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Alexander Calder (1898-1976)
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Mensaje Alexander Calder (1898-1976) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al escultor estadounidense Alexander Calder (1898-1976) A finales del siglo XIX, las esculturas eran de piedra, de bronce o de madera. En cualquier caso, bloques macizos y sólidos, aligerados por el cincel o por el escoplo, pero firmemente arraigados a la tierra y sin la mínima intención de levitar en el aire o de echar a volar.... Y en esto, llegó Alexander Calder (1898-1976), hijo y nieto de escultores, que iba para ingeniero mecánico y se quedó en acróbata y artista, que viene a ser lo mismo: "Persona que, con riesgo y gran habilidad, salta, baila o hace cualquier otro ejercicio sobre el trapecio o la cuerda floja".


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Así puede definirse el salto sin red de Calder, tras probar como mecánico, como militar y como ilustrador, empeñado en seguir contra viento y marea los pasos de sus padres (su madre era retratista), por mucho que le advirtieran que no era manera de ganarse la vida. Lo que sí tuvo claro desde el principio es que seguiría un camino hasta entonces no explorado. El secreto estaba en desprender a la escultura de su molesta "masa" y dotarla de una prodigiosa ingravidez, acentuada por las curvaturas, las suspensiones y las sombras: "Lo que yo hago es dibujar en el espacio...".


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Alexander Calder (22 de julio de 1898, Lawnton, Pensilvania - 11 de noviembre de 1976, Nueva York) fue un escultor estadounidense.

Hijo y nieto de escultores. Su madre era, además, pintora. Estudió ingeniería mecánica y en 1923 asistió a la Liga de Estudiantes de Arte de Los Ángeles, donde recibió la influencia de los artistas de la escuela.

En 1925 contribuyó con unas ilustraciones en la National Police Gazette. En 1926 se trasladó a París y comenzó a crear figurillas de animales de madera y alambre, germen del posterior desarrollo de sus famosas miniaturas circenses. En los años 1930, se hizo célebre en París y en los Estados Unidos por sus esculturas de alambre, al igual que por sus retratos, sus bosquejos de línea continua y sus abstractas construcciones motorizadas.


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1983 Alexander Calder Half-Ounce Gold Medal.

En 1967 creo un móvil en la fábrica Biémont de Tours (Francia), incluido el "HOMBRE", todo de acero inoxidable de 24 metros de altura, encargado por la International Nickel de Canadá (Inco) para la Exposición Universal de Montreal. Todas las fabricaciones se hacen a partir de un modelo producido por Calder, en el departamento de Diseño Industrial (encabezado por el Sr. Porcheron, Alain Roy, François López y Michel Juigner) se realizó el diseño a escala y luego el montaje es asignado a trabajadores caldereros calificados para la fabricación, Calder supervisa todas las operaciones y se modifican si es necesario el trabajo. Todos los stabiles están hechos de acero al carbono y pintados de negro en su mayoría, excepto el hombre que va a ser de acero inoxidable (crudo), el móvil está hecho de aluminio y duraluminio.


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Alexander Calder - Font de Mercuri, 1937. Hierro y mercurio. Fundació Miró (Barcelona).

Es más conocido como el inventor del móvil o chupin (juguete móvil colgante), un precursor de la escultura cinética. También elaboró obras esculturales inmóviles, conocidas como stabiles. Aunque los primeros chupines y stabiles de Calder fueron relativamente pequeños, poco a poco fue orientándose hacia la monumentalidad en sus trabajos posteriores. Su talento ha sido reconocido en importantes exposiciones de arte contemporáneo en las que obtuvo grandes éxitos económicos y de crítica.


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Aula Magna, Las Nubes (1953) Universidad Central de Venezuela.

Entre sus obras más importantes destacan las llamadas "Nubes de Calder", que son 31 paneles de madera contrachapada que reflejan el sonido y actúan de soporte acústico. Se encuentran suspendidos en el cielo raso y en las paredes laterales del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Estas esculturas flotantes creadas por el ingenio de Calder, por requerimiento del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, convierten al recinto teatral en una de las cinco salas con mejor acústica del mundo.

Espero que la recopilación que he conseguido de este artista extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.






