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Gustavo Adolfo Bécquer
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Mensaje Gustavo Adolfo Bécquer 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este Nonagésimo trabajo recopilatorio está dedicado al escritor y gran poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer. También hizo sus pinitos con la pintura, llegando a realizar ilustraciones de mérito.

gustavo_adolfo_b_cquer_por_salvador_s_nchez_barbudoGustavo Adolfo Bécquer (Gustavo Adolfo Domínguez Bastida; Sevilla, 1836-Madrid, 1870) Poeta español. Hijo y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura.

En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. Sin embargo, el éxito no le sonrió; su ambicioso proyecto de escribir una Historia de los templos de España fue un fracaso, y sólo consiguió publicar un tomo, años más tarde. Para poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro extranjero, principalmente del francés, en colaboración con su amigo Luis García Luna, adoptando ambos el seudónimo de «Adolfo García».

Durante una estancia en Sevilla en 1858, estuvo nueve meses en cama a causa de una enfermedad; probablemente se trataba de tuberculosis, aunque algunos biográfos se decantan por la sífilis. Durante la convalecencia, en la que fue cuidado por su hermano Valeriano, publicó su primera leyenda, El caudillo de las manos rojas, y conoció a Julia Espín, según ciertos críticos la musa de algunas de sus Rimas, aunque otros sostienen que se trataba de Elisa Guillén, con quien el poeta mantuvo relaciones hasta que ella lo abandonó en 1860, y que inspira sin duda las composiciones más amargas del poeta.

En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, hija de un médico, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio nunca fue feliz, y el poeta se refugió en su trabajo o en la compañía de su hermano Valeriano en las escapadas de éste a Toledo para pintar.

La etapa más fructífera de su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso la mayor parte de sus Leyendas, escribió crónicas periodísticas y redactó las Cartas literarias a una mujer, donde expone sus teorías sobre la poesía y el amor. Una temporada que pasó en el monasterio de Veruela en 1864 le inspiró Cartas desde mi celda, un conjunto de hermosas descripciones paisajísticas.

Económicamente las cosas mejoraron para el poeta a partir de 1866, en que obtuvo el empleo de censor oficial de novelas, lo cual le permitió dejar sus crónicas periodísticas y concentrarse en sus Leyendas y sus Rimas, publicadas en parte en El museo universal. Pero con la revolución de 1868, el poeta perdió su trabajo, y su esposa lo abandonó ese mismo año.

Se trasladó entonces a Toledo con su hermano Valeriano, y allí acabó de reconstruir el manuscrito de las Rimas, cuyo primer original había desaparecido cuando su casa fue saqueada durante la revolución septembrina. De nuevo en Madrid, fue nombrado director de la revista La Ilustración de Madrid, en la que también trabajó su hermano como dibujante.

El fallecimiento de éste, en septiembre de 1870, deprimió extraordinariamente al poeta, quien, presintiendo su propia muerte, entregó a su amigo Narciso Campillo sus originales para que se hiciese cargo de ellos tras su óbito, que ocurriría tres meses después del de Valeriano.

La inmensa fama literaria de Bécquer se basa en sus Rimas, que iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada en Heine y opuesta a la retórica y la ampulosidad de los poetas románticos anteriores. La crítica literaria del momento, sin embargo, no acogió bien sus poemas, aunque su fama no dejaría de crecer en los años siguientes.

Las Rimas, tal y como han llegado hasta nosotros, suman un total de ochenta y seis composiciones. De ellas, setenta y nueve se publicaron por vez primera en 1871 a cargo de los amigos del poeta, que introdujeron algunas correcciones en el texto, suprimieron algunos poemas y alteraron el orden del manuscrito original (el mencionado Libro de los gorriones, hoy custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid). El contenido de las rimas ha sido dividido en cuatro grupos: el primero (rimas I a XI) es una reflexión sobre la poesía y la creación literaria; el segundo (XII a XXIX), trata del amor y de sus efectos en el alma del poeta; el tercero (XXX a LI) pasa a la decepción y el desengaño que el amor causa en el alma del poeta; y el cuarto (LII a LXXXVI) muestra al poeta enfrentado a la muerte, decepcionado del amor y del mundo. Las Rimas se presentan habitualmente precedidas de la "Introducción sinfónica" que, probablemente, Bécquer preparó como prólogo a toda su obra.

Su prosa destaca, al igual que su poesía, por la gran musicalidad y la sencillez de la expresión, cargada de sensibilidad; siguiendo los pasos de Hoffmann y Poe, sus Leyendas recrean ambientes fantásticos y envueltos en una atmósfera sobrenatural y misteriosa. Destacan por ese ambiente de irrealidad, de misterio, situado siempre sobre un plano real que deforma y desbarata. Así, en La Corza blanca, donde la protagonista se transforma de noche en el citado animal; o en El monte de las ánimas, en la que el mismo escenario de un paseo amoroso se transforma en el campo del horror fantasmal y en la que el terror llega hasta la alcoba mejor defendida y adornada; o, por fin, en Los ojos verdes y, sobre todo, El rayo de luna, donde lo irreal, enfrentado a la realidad, hace optar a los protagonistas por el sueño, por la locura en la que quieren vivir lo que la realidad les niega. Son logradas las descripciones de ambientes: del barullo de la entrada en la catedral en Maese Pérez, el organista, al silencio del claustro en El rayo de luna, o las procesiones fantasmales de La ajorca de oro y El Miserere.

Espero que recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes y contribuya en la divulgación y conocimiento de este ilustre personaje.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados:  http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?f=69&t=8691



Resumen Biográfico:


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Gustavo Adolfo Bécquer - Nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer. Su madre fue Joaquina Bastida de Vargas. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecida en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622.


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Casa natal de Gustavo Adolfo Bécquer en la calle del Conde de Barajas de Sevilla.

Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo Mártir. Sus antepasados directos, empezando por su mismo padre, José Domínguez Bécquer, fueron pintores de costumbres andaluzas, y tanto Gustavo Adolfo como su hermano Valeriano estuvieron muy dotados para el dibujo. Valeriano, de hecho, se inclinó por la pintura. Sin embargo el padre murió el 26 de enero de 1841, cuando contaba el poeta cinco años y esa vocación pictórica perdió el principal de sus apoyos.


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Bécquer con 19 años (1855)

En 1846, con diez años, Gustavo Adolfo ingresa en el Colegio de Náutica de San Telmo, en Sevilla, donde recibe clases de un discípulo del gran poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata, y conoce a su gran amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo. Pero los hermanos Bécquer quedaron huérfanos también de madre al año siguiente, el 27 de febrero de 1847, y fueron adoptados entonces por su tía María Bastida y Juan de Vargas, que se hizo cargo de sus sobrinos, aunque Valeriano y Gustavo se adoptaron desde entonces cada uno al otro y emprendieron de hecho muchos trabajos y viajes juntos.


