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TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives)
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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
La Tate Modern altera la Historia del arte


El museo amplía sus espacios y propone un radical replanteamiento de la colección



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El edificio de la ampliación de la Tate Modern, en Londres. El nuevo edificio The Switch House del museo es una imponente torre de diez plantas, diseñada por los mismos arquitectos, los suizos Jacques Herzog y Pierre De Meuron, que en el 2000 se encargaron de reconvertir una antigua central eléctrica abandonada en lo quees este icónico museo.

La Tate Modern, el museo de arte moderno y contemporáneo más visitado del mundo, ha desvelado hoy, martes, ante unos 800 miembros de la prensa, sus cartas para seguir ganando en el siglo XXI la partida del arte como un improbable equilibrio entre reflexión y espectáculo: una pirámide de ladrillo de 10 pisos firmada por los arquitectos suizos Herzog &DeMeuron —que ha costado 260 millones de libras y amplía sus espacios expositivos en un 60%— y una nueva forma, más plural, global y femenina de contar la historia a partir de 1900. “El mundo ha cambiado mucho en estos 16 años [desde la apertura en 2000], ya era hora de que también alteráramos los relatos”, explicó en la presentación Frances Morris, su directora desde enero.


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Una de las salas del nuevo edificio The Swithc House de los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre De Meuron.

La nueva estructura se asemeja a una de esas torres defensivas que salpican la costa oriental británica. Desde fuera, la fortaleza solo se permite el respiro de unos escuetos ventanales por los que de buena mañana se introducía una luz típicamente londinense. El símil defensivo es útil: el nuevo edificio apuesta por preservar la belleza brutal de los muelles meridionales del río, en los que el arquitecto Giles Gilbert Scott erigió a mitad del siglo pasado la central eléctrica que acabaría en ejemplar museo e icono de la nueva ciudad. La mole achatada luce hoy asediada por torres de cristal a este lado del Támesis y, al otro, por la amenazante arrogancia del dinero de la City. De esta se obtiene una inmejorable vista desde la terraza panorámica del último piso del nuevo edificio, una atracción turística en sí misma y “la mejor postal de la ciudad para un corresponsal financiero”, como certificó asomado a la barandilla el divulgador de la BBC Will Gompertz.


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La instalación Aventura Africana de la artista Jane Alexander es expuesto en las nuevas instalaciones.

Un simple vistazo evidencia, como aseguró sir Nicholas Serota, responsable de la Tate (paraguas que cobija la Tate Modern), que la pareja no ha pretendido crear “un icono”, sino servir a un propósito espacial gracias a una sutil inversión geométrica. Si el viejo edificio (ahora llamado Boiler House) proponía una distribución vertical de los espacios y las visitas, en el zigurat retorcido (Switch House), vence la fluidez gracias a un entramado de escaleras enroscadas. Así, queda redimido cierto pecado original: la enormidad de la Sala de turbinas (proyectada por los mismos arquitectos) ha definido mucho de lo que el museo significa en el imaginario global (gracias a intervenciones como el sol de Olafur Eliasson o la grieta abierta por Doris Salcedo), pero también acogotó los espacios propiamente galerísticos de una institución pensada para recibir dos millones de visitantes al año y que ya supera los cinco.


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Escultura de un árbol del artista chino Ai Weiwei en el espacio Turbine Hall de la Tate Modern.

“Hubo un proyecto inicial de construirla en vidrio”, explicó en un aparte y con solvente dominio del español Jacques Herzog. “Aquella locura la olvidamos, por suerte. Puede parecer una estructura muy sólida, pero permite que penetre mucha luz del exterior por los huecos de la piel de ladrillo. Nos preocupaba que lo nuevo y lo viejo formasen un todo y que pareciera que la construcción siempre estuvo aquí”.


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Una empleada del museo posa para los fotógrafos junto a la instalación Pabellón suspendido en una habitación de la artista española Cristina Iglesias.

La ampliación ha servido también para reordenar la colección permanente, tanto en los viejos espacios como en los nuevos, consagrados al arte desde 1960. La Tate fue pionera en negar la cronología como un modo válido de relato. Esa idea sale ahora reforzada. Si las salas de siempre se han reorganizado en torno a conceptos como El artista y la sociedad o Materiales y objetos y el artista brasileño Cildo Meirelles convive con el titán del arte estadounidense Mark Rothko, la preocupación de los equipos comisariales residentes (que firman sus decisiones) se centra en las recién construidas en tres de los temas esenciales del arte contemporáneo: el sentido de la representación escultórica, la participación del público y la ciudad.


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Trabajos de la artista Louis Bourgeois en las nuevas instalaciones de la Tate Modern de Londres.

Entre las 800 obras de 300 artistas de 50 países expuestas (tres cuartas partes de las cuales han sido adquiridas desde que abrió el museo), crece la presencia de mujeres hasta el 50% (cuando el museo abrió, el porcentaje era del 17%). La apuesta se plasma tanto en la decisión de destacar el trabajo de Louise Bourgeois como en la presentación de la primera planta, donde una sucesión de piezas de Joan Jonas, Angela Bulloch, Cristina Iglesias, Amalia Pica o Yayoi Kusama lanza una primera advertencia: quizá el arte no se desarrolló tal como nos lo habían contado.


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Obra 'Beirut Caucho2004-2008' del artista Marwan Rechmaoui, en una de las nuevas salas.

Y no solo lo relativo al género: artistas libaneses (Saloua Raouda Choucair), rumanos (Ana Lupas) o de Benín (Meschac Gara) destacan en la colección permanente en un intento de derribar el discurso dominante (europeo y estadounidense) para sorpresa hasta de los vigilantes de sala, que miraban las cartelas con genuino interés. Además, salen reforzadas disciplinas como la fotografía, el cine, el arte en directo o la performance, que disfruta de su propio espacio en los tanques del sótano y se expande por el centro.


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Detalles de las ventas del nuevo edificio The Switch House.

