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MUSEO DEL PRADO, Escultura
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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO, Escultura 
 
Oratorio de san Jerónimo penitente



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Oratorio de san Jerónimo penitente. Hacia 1560. Dorado, Policromado, Tallado, 83,5 x 59 cm. Museo Nacional del Prado.

Autores: Juan de Juanes )Fuente la Higuera, Valencia, 1503 - Bocairente, Valencia, 1579) y Damián Forment (Valencia, 1480 - Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), 1540)
 
El Oratorio de san Jerónimo, es una pieza portátil creada para el ámbito devocional privado. La representación principal, san Jerónimo, fue realizada por Forment, uno de los grandes escultores valencianos, activo en la Corona de Aragón; utilizó para ello el alabastro del Valle del Ebro, que en origen presentaba su superficie parcialmente dorada y policromada. Con posterioridad, se diseñó una excepcional estructura “a la romana” para proteger y realzar la placa escultórica, la cual se amplió en su parte superior y fue parcialmente pintada. A la estructura se le instalaron dos puertecillas, en cuyo exterior Juan de Juanes representó a san José con el Niño y a san Lucas, y en el interior, bajo dos arcos, a san Vicente Ferrer y a san Pedro Mártir.

Considerado como el Rafael español cuando hace 200 años el Museo del Prado abrió sus puertas, Juan de Juanes (h. 1510-1579) tiene desde hoy su espacio propio, equiparándose con el Bosco, el Greco, Velázquez o Goya, en la sala 51 del edificio Villanueva, no en vano  en la testamentaria de Fernando VII su Santa Cena superaba con creces la valoración de los Grecos, por ejemplo.

En ese nuevo espacio se presenta también una extraordinaria donación, gracias a la generosidad de la Fundación Amigos del Museo del Prado, el Oratorio de san Jerónimo. Este oratorio portátil es una pieza pensada para el ámbito devocional privado. El tema principal, san Jerónimo, fue realizado por Damián Forment (Ca. 1480 - 1540), uno de los grandes escultores valencianos activo en la Corona de Aragón. Utilizó para ello alabastro del Valle del Ebro, que estuvo en origen dorado y policromado. Con posterioridad, Juan de Juanes diseñó una excepcional estructura “a la romana” para proteger y realzar la placa, la cual amplió en la parte superior y pintó parcialmente. En el exterior de las puertas representó a san José con el Niño y a san Lucas, y en el interior, bajo dos arcos, a san Vicente Ferrer y a san Pedro Mártir.

Además, esta nueva ubicación del maestro valenciano permitirá la reordenación de las salas 52 B y C, en las que se exhibirá una importante obra religiosa de Sánchez Coello, Alegoría mística con san Sebastián, san Bernardo y san Francisco.


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO, Escultura 
 
La visita póstuma de Giacometti al Museo del Prado

El artista suizo se reencuentra con los grandes maestros con 20 obras posteriores a 1945



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Dos esculturas de Giacometti, en la muestra del Museo del Prado.

Poco aficionado a los viajes que le distrajeran de sus preocupaciones habituales, Alberto Giacometti (Borgonovo, Suiza,1901-Coira, Suiza, 1966) no llegó a visitar el Museo del Prado. Ni siquiera viajó a España como sí hicieron otros grandes artistas de las vanguardias del siglo XX que convirtieron al museo madrileño en un punto de peregrinaje obligado: Édouard Manet, Edgar Degas, James Whistler, Gustave Courbet o Francis Bacon, entre otros muchos. Admirador profundo de los maestros antiguos que pudo contemplar a fondo durante el exilio del Prado en Ginebra, en 1939, el escultor más inquietante del arte contemporáneo ha podido, por fin, realizar una visita póstuma al Prado para participar en la conmemoración de su bicentenario. Una veintena de obras (18 esculturas y dos pinturas), todas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se exponen en diferentes rincones de la galería central del museo junto a Velázquez, El Greco, Zurbarán, Tiziano o Tintoretto. La exposición, que se puede ver desde este martes hasta el 7 de julio, ha sido organizada en colaboración con la Fundación Beyeler, la Comunidad de Madrid, la embajada suiza y el grupo Mirabaud. Para Miguel Falomir, director del museo, es la visita de uno de los artistas más determinantes del arte contemporáneo a las zonas más nobles del palacio de Villanueva.

