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MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles
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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
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200 años de historia. Así hemos cambiado



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Dos siglos de historia dan para mucho y el Museo del Pardo lo sabe bien.

Por eso, durante este año ha organizado multitud de actos para conmemorar su historia.




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Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, nos devela algunos de los secretos que nos vamos a encontrar este año en el Museo.



elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
1819-2019

Dentro de la memoria colectiva

La pinacoteca conmemora su 200º aniversario con una exposición en la que el diálogo con la historia, la sociedad, las tendencias artísticas y la política patrimonial sirven para entender y contextualizar su propia evolución


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Aspecto de la sala de Velázquez en 1949, fotografiada por Dimitri Kessel. / Museo del Prado

La exposición con la que el Prado ha decidido darse un homenaje con motivo de su bicentenario propone un recorrido por las historias paralelas del museo y de España, que, tras la visita queda claro, vienen a ser la misma cosa. También celebra el enorme poder de influencia de su colección en la modernidad de pintores propios (Picasso, Fortuny o Antonio Saura) y ajenos (Manet, Sargent o Pollock). Y todos ellos han sido invitados a la fiesta para soplar las velas.

La propuesta es tanto una didáctica lección de historia del arte como una reivindicación de esa disciplina científica. Ejerce de profesor el conservador Javier Portús, Jefe de Departamento de Pintura Española (hasta 1700), que ha troceado dos siglos en siete periodos, los mismos que salen de partir las habitaciones de la historia con los tabiques de otros tantos momentos estelares. Hablamos, en el siglo XIX, de la fundación del museo abierto al público; la desamortización de 1835 (que provocó una riada de bienes artísticos propiedad de la Iglesia que acabaron en el antiguo convento de la Trinidad); el real decreto que hizo propietario de esos tesoros al Prado en 1872, hecho que de facto lo convirtió en pinacoteca nacional al obligarle a dispersar la mayor parte de los fondos por todo el país; o el año 1898, cuyo eco suena a desastre pero que en los estudios artísticos españoles se recuerda con el cariño de la llegada a la mayoría de edad. Ya en el siglo XX se alude a la proclamación de la II República, el inicio del Franquismo y la consolidación de la democracia.

Subtitulada Un lugar de memoria, la muestra abrirá el lunes, día del 199º cumpleaños. Entonces, la presencia de los Reyes marcará el arranque de una larga celebración que se prolongará hasta el 19 de noviembre de 2019, fecha exacta del aniversario.

Su traducción museográfica (a cargo de Juan Alberto García de Cubas) es un recorrido que conduce al visitante por un laberinto de ángulos rectos en el que va rebotando de una obra maestra en otra como la bola de un juego de pinball. Tras el inevitable recibimiento de María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado (1829), de Bernardo López Piquer, aguarda el Cristo de Velázquez, la primera donación recibida. Esta conduce a la Inmaculada de los Venerables, de Murillo, que compró el Louvre en 1835 por un fortunón y regresó en 1941 a Madrid gracias a un acuerdo de Estado. Y así sucesivamente... Ver más en el especial que dedica EL PAÍS al Museo del Prado en su Bicentenario
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Así era Madrid cuando El Prado abrió sus puertas

"A todo el mundo se recibe, vaya en botas o alpargatas", escribió con disgusto el francés Prosper Mérimée



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Vista de la fachada sur del Museo del Prado, desde el interior del Jardín Botánico, por José María Avrial y Flores, hacia 1835. ©Museo Nacional del Prado

Soplaban vientos ilustrados desde el norte, y el rey Carlos III ("el mejor alcalde de Madrid") eligió el Salón del Prado, en lo que entonces eran las afueras, para impulsar una operación urbanística que equiparase aquel poblachón manchego, que no superaba aún los 150.000 habitantes a finales del siglo XVIII, al resto de capitales europeas. Se trataba de dotarla, entre otras cosas, de un espacio señorial a la altura, después de que el ministro Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, aplicase una batería de medidas para combatir cosas más urgentes, como la insalubridad urbana (aún se tiraban los deshechos con un cubo desde las ventanas al grito de "¡agua va!").

Fue la época en que la ciudad vio emerger su emblemática zona monumental, proyectada por el arquitecto Juan de Villanueva, desde la fuente de Cibeles (levantada entonces; también la de Neptuno) hasta Atocha, con lugares dedicados a la ciencia, como el Botánico y el Observatorio Astronómico. Había otro edificio, destinado en un principio a albergar el Gabinete de Historia Natural, cuya construcción interrumpió la Guerra de Independencia, y que había servido como cuartel de artillería a los ejércitos napoleónicos. Allí fue donde acabó emplazado el Museo del Prado, que abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819, un lustro después de acabada la contienda y con Fernando VII de nuevo en el trono.

Resulta cuanto menos dudoso que un monarca de esas trazas fuera el impulsor de idea tan vanguardista para la época como exponer al público la colección de pinturas de la Corona. Pero algo comenzaba a suceder en los primeros compases del siglo XIX que ni Fernando VII podía obviar: a partir de la apertura del Louvre, lo que hoy llamamos patrimonio artístico comenzó a resultar un emblema de prestigio (léase poder) para las naciones europeas (léase tronos). Todo envuelto en esa pátina de despotismo ilustrado resumida en el axioma "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".


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Interior de la rotonda del Museo del Prado, pintado por Pedro Kuntz y Valentini en 1833. ©Museo Nacional del Prado

El pueblo de Madrid, mientras tanto, trataba de emerger de la devastación, del desgaste anímico y material de una guerra contra el invasor francés (1808-1814) en la que hasta los niños se habían defendido a navajazos por las calles, y algunas mujeres a macetazo limpio desde los balcones (de entonces proviene la leyenda de la bordadora Manuela Malasaña, muerta en la jornada del 2 de mayo). El propio Salón del Prado había sido escenario de combates entre el pueblo y el ejército napoleónico.

Varios factores vinieron a converger en el nacimiento del museo. De una parte, esos aires ilustrados procedentes de Francia; de otra, la afición artística no de Fernando VII, sino de su tercera mujer, María Isabel de Braganza; de otra, que había mucho cuadro cogiendo polvo en las reales dependencias: hubo quien dijo —cuenta Isabel Tejeda, comisaria artística, investigadora y profesora universitaria de Bellas Artes— que "quería quitarse de en medio" unas cuantas obras, el monarca, por razones variables relacionadas con el espacio y con su (equívoco) gusto.
 

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Museo del Prado, vista de la fachada oeste o de Velázquez, hacia 1857, de Charles Clifford. Museo del Prado

Según la Gaceta de Madrid del 18 de noviembre, la entrada al museo será para todos los públicos, y gratuita, "todos los miércoles de cada semana desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde". Lo cual se extenderá a los sábados (no festivos entonces) en la reapertura de 1828; la mayoría de visitantes aún son extranjeros. Interesante lo que escribía, ya en 1831, el célebre francés Prosper Mérimée, en L’artiste: "Yo desearía que no se enseñasen estas obras sino a los que puedan y sepan apreciarlas". Lo decía más bien por evitar a quienes entraban no para ver los cuadros, sino para "holgarse", pasar el rato, quizás incordiar... "A todo el mundo se recibe, vaya en botas o alpargatas". Pero: "como en los días que no son festivos las gentes del pueblo atienden a su trabajo", el "pequeño número de personas" que acude sí lo hace "para ver" las obras.

