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Santa Teresa De Jesús
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Mensaje Santa Teresa De Jesús 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este Quincuagésimo quinto trabajo recopilatorio, está dedicado a una gran mujer: Teresa de Jesús. Fue una santa española, doctora de la Iglesia, escritora de prestigio y con una proyección universal.


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Santa Teresa en una copia de un original de Fray Juan de la Miseria.

Santa Teresa de Jesús (Gotarrendura, Ávila, 1515 - Alba de Tormes, 1582) Religiosa y escritora mística española, conocida también como Santa Teresa de Ávila. Teresa de Jesús es el nombre de religión adoptado por Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de Alonso Sánchez de Cepeda, probable descendiente de judíos conversos, y de Beatriz de Ahumada, perteneciente a una noble familia abulense. Su vida y su evolución espiritual se pueden seguir a través de sus obras de carácter autobiográfico, entre las que figuran algunas de sus obras mayores: La vida (escrito entre 1562 y 1565), las Relaciones espirituales, el Libro de las fundaciones (iniciado en 1573 y publicado en 1610) y sus cerca de quinientas Cartas.

La Vida de Teresa de Jesús, abarca desde su infancia hasta la fundación del primer convento reformado de San José de Ávila, en 1562. Gracias a ella se sabe de su infantil afición por los libros de caballerías y de vidas de santos. En 1531, su padre la internó como pupila en el convento de monjas agustinas de Santa María de Gracia, pero al año siguiente tuvo que volver a su casa aquejada de una grave enfermedad. Determinada a tomar el hábito carmelita contra la voluntad de su padre, en 1535 huyó de su casa para dirigirse al convento de la Encarnación. Vistió el hábito al año siguiente, y en 1537 hizo su profesión.

Por entonces empezó para ella una época de angustia y enfermedad, que se prolongaría hasta 1542. Durante estos años confiesa que aprendió a confiar ilimitadamente en Dios y que empezó a practicar el método de oración llamado «recogimiento», expuesto por Francisco de Osuna en su Tercer abecedario espiritual. Repuesta de sus dolencias, empezó a instruir a un grupo de religiosas de la Encarnación en la vida de oración y a planear la reforma de la orden carmelitana para devolverle el antiguo rigor, mitigado en 1432 por Eugenio IV.

Empezó entonces a ser favorecida con visiones «imaginarias» e «intelectuales», visiones que habrían de sucederse a lo largo de su vida y que determinaron sus crisis para averiguar si aquello era «espíritu de Dios» o del «demonio». Su ideal de reforma de la orden se concretó en 1562 con la fundación del convento de San José. Se inicia entonces una nueva etapa en su vida, en la que la dedicación a la contemplación y la oración es compartida con una actividad extraordinaria para conseguir el triunfo de la reforma carmelitana.

Desde 1567 hasta su muerte, fundó en Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas, Sevilla, Caravaca, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria y Burgos. En 1568 se erigió en Duruelo el primer convento reformado masculino, gracias a la colaboración de san Juan de la Cruz y del padre Antonio de Heredia. Redactó las Constituciones (1563), que fueron aprobadas en 1565 por Pío IV, y que se basan en los siguientes puntos: vida de oración en la celda, ayuno y abstinencia de carne, renuncia de rentas y propiedades, comunales o particulares, y práctica del silencio.

Para ayudar a sus religiosas a la realización de su ideal de vida religiosa compuso Camino de perfección (escrito entre 1562 y 1564 y publicado en 1583) y Las moradas o Castillo interior (1578). La reacción de los miembros de la antigua observancia carmelita llegó a su punto culminante en 1575, año en que denunciaron a los descalzos a la Inquisición. Un breve de Roma, en 1580, ordenó la separación de las dos órdenes.

En 1604 se inició el proceso de canonización de Teresa. En 1614 fue declarada beata, y en 1622 fue canonizada por Gregorio XV. En 1970 fue proclamada doctora de la Iglesia, siendo la primera mujer que recibía esta distinción. Además de las obras citadas, dejó escritas las siguientes: Meditaciones sobre los cantares, Exclamaciones, Visita de descalzas, Avisos, Ordenanzas de una cofradía, Apuntaciones, Desafío espiritual, Vejamen y unas treinta poesías.

Espero que la recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes.





Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados




Resumen Biográfico:


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Teresa de Jesús - Teresa de Cepeda y Ahumada (Ávila, 28 de marzo de 1515 – Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582) religiosa, Doctora de la Iglesia Católica, mística y escritora española; fundadora de las carmelitas descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (o carmelitas). También es conocida por el nombre de Santa Teresa de Jesús o simplemente Santa Teresa de Ávila.


Familia

Se llamaba Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, aunque generalmente usó el nombre de Teresa de Ahumada hasta que comenzó la reforma de la que se hablará más abajo, cambiando entonces su nombre por Teresa de Jesús.

El padre de Teresa era Alonso Sánchez de Cepeda, descendiente de familia judía conversa. Alonso tuvo dos mujeres. Con la primera, Catalina del Peso y Henao, tuvo tres hijos: María de Cepeda, Juan Jerónimo y Pedro. Con su segunda esposa, doña Beatriz Dávila y Ahumada, que murió cuando Teresa contaba unos doce años, tuvo otros nueve: Fernando, Rodrigo, Teresa, Lorenzo, Antonio, Pedro Alonso, Jerónimo, Agustín y Juana.

Alonso Sánchez y su esposa Beatriz eran de familia noble. Consta que la segunda mujer estaba emparentada con muchas familias ilustres de Castilla. Según una tradición, su hermano Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada en 1562 llegó a lo que hoy día es Nicaragua, al puerto de El Realejo y de allí a El Viejo (actual departamento de Chinandega) con la imagen de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción, para luego viajar al Perú. Los nativos se opusieron a que se llevara la imagen y esta permanece hasta hoy en la Basílica Menor de El Viejo y es la Patrona de Nicaragua.


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Santa Teresa de Jesús por José de Ribera, 1.630.



Infancia

Según relata en los escritos destinados a su confesor, reunidos en el libro Vida de Santa Teresa de Jesús, desde sus primeros años mostró Teresa una imaginación vehemente y apasionada. Su padre, aficionado a la lectura, tenía algunos romanceros; esta lectura y las prácticas piadosas comenzaron a despertar el corazón y la inteligencia de la pequeña Teresa con seis o siete años de edad.

En dicho tiempo pensó ya en sufrir el martirio, para lo cual, ella y uno de sus hermanos, Rodrigo, un año mayor, trataron de ir a las «tierras de infieles», es decir, tierras ocupadas por musulmanes, pidiendo limosna, para que allí los descabezasen. Su tío los trajo de vuelta a casa. Convencidos de que su proyecto era irrealizable, los dos hermanos acordaron ser ermitaños. Teresa escribe:

En una huerta que había en casa, procurábamos como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas pedrecitas, que luego se nos caían, y ansí no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo... Hacía (yo) limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario... Gustaba (yo) mucho cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios como que éramos monjas, y yo me parece deseaba serlo.

Teresa perdió a su madre hacia 1527, o sea a los doce años de edad. Ya en aquel tiempo su vocación religiosa había sido continuamente demostrada. Aficionada a la lectura de libros de caballerías, olvidó sus juegos de la niñez. He aquí sus palabras:

Comencé a traer galas, y a desear contentar en parecer bien, un mucho cuidado de manos y cabello y olores, y todas las vanidades que en esto podía tener, que eran hartas, por ser muy curiosa... Tenía primos hermanos algunos... eran casi de mi edad, poco mayores que yo; andábamos siempre juntos, teníanme gran amor y en todas las cosas que les daba contento, los sustentaba plática y oía sucesos de sus aficiones y niñerías, no nada buenas... Tomé todo el daño de una parienta (se cree que una prima), que trataba mucho en casa... Con ella era mi conversación y pláticas, porque me ayudaba a todas las cosas de pasatiempo, que yo quería, y aun me ponía en ellas, y daba parte de sus conversaciones y vanidades. Hasta que traté con ella, que fue de edad de catorce años... no me parece había dejado a Dios por culpa mortal.

Del relato de Teresa resulta que durante sólo tres meses tuvo «amor a los pasatiempos de buena conversación», favorecidos por las criadas, con ocasión de peligro para ella y deshonra para su padre y hermanos, juntamente con la afición a las galas y el deseo de contentar y parecer bien; pero ella misma declara que las «cosas deshonestas naturalmente las aborrecía.» Su padre cortó el mal de raíz llevando a Teresa (1531) al convento agustino de Santa María de Gracia en Ávila. También se ha dicho que hacia 1529 escribió Teresa libros de caballerías. Ya en el monasterio, los primeros ocho días echó mucho de menos Teresa su libertad. No quería ser monja, y sus adoradores la enviaban recados, mas según su propia frase, «como no había lugar, presto se acabó.» En dicho convento permaneció Teresa hasta el otoño de 1532, sin decidirse a ser monja.


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Santa Teresa de Avila, vidriera en Convento de Santa Teresa.



Mudanza física y espiritual

Acometida de grave enfermedad, tuvo que volver a casa de su padre, y ya curada, la llevaron al lado de su hermana María de Cepeda, que con su marido, don Martín de Guzmán y Barrientos, vivía en Castellanos de la Cañada. Luchando consigo misma, llegó a decir a su padre que deseaba ser monja, pues creía ella, dado su carácter, que el haberlo dicho bastaría para no volverse atrás. Su padre contestó que no lo consentiría mientras él viviera. Sin embargo, Teresa dejó la casa paterna, entró (2 de noviembre de 1533) en el convento de la Encarnación, en Ávila, y allí profesó el 3 de noviembre de 1534.

Tras entrar al convento su estado de salud empeoró. Padeció desmayos, una cardiopatía no definida y otras molestias. Así pasó el primer año. Para curarla, la llevó su padre (1535) a Castellanos de la Cañada, con su hermana. En dicha aldea permaneció Teresa hasta la primavera de 1536. En Castellanos de la Cañada habría logrado (1535) la conversión de un clérigo concubinario. Entonces pasó a Becedas (Ávila). De vuelta en Ávila (Domingo de Ramos de 1537), sufrió (julio) un parasismo de cuatro días en casa de su padre. Quedó paralítica por más de dos años. Antes y después del parasismo, sus padecimientos físicos fueron extraordinários.



Favores espirituales


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Santa Teresa de Ávila. Lienzo anónimo español del siglo XVII

A mediados de 1539 Teresa quedó sanada según ella por San José. Con la salud volvieron las aficiones mundanas, fáciles de satisfacer, puesto que la clausura a todas las religiosas no se impuso como obligatoria hasta 1563. Vivía Teresa de nuevo en el convento, donde recibía frecuentes visitas.

Languideció según ella entonces su espíritu, y dejó la oración (1541). Afirma que luego se le apareció Jesucristo (1542) en el locutorio con semblante airado, reprendiéndole su trato familiar con seglares. No obstante, permaneció Teresa en él durante muchos años, hasta que se movió a dejar el trato de seglares (1555) a la vista de una imagen de Jesús crucificado.

Ya había perdido a su padre (1541), cuyas últimas palabras le hicieron profunda impresión. El sacerdote que le había asistido en sus últimos momentos (el Dominico Vicente Barón), se encargó de dirigir la conciencia de Teresa, la cual, hasta la fecha citada, conociendo sus faltas, no quería corregirlas. Al cabo Teresa se confortó con la lectura de las Confesiones, de San Agustín. Los Jesuitas Juan de Prádanos y Baltasar Álvarez fundaron en Ávila un colegio de la Compañía (1555).

Teresa confesó con Prádanos; al año siguiente (1556) comenzó a sentir grandes favores espirituales, y poco después se vio animada (1557) por San Francisco de Borja. Tuvo en 1558 su primer rapto y la visión del infierno; tomó por confesor (1559) a Baltasar Álvarez, que dirigió su conciencia durante unos seis años, y disfrutó, dice, de grandes favores celestiales, entre los que se contó la visión de Jesús resucitado. Hizo voto (1560) de aspirar siempre a lo más perfecto; San Pedro de Alcántara aprobó su espíritu, y San Luis Beltrán la animó a llevar adelante su proyecto de reformar la Orden del Carmen, concebido hacia dicho año.


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El Convento de San José en Ávila.

