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Catedral De Notre-Dame (París)
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Mensaje Re: Catedral De Notre-Dame (París) 
 
El hombre que debe reconstruir Notre Dame

Phillippe Villeneuve, arquitecto jefe de los Monumentos Históricos, está al frente de las obras de estabilización y recuperación de la catedral incendiada hace tres meses



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Trabajadores en las obras de restauración de Notre Dame, hoy miércoles 24 de julio. En vídeo, declaraciones del arquitecto Philippe Villeneuve. RAFAEL YAGHOBZADEH - EFE | Reuters

En la pizarra de la sala de reuniones creada en uno de los contenedores que albergan las improvisadas oficinas de los arquitectos y obreros de Notre Dame, sigue marcado el calendario de tareas de los primeros días tras el desastre, junto a un dibujo de la estructura de la catedral gótica parisina. Es el primer esquema que hizo Philippe Villeneuve nada más realizar, como arquitecto jefe de los Monumentos Históricos de Francia, el diagnóstico inicial de la situación, cuando Notre Dame era aún una mole ennegrecida por el humo del fuego que por poco no la destruyó por completo. Aunque solo habían pasado unas horas desde el devastador incendio que arrasó, la noche del 15 de abril, buena parte del templo gótico en el corazón de París, en esos trazos rápidos Villeneuve ya perfiló las obras principales de apuntalamiento que, casi tres meses y medio después, todavía siguen en marcha. Y que, pese al ritmo acelerado que se mantiene, continuarán todavía unos cuantos meses, quizás hasta diciembre. Mientras no haya concluido la fase de protección y todo esté bien asegurado, Villeneuve dice que no podrá volver a dormir tranquilo, como no lo ha hecho desde el incendio. "Las bóvedas pueden derrumbarse aún. Todavía pueden pasar cosas", comenta mientras lanza una mirada inquieta a la gran obra en que se ha convertido, otra vez, la catedral construida hace ocho siglos.

Pese a la ola de calor que azota París estos días, al igual que en buena parte de Europa, las obras continúan en la isla de la Cité, la antigua Lutecia, el corazón de la capital francesa. Las altas temperaturas son una preocupación más a añadir a la larga lista de desvelos que acumula Villeneuve desde el 15 de abril. "Me preocupa mucho, porque la catedral ha sufrido por el fuego, y después por el agua de los bomberos. La mampostería no se ha movido, los sensores no han detectado ningún movimiento. Pero mi angustia es que las juntas de mampostería, a fuerza de secarse, pierdan su cohesión y su calidad estructural y ¡paf! puedan caerse. Tenemos que permanecer muy vigilantes", dice mientras muestra a un reducido grupo de periodistas extranjeros las zonas de obra en el exterior del templo.

Unos 60 obreros trabajan cada día para reforzar los arbotantes y los pilares, entre cientos de otras tareas, mientras hasta seis robots teledirigidos se adentran en las zonas de la catedral como el crucero, donde el riesgo de nuevos hundimientos es todavía demasiado alto como para encargar a humanos la limpieza y recuperación de los escombros. El trabajo es intenso pero lento, porque debe ser minucioso. "No es como si recogiéramos los restos con una pala y los tiráramos", señala Villeneuve, responsable de la catedral desde 2013. Por un lado, "porque se trata de restos arqueológicos. Y por otro, porque a la policía le interesan para averiguar qué causó el fuego", cuyo origen sigue siendo desconocido, aunque se haya descartado una intencionalidad criminal.

Cada conjunto de escombros recuperado es minuciosamente limpiado, catalogado y almacenado en una de las tiendas instaladas en la plaza de la fachada principal de Notre Dame, allí donde antes se extendían las interminables colas para visitar uno de los monumentos más populares de París, de Francia y del mundo. Una imagen que tardará aún tiempo en repetirse. El presidente francés, Emmanuel Macron, quiere que Notre Dame reabra en cinco años. ¿Es factible? Villeneuve se encoge de hombros. "Cinco años no dan para restaurar toda la catedral", responde tras una pausa y recuerda que aun antes del incendio, los planes para renovar solo la cabecera de la catedral "iban a durar 10 años". Lo que sí se puede lograr en ese tiempo es "cerrar las bóvedas y limpiar y descontaminar el interior. También tendremos una cobertura, una estructura sobre la catedral. Ahora bien, ¿tendremos también ya una aguja? No lo sé", dice en referencia a uno de los símbolos de una polémica cuya resolución, subraya, no está en sus manos: ¿reconstruir fielmente la catedral o innovar?


