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MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO
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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
Guggenheim Bilbao: el penúltimo icono

El museo levantado por Frank Gehry, que cumple 20 años, coronó la transformación de la ciudad vasca



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El museo Guggenheim de Bilbao. Fernando Domingo-Aldama | EPV

El Guggenheim llegó a España haciendo ruido: iba a ser el desembarco del deslumbrante Frank Gehry en su etapa madura. Durante los cinco años que duró su construcción, el arquitecto nacido en Toronto hablaba abiertamente de su “obra maestra”, a pesar de que ya tenía el Premio Pritzker (1989). Fue esa audacia -y el convencimiento de sus clientes- lo que generó la confianza que le permitió cambiar la ubicación del edificio o monopolizar el presupuesto cultural de la ciudad con la certeza de que la inversión sería económica, social y políticamente rentable. El Guggenheim haría de Bilbao una urbe cosmopolita. Coronaría su reconversión de ciudad industrial a destino artístico-gastronómico. Iba a sacar a Bilbao de la introversión y el miedo (un posible atentado terrorista de ETA fue una amenaza constante durante la construcción del centro) para destacar la ciudad en el codiciado mapa de los destinos turísticos.

Seguramente por eso su director, Juan Ignacio Vidarte, habló de “efecto psicológico”, antes de que se hablara del, ya tópico, “efecto Guggenheim”. Cuando se cumplía un año de su inauguración, el número de visitantes –que hoy supera el millón anual- triplicaba la afluencia esperada. Para el año 2000, uno de cada tres ciudadanos del País Vasco lo había visitado. Por eso Vidarte hablaba de la recuperación de la autoestima. En realidad lo que se estaba rescatando era toda la ciudad. Con el saneamiento de la ría –y su reconversión de espacio industrial en espacio público- Bilbao se reordenó, se unió y se fortaleció.

De ese renacer urbano surgió la confusión, el juicio apresurado de que había sido el museo lo que había transformado la ciudad. Y de que, por lo tanto, una arquitectura rompedora e icónica podría tener ese efecto en otras metrópolis. No era cierto. Ningún edificio aislado puede transformar una ciudad. Pero sí coronó esa transformación, la comunicó, fue la guinda en el pastel del cambio. No su base, sino el toque final.

Hoy la transformación de Bilbao continúa. Sus dirigentes, capitaneados por el desaparecido alcalde Iñaki Azkuna, tuvieron la visión de extender esa transformación a barrios periféricos como Otxarkoaga o Basurto y de mantenerla viva con la creación de otros centros culturales como La Alhóndiga, que hoy lleva el nombre de ese alcalde. Bilbao ha aprendido la lección: una ciudad viva se transforma continua, pero no radicalmente. Lo hace sumando capas, manteniendo una convivencia entre lo que fue y lo que busca ser.

El “efecto Guggenheim”, sin embargo, ha sembrado el mundo de epígonos del museo bilbaíno -en ocasiones del propio Gehry autoparodiándose a sí mismo como en el fallido proyecto para el aeropuerto de Venecia-. Por eso, el eco del Guggenheim desembocó en la puesta en cuestión de la arquitectura emblemática cuando, en lugar de revalorizar una ciudad, lo que hacía era endeudarla a largo plazo y dejar, como huella visible de ese mal cálculo, edificios ostentosos y vacíos que generan entre los ciudadanos todo menos autoestima.

Se ha llamado “efecto Guggenheim” a confiar la reconversión de un lugar a un único edificio. Lo hemos visto aflorar por la Península en proyectos como la interminable Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, que acabó encogida y convertida en un pozo sin fondo del presupuesto de la Xunta de Galicia. No se trató solo de que el museo de Bilbao llegara antes, de que señalara un nuevo centro urbano y de que contara con una política de contenidos. Se trató, sobre todo, de que comunicó una realidad que existía –la transformación urbana de Bilbao- y no el deseo de esa transformación. Pero el efecto Guggenheim excedió el pequeño mundo de los ayuntamientos españoles. Hoy son muchas las exrepúblicas soviéticas que, como Azerbaiyán con el Heydar Aliyev de Bakú, han confiado a la “arquitectura estrella” más la comunicación de su transformación que la propia transformación real. Por eso la desaparecida Zaha Hadid hablaba del museo bilbaíno de Gehry como de una puerta abierta al riesgo. Por eso también, Jean Nouvel y Frank Gehry anunciaron la construcción de sucursales del Louvre y del Guggenheim en el golfo Pérsico.

Con el tiempo, el Guggenheim asoció su franquicia museística a otros proyectos de arquitectos rompedores –Rem Koolhaas firmó el que se unió al Hermitage en Las Vegas- que han corrido peor suerte y han desaparecido o no han llegado a construirse. Ciudades como Helsinki rechazaron –por votación ciudadana- llevar a sus calles una sede del museo espectacular.

La ambición de convertir los museos en fuegos de artificio capaces de atraer visitantes por el contenedor, al margen del contenido, también ha remitido. El Garage, que Koolhaas inauguró en Moscú, o el povera Palais de Tokio de Lacaton Vassal en París marcan ahora la nueva tendencia museística.

Tras el Guggenheim, Gehry firmó un hotel para las Bodegas Marqués de Riscal porque resultaba más económico para lanzar los vinos al mercado norteamericano que pagar publicidad en la prensa estadounidense. También acumuló problemas de mantenimiento –en el coste de la limpieza del titanio del propio Guggenheim o en proyectos posteriores como el Auditorio Disney de Los Ángeles, y pareció, por un momento, que el arquitecto no soportaría su propio éxito. Sin embargo, con 83 años (hoy tiene 88), alcanzó un nuevo renacer, en parte, gracias al Guggenheim. Bernard Arnault lo nombró arquitecto de su Fundación Louis Vuitton de París tras visitar Bilbao. Y el propio Gehry aprendió a trabajar con menos presupuesto en el Museo de la Biodiversidad de Panamá. Incluso logró levantar uno los rascacielos más notables del sur de Manhattan. De Nueva York a Nueva York pasando por Bilbao. Así han entretejido su historia, el arquitecto, la franquicia, las ciudades y los museos.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
Guggenheim, 20 años transformando Bilbao

El museo que diseñó Frank Gehry, cumple 20 años aportando a Bilbao Bizkaia y Euskadi, arte, diseño, modernidad, turismo y crecimiento.



