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SOROLLA (Joaquín Sorolla)
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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
El pintor cobra vida mediante una App de descarga gratuita

Sorolla guía a los visitantes de su museo gracias a la 'Realidad Aumentada'

Una experiencia pionera que nos permite disfrutar del arte de una forma más interactiva

 

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El pintor cobra vida mediante una App de descarga gratuita

Enlace
 
El Museo Sorolla ha puesto en marcha una iniciativa pionera en Europa: la primera App cultural (Museo Sorolla AR) de descarga gratuita para móviles Iphone y Android gracias a la que el pintor Joaquín Sorolla cobra vida de nuevo y nos enseña su obra en primera persona, explicándonos sus cuadros en Realidad Aumentada y Realidad Mixta.

Un grupo de alumnos de 4º de la Eso han sido los primeros en probar con los móviles las explicaciones del propio pintor. Hasta el momento se han aumentado los contenidos de las obras y objetos históricos del los museos, pero con Sorolla AR sus creadores aseguran que han dado un paso evolutivo más, utilizando tecnología aumentada de última generación para integrar al pintor dentro de sus cuadros, utilizando las mismas perspectivas y colores con los que él los ideó.

Gracias a esta App también puedes fotografiarte a modo #Selfie con Sorolla y su mujer Clotilde y compartir en Redes Sociales la experiencia vivida junto al mejor pintor español de principios del S. XX.

Una experiencia interactiva única que es un proyecto de las empresas 6DLAB y ARS Viva. Al paso que avanza la tecnología estamos convencidos de que dentro de muy poco, será el propio Sorolla el que nos reciba a modo Holograma mientras seguimos visualizando el entrono.
 
 
rtve.es
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Un mar de ‘sorollas’ flota en el Niemeyer

Una muestra en el centro de Avilés reúne los 58 lienzos del pintor valenciano que pertenecieron a Pedro Masaveu, el coleccionista español que atesoró más obras de este artista



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'Niños en la playa' (1904), de Sorolla. FUNDACIÓN MARÍA CRISTINA MASAVEU PETERSON

Dentro de un cuadro hay muchas historias: la que representa; la suya propia, sus avatares desde que fue creado hasta el presente; la del artista que lo pintó y, también, la de su dueño. Cada uno de los 58 lienzos que se muestran en la exposición Pedro Masaveu: pasión por Sorolla son un ejemplo de esto. Hablan del coleccionista que las reunió y de la pasión que este sentía por su autor. Es una clara declaración de amor de Masaveu por Sorolla, es el español que más obras suyas atesoró, el segundo a nivel mundial por detrás de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America. Y esta exposición, inaugurada este jueves, es un retrato y un homenaje tanto al coleccionista como al pintor.

El homenaje al empresario y filántropo Pedro Masaveu Peterson (Oviedo, 1939-Madrid, 1993), en el 25º aniversario de su muerte, se ha llevado a cabo mostrando al público por primera vez juntos los sorollas que le pertenecieron en el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias). Bajo la cúpula creada por el arquitecto brasileño que da nombre al espacio, el visitante se encontrará un mar de lienzos flotando casi literalmente. La gran plaza de 55 metros de diámetro ha sido determinante a la hora de conformar el espacio expositivo, ya que las obras no ocupan las paredes si no que están dispuestas en el centro de la sala, cada una en un lienzo de vidrio que a su vez se sujeta sobre un cubo de hormigón, soporte inspirado en los caballetes de cristal de la arquitecta italo-brasileña Lina Bo Bardi para exponer la colección del Museo de Arte de São Paulo. Esta estructura da carácter de obra exenta a cada óleo, se puede observar por todos sus flancos. Una manera nada convencional de mostrar las pinturas, consideradas habitualmente como bidimensionales y que gracias a esta tridimensionalidad pueden hablar por todos sus costados y hacer accesible lo que no se suele enseñar de los cuadros: su parte de atrás, las telas, los bastidores, las pegatinas y las anotaciones que dan pistas sobre la historia y las vueltas que estos han dado con etiquetas en distintos idiomas con, por ejemplo, los números de catálogo y los lugares de las exposiciones a las que han ido. Una suerte de diario y de retrato de los lienzos que en su reverso se muestran desnudos y enseñan sus secretos.

Y si Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, Madrid, 1923) ha hecho dialogar a dos arquitectos brasileños, el Centro Niemeyer y la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, organizadores de la muestra, han vuelto a reunir a artista y coleccionista en torno a lo que les unió: el deslumbramiento que ambos sentían por la luz. Explica la comisaria de la muestra y bisnieta del pintor, Blanca Pons-Sorolla, que no hay un discurso en la exposición porque el discurso es el propio Masaveu y su pasión por el valenciano y "por su manera singular de representar la luz". Compró obras de todos sus momentos desde pintura de historia como Últimos sacramentos de Carlos V en Yuste (1882), o los retratos velazqueños de Los hijos de los señores de Urcola (1907) y el de La familia de don Rafael Errázuriz Urmeneta (1905) con claras referencias a Las meninas: la puerta del fondo, la niña en el centro de la composición mirando al espectador, la atmósfera de la estancia. Pinturas costumbristas como la magnífica Familia segoviana. El mamón (1894), lienzo en el que el exterior, tanto la parra como la luz, se mete en la escena cotidiana de la familia. Sus famosos niños en la playa, los pescadores, los bueyes, las velas y los volúmenes que crean, los blancos, la luz que pasa por los cañizos, el mar plateado, Clotilde (su esposa). Llega hasta su última etapa con Danzarinas griegas (1917), realizada en el jardín de su casa de Madrid, donde hoy se sitúa el Museo Sorolla. Y así, retratando la colección se consigue también un retrato del artista y de lo que fue su amplia producción.

Esta es una oportunidad única de ver las obras reunidas, ya que la colección está dividida, la mayoría pertencen a la Fundación y de estas solo se han podido disfrutar las que han sido prestadas a alguna exposición temporal. Otros 13 de estos lienzos son del Museo de Bella Artes de Asturias, que se encuentra en Oviedo, al que llegaron tras el fallecimiento de Pedro Masaveu como dación en pago de los impuestos sucesorios, una de estas obras, Llegada de la pesca (1889), está en depósito temporal en el Museo Reina Sofía y es la única que no ha acudido a la cita.


Cartones asturianos

Blanca Pons-Sorolla explica que no había una relación especial de Pedro Masaveu con su familia. Ella recuerda al mecenas porque alguna vez pedía consejo a su padre, como conocedor de la obra de su antecesor. La comisaria, gran experta en la obra de su bisabuelo, comenta que podría contar mil historias de cada cuadro, se para en una: Corriendo por la playa. Valencia (1908). "Recuerdo esta obra en la casa de Pedro [Masaveu] en la calle Alcalá".

Sin embargo, de la relación de Sorolla con el Principado da buena muestra una pequeña exposición paralela Notas de Asturias, en la que se pueden ver una treintena de cartones prestados por el Museo Sorolla con apuntes que el artista hizo de paisajes, tipos y puertos asturianos.


Rut de las Heras Bretín / elpais.com
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Excelente pintor, fue de los mas grandes, aun lo es.
 



 
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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Gran maestro del arte español, excelente post.
 