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Un obrero trabaja en la reconstrucción de Notre Dame, hoy, en París. RAFAEL YAGHOBZADEH - AFP

Esa decisión la tomarán las autoridades, desde el Ministerio de Cultura al propio presidente Macron, conforme a las opciones que Villeneuve y su equipo deberán presentarles, explicando las "ventajas y desventajas" de cada posibilidad.
Pero aunque la última palabra sobre el proyecto no saldrá de su boca, sí estará en sus manos la consecución de toda la obra. Un "triste privilegio", señala abatido este arquitecto de 56 años y "apasionado desde niño" por las iglesias, en cuyas bóvedas se perdía ya su mirada cuando sus padres le llevaban a misa en su ciudad natal, Boulogne-Billancourt, en las afueras de París.

"Es una ocasión de hacer una obra única. Eso lo sé. Pero me habría gustado que no hubiera que hacerla", resume la tarea que tiene ante sí. "Tengo la impresión de todo lo que he hecho hasta ahora fue una preparación para esto y que debo ser el mejor, tengo que estar a la altura de los constructores de antaño y de mis predecesores". Eso sí, asegura, no dejará "una firma" que lo inmortalice como el arquitecto que reconstruyó Notre Dame. El significado de la catedral, dice, es demasiado grande para gestos pequeños como ese. Al fin y al cabo, hablamos de "Notre Dame de París, un símbolo histórico, un lugar de culto para muchas personas, también un monumento nacional, mundial, patrimonio de la humanidad. Hay una responsabilidad grande. El monumento pasa por delante de la firma del arquitecto".
 

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Estatuas y restos de Notre Dame, acumulados en el suelo delante de la catedral, durante los primeros trabajos de reconstrucción. RAFAEL YAGHOBZADEH - AFP


"No estamos en Chernóbil”

Philippe Villeneuve hace un gesto de fastidio cuando oye la palabra plomo. Y la oye mucho estos últimos días y semanas. Desde que a primeros de junio se revelara que un niño residente en los alrededores de Notre Dame presentaba niveles de plomo en la sangre más elevados de lo recomendable después del incendio de la catedral, la alarma no ha bajado a pesar de que el ayuntamiento y la prefectura han asegurado que no hay peligro y que no se ha dado una cascada de casos.

Tanto él como todos los que están en la obra están diariamente expuestos a partículas de plomo —pese a que llevan mascarillas, guantes y monos desechables— y ninguno ha superado ni de lejos los niveles establecidos por ley, asegura. “Para enfermarse, habría que lamer el suelo” del patio de Notre Dame, ironiza Villeneuve, para quien el alarmismo resulta “un tanto caricaturesco”. “No estamos en Chernóbil”, zanja.


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Mensaje Re: Catedral De Notre-Dame (París) 
 
Suspendidas las obras en Notre Dame

La prefectura de París ordena una paralización "de unos días" para revisar los protocolos de protección de los trabajadores frente al plomo



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Un obrero de Notre Dame limpia unos restos de la catedral el pasado miércoles. / REUTERS

Notre Dame amaneció este viernes inusualmente silenciosa. Ni grúas ni ruidos de obra ni movimiento constante de obreros. Todos los trabajos de protección y recuperación de los restos de la catedral gótica incendiada hace tres meses y medio han sido paralizados “por unos días”. Son órdenes de la prefectura responsable de París, preocupada por que los trabajadores no estén siguiendo rigurosamente los protocolos para evitar una exposición elevada al plomo que todavía infesta los alrededores.