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Las obras ya estaban avanzadas en octubre de 1995.
LUIS ALBERTO GARCÍA



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Los Reyes con el lehendakari José Antonio Ardanza el día de la inauguración en octubre de 1997
ALFREDO ALDAI


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El lehendakari Juan José Ibarretxe y Rodrigo Rato en la explanada del museo.
LUIS ALBERTO GARCÍA


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Exposición inaugural en 1997 con Richard Serra.
SANTOS CIRILO


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Frank Gehry delante de su obra, todavía en construcción, en 1997.
GORKA LEJARCEGUI


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Juan Ignacio Vidarte, cuatro años después de la inauguración del museo.
SANTOS CIRILO


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El alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna junto a Vanessa Redgrave y su hijo, Carlo Nero en una imagen de noviembre de 2009.
FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


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El Guggenheim celebró en 2007 su décimo aniversario.
SANTOS CIRILO


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"Un gran cañón más próximo", una de las obras del artista británico David Hockney en la exposición que mostró en mayo de 2012.
FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


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Los miembros del Patronato del museo minutos antes de reunirse el 20 de diciembre de 2011.
LUIS ALBERTO GARCÍA


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Exposición "Ahora es el momento" de Jean Michel Basquiat en julio de 2015.
FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


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Escultura Mamá, de Louise Bourgeois, situada en el exterior del museo.
TXETXU BERRUEZO


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Exposición conmemorativa del 50 aniversario de la muerte de George Braque.
FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


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"Mandolina y guitarra" de Pablo Picasso en una de las salas del museo en una exposición en abril de 2016.
FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


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XX Aniversario del Museo Guggenheim Bilbao.
FERNANDO DOMINGOP ALDAMA


elpais.com



       

El Museo Guggenheim sin duda, ha cambiado Bilbao. Es el buque insignia de la ciudad y el monumento por el que se le conoce en el resto de España y el mundo. sus visitas lo demuestran. Mo reconocimiento aFrank Gehry por realizar tal obra, y también a las autoridades que lo hicieron posible en unos años donde el terrorismo etarra y sus aliados campaban a sus anchas.
 




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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
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El Artista
David Hockney
Bradford, 1937

David Hockney
Bradford, 1937
Nacido en Bradford en 1937, David Hockney asistió a la Bradford School of Art antes de acceder al Royal College of Art, donde estudió entre 1959 y 1962. Entre sus condiscípulos se encontraban Allen Jones y R. B. Kitaj. La fama de Hockney le llegó cuando todavía era estudiante, pues su obra se incluyó en la muestra Young Contemporaries, que marcó el florecimiento del arte pop británico. Visitó Los Ángeles a comienzos de los años sesenta, y poco después fijó allí su residencia. Con frecuencia se le asocia con el sur de California y con las numerosas obras que produjo durante las décadas que vivió allí. A partir de 2004, Hockney residió varios años en Bridlington, representando el paisaje de Yorkshire a través de acuarelas y óleos, y también mediante películas y su iPad. Este redescubrimiento del paisaje culminó en la exposición David Hockney: una visión más amplia que se mostró en la Royal Academy of Arts en 2012 y luego viajó al Museo Guggenheim Bilbao. Tras la muestra, Hockney volvió a Los Ángeles, donde regresó a la intimidad del retrato, género que ha jugado un papel fundamental en su larga carrera y que continúa fascinándole. 

En el verano de 2013 realizó la primera pintura de lo que se convertiría en un gran conjunto de 90 retratos. De ellos, 82 pueden verse en esta muestra, junto con un bodegón.








La exposición..., del 10 de noviembre, 2017 al 25 de febrero, 2018

Tras la gran exposición de paisajes que el Museo Guggenheim Bilbao le dedicó en 2012, David Hockney se alejó de la pintura, dejó su casa de Yorkshire y regresó a Los Ángeles. Poco a poco, y comenzando por una representación del jefe de su estudio, volvió a la tranquila contemplación que conlleva la pintura de retratos. A lo largo de varios meses, el género del retrato le absorbió totalmente, y comenzó a invitar a su estudio a diferentes personas de su entorno, familiares, amigos y conocidos, entre los que se encontraban trabajadores de su estudio, otros artistas, curators y galeristas. 

Todas las obras realizadas en este período tienen el mismo tamaño, muestran al modelo sentado en la misma silla y con el mismo azul de fondo, y todos fueron pintados en el transcurso de tres días. No obstante, el virtuosismo pictórico de Hockney logra que las diferentes personalidades de los modelos afloren en el lienzo de manera cálida e inmediata. Esta exposición presenta los retratos realizados recientemente por David Hockney, con un renovado vigor, que ofrecen una instantánea íntima del mundo artístico de Los Ángeles y de las personas que se han cruzado en el camino del artista en los últimos años.  

Exposición organizada por la Royal Academy of Arts, Londres, en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao.


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David Hockney
Barry Humphries, 26, 27 y 28 de marzo de 2015 (Barry Humphries, 26th, 27th, 28th March 2015) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney Foto: Richard Schmidt


David Hockney tiene tres hermanos y una hermana, y todos ellos conservan una relación muy íntima entre sí. David siempre ha mantenido un vínculo especial con su hermana Margaret, enfermera jubilada, y la ha dibujado en diferentes ocasiones a lo largo de los últimos años, cuando ambos pasaban tiempo juntos en Bridlington, donde el artista estaba trabajando en sus paisajes de Yorkshire. Margaret viajó a Los Ángeles el año pasado con su amiga Pauline Ling, a la que también retrató el pintor. 

“No hay duda de que a Margaret le apasiona estar con su hermano y ser su centro de atención durante esos tres días enteros en que la está pintando; se puede apreciar hasta qué punto está verdaderamente encantada de estar con él. Le mira tanto como él la mira a ella”. Edith Devaney


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David Hockney 
Margaret Hockney, 14, 15 y 16 de agosto de 2015 (Margaret Hockney, 14th, 15th, 16th August 2015) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney
Foto: Richard Schmidt


Joho Baldessari, 13 y 16 de diciembre de 2013

Nacido y educado en California, el artista conceptual John Baldessari es desde hace mucho tiempo uno de los creadores contemporáneos más reconocidos de la Costa Oeste. Tiene algunos años más que Hockney, y llevan décadas siendo amigos. 

“Tiene unas piernas larguísimas y muy delgadas, esas manos enormes, muy muy bien pintadas aquí. Te da una buena idea de la imponente altura de John y de su presencia; tiene una auténtica presencia”. Edith Devaney


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David Hockney 
John Baldessari, 13 y 16 de diciembre de 2013 (John Baldessari, 13th, 16th December 2013) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney
Foto: Richard Schmidt


Celia Birtwell, 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre de 2015

Desde que se conocimiento en los años sesenta, la diseñadora textil Celia Birtwell ha sido una de las mejores amigas de Hockney. Ella y su anterior esposo, el creador de moda Ossie Clark, fueron los protagonistas del célebre retrato doble El señor y la señora Clark, y Percy (Mr and Mrs Clark and Percy, 1970–71; Tate), y desde aquel momento ella se convirtió en su modelo femenina más habitual. Cuando visitó a Hockney en su estudio en el verano de 2015, iba acompañada por su marido, Andy Palmer, y por su nieta, Isabelle Clark, cuyos retratos también pueden verse en la exposición.


