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Clara Campoamor
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Mensaje Clara Campoamor 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este 131º trabajo recopilatorio, está dedicado a Clara Campoamor, fue escritora y política, ella fue una de la grandes mujeres que ha dado nuestro país, fue la impulsora del voto femenino y una luchadora y reformista de los derechos civiles. lamentablemente la guerra civil y la dictadura de Franco hizo que se tuviera que exiliar como tantos españoles progresistas.


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Clara Campoamor. Política española, pionera de la militancia feminista (Madrid, 1888 - Lausana, 1972). Procedente de una familia modesta, estudió la carrera de Derecho al mismo tiempo que trabajaba, y se licenció en la Universidad de Madrid en 1924. Al tiempo que ejercía su actividad como abogada, sus inquietudes políticas le llevaron a aproximarse a los socialistas y a fundar una Asociación Femenina Universitaria.

Con el advenimiento de la Segunda República (1931), obtuvo un escaño de diputada por Madrid en las listas del Partido Radical. Formó parte de la Comisión constitucional, destacando en la discusión que condujo a aprobar el artículo 36, que reconocía por vez primera el derecho de voto a las mujeres.


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Los gobiernos de la República le confiaron otros cargos de responsabilidad, como la vicepresidencia de la Comisión de Trabajo, la dirección general de Beneficencia, la participación en la comisión que preparó la reforma del Código Civil o la presencia en la delegación española ante la Sociedad de Naciones. También fundó una organización llamada Unión Republicana Femenina.

No consiguió renovar su acta de diputada en las elecciones de 1933. Y abandonó España en 1938, ante la inminente victoria del alzamiento de los militares reaccionarios; el subsiguiente régimen de Franco no le permitió regresar al país, de manera que permaneció exiliada, primero en Argentina, y, desde 1955 hasta su muerte, en Suiza.

Fue una gran valedora de la igualdad de derechos de la mujer, en cuya defensa publicó numerosos escritos (como El derecho femenino en España de 1936, o La situación jurídica de la mujer española de 1938).

Espero que la recopilación de información e imágenes que he recogido de Clara Campoamor sean de vuestro interés.





Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados




Resumen Biográfico


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Clara Campoamor (12 de febrero de 1888–30 de abril de 1972), política republicana española y de derecha liberal, defensora de los derechos de la mujer.

Nacida en Madrid en 1888. Es considerada como una de las madres del movimiento feminista y sufragista en España, siendo una de las tres diputadas de las cortes constituyentes de la II República. Defensora de la igualdad de derechos de la mujer, fue una de las impulsoras de la aprobación del sufragio universal en España, logrando el voto femenino en las primeras elecciones republicanas, así como la primera ley del divorcio.

Clara Campoamor, nació en el barrio de Maravillas, actual Malasaña, concretamente en la calle Marqués de Santa Ana en el seno de una familia sencilla y de pensamiento liberal-progresista. La prematura muerte de su padre le obliga a empezar a trabajar con apenas trece años como modista junto a su madre. En el año 1909 obtiene plaza por oposición en el cuerpo auxiliar de Telégrafos.

En 1914 obtiene una plaza como profesora en la Escuela de Adultos de Madrid, al tiempo que es secretaria del diario La Tribuna. En su época de actividad política participaría en periódicos como Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo.

En 1922 decide concluir sus estudios de Bachillerato, lo que consigue rápidamente. Eso le permite matricularse en Derecho. En 1924 obtiene la licenciatura en Derecho por la Universidad de Madrid. Pasa a ser miembro del colegio de Abogados en 1925.


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Clara Campoamor Rodríguez en San Sebastián.

Inicia por esa época su actividad política, centrada en los derechos no reconocidos de la mujer. Participa en ciclos y conferencias universitarias, y comienza a publicar escritos hasta que en 1929 entra en el Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y pasa a Acción Republicana.

En los procesos de San Sebastián a los rebeldes de guarnición de Jaca de 1930 asume el papel de abogada defensora. Funda y preside la Agrupación Unión Republicana Femenina.

Posteriormente se une al Partido Republicano Radical, con el que, en 1931, es elegida diputada por Madrid. Es una de las primeras mujeres, junto a Margarita Nelken y Victoria Kent, que obtiene un escaño en el Parlamento republicano.


