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Museo De Bellas Artes De Bilbao
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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Las cartas y los lienzos que cuentan el ascenso de Goya

La primera muestra del artista en Bilbao reúne en el Museo de Bellas Artes un centenar de piezas que retratan el ambiente del Madrid al que llega para convertirse en pintor del rey



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'Muchachos trepando a un árbol' (1791-1792), de Francisco de Goya. / MUSEO DEL PRADO

Tenía Goya un asunto pendiente con Bilbao, o quizá era Bilbao la que lo tenía con Goya. Fuera como fuese, la deuda queda saldada a partir de este miércoles: por fin el pintor llega a esta ciudad en la que no había estado y lo hace en forma de exposición: Goya y la corte ilustrada, un recorrido en paralelo por las dos vertientes del pintor: la humana y la de genio de la pintura, muy superior al resto de sus contemporáneos de los que también se exhiben obras en la muestra.

La parte humana corre a cargo de las 13 cartas de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, 1828) a Martín Zapater, su amigo de la infancia, que se exhiben en la muestra del Museo de Bellas Artes de Bilbao y que funcionan como eje vertebrador de esta. En la caligrafía del pintor se pueden leer sus pensamientos, intereses, logros y las noticias que le da al compañero que dejó en Zaragoza y que le une con sus raíces, sus círculos de amigos y familiares. “Dime si la niña de Manuel se acuerda de mí”, escribe el artista el 27 de junio de 1781, y firma: “Tu Paco Goya”. En otra del 7 de julio de 1786 dice: “Martín mío, ya soy pintor del Rey”. Estas misivas forman parte de las 147 que pertenecen al Museo del Prado (prestador de 72, de las 96 piezas de la muestra): la correspondencia del artista aragonés a Zapater, la de este a Goya no se conserva. La lectura de las letras de tinta de este “genio” de la historia del arte -término que usa la comisaria de la exposición Manuela B. Mena, jefa de conservación del Pintura del siglo XVIII y Goya del Prado. Ella misma sabe que es un cliché pero explica que Goya verdaderamente lo merece junto con poquísimos más: “Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens, Rembrandt, Velázquez...”- convierten al visitante en un voyeur que espía la vida de Goya en la corte.

De cómo era Madrid y el ambiente que se encontró en la ciudad el aragonés cuando llegó en 1775, hablan tanto sus obras como las de sus coetáneos. De las obras que se exponen, un tercio son de Goya, el resto de artistas contemporáneos como Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu, Luis Paret, Giandomenico Tiepolo... incluso, una mujer, algo nada habitual a finales del siglo XVIII: Francisca Ifiginea Meléndez, una miniaturista, pintora de cámara -“la misma categoría que Goya y con el mismo sueldo que él: 50.000 reales”, cuenta la comisaria-. La exposición, que hasta el 21 de enero se pudo disfrutar en CaixaForum de Zaragoza, tiene un apéndice como celebración de que por fin una monográfica de Goya pisa Bilbao: 11 retratos del pintor de Fuendetodos a personalidades de origen vasco o navarro tales como Francisco de Cabarrús, conde de Cabarrús o Juana Galarza de Goicoechea y Martín Miguel de Goicoechea...
 

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'Retrato de Martín Zapater' (1797), de Francisco de Goya. / MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

Entre Vista de Fuenterrabía, o la de Bermeo, de Paret (esta última recién adquirida), La pradera de San Isidro, de José del Castillo, o El paseo de las Delicias, de Bayeu, destacan inevitablemente las obras de Goya como La gallina ciega, El pelele (que hace sentir al espectador que una sala del museo bilbaíno se ha transformado en una del Prado) o los retratos de Carlos III, de Carlos IV y de su amigo Martín Zapater (que junto con el de Moratín son las dos únicas obras del aragonés que custodia el Bellas Artes de Bilbao). Es admirable su factura, su técnica económica, limpia y precisa -se puede seguir el trayecto de una pincelada con la mirada-. “Con menos consigue más que los demás”, asegura Mena. La intención que le da a los ojos de las refinadas damas cuando miran a los majos, o a los trabajadores de La vendimia mientras otros disfrutan de las uvas recogidas y la manera de retratar a los reyes realizados tras la Revolución Francesa son sutilezas solo dignas del de Fuendetodos.


