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MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles
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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El Prado acoge a los grandes museos del mundo para reflexionar sobre su futuro

Los directores de las grandes pinacotecas internacionales, como el Museo D'Orsay o el Met de Nueva York, reflexionan sobre algunos de los desafíos a los que se enfrentan, como la masificación.



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Visitantes admiran 'Las Meninas' de Diego Velázquez en el Museo del Prado EL MUNDO

Los museos evolucionan, se adaptan a su tiempo, a los nuevos públicos y las nuevas tecnologías. Para reflexionar en torno a estos cambios, la Universidad Complutense y la Fundación Amigos del Prado organizan el encuentro Presente y futuro de los museos mundiales, un seminario que ha acogido desde el 2 hasta el 4 de julio a los directores de las principales pinacotecas internacionales para reflexionar sobre los principales retos en la actualidad y en el futuro de estos recintos culturales.

Una de las principales preocupaciones que se discuten a nivel mundial es el acercamiento del arte a las nuevas generaciones que están más vinculadas con la tecnología y cómo hacer de ésta una de herramienta aliada de los museos. En el último día de conferencias, Laurence des Cars, la directora del Museo D'Orsay y del Museo de la Orangerie, ha mencionado que para ella "las nuevas generaciones son menos capaces de entender la iconografía en sus versiones originales". Por ello, "es necesario que los museos se abran a realizar proyectos alternativos que complementen las pinturas originales".

En los últimos años, el Museo D'Orsay y el Museo de la Orangerie han vinculado su colección pictórica con la ópera, la danza, y la realidad virtual para presentar desde otra perspectiva sus obras "El objetivo es darle a los visitantes una experiencia única", dice Des Cars, que vincula este factor con el que los visitantes quieran regresar a las pinacotecas. Estos dos museos parisinos han acumulado en el último año más de 4.000.000 de visitas y registraron un aumento de público del 18% en el primer trimestre del año.

Laurence des Cars hizo hincapié en que el dinero también predispone el futuro de un museo. Al menos en las pinacotecas que preside desde 2017 se destina sólo el 16% de lo recaudado en taquilla a la compra de pinturas, es decir 4.500.000 de euros al año. "Es una cantidad que no nos sirve ni para comprar un cuadro original. Con lo que nos hemos ayudado es con la donación de los mecenas", mencionó la directora. En especial recordó a los empresarios Spenour y Marlene Hays, que donaron en 2016 200 obras que ahora se pueden apreciar dentro de la colección permanente del museo.

La masificación de visitantes en los museos

Miguel Falomir director del Prado subrayó en la inauguración de estas jornadas que "en los últimos 20 o 30 años se han producido extraordinarios cambios. Los museos nunca han sido tan importantes como ahora. Nunca se han abierto tantos ni han tenido tanta proyección mediática o impacto en la economía. Los museos son las nuevas catedrales".

En su conferencia, Desafíos para un museo singular, Falomir mencionó que "uno de los grandes retos del Prado es trasladar su gran reputación, ya que es una de las instituciones españolas con mayor prestigio, a una mayor afluencia de dinero". Además, hizo énfasis en un tema trascendente para los museos en los últimos años: la masificación. Al respecto, el director del Prado ha mencionado que "todavía no está en niveles de saturación" como los del parisino Museo del Louvre, si bien ha alertado que el problema "tiene difícil solución" en el futuro.

"El Prado no es el Louvre y todavía no estamos en ese momento, pero sí compartimos esa transformación de los museos en destino turístico para las masas. Es un problema del que se me escapan las soluciones", ha reconocido el director del Prado.


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El museo ha recibido un 8% más de visitantes durante los primeros seis meses del año en comparación con el primer semestre de 2018. En este periodo, el Prado ha recibido 1.616.624 visitantes. "Este año, el del bicentenario, se superarán ampliamente los tres millones de visitantes".

A Falomir le siguió Max Hollein, director del Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, que disertó sobre el papel de un museo enciclopédico, con la presencia de tantas culturas, en un mundo globalizado. El Met nació en 1870, "gracias al impulso de varios filántropos amantes del arte, entre ellos, el multimillonario J.P. Morgan". Hoy tiene siete millones de visitantes anuales y en la próxima década, señaló Hollein, "va a cambiar las narrativas de la cuarta parte de su espacio". Hollein resaltó que "ya no valen los relatos lineales". También abogó por participar en los debates contemporáneos, como el que se desató sobre la conveniencia o no de mantener en las salas las polémicas obras de Balthus o si se debe apoyar con iniciativas los monumentos dañados por el ISIS.

Para Hollein es necesario que el arte ayude a contextualizar nuestras vidas y que se hagan paralelismos entre el pasado y el presente, algo que ejemplificó comparando una armadura de Enrique VIII, que era un artículo propagandístico, con una imagen de George W. Bush vestido de piloto de las fuerzas armadas.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Javier Solana, nuevo presidente del Patronato del Museo del Prado

El exministro socialista de Cultura sucede al fallecido José Pedro Pérez-Llorca



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Javier Solana, el pasado diciembre, en Madrid. Andrea Comas

El Real Patronato del Museo del Prado ya tiene nuevo presidente, y el elegido, votado unánimemente por este órgano colegiado, ha sido Javier Solana (Madrid, 1946). Como adelantó EL PAÍS el pasado martes se esperaba que el político socialista ocupase este estratégico puesto, vacante desde el pasado marzo tras la muerte de José Pedro Pérez Llorca. En los últimos meses, las elecciones y la demora en la formación de un Gobierno generaron cierta incertidumbre sobre cuándo se produciría la elección y la votación del nuevo presidente que, según está establecido, debe ser un vocal nato propuesto por el patronato.

Flanqueado por el ministro de Cultura, José Guirao, y el director del Museo, Miguel Falomir, compareció Solana ante la prensa esta mañana en el Casón del Buen Retiro tras la votación. “Estoy entusiasmado”, declaró y quiso subrayar la fuerte relación que le une a la pinacoteca madrileña desde hace casi cuatro décadas cuando ocupó la cartera de Cultura en el primer Gobierno socialista de Felipe González. Entre las acciones que emprendió en aquellos años Solana recordó dos apuestas en las que perseveró a pesar de la polémica que en su día suscitaron: por un lado, el intrincado litigio en Reino Unido para recuperar el cuadro de Goya La marquesa de Santa Cruz, que hoy forma parte de la colección del Prado; y por otro, la limpieza y restauración del cuadro de Las Meninas de Velázquez, encargada en 1984 a John Brealey, el director del gabinete de restauración del Museo Metropolitan de Nueva York. Aquella decisión se topó con duras críticas por parte de los técnicos españoles y sin embargo resultó un éxito y abrió un canal de comunicación e intercambio entre el museo español y el estadounidense. Años después Solana recordaba que antes de mostrar al público el resultado final de la restauración quiso mostrar Las Meninas a dos personas que habían conocido el cuadro antes de la Guerra Civil, el poeta Rafael Alberti y el dramaturgo Antonio Buero Vallejo: “Al verlos salir después de la visita supe que habíamos acertado”.

