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BACON, Francis
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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
'Estudio de un toro', de 1991



La última pincelada de Francis Bacon


El historiador Martin Harrison descubre un cuadro hasta ahora desconocido del pintor irlandés Francis Bacon.



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Estudio de un toro' (1991), de Francis Bacon. / ESTATE OF FRANCIS BACON

El destino hizo que Francis Bacon muriera en Madrid. Se despidió por la puerta grande en 1992, cogiendo la última bocanada de aire en el Hospital Ruber Internacional de Madrid. Se apagó a las 8.30 del 28 de abril por una crisis cardiaca. Durante sus últimos años pasó largas temporadas en España, y mucho tiempo durmiendo en una suite del Hotel Palace con uno de sus amantes españoles, José Capelo.

Decían que gran parte de las obras que pintó durante aquella época pasaron a manos de esta última pasión. Eran las más oscuras, como si la luz que veía fuera cada vez más negra. Pero ayer, el historiador de Arte, Martin Harrison descubrió que no todas tuvieron igual destino y, lo mejor de todo, que nunca habíamos visto una de ellas. Desconocíamos la despedida.

Harrison, en una entrevista concedida al diario británico The Guardian, confiesa que ha encontrado un cuadro inédito del pintor, el último que realizó. Se trata de Estudio de un toro y data de 1991, un año antes de su muerte. "No se había encontrado hasta ahora porque estaba en una colección muy, muy privada de Londres", ha comentado a este mismo diario. El historiador lo ha descubierto trabajando en un catálogo que reunía toda la obra del irlandés y que iba a publicar en abril. "Se trata de un cuadro que nunca se había visto y tampoco se ha escrito sobre él. Es totalmente desconocido".

"Si uno ha visto alguna vez una corrida", dijo Bacon, "no la olvida jamás". Y así parece que se despidió, con su última faena, con un toro que entra para no salir. "Bacon estaba listo para rendirse... Estaba tan enfermo. ¿Está el toro entrando en algún lugar? ¿Está retrocediendo ante algo o alguien?", se pregunta Harrison.

Y quién había más toro que Bacon en sus noches, en sus mañanas de resaca, en todo lo que le desgarraba... El toro entra para morir, como entró Bacon en aquel hospital, sin esperanza. Con el cuerpo desecho y la cara impecable, con esa elegancia no buscada que llevaba como si hubiese bebido agua. Y es que la bebida, el asma y las operaciones consiguieron debilitarle. "Tenía 82 años, se estaba muriendo y lo sabía".

Este, su último cuadro, muestra también la pasión del irlandés hacia la tauromaquia. Algo que reflejó en 1969 y a lo que volvió con persistencia en los años 80, cuando en 1987 le dedicó un tríptico. "Su interés por los toros le viene por su amigo el surrealista francés Michel Leiris, que murió un año antes de que él terminase esta obra", añade al medio británico.

La mayor parte de la obra, de dos metros de altura, es lienzo sin tratar. Pero Bacon incluyó polvo de su estudio en South Kensington debajo del toro, otra referencia a la muerte, según Harrison, haciendo alusión a una de las reflexiones del pintor: "El polvo es eterno. Después de todo, regresamos al polvo". "Que haya utilizado este material, a mí me conmueve".

Revive así Francis Bacon. El que cuentan que volvió a Madrid a recuperar a Capelo, el que no aguantaba que el español renegase en público de su homosexualidad. El sádico. El del carácter de cuidado. El tipo que puede presumir de haber contado con el desprecio de Thatcher. El que se bebió medio mundo y el que pintó con la fuerza de todos. "Quisiera que mis pinturas se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellas como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y un trazo de eventos pasados, como el caracol que deja su baba".


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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
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Conexión española



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Estudio de un toro' (1991), de Francis Bacon.

El tema de los toros está en la pintura de Francis Bacon desde 1969 y la recorre varias veces, desde la litografía para la exposición en 1972 en el Grand Palais de París, hasta el tríptico de 1987 o el Miroir de la Tauromachie de 1990. Ahora aparece este nuevo lienzo con un toro solitario que mira al espectador en una tela tratada prácticamente sin pigmento.

