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British Museum (Museo Británico, Londres)
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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
Neil MacGregor abandona la dirección del Museo Británico

Tras trece años en el cargo, el historiador decide retirarse porque considera que es una "ocasión ideal" para hacerlo, a su vez mantiene su gerencia honorífica en la galería.



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Neil MacGregor en el anuncio de su retiro del cargo como director Carlos Fresneda

El historiador Neil MacGregor, autor de 'El mundo en 100 objetos', ha anunciado que abandona a finales de año la dirección del Museo Británico, al cabo de trece años en la brecha y después de haberlo convertido en la principal atracción del Reino Unido, con un récord de 6.700.000 visitantes en el 2014.

MacGregor, de 68 años, que estuvo también al frente de la National Gallery durante seis años, está considerado a escala mundial como uno de los grandes artífices de la reconversión de los museos. Su último "logro", considerado por sus detractores como una provocación, fue el préstamo de los mármoles del Partenón al museo Hermitage de San Petersburgo.

La exposición de la temporada en el Museo Británico es precisamente la exposición 'Definiendo la belleza', sobre el culto al cuerpo en la civilización griega, como contrapunto a 'Alemania, memorias de una nación', en la que se implicó muy personalmente hasta el punto de escribir el catálogo.

Durante su mandato, el historiador ha defendido a capa y espada el "patrimonio de la humanidad" del Museo Británico frente a la presión del Gobierno griego para devolución de los "mármoles de Elgin" del Partenón. Pese a la polémica provocada por el préstamo al Hermitage, el propio MacGregor ha autorizado la cesión de otras piezas al Museo Metropolitano de Nueva York y al Louvre de París en los próximos meses.

El historiador escocés, con fama de "diplomático" pero presto a romper moldes, asegura que las razones de su marcha son estrictamente personales y están relacionadas con su edad: "He decidido que ha llegado la hora de retirarme de un empleo a tiempo total y el fin de esta temporada parece una ocasión ideal. Trabajar con esta colección y con este equipo de colegas ha sido uno de los grandes privilegios de mi vida profesional", ha destacado.

En su faceta de divulgador del arte, MacGregor seguirá trabajando en una nueva serie radiofónica para la BBC 4 sobre la fe y la sociedad. Aun manteniendo un cargo honorífico en el museo, su principal empeño en el futuro será "crear narrativas distintas que permitan explorar y debatir las diferentes culturas".


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
La Fundación La Caixa y el British Museum firman una ambiciosa alianza

El centro británico prestará sus obras para cuatro grandes exposiciones que podrán verse en los centros culturales de la obra social La Caixa



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British Museum

La Fundación La Caixa ha abierto esta mañana sus puertas a dos millones de años de historia. Son los que abarcan las ocho millones de piezas que posee el British Museum, con quien la fundación bancaria española ha firmado una alianza, que se concretará en cuatro grandes exposiciones que podrán verse en los centros culturales de la obra social La Caixa en los próximos cuatro años. Se trata, en palabras de Richard Lambert, presidente del patronato del British Museum, de la colaboración “de mayor magnitud” que el museo londinense haya firmado nunca con otra institución.

El convenio marco firmado permitirá a la Fundación La Caixa organizar, conjuntamente con el British y con los fondos de este último, cuatro grandes proyectos, que se convertirán en 16 muestras que podrán visitarse en los siete centros culturales con los que cuenta la Obra Social La Caixa por toda España. Además de Madrid, las cuatro capitales catalanas, Palma de Mallorca y Zaragoza, también está previsto que las exposiciones lleguen al nuevo CaixaForum de Sevilla, que está en estos momentos en construcción. “El British es un museo del mundo para el mundo”, destacó Lambert, “por eso estamos tan contentos de que este acuerdo permita que objetos de nuestra colección sean vistos por toda España”.

La primera exposición se titula Europa medieval: poder y legado, y propone una reflexión sobre cómo la influencia medieval se extiende hasta nuestros días. Arranca con la caída del Imperio Romano y se extiende hasta el año 1.500, y recorre acontecimientos, personajes, ciudades y conflictos clave a lo largo esos más de mil años. Entre otras obras escogidas, podrá verse una de las piezas del ajedrez de las isla de Lewis, talladas en marfil de morsa, que constituyen uno de los objetos icónicos del museo londinense. Esta exposición arrancará en 2016 en el CaixaForum Madrid.

La segunda exposición, titulada Grecia antigua: atletas, guerreros y héroes, acercará al público español los fondos griegos del museo británico, una de las colecciones clásicas más importantes del mundo. Será una de las mayores selecciones de objetos griegos jamás prestados por la institución, y empezará su periplo por España en Madrid en 2017. Los faraones serán los protagonistas de la tercera exposición, que empezará a itinerar en 2018. Faraones: reyes de Egipto reunirá más de 130 objetos de la colección británica que abarcan 3.000 años de historia del antiguo Egipto. La última de las cuatro grandes exposiciones, aún pendiente de desarrollo ya que no se inaugurará hasta 2019, estará dedicada a la cultura fenicia. Todas ellas serán de acceso gratuito para los clientes de Caixabank y el resto deberá pagar una entrada de unos 4 euros.

