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Manuel Azaña
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Mensaje Manuel Azaña 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este octogésimo primer trabajo recopilatorio, está dedicado a Manuel Azaña, fue escritor, político español, presidente de la Segunda República.

0azanajpegManuel Azaña - Manuel Azaña Díaz (Alcalá de Henares, Madrid, 1880 - Montauban, Francia, 1940) Político español, presidente de la Segunda República. Procedente de una familia liberal, Azaña estudió Derecho en Zaragoza y Madrid, doctorándose con una tesis sobre La responsabilidad de las multitudes; entró por oposición en la función pública (1910); y completó su formación con una beca de la Junta para Ampliación de Estudios en París en 1911-12. Su actividad intelectual le llevó a la secretaría del Ateneo de Madrid, puesto que ocupó entre 1913 y 1920; su interés por los asuntos militares se inició al ser comisionado por el Ateneo para visitar los frentes de la Primera Guerra Mundial en Francia e Italia (1916).

En 1913 ingresó en el Partido Reformista de Melquiades Álvarez y participó con Ortega y Gasset en la fundación de la Liga de Educación Política; en 1918 fundó la Unión Democrática Española; pero fracasó en sucesivos intentos de ser elegido diputado en las Cortes de la Restauración (1918 y 1923). Se apartó temporalmente de la política para dedicarse al periodismo, primero como corresponsal en París (1919-20), luego al frente de La Pluma (1920-23) y finalmente como director de la revista España.

Bajo la dictadura Primo de Rivera abandonó el Partido Reformista y se declaró partidario de la República, fundando Acción Republicana (1925); al mismo tiempo, crecía su prestigio intelectual, con la publicación de obras como El jardín de los frailes o Ensayos sobre Valera. En 1930 accedió a la presidencia del Ateneo y, ya como figura de alcance nacional, participó en el Pacto de San Sebastián para derrocar a la monarquía.

Al proclamarse la República española (14 de abril de 1931), Azaña se integró en el gobierno provisional como ministro de la Guerra. Participó activamente en las Cortes constituyentes. Y asumió la Presidencia del Consejo de Ministros cuando las discrepancias sobre las relaciones Iglesia-Estado llevaron a Alcalá Zamora a abandonar el gabinete.

Como jefe de un gobierno formado por socialistas y republicanos de izquierdas (1931-33), Azaña impulsó un amplio programa de reformas: secularizó la vida pública (legalizando el matrimonio civil y el divorcio), reformó el ejército, puso en marcha una reforma agraria y concedió la autonomía a Cataluña. Todo ello le enfrentó con las fuerzas conservadoras, pero no fue suficiente para asegurarle el apoyo del movimiento obrero, en un momento en que la depresión económica mundial agudizaba las dificultades; desprestigiado por la represión armada de un levantamiento campesino en Casas Viejas (Cádiz), hubo de dimitir y perdió las elecciones de 1933, que dieron el gobierno a la derecha.

En 1934 fusionó su partido con los radicales de Marcelino Domingo, formando Izquierda Republicana (1934), partido con el cual realizó una efectiva campaña de oposición al gobierno. La ascensión de Gil Robles al poder, interpretada como el triunfo del fascismo en España, le llevó a participar primero en la fracasada Revolución de Octubre de 1934 (por lo que pasó algún tiempo en prisión) y a integrarse después en un Frente Popular con todas las fuerzas de izquierdas.

El triunfo de dicha formación en las elecciones de febrero de 1936 devolvió a Azaña a la jefatura del gobierno y le promovió después a la Presidencia de la República (mayo). Enseguida retomó el programa reformista del primer bienio republicano, pero apenas tuvo tiempo de desarrollarlo, por el golpe de Estado que, a partir de julio, dio paso a la Guerra Civil (1936-39).

Azaña se fue quedando progresivamente aislado, sin capacidad para mantener la unidad y el orden en el bando republicano, ante el radicalismo y los conflictos internos de las organizaciones obreras. Refugiado en su papel de intelectual, se permitió reflexionar sobre la guerra en La velada en Benicarló (1937); y defendió la conveniencia de acelerar un final negociado de la contienda, ante la perspectiva inexorable de la derrota (lo cual le enfrentó con Negrín). Perdida la guerra se exilió en Francia y renunció a la Presidencia (1939).
 
Espero que recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes y contribuya en la divulgación de este ilustre personaje.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados, por temas.  Reyes: Trajano, emperador romano, Adriano, emperador romano, Don Pelayo, Jaime I el Conquistador, Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Reyes Católicos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos V, Felipe II, Carlos III; Gobernantes: Conde-duque de Olivares, Duque de Lerma, Cánovas del Castillo, Mateo Sagasta, José Canalejas, Emilio Castelar; Conquistadores y exploradores: Cristóbal Colón, Hermanos Pinzón, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Cabeza de Vaca, Francisco de Orellana, Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Hernando de Soto, Inés de Suarez, Núñez de Balboa, Pedro de Mendoza, Pedro de Valdivia, López de Legazpi, Ponce de León, Rodrigo de Bastidas, Elcano - Magallanes; Héroes: Viriato, El Cid campeador, Guzmán el Bueno, María Pita, Agustina de Aragón, Daoíz y Velarde, Vicente Domenech "El Palleter"; Militares: Juan de Austria, El Gran Capitán (Fernández de Córdoba), Ambrosio Spínola, Álvaro de Bazán, Blas De Lezo, Gravina y la Batalla de Trafalgar, Cosme Damián Churruca y Trafalgar, Alcalá Galiano, General Castaños y batalla de Bailén; Literatura: Séneca, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, José de Echegaray, Jacinto Benavente, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, url=http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t= 8878] Juan Ramón Jiménez[/url], Vicente Aleixandre, Camilo José Cela; Religiosos: Bartolomé de Las Casas, Cardenal Cisneros, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santo Domingo de Guzmán; Medicina: Miguel Servet, Gregorio Marañón, Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa; Inventores: Isaac Peral, Juan de la Cierva, Torres Quevedo, Alejandro Goicoechea Omar, Eduardo Barreiros... hay otros trabajos en preparación que iré añadiendo.



Resumen Biográfico:


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Manuel Azaña Díaz (Alcalá de Henares, 10 de enero de 1880 - Montauban, Francia, 3 de noviembre de 1940) fue un político y escritor español que desempeñó los cargos de Presidente del Gobierno español (1931-1933, 1936) y Presidente de la Segunda República Española (1936-1939).

Fue uno de los políticos y oradores más importantes en la política española del siglo XX, además de un notable periodista y escritor, consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1926. Su obra La velada en Benicarló, sobre la Guerra Civil Española es una interesante reflexión acerca de la década de los años treinta en España. Sus Diarios -dados a conocer al gran público hace unos años- son uno de los documentos más importantes de este momento histórico.


Infancia y adolescencia


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Manuel Azaña nació en una familia de sólida posición económica y con presencia en la política local y la vida intelectual de Alcalá. Su padre era Esteban Azaña, propietario, y su madre Josefina Díaz-Gallo, ama de casa. El padre, de familia de notarios y secretarios de ayuntamiento, se dedicaba también a la política y llegó a ser alcalde de Alcalá de Henares; además, escribió y publicó en 1882 y 1883 una Historia de Alcalá de Henares en dos volúmenes. En cuanto a la familia de su madre, se dedicaba al comercio.

Manuel fue el segundo de cuatro hermanos (Gregorio, Josefa y Carlos, eran los otros). Además de sus padres, y sobre todo tras la prematura muerte de estos, desempeñaron un papel importante de protectores durante su infancia su tío materno Félix Díaz Gallo, con cierta influencia sobre Manuel en lo intelectual, y su abuela paterna.

Estudió en el Colegio Complutense de San Justo y Pastor hasta el bachillerato, que comenzaría en el curso 1888-1889, haciendo los exámenes en el Instituto Cardenal Cisneros, de Madrid. Era un alumno de notas excelentes, predominando entre sus calificaciones el sobresaliente, aunque finalmente culminaría sus estudios de bachiller con la calificación de aprobado.

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Los Azaña son una familia de propietarios medios. La niñez de Manuel está marcada por la muerte: a los 9 años perderá a su madre; una año más tarde, a su padre, y poco después a su hermano. En la imagen, de izquierda a derecha, Gregorio Azaña, Félix Díaz Gallo, Josefa Díaz Gallo (con Josefina en brazos), y Manuel Azaña.

El 24 de julio de 1889 murió su madre; unos meses después, el 10 de enero de 1890, su padre. Manuel y sus hermanos se fueron a vivir a casa de su abuela paterna, doña Concepción. Allí, con una constante sensación de soledad, realizaría sus primeras lecturas, gracias a los distintos libros acumulados por su abuelo Gregorio, hombre que había sido aficionado a los libros:

Siempre, cada vez que evoque su infancia, la misma metáfora: Manuel Azaña se recuerda en los días de su niñez y adolescencia, sobre todo, como un devorador de libros.

Por decisión de su abuela, Manuel realiza sus estudios superiores de Derecho interno en el recién creado Real Colegio de Estudios Superiores María Cristina de El Escorial. Dado que el colegio carecía de la facultad de expedir títulos de licenciatura, los alumnos debían examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza.

Tras tres cursos interno (el preparatorio y los dos primeros de Derecho), durante el curso 1896-1897 sufrió una crisis religiosa que le llevó a abandonar el colegio, continuando sus estudios en casa:

No fue hostilidad, tampoco rencor, ni alguna especie de "rebeldía impieteista", como algún fraile ha dictaminado, confundiendo los sentimientos de un joven de dieciséis años que un día dice que no quiere confesarse con los de un ateo militante: fue sencillamente que la religión, en todas las dimensiones en que la había vivido de niño y adolescente, dejó de tener sentido para él. Durante el curso 1897-1898 editó junto a unos amigos la revista Brisas del Henares, en la que publica diversas crónicas locales.

El 3 de julio de 1898, en la Universidad de Zaragoza, pasó el examen de grado de Licenciatura en Derecho con la calificación de sobresaliente.


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Manuel Azaña de joven en El Escorial, donde estudió en los agustinos. Fotografía tomada de 'Azaña, memoria gráfica 1880-1940'.


Juventud

En octubre de 1898 se trasladó a Madrid para preparar el curso de doctorado en la Universidad Central. Al tiempo, y gracias a las gestiones de su tío, entró a trabajar como pasante en el bufete del abogado Luis Díaz Cobeña, donde coincidió con Niceto Alcalá Zamora.

