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San Pedro Claver, El Esclavo De Los Esclavos
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Mensaje San Pedro Claver, El Esclavo De Los Esclavos 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados… Este 153º trabajo recopilatorio, está dedicado a Pedro Claver Corberó conocido como San Pedro Claver, el esclavo de los esclavos, fue un misionero y sacerdote jesuita español (Verdú, Lérida, 1580 - Cartagena de Indias, Colombia, 1654). Pasó a la posteridad por su entrega a aliviar el sufrimiento de los esclavos del puerto negrero de Cartagena de Indias. Es el patrono de los esclavos.


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San Pedro Claver. El padre Claver fue un misionero jesuita español que desempeñó una vasta labor evangelizadora en Cartagena de Indias, bautizando y adoctrinando a los esclavos que llegaban de África. Canonizado por la Iglesia en 1888 y patrón de Colombia, es llamado, tal y como él mismo se definió, El apóstol de los negros o El esclavo de los negros.

Hijo de los labradores Pedro Claver y Minguella y Ana Corberó, quedó huérfano de madre a los trece años de edad. Puesta de manifiesto su vocación religiosa, dos años después recibió la tonsura eclesiástica de manos del obispo de Vic en la parroquia de su localidad natal, Verdú. Se trasladó a Barcelona para iniciar estudios de gramática en el Estudio General de la Universidad. A mediados de 1600 o 1601, terminada la retórica, pasó al Colegio Jesuita de Belén para cursar filosofía. Allí decidió ingresar en la Compañía de Jesús, y el 7 de agosto de 1602 entró en el noviciado de Tarragona.

Tras hacer los votos, fue enviado a Gerona para ampliar sus estudios de humanidades y luego, el 11 de noviembre de 1605, al colegio de Montesión en Palma de Mallorca para cursar filosofía. Allí trabó gran amistad con el portero Alonso Rodríguez, un anciano hermano lego que le imbuyó la inquietud misional. En 1608 se trasladó a Barcelona para estudiar teología. No pudo terminar los estudios, pues recibió una carta del Provincial, fechada el 23 de enero de 1610, por la que se le concedía el permiso para trasladarse a América, como era su deseo.

Claver viajó hasta Tarragona para unirse a otros religiosos y seguir hacia Valencia y Sevilla, donde otros jesuitas se sumaron al grupo. Embarcó en el galeón San Pedro (perteneciente a la flota mandada por don Jerónimo de Portugal y Córdoba) que zarpó del puerto andaluz en abril del mismo 1610, y arribó a Cartagena. Desde allí Claver y sus compañeros emprendieron el camino a Santa Fe, remontando el río Magdalena y tomando luego el camino de Honda.

Una vez la capital neogranadina se encontró con que no podía seguir los estudios de teología, pues faltaban profesores. Fue asignado al Colegio de la Compañía como coadjutor hasta 1612, cuando la llegada de nuevos religiosos le permitió proseguir dichos estudios. Claver fue enviado luego al noviciado de Tunja para la tercera aprobación, y finalmente al colegio de Cartagena, al que llegó en noviembre de 1615. Se ordenó subdiácono al mes siguiente y en 1616 recibió el diaconado y la ordenación sacerdotal.


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El nuevo jesuita fue enviado a ayudar al padre Sandoval, que tenía a su cargo la catequización de los negros. Sandoval tuvo que ir a Lima en 1617 y Claver hubo de ocuparse él solo de todo el trabajo. En 1618 se le unió un jesuita italiano, el padre Carlos de Orta, pero murió al año siguiente; afortunadamente, el padre Sandoval regresó a Cartagena en 1620. El 3 de abril de 1622 hizo Claver su profesión. Al pie de la fórmula de los votos consignó de su puño y letra “Petrus Claver, aethiopum semper servus” (“Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre”). Era lo que quería ser y lo que siempre fue.

El padre Claver ejerció su apostolado con total dedicación, siguiendo el procedimiento empleado por el padre Sandoval. Cuando el gobernador le anunciaba la llegada de un barco negrero, trataba de averiguar de qué región procedía su “carga”, con objeto de buscar los intérpretes adecuados para hablar con los esclavos. Los propietarios de esclavos se negaban a suministrarle intérpretes o ponían muchos obstáculos, motivo por el cual el Colegio de Cartagena terminó comprando un grupo de esclavos-intérpretes oriundos de diversas regiones de África para que ayudaran a Claver.


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El padre Claver pasaba con ellos al buque negrero, al que llevaba regalos como naranjas, limones, tabaco, pan o aguardiente. Bajaba a las bodegas y decía a los esclavos que estaba allí para cuidar de que los blancos les trataran bien; les aseguraba que no iban a matarlos, como a menudo creían, y les alentaba a abrazar la fe cristiana, para lo que debían instruirse. Luego preguntaba por los enfermos y los niños nacidos en la travesía, a quienes dedicaba sus cuidados de urgencia.