Elisa Durán, directora general adjunta de la Fundación La Caixa, confirmó que el acuerdo con el British Museum se produce tras “un largo noviazgo”. “Desde hace más de una década es un prestador importante en nuestras exposiciones”, explica, y pone como ejemplo las exposiciones Los maestros del grabado en la colección del British y El imperio olvidado, organizadas conjuntamente por las dos instituciones en 2003 y 2006, respectivamente. “Somos el mayor prestador de piezas del mundo”, explica Lambert, del museo londinense, que asegura que más británicos ven piezas del British fuera de Londres que en la propia capital.

La Fundación La Caixa ha firmado con anterioridad alianzas estratégicas con museos de la talla del Louvre o el Prado. Ambas partes, la fundación española y el museo británico, coinciden en destacar lo positivo de la experiencia de colaboración entre dos instituciones que, según Durán, comparten tres principios importantes: “En primer lugar, una visión pedagógica de nuestros contenidos. En segundo lugar, el deseo de accesibilidad, de llegar al mayor público posible. Y por último, la voluntad de alcanzar colaboraciones público-privadas como forma de optimizar recursos”, explica la directora adjunta de la Fundación La Caixa, que este año prevé llegar a cinco millones de personas con sus exposiciones itinerantes en 90 ciudades españolas.

El acuerdo tiene un coste para la Fundación La Caixa de cerca de dos millones de euros en cuatro años. Pero el alcance va más allá de la prestación de fondos. “Es un entramado más complejo”, explica Durán, “que incluye la contratación de los servicios de producción de la exposición, transporte, seguros, textos de catálogo, derechos de reproducción de las imágenes, etcétera”. La Fundación cuenta con un presupuesto anual de 500 millones de euros, 100 de los cuales se destinan a la divulgación de la ciencia y la cultura, una cantidad que no se ha vito reducida en las últimos ocho años.


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
Sicilia, la isla de las esencias multiculturales

El Museo Británico exhibe un legado que funde 4.000 años de colonizaciones



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Mosaico bizantino del siglo XII creado para la Catedral de Palermo.

Muchos siglos antes de que el turista moderno emprendiera su particular conquista de la bella Sicilia —o de que en sus costas recalaran miles de refugiados con la esperanza de tránsito hacia la rica y egoista Europa— este enclave del corazón del Mediterráneo ya fue el objeto del deseo de una diversidad de pueblos atraídos por su posición estratégica y la fertilidad de su paisaje.

El paso de fenicios, griegos o romanos, encadenado con el de bizantinos, árabes y normandos, fue perfilando a lo largo de casi 4.000 años de historia una identidad distintiva y un legado cultural único que el Museo Británico explora en una nueva exposición.

Sicilia: Cultura y conquista es el título del recorrido por dos centenares de piezas que la institución londinense exhibe hasta el 14 de agosto a modo de tapiz en el que confluyen civilizaciones procedentes de un amplio marco geográfico, desde el levante oriental hasta el norte europeo. Sus hilos se superponen, como reflejo de las sucesivas oleadas de colonos y conquistadores, pero también se entremezclan en algunas puntadas. La oda que el poeta árabesiciliano Abd ar-Rahmn dedica en el medievo a las naranjas y limones cultivados en la isla nos habla de unas tierras fecundas que se nutren de la lava y las cenizas del volcánico monte Etna, aunque también de la coexistencia de culturas diferentes (occidental, islámica y bizantina) que hace posible que su verso florezca durante el reinado de los normandos.

La muestra del Museo Británico arranca en la prehistoria, mostrando algunas de las pruebas recogidas por los arqueólogos sobre culturas que antecedieron a la llegada de los fenicios a Sicilia, pero su objetivo principal es reflejar la inigualable riqueza cultural que dos periodos posteriores y muy concretos aportaron a la mayor de las islas mediterráneas.


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Escultura de mármol de un guerrero, del 470 antes de Cristo.

El primero data el afianzamiento definitivo del poderío griego en la segunda mitad del siglo VII antes de Cristo, tras unos años de coexistencia con los colonos fenicios, que ambiciona ampliar sus redes comerciales. Los poderosos que se asentaron entonces en Sicilia quisieron competir con los colosales templos de la metrópoli de Atenas, auspiciando edificaciones cuyos resquicios exhibe el Museo Británico hasta el 14 de agosto. El altar de terracota pintada que ilustra el combate entre dos animales es uno de los objetos estelares que el museo despliega, junto a los bustos en mármol de un guerrero o de una colección de diosas de la fertilidad, gracias a colaboración de los gestores del patrimonio de Sicilia.

El espolón que en su día fue colocado como ariete de proa de un barco romano de combate anuncia el desembarco de un nuevo imperio en las costas sicilianas. Le sucedió la longeva competencia entre cristianos bizantinos y árabes por el control de la isla, pero a finales del siglo XI fueron los mercenarios normandos los que acabaron imponiendo su ley. En ese punto arranca la segunda época de esplendor subrayada por la exposición.

Refinados mosaicos

Es en la época de los reyes normandos, cuando ya se produjo de manera más profunda una fusión de culturas. Esa mezcolanza de influencias se proyecta en refinados mosaicos, decoraciones en mármol y madera y preciosos objetos elaborados por una diversidad de artesanos —autóctonos y extranjeros— en vidrio, marfil y oro.

El fin de una era dorada, según la propia descripción de los responsables de la muestra, se corresponde con el ocaso del reino normando y la llegada de otros invasores que acabaron liquidando el papel de la isla como influyente potencia mediterránea. Los artesanos sicilianos siguieron produciendo piezas maravillosas, pero ya menos pendientes de su propia identidad como amalgama de influencias diversas y desde entonces siempre mirando a Europa como inspiración y obligado referente.