Como para subrayar que el cambio permanente es hoy la única certeza posible en todos los órdenes de la vida, Morris sentenció: “Estoy segura de que la institución será muy distinta en 10 años, pero también que no necesitará de más espacio”. Y sonó creíble. En el cambiante mapa de los museos, la nueva Tate abre el viernes al público equipada para enfrentarse al reto de seguir pintando, ahora que otros han aprendido tan bien a continuar lo que la institución londinense empezó: resultar relevante para una vasta legión de visitantes (turistas) tendentes a la dispersión y al bostezo.


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Instalación del artista brasileñ Cildo Meireles con el nombre Babel 2001.



“No creemos en las franquicias”

Sir Nicholas Serota, director del conglomerado Tate es, a sus 70 años, una de las personas más influyentes del arte. Pese a los rumores, la culminación del proyecto de ampliación de la Tate Modern (cuya creación impulsó) no anuncia su retiro. “No entra en mis planes la jubilación”, ha explicado a este diario en un receso de presentación del nuevo espacio. Tampoco tiene intención de apuntarse a la moda de las franquicias como el Pompidou, el Guggenheim o el Louvre. “No creemos en eso. No queremos conquistar el mundo. La Tate es una institución de alcance global, pero de fuerte implicación local”. Sobre esa dualidad se pronunció Lord Browne, presidente del patronato del museo, que aprovechó la conferencia de prensa, en la que compareció con Serota, Morris, el nuevo alcalde de Londres y el ministro de Cultura, para hacer una referencia al gran tema del momento: el 'Brexit', la posible salida de Reino Unido de la UE. “Hay un país, que es el de la Tate y aspira a ser global, y otro que se empeña en recluirse”. A Browne, Serota le agradeció su trabajo por lograr donaciones. El proyecto, de 260 millones de libras, ha contado con ayuda pública y privada. Aún queda dinero por conseguir. “Logramos unos 200 millones de inversores privados y 50 del Gobierno. No será difícil dar con el resto. ¿Quién no querría aportar a este bello edificio?”.


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La nueva ala de la galería se inaugurará oficialmente este viernes con la voluntad de hacer de la Tate un centro todavía más "internacional" y diverso, con arte llegado de todas las partes del globo, señaló hoy en rueda de prensa su director, Nicolas Serota.


elpais.com
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
No hay 'Brexit' en la Modern
  
En plena campaña a favor y en contra de la salida de la UE, la Tate Modern presenta su ampliación como una "nueva ventana al mundo"



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Exterior de la ampliación de la Tate Modern.

Ahora que el Reino Unido amenaza con plegarse en sí mismo, se agradece que la Tate Modern se abra como una prodigiosa crisálida que tiene algo de pirámide imposible, incorporada ya como parte ineludible a la nueva línea del cielo de Londres. "Ésta es nuestra nueva ventana al mundo", dijo con clara intencionalidad política Lord John Browne, presidente de la Tate. "Tenemos que estar abiertos a las ideas y a las culturas".

Más que un añadido al mejor museo del arte moderno del planeta, estamos ante una auténtica reconfiguración de la vieja Central Eléctrica de Bankside, reinventada por Herzog y De Meuron 16 años después de la flamante reconversión que no cesa.

Los cinco millones de visitantes al año (más del doble de lo previsto) estaban ejerciendo un presión insostenible en la Sala de Calderas. El museo necesitaba a gritos una expansión, más allá de la impresionante Sala de Turbinas. La respuesta empezó a rumiarse con los Tanques (la estructura de cemento que se ha convertido en el nuevo templo del arte en vivo) y ha alcanzado la máxima expresión con la Switch House, la sala de distribución con la que se consuma la metamorfosis de la Tate Modern.


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"Estamos ante una respuesta dinámica a los tiempos en que vivimos", aseguró la directora de la Tate Modern en la puesta de largo de la ampliación del museo. "Nuestra colección permanente incluye 300 artistas de 50 países del mundo, y nuestra geografía se ensancha y convierte a los visitantes en co-creadores, en un espacio concebido para cambiar constantemente".

Sorprende el contraste entre la austeridad de los 336.000 ladrillos oscuros que cubren la pirámide y los luminosos espacios interiores distribuidos que se proyectan en 10 pisos y alcanzan su máxima expresión en el mirador, a 65 metros de altura, con vista de gaviota sobre la lluvia ribera sur del Támesis, con la City al fondo y la pirámide acristalada del Shard marcando el punto cardinal hacia Europa.

"Vamos a poner la cultura en el corazón de esta ciudad y vamos a proyectarla hacia el futuro como emblema del cambio", proclamó en la Sala de Turbinas el alcalde, Sadiq Khan, en otro discurso con segundas, a falta de nueve días para la cita con las urnas.

La coincidencia casi fatídica no hará mella en los planes: la Tate Modern piensa lanzar la casa por la ventana desde el 17 de junio, el día de la inauguración, y prolongar la fiesta lo que haga falta. La Sala de Turbinas se convertirá previsiblemente en un hormiguero de visitantes deseosos de tomarle la medida a la pirámide, concebida por Jacques Herzog y Pierre de Meuron como una mini-ciudad interior.


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En el eco subterráneo de la Sala de los Tanques, Alexandra Pirici y Manuel Pelmus reinterpretan en vivo a Matisse con un grupo de cinco performers. Las esculturas de Rasheed Araeen, Robert Morris y Charlotte Posenenske interaccionan con obras que combinan luz y sonido.

La segunda planta se sitúa Entre el Objeto y la Arquitectura, y allí reclama su propio espacio el Pabellón suspendido de Cristina Iglesias, los cubos de vidrio de Roni Horn, la fuente de burbujas de David Medalla o las jaulas-cama interactivas de Ricardo Basbaum, donde uno puede relajarse -sin temor a la claustrofobia- mirando al Támesis.

La tercera planta es el espacio perpetuamente reservado a la performance y a la participación, por la senda de Marina Abramovic, pasando por el Tropicalia de Hélio Oiticica o por El Proceso Solemne de Ana Lupas, en inusitada colaboración con los campesino rumanos.

