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Torres Quevedo
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Mensaje Torres Quevedo 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este sexagésimo quinto trabajo recopilatorio, está dedicado a Leonardo Torres Quevedo. Inventor, científico y tecnólogo, ingeniero de Caminos, precursor de la Automática y de la Informática. Es un ejemplo de dedicación a la investigación, con formación cosmopolita, como tantos cientificos no ha sido suficientemente reconocida su valía.

retratodeleonardotorresLeonardo Torres Quevedo. (Santa Cruz del Valle de Iguña, 1852 - Madrid, 1936) Ingeniero español. En 1868 concluyó estos estudios en el Instituto de Enseñanza Media de Bilbao, y a continuación pasó dos años en París en el colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana. En 1870 su familia se trasladó a Madrid, y Leonardo, a su vuelta de París, regresó a las orillas del Nervión, donde se alojó en casa de unos parientes: las señoritas Barrenechea. El afecto que le tenían constituye un dato fundamental en la vida de este prolífico ingeniero de caminos e inventor, puesto que al morir le legaron toda su fortuna -de considerables dimensiones- lo que hizo posible que Leonardo no tuviera que preocuparse por la propia supervivencia. Además, este hecho dotó al inventor de una "libertad" de trabajo y pensamiento que le permitió prescindir de instituciones gubernamentales e investigar lo que en cada momento le apetecía.

En 1871, instalado ya en Madrid, ingresó en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Cinco años después, en 1876, terminó sus estudios y comenzó a ejercer su profesión, dedicándose a trabajos ferroviarios durante unos meses. En 1887, patentó un sistema de camino funicular aéreo de alambres múltiples. La principal innovación de Torres Quevedo, matemático y físico excepcional, la constituye el hecho de lograr un coeficiente de seguridad apto para el transporte de personas sin apenas riesgo. Liberando un punto fijo de apoyo del cable por el que discurre la barquilla y sustituyéndolo por una polea con pesos, logró que la tensión en dichos cables fuera la que él deseaba (puesto que dependía del peso que se colocara y que además fuera uniforme a lo largo de todo el trayecto; y como los cables eran múltiples, en caso de rotura de uno de ellos la tensión se distribuía equitativamente entre el resto.

En 1889 Leonardo Torres Quevedo se trasladó de nuevo a Madrid para simultanear estudios matemáticos, físicos y técnicos con tertulias culturales de todo tipo. Un año después presentó en Suiza el proyecto de su transbordador, pero fue rechazado. Este desprecio a su genialidad originó que el inventor dejara momentáneamente de lado su invento y pasara a centrarse en lo que Eduardo Saavedra calificó como "suceso extraordinario en la producción científica española": su Memoria sobre las Máquinas Algébricas, presentada en 1893 en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además de la solución teórica al problema de la construcción de las relaciones algébricas, Torres Quevedo construyó también varias máquinas de calcular. Fue a partir de este momento cuando Leonardo Torres Quevedo alcanzó el éxito, del que no se separó el resto de su vida.

En 1901 ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y en este mismo año el Gobierno español creó el Laboratorio de Mecánica Aplicada (después de Automática) y lo puso a disposición de Torres Quevedo. A partir de este momento, Leonardo Torres Quevedo comenzó a diversificar sus investigaciones, quizá alentado por la creación del Laboratorio.

En 1902 presentó en las Academias de Ciencias de Madrid y de París una memoria con anteproyecto de globo dirigible. La actividad de Torres Quevedo en el campo de la aeronáutica merece también atención, puesto que logró inventar y diseñar lo que más tarde se conoció como globo dirigible semirrígido o dirigible T.Q. En la época existían dos tipos de dirigibles: los rígidos, compuestos de un armazón metálico cubierto de tela y lleno de gas; y los flexibles, que carecían de armazón alguno. Los primeros se construyeron fundamentalmente en Alemania, y fueron conocidos con el nombre de su inventor, Zeppelin. Su gran problema lo provocaban las limitaciones que imponía su rigidez, puesto que además del riesgo de accidente en vuelo, al más mínimo roce con un obstáculo, eran necesarias grandes infraestructuras en tierra para guardarles, ocultarles, o maniobrar con ellos.

