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Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid)

Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid)
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Post Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al Monasterio de Santa María de El Paular, un lugar que alberga mucha historia, riquezass y grandes obras de arte. Construido en el S.XIV, el conjunto consta del monasterio,  iglesia y el palacio mandado construir por Enrique III de Castilla -hoy transformado en el hotel Sheraton Santa María de El Paular- y un gran patio con una monumental portada que le precede.

Subir a la sierra de Madrid, sea la zona que sea, ya es una actividad muy recomendable para disfrutar de la naturaleza; si además tienes la ocasión de ver lugares tan interesantes como el Monasterio de Santa María de El Paular, la visita turística puede resultar muy enriquecedora.


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El Monasterio de El Paular, está situado muy cerca del municipio de Rascafría, en plena sierra madrileña en una zona muy rica en naturaleza, fauna y flora. Está rodeada por unos paisajes dignos de ver, ya que se encuentra enfrascado en el valle del Lozoya.

En cuanto al Monasterio de El Paular, podemos decir que el recinto que hoy en día se puede ver se corresponde con una antigua cartuja, y en que se diferencian dos zonas: un monasterio de monjes benedictinos (desde marzo de 1954) y el hotel Santa María de El Paular.

El 29 de agosto de 1390, Juan I de Castilla donaba a la orden cartujana sus palacios del Poblar. Por ello, se estableció la primera cartuja de Castilla. Fue fundado por cinco monjes cartujos pobres , El Monasterio de El Paular se acabó de construir en 1442 bajo el reinado de Juan II.

Actualmente, en el Monasterio de El Paular viven sólo una decena de monjes, los cuales hacen el trabajo monástico de la manera tradicional: trabajo (manual e intelectual), recepción de huéspedes, acompañantes a los numerosos visitantes de este monumento nacional, así como la atención pastoral a la vida sacramental que se desarrolla en la iglesia del monasterio.


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Retablo mayor gótico de la iglesia del monasterio de Santa María del Paular, Rascafría (Madrid).

En la vista se puede visitar el claustro, podrás ver la decoración que hizo en su día (siglo XVII) Claudio Coello. La iglesia, el atrio y el jardín del claustro. Aunque por encima de todo destaca su Retablo Mayor de finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de 17 escenas bíblicas de una extraordinaria belleza y detalle. También destacar la capilla del Sagrario y el tabernáculo.

Espero que la información que obtenido de este interesante monasterio enclaustrado en plena sierra norte madrileña, os resulte interesante y contribuya en su divulgación.




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El monasterio de El Paular, se integra en el paisaje montañoso que le ofrece el valle del Lozoya. Madrid

Telef.: 91 869 14 25  -  Visitas:
De lunes a sábado: 12:00h, 13:00h y 17:00h(excepto jueves).
Domingos: 13:00h, 16:00h, 17:00h y 18:00h.



Monasterio de Santa María de El Paular


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El Real Monasterio de Santa María de El Paular fue, desde su fundación en 1390 y durante 450 años, un monasterio cartujo. Actualmente, desde 1954, es una abadía benedictina. Está situado en el municipio de Rascafría, en la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama, en la Comunidad de Madrid (España).


Orígenes

Por orden de Enrique II de Castilla las obras de construcción del cenobio cartujano dieron comienzo en 1390 y se prolongaron durante varios siglos. Fue la primera fundación de la orden de San Bruno en Castilla. La ubicación fue elegida por el monarca y, según cuenta la tradición, decidió que el monasterio fuese de la orden cartuja debido a que, durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un monasterio de la misma orden.1 Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de la construcción, junto a una ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta ermita aún sobrevive hoy aunque rebautizada como Capilla de Nuestra Señora de Montserrat.


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Entrada renacentista de estilo Reyes Católicos de la iglesia del monasterio.


Construcción

El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para uso y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la Catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia y del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo XV, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe a Rodrigo Gil de Hontañón.

La iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475–1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el fraile cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación.2 Esta sillería, de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia.

Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de 17 escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo XV. Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar (algunos parcialmente labrados) y que han aparecido con motivo de recientes obras.4 Está perfectamente conservado, y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor. En la actualidad, para separar en la nave de la iglesia las partes antes reservadas a monjes y a hermanos conversos, se han instalado dos grandes pinturas de Luis Feito (Madrid, 1929) que despegan, tal vez, del entorno.


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Capillas del Monasterio del Paular.



La «serie cartujana» de Vicente Carducho


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Claustro tras la restauración con las pinturas de Vicente Carducho - Panda Oeste - Interior de Cúpulas conopilaes - Monasterio del Paular.

Por encargo del prior Juan de Baeza, entre los años 1626 a 1632, Vicente Carducho —coetáneo de Velázquez y como él pintor regis— pintó para los 54 huecos del claustro del Paular otros tantos grandes cuadros sobre la vida del fundador de la orden, San Bruno de Colonia, así como la historia de la orden cartuja, que constituyen una página de gloria de la pintura universal. Tras la desamortización en 1835, fueron arrancados y repartidos entre diversos museos e instituciones, pero sorprendentemente se conservaron en España casi todos: 52. Los dos que faltan fueron quemados durante la guerra civil por los republicanos en Tortosa, Tarragona, en cuyo Museo Municipal se hallaban depositados.


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Vicente Carducho. La muerte del venerable Odón de Novara (1632). Óleo sobre lienzo, 337x 299 cm. Entre los personajes retratados están el propio pintor y el escritor Lope de Vega.

Tras la devolución de los dos coros, obra de Bartolomé Fernández, que se custodiaban en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, quedaba la tarea de conseguir la restitución al claustro cartujano de los cuadros de Vicente Carducho. El Museo del Prado guardaba el mayor número de ellos, 17, seguido del Museo Provincial de La Coruña, 14. En el verano de 2006 finalizó lo que parecía imposible: la restauración de los 52 cuadros del ciclo. Ello se logró merced al tesón del estudioso alemán Werner Beutler, a la decisión de los responsables del Museo del Prado —en especial Leticia Ruiz—, y al ingente y perfecto trabajo llevado a cabo por las restauradoras del estudio ROA durante seis años. Téngase en cuenta que cada uno de los 52 «mediopuntos» mide 3,45 x 3,15 metros, y que el estado de conservación de casi todos era deplorable. Tras las importantes obras de restauración y climatización del claustro, culminó, en el verano de 2011, el retorno de la serie cartujana de Vicente Carducho a su sitio, el claustro de la Real Cartuja de Santa María del Paular.


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Vicente Carducho. Martirio de los padres John Rochester y James Walworth. 1626- 1632. Óleo sobre lienzo, 337’5 x 298 cm.

Sobre este tema existe una espléndida monografía publicada en español en 1998 por Werner Beutler: Vicente Carducho en El Paular, 1998, editorial Verlag Locher, Köln. En ella, el autor detalla la vida de Carducho, la historia de la cartuja del Paular, y estudia uno a uno —aportando reproducción fotográfica— todos los cuadros del ciclo, analizando sus vicisitudes hasta nuestros días, el tema del cuadro y sus características pictóricas. Esta obra ha sido completada con un opúsculo del mismo autor, titulado El retorno de Vicente Carducho a El Paular, editado en 2006 con texto en español y alemán; opúsculo en el que narra y actualiza la gran aventura que está a punto de culminarse. En efecto, el 28 de julio de 2011 fue reinaugurado el claustro mayor del Paular, una vez que fueron colocados cada uno de los 52 "medio-puntos" en sus lugares de origen.


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Vicente Carducho. El obispo Hugo toma el hábito de cartujo. 1626- 1632. Óleo sobre lienzo, 336’5 x 297 cm.

Es preciso considerar que la serie cartujana fue concebida como pintura mural, de modo que los lienzos se encontraban en origen clavados en una tablazón de madera, algo habitual en la época. Durante la desamortización se extrajeron de los muros del claustro y se trasladaron al Convento de la Trinidad, cuyas colecciones pasaron finalmente a integrar las del Museo del Prado. En la Trinidad se montaron en bastidores rectangulares, para lo cual se hicieron añadidos en los ángulos superiores, pintados de un color verde plano, desvirtuando totalmente la composición original. Cuando en el año 2001 el Museo del Prado acomete la restauración de la serie, Roa Estudio, empresa adjudicataria del trabajo, propone a la dirección del Museo la recuperación del formato de medio punto, eliminando los añadidos, y el Patronato del Museo aprueba tal propuesta. Gracias a este criterio básico, y a los laboriosos trabajos de restauración, ha sido posible la instalación de las pinturas en el mismo sitio donde estuvieron y para el que fueron creadas.


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Vicente Carducho. El prior Boson resucita a un albañil. (1626-1632). Óleo sobre lienzo, 337’5 x 297’5 cm.

Varias versiones reducidas de estos cuadros, creídas modelos previos, se guardan en la Quinta de Selgas de Cudillero (Asturias), abierta al público como museo y gestionada por la Fundación Selgas-Fagalde.


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Vicente Carducho. La Virgen María y San Pedro se aparecen a los primeros cartujos (1626-1632). Óleo sobre lienzo, 338 x 298’5 cm.

Ver más cuadros de Vicente Carducho pintados para Monasterio de Santa María de El Paular.



La capilla del Sagrario


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Transparente o Tabernáculo del Monasterio de Santa María de El Paular.

