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El Gran Capitán (Gonzalo Fernández De Córdoba)
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Mensaje El Gran Capitán (Gonzalo Fernández De Córdoba) 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de héroes e ilustres españoles. Este cuadragésimo primer trabajo recopilatorio, está dedicado a Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán por su destreza en el arte de la guerra. Prestó grandes servicios a los Reyes Católicos, especialmente a la reina Isabel.

64767442wi5Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado El Gran Capitán; (Montilla, Córdoba, 1453 - Granada, 1515) Militar al servicio de los Reyes Católicos. Perteneciente a la casa de Aguilar, se formó a caballo entre la tradición guerrera de la frontera andaluza y la corte real castellana. En las Guerras de Granada (1480-92) empezó a practicar sus innovaciones tácticas, que superaban la guerra medieval de choque entre líneas de caballería por la mayor maniobrabilidad de una infantería mercenaria encuadrada en unidades sólidas; su habilidad para aprovechar todos los recursos, adaptando la táctica a las condiciones del momento (empleando, por ejemplo, espías para disponer de la ventaja de la información, o practicando una lucha de guerrillas en alguna de sus campañas), explica los éxitos de su carrera, que le convirtieron desde joven en el más destacado jefe militar de la monarquía castellano-aragonesa.

Los reyes le encomendaron varias embajadas para negociar con el rey Boabdil de Granada, con quien tenía relaciones de amistad. Los servicios que prestó durante aquella campaña fueron premiados con la encomienda de la Orden de Santiago, además de otras rentas y señoríos.

Completada la Reconquista con la capitulación de Granada (1492), Isabel y Fernando le emplearon en Italia, donde sostendrían una larga guerra disputando la hegemonía en la región contra Francia. La invasión francesa de Nápoles -reclamando la herencia de la Casa de Anjou- fue respondida con una campaña de dos años (1494-96) dirigida por Fernández de Córdoba, que derrotó a los franceses y repuso al monarca napolitano, perteneciente a la familia real aragonesa. Los éxitos de aquella guerra (como la toma de Reggio, Atella y Nápoles) le valieron el sobrenombre de Gran Capitán y el título de duque de Santángelo.

Regresó a España en 1498, pero pronto hubo de volver a Italia, al zanjar Francia y Aragón su disputa con el Tratado de Granada (1500), que repartía el reino de Nápoles en dos zonas: el norte para Francia y el sur para Aragón. El propio Fernández de Córdoba fue puesto al mando del ejército que ocupó Nápoles arrebatándole el Trono a la dinastía que había defendido cuatro años antes.

El expansionismo francés provocó además la reapertura del conflicto con España en 1502. Fernández de Córdoba, que se hallaba combatiendo a los turcos en Cefalonia, fue llamado nuevamente para dirigir las tropas españolas. Consciente de su inferioridad numérica frente al ejército francés, adoptó una estrategia defensiva, resistiendo el asedio enemigo en Barletta en espera de refuerzos; en cuanto éstos llegaron, salió a campo abierto, y derrotó a los franceses en las batallas de Ceriñola, Garellano y Gaeta (1503). Nápoles pasó así al dominio español, bajo el cual se mantendría hasta el siglo XVIII, quedando Gonzalo como gobernador del reino.

La muerte de la reina Isabel en 1504 marcó el inicio de la caída en desgracia del Gran Capitán. Su enfrentamiento con Fernando el Católico alcanzó un punto culminante a raíz del Tratado de Blois (1505), por el que el rey devolvió a la Corona francesa las tierras napolitanas que Fernández de Córdoba había expropiado a los príncipes de la Casa de Anjou y había repartido entre sus oficiales. En 1507 Fernando viajó a Nápoles para tomar posesión de su nuevo reino, momento en que cuenta la leyenda que exigió al Gran Capitán que rindiera cuentas de su gestión financiera; en todo caso, fue depuesto como gobernador de Nápoles, adonde nunca regresó a pesar de sus protestas.

Espero que la información recogida sea de vuestro interés.





Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados. Enlace: Indice de Grandes Biografías  




Resumen Biográfico:


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El Gran Capitán - Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar (Montilla, 1 de septiembre de 1453 – Granada, 2 de diciembre de 1515), noble, político y militar español, duque de Santangelo, de Terranova y de Sessa, llamado por su excelencia en el arte de la guerra el Gran Capitán.


