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MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles
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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
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200 años de historia. Así hemos cambiado



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Dos siglos de historia dan para mucho y el Museo del Pardo lo sabe bien.

Por eso, durante este año ha organizado multitud de actos para conmemorar su historia.




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Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, nos devela algunos de los secretos que nos vamos a encontrar este año en el Museo.



elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
1819-2019

Dentro de la memoria colectiva

La pinacoteca conmemora su 200º aniversario con una exposición en la que el diálogo con la historia, la sociedad, las tendencias artísticas y la política patrimonial sirven para entender y contextualizar su propia evolución


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Aspecto de la sala de Velázquez en 1949, fotografiada por Dimitri Kessel. / Museo del Prado

La exposición con la que el Prado ha decidido darse un homenaje con motivo de su bicentenario propone un recorrido por las historias paralelas del museo y de España, que, tras la visita queda claro, vienen a ser la misma cosa. También celebra el enorme poder de influencia de su colección en la modernidad de pintores propios (Picasso, Fortuny o Antonio Saura) y ajenos (Manet, Sargent o Pollock). Y todos ellos han sido invitados a la fiesta para soplar las velas.

La propuesta es tanto una didáctica lección de historia del arte como una reivindicación de esa disciplina científica. Ejerce de profesor el conservador Javier Portús, Jefe de Departamento de Pintura Española (hasta 1700), que ha troceado dos siglos en siete periodos, los mismos que salen de partir las habitaciones de la historia con los tabiques de otros tantos momentos estelares. Hablamos, en el siglo XIX, de la fundación del museo abierto al público; la desamortización de 1835 (que provocó una riada de bienes artísticos propiedad de la Iglesia que acabaron en el antiguo convento de la Trinidad); el real decreto que hizo propietario de esos tesoros al Prado en 1872, hecho que de facto lo convirtió en pinacoteca nacional al obligarle a dispersar la mayor parte de los fondos por todo el país; o el año 1898, cuyo eco suena a desastre pero que en los estudios artísticos españoles se recuerda con el cariño de la llegada a la mayoría de edad. Ya en el siglo XX se alude a la proclamación de la II República, el inicio del Franquismo y la consolidación de la democracia.

Subtitulada Un lugar de memoria, la muestra abrirá el lunes, día del 199º cumpleaños. Entonces, la presencia de los Reyes marcará el arranque de una larga celebración que se prolongará hasta el 19 de noviembre de 2019, fecha exacta del aniversario.

Su traducción museográfica (a cargo de Juan Alberto García de Cubas) es un recorrido que conduce al visitante por un laberinto de ángulos rectos en el que va rebotando de una obra maestra en otra como la bola de un juego de pinball. Tras el inevitable recibimiento de María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado (1829), de Bernardo López Piquer, aguarda el Cristo de Velázquez, la primera donación recibida. Esta conduce a la Inmaculada de los Venerables, de Murillo, que compró el Louvre en 1835 por un fortunón y regresó en 1941 a Madrid gracias a un acuerdo de Estado. Y así sucesivamente... Ver más en el especial que dedica EL PAÍS al Museo del Prado en su Bicentenario
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Así era Madrid cuando El Prado abrió sus puertas

"A todo el mundo se recibe, vaya en botas o alpargatas", escribió con disgusto el francés Prosper Mérimée



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Vista de la fachada sur del Museo del Prado, desde el interior del Jardín Botánico, por José María Avrial y Flores, hacia 1835. ©Museo Nacional del Prado

Soplaban vientos ilustrados desde el norte, y el rey Carlos III ("el mejor alcalde de Madrid") eligió el Salón del Prado, en lo que entonces eran las afueras, para impulsar una operación urbanística que equiparase aquel poblachón manchego, que no superaba aún los 150.000 habitantes a finales del siglo XVIII, al resto de capitales europeas. Se trataba de dotarla, entre otras cosas, de un espacio señorial a la altura, después de que el ministro Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, aplicase una batería de medidas para combatir cosas más urgentes, como la insalubridad urbana (aún se tiraban los deshechos con un cubo desde las ventanas al grito de "¡agua va!").

Fue la época en que la ciudad vio emerger su emblemática zona monumental, proyectada por el arquitecto Juan de Villanueva, desde la fuente de Cibeles (levantada entonces; también la de Neptuno) hasta Atocha, con lugares dedicados a la ciencia, como el Botánico y el Observatorio Astronómico. Había otro edificio, destinado en un principio a albergar el Gabinete de Historia Natural, cuya construcción interrumpió la Guerra de Independencia, y que había servido como cuartel de artillería a los ejércitos napoleónicos. Allí fue donde acabó emplazado el Museo del Prado, que abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819, un lustro después de acabada la contienda y con Fernando VII de nuevo en el trono.