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Homenaje a Clara Campoamor en el estabilizador vertical de un Boeing 737-800 de la aerolínea Norwegian Air Shuttle.

Durante este primer período mantiene una dura polémica con Victoria Kent respecto al derecho al voto de la mujer. Victoria Kent argumentaba que la mujer, influida fuertemente por la Iglesia, votaría a la derecha reaccionaria. Campoamor defendía el derecho inalienable al voto de la mujer, independientemente de su orientación política. Esta posición ideológica la enfrentó a sus propios compañeros de partido.


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En la sesión del 1 de octubre de 1931, Clara Campoamor defendió el derecho al voto de las mujeres contra quienes argumentaban que no se debía aprobar el voto femenino, "hasta que las mujeres dejaran de ser retrógradas" (Plácido Álvarez-Buylla Lozana, Rico); "hasta que transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y la educación" (Victoria Kent) o indefinidamente, "porque las mujeres son histéricas por naturaleza" (Roberto Novoa Santos). Hubo quienes proponían excluir esta cuestión de la Constitución para poder impugnar los resultados si las mujeres no votaban de acuerdo con el gobierno (Rafael Guerra del Río) o reconocer el derecho a voto solamente a las mayores de 45 años "porque antes la mujer tiene reducida la voluntad y la inteligencia" (Ayuso). Las otras dos únicas diputadas en aquél Congreso Constituyente, Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE, consideraban inoportuno el reconocimiento del voto femenino y no lo apoyaron.

Finalmente, se aprobaría el cambio en la Constitución de 1931 por una ligera mayoría, quedando el texto como sigue: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes. En el mes de diciembre de 1931 logró vencer una nueva maniobra para limitar el derecho de sufragio femenino.

Paradójicamente, las elecciones de 1933, primeras con sufragio universal en España, ya que la mujer tenía derecho a voto, significaron la victoria de la derecha política, como había pronosticado Victoria Kent, y tanto ésta como Clara Campoamor perdieron sus escaños.


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Clara Campoamor preside la inauguración de la sede de la Unión Republicana Femenina, sita en calle Fuencarral, 6, de Madrid.

En 1933 no consiguió renovar su escaño, y al año siguiente abandonó el Partido Republicano Radical por su subordinación a la CEDA y los excesos en la represión del golpe revolucionario de Asturias. Pero cuando, en 1934, pidió, con la mediación de Santiago Casares Quiroga, ingresar en Izquierda Republicana -fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas-, la sometieron a la humillación de abrirle un expediente y votar en público su admisión, que fue denegada. Dos afiliadas llegaron a pasear en alto su bola negra, jactándose de la venganza y no pudo por tanto ser candidata en las elecciones de 1936 que dieron la victoria al Frente Popular.

La inquina contra Clara Campoamor se debía a que muchos quisieron ver en la victoria de las derechas de 1933 la consecuencia del voto femenino, supuestamente derechista. Esa "explicación" no se sostiene cuando se considera que las izquierdas ganaron en el 36: las mujeres votaron en ambas elecciones. Pero Clara Campoamor sirvió de chivo expiatorio. Ella, se defendió por medio de un libro: Mi pecado mortal: el voto femenino y yo´publicado en junio de 1936, justo un mes antes del golpe de Estado del ejército.

El golpe militar de 1936 sorprendió a Clara en Madrid, donde asistió al terror "miliciano". Huyó de Madrid, marchando a Alicante, para embarcar vía Génova y llegar a Suiza. Durante la travesía algunos falangistas planearon asesinarla. En Ginebra se instala en casa de Antoinette Quinche, y escribe una obra fascinante en que manifiesta su repulsión por las violencias cometidas en Madrid en nombre de la Revolución: La revolución española vista por una republicana que publicó en francés y sólo recientemente ha sido editada en español. En esa obra Clara no sólo se muestra como siempre lo fue, liberal e independiente, sino que proporciona el primer análisis histórico de la Revolución española y de la Guerra Civil y nos da su sincero testimonio.