Las arañas de Louise Bourgeois se apoderan de la Galería de los Artistas en la planta cuarta, donde destaca también el espacio de las Ciudades Vivas, y en especial el skyline de couscous creado por Kader Attia o el mapa de caucho Beirut Caroutchouc concebido para ser pisado por Marwan Rechmauoi.


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Los senderos se bifurcan en pleno ascenso a los cielos de la nueva Tate Modern, donde el dilema está entre el ascenso al mirador o el salto a la vieja Sala de Calderas, remozada para la ocasión. Un árbol de Ai Weiwei nos marca el camino: al otro lado nos esperan Picasso, Matisse, Magrite, Kandisky, Calder o Gerhard Richter como nunca los habíamos visto antes.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
Homosexualidad, morbo y piscinas: el taquillazo de David Hockney en la Tate Britain


20.000 entradas vendidas de anticipo lo erigen como el mayor taquillazo del museo.

Se inaugura la mayor retrospectiva de su carrera: sesenta años de color, veranos y vegetación pop. 




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Retrato de un artista. / EFE

La Tate Britain dedica desde este jueves una exposición a las obras de David Hockney, en la que muestra la prolífica carrera del artista británico y su capacidad para explorar los nuevos soportes a lo largo de más de cinco décadas de trabajo. Considerado el pintor británico vivo más relevante, esta ambiciosa retrospectiva, la mayor que se hace de Hockney (Bradford, 1937) desde 1988, ha contado con la "implicación" total del artista, que a sus 79 años muestra un entusiasmo idéntico al que engatusó al público cuando aún era un estudiante en el Royal College Of Art. 20.000 entradas vendidas de anticipo le convierten en el pintor más taquillero de la Tate. 

De hecho, de esa época, en la que se impregnó de influencias variopintas e incluyó coqueteos con la abstracción, se pueden contemplar en la Tate Britain obras raramente exhibidas al público como "The Third Love Painting", parte de la serie "Love", en la que explora la relación entre los hombres.

Según explicó hoy a Efe Helen Little, una de las comisarias, "uno de los aspectos que más revelan de la exposición es su capacidad para ver cómo las diferentes ideas y las maneras distintas que tenía de explorar los nuevos soportes a lo largo de las décadas siempre convergen en el siguiente paso".

Según explicó hoy a Efe Helen Little, una de las comisarias, "uno de los aspectos que más revelan de la exposición es su capacidad para ver cómo las diferentes ideas y las maneras distintas que tenía de explorar los nuevos soportes" 
Little considera que Hockney "atraviesa ahora un momento muy interesante en su vida y a sus casi 80 años sigue trabajando en su estudio cada día, tan prolífico como siempre, produciendo numerosos dibujos con su iPad", un soporte cuyas aplicaciones pictóricas emplea frecuentemente para crear. La retrospectiva, presentada hoy a la prensa, está estructurada siguiendo un orden cronológico y vuelve la mirada a la década de 1960, "en la que la mayoría de los artistas coqueteaban con la abstracción", según Little.

Ya entonces, el trabajo del británico destilaba algunas de las ideas que han continuado estando presentes durante toda su evolución artística, como las relacionadas con su identidad y con su relación con el mundo. Esta compilación supone, además, "una rara oportunidad de contemplar todos estos trabajos juntos" y refleja cómo Hockney "siempre ha cuestionado la naturaleza de las imágenes y se ha preguntado cómo vemos el mundo y cómo podemos capturar en dos dimensiones ese mundo de tiempo y espacio", según Little.

Identidad pictórica

El visitante puede recrearse con "clásicos" de Hockney como "Play Within a Play" (1963), una obra basada en la fotografía de un amigo del pintor, John Kasmin, y en la que se mueve entre la realidad y la ilusión; o "Rubber Ring Floating In a Swimming Pool" (1971), en el que recrea una fotografía. A partir de 1964, el británico vivió en Santa Mónica (EE.UU.), donde encontró la luz que no hallaba en Inglaterra; y fue en Los Ángeles donde se propuso crear "una identidad pictórica" de esa ciudad, cuya geometría le fascinó, según explicó hoy otro de los comisarios, Chris Stephens.

Fue entonces cuando Hockney trató de dar réplica con su obra a cuestiones sobre cómo un pintor logra capturar las cualidades transparentes del cristal o del agua que está en continuo movimiento, como ilustran algunos trabajos expuestos como "Peter Getting Out Of Nicks's Pool", de 1966.

La Tate Britain dedica amplios espacios a enormes y llamativos paisajes del condado inglés de Yorkshire, donde le fascinaba el cambio de las estaciones y que se combinan con otros coloridos y llamativos paisajes del Gran Cañón

La Tate Britain dedica amplios espacios a enormes y llamativos paisajes del condado inglés de Yorkshire, donde le fascinaba el cambio de las estaciones y que se combinan con otros coloridos y llamativos paisajes del Gran Cañón (EE.UU.) al tiempo que hay otra sala con cuadros dedicados a los dobles retratos característicos del artista. En 2013, Hockney volvió a trasladar su residencia a las colinas de Hollywood, un cambio de escenario que dejó huella en sus proyectos.

De hecho, con relación a esta etapa, la galería exhibe dos nuevos trabajos de pintor inglés en los que retrata su casa y jardín de Los Ángeles, titulados "Garden #3" y "Two Pots on the Terrace" (2016). Durante los últimos cuatro años, el uso del iPhone y posteriormente del iPad como nuevo instrumento de dibujo se han convertido en una constante en la manera de trabajar del pintor británico, como también queda plasmado esta retrospectiva, que estará abierta al público hasta el 29 de mayo.


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La intimidad y la distancia, de David Hockney.