Resulta cuanto menos dudoso que un monarca de esas trazas fuera el impulsor de idea tan vanguardista para la época como exponer al público la colección de pinturas de la Corona. Pero algo comenzaba a suceder en los primeros compases del siglo XIX que ni Fernando VII podía obviar: a partir de la apertura del Louvre, lo que hoy llamamos patrimonio artístico comenzó a resultar un emblema de prestigio (léase poder) para las naciones europeas (léase tronos). Todo envuelto en esa pátina de despotismo ilustrado resumida en el axioma "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".


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Interior de la rotonda del Museo del Prado, pintado por Pedro Kuntz y Valentini en 1833. ©Museo Nacional del Prado

El pueblo de Madrid, mientras tanto, trataba de emerger de la devastación, del desgaste anímico y material de una guerra contra el invasor francés (1808-1814) en la que hasta los niños se habían defendido a navajazos por las calles, y algunas mujeres a macetazo limpio desde los balcones (de entonces proviene la leyenda de la bordadora Manuela Malasaña, muerta en la jornada del 2 de mayo). El propio Salón del Prado había sido escenario de combates entre el pueblo y el ejército napoleónico.

Varios factores vinieron a converger en el nacimiento del museo. De una parte, esos aires ilustrados procedentes de Francia; de otra, la afición artística no de Fernando VII, sino de su tercera mujer, María Isabel de Braganza; de otra, que había mucho cuadro cogiendo polvo en las reales dependencias: hubo quien dijo —cuenta Isabel Tejeda, comisaria artística, investigadora y profesora universitaria de Bellas Artes— que "quería quitarse de en medio" unas cuantas obras, el monarca, por razones variables relacionadas con el espacio y con su (equívoco) gusto.
 

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Museo del Prado, vista de la fachada oeste o de Velázquez, hacia 1857, de Charles Clifford. Museo del Prado

Según la Gaceta de Madrid del 18 de noviembre, la entrada al museo será para todos los públicos, y gratuita, "todos los miércoles de cada semana desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde". Lo cual se extenderá a los sábados (no festivos entonces) en la reapertura de 1828; la mayoría de visitantes aún son extranjeros. Interesante lo que escribía, ya en 1831, el célebre francés Prosper Mérimée, en L’artiste: "Yo desearía que no se enseñasen estas obras sino a los que puedan y sepan apreciarlas". Lo decía más bien por evitar a quienes entraban no para ver los cuadros, sino para "holgarse", pasar el rato, quizás incordiar... "A todo el mundo se recibe, vaya en botas o alpargatas". Pero: "como en los días que no son festivos las gentes del pueblo atienden a su trabajo", el "pequeño número de personas" que acude sí lo hace "para ver" las obras.

Decía el prólogo del catálogo del Prado de 1828: "Nuestro benigno soberano quiere que a cualquiera individuo del Reino, como al más humilde de la Capital, sea igualmente permitido excitar su capacidad si fuese apto para recibir las impresiones de la belleza". Muy generoso, tratándose de un soberano que, tras volver al trono al acabar la guerra contra Francia, dedicó toda su capacidad a excitar las impresiones de la Inquisición.
 

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Vista de la fachada del Real Museo desde el Jardín Botánico (1829 - 1832). Aguatinta litográfica de Carlos de Vargas. Museo del Prado

Esa entrada libre al público en domingos y festivos se establece en 1838. Entre otras cosas, para que los copistas trabajen tranquilos. Porque, a raíz de esa súbita pasión promocional de la pintura española, dos son los colectivos que pueden acudir al museo el resto de días (amén de los reyes e invitados), desde el comienzo: los extranjeros, sobre todo diplomáticos, que habrán de llevar a su país la publicidad correspondiente de lo visto, y los estudiantes: "Copistas que dibujan y que se mueren de frío en un edificio gélido donde apenas hay dos braseros los días de visita pública" –escribió el historiador Alfonso E. Pérez Sánchez–. Los suelos, de tierraa, "se riegan en verano para combatir el calor y el polvo, y se esteran en invierno". También "se compra un catalejo para poder estudiar los cuadros", colgados de forma abigarrada, "unos sobre otros hasta esa altura próxima a la cornisa".

