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Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest'
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Mensaje Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados… Este 149º trabajo recopilatorio, está dedicado a Ángel Sanz Briz, fue un diplomático español, nacido en Zaragoza que en su etapa de embajador accidental en Budapest, durante la Segunda Guerra Mundial, donde sus acciones heroicas salvaron la vida de más de 5.200 judíos. Lamentablemente su historia es muy poco conocida en España, pero en Israel es un héroe y en Hungría le han rendido homenaje colocando un placa conmemorativa en la fachada de la embajada que recuerda a Ángel Sanz Briz, también conocido como “Ángel de Budapest” o el “Schindler español”.

Recientemente Televisión Española le ha dedicado una película protagonizada por Francis Lorenzo, quien da vida al protagonista de la historia, Ángel Sanz Briz, esta película le rinde un merecido homenaje y da a conocer sus acciones al gran público, resaltando su enorme valía como persona, arriesgando la propia, enfrentándose con los nazis y la policía local afín, dando cobijo a judíos en la embajada española de Budapest y en otras casas y dependencias. Fue capaz de engañar a las autoridades de la época, inventándose cientos de salvoconductos para salvar a millares de judíos de los campos de concentración y el exterminio.


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Ángel Sanz-Briz, llamado el Ángel de Budapest (Zaragoza, 28 de septiembre de 1910 – Roma, 11 de junio de 1980), fue un diplomático español, que actuó en la época de la Segunda Guerra Mundial (en este conflicto, España se mantuvo como no beligerante). En 1944, actuando por cuenta propia, "oficialmente" con independencia del gobierno de Franco (pero sin sufrir tampoco represalia alguna por ello), contribuyó a salvar la vida de unos cinco mil judíos húngaros durante el Holocausto, proporcionando pasaportes españoles, en un principio a judíos que alegaban origen sefardí en virtud de un antiguo Real Decreto de 1924 del directorio militar de Primo de Rivera, y posteriormente a cualquier judío perseguido. Por estos hechos, fue reconocido por Israel como Justo entre las Naciones.

Posteriores descubrimientos en la correspondencia diplomática revelaron que Sanz-Briz informó tempranamente al Gobierno de Franco de la existencia del Holocausto.

En 1944 mientras estaba al frente de la embajada, Ángel Sanz Briz decidió no mirar para otro lado y proteger y ayudar a los judíos condenados a muerte. Lo hizo recurriendo a todo tipo de estratagemas: expidió pasaportes y salvoconductos, defendió  ante las autoridades nazis los nexos de unión que existían entre España y los judíos sefarditas, haciéndoles creer que la mayoría de los allí residentes eran de este origen, cobijó a los perseguidos en casas que él mismo alquilaba a las que concedía la inmunidad diplomática de la embajada de España y les buscó la forma de escapar de Hungría por diferentes vías.

Todo esto arriesgando su vida y a espaldas del gobierno franquista que nunca contestó a la solicitud que cursó para dar protección y ayudar a los perseguidos. Pero él consiguió visados para 5.200 judíos… cuando solo 200 tenían ascendencia española. Además colaboró con la red de ayuda a judíos que creó en Budapest el sueco Raoul Wallenberg y que se calcula que pudo salvar a más de 100.000 personas.

Murió en Roma en 1980, pero los reconocimientos aún tardaron en llegar. En 1991, Israel le otorgó el título de Justo entre las Naciones, plantando un árbol e inscribiendo su nombre en el memorial del Holocausto. En 1994 el gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.

En España, ha recibido sin embargo pocos reconocimientos. En 1998, Correos le dedicó un sello y en Madrid, colocaron una placa de homenaje en la calle Velazquez en donde vivió. Además existe un libro de Diego Carcedo que cuenta su historia.

También hubo una película de Alberto Negrin sobre Giorgio “Jorge” Perlasca, un diplomático italiano que se convirtió en español, amigo de Sanz Briz que cuando este fue obligado a regresar a España se hizo pasar por el nuevo embajador para continuar su labor de ayuda a judíos, contiene algunas escenas con el Schindler español.


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Placa en memoria del diplomático español Ángel Sanz-Briz, que salvó a miles de judíos del Holocausto en Hungría en 1944. La placa la colocó el Ayuntamiento de Madrid en el portal de su casa en la calle Velázquez.


Reconocimiento

A medida que el tiempo transcurre y se van conociendo más detalles de las operaciones de rescate de judíos por parte del Gobierno de Franco, se confirma la idea de que la labor de este Gobierno fue, sin duda, mucho más eficiente, positiva y humanitaria que la de la mayoría de otros países; es una página de nuestra historia que no conviene olvidar; reconocida hasta por los propios judíos. Pero dicho esto, conviene matizar que la figura de Ángel Sanz Briz destaca por su excepcionalidad, sin menospreciar ni mucho menos la gran labor de otros colegas. Y esto por varias razones.

Su labor como un joven diplomático en Budapest -tenía 32 años- estuvo presidida por un acto de su conciencia, pues no se encontraba obligado en forma alguna a tomar la iniciativa de refugiar a los judíos en sus casas de acogida de la legación española, poniendo dinero de su bolsillo. Y en cuanto a las instrucciones recibidas de Madrid, la mayoría de las veces fue el silencio o instrucciones ambiguas. Dada la situación que se vivía, es posible que el silencio de Madrid fuera consentidor de un dejar hacer pero no involucrándose directamente.

Esta situación está confirmada plenamente por un documento confidencial y secreto, muy poco conocido, elaborado el 15 de septiembre de 1961 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, con motivo de las indemnizaciones alemanas a Israel, circunstancia que aprovecharon los herederos de aquellos sefardíes salvados por España para dirigirse al Gobierno español para que gestionase ante el Gobierno alemán el pago a ellos de las mismas. Castiella reconoce expresamente: "La protección española a los judíos perseguidos no solo goza de las simpatías universales sino que ha sido apoyada por las grandes potencias. Durante la II Guerra Mundial, el Estado español, aun reconociendo que prestó eficaz ayuda a los sefardíes, pecó en algún caso de excesiva prudencia y es evidente que una acción más rápida y decidida hubiera salvado más vidas". Hasta aquí el texto de Castiella. Y, en efecto, esa ambigüedad detuvo probablemente a muchos diplomáticos para actuar. No así a Ángel Sanz Briz. Por eso, salvó a más de 5.000 judíos en Budapest.

En cualquier caso, el diplomático obró por su cuenta, a riesgo de consecuencias posteriores. Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que deja claro que había actuado por cuenta propia. El diplomático guardó sobre este asunto un silencio sepulcral, que andando el tiempo comenzamos a entender.

El impacto causado entre los judíos salvados por la obra de este diplomático fue tan importante que se entrevistaron con él, siendo cónsul general en Nueva York en 1963, solicitando referencias sobre su actuación casi heroica en Budapest, de la que había un desconocimiento total en España, hasta el punto de que muchos judíos se dirigen también ese mismo año al Ministerio de Información y Turismo pidiendo información. El secretario general del mismo, Gabriel Cañadas, escribe al director general de Política Exterior, Ramón Sedó, en un documento casi desconocido: "Mis interlocutores judíos apuntaban siempre a la labor de Sanz Briz y piden permiso al director general para airear esta postura española por el bien de España en aquellos momentos; en tal situación es conveniente aprovecharla". Así se puso de manifiesto en la entrevista que el periodista israelí Isaac Molho hizo a Sanz Briz en Nueva York, ese mismo año, recabándole información puntual sobre su actuación para escribir un libro.

El diplomático consulta a Madrid sobre la información que debe dar y las instrucciones recibidas son que los datos que tiene que transmitir deben hacer referencia a que su intervención fue por orden expresa y con conocimiento del Gobierno español, debiendo Sanz Briz eludir todo protagonismo. Y así fue el testimonio que el diplomático le dio al periodista israelí.

Un espeso silencio rodeó su actuación hasta que, desde hace un tiempo a esta parte, la figura de este diplomático va siendo conocida y admirada y, todavía hasta hoy, adquiere mayor grandeza tanto por su acción heroica como por ese silencio que fue utilizado políticamente como un activo del gobierno de aquel momento ante el exterior.

Espero que si alguien lee esta recopilación dedicada al diplomático Ángel Sanz Briz, también conocido como “Ángel de Budapest” o el “Schindler español”, le resulte interesante, desde luego fue un compatriota digno de admiración.





Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados




Mas dato biográficos de Ángel Sanz Briz


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Ángel Sanz Briz (1910-1980), en la época que estuvo en Budapest

Ángel Sanz-Briz, llamado el Ángel de Budapest (Zaragoza, 28 de septiembre de 1910 – Roma, 11 de junio de 1980), fue un diplomático español, que actuó en la época de la Segunda Guerra Mundial (en este conflicto, España se mantuvo como no beligerante). En 1944, actuando por cuenta propia, "oficialmente" con independencia del gobierno de Franco (pero sin sufrir tampoco represalia alguna por ello), contribuyó a salvar la vida de unos cinco mil judíos húngaros durante el Holocausto, proporcionando pasaportes españoles, en un principio a judíos que alegaban origen sefardí en virtud de un antiguo Real Decreto de 1924 del directorio militar de Primo de Rivera, y posteriormente a cualquier judío perseguido. Por estos hechos, fue reconocido por Israel como Justo entre las Naciones.

Posteriores descubrimientos en la correspondencia diplomática revelaron que Sanz-Briz informó tempranamente al Gobierno de Franco de la existencia del Holocausto.

Tras estudiar Derecho, ingresó en la Escuela Diplomática, finalizando sus estudios poco antes del inicio de la Guerra Civil Española. Tras su comienzo, se enroló en las tropas franquistas. Finalizada la guerra, obtuvo su primer destino, como Encargado de negocios en El Cairo (Egipto). En 1942, recibió su segundo destino, poco después de contraer matrimonio con Adela Quijano, también como Encargado de negocios, en la embajada española en Hungría, un Estado aliado al Eje, pero que no había puesto en práctica medidas de exterminio de los judíos como las que ya estaban en marcha en toda la Europa ocupada por los nazis.[4] Sin embargo, la tranquila vida de Sanz-Briz como encargado de negocios cambió completamente cuando Alemania tomó el control de Hungría, invadiendo el país en marzo de 1944. Inmediatamente tras la invasión, el propio Adolf Eichmann se trasladó a Budapest para supervisar los planes de exterminio de la comunidad judía del país (unas 50.000 personas).


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Fotos de judíos en un campo de exterminio nazi


Ayuda a los judíos

Indignado por los planes nazis, Sanz-Briz decidió, al margen del gobierno español, proporcionar documentos españoles a los judíos sefardíes que pudiese encontrar y negociar con las autoridades húngaras (títeres de los ocupantes alemanes) el traslado a lugar seguro de dichas personas. Sanz-Briz procedió a proteger las vidas de unos 5.200 judíos, usando su influencia y contactos (también su dinero, con el que sobornó al gauleiter alemán), así como edificios alquilados con los fondos de la embajada que rotuló como "Anejo a la legación española". Los métodos que siguió los describió él mismo en el libro Los judíos en España:

Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200.