 
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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Museo Sorolla. Un mundo dentro de un mundo



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Ver vídeo

Un jardín en el centro de Madrid. Dos sonidos se mezclan. La de los agresivos vehículos que transitan las calles y la de una sutil corriente de agua que inunda una pequeña fuente. Dos sonidos, dos mundos. Esta es la historia de Juaquín Sorolla, su familia, su mundo.
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Sorolla, un impresionista en 20 centímetros

El museo del pintor en Madrid exhibe 240 pequeños bocetos realizados al aire libre por el paisajista valenciano: veloces, espontáneos y de una técnica radical



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Estudio de Sorolla en el pasaje de la Alhambra, en 1897 en Madrid. SOCIEDAD ARTÍSTICO FOTOGRÁFICA

Joaquín Sorolla vivió la pintura en la urgencia, con la esperanza de ser tan rápido como la luz (para no dejar escapar el instante). ¿Cómo lograr un gesto tan espontáneo como la espontaneidad, cómo hacer para no olvidar esa impresión? Libretas. Además de sus miles de apuntes dibujados, Sorolla realizó cerca de 2.000 pinturas al óleo en muy pequeño formato. Muchas no alcanzan ni los 20 centímetros. Son “manchas” con las que detuvo el tiempo, como impactos caprichosos que prosperan entre la deliberación y el azar. En ellos, el pintor anota y avanza, lo importante no es entender: son la esencia más impresionista de Sorolla, uno de los paisajistas más importantes de la historia de la pintura.

“Muchas las pintó para sí mismo, para satisfacer su propio placer de pintar; otras fueron ensayos y esbozos de obras que estaba pensando hacer, y que hizo o no, y, de entre todas, un buen número fueron regalos para su familia y amigos más cercanos. Fueron apreciadas y conservadas en su taller, donde cubrían sus paredes, y un buen número fueron expuestas y vendidas por el artista en sus grandes exposiciones internacionales”, explica María López Fernández en el catálogo de la exposición Cazando impresiones. Sorolla en pequeño formato, dedicada a los bocetos del pintor valenciano, que estará desde mañana hasta el 29 de septiembre en el Museo Sorolla de Madrid.

  Son impresiones rápidas y directas, que conforman, a menudo, ejercicios radicales de abstracción

López Fernández, Blanca Pons-Sorolla y Consuelo Luca de Tena son las comisarías de la muestra, que reúne 240 de estas piezas, que representan asuntos con los que el pintor se encontraba como escenas cotidianas de su familia, motivos de un paisaje (cantábrico o mediterráneo), un pedazo de playa, unas olas que rompen. Impresiones rápidas y directas, que conforman, a menudo, ejercicios radicales de abstracción, que dan lugar a partituras encriptadas, escritas a golpes veloces de pincel. Estas telas pequeñas son el laboratorio donde ensayará sus fórmulas para practicarlas en los grandes lienzos de sus playas.


La brisa marina

En estos apuntes la imagen siempre va por delante del pensamiento y Sorolla, abierto a lo inesperado, se entrega a la sorpresa y atrapa lo que suceda. “Encierran en pocos centímetros cuadrados toda la brisa marina, toda la magia huidiza del Mediterráneo, con un brío, con una ciencia, con un ardor, con una flexibilidad y un virtuosismo en los valores que maravillaban la vista y el espíritu”, escribió el crítico francés Camille Mauclair, en 1906.

Pero encierran mucho más que la habilidad. Estas impresiones veloces son la parte más íntima de Sorolla, un cuaderno de vivencias al aire libre, abierto a los lugares con los que se cruza en su camino hacia ninguna parte. Son anotaciones valientes y arriesgadas, ejercicios sin pretensiones de agradar, pura esencia de talento en acción. Como explica López Fernández los realiza en sesiones fortísimas, “de menos de una hora”, sin vacilaciones ni arrepentimientos. “Son un alarde de rapidez”, añade la comisaria.

Sorolla —como Monet, Manet, Degas o Sargent— no quiere dejar nada al azar cuando se lo encuentre a la cara. El creador de lo fugaz necesita ensayar sobre el instante, para convertirse en maestro de lo espontáneo. “Hay que pintar deprisa, porque ¡cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!”, escribe Sorolla. También por carta a su mujer Clotilde: “Tengo hambre de pintar”. Ramiro de Maeztu decía de él que debía tener la avaricia de querer pintarlo todo. Y cuando le sobraba espacio, apuntaba el menú que acababa de comer. Se conservan algunos apuntes de Sorolla en los que compartía ese momento con amigos íntimos, a los que solía regalar buena parte de sus notas. Estos lienzos pequeños son sus pruebas fotográficas, pero también un fin en sí mismo, que el mercado empezó a desear porque lo quiere todo de las estrellas.

Así es como el pequeño formato cobra a finales del siglo XIX más importancia que nunca en las compraventas internacionales, donde Sorolla tiene un papel relevante, pues “pierde su carácter de obra preparatoria para adquirir la connotación de obra personal, realizada para sí mismos”. Esto le otorga el valor de talismán que encierra el genio del artista. Esa fiebre creativa dio para cubrir las paredes de su estudio en el número 3 del madrileño pasaje de la Alhambra. En una foto que se conserva de 1897 la pared está completamente cubierta de apuntes. Hasta arriba. La luz, dijeron los que pasaron por allí, resbalaba sobre los millares de tablitas que tapizaban y encantaban las paredes de aquel delicioso retiro.

La exposición está llamada a ser el mayor hito organizado en un museo estatal este año. En ella queda clara la principal reivindicación de López Fernández, quien prefiere no considerar estas notas de color como “estudios preparatorios”. “Porque constituyen la esencia de la mirada del pintor hacia su pintura”, apunta en el catálogo. Su mirada y su obsesiva actitud creadora, como escribía Sorolla: “Mis estudios al aire libre no admiten una ejecución larga. Siento que si tuviera que pintar despacio no podría pintar nada en absoluto”.
  

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'Playa de Valencia' (1892), un óleo de 23 x 32 centímetros de Sorolla.


Caja de apuntes

Las fotos retratan a Joaquín Sorolla pintando a lo grande, al aire libre, pero también con su caja de apuntes. Era su muletilla preferida en sus paseos. Estas cajas se manufacturan desde 1860. La parte inferior les sirve de paleta y contenedor de colores. La superior servía para sujetar la tableta a pintar. En el anverso, la caja tenía una correa de cuero para meter los dedos y sujetarla.

El Museo Sorolla de Madrid conserva varias cajas de apuntes, con las que el pintor practicó a diario la inmediatez y la espontaneidad. De ahí nace el brío incomparable de sus ejecuciones, a pesar de la diferencia entre estos abocetamientos y la precisión descriptiva de la pintura final.


elpais.com
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Las "joyas" más íntimas de Sorolla se exponen por primera vez


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Exposición 'Cazando impresiones' del Museo Sorolla de Madrid

Fue en las distancias más cortas donde Joaquín Sorolla se midió a sí mismo con mejor pulso y mayor acierto. A lo largo de su vida, pintó unos 2.000 óleos en pequeñas tablillas. Al principio, cubría con ellas las paredes de su estudio, prendiéndolas con alfileres en las paredes, aunque pronto empezó a enmarcarlas. Él se refería a ellas como «apuntes» o «notas de color» por la soltura y la libertad con la que le permitían trabajar, pero acabaron trascendiendo el concepto de boceto y se emanciparon con una identidad propia.

Bajo el título Cazando impresiones. Sorolla en pequeño formato, la casa-museo madrileña del pintor acoge, por primera vez en España y hasta el 29 de septiembre, una amplia muestra dedicada en exclusiva a su trabajo más íntimo.

Cuenta Blanca Pons-Sorolla que la idea de organizar una exposición de estas proporciones rondaba desde hace muchos años su cabeza. Bisnieta del artista valenciano y comisaria, comenta que estas pequeñas creaciones de apenas 20 centímetros son las que mejor dan cuenta de sus atrevimientos a la hora del pintar.


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Imagen de la exposición 'Cazando impresiones'.