Dedicación  

Militar español al servicio de los Reyes Católicos. Miembro de la nobleza andaluza (perteneciente a la Casa de Aguilar), hijo segundo del noble caballero don Pedro Fernández de Aguilar, quinto Señor de Aguilar de la Frontera y de Priego de Córdoba, que murió muy mozo, y de la noble dama doña Elvira de Herrera y Enríquez (biznieta del Infante don Fadrique Alfonso de Castilla a través de su madre Blanca Enríquez y Mendoza, hija del Almirante de Castilla (desde 1404) Fadrique Enríquez, casado hacia 1387 con Juana de Mendoza Domínguez "La Ricahembra", la hermana del Almirante castellano anterior).


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Busto del Gran Capitán en el Paseo de las Mercedes de Montilla. Córdoba


Formación

Gonzalo y su hermano mayor conocido como Alonso de Aguilar o Alfonso Fernández de Córdoba se criaron en Córdoba al cuidado del prudente y discreto caballero Don Pedro de Cárcamo. Siendo niño fue incorporado al servicio del príncipe Alfonso, hermanastro de la luego reina Isabel I de Castilla como paje y, a la muerte de éste, pasó al séquito de la princesa Isabel. La hermana de ambos cordobeses, conocida con el nombre de Leonor de Arellano y Fernández de Córdoba, casaría con Martín Fernández de Córdoba, Alcaide de Los Donceles.


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'El Gran Capitán recorriendo el campo de batalla de Ceriñol'a. Obra de Federico de Madrazo y Küntz. Museo del Prado.



Carrera militar


Formación


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Fiel a la causa isabelina, Gonzalo Fernández de Córdoba, inició la carrera militar que le correspondía a un segundón de la nobleza en la Guerra Civil Castellana y en la de Granada, donde sobresalió como soldado en el sitio de Tájara (plaza que también se conoce como castillo de Tajarja o torre de Tájara, situada en el actual pago de las Torres de Huétor-Tájar, Granada[1] ) y la conquista de Íllora: Espía y negociador, se hizo cargo de las últimas negociaciones con el monarca nazarí Boabdil para la rendición de la ciudad a principios de 1492.

En recompensa por sus destacados servicios, recibió una encomienda de la Orden de Santiago, el señorío de Órgiva, provincia de Granada, y determinadas rentas sobre la producción de la seda granadina, lo cual contribuyó a engrandecer su fortuna.


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Monumento a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en la Plaza de las Tendillas, en Córdoba


Primera expedición a Italia del Gran Capitán  

Antecedentes. En 1494 fallece el rey Fernando I de Nápoles, hijo de Alfonso V de Aragón, y es proclamado rey su hijo Alfonso II de Nápoles.

Carlos VIII de Francia, decide que, para reconquistar los santos lugares, (objetivo principal de muchos reyes coetáneos) debía conquistar los territorios de Italia. Para cubrirse las espaldas, firmó con el rey Fernando un tratado secreto, que, en las cláusulas difundidas, era una alianza contra los turcos, pero, en secreto, fue una alianza de amistad. Es decir, España no se interpondría a Francia en sus guerras salvo contra el Papa, lo mismo que haría Francia. Pero cuando Fernando descubrió las intenciones de Carlos VIII, actuó hábilmente, considerando a Nápoles un territorio infeudado al Papa, y por lo tanto, de su incumbencia. Fernando II de Aragón inicia una ofensiva diplomática para ayudar a su pariente, consiguiendo la aprobación del Papa de Roma y de Florencia, y la neutralidad de Venecia.


Preparativos

En 1495 se convoca a los puertos del Cantábrico y de Galicia para que aporten naves que debían concentrarse en Cartagena y Alicante, y ponerse a las órdenes de Galcerán de Requesens, conde de Trivento y general de las galeras de Sicilia.


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Se reúnen 60 naves y 20 leños, y embarcan 6.000 soldados de a pie y 700 jinetes. Gonzalo Fernández de Córdoba se pone al frente de la expedición.

Salen a la mar con mal tiempo, y el convoy se divide en dos. El grupo de vanguardia, el de Requesens, llega a Sicilia, donde espera en Mesina la llegada de los transportes con las tropas, que llegan el 24 de mayo.


