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Jiménez Donoso, José
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Mensaje Jiménez Donoso, José 
 
Este trabajo está dedicado al pintor y arquitecto toledano José Jiménez Donoso. Su obra pictórica se inserta en el barroco madrileño. Destaca la Visión de san Francisco de Paula. Realizó en Madrid diversas obras arquitectónicas ya desaparecidas. Fue brillante utizando las perspectivas en sus obras.

José Jiménez Donoso, nació en la localidad toledana de Consuegra hacia 1628/30; sus primeras enseñanzas las recibió con su padre, un modesto pintor local, hasta viajar a Madrid para ingresar en el taller de un discípulo de Vicente Carducho llamado Francisco Fernández.

A finales de la década de 1640 realizó un viaje a Italia, residiendo en Roma donde se empapó de barroquismo, interesándose por las perspectivas. Después de 8 años regresó a Madrid en 1657, entrando en el ámbito de Carreño de Miranda para continuar su aprendizaje, interesándose ahora por el colorido.

Fue amigo y colaborador de Claudio Coello con quien realizó numerosos frescos para la iglesia de Santa Cruz hacia 1667, la Capilla de San Ignacio y la Sacristía del Colegio Imperial de los jesuitas -hoy Colegiata de San Isidro- de Madrid (destruidos en 1673), así como el vestuario de la catedral de Toledo en 1671-73 y los de la casa de la Panadería de la plaza Mayor de Madrid en 1673-74. Preparó, junto a Coello y Matías Torres, la decoración del cuarto de la reina María Luisa de Orleans en el Alcázar Real (destruida).

Jiménez Donoso, se especializó en la traza de retablos mayores para iglesias y conventos, como el de Nuestra Señora de la Victoria de madrid, del que tan sólo se conserva un dibujo, San Francisco de Paula implorando a la a Virgen (Biblioteca Nacional, Madrid) y tres lienzos para la serie sobre la vida del fundador de la orden de los Mínimos, pintados en 1691: San Francisco de Paula ahuyentando la peste, Visión de San Francisco de Paula y Milagro de San Francisco de Paula.

Otras obras dignas de destacar son Fundación de la orden Mecedaria y Fundación de San Juan de Letrán, realizadas para el convento valenciano de la Merced Calzada de 1666 (Museo de Bellas Artes de Valencia San Pío V), los retablos de San Benito y Santa Escolástica y la Virgen del Socorro para el convento benedictino de Corella en 1668 (Museo de Arte Sacro, Corella, Navarra) y varias versiones de la Inmaculada Concepción (New York Historical Society, Nueva York y Museo de Salamanca).

Asimismo, ejecutó algunos retratos destacando entre ellos el de Don Juan José de Austria, de 1677, que fue colocado en la sala de la procuración de la cartuja segoviana de El Paular.

En 1685 fue nombrado pintor de la catedral de Toledo, sucediendo a Francisco Ricci. Un año más tarde era nombrado maestro de obras de la catedral primada, lo que avala su profesionalidad como arquitecto.

En las obras de Jiménez Donoso encontramos una formidable atracción hacia las perspectivas y las arquitecturas, empleando una pincelada rápida y ligera y un colorido inspirado en Coello.

José Jiménez Donoso falleció en Madrid el 14 de septiembre de 1690.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor toledano os resulte interesante.





Resumen Biográfico


José Jiménez Donoso, o Ximénez Donoso, (Consuegra, c. 1632 - Madrid, 14 de septiembre de 1690) fue una importante figura del arte barroco madrileño en la segunda mitad del siglo XVII, y exponente de una generación de pintores-arquitectos dotados de un gran sentido decorativo que, como Sebastián Herrera Barnuevo y Francisco de Herrera el Mozo, no sólo compusieron iglesias, sino las decoraron con retablos, lienzos y pinturas al fresco, derivadas de la técnica italiana del quadro riportato.

Aprendió los rudimentos de la pintura con su padre, el pintor Antonio Jiménez Donoso, y continuó el aprendizaje en Madrid al lado de Francisco Fernández, discípulo de Vicente Carducho. Al morir este maestro hacia 1649 se trasladó a Roma, donde permaneció siete años iniciándose en la pintura al fresco quizá con maestros como D. Canuti o F. Gherardi, que habían perfeccionado la técnica de la quadratura decorativa iniciada por los hermanos Alessandro, Giovanni y Querubino Alberti. Allí estudió también arquitectura, de la que trajo a España, según Llaguno Ceán, «los disparates borrominescos», afirmación que está por probar, pues nunca dio muestras de dominar tal estilo. Vuelto a Madrid, según Antonio Palomino,completo sus estudios de colorido en la escuela de Juan Carreño de Miranda, lo que desde luego acusa su pintura, y se esforzó por obtener el puesto de pintor de cámara de Carlos II, cosa que no consiguió y que llegó a agriar su carácter, si bien al fin de su vida fue nombrado maestro mayor y primer pintor de la Catedral de Toledo. Su dominio de la técnica del fresco y su conocimiento de las novedades italianas le valieron numerosos encargos y prestigio, colaborando con cierta frecuencia con Claudio Coello. Murió en Madrid el 14 de septiembre 1690 y fue enterrado en la iglesia de San Luis que él mismo había construido.