Solana es el décimo presidente del Patronato desde que este órgano, creado originalmente en 1912, fuese reconstituido en 1980, y según destacó el ministro Guirao reúne “todas las condiciones para presidirlo”. Político, físico y diplomático, tras su paso por el Ministerio de Cultura (1982-1988) y la Portavocía del Gobierno, ocupó la cartera de Educación y Ciencia (1988-1992) y finalmente de Asuntos Exteriores (1992-1995). Fue secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), durante cuatro años y Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE hasta 2009. Ha recibido entre otras distinciones el Premio Carlomagno y el Toisón de Oro.

A su regreso a Madrid en 2010 Solana fue invitado a unirse al Real Patronato del Prado, el único del que forma parte a pesar de haber jugado un papel fundamental en la gestación tanto del Museo Thyssen como del Museo Reina Sofía. Sus contactos internacionales y su visión del papel que la cultura debe tener en la sociedad fueron también mencionados en la intervención tras la votación. Él quiso hablar del futuro del Prado: “Lo que queda por hacer es lo más importante. Hay un mapa trazado y, además de concluir lo que estaba planeado para el bicentenario que se celebra este año, queda la ampliación un proyecto importante y complejo que esperamos poder llevar a cabo según el calendario establecido”.

Sobre las cuentas y el reto económico que plantea la expansión, Guirao explicó que a pesar de que “nunca es fácil buscar donantes y patrocinios el Prado lo logra gracias al lugar que ocupa en el imaginario y su prestigio”. Solana destacó que el museo ha logrado gracias a la venta de entradas y a los patrocinios cubrir la mayor parte de sus gastos. Su asignación por parte del Estado no ha sufrido modificaciones, puesto que no se han logrado aprobar unos nuevos Presupuestos Generales. Las cifras que el patronato presentó también ayer desglosaban que en 2018 hubo un superávit de 1,77 millones de euros. Además, se alcanzaron los 2,8 millones de visitantes, la cifra más alta de la última década excluyendo el 2016 año de la exposición blockbuster dedicada a El Bosco.

Tras el posado de foto de familia ante las puertas del Casón, los miembros del Real Patronato mostraban su satisfacción con la elección de Javier Solana. La vicepresidenta del órgano Amelia Valcárcel afirmaba Solana sin duda haría un gran trabajo y que era el mejor presidente posible, y el arquitecto Rafael Moneo también expresaba su convicción de que el nuevo presidente está a la altura de los retos que aguardan al museo.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Un legado para agradecer la bienvenida de España

Un empresario alemán dona 11 pinturas al Museo del Prado para corresponder a la acogida de un país al que llegó en 1962 con 1.000 pesetas en el bolsillo



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Visitantes ayer ante la obra 'Bayaderas indias' (1924), de Eduardo Chicharro, en el Prado. Paco Campos - EFE

La España de comienzos de los sesenta, en plena dictadura franquista, tenía muy pocos alicientes para quienes ansiaban vivir en libertad. Pero más allá de los Pirineos había jóvenes para los que la situación interna del país supuso un despertar de sus sueños aventureros. Algo así debió de sentir Hans Rudolf Gerstenmaier (Hamburgo, 84 años), quien un buen día de 1962 decidió dejar su confortable vida en Alemania como ingeniero eléctrico para viajar a España haciendo autoestop con solo 1.000 pesetas en el bolsillo.

Este lunes, Gerstenmaier, en silla de ruedas, recordaba que quería conocer otra gente, otra lengua y otra vida. No trajo una libreta llena de contactos, aunque rápidamente empezó a representar a diferentes firmas alemanas de recambios de automóviles y con sus primeras 5.000 pesetas adquirió el primer paisaje de una extensa colección de arte, que desde ese momento no dejó de crecer. Gerstenmaier no recuerda el autor y declina precisar cuántas obras acumula. Prefiere hablar de “un porrón”.

En agradecimiento a aquella acogida, y en lo que él califica como “uno de los días más felices” de su vida, 11 de sus pinturas fechadas entre los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX han pasado a formar parte de la colección del Museo del Prado gracias a una donación formalizada este lunes por la mañana en la sala 60 del edificio Villanueva de la pinacoteca. Se incorporan firmas de pintores de la categoría de Darío de Regoyos, Juan de Echeverría, Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Ignacio Zuloaga y Joaquín Mir. Además, se enriquecen los fondos de Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete y Agustín de Riancho.

La donación se expondrá de manera conjunta hasta el 12 de enero de 2020 y después las obras se integrarán en sus correspondientes salas dentro de la colección permanente. Antes del acto institucional con los responsables del museo, Gernstenmaier habló con un grupo de periodistas sobre su llegada a España hace ya casi medio siglo. Tanto en Alemania como en España le advirtieron de la locura del viaje. "Me decían: ‘Chaval, si hay oportunidades de trabajo, esas están en Alemania, no en España’. Pero yo había dejado mi trabajo porque buscaba otras cosas que sabía que podía encontrar aquí. Estuve primero en Barcelona y luego me vine para Madrid. Con solo dos personas, en 1964 pude formar una pequeña empresa de recambios que luego se agrandó hasta sumar 150 empleados. La vendí en el año 2000 y desde entonces solo me dedico a mi colección".


Fascinación por el paisaje


Ver vídeo

La primera obra —un paisaje— se la compró a uno de los muchos anticuarios que por entonces tenían sus negocios en el entorno del paseo del Prado. Encontró grandes oportunidades para adquirir obras medievales, renacentistas y barrocas y descubrió a los grandes paisajistas españoles del XIX, un género que para él sumaba la belleza con la fascinación por las vistas de una naturaleza que por entonces desconocía. Su residencia de Madrid y su finca de Manzanares el Real se fueron llenando poco a poco de pinturas y esculturas. Rechaza ser del tipo de coleccionista que quiere tener escondidas las obras. “He expuesto parte de ellas en más de 75 ocasiones en museos de todo el mundo y nunca me niego a prestar cuadros para una buena exposición”.