«Aquí apreciamos la síntesis de su mirada, en la que analiza lo que le interesa en cada momento. En ellas aplica todos los conocimientos que va adquiriendo. No copia del pequeño formato para luego trasladarlo al grande, sino que realiza estos trabajos para guardarlos en su cabeza y, así, plasmar después sus ideas con rapidez. Salvo casos excepcionales, no son estudios para lienzos posteriores. Son obras en sí mismas».

Para ilustrar su afirmación, la comisaria toma como ejemplo los frecuentes cambios que, a simple vista, se aprecian al comparar los cuadros y los bocetos. «Ninguno responde a una obra de gran formato en concreto pero, simplemente con verlos, ya sabes qué está pintando en cada etapa de su vida».

Veloces y espontáneos, los 227 óleos esbozados al aire libre han sido escogidos personalmente por la bisnieta de Sorolla, que confiesa encontrar en ellos una suerte de diario de su antepasado.

Un cuaderno de viaje que habla de ese mismo gusto por el detalle que, durante sus ausencias por motivos de trabajo, llevó al pintor a enviar cartas y flores frescas a su amada Clotilde prácticamente a diiario. Aunque, en su mayoría, proceden de los fondos del Museo Sorolla, un pequeño número de las obras expuestas pertenece a colecciones particulares. Su afán por investigar las mezclas de color se prolonga también a la elección de un soporte u otro: de la retina pasó al lienzo, y de la tabla al cartón.

«El tiempo, a veces, no le daba la posibilidad de trabajar durante tres sesiones seguidas en un mismo paisaje. La playa de San Sebastián, por ejemplo, es una zona concurrida, donde montar la parafernalia necesaria para pintar un gran lienzo no era apropiado», explica la comisaria. «La mayoría de estas piezas representa el disfrute del pintor. Ese no poder para de pintar», concluye. «Estas creaciones son sus joyas. Son aquello que pinta para él, su pura intimidad. Es su modo de mirar».

elmundo.es
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
La reina Letizia y Carlos de Inglaterra inauguran la exposición de Sorolla en la National Gallery

60 obras del "maestro de la luz" para descubrir el maestro valenciano al público inglés



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La reina Letizia y el príncipe Carlos, ante uno de los cuadros de la exposición. En vídeo, la reina visita la exposición de Sorolla en compañía de Carlos de Inglaterra. FOTO: @Casa de S.M. El Rey | VÍDEO: REUTERS

Mientras Westminster se desgarraba una vez más en torno a la crisis eterna del Brexit, a un kilómetro y medio, en Trafalgar Square, la reina Letizia y el príncipe de Gales inauguraban juntos uno de los mayores acontecimientos culturales que Londres acogerá este año. La National Gallery mostrará, desde el 18 de marzo al 7 de julio, la exposición Sorolla: Spanish Master of Light (Sorolla: el maestro español de la luz).

Carlos de Inglaterra, rodeado del enjambre habitual de personal de Clarence House que le acompaña en cada uno de sus actos públicos, llegó con puntualidad exquisita al Ala Sainsbury, el edifcio adyacente de arquitectura moderna del museo en el que se ha instalado la exposición, a las 18:20 (19:20 hora española). Merodeó un rato en el vestíbulo, a la espera de la Reina de España, hasta que decidió que la esperaría directamente en la entrada de la primera sala. Letizia llegó con ligero retraso. A las 18:45 la Reina saludó al centenar de españoles que la esperaban en la calle. Vestido de fondo verde y azul con enormes flores lillas y verdes, de cuello redondo, cuerpo entallado y falda midi de vuelo. Muy similar en el corte a los diseños de Carolina Herrera que la Reina favorece para estas ocasiones.

Junto a Carlos de Inglaterra esperaban a Letizia la nieta del pintor, Blanca Pons-Soralla, especialista en la obra del artista que ha realizado labores de consultoría para el conservador de la exposición, Christopher Riopelle. "Son 60 obras de un Soralla en su plenitud, con su total dominio de la luz, para dar una visión lo más amplia y completa posible al público inglés de este maestro de la pintura", explica Riopelle.

Fue una visita fugaz —la Reina regresó a España esa misma noche—, pero concentró en las salas de la National Gallery a figuras relevantes españolas, como a la directora artística del English National Ballet, Tamara Rojo, o la emprsaria Esther Koplovitz, y su hija Esther Alcocer.

El director de la National Gallery, Gabriele Finaldi, acompañó a la Reina y al heredero de la Corona británica en el recorrido de las siete salas que agrupan la exposición, y explicó a Carlos y Letizia el significado o importancia de obras como "Desnudo de mujer:1902" o el retrato de la Princesa Beatriz de Battenburg, la tatarabuela de Felipe VI.

La retrospectiva de Sorolla es la primera que se exhibe en Londres desde 1908. Entonces, fue el propio pintor el que organizó una muestra de su obra en las Galerías Grafton, donde fue promovido como "el mejor pintor vivo del mundo".



elpais.com
 




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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Londres se da un baño de Sorolla

La National Gallery inaugura la primera exposición del pintor valenciano en el Reino Unido en más de un siglo. La muestra es el definitivo paso para su rehabilitación internacional



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Visitantes en la muestra de Sorolla en Londres observan 'La vuelta de la pesca' (1894), a la derecha, y 'Encajonando pasas' (1901). En vídeo, la Reina Letizia durante la inauguración de la exposición. Foto: EFE | Vídeo: EPV

“Cuando se entra en el estudio de Joaquín Sorolla parece que se sale a la playa y al cielo; no es una puerta que se cierra con nosotros, es una puerta que se abre al mediodía”. La misma sensación que tenía Juan Ramón Jiménez, que posó para el artista, se tiene ahora al entrar en la National Gallery de Londres. Desde el próximo lunes y hasta el 7 de julio el museo de Trafalgar Square alberga la exposición Sorolla, maestro español de la luz, compuesta por 63 cuadros que en agosto recalarán en la Galería Nacional de Irlanda, en Dublín. Es la avanzadilla de lo que Gabriele Finaldi, director de la pinacoteca y antiguo subdirector del Museo del Prado, denominó este jueves “la temporada española”: el pintor medieval Bartolomé Bermejo tomará el relevo a un maestro del XIX del que solo existe, recordó Finaldi, una obra “representativa” en las colecciones públicas británicas: el retrato de la princesa Beatriz de Battenberg, que no forma parte de la muestra pero que el miércoles fue trasladado fugazmente desde la vecina National Portrait Gallery y expuesto en un caballete durante la visita inaugural de la reina Letizia y el príncipe Carlos de Inglaterra.

Joaquín Sorolla (1863-1923) ha tardado más de un siglo en volver a lo grande al Reino Unido. En 1902, con 39 años y convertido en una incipiente estrella internacional, cruzó el Canal de la Mancha para contemplar la Venus del espejo de Velázquez, que por entonces colgaba todavía en Rokeby Park, en Durham, al norte de Inglaterra. Si ese mismo año pintó un sensual desnudo femenino que ahora puede verse en la muestra de Londres, en 1908 volvió a la capital británica con todos los honores cuando las Grafton Galleries organizaron una exposición de casi 300 cuadros en la que se le publicitaba como “el mejor pintor vivo del mundo”. Si el hiperbólico entusiasmo de sus anfitriones le pareció excesivo, la acogida de los coleccionistas ingleses le pareció tibia. Sobre todo porque dos años antes había triunfado en París con el doble de obras y con unas ventas que le permitieron comprar el solar en el que hoy se levanta el museo madrileño que lleva su nombre.