Decía el prólogo del catálogo del Prado de 1828: "Nuestro benigno soberano quiere que a cualquiera individuo del Reino, como al más humilde de la Capital, sea igualmente permitido excitar su capacidad si fuese apto para recibir las impresiones de la belleza". Muy generoso, tratándose de un soberano que, tras volver al trono al acabar la guerra contra Francia, dedicó toda su capacidad a excitar las impresiones de la Inquisición.
 

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Vista de la fachada del Real Museo desde el Jardín Botánico (1829 - 1832). Aguatinta litográfica de Carlos de Vargas. Museo del Prado

Esa entrada libre al público en domingos y festivos se establece en 1838. Entre otras cosas, para que los copistas trabajen tranquilos. Porque, a raíz de esa súbita pasión promocional de la pintura española, dos son los colectivos que pueden acudir al museo el resto de días (amén de los reyes e invitados), desde el comienzo: los extranjeros, sobre todo diplomáticos, que habrán de llevar a su país la publicidad correspondiente de lo visto, y los estudiantes: "Copistas que dibujan y que se mueren de frío en un edificio gélido donde apenas hay dos braseros los días de visita pública" –escribió el historiador Alfonso E. Pérez Sánchez–. Los suelos, de tierraa, "se riegan en verano para combatir el calor y el polvo, y se esteran en invierno". También "se compra un catalejo para poder estudiar los cuadros", colgados de forma abigarrada, "unos sobre otros hasta esa altura próxima a la cornisa".

El objetivo esencial era enseñar músculo; que el mundo supiera del capital cultural de un país (léase Corona) que había tenido como pintor de cámara a Diego de Velázquez; y a Francisco de Goya hasta casi esos mismos días. "Había muy poca obra de Velázquez", explica Isabel Tejeda, más allá del alcance de la aristocracia y de la Iglesia, siendo "muy poco conocido en el extranjero". "En el momento en que se expone al público hay un cambio de paradigma absoluto. Cuando lo ven Manet, Delacroix...", el impacto será imponderable: "Influye, sobre todo, en el nacimiento del impresionismo".

"Es importante entender", explica la profesora, que el museo no está enfocado para otro tipo de público; no hasta ya avanzado el siglo. En el Prado, en 1819, los cuadros no tenían cartelas explicativas; solo un número que remitía al nombre de la pieza y al autor en el impreso con que podían recorrerse las galerías, dotadas con algo más de 300 obras en el comienzo, todas españolas.

Empieza a manejarse también por entonces el término connoisseur: el entendido. Los aristócratas, y sobre todo la burguesía, encuentran en la cultura una nueva forma de distinción del común, de conocimiento reservado a los iniciados. Pero, aun siendo esto así –cuenta desde Francia Pierre Géal, profesor de la universidad Grenoble Alpes–, el Prado tampoco fue "un espacio frecuentado únicamente por la élite culta" de la Corte. En los libros de visita de la época "vemos que hay forasteros que son artesanos, ebanistas por ejemplo", aunque "es cierto que el museo no hace ninguna pedagogía para facilitar el acceso del pueblo al arte".

Pero la mayoría del pueblo de Madrid estaba más bien en otras cosas: hubo, tras la guerra contra Napoleón, quienes se llevaron del edificio del futuro museo, a medio levantar, vigas de madera y otras piezas. No para decorar, sino para reconstruir sus casas.


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Vista de la galería principal del museo, hacia 1872, por Juan Laurent y Minier. ©Museo Nacional del Prado



La sala reservada a la 'indecencia'

Los copistas que frecuentaban el Prado en sus inicios, en su mayoría estudiantes de la Academia de San Fernando, no podían copiarlo todo. En 1827 –ha relatado Javier Portús, jefe de Conservación de pintura española (hasta 1700) del museo–, se recuperaron algunos cuadros en poder de esa misma Academia. Pero, según “soberana voluntad de Su Majestad” Fernando VII, “de ningún modo” debían colocarse “a la vista del pueblo” aquellos que “por razón de la poca decencia de sus objetos merezcan ponerse en sitio reservado”. Las salas de desnudos eran una vieja costumbre aristocrática: a estas alturas, un anacronismo propio “del Antiguo Régimen”.

Así nació la sala reservada del Prado, emplazada en la galería suroriental de la planta inferior (actualmente salas 64-67), adonde solo podía accederse con un permiso especial, con obras como Adán y Eva (Tiziano), Lot embriagado por sus hijas (Furini), Las tres Gracias, (Rubens)... Autores españoles no había: “Rara vez representaron desnudos”. Duró hasta la entrada de José de Madrazo como director, en 1838. Según Portús, Mérimée “quedó encantado” con aquellas obras, pero “decepcionado por la, a su juicio, escasa indecencia” que encontró allí.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Las Hilanderas, de la cárcel al Museo del Prado

La pinacoteca lanza una iniciativa para acercarse a las reclusas, un colectivo en riesgo de exclusión social



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El grupo de reclusas de Alcalá Meco observa 'Las hilanderas' durante su visita al Museo del Prado. / Inma Flores

“En lugar de El jardín de las delicias se podría llamar el Jardín de los sueños”, piensa Liliana al ver el tríptico por primera vez. “Es un cuadro en el que se muestra todo lo que hay en la vida”, asegura Susi que no recuerda haberlo visto antes, solo había estado en el Museo del Prado cuando la llevó el colegio de pequeña. La semana pasada, estas dos mujeres, cuyos comentarios están cargados de sentido, visitaron las salas de la pinacoteca junto con otras nueve compañeras del Centro Penitenciario Madrid I, más conocido como la cárcel de mujeres de Alcalá Meco. Once miradas, sin condicionamientos previos, descubriendo obras y artistas.

Todas ellas forman parte del proyecto Las hilanderas, una propuesta que, en estos tiempos en los que la construcción de muros está a la orden del día, pretende derribar los de dos instituciones en las que las paredes están muy presentes: museo y prisiones. Crear hilos de comunicación entre ambas y, sobre todo, abrirlas, darlas a conocer al exterior y quitar ideas preconcebidas sobre centros penitenciarios y artísticos. Hacer los museos más sociales, menos elitistas.

“Para venir al museo no hace falta saber”, les dijo Ana Moreno, coordinadora general de educación del Prado, que defiende la importancia de dar voz al público. “Estas instituciones, en general, siempre han sido una voz hacia fuera —ahora va cambiando—. Explican las piezas y el visitante se lo cree o no. Pero hay que dejar espacio para que el público construya la obra, la interprete en base a su propio conocimiento”. Y de los espacios (públicos, privados, los destinados tradicionalmente para las mujeres, o de los vetados para ellas…) se va a hablar, entre otros asuntos, en esta iniciativa que durará todo el curso escolar con sesiones tanto en la cárcel como en la pinacoteca. Las hilanderas nace cobijada en el marco del bicentenario del Prado; pero trabajan por la continuidad, para que se pueda repetir en otras temporadas. En ella participan, además del museo, el Centro de Formación de Personas Adultas Clara Campoamor, vinculado a la prisión, y la Fundación Profesor Uría, cuyo fin es promover el voluntariado social.

El lienzo de Velázquez que presta el nombre al proyecto es la obra ideal para dar pie a los temas sobre los que van a trabajar como la perspectiva de género, todos los personajes del cuadro son mujeres y al hilo de esto hablarán sobre los espacios de libertad y de creación para ellas. "Es un puntazo que una mujer empezara a pintar en esa época", exclama Susi ante el retrato de Isabel de Valois (1561 –1565) de Sofonisba Arguinssola. Se podría expresar de otra forma, pero el fondo sería el mismo. "Eso significa que si quieres hacer algo puede conseguirlo", remata.