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La Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid, es quizá el único edificio que aún queda en píe en las que intervino como arquitecto José Jiménez Donoso.



Obra arquitectónica

Casi todas sus obras han desaparecido: tal la iglesia de la Victoria, la fachada de la parroquia de Santa Cruz y el sepulcro de los marqueses de Mejorada en los Agustinos Recoletos. De otros edificios, como el claustro de Santo Tomás y la iglesia de San Luis obispo, incendiada el 13 de marzo de 1935 y años después demolida para construir unos almacenes comerciales, por lo menos se han conservado fotografías y dibujos. Se conserva en pie la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor madrileña, que Donoso reconstruyó después del incendio de 1672. Prolongó el pórtico de arcadas construido por Juan Gómez de Mora y sustituyó el friso primitivo por otro de ménsulas pareadas del estilo del hermano Francisco Bautista, dándole un mayor claroscuro. Con un sentido muy decorativo reemplazó los lisos marcos de los balcones de los pisos superiores por plásticas molduras de guirnaldas y jarrones, de carácter plateresco; dispuso una calle central que conjugase con los ejes de las torres laterales, donde abrió un nicho retablo para alojar un gran escudo de la monarquía, y complementó las cubiertas de las torres con buhardas y capiteles. El conjunto del diseño tiene así un carácter muy festivo dentro de la tradición hispánica y no delata ningún influjo italiano. En cambio sí se advierten rasgos italianizantes en el claustro del desaparecido colegio de Santo Tomás, atribuido por Palomino a Donoso aunque por la documentación existente parece ser obra de Rodrigo Carrasco. Con un sentido más pictórico que arquitectónico, utiliza óculos ovalados y mansardas sobre los balcones de los pisos para crear una pared de cierre en una estructura arqueada. Lo que, sin embargo, da sentido a este patio no son tanto sus formas estructurales, cuanto la fina y menuda decoración pródiga en ménsulas, estípites y guirnaldas colgantes, que la emparentan más que con la de los grandes maestros del barroco romano, con la ornamentación andaluza contemporánea, que luego cultivó, por ejemplo, Luis de Figueroa. Aun así se perciben molduras de carácter borrominesco en las puertas del piso bajo. Por último en la iglesia de San Luis (1679-89) optó por un barroco austero muy de la primera mitad del siglo XVII, con un interior cuyo sobrio alzado toscano se relacionaba con el arte del hermano Francisco Bautista. Además la maqueta exterior con sus torres achapiteladas, sus ábsides rectos y volúmenes limpios y escalonados, como afirma Antonio Bonet Correa, no podía ser más castiza. En la portada, finalizada en 1725 y trasladada al pie de la iglesia del Carmen Calzado, sí se percibía algún detalle borrominesco, pero debido ya a otra mano.


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José Jiménez Donoso. Visión de san Francisco de Paula. Museo del Prado