El objetivo esencial era enseñar músculo; que el mundo supiera del capital cultural de un país (léase Corona) que había tenido como pintor de cámara a Diego de Velázquez; y a Francisco de Goya hasta casi esos mismos días. "Había muy poca obra de Velázquez", explica Isabel Tejeda, más allá del alcance de la aristocracia y de la Iglesia, siendo "muy poco conocido en el extranjero". "En el momento en que se expone al público hay un cambio de paradigma absoluto. Cuando lo ven Manet, Delacroix...", el impacto será imponderable: "Influye, sobre todo, en el nacimiento del impresionismo".

"Es importante entender", explica la profesora, que el museo no está enfocado para otro tipo de público; no hasta ya avanzado el siglo. En el Prado, en 1819, los cuadros no tenían cartelas explicativas; solo un número que remitía al nombre de la pieza y al autor en el impreso con que podían recorrerse las galerías, dotadas con algo más de 300 obras en el comienzo, todas españolas.

Empieza a manejarse también por entonces el término connoisseur: el entendido. Los aristócratas, y sobre todo la burguesía, encuentran en la cultura una nueva forma de distinción del común, de conocimiento reservado a los iniciados. Pero, aun siendo esto así –cuenta desde Francia Pierre Géal, profesor de la universidad Grenoble Alpes–, el Prado tampoco fue "un espacio frecuentado únicamente por la élite culta" de la Corte. En los libros de visita de la época "vemos que hay forasteros que son artesanos, ebanistas por ejemplo", aunque "es cierto que el museo no hace ninguna pedagogía para facilitar el acceso del pueblo al arte".

Pero la mayoría del pueblo de Madrid estaba más bien en otras cosas: hubo, tras la guerra contra Napoleón, quienes se llevaron del edificio del futuro museo, a medio levantar, vigas de madera y otras piezas. No para decorar, sino para reconstruir sus casas.


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Vista de la galería principal del museo, hacia 1872, por Juan Laurent y Minier. ©Museo Nacional del Prado



La sala reservada a la 'indecencia'

Los copistas que frecuentaban el Prado en sus inicios, en su mayoría estudiantes de la Academia de San Fernando, no podían copiarlo todo. En 1827 –ha relatado Javier Portús, jefe de Conservación de pintura española (hasta 1700) del museo–, se recuperaron algunos cuadros en poder de esa misma Academia. Pero, según “soberana voluntad de Su Majestad” Fernando VII, “de ningún modo” debían colocarse “a la vista del pueblo” aquellos que “por razón de la poca decencia de sus objetos merezcan ponerse en sitio reservado”. Las salas de desnudos eran una vieja costumbre aristocrática: a estas alturas, un anacronismo propio “del Antiguo Régimen”.

Así nació la sala reservada del Prado, emplazada en la galería suroriental de la planta inferior (actualmente salas 64-67), adonde solo podía accederse con un permiso especial, con obras como Adán y Eva (Tiziano), Lot embriagado por sus hijas (Furini), Las tres Gracias, (Rubens)... Autores españoles no había: “Rara vez representaron desnudos”. Duró hasta la entrada de José de Madrazo como director, en 1838. Según Portús, Mérimée “quedó encantado” con aquellas obras, pero “decepcionado por la, a su juicio, escasa indecencia” que encontró allí.


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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Las Hilanderas, de la cárcel al Museo del Prado

La pinacoteca lanza una iniciativa para acercarse a las reclusas, un colectivo en riesgo de exclusión social



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El grupo de reclusas de Alcalá Meco observa 'Las hilanderas' durante su visita al Museo del Prado. / Inma Flores

“En lugar de El jardín de las delicias se podría llamar el Jardín de los sueños”, piensa Liliana al ver el tríptico por primera vez. “Es un cuadro en el que se muestra todo lo que hay en la vida”, asegura Susi que no recuerda haberlo visto antes, solo había estado en el Museo del Prado cuando la llevó el colegio de pequeña. La semana pasada, estas dos mujeres, cuyos comentarios están cargados de sentido, visitaron las salas de la pinacoteca junto con otras nueve compañeras del Centro Penitenciario Madrid I, más conocido como la cárcel de mujeres de Alcalá Meco. Once miradas, sin condicionamientos previos, descubriendo obras y artistas.

Todas ellas forman parte del proyecto Las hilanderas, una propuesta que, en estos tiempos en los que la construcción de muros está a la orden del día, pretende derribar los de dos instituciones en las que las paredes están muy presentes: museo y prisiones. Crear hilos de comunicación entre ambas y, sobre todo, abrirlas, darlas a conocer al exterior y quitar ideas preconcebidas sobre centros penitenciarios y artísticos. Hacer los museos más sociales, menos elitistas.