El objetivo de Las hilanderas no es ni mucho menos teórico solamente, tiene una gran carga práctica que será guiada por la artista María Gimeno, trabajarán el textil, arte que, como las creadoras, está bastante olvidado. Ella usa un símil musical para explicar su propuesta: "Hay muchas maneras de trabajar con textil. Que cada una escriba su canción, que use la técnica con la que se sienta más a gusto". Gimeno apunta, además, que habrá aportaciones de otras artistas como Yolanda Andrés, que se dedica al bordado.

Al fondo de la obra, Velázquez representó el mito de Palas Atenea y Aracne, cuando las reclusas lo oyen se quedan con ganas de más, de buscar en la biblioteca del centro penitenciario las Metamorfosis, de Ovidio, y leer otros relatos. El tapiz en el que el pintor sevillano representó la obra de Tiziano El rapto de Europa, lleva al grupo a girarse a la derecha y descubrir la obra de Rubens sobre este tema. Cuando se pregunta a las reclusas qué ven, una de ellas espeta: “¡Una mujer cogiendo al toro por los cuernos!”. De un plumazo reinterpreta toda la tradición. Dándole la vuelta a la historia de Zeus llevándose a la joven de la que se ha encaprichado esta vez.

La mañana en el museo transcurrió entre “el poder de la imaginación, la curiosidad, la investigación, el aprender, la oportunidad de sentirte una más, el comprobar que hay alfombras y vestidos en los cuadros que parecen reales y demostrarse que no son tan ignorantes como creían”, palabras dichas por ellas, y la algarabía de tener cerca los móviles de Heidy y Laura, ambas estaban de permiso y no fueron al museo desde prisión ni regresaron a ella, volvieron días después, cuando les correspondía. Se hicieron decenas de fotos, en las salas, no, que está prohibido; pero el Prado ya les había hecho llegar algunas reproducciones de Las hilanderas para que formen parte también de los muros entre los que viven.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El Prado prevé dos millones menos en patrocinadores en su bicentenario

El museo estima que crecerá un 2% en sus visitas y llegará a 2,9 millones de personas. Al no prestar obras por su 200 aniversario, dejará de ingresar por este capítulo



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Fachada lateral (puerta de Goya) del Museo del Prado. IMMA FLORES

El año 2019 es decisivo en la historia del Museo del Prado porque, tras ser alumbrado por Isabel de Braganza, celebra su 200 cumpleaños y la programación de actividades y exposiciones girarán en torno a este hecho. Entre ellas es muy esperada la celebración de la muestra que comparará obras de Rembrandt, Vermeer y Velázquez y la exhibición que reunirá 60 piezas de las pintoras del siglo XVI Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. También revisarán el paso del escultor Alberto Giacometti por el museo y cerrarán el año con una exhibición de dibujos de Goya. Sin embargo, el Prado no parece estar convencido del triunfo de sus fastos: en los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno -pendientes de aprobación en la Cámara baja- se indica una pérdida de casi dos millones de euros en la aportación de patrocinadores y unas visitas contenidas.

En sus previsiones, el museo cree que recaudará 5,5 millones de euros en aportaciones de las empresas implicadas en la celebración de su Bicentenario. Será protagonista absoluto de la agenda cultural y, a pesar de ello, el cálculo no es al alza, sino a la baja al compararlo con 2018, cuando recaudaron 7,2 millones de euros en ingresos de patrocinadores. La mejor cosecha de todas fue la de 2016 -gracias a El Bosco- con una captación de 8,1 millones de euros. Y en 2017, 6,2 millones de euros. Desde el museo indican que hay una empresa japonesa que ha retirado su apoyo de algo más de 1,5 millones de euros. El medio millón restante se debe a la finalización del pago de la compra de La virgen de la granada, obra de Fran Angelico, realizada por la Fundación Amigos del Prado.

El director Miguel Falomir reconoce a este periódico que prefiere ser conservador en las previsiones. Aunque no tiene cerrado ningún patrocinador nuevo para conmemorar el Bicentenario espera que a lo largo del año se vayan sumando empresas que se sientan comprometidas en la ayuda del homenaje. De momento, no. El acuerdo al que llegó la dirección con el Gobierno es que la ampliación y rehabilitación del Salón de Reinos entraría en los gastos del Estado (para este año, 5 millones de euros) y la celebración de los 200 años correría por cuenta del Prado (12 millones de euros).

Un año sin préstamos

Hay que añadir una pérdida mayor a las cuentas, porque en 2017 la institución ingresó 4,4 millones de euros alquilando el fondo para exposiciones en museos del extranjero. Las más suculentas (2,3 millones de euros) fueron las celebradas en dos sedes de Japón (Tokio y Kobe), donde encontraron, además, al patrocinador japonés que desaparecerá. “No hemos querido desprendernos de ninguna pintura en el año del Bicentenario. No haremos préstamos”, asegura por teléfono Miguel Falomir, que confirma una fuente de ingresos muy incentivada en los últimos años, tras los recortes de subvenciones públicas. A pesar de ello, en la National Gallery sí cuelga El tránsito de la virgen (1462), la única obra de Andrea Mantegna en el museo, y no se volverá a ver hasta mediados de febrero por participar en la exposición temporal de Mantegna y Bellini.

En la presentación del programa del bicentenario del pasado septiembre, el director aclaró que la aportación de los patrocinadores supondría un 20 % de esa cantidad (4,5 millones de euros), pero confiaba en que ascendiera a un 40 % a lo largo del año. Aquel día la dirección también apuntó que el museo tenía previsto un incremento del 15 % de las visitas, un cálculo que ha sido pasado por la batidora de la prudencia en los Presupuestos Generales del Estado, donde se refleja una previsión de incremento del 2 %: de 2.850.000 a 2.910.000 visitas. Muy lejos del año El Bosco, donde batieron el récord, con tres millones de entradas. También aquel año recaudaron en taquilla 20,5 millones de euros y para el Bicentenario esperan 19 millones de euros.

“No es un fracaso para la celebración del Bicentenario, son unos presupuestos conservadores que esperemos mejorar. Además, con la celebración tendremos mucha relevancia y protagonismo”, explica Carlos Chaguaceda, jefe de Comunicación del museo, que indica que el crecimiento orgánico del museo es un 3 % y a esa base ordinaria se han acogido para mirar al futuro, a pesar de lo extraordinario del año.

Euforia en el Reina Sofía

En una línea opuesta, el Museo Reina Sofía ha presupuestado con sobresalientes esperanzas un incremento de sus ingresos por venta de entradas de un 19,15 %. Según los planes de la dirección -recogidos en los Presupuestos Generales del Estado- pasarán de ingresar en taquilla 4,7 millones de euros a 5,6 millones de euros. Hay que tener en cuenta que el 70 % de las visitas a este museo son gratuitas. ¿Cómo tienen previsto aumentar en recaudación? “No está previsto subir el precio de la entrada”, aseguran desde el gabinete de comunicación del Reina Sofía.