A la pregunta de por qué ha elegido al Museo del Prado para regalar estas obras sin ninguna condición, Gerstenmaier contesta que tenía una responsabilidad con España: “La mía es la historia de un tío que llegó sin nada, pudo crear una empresa importante, formar una gran colección y vivir su vida. España me lo ha dado todo. Para mí es una obligación y un honor el poder hacer este regalo”.


elpais.com / antena3




 

El empresario alemán Hans Rudolf Gerstenmaier coleccionista de arte dona 11 pinturas al Museo del Prado en agradecimiento de España por su acogida en 1962.
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Museo Nacional del Prado. Madrid
15/07/2019 - 12/01/2020 Calendario




Donación Hans Rudolf Gerstenmaier

El Museo del Prado enriquece su colección del siglo XIX gracias a la donación de Hans Rudolf Gerstenmaier



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Hans-Rudolf Gerstenmaier durante su intervención en la rueda de prensa en presencia de Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado y de Javier Solana, Presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado. Foto © Museo Nacional del Prado.

Entre las recientes donaciones de pinturas del siglo XIX al Museo del Prado, la de Hans Rudolf Gerstenmaier es singular no solo por su número, once obras, sino también por su concentración en el arte de los últimos años del siglo XIX y principios del XX, uno de los núcleos principales de sus amplias colecciones y la sección final de las del Prado.

Con esta donación, que se expone en la sala 60 del edificio Villanueva hasta el 12 de enero de 2020, se incorporan al Prado pintores como Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Ignacio Zuloaga y Joaquín Mir, que enriquecen el final de las colecciones de pintura española del Museo, donde ya están representados Sorolla y Beruete, sus estrictos contemporáneos.

Tras la aprobación del Real Decreto de 17 de marzo de 1995, se adscribieron al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía las obras de algunos artistas que, pese a ser sus fechas de nacimiento anteriores a la de Picasso –el límite establecido para separar las colecciones–, habían contribuido de forma destacada a los inicios de la modernidad del siglo xx. Como consecuencia de un acuerdo firmado en 2016 entre el Reina Sofía y el Prado, este puede incorporar obras de aquellos artistas que hasta ahora estaban afectados por ese Real Decreto. Esto le permite comenzar a mostrar así, con un verdadero sentido histórico, el final de sus colecciones de pintura española, al convivir las obras de Ignacio Zuloaga, Hermen Anglada-Camarasa o Eduardo Chicharro, entre otros, con las de sus estrictos contemporáneos.

La incorporación de artistas como Darío de Regoyos, Ignacio Zuloaga, Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Joaquín Mir y Juan de Echevarría, contemporáneos de Sorolla y Beruete, gracias a la generosa donación de Hans Rudolf Gerstenmaier (Hamburgo, 1934), empresario establecido en España en 1962 y coleccionista a partir de la década siguiente, supone un enriquecimiento de los fondos más modernos del Museo y la apertura de una nueva vía de ampliación de sus colecciones.


Hans Rudolf Gerstenmaier


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Nacido en Hamburgo (Alemania) el 9 de septiembre de 1934, realizó allí estudios comerciales. Trabajó inicialmente en una oficina que la prestigiosa firma suiza Brown, Boveri & Cie, dedicada a la ingeniería eléctrica y al desarrollo de motores, tenía en Hamburgo. Se trasladó a España en 1962 para emprender negocios comerciales. Representó primero a la conocida firma de camiones MAN, y consiguió después representaciones de casas alemanas de automóviles en el campo de los recambios, con la idea de independizarse al poco tiempo. En efecto, en 1964 fundó la empresa de recambios para coches alemanes Rudolf Gerstenmaier, que pasó a convertirse en sociedad anónima como Gerstenmaier S. A. Llegó a contar con un volumen importante de ventas, con ciento cincuenta empleados y treinta delegaciones en España.

La nueva situación económica de Gerstenmaier favoreció el surgimiento y desarrollo de una incipiente actividad coleccionista, en la que contó decisivamente su descubrimiento del arte español. Frecuentó entonces a anticuarios, entre ellos a Felipe Sánchez de la Fuente, casado con Beatriz Lafora, hija del conocido marchante Juan Lafora Calatayud. En general, le sorprendió la oferta de obras bajomedievales, renacentistas y barrocas que ofrecía el comercio madrileño. Hacia 1970 comenzó a coleccionar pintura española de los siglos XV y XVI y, enseguida, pintura flamenca. Un tercer ámbito de su colección lo constituyó la pintura del siglo XIX, atraído inicialmente por la vivacidad sensorial de la obra de Joaquín Sorolla y la riqueza de la materia de la de Hermen Anglada-Camarasa. En esos años desarrollaron su actividad con creciente intensidad las casas de subastas, entre ellas algunas extranjeras de prestigio, a cuyos remates concurrió. En su residencia de Madrid concentró la pintura más moderna y parte de la antigua, especialmente la flamenca. Buena parte de la escultura y de las artes decorativas las reunió en su residencia de El Boalo (Manzanares el Real, Madrid), en la que integró elementos de arquitectura renacentista. En 2002 vendió su empresa a una multinacional suiza y, retirado de los negocios, se concentró en su actividad coleccionista y en la difusión de su obra a través de numerosas exposiciones en diferentes ciudades españolas, y también del extranjero, como Cascais (Portugal), México y Santiago de Chile. Además de organizar esas muestras, ha colaborado generosamente con préstamos en otras muchas, entre ellas, la monográfica dedicada a Fortuny en el Prado en 2017, para la que prestó una excelente acuarela de tema marroquí del pintor.


