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Museo Del Prado: Siglo XIX
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Mensaje Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al Museo del Prado, concretamente a las nuevas salas dedicadas a pintores y escultores españoles del siglo XIX, que abarca desde Goya hasta Sorolla. Son 12 nuevas salas que pondrán al alcance del público todo el arte del brillante siglo XIX, un poco rezagado o descuidado hasta el momento en el mejor Museo de España y uno de los mejores del mundo.

Por lo que ya podemos ver en el Prado, todo representado de manera cronológica en función de diferentes tendencias y géneros que se sucedieron a lo largo del siglos: El arte Románico, Gótico, Renacentista, Barroco y los siglos XVIII y XIX. Además de la pintura española, cuenta en su colección con grandes artistas de la pintura italiana, flamenca, francesa, alemana, holandesa o británica. Además últimamente la escultura también está mejor representada, lo cual es de agradecer para los olvidados aficionados de esta disciplina artística.


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El Museo del Prado ha puesto fin al "éxodo" y al "destierro" al que han estado sometidas las obras del siglo XIX para devolverlas a su casa de forma definitiva, gracias a la apertura de doce nuevas salas que permitirán recorrer, por primera vez, la historia del arte español desde el Románico hasta los maestros del siglo XIX.

Desde el último Goya hasta Sorolla, la colección denominada como "la otra ampliación" se prolonga en doce salas como un nuevo eslabón de 176 obras de las colecciones del siglo XIX -154 pinturas, 21 esculturas y una maqueta- que permiten incorporar definitivamente a la pinacoteca las obras de los maestros del ochocientos junto los grandes artistas del pasado.

Así, el recorrido por el arte español comenzará con la pintura románica de San Baudelio de Berlanga, del siglo XII y cerrará con Aureliano de Beruete y Joaquín Sorolla a principios del siglo XX.

La ampliación de la colección supone, en palabras del director del Prado, Miguel Zugaza, la "definitiva puesta en escena del siglo XIX" y el "reencuentro" del museo con la historia para situarlo a las puertas del siglo XX.

"Éste es un momento muy oportuno para mirar con intensidad lo que tenemos y no perpetuarnos en lamentar lo que no tenemos", ha señalado Zugaza en la presentación de las nuevas salas que hoy se abrirán al público y que suponen un incremente del 20 por ciento de las obras expuestas hasta el momento.

El director adjunto de conservación del Prado, Gabriele Finaldi, destacó la importancia de esta colección, que "se asienta ya en su casa" y recupera un capítulo importante de la historia del arte pues la escuela del XIX es "rica, variada, valiente y con un marcado carácter internacional".

Por su parte, el jefe de conservación de la pintura del siglo XIX, José Luis Díez, ha recordado las idas y venidas de las obras del siglo XIX en el Prado, desde su primera salida en 1896, su posterior regreso en los años setenta al Casón del Buen Retiro, hasta la última exposición el año pasado de una selección de obras que regresaban a las salas de la pinacoteca después de 12 años "guardadas".

fecha histórica "Estamos ante una fecha histórica que todos los manuales de historia del arte tendrán que reflejar", afirmó Díez, quien subrayó que esta ampliación "afectará a la propia historia del arte y cambiará la propia museística". La colección del siglo XIX, presente en el Prado desde su inauguración en 1819 y ubicada en el Edificio Villanueva de la pinacoteca, se presenta cronológicamente y en función de diferentes tendencias y géneros que se sucedieron a lo largo del siglo. El recorrido arranca en la galería central de la planta baja con las últimas obras neoclásicas de Francisco de Goya como la Marquesa de Villafranca o la Marquesa de Santa Cruz para adentrarse en el ochocintos con pinturas de Federico de Madrazo, Antonio María Esquivel, Eduardo Rosales o Fortuny y Rico, y concluir con Joaquín Sorolla.

Espero que la información que he recopilado de las nuevas salas dedicadas al arte español del siglo XIX en el Museo del Prado os resulte interesante.





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Vista lateral de la fachada y puerta principal del Museo del Prado.


Otros trabajos dedicados al Museo del Prado:

Museo del Prado, Casón del Buen Retiro
Museo del Prado, Bodegones
Museo del Prado, Escultura
Museo del Prado, Pintores españoles
Museo del Prado, Pintores extranjeros
Museo del Prado, Sala Várez Fisa
Museo del Prado, Siglo XIX


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Campus Museo Nacional del Prado




El Museo del Prado reordena el esplendor del siglo XIX en doce nuevas salas y 176 obras


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El Museo del Prado presentó en Otoño de 2009 las doce nuevas salas dedicadas a las colecciones del siglo XIX, que ofrecen, por primera vez un recorrido cronológico y continuo desde los albores del Románico hasta el despertar de las vanguardias. Este proyecto, que se abre este martes al público, constituye uno de los hitos más importantes de la historia del Museo.

Un paseo por el arte español desde las últimas obras de Goya hasta Sorolla a través de 176 obras, algunas de ellas nunca vistas. "Nunca antes se ha mostrado un recorrido tan completo de la colección, que sitúa al Museo del Prado a las puertas del siglo XX", señaló hoy su director, Miguel Zugaza, orgulloso de esta nueva "puesta en escena de las colecciones" del siglo XIX, que incluye un repaso de las principales tendencias y géneros del arte a través de 152 pinturas, dos acuarelas, veintiuna esculturas y una maqueta del museo.

Tras la recuperación que supuso la exposición inaugural de la ampliación del museo, 'El Siglo XIX en el Prado', visitada por más de un millón de personas, las obras de los grandes maestros españoles del siglo XIX se incorporan definitivamente al discurso histórico del Museo junto a los maestros del pasado en las nuevas salas del edificio Villanueva.

Según explicó el director adjunto de Conservación del Museo del Prado, Gabriele Finaldi, este nuevo discurso expositivo supone un "magnifica narración compacta y fértil" del arte del siglo XIX, abanderado por maestros como Eduardo Rosales, Madrazo, Antonio Maria Esquivel o Mariano Fortuny.


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Vista de las nuevas salas del Museo del Prado dedicadas a las colecciones del siglo XIX, con las que la pinacoteca superará la barrera temporal de Goya y prolongará el recorrido del visitante con obras de Sorolla, Fortuny, Madrazo y Rosales.


EL FIN DE UN DESTIERRO

Para José Luis Díez, jefe de Conservación de pintura del siglo XIX, esta muestra supone el "final de un destierro" de más de un siglo de duración desde que salieron del edificio Villanueva en 1886 y tras permanecer más de diez años guardadas en los almacenes del Museo.

Junto a estos clásicos de la pintura moderna, el Prado exhibirá nuevas obras nunca antes expuestas como 'El coracero francés' de José de Madrazo, adquirida este mismo verano, 'Penitentes en la Basílica inferior de Asís' de José Jiménez Aranda, adquirida en 2001, o 'Gran paisaje' (Aragón) de Francisco Domingo Marqués o 'La niña María Figueroa' vestida de menina de Joaquín Sorolla, adquiridas ambas en el año 2000.

La reordenación de las colecciones del siglo XIX concluye con un nuevo concepto expositivo: una la sala 'temporal', la 60, que está concebida como un instrumento para exponer de forma periódica conjuntos singulares del siglo XIX seleccionados entre los fondos que se han integrado en este recorrido.

Los evocadores paisajes de Beruete inauguran esta propuesta de sala "temporal" que pone broche al discurso expositivo de las nuevas salas de la pintura decimonónica. Aureliano de Beruete y Moret (1845-1912) es, junto a Joaquín Sorolla, el artista más destacado con el que culminan las colecciones de pintura española del Museo. En la sala se exponen los mejores paisajes que conserva el Prado de este artista.

Las colecciones del siglo XIX en el Prado superan ya los 3000 cuadros, según apuntó hoy Javier Barón, jefe de Departamento de pintura del siglo XIX, quien recordó que muchas de estas obras están visibles en diferentes museos españoles gracias al Programa de 'El Prado Disperso'.

