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Pereira, Manuel
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Post Pereira, Manuel 
 
Este trabajo esta dedicado al escultor barroco portugués Manuel Pereira, desarrolló casi toda su obra en España. No es muy conocido, pero sí muy valorado por los especialistas.

Manuel Pereira (Oporto, Portugal, 1588 — Madrid, España, 29 de enero de 1683) Escultor portugués, afincado en España. No se dispone de ninguna información sobre su juventud. El primer dato biográfico le sitúa en Madrid en 1646. Pereira se convirtió en baluarte de la escultura castellana. Trabajó al servicio de la corte. Su obra se enmarca dentro del patetismo de la época.

Pese a que se supone que su formación la recibe en su país, se va a convertir en uno de los grandes representantes de la escuela castellana de escultura. Salvo un grupo de esculturas realizadas para el convento portugués de Santo Domingo de Bemfica, el resto de sus obras conocidas se distribuyen entre Madrid, Alcalá de Henares, Burgos y Toledo.

Establecido en la corte desde muy joven, su obra revela un espíritu clásico, de expresión sobria y sereno patetismo. Su primera obra conocida es de 1624, para la fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares, donde realiza varias figuras de santos. Esta obra le da una gran fama y sus siguientes encargos serán en la misma línea de recubrir fachadas de iglesias con esculturas, realizadas en la capital, destacando la figura de San Bruno de la Hospedería de El Paular, o la Virgen con Niño de la capilla de San Isidro.

En madera realiza una serie de imágenes de gran realismo y de extraordinaria intensidad expresiva, entre las que destaca una imagen de San Bruno, realizada para la Cartuja de Miraflores. Así como una serie de retablos, entre los que se encuentran el Retablo Mayor de la iglesia de Monserrat y el de la iglesia de San Andrés, este último proyectado por Alonso Cano, ambos desaparecidos. Obras suyas son San Isidro; San Andrés; Cristo del Perdón; San Martín; San Felipe; San Antonio; San Juan Bautista; una Concepción en Toledo.

Hacia los años cuarenta su escultura evoluciona, en contacto con la obra de Alonso Cano, hacia formas más suaves, amables y curvilíneas, destacando de esta época el Cristo del Poder de la Iglesia de comillas en Santander, o el Cristo del oratorio del Olivar en Madrid. Pasó casi ciego sus últimos años.

Espero que la información que he recopilado de este escultor portugués, os resulte interesante y sirva para divulgar su obra.





Resumen Biográfico


Manuel Pereira (Oporto 1588 – Madrid 29 de enero de 1683) fue un escultor barroco portugués avecindado en Madrid, donde realiza buena parte de su obra.

Nacido en Oporto en 1588, no se conoce otro dato de su vida y actividad hasta 1624, cuando realiza las estatuas en piedra de la iglesia de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares. Un año después se encontraba ya en Madrid, a donde se había trasladado en compañía de su madre y de su hermano, Pantaleón Gómez, también escultor, que colabora con él hasta su muerte, en 1645. En 1625 contrajo matrimonio en Madrid con María González de Estrada, del que le nacerán dos hijos, enviudando en 1639. En 1635 se encontraba en prisión por deudas, saliéndole fiadores el ensamblador Juan Bautista Garrido y el pintor Jusepe Leonardo, policromador de algunas de sus obras. En un curioso contrato, por el que el ensamblador y arquitecto Pedro de la Torre se compromete en 1652 a realizar el retablo de la capilla del beato Simón de Rojas en la iglesia de la Trinidad, se pone como condición que las esculturas habían de ser de mano de Pereira o de Juan Sánchez Barba, «y no de ningún otro», condición que se repite en 1661 en el contrato de un retablo para el convento de la Merced con el ensamblador Juan de Ocaña. En ambos casos parece que el elegido fue Sánchez Barba, el único imaginero que podía competir en Madrid con Pereira en estos años. Obtuvo el nombramiento de Familiar del Santo Oficio, título que prefiere en su testamento al de escultor, para lo que hubo de presentar pruebas de limpieza de sangre. El mismo prurito nobiliario manifiesta al casar a su hija Damiana con José de Mendieta, caballero de la Orden de Santiago, a la que también pertenecerán sus nietos, alegando un testigo «que él y sus ascendientes eran cavalleros fidalgos del Reyno de Portugal, donde havían exercido los oficios y ocupaciones que en aquel Reyno sólo pueden tener los cavalleros hixodalgos». Murió en Madrid en 1683, casi ciego y después de más de diez años de inactividad.