La donación - Exposición



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Aureliano de Beruete - Grindelwald. 1907. Óleo sobre lienzo, 56 x 81 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Agustín de Riancho - Paisaje, h. 1890-1900. Óleo sobre lienzo, 77,5 x 127,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Darío de Regoyos - El pino de Béjar. 1900. Óleo sobre lienzo, 55 x 35,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Joaquín Sorolla - Ella J. Seligmann. 1913. Óleo sobre lienzo, 150,5 x 108,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Ignacio Zuloaga - Una manola, h. 1913. Óleo sobre lienzo, 93,5 x 73,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Juan de Echevarría - Mariquiña de Valle-Inclán, h. 1928. Óleo sobre lienzo, 46 x 38 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Hermen Anglada-Camarasa - Interior de un café-concert, h. 1900. Óleo sobre tabla, 21,5 x 27 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Eduardo Chicharro - Bayaderas indias, h. 1924. Óleo sobre lienzo, 149 x 140 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Juan de Echevarría - Familia gitana, Palencia. 1925. Óleo sobre lienzo, 73,5 x 92,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier



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Joaquín Mir - Torre Solà. Montornès, h. 1914-21. Óleo sobre lienzo. 65,5 x 81,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier


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Darío de Regoyos - Alrededores de Bruselas. 1881. Óleo sobre lienzo, 101,2 x 70,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Donación Gerstenmaier

Alrededores de Bruselas de Regoyos, cuadro hasta ahora inédito, es uno de los mejores ejemplos de la primera etapa del artista, el más cosmopolita entre los de su generación. De su madurez, en cambio, El pino de Béjar muestra su pleno dominio de los recursos de la pintura impresionista.

Su amigo Ignacio Zuloaga está presente con Una manola, una interpretación de la sensualidad femenina característicamente española sobre un fondo azul de amplias pinceladas claras, trasunto de su conocimiento de la obra del Greco.

El otro gran renovador que tuvo difusión internacional, Hermen Anglada-Camarasa, aparece con una obra del cambio del siglo, Interior de un café-concert, en la que su dominio del colorido se aplica a una personal visión de la luz artificial.

En el ámbito ya postmodernista el mejor paisajista de su generación, Joaquín Mir, está representado con una obra de su periodo en el Mollet, de ejecución franca y directa, Torre Solà. Montornès.

Bayaderas indias, de Eduardo Chicharro, muestra su particular deriva en la década de 1920 hacia el ámbito de una pintura de sugestión exótica y sensual.

Familia gitana, Palencia, de Juan de Echevarría, evidencia la fascinación por estos motivos y por la pintura del postimpresionismo, especialmente de Gauguin, de este artista muy vinculado a la Generación del 98 y a Valle-Inclán, a cuya hija Mariquiña retrató.

Además de este conjunto, el donante ha querido regalar tres obras importantes de otros pintores ya representados en el Prado: Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete y Agustín de Riancho. De este último el Museo solo conservaba un lienzo del último año de su vida, y ahora se añade un paisaje muy anterior y de mayores dimensiones. De Sorolla, el Prado no contaba con ningún retrato de la década final de su pintura. El ahora identificado como de Ella J. Seligmann, esposa de un gran marchante establecido en París, es además uno de los más sobrios y elegantes pintados por el artista, con una visión más sintética que en anteriores trabajos. En cuanto a Beruete, a pesar de que el Prado conserva la mayor colección existente del artista, no tenía ningún ejemplo de sus extraordinarios paisajes alpinos, motivo ausente también en la colección del siglo xix a pesar de la atracción que despertó entre los artistas de aquella centuria.


museodelprado.es
 




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última edición por j.luis el Miércoles, 17 Julio 2019, 13:02; editado 1 vez 
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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
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Especial EL PAÍS



España y Países Bajos, una patria común en la pintura

El Prado rompe la división de la pintura por escuelas nacionales con una exposición que las intercala bajo el mismo marco: confrontar las realidades artísticas con los mitos históricos nacionalistas



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'Los síndicos', de Rembrandt dialogan con dos retratos de Velázquez de 1632. / Uly Martín

Vermeer y Rembrandt se miran. Se observan constantemente: en una sala del Kunsthistorisches Museum de Viena cuelga El arte de la pintura, del maestro de Delft, y en la pared de enfrente dos retratos del artífice de La ronda de noche tienen sus ojos puestos en ese interior. Hay que pasar a otro espacio para encontrar a Velázquez: la infanta Margarita no puede cruzar miradas con los holandeses, ella comparte muros con los franceses. Muros que actúan como fronteras que separan escuelas nacionales, divisiones típicas en este museo centroeuropeo, en el del Prado y en otros tantos. Es una de las formas tradicionales de ordenar la historia del arte, que ahora Velázquez, Rembrandt y Vermeer. Miradas afines quiere derribar intercalando escuelas, poniendo la holandesa y la española bajo el mismo marco, huyendo de los nacionalismos. La pintura como lenguaje y patria común.

Ya tuvo esta muestra un simbólico avance hace 16 años, cuando al clausurar la exposición Vermeer y el interior holandés, El arte de la pintura prorrogó su estancia en el Prado unas semanas y estuvo colgada junto a Las meninas, compartiendo sus dos atmósferas que tanto tienen en común.

Ribera, Murillo, Hals, Rembrandt, Zurbarán, Velázquez, Vermeer, El Greco… El G8 de la pintura del siglo XVII reunido en la pinacoteca madrileña hablando de lo que les une y no de lo que les separa. Los tres nombres que se destacan en el título son solo eso, los que “tienen más tirón”, dice el comisario, Alejandro Vergara, que hubiera añadido a El Greco y a Hals, pero, “¿cuántos nombres caben en un título?”. El jefe de conser­vación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700 del Prado señala que hay que atraer al público. A la vez que explica que, “si esto fuese un libro académico, se llamaría Miradas afines. Similitudes entre la pintura española y holandesa del XVII”, desvincula la muestra de la conmemoración del 350º aniversario de la muerte de Rembrandt: “¿Qué es eso de un 350º aniversario? ¿Por qué no el 616º? Es puro turismo industrial”.

La misma idea a miles de kilómetros

Si ha pasado el tiempo desde que en 2003 Vermeer y Velázquez compartieron pared en el Prado –lo que el catedrático de Historia del Arte Contemporáneo Francisco Calvo Serraller denominó “un sueño cumplido”–, también ha pasado desde que Vergara tuvo claro otro dúo de esta pareja de maestros, el germen de Miradas afines: Vista del jardín de la Villa Medici en Roma (hacia 1630) y Vista de casas en Delft (hacia 1658). Fantasea el comisario con los dos artistas creando en la distancia (nunca se conocieron): el mismo tamaño, la misma paleta, la misma idea, una composición parecida, el mismo equilibrio. “Si fuera hoy te los imaginas a los dos en casa con la música al mismo volumen, con sensibilidades parecidas”. Deja poco hueco a estas hipótesis irreales si se le pregunta qué se dirían el uno al otro. Confiesa que le gusta el rock and roll, pero que no le interesa lo que haga Mick Jagger, “a mí lo que me gusta es la música”. Símil que se lleva a la muestra, que es una oda a la pintura barroca, y ahí pone cautela: “Barroco solo es útil como sinónimo del siglo XVII; hay muchos barrocos, es un término equívoco”.