Cuando le impedían subir al buque negrero, hacía lo mismo en los almacenes donde se hacinaban los esclavos. Claver repetía las visitas varios días, y dedicaba después varias horas a la catequesis por medio de los intérpretes. Esta labor solía hacerla en un patio, ante un cuadro de Jesús crucificado, y terminaba con el acto de contrición. Cuando los catecúmenos estaban bien instruidos procedía a bautizarlos, y luego les entregaba unas medallas de plomo que tenían impresos los nombres de Jesús y María.


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El padre Claver cuidaba también de los negros que vivían usualmente en Cartagena y hasta de los de la provincia, a los que dedicaba una misión anual por Pascua. Manifestaba especial preocupación por los enfermos, lisiados e indigentes, a los que hacía objeto de sus desvelos. Diariamente acudía a los dos hospitales de San Sebastián y San Lázaro, donde consolaba y curaba a los internados. En las cárceles atendía no sólo a los negros, sino también a presos diversos, como los protestantes de la isla de Santa Catalina, que procedían de capturas realizadas por las naves españolas. El jesuita terminó por ser respetado por las autoridades cartageneras y por los mismos propietarios de esclavos, que temían verle aparecer. Vivía con extrema austeridad, durmiendo en una esterilla y comiendo frugalmente, y dedicado a sus rezos en los ratos libres.

En 1651 Cartagena fue azotada por una epidemia. El padre Claver contrajo la enfermedad y le quedó como secuela una parálisis progresiva que, sin embargo, no fue obstáculo para que continuase visitando a los leprosos de San Lázaro, adonde se hacía conducir en mula, e incluso a los pocos esclavos que llegaban. A raíz de la independencia de Portugal en 1640 habían disminuido los barcos negreros, pues dicha nación había detentado el asiento. Se produjo entonces un vacío que duró hasta que volvió a organizarse el negocio de la trata. Pese a ello seguían llegando algunos barcos, como una embarcación con carga de esclavos araraes en 1651. Claver se hizo vestir y, ayudado de un bastón, fue al almacén donde se habían almacenado para la venta. Los instruyó durante varios días y bautizó a no pocos.

El 6 de septiembre de 1654 enfermó de gravedad y al día siguiente se le dio la extremaunción. A su muerte, acaecida en la noche del 7 al 8 de septiembre de 1654, numerosos fieles habían ido a visitarle. Tuvo unas solemnes honras fúnebres y fue enterrado en la capilla del Santo Cristo, en la iglesia de la Compañía. El proceso de su beatificación empezó en 1658. En 1747 fue declarado Venerable por Benedicto XIV; fue beatificado en 1851 por Pío IX, y canonizado en 1888 por León XIII. Su fiesta se celebra el 9 de septiembre.

Espero que si alguien lee esta recopilación dedicada al padre Claver, que alcanzó la santidad, le resulte interesante, y contribuya al conocimiento de la obra del ejemplar personaje, considerado el patrono de los esclavos.






Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados

Homenaje a los Conquistadores Españoles, ver video: http://es.youtube.com/watch?v=cqLDc...cid=VIDURVHOV11





Mas datos biográficos de Pedro Claver Corberó



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Pedro Claver Corberó conocido como San Pedro Claver, el esclavo de los esclavos, fue un misionero y sacerdote jesuita español nacido en Verdú (Cataluña) en junio de 1580, y muerto en Cartagena de Indias el 9 de septiembre de 1654. Pasó a la posteridad por su entrega a aliviar el sufrimiento de los esclavos del puerto negrero de Cartagena de Indias. Es el patrono de los esclavos.

Tímido y sencillo, catalán corto en palabras y largo en hechos, Pedro Claver Corberó, es una de las figuras del cristianismo más apasionantes y arriesgadas del siglo XVII, cuya vida se desarrolló en el colorido contexto de aventuras, pasiones e injusticias del puerto negrero de Cartagena de Indias. Su entrega abnegada a los negros bozales, de los que los teólogos de esa época discutían incluso si poseían alma, es un ejemplo admirable de la praxis de la liberación cristiana y de la defensa de los derechos humanos. Se lo considera un ejemplo heroico de lo que debe ser el compromiso preferencial de la Iglesia por los pobres y marginados.

Pedro Claver Corberó nació en junio de 1580 en la "villa de los cántaros negros", como se calificaba a Verdú (Lérida), en el valle de Urgel, y fue bautizado el día 16 de ese mes con el nombre de Juan Pedro.[1] Fue uno de los hijos (junto con Juan, Santiago e Isabel) del matrimonio de Pedro Claver y Mingüella, y Ana Corberó. El padre era un modesto propietario de viñedos y olivares. Pedro no tenía aún trece años cuando perdió a su madre y, poco días después, a su hermano Santiago. En 1595, con quince años de edad, recibió la tonsura clerical en su pueblo y, apadrinado por un tío canónigo, se trasladó en 1596 a Barcelona para estudiar «letras y artes» en el Estudio general de la Universidad.[1] Terminada la retórica, entró en contacto con los jesuitas del colegio de Belén para estudiar filosofía. Allí sintió la vocación por la Compañía de Jesús, en la que ingresó el 7 de agosto de 1602.[1] Tras un ferviente noviciado y luego de pronunciar sus primeros votos, pasó a Gerona a dedicarse al estudio de las humanidades.