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David Hockney 
Celia Birtwell, 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre de 2015 (Celia Birtwell, 31st August, 1st, 2nd September 2015) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney
Foto: Richard Schmidt


Rufus Hale, 23, 24 y 25 de noviembre de 2015

La artista británica Tacita Dean pasó algún tiempo en Los Ángeles en 2015, investigando en el Getty Institute. Visitó a Hockney y posteriormente le filmó, mientras fumaba ensimismado, para su obra Retratos (Portraits, 2016). Cuando Dean fue al estudio de Hockney, le acompañaba su hijo de once años Rufus. A Hockney el niño le recordó a él mismo cuando tenía su edad, y sintió la necesidad de pintarlo. Rufus fue un excelente modelo y se tomó muy en serio todo el proceso. 

“Fue algo totalmente espontáneo; yo llevaba lo que me pongo cada día, aunque es verdad que es muy inusual: traje y corbata. Como no tenía ni idea de que me iba a pintar, no me vestí de manera especial. Llevo un chaleco de tweed, una corbata roja, pantalones azul oscuro, camisa blanca y zapatos de vestir”. Rufus Hale


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David Hockney 
Rufus Hale, 23, 24 y 25 de noviembre de 2015 (Rufus Hale, 23rd, 24th, 25th November 2015) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney
Foto: Richard Schmidt


Edith Devaney, 11, 12 y 13 de febrero de 2016

“Me pintó en dos ocasiones, la primera en septiembre de 2015 y después en febrero de 2016; este último retrato es el que está incluido en la exposición”.  

Las únicas instrucciones que me dio fueron que me recogiera el pelo; a mitad del primer retrato, Hockney había decidido que así la imagen quedaría mejor. Muchas modelos femeninas se habían vestido para la ocasión, por lo que, como contraposición, decidí llevar ropa más informal. La primera parte del proceso, y quizá la más intensa, fue el dibujo a carboncillo que Hockney esbozó directamente sobre el lienzo ya imprimado. Definía el perfil de la cabeza, el cuerpo y la silla como para “fijar la pose”, diciendo que pintaba lo que veía, y que se aseguraba de verlo todo. Su mirada escrutadora y concentrada eran extraordinarias, y movía la cabeza constantemente del lienzo a la modelo”. 

“Una vez terminado el dibujo, comenzó la pintura. Todos los retratos fueron realizados con pintura acrílica, un medio que Hockney no había empleado en veinte años. Después de haber realizado sus primeras pinturas, empezó a utilizar una marca con mayor contenido en gel, que permanece húmeda más tiempo. Ello le permitía ir dando algunos matices más a los rostros a lo largo de los tres días”. Edith Devaney


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David Hockney
Edith Devaney, 11, 12 y 13 de febrero de 2016 (Edith Devaney, 11th, 12th, 13th February 2016) de 82 retratos y 1 bodegón
Acrílico sobre lienzo (de un conjunto de 82)
121,92 x 91,44 cm
© David Hockney
Foto: Richard Schmidt
Edith Devaney, 11, 12 y 13 de febrero de 2016


Más info: https://hockneyportraits.guggenheim-bilbao.eus/exposicion
 




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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
El Guggenheim ‘alucina’ con Henri Michaux

El museo homenajea al poeta y pintor con una muestra de más de 200 de sus obras, desde sus inicios en los años 30 a los dibujos concebidos bajo los efectos de los alucinógenos



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'Sin título' (1981), de Henri Michaux./  ERIKA BARAHONA EDE ARCHIVES HENRI MICHAUX, VEGAP

El poeta, artista y viajero Henri Michaux (Namur, Bélgica, 1899-París, 1984) resultó un hombre de lentas digestiones. No fue hasta los 25 años que probó con la pintura, una vez que el influjo de Paul Klee le convenció de que tal vez en la abstracción hallaría un lenguaje para su incesante búsqueda: expresar lo inexpresable. Con las drogas psicodélicas tampoco se mostró precisamente precoz; contaba 55 años cuando comenzaron sus experimentos con el hachís, el LSD, la psilocibina o la mescalina, bajo cuyos efectos creó la parte de su obra que mayor fortuna ha demostrado en el imaginario de la contracultura. Ambos descubrimientos, la plástica y la lisergia, enmarcan la exposición con la que el Guggenheim de Bilbao rinde homenaje a uno de los creadores más singulares y secretamente influyentes del siglo XX.

El viaje al "otro lado" propuesto por el museo se divide en tres escalas. Arranca con su exploración de la figura humana, que en su caso equivale a decir el rostro, continúa en los experimentos caligráficos y la invención de ideogramas y alfabetos imposibles, esa literatura del gesto que lo emparenta con cierto expresionismo abstracto, y culmina en la producción relacionada con la ingesta de drogas alucinógenas. Esta última etapa, hacia finales de los cincuenta, convirtió al pintor, que se definía orgulloso como "un sobrio bebedor de agua", en un referente de la primera revolución psicodélica que se cocinaba por entonces en laboratorios universitarios de ambos lados del Atlántico y que atraparía los sueños y las pesadillas de la nación hippy.

Todos los implicados en la exposición, también el director del museo, Juan Ignacio Vidarte, que se refirió a Michaux como "pintor de pintores y poeta de poetas", hicieron hincapié ayer durante su presentación a la prensa en que sus devaneos narcóticos nada tenían que ver con la ebriedad, ni mucho menos con el uso recreativo de las drogas. Tomaba las sustancias asistido por "científicos", se forzaba a contemplar bajo su influencia imágenes y palabras, garabateaba indolentemente y una vez de vuelta del viaje psíquico convertía esas experiencias en dibujos y textos en los que describía con minuciosidad el efecto creativo de cada estupefaciente. Aunque en realidad su "propósito" declarado no fuera otro que "explorar la mediocridad de la condición humana". En el prólogo a Miserable milagro (1956), uno de sus tres libros mescalínicos, raro de ver en español, el premio Nobel mexicano Octavio Paz creyó dar con la clave de su poética: "Quizá Michaux nunca trató de expresar nada. Todos sus esfuerzos se encaminaron a esa zona, por definición indescriptible e incomunicable, en la que los significados desaparecen".


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Henri Michaux en una foto sin datar. The Granger Collection, New York / Cordon Press

Al visitante sobrio los dibujos de la etapa lisérgica, colocados al final del recorrido, se le antojan una versión más intensa y nerviosa de lo contemplado anteriormente; desde la pieza más antigua, un pastel sobre papel evanescente conocido como La pereza (1934), hasta sus grandes tintas, tal vez sus obras más difundidas por el mercado de las imágenes. Manuel Cirauqui, comisario de la muestra, ha reunido alrededor de 220 piezas, algunas nunca expuestas y en su mayor parte llegadas de la sede de los Archivos Michaux de París. Estos también enviaron a Bilbao como embajador al custodio del legado, Franck Leibovici, a quien se veía satisfecho con el resultado.