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Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid). Retablo Mayor. Obra de Miguel Fernández, con esculturas de Francisco Gutierrez y en el centro del altar, la escultura de San Antonio de Padua con el Niño Jesús de Manuel Pereira.


Obra

Pese a que se supone que su formación la recibe en su país, se va a convertir en uno de los grandes representantes de la escuela madrileña de escultura. Salvo un grupo de esculturas realizadas para el convento portugués de Santo Domingo de Benfica, realizadas en 1636 en Madrid por encargo del conde de Figueiro, el resto de sus obras conocidas se distribuyen entre Madrid, Alcalá de Henares, Burgos, Segovia y otras localidades españolas. Pereira fue exclusivamente escultor, en piedra, alabastro o madera, no ocupándose nunca de la arquitectura de sus retablos ni del policromado. Tampoco se conocen relieves de su mano y su escultura, aún trabajando para la corte, es casi exclusivamente religiosa, mencionándose tan sólo un Neptuno fuera de ese género.

Establecido en la corte desde joven, su obra revela un espíritu clásico. En sus figuras de canon alargado, expresión sobria y sereno patetismo, evitará siempre la crudeza y el gesto desgarrado. Su primera obra conocida es de 1624, para la fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares, donde realiza varias figuras de santos. A la manera de la escuela castellana, las figuras son de volúmenes amplios y pliegues secos y quebrados, pero en el San Bernardo de la fachada de las Bernardas en la misma ciudad, poco posterior, se encuentran ya las características de su propio estilo, quizá influido por Alonso Cano. Estas obras hechas en Alcalá le darán gran fama y los siguientes encargos irán en la misma línea: estatuas en madera para retablos y santos en piedra para ocupar las hornacinas de las fachadas de iglesias y otros edificios públicos (la Cárcel de Corte), destacando entre las conservadas el San Antonio de Padua de la iglesia de San Antonio de los Alemanes en Madrid (1647) y, muy especialmente, el San Bruno de la Hospedería que la Cartuja de El Paular tenía en la calle de Alcalá de Madrid (1652), actualmente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, talla ante la que, según Antonio Palomino, acostumbraba a detenrse el rey Felipe IV.


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San Bruno, en la calle de Alcalá de Madrid. Más info: http://artedemadrid.wordpress.com/2...alle-de-alcala/

En madera realizó una serie de imágenes de gran realismo y de extraordinaria intensidad expresiva, entre las que se pueden destacar el San Marcos de la parroquial de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia), en actitud mística, el San Antonio de Padua del retablo mayor de la iglesia de San Antonio de los Portugueses en Madrid, 1631, o el San Bruno de la Cartuja de Miraflores, anterior a 1635. Muy notables son también una serie de Cristos crucificados, de cuerpo estilizado y rostro intensamente emotivo, encabezados, al parecer, por el Crucifijo de la parroquia del Sagrario de la catedral de Sevilla. Consta que en 1646 don Alonso de Aguilar, regidor de Segovia, encargó a Pereira otro Cristo que había de seguir el modelo del que anteriormente había realizado para el obispo de Segovia. Este segundo Crucificado ha sido identificado con el llamado Cristo de Lozoya, actualmente en la catedral de Segovia, el más célebre de la serie y aquél en el que Cristo se presenta con los brazos elevados en mayor tensión. Uno más, ricamente policromado, se encuentra en el Oratorio del Olivar, Madrid, diferente de los anteriores por la posición más abierta de los brazos.