Doce nuevas salas permitirán recorrer, por primera vez, la historia del arte español desde el Románico hasta los maestros decimonónicos. En la imagen Retrato de Goya, pintado por Vicente López.


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La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde -cuando visitó en septiembre de 2009-, el Museo del Prado los trabajos de montaje de las nuevas salas dedicadas al siglo XIX, cuya próxima apertura constituirá uno de los hitos más importantes del proyecto de reordenación y de ampliación de las colecciones de la pinacoteca.



ARRANQUE EN EL NEOCLASICISMO

Este nuevo discurso narrativo, que se inaugura mañana en el Museo del Prado, arranca en la galería central de la planta baja en una sala titulada con el epígrafe de 'Goya. Neoclasicismo y Clasicismo Académico', presidida por la escultura de Isabel de Braganza, número uno del catálogo de esculturas del Museo y reina fundadora del Prado. Con esta pieza , la sala recupera su misión original dotando de protagonismo a la escultura al incluir trece piezas.

En este sentido, Leticia Azcue, Jefe de Conservación de escultura y artes decorativas explicó que se ofrece al visitante un paseo por las tendencias más significativas en el arte escultórico, que se inicia en la primera sala con los "nombres indispensables del Neoclasicismo español".

Asimismo, indicó que la reordenación de las colecciones del siglo XIX ha permitido "rescatar de cierto olvido" la escultura presente en el Museo del Prado.

El recorrido por el siglo XIX continúa con la sala dedicada al Romanticismo, que agrupa la obra de los principales ejemplos de esta corriente: Leonardo Alenza, Eugenio Lucas y Antonio María Esquivel.

Tras ellos, se exhibe la obra de Federico de Madrazo, que fue el artista español más influyente de todo el panorama cultural de su época gracias a su formación y su posición privilegiada en la Corte como pintor de Cámara. Acompaña a las mueve pinturas de Madrazo, la sensual escultura de Sabino de Medina, 'La ninfa Eurídice mordida por la víbora'.


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El testamento de Isabel la Católica, de Eduardo Rosales y la escultura de Agapito Vallmitjana, Cristo yacente


SALA TEMÁTICA PARA ROSALES

A continuación, el Prado ha destinado una sala temática a la figura de Eduardo Rosales (1836-1873), con siete obras del pintor y su famoso lienzo 'Doña Isabel la Católica dictando su testamento' como protagonista. Está presenta también en la sala la 'Rendición de Bailén' de Casado del Alisal, autor que como Rosales tuvo a Velázquez como punto de referencia en su pintura.

Tras la primera sala que el Prado ha titulado como 'Pintura de Historia' con la gran escultura de Agustín Querol, Sagunto, el recorrido da paso a Fortuny y Rico, antesala de Raimundo de Madrazo, para adquirir un tono más intimista con el Paisaje Realista protagonizado por Carlos de Haes.

Tras exponentes claros del Naturalismo como Pinazo y Muñoz Degrain, se abre la segunda generación de pintores de historia con algunas de las pinturas más impresionantes de las colecciones modernas del Museo como el 'Fusilamiento de Torrijos', de Antonio Gisbert.


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La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza visitando en 2009 las nuevas salas dedicadas a los pintores españoles del siglo XIX. En primer plano una obra de Sorolla.


SOROLLA Y SUS LIENZOS UNIVERSALES

Joaquín Sorolla concluye este nuevo recorrido de visita a las colecciones del Prado con lienzos tan universales como 'Chicos en la playa' y '`Aún dicen que el pescado es caro!' para abrir paso a la sala de presentación de colecciones, dedicada en esta ocasión a Aureliano Beruete.

Respecto a la presencia de artistas europeos, aunque de momento más reducida, destacan las esculturas de Antonio Cánova Venus y Marte y Bartolomeo Thorwaldsen Hermes, además de pinturas características de David Roberts, Alma Tadema o Meissonier.


Ver vídeos

http://www.rtve.es/mediateca/videos...do/599477.shtml

http://www.youtube.com/watch?v=QfZQ-xMrKjs



Un nuevo siglo en el Museo del Prado   

Desde el último Goya hasta Sorolla, el recorrido de la colección se amplía con 12 nuevas salas y 176 obras. El Museo ha presentado hoy sus doce nuevas salas dedicadas a las colecciones del siglo XIX, un avance fundamental del plan de colecciones denominado La colección: La otra ampliación. La apertura de estas nuevas salas constituye uno de los hitos más importantes de este proyecto tanto porque suman a la colección permanente casi doscientas obras, incluidas algunas nunca expuestas hasta ahora, como porque, desde este momento -y por primera vez-, el itinerario de la visita al Prado recorrerá de forma completa e ininterrumpida el discurso histórico del arte español desde el Románico hasta los maestros modernos del siglo XIX.

El Museo del Prado presenta un nuevo y fundamental avance del plan de reordenación de colecciones con la incorporación a su colección permanente de ciento setenta y seis obras de las colecciones del siglo XIX -ciento cincuenta y dos pinturas, dos acuarelas, veintiuna esculturas y una maqueta- que cierran su discurso histórico permitiendo que el Prado se muestre ahora más completo que nunca.

Tras la recuperación que supuso la exposición inaugural de la ampliación del museo, El Siglo XIX en el Prado, visitada por más de un millón de personas, las obras de los grandes maestros españoles del siglo XIX se incorporan definitivamente al discurso histórico del Museo junto a los maestros del pasado. La generosa representación de obras del ochocientos completa particularmente la narración de la historia del arte español en el Prado, que se inicia con la pintura románica de San Baudelio de Berlanga del siglo XII y que ahora se prolonga a través de la obra de Sorolla hasta principios del siglo XX, en estricta contemporaneidad con las primeras vanguardias.

Esta colección de pintura moderna, presente en el Prado desde su inauguración en el año 1819, se ha ido incrementando mediante significativas incorporaciones, algunas de ellas muy recientes y que se exponen ahora por primera vez en el Museo como El coracero francés de José de Madrazo, adquirida este mismo verano, Penitentes en la Basílica inferior de Asís de José Jiménez Aranda, adquirida en 2001, o Gran paisaje (Aragón) de Francisco Domingo Marqués o La niña María Figueroa vestida de menina de Joaquín Sorolla, adquiridas ambas en el año 2000.


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Puerta Goya del Museo del Prado. Madrid

El recorrido de esta colección se articula en doce salas ordenadas cronológicamente y en función de las diferentes tendencias y géneros que se sucedieron a lo largo del siglo XIX y que concluye definitivamente con un nuevo concepto expositivo: la sala de presentación de colecciones, una sala de estudio o de carácter temático que permitirá –a través de una instalación temporal- mostrar periódicamente conjuntos de obras que hasta el momento no se han podido ver y que se inaugura ahora con una amplio conjunto de paisajes de Aureliano Beruete donados al Museo por la familia del artista.
El discurso arranca en la galería central de la planta baja, consagrada a los artistas del primer tercio de siglo que estuvieron estrictamente ligados al arte cortesano y a la apertura del Museo del Prado en 1819. La nueva galería, bajo el epígrafe Goya. Neoclasicismo y Clasicismo Académico, se abre con la gran escultura de Isabel de Braganza –número uno del catálogo de esculturas del Museo-, reina fundadora del Prado que preside este gran espacio, tal y como lo ha hecho históricamente a la entrada del Museo. Además, la sala recupera su misión original dotando de protagonismo a la escultura al incluir catorce piezas escultóricas más. Adquieren también especial relevancia en esta sala los retratos de la reina y su esposo Fernando VII, por su relación con los orígenes del Museo, que conviven con los últimos cuadros de Goya neoclásicos, como la Marquesa de Villafranca o la Marquesa de Santa Cruz, y los de sus contemporáneos, como Vicente López con su emblemático Retrato del pintor Francisco de Goya.

El recorrido continúa con la sala dedicada al Romanticismo, que agrupa la obra de los principales ejemplos de esta corriente: Leonardo Alenza, Eugenio Lucas y Antonio María Esquivel. Tras ellos, Federico de Madrazo, dando paso a otra sala dedicada al gran maestro Eduardo Rosales, presidida por su famoso lienzo Doña Isabel la Católica dictando su testamento como protagonista.