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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
'Goya y la corte ilustrada' acerca 96 obras del artista aragonés al Museo de Bellas Artes de Bilbao

Se trata de la primera exposición dedicada al pintor en la capital vizcaína



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Goya en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

La exposición 'Goya y la corte ilustrada', coorganizada por el Museo Nacional del Prado, la Fundación Bancaria La Caixa y el Museo de Bellas Artes de Bilbao se exhibe al público a partir de este miércoles y hasta el 28 de mayo en el Museo de Bellas Artes de la capital vizcaína, tras su paso por CaixaForum Zaragoza. La muestra reúne 96 obras, buena parte de las cuales (72, de las que 52 se corresponden con óleos y el resto, con documentación y artes decorativas) procede del Museo del Prado.

En rueda de prensa, el Museo de Bellas Artes ha señalado que a todas estas obras hay que sumarles los préstamos del Museo de Bellas Artes de Bilbao (nueve pinturas), así como del Museo de Arte de Ponce en Puerto Rico, el Museo de Zaragoza, la Fundación Colección Ibercaja, la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y diversas colecciones privadas.

Además del núcleo de lienzos y cartones de Goya, la exposición, comisariada por Manuela B. Mena y Gudrun Maurer, jefa de conservación y conservadora, respectivamente, del Área de Pintura del siglo XVIII y Goya del Museo Nacional del Prado, se completa con obras de otros pintores "relevantes" del siglo XVIII, como Luis Paret, Mariano Maella, José del Castillo, Luis Meléndez, Antonio Carnicero o Lorenzo Tiepolo, que contextualizan su trabajo y ponen de manifiesto la "genial originalidad" del aragonés. Asimismo, se ha añadido una correspondencia con Martín Zapater, además de miniaturas, estampas y varias piezas de artes decorativas.

Junto al "extenso" trabajo de restauración llevado a cabo con ocasión de la exposición, la investigación realizada aporta la presentación de un nuevo retrato y una miniatura de Martín Zapater, realizados por Goya y por Francisca Ifigenia Meléndez, respectivamente, y la atribución a Agustín Esteve de una copia de un retrato perdido que Goya realizó a Ramón Pignatelli.

En Bilbao también se ofrecen "novedades", como el lienzo Pantaleón Pérez de Nenín recién restaurado, al igual que la presentación contextualizada de la extraordinaria Vista de Bermeo de Luis Paret,recientemente adquirida por el museo.
Se trata de la primera exposición dedicada al pintor en Bilbao, por lo que se ha añadido una sección especial sobre la extensión de la corte al País Vasco entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, que incluye once personajes vascos y navarros y, entre ellos, los retratos del conde de Cabarrús o del marqués de San Adrián.

Tras formarse en Zaragoza e Italia, Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 - Burdeos, 1828) se instaló en Madrid en 1775 y llegó a la corte de Carlos III para colaborar en los cartones para tapices con temas de caza para El Escorial. Su reconocimiento llegaría años después al ser nombrado, primero, pintor del rey (1786) y, más tarde, primer pintor de cámara (1799).

Pero a pesar de su éxito en la corte, Goya no interrumpió la relación con su Zaragoza natal. La correspondencia con Martín Zapater, amigo de infancia, ilustra en gran medida esa relación con su círculo de familiares y amigos, al tiempo que aporta información fundamental sobre su desarrollo profesional.

El préstamo extraordinario por parte del Prado de 13 cartas originales ofrece el contrapunto documental al Goya pintor de corte. Ésa es, precisamente, la tesis de esta exposición, que transita entre el éxito del pintor en las cortes de Carlos III y Carlos IV, y el recuerdo persistente de sus orígenes a través del contacto con sus íntimos.