En febrero de 1900 solicitó su admisión en los ejercicios de grado y presentó su tesis titulada La responsabilidad de las multitudes el 3 de abril, obteniendo el título de doctor en Derecho con la calificación de sobresaliente. En su tesis, Azaña

establecía que cuando actúa en multitud, el individuo es responsable de sus actos y reconocía que cuando las multitudes alzan la voz amenazando con perturbar el orden es para reclamar algo que casi siempre se les debe en justicia.

Durante esa época, sus lecturas se centran básicamente en obras relacionadas con cuestiones sociales, con el socialismo y con la historia de Francia e Inglaterra.

Desde octubre de 1899 formaba parte como socio de la Academia de Jurisprudencia, donde participaría activamente en diversos debates. En enero de 1902 leyó su memoria sobre La libertad de asociación, donde abordaba la necesidad de que las órdenes y congregaciones religiosas se regulasen por el Estado, y apelaba al respeto a la libertad de enseñanza para las asociaciones de católicos formadas para ese fin. En otras intervenciones a propósito de memorias expuestas por distintos socios, Azaña expresó ideas como que lo decisivo para elegir entre un sistema de gobierno era el grado de aceptación de este, fuese monarquía o república, de principios como el respeto a la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la soberanía nacional y las instituciones representativas. En otro caso, apeló a la necesidad de que la ley estableciese una reforma que introdujese una verdadera libertad de mercado con el reconocimiento de la libertad de asociación del proletariado.

Hacia finales de 1900, Azaña ingresó también en el Ateneo, donde pudo mostrar su actitud crítica tanto hacia la generación del 98 como hacia el regeneracionismo.

Por otro lado, desde febrero de 1901 empezó a colaborar, con textos literarios y de crítica teatral, en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo, que ya había utilizado en su adolescencia.

De imprevisto, en 1903 regresa a Alcalá para hacerse cargo con su hermano Gregorio de los negocios familiares: una finca, una fábrica de ladrillos y tejas, y la Central Eléctrica Complutense. Simultáneamente, retoma su actividad literaria concentrándose en la redacción de una novela autobiográfica: La vocación de Jerónimo Garcés. También, vuelve a su labor periodística a través de una revista local, La Avispa, fundada por su hermano Gregorio y unos amigos.


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Manuel Azaña con su mujer, Dolores de Rivas

Sin embargo, el fracaso de los negocios familiares lo llevan a marchar a Madrid y solicitar tomar parte en 1909 en los ejercicios de la oposición a Auxiliares terceros de la Dirección General de los Registros y del Notariado. En junio de 1910 aparece como número uno en la lista de resultados, siendo propuesto para la plaza correspondiente. Tras diverso ascensos naturales dentro del escalafón, en 1929 llegó a ser nombrado Oficial jefe de Sección de segunda clase del Cuerpo Técnico de Letrados del Ministerio de Gracia y Justicia, con un sueldo anual de 11000 pesetas.

Paralelamente a su tarea como funcionario, Azaña siguió desarrollando una labor intelectual. Así, en 1911 pronuncia su primera conferencia política en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares. En ella, afronta el tema de moda, el problema español, pero en vez de centrarse en la solución que la mayor parte de los intelectuales proponían al respecto, la escuela, Azaña muestra su preocupación por el Estado. Así, en su conferencia afirma que

el "problema de España" consiste en organizar democráticamente su Estado, única medicina para acabar con el "apartamiento de la vida cultural de Europa" (...). [Y que] para lograrlo, es requisito indispensable liberarlo de los poderes sociales que lo mediatizan (...) por medio de la acción política de ciudadanos conscientes de sus deberes.

Ese mismo año, en dos artículos publicados en La Correspondencia de España, Azaña insistirá, enfrentándose críticamente a la generación de Baroja, en la necesidad de una actitud política activa por parte de los ciudadanos para afrontar con garantías la solución al problema de España.


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Manuel Azaña hablando desde su escaño del Congreso a finales del año 1934.

Con la intención de seguir cursos de Derecho civil francés en la Universidad de París, solicitó en febrero de 1911 una pensión por un periodo de seis meses que le es aceptada. El 24 de noviembre llegó a París y allí, hasta su marcha un año después, desarrolló una intensa actividad intelectual de la que dejó testimonio además de en notas personales, en diversos artículos enviados bajo el seudónimo de Martín Piñol a La Correspondencia de España. Azaña quedó especialmente impresionado por

la visión de París como obra única de civilización que ha sabido aunar (...) la herencia cristiana con la rehabilitación de la razón.

En otros artículos, abordó la importancia de rehabilitar la funcionalidad de los parlamentos como garantes de la seguridad nacional y el concepto de patria, que Azaña asocia con cultura y con justicia y libertad encaminadas a un bien común.

En París, además de diversas lecturas y visitas culturales a iglesias y monumentos, asistió a mítines políticos y a múltiples conferencia de temáticas variadas, entre ellas unas dedicadas a historia de las religiones por Alfred Loisy y otras sobre psiquiatría impartidas por Henri Pièron.

Conoció y se hizo amigo de Luis de Hoyos, de cuya hija Mercedes de quince años llegó a enamorarse.

Tras unos días de septiembre en Bélgica, regresó a España el 28 de octubre de 1912.


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Estandarte presidencial de Manuel Azaña

En febrero de 1913 entró a formar parte de la junta directiva del Ateneo como secretario primero; la avanzada edad y la gran actividad del presidente, Rafael María de Labra, llevaron a Azaña a tener que asumir algunas de las funciones de este, sobre todo desde 1916. Además de revitalizar su biblioteca, Azaña consiguió aclarar determinadas cuestiones económicas que asediaban a la institución.

Simultáneamente, además de recibir clases de alemán, empezó a tomar en serio la idea de escribir un estudio sobre la literatura provocada por el desastre del 98, para lo cual estudió los siglos de la Baja Edad Media, en busca de una explicación de la decadencia, y entabló un diálogo crítico y polemista con los intelectuales que habían abordado desde finales del XIX la cuestión de ese desastre. Como consecuencia de estas indagaciones, Azaña elabora un concepto personal de patria, que niega su existencia medieval (aunque, paradójicamente, busque en ese periodo a sus padres verdaderos) y que la identifica con "la igualdad de los ciudadanos ante la ley; es decir, es democrática."

Por esas fechas, su amistad con Cipriano Rivas Cherif se consolida definitivamente.


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Azaña y su cuñado, Cipriano Rivas Cherif, con sus esposas



Madurez. Los inicios de su actividad polítia


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A mediados de octubre de 1913, Manuel Azaña junto con otros jóvenes de la nueva generación intelectual de España y la compañía de José Ortega y Gasset, respaldó con su firma un "Prospecto de la Liga de Educación Política de España", que clamaba por

la organización de una minoría encargada de la educación política de las masas, vincular la suerte de España al avance del liberalismo y al proyecto de nacionalización, [y] agruparse con el propósito de ejercer algún tipo de actuación política que abriera, sin salir de la monarquía, las puertas a la democracia.

Políticamente, el manifiesto suponía un apoyo explícito al Partido Reformista presidido por Melquíades Álvarez, al que muchos de ellos, entre ellos Azaña, se afiliaron inmediatamente.

En su primer discurso como afiliado, en diciembre de 1913, Azaña reivindicó, una vez más, la democracia parlamentaria, la necesidad de un Estado laico y soberano, atento a la justicia social y a la cultura, y la imperiosa necesidad de acabar con el caciquismo; por lo demás, rechazó la posibilidad de que su partido pudiese acometer tal empresa con la ayuda de socialistas, republicanos o liberales.

A pesar de sus deseos de presentarse como candidato por el distrito de Alcalá en las elecciones del 8 de marzo de 1914, finalmente no lo hizo, pues estimó que podría provocar problemas en su pueblo por la división política existente. Por lo demás, los malos resultados electorales del partido y la presencia en él de un porcentaje mayor de intelectuales que de políticos, terminó por hacer languidecer a la formación durante un tiempo, mientras se continuaban los debates sobre si aproximarse al Partido Liberal de Romanones, algo que Azaña rechazaba frontalmente.

El comienzo de la Primera guerra mundial llevó a Azaña a posicionarse a favor de los aliados y a desarrollar algunas actividades de apoyo moral a estos. Puso a disposición de diversos intelectuales franceses la tribuna del Ateneo, respaldó un "Manifiesto de adhesión a las Naciones Aliadas" (publicado en España el 9 de julio de 1915) y realizó en octubre de 1916 una visita a Francia con un grupo de intelectuales españoles que incluyó un acercamiento al frente. Al lado de su admiración por la fuerza cívica demostrada por los franceses durante la guerra, Azaña expresó también su repulsa, lejos de toda mitificación, de los horrores provocados por esta.

Esta polémica entre pro-aliados y germanófilos se recrudeció cuando los primeros decidieron criticar explícitamente a los segundos. Así, el mismo semanario España publicó un manifiesto redactado por una llamada Liga Antigermanófila, que Azaña firmó. Como apoyo intelectual al movimiento, pronunció también una conferencia en el Ateneo con el título de "Los motivos de la germanofilia", donde incidía en la idea de que la neutralidad de España en la Gran Guerra tenía como motivo real la carencia de medios militares del país; por lo demás, explicando la valerosa resistencia de los franceses, reiteraba su principio de que el patriotismo estaba directamente vinculado a la virtud cívica, el móvil ideal de los ciudadanos como miembros de una sociedad política.

En septiembre de 1917, Azaña realizó un viaje a Italia junto a Unamuno, Américo Castro y Santiago Rusiñol para visitar los frentes de guerra; en noviembre de ese mismo año, viaja de nuevo a Francia con el mismo objetivo.

A su vuelta, y desde enero de 1918, inició un ciclo de conferencias en el Ateneo sobre "La política militar de la República francesa", tema que le venían ocupando desde hacía tiempo y que, finalmente, terminaría concretándose en un proyecto de obra en tres volúmenes sobre Francia del que solo llegaría a publicarse el primero, precisamente sobre esa cuestión militar. Como consecuencia de esta dedicación al tema militar, fue el encargado en el Partido Reformista de desarrollar la parte ideológica del mismo sobre Guerra y Marina; básicamente, Azaña propuso alejar al ejército de la política, reducir el número de oficiales o, al menos, impedir su crecimiento y reducir el tiempo del servicio militar.