Algunas obras


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Red Panel. National Gallery of Art. Obra de Alexander Calder


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Crinkly avec disc rouge (1973) Schlossplatz in Stuttgart. Obra de Alexander Calder


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Feuille d’arbre (1974) Tel Aviv, Israel. Obra de Alexander Calder


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L'Homme (1967) Montreal, Canadá. Obra de Alexander Calder


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Têtes et Queue (1965), Stahlstabile Neue Nationalgalerie, Berlín. Obra de Alexander Calder


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Pointes et Courbes (1970) Skulpturengarten Museum Abteiberg, Mönchengladbach. Obra de Alexander Calder


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The Four Elements (1961) Moderna Museet in Estocolmo. Obra de Alexander Calder


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Le Halebardier (1971) Am Maschsee in Hanóver. Obra de Alexander Calder


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La Ciudad 1960 Galería de Arte Nacional en Caracas - Venezuela. Obra de Alexander Calder


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Fish Mobile. Obra de Alexander Calder


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Pez de Acero, 1934. Metal, cable, plomo y pintura, 292 x 348 x 304 cm. Colección privada. Obra de Alexander Calder


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Font de Mercuri, 1937. Hierro y mercurio. Fundació Miró (Barcelona). Obra de Alexander Calder


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Seis Puntos sobre una montaña, 1956.  Acero pintado y barras de metal, 397 x 539 x 202 cm. Hirshhorn Museum. Obra de Alexander Calder


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Flamingo, 1973. Acero pintado, 16.15 m. Museo: Urbana. Chicago. Obra de Alexander Calder


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Quatre Ales, 1974. Acero pintado, 5 x 3,54 x 3,20 cm. Fundació Miró. (Barcelona). Obra de Alexander Calder


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Fish mobile. Obra de Alexander Calder



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Imitation of work of Calder This vector image was created with Inkscape.


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Braniff International's Boeing 727 (N4088N) with the dramatic Alexander Calder's Bi-Centennial Year paint scheme arriving at SFO in December 1975.


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Master artist Alexander Calder and advertising executive George Stanley Gordon with Calder painted Douglas DC-8 1/25 scale model in 1973.


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National Gallery of Australia in Canberra with Bobine sculpture by Alexander Calder (1970) and Diamonds, floating globe by Neil Dawson (2002)


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Ver más esculturas de Alexander Calder en la Wikipedia




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al escultor estadounidense Alexander Calder (1898-1976) A finales del siglo XIX, las esculturas eran de piedra, de bronce o de madera. En cualquier caso, bloques macizos y sólidos, aligerados por el cincel o por el escoplo, pero firmemente arraigados a la tierra y sin la mínima intención de levitar en el aire o de echar a volar.... Y en esto, llegó Alexander Calder (1898-1976), hijo y nieto de escultores, que iba para ingeniero mecánico y se quedó en acróbata y artista, que viene a ser lo mismo: "Persona que, con riesgo y gran habilidad, salta, baila o hace cualquier otro ejercicio sobre el trapecio o la cuerda floja".

Así puede definirse el salto sin red de Calder, tras probar como mecánico, como militar y como ilustrador, empeñado en seguir contra viento y marea los pasos de sus padres (su madre era retratista), por mucho que le advirtieran que no era manera de ganarse la vida. Lo que sí tuvo claro desde el principio es que seguiría un camino hasta entonces no explorado. El secreto estaba en desprender a la escultura de su molesta "masa" y dotarla de una prodigiosa ingravidez, acentuada por las curvaturas, las suspensiones y las sombras: "Lo que yo hago es dibujar en el espacio..."



Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, epdlp.com, elmundo.es, hirshhorn.si.edu, garuyo.com, twmp.com.mx y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Alexander Calder (1898-1976) 
 
Exposición TATE MODERN


Alexander Calder, el acróbata del aire

Las esculturas móviles de Alexander Calder levitan en la Tate Modern de Londres



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Escultura sin título fechada hacia 1937. / TATE MODERN

A finales del siglo XIX, las esculturas eran de piedra, de bronce o de madera. En cualquier caso, bloques macizos y sólidos, aligerados por el cincel o por el escoplo, pero firmemente arraigados a la tierra y sin la mínima intención de levitar en el aire o de echar a volar.

Y en esto, llegó Alexander Calder (1898-1976), hijo y nieto de escultores, que iba para ingeniero mecánico y se quedó en acróbata y artista, que viene a ser lo mismo: "Persona que, con riesgo y gran habilidad, salta, baila o hace cualquier otro ejercicio sobre el trapecio o la cuerda floja".

Así puede definirse el salto sin red de Calder, tras probar como mecánico, como militar y como ilustrador, empeñado en seguir contra viento y marea los pasos de sus padres (su madre era retratista), por mucho que le advirtieran que no era manera de ganarse la vida.


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Joan Miró y Alexander Calder, en 1974.

Lo que sí tuvo claro desde el principio es que seguiría un camino hasta entonces no explorado. El secreto estaba en desprender a la escultura de su molesta "masa" y dotarla de una prodigiosa ingravidez, acentuada por las curvaturas, las suspensiones y las sombras: "Lo que yo hago es dibujar en el espacio...".

Hércules y el León (1928) da testimonio de la primera gran ruptura de Calder, celebrado este otoño por la Tate Modern de Londres con una colección de 100 obras reunidas bajo el título de Performing Sculpture.