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
¿‘Brexit’ a favor del Partenón?

Una docena de diputados británicos propone devolver a Atenas los mármoles sustraídos en el siglo XIX que se exhiben en Londres



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Friso del Partenón de Atenas, en el Museo Británico de Londres.

En julio de 1816, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin, vendió al Estado británico por 35.000 libras de la época una colección de relieves escultóricos procedentes de la Acrópolis de Atenas. Por eso más de la mitad de la decoración del Partenón, el templo del que se extirparon los motivos, debe verse en el Museo Británico de Londres, pese a la insistencia griega en recuperar el patrimonio y completar la exposición del conjunto en Atenas.

Dos siglos después, y en plena resaca del Brexit, una docena de parlamentarios británicos presentaba la semana pasada en Westminster un proyecto de ley para impulsar la devolución de los denominados “mármoles de Elgin” a Grecia. Los diputados, proeuropeos y de varios partidos (laboristas, liberal-demócratas, el nacionalista escocés SNP o el galés Plaid Cymru; ningún tory), vuelven a poner sobre la mesa la añeja pelea entre Atenas y Londres —y por extensión, entre el resto del mundo expoliado y las antiguas metrópolis— sobre derechos patrimoniales, legado histórico e identidad cultural.

El robo —según la terminología griega— perpetrado por Elgin, a la sazón embajador británico ante la Sublime Puerta (Imperio otomano), dejó al templo dedicado a la diosa Atenea Parthenos (una de sus invocaciones, de ahí Partenón) demediado, sin metros del friso y un centenar de metopas. La Acrópolis vivía tiempos oscuros, y sus templos servían de aprisco, polvorín o mezquita, entre otras funciones espurias, de manera que la rapiña pasó desapercibida. Pero desde los ochenta, gracias a la actriz Melina Mercouri, durante un tiempo ministra de Cultura, la campaña de la devolución fue ganando entidad, y hoy personalidades como Bill Clinton, Georges Clooney —su esposa, abogada, acaba de asesorar al Gobierno griego— o Vanessa Redgrave respaldan la restitución de los mármoles. El nuevo museo de la Acrópolis tiene espacio más que suficiente para albergar los miembros expoliados ya que su galería dedicada al friso del Partenón muestra, junto a los relieves que quedaron en Grecia, imponentes vacíos: los de las piezas que se exhiben en Londres.

El nuevo museo de la Acrópolis, inaugurado en 2009, tiene espacio para las piezas expoliadas

El catedrático emérito de Arqueología y director del museo de la Acrópolis, Dimitris Pantermalís, subraya la “amputación del patrimonio” al valorar la iniciativa parlamentaria. “Es una petición muy correcta, y no sólo para los griegos, sino como oportunidad de restablecer la unidad física de un monumento patrimonio de la humanidad. Desde el expolio, muchas de las esculturas están divididas, la figura de Poseidón tiene la cabeza en un sitio y el torso en otro, y así sucesivamente. Pero insisto, no es un problema sólo griego, sino universal. Los griegos tenemos derecho a reunir todas las piezas en un mismo sitio, donde fueron creadas. Y para ello es esencial que la cuestión se mantenga viva”, explica Pantermalís, miembro del comité especial del Ministerio de Cultura griego para los mármoles.

El profesor Paul Cartledge, vicepresidente del Comité Británico para la Reunificación de los Mármoles —creado en 1983—, enfría sin embargo toda expectativa de que la iniciativa legislativa pueda dar frutos. “Es improbable que el proyecto se convierta en ley, pero lo que sí hace es introducir el asunto en las conversaciones de pasillo en Westminster”, cuenta por correo electrónico. “Y ello contribuirá también a reverdecer la conciencia del resto del mundo”, añade Cartledge. El próximo trámite legislativo, empero, no tendrá lugar “hasta el 20 de enero”, avisa.

El movimiento, en plena onda expansiva del Brexit, puede o no tener que ver con el seísmo político, aunque no faltan quienes ven en él una moneda de cambio —o un gesto amable— para mejorar las condiciones de desconexión de Reino Unido de la UE. Pandermalís no osa pronunciarse sobre ello: “Ese análisis no me corresponde a mí, pero creo que los acontecimientos en curso conducirán a una Europa más abierta en la que los museos puedan colaborar”.

Otros tiran de hemeroteca y sacan a relucir una añeja fotografía de 1986 en la que se ve a Melina Mercouri y a un joven Boris Johnson, eurófobo de pro, hoy ministro de Exteriores y en esa época, presidente de la Oxford Union, antes de un debate sobre, precisamente, los mármoles de Elgin. Mercouri, con la melena leonina y su poderío de diosa griega; Johnson, barbilampiño y de etiqueta: una instantánea que parece una carambola de la historia.


El director del Museo Británico rechaza el retorno

El director del Británico, Hartwig Fischer —primer responsable extranjero del venerable museo, el segundo más visitado del mundo tras el Louvre—, no se ha pronunciado sobre la iniciativa parlamentaria, pero tiene muy clara su postura sobre la hipotética devolución de las piezas griegas del Británico. En una entrevista concedida al diario The Guardian a primeros de julio —pocos días después del referéndum—, Fischer apuntaba que el papel de la institución que dirige será aún más importante tras el Brexit y que los mármoles están donde deben estar, “en el contexto de una exposición de obras de la cultura universal”, en referencia a las otras salas del establecimiento, dedicadas al Antiguo Egipto, Roma u Oriente Próximo, entre otras. “Hay mucha, mucha gente que aprecia que estén aquí, y yo soy uno de ellos”, recalcó.
Moneda de cambio


La ciudadanía apoya la restitución

La mayoría de los británicos apoya la devolución de los frisos, según los sondeos, si bien solo el 15% de la población adulta confiesa haberlos visto en el museo.