Carmen Giménez, conservadora del Museo Guggenheim de Nueva York y una de las grandes expertas mundiales en arte contemporáneo, se ha planteado la exposición como una visita póstuma en la que el artista ha querido traer una selección de sus obras más amargas para que deambulen sin diálogo por los rincones más sagrados del Prado, “como le gustaba decir a mi gran amigo Francisco Calvo Serraller”. Giménez ha planeado una conversación que se ve y se oye en el eje principal de la pinacoteca. Las obras, procedentes de colecciones públicas y particulares, son todas posteriores a 1945 porque “es entonces”, explica Giménez, “cuando el artista experimenta una enorme brecha en su visión de lo real que agudizó hasta el final de su vida su obsesión por la búsqueda de imágenes que trascendieran el realismo”. Ese esfuerzo titánico por representar la realidad de otra manera es lo que le vincula con el arte del pasado y lo que hace que la exposición del Prado sea, en realidad, como una prolongación de la obra del artista suizo.

De conseguir ese especial paseo en solitario se ha encargado Juan Ariño, autor de un montaje en el que con paneles blancos y basamentos ligeros, logra un ambiente casi irreal para las ilustres piezas visitantes. En las salas no hay cartelas de las obras de Giacometti. A cambio, una guía en papel ayuda a descubrir las diferentes obras.


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Presentación de la exposición de Giacometti, este lunes en la sala dedicada a Velázquez. Andrea Comas

Aunque el recorrido se puede seguir según el capricho del visitante, la propuesta oficial arranca en la impactante sala de Las meninas. En el centro, subidas en una plataforma circular y aisladas con cordón de seguridad, se pueden ver agrupadas cuatro esculturas concebidas para el frustrado proyecto de la sede neoyorquina del Chase Manhattan Bank, un encargo que recibió en 1958 y para el que trabajó con un caminante, una cabeza grande y una mujer grande en pie. Aquí se han agrupado dos opciones de las figuras femeninas con las que trabajó. Giménez explica que ha querido reproducir el juego de espejos y volúmenes que Velázquez plantea en Las meninas. “El grupo escultórico de Giacometti nos invita a incluirnos y a participar de un complejo ejercicio de relaciones poco habitual en su obra. Es como si la realidad estuviera detrás de unas cortinas que arrancamos y siempre quedara una más por descubrir”.

Ante el gigantesco retrato del emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg, de Tiziano, se contrapone El carro, una pieza en la que una mujer filiforme está subida sobre la base del eje de dos ruedas gigantes. Sobre un carruaje de guerra, ella mantiene un extraño equilibrio entre el movimiento y la quietud, el avance y la retirada. Pero si hay una obra de la que Giacometti llegó a sentirse especialmente orgulloso, “algo raro, porque nada le satisfacía”, advierte la comisaria, es el grupo escultórico conocido como Mujeres de Venecia. Situadas en la galería central y escoradas hacia las salas del Greco, están colocadas junto a El lavatorio, de Tintoretto. Recuerda Carmen Giménez que Giacometti realizó estas esculturas en 1955 para exponerlas en el pabellón francés de la Bienal de Venecia de 1956. Su esposa Annette le sirvió de modelo para que él ensayara con diferentes materiales, texturas y tamaños. Aquí se exhiben dos más de la media docena que conformaba la pieza original. Mujeres inmóviles ancladas a sus peanas que le sirvieron para componer unas imágenes que convertían en templo cualquier espacio común, según escribió su amigo, el escritor Jean Genet.

Una de las esculturas más sorprendentes es una gigantesca pierna que parece arrancada de un cuerpo fantasmal y que preside el espacio central de la sala dedicada a Zurbarán con su serie Trabajos de Hércules, 10 pinturas cargadas de tanta acción y dramatismo como el miembro descoyuntado creado por Giacometti a la vista de los desastres de la guerra que había destrozado al mundo. En medio queda El hombre que camina (1960), una de las imágenes más reconocibles del escultor suizo, bronce prestada por la Fundación Beyeler, que recuerda al otro caminante que en 2008 logró un récord mundial en una subasta al ser adjudicado por 74,2 millones de euros.