La desapacible primavera londinense de 1908 tuvo, sin embargo, tres recompensas. La Venus de Velázquez se exhibía ya en la National Gallery —a unos metros del ala Sainsbury que acoge estos meses su retrospectiva— y Sorolla envió a su esposa, Clotilde García del Castillo, una postal con el retrato de la diosa en el que se refería a él como “el trozo de carne más humano del museo”. Clotilde había sido la ‘anónima’ modelo del célebre desnudo que ahora abre la exposición y que pertenece a una colección particular de la que el comisario —Christopher Riopelle, conservador de pintura posterior a 1800 de la National Gallery— solo se permite revelar que es “española”. “Sorolla quiso medirse con Velázquez”, explica Riopelle. “Tenía claro que era el intérprete de la tradición española justo cuando empezaba a ser decisiva para los artistas modernos gracias sobre todo a Manet, que la conocía bien”.

La segunda recompensa de aquella agridulce temporada en las islas vino del estudio de los mármoles del Partenón que se conservan en el Museo Británico. “El maravilloso movimiento de sus famosos niños corriendo por la playa de Valencia debe mucho a esas visitas”, subraya el comisario delante de uno de los cuadros más reconocibles de Sorolla, dedicado a uno de los motivos que lo convirtieron en una estrella en Estados Unidos. Y en un hombre rico. También Londres tuvo algo que ver con ese éxito transatlántico. Entre los visitantes de las Grafton Galleries estaba un millonario estadounidense llamado Archer M. Huntington que acababa de fundar la Hispanic Society of America. Entusiasmado, Huntington compró varias obras y propuso a su autor una muestra en Nueva York que se convertiría en gira triunfal por Estados Unidos con visita a la Casa Blanca incluida. Aunque Sorolla y su mecenas no coincidieron en la capital británica, el artista resumió su propio entusiasmo en otra carta a Clotilde: “Creo que he conocido a Dios”. Tres años más tarde firmaron el contrato para un proyecto que ocuparía al pintor en su última década de vida: ejecutar para la sede de la Hispanic Society en Manhattan un mural de 70 metros de largo por 3 de alto sobre las distintas regiones españolas. En la National Gallery pueden verse varios estudios preparatorios para un friso que algunos consideran una grandiosa síntesis de la España plural y otros, un tropiezo que tuvo a Sorolla ocho años viajando por todo el país y lo entretuvo en motivos folclóricos mientras la modernidad vanguardista llamaba a las puertas de Europa. El mismo año que firmó con Huntington, se refirió a Matisse como “disparate gracioso y ridículo”.
 
‘Sorolla, maestro español de la luz” es un paso más en la rehabilitación definitiva del artista español más internacional entre Goya y Picasso pero que, tras su muerte en 1923, pasó por un purgatorio del que lo sacó definitivamente la gran exposición que en 2009, hace justo una década, le consagró el Museo del Prado. En una muestra que se nutre sobre todo de la colección del Museo Sorolla de Madrid pero que cuenta con aportaciones clave del Museo d’Orsay de París (La vuelta de la pesca), el Metropolitan de Nueva York (Clotilde con traje negro), la Fundación Bancaja (Triste herencia) o el propio Prado (Chicos en la playa), la National Gallery presenta a un creador total cuyo precoz virtuosismo le permitió ser a la vez un dramático pintor de temática social, un enorme continuador del retrato español y, por supuesto, un maestro que supo atrapar como nadie la luz del Mediterráneo.


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Aglomeración frente a 'Triste herencia' (1899), de Sorolla, en la National Gallery de Londres. FACUNDO ARRIZABALAGA (EFE)



¿El impresionista español?

En 1894 Joaquín Sorolla escribió desde París a un amigo: “Sigo el camino normal de la pintura genuinamente española, cerrando ojos y oídos a todo impresionismo y puntismo (sic), beatos nosotros que aquí no tenemos esa plaga de holgazanes”. Delante de un cuadro que roza la abstracción como La siesta (1911), Christopher Riopelle recuerda que Sorolla fue amigo de Monet y conocía bien su técnica, pero él evita la palabra impresionismo para referirse a la obra de un artista “dotado como pocos” para pintar “cualquier cosa” pero sobre todo “el agua, la luz y los juegos de la luz en el agua, el instante”. Usó la fotografía para documentar su trabajo y pintó continuamente al aire libre —a veces el viento mezclaba la arena de playa con el óleo— pero no quiso jugar la baza de moderno. “Estaba satisfecho con el mundo que había creado y con el éxito que tenía, sobre todo en América”, explica Riopelle. Eso en vida. Una vez muerto, su propio talento le pasó factura: “En 1923, cuando él muere, el rey absoluto es Picasso. Añadimos a Miró, a Dalí y a Buñuel y solemos olvidarnos de Sorolla como artista español”. ¿A qué se debe su recuperación actual? En el catálogo, Finaldi habla de una relectura de los regionalismos europeos y de una interpretación del impresionismo no exclusivamente francesa. Christopher Riopelle añade dos razones más prosaicas: “Por un lado, en tiempos de realidad virtual vuelve a fascinarnos la destreza técnica de los que saben hacer cosas con las manos, el oficio. Por otro, nos interesa mucho cómo se forja y promociona una carrera artística. En ambos aspectos Sorolla era un fenómeno”


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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
La familia Sorolla pleitea con Cultura para exportar un cuadro del pintor

Los descendientes quieren vender por cinco millones ‘Fin de jornada’, protegido desde 2018



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'Fin de jornada' (1900), el óleo pintado en Jávea por Joaquín Sorolla que la familia desea vender y que se expone en la National Gallery.

Fin de jornada, una de las obras de la exposición que la National Gallery de Londres está dedicando a Sorolla, es un cuadro en litigio. El Tribunal Superior de Justicia (TSJM) de Madrid decidirá en breve el futuro del lienzo, que convive con la familia Sorolla desde que Joaquín lo pintó hace casi 119 años. En 2018, la Comunidad de Madrid puso en marcha el expediente para declararlo Bien de Interés Cultural (BIC).

En los últimos 70 años, esta obra ha estado colgada en el salón de un piso de menos de 100 metros, en el centro de Madrid. Sus dueños, según fuentes cercanas a la familia, quieren venderlo en el extranjero por cinco millones de euros, dado que en España no encuentran comprador dispuesto a desembolsar esta cantidad. Sin embargo, se han encontrado con la oposición del Ministerio de Cultura, que les ha prohibido la venta fuera del país al considerar que se trata de “una obra de particular importancia para el patrimonio histórico español”.

La familia Sorolla ha recurrido ante la sala de lo contencioso-administrativo del TSJM la resolución de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español, que les deniega la autorización para exportar Fin de jornada. “Es una de las mejores pinturas realizadas por el artista durante su estancia en Jávea en el verano de 1900, periodo de especial relevancia dentro de su producción, ya que marca el inicio de su etapa más brillante”, declara la Junta de Calificación, que aplica el artículo 51 del real decreto que desarrolló en 1986 la Ley del Patrimonio Histórico Español del año anterior y lo declara inexportable. En las alegaciones presentadas por Cultura ante el tribunal se destaca el valor del lienzo dada “la escasez de obras relevantes de ese momento concreto de su producción”, así como su buen estado de conservación.

La obra pertenece a siete hermanos, bisnietos de Sorolla, que atraviesan una situación económica difícil: solo dos de ellos tienen trabajo fijo y uno padece párkinson. “Por desgracia necesitamos el dinero. Nos gustaría quedárnoslo toda la vida, pero no podemos. Nosotros queremos que quede en un museo público, mejor que en casa de mi madre”, aclara un representante de la familia.

