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Max Beckmann
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Mensaje Max Beckmann 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Max Beckmann (12 de febrero de 1884 - 27 de diciembre de 1950) fue un pintor expresionista alemán.


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Max Beckmann. Autorretrato con copa de champán, 1919.

Beckmann nació en Leipzig en el seno de una familia de granjeros, que abandonaron la granja para establecerse en Leipzig después de su nacimiento. Beckmann comenzó a dibujar a una edad temprana y en 1900 ingresó en la Academia de Artes de Weimar.

Beckmann contrajo matrimonio con Minna Tube en 1903, y ambos se trasladaron a París. Beckmann también visitó Florencia y Génova antes de establecerse en Berlín, en 1904. Su primera exposición fue en 1912, y sus primeros cuadros muestran la influencia de los impresionistas. Su obra tuvo éxito y Beckmann pudo dedicarse por entero al arte.

Beckmann sirvió como médico durante la Primera Guerra Mundial, pero fue dado de baja tras sufrir una crisis nerviosa. Se considera que sus experiencias en la guerra tuvieron un enorme efecto en su obra posterior y sus cuadros comenzaron a adoptar un estilo expresionista.

Beckmann dio clases en Fráncfort del Meno desde 1915, pero fue despedido de su puesto por el partido Nazi en 1933. A principios de los años 30, visitó París con frecuencia para pintar y fue durante esta época que empezó a usar los trípticos, influido en parte por El Bosco.

Sus cuadros fueron clasificados como degenerados (ver Entartete Kunst) por los nazis en 1937 y Beckmann se estableció en Ámsterdam.

En 1947, abandonó Ámsterdam para establecerse esta vez en los Estados Unidos. Primero, Misuri y, más tarde, Nueva York. Murió en 1950 por un ataque al corazón mientras se dirigía al Museo Metropolitano para asistir a una exposición de su obra.


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Max Beckmann. Tríptico del Carnaval.

Beckmann pintó varios autorretratos, incluyendo Autorretrato en Esmoquin (1927), que es considerado un clásico. Muchas otras de sus obras representan escenas de la vida cotidiana. A menudo muestran grotescos cuerpos mutilados y se consideran una crítica al gobierno alemán de los años 1920 y 1930, además de una alusión a sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial.

A lo largo de su vida Max Beckman sólo realizó ocho esculturas en bronce. Reproducen figuras humanas en movimiento, como bailarines haciendo el spagat o el pino puente. Estas piezas tan especiales fueron expuestas en el Instituto Städel en Fráncfort del Meno.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






algunas obras



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Max Beckmann, Die Raucher (The Smoker), 1916.


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Max Beckmann, Upper half, musicians on balcony, 1919.


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Max Beckmann. Autorretrato, 1918. Drawings in the Speed Art Museum


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Max Beckmann. Self-Portrait in Blue Jacket, 1950


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Max Beckmann, Quappi in Grey, 1948.


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Max Beckmann. Departure Frankfurt 1932, Berlin 1933-35. Obra de Max Beckmann


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Max Beckmann. Family picture, 1920. MoMA. Obra de Max Beckmann, Fue impresionista, después expresionista y militante destacado de la nueva objetividad. Su tortura interior -provocada por su participación en la Primera Guerra Mundial- la trasladó a los lienzos, con figuras grotescas y mutiladas. A los nazis no les gustó. Lo vetaron. Beckmann pudo huir y seguir creando. Murió en Nueva York, donde en 2018 le homenajearon en el Metropolitan de Nueva York, y se vio esta obra, que pertenece al MoMA.
 