Ver más obras


elespanol.com
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
Giacometti, más allá de la figura alargada

La Tate Modern reúne 250 obras del escultor suizo en la mayor retrospectiva hasta la fecha



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Parte de la exposición en la Tate Modern. / CARLOS FRESNEDA

En 1965, un año antes de su muerte, Alberto Giacometti instaló provisionalmente su estudio en los bajos de la Tate Gallery de Londres. Los visitantes de su primera gran retrospectiva en el Reino Unido, presidida por el 'El hombre que camina', tuvieron la oportunidad de ver en su salsa al escultor suizo, con el pelo enredado y barba de varios días, fumando a dos manos, mientras remataba sobre la marcha una de sus últimas obras en yeso y bronce: 'Cuatro figurines sobre pedestal'.
Ajeno a las miradas de los curiosos, aunque lanzando alguna que otra mirada cómplice a la galería, Giacometti trabajaba con la manos y con precisión milimétrica en los cuatro figurines mínimos, inspirados por una escena lejana que se le quedó prendada en la retina: las imagen de cuatro prostitutas denudas en el fondo de un burdel parisino.


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En aquellos seres alámbricos estaba concentrado todo lo sabido y experimentado sobre la figura humana a lo largo de su carrera. Como decía Sartre, Giacometti logró algo así como "la reducción extrema de la humanidad en la lejanía". Sus hombres y mujeres alargados son la metáfora misma de la existencia contraída, "a medio camino entre el ser y la nada", tras la traumática experiencia de la Segunda Guerra Mundial.

"Antes de llegar a esa síntesis final, a ese punto de madurez como artista y a esas figuras que todo el mundo reconoce hoy en día como la expresión de una época, Giacometti pasó por casi todas las escuelas del siglo XX", recuerda Frances Morris, directora de la Tate Modern y comisaria de la nueva y definitiva retrospectiva de uno de los genios del arte moderno.

Más de medio siglo después de aquella legendaria exposición que sirvió de despedida (murió en 1966 de una pericarditis a los 64 año), el espíritu de Giacometti vuelve a orillas del Támesis, aunque bajo un nuevo prisma. Una colección de 250 obras, desde sus pinturas iniciales a sus esculturas cubistas y surrealistas, completan ese singular viaje a la mente y a las manos del suizo universal.


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En vez de elegir la socorrida sucesión cronológica, la Tate Modern ha decidido reunir en la primera sala más de 20 bustos y cabezas, esculpidos por Giacometti entre 1917 y 1960 y como muestra de la extraordinaria versatilidad del artista: lienzos, bronces, yesos, arcilla... Allí están los retratos de su padre, Giovanni, el pintor post-impresionistas. Y por doquier su hermano Diego, cómpice de huidas y supervivencias. Y por supueso su esposa Anette. Y su última amante, Caroline, a quine conoció cuando era prostituta.

"Si algo caracteriza a Giacometti durante toda su vida es su pasión por el rostro y por la figura humana", advierte Frances Morris. "A lo largo de su vida como artista, pasará por diferentes narrativas, pero el centro de su interés es invariablemente el mismo".

En 'Mujer con garganta cortada' (1932) descubrimos a Giacometti exprimiendo hasta la última gota del surrealismo y avanzando casi hacia el sadismo. El erotismo implícito de algunas de sus primeras figuras van dejando paso al expresionismo de 'El hombre que apunta' (1947) o 'La carroza' (1950), que dio pie a una exposición monográfica considerada en su día como la fusión perfecta en el arte moderno y arte antiguo, con innegables influencias del arte africano.


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Reunidas por primera vez en 60 años, aquí tenemos a las 'Mujeres de Venecia', las figuras de yeso creadas para la Bienal de 1956 que supuso su consagración mundial como artista. Inspiradas directamente por su mujer Annette, con una extraña mezcla de fragilidad y fuerza, esta colección está considerada como la culminación de toda una vida consagrada a la exploración de la figura humana... "Quiero darles cierta altura, y por eso no tengo más remedio que hacerlas estrechas, y cuanto más me empeño en ensancharlas, más estrechas se hacen".


elmundo.es
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
Giacometti, el corazón blando del hombre de bronce

La Tate Modern de Londres descubre en una retrospectiva la afición por los materiales cálidos y humildes del artista suizo



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Una visitante pasea ante la serie de esculturas 'Mujer de Venecia', de Alberto Giacometti, en la Tate Modern de Londres. / STEFAN WERMUTH REUTERS

Fascinado desde niño por la mirada, para él la esencia de la vida humana, Alberto Giacometti (1901-1966) no habría podido evitar reparar en los ojos, humedecidos por la emoción, de esta mujer menuda que deambula sonriente entre las estilizadas esculturas de la retrospectiva que la Tate Modern dedica al artista suizo. La mirada es de Frances Morris, directora del museo y comisaria de la exposición, que trata de explicar con palabras lo que Giacometti habría buscado en sus ojos. “Esto es el resultado de 25 años de trabajo”, explica a EL PAÍS. “En 1993, hice una exposición sobre el París de la posguerra. Había 11 artistas y en el centro estaba Giacometti. Desde entonces hemos tratado de buscar el momento adecuado”.

Ese momento es ahora. En buena medida, explica Morris, por la coincidencia de dos mujeres al frente de las dos instituciones claves detrás de la retrospectiva: la Tate Modern, que dirige Morris desde enero del año pasado, y la fundación Giacometti, cuyas riendas tomó Catherine Grenier en 2014. Ambas son amigas y mantienen una estrecha relación profesional. “Era obvio que debíamos hacerlo juntas”, explica Morris.

La colaboración entre ambas instituciones aporta la piedra angular de esta exposición: la serie de esculturas en yeso realizadas por el artista para la bienal de Venecia de 1956, especialmente restauradas por la fundación parisiense, que pueden verse juntas por primera vez en 60 años. Las piezas fueron moldeadas después en bronce y exhibidas con posterioridad. Pero la fragilidad y la luminosidad de esos yesos tiene la virtud de alejar a Giacometti de su propio estereotipo.