Entre los ciudadanos con estudios universitarios o de posgrado, el 52% defiende su devolución a Grecia, y solo el 20% rechaza tal posibilidad. </MC>

Una encuesta reciente de la empresa demoscópica Ipsos-Mori muestra al 69% de los informados sobre la cuestión a favor, y apenas el 13% en contra.</MC>

Dos de cada tres británicos responden favorablemente a la reunificación de los mármoles, según otro estudio publicado por el diario The Times. </MC>


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
Un camarero rompe un dedo a una valiosa estatua del British Museum

El hombre chocó contra la escultura el año pasado y el museo lo ocultó hasta restaurarla



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La Venus de Townley en exhibición en el el British Museum. The Trustees of the British Museum

La secuencia parece sacada de una película de Mr. Bean. Sin embargo, es real. Londres, seis de la tarde del pasado 10 de diciembre. Una empresa de catering contratada por el British Museum ultima los preparativos para un evento corporativo en una sala de la pinacoteca. Alrededor, lucen hermosas estatuas de varios maestros griegos y romanos. Un camarero se agacha para un arreglo. Al levantarse no se percata de que a su espalda, demasiado cerca, está la Venus de Townley, obra del primer o segundo siglo d.C., de valor "incalculable", según la BBC. Así que el hombre y la diosa chocan. Y el pulgar de la mano derecha de la estatua cae al suelo. Por lo menos, el dedo resultó intacto y pudo ser restaurado sin problemas por el museo.

La pinacoteca no hizo público lo ocurrido. Pero la historia ha sido descubierta y publicada ahora por la revista especializada The Art Newspaper, que ha reconstruido lo ocurrido aquella tarde. La publicación también apunta a que el museo no ha querido identificar la compañía de catering implicada, aunque destaca que ha de ser una de las nueve que suelen ser contratadas habitualmente por el British Museum.

Una portavoz del museo informó a The Art Newspaper que la ruptura del pulgar fue "limpia" y que pudo ser arreglada de forma rápida y directa. Y el centro añadió en un comunicado que se ha tomado el incidente "en serio". "La preservación de nuestra colección es de importancia fundamental. Nuestros conservadores expertos han podido restaurar perfectamente la obra y ha permanecido expuesta al público", añade el documento. 

The Art Newspaper añade que el British Museum ha tomado también medidas para evitar episodios parecidos en el futuro. "Hemos dado pasos para asegurarnos de que no se repita. Todo el personal que está implicado en eventos que no sean vigilados ha sido entrenado para ofrecer la mejor protección de las obras", ha declarado una portavoz.

En 2012 otro visitante protagonizó un incidente con la misma estatua, y resultó dañada una mano que también tuvo que restaurarse. La escultura es una copia de otra griega, la Diosa del Amor. La copia de mármol del museo londinense mide dos metros de alto y se encontró en Roma en 1775 y la compró Charles Townly, de ahí su nombre. Sus descendientes la vendieron al museo en 1805.


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
Exposición: El “sueño americano” de las últimas seis décadas llega al Museo Británico



El Museo Británico desentierra el "sueño" americano



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El 'Vote McGovern', de Andy Warhol, presente en la exposición. El Museo Británico inaugura la exposición “El Sueño Americano” que explora 60 años de movimiento artístico comenzando con el máximo exponente del pop art Andy Warhol, así como Jasper Johns y Robert Rauschenberg, entre otros.

Hablar del "sueño" americano a estas alturas puede sonar a bravata, provocación o insulto. Y sin embargo ahí está el Museo Británico, contribuyendo a su manera al nuevo "Puente Atlántico" y brindándole de Donal Trump una plataforma única durante los cuatro próximos meses.

La exposición The American Dream: pop to the present estaba planeada desde mucho antes, es cierto. Más de dos años se tardaron en reunir las 200 obras de 70 artistas -de Warhol a Rauschenberg, pasando por Jasper Johns, Donald Judd o Richard Serra- que se han hecho un hueco propio entres las momias egipcias y el frontispicio del Partenón. Y sin embargo el momento elegido para la insólita reunión no parece precisamente el mejor...

Tal vez habría que haber esperado a lo que depara la reacción artística a Trump, empezando -o terminando- por el poster "protesta" que inmortaliza a Munira Ahmed con el hijab de la bandera norteamericana. La obra la firmaba Shepard Farey, el mismo que acuñó el Hope de Obama y que podría haber sido el símbolo del sueño venido a menos, en la antesala de la "pesadilla" americana que ahora nos toca.

A falta de Farey, ahí tenemos a Andy Warhol en uno de los escasos pronunciamientos políticos de su vida y obra consagradas a la celebración del consumismo. Se trata de Vote McGovern, una litografía en la que fustiga sin piedad a Richard Nixon, con cara de pocos amigos y mascando ya el Watergate.

"Muchos artistas nacen para ser dogmáticos, pero Andy era como ningún otro artista que yo haya conocido", declaraba su coetáneo Ed Ruscha, que entra con pie propio en el el Bristish con su icónica Standard Station. "Andy estaba a favor de todo y de nada a la vez". Warhol se apropia de principio a fin de la exposición del British. Suyo es el argumento que da pie al título, cuando recordaba aquello de que cada cual tiene "las piezas de su propia fantasía americana". Eran otros tiempos, claro.