Así, de los 5.200 judíos cuya vida pudo salvar, sólo unos 200 eran de origen sefardí.

En agosto de 1944 envió al Gobierno español un informe en francés realizado por dos presos escapados, que detallaba el genocidio que estaba siendo cometido en el campo de concentración de Auschwitz. El informe iba acompañado de una carta de Sanz que confirma la autenticidad de lo relatado:

Su origen, pues, le hace sospechoso de apasionamiento. Sin embargo, por los informes que he podido obtener de personas no directamente interesadas en la cuestión y de mis colegas del cuerpo diplomático aquí acreditado, resulta que una gran parte de los hechos que en él se describen son, desgraciadamente, auténticos.


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Giorgio 'Jorge' Perlasca, el falso embajador español que colaboró con Sanz-Briz y también realizó una labor heroica.

A finales de noviembre de 1944, el gobierno español, ante la inminente caída de Budapest en manos del Ejército Rojo, le ordenó abandonar el puesto y trasladarse a Suiza. Giorgio Perlasca, un veterano italiano de la Guerra Civil Española, ciudadano español honorario, que había estado ayudando a Sanz-Briz en sus tareas de protección de los judíos, continuó su labor utilizando documentos de identidad españoles falsificados por él mismo, en los que declaraba ser el cónsul español en Budapest. Perlasca consiguió que los judíos "españoles" siguieran a salvo hasta que el 16 de enero de 1945 los soviéticos entraron en Budapest.

El Real Decreto del Directorio Militar del general Primo de Rivera, de 20 de diciembre de 1924, otorga la ciudadanía española a los "antiguos protegidos españoles o descendientes de éstos, y en general a individuos pertenecientes a familias de origen español que en alguna ocasión han sido inscritos en los Registros españoles".

Más info: www.fundacionfaes.org/record_file/f...JORGE_TRIAS.pdf



Carrera posterior


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Posteriormente, Sanz-Briz continuó su carrera diplomática: fue destinado a San Francisco y Washington (Estados Unidos), Lima, Berna, Bayona, Guatemala, La Haya, Bruselas y Pekín (1973, donde fue el primer embajador español). En 1976 fue destinado a Roma como embajador de España ante la Santa Sede, donde falleció el 11 de junio de 1980.

El propio Sanz-Briz relató las circunstancias mediante las cuales pudo salvar la vida de tantos judíos a Federico Ysart, el cual lo plasmó en su libro Los judíos en España (1973).


Reconocimiento
 
Placa en memoria de Ángel Sanz-Briz en la pared de la Embajada de España en Budapest. En 1991, el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel distinguió su acción y reconoció a sus herederos el título de Justo entre las Naciones, inscribiendo su nombre en el memorial del Holocausto. En 1994 el gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara. Fue el primer diplomático español que apareció en un sello de correos de España. Se le conoce popularmente como el "Schindler" español y, aunque su caso no sea tan famoso como el de Schindler, Sanz Briz salvó a muchos más judíos que Schindler.



Repercusión cinematográfica


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En 2002 se estrenó la película, coproducida por varios países europeos, El cónsul Perlasca donde Péter Kertész encarna al diplomático. El protagonista es Giorgio Perlasca que recurre a la ayuda de la Embajada española.


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El 22 de Diciembre de 2011 la película 'El Ángel de Budapest' fue estrenada en Televisión Española. En ella Francis Lorenzo daba vida al diplomático. La serie está basada en el libro de Diego Carcedo Un español frente al Holocausto.

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El ángel de Budapest es una película dramática española de 2011 basada en el libro Un español frente al holocausto del periodista y director ejecutivo de radio Diego Carcedo.


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El rodaje tuvo lugar en Budapest, Hungría del 9 de noviembre hasta el 23 de diciembre de 2010. El argumento se centra en Ángel Sanz Briz, embajador de España en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial que salvó la vida a centenares de judíos del holocausto. Al tiempo irá formando un movimiento de resistencia que les permita salvarlos.

Más info más abajo.



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Liberación de los prisioneros del campo de concentración de Dachau, Alemania. Tras el triunfo de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, multitud de judíos, gitanos, comunistas y luchadores por la libertad fueron rescatados de los campos de exterminio donde habían sido recluidos por los nazis.



El joven diplomático Sanz Briz, destinado en 1944 en Budapest, envió a Madrid un informe que avisaba del exterminio en Auschwitz


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Franco y Hitler en Hendaya, en 1940.

Excelencia, esto ocurre en Auschwitz: El Gobierno de Franco supo de los horrores de los nazis contra los judíos. El joven diplomático Sanz Briz, destinado en 1944 en Budapest, envió a Madrid un informe que avisaba del exterminio en Auschwitz. Hasta ahora tenía el sello de "No mostrar"
  
Una mañana, de los vagones bajan 45.000 judíos llegados de Salónica, demacrados y hambrientos. Unos 10.000 son seleccionados para los campos de trabajo y al resto los envían directamente al crematorio. Los que se salvan, hacinados en barracones, no soportan las duras condiciones del lugar y al poco tiempo enferman de paludismo. Los guardias alemanes, con sus botas militares y los perros, les recomiendan que vayan al hospital del campo de concentración, algo que desaconsejan los prisioneros veteranos. Saben cómo se las gastan allí. A pesar de las advertencias, los griegos se presentan en el centro médico, donde a medida que van pasando reciben en el corazón una inyección de fenol que acaba con sus vidas. Sus cadáveres se apilan más tarde en la puerta del bloque de enfermería, donde nunca entra el sol. Eso no tiene ninguna importancia aquí, en Auschwitz-Birkenau, 1943.

Estos detalles del día a día en el mayor campo de exterminio de la Alemania nazi, donde fueron aniquiladas entre 1,5 y 2,5 millones de personas, quedaron reflejados en un informe que dos jóvenes eslovacos escribieron tras escapar del lugar. El texto, escrito a máquina y en un dificultoso francés, llegó a manos de Ángel Sanz Briz, un joven diplomático español destinado en el Budapest ocupado por los nazis. Tras leerlo, remitió el documento en agosto de 1944 al ministro de Asuntos Exteriores, José Félix de Lequerica. No consta que Sanz Briz recibiese una respuesta.

El puñado de papeles que el diplomático envió a Madrid iba precedido de una carta a "Vuestra Excelencia" en la que informa "sobre el trato a que se condena a los judíos en los campos de concentración alemanes". Desvelaba que se los habían hecho llegar "elementos de la junta directiva de la organización sionista de la capital". "Su origen, pues", se dice en la misiva, "le hace sospechoso de apasionamiento. Sin embargo, por los informes que he podido obtener de personas no directamente interesadas en la cuestión y de mis colegas del cuerpo diplomático aquí acreditado, resulta que una gran parte de los hechos que en él se describen son, desgraciadamente, auténticos". Los papeles permanecían hasta ahora en los archivos del ministerio, en una carpeta donde se lee "no mostrar". Ahora sirven para confirmar hasta qué punto el Gobierno de Franco, simpatizante de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y ambiguo en sus posiciones hacia el final de la contienda, conocía con todo detalle el plan que los nazis estaban llevando a cabo para exterminar a los judíos.


El documento recoge esquemas del lugar y relatos de los asesinatos que se estaban produciendo

En el Budapest ocupado por los nazis, Sanz Briz era un tipo elegante, joven, de misa diaria. Un hombre de fe, en resumen. Era el encargado de negocios en la legación española. Había llegado a la capital de Hungría para sustituir a Miguel Ángel Mugiro, un hombre muy crítico con los dirigentes húngaros que se mostraban serviles con los nazis. Mugiro denunció varias veces a Madrid los abusos que se estaban cometiendo con los judíos en el país, injusticias que había visto con sus propios ojos, como el saqueo que estaban sufriendo los comerciantes. El Gobierno de Madrid le sustituyó por el joven Sanz Briz para mejorar las relaciones con Hungría. No fue así.

Sanz Briz participó casi desde su llegada a Budapest en unas reuniones secretas con diplomáticos de otros países neutrales, incluido el nuncio apostólico, en las que se buscaba la forma de ayudar a los miles de judíos húngaros que en ese momento estaban siendo transportados a los campos de exterminio. Mientras se producían esos encuentros secretos, por las calles de esa ciudad también andaba Adolf Eichmann, uno de los cerebros de la llamada Solución Final, el plan de la Alemania nazi con el que se pretendía culminar el genocidio de la población judía. Eichmann, meses antes, había negociado con los aliados el canje de un millón de prisioneros por una cantidad de dinero que le permitiese seguir costeando la guerra.

"En los vagones de camino a los campos de concentración no sólo van hombres, sino también mujeres, niños y ancianos. Es difícil de creer que vayan a trabajar...", dice Sanz Briz en una de sus comunicaciones con Madrid. Después de mucho insistir, le autorizaron a repatriar a "algunos" judíos de origen español. Hungría, último país ocupado por los nazis, le permitió expender 200 pasaportes. Pero el diplomático buscó un salvoconducto para tramitar cientos de pasaportes y cartas de protección en las que garantizaba el origen sefardí de miles de judíos que en realidad no lo eran. Siempre sellaba las cartas y los visados con números inferiores a 200, lo que despistó a la burocracia húngara.


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Uno de los visados expedidos por el diplomático Ángel Sanz Briz y sus colaboradores para ayudar a la huída de los judíos.

El documento enviado a Madrid el 26 de agosto de 1944 era similar en muchos aspectos al que elaboraron Rudolf Vrba y Alfred Wetzler, los prisioneros números 44.070 y 29.162, tras fugarse en abril de 1944. En éste en concreto no se especifican los nombres de los protagonistas, tan sólo que se trata de dos jóvenes israelíes eslovacos, deportados en 1942, que pasaron dos años en el campo de concentración y que "milagrosamente" consiguieron escapar sanos y salvos. "Hoy día se encuentran en países neutros", aclara el texto, en el que se incluyen esquemas del campo de campo de concentración y de las cámaras de gas. También se añaden cifras aproximadas de los asesinatos que se habían producido, guardados en la memoria de los testigos, que aseguran que sólo han relatado hechos que ellos han visto. Por prudencia, ni siquiera se anotaron las macabras historias que otros prisioneros les contaban.

No es casualidad que los presos recalquen que todo lo que escriben, toda la putrefacción de los cadáveres, los tiros en la nuca, el gas de las cámaras que relatan, lo hayan visto, escuchado y olido. Quedan en sus memorias el humo de las pistolas, las pisadas de las botas de los militares de las SS. No es casualidad. En la Primera Guerra Mundial, uno y otro bando contaron crímenes que en muchos casos no eran ciertos, y eso había quedado en la memoria de la generación de Sanz Briz, obsesionada por verificar ("su origen, pues, le hace sospechoso de apasionamiento") la certeza de los relatos. Un año y medio antes de que llegase este documento a Madrid, los Gobiernos aliados publicaron una declaración conjunta que denunciaba la matanza sistemática de los judíos. Desde ese momento, se puede decir que existía conocimiento general del Holocausto. En los países ocupados por Alemania se lanzaron folletos donde se decía que quien colaborase con esta barbarie sería juzgado. Pero otra cosa era conocer los detalles concretos, la historia desde dentro. Y esa parte hasta entonces desconocida en España es la que hizo llegar Sanz Briz al Gobierno del general Franco: "Ahí se demuestra que Franco conocía con exactitud el tamaño de la matanza. No admite dudas", cuenta desde el otro lado del teléfono Bernd Rother, historiador alemán y autor del prestigioso libro Franco y el Holocausto.