“Para venir al museo no hace falta saber”, les dijo Ana Moreno, coordinadora general de educación del Prado, que defiende la importancia de dar voz al público. “Estas instituciones, en general, siempre han sido una voz hacia fuera —ahora va cambiando—. Explican las piezas y el visitante se lo cree o no. Pero hay que dejar espacio para que el público construya la obra, la interprete en base a su propio conocimiento”. Y de los espacios (públicos, privados, los destinados tradicionalmente para las mujeres, o de los vetados para ellas…) se va a hablar, entre otros asuntos, en esta iniciativa que durará todo el curso escolar con sesiones tanto en la cárcel como en la pinacoteca. Las hilanderas nace cobijada en el marco del bicentenario del Prado; pero trabajan por la continuidad, para que se pueda repetir en otras temporadas. En ella participan, además del museo, el Centro de Formación de Personas Adultas Clara Campoamor, vinculado a la prisión, y la Fundación Profesor Uría, cuyo fin es promover el voluntariado social.

El lienzo de Velázquez que presta el nombre al proyecto es la obra ideal para dar pie a los temas sobre los que van a trabajar como la perspectiva de género, todos los personajes del cuadro son mujeres y al hilo de esto hablarán sobre los espacios de libertad y de creación para ellas. "Es un puntazo que una mujer empezara a pintar en esa época", exclama Susi ante el retrato de Isabel de Valois (1561 –1565) de Sofonisba Arguinssola. Se podría expresar de otra forma, pero el fondo sería el mismo. "Eso significa que si quieres hacer algo puede conseguirlo", remata.

El objetivo de Las hilanderas no es ni mucho menos teórico solamente, tiene una gran carga práctica que será guiada por la artista María Gimeno, trabajarán el textil, arte que, como las creadoras, está bastante olvidado. Ella usa un símil musical para explicar su propuesta: "Hay muchas maneras de trabajar con textil. Que cada una escriba su canción, que use la técnica con la que se sienta más a gusto". Gimeno apunta, además, que habrá aportaciones de otras artistas como Yolanda Andrés, que se dedica al bordado.

Al fondo de la obra, Velázquez representó el mito de Palas Atenea y Aracne, cuando las reclusas lo oyen se quedan con ganas de más, de buscar en la biblioteca del centro penitenciario las Metamorfosis, de Ovidio, y leer otros relatos. El tapiz en el que el pintor sevillano representó la obra de Tiziano El rapto de Europa, lleva al grupo a girarse a la derecha y descubrir la obra de Rubens sobre este tema. Cuando se pregunta a las reclusas qué ven, una de ellas espeta: “¡Una mujer cogiendo al toro por los cuernos!”. De un plumazo reinterpreta toda la tradición. Dándole la vuelta a la historia de Zeus llevándose a la joven de la que se ha encaprichado esta vez.

La mañana en el museo transcurrió entre “el poder de la imaginación, la curiosidad, la investigación, el aprender, la oportunidad de sentirte una más, el comprobar que hay alfombras y vestidos en los cuadros que parecen reales y demostrarse que no son tan ignorantes como creían”, palabras dichas por ellas, y la algarabía de tener cerca los móviles de Heidy y Laura, ambas estaban de permiso y no fueron al museo desde prisión ni regresaron a ella, volvieron días después, cuando les correspondía. Se hicieron decenas de fotos, en las salas, no, que está prohibido; pero el Prado ya les había hecho llegar algunas reproducciones de Las hilanderas para que formen parte también de los muros entre los que viven.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El Prado prevé dos millones menos en patrocinadores en su bicentenario

El museo estima que crecerá un 2% en sus visitas y llegará a 2,9 millones de personas. Al no prestar obras por su 200 aniversario, dejará de ingresar por este capítulo



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Fachada lateral (puerta de Goya) del Museo del Prado. IMMA FLORES

El año 2019 es decisivo en la historia del Museo del Prado porque, tras ser alumbrado por Isabel de Braganza, celebra su 200 cumpleaños y la programación de actividades y exposiciones girarán en torno a este hecho. Entre ellas es muy esperada la celebración de la muestra que comparará obras de Rembrandt, Vermeer y Velázquez y la exhibición que reunirá 60 piezas de las pintoras del siglo XVI Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. También revisarán el paso del escultor Alberto Giacometti por el museo y cerrarán el año con una exhibición de dibujos de Goya. Sin embargo, el Prado no parece estar convencido del triunfo de sus fastos: en los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno -pendientes de aprobación en la Cámara baja- se indica una pérdida de casi dos millones de euros en la aportación de patrocinadores y unas visitas contenidas.