Los dirigibles flexibles, por contra, podían ser deshinchados y reducir su volumen para el transporte o maniobra en tierra, mientras que en el aire resistían mejor los golpes o roces, como cabe suponer de su principal condición. Sin embargo, precisamente por su flexibilidad, tenían problemas en cuanto a la estabilidad y calidad en el vuelo, puesto que eran fácilmente deformables, por ejemplo, ante el peso de la barquilla y los motores, y tendían a doblarse y a elevar las dos puntas o extremos.

La solución a la que llega Torres Quevedo en su dirigible semirrígido demuestra de nuevo su gran cualificación como matemático y físico. El dirigible que concibe tiene en el interior del globo una "armadura flexible" destinada a impedir que se deforme por causa del peso de los aeronautas, motores y lastres, pero constituida únicamente por telas o cuerdas que se mantienen tirantes por efecto de la presión del gas que lleva el globo, lo que permite que pueda ser deshinchado en tierra y reducir su volumen. De este modo, los inconvenientes de uno y otro sistema existente (rígido y flexible) quedan obviados.

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En 1905 fue construido, con la colaboración de Alfredo Kindelan, el primer dirigible bajo el nuevo sistema. Sin embargo, el desinterés español en este artefacto provoca que Torres Quevedo entre en conversación con la casa francesa Astra, que en 1909 le compra la patente, comienza inmediatamente a construir el nuevo tipo de aerostato y lo vende en todo el mundo. Los dirigibles Astra-Torres luchan en la Primera Guerra Mundial contra los Zeppelin alemanes, y resultan más rápidos y versátiles que estos últimos.

A la vez que estaba investigando el problema de los dirigibles, y con el fin de no arriesgar vidas humanas en pruebas y experimentaciones en vuelo, Torres Quevedo desarrolla una de sus ideas más brillantes, prácticamente imprescindible en nuestro mundo cotidiano: el Telekine o primer aparato del mundo de radiodirección a distancia. En septiembre de 1903 patenta en España este aparato con el título de: "Un sistema denominado Telekine para gobernar a distancia un movimiento mecánico".

Cada señal de onda hertziana hace avanzar un paso a una rueda en el telekine; según el número de señales recibidas mediante un conmutador, se actúa en un circuito determinado y se efectúa la maniobra correspondiente. El telekine posee un mecanismo de contacto retrasado del conmutador para que pueda recibir la orden completa, automatismo de vuelta a la posición inicial del conmutador y dispositivo de seguridad que paraliza el motor si se produce avería o no se reciben señales durante un determinado tiempo, para evitar de este modo la pérdida del aparato dirigido. El hoy tan popular "mando a distancia" es, básicamente, un invento de Torres Quevedo.

En 1912, Torres Quevedo inaugura un nuevo campo de la ciencia al iniciar sus primeros experimentos en el campo de la automática, la cibernética y la computación, que quedan definidos en su primer Autómata Ajedrecista, el primer jugador de ajedrez automático del mundo. Éste constituye, básicamente, un primer ordenador capaz de procesar información y actuar en consecuencia, todo ello a partir de estímulos eléctricos controlados mediante relés. En el ajedrecista se ejecutaba el mate de rey-torre contra rey inevitablemente, fuese cual fuese los movimientos del contrario humano, y estaba previsto, incluso, la posibilidad de que se tratase de "engañar" al autómata.

En la década de 1910 y 1920 Torres Quevedo va a continuar con sus experimentos en el nuevo campo de la automática, que él ha creado, para terminar por convertirse en el padre de la informática actual. En 1914 escribe sus Ensayos sobre automática, donde se adelanta en treinta años a las primeras disquisiciones inglesas, americanas o alemanas, sobre la analogía mente-máquina y sobre los primeros ordenadores. En 1920 construye un segundo ajedrecista autómata mejorado.