Rother, que estuvo indagando durante años en los archivos desclasificados españoles, asegura que el informe de Sanz Briz empezó a circular por las esferas de Budapest en mayo de 1944. Los rumores de que la Solución Final caminaba con paso firme eran insistentes y lo confirma que en esas fechas, concretamente entre abril y julio, habían sido deportados 450.000 judíos húngaros a los campos de exterminio. Incluso para miembros de la resistencia antinazi era difícil de imaginar que estuviese ocurriendo algo así, por lo que unos documentos que contasen con exactitud qué demonios ocurría en esa especie de fábrica gris rodeada de alambrada tenían relevancia. "Sanz Briz demostró una vez más su coraje", apuntilla Rother. Al historiador le sorprende incluso que después de haber expedido los falsos pasaportes y de haber enviado la historia de los dos jóvenes polacos no fuese destituido fulminantemente. Después llegó incluso a continuar una exitosa carrera diplomática que le llevó por varios países del mundo.


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Foto de archivo de los supervivientes del campo de concentración de Auschwitz tras la llegada liberadora de los soldados soviéticos, el 27 de enero de 1945

En Auschwitz, mientras, no paraban de llegar vagones repletos de judíos. A la entrada se encontraban con un imponente cartel: "El trabajo os hará libres". Los recién llegados recibían cada día una libra de margarina y una cucharada de mermelada, a lo que se acompañaba con un café o un té frío, según se lee el documento de Sanz Briz. La sopa que se servía a mediodía estaba hecha con agua sucia y una remolacha, mientras que cuando caía la noche se repartían, en teoría, 300 gramos de pan, aunque al final la cosa se solía quedar en la mitad. En el campo se abrió el Instituto de Higiene, en un bloque aislado de los otros. Se dividía en internos, infectados y cirugía. En su interior se provocaban heridas de guerra para ver de que forma curaban después, se hacían estudios raciales con los esqueletos de los prisioneros y se trataban las enfermedades contagiosas. Además, se hacían investigaciones sobre los efectos de la altitud, las bajas temperaturas o la ingesta de agua del mar. Siempre con los presos como cobayas y en contra de su voluntad.


Una camarilla de judíos colaboracionistas retiraba los cadáveres del crematorio y rapiñaba sus pertenencias

El primer crematorio se inauguró en marzo de 1943 con 8.000 judíos de Cracovia que fueron gaseados e incinerados. Los jóvenes eslovacos narran que para la ocasión llegaron desde Berlín oficiales y dignatarios civiles que se tomaron la ocasión como una fiesta. "Comprobaban con gusto lo que ocurría en la cámara de gas y al final daban libre curso a su asentimiento". En la puerta del crematorio se colocó un paredón de fusilamiento, antes situada en otra parte del campo.

La nueva ubicación facilitaba la labor de limpieza de los ‘sonderkomandos’, unidades de trabajo compuestas por judíos, encargados de colaborar con sus propios verdugos a cambio de algunos meses más de vida. Eran los encargados de retirar los cadáveres de las cámaras de gas y de rapiñar entre las pertenencias de los muertos. Los demás prisioneros evitaban acercarse a ellos por el olor que desprendían y por su fama de violentos. "Yo asistí en una escena en la que un joven judío polaco explicaba a un hombre de las SS el verdadero modo de matar a un hombre sin ningún arma". Eran capaces de hacerlo con las manos. Y eso en Auschwitz no era un crimen. Sencillamente se recogía al muerto con una carretilla y se apuntaba su número de prisionero en un documento donde se registraban las bajas. Sin especificar cómo se había producido el óbito. Eso no tenía importancia en este lugar, al fin y al cabo se trataba de judíos.

Resulta desgarrador el testimonio que dan los dos jóvenes eslovacos sobre la manera en la que se accionaban las cámaras de gas. Cuentan que su interior tenía el aspecto de un baño normal. Sin ventanas, salvo por un ventilador situado en el techo. Las ejecuciones se organizaban de una manera industrial, casi mecánica. Los condenados llegaban en camión, acompañados por un médico, y cuando accedían a la cámara, rodeada de alambre de espino, se desnudaban, todos juntos. Los guardias confiscaban relojes, medallas, pendientes, fotografías en sepia... con la promesa de devolverlo todo al rato. Los prisioneros recibían a continuación una toalla y una pastilla de jabón. A golpe de fusta, les obligaban a esparcirse por toda la cámara. Se cerraban las puertas de repente con un chirrido metálico, las aberturas del ventilador arrojaban el gas y diez minutos después todo se había acabado. Una cuadrilla compuesta por judíos limpiaba el sitio de cadáveres para hacer hueco a los siguientes. Los primeros en ser ejecutados pensaban que iban a darse un baño, pero a medida que se fue corriendo el rumor de lo que de verdad ocurría allí, cada vez fueron más frecuentes los intentos de no entrar en las cámaras. Los guardias solventaban la escaramuza disparando con sus revólveres o a base de culatazos.

El Gobierno de Franco tuvo una posición ambigua respecto a la Solución Final ideada por los alemanes. Antonio Marquina, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los primeros estudiosos de la figura de Sanz Briz, destaca que el hecho de que España se adhiriese al Pacto de Acero, donde se dice que los enemigos de Alemania son los de España, marcará la estrategia del país. Sólo hay que recordar el encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya en 1940. Cuatro años después, en la época en la que Sanz Briz envía el relato de lo ocurrido en el campo de exterminio, Marquina dice que hay que resaltar que ya se había producido entonces el Desembarco de Normandía, Mussolini hacía tiempo que había sido derrocado y los aliados consolidaban su avance. Alemania estaba arrinconada. El diplomático actúa entonces por su cuenta, sin instrucciones de ningún tipo, intuyendo que la posición española respecto a la guerra tenía que haber variado a la fuerza.


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Mujeres judías detenidas en Budapest.


Incluso para la resistencia antinazi era difícil de imaginar que algo así estuviese pasando con los judíos

El historiador Julián Casanova cree que Sanz Briz fue valiente enviado los documentos, aunque en ese momento ya tenía el viento a favor, sobre todo ahora que el sentimiento antijudío es menor. "Aunque conlleva riesgo porque el tema del Holocausto quemaba a Franco, le traía muchos dolores de cabeza. Casi tantos como a la propia Iglesia", dice. Y Haim Avni, reconocido profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, añade: "Es importante el acto que lleva a cabo el español sencillamente porque el Holocausto en Hungría se inicia poco antes, en marzo, cuando el Ejército alemán ocupa el país, y él hace el envío en verano (26 de agosto). Estaba ante sus ojos el horror, y lo denuncia. No todos se atrevieron a hacerlo".

Con Serrano Suñer por ejemplo, un ministro pronazi, lo que hizo Sanz Briz hubiese sido un suicidio. De todos modos, Marquina considera que hay pocos documentos que reflejen con certeza el flujo de información que recibió el Gobierno de Franco en ese tiempo a través de los servicios de inteligencia o de los militares. La historia, pues, quizá está por escribirse.


"El tema del Holocausto quemaba a Franco, le traía muchos dolores de cabeza. Casi tantos como a la propia Iglesia"

El caso es que además de enviar el informe, Sanz Briz continuó con sus labores diplomáticas. Los judíos a los que protegía fueron recluidos en un gueto, a la espera de cualquier movimiento por parte de los nazis. El diplomático alquiló entonces 11 edificios en los que colgó un cartel donde se leía: "Anejo a la legación española. Edificio extraterritorial". Los trabajadores de la Embajada española se encargaron de proveer de alimentos e higiene a los refugiados. Con el Ejército Rojo a las puertas de Budapest y las quejas constantes de los nazis a Franco, Sanz Briz se vio obligado a dejar el país. Su labor la prosiguió un colaborador suyo, Giorgio Perlasca, un italiano que se hizo pasar por español (cambió su nombre por el de Jorge) y asumió el papel del diplomático español diciendo que éste se había ido sólo por un tiempo. Entre los dos salvaron a unas 6.000 personas. Otros diplomáticos franquistas de ese tiempo también ayudaron a salvar cientos de vidas, como es el caso de Julio Palencia, destinado en Sofía (Bulgaria), o José Ruiz Santaella en Berlín.

Sanz Briz incluía en el paquete que enviaba a Franco el relato de una señora y su hijo. Asqueada de las condiciones de higiene que soportaba en el campo de concentración en el que estaba recluida, pidió su traslado a Birkenau, donde según había oído no era tan malo el trato. Al llegar al sitio, quedó impresionada por el cartel en el que decía que el trabajo la haría libre. "Tenía la impresión de haber hecho un buen cambio", contará más tarde. El patio limpio, los edificios de ladrillo, el césped verde, le dieron buena impresión. Enseguida se dio cuenta de su error. Le afeitaron la cabeza, le tatuaron un número en el brazo izquierdo y de esa forma tan inesperada pasó a convertirse en una prisionera política. Cierto día la condujeron a la cámara de gas y a ella le entró el pánico, aunque le decían que sólo era para hace un recuento al grupo. Ella tuvo suerte: consiguió escapar y con la ayuda de unos campesinos logró llegar a Hungría.

Ese fragmento del horror también estuvo en manos de Francisco Franco, el dictador español. Nunca le envió una contestación al joven Sanz Briz.

Publicado el 21/03/2010  elpais.com / Juan Diego Quesada



El ángel de Budapest. El zaragozano Ángel Sanz-Briz salvó a más de 5.000 judíos húngaros del holocausto nazi


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Salvó más de 5.000 vidas. El embajador español Ángel Sanz-Briz, natural de Zaragoza, evitó que miles de judíos húngaros terminaran en los campos de concentración nazi. Para lograr tal fin, el aragonés tuvo que emplear altas dosis de perspicacia y valentía. El escenario de toda la acción fue la capital de Hungría, Budapest, en los últimos años de la II Guerra Mundial.

Sanz-Briz, tras pasar por El Cairo (Egipto), fue destinado en 1942 a la legación húngara, donde acudió recién casado con Adela Quijano. A las puertas del país centroeuropeo se libraba la II Guerra Mundial. Poco duró la tranquilidad. En 1944, Hitler decide invadir Hungría. En junio comenzaron los bombardeos sobre la ciudad y las embajadas de los distintos países comenzaron a abandonar la capital del país. Sanz-Briz, con 34 años, se quedó en Budapest, ya que España era un país neutral --pero afín a los alemanes-- y había que defender los intereses de los ciudadanos españoles. Las deportaciones de judíos húngaros no tardaron en llegar. Eran perseguidos, obligados a registrase y a coserse la estrella de David en la ropa, para después ser enviados en trenes hasta los campos de concentración, de los que la gran mayoría no salieron. Sanz-Briz fue testigo de cómo los judíos desaparecían o eran asesinados. Pero no se quedó quieto ante la barbarie. El aragonés puso en marcha su ingenio y temple diplomático para salvar a miles de seres humanos.