Tras la primera sala de Pintura de Historia con la gran escultura de Agustín Querol, Sagunto, el recorrido da paso a Fortuny y Rico, antesala de Raimundo de Madrazo, para adquirir un tono más intimista con el Paisaje Realista protagonizado por Carlos de Haes. Tras exponentes del Naturalismo como Pinazo y Muñoz Degrain, se abre la segunda generación de pintores de historia con algunas de las pinturas más impresionantes de las colecciones modernas del Museo como el Fusilamiento de Torrijos, de Antonio Gisbert.

Joaquín Sorolla concluye este nuevo recorrido de visita a las colecciones del Prado con lienzos tan universales como Chicos en la playa y ¡Aún dicen que el pescado es caro! para abrir paso a la sala de presentación de colecciones, dedicada en esta ocasión a Aureliano Beruete.

Por su parte, la presencia de artistas europeos, aunque de momento más reducida, significa un contrapunto imprescindible al desarrollo de la prácticas artísticas de la centuria en España. Entre las obras más destacadas se encuentran las esculturas de Antonio Cánova Venus y Marte y Bartolomeo Thorwaldsen Hermes, además de pinturas características de David Roberts, Alma Tadema o Meissonier, entre otros.

El plan de reordenación de colecciones La Colección: La otra ampliación constituye uno de los proyectos prioritarios del Plan de Actuación 2009-2012 del Museo. Dicho proyecto contempla un incremento de alrededor de un 50% de obras expuestas a lo largo de sus cuatro años de desarrollo. La apertura de las nuevas salas dedicadas al siglo XIX presentadas hoy supone aproximadamente una ganancia de alrededor de un 20% respecto al número de obras expuestas hasta el momento.

(Texto: Fundación Amigos de Museo del Prado)



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Edificio Villanueva del Museo del Prado. Madrid



Algunas imágenes de las obras expuestas del siglo XIX en el Prado


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Sala 60, Beruete. Los paisajes de Aureliano Beruete (1845-1912), en un montaje que evoca la exposición-homenaje organizada por su amigo Joaquín Sorolla en su propia casa con motivo de su fallecimiento.


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Aureliano de Beruete. Vista de Madrid desde la pradera de San Isidro, lienzo 62 x 103 cm. Museo del Prado


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Aureliano de Beruete. El Manzanares. Museo del Prado. Madrid


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Aureliano de Beruete. Madrid. Museo del Prado. Madrid


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Aureliano Beruete. Paisaje de Castilla 1910. Óleo sobre cartón, 25 x 34 cm.


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Aureliano Beruete. Paisaje de Otoño (Madrid) 1910. Óleo sobre lienzo, 66 x 95 cm.


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Aureliano Beruete. Lavaderos de Manzanares. 1904. Óleo sobre lienzo. 57.5 x 81 cm. Prestamo del Museo Sorolla de Madrid


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Aureliano Beruete. Venta del Macho (Toledo) 1910. Óleo sobre lienzo, 39 x 50 cm.


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Joaquín Sorolla. El pintor Aureliano Beruete. 1902. Óleo sobre lienzo, 115,5 x 110,5 cm.



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Sala 60a, Sorolla. Espacio consagrado a Joaquín Sorolla (1863-1923) a través de diez destacadas obras, acompaña en la sala la delicada escultura de Mariano Bennlliure "Canto de amor". Entre las pinturasi má aquí expuestas, puede destacarse ¡Aún dicen que el pescado es caro!, obra cumbre del realismo social en España; Chicos en la playa, uno de los lienzos más conocidos de las colecciones modernas del Museo y por la primicia de su presentación en el Prado, La niña María Figueroa vestida de menina, pintura inacabada adquirida en el año 2000 que interpreta la obra velazqueña.


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Joaquín Sorolla. Chicos en la playa. 1910. Óleo sobre lienzo. 118 x 185 cm. El pintor valenciano es uno de los inductores de la modernidad en España con sus brochazos de luz y el uso de colores muy vivos.


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Joaquín Sorolla. ¡Aún dicen que el pescado es caro!,


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Joaquín Sorolla. La actriz Doña María Guerrero como "dama boba". Museo del Prado


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Mariano Benlliure. Canto de amor, 1900-01, mármol, 126 x 60 x 73 cm.



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Sala 61, Pintura de Historia I. Incluye seis monumentales obras creadas para la exaltación de los valores nacionales entonces emergentes, temática que se convirtió en la preferida de la escena artística oficial durante la segunda mitad del siglo XIX con...


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Francisco Pradilla. Doña Juana la Loca, 1877. Es din duda uno de los ejemplos más destacados de la sala. Es una de las obras más impactantes del género histórico. Representa el viaje de doña Juana acompañando el féretro de su marido, Felipe el Hermoso.


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Agustín Querol. Sagunto, 1886, mármol, 230 x 120 x 94 cm.


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Lorenzo Valles. Demencia de Doña Juana de Castilla. 1866, óleo sobre lienzo, 238 x 313 cm. Fue uno de los temas que más fascinaron a los pintores de historia del siglo XIX. Una historia de amor con muerto incluido, y encima cierta y ocurrida entre reyes. La representación de la muerte y la agonía fueron las imágenes preferidas por los artistas para intensificar el dramatismo de sus obras. Una y otra vez la muerte se vuelve la protagonista de los grandes cuadros de historia del siglo XIX español.


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Manuel Domínguez. Séneca después de abrirse las venas se mete en un baño, y sus amigo, poseidos... 1871. Óleo sobre lienzo, 270 cm. x 450 cm.


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Alejandro Ferrant. El entierro de San Sebastián. 1877. Óleo sobre lienzo, 305 x 430 cm.


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Dióscoro Puebla. Las hijas del Cid, del Romance XLIV del "Tesoro de Romanceros". 1871. Óleo sobre lienzo, 232 x 308 cm.



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Sala 61a, Pintura de Historia II. La segunda sala dedicada a la pintura de historia nos presenta cinco decisivos cuadros de los pintores jóvenes del último tercio del siglo XIX que utilizan las composiciones históricas para triunfar, conscientes de la importancia de este género en la Exposiciones Nacionales.


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Antonio Gisbert. Fusilamiento de Torrijos (Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga) Una obra maestra y un manifiesto político en defensa de la libertad. Cuando Gisbert pintó en 1888 este cuadro realizó un alegato en defensa de la libertad, gritando contra el autoritarismo. No debemos olvidar que Gisbert estaba vinculado al partido progresista por lo que este gran lienzo se convertiría en icono de su tiempo. El cuadro fue encargado por el gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta, durante la regencia de María Cristina, para servir de ejemplo de la defensa de las libertades a las generaciones futuras. José María Torrijos (1791-1831) había sido capitán general de Valencia y ministro de la Guerra durante el Trienio Liberal, teniendo que exiliarse al recuperar Fernando VII el poder. Desde su exilio en Inglaterra intentó en varias ocasiones sublevarse contra el monarca. El gobernador Vicente González Moreno le ofreció su apoyo si embarcaba desde Gibraltar hacia Málaga con 60 de sus más allegados hombres, apoyo que se convirtió en traición por lo que Torrijos y sus compañeros fueron abordados por un guardacostas y obligados a desembarcar en Fuengirola. Tras su apresamiento, el 11 de diciembre de 1831 fueron fusilados en las playas malagueñas, por delito de alta traición, sin juicio previo.
En esta obra, Gisbert recurre al purismo academicista, empleando un firme y seguro dibujo así como una simple pero no por menos estudiada composición. Los prisioneros que van a ser ejecutados se alinean en pie y maniatados, de frente al espectador, esperando el próximo momento de la muerte. Torrijos encabeza el grupo y se dispone en el vértice, cogiendo de las manos a dos de sus compañeros, Flores Calderón, vestido con clara levita, y el anciano Francisco Fernández Golfín, ex ministro de la Guerra, que está siendo vendado por el fraile. Conocemos a tres de los personajes que se sitúan a la derecha de Flores Calderón: el coronel López Pinto, el oficial inglés Robert Boyd y Francisco Borja Pardio, los dos últimos con la mirada baja. El conjunto se conforma por los frailes que tapan los ojos a aquéllos que lo solicitan mientras uno de ellos lee en voz alta textos sagrados, mientras que en primer plano se hallan los cadáveres de los primeros ajusticiados, recurso de inevitable recuerdo goyesco. El fondo está ocupado por los soldados que esperan las órdenes para continuar con la ejecución.
Uno de los elementos más interesantes de la composición es la facilidad de Gisbert para mostrar las sensaciones a través de los gestos de los personajes: preocupación, rabia, desaliento, resignación, desafío, etc. También debemos destacar el encuadre empleado por el maestro, dejando fuera de campo algunos de los cadáveres, manifestando una clara influencia de la fotografía. El empleo de una gama de color fría subraya la sensación desapacible de la escena y lo terrible del desenlace.