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Bécquer con 28 años (1864).

Se suprimió el Colegio de Náutica y Gustavo Adolfo quedó desorientado. Pasó a vivir entonces con su madrina Manuela Monahay, acomodada y de cierta sensibilidad literaria. En su biblioteca el poeta empezó a aficionarse a la lectura.

Inició entonces estudios de pintura en los talleres de Antonio Cabral Bejarano y Joaquín Domínguez Bécquer, tío de Gustavo, que pronosticó «Tú no serás nunca un buen pintor, sino mal literato», aunque le estimuló a que estudiara y le pagó los estudios de latín. Tras ciertos escarceos literarios (escribe en El trono y la Nobleza de Madrid y en las revistas sevillanas La Aurora y El Porvenir).


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Bécquer con 29 años (1865)

Gustavo Adolfo Marchó a Madrid con el deseo de triunfar en la literatura en 1854. Sufrió una gran decepción y sobrevivió en la bohemia de esos años. Para ganar algún dinero el poeta escribe, en colaboración con sus amigos (Julio Nombela y Luis García Luna), comedias y zarzuelas como La novia y el pantalón (1856), bajo el pseudónimo de Gustavo García en que satiriza el ambiente burgués y antiartístico que le rodea, o La venta encantada, basada en Don Quijote.


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Gustavo y Casta en Veruela. Dibujo de Valeriano Domínguz Bécquer

En ese año de 1856 fue con su hermano Valeriano a Toledo, un lugar de amor y de peregrinación para él, a fin de inspirarse para su futuro libro Historia de los templos de España.


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Bécquer con 33 años (1869)

Le interesan por entonces el Byron de las Hebrew Melodies o el Heine del Intermezzo a través de la traducción que Eulogio Florentino Sanz realiza en 1857 en la revista El Museo Universal.


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Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte, de Vicente Palmaroli.

Fue precisamente en ese año, 1857, cuando apareció la cruel tuberculosis que le habría de enviar a Gustavo Adolfo la tumba.

Víctima de una tuberculosis crónica, Bécquer fallecía en Madrid el 22 de diciembre 1870.


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Bécquer en su lecho de muerte, dibujo de José Casado del Alisal en La Ilustración de Madrid.


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Retrato de Gustavo pintado por su hermano Valeriano en 1904. Grabado. 155 x 98 mm. Biblioteca Nacional. Madrid

Gustavo Adolfo Bécquer tuvo un modesto empleo dentro de la Dirección de Bienes Nacionales y perdió el puesto, según cierta leyenda, por sorprenderlo su jefe dibujando. Su pesimismo va creciendo día a día y sólo los cuidados de su patrona en Madrid, de algunos amigos y de Valeriano le ayudaron a superar la crisis. Ese año empieza un ambicioso proyecto inspirado por El genio del Cristianismo de Chateaubriand: estudiar el arte cristiano español uniendo el pensamiento religioso, la arquitectura y la historia: «La tradición religiosa es el eje de diamante sobre el que gira nuestro pasado. Estudiar el templo, manifestación visible de la primera, para hacer en un sólo libro la síntesis del segundo: he aquí nuestro propósito». Pero sólo saldrá el primer tomo de su Historia de los templos de España, con ilustraciones de Valeriano.


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Julia Espí, el amor imposible del poeta, su amor romántico.

Hacia 1858 conoció a Josefina Espín, una bella señorita de ojos azules, y empezó a cortejarla; pronto, sin embargo, se fijó en la que sería su musa irremediable, la hermana de Josefina y hermosa cantante de ópera Julia Espín, en la tertulia que se desarrollaba en casa de su padre, el músico Joaquín Espín, maestro director de la Universidad Central, profesor de solfeo en el Conservatorio y organista de la Capilla Real, protegido de Narváez. Gustavo se enamoró (decía que el amor era su única felicidad) y empezó a escribir las primeras Rimas, como Tu pupila es azul, pero la relación no llegó a consolidarse porque ella tenía más altas miras y le disgustaba la vida bohemia del escritor, que aún no era famoso; Julia dio nombre a una de las hijas de Valeriano. Durante esta época empezó a escuchar a su admirado Chopin.


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Su primera obra, la Historia de los templos de España (1857), aparece en colaboración.

Encontramos al sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) instalado en Madrid desde 1854. Apenas dejará la capital para viajar a Soria o Toledo. Su primera obra, la Historia de los templos de España (1857), aparece en colaboración. Describe iglesias de Toledo: San Juan de los Reyes, Santa Leocadia, El Cristo de la Luz, Santa María la Blanca, Nuestra Señora del Tránsito, parroquias mozárabes, latinas, monasterios, conventos, santuarios y capillas.
 
Recoge datos históricos, tradiciones o esbozos de leyendas, junto a descripciones y catalogaciones de cada parte de los templos: inscripciones, estatuas...


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En 1860 publica Cartas literarias a una mujer en donde explica la esencia de sus Rimas que aluden a lo inefable. En la casa del médico que lo trata de una enfermedad venérea, Francisco Esteban, conocerá a la que será su esposa, Casta Esteban Navarro. Contrajeron matrimonio en el 19 de mayo de 1861. De 1858 a 1863, la Unión Liberal de O'Donnell gobernaba España y en 1860, González Pravo, con el apoyo del financiero Salamanca, funda El Contemporáneo, dirigido por José Luis Albareda, en el que participan redactores de la talla de Juan Valera. El gran amigo de Bécquer, Rodríguez Correa, ya redactor del nuevo diario, consiguió un puesto de redactor para el poeta sevillano. En este periódico, y hasta que desaparezca en 1865, hará crónica de salones, política y literatura; gracias a esta remuneración viven los recién casados.

En 1862 nació su primer hijo, Gregorio Gustavo Adolfo, en Noviercas (Soria) donde posee bienes la familia de Casta y donde Bécquer tuvo una casita para su descanso y recreo. Empieza a escribir más para alimentar a su pequeña familia y, fruto de este intenso trabajo, nacieron varias de sus obras.

Pero en 1863 padeció una grave recaída en su enfermedad, de la que se repuso, sin embargo, para marchar a Sevilla con su familia. De esa época es el retrato hecho por su hermano que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Trabaja con su hermano Valeriano, cuya relación con Casta Esteban no era buena, debido a que ella no soporta su carácter y a su presencia constante por casa de su hermano. González Pravo, amigo y mecenas de Gustavo, le nombra censor de novelas en 1864 y el escritor vuelve a Madrid, donde desempeña este trabajo hasta 1867 con veinticuatro mil reales de sueldo. En este último año nace su segundo hijo, Jorge Bécquer.