Además de los ajedrecistas, Torres Quevedo inventa, diseña y construye el Aritmómetro electromecánico, una máquina de calcular que suma, resta, multiplica y divide, gobernada a distancia por medio de una máquina de escribir ordinaria dotada de contactos eléctricos y provista de un dispositivo para escribir automáticamente los resultados. Posee memoria electromecánica y un coordinador o cerebro automático. Con esta máquina, por primera vez en el mundo se lograba la memoria artificial. Torres Quevedo dejó numerosos escritos de alta calidad técnica, además de las memorias descriptivas de sus múltiples patentes, españolas y extranjeras.

Torres Quevedo Publica sus mejores trabajos cuando tiene ya más de 50 años de edad.

Espero que recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes y contribuya en la divulgación de este ilustre personaje.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados, por temas.  Reyes: Trajano, emperador romano, Adriano, emperador romano, Don Pelayo, Jaime I el Conquistador, Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Reyes Católicos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos V, Felipe II, Carlos III; Gobernantes: Conde-duque de Olivares, Duque de Lerma; Conquistadores y exploradores: Cristóbal Colón, Hermanos Pinzón, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Cabeza de Vaca, Francisco de Orellana, Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Hernando de Soto, Inés de Suarez, Núñez de Balboa, Pedro de Mendoza, Pedro de Valdivia, López de Legazpi, Ponce de León, Rodrigo de Bastidas, Elcano - Magallanes; Héroes: Viriato, El Cid campeador, Guzmán el Bueno, María Pita, Agustina de Aragón, Daoíz y Velarde, Vicente Domenech "El Palleter"; Militares: Juan de Austria, El Gran Capitán (Fernández de Córdoba), Ambrosio Spínola, Álvaro de Bazán, Blas De Lezo, Gravina y la Batalla de Trafalgar, Cosme Damián Churruca y Trafalgar, Alcalá Galiano, General Castaños y batalla de Bailén; Literatura: Séneca, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora; Religiosos: Bartolomé de Las Casas, Cardenal Cisneros, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santo Domingo de Guzmán; Inventores: Isaac Peral, Juan de la Cierva, Torres Quevedo, Alejandro Goicoechea Omar, Eduardo Barreiros... hay otros trabajos en preparación que iré añadiendo.



Resumen Biográfico:


0retratodeleonardotorreLeonardo Torres Quevedo (Santa Cruz de Iguña (Molledo), Cantabria, 28 de diciembre de 1852 – Madrid, 18 de diciembre de 1936) fue un ingeniero de Caminos y matemático español de finales del siglo XIX y principios del XX.

Leonardo Torres Quevedo nació el 28 de diciembre, conmemoración de los Santos Inocentes, en 1852, en Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria). La familia residía normalmente en Bilbao, donde el padre ejercía de ingeniero de ferrocarriles, aunque también pasaban largas temporadas en el solar materno en La Montaña cántabra. En Bilbao estudió el bachillerato y más tarde fue a París a completar estudios durante 2 años. Por traslado del padre, se instala la familia de Leonardo en Madrid en 1870 y ese mismo año inicia sus estudios superiores en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Suspende temporalmente sus estudios en 1873 para acudir como voluntario a la defensa de Bilbao, que había sido sitiada por las tropas carlistas durante la Tercera Guerra Carlista. De vuelta a Madrid finalizará sus estudios en 1876 siendo el cuarto de su promoción.

Comienza a ejercer su carrera en la misma empresa de ferrocarriles en la que trabajaba su padre, pero emprende enseguida un largo viaje por Europa para conocer de primera mano los avances científicos y técnicos, sobre todo en la incipiente área de la electricidad. De regreso a España se instala en Santander donde él mismo sufragará sus trabajos e inicia una actividad de estudio e investigación que no abandonará. Fruto de las investigaciones en estos años aparecerá su primer trabajo científico en 1893. En 1885 contrae matrimonio, del que nacerán ocho hijos.