Los motivos del recurso de los Sorolla contra la decisión de la Junta de Calificación son, según consta en las alegaciones del ministerio, la “vulneración de la propiedad privada”, la “vulneración de la libre circulación de mercancías en la Unión” y que en 2007 se concedió permiso de exportación, con dos informes favorables, escritos por Javier Barón, conservador del Museo del Prado, y Florencio de Santa Ana, entonces director del Museo Sorolla. Ante el juzgado, los descendientes del pintor valenciano han argumentado que Cultura “ha dejado salir en estos años cuadros más importantes”, y reclaman “la misma generosidad” que su familia tuvo con el Estado al ceder los fondos y el edificio del Museo Sorolla.

En 2007, cuando la familia disponía de permiso y comprador, el nieto del pintor se arrepintió en el último momento. Nació en la casa que hoy es el Museo Sorolla y venderlo habría sido traicionarse a sí mismo. La autorización para exportar el cuadro caducó al año.

Cotización artística

Cuando las cosas se complicaron para la nueva generación de los Sorolla a partir de 2016 y el padre ya no estaba, la familia reclamó un nuevo permiso de exportación. Pero esta vez Cultura se lo negó. Por eso, reclaman revocar la orden de Cultura y que les permitan vendérselo a un gran museo. Tanto el de Orsay, en París, como la National Gallery, en Londres, se han interesado por Fin de jornada, que marca un punto de inflexión artística en la carrera de Sorolla.
Desde el ministerio prefieren no hacer declaraciones porque “es un caso sub iudice”, pero alegan que la inexportabilidad está regulada por la Ley de Patrimonio Histórico. Tampoco han querido aclarar si el Estado tendría interés en la compra del cuadro.

Las pretensiones económicas de la familia no pueden ser atendidas en el mercado español: el precio más alto pagado por una obra de Sorolla fue de 1,5 millones de euros hace 29 años por el cuadro Francisqueta, figura de pescadora valenciana, en la casa de subastas Edmund Peel, durante la década dorada de las ventas de la pintura del siglo XIX. Su cotización permanece estancada o en descenso, ya que la cifra más suculenta de los últimos siete años no alcanzó el medio millón de euros, por Pescador de quisquillas (1908).

En el extranjero el mercado sigue apreciando los sorollas: en 2003 Sotheby’s vendió La hora del baño (1904) por 5,5 millones de euros, la cantidad récord en subasta de Joaquín Sorolla. La familia mantiene que es un pintor muy representado en España y poco conocido en otros países. “No es un cuadro imprescindible para España y es su mejor marca en el extranjero”, añade el portavoz consultado. Que no es tan conocido lo avala el comentario del príncipe Carlos de Gales durante la inauguración de la exposición Sorolla: Spanish Master of Light, en la National Gallery: “Nunca había oído hablar de este pintor”.


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'La hora del baño' (1904), el 'sorolla' más caro de la historia.



1900, año bisagra del drama social a la placidez burguesa

En 1900, el valenciano Joaquín Sorolla logra lo que parecía imposible para un pintor español: gana la Exposición Universal de París, con el inmenso ¡Triste herencia!. Será la última vez que se acerque al drama social. Quiere ser un pintor nuevo. Ahora toca ser cosmopolita y alejarse cada vez más del naturalismo, con afán de destacar y contrastar los colores, de acentuar las manchas de pintura pura sobre los efectos del agua.

Fin de jornada, que podría haber sido el cartel de la National Gallery si la familia hubiera aceptado, marca el tránsito de las oscuridades y miserias de finales de siglo a la luminosidad de los jardines de principios. Una suerte de bisagra en la carrera de Sorolla, que en 1900 rompe con sus temas y se entrega a los nuevos gustos, a la crónica social de la plácida vida de la burguesía. Del dolor de los marginados a los privilegios de los que contemplan. Es el inicio de su deseo final: abrirse “camino fuera de España”, como escribió a su amigo Pedro Gil en 1893.


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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
España no puede pagar la luz de Sorolla

Los precios de los cuadros del pintor valenciano se venden bien en Londres, mientras las casas de subastas españolas sufren la falta de interesados



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Niños en la playa, Valencia (1906) de Joaquín Sorolla. Sotheby's

Aquí se venden sus floreros y en Londres sus niños en las playas. Aunque Joaquín Sorolla apenas es conocido por el público inglés, en Londres el pintor valenciano es muy apreciado por el mercado internacional del arte. Mucho más que en España, donde las casas de subastas sufren la falta de coleccionistas con tanta ambición como dinero y el abandono de la pintura española del siglo XIX. “No interesa y las subastas se resienten porque hay un vacío generacional. Antes, todos empezábamos comprando siglo XIX y de ahí pasábamos a la Escuela de Madrid, para saltar al contemporáneo. Ahora, el coleccionista joven salta directamente a Arco y a la fotografía”, explica la directora de una de las casas de subastas españolas más importantes, que prefiere ocultar su nombre.

Los especialistas consultados por este periódico apuntan en la misma dirección: desde los años noventa a esta parte hay una devaluación constante de los pintores del siglo XIX y de los precios de Sorolla, pero solo en el mercado nacional. Otra de las expertas, responsable de la obra del valenciano en una casa de subastas madrileña, asegura que Sorolla es uno de los pintores más valorados, pero fuera. “Aquí llegan sus cuadros más difíciles, los de primera época. Los propietarios prefieren vender en Londres, en Sotheby’s y Christie’s porque no somos competencia: ellos pueden rebajar sus márgenes de comisión y nosotros no podemos bajar del 11% sobre el precio final”, cuenta.

Uno de los cuadros de niños en la playa alcanzó los 3,2 millones de euros en Londres en 2013. El lienzo pertenecía a la familia Pons-Sorolla y logró que la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Cultura le concediera el pasaporte para ser vendido en el extranjero. Algo que la otra rama de la familia Sorolla no ha logrado con el cuadro Final de jornada, como adelantaba ayer EL PAÍS, por el que piden 5 millones de euros. En España, el precio más alto alcanzado por un Sorolla es 1,5 millones de euros en 1990, y desde entonces ha caído en picado. Por eso los dueños de sus cuadros los venden en Londres y Nueva York, a coleccionistas españoles, norteamericanos y asiáticos.

“Los mejores salen al extranjero, porque el mercado español es muy limitado”, comenta otra de las expertas que prefiere el anonimato por miedo a represalias por reconocer que el mercado al que se dedica está en recesión. Reconoce que hay un pelotón de cuadros de Sorolla a la fuga desde hace años. Los propietarios tienen mejores garantías en multinacionales que cotizan en bolsa. Sotheby’s facturó en 2018, solo con la venta de arte contemporáneo, 1.400 millones de euros. Una gran casa de subastas española facturó el año pasado 12 millones de euros. “No podemos hacer nada contra ellos, porque se comprometen a pagar la diferencia si la obra no alcanza el precio máximo tasado”, cuenta la propietaria de dicha empresa.

Christie’s no vende en España, pero su delegación aquí asegura que las ventas londinenses demuestran un apoyo total a Sorolla y la pintura europea del XIX. “Está al alza y el mercado internacional tiene mucho interés en Sorolla. Los propietarios prefieren vender fuera porque llega a más gente y con la exposición de la National Gallery se va a revalorizar. Es un gran museo que va a consolidar y favorecer su repercusión en las subastas”, explican las responsables de Christie’s en España. Reconocen que la Junta de Calificación deja salir más pinturas de Sorolla que las que retiene. De hecho, al tiempo que sucede la muestra en el museo londinense, Sotheby’s ha montado una venta de 10 obras del pintor español.