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Busto del Gran Capitán que se puede ver en el Alcázar de los Reyes Cristianos



La campaña

Pasa la flota a Calabria, ocupando Regio de Calabria y los pueblos circundantes. El rey de Nápoles, Alfonso, es derrotado en Seminara. Mientras Fernández de Córdoba maniobra con gran habilidad y tiene varios éxitos entre los que se incluyen la larga marcha a Atella que le permitió llegar oportunamente a combatir, Requesens se presenta con sus galeras frente a la ciudad de Nápoles. El duque de Montpensier, lugarteniente de Carlos VIII, decide salir de las murallas de la ciudad para evitar el desembarco, y el pueblo de Nápoles, al ver salir a las tropas francesas, se subleva, teniendo que refugiarse los pocos franceses que quedaban en los castillos Nuevo y del Huevo. Aparece una flota francesa con 2.000 hombres de refuerzo, pero decide no enfrentarse a Requesens y desembarca a su gente en Liorna. Montpensier se ve obligado a retirarse hacia Salerno y Nápoles cae en poder de los españoles.

Fallece el rey Alfonso de Nápoles y le sucede su tío Don Fadrique.

Quedan en manos francesas Gaeta y Tarento. Requesens organiza dos escuadras, una con cuatro carracas y cinco naos que bloquea Gaeta, y otra con cuatro naos, una carabela y dos galeras para guardar la costa e interceptar socorros a los franceses. Esta última apresó una nave genovesa con 300 soldados y cargamento de harina.

Los venecianos cooperaban vigilando los puertos de Génova y Provenza.


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El Gran Capitán ante el Papa Alejandro VI. 1778. Zacarías González Velázquez. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid

En las filas francesas se declara la peste, de la que fallece Montpensier con muchos de sus soldados. Gaeta se ve obligada a capitular, pudiendo llevarse los franceses todas sus pertenencias. Embarcan hacia Francia, pero un furioso temporal hunde sus naves.

Una vez asegurado el reino de Nápoles para Don Fadrique, reúne a sus tropas con intención de disolverlas, pero el Papa le pide que le ayude. Un tal Menaldo Guerra, corsario vizcaíno se había apoderado de Ostia y su castillo bajo bandera francesa, cerrando el Tíber y sometiendo a contribución a Roma. Las tropas españolas atacan y toman Ostia y su castillo, y el Papa Alejandro VI concede a Fernández de Córdoba la Rosa de Oro.

Después de tres años de campaña, en 1498 regresan a España las tropas españolas, dejando el reino de Nápoles en manos de Don Fadrique.

En esta campaña Gonzalo Fernández de Córdoba gana su sobrenombre de El Gran Capitán y el título de Duque de Santángelo


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Estatua del Gran Capitán, monumento a los Reyes Católicos en Madrid (M. Oms, 1883).


Segunda expedición a Italia  


Acuerdo con Francia. Fernando II de Aragón y Luis XII de Francia firman en 1500 un tratado reservado (el Tratado de Chambord-Granada) repartiéndose el reino de Nápoles, adjudicando al francés las provincias de Labor y los Abruzos, con los títulos de rey de Nápoles y de Jerusalén y el español el resto, con el título de duque de Apulia y de Calabria.


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Fernando el Católico

Coincide el acuerdo reservado con una petición de ayuda de Venecia, cuya plaza de Modón, en el Peloponeso (Grecia), está siendo atacada por los turcos.

Por parte española se prepara en Málaga una armada de 60 velas que transporta 8.000 hombres de infantería y caballería, que manda Gonzalo Fernández de Córdoba como capitán general de mar y tierra.

Llegan las naves a Mesina, después de una penosa travesía, pues llegó a escasear el agua, muriendo algunos hombres y muchos caballos. En Mesina se unen a la expedición unos 2.000 soldados españoles que se habían quedado en Italia en la expedición anterior, y varias naves vizcaínas, entre las que es de suponer que estaba la de Pedro Navarro.

El 27 de septiembre se hacen a la mar, llegando el 2 de octubre a tiempo para socorrer Candía. Se une a la expedición la flota veneciana y dos carracas francesas con 800 hombres. Acuerdan tomar Cefalonia, comenzando el asedio a la isla el 8 de noviembre y terminando el 24 de diciembre con la conquista de la fortaleza de San Jorge. Vuelven a Sicilia con muchas penalidades y algunos motines debido a la escasez.

En 1501 el Papa hace público el acuerdo secreto entre Francia y España, y los franceses ocupan su parte con 20.000 hombres, encontrando resistencia sólo en Capua.

El rey de España ordena al Gran Capitán ocupar su parte, pero en Tarento encuentra resistencia a su avance. La plaza está bien fortificada y defendida, por lo que se establece el sitio terrestre y el bloqueo naval, apresando Juan de Lezcano una nave con artillería y municiones para la plaza.

Ante la imposibilidad de hacerlo por mar, debido a las fuertes defensas, se pasan por tierra 20 carabelas a la bahía interior de Tarento, y se ataca a la plaza por donde no tenía defensas. Así, en 1502, Tarento se rinde al Gran Capitán, con lo que españoles y franceses han ocupado cada uno su parte del reino de Nápoles.