Quería Teresa fundar en Ávila un monasterio para la estricta observancia de la regla de su orden, que comprendía la obligación de la pobreza, de la soledad y del silencio. Por mandato de su confesor, el dominico Pedro Ibáñez, escribió su vida (1561), trabajo que terminó hacia junio de 1562; añadió, por orden de fray García de Toledo, la fundación de San José; y por consejo de Soto volvió a escribir su vida en 1566.

Aquí es oportuno copiar al biógrafo francés Pierre Boudot:

En todas las páginas (del libro de su vida) se ven las huellas de una pasión viva, de una franqueza conmovedora, y de un iluminismo consagrado por la fe de fieles. Todas sus revelaciones atestiguan que creía firmemente en una unión espiritual entre ella y Jesucristo; veía a Dios, la Virgen, los santos y los ángeles en todo su esplendor, y de lo alto recibía inspiraciones que aprovechaba para la disciplina de su vida interior. En su juventud las aspiraciones que tuvo fueron raras y parecen confusas; sólo en plena edad madura se hicieron más distintas, más numerosas y también más extraordinarias. Pasaba de los cuarenta y tres años cuando por vez primera vivió un éxtasis. Sus visiones intelectuales se sucedieron sin interrupción durante dos años y medio (1559–1561). Sea por desconfianza, sea para probarla, sus superiores le prohibieron que se abandonase a estos fervores de devoción mística, que eran para ella una segunda vida, y la ordenaron que resistiera a estos arrobamientos, en que su salud se consumía. Obedeció ella, mas a pesar de sus esfuerzos, su oración era tan continua que ni aun el sueño podía interrumpir su curso. Al mismo tiempo, abrasada de un violento deseo de ver a Dios, se sentía morir. En este estado singular tuvo en varias ocasiones la visión que dio origen al establecimiento de una fiesta particular en la Orden del Carmelo.
Alude el biógrafo francés al suceso (1559) que refiere la santa en estas líneas:

Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento... Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas hayan tomado lo criado.

Vida de Santa Teresa, cap. XXIX
Para perpetuar la memoria de dicha misteriosa herida, el Papa Benedicto XIII, a petición de los Carmelitas de España e Italia, estableció (1726) la fiesta de la transverberación del corazón de Santa Teresa. El biógrafo francés agrega:

Hasta exhalar el último suspiro Teresa gozó la dicha de conversar con las personas divinas, que la consolaban o revelaban ciertos secretos del cielo; la de ser transportada al infierno o al purgatorio, y aun la de presentir lo venidero.


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El éxtasis de Santa Teresa. Escultura de Gian Lorenzo Bernini. (1645-1652). Iglesia de Santa María de la Victoria, en Roma.


Inicio de las fundaciones a lo largo de España

A fines de 1561 recibió Teresa cierta cantidad de dinero que le remitió desde el Perú uno de sus hermanos, y con ella se ayudó para continuar la proyectada fundación del convento de San José. Para la misma obra contó con el concurso de su hermana Juana, a cuyo hijo Gonzalo se dice que resucitó la santa. Esta, a principios de 1562, marchó a Toledo a casa de doña Luisa de la Cerda, en donde estuvo hasta junio. En el mismo año conoció al padre Báñez, que fue luego su principal director, y a fray García de Toledo, ambos dominicos.

Descontenta con la «relajación» de las normas que en 1432 habían sido mitigadas por Eugenio IV, Teresa decidió reformar la orden para volver a la austeridad, la pobreza y la clausura que consideraba el auténtico espíritu carmelitano. Pidió consejo a Francisco de Borja y a Pedro de Alcántara que aprobaron su espíritu y su doctrina.

Después de dos años de luchas llegó a sus manos la bula de Pío IV para la erección del convento de San José, en Ávila, ciudad a la que había regresado Teresa. Se abrió el monasterio de San José (24 de agosto de 1562); tomaron el hábito cuatro novicias en la nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José; hubo alborotos en Ávila; se obligó a la santa a regresar al convento de la Encarnación, y, calmados los ánimos, vivió Teresa cuatro años en el convento de San José con gran austeridad. Las religiosas adictas a la reforma de Teresa, dormían sobre un jergón de paja; llevaban sandalias de cuero o madera; consagraban ocho meses del año a los rigores del ayuno y se abstenían por completo de comer carne. Teresa no quiso para ella ninguna distinción, antes bien siguió confundida con las demás religiosas no pocos años.

La reforma propugnada por Teresa junto a San Juan de la Cruz, que, como se verá, comprendió también a los hombres, se llamó de los Carmelitas Descalzos, y progresó rápidamente, no obstante los escasos recursos de que disponía la santa. El padre Rossi, general del Carmen, visitó (1567) el convento de San José, lo aprobó, y dio permiso a Teresa para fundar otros de mujeres y dos de hombres. La santa, en aquel año, marchó a Medina del Campo para posesionarse de otro convento; estuvo en Madrid, y en Alcalá de Henares arregló el convento de descalzas fundado por su amiga María de Jesús. Por entonces se empezó a tratar de la reforma para hombres. En 1562 llegó a Malagón y fundó otro monasterio de la reforma. El monasterio fue bendecido en su inauguración el día de Ramos (11 de abril) de 1568. Como anécdota y dato curioso cabe decir que en la celda del monasterio que ocupó Santa Teresa hay una imagen suya sentada escribiendo en una pequeña mesa y que sólo se expone una vez cada 100 años en esa iglesia. Actualmente, en el monasterio viven carmelitas de clausura. De Malagón se trasladó Teresa a Toledo, a donde llegó enferma (1568), y tras corta residencia en Escalona, regresó a la ciudad de Ávila. De ella salió para Valladolid; allí dejó establecido otro convento, y por Medina y Duruelo volvió al de Ávila (1569). Pasó a Toledo y Madrid; de aquí otra vez a Toledo, ciudad en la que experimentó muchas dificultades para la fundación de un convento, la cual quedó hecha a 13 de mayo, y vencidos otros obstáculos, tomó posesión del monasterio de Pastrana (9 de julio). De vuelta en Toledo, allí permaneció un año, durante el cual hizo algunas breves excursiones a Medina, Valladolid y Pastrana. En Duruelo se había fundado el primer convento de hombres (1568). Se afirma que vio Teresa milagrosamente el martirio del Padre Acevedo y otros 40 Jesuitas asesinados (1570) por el pirata protestante Jacobo Soria. Tras una visita a Pastrana, de donde regresó a Toledo, entró en Ávila (agosto). Poco después se fundaba en Alcalá el tercer convento de descalzos, y en Salamanca, ciudad en que estuvo la santa, el séptimo de descalzas, al que siguió otro de mujeres en Alba de Tormes (25 de enero de 1571). De Alba volvió Teresa a Salamanca, siendo hospedada en el palacio de los condes de Monterrey; pasó a Medina, y de vuelta en Ávila, aceptó el priorato del convento de la Encarnación, cuya reforma consiguió. El priorato duró tres años. Se fundaron varios conventos más de descalzos; algunos en Andalucía abrazaron la reforma, y comenzó la discordia entre calzados y descalzos, todo ello en 1572, año en que Teresa recibió muchos favores espirituales en el convento de la Encarnación: tales fueron su desposorio místico con Jesucristo y un éxtasis en el locutorio cuando conversaba con San Juan de la Cruz. Teresa, que en el transcurso de su vida escribió muchas cartas, estuvo en Salamanca en 1573. Allí, obedeciendo a su director, el jesuita Ripalda, redactó el libro de sus fundaciones.



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Monunnto a Santa Teresa, frente a la Iglesia de San Pedro de estilo románico situada en la Plaza de Santa Teresa, frente a la Muralla de Ávila.


Resultados de la reforma carmelitana y tribulaciones de Teresa  

Vivió después en Alba (1574), de la que, a pesar de hallarse enferma y muy atribulada, pasó por Medina del Campo y Ávila a Segovia. En esta ciudad fundó otro convento, al que pasaron las religiosas del monasterio de Pastrana que fue abandonado debido al intento de doña Ana de Mendoza de la Cerda, la princesa de Éboli, de convertirse en religiosa bajo el nombre de sor Ana de la Madre de Dios, siguiendo un estilo de vida desapegado a la norma de la orden.

En dicho año se denunció a la Inquisición por vez primera la autobiografía de Teresa, que, de regreso en Ávila, terminado (6 de octubre) su priorato en la Encarnación, volvió a su convento de San José. A fines de año marchó a Valladolid. En principios de enero de 1575 por Medina, llegó a Ávila, y deteniéndose poco, fue a Beas de Segura (Jaén) por Toledo, Malagón y Almodóvar, donde se dice que profetizó las virtudes del beato Juan Bautista de la Concepción, reformador de los Trinitarios. Hecha la fundación del décimo convento de descalzas en Beas de Segura (24 de febrero), y fundado el convento de descalzos de Almodóvar del Campo (7 de marzo), se trasladó Teresa a Sevilla estando enferma, y pasó grandes incomodidades en el viaje. Sufrió también grandes contradicciones en Sevilla, aunque logró fundar en ella el undécimo convento de descalzas.


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Sello dedicado a Santa Teresa de Jesús, escultura de Gregorio Hernández

Estalló la discordia entre Carmelitas calzados y descalzos en el capítulo general celebrado por aquellos días en Plasencia; en virtud de las bulas pontificias se acordó tratar con rigor a los descalzos, que se habían extralimitado en sus fundaciones, y como fuera el padre Gracián (21 de noviembre), por comisión del nuncio, a visitar los Carmelitas Calzados de Sevilla, estos resistieron la visita con gran alboroto. El padre Salazar, provincial de Castilla, intimó a Teresa que no hiciera más fundaciones y que se retirase a un convento sin salir de él. Trató la santa de retirarse a Valladolid, pero se opuso Gracián. En Sevilla estaba Teresa al fundarse en Caravaca (1 de enero de 1576) el duodécimo convento de descalzas. Delatada a la Inquisición por una religiosa salida del convento, eligió para su residencia el convento de Toledo. Dejó Sevilla (4 de junio), llegó a Malagón (11 de junio), y de allí a Toledo, donde ya estaba a principios de julio. Antes de establecerse, marchó al convento de Ávila para arreglar varios asuntos; pero regresó rápidamente a Toledo en compañía de Ana de San Bartolomé, a la que había tomado por secretaria. Allí concluyó el libro de Las fundaciones, las cuales se suspendieron en los cuatro años que duraron las persecuciones y conflictos entre calzados y descalzos. Eligió en Toledo por confesor a Velázquez.

Propaladas muchas calumnias contra Teresa, se trató de enviarla a un convento americano. Hizo la santa un viaje de Toledo a Ávila (julio de 1577), para someter a la Orden del Carmen el convento de San José, antes sujeto al ordinario. Miguel de la Columna y Baltasar de Jesús, desertores de la reforma, extendieron las calumnias contra los descalzos, a los que con tal motivo persiguió el nuncio Felipe Sega. Acudió Teresa al rey, que tomó en sus manos el asunto. Las monjas de la Encarnación, en Ávila, la eligieron priora, a pesar de las censuras del padre Valdemoro (octubre de 1577). La santa escribió (julio a noviembre) el libro de Las moradas. Sostuvo luego (1578) una polémica con el padre Suárez, provincial de los Jesuitas, y el nuncio redobló sus persecuciones hasta el punto de pretender destruir la reforma, desterrando a los principales descalzos y confinando a Toledo a Teresa, por él calificada de «fémina inquieta y andariega». En Sevilla un confesor delató a la Inquisición las supuestas faltas de la priora de las descalzas y de Teresa misma, sobre lo cual se formó un ruidoso expediente que puso en claro la inocencia de ambas.