Mantuvo al tiempo su incipiente interés por la política y se presentó como candidato a las elecciones generales del 24 de febrero por el distrito de Puente del Arzobispo; asumiendo la necesidad del la unidad, apelaba en sus charlas con los ciudadanos a la unión de las izquierdas e insistía en transmitir su idea de patria como cualidad de hombres libres. También realizó en estos primeros mítines sus primeros ataques directos a la Corona y unas primeras referencias a la posibilidad de una revolución, por la fuerza si fuese necesario, para cambiar el statu quo de la realidad española. Consiguió 4139 votos que no fueron suficientes para convertirse en diputado.

En mayo de 1919, en un mítin convocado por el Partido Reformista para denunciar la entrega del decreto de disolución de las Cortes al gobierno de Maura, Azaña participó con un discurso en el que habló del hundimiento de sus esperanzas liberales, asociando el liberalismo con los derechos de los trabajadores como individuos. El mítin alejó definitivamente a los reformistas de cualquier esperanza de reforma del régimen establecido y los acercó a las izquierdas, especialmente a los reclamos de los socialistas.

Simultáneamente a lo anterior, junto a varios intelectuales republicanos, socialistas y reformistas participó en la creación de la Unión Democrática Española para la Liga de la Sociedad de Naciones Libres, que reclamaba una democracia plena para España. Las buenas relaciones entre los políticos de esas facciones se consolidaron aún más con una serie de conferencias (titulada "El actual momento político") que, con motivo de la crisis política española de finales de los años veinte, se desarrollaron en el Ateneo desde abril de 1919.


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Manuel Azaña, durante un discurso en 1930

Entre octubre de 1919 y abril de 1929 vivió en París junto a su amigo Rivas Cherif, y trabajó como enviado especial del diario El Fígaro enviando artículos sobre la situación política en Francia tras la guerra y sobre la crítica a esa guerra.

A principios de año, rompió sus relaciones con el Ateneo dimitiendo como secretario, en lo que sería un indicio de unas nuevas inquietudes intelectuales que se verían materializadas con la fundación, junto a Rivas Cherif, de una revista literaria que contaría con el mecenazgo del arquitecto Amós Salvador. Así, en junio de 1920 salió a la calle La Pluma, Revista Literaria. Azaña, en sus colaboraciones, tocó los más variados registros, desde el folletón a la crítica literaria, pasando por el ensayo político.

En 1923 fue encargado de reflotar la revista España, para lo cual hubo que sacrificar a La Pluma. Azaña incrementa su colaboración política y refleja sus impresiones sobre los derroteros del Partido Reformista, que en diciembre de 1922 había situado a uno de sus miembros, José Manuel Pedregal, como ministro de Hacienda, y dirige con mayor insistencia sus críticas a la dependencia del gobierno de militares e Iglesia.

En abril de 1923 repitió su candidatura al Congreso por el distrito de Puente del Arzobispo, obteniendo unos resultados similares a la vez anterior.


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Retrato de Cipriano Rivas Cherif, escritor. Obra de Santiago Montes Luengas.

Cipriano de Rivas Cherif, es considerado junto a Adriá Gual uno de los directores de escena pioneros de la España de comienzos del siglo XX. Concentró sus esfuerzos en renovar la escena española de su época, dominada por la comedia burguesa de salón que producían dramaturgos como Muñoz Seca o Benavente. Colaboró con las compañías de importantes actores de la época como Enrique Borrás o Margarita Xirgu. Con a esta última estrenó en 1934 Yerma de Federico García Lorca en el teatro Español de Madrid. Siendo estudiante viajó con una beca a Bolonia donde vivió entre 1911 y 1914. Durante su estancia tuvo la oportunidad de familiarizarse con la ópera y la comedia italiana. En Bolonia también descubrió las ideas del director de escena inglés Edward Gordon Craig, a quien nunca llegó a conocer, si bien leyó los textos que publicaba en la revista de teatro The Mask.

Rivas Cherif, era cuñado de Manuel Azaña. Tras la Guerra Civil fue devuelto a España por la Gestapo pero, no habiéndosele demostrado responsabilidades políticas, no fue fusilado, aunque pasó 6 años en el penal de El Dueso antes de exiliarse.


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La Coruña. Homenaje a Manuel Azaña, jefe de Gobierno. Entre otras personalidades, ala izquierd, Santiago Casares y a la derecha Francisco Franco



La reacción ante el golpe de estado de Primo de Rivera

El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera fue un momento crítico en su evolución política. En primer lugar, rompe con el Partido Reformista porque entiende que su base doctrinal y moral es insuficiente para hacer frente a la situación política de España. Básicamente, Azaña entiende que el Partido se había fundado para democratizar la monarquía, conservando su forma y su prestigio histórico, pero en modo alguno su arbitrariedad inherente, por lo que su aceptación del golpe podía considerarse una traición sencillamente imperdonable y un fracaso en la línea del partido que no supo ver la imposibilidad de confiar en la monarquía. Derivado de lo anterior, en segundo lugar Azaña rompe con la monarquía. Y en tercer lugar, se aleja definitivamente de muchas de las figuras del 98 y del regeneracionismo, que tomaron la Dictadura como una oportunidad para romper con el régimen anterior, algo que para Azaña era impensable.


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Miguel Primo de Rivera (Jerez de la Frontera, 8 de enero de 1870 - París, 16 de marzo de 1930) fue un militar, noble, político y dictador español. Fue segundo marqués de Estella, séptimo de Sobremonte y Grande de España.

Como consecuencia de todo ello, Azaña terminó por identificar la democracia con la república y postuló como base para intentar alcanzarla la unión de republicanos y socialistas. Así, emplazó a Julián Besteiro y a Fernando de los Ríos a simbolizar ese nuevo movimiento de acción política

Capaz de oponer al bloque avasallador de las fuerzas oscurantistas coligadas, la resistencia primero, la contraofensiva después, de la voluntad liberal latente so la mentida resignación del país.

Cerrada la revista España por la censura, en mayo de 1924 terminó de redactar un manifiesto titulado Apelación a la República que, finalmente, tras numerosas negativas por parte de amigos y compañeros para facilitar su distribución, se publicó en La Coruña de forma clandestina. El núcleo del manifiesto es la idea de que la monarquía es lo mismo que absolutismo y que la democracia solo es posible en la república; por lo demás, abre las puertas a una gran alianza política en la que los integrantes solo deberían confirmar su aceptación de lo anterior, esto es, solo deberían reconocer su esencia liberal en el sentido más elemental del término: el individuo como sujeto de derechos y la nación como marco donde el hombre libre cumple sus destinos. Azaña idea, pues, una acción republicana en la que vayan de la mano el proletariado y la burguesía liberal. El manifiesto no tuvo grandes adhesiones.


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Manuel Azaña y Marcelino Domingo Sanjuán.

Anulada cualquier posible iniciativa por el control de la dictadura, Azaña se refugió en su afición a escribir y empezó a participar en una especie de tertulia clandestina que se celebraba en el laboratorio que el farmacéutico José Giral tenía en la calle de Atocha en Madrid. Allí empezó a trabajar de una forma más activa en la preparación de la República, algo que se materializó en un nuevo manifiesto escrito en mayo de 1925. Ideológicamente reitera lo dicho en la Apelación, pero implicó la novedad de que fue el germen o la materialización de un grupo político constituido por los miembros de esa tertulia a finales de 1925 que se denominó, en principio, Grupo de Acción Republicana o Grupo de Acción Política. La denominación respondía al deseo de no verse confundidos con los partidos políticos tradicionales y abrirse paso como posible punto de unión entre ellos según la idea de alianza liberal enunciada por Azaña en sus manifiestos. En este sentido, una de sus primeras aproximaciones la realizan al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

Con motivo de la celebración del aniversario de la Primera República, el 11 de febrero de 1926 marcó el inicio oficial de actividades del Grupo de Alianza Republicana, el nombre con el que finalmente se conocería al grupo del que Azaña sería su representante. En su circular número 1 recordaba en forma de "Manifiesto al país" que no pretendía ser un partido político sino un punto de articulación para el republicanismo; además, reivindicaba una ordenación federativa del Estado, atención a la educación, medidas de reforma agraria y de legislación social, etc.

Con todo, la Dictadura, reforzada por la calma en Marruecos, anulaba cualquier iniciativa pública de cariz político. Hacia 1926 las relaciones con Lerroux quedaron fijadas y Azaña participó en casa de este en las reuniones de la junta interina de Alianza; también en varias ocasiones se involucró en proyectos de insurrección militar contra la dictadura.


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Santiago Casares Quiroga (Miinistro de la Gobernación) pasando revista  al ejército en San Sebastián. 1933



Azaña hubo de refugiarse en su actividad de escritor


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En 1926 es galardonado con el Premio Nacional de Literatura por su Vida de don Juan Valera, que finalmente no publicaría. Volvió también a su reflexión sobre la relación entre las ideas del grupo del 98 y la dictadura, y sometió a una fuerte crítica al Idearium español de Ángel Ganivet. Igualmente, sometió a análisis la revolución de los comuneros donde vio un antecedente de las revoluciones del tercer estado, que quedaría desde entonces enfrentada a la monarquía y la nobleza. Refuerza así su idea de la necesidad de unión política entre la burguesía y la clase obrera para, desengañado ya de la posible evolución, retomar la vieja idea desechada en el pasado de que el camino es la revolución que acabe con el poder de la alianza entre la Corona y la oligarquía.

En 1927 publicó, además, El jardín, narración con componentes autobiográficos, que fue bien recibida por la crítica en general, y se dedicó también con especial interés al teatro, representándose en 1928 su obra La Corona.

En cuanto a su vida personal, el 27 de febrero de 1929 se casó con Dolores de Rivas Cherif en la iglesia de los Jerónimos.


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Presentación del Gobierno Provisional de la Segunda República en el Congreso de los Diputados el 14 de julio de 1931. en la imagen, de izquierda a derecha, Indalecio Prieto , Martínez Barrio, Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, Alejandro Lerroux y Niceto Alcalá Zamora.



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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

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El liderazgo republicano


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A principios de 1930, la retirada de Primo de Rivera provocó un revulsivo en la situación, haciendo que el sentimiento republicano se reactive. Así, el 8 de febrero se presentó públicamente el grupo de Acción Republicana y Azaña retomó su idea de una gran coalición de fuerzas políticas unidas por su actitud pro-República, con la novedad de que prescinde de forma explícita de todo lo que no sea izquierdas. Y subraya que la República

cobijará sin duda a todos los españoles; a todos les ofrecerá justicia y libertad; pero no será una monarquía sin rey: tendrá que ser una República republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida según la voluntad de los republicanos.

