municipalidad .En Coronel Dorrego expuso catorce obras.

1957: Comienzo de la construcción del Instituto Odontológico Infantil, sobre terreno donado por Don Benito Quinquela Martín .Participó con la obra Rincón Boquense en la exposición de homenaje a la Agrupación Impulso en Avellaneda.

1958: Exposición Individual en el Museo y Academia Municipal de Bellas Artes de Tandil. Exposición Orden de la Dama de Elche, en La Plata.

1959: Inauguración del Instituto Odontológico Infantil actualmente Hospital Municipal de Odontología Infantil Don Benito Quinquela Martín. Expuso en el Salón Dorado del Palacio Municipal de La Plata treinta y nueve óleos, cinco dibujos y un esmalte sobre hierro. La obra Día de sol fue adquirida por el Museo Municipal de Bellas Artes de La Plata.


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Benito Quinquela Martín, 1936.

1961: En el mes de agosto expuso en Buenos Aires, en la Galería Witcomb, sesenta y dos obras.

1963: Con motivo de la fundación del Museo de Bellas Artes General Urquiza, Quinquela donó su obra Hora azul en la Boca. Fue nombrado Primer Presidente Honorario de este Museo. Expuso una obra en la muestra de Pintores Argentinos realizada en el Jockey Club de Montevideo.

1964: Expuso en la XVIII Muestra Itinerante de Artistas Plásticos Nacionales, de Retiro a Jujuy, en el tren Cinta de Plata.

1966: Se inició la construcción del teatro de la Ribera sobre terreno donado por Quinquela Martín. Fueron inauguradas las terrazas del Museo de Bellas Artes de la Boca para la exhibición de esculturas de Artistas Argentinos.

1971: Inauguración del teatro de la Ribera, actualmente Teatro Municipal de La Ribera, complejo teatral Enrique Santos Discépolo. Exposición en el Jockey Club de La Plata.

1972: Fue nombrado por la Universidad de Buenos Aires Miembro Honorario de sus claustros.

1974: Se casó con Marta Cerruti. Recibió el homenaje del Fondo Nacional de las Artes. Se realizó una muestra retrospectiva de su obra en las Salas Nacionales de Exposición en el Palais de Glace.

1977: Falleció en Buenos Aires, el 28 de enero, a los 86 años de edad.


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Lápida y tumba de Quinequela Martín, en el Cementerio de la Chacarita, Buenos Aires, Argentina.



Su barrio, la Boca.


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Cuadro Regreso de la pesca pintado por Quinqula, exhibido en un mural en la calle Caminito.

El corazón de Quinquela late en el barrio de la Boca: características del barrio que lo cobijó.

"La Boca es mi taller mi refugio y mi modelo. Todo lo que hice y todo lo que conseguí es un premio a la fidelidad. En mi vida y en mi arte permanecí siempre fiel a mí gente, a mi puerto y a mi barrio"

La Boca del Riachuelo es un barrio ubicado al sur de la ciudad de Buenos Aires. Se encuentra habitado en su mayor parte por inmigrantes italianos, que llegaron a mediados del siglo pasado a nuestro país.

El puerto de La Boca, por entonces, era el principal mercado de carbón de leña de la ciudad. Numerosas embarcaciones amarraban a sus muelles, donde hombres de fuerte contextura física, cargaban y descargaban mercaderías.

En esta ruda faena se encontraba don Manuel Chinchella, oriundo de Génova, padre adoptivo de Benito Quinquela Martín.

Desde el siglo XIX, fue prosperando la actividad portuaria. En ambas márgenes del Riachuelo se instalaron talleres metalúrgicos, astilleros, frigoríficos y establecimientos navales. La Boca era un barrio esencialmente obrero, sus habitantes vivían en precarias viviendas construidas de madera y chapas de cinc. Por ser un terreno bajo y anegadizo, edificaban sus casas, sobre pilotes de madera de quebracho. Sus ocupantes pintaban estas viviendas con el sobrante que les quedaba después de pintar las embarcaciones. De ahí, que las casas, presentaban distintos colores en sus frentes.

Poco a poco, el barrio dejó de ser una comarca aislada. En 1870 líneas de ferrocarril urbano, unieron esta zona con plaza Once. Por estos años, la Boca logró su autonomía jurisdiccional, contando con una modesta capilla, San Juan Evangelista, para poder albergar a sus fieles.