Desde la legación española se envió a Madrid la petición de ayuda para frenar las crueldades nazis. No se recibió respuesta. Y, en medio del silencio, Sanz-Briz se convertía en el responsable de la embajada en Budapest. El zaragozano se sacó un as de la manga. Apeló a una ley de 1931, de Primo de Rivera, que daba la posibilidad de conceder la nacionalidad española a los sefardíes --descendientes de judíos que vivieron en España hasta 1492--. Lo que no sabían los alemanes era que la Ley había sido abolida años después. Sanz-Briz dio un nuevo paso y envió al gobernador nazi Adolf Eichmann una carta rindiéndole cortesías y con una donación económica para asegurar el respeto a los españoles por parte de las SS --fuerzas nazis de represión--. Resultado final: la embajada española obtuvo 200 salvoconductos para sefardíes.

Ahí llegó la picaresca española. ¿Cómo con 200 unidades se salvan casi 6.000 vidas? El propio Sanz-Briz lo explicó años más tarde: "Las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente con el simple hecho de no expedir documento que llevase el número superior a 200. Esos documentos se hicieron en muchísimas series, calificando cada una con las letras del alfabeto". Es decir, cada documento era para 4 ó 5 personas (una familia) y de cada número se hacían series: 134-A, 134-B, 134-C... Los salvoconductos se expidieron a más de 5.000 judíos; muchos de ellos no eran ni descendientes de sefardíes. Dada la nacionalidad sólo faltaba resguardarlos de las garras de las SS. Sanz-Briz alquiló inmuebles para cobijar a sus españoles. Por seguridad, a las casas les puso un cartel: "Anejo a la Legación de España. Edificio extraterritorial".

A finales de 1945 los soviéticos llegaron a las puertas de Budapest para liberar la ciudad. La España franquista no mantenía buenas relaciones con la URSS, por lo que Sanz-Briz recibió la orden de abandonar la capital. El español dejó toda la infraestructura en manos de sus colaboradores, entre los que destacó el italiano Perlasca. La entrada soviética liberó de la represión a los judíos húngaros. El zaragozano no volvió a Hungría, fue destinado a EE.UU. y luego al Vaticano, donde falleció en 1980. Pero su huella quedó en la Historia. Los judíos, utilizando su nombre de pila, le pusieron el sobrenombre de Ángel de Budapest.

José Lacruz / periodicodelestudiante.net



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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
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Ángel Sanz Briz (1910-1980), en una de sus últimas fotos conocidas.



Ángel Sanz Briz, el Schindler desconocido


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Ángel Sanz Briz es el español que superó a Schindler. Nacido en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910, Ángel Sanz Briz, habiendo cursado Derecho, ingresó en la Escuela Diplomática en 1933 y finalizó sus estudios poco antes del comienzo de la Guerra Civil Española.
 
Sin poseer la notoriedad del encumbrado alemán Oskar Schindler, pero habiendo quintuplicado por cinco la lista de judíos salvados por su accionar, Ángel Sanz Briz, el diplomático español que evitó la muerte de 5200 judíos húngaros durante la II Guerra Mundial, será objeto este lunes de un merecido homenaje por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de España, que colocará en su recuerdo, una placa conmemorativa, en su embajada en Budapest.

Nacido en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910, Ángel Sanz Briz, habiendo cursado Derecho, ingresó en la Escuela Diplomática en 1933 y finalizó sus estudios poco antes del comienzo de la Guerra Civil Española.


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En marzo de 1944 ya se columbraba que la guerra estaba perdida para el Tercer Reich. Mientras los Aliados ultimaban los preparativos para el desembarco en Normandía, los rusos avanzaban decididamente por el este.

Ante ese sombrío panorama, el vesánico Hitler, decidió invadir Hungría, el único país de Europa central que hasta ese momento no había caído bajo la férula nazi.

Al nombrar al sanguinario Adolf Eichmann como Gauleiter (Gobernador) en Hungría, el régimen nazi patentizó su decisión de implementar la Solución Final, penoso eufemismo de aniquilación, con los judíos húngaros. Estos, integrantes de una centenaria y próspera comunidad, mientras eran saqueados y despojados de sus pertenencias, fueron obligados a registrarse, a bordarse en la solapa la estrella de David, para casi de inmediato ser transportados en trenes de ganado al sur de Polonia, al campo de concentración de Auschwitz, donde serían gaseados.

Dada la premura por acelerar el exterminio, a diferencia de otros países de Europa, en Hungría no hubo guetos, no fueron necesarios.

Mientras el Gobierno filo alemán de Miklos Horthy colaboraba con los invasores, los nazis húngaros de la Cruz Flechada, consumaban despiadados pogromos y persecuciones por las calles contra los judíos de Hungría, al tiempo que instalaban campos de tránsito para concentrarlos antes de su envío a la muerte.

El cuerpo diplomático destacado en Budapest, era testigo horrorizado de los acontecimientos

En la legación española, que no era sospechada ni mucho menos, de simpatizar con los Aliados, el encargado de negocios, Miguel Ángel de Muguiro, escribió a Madrid, reportando escandalizado, las vejaciones, palizas, registros y otras aberraciones con las que se solazaban los miembros de las SS.

En Madrid, estaban absolutamente al tanto de las intenciones del "amigo alemán" en Hungría. Un año antes, según consigna en una excelente nota Fernando Díaz Villanueva, Federico Oliván, secretario del embajador español en Berlín, había escrito al ministerio de Exteriores, pidiendo permiso para ayudar a los pocos judíos que iban quedando con vida en el Gran Reich: "Si España se niega a recibir a esta parte de su colonia en el extranjero, la condena automáticamente a muerte, pues esta es la triste realidad". La colonia a la que se refería eran los judíos sefarditas, herederos lejanos de aquellos que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492.

Tanto Oliván en Berlín como Muguiro en Budapest habían rescatado un viejo decreto promulgado por Primo de Rivera en 1924, en virtud del cual todos los que demostrasen pertenecer a aquella Sefarad errante, obtendrían de inmediato la nacionalidad española. Ocultaban que el efecto del decreto había expirado en 1931, pero en Madrid no se acordaban y los nazis, naturalmente, no lo sabían. Muguiro se agarró a él para solicitar a las autoridades húngaras la protección de los sefarditas. El problema es que en Hungría, sefarditas, lo que se dice sefarditas, había muy pocos. No daban ni para llenar un tren".

Sin amilanarse, informando a Madrid del futuro aciago que aguardaba a la comunidad hebrea, usufructuando su condición de diplomático, Muguiro, intercedió a favor de todos los judíos que pudo y engrandeció su obra al apropiarse de un cargamento de 500 niños, a los que les extendió visado y envió a Tánger, salvándolos de la inexorable muerte que les esperaba en Polonia.

Este hecho y otros análogos que trascendieron, fueron los que generaron la animosidad en su contra de los húngaros y alemanes, y los que determinaron, el cese inmediato de sus funciones.La causalidad, en nombre de la Divina Providencia, hizo que el sucesor fuera su secretario, un joven de 32 años que se llamaba Ángel Sanz Briz, un zaragozano casado con una hermosa mujer, con la que tenía una niña recién nacida.

Sanz Briz, quien estaba consustanciado con la política de Muguiro, fue nombrado encargado de negocios de la Embajada de España. Junto a un italiano llamado Giorgio Perlasca, que había combatido en la Guerra Civil, refinó y perfeccionó los procedimientos de su antecesor. La premisa era hacer lo mismo, pero con mayor sigilo y menor exposición.

Para evitar elucubraciones y conjeturas, a Perlasca lo nacionalizó español y lo contrató para que trabajase en la Embajada, donde en lugar de su primigenio nombre Giorgio, se lo empezó a llamar Don Jorge.

Entre los diplomáticos acreditados en Budapest, hubo varios más comprometidos en la salvación de vidas. Con seguridad, fueron inspiradores de Sanz Briz.

En la Embajada de Suecia descollaba, Roul Wallenberg, quien fue la tabla de salvación de miles de judíos condenados a muerte. En la de Suiza, Carl Lutz, el inventor de los salvoconductos de protección denominados "schutzbriefe", que significaron para los judíos, certificados de vida.

Imposibilitado de informar al Ministro de sus intenciones, para no correr el riesgo de ser cesado en sus funciones, al igual que Muguiro, Sanz Briz se limitaba a detallar las atrocidades que estaban perpetrando los nazis y los vernáculos Cruz Flechada en Hungría, contra la inerme población judía

Las denuncias de Sanz Briz, no tenían respuesta de Madrid. El silencio, interpretado por él, como haga lo que le parezca, pero no genere complicaciones, fue el acicate que necesitó para intensificar sus esfuerzos en aras de salvar la mayor cantidad posible de vidas.

Curiosamente, a Madrid, no le parecía del todo mal que los sefarditas retornaran a su patria, de la que injustamente habían sido expulsados los judíos cinco siglos antes. Los nazis incrédulos, no comprendían que la España de Franco, a la que habían auxiliado, se preocupara por unos judíos desterrados tanto tiempo atrás. Aún sin entenderlo lo toleraban. En un hecho sin precedentes, la Embajada de España en Berlín, logró sacar de Bergen-Belsen a 365 judíos que según el embajador, eran de origen sefardita, judíos de origen español.

Los nazis de Hungría, no sabían fehacientemente el número de judíos de origen sefardita, pero sabían que eran muy pocos.

Sanz Briz, conocedor de la propensión del asesino Eichmann a la molicie, le envío una carta en respetuosos términos, acompañada de una considerable suma de dinero, para que los descontrolados batallones de las SS no afligieran a "sus" judíos.

Los cuantiosos estipendios recibidos, lograron que el representante español, obtuviera el exiguo cupo de 200 personas, que eran la cantidad de sefarditas estimados en el país. Sólo podría emitir 200 pasaportes, ni uno más.

Sanz Briz aceptó sin protestar la dádiva y dio órdenes en la Embajada para preparar los salvoconductos, pero no los 200 asignados, sino todos los que fuera posible. Para ello, se valió de un ingenioso y arriesgado ardid. Ninguno de los pasaportes debía tener un número mayor al 200, pero tampoco debían repetirse. Para ello fue creando varias series que iban del uno al 200. Por ejemplo del pasaporte 80, había varios de las distintas series.

El truco era perfecto pero insuficiente. Para salvar a mil necesitaba cinco series, 2000 diez y así sucesivamente. Pasaportes con el mismo número y diferente serie eran entregados a los temerosos portadores.