Para entrar en el perímetro de obra de Notre Dame, rodeada desde el incendio del 15 de abril de un muro que impide el acceso a quien no esté debidamente acreditado, hay que pasar por una pequeña instalación con agua para descontaminar los zapatos, operación que se debe realizar también antes de volver a salir a la calle. Las oficinas de los arquitectos y trabajadores están situadas en unos contenedores colocados en la zona posterior a la catedral, sobre una plataforma de hormigón, en un espacio ya descontaminado y por el que está permitido caminar sin protección. Algo que cambia en cuanto se accede a las inmediaciones del templo. Para ello, es obligatorio usar zapatos de obra, portar un mono desechable y guantes y casco de obra. En el caso de los obreros, se añade una mascarilla.

“Tomamos enormes precauciones en la obra para garantizar ante todo la salud de los obreros y de todos los que están permanentemente en la zona”, aseguraba este mismo miércoles el arquitecto jefe de Notre Dame, Philippe Villeneuve, a un grupo de periodistas. “Es un problema que tenemos que tomar en serio sin caer en histerias. El lado alarmista es un poco caricaturesco, hay que encontrar un punto medio”, insistió, recalcando que “hay que verdaderamente chupar el suelo para enfermarse”. Y recalcó: “Esto no es Chernóbil”. Ninguna de las pruebas efectuadas a los trabajadores, agregó, había dado hasta la fecha un índice de contaminación por plomo cercano siquiera a los límites establecidos por salud.

Sin embargo, parece que el dispositivo en marcha no es suficiente. Y que no se cumple de manera estricta el protocolo dictado. Es lo que viene a decir un informe de la inspección de trabajo entregado esta misma semana a la prefectura de Île de France en la que se ubica París y que ha llevado a su prefecto, Michel Cadot, a decretar la suspensión temporal de las obras hasta que estas se “adapten” a todas las medidas de precaución necesarias y los equipos de trabajo reciban la formación necesaria para asegurarse de que cumplen de manera “rigurosa”. Según explicó Cadot el jueves, las medidas de precaución, como el uso de trajes especiales o de jabón descontaminante, "no se aplicaban suficientemente".

El anuncio coincidió con el cierre también, durante dos días, de dos escuelas cercanas a Notre Dame que estaban ofreciendo cursos de verano para 180 niños. Se trata también de una medida de precaución, dijo el Ayuntamiento, después de que se detectaran —“solo en el patio”— concentraciones de plomo en niveles superiores a 5.000 microgramos de plomo por metro cuadrado, medida que activa los avisos de precaución. Durante el cierre, se procederá a la “limpieza profunda” de los patios de las escuelas.


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Mensaje Re: Catedral De Notre-Dame (París) 
 
Notre Dame, seis meses después del incendio que la destruyó

Las donaciones prometidas para reconstruir la catedral se elevan a 922 millones de euros



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Seis meses después del incendio de Notre Dame de París, las donaciones prometidas para reconstruir la catedral se elevan a 922 millones de euros, anunció este martes el ministro francés de Cultura, Franck Riester. Michel Euler - AP


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Las obras en curso en la catedral están destinadas a consolidar el edificio gótico, parcialmente devastado por un incendio el 15 de abril. En la imagen, trabajos de restauración de la catedral de Notre Dome, este martes en París (Francia). Michel Euler - AP


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La reconstrucción propiamente dicha empezará en 2021, una vez los arquitectos cuenten con un diagnóstico completo. En la imagen, la catedral de Notre Dame, este martes. Michel Euler - AP


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El incendio suscitó una ola de solidaridad en Francia, que se concretó desde los 200 millones de euros desembolsados por el magnate francés Bernard Arnault, propietario del grupo de lujo LVMH, al euro que ofreció un niño de ocho años. Michel Euler - AP


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Trabajos de restauración de la catedral de Notre Dame, este jueves. Michel Euler - AP


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Principalmente hay que reconstruir el techo de madera del monumento histórico, el segundo más visitado de Europa, y su emblemática aguja de casi un centenar de metros de altura. CHRISTOPHE PETIT TESSON - EFE