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Clara Campoamor, durante una de las reuniones de las Comisiones Interparlamentarias bajo la presidencia de José Serrano Batanero

Cuando en 1951 quiso volver a España, Clara se encontró otro problema: era masona, iniciada en la logia de adopción Reivindicación, dependiente de la Logia Condorcet, del Gran Oriente Español, en Madrid, junto a María P. Salmerón, Mercedes Hidalgo, Isabel Martínez de Albacete, Consuelo Berges, Esmeralda Castells, Matilde Muñoz, y Rosalia Goy Busquets. La dictadura militar franquista propuso, al igual que con otros masones elegir entre dar los nombres de los masones que conocía, o pasar 12 años en la cárcel. Dijo que ser masona era un delito legalísimo cuando ingresó en la masonería. Eligió, otra vez, el ostracismo, el destierro y el olvido.

El exilio la llevó en distintas ocasiones a permanecer en Francia, Argentina y Suiza, En 1955 se instala en Lausana, donde trabaja en el bufete de Antoinette Quinche, su amiga y traductora, ejerciendo la abogacía hasta que se quedó ciega, y allí murió de cáncer en abril de 1972, a la edad de 84 años. Sus restos yacen en el cementerio de Polloe, en San Sebastián, no en Madrid, dónde nació: San Sebastián era el lugar donde se encontraba cuando se proclamó la República.


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A su regreso de París, Clara Campoamor es recibida en la Estación Norte por Comisiones Femeninas (4 de marzo de 1932).



Otros datos

Tras la Transición se llevaron a cabo homenajes y reconocimientos que son valorados como escasos por organizaciones pro-igualdad de la mujer. Institutos, colegios, centros culturales, parques y calles recibieron su nombre. La Secretaría de Igualdad del PSOE instituyó los Premios Clara Campoamor que reconocen anualmente a aquellas personalidades o colectivos que se hayan significado en la defensa de la igualdad de la mujer.

En 2006, 75º aniversario de la aprobación del sufragio universal en España, diversos colectivos comienzan una campaña para pedir el reconocimiento por parte del Congreso de los Diputados de sus aportaciones con la colocación de un busto en sus instalaciones.

Ese mismo año, en noviembre de 2006, el PSOE ha editado una proposición no de ley solicitando al Gobierno que las políticas de igualdad tengan también su reflejo en la acuñación de moneda, la figura femenina elegida para que aparezca en las futuras monedas de euros fue Clara Campoamor, por ser la principal defensora del voto femenino en la Segunda República. Proposición que finalmente fue aprobada el martes 12 de junio de 2007 por el Pleno del Congreso con el apoyo de todos los grupos parlamentarios salvo el PP.

A partir de la transición política innumerables ayuntamientos españoles le han dedicado calles y avenidas en sus localidades.


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Clara Campoamor está enterrada en el panteón de la familia Montó Riu en el Cementario de Polloe de San Sebastián, Guipúzcoa.



Discurso de Clara Campoamor en las Cortes el 1 de octubre de 1931


Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto –que en España existe– no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.


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Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.

La Universidad Complutense de Madrid, celebró el 1 de Octubre de 2006 con un macrofestival el 75º aniversario del sufragio femenino.


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Carmen Eve Nelken -Magda Donato- en su coferencia, a la que asistió Ramón María del Valle-Inclán, en la tertulia de la Unión de Mujeres Federales en el café de Recoletos, el 8 de Marzo de 1933


Citas

-- Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo, si, como yo, se juzga capaz de actuación, a virtud de un sentimiento sencillo y de una idea clara que rechazan por igual: la hipótesis de constituir un ente excepcional, fenomenal; merecedor, por excepción entre las otras, de inmiscuirse en funciones privativas del varón, y el salvoconducto de la hetaira griega, a quien se perdonara cultura e intervención a cambio de mezclar el comercio del sexo con el espíritu
-- República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos
-- Estoy tan alejada del fascismo como del comunismo. Soy liberal (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 177-178)
-- ... la división tan sencilla como falaz hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos (...) demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 149)
-- ... la victoria total, completa, aplastante de un bando sobre el otro, cargará al vencedor con la responsabilidad de todos los errores cometidos y proporcionará al vencido la base de la futura propaganda, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 179)
Se torturaba a los acusados en las prisiones; se fusilaba a los presos sin formación de causa en los patios de los cuarteles y se cerraban los ojos a las persecuciones y atrocidades perpetradas por la policía durante aquellos dieciséis meses. Hubo sólo tres ejecuciones oficiales: ¡Cuánta clemencia! Pero hubo millares de presos y centenares de muertos, torturados y mutilados. ¡Execrable crueldad! He aquí el trágico balance de una represión, que, de haber sido severa, pero legal, limpia y justa en sus métodos, hubiera causado mucho menos daño al país. (Sobre la represión del levantamiento revolucionario de Asturias, en 1934)