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Casa toledana de los Bécquer, por Gustavo

En 1866 ocupa de nuevo el cargo de censor hasta 1868; es este un año tétrico para Bécquer: Casta le es infiel, su libro de poemas desaparece en los disturbios revolucionarios y para huir de ellos marcha a Toledo, donde permanece un breve tiempo. En diciembre nace en Noviercas su tercer hijo, Emilio Eusebio, dando pábulo a su tragedia conyugal, pues se dice que este último hijo es del amante de Casta. Es más, Valeriano discute con Casta continuamente. Los esposos aún se escriben, sin embargo. Pasa entonces otra temporada en Toledo, de donde sale para Madrid en 1870 a fin de dirigir La Ilustración de Madrid, que acaba de fundar Eduardo Gasset con la intención de que lo dirigiera Gustavo Adolfo y trabajara en él Valeriano de dibujante. Pero el 22 de diciembre muere Gustavo durante un eclipse total de sol; un poco antes, en septiembre, había muerto su hermano Valeriano. Mientras agonizaba, pidió a su amigo el poeta Ferrán que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»); pidió también que cuidaran de sus hijos. Sus últimas palabras fueron «Todo mortal». Sus amigos Ferrán y Correa se pusieron de inmediato a preparar la edición de sus Obras completas para ayudar a la familia; salieron en 1871 en dos volúmenes; en sucesivas ediciones fueron añadidos otros escritos. Los restos de los dos hermanos fueron trasladados en 1913 a Sevilla, donde actualmente reposan. Hay un monumento en recuerdo de Gustavo Adolfo en el centro de Sevilla


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Gustavo Adolfo Bécquer Concierto de espectros (1860) Biblioteca Virtual Cervantes



Análisis de su obra

Las Rimas de Bécquer iban a ser costeadas y prologadas por su amigo, el ministro de la Unión Liberal de O'Donnell Luis González Bravo, pero el ejemplar se perdió en los disturbios revolucionarios de 1868. Algunas sin embargo habían aparecido ya en los periódicos de entonces, El Contemporáneo, El Museo Universal, La Ilustración de Madrid y otros. El poeta, con esta ayuda, con la de su memoria y la de sus amigos reconstruyó el manuscrito, que tituló Libro de los gorriones y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Más tarde lo editarán sus amigos con un prólogo de Rodríguez Correa en dos volúmenes con el título de Rimas y junto a sus Leyendas en prosa, en 1871, para ayudar a la viuda y sus hijos. En sucesivas ediciones se amplió la selección. A partir de la quinta la obra consta ya de tres volúmenes. Iglesias Figueroa recogió en tres tomos Páginas desconocidas (Madrid: Renacimiento, 1923), con otra porción sustancial del corpus becqueriano. Gamallo Fierros editó además en cuatro volúmenes sus Páginas abandonadas. Jesús Rubio ha editado dos álbumes de Julia Espín con textos y dibujos de Gustavo dedicados a su musa, a la que no olvidaría nunca.


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Brocal de los Hermanos Bécquer. Toledo

Bécquer solía repetir la frase de Lamartine de que «la mejor poesía escrita es aquella que no se escribe». Es así en sus setenta y seis cortas Rimas breves como arpegios, ya que concentró en ellas la poesía que hubiera querido verter en numerosos poemas más extensos que no escribió. El influjo de Bécquer en toda la poesía posterior escrita en castellano es importante, esbozando estéticas como el Simbolismo y el Modernismo en muchos aspectos. Frente al Romanticismo altisonante y byroniano de un José de Espronceda, Bécquer representa el tono íntimo, al oído, de la lírica profunda. Su «Himno gigante y extraño» rompe con la tradición de la poesía civil y heroica de Manuel José Quintana y los colores vistosos y la historia nacional de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, o José Zorrilla, para meditar profundamente sobre la creación poética, el amor y la muerte, los tres temas centrales de las Rimas. Manuel Altolaguirre afirmó que la poesía de Bécquer es la más humana del Romanticismo español. Esta rara originalidad le valió el desprecio de Núñez de Arce, quien, acaso por su ideología liberal contraria al tradicionalismo becqueriano, calificó sus Rimas de «suspirillos germánicos». Pero Bécquer meditó profundamente sobre la poesía e intentó reflejar el concepto inasible que tenía de la misma en las Cartas literarias a una mujer, en forma de un largo comentario a la Rima XXI, concluida en el verso «poesía eres tú».


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Retratos del poeta británico Lord Byron y del poeta y narrador español Gustavo Adolfo Bécquer.

Los modelos poéticos de Bécquer fueron varios; en primer lugar, Heine; W. S. Hendrix señaló además a Byron y Dámaso Alonso a Alfred de Musset. Hay huellas de estos autores en su poesía.

Lord Byron - George Gordon Byron, sexto lord Byron (Londres, 22 de enero de 1788 – Missolonghi, Grecia, 19 de abril de 1824) fue un poeta inglés, considerado uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo. Su fama se debe no únicamente a sus escritos sino también a su modo de vida algo extravagante y lleno de escándalos, como por ejemplo sus numerosas amantes, deudas, separaciones, acusaciones de incesto y sodomía. Lady Caroline Lamb dejó escrito sobre él: «Loco, malo, y peligroso de conocer». Se involucró en revoluciones en Italia y en Grecia, en donde murió de malaria en la ciudad de Missolonghi.


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Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas (Madrid, 3 de octubre 1898 – 25 de enero 1990), literato y filólogo español. Premio Miguel de Cervantes 1978.


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Alfred de Musset - Alfred Louis Charles de Musset, escritor francés nacido el 11 de diciembre de 1810 en París y muerto el 2 de mayo de 1857 en París.

Fuera de su importante lírica, Gustavo Adolfo Bécquer fue también un gran narrador y periodista. Escribió veinticinco narraciones del género leyenda, muchas de ellas pertenecientes al género del relato gótico o de terror, otras, auténticos esbozos de poesía en prosa, y otras narraciones de aventuras. María Rosa Alonso encontró en ellas siete temas principales: el oriental, la muerte y la vida de ultratumba; el embrujamiento y la hechicería; el tema religioso; inspiradas en el Romancero y las de tendencia animista.


Las Leyendas de Bécquer

Bécquer demuestra ser un prosista a la altura de los mejores de su siglo, pero es de superior inspiración e imaginación y un maestro absoluto en el terreno de la prosa lírica. En sus descripciones se echa de ver el profundo amor del poeta por la naturaleza y el paisaje castellano. Escribió además las Cartas desde mi celda en el Monasterio de Veruela, a las faldas del Moncayo adonde fue a reponerse de su tuberculosis o tisis, enfermedad entonces mortal; sus cartas desbordan vitalidad y encanto. No se ha estudiado todavía su obra periodística.