El Museo Reina Sofía apostará fuerte por el modelo de captación turística: “Se ha preparado un plan para optimizar y mejorar las políticas de captación de nuevos públicos, grupos turísticos y turoperadores. Al mismo tiempo, se va a poner énfasis en el incremento de visitantes nacionales procedentes de diferentes zonas de España. También se intentará aprovechar el repunte turístico de extranjeros que acuden a la ciudad de Madrid”, cuentan. La manera de hacerlo, señalan, será con una mayor difusión de sus actividades y “una campaña publicitaria con una estrategia dirigida a aumentar el número de visitantes”.


elpais.com


 

Parece que los últimos años las ayudas se decantan más por el Reina Sofía que por el Prado. Cuando debería buscar un equilibrio, para que ningún museo se vea perjudicado.
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Cuando Rita Hayworth se paseaba frente a ‘Las meninas’

El Museo del Prado vuelca en su web más de 400 archivos audiovisuales que recuperan su historia



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Fotograma de 'El último chantaje', con Rita Hayworth y Rex Harrison en el Museo del Prado. / atlas

(Rita Hayworth y Rex Harrison rodaron en el Museo del Prado la comedia de George Marshall, Último chantaje (The Happy Thielves). Era 1961 y la bellísima actriz pelirroja ya era mundialmente conocida por Gilda. Cabe imaginar como su sola presencia debió de revolucionar la ciudad de Madrid y las salas de Velázquez por las que transitaron las cámaras mientras la pareja estudiaba cómo robar un cuadro. Ese momento estelar se encuentra en uno de los 400 archivos audiovisuales que el museo del Prado ha recuperado para volcarlo en su web como parte de las celebraciones de su bicentenario. Es una iniciativa destinada a la investigación y al entretenimiento realizada en colaboración con Radio Televisión Española y Filmoteca Española junto a numerosas entidades privadas. Hay ya 300 entradas disponibles y el resto se irán subiendo a lo largo del año.

Miguel Falomir, director del Museo, cuenta que la intensa búsqueda de las instituciones colaboradoras en el proyecto se ha centrado en material que tiene que ver con el Prado como escenario y como inspiración. Ahí caben visitas de personajes mundialmente conocidos, de los que daba cuenta el No-Do (Orson Welles, Eva Perón, James Stewart, Rita Hayworth, la Miss Mundo Lesley Langley), la espléndidas informaciones de exposiciones de las que daba cuenta Informe Semanal o series divulgativas como Mirar un cuadro, en la que un intelectual conocido contaba a los espectadores la historia de un cuadro. “En estas tardes de invierno”, aconseja Falomir, “puede ser muy entretenido entrar en nuestra página y descargar algunos archivos.

El trabajo de puesta a punto de las 400 piezas se ha desarrollado durante todo un año y ha supuesto la restauración de gran parte del material que se encontraba en malas condiciones. Alberto de Prada, director del fondo documental de TVE, explica que se ha aprovechado para catalogar, digitalizar y recuperar los archivos dañados. Gracias a ello se ha descubierto material inédito como el documental de Basilio Martín Patino Introducción al museo del Prado (1987) y se han recuperado cinco cortometrajes necesitados de atención inmediata: Velázquez (1937) de Ramón Barreiro, La mitología en el Prado: Rubens (1948) de José María Elorrieta, Il Paradiso Perduto (1948) de Luciano Emmer y Enrico Gras, Goya en el Museo del Prado de José A. Sobrino (una producción de los cincuenta cuyo sonido no se conserva) y El Greco. Un pintor, un río, una ciudad (1960) de Jesús Fernández Santos. Este último está considerado el director que más ha trabajado con el Prado como tema. Filmó nada menos que una docena de documentales. Uno de los más famosos es Tres horas en el museo del Prado (1968), basado en la obra de Eugenio D’Ors.

Josetxo Cerdán, Director de Filmoteca Española aconseja ver los archivos de películas rodadas dentro o fuera del museo porque son una fuente de información incalculable de la arquitectura, vestuario o comportamientos de cada una de las épocas de las que hay constancia fílmica. Además de las visitas de famosos, protagonistas de muchas películas, hay fragmentos de títulos hiperconocidos como Las chicas de la Cruz Roja. Aunque lo más sorprendente puede ser conocer las películas de ficción con alusiones a obras maestras de la pinacoteca, conocidas como Tableaux vivants. Hay dos versiones de Locura de amor (el filme de 1909 de Ricardo de Baños y el de 1948 de Juan de Orduña) que representan la obra Doña Juana la Loca (1877), de Francisco Pradilla. Y, más reciente, la recreación de Los fusilamientos (1814) en Goya en Burdeos (1998) de Carlos Saura.

Sin presupuestos, la peor noticia

Momentos antes de que se conociera el rechazo de los presupuestos en el Congreso de los Diputados, el director del Prado manifestaba su desazón por los posibles escenarios que se le abrían en el caso de que no se aprobaran unas cuentas por las que su gasto se incrementaba en 9 millones de euros (una subida del 19%) para las obras del Salón de Reinos y los gastos del Bicentenario. “Si se prorrogan es volver a 2017, cuando disponíamos de cero euros para las obras y para el bicentenario”. Pero la convocatoria de elecciones y los inciertos resultados, tampoco aportaba tranquilidad a Falomir porque empieza un periodo imprevisible en el que todo proyecto volverá a quedar paralizado.
Falomir añade que “La supresión de la aportación especial de esos nueve millones significaría la paralización de toda iniciativa, aunque conseguiríamos los recursos porque todo hay que volverlo a negociar con hacienda. Es un escenario en el que no quiero ni pensar”.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Hernán Cortés y Moctezuma resucitan con Gonzalo Suárez

El cineasta estrena en el Prado ‘El sueño de Malinche’, un filme de animación con dibujos de Pablo Auladell que solo se proyectará en museos y centros educativos



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Dibujo -con el texto "Estamos los dos en el mismo sueño"- de Pablo Auladell para el libro y la película de Gonzalo Suárez 'El sueño de Malinche'.

"En la noche de los tiempos, un hombre soñó con otro. Y lo vio venir, como entre nubes... con el viento". Así arranca El sueño de Malinche, la nueva película de Gonzalo Suárez (Oviedo, 84 años), un filme de animación que recrea el encuentro entre dos mundos: el azteca, con el emperador Moctezuma al mando, y el español, con el conquistador Hernán Cortes a la cabeza. Dualidades, mitos, palabras que resuenan o que no se pronuncian -a través de la traductora india, Malinche-: el universo creativo y reflexivo del director de Epílogo, Remando al viento, El detective y la muerte o Mi nombre es sombra estalla en la pantalla con los dibujos de Pablo Auladell.

El sueño de Malinche es el fruto de una vieja aspiración de Suárez, que lleva años detrás de este proyecto, y que ahora se ha realizado con la producción de Joaquín García-Quirós, que también publica un libro homónimo (editorial La huerta grande) con los textos y los dibujos. "Es una película que oficialmente no existe", bromea el realizador, "porque no ha recibido ni una ayuda ni está realizada por el 500 aniversario de la llegada española a México, una mera coincidencia. Nuestra intención es proyectarla en museos y centros educativos". Y esta tarde empieza su recorrido en el Museo del Prado, donde se presenta por primera vez al público. Posteriormente se proyectará el 12 de marzo en el Festival de Cine de Guadalajara (México), y ya están cerrando sesiones en otros centros, como el Reina Sofía.

Para Suárez, la figura de Malinche está empezando a observarse con ojos más precisos. "Ya no es solo la mala, la traidora, sino que ahora se tiene en cuenta que era inteligente y muy valiente. La define muy bien Bernal Díaz del Castillo [miembro de la expedición de Cortés y en cuyos escritos se basa en parte el guion] como asombrosa. Los orígenes de Malinche están muy relacionados con los del cuento de Blancanieves, en cuanto a su abandono familiar". El cineasta ha manejado multitud de información: "Hace años, al inicio del viaje, mi esposa, Hélène, y el productor Antonio Saura empezaron a investigar y a acumular material". Otros antecedentes, calificados por Suárez como "penales", aparecen en una ópera que el cineasta no quiso dirigir, aunque usara un libreto suyo. "La realizó Andrés Lima, y se basó en aquella profusa documentación".