El tupé de Trump, por cierto, habría venido a pelo para una composición a lo Marilyn, como la que abre la exposición del Britain con el estallido pop. Sweet dreams, baby, de Roy Liechtenstein, sirve a continuación a modo de puñetazo en la cara: lo que estamos viendo son mayormente litrografías, grabados y reproducciones.

"El medio es el mensaje" fue el lema, robado a McLuhan, que llegó a adquirir una connotación despectiva en los años sesenta para minimizar lo que hacían los artistas "pop", que reivindicaban el valor de la reproducción en serie. Luego llegarían los minimalistas, el arte conceptual y el fotorrealismo de los años setenta con Chuck Close y Richard Estes.

Pese al esfuerzo por deslumbrar, hay una sensación de "fake news" cuando uno recorre las galerías del British. Para ver al auténtico, indómito e inimitable Rauschenberg, mejor cruzar el Támesis y llegar a Tate Modern, donde sigue hasta abril la famosa cabra de angola (o sea, Monograma). Con The American Dream, el Museo Británico aspira a emular el éxito de la exposición De Hopper a Pollock en el 2008, pero aquel era otro contexto histórico. Acababa de ganar Obama...

Como homenaje postrero tenemos por los menos la obra de Glenn Ligon, el artista consagrado por el ex presidente, que llegó a tener colgada en la Casa Blanca composiciones como Black like me #2: una reflexión (con mucha letra) de lo que significa se negro y gay en América del siglo XXI. Ligon añora ahora aquel encuentro con Obama como si fuera efectivamente un sueño: "No sé cuando volveremos a tener a un presidente que aprecie de verdad el arte".


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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
El Museo Británico exhibe el epitafio del sueño americano

La gran exposición de obra gráfica estadounidense en Londres adquiere un nuevo significado en la era Trump



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'Flag', obra de Jasper Johns de 1954-1955.

Los vikingos, los celtas, las ciudades sumergidas egipcias y, ahora, Estados Unidos. Resulta inquietante que la misma sala del Museo Británico que en los tres últimos años ocuparon las ruinas de sendas civilizaciones desaparecidas la llene ahora, en 2017, año uno de la era Trump, la poderosa iconografía de la cultura norteamericana.

En un momento en que el nuevo presidente estadounidense se esmera en dinamitar día a día la reputación política, intelectual y estética de la potencia hegemónica, El sueño americano, la gran exposición de la temporada en el museo londinense que se inaugura este jueves, tiene algo de testamento. De epitafio de una época en la que el sintagma que da título a la muestra podía pronunciarse sin ironía.

La exposición, subtitulada Del pop al presente, es una recopilación sin precedentes de obra gráfica de los grandes artistas estadounidenses de las últimas seis décadas. Como si Londres se hubiera volcado en un inmenso y coordinado homenaje al mejor arte estadounidense, El sueño americano sucede en el tiempo a la que la Royal Academy consagró al expresionismo abstracto y coincide con la que la Tate Modern dedica a Rauschenberg.

Las 200 piezas de más de 70 artistas trazan el ímpetu creativo del arte norteamericano que surgió del boom económico de la posguerra. En plena euforia del consumismo, los mass media y la publicidad, Robert Rauschenberg y Jasper Johns rompieron con la profundidad metafísica del expresionismo abstracto y, en palabras del crítico de arte Leo Steinberg, “permitieron al mundo volver a entrar” en su obra.


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'Gumball machine' (1970), de Wayne Thiebaud).

Las banderas (Johns), las viñetas de cómic (Lichtenstein), las marylins (Warhol), las estaciones de servicio (Ruscha) y los dispensadores de bolas de chicle (Thiebaud) construyeron una iconografía que resulta extremadamente familiar. Esos artistas descubrieron las posibilidades del grabado y lo convirtieron en parte central de su práctica. En la litografía, Norteamérica encontró un poderoso medio para distribuir su mensaje entre una cada vez mayor masa de consumidores de arte.

Explica la historiadora Susan Tallman en el catálogo de la exposición que, antes de los setenta, cuando veías a un artista en el tren de Long Island un miércoles por la mañana, sabías que iba al psicoanalista; después de esa fecha, sabías que iba al grabador. “Eso tiene dos notables implicaciones: primera, que la angustia freudiana y los misterios metafísicos del subconsciente había sido suplantados por la tecnología mecánica; y segunda, que el artista del tren no quería convertirse en litógrafo más de lo que quería convertirse en psicoanalista. La producción del arte se había convertido en un trabajo en equipo”, señala Tallman.

Aunque hay préstamos de instituciones del otro lado del Atlántico, el 70% de las obras exhibidas pertenece a la imponente colección de grabados del Museo Británico, que lleva adquiriendo obra gráfica desde los tiempos de Hogarth en el siglo XVIII. Y casi la mitad de las piezas colgadas han sido adquiridas en los últimos ocho años, después de la exposición La escena americana: grabados de Hopper a Pollock (2008), de la que esta muestra constituye una suerte de continuación. Una secuela que, explica Hartwig Fischer, director del museo, “ha tenido que esperar a la apertura, hace dos años, de las nuevas salas donde se ubica para acomodar la monumental escala y la naturaleza seriada de los grabados estadounidenses posteriores a 1960”.