Obra pictórica

Como pintor José Jiménez Donoso cultivó principalmente la pintura al fresco de carácter decorativo, a la manera del quadro riportato que había aprendido en Italia. Los introductores de este género en Madrid habían sido los boloñeses Agostino Mitelli y Angelo Michele Colonna, traídos en 1659 por Velázquez desde Italia. Antes de su llegada las iglesias madrileñas estaban pintadas de blanco y su decoración consistía en formas lineales o en recuadros geométricos. A finales del S. XVII sus naves, capillas y sacristías comenzaron a animar sus bóvedas con frescos de fastuoso y brillante efecto. José Jiménez Donoso decoró de esta manera las bóvedas de los Basilios, la capilla del Cristo de la iglesia de San Luis, la capilla de San Ignacio del Colegio Imperial, más tarde Colegiata de san Isidro, y la sacristía del mismo templo, obras éstas en colaboración con Claudio Coello y destruidas en la guerra civil. En 1672 y también en colaboración con Claudio Coello trabajó en el salón de la Casa de la Panadería en Madrid, y dos años después en el vestuario de la Catedral de Toledo con bellas perspectivas fingidas. Del mismo modo, con Claudio Coello y Matías de Torres preparó la decoración para el cuarto de la reina María Luisa de Orleáns en el Alcázar de Madrid, obra perdida. Una de las mejores obras del estilo decorativo-ilusionista aludido es la capilla del Milagro en el Monasterio de las Descalzas Reales (1678). Sus dos estancias rectangulares están adornadas con frescos en donde se combina la abundante decoración de roleos, frutas, guirnaldas y cortinajes con elementos arquitectónicos, columnas, entablamentos y balaustradas a las que se asoman los personajes. Aunque la parte mayor del encargo, al fresco y al temple, debió de asumirla Francisco Ricci, otros destacados fresquistas del momento participaron en ella, entre los que se cuenta Jiménez Donoso, a quien también podría corresponder la serie de los arcángeles pintados en las escalera. Suyos son también los frescos de la capilla de San José de Toledo. Dominó además la pintura al óleo. José Jiménez Donoso compuso numerosos cuadros de altar, pero no parece que cultivara con asiduidad el retrato. Su actividad como pintor de caballete se desbordó fuera de la corte: de 1666 son los lienzos de la capilla de San Juan de Letrán en el convento de la Merced de Valencia, conservados en el Museo de Bellas Arte de San Pío V de Valencia, en los que se advierte la formación romana, con sus arquitecturas de orden gigante a contraluz, y su estudio del color con Carreño. En 1668 firma los lienzos de los altares de San Benito, Santa Escolástica y la Virgen del Socorro del monasterio de Corella (actualmente en el Museo de Arte Sacro de Corella, Navarra), muy próximos en color y sensibilidad a obras de Coello. En Madrid pintó para el convento de los Mínimos de Nuestra Señora de la Victoria el gran lienzo del altar mayor, del que sólo se conserva un dibujo previo, y tres óleos de la vida de San Francisco de Paula incorporados al Museo Nacional del Prado tras su paso por el de la Trinidad, obras de factura deshilachada en las que de nuevo se advierten las deudas con Carreño y Coello. De su labor como retratista únicamente queda el retrato que hiciera de don Juan José de Austria con destino a la Cartuja de El Paular, depositado por el Museo Nacional del Prado en el Museu Víctor Balaguer de Villanueva y Geltrú.



La Casa de la Panadería


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La Casa de la Panadería es un edificio de cuatro alturas, con la planta baja porticada, estando rematado el último piso en forma de ático, y los laterales coronados por torres angulares. Está situada en el centro del lado norte de la Plaza Mayor de Madrid. Fue levantada durante la construcción de la Plaza Mayor, siendo Juan Gómez de Mora el encargado de su construcción, que terminó en 1619. Tras el segundo incendio de la plaza en 1670 fue reconstruida por Tomás Román, encargándose los pintores Claudio Coello y José Jiménez Donoso de la decoración interior y los frescos de la fachada. Tras el tercer incendio de la plaza en 1790, del que se libró la Casa de la Panadería, sirvió de referencia a Juan de Villanueva para la reconstrucción del caserío de la plaza.


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La Casa de la Panadería ha sufrido distintas remodelaciones desde entonces, entre las que destaca la llevada a cabo por Joaquín María de la Vega en 1880.

En 1988, el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso público restringido para acometer la decoración de la fachada, debido al gran deterioro de las pinturas que había realizado el pintor y ceramista Enrique Guijo en 1914. A ese concurso fueron invitados los artistas Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué y Carlos Franco, resultando ganador este último, con un proyecto basado en personajes mitológicos como Cibeles, Proserpina, Baco o Cupido, y otras inventadas por el artista, relacionadas con la historia de Madrid y de la Plaza Mayor. Los trabajos para pintar los frescos de Carlos Franco se llevaron a cabo en 1992.


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Frescos de la Casa de la Panadería

En un principio los usos de la Casa de la Panadería, albergaban en sus bajos la tahona principal de la Villa, estando desde 1732 los despachos del Peso Real y del Fiel Contraste. Entre 1745 y 1774 tuvo allí su sede la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de 1774 a 1871 la Real Academia de la Historia. A finales del siglo XIX se hace cargo de la Casa de la Panadería el Ayuntamiento de Madrid, convirtiéndola en la segunda Casa Consistorial de la Villa. Más tarde pasó a ser la sede de la Biblioteca Municipal y del Archivo Municipal. Posteriormente, seguirá albergando algunas dependencias municipales, además de instituciones como el Centro Cultural Mesonero Romanos. Actualmente sus dependencias están ocupadas por el Patronato de Turismo Madrid, encontrándose en su planta inferior (intercolumnio) el Centro de Turismo de Madrid.


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Detalle Arquitecturas fingidas. Bóveda Salón Real. Frescos de Claudio Coello y José Jiménez Donoso (1672-74). Casa de la Panadería. Plaza Mayor de Madrid

Claudio Coello. Casa de la Panadería. Plaza Mayor de Madrid. Siglo XVII. Todo está pintado, y las formas arquitectónicas que vemos son simplemente pintura aplicada sobre un techo plano.