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Cartuja de Miraflores (Burgos)

Suyas serán también las esculturas en madera que ocupan los altares de los machones en el madrileño Convento de San Plácido, con el ladeamiento de las cabezas y la estilización de los cuerpos que son características del maestro. Fueron célebres, además, algunas esculturas absurdamente destruidas al estallar la guerra civil de 1936, entre ellas el Cristo del Perdón de los dominicos del Rosario de Madrid, según Palomino «cosa portentosa, a que ayudó mucho la encarnación, de mano de Camilo», del que existe una réplica, posiblemente del propio Pereira, en la capilla de los marqueses de Comillas en Cantabria, y la talla del santo titular en el retablo, labrado según trazas de Alonso Cano, de la iglesia de San Andrés. Para la capilla de San Isidro en la misma iglesia madrileña, iniciada su construcción en 1657, ejecutó una serie de santos labradores que, ya en el reinado de Carlos III, tras la expulsión de los jesuitas, pasaron a la iglesia del Colegio Imperial, repintadas de blanco conforme a la moda neoclásica, siendo igualmente destruidas en 1936.


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En el altar mayor de la Iglesia de Montserrat, Madrid. Preside la imagen de la Virgen de Montserrat, obra de Manuel Pereira


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Aspecto del interiorde la madrileña Iglesia de Montserrat

Otras obras que se pueden relacionar con él son una Inmaculada Concepción en el convento de Agustinas Recoletas de Pamplona, el Ecce Homo de las Carmelitas de Larrea (Vizcaya) y un crucifijo en la iglesia de San Juan de la Rabanera, Soria. Discípulos o colaboradores son, además de su hermano Pantaleón, Manuel Correa, natural también de Oporto y doce años más joven, Manuel Delgado y el navarro José Martínez.

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Algunas obras


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Estatua de San Bruno (h.1030–1101), esculpida en piedra en 1652. Dimensions 169 x 70 x 60 cm. El santo medita sobre la muerte, sosteniendo una calavera, actualmente está expuesta en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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San Bruno, madera. Realizado por Manuel Pereira, se encuentra en la Cartuja de Miraflores (Burgos)


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Cristo del Perdón (1655) en la Iglesia de San Juan de Rabanera de Soria. Realizado por Manuel Pereira


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Crucifijo en altar de la capilla del Sagrario, catedral de Segovia. Realizado por Manuel Pereira


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San Bruno y San Guido en el Museo Nacional de Varsovia. Realizado por Manuel Pereira



Iglesia de San Antonio de los Alemanes


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Iglesia de San Antonio de los Alemanes. Madrid. Fachada de la iglesia con la escultura de San Antonio, obra de Manuel Pereira. San Antonio de los Alemanes, es una iglesia única en su concepción; un espacio elipsoidal cubierto en su totalidad de pinturas al fresco. Se inscribe dentro del Barroco, entre los reinados de Felipe IV y Carlos II, donde el soporte escenográfico (propio del teatro) era utilizado para envolver a los fieles a desarrollar su espiritualidad, por ello existe un horror vacui, toda la iglesia esta pintada con la historia de San Antonio de Padua, monje franciscano nacido en Portugal y fallecido en Padua.


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Iglesia de San Antonio de los Alemanes. Portada barroca con la escultura de San Antonio, obra de Manuel Pereira. El templo se comenzo a construir en 1624, bajo el reinado de Felipe III, como complemento al Hospital de Portugueses que había sido creado en 1606 . Ambos estaban dedicados a los portugueses que vivían en Madrid. Tras la independencia de Portugal, la reina madre Mariana de Austria , en 1668, decidió cederla al séquito de alemanes católicos que vinieron a Madrid a acompañar a Mariana de Neoburbo, futura esposa de Carlos II y así el nombre y paso de ser San Antonio de los Portugueses a San Antonio de los Alemanes


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Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid). La escultura de Antonio de Padua con el Niño Jesús del Altar Mayor es obra de Manuel Pereira.