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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
La Diputación de Bizkaia destina 5,5 millones al Guggenheim y 1,6 al Bellas Artes

El Museo Vasco y el de Reproducciones Artísticas recibirán 1,4 millones



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Edificio del Museo Bellas Artes de Bilbao.

La Diputación de Bizkaia contribuirá este año a financiar la actividad ordinaria de los Museos Guggenheim y Bellas Artes de Bilbao con 7.182.000 euros.

Así lo ha dado a conocer hoy la institución foral en un comunicado en el que especifica que el Guggenheim Bilbao recibirá 5.515.000 euros, mientras que el Bellas Artes se llevará 1.667.000 euros, 212.000 euros más que en 2017.

El Museo Vasco de Bilbao, que incluye en su colección un notable conjunto de materiales etnográficos y se encuentra en la actualidad en un proceso de reforma de sus instalaciones y el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao recibirán este año 1.460.000 euros.

elmundo.es
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El Museo de Bellas Artes reúne 110 obras de su colección en una muestra para conmemorar su 110º aniversario

El Museo de Bellas Artes de Bilbao acogerá desde este miércoles y hasta el próximo 17 de septiembre la exposición '110 Años 110 Obras', que reúne, en su 110º aniversario, una selección de obras de su colección, que cuenta con obras de autores como Lucas Cranach el Viejo, El Greco, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Orazio Gentileschi, Francisco de Goya, Joaquín Sorolla, Paul Gauguin, Ignacio Zuloaga, Francis Bacon, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies o Miquel Barceló.



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Aburto, Sangredo, Martínez y Zugaza ante el Museo de Bellas Artes. / MUSEO DE BELLAS ARTES

Web del museo

La exposición ha sido presentada este martes, en una rueda de prensa, por el director del Museo, Miguel Zugaza, el alcalde de Bilbao y presidente de la Fundación Museo de Bellas Artes de Bilbao, Juan María Aburto, el presidente de la BBK, Xabier Sagredo, y el director general de BBK, Gorka Martínez. El Bellas Artes cumplirá el próximo 5 de octubre sus primeros 110 años de vida, en los que ha reunido "una colección de reconocida calidad con un desarrollo enciclopédico y una cronología principal que se extiende desde el siglo XIII hasta el XX", han explicado sus responsables.

Actualmente, está compuesta actualmente por más de 14.000 obras de arte. El museo cuenta en su colección con 1.621 son pinturas, 489 esculturas, 884 piezas de artes decorativas y 11.152 obras sobre papel, además de cerca de 3.000 obras en depósito. Entre los autores que reúne, destacan Lucas Cranach el Viejo, Martin de Vos, El Greco, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Orazio Gentileschi, Francisco de Goya, Joaquín Sorolla, Mary Cassatt, Paul Gauguin, Ignacio Zuloaga, Francis Bacon, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies o Miquel Barceló, entre otros muchos. Además, el museo conserva, con más de 4.000 obras, "la más amplia representación de artistas vascos", desde los pintores Adolfo Guiard, Darío de Regoyos o Aurelio Arteta hasta los escultores Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, pasando por las más recientes realizaciones de la nueva escultura vasca, han recordado sus responsables.

Con motivo de este 110º aniversario, expondrá en orden cronológico 110 obras -entre pinturas, esculturas y una videocreación-, seleccionadas con el objetivo de "mostrar los principales núcleos de interés de la colección, sus maestros antiguos, modernos y contemporáneos". Tal y como explica el director del museo Miguel Zugaza en el texto del catálogo editado para la muestra, "la selección responde a un criterio de calidad, sin duda, pero también a la intención de describir un panorama lo más completo posible según un criterio histórico y geográfico". La muestra abrirá sus puertas este miércoles, 9 de mayo, y podrá visitarse hasta el 17 de septiembre. Según ha indicado el Museo, el itinerario comienza con "ejemplos significativos" del Románico catalán del siglo XIII, la talla en madera policromada Majestad de Cristo en la Cruz y las dos tablas que representan los episodios de El arca de Noé y el Descendimiento. Le siguen, ya en el siglo XV, "los ecos del Gótico internacional" en el llamado Maestro de la Piedad y Pere Nicolau.