Aquel año de (1578) la santa lo pasó en Ávila, y fue el más triste para Teresa, pues en una de sus cartas decía que le hacían guerra todos los demonios. Por entonces se hizo otra denuncia del Libro de su Vida. Desde principios de 1579 comenzó a calmarse la tempestad contra Teresa y su reforma. La santa escribió en Ávila (6 de junio) los cuatro avisos que dijo haber recibido del mismo Dios para aumento y conservación de su orden, los cuales publicó Fray Luis de León al fin del libro de la Vida. De Ávila salió (25 de junio) para visitar sus conventos. Sucesivamente estuvo en Medina del Campo, Valladolid, otra vez en Medina, en Alba de Tormes y Salamanca. De regreso en Ávila (noviembre), salió para Malagón, a pesar de estar enferma, y llegó a dicho pueblo (día 19) pasando por Toledo. En Villanueva de la Jara asistió a la fundación (25 de febrero de 1580) del decimotercero convento de descalzas. Regresó a Toledo, a pesar del mal estado de su salud y de los dolores de un brazo que se lo había roto (1577) resultado de una caída. En Toledo tuvo una parálisis y fallas cardíacas, que la pusieron a las puertas de la muerte. De allí pasó a Segovia y volvió a la ciudad de Ávila. Por aquellos días Gregorio XIII expidió las bulas (22 de junio) para la formación de provincia aparte para los descalzos. Teresa visitó Medina y Valladolid, donde cayó gravemente enferma. En Palencia fundó otro convento, al que siguieron dos de descalzos, uno en Valladolid y otro en Salamanca, ambos fundados en 1581. El decimoquinto de descalzas quedó fundado por la santa en Soria (3 de junio de 1581). Luego Teresa pasó por el Burgo de Osma, Segovia y Villacastín a la ciudad de Ávila, en la que las monjas del convento de San José la eligieron priora, cargo que hubo de aceptar. Después estuvo (1582) en Medina del Campo, Valladolid, Palencia y Burgos, casi siempre enferma.


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Santa Teresa de Jesús. Pintura al óleo de Alonso del Arco, siglo XVII.



Últimas fundaciones y muerte  

Supo que en Granada se había fundado el decimosexto convento de carmelitas, y uno de descalzos en Lisboa. El decimoséptimo de descalzas lo fundó ella en Burgos, donde escribió sus últimas fundaciones, incluyendo la de dicha ciudad. Saliendo de Burgos pasó por Palencia, Valladolid, cuya priora la echó del convento, Medina del Campo, cuya priora también la despreció, y Peñaranda. Al llegar a Alba de Tormes (20 de septiembre) su estado empeoró. Recibido el viático y confesada, murió en brazos de Ana de Jesús la noche del 4 de octubre de 1582 (día en que el calendario juliano fue sustituido por el calendario gregoriano en España, por lo que ese día pasó a ser, viernes, 15 de octubre). Su cuerpo fue enterrado en el convento de la Anunciación de esta localidad, con grandes precauciones para evitar un robo. Exhumado el 25 de noviembre de 1585, quedó allí un brazo y se llevó el resto del cuerpo a Ávila, donde se colocó en la sala capitular; pero el cadáver, por mandato del Papa, fue devuelto al pueblo de Alba, habiéndose hallado incorrupto (1586). Se elevó su sepulcro en 1598; se colocó su cuerpo en la capilla Nueva en 1616, y en 1670, todavía incorrupto, en una caja de plata. Beatificada Teresa en 1614 por Paulo V, e incluida entre las santas por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, fue designada (1627) para patrona de España por Urbano VIII. En 1626 las Cortes Españolas la nombraron copatrona de los Reinos de España, pero los partidarios de Santiago Apóstol lograron revocar el acuerdo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Salamanca y posteriormente fue designada patrona de los escritores.

En 1970 se convirtió (junto con Santa Catalina de Siena) en la primera mujer elevada por la Iglesia Católica a la condición de Doctora de la Iglesia, bajo el pontificado de Pablo VI. La Iglesia Católica celebra su fiesta el 15 de octubre.


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San Juan de la Cruz en un retrato del siglo XVI dibujado por Francisco Pacheco.



Obra literaria

Cultivó además Teresa la poesía lírico-religiosa. Llevada de su entusiasmo, se sujetó menos que cuantos cultivaron dicho género a la imitación de los libros sagrados, apareciendo, por tanto, más original. Sus versos son fáciles, de estilo ardiente y apasionado, como nacido del amor ideal en que se abrasaba Teresa, amor que era en ella fuente inagotable de mística poesía.

Las obras místicas de carácter didáctico más importantes de cuantas escribió la santa se titulan: Camino de perfección (1562–1564); Conceptos del amor de Dios y Castillo interior o Las moradas. Además de estas tres, pertenecen a dicho género las tituladas: Vida de Santa Teresa de Jesús (1562–1565) escrita por ella misma y cuyos originales se encuentran el la biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del El Escorial; Libro de las relaciones; Libro de las fundaciones (1573–1582); Libro de las constituciones (1563); Avisos de Santa Teresa; Modo de visitar los conventos de religiosas; Exclamaciones del alma a su Dios; Meditaciones sobre los cantares; Visita de descalzas; Avisos; Ordenanzas de una cofradía; Apuntaciones; Desafío espiritual y Vejamen.

También escribió Teresa poesías, escritos breves y escritos sueltos sin considerar una serie de obras que se le atribuyen. Escribió Teresa también 409 Cartas, publicadas en distintos epistolarios. Los escritos de la Santa Católica se han traducido a casi todos los idiomas. El nombre de Santa Teresa de Jesús figura en el Catálogo de autoridades de la lengua publicado por la Real Academia Española.


Características físicas

Su confesor, Francisco de Ribera, trazó así el retrato de Teresa:

Era de muy buena estatura, y en su mocedad hermosa, y aun después de vieja parecía harto bien: el cuerpo abultado y muy blanco, el rostro redondo y lleno, de buen tamaño y proporción; la tez color blanca y encarnada, y cuando estaba en oración se le encendía y se ponía hermosísima, todo él limpio y apacible; el cabello, negro y crespo, y frente ancha, igual y hermosa; las cejas de un color rubio que tiraba algo a negro, grandes y algo gruesas, no muy en arco, sino algo llanas; los ojos negros y redondos y un poco carnosos; no grandes, pero muy bien puestos, vivos y graciosos, que en riéndose se reían todos y mostraban alegría, y por otra parte muy graves, cuando ella quería mostrar en el rostro gravedad; la nariz pequeña y no muy levantada de en medio, tenía la punta redonda y un poco inclinada para abajo; las ventanas de ella arqueadas y pequeñas; la boca ni grande ni pequeña; el labio de arriba delgado y derecho; y el de abajo grueso y un poco caído, de muy buena gracia y color; los dientes muy buenos; la barba bien hecha; las orejas ni chicas ni grandes; la garganta ancha y no alta, sino antes metida un poco; las manos pequeñas y muy lindas. En la cara tenía tres lunares pequeños al lado izquierdo, que le daban mucha gracia, uno más abajo de la mitad de la nariz, otro entre la nariz y la boca, y el tercero debajo de la boca. Toda junta parecía muy bien y de muy buen aire en el andar, y era tan amable y apacible, que a todas las personas que la miraban comúnmente aplacía mucho.


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El Convento de las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes fue fundado por Santa Teresa de Jesús en 1571



Reliquias y traslados

Nueve meses después de su muerte abrieron el ataúd y comprobaron que el cuerpo estaba entero y los vestidos podridos. Antes de devolver el cuerpo al cofre de enterramiento le diseccionaron una mano que envolvieron en una toquilla y la llevaron a Ávila. De esa mano cortó el padre Gracián el dedo meñique y, según su propio relato, lo mantuvo con él hasta que fue hecho prisionero por los turcos. Lo rescató a cambio de unas sortijas y 20 reales de la época.

Reunido el capítulo de los descalzos, acordó que el cuerpo de Teresa debía volver a Ávila y ser custodiado en el convento de san José. Se hizo el traslado un sábado de noviembre de 1585, casi en secreto. Las monjas del convento de Alba de Tormes pidieron quedarse con un brazo como reliquia. Cuando el duque de Alba se enteró del traslado, envió sus quejas a Roma e hizo negociaciones para recuperarlo. El cuerpo volvió de nuevo a Alba de Tormes.

Después de estos hechos no la volvieron a trasladar más, pero se sacaron varias reliquias:

   - El pie derecho y parte de la mandíbula superior están en Roma.
   - La mano izquierda, en Lisboa.
   - El ojo izquierdo y la mano derecha, en Ronda (España). Esta es la famosa mano que Francisco Franco conservó hasta su muerte, tras encontrarla las tropas franquistas en manos de revolucionarios republicanos durante la Guerra Civil Española.
   - El brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes. Y el cuerpo incorrupto de la santa en el altar mayor, en un arca de mármol jaspeado custodiado por dos angelitos, en dicha iglesia.
   - Dedos y trozos de carne, esparcidos por España y toda la cristiandad.


Títulos

   - Capitana de los Reinos de España. Este título fue proclamado por las Cortes en 1626 pero los partidarios de Santiago apóstol consiguieron revocar el acuerdo.
   - Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.
   - Patrona de los escritores españoles.
   - Alcaldesa de la Villa de Alba de Tormes (título honorífico) desde el año 1963.
   - Doctora de la Iglesia Católica, declarada en 1970.


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Monumento a Santa Teresa


Basílica de Santa Teresa de Jesús


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Vista de Basílica de Santa Teresa de Jesús -en construcción- es un templo religioso de la villa ducal de Alba de Tormes, (Salamanca).


La Basílica de Santa Teresa de Jesús es un templo religioso de la villa ducal de Alba de Tormes, (Salamanca). Templo inacabado de estilo neogótico. Fue concebida por Enrique Vargas Repulles para albergar los restos de Santa Teresa de Jesús y acoger a los miles de peregrinos que acuden a visitarlos.

Son de destacar las 8 capillas laterales. Actualmente el templo se encuentra en una nueva fase de construcción.



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Sepulcro de Santa Teresa Jesús (M.M. Carmelitas Descalzas. Alba de Tormes). El 4 de Octubre de 1582 moría Teresa de Jesús en su celda del Convento de la Anunciación.

El sepulcro de Teresa de Jesús está cerrado con nueve llaves. La duquesa de Alba tiene tres, las monjas del convento donde está enterrada tienen otras tres y el confesor de dichas monjas, las tres restantes.


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Estatua de Santa Teresa de Jesús. Alba de Tormes



Monasterio de La Encarnación


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Uno de los lugares esenciales de la vida de la Santa es el Monasterio de la Encarnación en Ávila, donde permanece casi ininterrumpidamente desde 1535 hasta 1574.


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El Monasterio de La Encarnación, este monasterio había nacido como un beaterio fundado por Doña Elvira González de Medina en 1478 junto a la puerta de San Vicente, poco después se trasladó a la antigua calle del Lomo y en 1510, siendo priora Doña Beatriz de Guiera, se trasladaron al lugar actual, convirtiéndose en religiosas con votos.


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Monasterio de La Encarnación de Ávila. Locutorio

Cuando Teresa de Cepeda, sin permiso paterno, ingresa en la Orden del Carmen, el monasterio era uno de los más poblados de la ciudad. Contaba con un número muy elevado de bienes, y al igual que en otros muchos, la vida de convento no era rigurosa y existían diferencias sociales muy acusadas entre las monjas. En La Encarnación recibe los consejos de Francisco de Borja, de Juan de la Cruz y de Pedro de Alcántara y desde aquí se prepara la Reforma del Carmelo.


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El Papa Juan Pablo II visitó el monasterio de la Encarnación, de las Carmelitas Descalzas, en Ávila el 1 de noviembre de 1982.


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El Papa en el convento de las Carmelitas de Alba de Tormes firmó en el libro de oro que le presentaron las religiosas.


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Celda en la que vivió Santa Teresa. . M. de la Encarnación.


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Conjunto monumental teresiano de Alba de Tormes


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Patio interior del Monasterio de la Encarnación.Ávila

Teresa de Jesús fue una gran mujer luchadora, una gran santa mística enamorada de Jesucristo crucificado, una extraordinaria escritora y una maravillosa conversadora con un léxico vivo y pintoresco. El espíritu de sus hijos e hijas, los Carmelitas Descalzos, extendidos por todo el mundo y sus libros son su gran obra y sus verdaderos monumentos de espiritualidad.

En su corazón grande y pleno de amor hacia los demás, le llevó a componer diversas poesías religiosas, muy místicas de profundo conocimiento y amor espiritual, tales como las célebres y populares:

“Vivo sin vivir en mí”


Vivo sin vivir en mí,

y de tal manera espero,

que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí

después que muero de amor;

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí;

cuando el corazón le di

puse en él este letrero:

que muero porque no muero.

Esta divina prisión

del amor con que yo vivo

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga

do no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

no lo es la esperanza larga.

Quíteme Dios esta carga,

más pesada que el acero,

que muero porque no muero.

Sólo con la confianza

vivo de que he de morir,

porque muriendo, el vivir

me asegura mi esperanza.