A los efectos de disminuir las series, ideo aplicar el cupo otorgado por los nazis, no a individuos sino a grupos familiares, de modo que un pasaporte pudiese pertenecer a cinco o seis personas.

No obstante, el riesgo de ser descubierto por los nazis era muy grande.

Todo podía desmoronarse si un agente de la SS en un control de documentos, parase en la calle a dos portadores de un pasaporte con igual número pero de diferente serie. En virtud de ello y contemplando el hecho que los nazis advirtieran que había muchos sefarditas en las calles de Budapest, Sanz Briz, alquiló varias casas para cobijar a los judíos. Estos debían restringir al máximo sus salidas, salir un rato preferentemente por las mañanas, mientras que la Embajada se encargaría de proveerles comida y medicación, y fundamentalmente de tener alejados a los nazis de sus viviendas.

Para extremar los recaudos, Sanz Briz mandó colocar una placa en húngaro y alemán que decía: "Anejo a la legación de España. Edificio Extraterritorial"

Los judíos permanecían en sus casas hasta que Sanz Briz conseguía trasladarlos a Suiza, España u otro país en el que estuviesen a salvo.

Alrededor de 5.200 personas fueron salvadas de la muerte por Sanz Briz. Cuando regresó a España, no fue objeto de felicitaciones y tampoco de críticas. Prosiguió con su carrera diplomática siendo destinado a los Estados Unidos y durante 35 años representó a España en numerosos países del mundo y falleció el 11 de junio de 1980, siendo embajador ante el Vaticano.


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En 1991 el Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén, en Israel, distinguió su acción y transfirió a sus herederos el título de Justo entre las Naciones, inscribiendo su nombre en el Memorial del Holocausto. En 1994 el gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.

En el acto en su homenaje en la Embajada de España en Budapest, estarán presentes dos refugiados salvados por Ángel Sanz Briz, el piadoso cristiano , el primer diplomático que apareció en un sello de correos de España, al que recuerdan usando su nombre de pila, como al "Ángel español en Budapest


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Oskar Schindler (Svitavy, Imperio austrohúngaro, 28 de abril de 1908 – Hildesheim, Alemania, 9 de octubre de 1974) fue un industrial y hombre de negocios alemán que salvó a unos 1200 judíos del holocausto nazi, contratándolos para su fábrica de artículos para la Wehrmacht, situada en la actual Polonia.

Oskar Schindler, Justo de las Naciones. Su posición y buenas relaciones con las autoridades de ocupación le permitieron salvar a centenares de judíos ocupándolos en las fábricas que dirigía.

Por yosef / iosefnajar.obolog.com



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Holocausto. En los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de diplomáticos españoles destinados en legaciones de toda Europa arriesgaron sus vidas y sus carreras por defender un ideal: salvar del exterminio a miles de judíos que huían del horror nazi. El más destacado y valiente de nuestros compatriotas, sin duda fue el diplomático Ángel Sanz Brizt (cuando enía 32 años), que con sus arriesgadas e ingeniosas acciones salvó la vida a más de 5000 judíos en la Legación de Budapest. (Hungría)




El silencio y la soledad de un gran diplomático: Ángel Sanz Briz
  

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El diplomático aragonés Ángel Sanz Briz.

En septiembre de 2010 se cumplieron 100 años de su nacimiento en Zaragoza del diplomático Ángel Sanz Briz, quien, tras una brillante carrera, murió en Roma en 1980, siendo embajador ante la Santa Sede. Su familia, originaria de Peraltilla, municipio pequeño en la provincia de Huesca, se instaló a finales del siglo XIX en la capital aragonesa, donde desarrolló una intensa y fructífera actividad comercial y turística.

Al evocar su figura me vienen a la memoria las frases de Jan Karski sobre la sordera de Occidente ante las desesperadas llamadas de auxilio de los judíos en Varsovia, pese a que el autor de Mi testimonio ante el mundo, publicado en 1944, se hubiera entrevistado con Edén dos veces y una con Roosevelt, ambas en 1943, para explicarles lo que ocurría con los judíos en manos de los nazis.

Ciñéndome al caso de Sanz Briz, tema que ya abordé en este periódico el 24 de junio de 2002, y aunque dadas las limitaciones de espacio de este artículo, conviene, hoy por hoy, rememorar su imagen, pero al mismo tiempo precisar algunos puntos de su actuación que engrandecen, aún más si cabe, su persona.

A medida que el tiempo transcurre y se van conociendo más detalles de las operaciones de rescate de judíos por parte del Gobierno de Franco, se confirma la idea de que la labor de este Gobierno fue, sin duda, mucho más eficiente, positiva y humanitaria que la de la mayoría de otros países; es una página de nuestra historia que no conviene olvidar; reconocida hasta por los propios judíos. Pero dicho esto, conviene matizar que la figura de Ángel Sanz Briz destaca por su excepcionalidad, sin menospreciar ni mucho menos la gran labor de otros colegas. Y esto por varias razones.

Su labor como un joven diplomático en Budapest -tenía 32 años- estuvo presidida por un acto de su conciencia, pues no se encontraba obligado en forma alguna a tomar la iniciativa de refugiar a los judíos en sus casas de acogida de la legación española, poniendo dinero de su bolsillo. Y en cuanto a las instrucciones recibidas de Madrid, la mayoría de las veces fue el silencio o instrucciones ambiguas. Dada la situación que se vivía, es posible que el silencio de Madrid fuera consentidor de un dejar hacer pero no involucrándose directamente.

Esta situación está confirmada plenamente por un documento confidencial y secreto, muy poco conocido, elaborado el 15 de septiembre de 1961 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, con motivo de las indemnizaciones alemanas a Israel, circunstancia que aprovecharon los herederos de aquellos sefardíes salvados por España para dirigirse al Gobierno español para que gestionase ante el Gobierno alemán el pago a ellos de las mismas. Castiella reconoce expresamente: "La protección española a los judíos perseguidos no solo goza de las simpatías universales sino que ha sido apoyada por las grandes potencias. Durante la II Guerra Mundial, el Estado español, aun reconociendo que prestó eficaz ayuda a los sefardíes, pecó en algún caso de excesiva prudencia y es evidente que una acción más rápida y decidida hubiera salvado más vidas". Hasta aquí el texto de Castiella. Y, en efecto, esa ambigüedad detuvo probablemente a muchos diplomáticos para actuar. No así a Ángel Sanz Briz. Por eso, salvó a más de 5.000 judíos en Budapest.

Cuando trabajó en Budapest salvó a unos cinco mil judíos de los nazis Lo hizo por su cuenta; el Gobierno franquista se apuntó el tanto años después

En cualquier caso, el diplomático obró por su cuenta, a riesgo de consecuencias posteriores. Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que deja claro que había actuado por cuenta propia. El diplomático guardó sobre este asunto un silencio sepulcral, que andando el tiempo comenzamos a entender.

El impacto causado entre los judíos salvados por la obra de este diplomático fue tan importante que se entrevistaron con él, siendo cónsul general en Nueva York en 1963, solicitando referencias sobre su actuación casi heroica en Budapest, de la que había un desconocimiento total en España, hasta el punto de que muchos judíos se dirigen también ese mismo año al Ministerio de Información y Turismo pidiendo información. El secretario general del mismo, Gabriel Cañadas, escribe al director general de Política Exterior, Ramón Sedó, en un documento casi desconocido: "Mis interlocutores judíos apuntaban siempre a la labor de Sanz Briz y piden permiso al director general para airear esta postura española por el bien de España en aquellos momentos; en tal situación es conveniente aprovecharla". Así se puso de manifiesto en la entrevista que el periodista israelí Isaac Molho hizo a Sanz Briz en Nueva York, ese mismo año, recabándole información puntual sobre su actuación para escribir un libro.

El diplomático consulta a Madrid sobre la información que debe dar y las instrucciones recibidas son que los datos que tiene que transmitir deben hacer referencia a que su intervención fue por orden expresa y con conocimiento del Gobierno español, debiendo Sanz Briz eludir todo protagonismo. Y así fue el testimonio que el diplomático le dio al periodista israelí.

Un espeso silencio rodeó su actuación hasta que, desde hace un tiempo a esta parte, la figura de este diplomático va siendo conocida y admirada y, todavía hasta hoy, adquiere mayor grandeza tanto por su acción heroica como por ese silencio que fue utilizado políticamente como un activo del gobierno de aquel momento ante el exterior.


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Ángel Sanz Briz, ya vetereano doplomático en una foto de archivo




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Commemorative plaque of Ángel Sanz Briz (1910-1980), Spanish diplomat who worked in Budapest in 1944 to rescue Jews from the Holocaust. (Budapest, District XIII, Stephen I of Hungary Park Nr 35).



La 1 estrena 'El Ángel de Budapest', la historia del español que salvó a miles de judíos


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La 1 de TVE estrenó el 22 de diciembre de 2011 la película para televisión ‘El Ángel de Budapest’, la historia del español que salvó a miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Rodada íntegramente en la capital húngara y protagonizada por Francis Lorenzo, narra las peripecias del legado español en Budapest Ángel Sanz Briz para poner a salvo de los campos de exterminio a miles de judíos.

Esta ambiciosa producción, dirigida por Luis Oliveros sobre un guión de Ángel Aranda Lamas, está basada en el libro de Diego Carcedo Un español frente al Holocausto. El Ángel de Budapest forma parte de la apuesta de Televisión Española por las películas para televisión que recrean hechos históricos.

Basada en hechos reales. Budapest, 1944, un año antes del final de la Segunda Guerra Mundial. En el mes de abril, Adolf Eichman se instala en la ciudad y comienza la deportación de judíos húngaros a Auschwitz. En solo 56 días, 437.000 judíos son enviados a los campos de exterminio.

Ángel Sanz-Briz (Zaragoza 1910-Roma 1980) ejercía entonces como encargado de negocios de la legación española en Budapest. Ante la persecución contra los judíos húngaros, Sanz Briz utilizó todos los recursos que tuvo a su alcance en calidad de representante del Estado español para salvar cuántas vidas le fuera posible. Para ello, el diplomático aragonés emitió miles de cartas de protección que garantizaban inmunidad a sus portadores, burlando en muchos casos a las autoridades alemanas y a sus colaboradores húngaros.

Hasta diciembre de 1944, cuando su país le ordenó abandonar Budapest, Ángel Sanz-Briz logró proteger a cerca de 5.000 judíos. Desde entonces, se le conoce como ‘El Ángel de Budapest’. En 1966, Ángel Sanz-Briz fue reconocido por el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel como Justo entre las Naciones.


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Está protagonizada por Francis Lorenzo, que da vida a Ángel Sanz Briz

Los protagonistas. El Ángel de Budapest está protagonizada por Francis Lorenzo (Águila Roja), quien da vida al protagonista de la historia, Ángel Sanz Briz, cuenta con Anna Allen (Cuéntame cómo pasó, Acusados) en el papel de su esposa. Por su parte, Ana Fernández (Solas, Policías en el corazón de la calle) da vida a la señora Tourné, empleada judía de la legación española en Budapest, y Manuel de Blas (Cuéntame cómo pasó) se pone en la piel del diplomático español Miguel Ángel Muguiro. Además, el actor italiano Aldo Sebastianelli (Un franco, 14 pesetas) recrea la figura de Giorgio Perlasca, importante colaborador en la labor de Ángel Sanz Briz en el Budapest ocupado por los nazis.