Angeles García / elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO, Escultura 
 
Jane Clifford sale del cuarto oscuro

El Museo de la Universidad de Navarra muestra las imágenes del Tesoro del Delfín que la artista inmortalizó en la pinacoteca madrileña por encargo del Victoria & Albert a mediados del siglo XIX



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Desde la izquierda, copa de ágata con un asa con remate en forma de copa, vaso con escenas del Génesis y el Éxodo, jarro de cristal con Narciso y Eco y vaso aovado de ágata con dos bandas de camafeos. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

A Jane Clifford le vino bien la muerte de su marido, Charles Clifford. Quizá resulte poco ortodoxo verbalizarlo, pero la sacó de la oscuridad que suponía trabajar junto a él, uno de los pioneros de la fotografía en España. Mucho de lo poco que se sabe de ella apareció en la noticia de la muerte de este británico, publicada en El Clamor Público el 3 de enero de 1863: "Falleció el distinguido fotógrafo don Carlos Clifford (...). Ha dejado por herencia notables fotografías a su inconsolable esposa, dignísima señora que no solo estaba identificada con su suerte, sino que tomaba parte activa en sus trabajos...".


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Dragón de cristal de roca, perteneciente al Tesoro del Delfín. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Jane no fue solo la esposa y viuda de un gran fotógrafo. Ella misma fue fotógrafa. Lo acreditan este obituario y la pertenencia desde 1856 a la Sociedad Francesa de Fotografía, donde fue la primera mujer admitida. Por esto y por sus conexiones —su marido retrató a dos reinas: la de su país de nacimiento, Victoria, y la del que le vio morir, Isabel II—, recibió en 1863 el encargo de fotografiar el Tesoro del Delfín, que custodiaba y aún custodia el Museo del Prado. Una selección de 54 de esas imágenes se expondrán a partir de hoy en el Museo Universidad de Navarra, en una muestra que pretende aportar luz sobre la fotógrafa o, como explica Mario Fernández, comisario de Jane Clifford. El Tesoro del Delfín, "dar un empujón a su conocimiento".


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Copa con sirena de oro. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Fue John Charles Robinson, supervisor de las colecciones del South Kensington Museum (actual Victoria & Albert), quien encargó a Clifford las imágenes para la institución londinense. Robinson estaba convencido de la capacidad educativa y divulgativa de las reproducciones de obras de arte. En 1856, creó el servicio fotográfico del South Kensington, el primero de un museo. La idea tardó en llegar a España. En el Prado, por ejemplo, no se constituyó su laboratorio fotográfico hasta los años cuarenta del siglo XX. A partir de entonces se comenzó a contratar fotógrafos en plantilla pero, hasta hoy, no ha habido ninguna mujer.


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Copa gallonada de pie alto con rubíes. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

El 10 de noviembre de 1863, una real orden dirigida a Federico de Madrazo, director del Prado, da permiso a Robinson para que se inmortalice parte del Tesoro del Delfín "valiéndose de un fotografista de su confianza". El trabajo, que marcó una de las primeras veces que se documentan sistemáticamente piezas del patrimonio español, recayó en Jane Clifford.


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Un jarro cilíndrico de cristal con tapa. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

La fotógrafa se quedó con los negativos, y el hecho de que existan copias en colecciones como la del Museo Universidad de Navarra, el archivo del Palacio Real, la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado responde a que probablemente comercializó con ellos. La propia Clifford y algunas de sus instantáneas de los fondos de la pinacoteca madrileña formarán parte de Las invitadas, una exposición que se inaugurará en el Prado el 31 de marzo de 2020, y que girará en torno al papel activo de la mujer en el arte español del siglo XIX y comienzos del XX.