Hace un año y medio, cuando asumió la dirección de la institución en la que lleva trabajando desde su creación hace 17 años, Morris explicaba a EL PAÍS que un museo como la Tate Modern no debía conformarse con ofrecer una retrospectiva ambiciosa sobre un artista determinado, sino que sus exposiciones aspiraban a aportar una lectura novedosa sobre sus protagonistas. En el caso de Giacometti, un artista asociado con la dureza del bronce, lo que aporta la Tate es el énfasis en la investigación del artista con materiales blandos. “A Giacometti se le conoce por sus esculturas de bronce, y ese era el resultado final”, explica Morris. “Pero lo que a él le gustaba era la fluidez del barro y el yeso, materiales cálidos y humildes. Eso fue algo revolucionario en la época y anticipó lo que en los escultores de los años 60 y 70, como Louise Bourgeois, fue una reacción contra la dureza de los materiales”.

La exposición ofrece un recorrido exhaustivo por la vida y la obra de quien Morris no duda en definir como uno de los artistas más importantes del siglo XX. Nacido en el primer año del siglo en un remoto valle suizo, se trasladó a París en 1922 para perseguir su vocación artística. Su transición en los años 20 del naturalismo a la abstracción, influido por Brancusi y las tradiciones africanas y de Oceanía, llamó la atención de Breton. De su mano, Giacometti comenzó a frecuentar a los surrealistas en la década de los treinta, atraído por su rechazo a la tradición y la moral burguesa y su fascinación por el subconsciente.

La Segunda Guerra Mundial los sorprendió visitando a su madre en Suiza. Pasó la guerra instalado en una habitación de hotel de Ginebra, donde sus esculturas se iban haciendo cada vez más pequeñas hasta alcanzar la miniatura. Allí conoció a Arnnette Arm, que se convertiría en su esposa y su principal modelo femenina.

En 1945 volvería a París, a su estudio de la calle Hippolyte Maindron que había cuidado su hermano Diego en su ausencia. Una noche, saliendo de un cine de Montparnasse, comprendió que su visión del mundo había sido fotográfica, pero que la realidad escapaba a la supuesta objetividad de la película. Aquello le permitió aumentar la escala de sus piezas. Comenzó a producir las figuras aisladas y alargadas que Jean Paul Sartre, autor de un texto de referencia para el catálogo de una exposición de 1948, describió como “siempre mediando entre la nada y el ser”. Aquellas esculturas encarnaban la ansiedad y la alienación en las que una generación traumatizada por la guerra pudo reconocerse.

La fama y el dinero no cambiaron su modo de vida austero y su obsesivo ritmo de trabajo. En la gran retrospectiva que le dedicó la Tate en 1965, montó un estudio en el sótano de la galería, donde seguía trabajando para las esculturas de la exposición. Hoy, las más de 250 piezas repartidas por la nueva retrospectiva amplían el campo de visión de una creador cuya obsesión, más allá de construir una carrera artística, fue capturar la vida en el filo de la locura. “No trabajo para crear pinturas o esculturas bellas”, dijo. “El arte solo es un medio para ver”.


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'Caroline' (1965), dibujo de Giacometti.



El tiempo y el espacio

La exposición ilumina otros ángulos del poliédrico Giacometti. Frances Morris, directora de la Tate Modern, es una apasionada de las líneas que relacionan las prácticas artísticas en el tiempo y el espacio. Es una de las señas de identidad que quiere imprimir a la Tate y que vertebran la colocación de la colección después de la ampliación inaugurada el año pasado. Morris señala dos líneas en las que indaga la retrospectiva del artista suizo: “Por primera vez exploramos el significado de su obra primera, hasta que se compromete con lo que se convirtió en el arquetipo de su carrera. Profundizamos en sus relaciones con el cubismo o el surrealismo. Y mostramos cómo su obra está enraizada en el arte arcaico no occidental. La importancia que tuvo para él el arte egipcio, por ejemplo. Reposicionamos a Giacometti, no como un artista aislado, sino en diálogo con su tiempo y con la antigüedad”.

elpais.com
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
La Tate Modern de Londres expondrá más de cien obras de Picasso en 2018

Estará abierta de marzo a septiembre del año que viene, y se titulará «Picasso 1932: Amor, fama y tragedia». Entre otros cuadros, se podrá ver «Mujer ante el Espejo» y «El sueño»



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«Mujer ante el espejo», de Picasso - ABC

La Tate Modern de Londres acogerá de marzo a septiembre del año que viene la exposición «Picasso 1932: Amor, fama y tragedia», que contará con más de cien obras del artista malagueño.

La muestra se centrará en 1932, conocido como «año de las maravillas» de Pablo Picasso (1881-1973), periodo considerado como el «más creativo» del pintor. «Aquel año sus obras alcanzaron un nuevo nivel de sensualidad y consolidó su figura como una de las más importantes del siglo XX», sostiene la Tate Modern en una nota de prensa.

Algunas de las obras más conocidas del español datan de ese año, como «Mujer ante el Espejo» o la obra maestra «El sueño», que representa a su musa y amante Marie-Thérèse Walter dormida y que, por primera vez, se expondrá en el Reino Unido.

Otros retratos que podrán verse en la capital británica revelan los sentimientos de orgullo y ternura que el artista sentía hacia su primera mujer, Olga Khokhlova, y su hijo Paulo.

La Tate explica que 1932 fue un año en el que la vida de Picasso se encontraba dividida entre la tranquilidad del campo y el bullicio de la ciudad, su mujer y una nueva amante, la pintura y la escultura y la sensualidad y la oscuridad.

Pero el año terminó de manera traumática cuando Marie-Thérèse, amante del creador, cayó gravemente enferma, lo que transformó las obras de Picasso en dramáticas escenas.

La muestra contará con piezas que han batido récords en subastas y pertenecen a colecciones privadas, como «Les femmes d'Alger» que fue subastada en 2015 en Nueva York por 179 millones de dólares, el precio más alto pagado por un cuadro del malagueño.

El director de exposiciones de la Tate Modern y comisario de la muestra, Achim Borchard Hume, declaró que esta exhibición «acercará» al público a la «forma de pensar y trabajar» de Picasso y a un momento "fundamental" de su carrera y vida personal.