Los artistas que intervinieron en ella fueron el arquitecto Pedro Sánchez, quién tomó su planta en forma de elipse de Bernini y Borromini, aunque fue el arquitecto Francisco Seseña quien dirigió las obras, ayudado por Juan Gómez de Mora, a quien se le atribuye la fachada. El escultor portugués Manuel Pereira, autor de la imagen de San Antonio de Padua con el Niño Jesús del Altar Mayor y el San Antonio de la fachada. Vicente Carducho, pintor italiano que pintó los cuadros del primer retablo y Eugenio Cajés que realizó la pintura de Santa Engracia.


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Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid). Retablo Mayor. Obra de Miguel Fernández, con esculturas de Francisco Gutierrez y en el centro la escultura de San Antonio de Padua con el Niño Jesús de Manuel Pereira.

Hacía 1660 los pintores Francisco Ricci y Juan Carreño de Miranda comenzaban los trabajos de la bóveda. Ricci empezó por los santos portugueses enmarcados en altares fingidos, del primer anillo, pintaba al fresco la columnas salomónicas y los frontones, Carreño de Miranda se dedicaba al tema central de la bóveda: ” La Apoteosis celestial de San Antonio “, donde aparece San Antonio, con su hábito de franciscano, ascendiendo hacia la Virgen, que le espera sobre una nube rodeada de ángeles, para acogerle entre los bienaventurados. A finales del siglo XVII Luca Giordano intervino los muros curvos con escenas de la vida de San Antonio. El retablo mayor, de mediados del XVIII, es obra del arquitecto Miguel Fernández y del escultor Francisco Gutiérrez.

En 1702, Felipe V concedió la administración del recinto a la Hermandad del Refugio, que había sido fundada en 1615 por el padre Bernardino de Antequera, don Pedro Lasso de la Vega y don Juan Jerónimo Serra, y que por esos años se encontraba sin edificio tras arruinarse su iglesia del postigo de San Martín. En 1887 el exterior fue restaurado por el arquitecto Antonio Ruiz de Salces, quien dio uniformidad al conjunto formado por la iglesia y la Hermandad. En 1972 fue declarado Monumento Nacional.


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Frescos de Luca Giordano. Los muros del cilindro se cubren con pinturas al fresco de Luca Giordano: abajo, entre los altares, santos reyes (en la imagen, Fernando de Castilla y León y Hermenegildo), por encima, con acusado sentido escenográfico y en fingidos tapices sostenidos por ángeles y alegorías de las virtudes, los milagros del santo portugués: Resurreccción del joven Parrasio. En los fondos de altares, en la fotografía, Santa Engracia, de Caxés, y Santa Ana, del propio Giordano. Sobre ellos los retratos de busto de los Austrias menores y de Felipe V con sus esposas, como favorecedores del hospital, son obra probable de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia.


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Cúpula de San Antonio de los Alemanes. Cúpula elíptica de San Antonio de los Portugueses (también llamada de San Antonio de los Alemanes y de la Hermandad del Refugio) con pinturas al fresco de Luca Giordano, Francsco Ricci y Antonio Carreño, a quien corresponde la Gloria de San Antonio de Padua que ocupa el cielo de la bóveda.