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Un jarro de cristal con Narciso y Eco. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA


Investigaciones abiertas

Activa estuvo también Clifford a lo largo de los meses que trabajó en el museo. La técnica que usó fue la de colodión húmedo, que requiere el revelado inmediato. Otra dificultad a la que se enfrentó fue la necesidad de grandes cantidades de luz, que la obligó a sacar piezas al exterior. El comisario Fernández, buen conocedor del Gabinete de Dibujos, Estampas y Fotografías de la pinacoteca madrileña, asegura que "hoy por hoy, es la primera fotógrafa de la que se tienen noticias de que trabaje en el Prado y, por lo temprano de las fechas, es probable que sea así, aunque las investigaciones siempre pueden aportar datos nuevos".


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Una copa abarquillada con mascarones. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Este trabajo, acometido durante los primeros años tras enviudar, se ha llevado todos los flashes en la vida de Jane Clifford. Por lo demás, quedan pocos datos. Se desconoce su fecha y lugar de nacimiento así como la de su muerte. Solo se sabe que en 1885 dejó de formar parte de la Sociedad Francesa de Fotografía, quizá por fallecimiento, pero no se puede asegurar. No existe ninguna imagen de ella. En varias instantáneas de su esposo —Puente de Martorell o Columna de tres altares romanos—, aparece una figura femenina que no se llega a identificar, y que podría ser ella. En la publicidad del estudio Clifford a partir de 1851 ya empieza a figurar el título "señores Clifford", en plural. Jane ya tiene un papel.


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Un jarro de pico de cristal. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Tras la muerte de Charles, su esposa vendió algunas de sus pertenencias: anteojos, máquinas... No sería por falta de liquidez, ya que poco tiempo después se mudó a un estudio en la calle Mayor, muy cerca de la Puerta del Sol, en el eje comercial de los fotógrafos del Madrid del XIX. El anuncio que publicita este traslado indica que la señora Clifford "ha hecho venir a los mejores operarios y las máquinas más modernas". Mantiene el nombre de Clifford porque era una marca de prestigio. Jane se dedica a unos de los formatos recurrentes de la época: los pequeños retratos para tarjetas de visitas. También termina trabajos que no le había dado tiempo a su esposo, como las imágenes que documentaban el viaje de Isabel II a Andalucía y Murcia, del que ya había recibido una parte del pago. En marzo de 1863, presenta la factura definitiva y recibe 101.173 reales. Pero, sobre todo, su gran fuente de ingresos fue la explotación de los negativos que había dejado Charles Clifford. ¿Qué ocurrió con el estudio y con el material cuando se pierden las noticias de la fotógrafa? Es una incógnita por resolver. La vida y obra Jane Clifford sigue en vías de positivado.


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Vaso de cristal con piquera y asa trebolada. JANE CLIFFORD - MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA


Retratar piezas preciosas

El Tesoro del Delfín es un conjunto de vasos, copas, jarras... de cristal de roca, oro, esmaltes y piedras preciosas que pertenecieron al Gran Delfín de Francia (hijo de Luis XIV) y que, en parte, heredó su vástago, Felipe V —primer Borbón que ocupó el trono español en 1700—. Las piezas preciosas que lo forman se salvaron del incendio del Alcázar de 1755 al estar en el palacio de La Granja de San Ildefonso, pero no del saqueo de los franceses. Este fue reparado en 1815, cuando lo devolvieron. Las fotografías de Jane Clifford tienen el valor añadido de haber sido realizadas antes de que se restauraran en 1866 y documentan las pérdidas que sufrieron. Desde 2018, los 169 vasos y algunos de sus estuches se muestran en una vitrina curva de la sala 79 B del Prado.


Rut de las Heras Bretín / elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DEL PRADO, Escultura 
 
Venus y Marte en El Prado en casa

Leticia Azcue Brea: "Venus y Marte" de Antonio Canova



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La Guerra y el Amor protagonizan esta obra maestra concebida, con elegancia y delicadeza, para mostrarse perfecta desde cualquier punto de vista que adopte el espectador.

Leticia Azcue, Jefe de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Prado, analiza esta obra, desvela las claves para poder admirar plenamente el minucioso trabajo del escultor y muestra las herramientas que usaría el propio Canova para conseguir esta pieza excepcional.


museodelprado.es
 




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