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Los Reyes Católicos


Se rompe el acuerdo

Desde el principio se produjeron roces entre españoles y franceses por el reparto de Nápoles, que desembocaron en la reapertura de las hostilidades. La superioridad numérica francesa obligó a Fernández de Córdoba a utilizar su genio como estratega, concentrándose en la defensa de plazas fuertes a la espera de refuerzos.

El Gran Capitán derrotó en la batalla de Ceriñola al ejército mandado por el duque de Nemours, que murió en el combate (1503), y se apoderó de todo el reino. Mando Luis XII un nuevo ejército, que fue igualmente vencido a orillas del Garellano (28–29 de diciembre de 1503), y los franceses tuvieron que rendir la plaza fuerte de Gaeta y dejar libre el campo a los españoles.


La Batalla de Ceriñola


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El Gran Capitán en la Batalla de Ceriñola

...Corría el año 1.503. Ceriñola estaba situada en una eminencia del terreno, plantada de viñas y ceñida por un barranco. Gonzalo Fernández de Córdoba mandó preparar el terreno para obstaculizar la acción de los franceses, y se dispuso para el combate, colocando en su derecha a la veterana infantería, mandada por Pizarro, padre de Francisco el conquistador de Perú.

En el centro colocó a los piqueros alemanes, y a la izquierda la caballería pesada con Diego García de Paredes. La ligera la colocó delante para atraer a los contrarios. Cuatro piezas de artillería dirigidas por Pedro Navarro las emplazó tras un parapeto levantado expresamente.

Pronto iniciaron los franceses el combate, atacando Nemours por su derecha. La carga de caballería fue rechazada por la artillería, pero no pudo evitar que al realizar el fuego se incendiase el polvorín.

Este suceso, que consternó a los españoles, lo aprovechó Gonzalo para gritarles con entusiasmo: ¡Ánimo, compañeros, esas son las luminarias de la victoria!


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El Gran Capitán recorriendo el campo de batalla de Ceriñola. Museo del Prado

Observado el incendio por Nemours, se lanzó nuevamente al ataque, siendo nuevamente rechazada su caballería. Entonces el francés decidió atacar de flanco, pero los arcabuceros españoles actuaron con tal precisión, que incluso le costó la vida a Nemours, que falleció en el intento.

Es nombrado para el mando francés el suizo Chandieu, que atacando por el centro no pudo abrirse paso entre las picas alemanas, siendo sus flancos machacados por los arcabuceros españoles. También Chandieu muere en el combate, lo que obliga a su tropa a retirarse. El Gran Capitán, comprendiendo le ha llegado el momento de completar la victoria, sale con todo su ejército de las trincheras, y en un ataque general arrolla cuando encuentra a su paso.

Inmediatamente conseguida la victoria, Gonzalo se dirigió a Nápoles, cuya ciudad le abrió las puertas una vez que el Gran Capitán se había apoderado de los fuertes que la protegían.

Después de la batalla de Ceriñola, en abril de 1.503, el Papa Alejandro VI, viendo que los franceses se hallaban en mala situación, inició negociaciones con los españoles, dispuesto a preparar una expedición hispano-pontificia que recorriera la Italia del norte y del centro. Aunque las negociaciones llegaron a buen término, no ocurrió lo mismo con la expedición, que hubo de suspenderse ante la repentina muerte del Papa, en agosto de 1.503.


Virrey de Nápoles

0elgrancapitn14531515ec7Terminada la guerra, Fernández de Córdoba gobernó como virrey en Nápoles durante cuatro años, con toda la autoridad de un soberano. Fue instrumental en el envío a España como prisionero en 1504 de César Borgia , hijo del Papa español Alejandro VI (Rodrigo Borgia), que había sido envenenado en 1503, para su custodia en Chinchilla.

Pero al escapar éste en 1506 a Navarra y pasar de haber sido Obispo de Pamplona en su infancia gracias a su padre , a ser ahora Condestable de Navarra por su cuñado el Rey Consorte navarro Juan III de Albret, marido de la Reina Titular de Navarra Catalina I, quienes luchaban por evitar la absorción de su pequeño reino por una coalición navarra - catellano - aragonesa , César Borgia perdería la vida en la Batalla de Viana en Marzo de 1507. Los beamonteses navarros verían más de un 80% del territorio del reino incorporado a los dominios de Fernando II de Aragón y de su nueva y joven esposa Germana de Foix en 1512 tal como propugnaban y en el interregno 1516 - 1520 a los de su nieto Carlos I de España con la actual Navarra como Virreinato de Navarra.