«Una nueva generación va a poder descubrir la energía explosiva de Picasso y, quienes creían que le conocían, quedarán sorprendidos», sentenció.


ABC.es
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
El exilio del impresionismo

Una muestra en la Tate Modern reúne las obras que maestros como Monet o Pisarro realizaron en su estancia en Gran Bretaña



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'Baile a bordo' (1874), de Tissot, uan de las obras expuestas en la muestra. TATE MODERN
 
Las casas del Parlamento de Westminster, imponente sede del poder en el Reino Unido, deben su imagen probablemente más famosa a la visión de un extranjero con pasaporte francés. Claude Monet convirtió ese palacio a orillas del río Támesis en un obsesivo y multicolor objeto artístico que encabeza una exposición de la Tate Britain londinense dedicada a los trabajos de un grupo de artistas galos exiliados temporalmente en la capital británica. Hoy reconocemos en sus nombres como integrantes del movimiento impresionista precursores del arte moderno.

“Cualquiera pensaría que nunca ha habido pintores en París”, escribió el crítico de arte Théodore Duret en 1871, a raíz de la huida masiva de miles de nacionales, entre ellos muchos artistas, de los estragos de la guerra franco-prusiana que había arrancado un año antes. En aquella época ninguno tuvo que afrontar las restricciones que hoy en día se temen tantos ciudadanos europeos en la era del Brexit: todos fueron acogidos sin más por los prósperos británicos, dispuestos a abrazar las influencias externas que sumaban enteros. En su desembarco buscaron el amparo de las redes establecidas por otros expatriados, al tiempo que comenzaban a tantear un paisaje urbano y social muy distinto del propio y acabaron explorándolo en una variedad de trabajos.

Un centenar de obras conforma el relato que la Tate Britain traza sobre esos artistas refugiados bajo el título Impresionistas en Londres, hasta el 7 de mayo de 2018. De la fijación de Camille Pissarro por el perfil rural de los suburbios de la capital o el trazado urbanístico de casitas pareadas a los cuadros en los que James Jacques Joseph Tissot retrata los juegos sociales de las clases británicas más pudiente, pasando por la fascinación común del mismo Pissarro, de Alfred Sisley y sobre todo de Monet por lo que acontecía en la ribera del Támesis y su envoltura nebulosa.


Los deportes

La muestra pone el acento en la originalidad con la que los impresionistas y sus colegas ejecutaron las representaciones de Londres, eligiendo unas temáticas que los artistas victorianos consideraban demasiado prosaicas. El entusiasmo de los recién llegados franceses por los deportes británicos se refleja en escenas de partidas de críquet, en regatas y eventos del mundo del remo donde las costumbres y códigos dejan muy clara además la división de clases.
Los inmensos parques londinenses son otro sujeto recurrente de esas pinturas como espacios sociales de interacción y libertad, en contraste con sus más pequeñas y restrictivas réplicas francesas (en muchas plazas de París estaba prohibido pisar el césped).


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Uno de los cuadros de la serie 'Londres, el Parlamento', de Monet, que se exponen en la Tate. TATE MODERN


Eludir el frente

La mayoría de esos autores se llevaron sus pinceles a la capital británica en calidad de exiliados de las miserias de la guerra, para eludir ser reclutados frente al poderoso ejército prusiano o en la categoría tan actual de emigrantes económicos. Monet no tenía un duro cuando recaló en una modesta pensión londinense con su mujer, retratada en 1871, con pose melancólica, en uno de los cuadros que exhibe la Tate. Mecenas como el cantante de ópera y coleccionista Jean-Baptiste Faure o el marchante Paul Durand-Ruel (considerado el padrino de los impresionistas, de los que compró y vendió millares de cuadros) auspiciaron y financiaron sus trabajos. En palabras de Monet, “Durand-Ruel nos salvó a todos”.

Lejos de la luz que tanto inspiró a los impresionistas en su Francia natal, Claude Monet se dejó seducir en su corto exilio por la perenne niebla londinense de entonces y los efectos atmosféricos en el Támesis. Muchos años más tarde, el casi sexagenario y ya reconocido artista, quiso regresar de nuevo a esas “impresiones del pasado”.

Durante tres inviernos consecutivos (1899-1901) se instaló en el hotel Savoy para consagrarse a un recorrido por aquel río a través de una serie de lienzos en los que trabajó simultáneamente, y entre los que sobresale la colección centrada en las casas del Parlamento de Westminster. El despliegue de la Tate Britain ha conseguido reunir seis de los cuadros de ese grupo, hoy dispersos por Estados Unidos, Francia y Alemania, en el que es el punto más fuerte de la exposición. Su autor eligió para concluirlos el año 1904 en que Gran Bretaña y Francia firmaban el fin de sus escaramuzas y conflictos con la Entente Cordiale. Todo un simbolismo.

elpais.com
 




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Los desnudos 'modernos' de Modigliani

La galería Tate Modern de Londres acoge una exposición dedicada al célebre pintor italiano



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Una de las pinturas de la retrospectiva de Modigliani que se presenta ahora en Londres

La multitud de agolpaba con comprensible morbo ante el escaparate de la galería Berthe Weill de París. Había cola para asomarse a ver el Denudo reclinado, firmado en 1917 por un artista italiano con cierta fama en los círculos de Montaparnasse, pero no del todo conocido para el gran público. De hecho, se trataba de la primera exposición en solitario de Amedeo Modigliani, que había tenido que esperar hasta los 33 años para triunfar en su ciudad adoptiva.

La novedad del cuadro estaba en la mancha del vello púbico -a juego con el que el que asomaba en el sobaco- de la modelo anónima, que miraba a los "mirones" con sus ojazos almendrados, su peinado a la última, los labios pintados y la nariz alargada.

No era la primera vez que los parisinos eran expuestos a algo parecido. El origen del mundo, de Gustave Courbert, se remonta a 1866, pero el cuadro permaneció mucho tiempo escondido. En el caso de Modigliani, el desnudo "moderno" (esto es, con vello a la vista, en contraste con el pubis inmaculado de los clásicos) estuvo expuesto a los ojos de todos, incluido los del comisario de policía que vivía en frente de la galería y que nos pudo soportar la alteración del orden público.