Muerte do el vivir se alcanza,

no te tardes, que te espero,

que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,

vida, no me seas molesta;

mira que sólo te resta,

para ganarte, perderte.

Venga ya la dulce muerte,

el morir venga ligero,

que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba

es la vida verdadera;

hasta que esta vida muera,

no se goza estando viva.

Muerte, no me seas esquiva;

viva muriendo primero,

que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle

a mi Dios, que vive en mí,

si no es el perderte a ti

para mejor a Él gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues tanto a mi Amado quiero,

que muero porque no muero.



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Santa Teresa de Ávila. Por Pedro Pablo Rubens. Museo de Arte e Historia de Viena. Austria



Alonso Cano (Granada, 1601-1667). Artista español polifacético, que practicó la pintura, la escultura y la arquitectura. Dedicovarias obras a Santa teresa.


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Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús. 1629. Óleo sobre lienzo, 99 x 43,5 cm. Museo del Prado. Este cuadro y su compañero, Aparición de Cristo Salvador a santa Teresa de Jesús (P8153), representan dos aspectos de la personalidad de santa Teresa. Uno de ellos alude a su actividad como escritora, lo que a su vez se relaciona con su condición de fundadora, y le valió el título de Doctora de la Iglesia (1970). La vemos sentada ante una mesa en la que hay un libro y un tintero, en actitud de escribir, mientras recibe la inspiración de la imagen de Cristo crucificado. Su comparación con el Resucitado de la pintura compañera sugiere que estamos ante un crucifijo, y no ante la presencia real de Cristo. Ambas obras destacan de manera especial por ser anteriores a 1638, el año en que el artista abandonó Sevilla para establecerse en Madrid. En esas primeras décadas de su carrera, Cano desarrolló un estilo muy distinto al que cultivaría tras su marcha de Sevilla, y que se caracterizaba por el peso tan importante que tenía en él la técnica descriptiva y la iluminación naturalistas (Texto extractado de: Memoria de Actividades 2013, Museo Nacional del Prado).


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Aparición de Cristo Salvador a santa Teresa de Jesús, 1629. Óleo sobre lienzo, 99 x 43,5 cm. Obra de Alonso Cano. Museo del Prado. Este cuadro y su compañero con la Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús (P8152) representan dos aspectos de la personalidad de santa Teresa. Esta pintura describe una de las visiones que proporcionaron fama de santidad a Teresa, a quien vemos arrodillada ante la aparición de Cristo resucitado. Ese encuentro aparece narrado en Las moradas, una de sus obras más difundidas. Allí (Morada VII, cap. II)  afirma que se le representó el Señor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado, y le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y Él tendría cuidado de las suyas. Teresa se sirve de la descripción de ese encuentro para definir cómo se operó en ella el paso desde la unión espiritual al matrimonio espiritual, un dato importante para precisar el origen de estas dos obras. Desde que ambas se incorporaron a los estudios sobre Alonso Cano, en 1955, se llamó la atención sobre la posibilidad de relacionarlas con el retablo de Santa Teresa del convento carmelita de San Alberto, en Sevilla. Su decoración fue contratada por Alonso Cano en noviembre de 1628, y en el contrato se especificaba el tema de varias de sus pinturas. Aunque no se había podido asociar directamente el asunto de ninguna de estas dos obras con las escenas que aparecen en el contrato, si entendemos que, desde el punto de vista carmelita, la aparición de Cristo resucitado a santa Teresa equivale al matrimonio místico entre ambos, es posible ya establecer esa asociación, pues una de las pinturas que Cano se comprometía a realizar tenía como asunto el desposorio de Cristo y santa Teresa de Jesús. En cuanto a su compañera, sería uno de los cuadros cuyo tema no especificaba el contrato, y que se dejaban a la elección del padre Francisco de Ortega. Ambas obras destacan de manera especial por ser anteriores a 1638, el año en que el artista abandonó Sevilla para establecerse en Madrid. En esas primeras décadas de su carrera, Cano desarrolló un estilo muy distinto al que cultivaría tras su marcha de Sevilla, y que se caracterizaba por el peso tan importante que tenía en él la técnica descriptiva y la iluminación naturalistas (Texto extractado de: Memoria de Actividades 2013, Museo Nacional del Prado).



También el pintor barroco madrileño Juan García de Miranda (1677-1749), le dedicó varias obras a Santa Teresa.


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Educación de santa Teresa, 1735, óleo sobre lienzo, 162 x 266 cm. Museo del Prado. Obra de Juan García de Miranda.

En el centro de una habitación, Santa Teresa niña aparece sentada de frente, leyendo un libro. A su lado aparecen tres figuras femeninas cosiendo junto a un niño que parece leer o escuhar. Las mujeres deben representar a su madre y sus hermanas, mientras que el niño puede ser su hermano Rodrigo, que tenía afición a la lectura de vidas de santos. Al fondo, un hueco de ventana deja ver otra estancia. A la izqueirda del lienzo, un gran ventanal por el que penetra un haz de luz que inunda y envuelve a las figuras. A la derecha, una puerta abierta, a través de la cual se divisa un paisaje en el que destacan dos torres con chapiletes de pizarra. Esta obra formó parte de una serie dedicada a la vida de Santa Teresa, de la que ingresaron tres cuadros en el Museo Nacional de la Trinidad, desde donde pasaron posteriormente al actual Museo del Prado.


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Santa Teresa y su hermano don Rodrigo, intentando construir ermitas, óleo sobre lienzo, 163 x 225 cm. Museo del Prado (en dep. en la Capitanía General de La Coruña). Obra de Juan García de Miranda.



Bibliografía

Boudot, Pierre: la Jouissance de Dieu ou le Roman courtois de Thérèse d'Avila (préface de Xavier Tilliette). Cluny: A contrario, coll. « La sœur de l'ange. Les classiques méconnus », 2005. (ISBN 2-7534-0032-6)
Etxeberri, Xabier: Vida y obra de Santa Teresa de Ávila. Barcelona: Editorial Cartes, 1955.
García Valdés, Olvido: Santa Teresa de Jesús. Barcelona: Ediciones Omega S.A., 2001. (ISBN 84-282-1235-X)
Lope de Vega, Félix: Santa Teresa de Jesús. Barcelona: Linkgua ediciones, 2005. (ISBN 84-96428-91-5)
Martínez-Blat, Vicente: La Andariega: Biografía íntima de Santa Teresa de Jesús. Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 2005. (ISBN 84-7914-779-2)
Ribera, Francisco: La vida de la madre Teresa de Jesús: Fundadora de las descalzas y descalzos carmelitas. Madrid: Editorial Edibesa, 2005. (ISBN 84-8407-427-7)
Santa Teresa de Jesús: Castillo Interior, o Las Moradas. Madrid: Editorial Aguilar, 1957.
Santa Teresa de Jesús: Exclamaciones del alma a su Dios. Madrid: Editorial Aguilar, colección crisol, 1957.
Santa Teresa de Jesús: Poesías. Madrid: Editorial Aguilar, colección crisol, 1957.


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Monumento a Santa Teresa, frente a la Iglesia de San Pedro de estilo románico situada en la Plaza de Santa Teresa, frente a la Muralla de Ávila.


El carmelita Manuel Diego Sánchez publica una bibliografía sistemática de Santa Teresa de Jesús, enlace: http://albadetormesaldia.es/2008/12...eresa-de-jesus/



Teresa junto a la muralla


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Estatua de Santa Teresa al lado de la Puerta del Alcázar de la muralla de Ávila. Forma ya parte de la imagen de Ávila que nos llevamos en la retina después de pasear por sus calles. Junto a la puerta del Álcázar, a los pies de la monumental muralla, surge la blanca figura de Teresa de Jesús, pluma en mano y mirada a lo alto.

El autor. El escultor de esta pieza es Juan Luis Vassallo Parodi, nacido en Cádiz en 1908, hijo del pintor Eduardo Vassallo Dorronsoro. Ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en la que estudia desde 1931 hasta 1934, año en el que comenzó a ejercer la docencia. Primero en la Escuela de Artes y Oficios de Ávila (1934-1936), más tarde en Sevilla y finalmente en Madrid, como catedrático de modelado en la Escuela de San Fernando. Compaginó la enseñanza, formando a un gran número de discípulos, con la creación de importantes obras escultóricas.

La historia. La escultura tiene una larga historia, y una prehistoria, que se podría remontar al año 1965, en que se realizaron obras en la plaza de Santa Teresa, para construir un aparcamiento subterráneo. El «Monumento de las Grandezas de Ávila», que remata en la figura neoclásica de la Santa, fue desmontado y retirado por ese motivo. La ciudad se plantea ya entonces otorgar a Teresa de Jesús un monumento digno de su importancia y del cariño que los abulenses le tributan.

A finales de 1970, el Ayuntamiento convocó un concurso de proyectos para la creación de un monumento a Santa Teresa. El escultor gaditano Juan Luis Vassallo fue el ganador del mismo. Junto a él, colaboraron en el proyecto los arquitectos Diego Vega y José Manuel Vassallo, hijo del artista.

Sin embargo, la realización de la obra se retrasó durante varios años. En ese tiempo, hubo una serie de polémicas entre quienes defendían la ejecución de la obra premiada y quienes deseaban una escultura en el centro de la plaza.

Finalmente, se llevó a cabo el proyecto de Vassallo, y el grupo escultórico sería inaugurado oficialmente por Juan Pablo II en su visita a la ciudad de Ávila, con motivo de la clausura del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa, el 1 de noviembre de 1982.

La obra. El monumento está concebido como un homenaje al quehacer literario de la Santa. La hermosa estatua de Teresa, esculpida en un solo bloque de piedra blanca de veinte toneladas, y dos metros de altura, la representa escribiendo, con la pluma sobre el libro. Se enlaza con un grupo escultórico de ángeles, en clara alusión al valor espiritual de la obra de la escritora abulense. Ambos bloques aparecen unidos por una estela de piedra, en la que se halla grabada, en rasgos caligráficos teresianos, la siguiente frase de su obra cumbre: «que poderoso es el Señor de enriquecer las almas por muchos caminos y llegarlas a estas moradas» (5M, 3, 4).

delaruecaalapluma.wordpress.com



Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo dedicado a Santa Teresa de Jesús, os haya gustado el trabajo recopilatorio, está dedicado a una gran mujer: Teresa de Jesús. Fue una santa española, doctora de la Iglesia, escritora de prestigio y con una proyección universal.


Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, museodelprado.es, artehistoria.com, cvcervantes,caminodelalengua, biografiasyvidas.com, fuenterrebollo, visitaturistica.com, lasedades.es, turismoyarte.com, teinteresa.es, picasa.com, flickr.com, cocinaycultura.blogspot.com, conferenciaepiscopal.es, nicolas-capellanencarnacionavila.blogspot.com, aorillasdeltormes.blogspot.com, xn--espaaescultura-tnb.es, elsayon.blogspot.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
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El éxtasis de Santa Teresa


¿Sus visiones eran por la 'cisticercosis'?




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Reliquia del corazón de Santa Teresa. Carmelitas de Alba de Tormes.

Enlace: http://es.scribd.com/doc/178944538/...a-Teresa#scribd
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Nuevas visiones sobre Teresa de Jesús


La celebración del quinto centenario subrayará en 2015 la faceta literaria y reformadora de la carmelita



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Modelo de terracota de 'El éxtasis de santa Teresa', de Bernini. / B. Pérez

Teresa corta cebolla en la cocina de su monasterio en Ávila cuando entra el Gran Inquisidor husmeándolo todo. “Entre pucheros anda Dios”, escucha que dice el prelado, citándola. Hace tiempo que resuenan por España frases de la escritora, con mucha garra popular. En una proclamó que “la verdad padece, pero no perece”. Al Inquisidor no le gustan. Ninguna. Qué hace una mujer, una pobre monja, diciendo esas cosas sin control de los prelados. Son “tiempos recios”, ha escrito Teresa. Es el año 1562 y tiene ya 47 años, una edad avanzada para aquel tiempo, mucho más para iniciar la campaña que culmina en una sonada reforma del Carmelo y la fundación de 17 conventos. Es una tarea quijotesca y peligrosa, le advierten. Va a contarla en libros que no publica en vida, por prudencia, por la censura, por miedo. Ella misma aconseja, a veces, que se destruyan, una vez leídos por los destinatarios. Pero los libros y las cartas, manuscritos con gracia, corren de mano en mano, con gran disgusto de inquisidores y envidiosos. A hablar de todo eso entra el Gran Inquisidor, amenazante, en la cocina del convento de san José.