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Antonio Muñoz Degrain. Los amantes de Teruel. 1884. Óleo sobre lienzo, 330 x 516 cm. Museo del Prado. En Italia Muñoz Degrain realizará uno de sus primeros cuadros de historia. En él narra el amor imposible de doña Isabel Segura con el archiempobrecido noble don Juan Martínez de Mansilla en el año 1212. El caballero se había marchado en busca de fortuna y la doncella esperó cinco largos años a su amado, siendo obligada por su padre a contraer matrimonio con don Rodrigo de Azara. En ese preciso instante llegó don Juan a Teruel para ver el enlace matrimonial de su amada, solicitándola posteriormente un beso. Ante la negativa de la recién desposada, el amante se murió. Acto seguido también falleció doña Isabel.
Lo que vemos en el cuadro de Muñoz es el interior de la iglesia turolense de San Pedro, donde yace el cuerpo sin vida de don Diego, amortajado con el traje de guerrero con el que había regresado de su aventura en búsqueda de riquezas, colocado en un sencillo féretro que se ubica sobre un catafalco, adornado con rosas y coronas de laurel como homenaje a las glorias y los triunfos del caballero. Sobre su pecho reposa la cabeza de su amada; Isabel acaba de exhalar su último suspiro, tras besar los labios de su eterno e imposible amor. La dama va vestida aún con los lujosos ropajes de sus recientes desposorios. Junto a ella observamos un candelero con su velón humeante, volcado por la novia al precipitarse sobre el cadáver de su amado. La escena es contemplada con curiosidad y ternura por dos dueñas y el resto del cortejo fúnebre, apenas distinguible en la penumbra formada por el velo que cubre el gran ventanal del fondo del templo. En esa misma zona se aprecia al oficiante, que se ha girado bruscamente para observar el suceso.
Las novedades que aporta Muñoz Degrain en esta pintura serán muy interesantes para el género de la pintura de historia: la interpretación expresionista de la materia pictórica y el exultante colorido resaltado por la luz mediterránea. El pintor ha conseguido plasmar el denso y casi asfixiante ambiente que hay en el interior de la iglesia, pudiendo casi observarse la mezcla del humo de los cirios, el aroma desprendido por el incensario, las flores marchitas y la lámpara de aceite, apreciándose casi la respiración de los asistentes al desdichado suceso.
Degrain muestra la escena desde un punto de vista oblicuo con el fin de acentuar la profundidad espacial, iluminando fuertemente la escena de primer plano para resaltar a los protagonistas, centrando en éstos la intensidad dramática del asunto. Emplea una pincelada amplia y jugosa, con toques enérgicos y empastados, recurriendo a pinceladas de colores puros, sin renunciar a las calidades táctiles de las telas como la transparencia del velo de la novia, la brillantez del raso, la gruesa alfombra o los terciopelos de los trajes de las plañideras. Mientras, las figuras del fondo apenas están sugeridas, trabajadas con gruesas pinceladas, sin apenas matizar.
El cuadro fue presentado a la Exposición Nacional de 1884, consiguiendo la Primera Medalla, siendo adquirido por el Museo del Prado en 9.000 pesetas.


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Antonio Muñoz Degrain. Monjas en oración o La oración. 1871. Museo del Prado


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Antonio Muñoz Degrain. Desdémona. Museo del Prado


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José Moreno Carbonero. Conversión del duque de Gandía, También conocido como: Francisco Borja ante el féretro de Isabel de Portugal. 1884. Características: 315 x 500 cm. Museo del Prado. Gracias al lienzo protagonizado por el príncipe don Carlos de Viana, Moreno Carbonero consiguió la ansiada pensión para estudiar en Roma y París. Como estudio de segundo año de pensionado realizó el lienzo que contemplamos, enviado a la Exposición Nacional de 1884, obteniendo de nuevo la primera medalla. El cuadro presenta la renuncia al mundo de don Francisco de Borja, marqués de Lombay y duque de Gandía, tras contemplar el putrefacto cadáver de doña Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, fallecida en Toledo el 1 de mayo de 1539. Su cuerpo fue conducido a Granada por expresa orden de la finada, sucediéndose en esa ciudad andaluza la escena que Moreno representa. La belleza de la emperatriz cautivó a toda la Corte, especialmente al duque de Gandía, encargado de trasladar el cadáver a su lugar de enterramiento y entregarlo a los monjes. Cuando el féretro fue abierto y el duque contempló el cuerpo descompuesto de su señora, pronunció la famosa frase "Nunca más serviré a un señor que se me pueda morir", ingresando años después en la Orden de Jesús, llegando a ser canonizado. El marqués aparece representado en el centro de la composición, inclinando su cabeza sobre un gentilhombre al que abraza. Tras estas figuras contemplamos a un canónigo mientras varios hombres y mujeres se pierden en la penumbra. La zona derecha está ocupada por el féretro, colocado sobre un túmulo que se cubre con un grueso paño decorado con el águila imperial bordada. El féretro es abierto por un hombre que se tapa la nariz para evitar el hedor, observándose el rostro aún bello de líneas de la emperatriz, a pesar de su avanzado estado de descomposición. La emperatriz lleva las manos sobre su pecho y un velo blanco y vaporoso cubre parte de su rostro. Un niño mira al cadáver con espanto y a su lado, una dama se cubre la cara con las manos. Carbonero domina el dibujo y la reproducción fiel al tacto de las diferentes superficies, empleando una materia pictórica jugosa y suelta que recuerda a los grandes maestros del Barroco español. También llaman la atención los espléndidos retratos de algunos personajes, así como la correcta iluminación dramática que envuelve la cripta, penetrando por el ventanal visible en el lado izquierdo y por un foco ajeno a la composición. En el estilo empleado por Carbonero encontramos ecos de Pradilla.


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José Moreno Carbonero. El príncipe Carlos de Viana. 1881. Óleo sobre lienzo 310 x 242 cm. Museo del Prado. Madrid. A la Exposición Nacional de 1881 presentó Moreno Carbonero este lienzo, consiguiendo una primera medalla. El lienzo nos presenta al príncipe don Carlos (1421-61), hijo primogénito de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra, heredero al trono de ambos reinos. El príncipe cayó en desgracia tras las segundas nupcias de su padre con doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. La popularidad del príncipe en Cataluña motivaría que fuese hecho prisionero por orden real. El saberse despreciado para la sucesión a la corona y el fracaso de los distintos pactos y tratados auspiciados por él, le llevaron a aceptar con resignación su sino y retirarse de la política para llevar una vida dedicada al estudio y la lectura, huyendo a Francia en primer lugar y posteriormente a Nápoles, donde se refugió en un monasterio cercano a la localidad de Mesina, lugar en el que el pintor emplaza al personaje. Don Carlos viste un grueso manto de pieles y se adorna con un gran medallón al cuello, apareciendo en la soledad de la biblioteca conventual, sentado en un sitial de estilo gótico, con la única compañía de su fiel perro a los pies. El príncipe parece pensativo, con gesto de amargo desencanto, recostado sobre un almohadón al tiempo que apoya su pie izquierdo en otro, con la mirada perdida mientras sostiene en la mano un legajo que acaba de leer. Ante él se observa un gran libro en un atril, destacando la librería del fondo, con grandes tomos encuadernados, ocupando el primer plano varios rollos de documentos y grandes volúmenes. El pintor ha reducido la narración a una sola persona, al protagonista, concentrando su atención en mostrar la personalidad interior del personaje, melancólico e introvertido, y en los elementos accesorios que envuelven su figura y que adquieren un protagonismo tan destacado como el propio príncipe. Todos los objetos que le rodean introducen al espectador en el ambiente de abandono, concibiendo todo el conjunto de manera vetusta, de tal manera que hasta los colores son austeros. La luz está muy bien estudiada y la pincelada empleada por el pintor es bastante rápida y empastada, siguiendo el estilo de Pradilla. El lienzo fue adquirido por el Museo del Prado por 5.000 pesetas.