Las capillas y el tabernáculo forman un conjunto que se comenzó en 1718,8 reformando la antigua capilla de forma ochavada que existía para la exposición y adoración del Santísimo. El autor del proyecto de conjunto fue el cordobés Francisco Hurtado Izquierdo (1669–1725), que ya en 1702 había realizado el Sagrario de la cartuja de Granada, y es una de las obras barrocas más bellas de España. Comprende por una parte el tabernáculo o transparente propiamente dicho, que es una estructura hexagonal que alberga un Sagrario monumental, construido en 1724 con mármoles de colores extraídos en canteras de Cabra, Priego de Córdoba, Granada y serranía de Córdoba. En él se colocaba una gran custodia barroca de 24 arrobas de plata, realizada por el cordobés Pedradas y que ocupaba el centro del tabernáculo, desaparecida probablemente durante la «Francesada». Y por otra parte, una capilla octogonal con cuatro capillitas y tres altares. En ellas se conservan tallas representando a diversos santos: Santa Catalina, Santa Águeda, San Juan, Santa Lucía, San Inés (entre las de San Joaquín y Santa Ana), así como las de los santos cartujos: San Bruno de Colonia, San Nicolás Albergati, San Hugo de Lincoln, y San Antelmo. La mayoría de estas tallas se deben a Pedro Duque y Cornejo (1677–1757), también autor de la célebre sillería del coro de la catedral de Córdoba, con quien fueron contratadas el 20 de mayo de 1725. El resto son del vallisoletano Pedro Alonso de los Ríos. La parte pictórica, de la que hoy quedan pocos restos, la ejecutó, en 1723, el bujalanceño Antonio Palomino como final de su carrera.


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Monasterio de Santa María de El Paular. Sagrario. Bóveda. s. XVIII



Sala Capitular


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Detalle de los techos y bóveda de la capìla capitular de El Paular

Es una pieza rectangular cubierta con tres tramos de bóveda de ojivas. Durante la restauración del siglo XVIII, se colocó un falso entablamento adornado con angelotes y frutos policromados, así como con un escudo de Castilla en el muro occidental.


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Retablo mayor y sillería del coro.

Posee un retablo también de estilo barroco, obra de Churriguera, con seis columnas salomónicas en el cuerpo central, adornado con angelotes y profusa vegetación. Presidía el retablo una bella estatua de San Bruno (hoy en la cercana iglesia de Rascafría) acompañado por San Hugo y San Antelmo, que siguen en sus respectivas hornacinas. Actualmente ocupa la capilla central del retablo una imagen de la Inmaculada que antiguamente estaba situada en la parte superior del arco de separación entre los coros de los hermanos y los monjes en la iglesia mayor del monasterio. En la parte central superior destaca la Crucifixión, de un gran dramatismo.


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Cuatro escenas: Son El Camino al Calvario y el Calvario (abajo) y La Bajada de Jesús al Limbo y La Resurección (arriba). Monasterio de Santa María del Paular, Rascafría


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Detalle inferor del Retablo mayor


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Retablo mayor de El Paular. Cuerpo inferior: En el centro, la Virgen y el Niño rodeados de ángeles músicos (Virgen del Paular), entre dos puertas con ángeles. Predela: (de izquierda a derecha) La Presentación de la Virgen, La Anunciación, La Visitación, El Nacimiento de San Juan Bautista, el Nacimiento de Jesús y la Adoración de los Magos Primer cuerpo: La Presentación de Jesús en el Templo, El Bautismo de Jesús, La Última Cena y El Prendimiento Segundo cuerpo: La Flagelación, El Camino del Calvario, El Calvario y El Descendimiento Tercer cuerpo: La Bajada de Jesús al Limbo y La Resurección En las pilastras aparecen treinta y nueve figuras de santos, santas y apóstoles En la parte superior hay en los laterales las estatuas de San Juan Bautista y San Bruno; y al centro arriba la escena de El Calvario. Estos últimos elementos son posteriores, del s.XVII Fuente: Monasterio de Santa María de El Paular


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Claustro que da a la entrada de la iglesia.


Actividad económica

Junto a la iglesia y el edificio del monasterio, los monjes cartujos poseían una extensa parcela de tierra que cultivaban con esmero y varios talleres artesanos. Durante siglos, los monjes de El Paular explotaron eficazmente la pesca en el río Lozoya, los bosques de los alrededores, rebaños de ovejas y dos batanes, uno para la sierra de madera y otro para fabricar papel. Desde el siglo XV al siglo XIX casi todo el valle del Lozoya dependió en gran parte de la actividad agrícola, industrial y comercial del monasterio. Disponía asimismo de otros dos importantes núcleos de actividad económica, en Getafe y en Talamanca de Jarama, donde dispusieron un importante complejo agrario que actualmente y desde hace bastantes décadas se utiliza como plató cinematográfico.


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Torre del agua. Monasterio de El Paular.

En el siglo XVII trabajaban en el batán del papel 40 obreros, y en él se fabricaron los pliegos de papel en los que —en el taller de Cuesta, en 1604— se imprimió la edición príncipe del Quijote. En el lugar donde se levantaba este batán existió hacia 1950 un albergue de la Sección Femenina, del que no quedan hoy más que ruinas. Lo que aún puede observarse, junto a una alameda que termina en el puente del Perdón, son los restos de los estanques y caceras que abastecían de agua a estos molinos.


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El monasterio se integra en el paisaje montañoso que le ofrece el valle del Lozoya.


Desamortización y abandono

En 1835 la desamortización de Mendizábal afectó de lleno al monasterio y la orden Cartuja fue exclaustrada. Buena parte de las obras de arte que el monasterio contenía se perdieron entonces, como, por ejemplo, los retablos y altares que decoraban las paredes de la iglesia y los miles de libros que albergaba su magnífica biblioteca. Ya sin monjes que ocupasen el claustro, en 1876, poco después de que Alfonso XII ascendiese al trono, el gobierno declaró al Real Monasterio de Santa María de El Paular como Monumento Nacional, lo que, probablemente, salvó al edificio de la ruina total.


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Paisaje de El Paular (1921) de Enrique Simonet.

En 1918, la Dirección General de Bellas Artes creó la «Escuela de Pintores del Paular», dirigida por Enrique Simonet, que becaba la estancia de pintores durante los meses de verano en las antiguas celdas. Por entonces, esas celdas medio derruidas cobijan en verano también a hombres como el historiador Ramón Menéndez Pidal o el poeta Enrique de Mesa, y el monasterio comienza a ser el centro neurálgico de la actividad científica y montañera de los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Francisco Giner de los Ríos. Y al calor de ésta, en 1913 se funda la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara, que hará de la torre entonces desmochada del Paular emblema de su revista mensual.

Durante la Guerra Civil, Rascafría y el Paular fueron ocupados por tropas del ejército republicano, que quemaron la iglesia del pueblo (como las de todos los pueblos del valle del Lozoya) y destrozaron lo poco que quedaba en la cartuja. Así, en el jardín del claustro existe un sepulcro de piedra con cubierta a dos aguas, que contenía los restos del obispo de Segovia don Melchor de Moscoso, que lo fue hasta su muerte en 1632, sepulcro que fue destapado y saqueado. Pasada la guerra, y sumido ya en el abandono, en 1954 el gobierno del general Franco cedió el monasterio en usufructo vitalicio a la orden benedictina (en la escritura de cesión a los benedictinos se dice textualmente «al no haberse podido hacer cargo de ella la orden de los cartujos»). Y según ello, vinieron doce monjes procedentes de la abadía de Valvanera, en La Rioja, queriendo hacer del Paular un centro de expansión de religiosidad y de cultura desde el espinazo de España. Comienza entonces un plan de restauraciones que continúa en la actualidad. Ocho monjes de la orden de San Benito mantienen hoy vivo el viejo cenobio.


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Vista del Monasterio De El Paular, esde su huerto.


El Paular hoy

En la actualidad los monjes siguen ocupando una parte del monasterio, la que queda a la izquierda de la iglesia. El palacio se reconvirtió en un hotel. Tanto el monasterio de El Paular como sus alrededores son destino habitual de los habitantes de Madrid para escapar de la ciudad. Frente al monasterio se encuentra el Arboreto Giner de los Ríos y el Puente del Perdón, construido en el siglo XVIII, que salva el curso del río Lozoya.

El entorno de El Paular es privilegiado desde un punto de vista natural. Al hecho de estar rodeado por montañas que superan los 2.000 metros de altura, se suma la generosa vegetación que tapiza el fondo del valle, compuesta por árboles de hoja caduca tales como robles, fresnos o álamos.

Paseando al atardecer por el fondo del valle, entre el Lozoya y la tapia de la antigua cartuja, resuenan aún los versos anónimos de un monje del Paular:

    Todavía hay un valle
    y una tarde serena.
    Y lejos, una campana
    que suena en la serena
    tarde, todavía.


Este, entre otros poemas, queda recogido en la simpática y amena antología de poemas y leyendas que Ildefonso M. Gómez, Agustino proveniente de Valvanera, Prior del Monasterio durante 33 años y fallecido en 2010, publicó en 1979: "El Paular Poesía y Leyenda", Ediciones Monte Casino 1979 - Zamora.


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Vista del Monasterio De El Paular desde el claustro, terraza del hotel.



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[b]El Real Monasterio de Santa María de El Paular, ubicado en la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama, en la Comunidad de Madrid (España).