El albero es el lienzo crudo, sin imprimación: la arena donde el toro (el artista de 82 años) mira de frente, entrometido entre un burladero blanco, como un biombo sin pintar, y un abismo negro del que sale o hacia el que será arrastrado. Uno de los cuernos es blanco como el filo de la guadaña de una muerte que el artista sabe que llama ya.

Los cuadros de Bacon son radiografías del alma, un alma en descomposición, insegura, desenfocada, como las fotografías que el propio Bacon realiza de sus amigos y que después cristaliza en un cuadro. Retratos movidos del alma interior, de la melancolía y de la decadencia, del agotamiento psíquico.

Bacon no retrata, ni ilustra, ni contempla: sitúa sus personajes en el horror vacui del lienzo. Los congela entre sombras y distancia, como en las truculentas enfermerías de las plazas de toros. Los hace vivir en un escenario emborronado y los encapsula como en el zoo tras la barrera del cristal.

Para su pintura, Bacon parte del cubismo, de las sobreimpresiones, de las múltiples perspectivas, un camino que pasa por la mirada de Sutherland y por el trazo desgarrado de Picasso. Bacon crea una fisiognomía de sus amigos a través de calculadas deformaciones que no desembocan en una temática de máscaras, sino en una presencia crítica. No el rostro sino la cabeza total, no la mirada sino la presencia visual se transforma en un órgano de comunicación expresiva. Como en este cuadro nuevo, la cabeza de ese toro, que es su propio autorretrato.

Bacon no se para en los detalles particulares del rostro, en la similitud aristotélica, sino que emborracha todos estos detalles, los ahoga en un alcohol total donde los rasgos particulares se convierten en rasgos animales que definen sin embargo la identidad cuasi fotográfica de la postura vital del retratado. Tampoco son caricaturas de las personas, sino -como en Giacometti- son iconos existenciales: iconos que en Bacon más que el grado de monumentalidad, subrayan el grado de temporalidad, la nada de la existencia.

El toro está aislado en el contexto de un espacio escénico pavorosamente vacío. Bacon plasma la soledad, el desamor y la disolución del cuerpo hacia la muerte. El toro, o Bacon mirándose en el espejo, en su Miroir de la Tauromachie, oye y se asoma a los momentos previos al cristal del tanatorio.

Es un cuadro vertical que recorre la historia como un corte en un estrato, como Atapuerca. Como la novela de Giorgio Saviane, Il mare verticale, (1973) es asimismo una novela antropológica, una historia de la humanidad estructurada en cuatro capítulos, que reflexionan sobre la memoria cromosómica del ser humano, de la prehistoria a nuestra bestialidad actual. Es una novela que dura milenios, que se sucede a través de las glaciaciones.


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Retratos de Francis Bacon. CHEMA CONESA

El hombre, al coger la verticalidad, coge (recoge o piensa, comprende) el sentido del espacio, de su dominio del espacio y de los lugares. Antes el mar se había aparecido como aquello que se une con el cielo, como un muro de agua que podría venirse encima. El hombre subido a un árbol lo ve como esa pared que al final toca el cielo, pared que a veces se derrumba y se introduce, o mejor cae, sobre la selva.

El hombre conquista y domina el agua, luego descubre el fuego, con él aprende el secreto de las piedras y de los metales, crea la palabra a través del misterio de los signos, inventa las armas, del bastón al hacha, del arco al puñal, la agricultura y el pastoreo. La mujer conquista la verticalidad, no para combatir sino para amar o dejarse amar. Y en cualquier caso, siempre hacen falta infracciones, rebeliones del yo frente al poder y al ritual jerárquico del poder.

Esto lo hace Bacon con la pintura: se rebela contra el Inocencio de Velázquez y lo desenmascara, a la vez que lo emborrona y lo emborracha en su pintura, en su desfiguración. Aquí, transfigurado en toro, Bacon nos dice que en el conflicto entre instinto y racionalidad surge la medida de las cosas.


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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
El mayor golpe de arte contemporáneo


Robadas cinco obras de Francis Bacon en pleno centro de Madrid


Las pinturas están valoradas en unos 30 millones y el dueño es un español, amigo y heredero del pintor.