El gótico hispanoflamenco está representado por Bartolomé Bermejo, el Maestro de San Nicolás y Diego de la Cruz. A continuación, se presentan el Renacimiento y el Manierismo de los siglos XVI y XVII con obras de los flamencos Jan Mandijn, Ambrosius Benson, Martin de Vos, Hans Vredeman de Vries, Jan Gossart, Antonio Moro y Frans Pourbus el Joven, y de los hispanos Luis de Morales, Alonso Sánchez Coello o Juan Pantoja de la Cruz. La pintura de Lucas Cranach el Viejo completa la visión de la escultura renacentista alemana, mientras que "la figura excepcional" de El Greco se concreta en dos pinturas. En el recorrido del siglo XVII, el Barroco español está representado "al más alto nivel" por Francisco de Herrera el Viejo, Pedro Orrente, Juan Ribalta, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Arellano y Claudio Coello.

Los acompañan ejemplos de la pintura del Barroco europeo a cargo de los italianos Orazio Gentileschi y Domenico Piola, y del flamenco Anton van Dyck. Por su parte, los nuevos géneros de la pintura en la Edad Moderna, como el paisaje o la pintura de género tienen reflejo en los cuadros de los holandeses Jacob Isaacksz van Ruisdael y Pieter Fransz de Grebber. El siglo XVIII señala "la persistencia del estilo naturalista en la escuela española" a través de las obras de Luis Meléndez y Francisco de Goya, representado por los dos retratos de Martín Zapater y Leandro Fernández de Moratín, han apuntado desde el Museo.

También se exhibe la obra de Luis Paret y Alcázar Vista de Bermeo, recientemente adquirida gracias a las aportaciones de los Amigos del Museo. Además a la obra de Goya, la colección del museo ofrece otros ejemplos de la retratística española del siglo XIX, con pinturas de Vicente López y Federico de Madrazo. El itinerario expositivo incorpora al colectivo de los artistas vascos que en siglo XIX y primeras décadas del XX "ve surgir en Bilbao un incipiente escenario artístico" con voces como la de Eduardo Zamacois, Anselmo Guinea o Juan de Barroeta. Según avanza el siglo, han indicado los responsables de la muestra, se irán conociendo las novedades de la pintura francesa, en especial del fauvismo en Francisco Iturrino y, sobre todo, del impresionismo, en la obra de Adolfo Guiard, Darío de Regoyos y en el contrapunto internacional de Mary Cassatt.


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Una de las obras de la exposición.

Además, el realismo tiene en el costumbrismo de Joaquín Sorolla a "uno de sus mejores representantes". La huella de la Generación del 98 se refleja en la pintura de Ignacio Zuloaga, Hermen Anglada-Camarasa, Gustavo de Maeztu, los Zubiaurre y los Arrúe, Juan de Echevarría y Julián de Tellaeche, mientras que nuevos temas derivados de las transformaciones sociales y económicas se ven reflejados con pintores como Isidre Nonell, José Gutiérrez Solana, Aurelio Arteta, Joaquín Torres García, Daniel Vázquez Díaz o Agustín Ibarrola. La muestra continúa Paul Gauguin, cuya temprana presencia en la colección, como la de Paul Sérusier, "da testimonio del efervescente panorama artístico del Bilbao de comienzos del siglo XX", han apuntado desde el Bellas Artes.