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El rector de la catedral de Notre Dame de París, Patrick Chevet, dijo este martes que la retirada del andamio que se quemó sobre la cubierta del edificio, durante el incendio del pasado 15 de abril, supone el principal riesgo de derrumbamiento, por lo que la seguridad del mismo no estará garantizada hasta que se desmonte. CHRISTOPHE PETIT TESSON - EFE


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La reconstrucción de la aguja destruida en el incendio, una obra de Eugène Violett-le-Duc que databa de una restauración del siglo XIX, es el principal objeto de controversia. Persisten las divisiones entre quienes abogan por una reconstrucción idéntica o los que se decantan por un "gesto audaz" de arquitectura contemporánea. CHRISTOPHE PETIT TESSON - EFE


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Mensaje Re: Catedral De Notre-Dame (París) 
 
‘Notre-Dame’, de Ken Follett

EL PAÍS ofrece un adelanto de la nueva novela del escritor británico, 'Notre-Dame', un homenaje a la catedral parisiense que llega a las librerías este 7 de noviembre



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El escritor británico Ken Follet frente a la catedral de Notre-Dame, en París. the follet office


La voz al otro lado del teléfono era insistente.
—Estoy en París —dijo—. ¡Enciende la televisión!
Yo estaba en casa, en la cocina, con Barbara, mi esposa. Acabábamos de terminar de cenar. No había bebido vino, afortunadamente. En aquel momento aún no lo sabía, pero iba a ser una noche muy larga.
La voz del teléfono era la de una vieja amiga. Es miembro del Parlamento y ministra de Gabinete, así que ha capeado muchas crisis y es imperturbable, pero parecía impactada.
Ya sabéis qué vimos en la pantalla: la maravillosa catedral de Notre-Dame de París, uno de los mayores logros de la civilización europea, estaba en llamas.
La imagen nos dejó aturdidos y profundamente afectados. Me encontraba al borde de las lágrimas. Algo de un valor incalculable estaba muriendo ante nuestros ojos. Era una sensación desconcertante, como si la tierra hubiera comenzado a temblar.
Conozco bien el edificio. Una Navidad, Barbara y yo asistimos allí a una misa del gallo. La catedral se hallaba atestada de gente. Las luces tenues proyectaban largas sombras en los pasillos, los villancicos reverberaban en la nave y la bóveda, en lo alto, estaba envuelta en oscuridad. Lo más conmovedor de todo fue ser consciente de que, durante más de ochocientos años, nuestros antepasados habían celebrado la Navidad de esa misma manera en aquella catedral.
Yo la había visitado en muchas otras ocasiones. La primera vez fue en 1966, durante mis primeras vacaciones fuera del Reino Unido, aunque me temo que, a mis diecisiete años, me interesaban mucho más las chicas del grupo que una iglesia. La última había tenido lugar solo cuatro semanas antes, mientras conducía por la margen izquierda del Sena, y, como siempre, me empapé de la gloriosa vista de las torres gemelas y los arcos arbotantes.
En cuanto empecé a pensar de forma racional en lo que veía en la televisión, entendí lo que se estaba quemando y cómo el fuego iba cobrando fuerza, pero los periodistas que comentaban la noticia no lo comprendían. ¿Por qué habrían de hacerlo? Ellos no habían estudiado la estructura de las catedrales góticas. Yo sí, cuando me documenté para escribir Los pilares de la Tierra, mi novela sobre la construcción de una catedral medieval ficticia. Una escena clave del capítulo cuatro describe el incendio que destruye la vieja catedral de Kingsbridge, y en ese momento me había preguntado: ¿cómo arde exactamente una enorme iglesia de piedra?
Yo había subido a los espacios polvorientos que hay bajo los tejados de algunas catedrales, como la de Canterbury y la de Florencia. Había estado sobre las fuertes vigas que se extendían sobre las naves y alzado la vista hacia los cabrios que sostenían las planchas de plomo. Me había fijado en los restos secos que se suelen acumular en estos lugares: trozos viejos de madera y de cuerda, envoltorios de bocadillos de los trabajadores de mantenimiento, ramitas enredadas de nidos de pájaro y avisperos que parecían de papel. Estaba seguro de que el incendio había empezado en algún lugar del tejado, probablemente por culpa de una colilla o de una chispa provocada por un fallo eléctrico que prendió fuego a algo de basura, que a su vez se extendió a las vigas. Y los daños resultantes amenazaban con arrasar la catedral.