Para conseguir el efecto de realidad (el engaño óptico) se recurría al estudio de la perspectiva extrema o anamorfosis, utilizando una serie de proporciones calculadas matemáticamente que deformaban aparentemente las figuras (se realizaba por medio de cuadricular las figuras para luego, alargando los cuadrados internos, crear las imágenes deformadas). Sin embargo, y vistas desde un punto de vista concreto (por regla general de forma lateral) se consigue que estas imágenes tengan las proporciones correctas y creen efectos de perspectiva sumamente espectaculares


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Salón Real en "La mitología en la pintura española del Siglo de Oro", libro de R.López Torrijos


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Salón Real. Casa de la Panadería. Plaza Mayor de Madrid. Frescos de Claudio Coello y José Jiménez Donoso


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Vista nocturna de la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid (España). Autores: Claudio Coello y José Jiménez Donoso (1672-74)

Más info de la Casa de la Panadería


Obras destacadas

- Visión de San Francisco de Paula. 1691 h. Óleo sobre lienzo, 172 x 163 cm. Museo del Prado.
- Don Juan José de Austria, Óleo sobre lienzo, 247 x 166 cm. Firmado en 1677 (en dep. en la Bobl. Museu Victor Balaguer de Villanueva y Geltrú, Barcelona)
- La Anunciación. Óleo sobre lienzo, 234 x 220 cm. (En dep. en la Universidad de Santiago de Compostela, La Coruña)
- Triunfo de la Santísima Trinidad. Óleo sobre lienzo, 670 x 390 cm. Firmad, 1680.
- Bautismo de Cristo. Óleo sobre lienzo, 251 x 230 cm.
- Anunciación de la Virgen, aguada sepia amarilla, pluma y preparado a lápiz sobre papel, 366 x 220 mm.
- Mendigo, pluma sobre papel, 391 x 270 mm. Copia de Velázquez.
- San Pedro del Colegio de Corpus Christi. Valencia.
- San Juan de Letrán. Convento valenciano de la Merced Calzada de 1666. Óleo sobre lienzo, 242 x 200 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia, San Pío V.
- Decoraciones de la capilla del Sagrario de la catedral de Toledo, en colaboración con Claudio Coello.
- Vestuario de la Sacristía de la Catedral de Toledo. Pinturas del techo, pintadas en colaboración con Claudio Coello.
- Frescos para la iglesia madrileña de Santa Cruz, calle Atocha, 6. Fueron pintados hacia 1667.



Algunas imágenes


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Visión de San Francisco de Paula. Obra de José Jiménez Donoso. 1691. Óleo sobre lienzo, 172 x 165 cm. Museo del Prado.

Se le representa vestido con el hábito de la Orden, con capucha, larga barba y apoyándose en un bastón en forma de tau griega. La figura del santo, concebida en una acusada diagonal, se detiene en su camino por un terreno irregular, y mira y señala al cielo, en la parte izquierda de la escena. Detrás de él, un fraile mínimo lleva a hombros a un apestado, mientras que otro, que se apoya en una muleta, se encuetra en el suelo. A la izquierda, por encima del santo, dos angelitos en forzado escorzo llevan una cartela rectangular rodeada de rayos luminosos, en la que está escrito "CHARITAS", lema de San Francisco, que alude a la práctica frecuente de esta virtud teologal. En el último término, la parte más luminosa de la composición, el pintor ha dibujado unas arquitecturas; se aprecia con claridad una portada de iglesia constituida por dos cuerpos, rematada por un frontón y por figuras de ángeles, y una hornacina en la que se aloja una imagen de la Virgen con el Niño. Esta fachada, y especialmente la torre situada a su derecha, evocan las de las iglesias madrileñas contemporáneas. La presencia constante de edificios en toda la obra pictórica de Donoso evidencia su extrordinario interés y vocación por la arquitectura y por la perspectiva.



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Cuadro de altar de la Sagrada Familia obra de José Donoso del año 1681, en el altar mayor de la Parroquia de Santa María del Prado (Merced)



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“La Asunción de la Virgen”, obra de José Jiménez Donoso. Siglo XVII. Aguada parda, pluma y preparado a lápiz sobre papel. Medidas: 366 x 220 mm. Tema: Religión. Procedencia Colección Real. Museo del Prado.


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Saint Francis Preaching to the Fishes. Oil on Canvas. 27 x 48 cm. Private collection. Obra de José Jimenez Donoso


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Visión de San Benito. Detalle de una de las pinturas del retablo. Se trata de la obra "Visión de San Benito" de José Jiménez Donoso, fechada en 1687. En ella aparece San Benito, con el tradicional hábito negro de los benedictinos y su barba, mirando hacia una bola de luz abierta en el cielo. En su interior se puede ver a dos hombres. A los pies del santo aparecen tres ángeles junto a un libro, un ave con una bola dorada en el pico, una mitra, un báculo y un pequeño hombrecillo.