La influencia de Alonso Rodríguez

En los primeros tiempos sintió dudas acerca de su vocación al sacerdocio, pues le atraían la sencillez y los oficios humildes de los hermanos coadjutores. Esto explica la gran amistad y admiración que sintió en el Colegio de Monte Sión, en Palma de Mallorca donde fue destinado a ampliar sus estudios de filosofía (1605-1608), con el hermano portero San Alonso Rodríguez (1531-1617).[1] Nacido en Segovia e hijo de un comerciante en paños, Alonso se había hecho jesuita ya mayor, pues, tras fallecer su padre, tuvo que abandonar sus estudios en Alcalá y encargarse del negocio de familia. Contrajo matrimonio, enviudó y perdió a sus dos hijos, ocasión en la que decidió hacerse religioso.

La valoración que de Pedro Claver hacían sus superiores era muy negativa: «[...] espíritu mediocre, [...] discernimiento inferior a la media, escasa circunspección en los negocios, mediocre perfil en las letras. Bueno para predicar a los indios [...]».[1] Pero mucho más decisivo que esta valoración fue el influjo que ejerció el humilde y místico hermano portero del Colegio de Monte Sión sobre Pedro Claver, ya que el joven jesuita consiguió permiso de los superiores para conversar todas las noches un cuarto de hora con Alonso Rodríguez. Pedro aprovechó a fondo estas charlas, cuyas luces recogía en un cuaderno que le acompañó toda la vida. También recibió del santo hermano un libro de apuntes espirituales, "un tesoro grande", como él decía, que legó al noviciado de Tunja en Colombia, entonces Nueva Granada.



Su llegada a América


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Comenzaba su segundo año de estudios teológicos cuando el provincial, accediendo a su deseo, le destinó el 23 de enero de 1610 a las misiones transoceánicas del Nuevo Reino de Granada. Sin despedirse de su familia –el ambiente en casa había cambiado tras las segundas nupcias de su padre–, se fue a pie a Valencia y luego a Sevilla, de donde zarparía en la flota de galeones en compañía del padre Mejía y dos jóvenes sacerdotes.

Después de una primera toma de contacto con la plaza fuerte de Cartagena de Indias, hervidero de negreros, piratas e inquisidores, se trasladó, en un lento viaje en champán por el río Magdalena y luego a lomos de mula, hasta Santa Fe de Bogotá, donde no estaban aún organizados los estudios de teología, lo que Pedro aprovechó para servir como hermano coadjutor.

El clima de Bogotá no le sentaba bien, ya que el sol dañaba su salud. Una vez concluidos brillantemente sus estudios en el Colegio y Seminario de San Bartolomé, fue destinado al noviciado de Tunja, en tierra adentro, para hacer su "tercera probación", el año que los jesuitas dedican a la espiritualidad tras su formación intelectual. Seguía dudando si hacerse sacerdote. Tanto, que le pidió al provincial que le permitiera seguir de hermano portero, oficio que ejercía en Tunja.


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Celda donde vivió el Claver en Cartagena de Indias.



«Esclavo de los negros para siempre»

Pero los superiores le destinaron a Cartagena de Indias, donde fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1616, a la edad de 35 años, por el obispo dominico fray Pedro de la Vega. Ofició su primera misa en el altar de la Virgen del Milagro de la iglesia de la Compañía.

Allí conoció al sabio jesuita Alonso de Sandoval, investigador de la vida de los negros y autor del famoso libro De instauranda ethiopum salute, quien, en contra del dominante ambiente esclavista, recibía con afecto y bautizaba a los esclavos que llegaban al puerto en abundancia y en un estado calamitoso en las bodegas de los barcos negreros, procedentes de África. Inspirado por Sandoval y por la situación imperante, Claver se entregó en cuerpo y alma a los negros bozales.

Con su clima caluroso, Cartagena de Indias era, por su posición en el mar Caribe, el principal mercado de esclavos del Nuevo Mundo. Mil esclavos llegaban allí al mes, y los mosquitos y las enfermedades devoraban a los sanos. El precio de compra de un esclavo era dos escudos, y doscientos el de venta.[2] Aunque muriera la mitad del «cargamento», el tráfico seguía siendo «rentable». Ni las repetidas censuras del Papa, ni las de los moralistas católicos podían prevalecer contra ese comercio movido por la avaricia. Los misioneros no podían suprimir la esclavitud, sólo mitigarla...


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Pero Pedro Claver se enfrentó con hechos heroicos a esta ignominiosa trata. Pedro interpretó así el sentido de su sacerdocio, y el 3 de abril de 1622, al profesar sus votos perpetuos solemnes, estampó junto a su firma la que sería la gran consigna de su vida:

Petrus Claver, aethiopum semper servus («Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre»)

(Pedro Claver)


Esta fórmula de entrega personal que implicaba trabajar únicamente por los «etíopes», nombre que los españoles de la época daban indistintamente a los esclavos negros, se mantendría como firma en las siguientes tres décadas.