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Varias imágenes de la película de TVE  ‘El Ángel de Budapest’

Esta película para televisión entremezcla los hechos reales protagonizados por Sanz Briz con el devenir de personajes de ficción para acercar al espectador la historia de un español que, frente a la barbarie generalizada, optó por defender la vida.


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'Un español frente al Holocausto', libro de Diego Carcedo en que se ha basado la historia de 'El Ángel de Budapest'.

Y en La 2, el documental Sanz Briz: El Ángel de Budapest. En el documental, que emitirá La 2 el viernes 23 de diciembre a las 23.30 horas, podremos profundizar en la figura de Ángel Sanz Briz. Diplomático español de segundo rango en Budapest, salvó a miles de judíos húngaros de la cámara de gas durante la Segunda guerra mundial. Sanz Briz expidió pasaporte español a cuántos judíos lo requerían para huir de la persecución nazi. Esta iniciativa, que le valió el título de Justo entre las naciones por parte del estado de Israel, la llevó a cabo a título personal, poniendo en juego su carrera diplomática ante la España de Franco.

El documental recoge el testimonio de varios judíos protegidos que salvaron la vida gracias a Sanz Briz, así como la aportación de historiadores y familiares del diplomático y documentos e imágenes inéditas procedentes del Archivo Histórico del Ministerio de Asuntos Exteriores español y de diversos fondos documentales de Hungría.


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Cartel de la película 'El Ángel de Budapest'.

 


Museo del Holocausto de Jerusalén


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Jerusalén pone nombre a cuatro millones de víctimas del Holocausto. El museo dedicado al genocidio elabora un listado de los judíos que sufrieron la persecución nazi

El archivo de los nombres, bajo una cúpula oscura, es el corazón de Yad Vashem. El Museo del Holocausto de Jerusalén fue fundado en 1950 para que no se olvidara lo que ocurrió a mediados del siglo XX y fue llamado Yad Vashem, "memoria y nombre" en hebreo, porque su objetivo principal consistía en acabar con el anonimato de las víctimas. Esta semana ha anunciado que ya han sido identificados, es decir, se ha puesto un nombre, a cuatro millones.

En muchos casos, sólo se dispone de un nombre acompañado de algunos datos vagos: el lugar de nacimiento, el lugar de la muerte, la edad aproximada. Más de la mitad de los identificados, 2,2 millones, lo han sido gracias al recuerdo de familiares, amigos o conocidos que llenaron un formulario y declararon que la persona en cuestión existió y fue asesinada. De ellos no queda ninguna prueba documental.


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Uno de los campos de concentración nazis.

Durante la pasada década, desde 2001 hasta ahora, se han añadido al archivo 1,2 millones de nombres. Se trata en su gran mayoría de judíos que vivían en la antigua Unión Soviética o cerca de sus fronteras. Su identificación fue posible por el testimonio de judíos rusos que emigraron a Israel y, en mayor medida, por los millones de documentos hallados en los archivos soviéticos que se abren poco a poco a los historiadores. La institución también ha dedicado más recursos a la búsqueda de nombres para combatir las tendencias negacionistas, según las cuales el Holocausto es un mito.

Avner Shalev, presidente de Yad Vashem, asegura que se hace lo posible por confirmar la veracidad de las identificaciones, cruzando datos y utilizando la inmensa cantidad de información almacenada en el archivo: prácticamente todos los documentos existentes en el mundo relacionados con el Holocausto están en Jerusalén, en original o en copia.


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La cúpula oscura bajo la que se almacenan las carpetas biográficas de las víctimas dispone aún de espacio. Las estanterías se construyeron para alojar más de seis millones de expedientes. Shalev, sin embargo, no cree que lleguen a estar nunca completas. "Espero que podamos reunir muchos más nombres de víctimas, quizá hasta un millón más", dice, "pero de algunos desapareció todo, incluso el recuerdo. Posiblemente seamos capaces de completar los nombres de los asesinados en Europa Occidental. La investigación se hace más difícil a medida que nos desplazamos hacia el este, donde poblados enteros fueron destruidos con sus habitantes. De ellos no hay listas de transporte, ni registros, ni familiares supervivientes, nada".

El Museo del Holocausto de Jerusalén se llama Yad Vashem, que en hebreo significa "memoria y nombre". Un centro contra el olvido fundado en 1950 que desde hoy tendrá mucho fácil su misión de difundir el genocidio porque ha empezado a volcar en la Red parte de su escalofriante archivo. Una colección sobrecogedora y en carne viva de la peor Europa del último siglo.

Aprovechando que mañana es el Día Internacional de Recuerdo de la matanza de seis millones de judíos y gracias a un nuevo sistema de Google, los usuarios pueden consultar desde ya 130.000 instantáneas en alta resolución y testimonios de víctimas. Hay, sobre todo, series de familias enteras (Boyarsky, Neumann, Ehrenfeld...) de antes y después de la guerra, y portarretratos, pero también imágenes de campos de concentración y guetos, algunas de ellas tomadas por soldados alemanes.


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Una de las fotografías del Museo del Holacausto de Jerusalén

Cada fotografía se encuentra documentada con los nombres de sus protagonistas, el año y el lugar donde fue captada. Una oportunidad para que familiares de víctimas puedan revisar el drama de sus antepasados.

Esta es la primera fase para facilitar el acceso digital al vasto archivo del Museo, que ya ha puesto nombre a cuatro millones de víctimas (1,2 en la última década) cruzando datos, recogiendo recuerdos de amigos y familiares, y rastreando los archivos soviéticos. Todas las biografías se guardan físicamente en una cúpula oscura que es el centro del Yad Vashem. Tiene hueco para los seis millones de asesinados, aunque no se espera que se complete porque "de algunos", recuerda el director del centro, Avner Shalev, "ha desaparecido todo, incluso el recuerdo".


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Avner Shalev, director del Museo del Holocausto de Jerusalén. Según Shalev, la publicación en la Red de estas 130.000 fotografías "es la búsqueda de formas nuevas e innovadoras para que la enorme cantidad de información sea accesible a un público cada vez mayor". "Trabajamos para llevar a la red la herencia cultural e histórica del mundo", apunta el director ejecutivo de Google en Israel, Yossi Matias.


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Las fotografías y los nombres de víctimas del Holocausto, en el Yad Vashem memorial de Jerusalén.




Enlaces interesantes


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Homenaje a Angel Sanz Briz, el “Schindler español”: www.radiocable.com/homenaje-sanz-bris876.html

Homenaje público en España a Ángel Sanz Briz, un “Justo entre las Naciones”: http://yadbeyad.wordpress.com/2010/...iones%E2%80%9D/

El silencio y la soledad de un gran diplomático: Ángel Sanz Briz: www.elpais.com/articulo/Necrologica...elpepinec_1/Tes

Ángel Sanz Briz, el español que superó a Schindler: http://www.alertadigital.com/2011/0...ro-a-schindler/

Oskar Schindler: http://unrecuerdodehistoria.blogspo...-schindler.html

Héroes españoles contra el Holocausto: www.planetasapiens.com/?tag=angel-sanz-briz



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Placa en memoria del diplomático español, Don Ángel Sanz-Briz (1910-1980) en la pared de la Embajada de España en Budapest. (Budapest, 6 distr. Eötvös u. 11/B.) Sanz Briz fue capaz de salvar a miles de judíos del Holocausto en Hungría en 1944. La placa fue presentada 27 de octubre 2008.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio está dedicado a Ángel Sanz Briz, fue un diplomático español, nacido en Zaragoza que en su etapa de embajador accidental en Budapest, durante la Segunda Guerra Mundial, donde sus acciones heroicas salvaron la vida de más de 5.200 judíos. Lamentablemente su historia es muy poco conocida en España, pero en Israel es un héroe y en Hungría le han rendido homenaje colocando un placa conmemorativa en la fachada de la embajada que recuerda a Ángel Sanz Briz, también conocido como “Ángel de Budapest” o el “Schindler español”.



Fuentes y agradecimientosa : es.wikipedia.org, Isidro González / elpais.com, unrecuerdodehistoria.blogspot.com, planetasapiens.com, iosefnajar.obolog.com, alertadigital.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Viernes, 27 Enero 2012, 17:53; editado 1 vez 
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Mensaje Re: Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
ANIVERSARIO | Día de las Víctimas del Holocausto


Los 'Schindler' españoles


Los diplomáticos que salvaron la vida de miles de judíos con Ángel Sanz Briz a la cabeza



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Visados expedidos por diplomáticos españoles a judíos. | Casa Sefarad-Israel

Ángel Sanz Briz, Eduardo Propper de Callejón, Julio Palencia, Sebastián Romero Radigales, José Ruiz Santaella y su mujer, Carmen Schrader... El verano de 1944 Budapest había dejado de ser una ciudad tranquila y glamourosa y el destino ideal para un joven diplomático como Ángel Sanz Briz, que actuaba como encargado de Negocios en la legación española en la capital húngara.

En sus calles los esbirros nazis hacían notar su presencia y los judíos vivían en un estado de terror continuo. A sus 34 años, este zaragozano sentía que no podía permanecer impasible mientras a su alrededor miles de personas eran despojadas de todos sus derechos y bienes materiales.

Pero no sabía muy bien qué hacer. Sus informes enviados al Ministerio de Asuntos Exteriores español explicando la desesperada situación de los judíos en Hungría no obtenían respuesta y la situación, lejos de mejorar, se agravaba con el paso de los días.

"El Gobierno español se limitaba a no decir nada, a mirar para otro lado. Él pedía instrucciones y nadie respondía, probablemente sus informes eran guardados convenientemente en un cajón por el funcionario de turno", explica en declaraciones a EL MUNDO esta semana el embajador José García Bañón, casado con Pilar, una de las hijas de Sanz Briz.


Los judíos sefardíes
"La posición del Gobierno franquista en aquellos momentos era muy difícil. El régimen estaba muy ligado a Alemania por la ayuda que había recibido durante la guerra, y debía pensar que salir con un registro diferente en un tema tan sensible para los nazis como era el de la cuestión judía podía ser visto como una especie de traición", añade el diplomático.

Por eso, y viendo que no iba a poder contar con ningún tipo de ayuda, Ángel Sanz Briz empezó a actuar por su cuenta. En un principio, se acogió al Real Decreto de Primo de Rivera de 1924, que contemplaba la posibilidad de conceder la nacionalidad española a los judíos sefardíes, descendientes de los judíos expulsados de España en 1492 durante el reinado de los Reyes Católicos.

Después, como en Budapest no eran muchos los sefardíes y la situación era cada vez más alarmante, decidió conceder salvoconductos, cartas de protección y pasaportes a todos los judíos que buscaran su ayuda, y para evitar tener excesivos con problemas con los nazis intentó ganarse la benevolencia de la máxima autoridad alemana en Hungría.