En la pantalla no se esconde ni la sangre, ni la muerte, ni el dolor. "Fuera lo que fuera la conquista española, que yo llamo conquista de México, sin el eufemismo este de encuentros, tuvo por supuesto su lado cruel. Pero a diferencia de otras conquistas, por lo menos hemos conocido quiénes estaban al otro lado, sus nombres, lo que no ocurrió con el imperio belga en África, por ejemplo". Suárez insiste en que no defiende los hechos, sino que recuerda el contexto histórico. "Y de ahí nace El sueño de Malinche, película en la que he tenido mucho cuidado con la cadencia del montaje, con las palabras y la música, con las pinceladas que prevalecen sobre la temática. Un poco como hacían los impresionistas, que salían con el lienzo debajo del brazo a pintar, cuando el tema era lo de menos: lo importante estaba en captar el instante, la emoción. Yo siempre he buscado eso en el cine, con mayor o menor fortuna".

El viaje ha sido muy largo, de lustros: "En el origen me reuní con el músico Luis Mendo y empecé la casa por el tejado, con una banda sonora, sin presupuesto y sin saber qué imágenes usaría". En un trabajo gratuito, sin sueldos, Suárez pidió a los actores Carmelo Gómez, Ana Álvarez, Marian Álvarez, Santiago Meléndez [fallecido en 2017] y Clara Sanchís que grabaran los textos, "en venganza" a aquella ópera que le disgustó. El mismo cineasta y el cantautor Pablo Guerrero se sumaron al elenco. "Ahí quedó el proyecto, hasta que conocí a Joaquín [García-Quirós], que impulsó económicamente El sueño de Malinche". Para rematar el recorrido, un día leyó El paraíso perdido, ilustrado por Pablo Auladell [obra que ganó el Nacional del Cómic de 2016], y encontró el dibujante perfecto. Auladell define el filme "como un descenso al Hades de la historia, en el que encontré afinidad con el enfoque poético de Gonzalo".
 

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Ilustración de la Noche triste de Pablo Auladell, para 'El sueño de Malinche'.

Los dibujos de Auladell albergan el espíritu del cineasta, su estilo, su aproximación constante a las dualidades y las sombras, a las máscaras y a lo que esconden. Aunque el productor asegura que, efectivamente, el director dio instrucciones precisas, Suárez replica: "Nunca he tenido claro a nada a priori", explica Suárez. "En el destino creo a posteriori. Avanzo por intuición. Muchas veces ni me sé los finales de los guiones cuando empiezo a escribirlos, aunque sí la emoción que quiero transmitir".

En esas emociones entra a borbotones la pintura. En pantalla hay inmediatas referencias a Goya, al Bosco. En el espíritu, Suárez nombra el Guernica. "Soterradamente me inspiro en el cuadro de Picasso, o al menos existen ciertas reminiscencias. Yo quería acercar el cine a algo que lo emancipara de la servidumbre comercial. Por eso dura lo que yo he querido que durara [50 minutos]. Y, sobre todo, huyo del cartón piedra, ahondo en temas delicados alejándome de los tópicos". Una senda que pocso cineastas habían pisado, y que encuentra eco en la pantalla, cuando Cortés arenga a sus hombres: "¡Solo hay un camino, el que nadie, antes que nosotros, ha recorrido, porque está hecho a la medida de nuestros sueños y al alcance de nuestra espada!".



Retorno al mundo de Sam Peckinpah


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El cineasta y escritor Gonzalo Suárez.

Desde Oviedo Express, estrenada en 2007, el director de Ditirambo no había vuelto a ponerse detrás de las cámaras. Suárez no quiere hacer mucho escarnio del tema, aunque subraya que su cine no es "el que realizan las televisiones privadas". Sin embargo, uno de los cinco proyectos que coescribió con Sam Peckinpah está en proceso de preproducción. "En un inicio iba a dirigirla yo, ahora no está tan claro", advierte. "Yo creo que algunos me consideran sospechoso". Peckinpah y Suárez se conocieron en el Festival de San Sebastián de 1970, donde el español estrenó Aoom y el californiano, La balada de Cable Hogue. El desastre crítico de Aoom llamó la atención de Peckinpah, que pidió verla: le encantó. Así surgió una amistad que duró hasta la muerte del estadounidense en 1984 y que llevó a Suárez a Hollywood, donde escribieron, inspirados en la amenaza real de un atentado contra Franco y Eisenhower, Operación Doble Dos, base del proyecto actual. "Me dolió que no se rodara en vida de Peckinpah".


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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Oratorio de san Jerónimo penitente



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Oratorio de san Jerónimo penitente. Hacia 1560. Dorado, Policromado, Tallado, 83,5 x 59 cm. Museo Nacional del Prado.

Autores: Juan de Juanes )Fuente la Higuera, Valencia, 1503 - Bocairente, Valencia, 1579) y Damián Forment (Valencia, 1480 - Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), 1540)
 
El Oratorio de san Jerónimo, es una pieza portátil creada para el ámbito devocional privado. La representación principal, san Jerónimo, fue realizada por Forment, uno de los grandes escultores valencianos, activo en la Corona de Aragón; utilizó para ello el alabastro del Valle del Ebro, que en origen presentaba su superficie parcialmente dorada y policromada. Con posterioridad, se diseñó una excepcional estructura “a la romana” para proteger y realzar la placa escultórica, la cual se amplió en su parte superior y fue parcialmente pintada. A la estructura se le instalaron dos puertecillas, en cuyo exterior Juan de Juanes representó a san José con el Niño y a san Lucas, y en el interior, bajo dos arcos, a san Vicente Ferrer y a san Pedro Mártir.

Considerado como el Rafael español cuando hace 200 años el Museo del Prado abrió sus puertas, Juan de Juanes (h. 1510-1579) tiene desde hoy su espacio propio, equiparándose con el Bosco, el Greco, Velázquez o Goya, en la sala 51 del edificio Villanueva, no en vano  en la testamentaria de Fernando VII su Santa Cena superaba con creces la valoración de los Grecos, por ejemplo.

En ese nuevo espacio se presenta también una extraordinaria donación, gracias a la generosidad de la Fundación Amigos del Museo del Prado, el Oratorio de san Jerónimo. Este oratorio portátil es una pieza pensada para el ámbito devocional privado. El tema principal, san Jerónimo, fue realizado por Damián Forment (Ca. 1480 - 1540), uno de los grandes escultores valencianos activo en la Corona de Aragón. Utilizó para ello alabastro del Valle del Ebro, que estuvo en origen dorado y policromado. Con posterioridad, Juan de Juanes diseñó una excepcional estructura “a la romana” para proteger y realzar la placa, la cual amplió en la parte superior y pintó parcialmente. En el exterior de las puertas representó a san José con el Niño y a san Lucas, y en el interior, bajo dos arcos, a san Vicente Ferrer y a san Pedro Mártir.

Además, esta nueva ubicación del maestro valenciano permitirá la reordenación de las salas 52 B y C, en las que se exhibirá una importante obra religiosa de Sánchez Coello, Alegoría mística con san Sebastián, san Bernardo y san Francisco.


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El Museo del Prado, misión histórica de Pérez Llorca

La incorporación del Salón de Reinos destaca en el legado del fallecido presidente del Patronato



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José Pedro Pérez-Llorca, en mayo de 2017.