A partir de este momento, surgen diferentes propuestas de las vanguardias del siglo XX y artistas como Jean Metzinger, Robert Delaunay, María Blanchard, Antonio de Guezala, Óscar Domínguez y Nicolás de Lekuona trabajaron en la órbita del cubismo, el futurismo o el surrealismo. Le siguen la generación de pintores y escultores interesados en la abstracción y en las nuevas formas de la figuración contemporánea, entre ellos Francis Bacon, Antoni Tàpies, Pablo Palazuelo, Antonio Saura, Karel Appel, Julio González, Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Rafael Balerdi o Eduardo Arroyo.

La selección de 110 obras se cierra con el trabajo de Ángel Bados, Miquel Barceló y Sergio Prego, tres artistas "plenamente activos en el panorama artístico actual y que nos adentran en nuestra más estricta contemporaneidad", han destacado desde el Bellas Artes. Con motivo de la muestra, se ha editado una publicación conmemorativa, en euskera, español, inglés y francés, que incluye reproducciones y comentarios realizados por especialistas en los temas o artistas representados, y un texto a cargo del director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza. De forma paralela al curso de la exposición, en los próximos meses el museo continuará acometiendo la reforma museográfica del edificio antiguo, que se desarrollará a lo largo del verano.

20minutos.es




 

La gestión de Miguel Zugaza en el Prado fue magnífica a lo largo de muchos años..., y ahora en el Bellas Artes de Bilbao, su tierra, igualmente está siendo magistral. Revitalizando las instalaciones del museo y organizando nuevas exposiciones, con el colofón del 110º aniversario con los ricos fondos del propio museo.
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Con la A de Arte y la B de Bilbao

El museo de la ciudad se renueva y reordena su colección permanente agrupando las obras en un diccionario de conceptos ideado por el escritor Kirmen Uribe



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'San Pedro en lágrimas' (1655), de Murillo, visto a través de la obra 'Caja metafísica por conjunción de dos triedros' (1958-1959), de Oteiza, en la exposición 'ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao'. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Hay comisarios policiales y artísticos. Comisarios políticos y comisarios de la Unión Europea. Y luego están los comisarios literarios. Kirmen Uribe (Ondarroa, Bizkaia, 1970) pertenece, por encargo del Museo de Bellas Artes de Bilbao, a esta última clase. El escritor firma la exposición con la que la institución celebra sus 110 años, y que hoy inaugura el Rey. La muestra ofrece un recorrido por 305 obras de la colección permanente que se reordenan rompiendo con la cronología para abrazar la fe del diccionario: guían la visita 31 vocablos en español, euskera, francés e inglés, repartidos en orden alfabético por las salas del edificio neoclásico del museo, levantado en 1945 en el céntrico parque de Doña Casilda.

El recorrido de ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao comienza, y ahí Uribe lo tuvo fácil, por las palabras Arte y Bilbao. Un cuadro de Gauguin protagonizado por unas lavanderas y una cabra, auténtico hito de la colección, se relaciona en la primera sala con otros motivos cabríos: el préstamo de una plaqueta de la cueva guipuzcoana de Ekain de 12.000 años de antigüedad, y unos garabatos chamánicos de Joseph Beuys. En la segunda, la ciudad aparece representada en sus variadas formas y soportes, desde la idealización a la cruda realidad, y desde la pintura a la fotografía.

Después vienen conceptos como Citoyen (ciudadano en francés), Iron (hierro, en inglés), Kirol (deporte, en euskera) o Yo. También hay salas dedicadas a colores (azul y negro), a la lluvia (con los lúcidos dibujos de Eguillor) o a la madre (figura central en la sociedad vasca). Y si no le salen las cuentas de las 28 letras del alfabeto castellano (contada la elle) y las 31 salas de exposición es porque se han añadido tres dígrafos que solo existen en euskera: TS (HuTS, choque), TX (ETXe, casa) y TZ (BikoiTZ, doble); tres maneras de decir la che cuyas sutilezas de pronunciación traen de cabeza a los estudiantes del idioma.