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El gran teatro de variedades con фокусником y bailarina. Obra de Max Beckmann


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Mujer con mandolina. 1950. Óleo sobre lienzo, 92 x 140 cm. Bayerische Staatsgemäldesammlungen. Munich. Obra de Max Beckmann


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Lirios Negros (1928) Óleo sobre lienzo. 74.9 x 41.9 cm. Colección particular. Obra de Max Beckmann


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Afternoon.1946. Óleo sobre lienzo, 89.5 x 133.5 cm. Museum am Ostwall. Dortmund. Obra de Max Beckmann


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Infierno de Pájaros. 1938. Óleo sobre lienzo, 120 x 160 cm. St. Louis Art Museum. St. Louis. Obra de Max Beckmann


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Lido. 1924. Óleo sobre lienzo, 72.5 x 90.5 cm. St. Louis Art Museum. Obra de Max Beckmann


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Quappi, 1934. Óleo sobre lienzo, 139.5 x 59.5 cm. MoMA. Nueva York. Obra de Max Beckmann


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Embarcadero de hierro, 1922. Óleo sobre lienzo, 120.5 x 84.5 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Dusseldorf. Obra de Max Beckmann


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A man and a woman at the tree. Obra de Max Beckmann

Ver más obras de Max Beckmann



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Max Beckmann (1884-1950) fue un pintor alemán. Sirvió como médico durante la Primera Guerra Mundial, pero fue dado de baja tras sufrir una crisis nerviosa. Se considera que sus experiencias en la guerra tuvieron un enorme efecto en su obra posterior y sus cuadros comenzaron a adoptar un estilo expresionista.


Fuentes y Agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, epdlp.com, museothyssen.org, fineartmultiple.com, arthive.com, xlsemanal.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Max Beckmann 
 
Max Beckmann, el exorcista

El expresionismo de este artista cobra actualidad en los cuerpos mutilados de cada telediario



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'Los argonautas', la obra que Max Beckmann terminó el mismo día de su muerte de un ataque al corazón, el 27 de diciembre de 1950, en el Thyssen. CARLOS ROSILLO

A principios del siglo XX, en los balnearios de Europa los burgueses alegres y confiados tomaban las aguas propicias y bailaban al son de orquestas de violines y trombones, sin saber que fuera de su preservada felicidad el mundo estaba a punto de saltar en pedazos. Algunos artistas fueron los primeros en presagiar esta tragedia. Pablo Picasso había sentenciado: “Cuando una figura no cabe en el cuadro se le cortan las piernas y se colocan a uno y otro lado de la cabeza”. El 28 de junio de 1914, en Baden Baden sonaba un vals bajo los perfumados tilos del parque y en medio de una perfecta armonía, de repente, la orquesta dejó de tocar. Algunos oyentes rodearon a un guardia que en ese momento estaba fijando en un tablón visible un cartel con la noticia de que el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del imperio austrohúngaro, y su mujer habían sido asesinados en Sarajevo.

Nadie dio demasiada importancia a ese hecho, de modo que el vals comenzó a sonar de nuevo desde el mismo compás en que se había interrumpido y aquellos felices burgueses siguieron ejerciendo su exquisita cortesía en los blancos sillones. Nadie supo explicar cómo sobrevino la guerra, pero de pronto aquel espejo de felicidad evanescente se llenó de sangre. La mayoría de pintores expresionistas alemanes, entre otros, George Grosz, Otto Dix, Erich Heckel, Ludwig Kichner y Max Beckmann ya habían presagiado en su obra este descuartizamiento de las figuras de carne y hueso que se avecinaba.

El pintor y escultor alemán Max Beckmann era reacio a que le encasillaran como expresionista. Rechazaba cualquier etiqueta. De hecho, después de la Primera Guerra Mundial, durante la República de Weimar, fue académico de las Artes, gozaba de reconocimiento y prestigio, exponía con éxito en las mejores galerías, impartía clases en centros oficiales y era agasajado por la crítica y por los representantes de la cultura establecida. Pero pasó el tiempo y, en abril de 1936, Beckmann se encontraba en Baden Baden, donde se celebraba también una fiesta y los acordes del vals sonaban bajo los mismos tilos en flor de 1914. Desde allí escribió a su segunda mujer, Matilde von Kaulbach, más conocida por Quappi, una carta llena de amarga ironía en la que describía el tenso ambiente que se respiraba entre los huéspedes del balneario: “Hoy vuelve a ser un radiante día de primavera en honor del Führer, con muchas esvásticas ondeando. Qué fantástico poder vivir este momento”. En poco tiempo, Beckmann pasó de recibir toda la veneración a ser acusado de bolchevique cultural por el Gobierno.