Sacadas de sus carpetas y colgadas en las 12 salas que abarca la exposición, las obras componen un viaje que sale del pop, para adentrarse en el minimalismo de Sol Lewitt y Donald Judd, el realismo de Alex Katz o el arte abiertamente político de las Guerrilla Girls. Pero también hablan de una época de radicales cambios sociales. La guerra de Vietnam, los supermercados, los viajes espaciales, la garganta de Janis Joplin, el amor supremo de Coltrane, el sueño de Martin Luther King, el feminismo, el orgullo gay, el sida y, también, la guerra contra el terror y la gran crisis financiera.

La llorosa Jackie tras el asesinato de John F. Kennedy o la cara de Nixon, coloreada con el verde del vestido de su esposa, estampada sobre un cartel en el que Andy Warhol pedía el voto por George McGovern, rival demócrata del republicano que llevó las mentiras y la vigilancia a la Casa Blanca. Las últimas salas ofrecen sutiles avisos sobre el principio del fin del sueño, sobre el declive de esa civilización que hoy parece ya un tanto lejana.

Los ritmos de trabajo de una institución como el Museo Británico hacen imposible pretender que la exposición –que de hecho se presentó semanas antes de la victoria de Trump el pasado noviembre- haya sido concebida como reacción a los nuevos tiempos que vive Estados Unidos. Pero lo bonito es que estos han dotado a la muestra de un significado y un poder aún mayores.

Si el sueño americano depende de la prosperidad, el nuevo milenio ha sido testigo de su eclipse parcial. “El poderío de la fabricación estadounidense ha entrado en competición con las economías de Asia. Los salarios de la América media se han estancado. La educación es prohibitiva y la movilidad social, la esencia de ese sueño, se ha vuelto más difícil”, explica Stephen Coppel, comisario de grabados del museo. “Pero a pesar de las incertidumbres, Estados Unidos sigue siendo un lugar vital y creativo”.

El tiempo dirá si el país de Trump, donde el poder cultural parece residir en la telerrealidad y la conspiranoia digital, sirve de acicate de la creatividad. De ser así, es probable que su vehículo sea más Internet que el papel grabado, sino Internet. Pero si algo ha demostrado el arte estadounidense, algo de lo que da fe esta exposición, es su portentosa capacidad de irreverencia.

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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
Catorce cosas que no sabías del Museo Británico de Londres

Además de albergar dos millones de años de historia, el museo de antigüedades más famoso del Reino Unido (y del mundo) guarda cantidad de secretos. No desvelamos los enigmas de Tutankamón, pero sí unas cuantas curiosidades



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Hall del Museo Británico, con su impresionante cúpula, todo un icono.


1. Más antiguo que Estados Unidos

El Museo Británico se fundó en 1753 -cuando un naturalista británico donó su colección privada al rey- y abrió sus puertas tres años después. Es decir, antes de que se inventara la máquina de vapor, de que naciera Napoleón y de la Declaración de Independencia de EEUU. Antes, incluso, de que el Conde de Sándwich se comiera el primer emparedado de la historia de Inglaterra. Desde el principio, la entrada fue (y sigue siendo) gratuita, aunque restringida a todas aquellas "personas estudiosas y curiosas", que acreditaran su buena compostura y educación solicitando un ticket de admisión. Así, hasta que este sistema se abolió en 1810, el acceso estuvo limitado a intelectuales bien posicionados.


2. La atracción británica más famosa

El Museo Británico tiene más visitas que la National Gallery y la Tate Modern Y muchísimas más que el Palacio de Buckingham -donde se barajó ubicar el museo, por cierto-. De los 5.000 visitantes anuales que se recibían en el siglo XVIII se ha pasado a 6,5 millones. Incremento favorecido, entre causas sociodemográficas varias, por la ampliación horaria: si antes solo abrían tres días a la semana, y en agosto y septiembre cerraba, hoy abren de lunes a domingo, de las 10 a las 17.30 horas (los viernes, hasta las 20.30).


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La piedra de Rosetta.


3. De los primeros con luz eléctrica

Tener abierto hasta estas horas hubiera sido impensable en el siglo XIX, porque el museo se alumbraba solo con luz natural; a la que oscurecía o se les echaba la niebla encima, desalojaban las galerías. No utilizaban velas ni lámparas de aceite ni de gas. ¡menuda desgracia si el papiro de Hunefer se llegara a incendiar! En 1879 llegó la electricidad, primero de forma experimental, con unos arcos voltaicos instalados en la Reading Room y en el hall. No es que fueran mucho de fiar, pero deslumbraron a los usuarios de la biblioteca, que pudieron leer hasta las 19.00 sin problemas.


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Interior del centro, fundado en 1753.


4. 'Celebrities' y guerra de sexos

Lectores habituales fueron Lenin, Marx, Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle, Bram Stoker, Kipling, Gandhi, Mark Twain, Orwell... Lectoras hubo menos (George Eliot, Eleanora Marx, Virginia Woolf, Isadora Duncan...), pero porque únicamente tenían dos filas de mesas reservadas para ellas: la A y la T, donde cabían unas 16 mujeres (el aforo era de 168 personas en total). Mezclarlas con los hombres hubiera sido una promiscuidad. Los gentleman se quejaban: no había quién se concentrara, las ladies estaban siempre de cháchara, leían novelas y dibujaban, comían fresas a escondidas y hacían ruido con el raso de sus vestidos. Las damas contraatacaban: ellos eran unos cascarrabias, a menudo se quedaban dormidos y roncaban. Se armó la guerra de sexos bajo la cúpula del museo.