“Los grandes coleccionistas españoles también prefieren comprar en el extranjero”, asegura Daniel Díaz, especialista en subastas y director de la publicación Invertir en arte. Apunta que el siglo XIX en España ha caído mucho, aunque se mantienen Sorolla, Fortuny, Anglada-Camarasa y Zuloaga, pero con cuadros menores y a precios mucho más baratos. Las cantidades de Sorolla en las subastas nacionales rondan los 30.000 euros para cuadros de pequeño tamaño. “Salvando a los cuatro grandes nombres, el resto de la pintura ha caído mucho porque ha habido un cambio de gusto muy brusco: los nuevos coleccionistas han abandonado este mercado”, dice Díaz.


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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Un tribunal prohíbe exportar un ‘sorolla’ a la familia del pintor

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid impide vender en el extranjero 'Fin de jornada' (1900), como querían los herederos del artista, al considerarlo "una obra de particular importancia para el patrimonio español"



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'Fin de jornada' (1900), el óleo pintado en Jávea por Joaquín Sorolla que la familia desea vender y que se expone en la National Gallery.

Fin de jornada no puede salir de España. El recurso planteado por Eduardo Lorente-Sorolla, bisnieto del pintor Joaquín Sorolla, ha sido rechazado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM). No podrá vender el lienzo en el extranjero. La sentencia admite recurso, pero es favorable a las razones que alega el Ministerio de Cultura para declararlo inexportable, por tratarse de “una obra de particular importancia para el patrimonio histórico español”.

El informe redactado por la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español señala que Fin de jornada es una de las mejores pinturas realizadas por el artista durante su estancia en Jávea, en el verano de 1900. Apenas hay obras relevantes de ese momento en las colecciones públicas españolas, apunta el organismo del Ministerio de Cultura, que da a entender el interés que la pieza tiene para ingresar en alguno de los museos nacionales. Sin embargo, la familia duda de que el Estado cubra su precio deseado: cinco millones de euros.

El cuadro convive con la familia Sorolla desde que Joaquín lo pintó hace casi 119 años, tal como adelantó EL PAÍS. En España no encuentran comprador dispuesto a desembolsar la cantidad deseada; el precio más alto alcanzado en el país por un Sorolla es de 1,5 millones de euros, en 1990. La pintura forma parte de la exposición que la National Gallery de Londres está dedicando al pintor valenciano y en ella estaba interesada la institución que dirige Gabriele Finaldi.

Quebranto económico

Sobre el precio, el TSJM señala que, aunque en la solicitud de permiso la familia apunta un valor de seis millones de euros, las periciales practicadas lo reducen a un máximo de cuatro millones de euros. La familia alega que la prohibición de exportación provocará un quebranto económico de su patrimonio, porque el valor de la obra se verá reducido en un 10% si no se vende en el mercado internacional, aseguran. Sorolla se vende mejor fuera: uno de sus lienzos de niños en la playa alcanzó los 3,2 millones de euros, en Londres, en 2013. En ese caso, la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español concedió el pasaporte a sus propietarios, la familia Pons-Sorolla (parientes de los Lorente-Sorolla).

La obra en litigio recibió el permiso de exportación en 2007, pero los familiares finalmente renunciaron a su venta. En 2016 volvieron a reclamarlo —dadas las necesidades económicas por las que atravesaban sus dueños— y, sin embargo, la misma obra no obtuvo luz verde para su venta en el extranjero. La familia alegó que entre 2012 y 2017 la junta autorizó 91 exportaciones definitivas o temporales con posibilidad de venta de obras de Sorolla. Y que de la década de 1900 a 1911 hay 468 pinturas en las colecciones públicas españolas del pintor. Pero los magistrados contestan que de ese periodo de tiempo se ha denegado la salida a dos pinturas “porque son las que se ha considerado que revisten una particular importancia para el patrimonio histórico español”. Esto confirmaría el “uso cauteloso de la facultad restrictiva”.

El juicio ha destapado una situación anómala, en la que los abogados del Estado han defendido la importancia de la pintura (aportando informes oficiales) y los abogados de la familia (con informes privados) todo lo contrario, la falta de excepcionalidad de la obra para dejarla marchar. Y a pesar de ello, reclaman un valor de seis millones de euros en el mercado.

Rafael Mateu, abogado de la familia Sorolla en el caso, avanza que estudian recurrir la sentencia, porque "no trata en profundidad la aplicación del derecho de la UE sobre circulación de bienes”. Para el abogado “lo más grave es que se da por sentado que un informe de la Administración sobre el valor artístico de un cuadro goza per se de una presunción de objetividad mayor que la de un informe de experto independiente, de carácter privado".


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'La hora del baño' (1904), el 'sorolla' más caro de la historia.



La generosidad de los Sorolla

El tribunal no duda de la generosidad que la viuda y el hijo del pintor tuvieron con el Estado al legar parte de la herencia, pero le recuerda a la familia demandante que esta virtud es recíproca, “por los recursos que ha dedicado la Administración a que se conozca y aprecie la obra de Sorolla”. La sentencia incide en esa generosidad: “No debe interpretarse como una especie de carta blanca para que los descendientes del pintor puedan libremente sacar del país el patrimonio histórico que es de su propiedad”.

Para los magistrados, la Abogacía del Estado ha defendido los hechos, contra los declarados por la familia, “de forma razonada, documentada e incluso brillante”. A saber: que existen hasta cinco informes que apoyan la denegación del permiso solicitado; que no hay ningún óleo de Sorolla pintado en Jávea en 1900 de temática similar; que una perito señala que es la primera gran obra del pintor, en la que se retrata el tema marinero de forma moderna, con los trabajadores de espaldas, el llamativo uso del escorzo, las diagonales, la pincelada, el color… El tribunal desestima los dos informes privados que la familia ha presentado, porque “por más énfasis que haga en ellos” el demandante, no son imparciales.

Además, los abogados del Estado estiman la venta de Fin de jornada en 3,5 millones de euros. En cuanto a la posible adquisición de la obra por el Estado, los jueces del TSJM aclaran que la normativa no obliga a tal caso. Pero señalan que en las declaraciones prestadas en autos se refleja la existencia de contactos entre ambas partes para proceder a la compra.

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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
La National Gallery comprará su primer ‘sorolla’

Gabriele Finaldi asegura que en dos meses una obra del pintor valenciano se incorporará a las colecciones del museo que dirige y cerrará con éxito su desembarco en Londres



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Una visitante ante 'Desnudo de mujer', en la inauguración en marzo de la exposición dedicada a Sorolla en la National Gallery. EFE/ Facundo Arrizabalaga

Cuando la National Gallery clausuró este domingo la exposición Sorolla: Spanish Master of Light, cerca de 155.000 visitantes habían pasado por las salas del museo londinense a conocer de qué pintor se trataba. “Una exposición dedicada a un artista que el público no conoce, y hablo del público británico, evidentemente, comporta un elemento de riesgo”, explica a este periódico Gabriele Finaldi, director de la institución que ha trazado una retrospectiva del pintor valenciano, con énfasis en el influjo de Velázquez, comisariada por Chris Riopelle, asesorado por Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista.

“Prácticamente no hay obras de Sorolla en las colecciones inglesas y desde luego no ayuda que la pronunciación de su nombre no es sencilla para quien no conoce la ll castellana”, añade Finaldi. El gestor ha pasado estos días por Madrid, para hablar sobre el futuro de las pinacotecas en el Museo del Prado, donde fue adjunto a la dirección de Miguel Zugaza, entre 2002 y 2015. Antes de su conferencia aseguró a EL PAÍS que va a “adquirir” una obra del pintor valenciano para el museo inglés y que “en dos meses la operación estará resuelta”. En ningún momento ha querido desvelar de qué obra se trata, pero la compra subsanaría la ausencia del pintor valenciano en el prestigioso museo británico.