No tengo imagen

Fundación de la Basílica de Letrán. Autor: José Jiménez Donoso. Óleo sobre lienzo, 242 x 200 cm. El cuadro que aquí se comenta, Fundación de la Basílica de Letrán, pertenece al lote de la Merced de Valencia de 1666 y escenifica el momento en que el papa Melquiades (311-314) asiste a la colocación de la primera piedra del conjunto lateranense en terrenos cedidos por el emperador Constantino. El cuadro es muy característico de Donoso al ofrecer una monumentalidad subrayada por la utilización de fondos arquitectónicos de sabor clásico, con gran sentido escenográfico, y nobles figuras de tono épico vistas a contraluz y en escorzo, con técnica y colorido estrechamente vinculados con Carreño. Destaca la figura del emperador con corona de laurel y manto, p recediendo a varios soldados con lanzas y la insignia imperial. A derecha, el pontífice con dos clérigos, que le llevan la tiara y la cruz, ofrece al emperador un diseño con la planta de la nueva basílica, que es mostrada por un individuo que explica sus partes. C o m p a ñ e ros de este cuadro en la Merced eran dos grandes lienzos apaisados escenificando la Concesión de indulgencias a los monjes mercedarios para su capilla en San Juan de Letrán y San Pedro Pascual celebrando misa, ingresados también en el museo con la Desamortización. Otro cuadro de Jiménez Donoso en Valencia es el San Pedro del Colegio de Corpus Christi, donado a aquella institución a comienzos del siglo XX.



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La Iglesia de Santa Cruz se encuentra en la calle Atocha número 6 esquina con la calle Santo Tomás, en el distrito Centro, se remonta al siglo XIII y ha sufrido diversas transformaciones. A José Jiménez Donoso se le atribuyen varios frescos  que fueron pintados hacia 1667.

La Iglesia de Santa Cruz, ocupa el solar en que se encontraba el convento de Santo Tomás, de Padres Dominicos. La iglesia actual se empezo a construir bajo la dirección de larquitecto diocesano marqués de Cubas. Es de estilo neogótico en ladrillo y piedra blanca. Consta de una nave y ocho capillas laterales. Llama la atención su torre de más de 80 metros de altura. El relieve de la fachada "Exaltacion de Cristo" es obra del escultor segoviano Aniceto Marinas.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el pequeño trabajo recopilatorio dedicado al pintor y arquitecto toledano José Jiménez Donoso, un gran artista barroco qué cómo tantos, actualmente su obra está en el olvido.



Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, artehistoria, museodelprado.es, elsayon.blogspot.com.es viendomadrid.blogspot.com, caminandopormadrid.blogspot.com, arteespana.com, sdelbiombo.blogia.com, flickr.com, artedemadrid.es, fotomadrid.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: Jiménez Donoso, José 
 
MARTIRIO DE SAN FERMÍN, DE JOSÉ JIMÉNEZ DONOSO (CASA CONSISTORIAL DE PAMPLONA)



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Martrio de San Fermín, de José Jiménez Donoso (1687)
Casa Consistorial de Pamplona
(AMP, Fototeca)


En la planta noble de la Casa Consistorial de Pamplona se conserva el Martirio de San Fermín, óleo sobre lienzo, obra del pintor madrileño José Jiménez Donoso, adquirido por el Ayuntamiento en 1960 a la razón social de Madrid “Sucesores de Rodríguez y Jiménez, S.L.” en la cantidad de 60.000 ptas., de conformidad con su acuerdo plenario de aquel 13 de junio (1). En las gestiones mantenidas entre la casa de antigüdades vendedora y la Corporación adquirente, entonces presidida por el alcalde D. Miguel Javier Urmeneta, actuó como eficaz intermediario don José María de Huarte y de Jáuregui, marqués viudo de Valdeterrazo. Anduvieron rápidos el Consistorio y su agente, pues de la correspondencia mantenida se deduce el interés manifestado por la historiadora del Arte D.ª Maria Luisa Caturla -conocida experta en Zurbarán-, en la compra de la tela por parte del Museo del Prado. Precisamente ese año la señora Caturla fue nombrada vocal del Real Patronato de aquella pinacoteca (2). A finales de octubre de 1960, según informaba la prensa local, El Martirio de San Fermín, adquirido por el Ayuntamiento en junio, ya ocupaba lugar significado en la Casa Consistorial (3).