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Last edited by j.luis on Monday, 16 May 2016, 16:29; edited 7 times in total 
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j.luis [ Wednesday, 10 March 2010, 23:44 ]
 


Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid)
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... CONTINUACIÓN




Intervención de de Antonio de Lanchares en el Tabernáculo del Monasterio de Santa María de El Paular


Antonio de Lanchares (Madrid, hacia 1585/1586 - 1630) fue un pintor barroco español. Hijo de Juan de Lanchares, platero de oro, y de Francisca de los Reyes Ximeno, y hermano de los también pintores José y Juan de Lanchares, así como de Francisco, establecido en Lima no sabemos si con el mismo oficioseguidor. Fue discípulo Eugenio Cajés, cultivó como él una estética aún manierista y de raíz escurialense. Tuvo como discípulo a Diego Polo.


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El Transparente o Tabernáculo del Monasterio de Santa María de El Paular. Tradicionalmente los cartujos han solído tener al Santísimo fuera de la iglesia propiamente dicha y más precisamente en una capilla situada detrás del presbiterio. Así ocurrió también en El Paular y de ello dan buena prueba las dos portaditas laterales del retablo mayor. Pero fue esta capilla la que más transformaciones sufrió con los siglos, quizá por la excepcional importancia que le atribuían. Y así sabemos que en la versión del siglo XVII su cúpula fue decorada al fresco, en 1619, por Antonio Lanchares, por cuyo trabajo le pagaron 4.000 ducados, y que el año siguiente, junto con el escultor Miguel Tomás, realiza un retablo de escultura, pintura y estofado para el que pinta los lienzos de “La Ascensión”, “Pentecostés”, “Adoración de los Pastores” y “Adoración de los Reyes” , de todo lo cual no queda más que el recuerdo, así como seis cuadros pintados para las misma por el cartujo Sánchez Cotán.

Justo un siglo después, en 1718 se realiza el proyecto de la versión que hoy podemos contemplar y que tantas críticas ha suscitado desde los tiempos de D. Antonio Ponz, el puritano neoclásico (el mismo que llama “antigualla” al soberano retablo mayor...), y de todos lo que “piensan” por cabeza ajena... cierto que el choque estético después de haber admirado la joya gótica a un par de metros no es despreciable. Pero no es precisamente el único caso que conviven sin mayor problema el barroco más delirante con estilos más venerables (piénsese sólo en Santiago de Compostela, donde andan “buena compaña” la fachada del Obradoiro y el más puro románico). Kubbler considera, sin embargo, la primera mitad de este siglo XVIII “como el más rico festín que la historia de la arquitectura haya presenciado jamás”.

El Sagrario o Transparente (por el papel que aquellos artistas hacían jugar a la luz en sus concepciones arquitectónico-escultóricas), como también suele denominarse, se compone de dos estancias escalonadas detrás del ábside. La más próxima a éste, la que contiene el tabernáculo donde estaba el ostensorio con el Santísimo, es, en alzado, de forma octogonal aunque, en planta, es de lados paralelos a los del ábside (es decir, semi-hexagonal). El otro recinto, que actuaría como “nave” del anterior, es, en planta cuadrado y, en alzado, presenta forma de cruz griega, abriéndose en el brazo occidental la capilla del Sagrario y en los otros tres sendos altares. Sobre el centro de la cruz hay una cúpula en forma de casquete esférico y en los chaflanes de la intersección de los brazos se abren cuatro capillas de planta aproximadamente hexagonal y de menor altura que todo el resto. La entrada a este recinto se realiza a través de dos pasadizos que flaquean el ábside y arrancan en diagonal de las sacristías, la antigua y la actual. El sagrario está iluminado por siete grandes ventanales de arco de medio punto y la antecámara por ventanales de arco escarzado en las extremidades de la cruz y óculos redondos en las pechinas de la cúpula. El transparente y la antecámara están separados por una preciosa mampara decorada en rojo y oro en la que se abren una puerta y grandes vanos que debieron estar encristalados y permitían contemplar el Santísimo aunque ésta estuviese cerrada.


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El Tabernáculo propiamente dicho es una complicada creación, desbordante de imaginación y realizado a base de ricos mármoles de Cabra, Priego, Granada y serranía de Córdoba, y en el que se combinan columnas salomónicas y pilastras prismáticas, ángeles y angelotes, estatuas de Apóstoles y Evangelistas y alegorías de las Virtudes. En el centro se alza la figura triunfante de Cristo resucitado. El todo, que asciende hasta la misma cúpula y que “arde con luz derramada desde arriba abajo”, está rematado por una figura alegórica femenina.


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La antecámara está también fastuosamente decorada a base de columnas de mármoles y jaspes así como de hojarasca barroca que cubre paramentos y pechinas, altares y hornacinas. En la clave de los cuatro arcos torales aparecen las armas de Felipe V entre sendas parejas de ángeles trompeteros. Sobre las cuatro puertas de acceso a las capillas hay sendas hornacinas con estupendas tallas de San Bruno y tres obispos cartujos (San Hugo, San Antelmo y San Nicolás Albergati). En el fondo del brazo meridional hay un altar dedicado a San Santiago y en los muros laterales del mismo, hornacinas con preciosas tallas de Santa Catalina y Santa Lucia. En el fondo del septentrional hay un altar presidido por una talla de San Juan y las correspondientes hornacinas: una está ocupada por Santa Águeda y la otra vacía. En el brazo oriental, hay una imagen de San Inés (ocupando el lugar de otra de la Virgen desaparecida) entre las de San Joaquín y Santa Ana. La mayoría de estas tallas se deben a Pedro Duque Cornejo (1677-1757), autor de la célebre sillería del coro de la catedral de Córdoba, con quien fueron contratadas el 20 de mayo de 1725. El resto son de la mano del vallisoletano Pedro Alonso de los Ríos, autor de las esculturas de la fachada de la iglesia de San Cayetano, de Madrid. Por esta época trabajó también para El Paular la Roldana, que dejó varios ejemplares de sus deliciosos “Nacimientos” en barro, de los que no ha dado ni rastro.

El autor del proyecto de conjunto fue el cordobés Francisco Hurtado (1669-1725), que ya en 1702 había realizado esa otra estupenda obra que es el Transparente de la cartuja de Granada (así como la Sacristía), del que éste es paradigma en pie de igualdad (ambos se han considerando como los dos mejores conjuntos “churriguerescos” de España: aunque los Churriguera fueran posteriores a Hurtado...). De él ha escrito Kubler: “El volumen exterior de la antesala de amplia expresión a cada recinto del diseño, en un conjunto de cuerpos planos y curvos elevándose hasta el tambor reforzado con torrecillas en los ángulos. Estos elementos delatan la dependencia de Hurtado respecto a la brillante obra del más joven arquitecto castellano, Pedro de Ribera, cuyo proyecto para Nuestra Señora del Puerto, en Madrid, fue acabado en 1718”. A su muerte, la obra fue terminada por sus discípulos. El tabernáculo, en particular, es según un texto de 1728, de Teodosio Sánchez de Rueda.

La parte pictórica, de la que hoy quedan pocos restos, la ejecutó, en 1723, Antonio Palomino como final de su carrera y es, según Gaya Nuño “una de sus más bellas y frescas invenciones, de las mas libres, de las mejor imbuidas por el espíritu del nuevo siglo”. También Madoz, pintó varios cuadros al óleo para el Transparente, cuyo paradero se desconoce.


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Terminemos con una breve alusión a la gran custodia barroca de plata (pesaba, al parecer, veinticuatro arrobas), realizada por el cordobés Pedradas y que ocupaba el centro del tabernáculo. También molestaba extraordinariamente a ese defensor de la “restauración de las Bellas Artes” que se llamaba D. Antonio Ponz (la tilda de monstruosidad, embolismo, desgraciada obra, etc.). Pero no molestó tanto a los franceses que, durante la guerra de la Independencia, no dejaron de ella ni un tornillo para recuerdo.



Cuadros de Vicente Carducho pintados para el Monasterio madrileño de El Paular


Vicente Carducho o Vicenzo Carducci (Florencia, h. 1576 - Madrid, 1638), pintor italo-español. En España perfeccionó el oficio y alcanzó el reconocimiento, realizando sus mejores trabajos. Fue un afamado tratadista, entre otros que iban llegando a la escuela madrileña de Velázquez, reclamado por su hermano Bartolomeo

La obra de Vicente Carducho, tiene influencia manierista, trabajó para Felipe II en el Monasterio de El Escorial (Madrid) y otros templos religiosos, especialmente son destacables los 56 lienzos pintados para el Monasterio de El Paular, que relataran la historia de la Orden de los cartujos, monjes que ocupaban el poderoso Monasterio de El Paular en Rascafría (Madrid).



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En Julio de 2011 la entonces ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, presentóo el regreso al monasterio de El Paular, en Madrid, de los 52 lienzos del pintor Vicente Carducho (1576-1638) restaurados en el museo del Prado.

Pero la magna obra de Vicente Carducho, con la que escribe una de las páginas de gloria de la pintura universal, es la realización entre 1626 y 1632 de 54 grandes cuadros para cubrir otros tantos huecos en el claustro de la cartuja del Real Monasterio de Santa María del Paular, situado en el valle del Lozoya, en la vertiente madrileña de la sierra del Guadarrama. Estos cuadros, conocidos como la serie cartujana, le fueron encargados a Carducho por el prior Juan de Baeza, y narran la vida del fundador de la orden, san Bruno de Colonia, así como la historia de la orden cartuja. Con la desamortización en 1835 fueron repartidos entre diversos museos e instituciones de España, pero sorprendentemente - y tras muchas vicisitudes - se conservan 52 de los 54 cuadros del ciclo (dos se perdieron, probablemente quemados por los republicanos durante la guerra civil española, 1936-1939).