  La compra subsanaría la ausencia del pintor valenciano en el prestigioso museo británico

Finaldi quiere que haya presencia fija de Sorolla en su museo, porque “el público ha recibido Sorolla con gran entusiasmo”. No era la primera exposición en Londres dedicara al artista, en 1908 se expuso en las Grafton Galleries, en Mayfair. “Fue un fracaso rotundo. De 450 obras que expuso, vendieron 13 y unos 35 bocetos. De encargos para retratos, de los que esperaba muchos, solo recibió dos. Sus relaciones con los promotores de la muestra eran pésimas, echaba en falta a su familia y la ciudad le parecía triste, oscura e inhóspita”, recuerda el director de la National Gallery. Parece que 111 años después, Londres sí le quiere.

Las razones de su triunfo en la National Gallery son varias, según su director, pero cree que “la pintura amable y de un gran virtuosismo, tiene un notable poder de seducción sobre un público que por lo general es muy abierto a nuevas experiencias artísticas”. Además, cree que en un momento “de profunda crisis política, como la que estamos viviendo en Reino Unido, la pintura soleada y optimista de Sorolla ha sido una tónica muy bienvenida y muy apreciada. Ya no es un desconocido aquí. No, Sorolla se ha dado a conocer con fuerza”, asegura Finaldi. Por otro lado, señala que “no se podría hacer una exposición mejor que esta”, gracias a la “cuidada selección de Chris Riopelle y Blanca Pons Sorolla”.


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Postal enviada por Sorolla a su mujer, Clotilde, desde Londres.

El director del museo londinense podría emparentar a Sorolla con Velázquez, a partir de uno de los iconos de la National Gallery: la Venus del espejo (1647). El valenciano dio respuesta a este lienzo en 1902, con Desnudo de mujer. Es un cuadro decisivo, que marca el tránsito en su carrera cuando aparca la denuncia de las clases trabajadoras y se entrega al placer de la intimidad burguesa. Es un homenaje a la venus y al pintor barroco, tras su viaje a Londres, con su inseparable Pedro Gil Moreno, para conocer “el mejor culo” de la historia de la pintura, tal y como le escribió por carta Aureliano de Beruete.

  El museo británico podría adquirir 'Desnudo de mujer', de Sorolla, y vincularla con la 'Venus del espejo', de Velázquez

Sorolla salió para allá. Tenía que ver la pintura robada a Godoy por las tropas inglesas, en la Guerra de la Independencia. Y desde Londres manda a Clotilde una postal ilustrada con el cuadro y escribe al dorso: “El trozo de carne más humano del museo, es lo que te envía tu Joaquín”. Unos meses después de su encuentro con Velázquez, decide hacer su “trozo de carne”: el desnudo más conocido de los pocos que hizo. Y el más pudoroso. Una mujer sin ropa, de espaldas, tumbada sobre sábanas de seda rosa, esconde su rostro. Es el ejemplo más descarado del fervor por Velázquez, al que había empezado a copiar y estudiar desde su primer viaje a Madrid, en 1881. En otra de sus cartas escribe: “Velázquez fue el primero, el supremo impresionista”. La National Gallery ha incidido en esta comparación en sus redes sociales, mientras la exposición estuvo abierta.

Durante su trabajo como director adjunto de conservación e investigación en el Prado, Finaldi mostró su atracción por la pintura más descaradamente velazqueña de Sorolla. Quiso comprar la obra para las colecciones del Prado, en 2009. Aquel año el museo español dedicó al pintor de la luz la primera gran antológica, comisariada por José Luis Díez y Javier Barón, que en 16 semanas sumó 460.000 visitantes. Con los beneficios alcanzados con la antológica, la dirección trató de adquirir Desnudo de mujer, que estaba incluida en la muestra y a la venta. Sin embargo, la cantidad no era suficiente para las necesidades de la propietaria, que demandaba cerca de cinco millones de euros, tal y como ha podido saber este periódico de fuentes del museo.

El cuadro ha colgado en el Museo de Sorolla durante muchos años como propiedad de Francisco Pons-Sorolla y Arnau, padre de Blanca Pons-Sorolla, dueña actual del llamativo lienzo. La dueña lo ha prestado a numerosas exposiciones e incluido en otras que ella misma comisaría, como Sorolla en París, en 2017. En el catálogo de esta muestra la destacó como una obra que “contiene una delicadeza y sentimiento muy especial”. Además, incide en su intención de relacionar a la modelo con “la mujer de su vida”, Clotilde. Aunque esto está cuestionado. “La estrecha relación que les une y la delicadeza, no exenta de sensualidad, de la obra la convierten en íntima, privada y única”, añade en el escrito. Este periódico no ha podido confirmar con Blanca Pons-Sorolla las negociaciones de la venta, que en cualquier caso depende del visto bueno de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Ministerio de Cultura.

Para Sorolla cruzar las fronteras con su obra era muy importante. De hecho, Sorolla es un migrante en busca del amparo de las fortunas extranjeras, a las que sedujo, sobre todo, en EEUU, con visiones realistas y amables, coloridas y vibrantes. No dejó un rincón ni un tópico típicamente español sin rastrear, ni convertirlo en producto estrella. En esta ocasión ha sido capaz de atraer a la realeza. Y este punto, según Finaldi, ha sido decisivo para el éxito. La inauguración estuvo presidida por la reina Letizia y el príncipe Carlos, que atrajo a los medios británicos, españoles e internacionales.

Mal precedente

La institución británica estaba interesada también en Fin de jornada (1900), pero el Tribunal Superior de Justicia de Madrid impidió vender en el extranjero la pintura de los pescadores que arrastran su embarcación en las playas de Jávea. El tribunal considera que es “una obra de particular importancia para el patrimonio histórico español”. Antes, un informe redactado por la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Ministerio de Cultura negó el pasaporte a la obra en 2018. El cuadro pertenece a la familia Lorente-Sorolla (bisnietos del pintor), que ha puesto un precio de seis millones de euros.


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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Los impresionistas españoles desembarcan en Moscú

Por primera vez podrá verse en Rusia una gran muestra con artistas como Sorolla, Casas, Regoyos o Zuloaga



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'Pillos de Playa', de Joaquín Sorolla, es una de las obras de la exposición 'El Impresionismo y el arte español' en Moscú. Museo de Bellas Artes de Asturias

La corriente artística más popular de la historia del arte, el impresionismo, no lo fue tanto en Rusia ni en la Unión Soviética. Marginados por las autoridades, sus artistas nunca fueron muy conocidos o reconocidos. Hoy, irónicamente, el Museo del Impresionismo ruso se localiza en una antigua fábrica de golosinas bolchevique reformada. Una muestra sobre el arte y el impresionismo español acaba de desembarcar en ese centro. Por primera vez, se exhibe en Rusia una muestra de este tipo, con obras de Joaquín Sorolla, Ramón Casas o Ignacio Zuloaga.

Comisariada por el reputado historiador del arte Francesc Fontbona, la exposición —59 pinturas, esculturas y obras gráficas procedentes de 14 museos españoles y 14 colecciones privadas y dos piezas del Museo Pushkin de Moscú— se podrá observar en este centro moscovita, desde hoy jueves hasta 26 de enero.

Es la segunda vez que el museo expone una muestra dedicada a un país. Hace dos años, dedicó una exposición al impresionismo en Armenia, explica la coordinadora del proyecto, Maria Moroz, que apunta que el centro ruso busca dar a conocer este estilo.


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Las redes, de Darío de Regoyos (1893). Archivo Juan San Nicolás.

La exhibición está enfocada en tres líneas, explica Fontbona: artistas que tuvieron relación con los impresionistas, impresionistas y creadores cuyas obras superan este movimiento, pero que no se explican sin él.