Obras escritas por Clara Campoamor

- El derecho de la mujer en España (1931)
- El voto femenino y yo: mi pecado mortal (1936)
- La révolution espagnole vue par une républicaine. Editorial Librería Plon de París, 1937. Con prólogo de la traductora de la obra, Antoinette Quinche
- El pensamiento vivo de Concepción Arenal (1939)
- Sor Juana Inés de la Cruz (1944)
- Vida y obra de Quevedo (1945)


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Sello dedicado a Clara Campoamor


Bibliografía


- CAMPOAMOR, Clara, La revolución española vista por una republicana, ed. y trad. de Luis Español Bouché, Sevilla, Espuela de Plata, 2005.
- FAGOAGA, Concha y SAAVEDRA, Paloma, Clara Campoamor: la sufragista española, Madrid, 1981. Reeditada en 2006 con gran acopio de fotografías.
- LAFUENTE, Isaías: La mujer olvidada, 2006. Libro de Isaías Lafuente que imagina una posible autobiografía de Clara Campoamor pero silencia todo lo que Clara escribió sobre los sucesos en Madrid durante 1936.



La mujer olvidada que merece recordarse


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- Título: La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino.
- Autor: Isaías Lafuente
- Editorial: Historia viva

Hace algunos años se luchaba por cosas que ya se habían aprobado antes, durante un breve periodo republicano durante el cual Clara Campoamor luchó, junto con otras y otros, y consiguió, aunque por breve tiempo, el avance en la situación de la mujer hasta extremos antes desconocidos en el país, derecho a votar incluido.

El periodista Isaías Lafuente hace un recorrido de sencilla lectura y ameno sobre la vida y, sobre todo, los logros y la actividad, de Clara Campoamor.

Para no olvidar el pasado y continuar impulsando el presente.



Enlaces interesantes


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Reportaje de RTVE dedicaron a Clara Campoamor, dentro de la serie de reportajes “Mujeres en la Historia”. Enlace: http://www.masciudadania.es/cmonton...lara-campoamor/

Asociación Clara Campoamor, enlace: http://www.claracampoamor.com/
Reseña de El País sobre La Revolución Española vista por una republicana, enlace: http://www.elpais.com/articulo/anda...20elpand_27/Tes
Breve semblanza de Clara Campoamor, enlace: http://perso.wanadoo.es/larevolucion/semblanza.htm
El exilio literario español en 1939: actas del Primer Congreso Internacional, 1995, enlace:  http://www.cervantesvirtual.com/ser...68/p0000012.htm
Clara Campoamor Rodríguez. Una biografía, enlace: http://www.gibralfaro.uma.es/biografias/pag_1472.htm
Amigos del foro de Madrid. Clara Campoamor, por Gonzalo de la Sen, enlace: http://amigosdelforo.es/web/2008/09/15/clara-campoamor/
Reportage fotográfico del voto femenino en España, enlace: http://www.fuenterrebollo.com/Gobiernos/sufragio-1.html



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Clara Campoamor, principal defensora del voto femenino en la Segunda República, será el primer rostro femenino acuñado en las monedas. El Congreso de los Diputados aprobó en 2007 acuñar imágenes de mujeres en las monedas. La propuesta se materializará a partir del año 2009.