Bécquer es, a la vez, el poeta que inaugura —junto a Rosalía de Castro— la lírica moderna española y el que acierta a conectarnos de nuevo con la poesía tradicional. Las Rimas se encuadran dentro de dos corrientes heredadas del Romanticismo: la revalorización de la poesía popular (que la lírica culta había abandonado en el siglo XVIII) y la llamada «estética del sentimiento». El ideal poético de Bécquer es el desarrollar una lírica intimista, expresada con sinceridad, sencillez de forma y facilidad de estilo. Bécquer y sus Rimas son el umbral de la lírica en español del siglo XX. Rubén Darío, Miguel de Unamuno, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y otros lo han considerado como figura fundacional, descubridora de nuevos mundos para la sensibilidad y la forma expresiva.


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Monumento a Bécquer en el Parque de María Luisa en Sevilla, detalle



Bécquer como dibujante


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Desde niño Gustavo Adolfo Bécquer se educó artísticamente en el seno de una familia de pintores costumbristas sevillanos. Su padre, José Domínguez Bécquer y, una vez fallecido éste, su tío Joaquín Domínguez Becquer le transmitieron, como a su hermano Valeriano, el oficio y una gran pasión por las artes.

Entre sus amistades siempre se le apreció su madera de dibujante y colaboró varias veces con su hermano Valeriano. Destaca su gran técnica y refleja su mundo interior. La vida y la muerte están entrelazados en la mayoría de sus dibujos de sus serie Les morts pour rire. Bizarreries. Las escenas dibujadas provocan la risa, el reírse de la muerte.


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Detalle de "Les morts pour rire" de G.A. Bécquer

Los álbumes de dibujos y acuarelas de don José evidencian que la infancia del poeta transcurrió entre lienzos y pinceles. Hasta tal punto la pintura constituía el centro familiar de la vida de los Bécquer que en ocasiones el padre se representa a sí mismo pintando o suele retratar a sus hijos dibujando.

Buena parte de los criticos becquerianos, sin embargo, valoran escasamente esta faceta del artista que habría abandonado la pintura y el dibujo al optar por la literatura. Pero abundan cada vez mas las pruebas en sentido contrario. De entrada, en el corazón de los textos becquerianos la pintura comparece insistente como un medio de expresion de lo inefable, en ocasiones superior incluso a la palabra, según sus propias declaraciones. Es habitual que en manuscritos suyos convivan palabras e imágenes de manera natural, y no faltan tampoco testimonios de sus contemporaneos alabando las excelencias del poeta como dibujante.


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Detalle de "Les morts pour rire" de G.A. Bécquer

Hasta ahora, sin embargo, solo un reducido numero de sus dibujos son conocidos y no se ha profundizado lo suficiente en el estudio de la colaboración plástica con su hermano Valeriano.

Así las cosas, la recuperación de los álbumes de Julia Espín -desde 1906 no se conocían sino indirectamente y nunca se ha reproducido parte alguna de ellos- ofrece finalmente una muestra amplia de sus habilidades como dibujante. La seguridad de su trazo y composición y la variedad de registros temáticos denotan a un dibujante experimentado que nos sorprende continuamente tanto por su pericia técnica como por los genuinos mundos que idea.


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Detalle de "Les morts pour rire" de G.A. Bécquer

Si es cierto -y en ello existe acuerdo general-que los años en que estos dibujos fueron realizados coinciden con los de mayor efervescencia creativa del artista y que les otorgaba una capacidad para objetivar sus vivencias interiores similar al menos a la palabra, no es exagerado afirmar que cada uno de los dibujos es como una ventana a traves de la cual contemplamos su complejo mundo interior. Veamos algunos ejemplos.
 
Bécquer plasma en los dibujos sus ensoñaciones predilectas y también sus zozobras mas inquietantes, que solo conjura mediante la risa, como sucede en la serie titulada Les morts pour rire. Bizarreries. La portada de esta excepcional serie es todo un programa de la visión que tenía Bécquer de la existencia y de la creacion artística. En su parte izquierda, sentado, dibuja el artista. A sus espaldas, su musa y la muerte contemplan el deslizarse de la mano sobre el papel. Por si no fueran suficientes muestras de la tensión entre vida y muerte en que se gesta la obra del artista, otros elementos de la composicion subrayan esta contraposición: a la izquierda, el fondo representa un jardín, a la derecha un cementerio.


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Detalle de "Les morts pour rire" de G.A. Bécquer

Los dibujos de estos álbumes ofrecen un correlato gráfico de los mundos imaginados en las Rimas y en las Leyendas. Desde ahora podemos no sólo leer sino ver los misteriosos mundos ensoñados por el artista sevillano. Porque Gustavo Adolfo, a diferencia de su padre o de su hermano Valeriano, construye una obra plástica donde, ante todo y sobre todo, proyecta sus mundos interiores y donde toman cuerpo las sensaciones nacidas de su contacto con el mundo del arte. Los dibujos de tema teatral son sintomaáticos. Tanto da que se trate de apuntes de las obras representadas como del propio ambiente teatral. De "El escalpelo del diablo" selecciona la escena en que un demonio arranca el corazón a una mujer durmiente mientras la contempla fascinado su enamorado. ¡Cuántos textos becquerianos podrían aducirse sobre la mujer sin corazon!

Más info: http://www.xtec.es/~jcosta/album.htm


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Monumento a Becquer en el Moncayo.


OBRA


Historia de los templos de España, Madrid, 1857, publicada sólo el tomo I.
Cartas literarias a una mujer, 1860–1861, publicadas en El Contemporáneo.
Cartas desde mi celda, Madrid, 1864, son nueve, publicadas en El Contemporáneo.
Libro de los gorriones, 1868, manuscrito.
Obras completas, Madrid, Fortanet, 1871, 2 volúmenes.


Leyendas

El caudillo de las manos rojas, 1858.
La vuelta del combate, 1858. (Continuación de: El caudillo de las manos rojas).
La cruz del diablo, 1860.
La ajorca de oro, 1861.
El monte de las ánimas, 1861.
Los ojos verdes, 1861.
Maese Pérez, el organista, 1861.
Creed en Dios, 1862.
El rayo de luna, 1862.
El Miserere, 1862.
Tres fechas, 1862.
El Cristo de la calavera, 1862.
El gnomo, 1863.
La cueva de la mora, 1863.
La promesa, 1863.
La corza blanca, 1863.
El beso, 1863.
La Rosa de Pasión, 1864.
La creación, 1861.
¡Es raro!, 1861.
El aderezo de las esmeraldas, 1862.
La venta de los gatos, 1862.
Apólogo, 1863.
Un boceto del natural, 1863.
Un lance pesado.
Memorias de un pavo, 1865.
Las hojas secas.
Historia de una mariposa y una araña.
La voz del silencio, 1923, dado a conocer por Fernando Iglesias Figueroa.
La fe salva, 1923, dado a conocer por Fernando Iglesias Figueroa.
La mujer de piedra, inacabada.
Amores prohibidos.
El rey Alberto.