En sus previsiones, el museo cree que recaudará 5,5 millones de euros en aportaciones de las empresas implicadas en la celebración de su Bicentenario. Será protagonista absoluto de la agenda cultural y, a pesar de ello, el cálculo no es al alza, sino a la baja al compararlo con 2018, cuando recaudaron 7,2 millones de euros en ingresos de patrocinadores. La mejor cosecha de todas fue la de 2016 -gracias a El Bosco- con una captación de 8,1 millones de euros. Y en 2017, 6,2 millones de euros. Desde el museo indican que hay una empresa japonesa que ha retirado su apoyo de algo más de 1,5 millones de euros. El medio millón restante se debe a la finalización del pago de la compra de La virgen de la granada, obra de Fran Angelico, realizada por la Fundación Amigos del Prado.

El director Miguel Falomir reconoce a este periódico que prefiere ser conservador en las previsiones. Aunque no tiene cerrado ningún patrocinador nuevo para conmemorar el Bicentenario espera que a lo largo del año se vayan sumando empresas que se sientan comprometidas en la ayuda del homenaje. De momento, no. El acuerdo al que llegó la dirección con el Gobierno es que la ampliación y rehabilitación del Salón de Reinos entraría en los gastos del Estado (para este año, 5 millones de euros) y la celebración de los 200 años correría por cuenta del Prado (12 millones de euros).

Un año sin préstamos

Hay que añadir una pérdida mayor a las cuentas, porque en 2017 la institución ingresó 4,4 millones de euros alquilando el fondo para exposiciones en museos del extranjero. Las más suculentas (2,3 millones de euros) fueron las celebradas en dos sedes de Japón (Tokio y Kobe), donde encontraron, además, al patrocinador japonés que desaparecerá. “No hemos querido desprendernos de ninguna pintura en el año del Bicentenario. No haremos préstamos”, asegura por teléfono Miguel Falomir, que confirma una fuente de ingresos muy incentivada en los últimos años, tras los recortes de subvenciones públicas. A pesar de ello, en la National Gallery sí cuelga El tránsito de la virgen (1462), la única obra de Andrea Mantegna en el museo, y no se volverá a ver hasta mediados de febrero por participar en la exposición temporal de Mantegna y Bellini.

En la presentación del programa del bicentenario del pasado septiembre, el director aclaró que la aportación de los patrocinadores supondría un 20 % de esa cantidad (4,5 millones de euros), pero confiaba en que ascendiera a un 40 % a lo largo del año. Aquel día la dirección también apuntó que el museo tenía previsto un incremento del 15 % de las visitas, un cálculo que ha sido pasado por la batidora de la prudencia en los Presupuestos Generales del Estado, donde se refleja una previsión de incremento del 2 %: de 2.850.000 a 2.910.000 visitas. Muy lejos del año El Bosco, donde batieron el récord, con tres millones de entradas. También aquel año recaudaron en taquilla 20,5 millones de euros y para el Bicentenario esperan 19 millones de euros.

“No es un fracaso para la celebración del Bicentenario, son unos presupuestos conservadores que esperemos mejorar. Además, con la celebración tendremos mucha relevancia y protagonismo”, explica Carlos Chaguaceda, jefe de Comunicación del museo, que indica que el crecimiento orgánico del museo es un 3 % y a esa base ordinaria se han acogido para mirar al futuro, a pesar de lo extraordinario del año.

Euforia en el Reina Sofía

En una línea opuesta, el Museo Reina Sofía ha presupuestado con sobresalientes esperanzas un incremento de sus ingresos por venta de entradas de un 19,15 %. Según los planes de la dirección -recogidos en los Presupuestos Generales del Estado- pasarán de ingresar en taquilla 4,7 millones de euros a 5,6 millones de euros. Hay que tener en cuenta que el 70 % de las visitas a este museo son gratuitas. ¿Cómo tienen previsto aumentar en recaudación? “No está previsto subir el precio de la entrada”, aseguran desde el gabinete de comunicación del Reina Sofía.

El Museo Reina Sofía apostará fuerte por el modelo de captación turística: “Se ha preparado un plan para optimizar y mejorar las políticas de captación de nuevos públicos, grupos turísticos y turoperadores. Al mismo tiempo, se va a poner énfasis en el incremento de visitantes nacionales procedentes de diferentes zonas de España. También se intentará aprovechar el repunte turístico de extranjeros que acuden a la ciudad de Madrid”, cuentan. La manera de hacerlo, señalan, será con una mayor difusión de sus actividades y “una campaña publicitaria con una estrategia dirigida a aumentar el número de visitantes”.


elpais.com


 

Parece que los últimos años las ayudas se decantan más por el Reina Sofía que por el Prado. Cuando debería buscar un equilibrio, para que ningún museo se vea perjudicado.
 




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