El autor

José Jiménez Donoso fue un destacado pintor y arquitecto barroco de la escuela madrileña, activo en la segunda mitad del siglo XVII. Nació en Consuegra (Toledo) hacia 1630 -las referencias oscilan entre 1628 y 1632-; hijo del también pintor Antonio Jiménez Donoso, de quien aprendería los rudimentos. En Madrid fue aprendiz de Francisco Fernández, a su vez discípulo de Vicente Carducho. Entre 1649 y 1650 Donoso marchó a Roma para ejercitarse en la pintura de perpectivas arquitectónicas, mediante el conocimiento del estilo de Pietro da Cortona, entre otros. De regreso a la Corte en 1657, completó sus estudios con Juan Carreño de Miranda, para aprender el uso de los colores, al decir de Palomino, su biógrafo. Fue colaborador frecuente de Claudio Coello, con quien realizó los frescos para la madrileña iglesia de Santa Cruz (1667-1668), los de la capilla de San Ignacio y de la sacristía del Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid, en 1673 (estos últimos, desaparecidos), así como los del vestuario de la Catedral de Toledo (1671-1673), con ajustadas perspectivas fingidas; y los de la Real Casa de la Panadería de Madrid (1673-1674). Por cierto, la reconstrucción de este edificio en la Plaza Mayor madrileña, a consecuencia del incendio acontecido en 1672, se debe a Donoso; y avala su doble condición de arquitecto y pintor -compartida con otros artistas coetáneos-, por lo demás, poco afortunado en la perduración de los varios edificios por él proyectados, que han llegado al presente significativamente reducidos en número. Uno de los mejores ejemplos del ilusionismo decorativo del momento lo constituye la decoración pictórica, al fresco y al temple, de la capilla del Milagro, en el Monasterio de las Descalzas Reales (1678): aunque en su mayor parte fue acometida por Francisco Ricci, hubo de contar con diferentes colaboradores, entre los que se incluye Donoso. Con Claudio Coello y el palentino Matías de Torres, José Donoso concibió la decoración para el cuarto de la reina María Luisa de Orleans, en el Alcázar de Madrid, obra perdida en 1734.

José Jiménez Donoso fue también arquitecto y tracista de retablos para iglesias y conventos, que incluyeron cuadros de altar -lienzos al óleo-de su mano. Su labor como pintor de caballete se difundió en y, también, lejos de la Corte. El Museo de Bellas Artes de Valencia custodia dos lienzos datados en 1666, procedentes del convento de la Merced Calzada de aquella ciudad del Turia: La Fundación de la Orden Mercedaria y la Fundación de la Basílica de San Juan de Letrán. La Biblioteca Nacional conserva un dibujo previo que representa a San Francisco de Paula implorando a la Virgen, único vestigio hoy existente del retablo mayor de Nuestra Señora de la Victoria, de Madrid. El Prado alberga asimismo tres lienzos referentes a la vida de San Francisco de Paula, fundador de los Mínimos: San Francisco de Paula ahuyentando la peste, Visión de San Francisco de Paula,y Milagro de San Francisco de Paula; y existen además distintas versiones de su Inmaculada Concepción, tanto en España (Museo de Salamanca) como en el extranjero (New York Historical Society). Como retratista Donoso ha legado una única efigie, correspondiente a Don Juan José de Austria, tela realizada para la segoviana Cartuja del Paular en 1677 y hoy depositada por el Museo del Prado en la Biblioteca Museo Víctor Balaguer, de Villanueva y Geltrú.

Nombrado Director de Pinturas de la Catedral de Toledo en 1686 y su Maestro Mayor de Obras al año siguiente, José Jiménez Donoso murió en Madrid el 14 de septiembre de 1690. Fue enterrado en la desaparecida iglesia de San Luis Obispo, construida entre 1679 y 1689, que él mismo había proyectado.

Obra de Donoso en Navarra

En Navarra se conserva obra de Jiménez Donoso en dos cenobios de benedictinas: el antiguo convento de la Encarnación, de Corella, hoy Museo de Arte Sacro; y el monasterio de Santa María Magdalena, de Alzuza. En el primer convento, por una parte se halla un lienzo que representa a la Virgen del Socorro -según la iconografía que para el tema había determinado Claudio Coello en 1681-, encajado “a posteriori” en un retablo costeado, ya en el segundo tercio del XVIII, por el marqués de Castelfuerte, virrey del Perú y conocido mecenas. Y por otra parte, en el mismo convento-museo corellano, el retablo colateral, dedicado a San Benito y Santa Escolástica y fechado en 1668, que aparece firmado por “Joseph Donoso” (4). Un retablo situado en el claustro del monasterio de benedictinas de Alzuza contiene dos cuadros de José Jiménez Donoso, pintados en 1687. Uno de los lienzos representa la Imposición de la casulla a San Ildefonso y el otro, a San Benito en éxtasis, contemplando a la Santísima Trinidad (5).


El Martirio de San Fermín

Sobre un lienzo de notables proporciones (230 x 138 cm.) Donoso compone de manera espléndida la escena de la ejecución del Santo, que tiene lugar sobre un patíbulo arquitectónico cuyo despiece de sillares marmóreos se aprecia. La plataforma es exenta, pues deja ver sendas parejas de espectadores, situados detrás y delante.