Un guardia municipal de tamaño natural en óleo sobre lienzo (1890) de Pedro Vidal de Solares, pertenece a esa primera línea. “Este barcelonés, no era impresionista, pero participó en algunas de las primeras exposiciones impresionistas de Paris y tenía mucha relación con sus autores. Es él quien aparece bailando en la obra ‘Moulin de la Galette’ de Renoir”, apunta Fontbona. Y Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga o el escultor Ricard Guinó. El comisario de la exposición explica que quiso iniciar ha muestra con dos pequeñas obras de Marià Fortuny, que murió en 1874, cuando los impresionistas desarrollaron su primera exposición conjunta en París. “Aunque no sabía que iba a existir un movimiento ya pintaba de manera similar”, señala el comisario, que ha llegado a Moscú para la inauguración de la muestra.

Se pueden ver también algunas piezas de Santiago Rusiñol y Ramón Casas, que se acercan al impresionismo de Degas. De Marià Pidelaserna o Pere Ysern, que se inspiran en el impresionismo más clásico de Monet, Sisley, Pissarro. Y obras de épocas más tardías, de Hermen Anglada-Camarasa (como Le paon blanc, 1904) o de Darío de Regollos, que ya ha superado el impresionismo con pinceladas muy pequeñas.

La exposición se ha diseñado específicamente para el espacio del museo moscovita, que tiene en su catálogo obras de pintores rusos de finales del siglo XIX y de principios del XX como Konstantín Korovin, Piotr Kontchalovski o Valentín Serov (uno de los más conocidos actualmente; autor de ‘Niña con melocotones’). Inaugurado en 2016, e impulsado por el oligarca y mecenas Borís Mintz, que invirtió unos 20 millones de euros y cedió parte de su colección personal, el Museo del Impresionismo ruso ocupa lo que antiguamente era la fábrica de chocolate Bolchevik. El histórico edificio fue reconstruido respetando las formas cilíndricas originales de lo que en su momento albergó un almacén de azúcar.


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'Le paon blanc', de Anglada-Camarasa (1904). Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Fueron muy escasos los artistas rusos que se identificaron como impresionistas. Incluso algunos que adoptaron las técnicas impresionistas rehuían asociarse con el movimiento —“París fue una sorpresa para mí… Los impresionistas… en ellos encontré todo por lo que a mí me regañaban en casa, en Moscú”, llegó a escribir Korovin tras una visita a Francia—. Tanto que el concepto ‘impresionismo ruso’ es algo controvertido. Aunque el impresionismo atrajo a muchos artistas rusos a principios del siglo XX, los bolcheviques, que introdujeron y promovieron el llamado realismo socialista en el arte, marginaron el impresionismo de las escuelas de pintura.

Fue solo en la década de 1960, con el deshielo de Nikita Jruschov cuando nació lo que podría considerarse una nueva ola de impresionismo ruso, cuando los artistas redescubrieron a viejos maestros. Ahora, ha explicado en alguna ocasión la directora de este museo moscovita, Yulia Petrova, el impresionismo es una de las formas de arte que más disfruta el público ruso.


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Mensaje Re: SOROLLA (Joaquín Sorolla) 
 
Sale a la luz un ‘sorolla’ inédito que representa a una niña entre la vida y la muerte

La Universitat de Lleida autentifica un óleo que el artista valenciano pintó en 1883 y se desconocía al estar en manos privadas



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Cabeza de niña sobre lecho, de Joaquin Sorolla. EL PAÍS

Un sorolla inédito, “penetrante y original”, desconocido por estar en manos de una familia y provisto ya del virtuosismo del pintor valenciano a pesar de ser de una obra de juventud ha salido a la luz tras su autentificación por parte de la Universitat de Lleida. El óleo, fechado en 1883, representa a una niña que se debate entre la vida y la muerte en un lecho esponjoso. “Un tema clave en la historia del arte que solo los grandes artistas han sabido representar —y resolver— de una manera convincente, veraz y real, alejados de convencionalismos retóricos y de posturas tan a menudo muy blandas y afectadas”.

Los adjetivos y el entrecomillado son de Ximo Company, catedrático de Historia del Arte de la Universitat de Lleida, y responsable del Centre d’Art d’Época Moderna (CAEM) de la institución, adonde los propietarios de la obra se dirigieron para verificar su atribución. Company no oculta su entusiasmo en conversación telefónica por el descubrimiento. Es una obra en la que, “con ternura y realismo sublimes, el jovencísimo Sorolla, con tan solo 20 años, se enfrenta a la difícil representanción de una inocente y candorosa niña” en el tránsito hacia la muerte, señala el catedrático en un artículo que sintetiza el informe sobre el proceso de autentificación.

"Experiencias plásticas de este tipo, no son nuevas en la historia del arte; ya fueron practicadas, por ejemplo, en el siglo XVII por el holandés Johannes Thopas en su Retrato de Catharina Margaretha van Valkenburg (óleo sobre lienzo, 59 x 71 cm, 1682, Mauritshuis, La Haya), por el estadounidense Charles Willson Peale en el desconsolador Retrato de su esposa Rachel Weeping ante la muerte de su hijo (óleo sobre lienzo, 93’5 x 81’4 cm, 1776, Philadelphia Museum of Art, Estados Unidos); o, ya en el siglo XIX, por el español Leopoldo Sánchez Díaz en su buen Retrato yacente del Príncipe de Asturias (óleo sobre lienzo, 33 x 44 cm, segunda mitad del siglo XIX, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid) que Sánchez Díaz copió a partir de una espléndida obra perdida que Federico Madrazo realizó en 1849. Es verdad que en todas estas obras se exhibe calidad plástica y oficio pictórico, pero ninguna alcanza el realismo y la suprema ternura expresiva que vemos en la obra de Sorolla", sostien el experto en su trabajo.

Tras varios meses de análisis del óleo en el CAEM, desde la firma hasta los detalles más nimios de la pintura, Company y la investigadora Anna Pedret llegaron a la conclusión inequívoca de que se trata de una obra no catalogada de Joaquín Sorolla (Valencia, 1863— Cercedilla, Madrid, 1923). Las pinceladas cortas y planas de un blanco matizado del encaje del gorro de la niña son extremadamente parecidas al encaje del niño de la obra Jaime García Banús (1892). A su vez, esta técnica es idéntica a la ejecutada en otras obras como Niña italiana con flores o Elenita en su pupitre.

"La ágil manera de realizar los mechones de cabellos lisos y lacios del flequillo de la pequeña es muy parecida a los trazos frescos que conforman los mechones alborotados que caen sobre las mejillas y la frente de la ya citada Niña italiana con flores de 1886, o los usados para llevar a cabo el flequillo de María en la obra de María Sorolla o La nena,también de 1893", indica el catedrático.

“Finalmente, y conscientes todos los investigadores del CAEM de lo que representa atribuir en 2019 una nueva obra a Joaquín Sorolla, el indiscutible gran maestro del luminismo español, hemos consultado y contrastado nuestra propuesta con la mayor experta del mundo en la pintura de Sorolla; Blanca Pons-Sorolla, biznieta del pintor, quien, tras varios intercambios, y después de haber visto la pieza en directo de manera detenida y muy profunda, no dudó en ratificar nuestra atribución”, explica Company. El que fuera también director del Museo de Bellas Artes de Valencia recuerda que hay más de 2.200 pinturas de Sorolla reconocidas y catalogadas y Pons-Sorolla ha señalado que existen más de 2.000 falsificaciones. En el CAEM de Lleida, en los últimos 10 años, se han estudiado docenas de obras falsas.


elpais.com
 




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