En 1899 se instala en Madrid participando de su vida cultural. De las labores que en estos años llevaba a cabo el Ateneo se creará en 1901 el Laboratorio de Mecánica Aplicada, más tarde de Automática, del que será nombrado director; el Laboratorio se dedicará a la fabricación de instrumentación científica. Ese mismo año ingresa en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, entidad de la que fue presidente en 1910. Entre los trabajos del Laboratorio caben destacar el cinematógrafo de Gonzalo Brañas, el espectrógrafo de rayos X de Cabrera y Costa, el micrótomo y panmicrótomo de Santiago Ramón y Cajal.

En 1916 el rey Alfonso XIII le impone la Medalla Echegaray; en 1918 rechaza el cargo de ministro de Fomento. En 1920 ingresa en la Real Academia Española, en el sillón que había ocupado Pérez Galdós, y pasa a ser miembro de las sección de Mecánica de la Academia de Ciencias de París. En 1922 la Sorbona le nombra Doctor Honoris Causa y, en 1927 se le nombra uno de los doce miembros asociados de la Academia de Ciencias de París.

Fue un decidido partidario del idioma internacional esperanto, que apoyó, entre otros lugares, en el Comité de Cooperación Cultural de la Sociedad de Naciones.

Leonardo Torres Quevedo muere en Madrid, en plena Guerra Civil el 18 de diciembre de 1936, cuando le faltaban 10 días para cumplir 84 años.


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Sorolla pintó en 1917 un retrato de Leonardo Torres Quevedo, en el que figuran algunos de sus inventos más destacados: el dirigible Astra-Torres, y el husillo sin fin de sus máquinas algébricas. En el Museo Sorolla se conservan los estudios preparatorios de estos inventos, para incorporarlos al retrato de Leonardo Torres Quevedo. Son unas de las primeras obras españolas en las que se aborda la pintura de una máquina por sí misma.


OBRA


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Aerostática

En 1902, Leonardo Torres Quevedo presentó en las Academias de Ciencias de Madrid y París el proyecto de un nuevo tipo de dirigible que solucionaba el grave problema de suspensión de la barquilla al incluir un armazón interior de cables flexibles que dotaban de rigidez al dirigible por efecto de la presión interior.

En 1905, con ayuda de Alfredo Kindelán, Torres Quevedo dirige la construcción del primer dirigible español en el Servicio de Aerostación Militar del Ejército, creado en 1896 y situado en Guadalajara. Finalizan con gran éxito, y el nuevo dirigible, el España, realiza numerosos vuelos de exposición y prueba. Quizá la innovación más importante en este dirigible fue la de hacer el globo trilobulado, de modo que aumentaba la seguridad.

A raíz de este hecho empieza la colaboración entre Torres Quevedo y la empresa francesa Astra, que llegó a comprarle la patente con una cesión de derechos extendida a todos los países, excepto a España, para posibilitar la construcción del dirigible en el país. Así, en 1911, se inicia la fabricación de los dirigibles conocidos como Astra-Torres. Algunos ejemplares fueron adquiridos por los ejércitos francés e inglés a partir de 1913, y utilizados durante la I Guerra Mundial, en muy diversas tareas, fundamentalmente de protección e inspección naval.


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El globo aerostático "España" en su flotadura en Guadalajara.

En 1918, Torres Quevedo diseñó, en colaboración con el ingeniero Emilio Herrera Linares, un dirigible transatlántico, al que llamaron Hispania, que llegó a alcanzar el estado de patente, con objeto de realizar desde España la primera travesía aérea del Atlántico. Por problemas de financiación el proyecto se fue retrasando y fueron los británicos John William Alcock y Arthur Whitten Brown los que atravesaron el Atlántico sin escalas desde Terranova hasta Irlanda en un bimotor biplano Vickers Vimy en 16 horas y 12 minutos.