Tras la exclaustración de los cartujos en 1835, el monasterio estuvo abandonado hasta que en 1954 el Gobierno del General Franco lo cedió en usufructo vitalicio a la orden de San Benito. En la actualidad, ocho monjes ocupan la que es ahora abadía benedictina, pero que fue durante 450 años priorato cartujo. Conseguida recientemente la vuelta al monasterio de las dos sillerías del mismo, que se hallaban depositadas desde la desamortización en San Francisco el Grande, queda ahora por delante la hermosa tarea de devolver al Paular los 52 cuadros repartidos por España, una vez se solucionen los problemas de autorizaciones, seguridad y humedades en el claustro que están planteados.

Sobre este tema existe una espléndida obra monográfica en español, <<Vicente Carducho en El Paular>>, autor Werner Beutler, 1998, editorial Verlag Locher, Köln.


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Conversión de san Bruno. El pintor italiano inicia su serie dedicada a la vida y milagros de san Bruno con la conversión a cartujo a raíz de ver cómo se castigaba a un hombre inocente. En este lienzo se puede observar la perfección de las proporciones y el uso de colores primarios. Obra de Vicente Carducho


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El milagro del manantial. La representación de los cartujos, con sus vestimentas blancas, alabando el milagro del manantial le sirve a Vicente Carducho como ejercicio pictórico para ordenar las figuras humanas y destacarlas ante la naturaleza, aunque en dependencia de esta. Obra de Vicente Carducho


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San Bruno renuncia al arzobispado. Tras la visita al papa Urbano II y la cesión del arzobispado en el Reggio di Calabria (Roma), san Bruno rechaza su cargo y se dedica de pleno a la vida monacal en la cartuja. Obra de Vicente Carducho

 
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La virgen María y san Pedro se aparecen a los primeros cartujos. La diferencia entre el mundo superior, celestial, y el terrenal se puede apreciar en este cuadro que muestra una de las apariciones a los cartujos. El lienzo tuvo que ser restaurado fotográficamente debido a los grandes daños que sufría. Obra de Vicente Carducho


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San Bruno reza en la soledad de la torre de Calabria. La vida de cartujo incluye el silencio de un retiro espiritual, el rezo por las personas perdidas y la meditación intelectual. Además, en este cuadro se puede apreciar el retrato del entorno que rodea las cartujas. Obra de Vicente Carducho


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Muerte de San Bruno. Con la pintura de la muerte de san Bruno Carducho imitó los métodos de Caravaggio y mostró su capacidad para utilizar todas las técnicas renacentistas. Obra de Vicente Carducho


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Visión de Dionisio Rickiel. Carducho fue capaz de distribuir luces en la inmensidad del lienzo y mostrar la conexión entre la vida de estudioso y hermitaño y la espiritual. Obra de Vicente Carducho


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Aparición de la virgen a un cartujo. En esta aparición, Carducho expone los miedos y las inseguridades de los cartujos a pesar de su aislamiento y dedicación intelectual. La inclusión de figuras monstruosas las utiliza a menudo para distinguir entre pensamientos y realidad. Obra de Vicente Carducho


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Muerte del venerable Ódon de Novara. Obra de Vicente Carducho. 1632. Lienzo 337 x 299302 cm. Museo del Prado.

El poderoso monasterio del Paular encargó a Vicente Carducho una serie de 56 lienzos que relataran la historia de la Orden de los cartujos, monjes que ocupaban el Paular. En este caso se ofrece la muerte del fundador, el venerable Odón de Novarra que, tendido en un pobre lecho de paja, tapado con un manta de arpillera, recibe la visión de Cristo en gloria. La escena en sí no tiene mayor complicación, pero hay varios elementos que llaman la atención. En primer lugar, tenemos un prodigioso bodegón en primer plano, con extrema sencillez y detallismo material, al estilo naturalista. Después destaca el contraste entre la pobreza de la celda y el esplendor de la visión divina. Una efigie de la Virgen corona el lecho. Otro elemento importante es el coro de frailes que visita al moribundo, entre los cuales se hallan retratados el propio autor, Vicente Carducho, de perfil riguroso. Además se ha querido ver a su amigo, el poeta Lope de Vega, a su derecha.

En Julio de 2011 por fin volvieron los cuadros de Vicente Carducho al Monasterio madrileño de Rascafría de El Paular, en la imagen observamos que ya están recolocados sobre los muros del claustro que los alojó desde 1632 hasta 1834. Los lienzos han sido restaurados por los talleres del Museo del Prado.

Ver más cuadros de Vicente Carducho pintados para Monasterio de Santa María de El Paular.

Mas info de la obra de Vicente Carducho en el Museo del Prado



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El Real Monasterio de Santa María de El Paular fue durante 450 años un monasterio cartujo, desde su fundación en 1390. Actualmente, desde 1954, es una abadía benedictina. Está situado en el municipio de Rascafría, en la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama, en la Comunidad de Madrid (España).

Web del Monasterio de Santa María de El Paular




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado o al menos interesado, este trabajo recopilatorio dedicado al Monasterio de Santa María de El Paular, de Rascafría, un lugar que alberga mucha historia, riquezas y grandes obras de arte. Este interesante monasterio está enclaustrado en plena sierra norte madrileña en el valle de Lozoya un paraje sin igual.



Fuentes y agradecimientos a: monasterioelpaular.com, es.wikipedia.org, collycortes.com, museodelprado.es, artehistoria.com, elpaular.org, cosasdemadrid.es, ipce.mcu.es, indico.cern.ch, unosamigosdeparadores.blogspot.com, gabitos.com y otras de Internet.



 
Last edited by j.luis on Monday, 16 May 2016, 17:45; edited 9 times in total 
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j.luis [ Wednesday, 10 March 2010, 23:48 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Gracias J.Luis como siempre buen trabajo de este Monasterio de El Paular ubicado en Madrid.

Un Saludo.



 
xerbar - View user's profile Send private message  
xerbar [ Thursday, 11 March 2010, 08:19 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Gracias xerbar, la verdad es que es un monasterio enclavado en un sitio muy bonito en pleno valle de Lozoya, tuve la oportunidad de visitarlo hará 4 o 5 años y fue una visita muy enriquecedora.


 


Saludos.



 
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j.luis [ Thursday, 11 March 2010, 13:31 ]
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Post Monasterio De El Paular2 
 
La Ultima Cena de Eugenio Orozco en El Paular


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La Ultima Cena de Eugenio Orozco, depósito temporal de la Fundación Cerralbo en el Monasterio de El Paular

El acto de presentación celebrado el pasado día 28 de julio de 2011, en el Monasterio de Santa María de El Paular, por La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde de la instalación en el claustro principal de las 52 obras de Vicente Carducho, dedicadas a la historia de la orden de los Cartujos, tuvo lugar en el Refectorio, precisamente debajo de otra pintura, la Última Cena de Eugenio Orozco, cuadro propiedad de la Fundación Cerralbo que ha sido cedido en deposito temporal a este monasterio


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Por el interés que tiene, incluimos aquí la referencia que sobre ésta pintura se recoge en la página web del Museo Cerralbo http://museocerralbo.mcu.es/destacado2.html, así como una fotografías, del mismo origen del proceso de instalación del lienzo en el lugar para el que fue pintado:

La Ultima Cena de Eugenio Orozco, integrada en el legado testamentario del marqués de Cerralbo, vuelve al lugar para el que fue pintado en 1634 en calidad de depósito temporal autorizado por el Patronato de la Fundación Cerralbo en el Monasterio de El Paular (Rascafría, Madrid).

La obra de E. Orozco, La última cena, salió de la Cartuja de Rascafría tras su desamortización en 1834. Se desconoce, por el momento, cómo y cuándo el Marqués adquiere esta obra que lega, junto a todas sus colecciones, al Estado Español en 1922 para que reunidas conformen el museo fundado por él en la calle Ventura Rodríguez de Madrid.

Con motivo de las campañas de recuperación de ambientes originales llevadas a cabo recientemente en el Museo Cerralbo se planteó el problema de la imposibilidad de devolver esta obra a su primitiva disposición en el palacio por haber sido suprimidos, en 1944, el hueco y la escalera de comunicación interior entre los Pisos Entresuelo y Principal y, con ello, la necesidad de buscar un nuevo enclave por las dificultades que suponen su almacenaje.

El primer paso fue rastrear la trayectoria artística del pintor que nos conduce al Monasterio de El Paular. Tradicionalmente se suponía que La última cena, citada por A. Ponz en su Viaje de España en 1772, era la conservada en el Museo del Prado. Pero en 1983 D. Angulo Íñiguez y A. E. Pérez Sánchez, en su estudio sobre la Pintura madrileña del segundo tercio del siglo XVII, pp. 128 y 129, apuntan la posibilidad de que el cuadro del Museo Cerralbo sea el pintado para el Monasterio de El Paular.