Simultáneamente, Azaña hubo de abordar también el problema catalán; desde su punto de vista, aunque no concibe una separación, reconoce que de darse la voluntad por parte de Cataluña de separarse de España habría que permitirlo.


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Manuel Azaña, en un mitin de Izquierda Republicana en octubre de 1935.

En junio Azaña se hizo con la presidencia del Ateneo, y lo puso al servicio de la movilización republicana, en la que estaba metido de lleno con el objetivo inmediato de conseguir un frente unido. Así, logró primero un pacto entre la Alianza y el Partido Radical Socialista, y poco después otro con los Partidos Radical Socialista y Federal y la Federación Republicana Gallega. Además, con el auspicio de Miguel Maura se consiguió formar una Derecha Liberal Republicana con jóvenes ex-monárquicos.

El domingo 28 de septiembre de 1930 se celebró un multitudinario mitin republicano en la Plaza de toros de Madrid. Entre otros, habló Azaña, que saludó a los asistentes como manifestación de la voluntad nacional y los identificó con unas Cortes espontáneas de la revolución popular, repitiendo su vieja idea de la importancia de los individuos en la conformación de la República e insistiendo en lo ineludible de la revolución popular para conseguir el cambio del statu quo:

Seamos hombres, decididos a conquistar el rango de ciudadanos o a perecer en el empeño. Y un día os alzaréis a este grito que resume mi pensamiento: ¡Abajo los tiranos!

Finalmente, quedó constituida la Alianza Republicana, con presencia de los radicales de Lerroux y los de la Acción azañista. En octubre se invitó a los socialistas a integrarse en la alianza, divididos al respecto entre los contrarios como Besteiro, y los favorables como Largo Caballero. Teniendo en mente una inmediata insurrección, Azaña y Alcalá-Zamora les pidieron que el pueblo trabajador acompañase al ejército cuanto el levantamiento se produjese, para que los militares, el pueblo y la clase media fuesen sus protagonistas, y no solo el ejército. Los socialistas aceptaron a cambio de dos puestos en el comité revolucionario de la Alianza.

En ulteriores reuniones, se decidió que para el día del levantamiento se decretase una huelga general en toda España, se preparó un manifiesto que habría de difundirse previamente llamando a la revolución (justificada por ellos en tanto que el estado de España era de tiranía) y se diseño el Gobierno Provisional que habría de asumir el poder, en el cual Azaña llevaría el ministerio de Guerra.

El 15 de diciembre de 1930, día proyectado para la insurrección, los acontecimientos se torcieron y los principales líderes republicanos fueron detenidos. Azaña consiguió esconderse en casa de su suegro donde durante casi un mes se dedicó a escribir su novela Fresdeval.


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Manuel Azaña, presidente II República desde el 13 de mayo de 1936


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El Presidente de la República, Manuel Azaña, pasa revista a la guardia presidencial



La proclamación de la Segunda República

Aun escondido, Azaña continuó vigilando el desarrollo de los acontecimientos. Intentó apoyar la validez siquiera provisional del gobierno diseñado el 15 de diciembre y, ya en vísperas de las elecciones municipales que lo precipitarían todo, concedió el sentido de plebiscito a estas y avanzó la posibilidad de una manifestación de la voluntad popular que, sin el impedimento del ejército, constituiría una suerte de "alzamiento nacional". Por fin, el día 12 de abril de 1931 la coalición republicano-socialista triunfó en la elecciones municipales en las capitales y principales poblaciones. Ante el entusiasmo de la población en Madrid, que sale a la calle, Azaña fue recogido de la casa donde estaba escondido por sus compañeros y se dirigió junto a ellos hasta la Puerta del Sol, para asomarse posteriormente al balcón del Ministerio de la Gobernación. Esa misma noche, acompañado por el capitón de artillería Arturo Menéndez, se presentó en el palacio de Buenavista donde se encontró con el subsecretario del Ministerio del Ejército, general Ruiz Fornells. Se hizo cargo del Ministerio y así se lo comunicó a todas las guarniciones militares, a las que pidió patriotismo y disciplina; posteriormente, mediante decreto, establecería la obligación de todos los miembros del estamento militar de prometer su adhesión y fidelidad a la República, quedando sin efecto el hecho a las instituciones en ese momento ya desaparecidas. Con el decreto conocido como de retiros o ley Azaña inició un proceso de reducción de efectivos militares. En general, la intelectualidad elogió esas medidas, pero causó malestar en altas jerarquías militares.

Como consecuencia de la llegada de la República, y con vistas a las inminentes elecciones de Cortes Constituyentes, el grupo político de Azaña, Acción Republicana, se convirtió en partido político decidiéndose por una orientación izquierdista. A lo largo de su primera Asamblea nacional celebrada en a finales de mayo, perfilan su programa político cuidándose mucho de mantener una posición intermedia entre los socialistas y los radicales de Lerroux. En el mitin inaugural de la campaña, en Valencia en junio, Azaña reiteró el objetivo de romper radicalmente con el pasado y de reconstruir el país y el Estado, para lo cual se hacía necesario triturar al caciquismo.

En las elecciones del 28 de junio Acción Republicana consiguió 21 diputados. Su maniobra consiguiente fue intentar no quedar subordinado a Lerroux ni romper con los socialistas, reforzando la Alianza y sosteniendo para su partido una posición izquierdista, que quedaría plenamente definida en su segunda Asamblea nacional, celebrada en septiembre, quedando Azaña como presidente. Allí, en el discurso de clausura subrayó la necesidad de que la República penetrase en todos los órganos del Estado, y apuntó de forma explícita al ámbito educativo, a lo colegios controlados por órdenes religiosas.

Sobre este asunto versó uno de los momentos críticos en la elaboración del proyecto de Constitución, cuando se discutió el artículo 24 (luego sería el 26). En principio, además de sancionar el sometimiento de las religiones, en tanto que asociaciones, al Estado, el artículo establecía la disolución de las mismas y la nacionalización de todos sus bienes. Tanto la jerarquía católica como varios políticos, entre ellos Alcalá Zamora (presidente de la República), reaccionaron negativamente, por lo que se hizo necesario una reformulación del artículo para no bloquear la formación del gobierno. Azaña, con el temor de que tanto Alcalá Zamora como Maura e, incluso, Lerroux, se desvinculasen del gobierno dejando a este exclusivamente en manos de la izquierda, decidió apoyar esa nueva redacción, en la que se suavizaban los elementos más conflictivos: se disolverían solo las órdenes con voto especial de obediencia a una autoridad que no fuese el Estado (los jesuitas) y se prohibiría el ejercicio de la industria y el comercio para el resto. El día 13 de octubre hubo de pronunciar un discurso en el congreso con el objeto de hacer reflexionar a los más izquierdistas sobre la conveniencia de aceptar la nueva redacción del artículo. El no incorporar la disolución de todas las órdenes religiosas centraba en sus justos términos lo que, en sus palabras, era el mal llamado problema religioso, pues este

"no puede exceder de los límites de la conciencia personal"; es un problema político, de constitución del Estado. Se trata de organizar el Estado de acuerdo con una premisa que la proclamación de la República convierte en axioma: España ha dejado de ser católica.

De ahí que para Azaña fuese suficiente con la prohibición a las órdenes religiosas de enseñar y con reclamar la libertad de conciencia para los ciudadanos.

Así, pues, entre abril y octubre Azaña había reformado por completo la política militar y religiosa de España. El impacto emocional de todas esas semanas sobre Azaña lo resumió el mismo con una frase: parecía estar presenciando lo que le sucede a otro.

Por lo demás, a medida que avanzaban las semanas, la dificultad para formar gobierno hacía que las miradas se dirigiesen hacia Azaña como posible presidente. La votación favorable al nuevo artículo sobre la cuestión religiosa provocó la dimisión de Alcalá Zamora. Maura, que también había dimitido del gobierno, apuntó a que solo había dos posibilidades de sustitución: o Lerroux o Azaña. Lerroux desechó su candidatura y señaló que Azaña era el hombre ideal, en tanto representaba a un partido minoritario que podía servir de puente entre los mayoritarios.

Azaña sustituyó, por tanto, a Niceto Alcalá-Zamora como presidente del Gobierno provisional (en octubre del mismo 1931).


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Niceto Alcalá-Zamora y Torres (Priego de Córdoba, España, 6 de julio de 1877 – Buenos Aires, Argentina, 18 de febrero de 1949) fue un abogado y político español, 1er presidente de la Segunda República española.


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Gobierno provisional de la República: De izquierda a derecha. Diego Martínez Barrio, José Giral Pereira, Francisco Largo Caballero, Miguel Maura Gamazo, Alejandro Lerroux García, Niceto Alcalá Zamora, Álvaro de Albornoz y Liminiana, Fernando de los Rios Urruti, Indalecio Prieto Tuero, Marcelino Domingo Sanjuan, Manuel Azaña Díaz, Santiago Casares Quiroga.

Los objetivos inmediatos fueron la aprobación de la Constitución y de los presupuestos de la República, y la elaboración de la Ley Agraria. Además, sacó adelante una Ley de Defensa con la intención de dotar de facultades extraordinarias al gobierno en caso de necesidad, y promulgó un decreto para reducir considerablemente las plantillas de funcionarios.

Una vez aprobada la Constitución, recuperó a Alcalá Zamora para la presidencia de República, con lo que incorporó a la derecha liberal católica como fuerza participante en la dirección del país.

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Bandera oficial de la II República

En diciembre, consiguió que Alianza Republicana aceptase definitivamente la coalición con los socialistas para el gobierno, lo que provocó la retirada inmediata de Lerroux. A continuación, Azaña presentó la dimisión del gobierno ante Alcalá Zamora y dejó en sus manos la solución de la crisis. El presidente de la República, asesorado por Besteiro y el mismo Lerroux, encarga de nuevo la tarea de formar gobierno a Azaña, quien en principio intentó repetir el equilibrio de fuerzas anterior. Sin embargo, Lerroux terminó por negarse sobre la base de su incompatibilidad con los socialistas y con la probable intención de que un gobierno de ese tipo le pudiese abrir la puertas a la presidencia del mismo unos meses después. Azaña volvió de nuevo a poner su cargo a disposición de Alcalá Zamora pero este lo confirmó otra vez.