Sus esculturas cinéticas siguen representando funciones nunca vistas al cabo de tantas décadas; sus obras se mueven al antojo de una mano divina y tienen la cualidad del río de Heráclito: nunca las verás dos veces como los mismo ojos.

Calder retuerce el alambre y monta su propio espectáculo, Cirque Calder, con miniaturas que parecen extraídas de la carpa de los sueños: el caballo al galope, el lanzador de peso, el equilibrista en la cuerda, el leopardo y el elefante... También están sus amigos Joan Miró, Josephine Baker o Fernand Léger, que mira atónito y de perfil a su reflejo metálico, con mostacho incluido.


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Escultura sin título. CARLOS FRESNEDA

Aunque fue una visita a otro coetáneo, Piet Mondrian, la que cambió definitivamente su obra y su vida. "Sería interesante que todos estos elementos geométricos y abstractos se movieran", se atreve a sugerir el artista norteamericano al holandés, que no da su brazo a torcer y sigue fiel a la linealidad y a la rigidez de sus Composiciones.

Cuando Calder abandona su estudio se siente "como el bebé al que le dan unos cuantos azotes para que ponga en funcionamiento sus pulmones" (en palabras propias). Todos sus trabajos anteriores, de mecánico a funambulista, se dan a partir de entonces la mano en unas esculturas que no podían llamarse de otra manera: "móviles" (Marcel Duchamp, otro amigo, oficia el bautismo de las criaturas).

A Calder le gusta controlar ocasionalmente el movimiento de sus obras con un pequeño y silencioso motor, "para mover las piezas como si fuera la coreografía de un ballet". Pero en el ensamblaje de sus piezas, el creador deja siempre espacio para la improvisación, de modo que el espectador no verá nunca lo mismo, aunque corra el riesgo de entrar en trance.

"Las obras de Calder tienen la virtud de capturar todo el dinamismo del siglo XX y de transportarnos al mismo tiempo a un espacio de reflexión", asegura Ann Coxon, comisaria de la exposición en la Tate Modern, que nos invita a asomarnos en silencio al universo del artista norteamericano, como en tiempos lo hizo el propio Albert Einstein, que pasó 40 minutos intentando descifrar Constelaciones (emparentadas con las de Joan Miró).


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Una de las salas de la exposición. CARLOS FRESNEDA

Y sin embargo, la aproximación de Calder a sus obras ingrávidas era más "intuitiva" que científica, según explica su nieto Sandy Rower. "El tópico de que mi abuelo calculaba hasta el último detalle el movimiento de sus piezas no es cierto. Su manera de trabajar no era lineal, sino siempre abierta a la improvisación y a la novedad. Era ante todo un innovador, que se entregaba con pasión a lo que hacía y se reinventaba constantemente".

En el estudio instalado en la vieja granja de Roxbury, en Connecticut, Calder evoluciona desde la geometría inicial a formas más orgánicas. Ahí están Vertical Foliage, Gamma o Snow Flurry, que sugiere una nevada en el bosque. Con el tiempo, el artista da una nueva dimensión sonora a sus obras, anticipada de lejos en Pequeña Esfera y Pesada Esfera (1932) y rescatada con los Gongs rojos (1955).

En Maestro de Orquesta (1966), instalada para la ocasión en la sala de turbinas de la Tate, Calder convierte uno de sus móviles en "director" de una banda de cuatro percusionistas, obligados a interpretar siguiendo la secuencia y la velocidad impuesta por la escultura musical.

Brasil fue la tardía inspiración del artista, que donó una de sus obras más celebradas, Viuda Negra, al Instituto de Arquitectos en Sao Paulo. La obra metálica, de cuatro metros de alto y 19 piezas suspendidas la una en la otra, se interpreta como la metáfora visual del nuevo orden social que emergió en la segunda mitad del siglo XX. Y el mundo sigue dando vueltas.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Alexander Calder (1898-1976) 
 
El arte en suspensión de un genio


Calder introdujo el movimiento y el alambre en la escultura y construyó un mundo fascinante

La Tate Modern de Londres reivindica su legado a través de 100 obras




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Obra de Calder 'Triple gong', de 1948, que se exhibe en la muestra de la Tate Modern. Abajo, 'Dos acróbatas', de 1929. / Calder Foundation

El espectador de la Tate Modern permanece casi estático en la contemplación de las obras de Alexander Calder, porque son estas las que se mueven y transforman constantemente gracias al impulso de un motor, de una ligerísima corriente de aire o incluso por los efectos cambiantes que les imprime la luz. El artista (1898-1976) que trastocó la escultura tradicional es objeto de una gran exposición en el museo londinense destinada a subrayar el papel esencial en la modernidad de uno de los nombres más influyentes en el arte del siglo XX.