El supuesto queda ratificado con el dato del inventario del Monasterio anterior a la desamortización, en el que consta el siguiente asiento: Un cuadro que ocupa todo el testero, representa la cena, es como de ocho varas de largo y tres de alto, está firmado por Eugenio Orozco tiene mérito y ha procurado copiar la cena del Tiziano.Estas dimensiones, en principio, no coinciden exactamente con la obra del Museo Cerralbo, pero después se comprueba que el lienzo estuvo doblado en sus dos extremos laterales y que una vez restados estos, se corresponden con la medida exacta del testero del refectorio.


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Todo indica, por tanto, que la obra de Eugenio Orozco conservada en el Museo Cerralbo sea la pintada para el refectorio de El Paular. Por ello se plantea al Patronato de la Fundación Cerralbola opción de su vuelta al Monasterio incluyéndolo en el marco de los trabajos de investigación y restauración allí realizados por el Museo Nacional del Prado y el Ministerio de Cultura. Finalmente, el Patronato de la FundaciónCerralbo, reunido el 17 de diciembre de 2009 autoriza el traslado, que no se hace efectivo hasta el 7 de julio de 2011. Por último, el 28 de julio se presenta al público junto con los carduchos del Museo Nacional del Prado, también devueltos al lugar para donde fueron pintados, el claustro del Monasterio de El Paular.

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Ficha técnica:

La última cena
Autor: Eugenio Orozco
Técnica: óleo sobre lienzo
Medidas: 2,35 x 9,12 metros
Fecha: 1634 Firmado: Eugenio Orozco me fecit
Nº de inventario: 4903
Legado testamentario de Enrique de Aguilera y Gamboa, 1922"


Fuente: monasteriopaular.com



 
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j.luis [ Friday, 15 July 2011, 11:53 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
El Paular recobra su tesoro


El Prado restaura y reúne en el monasterio 52 pinturas barrocas firmadas por Vicente Carducho y dispersas desde la desamortización de 1834



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Dionisio el Cartujano, doctor extaticus, de Carducho, en los talleres del Museo del Prado

El Prado, al rescate de la pintura barroca: un deslumbrante tesoro del siglo XVII, formado por 52 cuadros del toscano Vicente Carducho que permanecían dispersos durante más de siglo y medio, acaba de ser restaurado por los expertos del museo y reunido en su lugar de origen: el antiguo monasterio cartujo de El Paular, situado a 80 kilómetros al noroeste de Madrid.

Cada una de las piezas mide 3,45 metros de base por 3,15 de altura, y todas ellas van rematadas por arcos de medio punto. Las pinturas de Carducho representan escenas de vida y muerte de los monjes cartujos fundadores. Fueron pintados entre 1626 y 1632 por el artista florentino. Desde ayer, la serie completa cuelga de los muros del claustro mayor del monasterio madrileño, regentado hoy por monjes benedictinos.

Del cenobio, fundado en 1398 y enclavado a los pies de Peñalara, partieron en 1834 los cuadros en renqueantes carromatos tirados por babeantes bueyes acechados por la nieve, los lobos y los torrentes. Las pinturas recalaron en el palacio de la Trinidad, en el centro de Madrid. Al poco, la colección se disgregó. Algunos cuadros fueron a dar a lugares tan dispares como Córdoba, Tortosa o A Coruña. Sin embargo, y gracias a la tenacidad de funcionarios, restauradores, empleados de museos, religiosos y algún político con sentido de Estado, 52 de las 56 obras han llegado hasta nuestros días con sus cualidades pictóricas en buenas condiciones. Del lote primigenio pintado por Carducho se perdieron cuatro obras, dos de ellas de gran formato, durante las guerras civiles; otras dos, menores y con forma de escudetes, que jalonaban la entrada del claustro mayor, han visto su coloración malograda por completo. El grueso de la colección, no obstante, se ha salvado después de una trabajosa recuperación que ha durado seis años, bajo la dirección de Leticia Ruiz, restauradora del Museo del Prado. La actuación atrajo copiosas energías de la mayor parte de los departamentos del Prado, desde la Brigada de Obras hasta la Dirección de Depósitos. El esfuerzo fue posible gracias a una jugosa compensación pecuniaria brindada en el año 2000 al museo por una exposición de arte español, The majesty of Spain, exhibida en la ciudad estadounidense de Jacksonville. Ahora, el esfuerzo culmina en la víspera de su inauguración por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. El edificio fue rehabilitado por el arquitecto Eduardo Barceló. La reciente presencia en El Paular de cuatro obispos, otro más ayer, permite especular con una eventual visita papal.

Vicente Carducho, apellido que algunos asocian a la orden cartuja y cuyo prior Juan de Baeza le encomendaría pintar la serie, llegó a España con siete años junto a su hermano Bartolomeo. Este formaba parte del elenco de italianos contratados por Felipe II para decorar el monasterio de El Escorial. Vicente casó en España y pronto descollaría como artista total y pintor del rey Felipe III gracias a la formación recibida en San Lorenzo. Con el tiempo se convertiría en uno de los principales tratadistas del arte pictórico por su obra Diálogos de la pintura, parangonable con las de Francisco Pacheco, coetáneo suyo, o la de fray Lorenzo de San Nicolás, inventor de la bóveda encamonada.


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Los cuadros de Carducho, ayer, tras ser recolocados sobre los muros del claustro que los alojó desde 1632 hasta 1834

Los lienzos repuestos en El Paular representan escenas sacras de la orden cartuja, una comunidad sumida en el silencio y la oración desde sus albores altomedievales, en el corazón de Francia. Expandida luego por Europa, enraizó en España. De los 27 cenobios que aquí tuvo, hoy conserva cuatro en Zaragoza, Burgos, Barcelona y El Paular.


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Cincuenta y seis cuadros de Carducho vuelven al Paular. Entre 1626 y 1632 el pintor Vicente Carducho realiza cincuenta y seis cuadros de iconografía cartuja de más 10 metros cuadrados cada uno, para el Monasterio de El Paular. A fecha de hoy los están restaurando en el museo del Prado para ser expuestos a lo largo de todo el claustro, en su lugar original.

Su Web: http://www.monasterioelpaular.com/


Fuentes: elpais.com / jctraveller.blogspot.com.es



 
Last edited by j.luis on Tuesday, 27 November 2012, 09:59; edited 1 time in total 
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j.luis [ Wednesday, 27 July 2011, 12:44 ]
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Post Leyenda Del Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Terminó mi ruta serrana en el Monasterio de El Paular, Rascafría (Madrid) que es una verdadera joya, ubicada en una zona de las más bonitas de la sierra madrileña y a pocos kilómetros de la ciudad de Madrid.

 Fue comenzado a construir en 1390 por Juan I de de Castilla, aunque la tradición dice que fue por orden de su padre Enrique II debido a que en una incursión guerrera en Francia su ejército había incendiado un monasterio de la orden cartuja y en compensación quiso construir otro en un sitio elegido por él mismo, debido a su belleza y a la abundancia de caza mayor, puesto que era el mejor sitio para cazar osos y lobos de todo su reino. Los reyes Trastámara construyeron un palacio tambien, que hoy en día es un lujoso hotel.

 Actualmente está habitado por una pequeña comunidad de monjes benedictinos, aunque durante 450 años fue un monasterio cartujo, la orden con las reglas más austeras.  De la vida de los monjes cartujos en el siglo XV procede la curiosa leyenda del perro flamígero, digna de una película de terror:

Se cuenta que una gélida mañana de invierno, el monje encargado de la portería del monasterio, al abrir la puerta se encontró con un mendigo postrado. El monje pensó que era uno de los muchos mendigos que acudían en busca de comida caliente y que en su espera se había quedado dormido. Al ponerle la mano encima descubrió con horror que estaba muerto.

Sin perder un minuto, fue a ver al padre prior para contarle lo ocurrido. Estuvieron un rato deliberando, no sabían qué hacer con el cadáver ya que las reglas de la orden cartuja son muy estrictas y no permitían que ninguna persona ajena a la congregación fuese enterrada en el cementerio de la comunidad situado en el jardín del claustro, siempre a la vista de los monjes para recordarles lo efímero de la vida.

Finalmente, decidieron darle cristiana sepultura en el cementerio del claustro, junto a los miembros fallecidos de la comunidad cartuja.

Unas horas después del enterramiento, a las nueve de la noche, las campanillas que llamaban a oración comenzaron a sonar. Los monjes acudieron a la iglesia para rezar, extrañados por no ser la hora en que tocaba ser llamados a oración, que debía ser a las diez. Hubo un pequeño alboroto y finalmente llegaron a la conclusión de que alguien se había equivocado y les habían llamado a oración una hora antes de lo habitual.

Durante varios días ocurrió la misma historia, las campanillas llamaban a oración una hora antes sin que nadie supiese quién era el que provocaba aquel suceso. El prior ya estaba harto de esta situación y ordenó a varios monjes que vigilasen por la noche para descubrir quién era el responsable de aquel alboroto.

Un poco antes de las nueve de la noche, cuatro monjes vigilaban las cuatro esquinas del claustro. Al dar las nueve en punto, las campanas volvieron a sonar. Los monjes se quedaron horrorizados al ver como un perro negro y gigantesco, que desprendia una extraña luz, como envuelto en llamas, después de tocar las campanas, salía corriendo a toda velocidad y se metía en la tumba del mendigo que días antes encontraron muerto a las puertas del monasterio.