Teatro

La novia y el pantalón
La venta encantada
Las distracciones
La cruz del valle
Tal para cual
Hoy salió sol



Artículos

- Crítica literaria
- El maestro Herold
- La soledad
- El Carnaval
- La Nena
- Las perlas
- La mujer a la moda
- La pereza
- La ridiculez
- Caso de ablativo
- El grillito cantor


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Plaza de los Carmelitas. Toledo



Bibliografía

GONZÁLEZ ARIZA, Fernando (2007). Bécquer, el romántico. Madrid. Editorial: Nivola. Colección Sabelotodos. ISBN 978-84-96751-11-8
ROBLES, Francisco (2004). Poesía eres tú: Bécquer, el poeta y su leyenda. Editorial: Signatura de Poesía. ISBN 84-96210-27-8


Enlaces interesantes

Bécquer en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/becquer/
Rimas de Bécquer en el Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/obref/rimas/default.htm
Rimas de Bécquer — Audiolibro
Obra digitalizada completa en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=13
Colección de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer: http://www.poesiaspoemas.com/gustavo-adolfo-becquer


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Leyendo a Bécquer. 1948. Óleo de Salvador Tuset



Valeriano Domínguez Bécquer


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Valeriano Domínguez Bécquer (Sevilla, 15 de diciembre de 1833 - Madrid, 23 de septiembre de 1870) fue un pintor español. Era hijo del pintor José Domínguez Bécquer, sobrino del también pintor Joaquín Domínguez Bécquer y hermano del poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Se inició en la pintura de mano de su padre, aunque también tuvo como maestro a Antonio Cabral Bejarano. Trasladado a Madrid, su hermano le abrió las puertas de los ambientes artísticos de la capital del reino.

En 1864 recibió del Gobierno de la Nación el encargo de una serie de pinturas que reflejasen las fiestas populares, las costumbres y los trajes típicos de las distintas regiones españolas y que dieron lugar a obras como "El baile", "Fiesta popular del Moncayo (Aragón)" o "Costumbres españolas de la provincia de Soria". Sin embargo un cambio del Gobierno supuso para el pintor abandonar el trabajo al ver suspendida la beca que tenía concedida para su realización.

Trabajó como dibujante e ilustrador de importantes publicaciones como "La Ilustración Española y Americana", "El Museo Universal" y "El Arte en España".

Destacado retratista, realizó obras como "El pintor carlista y su familia" y su obra más conocida, el retrato de su hermano "Gustavo Adolfo Bécquer", obra que sirvió de modelo para realizar el busto del conjunto que homenajea al poeta en la Glorieta de Bécquer, dentro del Parque de María Luisa de Sevilla.




También se usó el retrato como motivo en los billetes de 100 pesetas utilizados en la segunda mitad del siglo XX.

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'Retrato de Edouard Manet vestido de campesino andaluz'. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer


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Cecilia Böhl de Faber - Fernán Caballero. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer


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Un conspirador carlista. 1856. Valeriano Dominguez Bécquer. Museo dl Romanticismo de Madrid


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El presente. Museo del Prado. Madrid. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer


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Nodriza pasiega. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer


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Procesión de la Virgen del Carpio en Villares de Yeltes, Salamanca. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer


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El baile. También conocida como "La carreta". 1866. Óleo sobre lienzo, 65 x 101 cm. Museo del Prado. Madrid. Obra de Valeriano Domínguz Bécquer

En 1865, Valeriano Domínguez Bécquer fue comisionado por el gobierno de Isabel II, para plasmar las costumbres y los trajes de las provincias de España. Fruto de este programa de tintas antropológicos muy acordes a la mentalidad romántica, es esta obra donde se recoge uno de los bailes tradicionales de la provincia de Soria.

Esta obra ingresó en el Museo del Prado en 1878 desde el desaparecido Museo de la Trinidad, reingresando en el Prado tras su paso por el extinto Museo de Arte Moderno.


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Procesión de Semana Santa en Sevilla. Autor: Valeriano Domínguez Bécquer. Colección Particular. Óleo sobre lienzo. La pintura de Joaquín se halla, en su etapa sevillana, ligada a la tradición pictórica de su ciudad y luego, en Madrid, se remonta, desde sus raíces sevillanas, hacia una pintura de más amplias inquietudes, en la que los ecos velazqueños, e incluso goyescos, pueden ser detectables. Finalmente su arte se polariza en la expresión de una realidad dignificada, apoyada en el valor de un magnífico dibujo y un rico, limpio y luminoso colorido.


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El paso del control. Autor: Valeriano Domínguez Bécquer. Fecha: 1855 h. Colección Particular. Óleo sobre lienzo. En esta escena Valeriano Domínguez Bécquer nos presenta una visión distinta del costumbrismo descriptivo que identifica la escuela sevillana, mostrando a un carabinero que revisa los documentos de un joven campesino que viaja a lomos de un asno. Bécquer continúa utilizando la pincelada suelta que le caracteriza en sus primeros trabajos y el colorido frío de tonos ocres y marrones, aunque en este lienzo incorpora rojos y verdes, con los que aporta más vitalidad a la escena, también gracias a la luz que, procedente de la izquierda, ilumina parte de la espalda del carabinero al mismo tiempo que al campesino y al burro, empleando una iluminación dorada que recuerda a los pintores barrocos. Se trata de una escena bien ejecutada, con una factura suelta, en contraste con el dibujismo identificativo de los demás maestros de la escuela.


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Hilandera. Valeriano Domínguz Bécquer. 1866. Óleo sobre lienzo, 65 x 41 cm. Museo del Prado. Por desgracia, la obra de Bécquer no es muy amplia debido a su temprana muerte, con 37 años. Sus trabajos no se quedan en la crónica superficial de los demás miembros de la escuela costumbrista sevillana, sino que impregnó sus obras de mayor hondura narrativa, gracias a su estancia en Madrid donde convivió con los románticos madrileños y los clasicistas, ampliando sus miras artísticas y desarrollando un estilo particular de elevada calidad.