Segunda reforma

La muestra, que podrá verse hasta el 2 de junio de 2019, sirve además al director del museo, Miguel Zugaza, para presentar una reforma museográfica que ha mantenido cerrado el edificio antiguo durante tres semanas. Es su segunda intervención. Al final de su primera etapa como director del centro (1996-2001), inauguró la ampliación del arquitecto Luis María Uriarte, que alteró la fisonomía del conjunto y la circulación entre ambos edificios (el viejo y el nuevo, de 1970). Aquello coincidió con la época en la que los bilbaínos andaban asimilando la llegada del Guggenheim a una ciudad en la que hasta entonces museo solo había uno: el de Bellas Artes. Después, Zugaza pasó 15 años como director del Prado para volver en 2017 a casa (que no es exactamente Bilbao, sino la localidad vizcaína de Durango).


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El comisario literario Kirmen Uribe (izquierda) y Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. FERNANDO DMINGO- ALDAMA

La intervención presentada ayer, en la que repite el arquitecto Uriarte, no es tan profunda como aquella de la transición entre siglos. Aunque lo cambia todo a primera vista. Se han renovado las marqueterías, recuperado entradas de luz natural y cubierto los suelos de mármol negro con vetas blancas con unos nuevos de madera. Además, las paredes se han sacudido el color caoba para lucir un gris en la frontera con el blanco y los techos del piso superior se elevan 80 centímetros. El efecto, que ha costado lograr algo menos de un millón de euros, resta solemnidad a la visita y permite contemplar con otros ojos lo visto decenas de veces antes. La desprejuiciada colocación de las obras, que retomará los criterios cronológicos el verano que viene, hace el resto. “Ahora se las ve más contentas a las pinturas”, sentenció ayer Uribe ante la contemplación conjunta de un cuadro de bertsolaris de Zubiaurre y una de las características explosiones de color de Delaunay.

Retiradas las vendas tras el lifting, el museo reabrirá sus puertas mañana, tal día como el 5 de octubre de 1908, en el que se reunió por primera vez la Junta del Patronato de la institución en un Bilbao al que la prosperidad de la belle époque había convertido en uno de los principales escenarios artísticos de España. Y entre adquisiciones de la diputación y donaciones de bancos, industriales y navieros fue formándose una colección que arranca en el Románico catalán del siglo XIII, cuenta con notables incursiones en la pintura flamenca y el barroco italiano, y tiene grecos, zurbaranes, goyas y sorollas, un gauguin, un bacon, un mary cassatt, una amplia representación de la escuela vasca de pintura del XX, así como a toda la constelación escultórica que gira en torno a los astros Chillida y Oteiza.

La sala del Vacío

Ese es el material con el que ha contado Uribe, que ha desarrollado su trabajo con Zugaza, un conservador del museo y la pareja de artistas que firma el montaje (Edu López e Isabel Román). También han echado una mano los escultores Txomin Badiola y Ángel Bados, flamante premio Nacional, que cuenta con obra en el recorrido y se ha encargado de colocar en la sala del Vacío una caja metafísica de Oteiza frente a un murillo. La muestra se acompaña de un catálogo de alto contenido literario en el que se cita a Eliade, a Calvino o a Knausgard. El tomo lo ha financiado la Fundación BBK para que sea repartido gratis a quienes compren una entrada al museo durante el mes de octubre.

Uribe, que aún arrastraba cierto jet lag, llegó el lunes de Nueva York (acaso como un personaje de su novela, Bilbao-New York-Bilbao, que le valió el Nacional de Narrativa en 2009). Allí disfruta desde principios de septiembre de una beca en la Biblioteca de la ciudad estadounidense. Cada día acude a un despacho (que en 2017 ocupó la cuentista americana Lorrie Moore) para escribir su nueva obra: una historia inspirada en una antigua bibliotecaria de la institución con una cierta derivada bilbaína.