En 1937, comenzó el ataque sistemático del ministro de Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, contra el arte moderno. Muchos cuadros de Beckmann fueron descolgados de los museos alemanes y sirvieron de tope en las puertas de los despachos de los burócratas del nacionalsocialismo, mientras se preparaba la gran exposición del arte degenerado en Múnich, donde los cuadros de los expresionistas se presentaron mal colgados, torcidos y arrumbados, de forma que el público pudiera someterlos a burla y desprecio. A partir de ese momento, Beckmann decidió abandonar Alemania y expresó ese propósito a algunos amigos exiliados. Hedda, una de las hermanas de Quappi, residente en Ámsterdam, a la sazón de paso por Baviera, simuló un viaje familiar y se los llevó a Holanda. El pintor ya no volvería más a su país. Murió en Nueva York en 1950.

La exposición Beckmann. Figuras del exilio, en el Museo Thyssen-Bornemisza, comisariada por Tomás Llorens, recoge 50 óleos, dos esculturas y una carpeta con 11 serigrafías, realizados por el pintor durante ambos exilios, el interior y el exterior. A la inauguración oficial asistió ayer el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, de visita oficial en Madrid, lo que significa que Beckmann, en su día denostado por los nazis, recobró enseguida con creces la bendición oficial y ha sido exaltado por precios exorbitantes en las subastas, sin perder el efecto corrosivo que tiene de alegoría frente a la danza macabra del mundo de hoy.

La ciudad convierte al ser humano en un ente anónimo sin identidad. De hecho, cada ciudadano camina por la calle con el rostro convertido en un espectro. En esta nueva Babilonia electrónica se agitan los mismos payasos de entonces, las escenas de cabaret político se suceden hoy en los Parlamentos y el circo mediático acrecienta un interminable baile de máscaras.

En la etapa anterior a la Gran Guerra, Beckmann expresó su mundo con figuras redondeadas y con una serie de autorretratos. Luego, bajo el espejo evanescente de los felices años veinte, los burgueses decidieron olvidar la pasada carnicería y volvieron a bailar el vals y, mientras esta alegre fiesta sucedía, las criaturas de Beckmann comenzaron a adquirir una contorsión corporal casi diabólica, que no era sino la premonición de otra inminente tragedia que llegaba con la ascensión de Hitler al poder. Poco después, las imágenes de los campos de concentración convirtieron a Beckmann en un exorcista. El carnaval de violencia continúa, de forma que hoy el expresionismo de Max Beckmann se hace actualidad en cada telediario con la sucesión grotesca de cuerpos mutilados.

Manuel Vicent / elpais.com
 




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Mensaje Re: Max Beckmann 
 
Max Beckmann, el gran cronista de la Alemania del XX

El Museo Thyssen reúne 52 pinturas del pintor, prestadas por colecciones de todo el mundo



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Un visitante contempla este miércoles la obra 'Quappi con suéter rosa', en el Museo Thyssen. CARLOS ROSILLO

Autor de una obra vitalista, radical, sensual, erótica, violenta y cruel, Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) utilizó las metáforas para narrar la trágica historia del siglo XX. Dos guerras mundiales y un exilio que le llevaría a deambular por Europa y Estados Unidos para nunca más volver a su tierra. Considerado como el artista más representativo de la cultura alemana es, sin embargo, un creador casi ausente en las colecciones españolas (el Thyssen tiene tres obras más otra de Carmen Cervera). El Museo Thyssen-Bornemisza ha inaugurado Beckmann. Figuras del exilio, primera que se le dedica en España desde hace dos décadas y en la que se reúnen 52 obras de coleccionistas de todo el mundo, principalmente de Alemania y EE UU. Se podrá ver en Madrid hasta el 27 de enero y, a partir del 21 de febrero, en el CaixaForum de Barcelona.

Tomás Llorens, exdirector del Thyssen, es el comisario de esta muestra a la que ha dedicado los cinco últimos años. Por Beckmann se adentró en los estudios del arte y este es el proyecto más satisfactorio de su larga carrera. La ha ideado en colaboración con Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.

