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Artemisia, Novela Sobre La Gran Pintora...
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Mensaje Artemisia, Novela Sobre La Gran Pintora... 
 
... del barroco italiano que ya nos había acercado biográficamente Ángeles Caso y ahora vuelve como novela de Anna Banti de Ediciones Alfabia


artemisamedAutora: Anna Banti



Título: Artemisia



Ensayo introductorio de Susan Sontag



Traducción y prólogo de Carmen Romero



Ediciones Alfabia



Encuadernación: Tapa blanda



Páginas: 310



Precio: 22,40




Ver trabajo dedicado a: Artemisia Gentileschi



Resumen:


Objeto de un culto más que justificado, Artemisia es, sin duda, la obra maestra de Anna Banti y una de las más grandes novelas de la literatura italiana del siglo XX. La obra narra la vida de Artemisia Gentileschi, gran pintora del Barroco italiano marcada por la violación que sufrió de joven y que, aun a costa de pagar un alto precio por ello, consiguió el reconocimiento profesional en una época en la que ser mujer y artista no era tarea sencilla. En realidad, Banti nos propone un peculiar relato a dos voces, con elementos de novela histórica y de autobiografía, una obra simultáneamente gélida y emotiva que, en última instancia, se resiste a todo intento de clasificación.

Artemisia es también una historia de redención y renacimiento, una historia sobre cómo de las cenizas de un texto destruido (la primera versión de Artemisia se perdió irremisiblemente en la Italia ocupada por los nazis) surge una nueva obra que superpone dos tragedias separadas en el tiempo pero que intiman en el papel: la remota pintora italiana del siglo XVII condenada a una vida de amargura y soledad y la escritora que en 1944 contempla su Florencia natal asolada por las llamas de los bombardeos alemanes. Diálogo entre dos mujeres, entre dos creadoras que intentan sobreponerse al dolor del recuerdo.

Una novela evocadora, una lectura inolvidable que Alfabia publica junto al esclarecedor y no menos memorable ensayo de Susan Sontag.
 

Más info

Como uno de los clásicos más extraños e insondables de toda la literatura italiana del siglo XX definió Cesare Garboli esta Artemisia, la novela de Anna Banti que toma como referencia la figura de Artemisia Gentileschi, una pintora romana que vivió entre 1593 y 1652 y perteneció al grupo de seguidores de Caravaggio.

Además de sus autorretratos como alegoría del talento natural y de la Pintura, sus lienzos más conocidos (Judit decapitando a Holofernes o Susana y los viejos) se han interpretado en clave autobiográfica. De esa manera, la pintora proyectaba en su obra algunas circunstancias trágicas que marcaron su vida. Artista y mujer en una profesión dominada por los hombres, víctima de una violación en su juventud, su obra obtuvo por méritos propios el difícil reconocimiento académico y profesional de sus contemporáneos y acabó convirtiéndose en la única mujer que ocupa un papel relevante entre los grandes maestros de la pintura. No es raro que su figura haya suscitado varias aproximaciones que van de la novela al cine y pasan por el estudio biográfico.

Cuando Anna Banti tenía casi terminada en 1944 una primera versión de esta novela, el manuscrito desapareció entre los escombros de su casa, destruida por las bombas alemanas que destruyeron los puentes de Florencia. Por entonces la pintora no tenía el reconocimiento que disfruta hoy, aunque su importancia la estaba reivindicando ya Roberto Longhi, el historiador del arte y marido de Anna Banti, al que está dedicada la obra.

Inevitablemente, al reconstruir la historia de Artemisia en esta novela que reescribió entre 1944 y 1947, Anna Banti proyecta en la artista del Barroco sus propias circunstancias, su personalidad, con lo que la pintora alcanza una nueva dimensión que es el resultado de la suma de dos vidas (la de la autora y la de su personaje), de dos tiempos ( el pasado que se actualiza en el presente) y de dos modelos narrativos ( la novela histórica y la autobiografía):

Bajo los cascotes de mi casa he perdido a Artemisia, mi compañera de hace tres siglos, que respiraba tranquila, acostada por mí en cien páginas de escrito.

Planteado técnicamente como un relato a dos voces, como un diálogo entre la primera y la tercera personas, en el fondo es una reflexión a solas de Anna Banti consigo misma, identificada con Artemisia.

La superposición de las dos voces genera una ambigüedad buscada desde el principio, como destaca Susan Sontag en el agudo ensayo (Un destino doble) que los editores han tenido el acierto de recuperar como introducción a la novela.

Esa fusión de autora y personaje desde la primera frase de la obra ( "Basta de lágrimas") es la que explica la mezcla de emoción y distancia que sirve para narrar con eficacia dos tragedias protagonizadas por dos creadoras que unen a sus condición femenina la expresión artística para combatir la desgracia y aliviar el peso del pasado.

Un pasado del que viene al presente Artemisia para unir el entonces y el ahora, el XVII y el XX, Roma y Florencia, la pintura y la escritura en dos tardes de agosto:

Ya no podré liberarme de Artemisia, esta acreedora es una conciencia puntillosa y obstinada a la que me acostumbro como a dormir en el suelo.