Los primeros pasos en la educación lo dieron Don Rafael Amato y Doña Maurice de Patrón, quienes supieron brindar una formación a los hijos de los inmigrantes que en su mayoría manejaban el dialecto xeneize. Social y culturalmente, se fue incrementando el número de instituciones al servicio de la comunidad, donde se desarrollaron distintas actividades de interés general. La importancia que tuvieron en la sociedad estas instituciones nos las hizo saber el mismo Quinquela a través del libro Vida de Quinquela Martín de Andrés Muñoz: "Como todo vecino de la Boca, tenía por fuerza que pertenecer a alguna agrupación yo me Inscribí en la Sociedad Unión de La Boca, dentro de la cual funcionaba el Conservatorio Pezzini Sttiatessi. El salón Unión, como todos le decíamos en la Boca, era una especie de Academia Universal donde se enseñaba música, canto, dibujo, pintura, yeso, corte y confección y no sé cuantas cosas más."

Entre otras instituciones estaban, José Verdi 1878, la Yugoslava 1878, Bomberos Voluntarios 1884, Ligure 1885, La Española 1892, Torcuatto Tasso 1895 y Sol de Mayo 1898.


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Caminito, Hogar de Quinquela. Este es el lugar, La Boca. Buenos Aires, donde Quinquela vivió, inspiró su obra y logró perdurar.

La Boca fue siempre un barrio esencialmente obrero. Ellos estaban representados en distintas agrupaciones gremiales, entre otras la de los estibadores, caldereros, calafeteros, carreros y los carpinteros de La Ribera. Juntos aunaron sus esfuerzos por un mejoramiento social.

Dentro del periodismo, el Ancla- publicación bisemanal aparecida el primero de julio de 1875- fue el precursor de otras publicaciones que surgieron más tarde como "El Riachuelo”, "El Bohemio", "El Faro del Riachuelo" y "Cristóforo Colombo".

Dentro de las manifestaciones artísticas, el teatro tuvo su máxima expresión en el "Dante Alighieri" 1883. La tragedia y el drama italianos fueron los géneros más representados dentro de su sala.

El 13 de agosto de 1881, se inauguró el Ateneo Iris, en donde la Societá Filodramática, representó el drama lírico Aída. Un año antes, el piamontés Sebastián Gambaudi, abrió las puertas de la Confitería "Ligure" donde funcionó el teatro Panterpe.

El tango también tuvo su espacio en los cafetines de la Boca. Entre los más conocidos podemos mencionar el "Café del Sur", el "Café de Nani" y el "Café Azul".

Y no olvidemos que es en el tango en donde el barrio de la Boca vio nacer a uno de sus exponentes: Don Juan de Dios Filiberto.

Antes de finalizar el siglo XIX, La Boca era ya un barrio con perfil definido, que lo distinguía marcadamente del resto de la ciudad. Según el Censo Municipal de 1887, había en la zona 24.498 personas, distribuidas en 124 manzanas, donde el mayor núcleo de población estaba concentrado en la Vuelta de Rocha. Más del 70”, de la población se dedicaba a oficios ligados a la navegación, como marineros, caldereros, calafateros y armadores de barcos.

En 1897, Sofía Cattáneo describió así a este barrio porteño: "Un suburbio vastísimo. A pesar de su proximidad a la elegante ciudad mundana, este barrio tiene un carácter muy diverso y tan especial, que podrá considerárselo como si se hallara a más de cincuenta millas. El contraste proviene de la naturaleza del carácter, de las costumbres, de sus habitantes. Es un barrio popular donde hierve el trabajo y la vida".

Este fue el barrio en que creció Quinquela, quién supo captar su esencia y plasmarla en sus telas. El Riachuelo fue su inspiración artística más elocuente.

Muchos años más tarde, Quinquela Martín consagrado como el pintor de La Boca, materializó también en obras de bien público el amor que sintió por este lugar.


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Casas típicas del barrio de La Boca; éstas en su mayoría fueron conventillos desde fines de s. XIX hasta por lo menos mediados de s XX, los colores abigarrados que caracterizan a este barrio argentino originalmente xeneize se deben al arte de Quinquela Martín y sus epígonos.




Algunas obras


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Casa de Juan de Dios Filiberto - Mural Quinquela Martín.


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Calle caminito, obra colectiva de Quinquela Martín. Fue el inventor de la calle "Caminito", una vía de ferrocarril abandonada que él quiso transformar en museo al aire libre para favorecer a los artistas y artesanos del barrio en los años de la década de 1950, y que con el tiempo, su éxito fue tal que ahora pareciera que siempre estuvo ahí.