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Emilio Sala Francés. Expuslión de los judíos (año de 1492). En 1483 el dominico fray Tomás de Torquemada fue nombrado primer inquisidor General. En el óleo de Emilio Sala Francés (1889), en el Museo de Bellas Artes de Granada, el inquisidor General Torquemada, ofrece a los Reyes Católicos el Edipto de expulsión de los judíos de España para su firma.



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Sala 61b, Rosales. Esta sala temática está dedicada a la figura de Eduardo Rosales (1836-1873), con siete obras del pintor y la conocida Rendición de Bailén de Casado del Alisal. Acompañan estas pinturas la escultura de Agapito Vallmitjana, Cristo yacente.


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Retrato de Eduardo Rosales, 1867 obra de Federico de Madrazo, Óleo sobre lienzo. 46,5 x 37 cm. Museo del Prado


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Eduardo Rosales. Doña Isabel la Católica dictando testamento. 1864. Óleo sobre lienzo, 290 x 400 cm. Museo del Prado


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Eduardo Rosales. Un desnudo. Museo del Prado


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Eduardo Rosales. Tobías y el Ángel. Museo del Prado


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Eduardo Rosales. La muerte de Lucrecia


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Eduardo Rosales. Présentation de Don Juan de Austria a Carlos V. Óleo sobre lienzo. 76 x 123 cm. Museo del Prado


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José Casado del Alisal. La rendición de Bailén o La Capitulación de Bailén. 1864. Óleo sobre lienzo, 500 x 338 cm. Museo del Prado, típica pintura de historia con claras alusiones a la obra de Velázquez. Es representativo del género "realismo retrospectivo": gran tamaño, luz velazqueña, actitud variada en los personajes y una notable verosimilitud general.


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Agapito Vallmitjana, Cristo yacente. 1872, Mármol, 43 x 216 x 72 cm. Según fuentes del Prado, para la realización de esta escultura actuó como modelo el pintor Eduardo Rosales, gran amigo del artista.



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Sala 62, Fortuny y Rico. Dedicada a Mariano Fortuny (1838-1874) y su círculo, esta sala acoge quince obras. El deslumbrante éxito de Fortuny en la Europa de su tiempo lo convirtió en uno de los protagonistas más relevantes del panorama artístico internacional. Su pintura, brillante y preciosista alcanzó mayor reputación con escenas de género y con otras inspiradas en el norte de África y Oriente.


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Mariano Fortuny. Viejo desnudo al sol


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Mariano Fortuny. Desnudo en la playa de Portici


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Mariano Fortuny. Las Reinas María Cristina e Isabel II pasando revista a las tropas liberales


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Mariano Fortuny. Los hijos del pintor en el salón japonés. 1874. Son Mª Luisa y Mariano, hijos de Fortuny. el lienzo era un regaloa a su abuelo, Federico de Madrazo


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Martín Rico. La torre de las damas, en la Alhambra de Granada. 1871. Óleo sobre lienzo, 63,5 x 40 cm.


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Martín Rico. Vista de París desde el Trocadero. 1883. Óleo sobre lienzo, 79 x 160 cm.



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Sala 62a, Naturalismo. Espacio dedicado a los autores del último cuarto del siglo XIX herederos de Rosales y Fortuny en una época en la que empiezan a tener protagonismo los centros artísticos regionales entre los que destacó la escuela valenciana, con Muñoz Degrain, Francisco Domingo Marqués, Emilio Sala e Ignacio Pinazo, artistas que abordaron diversos géneros, como el retrato y el paisaje, consiguiendo cotas de gran modernidad.


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Francisco Domingo. Gran paisaje (Aragón) Óleo sobre lienzo, 300 x 232 cm.


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Ignacio Pinazo. La lección de moria. 1898. Óleo sobre lienzo, 107 x 107 cm.


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Antonio Muñoz Degrain. Antes de la boda. 1882. Óleo sobre lienzo, 119 x 96 cm.



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Sala 62b, Federico de Madrazo. Esta sala monográfica dedicada a Federico de Madrazo (1815-1894), el artista español más influyente de todo el panorama cultural de su época. Profundamente influido por su experiencia en Italia, su personalidad artística se fraguó también con la admiración por la pintura francesa de su época y su conocimiento de los grandes maestros del Museo del Prado, del que fue director al igual que su padre José de Madrazo.


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Federico de Madrazo. Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. Es la obra cumbre del retrato romántico. Federico de Madrazo pintó en 1853 a su modelo a la manera francesa


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Lawrence Alma Tadema. Escena pompeyana (The Siesta) 1868. Óleo sobre lienzo, 130 x 360 cm.


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Sabino de Medina. La ninfa Uurídice mordida por la víbora, 1865, mármol, 107 x 51 x 88 cm.



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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
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Sala 63, Raimundo de Madrazo. Siguiendo la brillante estela de Fortuny, otros pintores aprovecharon para introducirse en el mercado artístico más cosmopolita. El caso más destacado es Raimundo de Madrazo (1841-1920), cuñado y gran amigo de Mariano Fortuny. La sala incluye siete obras de Madrazo y cinco de otros cuatro autores.


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José Jimenez Aranda. Penitentes en la basílica inferior de Asis. 1874. Óleo sobre tabla, 53,5 x 79,5 cm.


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Raimundo de Madrazo. Retrato de Ramón de Errazu. 1879. Óleo sobre tabla, 224 x 96,5 cm.


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Vicente Palmaroli. Concepción Miramón de Duret. 1889, óleo sobre lienzo, 101,5 x 61 cm.



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Sala 63a, Paisaje y Realismo. Sala protagonizada por Carlos de Haes, el paisajista con mayor trascendencia en el panorama español de su tiempo, y cuatro de sus contemporáneos, los catalanes Luis Rigalt y Ramón Martí Alsina, el valenciano Antonio Muñoz Degrain y el madrileño Martín Rico. Estos cinco pintores vvivieron durante la segunda mitad del siglo XIX un proceso de renovación artística que transformó por completo la sensibilidad romántica a través del paisaje tomado del natural.


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Carlos de Haes. La canal de Mancorbo en los Picos de Europa. 1876. Una gran muestra del paisaje realista del siglo XIX


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Carlos de Haes. Barco de pesca. Aprox. 1877-1884. Óleo sobre lienzo, 41 x 29,3 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Grupo de robles. 1874. Óleo sobre lienzo, 41 x 32,5 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Barco naufragado. 1883. Óleo sobre lienzo, 59 x 101 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Canal en Vriesland. 1877. Óleo sobre lienzo, 22,2 x 40,3 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Cercanías de Douarnenez. Aprox. 1877-84. Óleo sobre lienzo, 31,7 x 57,3 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Cercanías del Monasterio de piedra. 1856. Óleo sobre lienzo, 318,4 x 25 cm. Museo del Prado. Madrid


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Carlos de Haes. Bajamar. Aprox. 1881. Óleo sobre lienzo, 39 x 59,2 cm. Museo del Prado. Madrid


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Luis Rigalt. Paisaje de Monserrat, óleo sobre lienzo, 62 x 98 cm.