La escena la desarrolla el dramaturgo Juan Mayorga en ‘La lengua en pedazos’, la obra por la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Se ha vuelto a representar en el coqueto anfiteatro del Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS), de Ávila, dentro de los eventos preparatorios del V Centenario del nacimiento de la autora del ‘Libro de la vida’. Como gran aperitivo, el Congreso Internacional Teseriano se ha centrado en las cartas de la reformadora. Escribió varios miles y se conservan 500, repartidas por todo el mundo, que permiten completar su complejo perfil de mujer. El Gobierno ha creado una comisión para ensalzar esa conmemoración como “un proyecto de Estado, consciente, dice en un real decreto, de la importancia de una escritora, poeta, mística y fundadora, “que contribuyó a alumbrar el Siglo de Oro”. Como instrumento para impulsarlo, se ha creado la Fundación V Centenario. La preside el vicario general carmelita, Emilio José Martínez, con José Luís Vera Llorens como director gerente. La apertura oficial del centenario se producirá el próximo día 9 de enero en Ávila y los obispos gestionan que el papa Francisco visite España con tal motivo en alguna fecha del 2015.

Fue feminista a su modo; se sobrepuso a los machismos de su tiempo

“La dictadura franquista hizo a Teresa de Ávila un flaco favor al proclamarla la santa de la raza”, sostiene uno de sus mejores biógrafos, el hispanista francés Joseph Pérez, distinguido este año con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. El secuestro de la Teresa auténtica, adelantada a su tiempo –mística, rebelde, reformadora y fundadora de la orden femenina y masculina de los Carmelitas Descalzos-, no sólo lo perpetró el dictador Franco haciéndose acompañar toda su vida en el poder de una mano incorrupta de la santa. Aún permanece. Lo demostró el ministro de Interior, Jorge Fernández, en la presentación en la última Feria de Turismo (FITUR) del proyecto ‘Huellas de Santa Teresa’, que recorrerá el año que viene las 17 ciudades en las que Teresa de Ávila abrió convento. “Santa Teresa hablaba de tiempos recios, y estoy seguro de que estará siendo una importante intercesora para España en estos tiempos también recios”, dijo el ministro.

La orden de los Carmelitas Descalzos -1400 conventos en 120 países, con 12.000 monjas y 5.000 frailes-, comenzó a preparar hace cuatro años este centenario de su fundadora, con el convencimiento de que nunca como ahora habrá mejor oportunidad para “recolocar en escena el verdadero perfil de santa Teresa, muy emborronado durante décadas del siglo pasado”. Añaden los promotores: “Por primera vez en cinco siglos ha llegado el momento de fijar la importancia de una de las figuras más complejas del más temprano Siglo de Oro español”.

Contra la conspiración de los ruidos, con mistificaciones de increíble mala fe, todo el Quinto Centenario se prepara para que Teresa de Jesús reluzca en todas sus facetas, no solo en la religiosa. Fue reformadora contra viento y marea. Fue mística. Fue escritora. Fue poeta. Fue atrevida y valiente. Aún hoy sorprende que la Inquisición, que la vigiló con saña, no la encarcelase, como hizo con tantos otros genios de la época, también con fray Luís de León, finalmente el primer editor de las obras completas de Teresa. Quizás por esos, la mística de Ávila y su joven y genial compañero de fatigas, san Juan de la Cruz, muy pronto iban a convertirse en las personalidades más célebres de la historia del misticismo cristiano, sobre todo en Francia, Italia y Alemania.

Amenazada por la Inquisición, no publicó nada en vida, pero Felipe II, que la admiraba, puso a buen recaudo los manuscritos en El Escorial

También fue santa Teresa de Jesús feminista a su manera, sobreponiéndose con coraje a los machismos de su tiempo. Lo sostiene Maximiliano Herráiz, uno de sus mejores estudiosos. “Basta ser mujer para caérseme las alas”, se quejaba Teresa de Cepeda y Ahumada, nacida en Ávila el 28 de marzo de 1515. Voló bien alto y llegó a firmar sólo con el apellido de su madre, Ahumada. Aconsejaba a sus monjas que no se arrugasen (“Nada te turbe, / nada te espante”), y menos ante “esos negros devotos destruidores de las esposas de Cristo”. Herráiz fue muy estrecho colaborador en Roma del anterior general de la orden, el mítico Camilo Maccise. Eran momentos de tribulación frente a Juan Pablo II, poco amigo de la faceta liberadora de la fundadora carmelitana.

Con antecedentes de judíos conversos venidos a menos, Teresa de Ávila –así se conoce a santa Teresa de Jesús en gran parte de Europa, sobre todo en Francia- nació en una familia cristiana que tenía muchos libros en casa, incluso de caballerías, pero no la Biblia, siempre sospechosa para inquisidores de todo tiempo. Fue mística, pero también mujer de negocios fría. Cada fundación de un convento era para ella, además de una hazaña religiosa, una operación inmobiliaria no siempre pacífica. A punto estuvieron de apedrearla cuando llegó con sus monjas (nunca más de siete, a lo sumo diez), a ocupar un nuevo convento. Pero “tenía un elevado concepto de sí misma; se creía llamada a grandes empresas; rechazaba la mediocridad”, escribe Joseph Pérez. Era guapa, y lo sabía. Con cincuenta años cumplidos, le confesará a un carmelita: “Sabed, padre, que en mi juventud me dirigían tres clases de cumplidos; decían que era inteligente, que era una santa y que era hermosa.; en cuanto a hermosa, a la vista está; en cuanto a discreta, nunca me tuve por boba, en cuanto a santa, solo Dios sabe”.

Todos los tópicos del nacionalcatolicismo se alzaron para usar en provecho propio a la gran fundadora

Lo que sí se sintió siempre fue segura de sí misma frente a arzobispos y nuncios, empoderada por decirlo con palabra de moda. Toda su obra es, en realidad, una autobiografía. Herráiz pone sobre la mesa dos anécdotas que reflejan el aplomo y el carácter (y el buen humor) de la reformadora. Un día que Teresa fue a visitar las obras de su primer monasterio descalzo, un albañil dijo al verla pasar: “¡Qué lástima, una mujer tan guapa y que sea monja!” Teresa volvió sobre sus pasos. “A ti te da igual porque nunca me hubiera casado contigo”. Y siguió observando la obra. Otra vez que estaba para firmar las escrituras de compra de un terreno para la fundación de Valladolid, el notario sopló al oído de su secretario: “Por un beso de esta mujer me daría por bien pagado”. Ella le acercó la cara. El notario llegó a articular la pregunta: “¿Qué quiere?” “Que me bese”. Cumplido el deseo del notario, le espetó: “Nunca una escritura me ha resultado tan barata”.

En todos sus libros hay páginas de sutil picardía, aunque con cuidado de que el inquisidor no se entere. Una de las víctimas, muy finamente, fue el arzobispo de Burgos, citado en el capítulo 31 del ‘Libro de las Fundaciones’. El hombre, que se llamaba Cristóbal Vela, había agotado la paciencia de la fundadora con tiquismiquis legales (que si licencias de obras, que si avales para los préstamos), y la escritora se venga ignorando el nombre (sólo lo cita por el cargo), frente a las zalamerías que dedica en las mismas páginas a prelados menos intransigentes.

También es deliciosa su visión de los colegas fundadores, todos hombres, tan dados a hacer la romería (¡a Roma, a Roma!). “Siempre nuestros Generales residen en Roma, y jamás ninguno vino a España”, escribe en ‘Libro de las Fundaciones’. Ella nunca se prestó a esa romería, que afea a un general: “Es que su señoría, estando allá, no entiende lo que pasa acá”. Otra vez, se enfada con el nuncio enviado por el Vaticano. “Es algo deudo del Papa” (por las pegas que pone); parecía que había sido enviado para ejercitarnos en padecer. Debe ser siervo de Dios, pero nos ha hecho padecer harto”.

En el cristianismo que quiso reformar santa Teresa, el matrimonio se creía un obstáculo para alcanzar la plenitud espiritual, y la virginidad, una forma de estado superior. Tampoco los curas tenían buena fama. En el ‘Libro de la Vida’ retrata a uno que es avaro, poco formado, amante de vivir sin trabajar, que se exhibe con concubinas. En cambio, Lutero, el reformador protestante, alaba la vida conyugal. Pero Teresa temía casarse (era “renunciar a una vida personal”, escribe), y tampoco quería meterse a monja. Se dice incluso “enemiguísima de ser monja”. Para colmo, la Iglesia romana no tenía muy buena opinión de sus fieles en España, forzados a serlo por la Inquisición, maliciaban clérigos italianos. Y las relaciones entre los reyes y los pontífices eran execrables, fresco el recuerdo del brutal saco de Roma por tropas de Carlos V, en mayo de 1527, cuando Teresa tenía 12 años. Pablo IV pensó incluso en excomulgar al emperador y a su hijo, Felipe II, a éste porque se creía más papista que el Papa.

El Concilio de Trento (1545-1563) intentó poner remedio a ese estado de cosas, muy jaleadas por el anticlericalismo de la época. Teresa de Ávila fue una adelantada. Lo pagó con persecuciones. A cambio, su nombre corrió pronto de boca en boca por toda Europa, y sus libros fueron traducidos y muy leídos. Las mejores plumas y los más afamados pintores la ensalzan. Lo hace Cervantes, que le dedica una poesía en silvas; también Góngora, Quevedo y Lope de Vega, éste mediante dos obras de teatro y nueve sonetos. La pinta en 1576 (su único retrato en vida) el carmelita Juan De la Miseria (“Dios te perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa”, le escribe), y con el tiempo se afanan en la iconografía teresiana Velázquez y Rubens e, incluso, el mejor escultor del barroco italiano, Bernini, con la monumental ‘Transverberación de Santa Teresa’.


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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
La mano incorrupta y el dictador obsesionado


El viaje de una parte del cuerpo descuartizado de Teresa de Ávila, de la que Francisco Franco no se separaba


Para cuando Gregorio XV canoniza a Teresa de Ávila en 1622, el mismo día que a Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Isidro el labrador y Felipe Neri, el cuerpo de la mística está ya descuartizado en reliquias y muy repartido. Todo empezó el mismo día de la muerte en Alba de Tormes, el 4 de octubre de 1582, víspera del 15 de octubre porque ese mismo año el papa Gregorio XIII suprimió diez días al calendario para corregir el desfase de siglos respecto al año solar. Todo ocurrió mediante una decisión maquinada por un grupito de personas, entre ellas la duquesa de Alba. “Aquí se queda para siempre jamás”, se juramentaron. Los restos de una santa famosa son siempre un capital. Pero nueve meses después llega a Alba el superior del Carmelo, Jerónimo Gracián, y pide ver el cuerpo. Está intacto, aunque huele muy mal. Lo exhuman, lo lavan, lo visten y lo exponen en el coro de la capilla. Antes, lo han descuartizado para hacer reliquias. El propio Gracián corta la mano izquierda y el dedo meñique, la mano para las carmelitas de Lisboa, el meñique para quedárselo él. “Desde entonces acá, gloria a Dios, no he tenido enfermedad notable”, escribe. Murió a los 69 años, pero no consta de qué.

Cuando se extiende por la comunidad el macabro descuartizamiento, se inicia un combate por las reliquias, en especial desde el convento del Carmelo en Ávila, la primera fundación descalza. La autoridad carmelita está de acuerdo: Tendrán la mayor porción. Como caen en la cuenta de que los duques de Alba se opondrán con furia, actuarán en secreto. Sólo tres monjitas de Alba van a estar al tanto. Las demás cantarán en el coro, ajenas al ajetreo de sus ilustres visitantes aquella noche. Se les consolará dejándoles el brazo al que Gracián cortó la mano. Casualmente, uno de los conspiradores lleva bajo el hábito un cuchillo, así que allí mismo se corta el brazo sin mano “como si fuera un melón o un poco de queso fresco”, relató el primer biógrafo de Teresa, el padre Ribera.