Cirauqui ha eludido el relato cronológico para apostar por una simultaneidad de intereses que atraviesa las décadas e incluye objetos que fueron del artista, como casetes con cantos rítmicos e instrumentos que hablan de una pasión por la música que deslumbró incluso al compositor Pierre Boulez. También hay esculturas de Nueva Guinea, Borneo, África Central u Oceanía, compradas en sus numerosos viajes, estos no solo mentales, y colocadas al principio de la exposición.

A este preludio "no occidental" le siguen un conjunto de pinturas fisionómicas, una suerte de galería de retratos alucinados dictados por el azar. "Haga lo que haga, siempre aparecen rostros", dijo Michaux, al que acostumbran a emparentar con toda clase de ismos, aunque él solo se identificara con el suyo propio, el fantasmismo, una especie de vanguardia espectral de un solo hombre.

"No era un artista que crease con un propósito, con una idea preconcebida", explica el comisario Cirauqui. Escogía este o aquel papel, vertía un determinado pigmento, esperaba a ver qué salía de ahí y luego fijaba las manchas. Si el resultado le satisfacía, lo conservaba. En total, le sobrevivieron unos 10.000 dibujos, quién sabe si porque la enfermedad le arrebató el tiempo para destruirlos en parte. Como Rafael Conte contaba en su obituario para estas páginas, "durante sus últimos 20 años, se negó a revelar su propia imagen, a dejarse fotografiar, a conceder a periodistas y estudiosos los menores detalles de su vida privada".

De las manchas expuestas en el Guggenheim puede surgir cualquier cosa: desde una mueca de disgusto a una figura danzante o un montón de esos garabatos que a uno le brotan cuando habla por teléfono. De ese mismo modo, de la muestra bilbaína, que permanecerá abierta hasta mayo, emerge el retrato múltiple del artista alucinado. Un caso de estudio en la literatura y el arte del siglo XX; la historia sensacional del "poeta laureado de nuestros insomnios", según la afortunada descripción del crítico estadounidense Anatole Broyard.



El escritor alterado y el psiquiatra bilbaíno



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'Sin título', (1980), obra de tinta china sobre papel japonés. EAN-LOUIS LOSI (ARCHIVES HENRI MICHAUX, VEGAP)

Aún a riesgo de que se tome por la tópica exageración bilbaína, el museo ha querido llamar la atención sobre la relación entre Henri Michaux y el psiquiatra Julián Ajuriaguerra, nacido en 1911 en el barrio de Deusto, al otro lado de la ría, y que desarrolló su carrera en el exilio de Suiza y Francia, donde murió en 1993 convertido en una eminencia. Hermano de Juan, histórico presidente del PNV, Julián Ajuriaguerra asistió al poeta en París en sus experimentos lisérgicos, firma un texto inédito de 1963 incluido en el jugoso catálogo de la muestra. El artículo se titula, ahí es nada, Contribución al conocimiento de las psicosis tóxicas. Experimentos y descubrimientos del poeta Henri Michaux. En él, el psiquiatra detalla los efectos que sobre el pintor tenía cada una de las sustancias psicoactivas probadas con fines “únicamente científicos”. “En el momento actual”, sentencia Ajuriaguerra, que cita los antecedentes narcótico-literarios de Thomas de Quincey y Charles Baudelaire, “ningún escritor ha profundizado mejor en este tema”.


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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
El Guggenheim quiere expandirse entre naturaleza

Juan Ignacio Vidarte, director del museo, retoma un proyecto que la crisis frenó y busca ubicaciones en la zona de Gernika



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El museo Guggenheim de Bilbao, obra del arquitecto Frank Gehry, iluminado con motivo del 20 aniversario de su fundación. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

El Guggenheim da saltos de 10 en 10 años. En 2008, cuando llevaba una década abierto y había logrado lo que parecía imposible, la transformación de la decadente Bilbao industrial en una emergente y de servicios, el entonces diputado general vizcaíno, José Luis Bilbao, anunció que su institución había reservado 100 millones de euros para la creación de un Guggenheim 2 en una antigua casa de colonias en la localidad de Sukarrieta (Bizkaia).

La crisis lo paralizó pero no así el sueño de una nueva casa para “garantizar la sostenibilidad del proyecto a futuro”, mantienen fuentes oficiales del museo. El director general del Guggenheim de Bilbao, Juan Ignacio Vidarte se ha puesto manos a la obra y se ha implicado personalmente en lo que denominan una “ampliación discontinua”. El Correo adelantó ayer que en febrero visitó ya algunas posibles ubicaciones para retomar el proyecto de un segundo Guggenheim para el entorno de Bilbao.

Vidarte inspeccionó el pasado mes tres de ellos: la fábrica cerrada de cubertería Dalia, de unos 18.000 metros cuadrados; la factoría de los Astilleros Murueta, todavía en activo y ubicada a pie de la ría de Gernika, y las instalaciones del campo de fútbol de Urbieta, todos ellos en el área de Gernika, aunque no son los únicos posibles emplazamientos. Si bien no es definitivo que esa sea la zona en que se emplace la nueva sede, nadie duda de que estaría ubicada en Bizkaia.

Lo que está claro es que el nuevo museo será un complemento al construido por Frank Gehry, y supondrá una cierta revolución en el concepto. Quieren que aporte una experiencia diferente al visitante, en la que el arte se fusione con el entorno natural.

“Se trata de unos primeros movimientos exploratorios”, insistieron ayer desde el centro bilbaíno, pero son “consecuentes con el plan estratégico 2018-2020 del museo aprobado el pasado diciembre”. Entonces no trascendió el detalle del acuerdo para retomar la búsqueda. “Es muy preliminar porque además para ponerlo en marcha hace falta respaldo institucional y alto consenso” y todavía no existe.


Próxima legislatura

El Gobierno vasco y la Diputación Foral de Bizkaia han ratificado que esta legislatura que acaba en 2020 en el primer caso y en 2019 en el segundo no van a afrontar el proyecto. Quizás la siguiente. El plan estratégico cuenta con el visto bueno del patronato, entre cuyos miembros está la Fundación Solomon Guggenheim con sede en Nueva York. En 2009, el presidente de esa fundación, Richard Armstrong, aseguró cuando le presentaron el proyecto: “Es una oportunidad excepcional de reinventar el proceso creativo”.

Vidarte está estudiando posibles ubicaciones “para estar preparados por si quienes dirigen las instituciones la próxima legislatura, retoman el acuerdo para financiar el nuevo proyecto. Se trata de dar pasos, ir avanzando para que cuando pueda llegar el momento, tengamos adelantado todo”, confirman fuentes del museo.