Como imaginará cualquiera que haya querido encerrar un caudal de información en el formato del glosario, Kirmen Uribe ha tenido que hacer alguna pirueta que otra para dar con ciertas letras. ¿Cómo cubrir si no la Ñ? La respuesta está en la sala Ñabar, palabra en euskera de escaso uso. Se traduce aquí por multicolor. Eso sí, Uribe defendió que tampoco se ha llegado al extremo de retorcer conceptos: le habría encantado poner una sala más allá del género bajo el epígrafe Queer, pero la colección, con su punto inevitablemente conservador, no daba para tanto. En su lugar, ha optado por Quiet (Tranquilo).


elpais.com
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Alfabeto del Museo de Bellas Artes de Bilbao

El centro vasco ha requerido del escritor Kirmen Uribe 31 términos, en un breve ensayo, que agrupan las obras de su colección



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Tras echar las cuentas a partir de su 110º aniversario, exhibió el Museo de Bellas Artes de Bilbao otras tantas obras de su colección; ahora ha dado la palabra al alfabeto de cuatro idiomas —euskera, castellano, francés e inglés— con las 31 letras que componen su respectivo abecedario, en este caso requiriendo del escritor vasco Kirmen Uribe otros tantos términos, explicados en un breve ensayo, a través de cuyo sentido se agrupan las obras de su colección. Al fin y al cabo "cuenta" y "cuento" se unifican mediante el verbo "contar", que tiene una dimensión aritmética y narrativa.

Podría tratarse este procedimiento de reordenar visualmente la colección de la institución como un simple juego de ingenio, pero, a mi parecer, el empeño tiene mucha más miga para un museo de corte histórico, que enlaza la prehistoria con la actualidad. En primer lugar, porque rompe con la inercia de considerar sus fondos como algo cerrado, pero también —y sobre todo—, en segundo, porque refrescar la contemplación de una obra de arte exige mirarla de una forma diferente, con esa segunda visión que ahonda su sentido. Desde esta perspectiva, los aparentemente inocuos números y palabras quiebran con su temporalidad la yerta placidez de objetos espaciales, una operación muy oportuna para vivificar la visión de su eventual observador.

A este respecto, se suele hablar del peligro de que los museos se reifiquen, dando la sensación de que basta una sola visita para saber qué contienen, cayendo de esta manera en la alienación de que siempre habrá nuevos turistas para que cunda la savia de ese primer y único descubrimiento. De todas formas, para evitar esta atonía, los museos suelen organizar exposiciones temporales, pero a costa de fosilizar sus respectivas colecciones permanentes. También es cierto que la instalación de estas últimas suelen, muy de vez en cuando, revisarse, pero casi siempre respondiendo a un mismo patrón, como si la vida, la historia y el arte no estuvieran continuamente modificándose en función de circunstancias imprevisibles. Antes, por el contrario, hay que sacudirse la modorra de lo consuetudinario, ante la exhibición de un arte que jamás admite ser solo pasado, porque este está continuamente variando en función del presente, su renovada mirilla.
Los museos públicos se crearon en nuestra era y no pueden permitirse abandonar el destino de sus obras a ningún modelo obsoleto, porque, además de las funciones tradicionalmente asignadas, como conservar, cuidar y exhibir sus fondos, deben lograr que sus visitantes vean lo de siempre cada vez como si fuera su primer contacto. Quizás el catálogo de su patrimonio no pueda variar constantemente su contenido, pero ese maravilloso viaje interminable que propone el arte encuentra su clave mágica en replantear el modo de las relaciones entre las obras que posee y el espectador.

En el caso que ahora nos ocupa, el de la instalación titulada Alfabeto del Museo de Bellas Artes, su comisario, Kirmen Uribe, ha acertado de lleno demostrando que, en efecto, una imagen artística puede producir mil o un millón de palabras: las que su autor nos presta ejemplarmente para la imprescindible conversación íntima que todos nosotros necesitamos al afrontar el arte. En este sentido, el Museo de Bellas Artes de Bilbao se ha convertido en un auténtico museo de vanguardia, que no es solo el que exhibe lo nuevo, sino el que renueva nuestra forma de mirar.


Francisco Calvo Serraller / elpais.com
 




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