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Martrio de San Fermín, de José Jiménez Donoso (1687)
Detalle, con la firma y fecha
Casa Consistorial de Pamplona
(AMP, Fototeca)


El cuerpo del reo, arrodillado sobre un paralelogramo de madera que contribuye a acentuar el punto de vista bajo y la proyección de las arquitecturas de fondo elegidos por el pintor, ofrece sin resistencia la garganta al cuchillo del verdugo. Los eslabones de una cadena, -que parece sujetar el tobillo de la víctima, tras el borde del alba-, en lo distendido de su trazado curvo manifiestan su innecesaria función. Sobre la madera se aprecia una inscripción con las letras capitales D.O.N. y el número 87, correspondientes al apellido del pintor y al año en que ejecutó el lienzo, 1687. Plenamente barroca, la composición se articula en distintas diagonales abiertas. Cabe destacar la línea teórica que enlaza el brazo y el cuchillo del ejecutor con la mirada del personaje encargado de supervisar el suplicio, que en un gesto instintivo de su mano, semiocultando el rostro, acentúa el patetismo del momento. Las manos abiertas del Obispo trazan una paralela que intensifica la recta descrita, al igual que hace, más abajo, el revoloteo carmín de la capa pluvial. El astil de lanza o bengala de autoridad del personaje situado a la derecha apunta a una inscripción escrita en latín, con caracteres capitales que dice: PRA(E)SULIS EN CAPUT, FERMINI PAMPILONENSIS (“He aquí la cabeza del Obispo, el pamplonés Fermín”). Sobre un cielo azul, con celajes de nubes propios de la escuela madrileña, dos ángeles se disponen a otorgar a Fermín la corona y la palma del martirio: sus cuerpos, graduados en altura, también intensifican las diagonales antes analizadas, ahora cruzadas por otra que, desde la palma hacia abajo, enlaza con la mitra y cuerpo del mártir. De todo ello resulta el realce de la juvenil cabeza, levemente barbada, que además está nimbada de blanco. El contemplador del lienzo se ve integrado en la escena, que de algún modo se le abalanza encima como consecuencia del uso del punto de vista bajo, la perspectiva “de la rana”, tan del gusto de la escuela veneciana; y por la proyección curva de la magnífica arquitectura del fondo, intensificada, como por la proa de un barco, por el vértice invasivo del cajón de madera. Las figuras cortadas a izquierda y derecha, de frente o espaldas, sorprendidas como por un enfoque fotográfico, proporcionan la sensación vivaz de una instantánea. El tema se presenta en público, a plena luz del día, con intenso colorido y estudiado juego de luces y sombras. en forma de abanico.


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Decapitacion de San Fermín. Catedral de Amiens, trasaltar (1490-1530)

Conviene relacionar este Martirio de San Fermín, pintado por Jiménez Donoso en 1687, con otro San Fermín realizado dos años antes, en 1685, para la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, por encargo devocional del navarro José Aguerri, secretario del rey, y de su hijo Félix, vizconde de Torrecilla Peñatajada. Esta tela coincide en el tiempo con el traslado de la piadosa entidad a su nueva sede, el convento de trinitarios de la madrileña calle Atocha (6). El lienzo, también de notables proporciones (208 x 165 cm.), se conserva actualmente en el domicilio congregacional de Eduardo Dato, 10, tras algunas vicisitudes. Presenta al santo titular como intercesor, en imagen de culto, ya alcanzada la gloria inmediatamente después del martirio, cuya escena se esboza en la penumbra del angulo inferior derecho (7). Son muchas las coincidencias estéticas y técnicas que a simple vista se observan en ambos cuadros, incluso en mínimos detalles. Pero sobre todo parece imprescindible resaltar las concomitancias en la representación del martirio, asunto principal en el lienzo del consistorio pamplonés; y detalle abocetado, en la composición matritense.

En ambos casos coincide la elección del plano arquitectónico elevado como soporte de la dramática escena: sea plinto o sea graderío, recrecidos uno u otro con un paralelogramo de madera. Coincide la postura del mártir, la inminencia de la ejecución, la aproximación del verdugo por detrás -con ánimo de degollar, no de decapitar-así como la contrapuesta figura situada a la derecha, que en un supuesto porta un hachón en la mano, imprescindible elemento para iluminar el episodio, que sucede de noche, en una lóbrega mazmorra. En las dos ocasiones San Fermín recibe de lo alto la inmarcesible corona del martirio.


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San Fermín, de José Jiménez Donoso (1685)
Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid


Cabe hacer un par de precisiones respecto a la iconografía. Tradicionalmente la ejecución de San Fermín se ha representado mediante decapitación. Así aparece, por ejemplo, en el conjunto escultórico de relieves situados en el trascoro de la catedral de Amiens, (lado de la epístola), sede episcopal y martirial del obispo pamplonés, realizados en la fase final del gótico, entre 1490 y 1530. Muchos ejemplos aducibles en escultura, pintura, orfebrería y vidrieras plasman esta tradición, avalada por testimonios documentales o literarios, al margen de su intrínseco valor histórico. Respecto al escenario y hora el martirio se ha considerado como ocurrido de noche -con la agravante de nocturnidad, que alegarían los profesionales del Derecho-y en la soledad de una mazmorra.