Aún han de discutir cómo llevar lo que queda del cuerpo hasta Ávila. Lo envuelven en una manta de sayal, lo instalan sobre una mula entre dos pacas de paja y emprenden viaje de noche. Para entonces, en Ávila no se habla de otra cosa. Cuando llega la carga y empieza a oler a perfume por la zona del convento, a las afueras de la muralla, se discute si llamar a un médico o a un teólogo. El caso es digno de la cámara de Buñuel. Joseph Pérez sostiene que “hay reliquias de santa Teresa –dedos, jirones de carne, etc.- en los más diversos lugares de España y de la Cristiandad”. Lo cuenta en ‘Teresa de Ávila y la España de su tiempo’ (Algaba, 2007).

Merece comentario aparte la mano izquierda que se llevó el padre Gracián a Lisboa, y que regresó a España en 1910, al Carmelo de Ronda, preocupadas sus custodias por posibles convulsiones anticlericales en aquel país. Allí reposó hasta que en 1936, tras el golpe militar de Franco, un general fiel al Gobierno republicano, Villalba Riquelme, lo esconde en su equipaje. Termina regalándoselo a Franco, que se lo lleva al palacio del Pardo. Su brillante y lenguaraz primer ministro de Educación, Pedro Sainz Rodríguez, la descubre sobre una mesita una tarde que acude a despachar con el llamado Caudillo. Mientras hablan, Franco se entretiene firmando condenas de muerte. Sólo se interrumpe para mojar picatostes en una taza de chocolate y comérselos con mimo. Así lo contó a EL PAÍS en 1982 quien más tarde, alejado del poder por su cercanía a don Juan de Borbón, escribió en dos tomos la muy valorada ‘Antología de la literatura espiritual española’, editada en 1980 por la Universidad Pontificia de Salamanca.

Franco ve en Teresa de Ávila la “santa de la raza”, la suya, así que no se separa del siempre conocido como “brazo incorrupto de santa Teresa” (en realidad, una mano sin meñique). Para dormir, lo pone en la mesilla de noche. Se lo lleva a todos sus viajes. Menos al último. Ingresado moribundo en el hospital La Paz de Madrid, el arzobispo Cantero Cuadrado viaja al Pardo desde Zaragoza, su sede pontificia, para recogérselo y depositarlo a los pies del dictador, por si se producía un milagro de eternidad. Fallecido al fin, la viuda del dictador, Carmen Polo, entrega la dichosa mano al arzobispo de Toledo y Primado de España, cardenal Marcelo González. Es el 9 de diciembre de 1975. Don Marcelo lo restituye al Carmelo de Ronda 42 días más tarde. Y allí sigue.


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Patética historia.
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
patética y macabra historia diría yo.

Un saludo.
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Y de repente, Teresa. De Jesús Sánchez Adalid



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Ediciones B / Formato tapa dura: 15 x 23 cm / Páginas: 570 /  PVP: 19.50 €

La Inquisición contra Teresa de Jesús.

Un proceso oculto durante siglos que por fin sale a la luz.

Durante el reinado de Felipe II, la Inquisición se lanza con denuedo y auténtica obsesión a controlar la sociedad española. Nadie está libre de sospecha.

Don Rodrigo de Castro es un inquisidor implacable, ambicioso y cauto, que se ha consagrado concienzudamente a realizar pesquisas sobre aquellas mujeres que caen en éxtasis o tienen visiones y misteriosas revelaciones, por si fueran “alumbradas”, es decir, adeptas a la secta mística que tanto preocupa al Santo Oficio, que la considera herética y relacionada con el protestantismo.

Y para hacer las averiguaciones pertinentes, De Castro ha nombrado a dos comisarios, un fraile dominico y un caballero de la Orden de Alcántara, con atribuciones especiales y secretas.

En medio de todo eso, una mujer se afana por unir lo presente y lo eterno; separar la verdad de la apariencia y vivir una fe auténtica y una espiritualidad pura: Teresa de Jesús, la figura más grande y universal de la España del XVI, que no obstante su fina intuición, su magistral escritura y su virtud probada, fue acosada por los inquisidores, algo que se ocultó en los siglos subsiguientes y que hoy, por fin, es sacado a la luz


Comentario

Sin duda Jesús Sánchez Adalid es uno de los mejores escritores que tenemos y uno de mis favoritos. De este autor extremeño tengo el placer de comentar que he leído todos sus libros publicados, y ya van 15, que son:

- Félix de Lusitania. Editorial: Ediciones B. 2000.
- La sublime puerta. Ediciones B. 2001.
- El cautivo. Ediciones B. 2002.
- La tierra sin mal. Ediciones B. 2003
- El mozárabe. Zeta Bolsillo. 2004.
- La luz del Oriente. Ediciones B. 2005.
- En compañía del sol. Ediciones Temas de Hoy. 2006.
- El alma de la ciudad. Editorial Planeta. 2007.
- El caballero de Alcántara. Ediciones B. 2008.
- Los milagros del vino. Planeta. 2010.
- Galeón. Biblioteca Nueva. 2011.
- Alcazaba. Ediciones martínez roca. 2012.
- El Camino Mozárabe. Ediciones martínez roca. 2013.
- Treinta Doblones de oro. Ediciones B. 2014.
- Y de repente, Teresa. Ediciones B. 2014.

Todos comentados en este foro, Este último ' Y de repente' esta en la buena línea que los anteriores, bien escrito, pero especialmente bien documentada. Le ha llevado al autor más trabajo de documentación e investigación que ningún otro libro publicado hasta el momento.

En esta novela histórica Jesús Sánchez Adalid, trata de un proceso oculto durante siglos que por fin sale a la luz. Se trata los intentos de la Inquisición que levó a cabo contra Teresa de Jesús. Es un tema que hasta ahora era poco conocido, al menos para el gran público. Fue acusada como sospechosa de ser "alumbrada" y "dejada" por diferentes inquisidores sin escrúpulos, que la persiguieron a lo largo de los años, todo llevado por las envidias y codicias que despertaba su generosa obra y su persona. Muchos la hubieran querido verla arder en la hoguera..., pero se quedaron con las ganas. pero para conocer la apasionate historia hay que leer la novela.

Este año se celebra el V centenario del nacimiento de la santa que se cebebra en 2015.

En fin, una novela recomendable y sobresaliente para los amantes de la novela histórica, en este caso sobre la figura de Teresa de Jesús, todo un personaje, como mujer y como religiosa. Un libro ameno, bien documentado e interesante, especialmente por que el autor hace himcapíe en una parte de vida de la santa y sus problema con la "Santa Inquisición" que de santa poco tenía.



 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
V Centenario de Santa Teresa



Teresa de Jesús, más allá de la mística


Una muestra en la Biblioteca Nacional recorre la vida y la obra de la autora, nacida en 1515



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'Educación de santa Teresa' (1735), de Juan García de Miranda. / Museo del Prado

A Teresa de Jesús (Ávila, 1515-Alba de Tormes, 1582) se la venera mucho y se la lee poco. Hay huellas de lo primero en el millar de conventos de su orden (carmelitas descalzas) abiertos por todo el planeta y en el despiece de su cuerpo, casi también planetario.

Sus restos viajaron de Alba de Tormes (el corazón: extirpado para comprobar si la flecha mística había dejado huella) a Roma (un pie), sin olvidar la mano que Franco acogió en su intimidad para incomodidad de las carmelitas de Ronda que, cada año, desde 1939 hasta 1975, le escribían dos cartas para preguntar cuándo les devolvería la reliquia. “Está totalmente dispersa. El día de la Resurrección final necesitará más tiempo que el resto”, ironiza Juan Dobado, director del Museo de San Juan de la Cruz, doctor en Historia del Arte y carmelita descalzo.

Pero Teresa de Cepeda y Ahumada fue también la autora de la primera autobiografía real escrita en lengua vulgar (Libro de la vida), una escritora autodidacta capaz de impresionar a un catedrático de la Universidad de Salamanca como fray Luis de León, que la admiró tanto que editó sus obras en el siglo XVI y se embarcó en la misión de escribir su biografía, una tarea inconclusa por su muerte, o fascinar a un joven San Juan de la Cruz, al que convence para refundar la orden. “No sabía bien latín, pero era una lectora voraz. Su madre leía a escondidas de su padre libros de caballerías y Teresa, también. Leía además libros de santos, quería hacerse martirizar como ellos, pero no hay que ver en esto una prematura vocación religiosa sino el afán de una niña de imitar a los personajes de las historias”, destaca Rosa Navarro, filóloga y catedrática de Literatura Española en la Universidad de Barcelona.
Santa Teresa


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'Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús' (1629), de Alonso Cano. / Museo del Prado

Juan Dobado y Rosa Navarro son los comisarios que han puesto en pie Teresa de Jesús. La prueba de la verdad, la exposición organizada por la Biblioteca Nacional de España y Acción Cultural Española, inaugurada ayer por los Reyes, con motivo del quinto centenario del nacimiento de la escritora. A través de 110 obras, que incluyen cuadros, manuscritos, cartas, esculturas y objetos personales usados por la religiosa como su tintero, los visitantes se podrán asomar a la sobresaliente personalidad de una mujer que hizo varias revoluciones a un tiempo: la de su congregación y la de las letras. En ambas buscó sencillez y cercanía. Dijo de ella Gerardo Diego: “Escribe no tanto como habla, sino como es”.

Por ambas fue examinada con lupa. Demasiadas osadías, que se añadían a unas cuantas impurezas (padre mercader y abuelo judío). Teresa de Jesús acabaría siendo la primera mujer nombrada Doctora de la Iglesia (1970), pero en su época debió bregar contra sus superiores para reformar la orden y contra la Inquisición para publicar su obra. “El Libro de la vida estuvo 12 años sin la autorización de la Inquisición”, detalla Rosa Navarro. “Al final ella es la que los vence a todos. Nadie recuerda a los inquisidores, pero su obra ha permanecido”, observa. “Es una mujer que tiene hoy mucha validez. En tiempos recios, como los de hoy, ella siguió adelante con su escritura con coraje y energía”, abunda Dobado.

En la exposición —hasta el 31 de mayo—, pueden verse documentos autógrafos de la escritora, como varias cartas (a Felipe II, a su hermana Juana de Ahumada y a damas mecenas), la primera y segunda redacción de Camino de perfección y los manuscritos originales de Libro de la vida y Libro de las fundaciones, cedidos por el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. “Dicen que escribía tan rápido como un notario”, aprecia la comisaria. Y es cierto que la caligrafía parece delatar un trazo apresurado, de alguien con muchos quehaceres y poco tiempo.

Para la ocasión hay piezas aportadas por instituciones como el Prado (óleos de Alonso Cano o el evocador lienzo de García de Miranda sobre el ambiente literario que rodeó la infancia de Teresa), el Thyssen, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Fundación Casa de Alba o el Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam, que ha contribuido con Visión de santa Teresa del Espíritu Santo, el rubens que abre la muestra.

A estos préstamos habituales, se ha sumado la colaboración excepcional de 22 conventos de carmelitas descalzas, que han suministrado objetos que rompen la clausura por vez primera en varios siglos, como la arquilla donde la monja guardaba las cartas, el Ecce Homo (1510) de Albert Bouts que le regaló al convento de Toledo o el breviario que utilizó. Están los libros que escribió y los que leyó, incluso algunos prohibidos antes de ser condenados al silencio por la Inquisición, llenando de pesar a Teresa de Jesús: “Cuando se quitaron muchos libros de romance que no se leyesen, yo sentí mucho, porque algunos me daba recreación leerlos, y yo no podía ya por dejarlos en latín; me dijo el Señor: ‘No tengas pena, que yo te daré libro vivo”.


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Portada de 'Las Moradas', de Santa Teresa, de 1577.


Transgresora y feminista

La vida y la obra de Teresa de Jesús tienen muchas lecturas, como ponen de relieve los numerosos proyectos surgidos al calor del quinto centenario de su nacimiento. La exposición Teresa de Ávila. Mística y transgresoraofrece un enfoque inequívocamente feminista y transfronterizo desde el arte contemporáneo. Inaugurada el pasado domingo en el palacio de Pimentel de Valladolid, la muestra reúne los trabajos de 20 mujeres artistas de 10 países.