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Cartel Torres Quevedo y la conquista del aire



Transbordadores


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El Spanish Aerocar que atraviesa la Cataratas del Niágara. Concebido por Torres Quevedo, fue inaugurado en 1916 y aún hoy en día presta servicio.

La experimentación de Torres Quevedo en el área de transbordadores, funiculares o teleféricos, comenzó muy pronto durante su residencia en su pueblo natal, Molledo. Allí, en 1887, construye en su casa el primer transbordador para salvar un desnivel de unos 40 metros: de unos 200 metros de longitud y tracción animal, una pareja de vacas, y una silla a modo de barquilla. Este experimento fue la base para la solicitud de su primera patente, que solicitaría ese mismo año: un funicular aéreo de múltiples cables, con el que lograba un coeficiente de seguridad apto para el transporte de personas y no solo de cosas. Posteriormente construyó el denominado transbordador del río León, de mayor envergadura, ya con motor, pero que siguió siendo utilizado exclusivamente para transporte de materiales, no de personas.

En 1890 presenta su transbordador en Suiza, país muy interesado en ese transporte debido a su orografía y que ya venía utilizando funiculares para el transporte de bultos, pero el proyecto de Torres Quevedo es rechazado, permitiéndose la prensa suiza ciertos comentarios irónicos. En 1907, Torres Quevedo construye el primer transbordador apto para el transporte público de personas, en el Monte Ulía en San Sebastián. El problema de la seguridad se había solucionado mediante un ingenioso sistema múltiple de cables-soporte, liberando los anclajes de un extremo que sustituye por contrapesos. El diseño resultante era de gran robustez, y resistía perfectamente la ruptura de uno de los cables de soporte. La ejecución del proyecto corrió a cargo de la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería, de Bilbao, que construyó con éxito otros transbordadores en Chamonix, Río de Janeiro, etcétera.


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Pero es sin duda el Spanish Aerocar en las cataratas del Niágara, en Canadá el que le ha dado la mayor fama en esta área de actividad, aunque desde un punto de vista científico no sea la más importante. El transbordador de 580 metros de longitud es un funicular aéreo que une dos puntos diferentes de la orilla canadiense del río Niágara y discurre sobre un remanso conocido como El Remolino (The Whirpool), se construyó entre 1914 y 1916 siendo un proyecto español de principio a final: ideado por un español, construido por una empresa española con capital español (The Niágara Spanish Aerocar Co. Limited); una placa de bronce, situada sobre un monolito a la entrada de la estación de acceso recuerda este hecho: «Transbordador aéreo español del Niágara. Leonardo Torres Quevedo (1852–1936)». Se inauguró en pruebas el 15 de febrero de 1916 y se inauguró oficialmente el 8 de agosto de 1916, abriéndose al público al día siguiente; el transbordador, con pequeñas modificaciones, sigue en activo hoy día, con ningún accidente digno de mención, constituyendo un atractivo turístico y cinematográfico de gran popularidad.


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Placa de Bronce en Niágara dedicada a Torres Quevedo



Telecontrol: el telekino  


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En 1903 Torres Quevedo presentó el Telekino en la Academia de Ciencias de París, acompañado de una memoria y haciendo una demostración experimental. En ese mismo años obtuvo la patente en Francia, España (Un sistema denominado "Telekine" para gobernar a distancia un movimiento mecánico, patentes 31918 de 10/6/1903 y 33041 de 9/12/1903), Gran Bretaña y Estados Unidos. El Telekino consistía en un autómata que ejecutaba órdenes transmitidas mediante ondas hertzianas. Fue el primer aparato de radiodirección del mundo, pionero en el campo del mando a distancia.

Otro escenario habitual para las pruebas del Telekino era el Abra de Bilbao. Un primer experimento se realizó el martes 7 de noviembre de 1905, desde la terraza del Club Marítimo del Abra, y con la asistencia del Presidente de la Diputación y otras autoridades.