Siempre que el Museo del Prado celebraba un acto significativo se podía ver a José Pedro Pérez-Llorca intentando ocupar un segundo plano junto al director del museo Miguel Falomir. Tocado con un sombrero negro y las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, saludaba casi uno por uno a los muchos periodistas encargados de informar sobre el acto en cuestión. Entre bromas, siempre amable y con mucha guasa, recomendaba destacar algún aspecto de la noticia de turno y cuando se le preguntaba por aspectos concretos, remitía invariablemente al director.

Presidente del Patronato desde 2012, colaboradores muy próximos aseguran que después de una carrera política tan relevante como la suya, consideraba que el Prado era una misión histórica. Por eso cuando la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, del Partido Popular, se lo propuso, no lo dudó ni por un momento.

Hombre cultísimo y políglota, recurría al italiano cuando tenía que manifestar su desagrado por algún asunto. Uno de sus colaboradores recuerda que hace un par de meses, durante el fin de semana, les hizo llegar un correo electrónico en italiano. Después explicaría a los destinatarios del mail que seguía un consejo de su padre: "Si hay que regañar, hazlo en italiano porque es una lengua tan bella que disimula los enfados".

Además de presidir las reuniones del Patronato, al menos una vez por semana se dejaba ver en el museo. Codo con codo trabajó con Falomir para conseguir los fondos que no recibían del Gobierno para la conmemoración del bicentenario y la ampliación del Salón de Reinos. Por eso recibió con alegría la noticia de que en los presupuestos del Gobierno de Pedro Sánchez se incluía una aportación extraordinaria de 30 millones de euros en cuatro años, el 75% para las obras del Salón de Reinos, una satisfacción que pronto se evaporó con la convocatoria de elecciones generales.

En sus objetivos estaba tanto agrandar el museo como su colección. Uno de sus mejores días en el Prado lo vivió cuando se dio a conocer la adquisición de la Virgen de la granada, considerada una de las mejores obras de Fra Angelico y de la pintura florentina de la primera mitad del siglo XV, hasta entonces en manos de la Casa de Alba.

Otro de sus últimos logros, conseguido por su tozudez y habilidad negociadora, fue en octubre del pasado año, al lograr el depósito temporal de La última comunión de san José de Calasanz, de Goya, propiedad de la Orden de las Escuelas Pías. Estaba esperanzado en que la pintura fuera cedida definitivamente al museo.

La vida de la pinacoteca le interesaba sobremanera. Uno de sus colaboradores cuenta que las llamadas eran frecuentes. Nunca para interferir en la vida del museo, sino para ofrecerse a ayudar o para comentar cualquier cosa que hubiera ocurrido en España o en el mundo.


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El político, diplomático y jurista José Pedro Pérez-Llorca, uno de los siete ponentes de la Constitución, ha fallecido este miércoles en Madrid a los 78 años a causa de una enfermedad pulmonar.

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Hoy miércoles, día de su fallecimiento, el Museo Prado ha emitido un comunicado en el que recalca la brillantez intelectual de Pérez-Lorca, que "demostró en todas las etapas de su fecunda vida pública la supo trasladar al ámbito de la cultura y de la gestión de la primera institución cultural del país". La nota añade que "en sus años al frente del Patronato, supo hacer valer su talento, su fina inteligencia y también su capacidad de liderazgo para conducir al Museo del Prado al lugar de privilegio que hoy ocupa en el corazón de los españoles". Asimismo, el comité de empresa del museo ha difundido un texto en el que destaca su carácter cercano y conciliador con todos los trabajadores.

elpais.com



 

Descanse en paz, fue uno de los padres de la Constitución y un hombre que amó la cultura. Donde en su última etapa hizo una gran labor presidiendo el patronato del Museo del Prado.
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
Museo Nacional del Prado. Madrid
05/03/2019 - 28/07/2019



Cecilio Pla. Donación de la familia Ellacuria Delgado



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Imagen de la exposición. Ⓒ Museo Nacional del Prado

En la sala 62 A del edificio Villanueva se presenta una pequeña muestra de la generosa donación realizada en 2018 por los hermanos Ellacuria Delgado, hijos de Ana María Delgado, nieta de Cecilio Pla Gallardo (1859-1934), pintor valenciano de especial interés en el panorama artístico español del siglo XIX y del que el Museo del Prado conserva algunas de sus principales obras.

En torno a un autorretrato de Cecilio Pla, adquirido por el Estado en 2018, se articulan una serie de documentos gráficos, dibujos, cartas y algunas de las medallas recibidas durante su carrera para reflejar la heterogeneidad de esta donación y permitir al visitante descubrir algunos detalles de la vida y carrera… |


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Cecilio Plá pintando en la azotea de su estudio rodeado de alumnos.

Esta donación supone la incorporación al Museo de un nuevo archivo personal de artista, que además, en este caso, es muy nutrido, diverso y completo. Por ello, fortalece una de las nuevas vías de crecimiento de las colecciones del Prado. Su interés no se limita al conocimiento de la pintura decimonónica. Al igual que los fondos de Valentín Carderera y de Enrique Simonet, este también está centrado en un solo artista, pero, en este caso, dada la relación docente y personal que Pla tuvo con buena parte de los artistas jóvenes desde comienzos del siglo XX, nos ofrece información relevante para el estudio de todos estos. Por su taller pasaron artistas tan relevantes como Gabriel Morcillo, José López Mezquita y Carolina del Castillo, la mujer artista más relevante entre el numeroso grupo de alumnas que asistían a sus clases. El archivo, además, se ha conservado de manera casi íntegra hasta ahora, hecho no muy frecuente en el caso de los artistas decimonónicos, cuyos fondos personales a menudo se han perdido o disgregado.


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Cecilio Plá pintando un paisaje en su taller. Anónimo. Papel fotográfico. Madrid, Museo Nacional del Prado

Por tanto, su interés reside no solo en el conocimiento que ofrece para el estudio de la figura de Cecilio Pla, pintor representado en nuestras colecciones, sino también en el conocimiento del panorama artístico español.

La selección de dibujos expuestos permite observar su calidad como dibujante y su dedicación a la ilustración gráfica, así como su interés por el paisaje y las escenas marítimas. Dentro de las casi quinientas cartas donadas se encuentran remitentes como el compositor Ruperto Chapí, el escritor Miguel de Unamuno y su paisano Joaquín Sorolla. El conjunto de más de trescientas fotografías es también de gran importancia y permite estudiar el proceso creativo de muchas de sus pinturas. La donación también incorpora las principales medallas recibidas a lo largo de su carrera, de las que aquí se muestran dos de las más importantes.


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Cecilio Pla - Cartel del primer baile de máscaras del Círculo de Bellas Artes (boceto), Lápiz, pluma y aguada. 1892. Madrid, Museo Nacional del Prado.
 
Inició sus estudios artísticos como alumno de la Academia de San Carlos de su ciudad natal, y más tarde en la de San Fernando de Madrid, siendo además discípulo de Emilio Sala. Tras el obligado viaje a Roma en 1880 para conocer directamente el arte de los grandes maestros, viajó por el resto de Italia, Francia y Portugal. Desde Italia comenzó a enviar sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, de las que fue puntual participante desde 1881 hasta el mismo año de su muerte. Aunque la gran cantidad de obras de este artista que llegaron a figurar en exposiciones públicas fueron, fundamentalmente escenas de género y retratos, muchos de ellos de carácter costumbrista, las primeras estuvieron inspiradas, lógicamente, en temas italianos, como El Dante, premiada con tercera medalla en 1884, o el Entierro de Santa Leocadia, distinguido con igual galardón en 1887.