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Subiendo la vista hacia la bóveda, podemos contemplar que toda ella, desde la cornisa a lo alto está llena de pinturas al fresco, ejecutadas por Juan Carreño y Francisco Rizzi, que la iniciaron hacia 1661, aunque posteriormente, en 1690, debido a la necesidad de su reparación por las humedades sufridas, las retocó Jordán que hizo algunas innovaciones en la composición. Según Palomino, Carreño pintó la parte más alta donde representó a San Antonio en la Gloria con la Virgen y el Niño. Debajo de esta composición trazó Rizzi unas pintadas hornacinas donde figuran ocho santos portugueses con sus símbolos (Santa Beatriz de Silva, fundadora de las Concepcionistas en Toledo; San Dámaso, papa; San Fructuoso, obispo de Braga; Santa Sabina; Santa Julia; Santa Irene, la de Santarem; Beato Amadeo (o, según Tormo, Amador de Montsatso, ermitaño y San Gonzalo de Amaranto) situados en medio de una riquísima, delirante, decoración barroca cuajada de medallones, ángeles, frutos, cartelas, motivos arquitectónicos, columnas, arabescos volutas y otros adornos. Los citados artistas se inspiraron para la decoración en unos dibujos de Mitelli y Angelo Colonna cuyos proyectos de arquitectura fingida se conservan en la Biblioteca del Palacio Real, al igual que se conserva en el Museo del Prado el dibujo de la pintura de la bóveda de Ricci. La intervención de Jordán, aparte la reparación de los daños sufridos, consistió en situar a San Antonio sobre una nube y cambiar unas columnas lisas por otras salomónicas.


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Más info de la iglesia de los alemanes




Cristo Crucificado


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El Cristo Crucificado, se encuentra en el Oratorio del Santo Cristo del Olivar, en la calle de Cañizares nº 4. El templo primitivo, el antiguo Oratorio del Cristo del Olivar de la Congregación de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, fue construido en 1647 por Manuel Aguiar, y reconstruido por Enrique María Repullés y Vargas a principios del siglo XX, en piedra y ladrillo, a imitación de la arquitectura barroca del siglo XVII. A dicha congregación pertenecieron escritores como Lope, Cervantes, Quevedo y Calderón de la Barca.

El Cristo Crucificado antes estaba colocado en un altar lateral, actualmente preside el Altar Mayor, enmarcado en un retablo de madera, lugar que sin duda le corresponde, pero que lo aleja del espectador e impide admirar la escultura tan bien como desearíamos. Fue realizado por Manuel Pereira el mismo año de construcción de la iglesia, 1647. Es un ejemplo perfecto de su escultura, elegante, de figura delgada, transmitiendo más sentimiento que dramatismo, en “actitud de súplica al Padre”, con la cabeza levantada.

Pereira también realizó una Virgen y un San Juan que componían un Calvario junto al Cristo, pero estas dos esculturas fueron destruidas durante la guerra junto al resto de imágenes de la iglesia. Únicamente sobrevivieron dos joyas, la magnífica Virgen Nuestra Señora del Rosario, realizada en el siglo XVIII por Luis Salvador Carmona, digna de ser visitada otro día, y este Cristo del Olivar, de Manuel Pereira.


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El Cristo Crucificado, Oratorio del Santo Cristo del Olivar, en la calle de Cañizares nº 4. Madrid.

Más info: http://artedemadrid.wordpress.com/2...sto-del-olivar/



Convento de San Plácido (Madrid)  


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Convento de las Benedictinas de San Plácido. Dirección: Calle de San Roque, 9. Madrid.

Fue fundado en 1623 con el nombre de Monasterio de la Encarnación, de religiosas del orden de San Benito, aunque desde sus orígenes se le conoce como San Plácido por estar arrimado a una antigua iglesia, que con la advocación de dicho santo fue anejo parroquial de San Martín hasta 1629. Sus fundadores fueron doña Teresa Valle de la Cerda y Alvarado, y su entonces prometido don Jerónimo de Villanueva, Protonotario Mayor de Aragón, y Secretario de Estado a partir de 1630, y quien dejó para tal efecto una de sus casas en la calle San Roque. Las religiosas, entre las que se encontraba su fundadora, entraron en el convento el 12 de mayo de 1624...