Un importante miembro del Consejo Real de Juan III de Albret, colega de César Borgia, fue precisamente el padre del luego famoso Jesuita San Francisco Javier, enviado por el Fundador de la Orden San Ignacio de Loyola a India y Japón para evangelizar por los privilegios papales concedidos a los portugueses e implementados en la Cancillería para Asuntos de Oriente en Lisboa del Rey Juan III de Portugal "El Piadoso".


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Muerta ya Isabel la Católica, se hizo el Rey Fernando el Católico eco de los envidiosos del general y, temeroso de que se hiciese independiente, le quitó el mando, y aunque no está demostrado que le pidiese cuentas; Gonzalo, para justificar que lo que se decía de él no era cierto, presentó unas cuentas (que se conservan en el Archivo General de Simancas) con tal detalle, que han quedado como ejemplo de meticulosidad en la lengua popular. Si es cierto, en cambio, que no cumplió a tan ilustre caudillo los ofrecimientos que le había hecho, pese a sus deseos de volver a Italia. Gonzalo entonces, se retiró a Loja, donde murió en 1515.

El Gran capitán fue un genio militar excepcionalmente dotado, que por primera vez manejó combinadamente la infantería, la caballería, y la artillería aprovechándose del apoyo naval. Supo mover hábilmente a sus tropas y llevar al enemigo al terreno que había elegido como más favorable. Revolucionó la técnica militar mediante la reorganización de la infantería en coronelías (embrión de los futuros tercios). Idolatrado por sus soldados y admirado por todos, tuvo en su popularidad su mayor enemigo.


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Capitel de mármol. Obra de arte califal. Segunda mitad del siglo X. Procedente de la casa solariega del Gran Capitán en Córdoba (España). Se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid). Cesto decorado con flores, hojas y un pájaro. Volutas formadas por cabezas de leones.


La reforma militar del Gran Capitán

La combinación de las operaciones de combate permitió a Gonzalo Fernández de Córdoba, en el transcurso de las guerras de Italia, introducir varias reformas sucesivas en el ejército español, que desembocaron en el Tercio. La primera reorganización fue en 1503. Gonzalo creó la división con dos coronelías de 6.000 infantes cada una, 800 hombres de armas, 800 caballos ligeros y 22 cañones. El general tenía en sus manos todos los medios para llevar el combate hasta la decisión. Gonzalo de Córdoba dio el predominio a la infantería, que es capaz de maniobrar en toda clase de terrenos. Dobló la proporción de arcabuceros, uno por cada cinco infantes, y armó con espadas cortas y lanzas arrojadizas a dos infantes de cada cinco, encargados de deslizarse entre las largas picas de los batallones de esguízaros suizos y lasquenetes y herir al adversario en el vientre.


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Isabel la Católica la gran valedora del Gran Capitán

Puso en práctica, además, un escalonamiento en profundidad, en tres líneas sucesivas, para tener una reserva y una posibilidad suplementaria de maniobra. Gonzalo Fernández de Córdoba facilitó el paso de la columna de viaje al orden de combate fraccionando los batallones en compañías, cada una de las cuales se colocaba a la altura y a la derecha de la que le precedía, con lo que se lograba fácilmente la formación de combate. Adiestró a sus hombres mediante una disciplina rigurosa y formó su moral despertando en ellos el orgullo de cuerpo, la dignidad personal, el sentido del honor nacional y el interés religioso. Hizo de la infantería española aquel ejército formidable del que decían los franceses después de haber luchado contra él, que «no habían combatido con hombres sino con diablos».


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Estatua orante del Gran Capitán


Cuentas del Gran Capitán

Aunque puede que no sea más que una leyenda, se cuenta que el rey Fernando el Católico pidió a don Gonzalo cuentas de en qué había gastado el dinero de su reino. Esto habría sido visto por éste como un insulto. De la respuesta hay varias versiones, la más común diría:

Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

Cierta la anécdota o no, la expresión las cuentas del Gran Capitán han quedado como frase hecha para una relación poco pormenorizada o para una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho.

De su matrimonio con María Manrique de Lara y Espinosa, tuvo una hija y única heredera, pues una hija anteriormente había sido asesinada por un consejero de la corte, ya que era su hijo al haber mantenido relaciones sexuales con María Manrique.