El joven sacerdote siguió a la letra el método empleado por el padre Sandoval. Procuraba enterarse con antelación de la llegada de un barco negrero – hasta ofrecía una misa a quien se lo avisara– y se informaba de que nación venía para procurarse intérpretes, que buscaba por toda Cartagena. Los amos de éstos llevaban muy mal que se los pidieran y recibían a los jesuitas con insultos. Más tarde el propio colegio llegó a comprar los negros intérpretes, grandes colaboradores de Claver. Entre ellos estaban Domingo Folupo, Andrés Sacabuche, José Monzola o Ignacio Soso, que a veces eran empleados en el colegio para otros menesteres, lo que ocasionó dos cartas de protesta del padre general Vitelleschi, quien apreciaba sinceramente la labor de Pedro.


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Acompañado de sus intérpretes acudía Claver al puerto llevando al brazo un canasto cargado de plátanos, naranjas, limones, pan, vino, tabaco, aguardiente y sahumerios. Luego, descendía heroicamente a la sentina del navío donde por más de cuarenta o cincuenta días habían permanecido «sepultados» entre trescientos y cuatrocientos esclavos negros. Ante los ojos desorbitados de terror de los pobres africanos, les decía que él quería ser su padre y pretendía tratarlos bien; que no iba con intención de comérselos, como ellos creían, o maltratarlos, sino para quererles y enseñarles el camino de Jesús. Si alguno llegaba en peligro de muerte, él mismo lo envolvía en su manteo y lo llevaba a un hospital.


«No con lengua, sino con manos y obras»

Existen relaciones escalofriantes de la época referidas a estos desembarcos, incluso de mano del propio santo:

Echamos manteos fuera y fuimos a traer de otra bodega tablas y entablamos aquel lugar y trajimos en brazos a los muy enfermos, rompiendo por los demás. Juntamos los enfermos en dos ruedas, la una tomó mi compañero con el intérprete, apartados de la otra que yo tomé. Entre ellos había dos muriéndose, ya fríos y sin pulso. Tomamos una teja de brasas, y puesta en medio de la rueda, junto a los que estaban muriendo, y sacando varios olores, de que llevábamos dos bolsas llenas, que se gastaron en esta ocasión, y dímosles un sahumerio, poniéndole encima de ellos nuestros manteos, que otra cosa ni la tienen encima, ni hay que perder tiempo en pedirla a sus amos, cobraron calor y nuevos espíritus vitales, el rostro muy alegre, los ojos abiertos y mirándonos.


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De esta manera les estuvimos hablando, no con lengua, sino con manos y obras que como vienen tan persuadidos de que los traen para comerlos, hablarles de otra manera fuera sin provecho. Asentámonos después, o arrodillámonos junto a ellos, les lavamos los rostros y vientres con vino, y alegrándolos, y acariciando mi compañero a los suyos, y yo a los míos, les comenzamos a poner delante cuantos motivos naturales hay para alegrar a un enfermo.


(Pedro Claver)


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También el padre Claver para la catequesis seguía el método del padre Sandoval, explicándoles la doctrina cristiana a través de cuadros muy vivos y la ayuda de intérpretes escalonados en medio de una atmósfera irrespirable. Cuando sentía repugnancia, besaba las llagas de los esclavos y finalmente los bautizaba, en contra de lo que hacían algunos religiosos cuando los bozales eran cazados en África, que bautizaban en masa con una simple «aspersión».


Del «confesonario para negros» al leprosario

Su afecto a los negros se extendía a su defensa frente a sus amos, como atestigua la negra Isabel Folupo. Cuando sabía que alguno flagelaba a sus esclavos, se presentaba en la casa y con súplicas o con autoridad les pedía que no los azotaran. Su confesonario estaba reservado para los negros, mientras que grandes personajes de la ciudad tenían que hacer cola detrás de ellos si querían confesarse con el jesuita. Así lo comentó uno de sus testigos:

Mientras había negros esclavos, en vano había que intentar confesarse con él; después de éstos venían los pobres y luego, a falta de unos y de otros, los niños de la escuela. Sentía mucho que otra gente, y más si era autoridad, se mezclase entre sus humildes penitentes; a los caballeros decía que les sobraban confesores, y a las señoras que era estrecho su confesonario para guardainfantes, que sólo era capaz para los pobres negros. [Nota 2]

(Hermano Nicolás, citado por José María Iraburu en su libro Hechos de los apóstoles en América)


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De su predilección por los enfermos daba testimonio un pobre negro que vivía en una choza junto a la muralla, o una ciega que lo visitó fielmente en su bohío durante diez años. Durante la peste de la viruela que se cebó en Cartagena en 1633 y 1634, Pedro Claver se multiplicó para atender a los damnificados hasta agotar a dos y tres de sus compañeros. Su manteo servía de vestido para los desnudos recién llegados, de almohada y de cama para los enfermos. Su intérprete Sacabuche contaba que hubo días en que tuvo que lavar el manteo del padre Claver hasta siete veces. En vísperas de Pascua reunía a todos los negros de la ciudad para que cumplieran el precepto, los confesaba, les daba la comunión y él mismo les servía un modesto desayuno. También alguna vez con la disciplina con la que se flagelaba irrumpió en alguna danza nocturna, cuando los africanos se emborrachaban o prostituían.