Una historia se cruza con la otra en un mecanismo de intersecciones y ambas mujeres entre sí en los círculos concéntricos unidos por el vínculo de la pesadumbre y por el relato del triunfo sobre el dolor, de manera que el verdadero centro de la obra, con el telón de fondo de la guerra y la destrucción, es Anna Banti, tan identificada con su personaje que este se acaba convirtiendo en alter ego de la autora. Por eso esta novela en la que el lirismo convive con la narración habla más del presente que del pasado:

El momento es delicado. A miguitas me llevo conmigo a Artemisia, poco importa dónde me encuentre. Hoy soy su compañera por los montes de cascotes que basta con haber visto una vez.

La edición se completa con un prólogo en el que la traductora, Carmen Romero, resume los datos esenciales de la trayectoria vital y artística de Artemisia Gentileschi y explica el proceso de composición de la novela, el “forcejeo entre biografía y autobiografía” que es esta espléndida obra, de estilo trabajado y técnica sutil para lograr la confluencia de Artemisia y Anna Banti:

“¿Existe aún?” No es el incorruptible instrumento, la voz helada de inaccesible inmortalidad la que claramente silabeó: “Basta de lágrimas”. Más que voz, es interior movimiento de piedad histórica, sin alarma, sin ilusión ni congoja. Clavada en el espacio y en el tiempo como una semilla infructuosa, escucho un susurro sin frescura, la respiración polvorienta de siglos: la nuestra y la de Artemisia, conjuntas.

Es la magnífica carta de presentación de Alfabia, una nueva editorial que ha hecho una cuidadísima elección de títulos y una esmerada edición para presentarse en público.

(Santos Domínguez)



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El Thyssen exhibe 'Judith y Olofernes' mientras se edita la biografía novelada de la artista

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 - Nápoles, 1652/53) pintó el óleo Judith y Olofernes en 1612, casi a la vez que comenzaba el proceso contra su violador y maestro de perspectiva, Agostino Tassi. Puede que la violencia nunca haya sido representada con la genialidad con la que esta Judith clava su espada en la garganta de Olofernes. El colorido del barroco se reinventa en esta obra para hablar del dolor.

Marginada por la historia por el simple hecho de ser mujer, su nombre se recupera ahora por dos acontecimientos diferentes. Por un lado, el Museo Thyssen expone hasta el 2 de agosto esta obra maestra prestada por el Museo Capodimonte de Nápoles. Por otro, la vida de la pintora se rescata con la edición en español de Artemisia, (ediciones Alfabia) una biografía novelada de la artista escrita por Anna Banti (1895-1985) y traducida y prologada por la eurodiputada socialista Carmen Romero. El libro cuenta con un ensayo introductorio de Susan Sontag.

Jorge Semprún, ministro de Cultura con Felipe González, recordó el martes durante la presentación del libro, que descubrió el óleo Judith y Olofernes en el otoño de 1985, por insistencia de su mejor amigo, Javier Pradera. "Me dijo que de ninguna manera me podía perder la exposición de pintura napolitana que se hacía aquí, en este mismo edificio, entonces dependiente del Prado, y que de ninguna manera me podía perder esta obra de Artemisia. Quedé deslumbrado. Nunca agradeceré bastante la recomendación". Semprún se concedió un momento para la nostalgia recordando que con él se cerró la operación iniciada por Javier Solana para desligar del Prado el palacio Villahermosa, futura sede la Fundación Thyssen. "Aquellas ásperas discusiones me hacen ahora feliz al contemplar este triángulo mágico que forman el Prado, El Reina Sofía y el Thyssen".

Romero glosó la figura de la pintora y la de la autora del libro, que ella ha traducido, con el asesoramiento del académico Francisco Rico. "Hasta que conocimos las investigaciones de Anna Banti, las noticias sobre Artemisia hablaban de una gran pintora, hija de un gran artista, Orazio Gentileschi, que fue violada por otro gran pintor. Banti trabajó con actas y documentos, prosigue Romero, "pero, además, aporta la verdad poética. Es una obra literaria de gran calidad en la que, a través de un diálogo a dos voces, se muestra la complejidad del personaje de Artemisia y su mundo de relaciones, una red de relaciones muy bien narrada".

La traductora recordó que la primera versión de Artemisia desapareció entre las cenizas de la Italia ocupada por los nazis. "La nueva obra surgida de aquellos rescoldos superpone así dos tragedias vividas por dos mujeres: la soledad de la artista marginada por haber sido violada y la de la escritora que contempló con horror cómo las llamas destruían Florencia".

La biografía novelada reconstruye la historia de una mujer que quiso ser tan libre como un hombre, y cómo consigue imponer su independencia a cambio de un permanente sufrimiento. Otra cosa es que la historia del arte le haya dado el lugar que merece. Aunque se sabe que su produción fue amplia, no son más de cuarenta las obras que claramente se le atribuyen. Persiste la duda de que muchas de su padre, fueran, en realidad de la hija. Romero insiste en que la difusión mayoritaria de su obra es esencial para conseguir ese reconocimiento.


Fuentes: elpais, edicionesalfabia, elboomeran y encuentrosconlasletras.blogspot
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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