El cuadro fue retirado por "indecencia", aunque hay diferentes versiones sobre lo que ocurrió con el resto de la exposición. El caso es que Modigliani murió tres años después, de una meningitis tuberculosa, agravada por su vida de excesos opiáceos y alcohol. Su marchante, amigo y poeta polaco Leopold Zborowski, judío como él, confiaba en su gran potencial, pero el artista de Livorno nunca logró en vida un mínimo de reconocimiento.

"En la historia del arte ha habido un inmenso hueco a principios del siglo XX, el que corresponde a Amedeo Modigliani", sostiene Nancy Ireson, comisaria de la mayor retrospectiva del artista italiano hasta la fecha en el Reino Unido. "En una época marcada por los ismos, él siguió su propia trayectoria, con influencias muy directas de sus coetáneos pero con una impronta personalísima".

Más de un centenar de obras de Modigliani completan su corta pero intensa trayectoria en las salas de la Tate Modern de Londres: de sus primeros lienzos con clara influencia de Cézanne al Pierott con reminiscencias picassianas, pasando por el esplendor sus esculturas orietanlistas, en un período (1909-1913) en el que frecuente a Constantin Brancusi.

"Modi", como le conocían los amigos, llegó a París con tu todo su bagaje del renacimiento italiano, probando con la pintura pero con la idea grabada en piedra de ser escultor, como atestiguó uno de sus primeros patrones, Paul Alexandre: "Cuando una figuraba atrapaba su mente, la dibujaba de una manera febril, increíblemente rápida, y así hasta diez veces, bajo la luz de una vela... Solía dibujar largas horas, y luego atacaba el bloque de piedra directamente".

Modigliani expuso sus esculturas en el Salón de Otoño de 1912, pero lo que estilaba entonces en París era la fractura del cubismo. La falta de un espacio propio fue otro factor determinante: el artista italiano volvió a la paleta, y retrató entre otros a su amigo Juan Gris, pero siguió su camino propio y apuró el vaso de vida.

Modigliani y las mujeres

La poetisa Anna Akmatova deja paso a la británica Beatrice Hastings, que se convierte en su musa ocasional. Es también la época en que conoce y pinta a Jean Cocteau, a Max Jacob y al actor Gaston Modot, su gran introductor en el mundillo del séptimo arte.

"El sexo vende", le dice un día Leopold Zborowski, consciente del tirón del italiano entre las mujeres. En 1916, su marchante le convence para que empiece a pintar desnudos. Al pintor le pagaría 15 francos diarios, y a las modelos, cinco francos, que era el doble de lo que cualquier mujer ganaba en una fábrica. Los clientes eran masculinos, pero Modigliani revistió sus cuadros de una sensualidad femenina, muy cercana al nuevo arquetipo de mujer que estaba surgiendo (aprovechando la ausencia de los hombres que se marcharon a hacer la Gran Guerra).

"Modigliani retrata a la mujer moderna, independiente y "liberada"", sostiene la comisaria Nancy Ireson. "Marguerite, Almaisa y posiblemente Elvira fueron modelos profesionales. Ver retratos de ellas vestidas y desnudas nos permite sugerir todo tipo de posibilidades. Y luego están su peinados y su maquillaje, influidos seguramente por el cine".

Y finalmente el vello púbico... "La historia del arte tiende a ser escrupulosamente libre de vello", adiverte Nancy Ireson. "Curiosamente, Modigliani lo reclama en la pintura en una época en la que empieza a implantarse la depilación por razones higiénicas. Sus desnudos son modernos y antiguos al mismo tiempo, porque representan una versión cotidiana del cuerpo, mundana en el detalle, que sin embargo había sido barrida hasta entonces en la historia del arte".

Más de 15 desnudos de Modigliani, la mayor parte entre 1916 y 1919, cuelgan en las paredes de la Tate Modern, donde los visitantes tienen la ocasión de meterse en los ojos del pintor (con unas gafas de realidad virtual) y sumergirse en el estudio de la rue de la Grand Chaumière al cabo de un siglo.

La penúltima parada es la larga estancia de Modigliani en el Mediterráneo francés, con El pequeño campesino a modo de luminoso símbolo de lo que fue realmente el estío de su obra pictórica. A falta de modelos profesionales, retrata a amigos y a niños (y también a prostitutas, con la eterna complicidad de Zborowski).

Vuelta a París, se estrecha el círculo. El pintor se autrorretrata con la paleta: ojos negros y sin pupilas. Su salud se resiente, sus adicciones le pasan factura. Jeanne Héburterne es su última musa, que no puede soportar la muerte prematura del artista: se tira por una ventana horas antes de su funeral. Modigliani fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, dos años antes que Marcel Proust.


elmundo.es
 




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El mundo de Modigliani, un italiano en París

La Tate Modern de Londres exhibe un centenar de obras del artista, entre ellas una docena de sus famosos desnudos



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Dos mujeres observan una obra del artista italiano Amedeo Modigliani durante la presentación de una nueva retrospectiva del trabajo del artista en la Tate Modern. / andy rain - Efe

El casi centenar de modiglianis que la Tate Modern londinense va a desplegar entre mañana y el 2 de abril ya encarna de por sí el atractivo de reunir algunas de las obras icónicas de una firma inclasificable, cuyos retratos de rostros ovalados, cuellos estilizados y ojos sin pupilas son hoy inmediatamente reconocibles. La mayor retrospectiva que Reino Unido ha dedicado a Amedeo Modigliani (1884-1920) ha tomado como leitmotiv la forja de su obra en un París capitalino del arte moderno para exhibir esos cuadros —incluida una colección de sus famosos desnudos— que trastocaron la noción figurativa de la pintura. “Modigliani era italiano, y eso marca su identidad, pero se convirtió en el artista que hoy conocemos gracias a su traslado a París”, subrayó la comisaria de la muestra, Nancy Ireson, sobre el personal lenguaje pictórico que este hijo de una familia judíosefardí de Livorno experimentó y desarrolló en su singladura parisina. Con la salud quebrada a causa de la tuberculosis contraída en su adolescencia, el aspirante de 21 años quiso trasladar su ambición al gran faro de las vanguardias, donde absorbió las influencias diversas del cubismo, el fauvismo o los tanteos expresionistas para acabar creando un estilo propio.