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Martirio de San Fermín (Detalle del anterior)

El jesuita Miguel José Maceda publicó en 1798 las Actas sinceras referidas a los santos Saturnino, Honesto y Fermín. Por lo que respecta a san Fermín dice haber consultado dos manuscritos de Amiens y Amberes cotejados por los bolandistas con otros seis y con la edición de Bosquet (8). En resumen, el texto latino del P. Maceda viene a decir que: Interrogado Fermín por el gobernador Sebastián, quien, instancias de los sacerdotes del culto romano oficial, se ha personado en Amiens desde Treveris, el obispo responde públicamente a las acusaciones ante la admiración y simpatía del pueblo. Temeroso Sebastián de una posible reacción popular en favor del prelado, decide con disimulo dejarlo libre, a la vez que ordena secretamente a los soldados que, llegada la noche, lo apresen y encarcelen. Así se hace, en cumplimiento del mandato, quedando recluído el pamplonés en un calabozo de la lóbrega cárcel (9). Durante la noche siguiente, mientras el pueblo de Amiens se ha entregado al sueño, observa Fermín la presencia de gente armada en la cárcel y, considerando inminente su muerte violenta, se prepara con preces de fe y aceptación gustosa. Terminada la cual, uno de los soldados desenvaina la espada y sin miramiento alguno descarga el arma sobre la cerviz del mártir (10).


Notas:

1. Archivo Municipal de Pamplona (AMP), Actas Pleno, Libro 33, pp. 9 y 10; sesión 13-junio-1960.
2. AMP, Secc. Central. Ayuntamiento-Acuerdos, 1960; expte. 133.
3. “NOTAS DEL REPORTER.-En el vestíbulo del piso principal del Ayuntamiento ha sido colocado el magnífico cuadro de San Fermín adquirido en Madrid por la Corporación. Se trata de un antiguo lienzo de indudable mérito pintado por el afamado artista Donoso, discípulo de Veronés, que representa el martirio de nuestro glorioso Patrón. Es el mejor adorno de nuestra Casa Consistorial” (Diario de Navarra, 25-octubre-1960, pág. 9)
4. GARCÍA-GAINZA, M.C. y OTROS, (1980) pp. 130-132.
5. GARCÍA-GAINZA, M.C. y OTROS, (1992) pp. 168 y170.
6. ORBE SIVATTE, A. y ANDUEZA UNANUA, P., (2004) pp. 71-72. GARCÍA GAÍNZA, M.C., (2005), pp. 117 y 127.
7. Fermín, a la par que muere confesando a la Santa Trinidad, es simultáneamente coronado con gloria en el Cielo: “Sicque Martyr Domini est in confessione sanctae Trinitatis effectus, et in coelis gloriose coronatus” (MACEDA, Miguel Joseph de, (1798), p. 303).
8. MACEDA, Miguel Joseph de, ACTAS SINCERAS/ NUEVAMENTE DESCUBIERTAS/ DE LOS SANTOS/ SATURNINO, HONESTO Y FERMIN, APOSTOLES DE LA ANTIGUA VASCONIA/ (HOY NAVARRA Y SUS VECINDADES)/ por las quales se pone en claro el tiempo/ en que floreciéron, y el Obispado/ de San Fermin. Madrid: Imprenta Real, 1798. (Entre las páginas 277 y 306 reproduce las ACTAS DE SAN FERMIN/ PUBLICADAS POR BOSQUET Y LOS BOLANDISTAS. Así como la VITA SANCTI FIRMINI. Ex duobus ms. Ambianensi, et An-/tuerpiensi collatis à Bolandinis cum/ sex alii, et cum editione/ Bosqueti) .
9. “milites, nimia cum severitate, prout eis jussum fuerat, eum improvise comprehenderunt et comprehensum ad carcerem usque perduxerunt”... “Cumque inter eorumdem manus, divino insignitus auspicio, Christum Dei Filium pro eorum viva voce non cessaret laudare, concite eum in ergastulo obscurissimi carceris retrudentes, signatoque hostio, adhibitis custodibus, abierunt.”(MACEDA, Miguel Joseph (1798), p. 302).
10. “Nocte vero sequenti cum plebs Somonobrica sese sopori dedisset, ensiferi assunt milites, parati sui nequissimi Praesidis jussa patrare”. (MACEDA, Miguel Joseph (1798), pp. 302-303). Tras la plegaria, la muerte: “His itaque dictis, unus militum impiissimo evaginato gladio, sanctam non timuit ferire cervicem” (MACEDA, Miguel Joseph (1798), p. 303).


Fuente: unav.es
José Luis Molins Mugueta
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro
 




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