El 6 de septiembre de 1906, en presencia del Rey Alfonso XIII y ante una gran multitud, hizo una demostración del Telekino en el puerto de Bilbao, maniobrando un bote desde la terraza del Club Marítimo del Abra. Previamente había realizado varias pruebas, tanto en Madrid como en el puerto de Bilbao. Finalmente intentaría aplicar el telekino a proyectiles y torpedos, pero tuvo que abandonar el proyecto por falta de financiación.

El Telekino ha sido reconocido por la IEEE en el año 2006 como Milestone, un hito para la historia de la ingeniería a nivel mundial. El trabajo de investigación sobre el Telekino y la propuesta para su reconocimiento por la IEEE es obra de Antonio Pérez Yuste, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, que hizo una presentación sobre el Telekino en la Conferencia sobre la Historia de la Electrónica (CHE'2004)

En su labor de búsqueda, Pérez Yuste recurrió a los archivos históricos, rescató los artículos y patentes de Torres Quevedo y los fondos del Museo Torres-Quevedo. En este museo, ubicado en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid, se conserva uno de los prototipos del Telekino.


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Imágenes del Telekino en el Abra (6 de septiembre de 1906)



Máquinas analógicas de cálculo  

Las máquinas analógicas de cálculo buscan la solución de ecuaciones matemáticas mediante su traslado a fenómenos físicos. Los números se representan por magnitudes físicas, que pueden ser rotaciones de determinados ejes, potenciales, estados eléctricos o electromagnéticos, etcétera. Un proceso matemático se transforma en estas máquinas en un proceso operativo de ciertas magnitudes físicas que conduce a un resultado físico que se corresponde con la solución matemática buscada. El problema matemático se resuelve pues mediante un modelo físico del mismo. Desde mediados del siglo XIX se conocían diversos artilugios de índole mecánica, como integradores, multiplicadores, etc., por no hablar de la máquina analítica de Charles Babbage; en esta tradición se enmarca la obra de Torres Quevedo en esta materia, que se inicia en 1893 con la presentación en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Memoria sobre las máquinas algébraicas. En su tiempo, esto fue considerado como un suceso extraordinario en el curso de la producción científica española. En 1895 presenta la Memoria Sur les machines algébraiques en un Congreso en Burdeos. Posteriormente, en 1900, presentará la Memoria Machines á calculer en la Academia de Ciencias de París. En ellas, examina las analogías matemáticas y físicas que son base del cálculo analógico o de cantidades continuas, y cómo establecer mecánicamente las relaciones entre ellas, expresadas en fórmulas matemáticas. Su estudio incluye variables complejas, y utiliza la escala logarítmica. Desde el punto de vista práctico, muestra que es preciso emplear mecanismos sin fin, tales como discos giratorios, para que las variaciones de las variables sean ilimitadas en ambos sentidos.


lacalculadoradigital La Calculadora Digital

En el terreno práctico, Torres Quevedo construyó toda una serie de máquinas analógicas de cálculo, todas ellas de tipo mecánico —una de ellas es El Ajedrecista, presentado en la feria de París de 1914—. En estas máquinas existen ciertos elementos, denominados aritmóforos, que están constituidos por un móvil y un índice que permite leer la cantidad representada para cada posición del mismo. El móvil es un disco o un tambor graduado que gira en torno a su eje. Los desplazamientos angulares son proporcionales a los logaritmos de las magnitudes a representar. Utilizando una diversidad de elementos de este tipo, pone a punto una máquina para resolver ecuaciones algebraicas: resolución de una ecuación de ocho términos, obteniendo sus raíces, incluso las complejas, con una precisión de milésimas. Un componente de dicha máquina era el denominado «husillo sin fin», de gran complejidad mecánica, que permitía expresar mecánicamente la relación y=log(10^x+1), con el objetivo de obtener el logaritmo de una suma como suma de logaritmos. Como se trataba de una máquina analógica, la variable puede recorrer cualquier valor (no sólo valores discretos prefijados). Ante una ecuación polinómica, al girar todas las ruedas representativas de la incógnita, el resultado final va dando los valores de la suma de los términos variables, cuando esta suma coincida con el valor del segundo miembro, la rueda de la incógnita marca una raíz.