Su brocha se relaja, con pinceladas menos definidas que suponen el abandono de una forma más pulcra y tradicional de pintura, en el desfile de retratos que ejecutó de los artistas, poetas, músicos y actores de su círculo de Montparnasse y Montmartre. Modigliani pinta entre otros muchos a Juan Gris, Constantin Brancusi, a Pablo Picasso, de quien dijo: “Siempre va 10 años por delante de todos nosotros”. Reflejo de esa admiración, estampó junto al rostro del artista malagueño la palabra savoir (saber).

Picasso le devolvió el cumplido sentenciando que “solo hay un hombre en París que sabe vestirse, y ese es Modigliani”. El comentario socarrón aludía al éxito del apuesto italiano entre las mujeres, las principales musas de su arte. Posaron ante su atril muchas modelos, a las que remuneraba generosamente —cinco francos de la época, el doble de lo que ganaba en un día una trabajadora en la fábrica—, y amantes. Como la poeta rusa Anna Ajmátova, cuyo retrato reclinada en la cama responde a los primeros tiempos de penurias económicas del artista. Cuando Modigliani pinta, una década después, a otra de las mujeres esenciales en su corta y turbulenta singladura, la editora y escritora británica Beatrice Hastings, ya ha hecho suyo París, aunque el abuso del alcohol y las drogas se traduce en una personalidad impredecible e irascible.
 
Censurado hace 100 años

Sus trabajos más renombrados y provocadores en torno al sujeto femenino están en esa colección de desnudos que muestran a la mujer como sujeto erótico en control de su propia sexualidad y que en el París supuestamente rupturista de 1917 le mereció la censura por la exposición sin recato del pubis. Cien años más tarde, su Desnudo acostado (1917-1918) acabaría encarnando uno de los hitos de la sala de subastas Christie’s, cuyo martillo selló la venta por 158 millones de euros en 2015. El museo londinense ha conseguido aglutinar para la ocasión 12 de esos desnudos en los que la sensualidad de las modelos que buscan el contacto visual con quien las mira sugiere los cambios en ciernes en la vida de unas mujeres progresivamente más independientes. Procedente de préstamos de todo el mundo, la Tate exhibe también un grupo de nueve esculturas que ilustran esa otra pasión del autor por trabajar la piedra.

La retrospectiva arranca y concluye con sendos autorretratos de Modigliani. En el primero, se pinta a sí mismo como un pierrot entre romántico y melancólico, un joven que está entonces perfilando su propia identidad. El segundo, ejecutado un año antes de su muerte en 1920, muestra al autor paleta en mano, confiado y seguro de sí mismo y de su arte. Es el Amedeo Modigliani ante el que se ha rendido la posteridad.


De la ciudad loca a la Riviera francesa

Modigliani dedicó muchas obras a su última compañera y madre de su hija, la pintora Jeanne Hébuterne, a quien conoció a los 33 años (ella tenía 19). Junto a ella se instaló en la Riviera francesa, alejado de París y angustiado por el “cambio de ritmo y atmósfera”. A falta de modelos profesionales, pintó a los lugareños de Niza, pero sobre todo a Jeanne. Aparece retratada como muchas mujeres, desde la figura casi infantil con el pelo recogido hasta la seguridad de la mujer embarazada. De regreso a París, ambos compartieron un estudio —que la Tate reproduce para el visitante con tecnología virtual— hasta la muerte del artista a los 35 años. Jeanne, nuevamente embarazada, se suicidó a los pocos días.

elpais.com
 




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Mensaje Re: TATE GALLERY (Britain, Modern, Liverpool Y St. Ives) 
 
'Picasso 1932: Amor, fama, tragedia'; primera muestra monográfica en la Tate Modern



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Imagen de archivo de Pablo Picasso con uno de los cuadros presentes en la muestra.. . Ver 22 imágenes

45 años después de la muerte del pintor malagueño, la Tate Modern de Londres ha inaugurado la primera exposición individual de la obra de Pablo Picasso, una de las muestras más ambiciosas de la historia del museo. Con el título de 'Picaso 1932 - Amor, Fama, Tragedia', la exposición viaja a través de los doce meses de 1932, un momento crucial en la vida y la obra del pintor, llamado el "año de maravillas". Más de un centenar de pinturas, esculturas y obras en papel excepcionales que muestran el carácter prolífico e inquieto del retratista, en los que se despoja de los mitos comunes para revelar al hombre y al creador en toda su complejidad y riqueza.

Durante el "año de maravillas" las obras de Picasso alcanzaron un nuevo nivel de sensualidad y consolidó su estatus de celebridad como uno de los artistas más influyentes del siglo XX. En el transcurso de esos doce meses, creó alguna de sus obras más queridas, como 'Mujer desnuda en un sillón rojo', mientras que en el ámbito personal el artista mantuvo un delicado equilibrio entre su relación familiar con Olga Khokhlova y su hijo, y su apasionado romance con Marie-Thérèse Walter. Una muestra que da vida a estas complejas dinámicas artísticas y personales con una gama sin precedentes de préstamos de colecciones de todo el mundo.

Según Achim Borchardt-Hume, comisario de la exposición, "Picasso describió la pintura como "simplemente otra forma de llevar un diario". Esta muestra lo invita a acercarse al artista, a su forma de pensar y trabajar, y a las tribulaciones de su vida personal en un momento crucial de su carrera. Los visitantes podrán recorrer 12 meses de la vida de Picasso y descubrir sus decisiones creativas, para ver muchas de sus obras más innovadoras y queridas en una nueva y sorprendente luz."


elconfidencial.com
 




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