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El retablo mayor con La Anunciación de Claudio Coello es obra, como los restantes de la iglesia, de los hermanos Pedro y José de la Torre y presenta en su parte inferior un ostensorio apoyado en cuatro esbeltas columnas cubierto por una cúpula profusamente decorada, mientras que en su parte superior vemos el lienzo de La Anunciación, enmarcado por columnas. Claudio Coello lo pintó a los veinticuatro años basándose en  un boceto de Rubens, una magnífica obra de arte de un joven genio, impetuoso y nervioso, lleno de fuego y pasión, un remolino de convulsión emotiva y lírica. Un cuadro bellísimo y armonioso, con una excelente perspectiva aérea en el que se distinguen tres áreas perfectamente diferenciadas.


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En el plano central, sobre un estrado la Virgen, con ropajes azules y rosas que, con las manos juntas escucha el anuncio del arcángel San Gabriel; en la parte superior, el Espíritu Santo rodeado entre resplandores y coros de ángeles ilumina la escena principal, bajo la mirada de Dios Padre; en la parte inferior, bajo la Virgen, aparecen los profetas y sibilas que anunciaron el acontecimiento. A ambos lados del retablo, imágenes de San Benito y San Plácido y sobre el retablo, entre nubes, La Inmaculada Concepción de Francisco Rizzi, una obra llena de simbolismo.


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La cúpula del madrileño Convento de San Plácido, está decorada con frescos también de Francisco Rizzi. Está dividida en ocho zonas con una decoración vegetal de gran riqueza cromática, en cada uno de las cuales se pueden apreciar las veneras de diferentes Órdenes Militares y en las pechinas, frescos también obra de Francisco Rizzi, representando a las santas Juliana, Hildegarda, Isabel, abadesa y Francisca Romana, todas ellas monjas de la Orden Benedictina.


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Cúpula del Convento de San Plácido (Madrid). Detalle de santa Isabel abadesa

En los nichos de los machones se pueden ver cuatro tallas de los doctores marianos Bernardo, Ildefonso, Anselmo y Ruperto, obras asimismo de Manuel Pereira, de policromía austera y expresividad concentrada. Un artista con una sensibilidad desbordante que supo aportar a sus santos una gran carga psicológica en sus expresiones, recuperando a la vez la belleza de las esculturas griegas. Y sobre ellos, cuatro cobres flamencos con escenas de la Vida de la Virgen, que podrían ser obra de Rubens o de su escuela.

En cuanto a los retablos gemelos situados a ambos lados del crucero, son también obra de los hermanos Pedro y José de la Torre. Presentan un cuerpo principal de columnas con pinturas en los zócalos representando escenas de la Pasión de Cristo y la Renuencia de San Pedro Celestino al Papado y la Misa de San Benito a la muerte de su hermana Santa Escolástica en la parte superior. En los cuadros centrales se nos muestra la Visión de Cristo por Santa Gertrudis en el de la derecha y San Benito y su hermana Santa Escolástica, en el de la izquierda. Pinturas todas ellas, muestra del gran talento de un joven Claudio Coello.


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Pero esta auténtica joya del barroco aun nos depara algunas sorpresas más, como la magnífica talla del Cristo Yacente de Gregorio Hernández en el interior de su urna barroca, un cuadro de grandes dimensiones de la Virgen con una dama orante, dos cuadros de Miguel Jacinto Meléndez que representan a las Virgenes del Milagro y Atocha, el San Benito de la bóveda de la nave de Francisco Rizzi, la pequeña imagen del Niño Jesús, obra de Martínez Montañés, una de las joyas desconocidas del monasterio, o la copia del Cristo de San Placido que las monjas vendieron a Manuel Godoy o, según cuentan las malas lenguas, fue directamente objeto de la codicia del llamado príncipe de la Paz.


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Virgenes del Milagro y Atocha


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Y para finalizar nuestro recorrido por esta auténtica joya del mas puro barroco madrileño, la capilla de la Inmaculada, cuyo retablo, también de los hermanos de la Torre, alberga una magnífica talla de la Virgen del siglo XVII, realizada en madera policromada.