El golpe fue hace nueve meses y se investiga con sigilo y hermetismo




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Inocencio X, una de las obras de Bacon que fueron robadas en Madrid en Junio de 2015.

Ver vídeo de las cinco obras robadas

Una casa señorial ubicada en un tranquilo barrio del centro de Madrid ha sido el escenario del mayor robo de arte contemporáneo ocurrido en España en las últimas décadas, cinco cuadros de Francis Bacon, el genial pintor irlandés fallecido en 1992 en Madrid, valorados en, al menos, 30 millones de euros, según algunas estimaciones. Un golpe limpio y sin ruido en una de las zonas más seguras y vigiladas de la ciudad.

El robo tuvo lugar el pasado mes de junio, el propietario presentó una denuncia y un juzgado de Madrid investiga con el mayor sigilo el paradero de esta colección particular de paisajes y retratos, según confirman fuentes de la investigación que han declinado aportar detalles. El mutismo de los investigadores y del propietario son totales.

Las obras son propiedad de J. C. B, de 59 años, un amigo del pintor que las recibió en herencia y es aficionado al arte. Agentes de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía, dependiente de la Comisaría General de Policía Judicial, buscan los cuadros dentro y fuera de España sin que hasta el momento hayan obtenido resultados. Creen que las obras todavía no han salido del país.

   Los ladrones bloquearon la alarma y no dejaron huellas. La vivienda está situada junto al Senado


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La obra de Francis Bacon es una de las más cotizadas del mundo. El tríptico Tres estudios de Lucian Freud— el nieto de Sigmund Freud y amigo del pintor irlandés—, se consideró entonces como el segundo remate más caro de la historia. Se subastó en 2013 en Christie y el comprador pagó 142,4 millones de dólares ( 127,2 millones de euros). Según The Wall Street Journal, su nueva dueña es la exmujer de un magnate de los casinos de EE.UU.

En la que está considerada la subasta más cara de la historia, celebrada en noviembre de 2014 en la misma casa de subastas londinense- se recaudaron 682, 3 millones con obras de varios autores-, el cuadro La Figura sentada de Francis Bacon se vendió por 32 millones.

El golpe fue muy rápido y silencioso. Los ladrones aprovecharon la ausencia por unas horas en su domicilio del dueño de la obra, un edificio exclusivo situado muy cerca de la Plaza de la Encarnación, a escasos metros del Senado, una zona muy vigilada y poco transitada. Ni el portero de la finca, de cinco alturas, ni los vecinos vieron ni escucharon nada. En el edificio no hay cámaras de seguridad, aunque las de la zona han sido examinadas por los agentes de la Policía.

El piso dispone de alarma y estaba conectada, pero los autores del robo lograron anularla y la central de seguridad no recibió el aviso por lo que pudieron pasearse por los salones de la vivienda y llevarse los cinco cuadros de Francis Bacon, así como otros objetos de valor. Se sospecha que mientras se producía el saqueo un miembro de la banda vigilaba al dueño de la colección para avisar si este regresaba a su domicilio.

El golpe fue obra de profesionales ya que no dejaron huellas ni cabos sueltos que ayuden a seguir su pista. Se sospecha que los autores sabían que en ese exclusivo, pero discreto y antiguo edificio, se albergaba esta valiosa colección del pintor irlandés nacido en 1909 en Dublín y fallecido a los 82 años de una dolencia cardiaca en la clínica Ruber de Madrid, ciudad que visitaba con mucha frecuencia en viajes, casi siempre privados, y donde tenía muchos amigos y admiradores.

   La Policía vigiló Arco con la esperanza de que se intentaran mover los cuadros robados

Confidentes y colaboradores de la Policía asomaron la nariz con más interés y curiosidad que nunca en Arco, la feria de arte en Madrid que acoge a decenas de galeristas de todo el mundo y atrae a compradores de distintas nacionalidades. Esperaban que alguien diera el paso de ofrecer en la trastienda de este evento alguno de los cinco Bacon robados, especialmente porque ninguno de los cuadros es de gran tamaño. Era un escenario idóneo y caliente, para que los ladrones ofrecieran su botín, pero estos no dieron un paso en falso.