Como presidente del gobierno de coalición republicano-socialista lleva a cabo las principales reformas previstas en el programa republicano: reforma del Ejército, dimensionándolo de acuerdo a las capacidades del país y del erario público; reforma agraria; reforma de la enseñanza, potenciando la pública; estatuto de autonomía de Cataluña, etc. Tuvo además tiempo para estrenar su drama La Corona.

Todas estas cuestiones políticas, junto con la agitación social existente en gran parte del país, le acarrearán múltiples problemas con los poderes fácticos, especialmente la Iglesia Católica y parte del Ejército, en concreto de quienes siguieron al general José Sanjurjo en agosto de 1932. Finalmente, los sucesos de Casas Viejas, Castilblanco y Arnedo motivaron su cese, el 8 de septiembre de 1933, por parte del presidente Alcalá-Zamora.


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Calle con un cartel contra el Facismo. Madrid. 1936


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Puestos de Azaña en la República. Antes de alcanzar la presidencia de la Segunda República, en mayo de 1936, Azaña será primero ministro de la Guerra en el Gobierno Provisional, para luego ser presidente del Gobierno. En la fotografía, Azaña asiste junto al general Queipo de Llano a unas maniobras militares. Imagen tomada del libro 'Azaña, memoria gráfica. 1880- 1940'.


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Gobierno Azaña. Sentados: Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña Díaz. De pie, de izquierda a derecha: Marcelino Domingo Sanjuan, Francisco Largo Caballero, Santiago Casares Quiroga, Luis de Zulueta Escolano, Álvaro de Albornoz y Liminiana, Luis Nicolau d´Olwer, Indalecio Prieto Tuero, Fernando de los Rios Urruti y José Giral Pereira.


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El Ministro de Guerra, Manuel Azaña, entre otros jefes, con Queipo de LLano, primero de la izquierda, quien acabaría sublevándose contra la República.


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IV Gobierno Republicano de Azaña


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Juan Negrín López y Manuel Azaña Díaz en Alcalá de Henares, visitando los frentes del Centro. Noviembre de 1937


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Manuel Azaña y Juan Negrín asisten el frente de Madrid, durante la Guerra Civil. Del libro 'Azaña, memoria gráfica. 1880- 1940'


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Manuel Azaña, Presidente de la República, visita el frente de Guadalajara durante la Guerra Civil



Presidencia de la República


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Manuel Azaña Díaz en el Ayuntamiento de Madrid. Noviembre de 1937

El 19 de noviembre de 1933, triunfó la coalición formada por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) de José María Gil-Robles, lo que trajo como consecuencia una retirada temporal de la política y su vuelta a la actividad literaria y editorial. De esta fecha son los libros Una política y En el Poder y en la Oposición, recopilaciones de discursos parlamentarios.

El alejamiento político duró poco y en 1934 fundó el partido Izquierda Republicana, fruto de la fusión de Acción Republicana con el Radical-Socialista, liderado por Marcelino Domingo y la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) de Santiago Casares Quiroga.

La revolución de 1934 en Asturias y Barcelona sirvió como pretexto para acusarle de instigador de los mismos, por lo que le encarcelan a bordo del destructor Sánchez Barcáiztegui, anclado en el puerto en Barcelona, resultando finalmente absuelto en el proceso judicial, suceso que narra en su libro Mi Rebelión en Barcelona.

El 16 de febrero de 1936, resulta vencedora la coalición de partidos de izquierda que se denominó Frente Popular, siendo encargado Azaña de formar gobierno, lo que lleva a cabo el 19 del mismo mes. Tras la destitución de Alcalá-Zamora, es nombrado Presidente de la República el 10 de mayo de 1936.


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El Presidente de la República, Manuel Azaña, y el jefe del Gobierno, Juan Negrín López. Valencia, noviembre de 1937

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Exilio. Manuel Azaña junto a su familia en Pyla-Sur-Mer, Francia, en 1939.



Guerra civil, exilio y muerte  


El comienzo de la guerra civil, tras sus inútiles intentos de concienciar a las distintas fuerzas políticas republicanas de los peligros de su desunión, supone un duro golpe para Azaña. A esto se adiciona la soledad a que le relegó, en Madrid, el Gobierno republicano. El posterior desarrollo de la contienda empeoró su estado de ánimo, como queda fielmente reflejado en sus cuadernos de memorias, donde se relatan sus desencuentros con líderes del gobierno, como Francisco Largo Caballero y, especialmente, Juan Negrín.

El 18 de julio de 1938, ante las Cortes reunidas en Barcelona, pronunció el célebre discurso en el que instaba a la reconciliación entre los dos bandos, bajo el lema Paz, Piedad, Perdón.


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En la imagen, el féretro de Manuel Azaña, en su traslado al cementerio de Montauban, localidad del sur de Francia donde pasó sus últimos días.

Ocupada Barcelona por el ejército sublevado el 26 de enero de 1939 y Gerona el 5 de febrero, este mismo día se retira a Francia. Tras pasar por Perpiñán y Nimes, se establece en Collonges-sous-Salève, un pueblo de la Alta Saboya francesa en las que su cuñado, Cipriano Rivas, había alquilado una casa el año anterior. Allí redacta su dimisión como presidente de la República, el 27 de febrero, al reconocer Francia y Gran Bretaña el gobierno de Franco, siendo sustituido con carácter provisional por Diego Martínez Barrio. Azaña permaneció en Collonges hasta noviembre, cuando ante el temor de que Francia fuese invadida por Alemania, se mudan a Pyla-sur-Mer, cerca de Burdeos. En febrero de 1940 sufre una gripe con complicaciones que quebranta gravemente su salud. Sin embargo, debe dejar su residencia ante la capitulación de Francia. Con media Francia ocupada por el ejército alemán y otra media bajo administración del gobierno títere de Pétain, es vigilado y hostigado sin cesar por agentes del régimen dictatorial del general Franco, que pretenden su captura y deportación a España. Finalmente, la Gestapo decide detenerlo. El embajador de México ante el régimen de Vichy, Luis I. Rodríguez, prevenido al parecer por un soplo procedente de los propios alemanes, consigue librar al presidente de sus captores y trasladarlo, en un difícil viaje en ambulancia, a Montauban, en primer lugar al 34 de la rue de Michelet y luego al Hôtel du Midi, donde la legación mexicana utilizó varias habitaciones como sede provisional y en la que se refugiaron numerosos españoles exiliados en espera de poder huir de Francia.


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Tumba de Manuel Azaña en el cementerio urbano de Montauban.

Azaña se instaló con su esposa en la habitación número 11 del Hôtel du Midi, la misma que utilizaba como vivienda y despacho el embajador (y donde hay aún una placa que recuerda ese hecho). Allí, prematuramente envejecido y agotado por las penurias sufridas, falleció el 4 de noviembre de 1940. Según testimonios del médico y del obispo de la diócesis de Montauban, monseñor Pierre-Marie Théas, que en ese momento le prestaba su asistencia espiritual, Azaña recibió los últimos sacramentos. Versión ésta rechazada por entornos cercanos, presentes en los últimos días de vida de Azaña. Su viuda, Dolores de Rivas, profundamente religiosa, encargó a dicho obispo, tras el deceso de su marido, un funeral religioso en la catedral de Montauban el 5 de noviembre. Además, es conocido en Mexico que ésta se destacó como ferviente católica en el exilio -ella también quiso morir cristianamente-, así como sus sobrinos en ese país, que pidieron ser bautizados por la Iglesia Católica.

El mariscal Pétain prohibió que se le enterrara con honores de Jefe de Estado: sólo accedió a que fuera cubierto su féretro con la bandera española, a condición de que ésta fuera la bicolor rojigualda tradicional y en modo alguno la enseña republicana de la franja morada. El embajador de México decidió entonces que fuera enterrado cubierto con la bandera mexicana. Según cuenta en sus memorias, Rodríguez dijo al prefecto francés:

Lo cubrirá con orgullo la bandera de México- Para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección.

Sus restos reposan en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7). Dejó escrito que no se moviesen del sitio donde reposaran.

Existe una asociación en su honor que lleva su nombre, Asociación Manuel Azaña, que gestiona una librería y organiza actos culturales por toda España.



Bibliografía


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Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña Díaz, Ed. Grijalbo (Barcelona) 1996 ISBN 84-253-2931-0
Diarios, 1932-1933 : los cuadernos robados de Manuel Azaña Díaz, Ed. Crítica (Barcelona) 1997 ISBN 84-7423-868-4
Max Lagarrigue, - “Manuel Azaña en Montauban. La ultima morada del presidente de la República española, Manuel Azaña”, en Repùblica – 70 anys després, Valencia (España), 2001, pp. 64-65.
Azaña o el sueño de la razón de Luis Arias Argüelles-Meres - Editorial Nerea. Madrid 1990 ISBN 84-86763-43-6
Manuel Azaña y la guerra de 1936 de Federico Suárez, Ed. Rialp (Madrid) 2000, ISBN 84-321-3319-1
Fresdeval de Manuel Azaña Díaz, Pre-Textos, Valencia 1987. ISBN: 8485081846. ISBN-13: 9788485081844
Jean-Pierre Amalric (dir. por), Manuel Azaña y la Francia (in francés), Ed. Arkheia, Montauban (Francia), 2007, 144 p.
Jean-Pierre Amalric (dir. por), Intelectuales in el ruedo (1898-1940) (in francés), Ed. Arkheia, Montauban (Francia), 2008, 144 p.


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La biografía completa de Manuel Azaña. Santos Juliá culmina una obra nueva y cerrada en sí misma en la que analiza la evolución intelectual, los dilemas y los instrumentos políticos del presidente republicano. "Para la mayoría de quienes la vivieron, Manuel Azaña personificó, como ningún otro de sus protagonistas, la Segunda República. Para sus partidarios, encarnaba los valores cívicos y laicos del régimen, como para sus enemigos los demoniacos y antinacionales. Para bien o para mal, él era la República".



Ateneo de Madrid


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El Ateneo de Madrid, es una veterana institución cultural privada, que a lo largo de casi 200 años de historia, ha dejado huella en la cultura madrileña y española. En 1820, durante el trienio liberal, noventa y dos personalidades de la esfera política española establecieron el Ateneo Español. Esta sociedad, profundamente liberal, tenía el objeto de discutir toda materia de reconocida utilidad pública, como cuestiones legislativas, políticas o económicas, intentando con ello llamar la atención de las Cortes y del Rey. Con la reacción absolutista de 1823, el Ateneo Español fue disuelto.
 