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Detalle de la cabecera de iglesia de San Jerónimo (monasterio), en Granada, España. Cornisa de ovas y dardos. En la inscripción se lee: GONZALO FERDINANDO CORDUBA: MAGNO HISPANORUM DUCI GALLORUM ACTURCARUM TERROR. FORTITUDO. INDUSTRIA.



Bibliografía

Rafael Arce Jiménez y Lourdes Belmonte Sánchez: El Gran Capitán: repertorio bibliográfico, Biblioteca Manuel Ruiz Luque, 2000, ISBN 84-89619-45-X
Cesáreo Fernández Duro: Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval, Madrid, 1972.
Antonio L. Martín Gómez: El Gran Capitán. Las Campañas del Duque de Terranova y Santángelo, 2000, ISBN 84-930713-1-5 (sobre las campañas de Italia).
José Enrique Ruiz-Domènec: El Gran Capitán. Retrato de una época, 2002, ISBN 84-8307-460-5 (biografía)
José María Sánchez de Toca y Fernando Laínez Martínez: El Gran Capitán: Gonzalo Fernández de Córdoba, 2008, Editorial EDAF, Madrid, ISBN 978-84-414-2002-1 (obra de divulgación).
José Antonio Vaca de Osma: El Gran Capitán, 1998, ISBN 84-239-9920-3 (biografía).

Novela. Granados, Juan, El Gran Capitán, Novela Histórica, Edhasa, 2006, ISBN 84-350-6126-4 (vid noticia sobre la presentación).


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Libro recomendable



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Monumento al Gran Capitán (1923), por Mateo Inurria, en Córdoba



Monasterio de San Jerónimo de Granada


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El Monasterio de San Jerónimo de Granada, es un una obra arquitectónica del Renacimiento formada por iglesia y monasterio situada en Granada, España. Su fundación, anterior a la toma de la ciudad, se debe a los Reyes Católicos. En seguida se desplazó de Santa Fe a Granada, y fue en 1504 cuando se empezó a construir el conjunto actual. El Templo fue el primero en todo el mundo en consagrarse a la Inmaculada Concepción de María.


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La obra del Monasterio de San Jerónimo de Granada se debe en su mayoría a Diego de Siloé, aunque participaron en su construcción otros arquitectos y artistas, como Jacobo Florentino, Juan de Aragón, Vázquez el Mozo, Pedro de Orea y Pablo de Rojas, los tres últimos de la Escuela Granadina. La iglesia, de planta de cruz latina, responde a los condicionantes de las iglesias de la orden jerónima, con coro elevado en los pies y altar tras una amplia escalinata.


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Es destacable el retablo manierista de la Capilla Mayor, que supone el punto de partida de la escultura andaluza con entidad propia, y en donde es capital la intervención del Maestro Pablo de Rojas. La rica decoración renacentista del interior, con casetones, veneras y grupos escultóricos, es un canto de cisne del humanismo en España.


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Retablo renacentista de la Iglesia del Monasterio de San Jerónimo. Granada


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Tumba de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Monasterio de San Jerónimo de Granada. Los restos del Gran Capitán no están en el lugar que se creía. El cuerpo que hay en un monasterio de Granada no es el del militar. Su tumba pudo ser expoliada durante la Guerra de la Independencia. Según estudio realizado por el Instituto Andaluz de Patrimonio en 2005.

El programa iconográfico fue estudiado con el fin de resaltar las grandezas militares y la heroicidad del Gran Capitán, que se halla enterrado en el crucero junto a su esposa, Doña Maria de Manrique.

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Vista de uno de los claustro del Monasterio de San Jerónimo. Granada

A principio del año 2004 comenzaron unas obras de restauración del retablo mayor por el Ministerio de Cultura, el cuál estuvo tapado por un toldo que tenía grabada una fotografía de dicho retablo. Una vez concluidas las restauraciones (Marzo 2005), se retiró el toldo que cubría el Retablo Mayor.



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Monumento a Isabel I La Católica (1451–1504). Erigido en Madrid en 1883. En bronce por Manuel Oms Canet (Barcelona 1843–1886). La Reina es guiada por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán su caballero de confianza.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo dedicado a Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán por su buena reputación en el arte de la guerra. Prestó grandes servicios a lEspaña en la época de los Reyes Católicos. También espero haber contribuido con esta recopilación, en la divulgación histórica de este gran militar.