"El círculo en el que se puede vender una obra como está es muy pequeño. No es nada fácil ofrecer un Francis Bacon, grande o pequeño, sin que llegue a los oídos de los ojeadores de este sector tan especial. Los ladrones no lo van a tener nada fácil", asegura un experto en pintura contemporánea que pide el anonimato. ¿Y los robos por encargo? "Esa clase de robos no es real y solo aparece en las películas. No hay casos de este tipo en España", afirma un especialista de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Bacon tenía su estudio en un barrio del norte de Londres, pero era un gran amante de España, de Madrid y visitante asiduo del Museo del Prado. Sus últimas obras— seis cuadros y tres trípticos— formaron parte de la exposición de apertura de la galería Marlborough en la capital de España en 1992, un homenaje al maestro.


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El pintor Francis Bacon en una imagen de 1991.


Un irlandés amante del Prado

Francis Bacon volvió a Madrid en 2009, ciudad en la que murió en 1992. El año que el pintor hubiera cumplido un siglo, el Museo del Prado organizó una muestra en la que expuso 78 de sus obras divididas en áreas cuyos títulos señalaban sus obsesiones: animal, aprensión, crucifixión, crisis, final...

El artista irlandés fue uno de los más importantes del siglo XX. Se caracteriza por su reconocible estilo desasosegante y una personalidad complicada, forjada durante una infancia marcada por la autoridad de un padre exmilitar que le consideraba débil, ya que era asmático y pasaba mucho tiempo enfermo. Cuando en la adolescencia se enteró de su homosexualidad le echó del hogar familiar.

Admira a contemporáneos suyos como a Picasso o a Giacometti y a los maestros del pasado. En 1956 visita por primera vez el Prado donde disfrutó de su admirado Velázquez, autor del Retrato de Inocencio X, obra que le obsesionó y de la que realizó decenas de versiones.

Sus últimos años viajaba con frecuencia a Madrid, donde disfrutaba con discreción de la vida de la ciudad y de sus amigos; además de la oferta artística: no solo de Velázquez, también de Goya. Pintores que le afectarían al sistema nervioso que es donde él quería que llegasen sus desgarradoras pinturas.


elpais.com
 




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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
Detenidos los presuntos ladrones de los cinco ‘bacons’ robados en Madrid

La Policía arresta a seis personas y un juez les investiga por robo y encubrimiento, pero las obras valoradas en más de 30 millones de euros siguen sin aparecer



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El pintor Francis Bacon, en 1952. / H.CARTIER BRESSON MAGNUM PHOTOS

Agentes de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) han detenido en Madrid a seis personas como presuntos autores del robo de cinco cuadros de Francis Bacon, sustraídos el pasado verano en una vivienda particular en el centro de la capital y valorados en más de 30 millones de euros, según fuentes de la investigación consultadas por EL PAÍS. La detención se produjo por orden un juzgado de Madrid que desde hace 11 meses investiga con gran sigilo y hermetismo el que está considerado el mayor robo de arte contemporáneo de España. Los detenidos han quedado en libertad provisional y están acusados de robo con fuerza y encubrimiento. Un halo de misterio sigue envolviendo el caso porque los cuadros siguen sin aparecer.

El robo de cinco magníficos retratos de Francis Bacon pertenecientes a una colección privada se ha convertido en una auténtica novela de misterio con ingredientes que superan la ficción. Miembros de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía detuvieron el pasado mes de marzo a cuatro personas en Madrid y Cataluña que presuntamente habían intentado colocar los cuadros robados el pasado mes de junio en una casa señorial situada en el centro de Madrid.

A uno de ellos se le intervino un pen drive en el que archivó la fotografía de uno de los cuadros robados. El seguimiento de esa fotografía condujo hasta el dueño de la cámara profesional Canon modelo 5D que la había vendido a una tienda profesional donde había sido a su vez alquilada por un cliente para un trabajo específico. En el albarán figuran el nombre y el segundo apellido  que coiciden con el del marchante de arte C. G. C. de unos 40 años y residente en Madrid, que a su vez fue señalado por el dueño del pen drive como la persona que tenía en su poder los cuadros robados.