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El Ateneo madrileño, fue creado con objeto científico-literario en 1835. Convirtiéndose en una de las instituciones más importantes del Madrid liberal. Esta institución, ha visto y soportado; desfilar infinidad de personajes, muchos de ellos relevantes y otros intrascendentes y arrimados a la institución para obtener posición social sin ningún mérito científico ni cultural. El Ateneo, ha visto pasar reyes absolutistas, republicas, regímenes dictatoriales o liberales, y en los últimos lustros la esperada democracia.


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El Ateneo de Madrid cuenta con una fachada que puede llevar a engaño por sus modestas dimensiones, pero alberga un palacio (obra de los arquitectos Fort y Landecho) de grandes proporciones y muchos salones, incluida la gran biblioteca y un el espléndido Salón de actos, que también hace las veces de cine o teatro. En el salón de actos, están todos los retratos de ilustres socios y presidentes, rodeando las paredes de madera. Sus instalaciones cuentan con numerosas secciones. Dispone de un gran fondo bibliotecario: de literatura, hemeroteca, arte, ciencia, política, ciencias sociales, salud, economía, etc...

Más info del Ateneo: http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?p=78415#p78415


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Manuel Azaña. Político y escritor español, nacido el 10 de enero de 1880 en Alcalá de Henares (Madrid) y fallecido el 14 de noviembre de 1940 en Montauban (Francia). Durante muchos años fue funcionario de la Dirección General de Registros y cultivó el periodismo y el ensayo, aunque su verdadera plataforma fue el Ateneo de Madrid, del que fue secretario entre 1913 y 1919 y presidente entre 1930 y 1932.

En 1925 fundó Acción Republicana y cuando se proclamó la Segunda República en abril de 1931 ocupó la cartera de Guerra en el gobierno provisional. Entre octubre de 1931 y septiembre de 1933 fue presidente de la República, cargo que volvió a desempeñar en mayo de 1936 hasta que, tras la caída de Cataluña, dimitió en febrero de 1939. Escribió, entre otras obras, El jardín de los frailes; Estudios de política francesa contemporánea. La política militar; La invención del Quijote y otros ensayos y sus famosos Diarios.


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Retrato de Manuel Azaña hacia 1915. Un año antes, ha sido elegido secretario del Ateneo de Madrid. Azaña será un dinamizador de la institución, hasta convertirla en un referente de la cultura del momento.



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Estatua de Manuel Azaña Díaz. Manuel Azaña Díaz nació en Alcalá de Henares en 1880. Estudió en el Colegio Complutense, en el Instituto Cisneros y en los Agustinos de El Escorial.

Fundó en 1934 junto con Marcelino Domingo y Santiago Casares Quiroga el partido de Izquierda Republicana, del que fue máximo dirigente. Al triunfar el Frente popular en 1936 volvió a ocupar la jefatura del Gobierno, y en mayo del mismo año accedió a la presidencia de la República al ser depuesto Alcalá Zamora. Visitó de nuevo Alcalá de Henares en 1937 junto a Juan Negrín Lopez para revisar los frentes del centro.

En 1987 el ayuntamiento de Alcalá de Henares erigió un monumento a la memoria de Manuel Azaña Díaz situándolo en un solar que fue propiedad de la familia, y concibiéndose el conjunto como parque público y auditorio al aire libre. La estatua, fundida en bronce e iniciada por Pablo Serrano y concluida por su alumno Pepe Noja, autor también de la escultura que preside la fuente de Aguadores y el impulsor del proyecto del Museo de esculturas al aire libre.

La estatua fue trasladada posteriormente unas decenas de metros hasta su actual ubicación, en la cual se encuentra presidiendo la rotonda del Paseo de Pastrana.



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Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo dedicado a Manuel Azaña, fue escritor, político prestigioso y presidente de la Segunda República española.



Fuentes y agradecimientos a: wikipedia, biografiasyvidas, fuenterrebollo, geocities, elmundo, elpais, alcalafoto.blogsome y otras de Internet.
 




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j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Gracias, J.Luis, por acercarnos la figura de este ilustre político. Me encantan los colores de esas banderas  

Una pregunta, tú que eres madrileño: hay una fotografía que has colgado, que he visto muchas veces, en la que sale una calle de Madrid con railes en el suelo, bajo una arcada de donde cuelgan el mítico "NO PASARÁN": qué calle es? Aún está en pie ese arco?

Salut!!!
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Me adelanto a la respuesta de J.L., si no me equivoco es el Arco de la Calle Toledo que da a la Plaza Mayor, y si tú no has pasado por allí lo has hecho muy pero que muy cerquita  
 




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maca - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privadoVer la galería personal del usuario 
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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Gracias amig@s por interesados por este trabajo.

Ultimos ya te ha contestado Maca.





Saludos.
 




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j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Creo que si pasamos...

Pero ha cambiado mucho.

Gracias  

Salut!!!
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Dos Españas al filo de la tragedia...


El periodista argentino Pablo Suero visitó nuestro país meses antes de la Guerra Civil

Sus entrevistas con figuras de la política y las letras recuperan el pálpito de la época

  

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Pablo Suero llegó a España a finales de diciembre de 1935 para informar a los argentinos sobre un país que, en sus palabras, "palpitaba". Faltaban pocas semanas para las elecciones del 16 de febrero y pocos meses para el golpe de Estado del 18 de julio y Suero, que escribía para el periódico Noticias Gráficas y que también era crítico de teatro y poeta, retrató a través de crónicas callejeras y de entrevistas a políticos, escritores y artistas, un país que bordeaba el abismo. España levanta el puño (Papel de Liar) reúne por primera vez en España (en Argentina se publicó en 1937 al calor de los acontecimientos) aquellas historias en boca de algunos de sus protagonistas.

Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Manuel Azaña, Jacinto Benavente, José Bergamín, José Calvo Sotelo, Alejandro Casona, Federico García Lorca, José María Gil Robles, Dolores Ibárruri, Francisco Largo Caballero, Antonio y Manuel Machado, José Antonio Primo de Rivera o Indalecio Prieto son algunos de los personajes que Suero entrevistó al filo de la tragedia. Documento histórico de primera mano estas entrevistas realizadas pocos meses antes de la Guerra Civil confirman una observación del propio Pablo Suero: "No he visto multitudes más dramáticas que las españolas en trance de manifestar sus ideales. Ese dramatismo fluye del silencio, la seriedad y la ausencia de todo exhibicionismo provocativo".


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Manuel Azaña, en un mitin en la plaza de Las Ventas, en Madrid

- Manuel Azaña en batín. Vivía en la calle de Serrano, 38, y Pablo Suero le visitó antes y después de las elecciones del 16 de febrero. "Son las diez de la mañana. Ya es inusitado que un hombre en Madrid reciba a hora tan temprana", dice el periodista. Azaña le recibe en batín. Inteligente, arrogante y fatalmente lúcido, Azaña habla: "Soy el único español de sentido común... Aquí la inteligencia está peor repartida que el dinero. ¡Pero el talento no se puede socializar! Soy el hombre más conservador de España desde el punto de vista político, no social... Cuando todos los ensayos disparatados se hayan hecho y esto se haya ido abajo y yo esté exiliado en el extranjero, en el presidio o muerto, dirán: 'Aquel bárbaro de Azaña tenía razón".

- Juan Ramón Jiménez, poeta entre los poetas. Para tomar "el pulso de España, en estos momentos de alta fiebre", Suero decide que una voz imprescindible es la del poeta entre los poetas. Quedan por la tarde, en la casa del autor de las Arias tristes. Al periodista le defrauda el encuentro, le parece que Juan Ramón (un hombre profundamente atormentado) no está a la altura de "esta hora de asolador derrumbe". Es, sin embargo, una de las mejores paradas de este libro. Agrio y pesimista, el poeta ("¿Para qué quiero la vida si para nada me sirve?") se declara "comunista individualista". Reniega de sus colegas y de Neruda dice: "Aborrezco la poesía que es química pura, artificio. ¿Ese Neruda? ¡Pero si no sabe escribir una carta!".

- La ciática de don Pío. Pío Baroja estaba terminando El cura de Monleón, "una novela antirreligiosa, vida de curas". Se queja de la vida del escritor: "No se lee en España. Creo que es un oficio que se acaba en España, éste de escribir libros... Todavía nosotros hemos tenido ilusiones... ¡Pero los de ahora! El escritor vive asfixiado en este medio y los socialistas se recrean con esta asfixia del escritor. Se asfixia uno metido entre estas dos capas plúmbeas de derecha e izquierda...". "¿A qué aspira usted ahora?". "A mi edad y en mis circunstancias, a lo único que se aspira es a vivir tranquilo y a que la ciática lo deje dormir a uno. Ésta es la verdad y el que diga lo contrario es un farsante".

- Largo Caballero, el jefe. "Largo Caballero es un jefe, un verdadero jefe", escribe Suero sobre "el Lenin español". "¿Durará mucho el bloque de las izquierdas?", inquiere el periodista. "Dependerá de la conducta del Gobierno... Si Azaña cumple el programa que nos ha unido, comenzará el sabotaje capitalista con el cierre de las fábricas. La prensa, nuestra prensa, que es otro aspecto del capitalismo, se nos echará encima con sus campañas de alarmismo. Y entonces, será difícil...".

- Calvo Sotelo, con empaque. Al periodista le sorprende que Calvo Sotelo es "por fin" un político que no vive modestamente, sino como casi todos los políticos argentinos, "en gran tren, con refinado confort". Vive en el madrileño barrio de Salamanca, "despejado y frío". Viste con empaque. "Y de las dictaduras, ¿qué opina usted?". "No soy partidario de la dictadura, pero creo en la eficacia del mando único y estable. Un hombre de Gobierno como Mussolini y detrás el rey, que asegura la sucesión. Creo, eso sí, en el plebiscito...".

- Federico García Lorca, un amigo. Suero habla de Lorca con la rabia del que ha perdido a un amigo. El poeta le habla de sus proyectos y del hambre. Lorca le invita a comer con su familia. Era en vísperas de las elecciones y la madre de Federico le dice al periodista: "Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España! ¡Nos echarán, si es que no nos matan!".