Venerado en Alemania, Beckmann no es muy conocido en el resto de Europa. Llorens ha explicado durante un recorrido por la muestra que se salda por fin una deuda con uno de los artistas más fascinantes del siglo XX. Según el experto, Beckmann intentó hacer un arte puramente alemán, quería contar la vida. “Es un gran pintor que se vale de las metáforas para narrar lo malo que le tocó vivir en el XX”. Individualista feroz y enemigo de toda etiqueta, la actitud de Beckmann frente al arte podría compararse a las de Van Gogh, Cézanne y Picasso: hizo en todo momento lo que quiso al margen de las tendencias.

Llorens describe al artista como un hombre afable, atractivo, bebedor y mujeriego que se casó en dos veces. La primera con la soprano Minna Tube, con quien tuvo a su único hijo, y después con la artista Mathilde von Kaulbach, Quappi, modelo de decenas de sus obras, como Quappi con suéter rosa (1932-1934), propiedad del Thyssen.

La exposición está dividida en dos partes. La primera, muy autobiográfica, se centra en Alemania, desde las vísperas de la Primera Guerra Mundial hasta el ascenso del nazismo en 1933. Periodo en el que consigue un gran reconocimiento y que termina con su expulsión de la Escuela de Fráncfort y la llegada de Hitler.

El mismo día en el que se inauguró la muestra de arte degenerado, Beckmann se trasladó a Ámsterdam. De este periodo son los trípticos (se exponen tres de los nueve que se conservan), un formato adoptado de los maestros antiguos alemanes. El hilo conductor del resto es el exilio. Sobre grupos de personajes caricaturizados y de fuerte colorido, la máscara se convierte en la gran protagonista. Tumultos de identidades confundidas abarrotan sus cuadros. Es la metrópolis moderna donde las identidades desaparecen. Finalmente, el mar es el motivo para hablar de la lejanía y del exilio, de lo inconmensurable y lo desconocido. En este apartado destaca su tríptico Los argonautas, que terminó el 27 de diciembre de 1950. Ese mismo día murió de un ataque al corazón en Nueva York.

Mayen Beckmann, nieta del artista y una de las gestoras de su legado, precisó tras recorrer la muestra que su abuelo “era, ante todo, europeo”. “Hay mucha tragedia en su obra, pero también rebosa sensualidad, humor y vida. No todo era tristeza”, afirmó.


Ángeles García
ELPAIS.COM
 




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Mensaje Re: Max Beckmann 
 
Exposición Museo Nacional Thyssen-Bornemisza


Max Beckmann. Figuras del exilio

Del 25 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019



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Autorretrato con la mano levantada, uno de los más precoces, que pintó durante el verano de 1908 en Hermsdorf, el barrio del norte de Berlín donde estaba situado su estudio, nos muestra una potente imagen del artista a la edad de veinticuatro años. Su carácter inacabado, con algunas partes del lienzo a la vista, acentúa la factura suelta y empastada que lo pone en relación con los pintores alemanes de la órbita impresionista, como Max Liebermann, Lovis Corinth o Max Slevogt.


Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) fue uno de los artistas alemanes más destacados del siglo XX. De espíritu independiente y solitario, desarrolló un estilo expresionista con un lenguaje completamente personal, alejado de cualquiera de las tendencias de sus contemporáneos.

Tras haber estudiado, de 1900 a 1903, en la Kunstschule de Weimar, una academia defensora de la pintura al aire libre, estuvo en París durante un año, protegido por el historiador alemán Julius Meier Graefe. En la capital francesa conoció la obra de los impresionistas, y descubrió a Cézanne y a Van Gogh. Desde 1904 hasta la Primera Guerra Mundial vivió en Berlín, donde se casó con su primera esposa, Minna Tube, se vinculó a la Berliner Sezession y realizó numerosas exposiciones. Se alistó voluntario en la Primera Guerra Mundial, pero tuvo que abandonar el campo de batalla por una crisis nerviosa. La guerra agudizó su escepticismo y desilusión, y su estilo pictórico se hizo más dramático. En 1917 se instaló en Frankfurt, donde años después ejerció como profesor del Städelsches Kunstinstitut. Durante los años veinte pintó numerosos retratos y autorretratos, temas figurativos, paisajes y bodegones.