Además acudía regularmente a la leprosería, hospital de San Lázaro, cuidada por los Hermanos de San Juan de Dios. Allí barría, arreglaba las camas, daba de comer a los enfermos y les llevaba pequeños frascos de licor. Conseguía mosquiteros, limosnas, medicinas y comida para aquel pobre hospital que era un conjunto de bohíos que llegó a albergar hasta setenta leprosos. Los días de fiesta les llevaba una comida más fina y una banda de música.


Defensor de los últimos. Darse, sin medir las consecuencias

Se ocupaba también de los presos comunes o de aquellos apresados por la Inquisición, y se pasaba largas horas en los calabozos escuchando sus cuitas. Por sus ruegos, dos abogados se encargaban de la defensa de los presos pobres. También los consolaba a los condenados en el momento de la ejecución con vino, perfume y bizcochos. Y con los protestantes, alguno de ellos ejecutado en un Auto de Fe, se comportaba con igual cariño y misericordia, sin importarle las consecuencias. Llegó a convertir a varios, entre ellos un arcediano de Londres. Misionaba además pueblos de los alrededores, comiendo y durmiendo en chozas abandonadas, entre murciélagos y ratas. Le nombraron ministro (encargado de asuntos materiales) de la casa. Pero, como cogía siempre para él los oficios más duros, el superior lo hizo maestro de novicios coadjutores, a los que conducía a la leprosería escoba en mano.

Todo ello respondía a una profunda vida espiritual. Austero hasta el heroísmo –dormía poco y en el suelo, apenas comía y vestía cilicios, aún con el clima de Cartagena–, tenía dicho al hermano portero que no molestara en la noche a los demás padres cuando venían a pedir sacramentos, sino que acudiesen a él.

Para la oración le gustaba mirar un libro de imágenes de la vida de Nuestro Señor y se detenía sobre todo en pasajes de la Pasión que recordaba el resto del día. El negro Diego Folupo lo vio elevado del suelo como “caña y media” con los ojos fijos en un crucifijo que sostenían en las manos. Le atribuían numerosos milagros, como resurrección de muertos, clarividencia y profecía.


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Navío negrero del siglo XIX. Los barcos negreros de los siglos XVI a XIX guardaron un denominador común: el hacinamiento y el estado calamitoso de las bodegas donde transportaban a los esclavos.



Oposición a su trabajo

Aunque su fama de santidad cundía por toda la ciudad, aunque su provincial llegó a decir que él solo trabajaba por seis sujetos, y aunque no le faltaron a Pedro Claver cartas laudatorias del padre General de la Compañía, muchos otros se opusieron a su trabajo y a su persona. Los informes que enviaban a Roma decían de él que era «mediocre de ingenio», «de prudencia exigua», «muy melancólico».[3] También le llegaron avisos de la curia acusándolo de «abusar de sus intérpretes a expensas del Colegio», de «retener en su poder depósitos de dinero sin precisar si era con facultad de los superiores locales»,[3] y tener en el aposento botijas de vino, que usaba para sus negros. Asimismo, le llamaron la atención por reprender a una dama española que se pavoneaba en la iglesia de su guardainfante. Otros jesuitas no venían bien que diera preferencia a los negros sobre los blancos, temas que incluían en sus cartas acusatorias a Roma.

Claver enfrentó una pertinaz oposición por parte de las autoridades civiles y comerciales, quienes sospechaban que el ministerio del sacerdote socavaba su lucrativo comercio.[4] Pero los traficantes de esclavos no eran los únicos enemigos de Pedro Claver. El misionero fue acusado de exceso de celo y de haber profanado los sacramentos al darlos a «criaturas que apenas poseían alma».[2] Importantes mujeres de Cartagena se negaron a entrar en la iglesia en la que el Padre Claver reunía a sus negros. Los superiores del santo eran a menudo influenciados por las muchas críticas que llegaban a ellos. Sin embargo, Claver continuó su trabajo, aceptando todas las humillaciones y añadiendo rigurosas penitencias a sus obras de caridad.



Un final aceptado

En 1650, pretendió entrar en Uraba, región de indios paganos, tras predicar la cuaresma por los alrededores de Cartagena, pero cayó enfermo. La víspera había confesado hasta las diez de la mañana y cuando pretendió celebrar la misa, se sintió tan mal que se vio obligado a regresar a Cartagena. La peste había diezmado el colegio de los jesuitas, donde habían fallecido ya nueve miembros de la comunidad. Una parálisis le redujo a la impotencia y a un tremendo temblor de las manos, que, según testimonio del médico, le desaparecía al decir misa.

Aún logró hacer algunas visitas, gracias a una mula que le dejaron, que estuvo a punto de matarle. Pudo ir también a despedirse de doña Isabel de Urbina, su gran bienhechora, a quien le pidió que en adelante se confesara con su sucesor, el padre Diego Ramírez Fariña. Por entonces, desde la sublevación de Portugal, era raro el arribo de barcos negreros. Pero en 1652 llegó uno lleno de negros araraes. Pedro visitó a los negros, les llevó regalos y los instruyó para el bautismo.