En 2008 cuando se presentó la primera ubicación para la ampliación, el objetivo era lograr un plus de turismo y generación de actividad para luchar precisamente contra la desaceleración económica que se avistaba. La casa de colonias, un edificio de la antigua BBK, ahora Kutxabank, tenía 5.000 metros cuadrados de exposición. Ese lugar estaba incrustado en la única reserva de la biosfera del País Vasco, Urdaibai, reconocida por la Unesco en 1984.

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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
La Diputación de Bizkaia destina 5,5 millones al Guggenheim y 1,6 al Bellas Artes

El Museo Vasco y el de Reproducciones Artísticas recibirán 1,4 millones



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Edificio del museo Guggenheim Bilbao. ARABA PRESS

La Diputación de Bizkaia contribuirá este año a financiar la actividad ordinaria de los Museos Guggenheim y Bellas Artes de Bilbao con 7.182.000 euros.
Así lo ha dado a conocer hoy la institución foral en un comunicado en el que especifica que el Guggenheim Bilbao recibirá 5.515.000 euros, mientras que el Bellas Artes se llevará 1.667.000 euros, 212.000 euros más que en 2017.

El Museo Vasco de Bilbao, que incluye en su colección un notable conjunto de materiales etnográficos y se encuentra en la actualidad en un proceso de reforma de sus instalaciones y el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao recibirán este año 1.460.000 euros.

elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO GUGGENHEIM De BILBAO 
 
Arte chino, una controvertida historia

El Guggenheim de Bilbao abre una exposición con dos obras que el museo retiró en Nueva York ante las críticas. Organizaciones opuestas al maltrato animal se manifiestan contra la muestra, que recrea el cambio del país asiático



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Los visitantes observan una de las obras de la exposición 'Art and China After 1989. Theater of the World' en el museo Guggenheim, en Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA | ATLAS

Los artistas chinos se empeñan una y otra vez en mostrar, con su característica poca moderación, su fortaleza y capacidad para cambiar el paradigma del arte mundial. Así lo llevan anunciando desde el pasado otoño en el Museo Guggenheim de Nueva York, y lo seguirán haciendo cuatro meses más en la sede bilbaína. La exposición Art and China After 1989. Theater of the World es un jardín de las delicias universal, un doble tríptico que representa lo más disruptivo del arte chino de los últimos años, con animales reales y fantásticos, desnudos, lascivia, antropofagia y pecados capitales.

Y también polémica. En Nueva York ocurrió lo que ahora se interpreta como el primer testimonio de reivindicación a escala mundial It Too, inaugurado con las protestas de un público tan poco pasivo como el estadounidense —más de 750.000 firmas en plataformas online— contra un supuesto maltrato animal en tres trabajos: la instalación de Huang Yong Ping, Teatro del mundo (1993) es un hibernáculo donde conviven, luchan y se devoran insectos y reptiles; Dogs Than Cannot Touch Each Other (2003), de Peng Yu y Sun Yuan, registra en un vídeo el desgaste adrenalínico de cuatro pares de pitbulls que no pueden entrar en combate al estar sujetos con arneses; y en A Case Study of Transference, de Xu Bing, dos cerdos —uno con pictogramas y el otro con caracteres latinos— copulan a lo bestia durante horas. El Guggenheim de Nueva York decidió entonces retirar las obras. El de Bilbao ha optado por mostrar dos y dejar fuera la del combate canino.

Hace tiempo que ha quedado claro que la retirada o modificación de obras de arte por presión popular o censura crea un efecto rebote. En Bilbao –donde, por cierto, las escasas protestas antitaurinas se perciben con cierta indiferencia— estudiantes de Bellas Artes y colectivos “antiespecistas” han recogido firmas (más de 60.000 en seis días) y han anunciado concentraciones para hoy, cuando se inaugure oficialmente la muestra. El museo emitió ayer un comunicado en el que negaban que la exposición alentase el maltrato animal, y recalcaban que la institución “está a favor de los derechos de todos los seres vivos, por lo que ha puesto el mayor empeño en asegurar las mejores condiciones para ellos”.

Más allá de esas obras, la retrospectiva reúne 120 trabajos de dos generaciones de artistas que durante los años ochenta accedieron a la información que venía de Occidente para actuar sobre la costra maoísta de su país, restaurándola y endulzándola capa a capa, como si barnizaran un pato, primero con una pintura de fulgente espectacularidad, etiquetada como “realismo cínico” —un, por así decir, pop político entrenado en el realismo socialista— y posteriormente con una aún más impetuosa oleada de obras experimentales, realizadas mayoritariamente por artistas hombres, que se asimilaron a todo lo que acontecía en el simpático planeta dadá, con sede en París y Nueva York, entrando en el saco sin fondo de un “conceptualismo global” que acabó funcionando como una gran zona de patinaje.


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Una obra de la exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA - EL PAÍS

Aquella intensidad protestante que eclosionó con la masacre de Tiannamen (1989) y se domesticó bajo el látigo de la pólvora olímpica de 2008 (con las ceremonias diseñadas por Cao Guo Qiang) se condensa en seis compartimentos temáticos: las instalaciones, fotografías, pinturas y performances de 70 artistas y colectivos, publicitadas ahora como un fenómeno universal listo para su consumo rápido en una ciudad, Bilbao, donde además de con la boca, se come con los ojos. “Hablamos de arte experimental y hablamos de China, nunca de arte chino”, insiste Alexandra Munroe, comisaria de la muestra junto a Hou Hanru y Philip Tinari.

El recorrido comienza con la mencionada pieza que da titulo a la exposición, Theater of the World (Teatro del mundo, 1992), de Huang Yong Ping, un terrario que adopta la forma de animal híbrido, serpiente y tortuga (en la cosmología china, el Xuanwu es el par más potente a partir de cuya unión se crea el universo). Este pequeño zoo donde se arrastran y se devoran reptiles e insectos, es la cárcel mensurable e indecente del mundo actual, un sistema de vida y muerte que se replica en otra gigantesca pieza instalada al final del recorrido, Precipitous Parturition (Alumbramiento apresurado, 2000), un dragón retorcido de 20 metros confeccionado con cámaras de ruedas de bicicleta colgadas del techo, que sufre los dolores de la globalización: el vientre de la bestia está a punto de desovar cochecitos de plástico negro, un parque jurásicomóvil que extinguirá muy pronto la cultura que inventó la rueda. La obra nació después de que su autor Chen Zhen (Shangai, 1955 - París, 2000) leyera en un periódico chino un texto donde se anunciaba que, con el cambio de siglo, cien millones de personas tendrían su propio coche, con el eslogan “Únete a la competencia en esta industria”.

La exposición no defraudará al público ávido de sensaciones. La mayoría de las obras aparentan más de lo que significan, y en esto se asemejan a la manera en que la generación de los Young British Artists (YBA) triunfó en los mercados durante los noventa, con sus tácticas de choque, su expeditivo manejo de la publicidad, su uso de animales y su postmodernismo reaccionario. El arte chino de las dos últimas décadas es una versión posterior de aquéllas. Y no es un eufemismo de “falsificación”, sino un movimiento artístico más, con permiso del mayor empresario-contestatario del planeta, Ai Weiwei.