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El leñador. 1866. Valeriano Domínguz Bécquer. 1866. Óleo sobre lienzo, 65 x 71 cm. Museo del Prado. La obra representa a un leñador. El personaje apoya en una piedra y se recorta sobre un fondo de paisaje. Resalta el detallismo empleado en la descripción de calidades, demostrando un cuidadoso estudio de cada uno de los elementos, vestimentas y tipos. Esta obra ingresó en el Museo del Prado en 1878 desde el desaparecido Museo de la Trinidad, reingresando en el Prado tras su paso por el extinto Museo de Arte Moderno.


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Pintor carlista. Valeriano Domínguez Bécquer. 1859. Óleo sobre lienzo, 60 x 77 cm. Museo del Prado. Madrid. Esta escena se aleja de las pinturas costumbristas identificativas del Romanticismo andaluz y de Valeriano Bécquer. El pintor nos presenta una escena familiar protagonizada por un oficial carlista que pinta una escena de batalla. El militar aparece acompañado de sus hijas y de su esposa, tocando éste el piano, creando Bécquer un sensacional ambiente intimista en el que la luz tiene un destacado papel.


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Retrato de niña. Valeriano Domínguez Bécquer. 1852. Óleo sobre lienzo, 112 x 77 cm. Museo del Prado. Madrid. La pintura realizada por Valeriano Bécquer en su época madrileña es más madura que la anterior, apreciándose mayor objetividad y un temperamento más penetrante a la hora de representar los elementos, tanto ambientales como descriptivos. Este retrato infantil es un buen ejemplo de este cambio, observándose un cálido y seguro dibujo al que se añade una leve influencia de la pintura inglesa de la época, tratando la figura de la niña como contrapunto del delicado fondo.


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Retrato de niño ante los jardines del Alcázar, óleo sobre lienzo, 111 x 67 cm. Colección privada. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer.


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La fuente de la ermita. Valeriano Dominguez Bécquer (costumbres del Valle de Amblés en la provincia de Ávila) Lienzo, 101 x 65 cm. Museo del Romanticismo de Madrid. En esta obra de carácter costumbrista nos encontramos ante un claro documento etnográfico que representa con máximo detalle las vestimentas de un grupo de personas del abulense Valle de Amblés, vestidas con sus mejores galas en un día de fiesta, procesión o romería.

Fruto de las inquietudes del ilustrado y enciclopédico siglo xviii, en la España del siglo xix se mostró un gran interés por estudiar y documentar la variedad etnográfica y folclórica del país. Junto a ello asistimos a la realización de planos y a la elaboración de estudios geográficos, entre los que destacaríamos el realizado por Pascual Madoz (1845-1850), cuyo diccionario de carácter geográfico, histórico y estadístico, articulado en dieciséis volúmenes, se convertirá en una fuente básica y en punto indiscutible de partida, de los estudios de carácter político, geográfico, histórico, etnográfico, e incluso de patrimonio, de la España del siglo xix. Lo mismo podríamos decir respecto a los catálogos y aproximaciones al patrimonio artístico que se comienzan igualmente a lo largo de la centuria, entre las que destaca por su calidad la obra Recuerdos y Bellezas de España, cuya publicación se inicia en 1833 con 588 litografías realizadas en su mayoría por el artista Francisco Javier Parcerisa, a modo de ilustración de los textos de importantes intelectuales de la época como José María Cuadrado, Pablo Piferrer, Pedro de Madrazo o Francisco Pí y Margall entre otros. Magno proyecto que se vio completado en la reedición que hizo del mismo en 1884 la editorial barcelonesa de Daniel Cortezo.

En este mismo contexto, en 1865, el gobierno concedió a Valeriano Domínguez Bécquer una pensión para que llevase a cabo el proyecto de viajar y representar las costumbres y trajes de los pueblos de las distintas tierras de España, para dejar constancia de su variedad y riqueza etnográfica. Tarea que quedó interrumpida por su magnitud y por el cambio de gobierno producido tras la revolución de 1868. El pintor pudo realizar con gran detalle varias obras centradas en Ávila, Soria y Aragón. No fue el único proyecto de ese tipo, ya que incluso en la misma sintonía se podrían estudiar los grandes lienzos de Joaquín Sorolla realizados, ya en el siglo xx, para la Hispanic Society of America de Nueva York.

En esta pintura de Valeriano Domínguez Bécquer apreciamos una buena factura que en gran medida recuerda, u homenajea, la obra de los pintores clásicos de la pintura española. La composición de la obra junto a la fuente a la sombra de un árbol, el suave paisaje que se difumina hacia el horizonte, la contundencia de los personajes, las pesadas ropas de amplios pliegues, el protagonismo de los niños, los cántaros o las manzanas que aparecen en primer término, recuerdan una y otra vez a los cuadros de Zurbarán, Alonso Cano, Velázquez e incluso a los cartones para tapices de Goya.

Posiblemente este lienzo se encuentre entre los más conseguidos y famosos del maestro sevillano, que vio su vida truncada con tan sólo 37 años. Hermano del escritor Gustavo Adolfo Bécquer, llevó al igual que él la típica vida bohemia del romántico por excelencia del siglo xix, caracterizada por la soledad, la enfermedad y la muerte prematura. Además de la pintura fue un afamado dibujante de las publicaciones gráficas más importantes del momento como El Museo Universal, La Ilustración Española y Americana y El Arte en España.


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Pelando la pava. Valeriano Dominguez Bécquer. 1863. Óleo sobre tabla, 19 x 24,5 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.

Según el diccionario de la Real Academia Española, pelar la pava quiere decir tener amorosas pláticas los mozos con las mozas; ellos desde la calle y ellas asomadas a rejas y balcones; aunque la expresión tiene orígenes diversos, siempre conserva el sentido de coloquio galante, aunque rústico. Según Luis Montoto, la frase tiene que ver con una criada que desplumaba morosamente un ave mientras hablaba con su novio. El barón Davillier, por su parte, en el Viaje por España, compara la actitud del hombre que sujeta la guitarra con la de quien quita las plumas a un ave.

En esta tabla diminuta –también conocida como The Serenade –, Valeriano Bécquer, con sus modos plateados y suaves, recreó una escena «típica» de galanteo, en la que un hombre ronda a una joven recatada, que sólo se deja ver por la ventana y cuya actitud –apoyada en el alféizar y con la mano en la mejilla– es muy frecuente. Doré, por ejemplo, en una ilustración para el Viaje por España del citado Davillier –Músicos ambulantes–, la coloca en la misma pose, que resulta habitual desde las Dos mujeres en la ventana de Murillo (Washington, National Gallery of Art). El hombre, además, lleva una guitarra –un instrumento musical «típico» de Andalucía–, y va vestido de un modo muy peculiar, con capa amplia y sombrero de catite; un atuendo que podemos ver completo gracias al desdoblamiento de la rotunda figura masculina en su compañero que, con ese aire de tipismo, fuma un cigarrillo –el «papelito» de Carmen–.