“Teresa transgrede sin temor las leyes que su tiempo le imponen por su condición de mujer. Incumple la prohibición, impuesta a las mujeres, de leer las Sagradas Escrituras. Desoye la obligación, impuesta a las mujeres, de leer en voz alta y defiende la oración interior. Bebe, a través de Francisco de Osuna, de la teología mística oriental”, señalan en el catálogo Guadalupe Luceño e Ilse-María Dorfstecher, comisarias de la exposición que se puede ver hasta el 8 de abril en la sala de la Diputación vallisoletana y luego en Berlín en mayo. Reúne obras de diferentes disciplinas de Barbara Noculak, Christine Seghers, Concha Gay, Concha Mayordomo, Dolores Fernández, Feyhan Bayik, Franca Bartholomäi o Jolanta Wagner.

Otra exposición, en el antiguo convento del Carmen de Valencia, explora la influencia de Teresa de Jesús a través de una serie de obras de arte moderno y contemporáneo de la colección del IVAM. Especialismo cromático parte de una “metáfora artística de los conceptos metafísicos de la poesía teresiana” para distribuir mediante las nociones (y salas) Moradas, Luces y Sombras, Silencios, Vacío o Mística las piezas del Equipo Crónica, Tàpies, Torres-García, Soulages o Chillida. El poeta Jaime Siles, la exdirectora del IVAM Consuelo Ciscar y el vicerrector de la Universidad Católica de Valencia José Luis Sánchez son los comisarios de la muestra, que se clausurará el 5 de abril.


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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Santa Teresa, entre pasión y razón


La Iglesia y la literatura conmemoran hoy el V Centenario de la religiosa y escritora

  

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Santa Teresa de Jesús, vista por Sciammarella. / EL PAÍS

Corrían tiempos en que aún había eruditos y médicos que se preguntaban si la mujer era “un ser humano”, cuando Teresa de Ávila, con tanta pasión como claridad intelectual emprendió la reforma del Carmelo. La niña que a los siete años intentó partir a tierras de moros con su hermano Rodrigo para sufrir martirio, demostró el mismo ímpetu cuando tras ingresar en la orden, de tanta oración y penitencia, cayó enferma, entró en coma profundo y estuvo amortajada y en sepultura abierta tres días enteros, y luego tres años sin poder andar. Pero una vez recuperada, sin desterrar el entusiasmo, desarrolló su contrapeso: la visión objetiva.

Estos dos aspectos, pasión y razón, unidos a una honradez orientada hacia la verdad, son los puntales en que se apoyaron su personalidad, sus actos y sus escritos. Así, dentro del Carmelo, fue despojando situaciones e ideas de falsos ropajes para que algunas cosas quedaran en su sitio; desenmascaró costumbres engañosas y se atrevió a escribir y comentar textos que podían poner en peligro su persona (la Inquisición estaba al acecho). Todo ello hace que sus obras estén vivas y nos transmitan a la vez su fuerte carácter y el pulso de la época.

Dejando a un lado los poemas, en general de raigambre popular y que sabemos eran improvisados, cantados e incluso bailados, en el resto de su producción literaria podemos diferenciar, por un lado, los libros que contienen relato autobiográfico, como la Vida, los que van claramente dirigidos a la comunidad de religiosas, y aquellos en los que cuenta su experiencia interior. Estos dos últimos grupos nos descubren tanto el entusiasmo como la inteligencia de la santa y sus grandes dotes psicológicas que propiciaron el consejo y la enseñanza y le permitieron descubrir los abismos místicos. Entre otros libros, podemos destacar por un lado Camino de perfección, y, por otro, las Meditaciones sobre los Cantares y las Moradas del castillo interior. <TB>

El primero, escrito a modo de tratado, se centra en distintas cuestiones, desde la verdadera humildad, la pobreza y el desasimiento, hasta la falsa seguridad que supone la clausura. Así dice a sus religiosas: “¡Oh hijas mías!, no os aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que queda muy sosegado de haver cerrado muy bien sus puertas por miedo de ladrones y se los deja en casa”. También advierte contra la vanidad y la autosuficiencia, aconsejando huir de “razón tuve”, “hiciéronme sinrazón”, “no tuvo razón la hermana”. ¡De malas razones nos libre Dios! [...]La que no quisiere llevar cruz, sino la que le dieren muy puesta en razón, no sé yo para qué está en el monesterio”.

Igualmente imperioso es su elogio de la vida práctica a través del ejemplo de las figuras evangélicas Marta y María, pues “Si entrambas se estuvieran, como la Magdalena, embevidas, no huviera quien diera de comer al huésped celestial”. Por otra parte, el invitar a la oración, tanto vocal como mental o de quietud, no le hace perder de vista la realidad, aconsejando amor y temor: “yo os asiguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer”.

Pero Teresa de Ávila sabía que junto a las cosas terrenales se daba la elevación mística, es decir, conocía la posibilidad de vivir a distintos niveles, aunque algunos, al principio, le parecían incomprensibles y, para penetrarlos, empleó todas sus armas intelectuales. Por este motivo resulta conmovedora la obra que llamó sencillamente mis “Meditaciones”, que fue pronto conocida como Meditaciones sobre los Cantares. La empezó cinco años después de que Fray Luis tradujera del hebreo el libro bíblico atribuido a Salomón, saltándose la norma eclesiástica imperante de respetar la Vulgata, lo que comportó su encarcelamiento. También para Teresa esas “Meditaciones” resultaron peligrosas. Los inquisidores no admitían una interpretación femenina de las Escrituras, ni una lectura de ellas en romance. Con todo, aunque el confesor de la santa recibió la orden de quemarlas, se salvaron, había copias en distintos conventos. En ellas, Teresa nos transmite el asombro y desconcierto ante palabras bíblicas que, de hecho, eran un epitalamio que ya los mismos judíos del siglo I, escandalizados, obligaron a leer “a lo divino”. Escribe citando: “Béseme con beso de su boca’. ¡Oh Señor mío y Dios mío, y qué palabra ésta, para que la diga un gusano a su Criador! [...]Es cosa que espanta”.

Su obra está viva y transmite su fuerte carácter y el pulso de la época.

‘Vida’, ‘Camino de perfección’ y ‘Meditaciones’ son algunos de sus libros


Si la Inquisición mandó quemar las “Meditaciones” también requisó la Vida. Debido a ello, escribe la fundadora sus Moradas del castillo interior, libro autocensurado luego, donde representa el trayecto del alma a través de siete espacios, en el último de los cuales halla su objetivo: Dios. Asín Palacios y Luce López-Baralt estudiaron sus posibles bases islámicas y judías, pero lo cierto es que el recorrido de siete etapas hasta alcanzar una forma de unión con la deidad se encuentra ya en tradiciones más antiguas, enmarcadas todas en el concepto del inconsciente colectivo y los arquetipos defendidos por Jung, al hablar de los cuales cita “los peligros del inconsciente” que identifica con “the perils of the soul” (los peligros del alma).

El alma, en efecto, está en peligro, incluso respecto a sí misma. Y esto lo sabía muy bien la santa. Por ello, la transformó en caballero lanza en ristre, para que alcanzara el “centro del diamante”. Logrado esto, la unión es tan fuerte que al alma: “no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no sería poca dicha la suya”.

Este es el punto clave que diferencia el verdadero éxtasis, y esta la sabiduría sin enseñanza de Teresa de Jesús: “De estas mercedes tan grandes queda el alma tan deseosa de gozar del todo al que se las hace, que vive con harto tormento, aunque sabroso; unas ansias grandísimas de morirse, y ansí, con lágrimas muy ordinarias, pide a Dios la saque de este destierro”. En este punto regresa a ella el yo pasional y no teme declararlo. Su enunciado es válido para todos y fue siglos después hermosamente definido por Ciorán: consiste en el “deseo abrasador de no sobrevivir a la emoción”.


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Modelo de terracota de 'El éxtasis de santa Teresa', de Bernini.


Año teresiano

Éxtasis, poeta, mística, religiosa, Dios, feminista, pasión, reformadora, meditación, visionaria, delirio, sabiduría… son algunas de las palabras que suelen acompañar al nombre de Santa Teresa de Jesús. La monja y escritora de la cual hoy se cumplen 500 años de su nacimiento: Ávila, 28 de marzo de 1515 y Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582. Nacida como Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, perseguida por la Inquisición, fundadora de la orden de las Carmelitas descalzas, fue beatificada en 1614. La Fundación V Centenario de Santa Teresa de Jesús ha organizado congresos, exposiciones y publicaciones, actividades que reivindican su feminismo o su portentoso talento literario. También se proclama su religiosidad, como los actos de hoy en la Iglesia-convento de la Santa y la catedral de Ávila.


Fuente: elpais.com / Por Clara Janés (la articulista es poeta y autora de Poesía y pensamiento. Antología de Santa Teresa de Jesús,Alianza).
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Fernando Delgado: “Santa Teresa jamás cedió a la tentación carnal”


El autor escribe una novela sobre el amor real de la monja


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Santa Teresa de Jesús (1515-1582) sentía una pasión desmedida por Dios. En el mundo terrenal, sin embargo, un fraile fue su gran amor. La sedujo su inteligencia y su elocuencia, fue su mejor aliado en la reforma de la Orden del Carmelo (“brillo y esplendor a través de la austeridad”), pero nunca cedió a la tentación carnal. Lo que había entre ambos era un “amor admirativo.” Los detalles de la historia se encuentran en las páginas de Sus ojos en mí (Planeta), la novela con la que el escritor y periodista Fernando Delgado obtuvo el Premio Azorín 2015, y tiene como telón de fondo las batallas entre los carmelitas calzados y los descalzos en la España de Felipe II, donde no faltaban habladurías, crímenes y cautiverios.

Hace 40 años, Delgado (Tenerife, 1947) pensó por primera vez en abordar la vida Teresa de Jesús. “Estaba conversando con un librero y le dije que tenía interés en escribir una novela sobre San Juan de la Cruz. Pero él me dijo, con cierta arrogancia, que no era un personaje lo suficientemente interesante. Confié en su criterio y me sentí un poco decepcionado. Poco después hablé al respecto con un hispanista y me dijo que alguien interesante de verdad era Jerónimo Gracián, el fraile del que estuvo enamorada Santa Teresa. ¡Enamorada, dijo! Y yo pensé: aquí hay una buena historia.”

El también autor de Me llamo Lucas y no soy un perro (Planeta) se adentró en el epistolario de la monja para obtener detalles de su íntima amistad, “con tintes eróticos”, con el hombre que con el hábito puesto se hizo llamar Fray Casto del Niño Jesús. “Nadie describe mejor la vida de Santa Teresa que ella misma. Era una gran memorialista y todo lo que escribió es un retrato fiel de su época. Me permití agregar algo de ficción y por eso es una novela.”

Sensual pero exento de toda carnalidad (el autor insiste en remarcarlo), a lo largo de la novela el amor que siente la monja por el fraile se revela, según ella, como algo querido, permitido y bendecido por Dios. No obstante, los tormentos de las luchas clericales de la época se encargan de alterar la pasión. “Mi intención no era hacer una novela histórica en el sentido estricto del término. Desde luego, hay un escenario histórico del que no puedo prescindir, pero no quería quedarme ahí porque la historia íntima entre Teresa y Gracián hubiera quedado oscurecida”, puntualiza Fernando Delgado. “El mundo del siglo XVI era terrible. Era un mundo de conventos convertido en el puterío de Levante, como decimos en Canarias. Es decir, desordenado en todo los aspectos: económicos, políticos, sexuales… Todo era muy burdo y la que intenta contener todo eso es, precisamente, Santa Teresa con sus reformas.”

    Nadie describe mejor la vida de Santa Teresa que ella misma. Era una gran memorialista y todo lo que escribió es un retrato fiel de su época. Me permití agregar algo de ficción y por eso es una novela"

El periodo narrado en Sus ojos en mí abarca los últimos seis años y medio de vida de la fundadora de las carmelitas descalzas y, en la parte final, se centra en la persecución que sufrió Jerónimo de Gracián por haber seguido las ideas de una mujer. Todo paraíso tiene su infierno y el fraile piensa que su perdición se debe al hecho de que Teresa pusiese sus ojos en él. “Por eso digo que no es un libro sólo sobre ella. Es de dos. Porque él es un gran personaje cuya vida, por sí sola, daría para muchas novelas. Gracián pasa por mil peripecias hasta que muere a las puertas de Bruselas. Pero yo ya no pienso seguir investigando. Que se encarguen de ello los historiadores.”