"Hizo toda suerte de malabarismos para salvar al mayor número posible de personas. Incluso llegó a alquilar una serie de casas que pagaba con dinero de su propio bolsillo para que los judíos estuvieran a salvo mientras arreglaba su salida de Hungría", explica García Bañón. Se trataba de ocho casas bajo protección española en las que se podía leer 'Anejo a la legación de España. Edificio extraterritorial'.

Sanz Briz alquiló ocho casas y las puso bajo protección españolaCuando los rusos se encontraban a las puertas de Budapest, en diciembre de 1944, Sanz Briz se vio obligado a dejar la capital húngara rumbo a Suiza, siguiendo las órdenes del Ministerio de Asuntos Exteriores y, tras un tiempo en Madrid, partió rumbo a San Francisco.

"Nosotros, su familia, no supimos nada de esta historia hasta mucho tiempo después. Él nunca dijo nada ni dejó ningún testimonio escrito. Siempre nos pareció raro que acudieran a la embajada judíos que se reunían con él en su despacho y se mostraban agradecidos, pero nada más", comenta su yerno y en su día colaborador del diplomático.

Pero como en otros muchos casos, los reconocimientos se hicieron esperar. En 1991, el Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén lo distinguió con el título de Justo entre las Naciones e inscribió su nombre en el memorial del Holocausto. Tres años más tarde, en 1994, el Gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.


Visados para la libertad
Sin embargo, el conocido como 'el Ángel de Budapest' -que salvó a más de 5.000 judíos de las garras nacionalsocialistas- no fue el único diplomático español que pensó que no se podía mirar hacia otro lado cuando estaba en juego la vida de miles de personas. Desde París, Budapest, Berlín, Bucarest, Salónica y Sofía, otros diplomáticos ofrecieron su ayuda a miles de judíos aprovechando las oportunidades que les ofrecían sus cargos y las buenas relaciones que mantenía España con Alemania. Son los 'Shindler' españoles y al igual que el famoso empresario alemán Oskar Schindler impidieron que más judíos murieran en el Holocausto.

Aunque lo hicieron a título personal. El régimen franquista se limitó simplemente a hacer la vista gorda, preocupado ante las repercusiones que pudiera tener en la buena relación que mantenía con Hitler una posición más beligerante en la cuestión judía. "El Gobierno español no hizo nada, nunca hubo unas instrucciones de Madrid para que se salvara a los judíos. Hubo diplomáticos españoles que miraron a otro lado. Pero ahí está siempre el debate: ¿la heroicidad es moralmente exigible?", afirma Miguel de Luca, diplomático y Secretario General de Casa Sefarad-Israel

'El régimen franquista no hizo nada, se limitó a mirar a otro lado'Para algunos la respuesta a esa pregunta era sencilla: no podían permanecer indiferentes ante el terror. Así, no dudaron en aprovechar sus contactos con las autoridades alemanas y locales, en expedir documentos de protección, pasaportes y salvoconductos para evitar que miles de judíos fueran enviados a los campos de concentración y exterminio nazis. "En total por la actuación directa o indirecta de España durante la II Guerra Mundial se salvó la vida de 35.000 judíos", confirma De Luca.


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Ángel Sanz Briz. | E.M.


Héroes silenciosos
Pero el paso del tiempo silenció su gesta. Ni siquiera tener una nieta famosa, como la actriz Helena Bonham Carter, le sirvió a Eduardo Propper de Callejón para abandonar el olvido. Primer secretario en la embajada española en París, puso en peligro su vida para proteger a miles de personas. Firmó documentos que sirvieron como salvoconductos hacia la libertad y puso a resguardo obras de artes y bienes pertenecientes a judíos a los que nazis pretendían expoliar. Pero su compromiso tuvo desagradables consecuencias en su vida profesional. Fue sustituido por Ramón Serrano Suñer y murió en 1972 sin recuperar su cargo y sin obtener el reconocimiento que merecía su gesto desinteresado.

Una defensa también encendida de los judíos sefardíes y de sus bienes fue la que llevó a cabo el diplomático español Julio Palencia en Bucarest. Tras conocer que el artífice de la solución final Adolf Eichmann había incluido a los judíos búlgaros en el programa de exterminio alemán, Palencia removió cielo y tierra para evitar que se cumpliera su funesto destino. Su insistencia le valió el apodo del 'amigo de los judíos', como le llamaban despectivamente los alemanes. Pero lejos de amedrentarse ante la animadversión que le profesaban los nazis, Palencia no dudó en oponerse a la ejecución del judío búlgaro, León Arié. No lo logró pero sí consiguió que las autoridades búlgaras le permitieran a adoptar a los dos hijos de Arié y su madre pudiera vivir en la residencia oficial con un pasaporte diplomático español.


Valentía, coraje y determinación
Desde Atenas, el cónsul Sebastián Romero Radigales salvó a más de 800 judíos sefardíes invocando el Real Decreto de 1924 de Primo de Rivera. Pese a que, en un primer momento, sirvió para evitar su traslado a los campos de la muerte; ante la falta de respuesta de Madrid para hacerse cargo de sus nacionales, los nazis terminaron encerrando a este grupo de sefardíes en Bergen Belsen, un campo destinado a los prisioneros de países neutrales.

Salvaron obras de arte y bienes de los judíos del expolio nazi"Sin embargo, Romero Radigales no cejó en su empeño por salvarlos y siguió enviando informes jurídicos insistiendo en que se trataba de un error", explica De Luca. Su insistencia dio finalmente frutos y tras seis meses de cautiverio los liberaron y los llevaron en un tren a España. "Uno de los supervivientes me contó algo realmente sorprendente, me explicó que un oficial de las SS fue uno a uno dándoles la mano y pidiéndoles disculpas en nombre del Tercer Reich. Pero se salvaron sólo gracias al empeño de Romero Radigales", añade el diplomático.

Una determinación como la que demostró el agregado agrícola de la embajada de Berlín José Ruiz Santaella y su mujer, Carmen Schrader. En su casa de las afueras de Berlín ocultaron como personal doméstico a tres judíos, que consiguieron así salvar su vida. "No importa tanto el número, porque como dice una frase del Talmud quien salva una vida, salva a toda la humanidad", afirma convencido De Luca.

Hoy, día 27 de enero, se recuerda en todo el mundo a las víctimas del Holocausto, pero también a aquellos que no permanecieron impasibles frente a la barbarie nazi.

La valentía y la solidaridad mostrada por estos diplomáticos españoles puede verse en la exposición Visados para la libertad, una muestra organizada por la Casa Sefarad-Israel, que actualmente se expone en el Centro Cultural Buero Vallejo de Alcorcón (Madrid) hasta el próximo 29 de abril.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
Siete diplomáticos salvaron a miles de judíos durante el Holocausto

La Casa Sefarad los rescata ahora del olvido con una exposición en Madrid




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Hasta ahora, la Segunda Guerra Mundial estaba huérfana de ilustres españoles que hubieran intentado frenar el Holocausto. Pero el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio y ahora se puede decir que el mayor crimen de la historia –en el que murieron más de seis millones de judíos junto con cientos de miles de gitanos y otros ciudadanos inferiores a ojos del régimen de Adolf Hitler– se topó con la oposición de unos diplomáticos españoles que imitaron en arrojo al empresario alemán Oskar Schindler, a quien el director Steven Spielberg, impresionado por su historia, llevó al cine.

Sus nombres habían caído en el más absoluto de los olvidos, cruel paradoja de una profesión, la del diplomático, que por su naturaleza es poco visible. Casi 70 años después de que la Alemania nazi iniciase las hostilidades en Europa, la Casa Sefarad ha organizado en Madrid la exposición Visados para la libertad. Diplomáticos españoles ante el Holocausto, en la que se pueden conocer las historias de unos funcionarios que salvaron a miles de descendientes de judíos españoles de una muerte segura.

En aquel entonces, la diáspora sefardí contaba con cerca de 200.000 judíos diseminados, sobre todo, por el sureste de Europa. Todos ellos seguían hablando el ladino o español medieval, pese a que habían pasado casi quinientos años de su expulsión. La dictadura de Primo de Rivera había empezado a corregir ese agravio con un decreto que les concedía la nacionalidad española si así lo deseaban, pero en una década sólo hubo 3.000 nacionalizados en todo el continente ante la falta de información y la poca simpatía que despertó luego la España ultracatólica de Franco.

Cuando en Europa empezaron a circular los rumores sobre el destino final de los judíos deportados a campos de concentración, varios diplomáticos españoles desafiaron las órdenes de Madrid (que les pedía una actitud “pasiva” para no incordiar a los socios alemanes) y empezaron a expedir salvoconductos en favor de los sefardíes.


Pequeño cupo

El más osado de todos ellos fue sin duda Ángel Sanz Briz, un joven encargado de negocios de España en Budapest (Hungría), que en verano de 1944 puso en marcha un arriesgado plan. En un primer momento, consiguió que las autoridades húngaras aprobasen un pequeño cupo de personas protegidas y entregó 352 pasaportes. Pero se dio cuenta de que era insuficiente y motu proprio empezó a expedir cartas de protección en las que se decía que el titular tenía familia en España y que se encontraba bajo la protección de este país neutral.

Rápidamente, Sanz Briz alquiló ocho inmuebles en Budapest con fondos donados por organizaciones judías y los declaró territorio español. En estas casas se alojaron un total de 5.200 judíos durante los últimos meses de la guerra, a los que la embajada española proporcionó comida, asistencia médica y, sobre todo, seguridad. Ante el avance de las tropas rusas, Sanz Briz tuvo que abandonar el país, pero su labor humanitaria fue continuada por Giorgio Perlasca, un italiano que había participado en la Guerra Civil española dentro del contingente enviado por Mussolini.


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Ángel Sanz Briz. En 1944 era un joven diplomático encargado de negocios de España en Budapest (Hungría)

Perlasca adoptó el nombre de Jorge, se autoproclamó representante de España y, valiéndose de mil argucias, consiguió detener el desalojo de varias casas protegidas. En ocasiones, rescató a sefardíes que estaban en los andenes del tren a la espera de su viaje de deportación. Tanto Sanz Briz como Perlasca fueron varias veces a las estaciones para preguntar, a viva voz, si había ciudadanos de origen español antes de que los convoyes saliesen camino de Auschwitz o Bergen- Belsen.

“Hizo lo que había que hacer, porque estaba espeluznado por las atrocidades”, declaró esta semana Paloma Sanz Briz, la hija del primero, en la inauguración de esta exposición que se puede ver en la madrileña estación de metro de Nuevos Ministerios, a modo de homenaje a aquellos que tuvieron que subirse a vagones en su camino hacia la muerte. Los dos salvadores no disfrutaron de homenajes en vida. Sólo a su muerte, Sanz Briz y Perlasca fueron reconocidos en Israel como Justos entre las Naciones, un título que se da a personas no judías que ayudaron a los hebreos amenazados.