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Busto en bronce dedicado a Clara Campoamor (1888–1972) por el Ayuntamiento de Madrid. Realizado por el artista Lucas Alcalde e inaugurado en la Plaza de los Guardias de Corps en Madrid el ocho de marzo de 2006.
Petición- Un busto de Clara Campoamor, enlace: http://www.petitiononline.com/claracam/petition.html



Texto íntegro del discurso de Clara Campoamor en las Cortes

El 1 octubre de 1931, las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España por 161 votos frente a 131. La diputada Clara Campoamor lo defendió así frente a Victoria Kent



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Imagen de Clara Campoamor en su madurez.

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo dedicado a Clara Campoamor, sin duda una de las mujeres mas valerosas que ha dado nuestro país.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, biografiasyvidas.com, gibralfaro.com, cvcervantes.es, elpais.com, fuenterrebollo.com, ciudaddemujeres.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Clara Campoamor 
 
Conviene recordar a Clara Campoamor

Fue la única sufragista en el mundo que logró el voto femenino desde la tribuna de un Parlamento



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Busto de bronce de Clara Campoamor en Madrid.

Clara Campoamor nació a destiempo. Vio la luz el 12 de febrero de 1888, hace ahora 130 años, en un humilde hogar del actual barrio madrileño de Malasaña y en una España que consideraba a la mujer mero apéndice del hombre y discutía por entonces si tenía o no derecho a la educación. Su casa estaba a poco más de un kilómetro del Congreso de los Diputados y su vida a una distancia sideral que tardó en recorrer 43 años. Los que empleó en buscarse la vida desempeñando los oficios más diversos después de que una orfandad prematura la apartase de la escuela. No se resignó a aquel destino. Recuperó el tiempo perdido cumplidos ya los 32 y en poco más de cuatro años estudió bachillerato, la carrera de Derecho y abrió su bufete. España vivía entonces en la dictadura de “hombres recios” de Primo de Rivera, pero ella no ocultaba su ideal republicano: “¡República, siempre república!”, le respondió a un periodista que le planteó el dilema.

Por eso, cuando se proclamó en abril de 1931 quiso estar en la sala de máquinas del nuevo régimen para intentar consagrar el principio democrático de la igualdad entre hombres y mujeres. Consiguió su escaño en las filas del Partido Radical. Participó en la comisión que redactó la Constitución. Y defendió en el pleno el sufragio femenino en un memorable debate frente a 470 hombres y una sola mujer, Victoria Kent, que a última hora renunció a apoyarlo por razones de oportunidad: la mujer merecía el derecho pero aún no estaba preparada para ejercerlo. Lo hizo además frente a los compañeros de su propio partido que enarbolaron la bandera de la igualdad en la hora de las promesas y la arriaron en el momento del compromiso, dejándola sola. Se dice que Clara Campoamor logró el voto para las mujeres españolas, pero fue algo más lo que hizo. Aquella mujer, aquel 1 de octubre de 1931, consiguió que nuestro país fuese, por primera vez, una democracia plena. La única sufragista en el mundo que lo logró desde la tribuna de un parlamento gracias a aquellas peculiares elecciones constituyentes del 31 en las que las mujeres no podían votar pero sí ser elegidas.

  Clara fue desmontando cada uno de los argumentos de los diputados: no podéis construir una república democrática sin la mitad de la ciudadanía

En aquel histórico debate tuvo que escuchar cosas como que la mujer no podía votar por ser criatura esencialmente histérica y sumisa, dominada en su voluntad por el marido, el padre o el sacerdote. O que podría hacerlo, sí, pero a los 45 años, la “edad crítica” en la que la con la llegada de la menopausia adquiría la suficiente serenidad de espíritu como para ejercer tan importante derecho. Clara fue desmontando cada uno de los argumentos frente a la ola de “histerismo masculino”, desmintiendo con sólidos argumentos las absurdas premisas y situando a los diputados frente a su propio espejo: no podéis construir una república democrática sin la mitad de la ciudadanía, no cometáis un error que no tendréis suficiente tiempo de llorar, les dijo.