No es el único concepto que puede llevar a confusión. Uno de las secciones en las que está dividida la exposición se llama Ficciones realistas, un oxímoron en el que encajan Aparición de san Pedro, de Zurbarán; Cristo coronado de espinas, de Hendrick ter Brugghen; Menipo, de Velázquez; Autorretrato como apóstol san Pablo, de Rembrandt o Mujer joven junto a una cuna, de Nicolaes Maes. El realismo no es característico únicamente de la pintura de los Países Bajos ni lo es solo de la española. La prueba: en el Museo del Prado hasta el 29 de septiembre.

Antiidealismo, no realismo

Pero, ¿el realismo es real? No, no representa la realidad, plasma escenas veraces, fidedignas, creíbles, cercanas al espectador, pero no tuvieron que ser así. Se baja del olimpo a los dioses, a los filósofos, se les representa como seres coetáneos a los artistas. Demócrito, de Ribera, es un mendigo; El geógrafo, de Vermeer, es un profesional trabajando; Velázquez rodea a su Baco de borrachos de taberna. Vergara apunta que el término “antiidealismo” es más preciso para estas pinturas. En cuanto al afán por atribuir el realismo a españoles o neerlandeses, queda mencionar a Caravaggio: ¿dónde está el italiano entonces? ¿Serían las pinturas de Ribera lo mismo sin su caravaggismo? No. Y tampoco los bodegones, en los que se repite la cantinela: típico género español para unos y holandés para los otros. ¿Acaso El cesto de frutas pintado por Caravaggio en torno a 1596 es holandés o español?

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                                                                             Jan Both

La muestra evidencia que la pintura europea del XVII tiene unas raíces comunes y estas están en Italia y en Flandes. No existiría la pincelada ni el colorido de El Greco sin los venecianos, pero tampoco sus retratados vestidos de riguroso negro sin los duques de Borgoña –gobernantes de Holanda y familia a la que pertenecía Carlos I y, por ende, Felipe II–. Y si el final de la muestra está dedicada a la materia pictórica, a esos “golpes de pincel groseros”, expresión con la que Jerónimo San José en 1651 se refirió a la manera de pintar de Tiziano, que vinculan el Autorretrato, de Carel Fabritius, con Jerónimo de Cevallos, de El Greco; La mujer bañándose en un arroyo (Rembrandt) con Marte, de Velázquez; los bufones del sevillano, con retratos de Frans Hals. El comienzo es para la moda del momento.

Los hombres de negro

El recibimiento a la exposición lo hacen los típicos españoles vestidos de negro sobrio con solo una licencia: el blanco de los cuellos de golilla. ¿O eran holandeses? Son ambos, fruto de un pasado histórico común que hacia 1568 se empieza a desmoronar por las revueltas de los Países Bajos contra Felipe II. Estas rebeliones dieron lugar a la Guerra de los Ochenta Años, de la que surgieron los Países Bajos. La indumentaria común perdurará como símbolo de rigurosidad y como reacción a lo superfluo durante casi todo el siglo XVII, mucho más tiempo que en otras regiones europeas. Y así hay algo que resulta familiar en Los síndicos (es un hito en la historia del arte que este rembrandt vaya a pasar el verano en Madrid, es una de las 17 obras que ha prestado el Rijksmuseum de Ámsterdam. Después el Prado les prestará 14 piezas para otra muestra).
 

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Técnicos del Prado revisan el autorretrato de Rembrandt antes de colgarlo. / Gorka Lejarcegi

Quiere el comisario que esta muestra se disfrute de muchas maneras. Una de ellas por el mero placer estético de poder contemplar piezas fundamentales para la historia del arte, “y una de las funciones del arte es llevarte a un lugar mejor”. Otra, pensando en que muchos de los artistas aquí reunidos están muy por encima de sus naciones, representan al lenguaje paneuropeo de la pintura; el fomento de los nacionalismos y de los mitos fundacionales de los Estados fue posterior, en el siglo XIX. Incluso no le importaría que alguien confundiera a Tito, el hijo de Rembrandt, en hábito de monje (1660), con un zurbarán y que tuviera que acercarse a la cartela para percatarse de su error. Aclara Vergara que esta lectura de las escuelas española y holandesa no es un ensayo para la colección permanente, que "claro" que están repensando: “Rembrandt y Ribera están muy bien juntos, pero el Prado solo tiene un rembrandt”. Por ahora, y hasta septiembre, en las salas de exposiciones temporales solo les separarán las calles entre las parejas de cuadros. Una exposición sin fronteras.

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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El Prado se olvida de contratar a los educadores

El museo deja pasar la convocatoria de la contratación del servicio educativo para colegios y particulares que quieran conocer la colección y paraliza el servicio al menos tres meses



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El Museo del Prado ha dejado de atender las funciones educativas que tenía encomendadas para visitantes particulares y grupos escolares por no convocar a tiempo la licitación de la contratación de las trabajadoras y trabajadores que se dedican a estas tareas. El museo lo ha avisado en sus salas de esta manera: “Estamos revisando nuestros programas de mediación”. Sin embargo, tal y como informa la institución a este periódico, están trabajando para que el error que han cometido pueda subsanarse lo antes posible. Reconocen que los tiempos del trámite burocrático pueden retrasarse “hasta tres meses”, aunque pondrán en marcha una alternativa de urgencia. De esta manera, la recta final de la celebración del bicentenario queda huérfana de un capítulo esencial en los objetivos del museo, con más de 5.000 actividades al año.

El “marco legal” determina los objetivos y fines de la institución y entre ellos se fija el fomento y la garantía del acceso al público e “impulsar el conocimiento y difusión de las obras y de la identidad del patrimonio histórico adscrito al museo, favoreciendo el desarrollo de programas de educación y actividades de divulgación cultural”. El entrecomillado corresponde al artículo 3 de la Ley 46/2003 reguladora del Museo Nacional del Prado. El último contrato firmado con la empresa adjudicada por concurso establecía una relación entre enero de 2017 y agosto de 2018 y una prórroga de un año más. Una vez se consumó la última, el museo dejó pasar el tiempo sin entregar los pliegos para una nueva convocatoria del concurso de adjudicación y las trabajadoras de la empresa Magmacultura han ido a la calle. Lo más llamativo es que las trabajadoras despedidas han sido sustituidas por proyecciones de ellas mismas realizando sus antiguas tareas.  