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Retablo de San Benito y Santa Escolástica. En el lado derecho (mirando hacia el altar mayor) podremos contemplar un hermoso retablo de los hermanos de la Torre que sirven de marco fastuoso a este lienzo en que Coello pinta a "San Benito y su hermana Santa Escolástica". Este retablo tiene una inscripción que nos le presenta como Altar de Alma. El cuadro posee una composición simétrica en torno a un eje vertical a cuyos lados hallamos la mancha oscura de los hábitos de los protagonistas que ocupan tres cuartos del cuadro en su parte inferior, mientras las cabezas de los santos se hallan como formando parte del área superior del cuadro donde se acomoda una Trinidad de rico colorido.

Es este doble contraste de la negrura de la indumentaria del cuerpo con la luminosidad y color en las cabezas en comunión con la Divinidad, y ese plano inferior negro con el rompimiento en sentido contrario de la parte superior, los dos elementos que parecen dar significado al cuadro, ya que ambos santos no tienen aquí ningún atributo por el que se distingan. Así pues Coello parece querer expresar el mensaje Benedictino de la gran hermosura que representa la Comunión con Dios, con lo que los personajes se convierten en pretexto para la idea.

A los pies de los santos tiaras, coronas y ricos vestidos sobre un fondo arquitectónico, de los que tanto gustara Claudio Coello, nos recuerdan la poderosa presencia de la Orden en el mundo social en que influyeron y nos subrayan con su pequeñez y su situación (a ras de tierra) el poco valor que habría que dar a estos bienes terrenales.

El cuadro superior presenta "La Misa de San Benito" en el que el santo se halla en el momento de alzar durante la Misa celebrada teóricamente a la muerte de su hermana. Esta muerte fue presenciada por San Benito de forma milagrosa, ya que cuenta la leyenda que habiendo ido a visitar a su hermana, que le había mandado llamar porque se sentía morir, se desató una formidable tormenta que le impidió salir a realizar unos asuntos que le requerían con urgencia, debiendo permanecer junto a la moribunda. En el momento de la muerte de la Santa, San Benito vió su alma ascender al cielo en forma de paloma. Esta es la paloma que sube en la parte superior del cuadro; así pues Coello poetiza este momento haciendo coincidir la elevación al cielo del alma de la santa con la elevación de la forma consagrada en la Misa que Benito celebra.

Es un cuadro tan perdido que no permite bien distinguir los personajes, ni descifrar siquiera si una cabeza lejana del lado izquierdo no sea la de la santa reposando en su cama. Quedémonos pues sino con la hermosura del cuadro sí con la de la leyenda. Lo cual no quita para que hayamos de reconocer lo lamentable de esta situación, pues, por la razón que sea, Coello gustó siempre de representar los temas eucarísticos (vale la pena recordar su Ultima Comunión de Santa Teresa en el Lázaro Galdeano, y su Adoración de las Hostias de Gorkum en el Escorial, de los que probablemente este lienzo es un buen precedente).

En los intercolumnios dos bustos y dos cuerpos enteros presentan a cuatro irreconocibles personajes, aunque son preciosos estudios. En el sagrario el tema del cordero de correcta ejecución. Finalmente en el banco de la predela hay pequeños lienzos también de inmejorable dibujo y buena realización que representan escenas de la pasión: la oración del huerto, Cristo en la columna, tras la flagelación y coronado de espinas. Esta serie se seguirá en el banco de la predela del retablo gemelo frontal a éste con: La Caída, la Crucifixión, Cristo Muerto y Cristo Resucitado.