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Martín Rico y Ortega. Lavanderas de la Varenne, Francia. Hacia 1865. Óleo sobre lienzo, 85 x 160 cm.


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Ramón Martí Alsina. Paisaje de Cataluña. 1860. Óleo sobre lienzo, 101 x 174 cm.


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Antonio Muñoz Degrain. Paisaje del Pardo al disiparse la niebla. 1866. Óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm. El paisaje en la pintura española siempre había sido considerado un tema de segunda categoría, otorgando mayor importancia a los asuntos históricos. Sin embargo, en el siglo XIX se produce el "boom" del paisajismo gracias a Carlos de Haes, el gran maestro de una generación de artistas a la que pertenecen Beruete, Martín Rico o Muñoz Degrain. Los trabajos realizados por este último artista en la década de 1860 -al que pertenece este lienzo que conserva el Museo del Prado- están vinculados con la escuela realista, interesándose el pintor en mostrar la naturaleza de manera verista, llamando ya su atención los efectos atmosféricos y lumínicos para situarse en la antesala del impresionismo. Pero Degrain nunca dio el salto hacia el nuevo estilo llegado de Francia y se sintió más atraído por el simbolismo en sus últimos años, recurriendo a tonalidades malvas y doradas que dotan a sus asuntos religiosos y sus paisajes de un efecto simbólico de gran belleza. Pero en este trabajo nos encontramos con un Degrain joven, siguiendo los dictados de su maestro y sin apenas personalidad creativa. No en balde, las medallas de las Exposiciones Nacionales serán para los asuntos de historia, por lo que los paisajistas deberán conformarse con los premios de segunda categoría. Este será el motivo por el que Degrain realizará también una incursión en la pintura historicista, ejecutando una de las obras más afamadas de su tiempo: Los amantes de Teruel.


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Antonio Muñoz Degrain. Chubasco en Granada. 1870 h. Lienzo, 95 x 144 cm. Museo del Prado. Una de las principales preocupaciones de la pintura de paisaje en la segunda mitad del siglo XIX será la captación de fenómenos atmosféricos que implican, lógicamente, cambios de luz y color. Este es el objetivo de esta sensacional obra pintada por Muñoz Degrain a raíz de un viaje a Granada, recordando una tormenta que provocó la crecida de los torrentes de la ciudad. El agua es la verdadera protagonista de la composición, cayendo desde los tejados de las casas al torrente. La otra protagonista es la luz, una iluminación oscura en la que se van abriendo claros, como observamos en el cielo y en el reflejo del agua. La obra presenta las características del realismo, siguiendo Degrain los dictados de su gran maestro: Carlos de Haes



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Sala 63b, Romanticisno. Dedicada a la pintura isabelina que se inscribe dentro del Románticismo surgido a mediados del siglo XIX, en esta sala se exhiben quince destacados ejemplos del desarrollo de los géneros artísticos que mejor encarnaban los ideales del gusto burgués surgidos con la llegada de la corriente romántica a España. Pérez Villamil, Leonardo Alenza, Eugenio Lucas y Domínguez Bécquer son algunos de los pintores representados en esta sala.


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Genaro Pérez Villamil. Manada de toros junto a un río, al pie de un castillo. 1837. Óleo sobre lienzo, 90 x 114 cm.


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David Roberts. La torre del Oro. 1833. Óleo sobre lienzo, 48 x 39 cm.


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Valeriano Domínguez Bécquer. Pintor carlista. 1859. Óleo sobre lienzo, 60 x 77 cm. Museo del Prado. Madrid. Esta escena se aleja de las pinturas costumbristas identificativas del Romanticismo andaluz y de Valeriano Bécquer. El pintor nos presenta una escena familiar protagonizada por un oficial carlista que pinta una escena de batalla. El militar aparece acompañado de sus hijas y de su esposa, tocando éste el piano, creando Bécquer un sensacional ambiente intimista en el que la luz tiene un destacado papel.


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Valeriano Domínguez Bécquer. Campesinos sorianos bailando. 1866. Óleo sobre lienzo, 65 x 101 cm. Museo del Prado. Madrid. Inició su carrera como pintor en el taller de su tío en Sevilla, desde donde se trasladó a Madrid, en busca de horizontes más amplios. Valeriano se dedicó en pleno Romanticismo a la pintura de costumbres, en especial aquella que recoge el folklore de las provincias del interior, con sus trajes, sus fiestas típicas y su gastronomía. Este cuadro en concreto lo donó el artista al recibir una pensión estatal con la cual mantenerse, puesto que estaba enfermo.


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Valeriano Domínguez Bécquer. Retrato de niña. 1852. Óleo sobre lienzo, 112 x 77 cm. Museo del Prado. Madrid. La pintura realizada por Valeriano Bécquer en su época madrileña es más madura que la anterior, apreciándose mayor objetividad y un temperamento más penetrante a la hora de representar los elementos, tanto ambientales como descriptivos. Este retrato infantil es un buen ejemplo de este cambio, observándose un cálido y seguro dibujo al que se añade una leve influencia de la pintura inglesa de la época, tratando la figura de la niña como contrapunto del delicado fondo.


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Antonio María Esquivel. "Los poetas". Este cuadro, conocido también como "Los poetas contemporáneos" o “Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor”[/b]. 1846. Museo del Prado. El pintor recrea una escena imaginaria de los más importantes escritores de su tiempo, reunidos en el estudio de Esquivel para escuchar la lectura de una obra de Zorrilla. El artista se retrata en el centro del cuadro de una forma que recuerda al propio Velázquez en 'Las meninas', y abandona su tarea para escuchar al creador de 'Don Juan Tenorio'.
Los componentes son: Antonio Ferrer del Río (1814-1872), Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), Juan Nicasio Gallego (1777-1853), Antonio Gil y Zárate (1793-1861), Tomás Rodríguez Rubí (1817-1890), Isidoro Gil y Baus (1814-1866), Cayetano Rosell y López (1817-1883), Antonio Flores (1818-1866), Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), Francisco González Elipe, Patricio de la Escosura (1807-1878), José María Queipo de Llano, conde de Toreno (1786-1843), Antonio Ros de Olano (1808-1887), Joaquín Francisco Pacheco (1808-1865), Mariano Roca de Togores (1812-1889), Juan González de la Pezuela (1809-1906), Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), Gabino Tejado (1819-1891), Francisco Javier de Burgos (1824-1902), José Amador de los Ríos (1818-1878), Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), Carlos Doncel, José Zorrilla (1817-1893), José Güell y Renté (1818-1884), José Fernández de la Vega, Ventura de la Vega (1807-1865), Luis de Olona (1823-1863), Antonio María Esquivel, Julián Romea (1818-1863), Manuel José Quintana (1772-1857), José de Espronceda (1808-1842), José María Díaz († 1888), Ramón de Campoamor (1817-1901), Manuel Cañete (1822-1891), Pedro de Madrazo y Kuntz (1816-1898), Aureliano Fernández Guerra (1816-1891), Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), Cándido Nocedal (1821-1885), Gregorio Romero Larrañaga (1814-1872), Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel, duque de Frías (1873-1851), Eusebio Asquerino (h.1822-1892), Manuel Juan Diana (1814-1881), Agustín Durán (1793-1862).
Interpretación del cuadro: En el centro aperece Zorrilla leyendo. Los dos lienzos que hay en el fondo representan: el de la izquierda, al Duque de Rivas; el de la derecha, a Espronceda. Están sentados, de izquierda a derecha, los señores Nicasio Gallego, Gil y Zárate, Bretón de los Herreros, Ros de Olano, Burgos, Martínez de la Rosa, Mesonero Romanos, Duque de Frías y Durán (D. Agustín). De pie, y por el mismo orden, se encuentran los señores Ferrer del Río, Hartzenbusch, Rodríguez Rubí, Gil y Baus, Rossell, Flores (D. Antonio), González Elipe, Escosura, Conde de Toreno, Pacheco, Roca de Togores, Pezuela, Tejado (D. Gabino), Amador de los Ríos, Valladares, Doncel, Güel y Renté, Fernández de la Vega, Vega (D. Ventura), Olona, Antonio María Esquivel (con la paleta, al centro),. Romea (D. Julián), Quintana, Díaz (D. José María), Campoamor, Cañete, Fernández Guerra, Madrazo (D. Pedro), Nocedal, Romero Larrañaga, Asquerino y Diana (D, Juan Manuel). Descripción tomada de Burgos, Carmen de, Fígaro (Revelaciones, «Ella» descubierta, epistolario inédito), Madrid, Imprenta de «Alrededor del mundo», 1919, pág. 158.