Entre las últimas contrataciones figuran el servicio de seguridad y atención al visitante (10,2 millones de euros), los uniformes para el personal (148.000 euros), servicio de limpieza (1,5 millones de euros), el servicio de transporte de las obras de la exposición de Fra Angelico (725.000 euros), pero no el del servicio de educadores. La última vez que se convocó la externalización de este fue con tres meses de antelación a la puesta en marcha, es decir, en octubre de 2016. Entonces Magmacultura logró el contrato por 442.000 euros. Con la falta de contratación han quedado anuladas tanto las actividades culturales (por las que se les abonaba 79.000 euros) y las actividades educativas (363.000 euros). En los próximos meses no habrá ni “itinerarios didácticos”, ni “una obra, un artista”, ni “visitas al Casón del Buen Retiro”, ni “visitas escolares”, ni “servicios de actividades para familias”, ni “servicio infantil y juvenil fuera de calendario escolar”.

La empresa se comprometía a realizar 689 “itinerarios didácticos” de dos horas cada uno, con un educador por actividad, es decir, unas ocho visitas a la semana; 441 “Una obra, un artista”, de dos horas cada una, lo que significa seis visitas a la semana; y 67 “visitas al Casón del Buen Retiro”, de dos horas cada una, que suponen una visita a la semana. En el capítulo de actividades escolares debían hacer 3.679 visitas escolares de dos horas y media cada una, es decir, cerca de 67 visitas a la semana durante 33 semanas que dura el curso escolar; 173 “servicios de actividades para familias”, de tres horas cada una; y 85 actos de “servicio infantil y juvenil fuera del calendario escolar”, de cuatro horas y media cada una.

El equipo estaba formado por una coordinadora, un jefe de equipo y los educadores. “El licitador debe proponer un equipo inicial de al menos 20 educadores, de los cuales cinco son para las actividades culturales y 15 para las actividades educativas”, marca en último contrato. Los educadores deben ser licenciados o grado en Historia del Arte o Bellas Artes o ser maestros, profesor de enseñanza primaria, secundaria o bachillerato. “Mostrar buenas dotes de comunicación, de iniciativa, de adaptación al entorno de trabajo y saber trabajar en grupo”, añade.

El contrato deja claro que “la relación entre las partes firmantes de este contrato no implica vínculo laboral alguno entre el Museo del Prado y el personal de la empresa adjudicataria”. Tanto los contenidos y metodologías de trabajo los estipula el Área de Educación del museo, que fija los objetivos pedagógicos, metodológicos y programáticos de las actividades. Uno de los últimos recorridos que se han hecho fue el de “Género e identidad”, el pasado 25 de mayo, en el que se asegura que “el arte nos permite hablar de igualdad, comprensión e integración social”. Por eso el Museo del Prado, a través de sus contenidos, “facilita recursos para que ocurra una educación basada en la transversalidad y en la participación de los diferentes agentes de la educación formal: docentes, alumnado y educadores de museos”.


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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El País Semanal / REPORTAJE



Diarios de guerra del Prado. Así se salvó un tesoro artístico de las bombas

Esta es la historia de Manuel Arpe y Retamino, un personaje invisible que llevó a cabo la peripecia que permitió salvar obras maestras del Prado de las bombas de la Guerra Civil. Escribió las aventuras y desventuras de aquel exilio artístico en sus diarios, que ahora ven la luz.


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EL 7 DE FEBRERO de 1940, Manuel Arpe y Retamino, de 44 años, aguarda la llegada del dictador Francisco Franco. El restaurador del Museo del Prado está junto a La carga de los mamelucos y Los fusilamientos. Cuando le estreche la mano al caudillo habrá pasado lo más difícil de su aventura: ser admitido como uno de ellos, que el nuevo régimen deje de sospechar de su lealtad y olvide su rencor contra este humilde conservador por haber participado en la huida de las joyas del patrimonio español, metido en cajas y transportado en más de 70 camiones durante tres eternos años acompañando al Gobierno de la Segunda República. Por fin llega Franco y su comitiva, se detienen ante los dos monumentales cuadros de Goya, y Arpe no deja escapar su oportunidad. Da un paso al frente, el director del museo le presenta al caudillo e inicia el relato de cómo devolvió a la vida a los mamelucos derrotados.


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Manuel Arpe y Retamino, junto con 'La maja vestida', pintada por Goya, que el restaurador intervino antes de su marcha acompañando al Tesoro Artístico durante la guerra civil española. Desde 1922, Arpe y Retamino fue uno de los especialistas que velaron por la conservación del patrimonio del Museo del Prado. Fotografía del archivo familiar de Seco de Arpe / Instituto del Patrimonio Cultural de España

Aunque al dictador le dijo que los desperfectos fueron fruto de un accidente del automóvil que los transportaba, el motivo real fue un bombardeo de la aviación franquista. Dos años antes de este encuentro, en mayo de 1938, la columna de camiones cargados con miles de obras de arte embaladas que huyen hacia Cataluña cruza Benicarló. La bomba alcanza una casa y su cornisa se desploma sobre las cajas donde viajan ambas pinturas. La más perjudicada es la escena de Los mamelucos, que cae arruinada bajo los escombros y dividida en 18 pedazos. Algunos fragmentos del lienzo ni aparecen.

“Los cuadros estaban desastrosos”, anota Arpe en sus memorias de aquellos endiablados días. El restaurador improvisa un taller para recuperarlos en la cocina del castillo de Peralada. Antes de extraer los lienzos del cilindro en el que han sido enrollados, manda comprar un pedido de los materiales que necesitará para fijar los fragmentos supervivientes a una nueva superficie. Mientras alguno de estos se traen del extranjero, monta un gran tablero para reentelarlos y adherir a la parte posterior una tela nueva. Más tarde limpia y reconstruye los restos de la catástrofe, que hoy se contemplan sin apreciar los estragos.

Para cuando apriete con su plancha ardiendo la tela herida de Goya, Arpe habrá cumplido año y medio cuidando del Tesoro Artístico a la fuga. El 26 de diciembre de 1936 recibió la orden de dejar el Museo del Prado y partir de urgencia a Valencia. Parte de inmediato para seguir sus labores como restaurador junto al Conde-duque de Olivares, de Velázquez, que ha sufrido uno de los peores trayectos del legado. La lluvia entró en la caja que lo transportaba en camión. Ahora el agua corre por la superficie del cuadro “en forma de chorreones” y se ha llevado por delante el barniz. El lienzo está en serio peligro.
 