La presencia de acompañantes junto al que «pela la pava» no es extraña. En la litografía de Antonio Chamán de 1850, Al que pela la pava, cobrarle el piso, un grupo de hombres (ataviados como éstos) espera en la distancia a que el galanteador termine y se reúna con ellos. El propio Bécquer, jugando con el tópico, retomó la misma composición –con ligeras variantes– algunos años después para componer una de las divertidas acuarelas de Los Borbones en pelota (Madrid, Biblioteca Nacional), en la que Isabel II se asoma a la ventana, mientras el padre Claret toca un organillo y Francisco de Asís –bastante aburrido– contempla la escena.

Costumbres antiguas –la mujer en casa guardando su honor y el de su familia, como en el teatro de Calderón de la Barca y en los países musulmanes–, atuendos y adornos exóticos, como las pobladísimas patillas «de boca de hacha» del galanteador –distintas por completo de la moda «europea»– y junto a todo ello, la tensión erótica en el proceso de conquista, para la que Bécquer no escatima recursos poéticos, como la inclusión del pajarillo enjaulado –entretenimiento popular muy extendido entonces–, que no podemos saber si alude más a la joven –prisionera de su virtud– o al cantor, que no puede alcanzar el objeto de sus deseos amorosos.

En la lejanía se distingue el perfil desvaído de un casco urbano, lo que sitúa esta escena en los arrabales de la población. Los muros encalados de la casa, los tiestos rotos y las flores que necesitan pocos cuidados –claveles, malvarrosas y una parra– dan a la escena un aire tradicional y rural, con la carga conservadora de serenidad y de mundo inmutable opuesta por completo al urbano, más vasto y peligroso, especialmente para las jóvenes.

El cuadro de Valeriano Bécquer responde a lo que los clientes extranjeros buscaban en Sevilla entre los años treinta y sesenta del siglo XIX. Por el tema, el formato y los colores alegres y brillantes, era la pintura ideal para llevarse como recuerdo de una estancia agradable en la ciudad del Guadalquivir.



Grabados de Valeriano


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Gustavo Adolfo Bécquer. 1904. Grabado. 155 x 98 mm. Biblioteca Nacional. Madrid. Pintado por su hermano Valeriano Domínguez Bécquer, representa la transición del romanticismo al realismo. Pinta cuadros en los que presenta las costumbres de los pueblos españoles. Ese interés por lo folclórico lo acerca al romanticismo. La fidelidad con que presenta los detalles lo acerca al realismo.


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Campesino de las cercanías del Burgo de Osma, La Ilustración Católica, 1882. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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La Fiesta de los Ciegos en las provincias vascongadas. 1883. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Costumbres populares de Aragón, El pordiosero, tipo toledano. 1870. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Aldeanos de Puente Toba. 1870. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Aldeanos del valle de Loyola. 1870. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Leñador de los Pinares y pastor de Villaciervos, La Ilustración de Madrid, 1870. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Monasterio de Veruela por la Alameda de la Cruz. 1882. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Tumba de Garcilaso de la Vega y de su padre en Toledo. 1870. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Costumbres populares de Aragón, La corrida de toros. 1866. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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El pregonero, costumbres de Aragón, en la revista española El Museo Universal. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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La picota de Ocaña, 1870, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista La Ilustración de Madrid


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Labradoras del valle de Amblés, 1870. Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista La Ilustración de Madrid


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Las jugadoras, escena de costumbres de Aragón, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista El Museo Universal. 1865


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Pozao árabe en Toledo, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista El Museo Universal. 1856.


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Sepulcros de los condes de Melito en Toledo, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista La Ilustración de Madrid. 1870.


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Una calle de la ciudad de Toledo, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista La Ilustración de Madrid. 1870.


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Vista de los monumentos de la Semana Santa en Ávila, pórtico de la basílica de San Vicente, en la revista española El Museo Universal. 1868.


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La pobreza al amparo de la Iglesia.—(Dibujo de Bécquer, tomado del natural en el pórtico de la Basílica de San Vicente en Ávila.), recogido en la revista española La Ilustración Católica. 1881. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Costumbres españolas, el mercado de Bilbao. 1866. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer


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Sepulcro de los fundadores del monasterio de Veruela, La Ilustración Católica, 1883. Dibujo de Valeriano Domínguz Bécquer


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Lago de los patinadores en el Buen Retiro, La Ilustración de Madrid, 1870. Dibujo de Valeriano Domínguz Bécquer


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El carnaval en Madrid, de Valeriano Domínguez Bécquer, en la revista La Ilustración de Madrid. Dibujo de Valeriano Domínguz Bécquer


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Voluntarios de La Habana, en la revista La Ilustración de Madrid. 1870. Dibujo de Valeriano Domínguz Bécquer



Compañeros y amigos de Gustavo Adolfo Bécquer:


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Julio Nombela (Madrid, 1836 - ib. 1919), periodista, dramaturgo y novelista español. Secretario del general carlista Cabrera y colaborador en numerosos diarios y revistas. En El Diario Español, del que fue redactor de 1856 a 1858, publicó sus primeras novelas por entregas, de escaso valor literario. Títulos de algunas son El amor propio, La mujer muerta en vida (1861), La pasión de una reina (1862), El coche del diablo (1863), El primer millón (1867), La mujer de los siete maridos (1867) y El vil metal (1876). Escribió infatigablemente y para ir más deprisa aprendió taquigrafía, de forma que sus obras completas, editadas en 1914, llenaron 22 volúmenes. Compuso también una Historia de la música (1860), Crónica de la provincia de Navarra (1868), Retratos a la pluma, y en Impresiones y recuerdos (1909-1912) refiere algunos detalles de la vida de Gustavo Adolfo Bécquer, de quien fue amigo.


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Narciso Campillo y Correa (Sevilla, 1835-Madrid, 1900) Escritor español. Dirigió el Museo Universal, que luego se convirtió en La Ilustración Española y Americana. Compuso romances históricos, odas y otras poesías, cuentos y diversos manuales de preceptiva. También fue autor de cuentos, cuya figura, junto a la del cubano Ramón Rodríguez Correa, fue vital para transmitir la obra becqueriana.


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Ramón Rodríguez Correa, (1835-1894), fue íntimo amigo de Gustavo Adolfo Bécquer y Augusto Ferrán, quiso componer y que no llegó a ver concluidas, pues la muerte le sorprendió cuando intentaba terminar el prólogo a su libro Agua Pasada, al que su buen amigo Manuel del Palacio hubo de añadir un sentido y simpático retrato post-mortem.