Con propósitos de demostración, Torres Quevedo también construyó una máquina para resolver una ecuación de segundo grado con coeficientes complejos, y un integrador. En la actualidad la máquina Torres Quevedo se conserva en el museo de la ETS de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid.


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Torres Quevedo desarrolló otros muchos inventos, algunos tan ingeniosos como un Sistema para guiarse en las ciudades, que patentó al menos en Gran Bretaña y en España.


Inventos pedagógicos

En los últimos años de su vida Torres Quevedo dirigió su atención al campo de la pedagogía, a investigar aquellos elementos o máquinas que podrían ayudar a los educadores en su tarea. Patentes sobre las máquinas de escribir (patentes n.º 80121, 82369, 86155 y 87428), paginación marginal de los manuales (patentes n.º 99176 y 99177) y las del puntero proyectable (patente n.º 116770) y el proyector didáctico (patente n.º 117853).

El puntero proyectable, también conocido como puntero láser se basa en la sombra producida por un cuerpo opaco que se mueve cerca de la placa proyectada, esta sombra es la que utilizaría como puntero. Para ello diseñó un sistema articulado que permitía desplazar, a voluntad del ponente, un punto o puntos al lado de la placa de proyección, lo que permitía señalar las zonas de interés en la transparencia. Torres Quevedo expresa así la necesidad de este invento: «Bien conocidas son las dificultades con las que tropieza un profesor para ilustrar su discurso, valiéndose de proyecciones luminosas. Necesita colocarse frente a la pantalla cuidando de no ocultar la figura proyectada para llamar la atención de sus alumnos sobre los detalles que más les interesan y enseñárselos con un puntero».

También construyó un proyector didáctico que mejoraba la forma en la que las diapositivas se colocaban sobre las placas de vidrio para proyectarlas.



El Ajedrecista


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El Ajedrecista fue un autómata construido en 1912 por Leonardo Torres Quevedo. El ajedrecista hizo su debut durante la Feria de París de 1914, generando gran expectación en aquellos tiempos y hubo una extensa primera mención en la Scientific American como "Torres and His Remarkable Automatic Device" ("Torres y Su Extraordinario Dispositivo Automático") el 6 de noviembre de 1915. Utilizando electroimanes bajo el tablero de ajedrez, jugaba automáticamente hasta el final con un rey y una torre contra un rey desde cualquier posición sin ninguna intervención humana.


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Edificio Torres-Quevedo en la Universidad de Zaragoza



Las casas de Leonardo


Leonardo Torres Quevedo tuvo a lo largo de su vida varios domicilios en diversas ciudades y poblaciones. Las más significativas estaban situadas en Molledo-Portolín, Madrid, Santander y Bilbao.


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Casa de Leonardo Torres Quevedo en la calle Válgame Dios, de Madrid


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Casa de Leonardo Torres Quevedo en 1878 en la Calle de la Reyna número 45 duplicado, 3 de Madrid


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Casa de Torres Quevedo en Santa Cruz de Iguña, dentro del término municipal de Molledo, recientemente la familia a restaurada la casa natal del inventor cántabro.


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Monumento dedicado a Leonardo Torres Quevedo. Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria).


Libro interesante:


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ENSAYOS SOBRE AUTOMATICA. Su definición.Extensión teórica de sus aplicaciones, enlace: http://www.elbuscon.es/L97884836713...licaciones.html


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Monumento dedicado a Leonardo Torres Quevedo. Santander



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo dedicado al ingeniero de caminos Leonardo Torres Quevedo, fue inventor, científico y tecnólogo, precursor de la Automática y de la Informática.



Fuentes y agradecimientos a: torresquevedo.org, wikipedia, historiadeeuropa.wordpress, es.5wk, biografiasyvidas, empresadata, elbuscon y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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