Así, físicamente impedido, permaneció los últimos cuatro años enfermo, en su celda, prácticamente solo y sin poder casi moverse, en un espantoso estado de abandono por parte de los demás que él, sin embargo, aceptaba.[4] Falleció finalmente en la madrugada del 9 de septiembre de 1654.


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Pedro Claver Corberó conocido como san Pedro Claver, (Verdú, Lérida; 1580 – Cartagena de Indias; 9 de septiembre de 1654), fue un misionero y sacerdote jesuita español, conocido sobre todo por su entrega a aliviar el sufrimiento de los esclavos del puerto negrero de Cartagena de Indias. Es el patrono de los esclavos.



Reconocimiento después de su muerte

El hermano Nicolás fue uno de los testigos fidedignos de la vida de Claver. Él relató que, cuando se supo en la ciudad que estaba muriendo, que ya había perdido el conocimiento, «empezó la gran peregrinación ante el que ya no tenía sentido; la apoteosis al que murió creyéndose abandonado de todos». Pobres y ricos, curas y religiosos de otras órdenes, todos querían tocarle, llevarse de él cabellos, un trozo de su camisa, lo que fuera: «le besan aun antes de morir las manos, los pies, tocándole rosarios». El padre Juan de Arcos, rector del colegio, señaló: «la gente entraba y salía como a una estación de Jueves Santo; diluvios de niños y negros venían diciendo: "Vamos al Santo"...».

Después de su muerte, el gobernador Pedro Zapata y el Concejo de Cartagena solicitaron que se iniciaran los informes sobre la vida y milagros de Claver. Durante el proceso de canonización, resultó particularmente notable el número de hechos extraordinarios, verificados tanto en vida como después de su muerte. Además se constató el bautismo por su mano y la conversión de negros por millares.[4] [Nota 3]

Un punto muy analizado hasta hoy es la forma en que Pedro Claver logró comunicar el cristianismo a los esclavos, siendo que se trataba de la religión que decían practicar los amos de los esclavos. Pedro Miguel Lamet, Mariano Picón Salas y otros biógrafos modernos señalan el hecho de que Pedro Claver infundió en los esclavos un sentido de dignidad humana y un valor singular por la vida que representaba una clara subversión de los principios del comercio de esclavos. Una de sus máximas, «Primero los hechos, luego las palabras»,[4] y la práctica cotidiana de sufrir junto a los sufrientes, siguiéndolos a las minas y a las plantaciones, intercediendo por ellos y protestando por su cuidado, sería una de las razones principales de su influencia.



IGLESIA SAN PEDRO CLAVER


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El convento fue fundado por los sacerdotes Jesuitas Francisco Perlin y Hernando Núñez, según real cedula de Rey Felipe III en 1603, con los dineros de la Catalina de Cabrera y Manuel Artiño, siendo de puro estilo colonial. La edificación del templo se realiza entre 1965 y de 1742 y todo el conjunto recibe el nombre de San Ignacio de Loyola, luego de San Juan de Dios y por ultimo de San Pedro Claver.

En 1767 los jesuitas fueron desterrados por el Rey Carlos III y la edificación pasó a mano del gobierno colonial, regresaron en 1844, seis años mas tarde fueron expulsados hasta que se establecieron definitivamente en 1886.


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San Pedro Claver  habito en el convento desde 1616 hasta su muerte en 1654, y el santuario tomo su nombre apartir de 1888, cuanto el santo redentor de los esclavos fue canonizado por el papa León XVIII. Se considera como el más elegante y el más sólido de Cartagena, siendo además el más monumental y de mayor importancia arquitectónica de la ciudad.

Esta inspirado en el templo de Jesús ubicado en Roma. La fachada esta simulada en piedra de tonos dorados y es de estilo manierista, es una imitación en roca.


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Iglesia de San Pedro Claver en Cartagena de Indias, construida en 1580 y reconstruida en el siglo XVII, tuvo distintos nombres (San Juan de Dios, más tarde San Ignacio de Loyola) hasta recibir el actual.
 
Los techos son abovedados y recibieron el bombardeo que sobre ellos desato el Almirante Vernon en 1741. El templo es de tres naves, el altar mayor de la principal tiene tres clase de mármol: rosado blanco y negro, y fue realizado en Génova por el escultor Italiano Vittorio   Montarsolo. En el centro de este se encuentra San Pedro Claver, con la mirada dirigida al cielo, en los lados hay dos grandes escudos, que pertenecen al Papa León XIII y al obispo Eugenio Biffi.


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Interior de la  iglesia de San Pedro Claver, Cartagena, Colombia

En las naves laterales encontramos las capillas del sagrado corazón, San Francisco Javier, San Ignacio, La inmaculada Concepción, Santo Cristo, San José, la Beata Mariana de Jesús y San Rafael.