Calder fue el escultor del movimiento, el pionero del arte cinético e inventor de los móviles, un término acuñado por su amigo Marcel Duchamp para describir sus primeras piezas mecánicas propulsadas por un motor. Ambos se conocieron en París, donde aquel, hijo y nieto de escultores, recaló en el periodo de entreguerras, dejando atrás la profesión de ingeniero en la que se había formado en su Pennsylvania natal. En plena ebullición de las vanguardias, reinventó las posibilidades de la escultura, al forjar retratos en alambre de colegas como Joan Miró o Fernand Léger, de figuras del espectáculo que tuvieron como reina a la cantante y bailarina Josephine Baker, de acróbatas y otros personajes del circo, del teatro y la danza.


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Calder, en París, en 1953, en una foto cedida por su fundación. / A. VARDA

Frente a la habitual ejecución de la escultura en piedra, bronce o madera, el uso del alambre era algo radicalmente nuevo. La obra ya no es una masa sólida y expuesta sobre un pedestal, sino que cuelga del techo conformando delicadas líneas en el espacio. El reto de combinar la abstracción con el movimiento se convirtió en una obsesión desde que Calder visitara el estudio de Mondrian en 1930: “Fue el impacto que me convirtió. Me sentí como el bebé al que se le dan unos cachetes para que sus pulmones empiecen a trabajar”, dijo sobre aquel encuentro con uno de los precursores de la abstracción geométrica.

Desde entonces, se volcó en la creación de formas abstractas, tridimensionales y cinéticas, que en muchos de los trabajos expuestos por la Tate aparecen suspendidas frente a paneles de vivos colores o dentro del espacio de un marco colgante. La escultura deja de ser un objeto estático para moverse y rotar por sí misma. Calder también firmó obras inmóviles (los stabiles), pero la muestra Performing Sculpturem, que suma un centenar de obras, se centra en sus trabajos de los años treinta y cuarenta, consagrados a la exploración del potencial del movimiento. Primero de la mano de sus móviles mecanizados —“puedes controlar la pieza como si fuera una coreografía de ballet”, sostenía—, hasta desarrollar lo que se convertiría en la forma clásica de esas esculturas cinéticas, una elegante composición de alambres y hojas de metal pintadas que se balancean.

Calder dejó París para trasladarse a una granja de Roxbury (Connecticut) en 1933, una etapa en la que sus esculturas se vuelven menos geométricas y más orgánicas, mostrando paralelismos con el mundo de la naturaleza. Títulos como Ramaje Vertical o Ráfaga de Nieve revelan su maestría en la construcción de móviles a gran escala dotados de un delicado equilibrio. Una pieza esencial es Viuda Negra, una escultura de tres metros y medio que clausura la muestra (abierta hasta el 3 de abril) y que por primera vez abandona São Paulo.

En Nueva York, Albert Einstein permaneció 40 minutos de pie frente a uno de los móviles de Calder (Un universo, 1934), integrado por dos esferas de diferente tamaño a modo de planetas, que se mueven a distintas velocidades gracias a un motor. Las esferas completan el círculo en esos 40 minutos que retuvieron al célebre físico, inmóvil y fascinado, ante aquella visión abstracta del cosmos. Una fascinación que no ha cesado con el paso del tiempo.


El ‘Guernica’ se cuela entre los móviles

Lo primero que llama la atención en una fotografía gigantesca de Alexander Calder, expuesta a medio camino de la muestra de la Tate, es la imagen del Guernicade Picasso como trasfondo. Es un recuerdo de la Guerra Civil. El escultor estadounidense quiso mostrar su apoyo al bando republicano con una obra efímera de la que ha quedado testimonio gráfico (y una maqueta).

En 1937, Calder visitó junto a su amigo Joan Miró el recinto en el que iba a levantarse el pabellón español en la Exposición Universal de París de aquel año, diseñado por el arquitecto José Luis Sert. En cuanto comprendió el mensaje de aquel despliegue, presidido por el cuadro desgarrador del pintor malagueño, ofreció su colaboración, ante las reticencias iniciales de Sert porque él no era español.

El escultor concibió una suerte de fuente en hierro forjado, un estanque circular de 2,2 metros de diámetro y con un surtidor que desde el centro bombeaba mercurio procedente de las minas de Almadén (Ciudad Real), y hacía circular el mineral fluido través de tres bandejas metálicas. Las minas de mercurio eran entonces un recurso estratégico crecientemente hostigado por las fuerzas franquistas.

Ubicada en un lugar preeminente frente al Guernica, Mercury Fountain, que integró elementos técnicos con formas artísticas y una fuerte carga política, fue allí la única de un autor no español.


elpais.com
 




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