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El acceso al templo se hace a través de una puerta adintelada, donde podemos ver un relieve de la Anunciación, obra con toda probabilidad del portugués Manuel Pereira


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Relieve de la Anunciación encima de la puerta, obra de Manuel Pereira

Retablo de Santa Gertrudis. En el retablo del crucero del lado izquierdo (según miramos al altar mayor, no tengo imagen), el cuadro central está dedicado a "Santa Gertrudis". Es este un gran lienzo, de excelente calidad de dibujo y más compensado de color que el anterior. No es sin embargo tan "personal" aunque se distinga bien la firma. El tema le viene más impuesto al pintor. Gana, sin embargo, en realización, en belleza pictórica y en estética, lo que pierde en expresividad personal.

Una Santa Gertrudis arrodillada y en éxtasis porta un corazón habitado por un Niño Jesús. Tras ella, un Cristo portando una túnica de cálido colorido y rico movimiento nos recuerda la habilidad del autor para este tipo de indumentarias. En el cuadro tampoco faltan fragmentos arquitectónicos de gran aparato, ni los ángeles, quizá para dar el tono a la representación, permitiendo al ejecutante una licencia decorativa de toque muy personal.

La santa alemana está un poco olvidada. Sin embargo, esta mística del siglo XIII (1256/1302), llamada la Grande por la calidad de sus Revelaciones, con fiesta el 15 de Noviembre, gozó de un culto muy difundido por toda España: incluso, fue patrona de Tarragona.

En el ático de este retablo tenemos a un "San Pedro Celestino (que renunció al Papado y se retiró a la vida de soledad) Rechazando la Tiara" que plasma el momento en que el santo a la izquierda del lienzo, debido a su humildad, y a la vida de pobreza que desea llevar, rehúsa hacerse cargo de la rica tiara que le ofrece un purpurado. Es curioso el juego de simbolismos en el que el ofertante va lleno de colorido, y con ricos vestidos, y se halla de espaldas al observador, mientras que el Santo viste su talar negro, mira casi con lástima al ofertante, despreocupado del oro que se le ofrece; por el contrario éste se halla arrodillado mientras que el santo está en pie. Un personaje en segundo plano podría ser el donante de estos lienzos que parecen haber sido pintados muy de "encargo".

También los intercolumnios del retablo poseen otros dos retratos de cuerpo entero y dos bustos. Gaya Nuño en su Guía de Madrid puntualiza que "son inmejorables estudios de Coello, de un dibujo irreprochable".


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Cristo de Velázquez. La iglesia del convento de de San Plácido poseyó durante casi 200 años el cuadro del Cristo de Velázquez. Fue regalada por el rey Felipe IV al convento de San Plácido, según la leyenda popular, y conservada hoy en el Museo del Prado.

Más info del Convento de San Plácido (Madrid)




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al escultor portugués afincado en España Manuel Pereira. No se dispone de ninguna información sobre su juventud. El primer dato biográfico le sitúa en Madrid en 1646. Pereira se convirtió en baluarte de la escultura castellana. Trabajó al servicio de la corte. Su obra se enmarca dentro del patetismo de la época. Pese a que se supone que su formación la recibe en su país, se va a convertir en uno de los grandes representantes de la escuela castellana de escultura. Salvo un grupo de esculturas realizadas para el convento portugués de Santo Domingo de Bemfica, el resto de sus obras conocidas se distribuyen entre Madrid, Alcalá de Henares, Burgos y Toledo.


Fuentes y agradecimientos: derebusmatritensis.com, artehistoria.com, wikipedia.com, absolutmadrid.com, viendomadrid.com, mercedesgomez/artedemadrid.wordpress.com, alejandroblanco/flickr.com thehouseofblogs.com, rtve.es y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Last edited by j.luis on Saturday, 19 September 2015, 00:01; edited 6 times in total 
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Post Re: Pereira, Manuel 
 
Gracias J.Luis, seguimos conociendo grandes escultores, quizás no tan conocidos pero sus obras si que son de bella factura.

Un Saludo.
 




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Post Re: Pereira, Manuel 
 
Así es xerbar, Manuel Pereira, no es muy conocido por el gran público, pero si un escultor barroco muy valorado por los especialistas.



 



Saludos.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

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