Aquella visión heló la sangre a los monjes que contaron al prior que una bestia con aspecto de perro flamígero era el autor de los hechos que tanto perturbaban a los monjes. El prior llegó a la conclusión de que se trataba del espíritu del mendigo que enterraron en el camposanto, que no se había arrepentido de sus pecados.

Decidieron sacar el cadáver de su tumba y arrojarlo a una alberca que había junto a unas huertas. Cuando el cuerpo del difunto cayó al agua, un horrible aullido resonó por todo el monasterio, aterrorizando a los monjes.

A las diez de la noche, unos espeluznantes aullidos retumbaban por todo el monasterio. Parecían venir del estanque donde habían arrojado el cadáver del mendigo. Durante muchas noches seguidas se repitieron aquellos gritos, ladridos y aullidos infernales ante el terror de todos los monjes que, desesperadamente, intentaban no escuchar tapándose los oídos y rezando en voz alta.

Se repitió este espeluznante suceso hasta que un día, en todos los monasterios de la orden de los cartujos, se oficiaron misas por el eterno descanso de aquel mendigo. Después de aquellas misas, el monasterio de El Paular volvió a la tranquilidad.

El Monasterio del Paular es una absoluta maravilla a nivel mundial, no demasiado conocida.  Cuenta con unas cuantas obras de arte verdaderamente únicas en el mundo:  Un retablo de alabastro maravilloso y único;  Una impresionante serie de 52 grandes cuadros de Vicente Carducho y El Transparente o Capilla del Sagrario que es la cumbre del Barroco andaluz.   Cualquiera de estas 3 cosas justificaría plenamente la visita, pero además hay un montón de elementos artísticos e históricos muy interesantes.

Y algunas curiosidades, como un curioso pavimento hecho de guijarros de pedernal y huesecillos; una artística reja con imágenes fantásticas de sátiros; un templete en el jardín del claustro con 4 relojes de sol perfectamente conservados (una falsa tradición dice que uno de ellos es un reloj de Luna), etc, etc.

Una visita imprescindible en la Sierra de Madrid.  La visita guiada la hacen los propios monjes benedictinos que aprovechan para impartir doctrina católica, pero es barata y amena.


y, para más leyendas... mi modesto blog... leyendas, historias, caminos, misterios (buscar en google)



 
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karranke [ Thursday, 19 July 2012, 13:42 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Gracias karranke por tu participación en este hilo, con tus anécdotas y aportaciones. Desde luego yo también animo a visitar y conocer este impresionante Monasterio de El Paular, en plena sierra de Guadarrama, es una joya poco conocida, pero alberga auténticas maravillas.


 


Saludos.



 
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j.luis [ Thursday, 19 July 2012, 16:39 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Los andamios regresan a El Paular


1,7 millones para proteger las cubiertas y los claustros del monasterio



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Retablo de El Paular. / SANTI BURGOS

Las cubiertas y claustros del monasterio serrano de El Paular, sobre el valle del río Lozoya, reciben un nuevo tratamiento para afrontar los venideros rigores invernales. La dura y heladiza climatología de la zona, enclavada a los pies de Peñalara, genera carámbanos de hasta dos metros de longitud sobre el techado del recinto monacal madrileño, que data de 1390. Se trata de neutralizar sus dañinos efectos.

Las obras, en las que participa una veintena de obreros especializados y técnicos bajo la dirección del arquitecto Eduardo Barceló, contemplan la instalación de sistemas de aislamiento, drenaje y ventilación de las cubiertas, al igual que el tratamiento de arrimes, chimeneas, mansardas y limaollas —una especie de canalones que reciben el agua de lluvia— a lo largo de una extensión estimada en unos 1.000 metros cuadrados.

Asimismo, se persigue mantener algunas subestructuras originales de madera o reproducirlas para sustituir actuaciones anteriores que las eliminaron, al igual que el retejado con teja cocida y la mejora de algunos soportes existentes de plomo.

La actuación incluye también la reposición de revocos a la cal en algunas galerías claustrales y el montaje de hasta ocho contrafuertes en torno al denominado claustro de legos, el primero con el que se encuentra el visitante que accede al recinto monacal y el más primitivo de los tres con los que cuenta el monasterio. El presupuesto para esta nueva fase se cifra en 1.700.000 euros, según el arquitecto Eduardo Barceló.

No obstante, la declaración de El Paular entre los primeros monumentos nacionales —hoy denominados Bienes de Interés Cultural (BIC)— data de 1876, lo que hace más urgente su adaptación normativa.

Igualmente, el Plan Director que ha presidido la restauración, consolidación y rehabilitación del monasterio fue redactado en 1996 y también, desde entonces acá, han surgido variables nuevas a tener en cuenta.

Por otra parte, la coordinación planificadora zonal deja mucho que desear, como prueba por ejemplo el no haberse contemplado de manera específica un registro concerniente al monasterio y su contorno dentro del Plan del Parque Nacional del Guadarrama.


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Alzado y planta del templete del claustro en restauración.

Un plan urbanístico del Ayuntamiento de Rascafría para la construcción de viviendas en el entorno del monasterio era contemplado con extrema preocupación por la Asociación de Amigos de El Paular, según explica su presidente Juan Luis Lillo Cebrián, por considerar que “no respetaba su perímetro paisajístico”, sobre el que supuestamente impactaba. “Creo que ese plan no ha sido aplicado”, precisa.

Asimismo, la Asociación de Amigos de El Paular gestiona con el Museo del Prado y el Ministerio de Cultura el montaje, en el propio recinto monástico, de una exposición que explique el azaroso destino, hasta su ulterior recuperación tras 170 años de dispersión por toda España, de las 53 pinturas de gran formato que Vicente Carducho realizó a partir de 1623 para la comunidad cartuja allí establecida desde la Baja Edad Media hasta su exclaustración en 1836. Hoy habita el monasterio la comunidad benedictina, con nueve monjes allí residentes.

Durante el pasado año han visitado el claustro ilustrado por las pinturas de Carducho más de 35.000 personas, pero desde instituciones concernidas consultadas al respecto, se cree que mediante una coordinación adecuada cabría estimular mucho más el potencial turístico del monasterio y su entorno. Su ajuar patrimonial, artístico y medioambiental, al hallarse enclavado en el bellísimo valle del río Lozoya, se considera con posibilidades ilimitadas de desarrollo.

Entre las numerosas joyas con las que cuenta El Paular figura destacadamente un retablo marmóreo y policromado, único en su género, de estilo hispano-flamenco, con influencias de Simón de Colonia y Juan de Guas, labrado en alabastro traído desde Génova y que data de fecha indeterminada del siglo XV.

Con 12 metros de altura por ocho de anchura, el retablo se muestra dividido en cuarteles con escenas sacras, jalonadas de predelas y dinteles góticos, que ornamentan una espléndida figuración cargada de valor documental medieval.

Uno de estos compartimentos escénicos, el relativo al nacimiento de san Juan Bautista, sobre la cuarta calle del magno retablo, sirvió al pintor historicista español Eduardo Rosales (1836-1873) para componer su celebérrimo lienzo denominado El testamento de Isabel la Católica, en el que invirtió un año y medio de trabajo y con el que ganó la Medalla de Oro la Exposición Universal de París de 1867 y la Legión de Honor.


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Vista nevada del jardín del claustro del Monasterio de El Paular, Rascafría (Madrid)

Monasterio de El Paular. Carretera M-604 de Navacerrada a Rascafría, kilómetro 26,5. Visitas guiadas de lunes a viernes, a las 12.00, 13.00 y 17.00. Sábados 12.00, 13.00, 17.00 y 18.00. Domingos y festivos 13.00, 17.00 y 18.00. Precio, 5 euros.


Rafael Fraguas-elpais.com / http://monasteriopaular.com



 
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j.luis [ Tuesday, 27 November 2012, 10:13 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
El Paular exhibe su historia


- El monasterio mevieval aspira a convertirse en foco cultural del Parque de Guadarrama tras 25 años de reconstrucción artística

- Una exposición saca brillo al conjunto




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Cuadros de Vicenzo Carduccio en el claustro de El Paular.

El monasterio de El Paular, enclave medieval que domina el valle del Lozoya, cuenta la historia de su asombrosa recuperación monumental en una exposición inaugurada ayer. Permanecerá abierta hasta diciembre de 2014. José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura; Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado; y Miguel Muñoz, anfitrión y prior benedictino, presidieron el acto de apertura, junto con los dos comisarios de la muestra: el arquitecto Eduardo Barceló, restaurador del complejo monacal, y Leticia Ruiz, responsable de pintura española del Renacimiento en el Prado.


Un retablo de alabastro financiado por Isabel de Castilla


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La iglesia de El Paular, a 80 km al noroeste de Madrid, posee uno de los retablos más deslumbrantes de la imaginería gótica. Sobre una base de caliza se yergue esta pieza atribuida a tallistas genoveses pero asignada luego por expertos a artistas de la escuela burgalesa. La policromía y las figuras revelan un exquisito gusto; representan la infancia, vida, predicación y muerte de Jesús. Un gólgota encabeza el retablo rematado por un marco de yeso. La restauración atendió a las otrora polvorientas chambranas; en uno de los motivos que enmarcan se inspiró en el siglo XIX Luis Rosales para su obra historicista El testamento de Isabel la Católica.