Los “chicos malos” del arte chino

Gu Dexin. Piezas de plástico. (1983-85). Uno de los tres artistas chinos -con Huang Yong Ping y Yang Jiechang- incluidos en la primera exposición mundial de arte contemporáneo surgida tras el fin de la guerra fría, “Magiciens de la Terre” (1989, Centro Pompidou, París). Padre del nuevo arte chino, sus obras más conocidas, de influencia beuysiana, están hechas con plásticos quemados con soplete, de los que resultan formas parecidas a órganos humanos.

Big Tail Elephant Group (Grupo Elefante de Gran Cola). Performance 5 Hours. 1990-98. Sus trabajos, deliberadamente ingenuos y amateurs, se deleitan en el caos de las grandes urbes y el derroche consumista. “La obra de arte no es un objeto material sino un lugar”, afirman. En la performance “5 Horas”, uno de los componentes del colectivo, Chen Shaoviong, permanece sentado durante ese tiempo conectado a una escultura en forma de vaca hecha de madera y tubos fluorescentes.

Xu Bing. A Case Study of Transference, 1994. La obra de este veterano del arte conceptual tiene como protagonistas a dos cerdos de cría, un macho que tiene la piel pintada con palabras en alfabeto latino y una hembra, decorada con grafías chinas, ambas ilegibles. Los animales se aparean en un entorno lleno de gente. La transferencia es una alegoría cultural humorística en que los cerdos (híbridos de la raza Yorkshire americana y Changbai china), interpretan un encuentro productivo y desigual entre Oriente y Occidente.

Zhang Huan. 12 Square Meters (1994) Asociado a un displicente colectivo de artistas de lo que se conoce como el East Village de Pekín –el área de Dashanzhuang era un laberinto en ruinas de granjas y basureros situado al este de Pekín- utiliza su cuerpo como prueba resistente de identidad. En la performance Doce metros cuadrados, embadurna su piel desnuda con aceite de pescado y miel y se sienta en un retrete público plagado de moscas. “Si se puede defender que el cuerpo es nuestra única posesión verdadera, hacerse daño es un instrumento de crítica social”.

Quiu Zhijie. Map of the Theater of the World. 2017. Un gran mapa dibujado a tinta –la única pieza encargada por el Museo Guggenheim para la exposición- combina fantasía y política en torno a la historia reciente del mundo. Recuerda los mapas que Saul Steinberg hizo para el New Yorker.

Ai Weiwei. Su instalación hecha con millones de pipas para la Turbine Hall de la Tate Modern, en 2010, clausuró la edad de hierro del sensacionalismo chino. Es el único artista chino tildado oficialmente de “disidente” y está considerado el más influyente del mundo.

elpais.com



 

Yo no veo mucho arte que digamos en esta exposición, más creo que han montado un decorado para una peli de tarzán.
 




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DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS


Conocer mejor a sus visitantes, la asignatura pendiente de los museos

La falta de recursos impide analizar los rasgos del público de las instituciones, que hoy celebran su día internacional. Mujer asalariada y con estudios es el perfil más usual



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Visitantes en la galería central del Museo del Prado. / Carlos Rosillo

Apenas unos metros separan el Museo Nacional de Antropología del Reina Sofía y, sin embargo, media un abismo entre ellos. Solo son dos ejemplos de los más de 1.600 museos de España, que hoy celebran su día internacional con multitud de actividades. Las dos instituciones son muy distintas, pero algo les une en la era del big data:el escaso conocimiento del perfil de sus visitantes. La recopilación de datos es difícil y costosa y la mayoría de estos centros no pueden permitirse contratar a empresas especializadas en estadísticas. Por eso, el retrato robot de quien frecuenta museos es muy somero y no entra en demasiado detalle: el resultado es una mujer, asalariada, con formación universitaria, de mediana edad y que no va en grupo organizado.

Retrato Robot

Datos obtenidos con la información de diversos museos.

Género: mujer (60%).
Edad: de 26 a 54 años (44,9%).
Ocupación: asalariada (50,4%).
Nivel de estudios: universitarios (71,1%).
Nacionalidad: española (74,7%).
Motivo de la visita: conocer las colecciones (54,3%).

Es mediodía del pasado domingo, tras el obligatorio paso por taquilla del Antropológico —a esa hora es gratuito, pero se emite la entrada para tener controlada la cantidad de visitantes—, el público puede andar casi solo por sus salas. Al otro lado de la plaza se encuentra el Reina Sofía. Tampoco se paga en ese momento, pero hay que hacer fila para entrar. Son más los que la guardan que todos los visitantes que había en el museo anterior. Se oyen distintos idiomas: italiano, francés... nada de español. No emiten tiques, un trabajador utiliza un contador manual para saber cuántas personas acceden, entre el barullo de la entrada es más que probable que se le escape alguno. Dos extremos de una plaza y años luz en la tipología del visitante, de la colección, del presupuesto...

Las instituciones en las que la autofinanciación es vital son especialmente conscientes de la importancia de conocer a su público, actualmente una pieza principal del museo, sobre la que gira todo. Sin visitantes no exisitirían.

José Lebrero, director del Museo Picasso de Málaga, lo explica: “La subvención que recibíamos de la Junta de Andalucía se ha reducido, en los últimos tres o cuatro años hemos tenido que reinventarnos y ser más empresa. Hemos conseguido autofinanciarnos en un 45% gracias a la venta de entradas. Tenemos que generar ingresos y hacer que los visitantes salgan satisfechos. Para ello estamos en un ejercicio permanente de autocrítica y de análisis”. Lebrero conoce bien las limitaciones: “En 2017 superamos los 635.000 visitantes, vienen de todas las partes del mundo [entre el 65% y el 70% no son residentes en España], de todas clases sociales... Un buen estudio estadístico, preciso y complejo, es caro. La mejor manera de hacerlo es preguntando, otra es observando. Nosotros estamos mucho en las salas para ver al visitante: sabemos cómo se mueven pero no qué piensan”.

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Otro caso de alto porcentaje de autofinanciación es el Prado, en torno al 70%. Contabilizan a los visitantes al detalle. “Los tiques que vendemos —tanto en taquilla como por Internet— son el ADN de cada persona, nos dan datos: si ha pagado, si no; si entra con descuento, el motivo de este. Las entradas son nuestra principal fuente de ingresos”, explica Noelia Ibáñez, jefa del servicio de Análisis y Estadística del museo. Aun así reconoce carencias, este sistema lo combinan con encuestas al público para saber procedencia, hábitos de la visita, duración de esta… “Estamos trabajando para que los dos sistemas se integren y así poder predecir los intereses de alguien que viene asiduamente”, asegura Ibáñez. Una prueba de que esta información es fundamental para la vida de la pinacoteca se ve en las audioguías. Cuando se inaugura una exposición y se plantean los idiomas en los que tienen que hacerlas no hay más que ir a los datos de procedencia del público: en 2017 la mayoría de los visitantes eran de Madrid, les seguían los estadounidenses, italianos, franceses y coreanos, por tanto, están empezando a hacer audioguías en este último idioma.
 