Esta distinción también la recibieron Eduardo Propper de Callejón y José Ruiz Santaella. El primero estaba destinado en 1940 en París como primer secretario de la embajada española. Tras la derrota de Francia, se desplazó a Burdeos y recurrió a unos “visados especiales en tránsito”, para que miles de judíos pudiesen cruzar territorio español hacia Lisboa.


Salvadas en Berlín

Por su parte, Ruiz Santaella fue nombrado agregado en la Embajada española en Berlín en marzo de 1944, cuando las tornas de la guerra habían cambiado y se intuía el final de la Alemania nazi. Junto a su mujer, Carmen Schrader, lograron ocultar y salvar a tres mujeres judías empleándolas en el servicio doméstico de su casa. En un Berlín oficialmente limpio de judíos, para deleite de Hitler, la decisión del matrimonio Santaella fue de una tremenda valentía. Si hubieran sido descubiertos por la Gestapo, su vida hubiera corrido peligro por socorrer a estas judías alemanas.

Esta actitud ejemplarizante fue imitada por Bernardo Rolland de Miota, cónsul general de España en París durante la contienda y por su sucesor, Alfonso Fiscowich. Los dos organizaron la repatriación de un centenar de judíos sefardíes y evitaron la confiscación de sus bienes, a pesar de que el cuñado de Franco, Ramón Serrano Súñer, les instó a cooperar con los alemanes.

Un caso similar se produjo en la Grecia ocupada. El cónsul en Atenas, Sebastián Romero Radigales, intentó organizar en 1943 la evacuación por tierra y mar de miles de sefardíes de Salónica hacia Marruecos, pero se topó con la negativa del entonces ministro de Exteriores, el general Jordana, quien le criticó su “exceso de celo”. Inasequible al desaliento, Romero Radigales logró trasladar a 150 judíos a Atenas, que por entonces estaba bajo ocupación italiana, y consiguió que otros 500 fuesen internados en Bergen-Belsen, en un subcampo para ciudadanos de países neutrales, donde las condiciones de vida eran mejores.

En Bulgaria, el diplomático Julio Palencia fue declarado persona non grata por ayudar a los judíos y se llevó una buena reprimenda en Madrid. Y en Rumania, el embajador José Rojas logró que se revocasen los decretos de expulsión dictados contra un grupo de sefardíes, corrigiendo en parte la injusticia cometida por los Reyes Católicos en 1492 contra sus lejanos antepasados.


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Ángel Sanz Briz es en 1944 el encargado de negocios de la Legación Diplomática de España en Budapest que firma esta credencial en favor de tres judíos sefardíes, nacidos en Hungría en 1921, 1925 y 1926 y que solicitan la nacionalidad española.



Fuentes: tiempodehoy.com, elcorreogallego.es y teleprograma.tv
 




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Mensaje Re: Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
Julio Martín Alarcón presentará El ángel de Budapest
El 8 de noviembre en la sede de Deusto Business School Madrid (Calle Castelló, 76), a las 19.00.




El farol de Ángel Sanz Briz


En nombre de Ángel Sanz Briz: homenaje en Hungría

Julio Martín Alarcón estudia las grietas en la maquinaria del Holocausto que permitieron que el diplomático salvara a miles de judíos en Budapest



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Ángel Sanz-Briz.

Sanz Briz, el español que salvó a 5.000 judíos del Holocausto

Hay un viejo debate sobre Ángel Sanz Briz, el diplomático que salvó a miles de judíos en Budapest. ¿Fue un héroe solitario o sólo un profesional que cumplió las órdenes de sus superiores? Sus superiores franquistas, claro... Julio Martín Alarcón, autor de El ángel de Budapest (Ediciones B; mañana, presentación en Madrid), el nuevo estudio de los años húngaros del embajador, cree que no hay que darle muchas vueltas: Sanz Briz actuaba con el permiso de Madrid, "porque hubiera sido inimaginable que, en una dictadura, un funcionario desobedeciera la disciplina". Por eso y porque a España, en ese momento, le convenía estar del lado de los buenos. Pero la información, la audacia, la capacidad para soportar la presión y el talento para engatusar fueron asunto suyo. ¿Actuó con la razón de Estado o con la razón moral en la cabeza? "Las dos ideas al mismo tiempo".

El ángel de Budapest no pone el énfasis en las relaciones de Sanz Briz con Madrid, como hacía En nombre de Franco, de Arcadi Espada. Lo que importa, esta vez, es la imbricación del diplomático en la Hungría de 1944. ¿En qué país aterrizó? ¿Cuáles eran sus fuentes de información? ¿Cuáles sus coartadas? ¿Quiénes fueron sus interlocutores del lado de la Solución Final? ¿Quiénes le ayudaron?

Lo primero que hace Martín Alarcón es explicar qué extraño país era Hungría en 1944. "Hungría había vivido un episodio revolucionario en 1919 que había asustado mucho al país y lo había decantado a una regencia dirigida por Miklós Horthy, antibolchevique y muy nacionalista. Sin embargo, conservaba rasgos de una democracia". El sistema tuvo el respaldo suficiente para sobrevivir hasta que llegaron a Alemania los nazis. Horthy compartía con ellos algunos puntos de vista pero también los despreciaba como a nuevos bárbaros. Su dilema era dramático pero tentador: ¿debía ver en la nueva Alemania un régimen afín y entrar en su dinámica expansionista? ¿O debía marcar las distancias?

Igual que Franco en España, Horthy jugó a la ambigüedad. Fue nazi para lo bueno (recuperar los territorios perdidos en el Tratado de Trianon, "la obsesión nacional"), pero no para lo malo. Conservó la independencia, ocupó Kosice y media Transilvania y quedó en segundo plano en la ofensiva del Eje en Rusia. El plan le salió bien hasta que Budapest comprendió que los aliados iban a ganar la guerra. Entonces, sondeó la posibilidad de cambiar de bando, pero lo hizo con tanta torpeza que Alemania interceptó sus comunicaciones con el Reino Unido e intervino. El antiguo aliado húngaro se convirtió en un estado títere de Berlín. Eichmann llegó a Budapest y el Partido de los Cruciflechados, el de los verdaderos nazis húngaros, formó Gobierno.

En los años de la ambigüedad, Hungría, a pesar de tener la legislación antisemita más antigua de Europa, se había convertido en un refugio para los judíos de toda Europa Central. Nadie había partido hacia los campos de concentración hasta ese año, no hubo guetos ni fusilamientos. Un oasis, hasta que el Reich entró en Budapest. "Alemania ya estaba derrotada, pero la maquinaria del Holocausto había llegado a su plenitud. El Reich, que había necesitado nueve años para eliminar a los judíos de Alemania, completó su trabajo en Hungría en dos meses", explica Martín Alarcón... "Gracias, también, al caldo de cultivo que existía entre los húngaros".

El heroísmo de Sanz Briz, explica su libro, consistió en entender ese proceso veloz, en interpretarlo con inteligencia para los intereses de España (que ya quería escenificar su desapego del Eje) y en encontrar una grieta del sistema por la que salvar unas cuantas vidas... Pocas o muchas, eso no importa.

¿Qué grieta? ¿Por qué transigieron los húngaros? ¿Por qué le dejaron que regalara pasaportes españoles a miles de judíos que con ellos se convertían en intocables? "La nueva Hungría buscaba desesperadamente reconocimiento internacional. España no se lo iba a dar en ningún caso, porque el Estado de los cruciflechados era grotesco, disgustaba incluso a los nazis. Pero Sanz Briz utilizó esa esperanza para conseguir tolerancia hacia su conducta". ¿Se la jugó personalmente? "Él no era Teresa de Calcuta, no iba a ver a os judíos a curarles las heridas y repartir comida. Tenía a otra gente que lo hacía. Pero cuando escondió judíos en la residencia oficial sí se la jugó. Podría haberse metido en un lío importante si lo hubieran descubierto".

Y ese farol, ¿fue una idea suya o lo pensó alguien en Madrid? "Fue suyo y fue, a la vez, una obra colectiva de otros diplomáticos que actuaron en la misma dirección. Rotta, el nuncio vaticano, Wallenberg, el sueco, Carl Lutz, el suizo...".
El ángel de Budapest explica la red de empleados, colaboradores, informadores y financiadores que le permitieron completar su misión. El chófer, el abogado, el casero, la secretaria, el hijo de la secretaria, el controvertido Perlasca (que se comportó noblemente pero, después, se atribuyó méritos que no eran suyos), el funcionario que se dejaba sobornar... "La familia de Sanz Briz dice que puso mucho dinero personal en sobornos. Parece que sí, había una fortuna familiar que desapareció, pero, claro, no hay recibos y nunca se podrá demostrar. Por eso, no incluí esa información en el libro". Todos los amigos se quedaron en Budapest cuidando de la 'obra' de Sanz Briz cuando el diplomático abandonó el país, en diciembre de 1944. El Ejército Rojo estaba a las puertas de Budapest y quedaba el peor trago de la guerra.

¿Es reprochable esa huida? "No. Era lo que había que hacer. Eran las órdenes de Madrid. España era un país hostil a la Unión Soviética y no se podía esperar a que llegara el Ejército Rojo y, entonces, entregar amablemente las llaves de la Embajada... Si a Wallenberg lo mataron, ¿qué no le habría ocurrido al representante de España? Sanz Briz debía aguantar hasta que cayese la ciudad. Cuando se fue, parecía cuestión de horas, pero hubo una contraofensiva y la agonía se alargó absurdamente dos meses".


ELMUNDO.es
 




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Mensaje Re: Ángel Sanz Briz 'el Ángel De Budapest' 
 
El ángel de Budapest de Julio Martín Alarcón



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Páginas: 300 / Formato: 15 x 23 cm / ISBN: 978-84-666-5987-1
PVP: 20.00 €

La historia de Sanz Briz en Budapest emociona por su sensibilidad y compasión durante un episodio inhumano de la historia de Europa. Es la epopeya de los miles de judíos que tuvieron la fortuna de sobrevivir y salir del país gracias a la ayuda de los diplomáticos, y también una aventura repleta de reveses y tramas, entre los despachos y las calles de Budapest, los asesinos húngaros del Partido de la Cruz Flechada y los propios nazis, con uno de sus dirigentes más emblemáticos a la cabeza.

Ángel Sanz Briz, a pesar de ejercer como funcionario de un estado, consiguió aplicar sus convicciones y su determinación a las normas de la diplomacia y el derecho: la burocracia fue la herramienta y el ideal humanitario el objetivo que guió sus actos. Las peripecias y trabas que tuvo que sortear, poniendo en riesgo su seguridad y la de su familia, constituyen la trama de este emocionante libro que también esclarece cómo, en contraposición, Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y responsable de las deportaciones del Reich, siguió la burocracia y el derecho alemán en su aplicación estricta e inhumana de las ordenanzas. Los planes de Eichmann y la progresiva evacuación por toda Hungría es lo que el español combatió con su ingenio.
 
edicionesb.com
 




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