Leticia Ruiz ha culminado la recuperación para el monasterio y la restauración de los 53 óleos de gran formato y trasunto monacal pintados por Vicenzo Carduccio en 1626. Los cuadros, desde la desamortización de los bienes de manos muertas de la Iglesia católica, promovida por el ministro liberal Juan Álvarez Mendizábal en 1836, permanecieron primero en un museo filial del Prado y luego dispersos por una decena de ciudades españolas: A Coruña, Córdoba, Sevilla, Zamora, San Sebastián y Tortosa, entre otras. El Museo del la Trinidad, filial de la gran pinacoteca madrileña, deshizo en 1872 tan importante ajuar artístico, que quedó esparcido por distintos museos españoles.

Siglo y medio después, el Prado pudo reagruparlo y acometer la casi titánica tarea de restaurar cada uno de los cuadros de la colección, a excepción de dos, que se perdieron en la ciudad tortosina.

La colección compone uno de los conjuntos de pintura barroca y de historia más singulares de Europa. Con pinturas de gran formato rematadas en arcos y hoy encastradas secuenciadamente en el claustro mayor del monasterio para el que fueron pintadas, describe la trayectoria de la orden de los cartujos, fundada por San Bruno de Colonia en el año de 1086.

La casa matriz cartuja fue instalada entonces en un paraje semejante al cenobio de El Paular, en el valle de La Chartreuse, que da nombre a la silenciosa orden monástica, cuya historia fue inmortalizada por el pintor, llegado a España con un hermano suyo para participar en la gran obra del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Los cuadros fueron pintados por Carduccio durante seis años en su estudio madrileño cercano a la calle de Atocha, no lejos de la sede cartuja que la orden religiosa monástica poseía en la calle de Alcalá, a la altura del actual Círculo de Bellas Artes.

La exposición, que ocupa una amplia estancia contigua al clautro decorado con los carduccios, incluye tres valiosas colecciones de modelos, estampas y grabados autógrafos del autor florentino, que Leticia Ruiz encomia. Una de ellas procede de Cudillero, de la Fundación Selgas Fagalde, mientras las otras dos acceden desde lugares como la Biblioteca Nacional de España, la galería de los Uffizzi o colecciones privadas de Zaragoza.


Una sinfonía de estilos


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La diversidad de estilos, que abarca desde el tardogótico hasta el neoclásico, enriquece el patrimonio artístico del monasterio, como muestra la abigarrada ornamentación barroca que decora el transparente contiguo al templo. La influencia de los maestros andaluces llevó hasta El Paular las expresiones más singulares de este estilo, que exhibe una profusa policromía donde abunda el estuco y decenas de variedades de dorados y estofados.

La muestra consta de media docena de salas integradas en una estancia de dos alturas y alto techo, con pasarela aérea, que forma asimismo parte de la recuperación monumental descrita y culminada por los arquitectos Eduardo Barceló, Mercedes Álvarez e Ignacio Barceló, más los aparejadores Javier Moralo, Lorena Tejedor, Jaime Muñoz y Federico Prieto.

En las salas se expone detalladamente el relato de cuantas actuaciones se han acometido a lo largo de los últimos 25 años, en las cuales ha fraguado una colaboración interinstitucional muy poco habitual: desde el Estado, a través del Ministerio de Cultura, el museo del Prado y el Instituto de Patrimonio Cultural Español; desde la Administración regional, por la Comunidad de Madrid; por la esfera local, el Ayuntamiento de Rascafría; y desde la sociedad civil, la Asociación de Amigos de El Paular; todas estas entidades, junto con la comunidad religiosa benedictina, han conseguido culminar la mayor parte de los objetivos de un Plan Director Integral trazado por Eduardo Barceló en 1996, que ha puesto arquitectónicamente a salvo un patrimonio histórico-artístico de extraordinaria valía para el patrimonio madrileño.


La huella de agua

Por hallarse El Paular surcado por el río Lozoya y el arroyo de Santa María, a los pies del pico de Peñalara —la cumbre más alta de la sierra de Guadarrama— la capa freática se halla muy próxima a la cota del suelo; ello ha determinado que cimentación, paramentos y cubiertas del monasterio, así como algunos de los excelsos componentes ornamentales de su interior, hayan sufrido, desde 1390 en que fuera construido el conjunto monacal, la temible huella de innumerables humedades.

Fatigosas tareas de drenaje, impermeabilizaciones de las dañadas cubiertas y actuaciones estructurales de consolidación, han atraído buena parte de la atención de las 12 empresas de construcción concernidas en el plan desde hace cinco lustros, todo ello precedido por intensos estudios históricos y documentales. El presupuesto aplicado frisa los 12,5 millones de euros.

La restauración y rehabilitación ha afectado asimismo al pórtico de acceso a la cartuja, a la medieval portada de la iglesia y al claustro mayor, cuyos arcos albergan la serie cartuja de Carduccio. Igualmente, la actuación restauradora ha incluido la capilla del Sagrario, prodigio de profusión ornamental barroca; el atrio, claustrillo, sala capitular y capillas del contorno del templo, en su día dotado de tres naves y hoy de una sola, que exhibe tres de los principales tesoros medievales de toda España: la reja de hierro forjado que separaba a los legos de los frailes; las sillerías en madera de nogal, recobradas ahora gracias, entre otros, a la tenacidad del restaurador del IPCE José Antonio Buces, tras permanecer arrumbadas durante décadas en la basílica madrileña de San Francisco el Grande; y el retablo mayor de alabastro policromado, financiado por Isabel de Castilla y casi único en Europa, que deslumbra desde el frontal de una iglesia ideada en su planta por el arquitecto áulico Juan Guas, tras proyectos anteriores del morisco segoviano Abderramán. Todo ello ha sido restaurado y, en el caso de la sillería, reubuicada asimismo en su espacio original.

La exposición detalla también la rehabilitación de las celdas monásticas, ocupadas por frailes de la orden benedictina, que se aloja en el monasterio desde 1954, más la construcción de una espaciosa cocina y numerosas dependencias de servicio.

Entre las obras de arte también expuestas resalta un excelso San Miguel Arcángel, tallado por Luis Salvador Carmona, así como un San Bruno atribuido hasta ahora a Manuel Pereira, pero cuya autoría “parece correspoder a Pedro Alonso de los Ríos”, explica Leticia Ruiz.

José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura, señaló al culminar su visita que le resulta “reconfortante comprobar lo realizado en el monasterio”.

Dos celdas originales, que datan de fines del siglo XV, figuran entre las próximas metas a restaurar, así como el refectorio, el gran comedor cenobial, presidido por un bellísimo retablo de comienzos del siglo XVI que pide a voces su limpieza y recuperación. Esta amplia sala estuvo decorada por dos enormes lienzos del pintor Bocanegra que permanecen en el Museo del Prado, a la espera de una restauración de la que Gabriele Finaldi dice haber hablado ya con el Instituto del Patrimonio Cultural Español. Como tareas pendientes, dentro de un amplio plan de conservación preventiva, quedan aún la rehabilitación de la biblioteca, la capilla del Rosario y la antebiblioteca, al igual que la del archivo, el claustro de legos y la histórica cerca mampostera que circunda el monasterio, así como la huerta de 7 hectáreas, que cuenta para su promoción con una fundación denominada Guadarrama, territorio, sociedad y cultura, que preside Yolanda Aguirre, exalcaldesa de Rascafría. “Nos proponemos recuperar la cultura hortícola de los monjes”, asegura.

Los responsables de las actuaciones se plantean el tratamiento paisajístico de los nueve kilómetros que configuran el perímetro monacal, dentro del Parque Nacional del Guadarrama. “El conjunto monumental de El Paular debe recuperar protagonismo en la estructura cultural, económica y social del valle del Lozoya”. Decenas de vecinos se acercaron ayer el monasterio a protestar por un convenio municipal con el Canal de Isabel II que encarecerá el precio del agua en Rascafría.


El genio escultórico de Luis Salvador Carmona


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Esta talla polícroma que representa a San Miguel Arcángel en su combate contra Lucifer fue depositada en la parroquia de Rascafría, desde donde fue devuelta años después al monasterio. Pertenece al escultor Luis Salvador Carmona; su finura de líneas se ve realzada por la tensión y el movimiento que su autor imprimió a su obra.



Una colección única de Vicente Carduccio


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Una pasarela permite contemplar desde cierta altura dos de los 53 cuadros de gran formato de Vicenzo Carduccio, que ocupan habitualmente un pequeño pasillo anejo a la panda norte del claustro, donde se exhibe la serie completa de esta singular colección. Describen la vida y las tribulaciones de la orden cartuja. El Paular ejerció una función de gran importancia en la articulación espiritual —y económica también— del norte madrileño.


Por Rafael Fraguas / Fotos: Santi Burgos / elpais.com



 
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j.luis [ Friday, 20 December 2013, 12:40 ]
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Post Re: Monasterio De El Paular (Rascafría, Madrid) 
 
Exposición organizada por el Museo del Prado en Monasterio de El Paular del 19 de diciembre de 2013 a 15 de enero de 2015

Cartuja de Santa María del Paular - Carretera M604, Km 27 - 28741 Rascafría (Madrid)



Cartuja de Santa María de El Paular



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Aparición de ángeles músicos a San Hugo de Lincoln, Vicente Carducho, 1632, óleo sobre lienzo, 337 x 298 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.