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Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

La Subdirección General de Museos Estatales tiene entre sus servicios un laboratorio de público que se ocupa de estos asuntos. Entre 2008 y 2009 realizaron un exhaustivo estudio que aún consideran vigente. Héctor del Barrio, jefe de servicio del Área de Difusión de esta subdirección, explica que de un año al siguiente los cambios no son bruscos y no tiene sentido hacer estas encuestas con demasiada frecuencia. Tanto el Museo Arqueológico Nacional como el de Escultura de Valladolid han sufrido remodelaciones en los últimos años por lo que de ellos sí se ha hecho un nuevo estudio de público, aunque aún no se han publicado los datos.


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Visitantes en el exterior del Museo de Altamira (Cantabria).

El momento en que los museos reciben a más personas son los meses de mejor tiempo, esto es muy notable en el Museo de Altamira, el segundo más visitado de los estatales por detrás del Arqueológico. El centro cántabro recibió 5.680 visitas en enero de 2017, frente a las 54.527 de agosto. Comparar estas cifras, con, por ejemplo, el Prado, que tiene una media de 7.802 visitantes al día (235.367 al mes) indica que en este caso las comparaciones, además odiosas, no sirven.

Una pieza clave para atacar el problema de la falta de información sobre el perfil de los visitantes son los vigilantes de sala, pues son ellos los que más en contacto están con el público. Este colectivo recibió ayer la noticia de que Fernando Benzo, el secretario de Estado, firmó un acuerdo con los sindicatos para mejorar sus condiciones laborales, y también incluyó a los trabajadores del Reina.

El pasado domingo en el Antropológico había una visitante que estaba allí porque un día pasó por delante y se lo apuntó para volver. Ir al museo de Altamira, en Santillana del Mar, porque “pasaba por allí” es un motivo poco probable, otra vez imposible de comparar.


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Museo Nacional de Escultura, Valladolid


Abiertos 24 horas y 365 días al año en la Red

Hoy se celebra el Día Internacional de los Museos, el tema de este año es “Museos hiperconectados: enfoques nuevos, públicos nuevos”. Tienen la intención de mirar al futuro, de buscar otras vías para no quedarse anquilosados; de llegar a todos los ciudadanos inscribiéndose en sus localidades y haciéndose más inclusivos, museos más sociales. Esto traspasa la excepción que es la apertura extraordinaria y gratuita de un día y una noche.

Del museo del siglo XXI no se espera solo la opción de una visita física, aunque, ¡ojo!, nada puede sustituirla. Estas instituciones lo saben, por eso muchas de ellas han empezado a tener en cuenta a sus seguidores en redes sociales y las visitas a su web, cuando dan las cifras de público añaden también el virtual.

Así, el Guggenheim Bilbao señala que en 2017 su página recibió 2.693.178, un 18% más que las 2.294.120 del año anterior y el Museo Nacional de Arte de Cataluña tuvo 734.401 el año pasado.

El Museo de la Evolución Humana, sin estar en una gran ciudad (Burgos), es el tercero —en España— con más influencia en Internet, por detrás del Prado y del Guggenheim, según el índice Klout que mide la influencia de una marca o de una persona en la Red.

Hay museos extranjeros que van más allá, el Británico tiene su web íntegra traducida al chino y el Louvre tiene cuenta en Weibo (conocido como el Twitter chino) con 110.000 seguidores.


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Museo Guggenheim Bilbao



elpais.com




 

Me resulta increíble y muy sorprendente que de los casi tres millones de visitantes del Prado, sólo un tercio sean españoles y de éstos no llegan al 17% los que son madrileños. Una estadística muy decepcionante.

 

Creo que la cultura y el arte hay que promocionarla más, empezando por las escuelas e institutos y siguiendo por las entidades culturales y los propios museos. Que además de llevarse buena parte del presupuesto en comilonas y viajes deberían esforzarse más por atraerse especialmente a la juventud con exposiciones y ofertas atractivas, pues los visitantes habituales en su gran mayoría somos gente ya entradita en años, especialmente mujeres a las que hay que felicitar.

 




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Joana Vasconcelos feminiza el Guggenheim con su espectacular obra

Una enorme pieza hinchable de ganchillo ocupa el atrio del museo de Bilbao en la primera antológica dedicada en España a la célebre artista portuguesa



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Obra de Joana Vasconcelos en la exposición del Guggenheim Bilbao. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA / VÍDEO: EPV-EFE

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“Es un cuerpo femenino que habita una arquitectura masculina”. Joana Vasconcelos (París, 1971) explica su monumental obra mientras sigue con la cabeza los brazos de la estructura hinchable revestida de ganchillo de dos toneladas de peso que ocupa el atrio del Guggenheim de Bilbao. La artista portuguesa la ha diseñado específicamente para el acceso a las salas dedicadas a Richard Serra, a ese lugar de encuentro “único en el mundo de arte” entre la escultura del estadounidense y la arquitectura de Frank Gehry. El ganchuillo cálido frente al frío titanio. Los visitantes del museo vasco levantan la mirada asombrados para observarla, para recorrer los meandros de Egeria, el nombre de la viajera hispanorromana del siglo IV. Es la más espectacular de la treintena de obras que forman la primera antológica que se dedica en España a Vasconcelos, convertida en una celebridad internacional en el mundo del arte gracias a sus enormes instalaciones, irónicas, divertidas, feministas, reivindicativas.

La artista parece una estrella pop. Expansiva, sonriente, vitalista, atiende todas las peticiones de los cámaras, saluda a quien la reconoce entre el público y se mueve con naturalidad encima de sus tacones de aguja. Trabaja con un equipo de 60 personas en su taller lisboeta sobre el Tajo. Se considera, en cualquier caso, una artista conceptual. Primero surge una idea y luego busca cómo reflejar lo que está pensando, explica Por ejemplo, para su conocida obra Marilyn, dos zapatos de tacón de casi tres metros de altura formados por ollas y tapas de acero inoxidable, pensó en reflejar la evolución desde “la mujer que tiene un rol en la casa, en la cocina, en un ambiente privado, hasta la mujer contemporánea que quiere trabajar fuera”, explica.

“Hasta que las mujeres tengan los mismos derechos yo seré feminista. Las mujeres no ganan lo mismo, no exponen tanto como los hombres en los museos… En mi carrera he sido la primera mujer en la primera bienal comisariada por mujeres. La primera portuguesa en el Guggenheim. He sido la primera mujer en muchas cosas y  a mis 46 años me lleva a pensar qué pasa en el mundo”, afirma la antigua karateca en la presentación de la exposición que, comisariada por Enrique Juncosa y Petra Joos, se puede ver desde este viernes hasta el 11 de noviembre. La muestra está patrocinada por Seguros Bilbao.