Fuentes y agradecimientos: wikipedia, biografiasyvidas, fuenterrebollo, ciudadpintura, artehistoria, es.geocitie, cvcervantes, patrimonionacional, montillaurbium y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

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Mensaje Re: El Gran Capitán (Gonzalo Fernández De Córdoba) 
 
Hace ya tres meses -se me olvidó agregarlo a esta página- Bernardino Mendoza me hizo llegar este mensaje:

¡¡ Por fín tenemos el libro dedicado a "El Gran Capitán'!!, ya está editado y a la venta, por ahora sólo a través de internet en la página oficial de la editorial pero esperamos que pronto llegue a las librerías. Aún no se ha hecho la presentación oficial del libro, la estamos tramitando y posiblemente hagamos varias presentaciones, dos o tres en Madrid y estamos tratando de hacer otras en Zaragoza, Barcelona y Valencia.


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Portada del libro ...Y cien millones de ducados
 
Éste es el enlace a la página de la editorial donde se encuentra nuestro libro:
http://www.gallandbooks.com/index.p...chk=1&Itemid=41



 
 
Saludos
 




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Mensaje Re: El Gran Capitán (Gonzalo Fernández De Córdoba) 
 
El CNI descifra las cartas secretas entre Fernando el Católico y el Gran Capitán durante la campaña de Nápoles

El código cifrado para ocultar su contenido ha preservado el secreto durante más de 500 años



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Una de las cartas cuyo contenido ha sido descifrado más de 500 años después. / Ismael Herrero - EFE

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha logrado descifrar el contenido de las cartas encriptadas que se enviaron en 1502 y 1503 el rey Fernando el Católico y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, durante la batalla de Nápoles (Italia), en las que usaban un código secreto compuesto por más de 200 símbolos, cuyo contenido ha permanecido oculto durante más de 500 años por la complejidad del código.

Las cuatro cartas que han sido desencriptadas pertenecen al archivo familiar de los duques de Maqueda, quienes hicieron un préstamo al Museo del Ejército de Toledo para que formaran parte de la exposición que esta institución organizó en 2015 dedicada a la figura del militar, según ha informado en rueda de prensa el secretario general técnico del Museo del Ejército, Jesús Ansón Soro.

Estas misivas, que se escribieron durante la campaña en Nápoles, "sorprenden por lo minucioso y detallado" de las instrucciones que el rey Fernando el Católico daba al Gran Capitán y que versaban sobre cuestiones tan dispares como el envío de tropas, cómo administrar la justicia y la recaudación y gestión de tributos. O, incluso, defendía que se debía impulsar el matrimonio entre las viudas del lugar y los militares españoles para que hubiera mayor integración social.


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Busto de Gonzalo Fernández de Córdoba. / Ismael Herrero - EFE

En la redacción de estas cartas encriptadas se utilizaban más de 200 símbolos, que no corresponden a letras actuales, sino que son caracteres figurativos como triángulos, rayas y números. En ocasiones, uno de estos símbolos correspondía a una letra, en otras a otra letra o a una palabra entera o no significaban nada. Además, los signos se escribían sin separar por palabras o frases, para complicar el descifrado.

Ansón Soro ha señalado que el descifrado de estas cartas, una noticia adelantada por el diario Abc, se ha visto facilitado porque en una de las cartas estaba escrita una parte del texto desencriptado y aportó las claves para poder traducir el lenguaje cifrado.


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Fernando el Católico.

También ha explicado que el secreto en las comunicaciones, tanto hace cinco siglos como hoy, han sido y son "necesarias y fundamentales" y ha elogiado el mérito de que este sistema de cifrado haya permanecido sin esclarecer todo este tiempo y que el CNI haya logrado "descifrar y desencriptar estos documentos".

"En la situación histórica de aquel momento, en la guerra de Nápoles, que afectaba principalmente a Francia y España, pero también al Imperio Germánico, los Estados Pontificios, el Imperio otomano y las Ciudades Estado Italianas, era fundamental mantener el secreto en las negociaciones en las estrategias militares e incluso en las traiciones. Y cualquier descuido en un punto podía dar al traste en las estrategias", ha señalado Ansón Soro.
La relación epistolar entre el rey Fernando el Católico y el Gran Capitán era continua, ya que en esa época se podían tardar quince días en cubrir la distancia entre España y Nápoles, por lo que a raíz del descifrado de estas cuatro cartas se podrá conocer el contenido de muchos más documentos que están en diversos archivos.


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Una de las cartas cifradas. / Ismael Herrero - EFE

Ansón ha destacado, a preguntas de los medios, que alguna de las cartas son de Fernando el Católico al Gran Capitán, otras son contestaciones del Gran Capitán, otras son autorizaciones de negociaciones de Fernando a Felipe el Hermoso y hay otra que es una misiva manuscrita por el propio Fernando al Gran Capitán.