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Fernando Delgado. / CARLES FRANCESC

El respeto por la figura de la monja permea por toda la obra. Delgado dice que tuvo mucho cuidado en el tratamiento de la íntima cercanía entre los protagonistas para no causar polémica. “No hago novelas para denunciar ni escandalizar. Hay quienes acusan a este par de haber estado en la cama. Pero creo poder asegurar que eso no es cierto. Teresa es una mujer íntegra, sin la hipocresía de muchos católicos y jamás cedió a la tentación carnal”, sostiene.

Durante estos días, el escritor que ejerció el periodismo en radio y televisión se encuentra promocionando su libro premiado, pero en breve comenzará su campaña electoral para las municipales del próximo mes. Es el número dos de la lista autonómica del PSPV-PSOE de Valencia, donde reside desde hace dos décadas. ¿Por qué este año la política está atrayendo a varios escritores? “Bueno, si uno, desde su independencia, puede aportar algo, hay que hacerlo. Siempre es bueno contribuir a suscitar debates que mejoren lo que ahora algunos llaman el régimen del 78, ¿no? A ver si nos inspiramos en sata Teresa para hacer alguna reforma.”


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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Fernando Delgado, Premio Azorín por 'Sus ojos en mí'


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Fernando Delgado, ganador del Premio Azorín 2015 con Sus ojos en mí

Fernando Delgado, escritor y periodista, narra la historia de amor de Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián en 'Sus ojos en mí', editada por Planeta, con la que acaba de ganar el Premio Azorín de este año, en competencia con otros 214 títulos.

Teresa de Jesús tuvo un gran amor: Jerónimo Gracián. Seductor, bien parecido, elocuente y dotado de excepcional inteligencia, fue su aliado más fiel en la reforma del Carmelo.

Un amor admirativo  tan desconocido como documentado, del que ella y él dejaron constancia en sus escritos, en los que Fernando Delgado se ha sumergido "con el máximo respeto", antes de sentarse a escribir.

"Nadie describe mejor su vida como la propia Teresa, gran prosista y memorialista; y lo hace, además, con mucho sentido del humor", destacó el autor en la presentación "oficial" de su novela en Madrid.


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La publicación de la novela coincide con la conmemoración este año del quinientos aniversario del nacimiento de la santa de Ávila.

'Sus ojos en mí' no aprovecha la efeméride para volver sobre lo ya sabido. La obra rehúye las etiquetas, ofrece al lector el perfil más humano de la santa y rescata del olvido la fascinante figura de su adorado Gracián.

Viajes, fundaciones, procesos y cautiverios se suceden en un relato trepidante.


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La Diputación de Alicante y Planeta presentan en Madrid la novela del periodista, locutor y escritor Fernando Delgado

‘Sus ojos en mí’, Premio Azorín 2015, llega a las librerías con la historia de amor admirativo de Teresa de Jesús

Fernando Delgado (isla de Tenerife, 1947) es autor de las novelas Tachero, premio Benito Pérez Armas 1973; Exterminio en Lastenia, premio Pérez Galdós 1979; Ciertas personas (1989); Háblame de ti (1993); La mirada del otro (Premio Planeta 1995, llevada al cine por Vicente Aranda); No estabas en el cielo (1996); Escrito por Luzbel (1998), para cuya escritura contó con una beca de creación literaria de la Fundación Juan March; Isla sin mar (2002) y De una vida a otra (2009). Su poesía se contiene en Proceso de adivinaciones (1981), Autobiografía del hijo (1995), Presencias de ceniza (2001) y El pájaro escondido en un museo (2010).


madridpress.com / escaparatedigital.com
 




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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
La Guardia Civil recupera 24 obras de arte entre las que hay dos cartas manuscritas de Santa Teresa de Jesús

Los agentes investigan al titular de un anticuario y al administrador de una casa de subastas por presuntos delitos de estafa, receptación y venta ilícita de las piezas



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Varias obras de arte recuperadas por la Guardia Civil.

La Guardia Civil ha recuperado 19 obras de arte que se encontraban en el mercado ilícito y cinco piezas que el arzobispado de Valladolid consideraba en paradero desconocido. Entre las piezas halladas, hay dos cartas manuscritas autógrafas de Santa Teresa de Jesús. Los agentes han investigado al titular de un anticuario y al administrador de una casa de subastas por presuntos delitos de estafa, receptación y venta ilícita de obras de arte integrantes del patrimonio histórico.

La operación, denominada Camarín, comenzó en marzo cuando agentes del Seprona detectaron la compraventa de la pintura María Magdalena despojándose de sus joyas, que data del siglo XVII, en una casa de subastas de Madrid. La Guardia Civil sospechó que podría corresponderse con una que estaba en poder de las Carmelitas Descalzas del Convento de San José de Medina de Rioseco (Valladolid). Esta obra se encontraba en los catálogos Clausuras. El Patrimonio de los conventos de la Provincia de Valladolid y Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid.

Los agentes comprobaron que la obra subastada pertenecía a una colección compuesta por un total de 174 piezas, de la que 28 obras se encontraban en paradero desconocido desde el año 2005. El lienzo había sido puesto a la venta por un anticuario de Valladolid a través de una casa de subastas de Madrid, que tasó y analizó la obra. El comprador entregó la pintura voluntariamente a los agentes y, según la Guardia Civil, no se apreció mala fe en su actuación. En la ficha del catálogo de la subasta se había ocultado la procedencia de la obra y se había cambiado la fecha de su creación.

Después, la Guardia Civil inspeccionó en Valladolid el establecimiento del vendedor del cuadro. Los investigadores aprehendieron más de una decena de obras. Varias de ellas pertenecían a la misma muestra. Los agentes también hallaron cinco piezas de la misma colección que el arzobispado de Toledo consideraba en paradero desconocido en Salamanca, Toledo, Viana de Cega y Medina de Rioseco (Valladolid).
Las obras de arte recuperadas han sido depositadas en el Museo San Francisco de Medina de Rioseco. Además, las monjas del Monasterio del Corazón de Jesús y San José de las Monjas Carmelitas Descalzas han cedido otras cuatro piezas de la citada colección al mismo museo.


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Mensaje Re: Santa Teresa De Jesús 
 
Halladas unas cartas manuscritas de Santa Teresa a su ‘otro’ amor

La Guardia Civil encuentra parte de una correspondencia de la mística con el fraile Jerónimo Gracián en el marco de una operación de recuperación de otras 19 obras de arte



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Dos cartas manuscritas de Santa Teresa de Jesús que has sido recuperas por la Guardia Civil, junto a otras 17 obras de arte. / Inés Morencia - EFE

Santa Teresa de Jesús tuvo otro amor, aparte de Dios. Uno más carnal y menos confesable: Jerónimo Gracián. A él le dirige una de las dos cartas manuscritas e inéditas halladas en el marco de una operación de la Guardia Civil, junto a 19 obras de arte. Santa Teresa tenía ya cerca de 60 años, pero eso no impidió que se apasionara con ese fraile joven y comprometido, dispuesto a acompañarla en la renovación de una iglesia carcomida por la depravación que en aquellos años (1578), con algunos frailes bebedores y puteros y monjas corrompidas; el ámbito eclesiástico se encontraba inmerso en arduas luchas de poder entre los dos grupos de carmelitas, los calzados y los descalzos.

"Para mi padre el maestro fray Jerónimo Gracián de la madre de Dios, en su mano...", arranca la misiva. Teresa de Jesús y Gracián tuvieron que soportar las habladurías que su relación provocaba en su comunidad religiosa. Sobre todo Gracián, que acabó huyendo de sus propios hermanos, los carmelitas descalzos, que lograron expulsarlo de España. "Fue perseguido por seguir las ideas de una mujer, fue apresado por corsarios y acabó siendo acogido por quienes habían sido sus adversarios: los carmelitas calzados", comentaba el periodista y escritor Fernando Delgado, que escribió un novela basada en la relación entre ambos: Sus ojos en mí.

"...En harta gracia nos ha caído lo que le respondió a los calzados para la obra que ellos meten ya en Medina y cómo persuaden a las monjas que obedezcan al provincial del paño", le escribe el 19 de agosto de 1578 desde Ávila. "Está allí Valdemoro por vicario, que no obtuvo votos para Prior y déjole el provincial por vicario para que remediase aquella casa; y el, desde lo de marras, está muy mal con la priora Alberta. Andan diciendo que les han de servir y mucha cosa. Las otras, muertas de miedo de él. Ya las ha asegurado".

Son muchas las preocupaciones de la Santa en esos momentos. Gracián está en Madrid, bien alojado, pero medio escondido y sin osar presentarse ante el nuncio Sega. Fray Juan de la Cruz ha huido de la cárcel. Ella lo ignora y sigue angustiada por la suerte de ese Santo. El General de la Orden, que con ella mantiene absoluto mutismo, ha escrito a una monja de la Encarnación una carta desalentadora. La Santa tiene que tranquilizar a las carmelitas de Medina, aterrorizadas por la llegada de Valdemoro, uno de los carceleros de Fray Juan de la Cruz.

Las dos cartas han sido encontradas después de que el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil en Valladolid, en el marco las actuaciones que lleva a cabo para la protección y salvaguardar el Patrimonio Histórico y Arqueológico, recuperase 19 obras de arte que se encontraban en el mercado ilícito. Y cinco piezas que el arzobispado de Valladolid daba en paradero desconocido.

Un anticuario y una casa de subastas

El titular de un anticuario y el administrador de una casa de subastas han sido los principales investigados por presuntos delitos de estafa, receptación y venta ilícita de siete obras de arte de Patrimonio Histórico.

La operación “Camarín” se inició el pasado mes de marzo cuando los agentes del SEPRONA descubrieron una compraventa de una pintura, llevada a cabo a través de una subasta en Madrid que podría corresponderse con una que poseían las Carmelitas Descalzas del Convento de San José de Medina de Rioseco (Valladolid), por las que tanto se preocupaba Santa Teresa, y que estaba incluida en los catálogos “Clausuras. El Patrimonio de los conventos de la Provincia de Valladolid”, como en “Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid”.

Los agentes solicitaron la colaboración del Servicio de Ordenación y Protección de la Dirección General de Patrimonio Cultural, el Servicio Territorial de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León en Valladolid, el Museo Provincial de Valladolid “Fabio Nelli”, la Diputación Provincial de Valladolid y de la Delegación Diocesana de Patrimonio del Arzobispado de Valladolid para lo que se mantuvieron numerosos contactos, reuniones e intercambio de informes con el objetivo de descubrir los supuestos delitos penales o las infracciones administrativas, y recuperar las piezas.

Así se pudo comprobar que la obra subastada pertenecía a una colección compuesta por un total de 174 piezas, de la que 28 obras se encontraban en paradero desconocido desde el año 2005. Y las investigaciones les condujeron hasta un anticuario de Valladolid, adonde habrían llegado a través de una casa de subastas de Madrid, que tasó y analizó la obra. En la ficha del catálogo de la subasta se había ocultado la procedencia de la obra y se había cambiado la fecha de su creación. El lienzo se localizó y recuperó en Madrid y fue entregado voluntariamente por el comprador de buena fe.

Los agentes descubrieron, al inspeccionar el establecimiento, que la obra subastada se había ocultado con otro nombre en el libro de policía. Además, durante las inspecciones realizadas, los investigadores aprehendieron siete obras procedentes de la colección, así como otras siete obras catalogadas.

Los estudios de la información recabada les permitieron localizar también cinco piezas pertenecientes a la misma colección, en edificios institucionales de Salamanca, Toledo, Viana de Cega y Medina de Rioseco (Valladolid). Estas obras, que se daban como “en paradero desconocido”, son de origen lícito.

Finalmente, otras cuatro piezas de la citada colección fueron entregadas voluntariamente por las monjas del Monasterio del Corazón de Jesús y San José de las Monjas Carmelitas Descalzas.

Además, durante la investigación se descubrió que el anticuario había vendido ilícitamente otras siete obras de la colección a personas desconocidas.

Del convento al museo

Todos estos bienes tienen la condición de bienes integrantes del patrimonio histórico español así como del cultural de Castilla y León, según disponen la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español y la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León.

Las obras de arte recuperadas y las cedidas voluntariamente por las Monjas Carmelitas han sido depositadas en el Museo San Francisco de Medina de Rioseco. En este museo se encuentra la mayoría de la obras de la colección de la que forman parte. E incluye esas dos cartas manuscritas autógrafas e inéditas de Santa Teresa de Jesús.


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