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Federico García Lorca y el periodista Pablo Suero en 1936


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Azaña, un estoico moderno


Fue generoso a sabiendas de lo ingrata que siempre se mostró España para con sus servidores



azana

Siete décadas después de la muerte en el exilio Manuel Azaña, el último presidente de la Segunda República, su capacidad para combinar el ejercicio del poder con la pasión por la cultura debe servir de modelo a los políticos de hoy
 
Azaña fue hasta 1930 un literato-intelectual y político; y desde 1930 hasta el final de sus días, en 1940, un político-intelectual y literato. Compartió ambos mundos, en apariencia antagónicos, de la misma manera que lo habían hecho otros personajes en el siglo XIX, como Martínez de la Rosa. Azaña mantuvo su creación literaria y desarrolló a la par una ferviente acción pública. Escribió novelas, ensayos, artículos, discursos, biografías, diarios e hizo numerosas traducciones, además de redactar y estrenar varias obras teatrales, quizás su género literario más querido. También dirigió publicaciones como La Pluma y España.

Azaña diría hoy que la cultura española vale más que el supuesto 'glamour' y los votos
En la cena con los intelectuales catalanes celebrada en Barcelona en 1931, Azaña afirmó: "Yo soy un escritor perdido en la política". Por mi parte, pienso que "perdido" no sería la palabra: mejor, "metido" en la política. ¿Por qué lo hizo? Azaña nunca abandonó su carrera literaria. Siguió publicando libros, estrenó con los mejores directores y actores y, por otra parte, la política le ofreció un inmenso material para escribir los mejores diarios que jamás se hayan redactado. El autor de El jardín de los frailes fue un estajanovista del trabajo intelectual y no menos del político. Alguien que se resistió a entrar en la vida pública, a pesar de que muchos lo veían más como un político que como un literato. Lo mismo le sucedió en el ambiente de la política, donde lo consideraban más bien un intelectual.

Los juicios de Azaña sobre la política española y los políticos de su tiempo son tremendos. Los intelectuales, artistas y escritores le provocan comentarios críticos, pero en todos ellos ve un estímulo, una superación, un arrojo y gallardía que no contempla en cambio en sus otros compañeros. Azaña afirma que resulta más fácil brillar en la política que en la literatura. Para él, por su formación y carácter, la política tenía muchos inconvenientes. La gente procedía en la política por subordinación, no por espíritu crítico ni adhesión libre y, además, existían intereses que él calificaba de "subalternos". En El presidente del Consejo habla a los lectores (Ahora, 1931), reinterpreta su compromiso político afirmando que él era un político porque era un optimista y creía que la función del gobernante -la diferenciaba de la del político- tenía que consistir en llevar el esquema intelectual de su país futuro a la realidad social o legislativa. "El apartamiento voluntario en que yo he vivido durante veinticinco años, dedicado a las letras y al estudio y conocimiento de mi país y de otros extranjeros, me ha dado esta confianza que me enseña a no conceder importancia a las mezquindades personales, y a lo que suelen llamar enojos y pequeñas pasiones de la política y a atenerse a sus fines esenciales y duraderos que, para un hombre cultivado y sensible, representan un armazón interior equivalente al del arte o de la religión". Azaña se convierte en un hombre de acción sin por ello desprenderse de su ser esencial.

Azaña fue a la política para cumplir con un deber. La política para él era la más alta manifestación de la cultura. Sus palabras textuales serían las siguientes: "La pasión del arte lleva a crear, y la política no es más que eso; creación, y por ello, tiene la grandeza de todas las artes" (Homenaje a Espina, 1935). Estando en la política no dejaba de estar en la cultura. Sus metas eran extender la alfabetización, el saber y el conocimiento por todo el país para conseguir de una vez por todas ciudadanos libres. Tarea ingente en la que no fracasó del todo. Azaña está en los debates políticos pero sin dudarlo un momento se pone al servicio de la cultura con gestos y medios, con su propia ejemplaridad de lector, espectador y visitante de todos los templos donde se representan cada uno de los géneros. No hay obra de teatro, estreno cinematográfico de relevancia, concierto, exposición o cualquier otra actividad que el trabajo cotidiano le impidiera visitar. "Por la tarde, a las cuatro, voy a las Cortes. Leo el proyecto de Ley de Presupuestos y me vuelvo al ministerio: al poco tiempo salgo solo y voy al concierto de la Orquesta Filarmónica en el Español. Mozart me ha puesto de buen humor. Desde allí al teatro de la Princesa, que ahora se llama María Guerrero. Sesión de clausura de la asamblea del partido de Acción Republicana. Pronuncio mi discurso que sale bien y es aplaudidísimo. Vengo al ministerio a cenar y ya no salgo", escribirá en 1932.

Como un ilusionista, sacaba tiempo para todo, incluso para seguir escribiendo sus obras y varias páginas confesionales de profunda sabiduría estoica. Porque Azaña era un estoico moderno. La política y el poder no lo envanecieron, precisamente por albergar dentro de él ese sentimiento de humildad ante la fragilidad de la existencia. Cuando llegó al poder, ya era alguien, no necesitaba de la política para aumentar su prestigio. Lo arriesgó todo, lo apostó todo a esa carta. Fue generoso a sabiendas de lo ingrata que siempre fue España para con sus servidores. De ahí precisamente extrajo la firmeza de sus ideas y convicciones. Por otro lado, sin sectarismo alguno, Azaña fue una persona conciliadora en un país que caminaba a posiciones extremistas irreconciliables. Fue la razón y la prudencia mismas. Azaña ejerciendo la piedad no sólo para con los demás, sino también para consigo mismo.

Pronto se dio cuenta de la gravedad del momento histórico que vivía y de la dignidad y cordura con que tendría que enfrentarse a su destino. Se podría decir que en él se simbolizaba perfectamente la verdad y la lealtad de la República para con sus conciudadanos. Nunca mantuvo el poder para sí, sino para ejercitarlo hacia el bien común. Y si usó de ese poder lo hizo en beneficio de su país y no de su partido. O si se prefiere, en beneficio del futuro de España: "El futuro de España... ¡terrible secreto!", afirmaría.

Azaña era un personaje singular. Su ejemplo debería haber servido de arquetipo para todos los presidentes de cualquier democracia. En nuestro caso no ha sido así. Se le ignoró, y sólo se le rescató en momentos partidistas, cuando él ya estaba por encima de todo. En Grandezas y miserias de la política, se plantearía una reflexión fundamental: si una persona eminente en otras artes tiene o no derecho, es o no útil, que intervenga en la vida política. "La política", decía, "es la aplicación más amplia, más profunda, más formal y completa de las capacidades de un espíritu, donde juegan más las dotes del ser humano, y donde no juegan sólo cualidades del entendimiento, sino, además, cualidades del carácter". Azaña cree que esa presencia es buena para la política, aunque también advertía que el talante para sobrevivir en ese mundo era diferente, pues los valores eran distintos y las mañas también.

El gran problema de la política española lo contemplaba en la capacidad de acertar en la designación de los más capaces. La política se alejaba de esos principios universales, tan sólo por el personalismo de quien elige. Otro de nuestros males estaba igualmente en la incapacidad para conseguir formar una clase dirigente. "Una sociedad -decía-, aunque con desventura, puede pasarse sin grandes artistas pero no se puede pasar sin dirección política".

Un presidente preocupado por las cosas del espíritu, escribían en algunos periódicos sin que él llegara a adivinar si era un piropo o una crítica. Más bien habría que decir un presidente volcado en la acción pública y con tiempo para pensar. Azaña quería poner a España al nivel de Francia o Inglaterra. No tuvo tiempo. No lo dejaron o, mejor dicho, lo abandonaron.

En la gigantesca edición de sus Obras completas, magníficamente preparadas por Santos Juliá, se reproduce una carta que desde el exilio le envía a Ángel Ossorio: "Repetidamente le llamé la atención a Negrín. El Museo del Prado, le dije en una ocasión, es más importante para España que la República y la Monarquía juntas". "No estoy lejos de pensar así", respondió él. "Pues calcule usted qué sería si los cuadros desapareciesen o se averiasen", añadí yo. "Sí: un gran bochorno", me confesó. "Tendría usted que pegarse un tiro", le repliqué.

Azaña amó a nuestra cultura sobre todas las cosas y, al referirse al Prado, lo hacía por extensión a toda ella con sus peculiaridades y lenguas. España sin sus extraordinarios creadores no era nada. ¿Qué le diría hoy don Manuel Azaña a su homólogo? ¡Exactamente lo mismo! Y le añadiría además que la cultura española vale mucho más que el supuesto glamour y los votos.


EL PAÍS / César Antonio Molina, ex ministro de Cultura, es escritor. Su último libro publicado es Lugares donde se calma el dolor (Destino).
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
70 años sin Azaña

Una exposición con un centenar de documentos y fotografías
y un ciclo de conferencias recuerdan en Madrid al presidente de la República

      


ciudadanoazana

Manuel Azaña votando en las elecciones a Cortes constituyentes, el 28 de junio de 1931.- Archivo General de la Administración. Medios de Comunicación Social del Estado.

Exiliado y enfermo, Manuel Azaña murió el 3 de noviembre de 1940 en Montauban (Francia). Las fotos de su cortejo fúnebre son pavorosas: un cajón sobrio y desnudo sobre un carro de dos ruedas. Le arropó una bandera mexicana porque las autoridades francesas prohibieron que se enterrase con la enseña de la República española. Le acompañaron algunos exiliados españoles. Antes de morir dejó clara su voluntad: "Que me dejen donde caiga y si alguien cree que mis ideas pueden ser útiles que las difunda". Sus restos siguen allí, donde "cayeron". Y, tras largas décadas de ostracismo y censura, sus ideas son elogiadas ahora por muchos.

Buena parte de quienes le consideran un referente intelectual participarán en el ciclo de conferencias que arranca hoy en la universidad de Alcalá de Henares y continuará hasta el próximo martes 9. "Si con alguien se siente identificada hoy la sociedad española es con personajes como Azaña", sostiene el escritor Andrés Trapiello. "Se dice que fracasa como político por la Guerra Civil y se olvida que tuvo que hacer frente a Hitler y Stalin. El supuesto fracaso de Azaña será el fracaso de toda Europa", señala José María Ridao.

Junto a las conferencias se abre también una curiosa exposición en el Archivo General de la Administración (AGA) con un centenar de documentos y fotografías. Se pueden ver imágenes poco difundidas del niño Azaña rodeado de otros escolares, del joven Azaña que hacía sus pinitos periodísticos o del Azaña literario acompañado de Margarita Xirgu. "Hemos querido superar la imagen del Azaña político y abordar otras imágenes más diluidas", explica una de las comisarias de la muestra, Elena Cortés.