Clara Campoamor logró ganar la votación. Las mujeres pudieron votar en 1933 y, paradojas de la vida, ella no fue elegida. Como además triunfó la derecha, cargaron sobre Clara y sobre las mujeres la culpa de aquel giro político. Cuando en 1936 ganó el Frente Popular, nadie le pidió disculpas. El resto de la historia es conocida: un largo exilio, el olvido y la muerte lejos de su país, tres años antes de que falleciera en la cama el dictador que puso fin a su sueño y al de varias generaciones de españolas. La nueva democracia no la reivindicó de inmediato, pero ninguna diputada de las Cortes Constituyentes del 78 tuvo que escuchar las barbaridades que a ella le escupieron en el 31. Porque nadie planteó entonces que la nueva democracia recuperada se pudiera construir sin las mujeres. Conviene no olvidarlo. Conviene no olvidarla.


Isaías Lafuente
Pubicado el 12 FEB 2018 por elpais.com
Isaías Lafuente es periodista y autor de La mujer olvidada
 




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Mensaje Re: Clara Campoamor 
 
La cara más secreta de Clara Campoamor

Un nuevo libro que recoge sus textos de divulgación literaria y la reedición de su obra sobre la Guerra Civil en Madrid ayudan a recuperar a una de las grandes pioneras del feminismo



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Mitin presidido por Clara Campoamor (centro) en Madrid en 1932. DÍAZ CASARIEGO - EFE

La abogada, política y escritora Clara Campoamor (Madrid, 1888 - Lausana, 1972) ha pasado a la historia por haber defendido en el Congreso durante la Segunda República el voto femenino, contra buena parte de la izquierda, de su propio grupo (el centrista Partido Radical) y las otras dos mujeres que ocupaban en 1931 un escaño en la cámara, Victoria Kent y Margarita Nelken; todos ellos opinaban que, influida por la Iglesia, la mayoría de las electoras decantaría las elecciones hacia la derecha. Campoamor, sin embargo, defensora de la igualdad por encima de todo, proclamaba “el derecho de las mujeres a equivocarse”, destacó ayer la periodista y escritora Marta Robles durante la presentación de Del amor y otras pasiones, un libro que, editado en la colección Cuadernos de obra fundamental de la Fundación Banco Santander, rescata una de las partes más ignoradas —“casi secreta”, decía la responsable de su edición, Beatriz Ledesma— de su obra: los ensayos de divulgación literaria y poética escritos durante su etapa de exilio en Argentina, entre 1938 y 1955 (después vivió en Suiza hasta su muerte).

Además, el sello Renacimiento acaba de reeditar La revolución española vista por una republicana, otra de sus obras menos conocidas, que aporta una visión crítica de los primeros momentos de la Guerra Civil en Madrid. Ambos títulos ayudan a completar, en estos tiempos de acometidas contra los derechos de las mujeres y discusiones sobre las esencias del feminismo, una figura radicalmente independiente y poliédrica que va mucho más allá del debate sufragista, incómoda tanto para la izquierda como para la derecha y olvidada hasta hace muy poco.

Para empezar a entenderla, la escritora Carmen Posadas —que también presentó ayer el nuevo libro de Campoamor— y la filóloga Beatriz Ledesma creen que es fundamental conocer su origen humilde: tuvo que trabajar desde muy joven por la muerte de su padre —pronto ganó una plaza en Telégrafos— y se puso a estudiar Derecho con 34 años mientras se convertía en destacada activista —también escribía en periódicos— en una España en la que más de la mitad de sus compatriotas era analfabeta. “No era una sufragista de salón”, dice Ledesma. Posada destaca la personalidad de alguien que rechazó las propuestas de la dictadura de Miguel Primo de Rivera para ocupar cargos y que, además del sufragio femenino, consiguió que se aprobara el divorcio e impulsó la regulación del trabajo de las mujeres y los niños y las investigaciones sobre la paternidad de los hijos ilegítimos, entre otras iniciativas.

Esa etapa madrileña de activismo y política (dentro de la que se enmarcan, aparte de textos periodísticos, los libros El derecho de la mujer, El voto femenino y yo: mi pecado mortal; y La revolución española vista por una republicana, publicado originalmente en francés), contrasta con esa otra más humanista, dedicada a la literatura y la traducción, que vivió la mayor parte del tiempo que pasó exiliada en Buenos Aires. Y que está representada en esos textos divulgativos que publicó entre 1943 y 1945 en la revista femenina Chabela, recuperados ahora en Del amor y otras pasiones. En ellos la intelectual reflexiona sobre la obra poética de autores como Sor Juana Inés de la Cruz (de quien también publicó una biografía), Quevedo, Góngora, Manuel Machado o Amado Nervo y analiza mitos literarios como el de don Juan —con un acercamiento sorprendentemente benévolo, según Marta Robles— o, con cierta ironía, recursos líricos recurrentes como el de los ojos de la mujer. Sin embargo, para Ledesma, se trata de etapas coherentes con “la vocación de servicio público” que siempre le acompañó.