Los presuntos autores son marchantes y peristas de Madrid y Barcelona

Otro de los detenidos vinculado a un establecimiento de antiguedades cercano al Rastro de Madrid aseguró que dos personas, supuestamente este marchante y un amigo, se interesaron por los cuadros por lo que ambos fueron detenidos dos días más tarde como presuntos autores del robo con fuerza en la vivienda cercana a la Plaza de la Encarnación donde se produjo el golpe. Ninguno de los seis detenidos reconoció su participación en los hechos y todos quedaron en libertad provisional en calidad de investigados. El magistrado del Juzgado de Instrucción número 48 de Madrid que lleva la causa obligó al marchante a entregar su pasaporte y a presentarse periódicamente ante la Justicia.

La Policía llegó hasta los peristas y marchantes sospechosos porque estos movieron las obras en distintos círculos hasta llegar la información a una empresa británica dedicada precisamente a la recuperación de arte robado. Fue esta organización la que alertó a los agentes y les puso sobre la pista de los cuatro presuntos encubridores que intentaron vender las obras. El hombre que tenía en su poder la fotografía de uno de los cuadros robados fue el que tras ser detenido acusó al marchante C.G.C de tener las obras en su poder. En el registro de su casa no se encontró nada.

Una fotografía y la cámara que se utilizó fue clave para descubrirlos

Fuentes próximas al principal acusado aseguran que no conocía al dueño de las obras, un español amigo y heredero de Bacon, y niegan su participación en los hechos. Si reconocen que conocía a la persona que le acusa, pero interpretan que este ha podido utilizar su nombre como coartada una vez detenido. El marchante vive en Madrid, pero ha trabajado en Londres y París y vende obras importantes de autores contemporáneos. "Es inocente y han utilizado su nombre y falsificado su firma para alquilar la cámara con la que se hizo la fotografía", afirman.

La Policía no ha logrado determinar quién informó a los ladrones de que en la vivienda situada muy cerca del Senado se guardaban las cinco obras del genial pintor irlandés fallecido en Madrid en 1992, a los 82 años, de una dolencia cardíaca. Los cuadros no estaban asegurados y algunos expertos eleven su valor hasta los 60 millones de euros. Los ladrones intentaron vender también las obras por Internet, pero paralizaron momentáneamente su venta cuando el pasado mes de marzo EL PAÍS desveló el robo. Además de los cuadros se llevaron una colección de monedas y antiguedades por valor de más de 400.000 euros. La Policía cree que las obras siguen en España.

La obra de Bacon es una de las más caras y cotizadas del mundo. El tríptico Tres Estudios de Lucian Freud- el nieto de Sigmund Freud- se subastó en 2013 en Christie's y el comprador pagó 142,4 millones de dólares (127,2 millones de pesetas). En 2014 la misma casa de subastas londinense vendió el cuadro La Figura sentada de Bacon por 32 millones en la que se considera la subasta más cara de la historia.

La Policía cree que el robo fue protagonizado por cuatro personas que entraron en la vivienda una zona muy tranquila y vigilada, y aprovecharon la ausencia en su domicilio del propietario, un profesional gran aficionado al arte. Ni el portero de la finca, de cinco alturas, ni los vecinos vieron ni escucharon nada. En el edificio no hay cámaras de seguridad. La vivienda disponía de alarma y estaba contectada, pero los ladrones lograron anularla y se pasearon por la casa con comodidad.

Bacon tenía su estudio en un barrio al norte de Londres, pero era un gran amante de España, de Madrid y visitante del Museo del Prado. Sus últimas obras- seis cuadros y tres trípticos- formaron parte de la exposición de apertura de la Galería Marlborough en la capital de España en 1992, un homenaje al maestro.


Un irlandés en la cúspide del arte

El artista irlandés fue uno de los más importantes del siglo XX. Se caracterizaba por su reconocible estilo desasosegante y una personalidad complicada.

En sus últimos años viajó con frecuencia a Madrid, donde disfrutó con discreción de la vida de la ciudad.