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Cúpula iglesia de San Pedro Claver, Cartagena, Colombia

En el entresuelo del claustro se encuentra el aposento donde murió el Santo, con el piso de madera Original, muy deteriorada por el tiempo, y un museo de arte religioso. A la entrada vemos las campanas que anunciaron la libertad el 11 de noviembre de 1811, en el templo de San Francisco. En el patio existe un palo de caimito, con más de 200 años de existencia, y un aljibe con su antiguo brocal, sitio en donde Claver bautizaba a los esclavos africanos.


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En el lado de las calles de las rondas, la edificación del convento muestra un balcón corrido en el tercer piso, siendo considerado el de mayor longitud en Cartagena y sobre el se abren 17 puertas.

Tiene en el coro, un órgano de tubo, el cual fue regalado por el Papa León XVIII, en 1888 y los  barandales datan de 1794, su cúpula es obra del arquitecto francés Gastón Lelarge, que modifico la antigua, con figura de “media naranja” en 1921.


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Los restos del santo se encuentran reposando en una urna de metal dorado con cristales, desde 1889, en el altar mayor del santuario.


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En su altar mayor alberga las reliquias de San Pedro Claver. La Iglesia, majestuosa y llena de silencio, conduce al visitante hasta el altar mayor, en donde reposan las reliquias de san Pedro Claver cubiertas con preciosa vestidura. Para aquellos visitantes que conocen la vida y obra de este santo, el lugar es centro histórico de peregrinación. A él llegan muchos, tanto de Colombia como de otros países.


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Iglesia de San Pedro Claver en Cartagena de Indias. Colombia



Canonización


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Las virtudes de Pedro Claver fueron declaradas heroicas por la Iglesia católica el 24 de septiembre de 1747 y ese día se introdujo su causa de canonización. Fue beatificado el 16 de julio de 1850 por el papa Pío IX, y proclamado santo por el papa León XIII, el 15 de enero de 1888.[2] El 7 de julio de 1896 fue declarado patrono de las misiones entre los negros y, en 1985, defensor de los derechos humanos.

Los restos mortales de Pedro Claver se conservan en Cartagena, en el altar mayor de la Iglesia jesuítica que lleva su nombre, donde el papa Juan Pablo II lo honró, rezando ante ellos el 6 de julio de 1986.



Escultura de San Pedro Claver en Cartagena de India


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Escultura de San Pedro Claver en Cartagena de Indias (Colombia). Al conmemorarse en 1980 el cuarto centenario del nacimiento de San Pedro Claver, la Comunidad de los padres jesuitas de la ciudad quiso celebrar en forma muy solemne este aniversario. Especial entusiasmo mostró entonces el padre Ángel Valtierra, español como Claver, y quien había escrito varias biografías del santo. Reunidas con él algunas personas de la sociedad cartagenera, quisieron que uno de los actos conmemorativos fuera levantar un monumento al "Esclavo de los esclavos". Afirmaban ellos que en Cartagena, en donde se habían erigido tantos monumentos a los personajes más importantes de su historia, faltaba éste, dedicado al hombre que había entregado su vida al servicio de los esclavos, y que bien podía recibir el título de "Precursor en la defensa de los derechos humanos".

La petición se elevó ante el Congreso de la República. Los Honorables Parlamentarios acogieron con entusiasmo la idea, y el Presidente de Colombia de ese momento, que lo era el doctor Belisario Betancur, sancionó con su firma la ley 95, el 18 de noviembre de 1985.

Por diversas circunstancias, la voluntad de los legisladores no pudo llevarse a efecto por entonces. Pasados los años, hacia 1994, la idea renació en algunas personas admiradoras del santo, y el doctor Alberto Samudio de la Ossa la lideró. Con igual cariño el escultor Enrique Grau se entregó entonces a la tarea de concebir la obra artística y llevarla a feliz realización n. Generoso y consagrado adelantó su trabajo, hasta lograr la creación de una obra extraordinaria, que había de dignificar a Cartagena e inmortalizar la memoria de san Pedro Claver.

Quienes querían ver realizado este proyecto no desfallecieron ante las dificultades económicas. Algunas gestiones se hicieron para financiar la escultura, y por fin en el año de 1998 pudieron incorporarse en el Presupuesto General de la Nación los recursos necesarios para adelantarla, y así se dio término a la escultura.

Representa al santo en compañía de un esclavo, paseando por las calles de la ciudad. Por eso no tiene pedestal; está al nivel del suelo, como cualquiera de los hombres y mujeres que circulan por esas calles. Está hecha en bronce patinado y tiene una altura de 2.20 metros. Está en el centro histórico de la ciudad, en la plaza que lleva el nombre de Claver, frente al Santuario que fue su residencia.