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El taller de restauración del Museo del Prado conserva la memoria de los especialistas que precedieron al equipo actual. En el armario guardan los utensilios que el oficio ha empleado en el pasado. Entre los objetos destaca ese cajón con el que viajó Manuel Arpe y Retamino durante la Guerra Civil. SOFÍA MORO

“Algunos, por efecto de la humedad, aparecían pasmados. Pasmado es que, por efecto del frío o cambio de temperatura, sus barnices se precipitan y la resina de los mismos adquiere, más o menos intensamente, un color ceniza. Es corregible”, tecleará Arpe años después en su máquina de escribir para no olvidar aquella operación con la que el tesoro del patrimonio español vivió una espiral de acontecimientos trepidantes en busca de su salvación. También apunta quiénes tomaban las decisiones y cómo se comportaron durante la larga marcha, porque estos diarios con alma de delación —que se conservan entre las alhajas del Museo del Prado— se los dedicó al general José Millán-Astray. Están firmados en 1949, meses antes de que el general intercediera para que se le conceda la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.


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Retrato del restaurador. Fotografía del archivo familiar de Seco de Arpe.

Escribirá más de 200 cuartillas donde se cuenta la “forma precipitada” en la que salen los primeros camiones (el 10 de noviembre, cuatro días después de que lo hiciera el Gobierno). Los embalajes son cajas viejas. Excedentes de las exposiciones del Palacio de Velázquez del Retiro. No tienen las dimensiones adecuadas. Es lo que hay. Tratan de acomodar las pinturas como pueden. También llega obra sin embalar en pleno invierno, en camiones que dedican una jornada completa para culminar los casi 400 kilómetros que separan Madrid y Valencia, por carreteras descarnadas y a 15 kilómetros/hora.
 

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Mientras las calles se empapelaban con carteles que llamaron a la protección del patrimonio, en el Prado se despejaban las salas para evitar los bombardeos y se embalaban las obras que marcharon con el Gobierno de la República. Fotografía del archivo familiar de Seco de Arpe.

Arpe es meticuloso. Anota cada noche lo que sucede y años más tarde reconstruye el viaje de más de 2.000 pinturas de colecciones públicas y privadas (más de 500 solo del Prado) y 71 camiones. A su muerte, su familia encontrará más de 300 carpetas con documentación y escritos que ha ido acumulando, como rastros de un viaje frustrado en el que pinta una Alegoría de la República, en 1931, y besa la España franquista, ocho años después. Y la única bandera que no cambió en todos los vaivenes fue la protección del arte. Uno como tantos otros invisibles. Mujeres y hombres cuya causa fue salvar el patrimonio y que serán homenajeados este próximo mes de octubre en el Museo del Prado, la primera pinacoteca de la historia en ser bombardeada. Las conferencias Museo, guerra y posguerra. Protección del patrimonio en conflictos bélicos celebrarán el regreso de las obras desde Ginebra (Suiza), de cuya fecha se han cumplido 80 años el pasado 9 de septiembre.
 

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El interior del cajón de Arpe y Retamino. SOFÍA MORO

Marzo de 1938. Valencia ya no es un sitio seguro. Llegan nuevas órdenes: el Gobierno de la República camina hacia Cataluña y hay que volver a movilizar la carga. Las operaciones militares de los sublevados amenazan con cortar por Tortosa y dejar dividido en dos el frente republicano en el Mediterráneo. Una noche parten a Barcelona, en un convoy en el que están Las meninas. “Había un hormiguero de soldados sacando las cajas y gran número de camiones las recibían. Allí estuve hasta la una de la madrugada, cuando terminaron. En ningún camión me dejaron sentarme con el conductor porque iba un soldado de escolta”, apunta. En medio de la oscuridad, se dirige a uno de los que tienen mano y mando en todo aquello. Es el teniente Colina. Siempre viste de cuerpo negro y sin insignias. “Métete ahí”, y abre la puerta de una furgoneta. Hay un pequeño hueco entre los dibujos de Goya, “que iban así puestos, sin embalar”.

La nueva misión de Arpe es salvar el puente de Tortosa (Tarragona), demasiado pequeño para la altura de Las meninas. Los cuadros no están preparados para las guerras, aunque caminen hacia la salvación. Han pasado el retrato de Carlos V a caballo y la Dánae de Tiziano, todos los goyas, todos los grecos y zurbaranes, y los automóviles se detienen porque el monumental cuadro no cabe. Si por el teniente Colina fuera, ya habría enrollado el lienzo en una vara. “Pero el que manda”, dice Colina, “ha dicho que se pasen los cuadros y hay que hacerlo así”. Así que desmontan la caja del camión entre nueve hombres y sobre una fila de rodillos lo deslizan al otro lado. “Hasta mal cuerpo se me puso pensando si sería capaz de llevarlo a cabo”, recuerda Arpe ante la soberbia del militar.


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Conocida como “operación de salvamento”, la movilización de joyas del legado artístico español supuso la participación de especialistas dedicados a la conservación y restauración de obras de arte.

La marcha debe recuperar el tiempo perdido, así que se camina toda la jornada sin descanso. “Los chóferes por la noche conducían con dificultad porque la anterior tampoco habían dormido”. Protestaron y avisaron de que no responderían si se dormían al volante. Arpe convence al sargento y duermen una hora. A la una de la madrugada vuelven a la ruta y una hora y media después cruzan Tarragona. A las seis de la mañana están en Barcelona y continúan rumbo a Figueres y Peralada. “De pronto, comienza a frenar en seco toda la alineación de camiones y cuando cesó ese ruido me di cuenta de que varios aparatos de aviación se dirigían hacia la caravana nuestra y que este era el motivo de los frenazos. Todos los conductores y soldados de escolta, y yo tras ellos, nos tiramos al suelo fuera de la carretera. No sé si giraron, una vez reconocido lo que se transportaba, o si el paso por encima de nosotros fue casual”. Pasa la alarma, vuelven a la ruta.
 

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Página de los diarios de Manuel Arpe y Retamino. SOFÍA MORO

Peralada. Enero de 1939. Última parada y fonda antes de cruzar la frontera con Francia. Vienen los momentos más tensos. Las tropas franquistas están a un paso de quedarse con España durante las siguientes cuatro décadas y la Segunda República se desmiga por minutos. Son testigos del éxodo masivo de los ciudadanos que huyen bajo el bombardeo continuo de las aviaciones franquista, italiana y de la Legión Cóndor. El arte convive con los soldados y con el frío, a la espera del destino de la República. Su presidente, Manuel Azaña, también ha llegado al castillo. Ya no queda ni rastro del Ejército de la República, escucha por la radio italiana la caída de Barcelona y piensa que continuar resistiendo es un “disparatado propósito”.