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Camilo Torregiani. Isabel II, velada, 1855, mármol de Carrara, 65 x 57 x 47,5 cm. Museo del Prado. Autor: Artista extranjero invitado en las salas del s. XIX. Con este trabajo consiguió romper completamente el retrato oficial e impresionar a la reina con este espectacular alarde técnico. El rostro de la reina Isabel II, aparece velado, lo que remite a las imágenes de la Fe, la Virtud o la Religión. Por el busto de "Isabel II, velada" se pagaron 34.000 reales y cuyo efectismo en la representación de la reina, que aparece tapada por un velo a través del que se transparenta el rostro, alcanzó gran éxito en el momento.


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Con este retrato de Isabel II, una excepcional muestra de virtuosismo, quiso presentarse Torreggiani, ante la corte de Madrid. Enlazando contradición italiana del siglo XVIII de esculturas veladas, muestra de su dominio de la técnica de los paños mojados, a través de los cuales se pueden apreciar las diferentes texturas y superficies del rostro, la corona, el collar y la joya, que porta la reina.


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Isabel II Velada. 1855. Mármol, 57 x 47,5 x 96,5 cm. Camilo Torregiani realizo además; la base del busto con el escudo de España, y un pedestal decorativo con ornamentación vegetal y alegórica, así como con referencias a la corona. Podría describirse como una pirámide pero con sus tres caras, achatada en el vértice, el pedestal está muy trabajado con numerosos relieves decorativos, francamente como el busto que la preside, también es impresionante. La pieza, en la que Torreggiani trabajó más de un año, se adquirió con el informe favorable de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y es hoy la obra de referencia de este escultor especializado en retratos, cuya labor se desarrolló fundamentalmente en Florencia y Ferrara.



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Sala 75, Goya, el Neoclasicismo y los orígenes del Museo. La presentación de las colecciones del XIX da comienzo en esta sala dedicada a los artístas del primer tercio de siglo, muchos de ellos ligados a la creación del Museo del Prado en 1819. Se trata de la galería con la que el Museo establece la transición entre las obras de Goya y las de sus contemporáneos, como Vicente López, todos ellos al servicio del rey fundador del Museo, Fernando VII. Da la bienvenida a este gran espacio una escultura de Isabel de Braganza, la reina fundadora del museo.


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José Madrazo. Jesús en casa de Anás. También conocido como Jesús ante el Sumo Sacerdote. 1803. Museo del Prado


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José Madrazo. La Aurora. Museo del Prado


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José Madrazo. La muerte de Viriato. Lienzo. 307 x 462 cm. Museo del Prado. Sin lugar a dudas su mejor obra. Con este gran lienzo se inicia el interés por los temas históricos tan característicos de todo el siglo XIX. En éste de José de Madrazo se evoca la muerte de Viriato, el célebre cabecilla guerrillero que en el siglo II antes de Cristo destacó por su resistencia contra los romanos que ocupaban la Península Ibérica. Estos sobornaron a dos de sus soldados para que lo asesinaran mientras dormía. José de Madrazo presenta al caudillo muerto en su lecho de campaña, entre la tristeza de algunos de sus compañeros, la rabia de otros, y la decisión inmediata de venganza de los dos que abandonan la tienda de Viriato. Madrazo, que pintó este cuadro en Roma donde vivió varios años, dejó en él uno de los mejores ejemplos de estilo neoclásico y de sus características más destacadas: la importancia concedida al dibujo -propio de la formación académica de estos artistas-, un cierto descuido del color, y el aire casi escultórico de las figuras. Los pintores neoclásicos, deseosos de resucitar los postulados de la antigüedad grecorromana, sólo podían inspirarse -al no quedar pinturas de aquellos lejanos tiempos- en las esculturas y las cerámicas clásicas, lineales y desprovistas de color.


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José Madrazo. Coracero francés. h. 1813. Óleo sobre lienzo, 200 x 130 cm. Adquirida este mismo verano por el Museo del Prado.


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Vicente López. El pintor Francisco de Goya y Lucientes. 1826. Museo del Prado


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Vicente López. Fernando VII, con uniforme de Capitán General. 1814. Museo del Prado


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Vicente López. Félix Máximo López, Primer Organista de la Real Capilla. 1820. Museo del Prado


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Vicente López. José Gutiérrez de los Ríos. 1849. Museo del Prado


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Vicente López. María Cristina de Borbón, Reina de España. 1830. Museo del Prado


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Vicente López. María Cristina de Borbón, Reina de España. 1830


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Vicente López. Sueño de San José. 1805. Museo del Prado


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Goya. La marquesa de Santa Cruz. 1805. Óleo sobre lienzo, 207,9 x 124,7 cm.


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Goya. Josefa Bayeu. 1812-14. Óleo sobre lienzo, 58 x 85,5 cm.


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Goya. Los fusilamientos del 3 de Mayo. Goya

 
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Goya. La lucha contra los mamelucos de Goya.


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Goya. La familia de Carlos IV. 1800-1801. Óleo sobre lienzo. 280 x 336 cm. Museo del Prado. Madrid


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Goya. La maja desnuda


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Goya. La Maja vestida. 1800-1805. Óleo sobre lienzo. 95 x 188 cm. Museo del Prado. Madrid


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Goya. La gallina ciega de Goya.


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Goya. Baile a orillas del Manzanares


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Goya. Dos viejos comiendo


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Goya. Duelo a garrotazos


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Francisco de Goya y Lucientes. Fernando VII. Fecha: 1814 h. Lienzo, 207 x 140 cm. Museo del Prado. Este retrato de Fernando VII fue encargado a Goya por la Escuela de Ingenieros de Caminos. A pesar de ser Goya Pintor de Cámara del rey, Fernando nunca encargó ningún retrato al aragonés ya que consideraba su arte obsoleto, gustando más del Neoclasicismo de Vicente López.
No por eso dejó de pagar a Goya su correspondiente sueldo hasta su fallecimiento.El monarca sólo posó en una ocasión para Goya y eso ocurrió en 1808, con motivo de la realización de un retrato ecuestre al poco de ser coronado rey. En dos sesiones, durante hora y media, el maestro captó los rasgos básicos de su rostro y luego los repetiría en cada uno de los retratos que le encargaban, por eso el rostro siempre tiene la misma posición, dando la impresión de que el monarca está disfrazado. Este es el motivo por el que se ha considerado que el pintor intentó ridiculizar al rey, destacando los rasgos menos atractivos de su figura; pero hay que advertir que Fernando VII era ya de por sí caricaturesco, sin necesidad de remarcarlo por parte del artista.
Se trata de una obra adulatoria para congratularse con el "Deseado" monarca para compensar la reconocida colaboración del pintor con los franceses.
Su Majestad viste uniforme castrense de gala y porta la banda de la Orden de Carlos III y el Toisón de Oro. Es curioso significar, que este monarca que no participó en ninguna batalla ni aún de lejos, aparece aquí como un héroe de la Antigüedad dominando con su figura todo lo que ocurre a su alrededor.
Hay que describir ahora la obra que nos ocupa. Se trata de una aparatosa composición muy en la línea de las últimas obras del Barroco europeo que se repitieron en nuestro país por los artistas llamados por nuestros reyes como Louis Michel Van Loo, Jean Ranc, Conrado Giaquinto ó Andrea Procaccini, en los que se inspiraron los pintores locales como José del Castillo, Mariano Maella o los distintos componentes de la familia Bayeu.
Contra lo habitual, que era colocar el fondo neutro, el maestro nos deja ver un campamento militar a dos niveles: en el primero están los caballos y en el segundo las tiendas de campaña. Esta zona del fondo está trabajada con mayor soltura y fluidez en las pinceladas, mientras que en la figura del rey se esmera algo más para mostrar algún detalle. Quizá la ironía del cuadro esté en situar a Fernando VII en un campamento militar, cuando durante la Guerra de la Independencia estuvo en un castillo francés dedicándose a hacer calceta y a tejer junto a su hermano Carlos María Isidro y su tío Antonio Pascual, en lugar de encabezar la resistencia española contra Napoleón.