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La Biblia de Gutenberg.

En 1997, la sala de lectura dejó de usarse como tal: la biblioteca había crecido demasiado (150 millones de publicaciones, más los tres millones que se incorporan cada año). La Biblia de Gutenberg, el cuaderno de Da Vinci, los manuscritos de Brönte, de Byron, de Austen... están ahora en el barrio de St. Pancras. También partituras de Mozart, otra de las celebridades que visitó los tesoros de Great Russell Street, a pesar de que tenía 9 años y los niños (sin prodigios) estaban prohibidos.


5. Plaza pública cubierta de récord

Donde antes se hallaba la Biblioteca Británica ahora se encuentra el Gran Atrio de Isabel II, un recinto de paso que mide 7.100 metros cuadrados y está techado con 3.312 paneles de cristal. A Norman Foster le pitan los oídos cada vez que los tienen que limpiar: ¡tardan dos semanas!


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Figuritas de Lewis, piezas de ajedrez medieval.


6. Tienda de recuerdos centenaria

Es de visita obligada -después de la piedra Rosetta y de los mármoles sueltos del Partenón de Atenas-. No todo el mundo estuvo conforme cuando en 1912 se inauguró; hubo quien lo vio como una intrusión, y eso que solo vendían fotografías y postales en un mostrador. La tienda ha ido creciendo y ha pasado por emplazamientos diversos, desde el hall de entrada al pasillo donde ahora están los guardarropas.


7. Mike, el gato guardián

Hay muchos gatos en el Museo Británico, empezando por el de Gayer-Anderson, pero ninguno tan estimado como lo fue Mike, que vigilaba la puerta principal hasta su muerte, en 1929. Así lo recordaron sendos obituarios en el Times Magazine y en el London Evening Standard. En 1993, el New York Times sacó un reportaje de dos páginas sobre la habilidad de Pippin y Poppet para cazar palomas al vuelo; incluso se daba cobertura a las cenas de Navidad gatunas. Por entonces, la colonia estaba controlada: de siete mininos no pasaba. Pero tiempo atrás llegó a haber más de cien, invasión propiciada por el personal, que no siempre hacía caso al letrero de "prohibido dar de comer a los gatos". Los hubieran exterminado si no llega a ser por Rex Shepherd, el hombre de la limpieza que creó una Cat Walfare Society y los castró.


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Fachada del edificio, construido antes de que se inventara la máquina de vapor.


8. Un mamut en una cacharrería

Aparte de gatos, también hubo jirafas y rinocerontes, incluso mastodontes, megaterios y ciervos gigantes expuestos junto a las antigüedades. De las 942 especies de mamíferos entonces conocidas, 330 estaban representadas en el museo; otro tanto con los pájaros: 1.831 de los 4.109 descubiertos formaron parte de la colección hasta que, por falta de espacio, se trasladaron al Museo de Historia Natural. 394 viajes en carreta tuvieron que realizar para llevar de Bloomsbury a Kensington todos los esqueletos. Hoy por hoy, las salas de Cromwell Road cuentan con más de 70 millones de preciosidades extrañas: un meteorito marciano, un archaeopteryx fosilizado, la calavera de un homo rhodesiensis... o los especímenes que se trajo de su travesía Charles Darwin.


9. Parada de metro propia

La British Museum Station se estrenó en 1900, pero solo estuvo funcionando 33 años; la chaparon cuando se abrió muy cerca una nueva estación, la de Holborn. Ahora está medio abandonada; la usan como almacén y dicen que está encantada, que se escuchan los gritos de una faraona... Pero no. Los gritos de terror los lanzaron las bombas, que hicieron de este subsuelo un refugio antiaéreo.


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Frontón del Partenón.


10. Evacuación de antigüedades

Entre las paradas de Aldwych y Piccadilly escondieron los mármoles de Elgin. Faltaban semanas para que estallara la II Guerra Mundial. Ante la catástrofe inminente, se afanaron por empaquetar cien toneladas de esculturas, vasijas, monedas, libros... De Exposición Suicida se calificó a la muestra que el temerario Departamento de Prehistoria organizó por esas fechas. El horario de visita se limitaba a los fines de semana. Seis bombas cayeron sobre el museo en total; la última, el 10 de mayo de 1941.


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Egipto es lo que más atrae a los visitantes.


11. Gabinete de obscenidades

Aunque algunos la llamasen sala porno, The Scretum era su nombre formal: una galería que hubo de habilitarse tras la Obscene Publications Act (1957) para albergar unas 200 piezas etiquetadas como "monumentos abominables a la libídine humana", desde frisos hindús con posturas sexuales imposibles a cirios fálicos y cinturones de castidad. Los interesados requerían de un permiso especial; impensable que una mujer lo solicitara; solo se otorgaba a quien certificara madurez e higiene moral, pues sabido era que cualquier exceso sexual degeneraba forzosamente en el colapso económico de la sociedad. Si bien el gabinete ya no existe, las rarezas que exhibía se encuentran dispersas por toda la colección (quien vaya con prisas que vaya al Departamento de antigüedades medievales, donde se muestra el grosso de objetos eróticos).