A través de fotografías, dibujos, vídeos y diferentes piezas artísticas, la exposición recorre la historia de la fundación, sus fases constructivas e históricas, incluyendo el proceso desamortizador de 1835, los avatares de la Guerra Civil y la revitalización con la llegada de la orden benedictina y el más reciente proceso de recuperación, el periodo entre 1985 y 2013. Dentro de este último proceso rehabilitador, se subrayan algunos aspectos tan emblemáticos como la restauración de la Capilla del Sagrario, el retablo de alabastro y la recuperación de la magnífica sillería de coro.

La recuperación de la serie de Vicente Carducho, con la reinstalación de los cincuenta y dos lienzos de grandes dimensiones que desde 1872 se dispersaron por varios ámbitos de la geografía española, ha sido reconocida como un hito fundamental en el proceso de recuperación de la Cartuja, y por ello se ha convertido en un apartado protagonista de la muestra.


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San Bruno despide a San Hugo, Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor), 1861-1862, aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 289 mm. Madrid, Museo Nacional del Prado



Vicente Carducho en El Paular (1626-1632)


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San Bruno se despide de San Hugo antes de su viaje a Roma, Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor), 1861-1862, aguafuerte sobre papel avitelado, 404 x 288 mm. Madrid, Museo Nacional del Prado

El 29 de agosto de 1626 Vicente Carducho (h. 1576-1638) firmó un contrato para acometer la serie pictórica más completa y ambiciosa jamás realizada sobre la orden de los cartujos: se trataba de un conjunto de cincuenta y seis lienzos de grandes dimensiones pensados para el claustro mayor de la caruja de El Paular de Rascafría (Madrid). Ésta había sido levantada bajo el patrocinio de Juan I de Castilla (1358-1390) y gozaba todavía del favor real durante el reinado de Felipe IV (1605-65), como se refleja en este encargo, que incluía el escudo del monarca además del de la orden, representados en dos lienzos de menores dimensiones actualmente desaparecidos.

Las cincuenta y cuatro telas restantes se dividen en dos grupos: las veintisiete primeras ilustran la vida del fundador de la orden, san Bruno de Colonia (1035-1101), desde el momento en que decide abandonar la vida pública y retirarse a los montes de la Chartreuse (Francia), hasta su muerte y primer milagro póstumo. El segundo grupo está dedicado a los hechos más notables de los cartujos en diferentes lugares de Europa; un recorrido desde el siglo XI al XVI que muestra el impulso fundacional de la orden y los tópicos sobre la misma: su retiro en paisajes solitarios de gran belleza, su vida de humildad, mortificación y penitencia, y su dedicación al estudio y a la oración. El ciclo se cierra con un grupo de escenas “heroicas” sobre la persecución y el martirio padecidos por algunas de sus comunidades en los siglos XV y XVI. Estas imágenes pretendían reforzar la fe de los cartujos, al tiempo que ilustraban los conflictos religiosos y territoriales de la Europa del momento. Por lo demás, la serie refleja bien la predilección de la religiosidad del Barroco por la oración, el martirio, los milagros y las visiones extáticas.

Vicente Carducho, el encargado de pintar todo el conjunto, además de teórico del Arte, era el artista más respetado y prestigioso de la corte madrileña, y el más capaz para acometer un trabajo de tal complejidad. Para llevarlo a cabo se requerían amplios conocimientos en diseño de composiciones de gran tamaño y dificultad, demostrar dominio del espacio, capacidad narrativa, manejo de numerosas figuras, habilidad para la expresión de los sentimientos y la gestualidad, así como destreza en el empleo de un colorido que diera amenidad a la serie en su conjunto. Todos estos aspectos definían el género que en el siglo XVII tenía la máxima consideración: la pintura de historia.

Carducho había nacido en Florencia, pero llegó muy pronto a España, en 1585, acompañando a su hermano, el también pintor Bartolomé Carducho (h. 1560-1608), ayudante de Federico Zuccaro (1540/41-1609) en las decoraciones del monasterio del Escorial. Se formó por lo tanto en la principal cantera del arte español de finales del XVI, con la impronta del clasicismo toscano y el sentido pedagógico de los pintores escurialenses. Durante el primer tercio del siglo XVII acometió los encargos más importantes del momento en Madrid, Valladolid, Toledo y Guadalupe (Cáceres); en muchos casos acompañado de Eugenio Cajés (1575-1634). En el Salón de Reinos del palacio de Buen Retiro, el conjunto decorativo de mayor contenido simbólico del reinado de Felipe IV, fue el único artista que realizó tres composiciones de batallas ganadas por las tropas españolas en la década de 1620. Fueron pintadas en 1634, un año después de que Carducho publicara uno de los tratados artísticos más importantes del siglo XVII en España: sus célebres Diálogos de la pintura, redactados en las mismas fechas en que se hallaba pintando el conjunto de El Paular. La serie se realizó entre 1626 y 1632 después de un laborioso proceso creativo que conllevó la elaboración de numerosos dibujos y bocetos, y en el que participaron algunos ayudantes del pintor. El conjunto permaneció en El Paular hasta la desamortización de 1835, es decir durante la expropiación de los bienes de las órdenes religiosas por parte del Estado.
 

Deterioro y recuperación de la serie cartujana de El Paular


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La Virgen se aparece a Juan Fort, Vicente Carducho, 1632, óleo sobre lienzo, 336 x 297 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

Como otros grandes conjuntos clausúrales del momento, Carducho concibió las grandes telas como pinturas murales. Los lienzos, colocados sin bastidor sobre los muros, se apoyaron seguramente en tableros y se guarnecieron con una moldura de escayola. A lo largo del tiempo, las humedades del claustro y la excesiva exposición al sol de algunas de sus pandas perjudicaron la conservación de las obras. Sin embargo, fue durante el proceso desamortizador cuando la serie sufrió su deterioro más notable.

A partir de 1835, los lienzos fueron arrancados de los muros para su trasladado al convento madrileño de la Trinidad, donde pasaron a formar parte del Museo Nacional de Pintura y Escultura, que abrió sus puertas en 1838. En esa extinta institución muchas obras se restauraron y se les cambió su formato original. Tras ser forradas y limpiadas, en algunos casos de forma excesiva, se retocaron, y se les aplicó una gruesa capa de barniz o resina coloreada.

En 1872 se fusionó el Museo de la Trinidad con el Museo del Prado. Las grandes dimensiones de los cuadros del ciclo cartujano dificultaban su exhibición e incluso su almacenamiento, por lo que se fueron distribuyendo por diferentes museos e instituciones españolas. Entre los años 1887 y 1923, algunos de los lienzos se enviaron como depósitos a La Coruña, Valladolid, Jaca (Huesca), Burgos, Sevilla, Córdoba, Zamora, Tortosa y Poblet (Tarragona). Durante la Guerra Civil las dos obras depositadas en el municipio de Tortosa desaparecieron.

El proceso de recuperación que el Museo del Prado inició en el año 2002 y que concluyó en el 2006, ha conseguido remediar el deterioro material de las obras, junto con la recuperación del formato original de todos los lienzos, rematados en arco de medio punto.

La última parte de este proceso de recuperación incluyó, necesariamente, el regreso del conjunto al Monasterio de santa María del Paular, para así restablecer la secuencia narrativa de la serie perdida desde su desmembramiento. Felizmente, el proyecto del Museo del Prado ha coincidido con la restauración de la antigua cartuja por parte del Estado español, por lo que ahora se pueden admirar la serie en todo su esplendor.


Listado de obras


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El papa Urbano II llama a San Bruno a Roma, Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor), 1861-1862, aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 284 mm. Madrid, Museo Nacional del Prado
 

Obras procedentes del Museo Nacional del Prado:

1. Aparición de ángeles músicos a San Hugo de Lincoln
    Vicente Carducho
    Óleo sobre lienzo, 337 x 298 cm
    1632

2. La Virgen se aparece a Juan Fort
    Vicente Carducho
    Óleo sobre lienzo, 336 x 297 cm
    1632

3. San Bruno despide a San Hugo
    Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
    Aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 289 mm
    1861-1862

4. San Bruno se despide de San Hugo antes de su viaje a Roma
    Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
    Aguafuerte sobre papel avitelado, 404 x 288 mm
    1861-1862

5. El papa Urbano II llama a San Bruno a Roma
    Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
    Aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 284 mm
    1861-1862

6. San Bruno renuncia al arzobispado de Reggio Calabria
    Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
    Aguafuerte sobre papel avitelado, 403 x 288 mm
    1861-1862


Resto de obras expuestas:

Seis bocetos preparatorios de Vicente Carducho, propiedad de la Colección Selgas-Fagalde (Asturias): Milagro del obrero desplomado, por la oración de Bosom, La muerte de San Bruno, San Bernardo de Clairvaux visita a Guido I, en La Grande Charteuse, Martirio de los cartujos de Mauerbach, Martirio de los venerables padres Vicente Herck y Juan Leodiense y Aparición de la Virgen y San Pedro a los compañeros de San Bruno

Seis facsímiles de dibujos de Vicente Carducho para la serie cartujana: La aparición de San Pedro a los cartujos, San Bruno rezando en La Torre, La Virgen se aparece a Juan Fort, Aparición de la Virgen a un hermano cartujo, La muerte del Venerable Odón de Novara, Martirio de los cartujos de Mauerbach y El éxtasis de Birelio


Fuente: https://www.museodelprado.es/exposi...macion-general/



 
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j.luis [ Thursday, 06 November 2014, 10:55 ]
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