En 1925 expuso en el Kunstverein de Frankfurt, en la prestigiosa galería de Paul Cassirer de Berlín y fue incluido en la muestra dedicada a la Neue Sachlichkeit (nueva objetividad) en Mannheim. Ese mismo año se casó con Mathilde von Kaulbach, llamada familiarmente Quappi, que sería a partir de entonces la protagonista de sus obras. En 1928 Gustav F.Hartlaub organizó una importante retrospectiva de su obra en la Kunsthalle Mannheim, al tiempo que su fama iba en aumento. Desde 1930 abrió un estudio en París, donde pasó largas temporadas, aunque nunca mantuvo una relación especial con el mundo artístico parisiense. Con la llegada del nazismo su vida dio un brusco giro y su ascendente fama artística se vio truncada. En 1937, al día siguiente de la inauguración de la exposición Entartete Kunst (Arte degenerado) en la que se exponían varias obras suyas, decidió salir de Alemania y residió durante unos años entre París y Amsterdam. En esta ciudad holandesa, en la que vivió refugiado durante la Segunda Guerra Mundial, hizo importantes series de obra gráfica, entre las que destacan las litografías del Apocalipsis, en las que dejó reflejada su personal visión de la situación europea. En 1948 se trasladó a vivir a Estados Unidos, donde ejerció como profesor en San Luis y Nueva York, ciudad en la que murió sin haber regresado a su país natal.


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El incisivo y personal estilo de Beckmann se tornó más suave a partir de mediados de la década de 1920, coincidiendo con el momento en que conoció y contrajo matrimonio en segundas nupcias con Matilde von Kaulbach, más conocida como Quappi. Los gruesos contornos negros, que en otro tiempo representaron con amargura la sociedad que le rodeaba, delimitan a partir de este momento los rasgos de su joven y atractiva mujer. Quappi, vestida a la moda con un cigarrillo entre los dedos es convertida por la rápida técnica de Beckmann en el prototipo de la mujer moderna: decidida y segura de sí misma. El retrato fue comenzado en 1932 y finalizado en 1934, cuando Beckmann cambió la fecha y la expresión de Quappi, haciendo su sonrisa más comedida y más acorde con la preocupación de la pareja ante la llegada de los nazis al poder.


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Stilleben mit gelben Rosen es el título con el que Beckmann anotó esta pintura en el inventario de su obra de 1937. Fue pintada en Amsterdam en pleno momento de tensión emocional, tras su huida de Berlín al día siguiente de que el führer inaugurara en la Haus der Deutschen Kunst de Múnich la muestra Entartete Kunst (Arte degenerado), en la que se aniquilaba el arte moderno. Los diez años que vivió exiliado en Amsterdam, con estancias esporádicas en París, constituyen un periodo bastante fructífero en su carrera, en el que pintó algunos de sus más importantes trípticos y composiciones alegóricas. Como consecuencia de la crisis emocional que tuvo que padecer, Beckmann se refugió en una imaginería mitológica, de denuncia del horror y de los estragos del nazismo. De forma simultánea, a modo de contrapunto, pintó una serie de bodegones y paisajes en los que el artista evita toda alusión alegórica o cualquier tipo de denuncia política.


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Este óleo sobre lienzo fue pintado por Max Beckmann durante su exilio en Rokin, barrio de Amsterdam, en los últimos meses del año 1942. Representa una pareja en primer plano, la mujer en el medio de la composición mirando al frente, vestido con chaqueta y un pañuelo sobre la cabeza de amarillos ácidos, el hombre de perfil en la derecha con tonos verdes y azules. A la izquierda una gran franja negra de la que sale una especie de poste de luz, también de color amarillo ácido, y de la sombra oscura surge un animal en negro, sobre el que se deja ver un fondo en violeta. La rodilla izquierda del hombre parece apoyarse sobre una especie de banqueta. Las dos caras se miran entre sí sin tocarse, pero sus tonos se empastan. Se diferencian, sin embargo, el amarillo de la mujer y el azul del gorro del soldado y de la chaqueta. Su pantalón tiende a verdes azulados, perdiéndose su pie y la banqueta, asimismo, en negro. La bestia que contempla la «despedida» tiene los ojos, nariz y cabeza remarcados


museothyssen.org
 




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