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Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 24 de febrero de 1837 - Padrón, 15 de julio de 1885) fue una poetisa y novelista española en lengua gallega y castellana. Se trata de la figura central del Rexurdimento de la literatura gallega en el siglo XIX, autora de Cantares gallegos (1863), obra fundacional del mismo al ser uno de los primeros libros enteramente escrito en gallego de la Edad Contemporánea. También contribuyó a la novelística con La hija del mar (1859) o Ruinas (1866). En El caballero de las botas azules (1867), novela fantástica, presenta un enigmático duque que escandaliza y satiriza a la sociedad madrileña.



Tumba de los hermanos Bécquer


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Esta es la lápida que recuerda a Gustavo Adolfo Bécquer y a su hermano Valeriano. Aqui nacio Gustavo Adolfo Bécquer y esta enterrado en el Pateon de los Sevillano Ilustres  junto a su hermano Valeriano, mausoleo  que hiciera Eduardo Muñoz en 1914 , en la cripta de la Anunciación.

Ademas Becquer murio como debian  de morir los poetas románticos jovenes , arruinado y de tuberculosis "la enfermendad romántica".


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En la lápida: "Valeriano Becquer / 1833-1870"; "Gustavo Adolfo Becquer / 1836-1870".  

En el escudo del ángel: "En la cripta de este templo/ yacen las cenizas del poeta/ Gustavo Adolfo Becquer / por acuerdo e iniciativa / de la Rl. Academia Sevilla / na de Buenas Letras fue / erigido este monumen / to a expensas del Excmo. / Srñor. Marqués / de Casa Dalp / MCMXIV".  

Becquer es uno de esos hijos de Sevilla, que tuvieron la suerte de ser muy queridos y recordados , es decir que cayó en gracia , siendo quizas el mas conocido y universal de sus monumentos el que tiene en el Parque de Maria Luisa (  Tres amores, tres mujeres - Monumento y Glorieta de Becquer )


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Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer por Valeriano Dominguez Bécquer, (colección Ibarra). 1862. Óleo sobre lienzo, 73 x 60 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla



Obras de los hermanos Becquer, son un poco subidas de tono, pero interesantes...


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Los Borbones en pelotas, Valeriano junto con su hermano Gustavo Adolfo Bécquer realizó la serie de unas acuarelas satíricas con el título: "Los Borbones en pelotas" muchas acuarelas atrevidas, procaces y hasta pornográficas, donde se caricaturiza a personajes públicos de finales del reinado de Isabel II.


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Ilustracióne de los Borbones en pelotas. Al pie se puede leer: "¡Carlos, Carlos, yo lo espero / de tu hidalgo corazón / Metelo sin dilación / que ya por joder me muero!".


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Se las acompaña de agudos textos alusivos, a veces poéticos. No fueron publicadas en su día, por razones obvias. Firmadas con el pseudónimo SEM, son atribuidas conjuntamente a los hermanos Bécquer ( Gustavo Adolfo Bécquer, como solía firmar el poeta y Valeriano Domínguez Bécquer, el pintor). Fueron publicadas en 1991 con estudios de Robert Pageard, Lee Fontanella y Mª Dolores Cabra Loredo.


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El rey consorte, primer pajillero de la Corte


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Reproducciones o ilustraciones del álbum de láminas satíricas 'Los Borbones en pelotas'. SEM, seudónimo de los hermanos Bécquer, muertos en el siglo XIX.


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Isabel II fornicando con un asno. Viñetas satiricas de Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Domínguez Bécquer



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Monumento romántico al poeta local Gustavo Adolfo Bécquer en el Parque de María Luisa, Sevilla, España.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo está dedicado al más romántico de los poetas: Gustavo Adolfo Bécquer.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, gibralfaro.uma.es, spanisharts, wikipedia, biografiasyvidas, cervantesvirtual, elpais.com, gerrypinturavisual.blogspot.com, 36norte6oeste.blogspot, artehistoria, galeon.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: Gustavo Adolfo Bécquer 
 
"No digáis que agotado su tesoro...", de G. A. Bécquer

(Rimas, IV)


No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira.

Podrá no haber poetas, pero siempre

habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a do camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían,

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila,

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

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Si hay quien llama cursi al poema del beso de Pedro Salinas (que ha seleccionado aquí nuestra Virginia), no quiero ni pensar lo que alguno va a decir de este poema de Bécquer. Sin embargo, ¡ahí va un verso!:

“Siempre habrá poesía”Declaro pública y solemnemente que me gusta Bécquer. Hoy me podéis llamar cursi, antiguo, carroza, sentimental, lírico, intimista, duzón o lo que queráis. Me da igual. Me gusta Bécquer desde que miré por primera vez, con temblor adolescente, a los ojos de una chica (“mi pupila en tu pupila azul”) bajo un parral almeriense.

Me ha dolido comprobar que, entre todos los poemas seleccionados merecidamente por mis colegas y por mí mismo en este blog, no hay ninguno del grandísimo Gustavo Adolfo Bécquer.

¿Por qué será?

Quizás sea porque hoy no está de moda o porque era un tradicionalista carca, un burócrata pobretón, un pesimista, un tuberculoso, un tristón de mala muerte, o quizás, porque la lírica romántica está mal vista o porque nos da vergüenza que nos tomen por sentimentales, blandos, cursis, tristes, sensibleros, repipis, etc.

Recuerdo a un amigo “intelectual de izquierdas” (así se decía en aquellos tiempos) que declaró abiertamente –en plena lucha contra la Dictadura de Franco- que le gustaba el fútbol y, lo que es peor, que se emocionaba… ¡cuando ganaba un partido el Real Madrid!

Con aquella arriesgada “operación verdad”, se quitó un peso de encima. Ya lo creo. Es lo que trato yo de hacer ahora mismo al declarar aquí –“y no se si hago bien al confesarlo”- que me encantan, me emocionan, me trastornan, me´sulibellan´, me matan y me resucitan las Rimas de Bécquer y una parte de su prosa.

Los de la Generación del 98 y los del 27 respetaban y/o adoraban a Bécquer. Y Bécquer admiraba –y con razón- a Lord Byron y a Heine.

Es el poeta español romántico por excelencia, quizás el más grande que tenemos. Y, sin embargo, aún no está en nuestra lista del blog de poesía.

Por tanto, incluyo aquí este poema de Bécquer y prometo que no será último de los suyos (si me dejan) para reparar una injusticia literaria y reclamar un trocito del ciberespacio para la ternura que brota de la poesía romántica.

¡Tanta falta nos hace!

Dadme más Bécquer y llamadme cursi.


20MINUTOS
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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