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Juan Antonio Rivera. Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma. Hacia 1806. Óleo sobre lienzo, 215 x 160 cm.


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Ramón Barba. Marcurio. 1806. Mármol, 59 x 45 x 138 cm.


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José Álvarez Cubero. Diana cazadora. 1809-15. Mármol y madera, 66 x 60 x 137 cm.


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José Álvarez Cubero. Isabel de Braganza. Estatua de mármol de Isabel de Braganza (1797–1818), esculpida hacia 1826 en estilo neoclásico. Dimensiones 77 x 140 x 145 cm. La reina Isabel de Braganza, considerada la inspiradora del Museo, en una estatua de José Álvarez Cubero perteneciente a la propia colección del Prado, procedente de la Colección Real.



Otras imágenes del Prado


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El nuevo espacio del Museo del Prad acoge 176 obras, todas pertenecientes a las colecciones del siglo XIX. La actuación forma parte del plan de reordenación de colecciones 'La otra ampliación' 2009-2012 que está acometiendo la pinacoteca. De esta manera se podrá dar por fin continuidad temporal y artística a la colección del museo desde Goya a la modernidad, pasando por obras de Sorolla, Madrazo, Jiménez Aranda, Domingo Marqués y otros artistas decimonónicos. En la imagen la escultura de Sabino de Medina, La ninfa Uurídice mordida por la víbora.


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La nueva organización del Prado se articula en torno a 12 salas ordenadas de forma cronológica y en función de diferentes tendencias y géneros que se sucedieron a lo largo del siglo XIX. La principal incorporación a este concepto expositivo es la sala de presentación de colecciones: una sala de estudio o de carácter temático que mostrará periódicamente conjuntos de obras que hasta el momento no se han podido ver y que se inaugura con varios paisajes de Aureliano Beruete donados al museo por la familia del artista. En la ima gen vemos un detalle de la escultura "Venus y Marte" del italiano Antonio Cánova


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Antonio Cánova (1757-1822), Venus y Marte. Museo del Prado


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Tras la primera sala de pintura de historia, flanqueada por la escultura 'Sagunto', de Agustín Querol, el recorrido continúa con Fortuny y Rico, antesala de Raimundo de Madrazo, de camino al realismo de Carlos de Haes, y al naturalismo de Pinazo y Muñoz Degrain. Joaquín Sorolla concluye este recorrido de visita con lienzos como 'Chicos en la playa' y '¡Aún dicen que el pescado es caro!'. Así se abre paso de nuevo a la sala de presentación de colecciones. En la imagen podemos la escultura "Sagunto" de Agustín Querol.


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La disposición de obras se complementará y aderezará con la presencia de artistas europeos que servirán de contrapunto al desarrollo de prácticas artísticas españolas. Antonio Cánova, Bartolomeo Thorwaldsen, David Roberts, Alma Tadema o Meissonier. En primer plano observa la sensacional es cultura de Camilo Torregiani, Isabel II, velada, es uno de los escultores extranjeros invitados en las salas del siglo XIX del Prado.


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"Nunca antes se ha mostrado un recorrido tan completo de la colección que sitúa al Museo del Prado a las puertas del siglo XX", señaló hoy su director, Miguel Zugaza, orgulloso de esta nueva "puesta en escena de las colecciones" del siglo XIX, que incluye un repaso de las principales tendencias y géneros del arte.


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Vista de las nuevas salas del Museo del Prado dedicadas a las colecciones del siglo XIX, con la maqueta gigante en primer plano.


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Ampliación del Museo del Prado de 2007. Vista exterior


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Claustro de Iglesia de San Jerónimo. Ampliación del Museo del Prado de 2007, llevada acabo por el arquitecto Rafael Moneo.


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Vistas de la fachada principal del Museo del Prado, con la estatua de Velázquez. El Museo Nacional del Prado. Es una de las pinacotecas más importantes del mundo, y cuenta con una inigualable colección de pintura española, italiana y flamenca. Tiene su sede en Madrid, España. También cuenta con una excelente colección de escultura y artes decorativas.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo recopilatorio dedicado a las nuevas salas dedicadas al siglo XIX del Museo del Prado.


Fuentes y agradecimientos: museodelprado, wikipedia, artehistoria, ciudaddelapintura, elpais, elmundo, madridiario, estrelladigital, telemadrid, propias y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Lunes, 11 Enero 2010, 21:13; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
Gracias J.Luis por este nuevo trabajo del Museo de Prado tan bien representado en esta galería en sus distintas secciones.  

Un Saludo.
 




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xerbar - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privadoVisitar sitio web del usuario 
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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
Gracias xerbar, me alegro que te guste, la verdad ha sido un trabajo muy elavorado buscando información en muchas fuentes, tratando las imágenes y en lo posible organizándolas, pero creo que el aficionado al arte que vea esta página, se puede hacer una idea de las nuevas salas del Prado, dedicadas al siglo XIX.



 



Saludos.
 




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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
Felicitaciones José Luis por tu nuevo y magnífico trabajo sobre el Museo del Prado; porque sin estar allí, yo al menos he estado y disfrutado de las nuevas salas. Saludos
 



 
matias - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
Gracias por tus palabras Matías, me alegro que te guste el trabajo del Prado, dedicado al siglo XIX, preferente a artistas españoles, salvo algunas obras muy puntuales e importantes de artistas extranjeros de la misma época. Como ya es sabido recientemente el museo ha incorporado a lo largo de 12 salas lo más granado y representativo del arte del s. XIX a su colección permanente.

Como bien sabéis la extensa obra propiedad del Prado de los pintores y escultores señalados más arriba han estado guardados en las bodegas o recorriendo exposiciones itinerantes de la ceca a la meca y al fin, han encontrado acomodo y reconocimiento en nuestro mejor museo español. Aunque no todas las obras pues es impensable las salas que necesitaría, pues tengo entendido que las existencias de la pinacoteca madrileña llegan a 3000 cuadros, buen numero de ellos están depositados en organismos e instituciones del estado y en otros museos provinciales.

Francamente visitar estas salas es toda una delicia -al igual que el resto del Museo del Prado-, se lo recomiendo a todo aquel que pase por Madrid, seguro que quedará complacido.


 
 




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Mensaje Re: Museo Del Prado: Siglo XIX 
 
Guía de la colección "El siglo XIX en el Prado"


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Edición: Rústica / 160 páginas / Medidas: 16.3 x 23 cm. / Precio oferta: 9,50 €

Esta guía forma parte de las publicaciones editadas con motivo de la reordenación de Colecciones del Museo Nacional del Prado. Muestra la presentación de la colección de pinturas del siglo XIX expuesta en el Prado, y reproduce las obras con la mayor precisión posible.

A finales de 2009 el Museo del Prado abrió al público las salas dedicadas al arte del siglo XIX, lo que suponía sumar unas doscientas obras a la colección permanente del Museo, muchas de ellas no expuestas desde hacía más de una década.

Esta guía contiene un recorrido guiado por las doce salas que muestran las pinturas y esculturas del arte decimonónico español, agrupadas en capítulos que se corresponden con su exposición en las salas del Museo.

La guía está compuesta por capítulos introductorios a cada una de las doce secciones de la colección permanente del siglo XIX, así como por comentarios de las obras expuestas más relevantes. Además, incluye la ficha técnica del resto de las pinturas y esculturas de este periodo que pueden verse de forma habitual o temporal en las salas.

 
Más info: http://www.tiendaprado.com/inicio/2...8484801962.html
 




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