Dos entrevistas a la pensadora, publicadas en Caras y caretas en 1932 y 1933 , encabezan la edición. En ellas, Campoamor habla, entre otras cosas, del papel de la mujer. Por ejemplo, se refiere a un tema de marcada actualidad, el lenguaje inclusivo, sobre el que defiende para los “cargos, honores o profesiones que la mujer conquista por sí misma” terminaciones comunes con cambios de articulo, como en el/la pianista. Eso sí, acaba diciendo sobre el tema: “En ningún caso sería esta una cuestión que hubiera de restarme media hora de sueño”. Robles destacó ayer este último giro y reivindicó a Campoamor como “luz y guía de los y las feministas”. Más en estos tiempos: “Hace que nos olvidemos de las cosas menos esenciales y caminemos todos juntos. El hecho de segmentar el feminismo y que haya gente que quiera repartir carnés de feminismo hace un daño enorme”.
 


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Artículo de 1931 en 'Nuevo Mundo'.

Lo cierto es que la madrileña siempre defendió —desde sus ideales feministas, liberales, laicos y republicanos— su propia visión, aunque significase ir contracorriente. Como con el voto femenino —que le costó un aislamiento político que relata en El voto femenino y yo: mi pecado mortal— o a la hora de describir los desmanes de algunos grupos republicanos en Madrid tras el alzamiento militar de 1936, que describió en La revolución española vista por una republicana. Una obra poco conocida que describe, en “un trabajo serio y honesto”, la revolución que en realidad estalla “cuando las autoridades del Frente Popular deciden armar a las milicias de sus partidos”, escribe Luis Español Bouché, editor y traductor de la obra que acaba de publicar su sexta edición; él mismo la presentó en el Senado el mes pasado. Allí volvió a reivindicar a “una mujer independiente y ecléctica” cuyo objetivo siempre fue, asegura en su libro, “la equiparación de los derechos de la mujer con los del hombre, ni más ni menos”.

Una “radiografía emocional”

 Clara Campoamor inició en Argentina en 1938 un exilio en que las circunstancias le empujaron a aparcar su faceta de activista política y abogada. Así afloró, explica la investigadora Beatriz Ledesma, “su vocación dormida por la literatura”. Una pasión que ha conseguido rescatar del olvido con Del amor y otras pasiones, en el que ha compilado 29 artículos de la intelectual publicados entre 1943 y 1945 en la revista femenina Chabela, una de las numerosas publicaciones que trataban de saciar la creciente voracidad cultural de amplias capas de la sociedad argentina de la época.

De los ensayos, modo de reflexiones y comentarios de texto sobre poesía, Ledesma destaca su deseo de contagiar “una pasión por esos poetas que admiraba”, por lo que iba más allá de la “valoración estrictamente literaria”. “Ella habla de sentimientos y, si leemos atentamente, encontraremos una radiografía emocional de Clara Campoamor”, asegura. Un repaso sentimental que va desde Juan de Mena, el Marqués de Santillana, Fray Luis de León, Cristóbal de Castillejo, Quevedo, Góngora y Garcilaso hasta Manuel Machado y Amado Nervo, pasando por Espronceda, Zorilla, Bécquer o Bartrina, entre otros.

Aquella vocación literaria —que de paso le ayudaba a sostenerse económicamente— se mostraba también en forma de conferencias y traducciones del francés —por ejemplo, de obras de Victor Hugo y Zola— y la publicación de varias biografías: de Sor Juana Inés de la Cruz, Concepción Arenal y Quevedo. También colaboró en programas de radio en espacios en los que habló, entre otras cosas, de mujeres españolas “sobresalientes” como Emilia Pardo Bazán o Rosalía de Castro.


elpais.com
 




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