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Detalle de la escultura de San Pedro Claver en Cartagena de Indias



Legado

La espiritualidad de Pedro Claver inspiró a otros para realizar obras signadas por el carisma que lo caracterizó. La beata María Teresa Ledóchowska (1863-1922), conocida como «madre de África», se entregó a la lucha contra la esclavitud en África. Fundadora de la revista «El Eco de África», organizó una imprenta con el fin de editar publi­caciones religiosas misioneras. León XIII la recibió en audien­cia en 1894 y apoyó su idea de fundar un institu­to misionero para luchar contra la escla­vitud en Africa, que sería el «Instituto San Pedro Claver». Así, María Teresa Ledóchowska es la fundadora de la congregación de las «Hermanas Misioneras de San Pedro Claver» (también llamadas «Hermanas Claverianas»). Después de su muerte, esta congregación iniciada en Europa se extendió por los restantes continentes: América (1928), Oceanía (Australia, 1929), África (1955), y Asia (India, 1972). Entre los países de habla hispana, la obra se propagó por España (Tv. Cano 10, Madrid), Argentina (Tronador 1851, Ciudad de Buenos Aires), Colombia, etc. María Teresa Ledóchowska fue beatificada por el papa Pablo VI el 19 de octubre de 1975 y su festividad se celebra el 6 de julio.


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San Pedro Claver.  Misionero y defensor de los derechos humanos. Son numerosos los casos que pueden mencionarse de la dedicación y generosidad heroica de Claver en el trato con los esclavos y pobres enfermos. Fue extraordinaria su dedicación en la asistencia a los leprosos y demás enfermos de los hospitales. Todo ello puede encontrarse en las diversas biografías del santo, principalmente en los libros publicados por el padre Ángel Valtierra S. J. Pueden adquirirse en inglés y en español a la entrada del Santuario.  



Referencias

 1. ↑ a b c d e f g Marques, Luis Carlos Luz (2000). «Pedro Claver». En Leonardi, C.; Riccardi, A.; Zarri, G. (en español). Diccionario de los Santos, volumen 2. España: San Pablo. pp. 1870-1871. ISBN 84-285-2259-6.  
 2. ↑ a b c d Pierre Suau (1907). «San Pedro Claver» (en español). Enciclopedia Católica (traducido del original, The Catholic Encyclopedia, Volume I. Consultado el 2 de septiembre de 2011.
 3. ↑ a b Camacho Sánchez, Miguel; Zabaleta, Alberto; Covo, Pedro C. (2007) (en español). Bibliografía general de Cartagena de Indias, Tomo II. Cartagena de Indias (Colombia): Ediciones Pluma de Mompox. pp. 453-454. ISBN 978-958-98103-3-0.  
 4. ↑ a b c d Martindale, C.C. (1949). «Pedro Claver». En Sheed, F.J. (en inglés). Saints are not Sad: Forty Biographical Portraits.. New York: Sheed & Ward.  



Notas

 1. ↑ En abundante bibliografía se menciona, sin embargo, el 21 de septiembre de 1851 como fecha de beatificación; ver, por ejemplo, Camacho Sánchez, Miguel; Zabaleta, Alberto; Covo, Pedro C. 2007. Bibliografía general de Cartagena de Indias, Tomo II. Cartagena de Indias (Colombia): Ediciones Pluma de Mompox, p. 453. ISBN 978-958-98103-3-0.
 2. ↑ El guardainfantes era un traje aparatoso, por el cual las señoras fieles a la moda lograban asemejarse a una mesa camilla.
 3. ↑ En bibliografía diversa de extracción cristiana se señala que Pedro Claver habría convertido el número de 300.000 esclavos.



Bibliografía

> José Fernández. Apostólica y penitente vida del V.P, Pedro Claver, de la Compañía de Jesús. Zaragoza: 1666. Nueva edición “refundida y acrecentada” por Juan María Solá, Barcelona: 1888.
> Ángel Valtierra. El esclavo de los esclavos. San Pedro Claver. Bogotá: 1954.
> Lamet, Pedro Miguel. Un cristiano protesta. Barcelona: 1980; Nueva edición con el título de Esclavo de esclavos, Bilbao: 1996. Y novela histórica titulada El esclavo blanco, Barcelona: 2002.
> Picón Salas, Mariano. Pedro Claver el santo de los esclavos. Fondo de Cultura Económica, México: 1950.



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Museo e Iglesia de San Pedro Claver. Cartagena de Indias, Colombia. En el amplio y tranquilo espacio del Museo donde pueden apreciarse valiosas obras de arte, pinturas y esculturas muchas de las cuales recuerdan la vida del Santo.

Más info del Claustro, Museo e Iglesia de San Pedro Claver Cartagena de Indias, enlace: http://www.cartagenainfo.com/sanpedroclaver/



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Pedro Claver Corberó conocido como San Pedro Claver, el esclavo de los esclavos, fue un misionero y sacerdote jesuita español (Verdú, Lérida, 1580 - Cartagena de Indias, Colombia, 1654). Pasó a la posteridad por su entrega a aliviar el sufrimiento de los esclavos del puerto negrero de Cartagena de Indias. Es el patrono de los esclavos.



Fuentes y agradecimientos: cartagenainfo.com, sitiosturisticosdecartagenadeind.blogspot.com, es.wikipedia.org, kalipedia.com, learnspanishabroad.org, cartagenainfo.com, decaminoa.blogspot.com, mincultura.gov.co, blog.travelpod.com, wheelmeon.org, flickr.com, preguntasantoral.esbiografiasyvidas.com, blog.travelpod.comcorazones.org, skyscrapercity.com y otras de Internet.
 




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