Entre estas cuatro cartas se encuentran misivas dirigidas del rey al militar y las respuestas de este, así como "una sorprendente carta manuscrita" de Fernando el Católico al Gran Capitán, un documento "único con un valor documental tremendo", ya que, según ha explicado Ansón Soro, los monarcas no solían mandar cartas escritas de su puño y letra.

Las cartas, que han tardado seis meses en ser descifradas por el CNI, incluyen "mensajes claros" sobre el contexto histórico al que pertenecen, y de ellas también se desprende que, aunque la relación entre los dos personajes históricos "fue convulsa", el Gran Capitán "mostró siempre lealtad y obediencia".


elpais.com
 




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Mensaje Re: El Gran Capitán (Gonzalo Fernández De Córdoba) 
 
Las cartas de Fernando el Católico al Gran Capitán, desencriptadas



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Fernando el Católico retratado por el pintor Joaquín Domínguez.

Dos semanas y un poco más tardaban en llegar las cartas desde la corte itinerante de Castilla y Aragón hasta Nápoles, sede del virreinato español en el sur de Italia. 15 días nos parecen hoy una eternidad pero hace 510 años eran la medida de un canal de inteligencia eficiente y sofisticado, tan bien diseñado que hasta ahora, sus códigos no han podido ser descifrados.

Hasta hoy mismo. El Museo del Ejército de Toledo ha presentado esta mañana el desencriptado de la correspondencia entre el rey Fernando y su virrey, Gonzalo Fernández de Córdoba. Su objeto de trabajo son cuatro cartas extensas, algunas de hasta 20 hojas, pertenecientes al archivo de los duques de Maqueda y escritas con caracteres que hasta ahora eran indescifrables: rayones, triángulos, dibujos que parecen tomados de otros alfabetos... Hasta 200 caracteres inventaron los servicios de inteligencia de la época para encriptar sus mensajes.
 
En otoño de 2015, el Museo del Ejército presentó una exposición dedicada al Gran Capitán, que incluía las misteriosas cartas. Una delegación del Centro Nacional de Inteligencia visitó la muestra y sus responsables se ofrecieron a trabajar con ellas. Y, como en las películas, bastó un fragmento ya descifrado y transcrito por sus autores para ir deshilvanando el embrollo.

¿Qué es lo que se descubrió? Jesús Ansón Soro, secretario general técnico del Museo del Ejército, explicó que las cartas están llenas de informes e instrucciones muy minuciosos que explican y definen el trabajo del virreinato: maniobras diplomáticas, estrategias militares, nombramientos y políticas para la administración de la justicia y la Hacienda, regulaciones mercantiles (por ejemplo, para la distribución de la sal) y medidas de 'relaciones públicas'.

El Rey Fernando, entre otras cosas , recomendaba a Gonzalo Fernández de Córdoba que mandara casar a sus soldados con viudas napolitanas para arraigarlos con la población local. Además, decidía sobre algunos de los presos notables en manos de los españoles y aconsejaba atraerlos a su causa.


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Escultura ecuestre del Gran capitán en Córdoba.


Luis XII, el gran rival

¿Por qué el encriptado? Porque en 1505, como en 2018, las intercepciones de información confidencial se habían convertido en un problema para un país nuevo que había nacido con vocación de imperio. El Gran Capitán estaba entonces en Nápoles, en el Reino que ya había conquistado en 1495, para defender los intereses de España de la hostilidad del Reino de Francia.

Luis XII era el gran rival, pero, alrededor, otras potencias como el Sacro Imperio Romano, los Estados Pontificios, el Imperio Otomano y las ciudades estado del norte de Italia, conspiraban en torno a la guerra.

"La relación entre el Rey Fernando y el Gran Capitán fue siempre complicada. Las instrucciones de Fernando que vemos en estas cartas son excesivamente detalladas. Sin embargo, El Gran Capitán siempre contesta con corrección y lealtad. Pese a ello, terminó en Loja, "casi desterrado", explicaba esta mañana Ansón Soro, mostrando un fleco fascinante en esta historia: el rey Fernando era un comandante obsesivo, quizá celoso de los éxitos de su capitán, triunfador sobre los franceses y los turcos en varias ocasiones.

También tuvo éxito en la época de las cartas de la colección de los duques de Maqueda, ya que el virreinato español en Italia se consolidó. Después, volvió a España, vagó por la corte durante un año y acabó en Granada, lejos de la acción militar que se había trasladado a Argelia.


elmundo.es
 




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