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Cecilio Pla - Cuaderno de Asturias. Lápiz compuesto, 1890. Madrid, Museo Nacional del Prado

En 1872 se le concedió segunda medalla por su cuadro Las doce e idéntico premio en 1895 por Lazo de unión, siendo además distinguido en otras ediciones con consideraciones de premios y condecoraciones. Obtuvo además una medalla de honor en la Exposición Nacional de París de 1900.

Profesor desde 1910 de Estética del Color y Procedimientos Pictóricos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, sustituyendo a su maestro Sala, fue maestro de muchos pintores, como Juan Gris y José María López Mezquita, entre otros, publicando además una Cartilla del Arte Pictórico.


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Cecilio Plá rodeado de artistas haciendo un brindis. Anónimo. Papel fotográfico. Madrid, Museo Nacional del Prado

Elegido académico de San Fernando en 1924, fue un excelente dibujante y decorador, pintando el techo del Hotel de la Infanta Isabel de Borbón, el Casino de Madrid, Círculo de Bellas Artes, Palacio de los Duques de Denia, entre otros, e ilustrando importantes revistas de la época, como "Blanco y Negro" y "La Esfera". Murió en Madrid el 3 de agosto de 1934. Está considerado el máximo exponente de la pintura modernista en Valencia.
(Díez J.L. En: Maestros de la pintura valenciana en el Museo del Prado, 1997, p. 190).


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Cecilio Plá - Autorretrato, 1892. Óleo sobre lienzo, 75 x 100 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.

El autor, que se representa sin los útiles de su trabajo, aparece junto a los retratos de su tía y de su madre y a un busto en barro de su padre. Estas imágenes familiares suponen un homenaje a sus progenitores, recurso frecuente en los autorretratos de otros artistas durante esos años. La copia del Príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez, que figura también en algunas fotografías de su taller, dispuesta en un lugar principal, muestra su admiración por el maestro sevillano, a quien estudió a menudo en el Prado.


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El jardinero que conoce todas las flores del Prado

El botánico Eduardo Barba ha catalogado las plantas de las 1.050 obras del museo que contienen motivos vegetales



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El botánico Eduardo Barba habla -Ver vídeo- de las plantas y flores en obras del Museo del Prado. MANUEL MORALES / PAULA CASADO / EDUARDO ORTIZ / NELLY RAGUA

Mancharse las manos con la tierra, podar las plantas o pincharse con las espinas de las rosas le ha servido a Eduardo Barba para conocer detalles de los grandes maestros de la historia del arte. "Ves las plantas que pintó El Bosco y parece que las hubiera cogido con la mano, por los detalles increíbles que tienen. O Tiziano, que las representó con gran realismo... aunque si tengo que elegir un artista me quedo con Patinir porque también representaba el entorno, el ecosistema", dice Barba (Madrid, 1978). Él no es historiador del arte, no es científico, es "solo un jardinero", como le gusta definirse, que ha logrado unir sus dos pasiones, la botánica y el arte, para poder explicar en  conferencias y en un catálogo del Museo del Prado cómo se han representado las plantas y las flores en las obras expuestas en la pinacoteca madrileña. Esta dedicación nació al constatar "que en los estudios de los historiadores del arte, cuando se referían a la botánica, había lagunas, y por su parte, los botánicos, cuando tenían que hablar de arte, les faltaba saber lo que el artista había querido transmitir".

Tras varios años, Barba, que también ha colaborado con el Museo Lázaro Galdiano, de Madrid, y el Bellas Artes, de Bilbao, ha inventariado, de las aproximadamente 1.700 piezas que muestra el Prado, todas aquellas en las que aparecen plantas, "aunque sea una vegetación mínima en una esquina", añade. Muestra orgulloso el resultado en un cuaderno. "Son 1.050 obras, entre cuadros, escultura y artes decorativas, y de cada una he señalado la especie representada, si es común o rara, sus características, si encierra alguna simbología…". Un estudio que incluye la presencia botánica en ornamentos de tejidos y arquitecturas de las piezas. Sin embargo, Barba advierte de que no es un listado cerrado, "hay obras que vuelves a observarlas y descubres cosas nuevas".

Durante este tiempo, se ha ayudado de tratados de botánica, manuscritos, libros antiguos, lo que dejó escrito Leonardo da Vinci... además del gran archivo de fotografía que ha ido formando. "En España no hay apenas tradición de este tipo de estudios, pero en países como Alemania e Italia, sí".

Precisamente, las distintas escuelas y estilos le permiten a Barba trazar una sucinta historia de la botánica en el arte del Prado. "Durante el románico, las plantas solo acompañan, es algo ocasional. En el gótico, sin embargo, tienen más peso porque los artistas representan aquellas que tienen en su entorno". Barba sostiene que llevar al lienzo especies que el espectador conocía, le metía más en la obra, "se establecía una relación de cercanía".
 

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El botánico Eduardo Barba, delante de una de las entradas del Museo del Prado. ÁLVARO GARCÍA

Luego, en el Renacimiento, "se mantiene la importancia, sobre todo en el norte de Europa; no así en Italia, en el sur hay menos detalle". En la pintura rococó una de las favoritas es el lilo y, como si llegase la primavera, en el periodo romántico "proliferan las rosas en sus muchas variedades, lo que la convierte en la flor más representada en el museo. Está en más de 200 obras", explica. Por plantas, la reina es una trepadora, la hiedra, visible en unas 130 piezas. "Suele  aparecer de fondo en los paisajes". Con el siglo XX, por el propio estilo de vida predominante, urbano, la botánica en el arte pierde relevancia.

Si Barba tiene que elegir un grupo de virtuosos de lo verde, escoge la escuela flamenca antigua, "por su potencia y belleza". El Bosco, Patinir, Van der Weyden… A ese estilo pertenece también una obra especial del Prado, La fuente de la Gracia, una fascinante tabla anónima de mediados del XV que, tras su restauración, hace un año, permite contemplar un auténtico vergel sobre el que se sientan ángeles músicos. "Contiene decenas de flores silvestres y decenas de plantas herbáceas", comenta Barba. Desde la modesta hierba del almizcle, a la llamativa oreja de fraile, que tapiza los bosques húmedos, también se esparcen numerosas fresas con fruto y crecen las gramíneas, tan temidas por los alérgicos. Además, hay margaritas, la vinagrera, rica en vitamina C... y como guinda, una decena de "quimeras botánicas, formadas por varias plantas y sin referentes claros en la naturaleza".

Otro genio que le llama la atención es Tiziano, del que destaca las delicadas violetas que pintó en varias zonas de La bacanal de los andrios. Era lógico que para una orgía el italiano desplegase estas pequeñas flores, consagradas a Afrodita, la diosa griega del amor.

"Todos los principales artistas le dieron mucha importancia a la botánica en sus cuadros, no solo por ser un motivo para decorar, sino porque las plantas eran en sus sociedades alimento y medicina", agrega. A veces, en este mundo de la floresta "se permitían licencias y partiendo de un modelo real, lo modificaban". En otras, las plantas vivían en los óleos por motivos simbólicos: "Así ocurre con el Triunfo, representado por la hoja de la palmera datilera, ya fuese un triunfo ante la muerte, ante un martirio o como símbolo de una victoria militar". Mientras que la expresión de la Pureza estaba en la azucena, "una flor blanca que se cree que introdujeron los cruzados en Europa desde Oriente Próximo. En aquellas tierras, desde antiguo, la azucena se vinculaba a las deidades femeninas. Cuando llegó a Europa, sirvió para relacionarla con la virgen María", asegura. Escuchar a Barba en una de sus conferencias lleva, sin duda, a fijarse mucho más en las plantas cuando contemplamos obras de arte. Como suele decir, "ellas casi siempre están ahí".