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Decidí compartir esta reflexión con los demás, así que tuiteé esto:
Los cabrios están formados por cientos de toneladas de madera vieja y muy seca. Cuando eso se quema, el tejado se derrumba y luego los escombros destruyen el techo abovedado, que también se desploma y destruye los fuertes pilares de piedra que lo sostienen todo.
Eso resultó ser cierto, excepto porque subes-timé la fortaleza de los pilares y las bóvedas, que sufrieron daños pero que, por suerte, no quedaron totalmente arrasados.
Así tuvo lugar la destrucción de la catedral de Kingsbridge en Los pilares de la Tierra, desde el punto de vista del prior Philip:
Un fuerte chasquido le hizo levantar la vista. Exactamente encima de él una enorme viga se desplazaba lentamente hacia un lado. Iba a caer encima de él. Philip corrió hacia el crucero sur, donde estaba Cuthbert, con expresión de temor.Toda una sección del tejado, tres triángulos de vigas y cabrios más las planchas clavadas en ellos, caían lentamente. Philip y Cuthbert lo contemplaron, pasmados, olvidándose completamente de su propia seguridad. El tejado se desplomó Notre Dame-sobre uno de los grandes arcos redondeados del cruce. El enorme peso de la madera y la plancha hendió el trabajo en piedra del arco con un estruendo prolongado semejante al trueno. Todo sucedía con lentitud. Lentamente caían las vigas y, tras romperse el arco, la mampostería. Se soltaron otras vigas del tejado y de repente, con un ruido semejante a un trueno largo y lento, toda una sección del muro norte del presbiterio se estremeció, deslizándose de costado hasta el crucero norte.
Philip estaba aterrado. El panorama de la destrucción de un edificio aparentemente tan sólido resultaba extrañamente asombroso. Era como ver derrumbarse una montaña o quedarse seco un río. En realidad nunca pensó que aquello pudiera ocurrir. Apenas podía creer lo que estaban viendo sus ojos.Al caer la noche del 15 de abril de 2019, los parisinos salieron a las calles y las cámaras de televisión grabaron miles de rostros salpicados de dolor e iluminados por las llamas. Algunos cantaban himnos; otros se limitaban a llorar ante la imagen de su querida catedral ardiendo. Esa noche, el tuit que obtuvo la respuesta más cálida entre mis seguidores decía simplemente así:
Français, françaises, nous partagons votre tristesse.
«Franceses, francesas, compartimos vuestra tristeza.»
Debería haber escrito «nous partageons», con «e», pero a nadie le importó.
Hay gente que entiende más de catedrales medievales que yo, pero los periodistas no saben cómo se llaman. Conocen mi nombre gracias a mis libros, y saben que Los pilares trata sobre una catedral, así que a los pocos minutos empecé a recibir mensajes de redacciones de noticias. Pasé aquella noche dando entrevistas para prensa, radio y televisión en las que expliqué en inglés y en francés lo que estaba sucediendo en la Île de la Cité.
Y, mientras daba esas entrevistas, observaba.
Uno de los posibles orígenes del fuego se hallaba en la aguja central, esbelta como una flecha y con una altura de 91 metros, que ahora ardía de forma infernal. Estaba hecha de 500 toneladas de vigas de roble y tenía un techo de plomo que pesaba 250 toneladas. La madera en llamas enseguida se debilitó y el peso de todo ese plomo fue demasiado para ella. El momento más impactante esa noche para la afligida muchedumbre reunida en las calles y los millones de personas que veían la tele-visión horrorizadas llegó cuando esa aguja se inclinó hacia un lado, se partió como una cerilla y se derrumbó a través del techo en llamas de la nave.
Notre-Dame siempre había parecido eterna y los constructores medievales sin duda pensaron que perduraría hasta el día del juicio final, pero de repente nos dimos cuenta de que podía derrumbarse. En la vida de todo muchacho hay un dolo-roso momento en el que comprende que su padre no es todopoderoso ni invencible. Tiene debilidades, puede enfermar y algún día morirá. La caída de la aguja me hizo pensar en ese momento.