El goteo de camiones de un lado a otro es continuo y Juan Negrín manda llamar a Manuel Arpe y Retamino. El 6 de febrero de 1939, justo un año antes de estrechar la mano de Francisco Franco, aprieta la del todavía presidente del Gobierno de la República. Quiere felicitarle por “el entusiasmo con el que realiza su labor”. Negrín firma un salvoconducto para él y las obras que están pendientes de continuar su odisea: “Manuel Arpe, restaurador del Museo del Prado, ha recibido la misión de salvaguardar y vigilar el transporte de los objetos del Tesoro Artístico Nacional. Las autoridades de la frontera y los cónsules en Francia deberán prestarle ayuda y auxilio material”.
 

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La epopeya está a punto de dar su último paso, el más delicado, con los camiones atascados entre el éxodo de personas que huyen del Ejército franquista a Francia. “Fue un milagro”, dice el catedrático de la Complutense Arturo Colorado. A él le debemos las investigaciones de los hechos sucedidos en la evacuación. “Debería ser una historia de orgullo nacional. No se perdió nada, todo se salvó, y fue gracias a la diligencia de Timoteo Pérez-Rubio [responsable de la Junta del Tesoro Artístico]. Es cierto que la República puso en peligro el patrimonio al hacer que lo acompañara. Habría sido mejor un depósito lejos del frente que tenían proyectado, pero no les dio tiempo a construirlo”, cuenta.

Los 71 camiones —con 1.868 cajas y 140 toneladas de peso— se transforman en un tren con 22 unidades “atestadas de obras de arte de todas clases” en Perpiñán. El último vagón carga con la policía secreta y los gendarmes de uniforme. Así escapa el tesoro más valioso de España a la guerra y entra en paz, pasa del peligro al confort, del jabón de tropa al chocolate suizo. En un solo día, las obras de arte desembarcan en la apacible neutralidad. Al patrimonio español le espera en Ginebra “una nube de reporteros y fotógrafos” y un cambio de dueño corroborado por la Sociedad de Naciones. Ahora es propiedad del franquismo, que meses antes lo había bombardeado. En las manos del Gobierno de Burgos, se celebra a mayor gloria de Franco una exposición multitudinaria en verano de las 174 joyas del Prado, vista por más de 400.000 personas en tres meses.
 

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Manuel Arpe y Retamino se dedica a ganarse el regreso al nuevo país donde está su viejo puesto de trabajo. Conoce a un delegado del embajador, que le recibe en un hall donde encuentra un retrato de Franco. “Y nuestra bandera, que besé, y me creí pisar España”. En el hotel recibe una carta del duque de Alba: “Mi querido amigo: mucho celebro haya podido escapar con vida de la barbarie roja y se haya puesto a la disposición de nuestras autoridades en Ginebra, prestando así su adhesión incondicional a nuestra Noble Causa”. Redacta él mismo un escrito de adhesión, que firmaron, entre otros, Tomás Pérez (forrador) y Blanca Chacel (conservadora y hermana de Rosa). “Tenemos el honor de hacerle llegar a S. E., como representante en Berna del Gobierno nacionalista español, nuestra adhesión incondicional a la Noble Causa, al propio tiempo que nuestra felicitación por el triunfo logrado por las armas”, dice el texto.
Fue un milagro. no se perdió nada y todo se salvó. debería ser una historia de orgullo nacional

“No creo que estas memorias sean un informe de delación, porque él no era así. De hecho, ayudó a su ayudante Tomás Pérez. Él no pudo volver a trabajar en el museo y mi abuelo le dio trabajo en su taller”. Habla el nieto de Manuel Arpe y Retamino, Fernando Seco de Arpe, también restaurador, que cuenta que Arpe no fue depurado porque era afín al régimen. “Mi abuelo nunca creyó en esa operación, porque sintió que el patrimonio se puso en peligro. Era muy trabajador, una persona muy religiosa, muy conservadora y muy franquista. Se carteaba con Millán-Astray”, asegura Seco de Arpe. Para Arturo Colorado, estos diarios son los escritos “de un extraordinario restaurador que no se separó ni un día del legado del Prado en todo el trayecto y salvó El 2 de mayo y El 3 de mayo, de Goya”. Pero necesita lavar su memoria y “justifica con este informe su actuación cara al franquismo”.
 

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El comité internacional que veló por las obras en el extranjero, ante la Sociedad de Naciones, en Ginebra. Fotografía del Instituto del Patrimonio Cultural de España

En la noche del 31 de agosto 1939 se clausura la exposición en Ginebra. Las obras se descuelgan para regresar a España. “La guerra europea estaba a punto de estallar”. No podían permitirse otra. “Tan rápido se hizo todo que cuando el día 3 de septiembre se declara la contienda, ya estaba el tren formado y dispuesto a salir”, escribe Arpe, el único que queda de la expedición original. Francia dio luz verde al tren un día más tarde y, en medio del desplazamiento de tropas y material, el último tren civil que cruza las vías en guerra es el que contiene la selección expuesta, con 38 obras de Goya, 25 del Greco, 9 de Tintoretto, 6 de Rubens, 7 de Tiziano y Las meninas, de Velázquez, entre otras. El resto ya había regresado en camiones.
 

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El 5 de septiembre, a las 10.40, parte el tren. El día 8 entra en Hendaya. El restaurador teclea: “De nuevo veía a nuestra bandera en el mismo sitio de donde fue arrebatada. En mi equipaje venía la grande, que me mandé hacer en Ginebra”. Arpe y Retamino regresará a su casa, en Aravaca, pero solo queda un solar. Se muda con su familia a la calle de la Ballesta, donde monta un taller con su excompañero del Prado Tomás Pérez —depurado por el régimen—, y descubre y restaura obras para clientes como el banquero Pedro Masaveu, que se apoya en él para invertir su fortuna en la colección de arte que hoy perdura. Se jubila en los setenta como restaurador del Prado, especialista en El Greco, y muere en octubre de 1984. A la una de la tarde de aquel 9 de septiembre de 1939, cuando el tren llegó a la estación del Norte de Madrid, el restaurador que veló por la inmortalidad del arte ya se había vuelto invisible. 
 

elpais,com / Peio H. Riaño / Fotografía del Instituto del Patrimonio Cultural de España
 




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