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Joana Vasconcelos, junto a su obra 'Marilyn', de 2011, realizada con ollas y tapas de aluminio. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Un burka que se eleva y cae con estrépito al suelo, una enorme lámpara hecha de miles de tampones, un corazón rojo de tenedores de plástico (con la forma de joya típica de Portugal), una cama de pastillas de Valium, un sillón de aspirinas, un urinario doble para pareja gay decorado con ganchillo, tres instalaciones que podrían ser flores de loto o robots de la película Transformers realizadas con planchas que echan vapor… son obras de una exposición que toma el nombre de una de ellas, Soy tu espejo. Se trata de una gran máscara formada por múltiples espejos, algunos con marcos muy barrocos —“yo soy muy del barroco portugués”, repite la creadora—, donde se reflejan tanto el resto de obras de Vasconcelos como el público, en una interacción que siempre persigue esta creadora de éxito que recuerda en algo a Jeff Koons. Pero ella, como se encarga de reiterar, no transforma el material de sus obras sino que lo emplea para hacer sus propias piezas.


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Vasconcelos, con su obra 'Soy tu espejo'. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

“Su obra no se parece a la de otros artistas”, asegura, sin embargo, Enrique Juncosa. “Joana surge en los noventa con el arte relacional, la artista busca la participación del espectador y también pone el énfasis en el significado en el arte. A veces la gente se olvida de que en el siglo XX la idea predominante era formalista, la de la pureza, que el arte no tenía significado, desde la abstracción hasta el minimalismo. En los sesenta ya se empezó a introducir y en los noventa se implantó el significado de manera revolucionaria en el arte. Los artistas hablan de asuntos como la identidad, tal vez iniciados por las minorías étnicas, sexuales, por las mujeres”, añade.

Hay muchas referencias a Portugal en la exposición, a su artesanía, al gallo de Barcelos, a la tradición, al fado. Vasconcelos se siente muy portuguesa, si bien nació en París, a donde huyeron sus padres debido a la dictadura de Salazar. La artista recuerda también su fuerte vínculo con España, con el galerista Luis Adelantado, con Vicente Todolí , que fue director de la Tate Modern y, sobre todo, son Rosa Martínez y María del Corral que la eligieron para la Bienal de Venecia de 2005, que supuso su lanzamiento internacional. A partir de entonces, entró a formar parte del firmamento de las estrellas del arte contemporáneo actual.


elpais.com
 




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La colección Thannhauser llegará en septiembre al Guggenheim Bilbao

Con obras de Van Gogh, Pablo Picasso y los representantes del impresionismo y postimpresionismo, Cézanne, Degas, Édouard Manet, Gauguin y Braque



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"Mujer con cabello amarillo", de Picasso, de la colección Thannhauser.

El 21 de septiembre llegará al Museo Guggenheim Bilbao la deseada gran exposición de las obras de la colección Thannhausser, una de las más completas del mundo del arte europeo realizado entre finales del XIX y principios del XX, que atesora en sus fondos propios la Fundación neoyorquina Solomon R. Guggenheim.

La exhibición en exclusiva en Europa de la casi totalidad de las obras que componen esta colección llegó a formar parte de las contrapartidas pedidas por las instituciones vascas propietarias del Museo Guggenheim Bilbao para proceder a la renovación del acuerdo de colaboración con la citada fundación neoyorquina llevado a cabo en 2014.

Ha habido que esperar cuatro años para que este anhelo de los gestores del Guggenheim Bilbao se cumpla y, finalmente, el 21 de septiembre se podrá abrir al público, con cerca de 50 obras de la colección del hombre de negocios y galerista alemán Justin Thannhauser guardadas por la Fundación Solomon R. Guggernheim desde 1965.

Aunque en 2001 el Guggenheim Bilbao ya acogió otra muestra de obras de esta colección formada por 40 piezas de los maestros europeos del impresionismo y postimpresionismo, en esta ocasión la selección de obras y artistas se extiende más allá de estos dos movimientos artísticos hasta el arte moderno europeo temprano.

Por ello, recoge obras que van desde el atormentado Van Gogh al inmortal Pablo Picasso, pasando por los grandes representantes del impresionismo y postimpresionismo, Cézanne, Degas, Édouard Manet, Gauguin y Georges Braque, uno de los iniciadores, junto al genio malagueño, del movimiento cubista.

Las obras de la Colección Thannhauser se centran en autores de la vanguardia que buscaron liberar el arte de los géneros y normas impuestas por el academicismo imperante a finales del siglo XIX, señala el Guggenheim en un comunicado.

Estos autores exploraron los efectos cambiantes de los fenómenos naturales y cómo representar el espectáculo de la ciudad en transformación a comienzos del siglo XX, empleando recursos estilísticos, como la pincelada suelta, y prácticas innovadoras, como la fragmentación del plano pictórico.

Además de pinturas, esculturas y obras sobre papel, la muestra incluye material de archivo, como libros de inventario de la galería de Thannhauser o fotografías históricas, con el fin de documentar el compromiso de esta familia con algunos de los mejores artistas de su tiempo.

La Colección Thannhauser de la Fundación Solomon R. Guggenheim es un conjunto de obras de arte de los siglos XIX y comienzos del XX que fueron legadas a la misma en 1978 por el matrimonio formado por el empresario, galerista y marchante judío de origen alemán Justin K. y su esposa Hilde Thannhauser.

Justin K. Thannhauser era hijo del también marchante de arte alemán Heinrich Thannhauser, quien fundó la Moderne Galerie en Múnich en 1909.

Justin trabajó con su padre en la galería, ayudándole a elaborar un amplio programa de exposiciones dedicadas a artistas impresionistas y postimpresionistas franceses y dedicando muestras a autores contemporáneos alemanes con regularidad.
Los Thannhauser también organizaron en 1913 una de las retrospectivas más importantes dedicadas al genio español Pablo Picasso, lo que dio origen a una estrecha relación entre Justin y el artista malagueño que duraría hasta su muerte en 1973.

Por este motivo, la colección atesora más de 30 picassos, algunos de los cuales, como las obras maestras "Le Moulin de la Galette" (1900) y "La mujer del pelo amarillo" (1931), se podrán ver en la sala dedicada exclusivamente al artista español.
La muestra permanecerá en Bilbao hasta el 24 de marzo de 2019 y estará patrocinada por la Fundación BBVA, uno de los grandes patronos del museo bilbaíno que este año ha patrocinado también la muestra "Chagall. Los años decisivos, 1911-1919" que se puede visitar este verano en el centro expositivo de la capital vizcaína.


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