Parecía que la nave ya estaba en ruinas. Creí ver llamas en una de las dos torres y supe que, si de desmoronaban, la iglesia entera quedaría destruida.
El presidente Macron, un líder radicalmente modernizador que se encontraba inmerso en un amargo y violento desencuentro con los detractores de sus reformas, habló ante las cámaras y se convirtió, al menos en ese instante, en el líder re-conocido de una nación francesa unida. Impresionó al mundo e hizo llorar al galés que escribe estas líneas cuando dijo con firmeza y confianza: «Nous rebâtirons». La reconstruiremos.
A medianoche me acosté y puse el despertador a las 4.30, ya que la última llamada que había recibido fue para pedirme que participara en un programa matinal de la televisión que tenía lugar al día siguiente, muy temprano.
Temía que el sol se alzara sobre una pila humeante de escombros en la Île de la Cité donde antes se había erigido Notre-Dame con orgullo. Me llenó de ánimo ver que la mayor parte de los muros seguía en pie, así como las dos grandes torres cuadradas en el ala oeste. No había sido tan malo como todo el mundo temía, así que conduje hasta el estudio de televisión con un mensaje de esperanza.
Pasé el martes dando entrevistas y el miércoles volé a París para participar en un debate en el pro-grama de televisión La grande librairie sobre el simbolismo de las catedrales en la literatura y la vida.
Ni se me pasó por la cabeza quedarme en casa. Llevo Notre-Dame muy dentro del corazón. No soy creyente, pero voy a la iglesia a pesar de todo. Adoro la arquitectura, la música, las palabras de la Biblia y la sensación de compartir algo tan profundo con los demás. Desde hace mucho encuentro una honda paz espiritual en las grandes catedrales, igual que millones de personas, tanto creyentes como no. Y tengo otra razón para sentirme agradecido por su existencia: mi amor por ellas inspiró la novela que es sin duda mi libro más popular y, probablemente, el mejor.
El presidente Macron afirmó que reconstruirían Notre-Dame en cinco años. Un periódico francés respondió con el titular «Macron cree en los milagros». Sin embargo, los franceses sienten un pro-fundo apego por Notre-Dame. Ha sido el escenario de algunos acontecimientos clave en la historia de Francia. Cada cartel de carretera que indica a qué distancia estás de París mide la distancia hasta el kilómetro cero, una estrella de bronce incrustada en el suelo delante de Notre-Dame. La gran campana de la torre sur, llamada Emmanuel, se oye por toda la ciudad cuando toca su grave fa sostenido para anunciar una alegría o una pena, ya sea el fin de una guerra o una tragedia como la del 11-S.
Además, siempre es desaconsejable subestimar a los franceses. Si alguien puede hacerlo, son ellos.
Antes de marcharme de París para volver a casa, mi editor francés me pidió que contemplara la posibilidad de escribir algo sobre mi amor por Notre-Dame, a la luz del terrible suceso del 15 de abril. Los beneficios que se obtuvieran del libro se destinarían al fondo para la reconstrucción, así como mis derechos de autor. «Sí, empiezo mañana mismo», le dije.

Ken Follett



     

Ken Follett rinde homenaje a la catedral de Notre Dame de París por lo que le conmovió al ver el incendio. He leído que el dinero obtenido por la venta del libro irá destinado a la reconstrucción de la catedral gótica. Si así fuese sería un bonito gesto del popular británico, ya que su posición económica debe ser muy holgada por las millonarias ventas de sus libros. Aún así tiene mucho merito, pues tengo entendido que el libro lo ha escrito en muy poco tiempo.
 




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