Hasta los últimos años de su vida, Benito Quinquela Martín siguió trabajando en su atelier sobre la escuela y el museo. Nunca se fue de La Boca (o, mejor dicho, siempre volvía a ella después de sus viajes) ni se aisló de la vida de su barrio: sus puertas estaban abiertas y muchas veces él se paseaba entre los niños que asistían a la escuela que él ayudó a fundar. Murió en 1977 y todavía se lo recuerda.


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Quinquela Martín: los marinos crearon los puertos para amarrar las naves; Quinquela creó un puerto para albergar la magia del color. Su puerto fue el de la Boca del Riachuelo, un famoso sitio en la capital de la República Argentina.


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varias obras sin rotular de Benito Quinquela Martin



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Museo de Bellas Artes 'Benito Quinquela Martin'

En 1933 Benito Quinquela Martín donó al Estado un terreno de su propiedad con el objeto de construir un edificio destinado a una escuela primaria, un Museo de Artistas Argentinos y un espacio para vivienda y taller del artista. El 19 de julio de 1936, se inauguró la Escuela Pedro de Mendoza conjugando arte y pedagogía en procura del mejoramiento de las capacidades perceptivas y de aprendizaje de los niños. Quinquela Martín realizó dieciocho murales en el interior del edificio. Dos años más tarde abrió sus puertas en el mismo edificio el Museo de Artistas Argentinos.


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La colección representativa de la historia del arte nacional, está conformada por obras de artistas argentinos figurativos desde fines del siglo XIX hasta nuestros días. Además comprende una colección de mascarones de proa, única en Latinoamérica, representada por interesantes piezas de fines del siglo XIX. En la sala Sívori, se realizan exposiciones temporarias de grandes maestros del arte argentino, reconocidos creadores contemporáneos y artistas emergentes; vinculando la producción contemporánea con las obras patrimoniales. En el tercer piso se encuentra actualmente la Casa - Museo de Benito Quinquela Martín, donde se exhiben sus grandes obras y objetos personales.

Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín Av. Pedro de Mendoza 1835/1843 4301-1080 / 4303-3709 Ministerio de Educación GCBA



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor y muralista argentino Benito Quinquela Martín. "Ese raro artista de La Boca de pincel encantador y corazón inundado de humanidad."

 
Fuentes y agradecimientos a: cordobaciudad.com, es.wikipedia.org,taringa.net, museodecera.com.ar, welcomeargentina.com, artelista.com y otras de Internet.
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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última edición por j.luis el Miercoles, 24 Junio 2015, 15:56; editado 3 veces 
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Mensaje Quinquela Martín, 2 
 
36 años de su muerte


10 cuadros para admirar de Quinquela Martín



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Fue uno de los pintores más populares de la Argentina. Murió el 28 de enero de 1977, dejando un legado plástico que superó los límites del campo artístico. Benito Quinquela Martín fue un pintor de puertos y trabajadores, denunciando sus extenuantes y precarias condiciones de trabajo. Y fue también un enamorado del barrio de La Boca, donde fundó escuelas y museos. Autodidacta, expuso sus obras en Río de Janeiro, Madrid, París, New York, Roma y Londres. Había nacido el 1 de marzo de 1890.


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Presidente Fragata Sarmiento, 1904


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Descarga de carbón, 1923


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Buque en reparación, 1923


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Barca en el Riachuelo, 1930


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En pleno sol


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Puente sobre Barracas, 1944


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Día de niebla, 1957


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Día de trabajo, 1958


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Barcos a pleno sol, 1960


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Crepúsculo, 1960



Fuente: telam.com.ar
 



 
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Mensaje Re: Quinquela Martín, Benito 
 
Biografia de Quinquela Martín Artista Plástico Argentino Vida y Obra


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El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo. Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín.

Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de “EL MOSQUITO”.

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro “El Arte” del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad

El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios. En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega “el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación”.

“Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta. Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad”.

Por último expresa: “Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros”.

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto. Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno. No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento. El estómago de Benito también lo sufrió bastante. Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

Tiempos vagabundos

La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo. Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

En sus memorias dice que llegó a conocer una “academia del punguismo” con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó. En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista. Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del “Hércules”, un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha). Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él. Fue ella quien le dio un sabio consejo: “Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno”.

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto. Allí desarrollaba funciones “fundamentales” para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal. Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales. Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable. Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos. A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición. Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca. Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados. Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut. Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera. Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante. Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.


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Padres de quinquella


UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:

Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba. Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón. En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla. Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente. Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas. Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama. Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura. Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón. Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso. A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras. Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó. Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo. Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura. Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de “receta” y las normas inmutables. Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –


Publicado el 16 de marzo de 2015 por historiaybiografias.com
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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