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El botánico Eduardo Barba señala las violetas en la diadema de un niño en 'La bacanal de los andrios', de Tiziano, en el Museo del Prado. JULIÁN ROJAS


Una planta subtropical en una tabla flamenca del siglo XV

Si hay un artista y una obra del Museo del Prado que merecen un aparte por la riqueza y belleza de su botánica es el Tríptico del Jardín de las Delicias (1490-1500), de El Bosco. "Era un artista que dibujaba plantas inusuales. Hay, por ejemplo, un drago, típico de las islas Canarias. Es exótica, de procedencia subtropical, pero aparece en una tabla flamenca de finales del siglo XV. Es la única de esta especie en todo el Prado", señala el experto en botánica Eduardo Barba. "Probablemente, El Bosco supo de ella por grabados, gracias al comercio de mercancías con las islas". El detalle con que está pintado el drago permite saber su número de floraciones, cuatro. Sin embargo, el genio de Bolduque pintó su fruto azul "porque quizás no lo conocía". Más azul hay en la aguileña, una flor "cuyas semillas se usaban en la Edad Media para producir un perfume afrodisiaco", muy propicia para El Jardín. De un azul más intenso es la borraja, también en el tríptico, procedente, probablemente, de Oriente Próximo. "Era comestible y medicinal. Se creía que iba bien para el aparato respiratorio, el gastrointestinal. También para el corazón porque curaba la melancolía y daba bravura a las personas que la tomaban".
 

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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO: Pintores Españoles 
 
El 37,5% de los españoles no ha visitado nunca el Museo del Prado

La institución encarga una encuesta para conocer el lugar que ocupa entre las referencias de los españoles y descubre que solo el 5,7 % de los encuestados lo han visitado en el último año

Las Meninas es el cuadro preferido de los españoles. Un 60,1% lo ha elegido por delante de La maja desnuda (38,3%)



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El Museo del Prado ha encargado al Instituto Sondea un informe para conocer el lugar que ocupa la pinacoteca entre las referencias de los españoles. Y la encuesta –  enviada por correo electrónico a 16.600 personas y rellenada por 3.321 participantes– ha descubierto que el 37,5% de los españoles preguntados no ha visitado nunca el museo. Es más, al 16% de los que no han ido no les interesa visitarlo. También es muy llamativo que solo el 5,7% diga haberlo visitado durante el último año. El 17,3% reconoce haberlo visitado hace más de una década.

Este desinterés se extiende al resto de instituciones, ¿cuáles son los motivos por los que los españoles no van a los museos? El 48,4% prefieren hacer otros planes, porque los museos no les parecen interesantes y se aburren en ellos. El 40% lo dejan en un escueto “por falta de tiempo”, misma proporción que los que acusan al precio de las entradas de su indiferencia. Solo cuatro de cada diez españoles visitaron un museo en el último año.

Solo el 5,7% asegura haber visitado el Prado durante el último año. El 17,3% reconoce haberlo visitado hace más de una década

Los resultados del trabajo arrojan una clasificación general de los pintores favoritos del Prado: Velázquez es maillot amarillo (71,5%) y derrota a Goya (66,2%) en la batalla del gusto popular español. Luego, muy lejos de estas dos figuras, aparecen El Greco (39,3%), El Bosco (30,5%) y Murillo (25,2%). Ni rastro de Rubens (del que el museo ha inaugurado un sobresaliente y recóndito espacio), ni de Tiziano, ni de Tintoretto, ni de Fra Angelico o Rafael.


Los cuadros preferidos


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'Las meninas' (1656), de Diego Velázquez. Museo del Prado. 'Las Meninas' es el cuadro preferido por el 60,1% de los españoles.

Así que no extraña que el cuadro del Prado favorito de los españoles sea la Familia de Felipe IV , es decir, Las meninas. Un 60,1% lo ha elegido por delante de La maja desnuda (38,3%) y Los fusilamientos (33,8%), de Goya ambos. En cuarto lugar, el tríptico del Jardín de las delicias , de El Bosco (30%). Además, la mayoría ha contestado que en la pared del salón de su casa colgaría Las meninas, pero no a La maja desnuda , a pesar de ser su segunda pintura preferida del museo ( y la segunda postal más vendida). En su lugar, para colgar en casa, los españoles prefieren los Chicos en la playa, de Sorolla.


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Los fusilamientos del 3 de Mayo, Francisco de Goya. Museo del Prado

Al museo le preocupan también las emociones de su público, que relaciona “juventud” con Las meninas ; “alegría” con el Jardín de las delicias ; “fe” y “tristeza” con El descendimiento, de Rogier van Der Weyden; “miedo” ante las Pinturas negras y Los fusilamientos, de Goya; en La maja desnuda ven “feminidad” y “libertad”, mucho más que en La maja vestida , en la que ven “serenidad”; en El vino de la fiesta de san Martín , de Bruegel el Viejo, los españoles brindan por la “euforia”.


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El descendimiento, de Rogier van Der Weyden. Museo del Prado


Un museo muy "español"

En el cuestionario preparado se insiste en preguntas sobre la identidad nacional de la institución. Así, a los consultados se les pide que señalen los adjetivos con los que relacionarían el museo, y el más señalado es “español” (48,4%), seguido de “público” (41%) y “universal” (40,8%). Solo un 3,7% dice “aburrido”. “Para la mayoría de los encuestados el Museo del Prado es un museo español (41,2%), mientras que en segundo lugar, y con un porcentaje ligeramente inferior, están los que piensan que es un museo internacional (37,2%) y, por último, quienes piensan que es un museo madrileño (21,5%)”, puede leerse en las conclusiones.

Las Meninas es el cuadro preferido de los españoles. Un 60,1% lo ha elegido por delante de La maja desnuda (38,3%)


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Tríptico del Jardín de las delicias, de El Bosco. Museo del Prado.

A pesar de la sobresaliente parte de la población que no ha visitado el museo, el informe indica que casi el 95% de los españoles preguntados considera que el Prado es una de las mayores aportaciones de España a la cultura universal. Además, subraya el museo que casi el 95% de los consultados considera el Prado “una de las grandes aportaciones de España a la cultura universal” y siete de cada diez “declaran sentirse muy o bastante orgullosos de él”. También ha preguntado el museo a los ciudadanos qué pintor representa mejor a España, y el 40,2% ha dicho Velázquez (seguido De Goya, con un 39,2%).


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Chicos en la playa, de Sorolla. Museo del Prado.

Hasta hace unos días podía leerse en una de las paredes de la exposición temporal de Javier Portús, para conmemorar el bicentenario, una cita de Ramón Gaya (de 1953), que aclara que el Prado no tiene patria, porque es una en sí misma: “Cuando desde lejos se piensa en el Prado, este no se presenta nunca como un museo, sino como una especie de patria”. A esta patria de la cultura los españoles prefieren venir acompañados con su pareja (el 70,7%), con sus hijos y con sus amigos. No es un museo para solitarios: el 11% lo visita sin nadie más. De hecho, el 10,2% de los ciudadanos aseguran no acudir con más frecuencia porque no tienen con quién ir.

Una de las cuestiones más extrañas que ha decidido plantear el museo a los encuestados es con qué “famoso” realizaría una visita. Rafa Nadal, Will Smith y Dani Rovira son los tres favoritos. Después Alaska y Andreu Buenafuente, seguidos por el Gran Wyoming, Alejandro Sanz, el Papa, Manuela Carmena y Boris Izaguirre.


elpais.com
 




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