La exposición incluye aspectos que delatan como se trató la imagen del presidente de la República tras su muerte. Hay informes de censura literaria sobre su obra y escritos de funcionarios del régimen franquista donde revelan que invaden su casa en el exilio para hacerse con obras y papeles.


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Azaña, en el destructor Sánchez Barcáiztegui. Azaña, recluido en el destructor Sánchez Barcáiztegui por su supuesta implicación en la llamada Revolución de 1934, especialmente en laproclamación del Estado catalán.



Otros artículos de Azaña de 'EL PAÍS'


El lado humano de Azaña, enlace:  http://www.elpais.com/articulo/Comu...10elpval_20/Tes

Azaña, un estoico moderno, enlace: http://www.elpais.com/articulo/opin...lpepiopi_12/Tes
 
El infierno de Azaña, enlace: http://www.elpais.com/articulo/repo...lpdmgrep_11/Tes



Fuentes: EL PAÍS / Archivo General de la Administración / Medios de Comunicación Social del Estado.
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Asalto al presidente Azaña


Una exposición revive la censura y el acoso que sufrió tras su muerte en 1940   



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Caricátura de Azana

Hace 70 años murió Manuel Azaña y nació una persecución. Pocas semanas después del desasosegante entierro en Mountauban (Francia) del que había sido presidente de la Segunda República -envuelto en una bandera mexicana porque se prohibió la tricolor-, alguien entró en su casa de Pyla-sur-Mer. Ni era caco profesional ni era un cualquiera: se trataba de Enrique Beltrán Manrique, cónsul español en Burdeos. Él mismo desveló su bochornosa misión en un escrito "muy reservado" enviado al ministro Mario de Pinies. "He estado dos mañanas completas con la policía y he mirado todo lo que la casa contiene", escribe Beltrán el 25 de noviembre de 1940. "Obras de arte no hay ninguna; aquello es una verdadera birria, y como él se fue de Pyla cuando todavía estaba esto en poder de las autoridades del Frente Popular no sé lo que haya podido llevarse consigo", cuenta. No hay dudas sobre su meticulosidad: "Registré igualmente y con minuciosidad la biblioteca y encontré una barbaridad de libros, todos con carácter particular; biblioteca selecta, pero nada de códices miniados ni tesoros que pudieran pertenecer al Estado".

La carta se incluye entre el centenar de documentos y fotografías de la exposición Azaña (1880-1940). Memoria del hombre y la República, que se muestra en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, localidad natal del político. Los comisarios Elena Cortés y Francisco Fernández han rastreado los fondos del archivo para ofrecer aspectos menos conocidos como sus raíces en Alcalá o documentar la represión del régimen.

A Azaña no le castigaron físicamente -lo intentaron: vivió huyendo los últimos meses de su exilio-, pero su nombre fue vapuleado como ninguno. Encarnaba todos los males del experimento republicano. Considera Santos Juliá, el historiador que más ha contribuido a rescatarle -su último libro sobre el político: Vida y tiempo de Manuel Azaña (Taurus)-, que fue demasiado lejos en poco tiempo. Paró los pies de la Iglesia, aprobó una reforma agraria, trastocó el orden militar y dinamitó el centralismo español. Un modernizador ilustrado, liberal y prematuro.

"Antes y después de la guerra sostiene que España debe gobernarse con razones y con votos. Mientras que la generación del 14 pensaba que el problema de la corrupción de la democracia era la democracia, Azaña decía que el problema era la corrupción", señala José María Ridao. En otro país podría haber pasado a la historia como un padre del Estado moderno, pero la campaña en su contra le condenó a la esquina de los malditos. "Se dice que fracasa como político por la Guerra Civil, pero se olvida de que Azaña tuvo que hacer frente a Hitler y Stalin. El supuesto fracaso de Azaña será el fracaso de toda Europa", indica Ridao.

Solo al final de la dictadura se aflojó el acoso, como se observa en los informes de censura sobre sus obras. En 1974, el director general de Cultura Popular, Ricardo de la Cierva, autoriza a la editorial Castalia la publicación de La velada en Benicarló "íntegramente", pese a que el censor aconsejaba una hábil poda: "Se recomienda tachar acotaciones referidas a asesinatos en zona nacional".

¿Y qué pasó en democracia? Desde luego, 70 años después de su muerte, Azaña ya no es un apestado. Se reconoce su talla literaria y política. "Quien ha ganado es la España que él defendía: burguesa, laica, liberal. Si con alguien se siente hoy identificada la sociedad es con personajes como Azaña antes que con Queipo de Llano o Dolores Ibárruri", defiende el escritor Andrés Trapiello.

"Los 30 años de democracia han levantado parte del manto de silencio del franquismo, pero carece aún del reconocimiento que se merece", sostiene Miguel Ángel Villena, autor de Ciudadano Azaña (Península), que lamenta que apenas se le recuerda en los libros de texto ni en el Congreso.

La familia Azaña cree que recibe un trato cicatero. "No ha tenido el reconocimiento que debiera", sostiene María José Navarro Azaña, sobrina nieta del presidente de la República. ¿Traer sus restos sería una opción? "Él pidió que le dejaran donde se muriese. Traerlos a España sería ir contra su voluntad. Y, además, traerlos ¿dónde? No es un señor cualquiera, es el presidente de la República. No sé si estarían dispuestos a darle honores de jefe de Estado".


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Cultura compra cartas dirigidas a Azaña y escritas por Unamuno y Valle-Inclán, entre otros


No es frecuente que salgan al mercado documentos de Azaña


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Una de las cartas de Alcalá Zamora. | Ministerio de Cultura

El Ministerio de Cultura le ha comprado al coleccionista Santiago Vivanco, por 50.000 euros, un conjunto de 18 cartas dirigidas en su mayoría a Manuel Azaña y firmadas entre otros por Unamuno, quien en 1918 ya decía que Cataluña acabaría por "constituirse en Estado absolutamente independiente".

"Cataluña ha de acabar, y muy pronto, por separarse del todo del Reino de España (...). Justo es, pues, que España pierda ahora Cataluña. Y la perderá, no me cabe duda de que la perderá. La federación no es más que una hoja de parra", afirmaba Unamuno en una de estas misivas fechada el 24 de diciembre de 1918.

Además de este texto, en el que el novelista, poeta y filósofo vasco deja clara su visión sobre Cataluña, Cultura ha adquirido también en el mismo lote otras cartas enviadas a Azaña por Antonio Machado, Valle Inclán, Gabriela Mistral, Ramón Menéndez Pidal, Indalecio Prieto, Alejandro Lerroux y Niceto Alcalá Zamora, entre otros.

'La mayoría están fechadas en años anteriores a que Azaña fuese presidente de la República, aunque sí era ya jefe del Ejecutivo cuando Menéndez Pidal le escribió, en abril del 33, para darle las gracias por "el acuerdo del Consejo de Ministros" a él referido.

"Aunque siempre fui enemigo de tales distinciones, ahora ésta de la República, que tan señaladamente me honra, es para mí muy grata y mucho me obliga", le decía Menéndez Pidal a Azaña.

Estas cartas, cuya compra ya cuenta con las autorizaciones pertinentes aunque aún no ha sido formalizado el pago, serán depositadas en el Archivo Histórico Nacional y son de gran importancia para completar la documentación existente en torno a Azaña y a Niceto Alcalá-Zamora, personajes ambos de vital importancia en la reciente historia de España.

Según Rogelio Blanco, director general del Libro del Ministerio de Cultura, no es frecuente que salgan al mercado documentos de Manuel Azaña (la última vez fue en 2001), ni de buena parte de los personajes con quienes mantiene correspondencia, como ocurre con Valle Inclán o Antonio Machado.

Vivanco, además de un conocido bodeguero de La Rioja, es también poeta y presidente de la Fundación Dinastía Vivanco. Su afán por coleccionar libros y documentos de personajes destacados del siglo XX empezó cuando era muy joven y, de hecho, el lote de cartas destinadas a Azaña lo compró cuando completaba sus estudios de Derecho en Madrid.

En la época en que está fechada la carta de Unamuno, Manuel Azaña era secretario del Ateneo de Madrid y el autor de 'Niebla' se pone en contacto con él para decirle que difícilmente podrá dar la conferencia que le habían solicitado en esa institución para "el día 3 o el 5 de enero". El motivo que se lo impedía no era otro que el que un hijo suyo se casaba en Valencia por esos días y el escritor tenía previsto asistir a la boda con parte de su familia.

Su conferencia iba a versar "sobre la soberanía catalana en lo que hace al uso de la lengua con consideraciones sobre el conflicto de dos culturas(...). Cataluña ha de acabar, y muy pronto, por separarse del todo del Reino de España y constituirse en Estado absolutamente independiente", sostenía Unamuno.

También a Cataluña se refiere la escueta carta que Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República española, le escribe a Azaña para enviarle "varios ejemplares de las observaciones, pocas y breves, aunque interesantes y sustanciales, que motiva el proyecto de Estatuto orgánico o Constitución interior de la región catalana".


Valle Inclán le habla de 'un momento lleno de zozobra y cuidados, con todas las hijas enfermas del sarampión, y la mujer de la gripe

El 21 de febrero de 1923 Valle Inclán le mandaba una carta a Azaña para contarle que había recibido "su" número de la revista literaria "La Pluma", que le había llegado "en un momento lleno de zozobra y cuidados, con todas las hijas enfermas del sarampión, y la mujer de la gripe".

Ese número de "La Pluma", continúa Valle Inclán, le ha "consolado y entristecido. Los muertos deben sentir una emoción semejante al oír los responsos que aquí, en este mundo, les cantan (...) Yo sentí algo de necrológico leyendo este número de 'La Pluma'. Solo usted se encara con un hombre vivo y descubre su dolor y su drama", escribía el autor de 'Luces de Bohemia'.

En la misma operación, y vendidas también por Vivanco, Cultura ha adquirido así mismo 19 cartas dirigidas a Ernesto Giménez Caballero, escritor y diplomático español, impulsor del surrealismo, el ultraísmo y el futurismo, firmadas por Azorín, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Menéndez Pidal y Gómez de la Serna, entre otros.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Manuel Azaña 
 
Un vídeo inédito de Azaña revive su famoso discurso de Barcelona


Un montaje une las imágenes de su intervención en la capital catalana con el sonido original

Ver vídeo y noticia
 




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