12. Furor por las momias

La exposición Los tesoros de Tutankamón es la que mayor número de visitantes ha recibido: 1.694.117 durante los nueve meses que estuvo abierta en 1972, coincidiendo con el 50 aniversario del descubrimiento de Howard Carter. Más de siete mil personas al día hacían colas para plantarse ante la máscara funeraria del faraón. Si quisieran volver a ver aquellas piezas tendrían que ir a El Cairo y a Luxor.


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Detalle de un fresco procedente de una tumba de Tebas, Egipto.


13. Lo más buscado

No es de extrañar que la palabra más buscada en la web del Museo Británico sea "Egipto", dada la cantidad de momias que tiene de inquilinas. Sorprende más que la segunda palabra en el ranking sea "shunga"... un género artístico japonés con representación del acto sexual que protagonizó una exposición.


14. Hitos en tiempos modernos

En noviembre de 2015 el Museo Británico se convirtió en el espacio interior más grande cartografiado por Google Street View. Gracias a esta tecnología es posible explorar cerca de 5.000 objetos en un tour virtual sin selfies de por medio y hacer zoom en joyas como las Admoniciones de las Institutrices, una pintura de rollo china que tardaron tres días en digitalizar y que solo se expone unos meses al año por su fragilidad. Ahora sí que sí, todas las "personas estudiosas y curiosas" (con acceso a Internet) pueden acceder libremente a las colecciones del British Museum.


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La Sala de lectura. British Museum.
 

elmundo.es / MERITXELL-ANFITRITE ÁLVAREZ / Wikipedia
 




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Mensaje Re: British Museum (Museo Británico, Londres) 
 
De Osiris a Ramsés: dioses y faraones egicpios

CaixaForum Barcelona inaugura la exposición 'Faraón', organizada por el British Museum, que cede 164 piezas de su colección. A través de 3.000 años de historia, la muestra analiza el significado de la monarquía en el antiguo Egipto




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Los Faraones, los Señores de las Dos Tierras, eran los encargados de proteger Egipto de sus enemigos y de garantizar el maat, el orden del universo.

Más info

En el Egipto del siglo XIX se desató una verdadera carrera arqueológica promovida principalmente por Gran Bretaña, Francia e Italia a través de sus cónsules en El Cairo. Cónsules como el británico Henry Salt, que competía con sus colegas diplomáticos por ser quien más estatuas, estelas de jeroglíficos y ajuar funerario embarcara al viejo continente. Entre sus exploradores preferidos figuraba el italiano Giovanni Battista Belzoni, un hercúleo viajero sin demasiados escrúpulos, un buscavidas que se dedicó a la egiptología por los suculentos beneficios que le aportaba el comercio de antigüedades. El caso es que el Gran Belzoni -así le apodaban por su estatura- fue el responsable de traer al British Museum una de las piezas más emblemáticas de su colección egipcia: el gran busto de piedra de Ramsés II, que transportó desde la necrópolis de Tebas hasta Alejandría para mandarlo a Londres.

Aunque el colosal busto de Ramsés II no sale del British Museum (es una de sus piezas estrella), sí lo ha hecho otra delicadísima estatua que Belzoni descubrió en sus expolios en Luxor (la antigua Tebas). En 1816, Belzoni entró en el templo de Mut, donde según parece encontró la imponente estatua a tamaño natural del faraón Seti II(c. 1.200-1.194 a.C.), sexto rey de la Dinastía XIX. Sentado en su trono, Seti IIrealiza una ofrenda a Amón, el dios creador:una capilla coronada por una cabeza de carnero, símbolo de la deidad.

Seti II está en Barcelona. Es el primer rey con que se topa el visitante de la exposición Faraón. Rey de Egipto, que el British Museum estrena en CaixaForum y que se podrá ver hasta el 16 de septiembre (luego viajará a Madrid, Sevilla y Zaragoza). En esta escultura -que Belzoni encontró junto a varias piezas de la diosa leona Sekhmet- se puede sintetizar prácticamente toda la narrativa de Faraón. Empecemos con el simbolismo: Seti IIestá coronado con un ureo (una cobra erguida) que lo protege y entre sus piernas se puede ver una cola de toro, que le transmite la fuerza necesaria para reinar. Su trono está decorado con plantas de papiro y loto, una representación de la unificaciónj del Alto y del Bajo Egipto. En el pedestal aparecen los nombres del monarca pero el signo de Seth, dios del caos, que durante las Dianstías XIXy XX fue una de las divinidades nacionales fue borrado probablemente durante la Baja Época, momento en que se negó su carácter divino. Porque los dioses egipcios podían caer de su particular Olimpo. Y los faraones -una encarnación de la divinidad en la tierra- escogían a su propio dios y tomaban sus atributos.


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Estatua del faraón Seti II de la dinastíaXIX (c. 1.200-1.194 a.C.).

«Faraón reúne 3.000 años de historia y quiere ir más allá de las ideas establecidas.. Egipto fue un reino muy vasto y complejo, administrarlo no era sencillo. La realidad no es siempre tan glamourosa como se suele imaginar el Egipto de los faraones. Por ejemplo, sus palacios solían ser de ladrillos de barro y no eran, ni de lejos, tan suntuoso como los templos de los dioses», explica la comisaria Marie Vandenbeusch, del departamente del Antiguo Egipto y Sudán del British Museum, que ha cedido 164 piezas para esta exposición, un paseo entre dioses y faraones, entre Osiris y Amenhotep, entre Ra y Tutmosis.


elmundo.es / caixaforum.es




 

Una interesante exposición que espero disfrutadla cuando la traigan a Madrid.
 




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