Su obra Tres estudios de Lucian Freud se vendió en noviembre de 2013 por 127,2 millones de euros, el precio más alto alcanzado hasta entonces en subasta.


elpais.com
 




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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
El MAYOR ROBO DE ARTE CONTEMPORÁNEO


Así se intentaron vender los cuadros de Bacon robados en Madrid

Una red de peristas, joyeros e intermediarios intentó colocar las obras sin éxito

Los cinco cuadros de Francis Bacon robados hace más de un año en Madrid a José Capelo, amigo y heredero del pintor, se intentaron vender en España en dos ocasiones. La última durante una reunión celebrada el pasado mes de febrero en el número cuatro de la calle Duque de Alba de Majadahonda, una casa moderna de tres alturas situada a escasos metros del paseo principal de esta localidad madrileña, según ha podido acreditar la investigación policial y describe el sumario judicial al que ha tenido acceso EL PAÍS.

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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
Bacon y su obsesión por la carne y por sus maestros, Velázquez y Picasso

El Guggenheim de Bilbao enfrenta en una gran exposición 50 cuadros del pintor irlandés, algunos nunca vistos en España, y 30 de grandes artistas que le influyeron



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Un visitante observa en el Museo Guggenheim Bilbao el cuadro "tríptico-estudios del cuerpo humano 1970" del artista Francis Bacon.

Ni florecillas bonitas, ni arbolitos, ni escenas bucólicas. Nada de eso hay. Hay carne: mórbida, ensangrentada, deseada, desasosegante, descuartizada. Tampoco engañaba sobre sus propósitos Francis Bacon: “Cuando veo un trozo de carne en la carnicería siempre pienso que debería estar yo”, afirmó en una ocasión el artista irlandés y recordó esta mañana Martin Harrison junto a un violento e impresionante tríptico, en el que algunos apuntan la figura del autorretrato del pintor. Esta obra, Tres estudios para una Crucifixion (1962), forma parte de la extraordinaria exposición que el Museo Guggenheim de Bilbao le dedica a Francis Bacon y a la influencia que ejercieron sobre él algunos artistas españoles como Velázquez, Picasso, Goya, El Greco, Zurbarán o Ribera. Harrison es el comisario de la muestra y editor del catálogo razonado de reciente publicación del pintor nacido en Dublín en 1909 y fallecido en Madrid en 1992.

No en vano, junto a ese tríptico se exhibe Cristo crucificado con un donante (1640), de Zurbarán. Y enfrente una de las cincuenta variaciones que Bacon hizo del retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez, incorporando ese grito de horror y pánico que tomó prestado de la película de El acorazado Potemkin, de Eisenstein, de la reacción de la mujer cuando ve caer el carrito de su bebé en la famosa escena de las escaleras. No está el original porque esa obra de Velázquez no sale de la Galería Doria Pamphili de Roma. Al parecer, Bacon se negó a verla directamente y basó su serie en fotografías, en reproducciones.

“Era un tipo raro”, repitió Martín Harrison con ironía en alusión a Bacon, mientras mostraba las 50 obras del pintor y las 30 de otros grandes artistas, especialmente españoles, pero también franceses o asimilados, que conforman la exposición Francis Bacon. De Picasso a Velázquez, patrocinada por Iberdrola y abierta hasta el 8 de enero. Harrison insistió en que tampoco hay que hacer mucho caso a lo que decía Bacon, porque era “muy camp”, le gustaba exagerar y epatar a la gente. Porque no es verdad, por ejemplo, que no le gustara el Guernica, de Picasso, explicó el comisario, aunque sí es cierto que el periodo que más apreciaba del pintor malagueño era el comprendido entre 1927 y 1933.

Picasso fue uno de sus grandes maestros. Proveniente de una familia de clase media-alta sin ninguna formación ni vinculación con el arte, Bacon decidió ser pintor cuando, con 17 años, vio la obra del malagueño en la galería Paul Rosenberg. En sus primeros cuadros se deja notar notablemente. El propio Bacon reconoció el magisterio de un pequeño cuadro, expuesto en Bilbao, Figura femenina en una playa, de 1927, que es, en realidad, una llave fálica entrando en una cerradura.

Tampoco se ha salvado mucha documentación de Bacon, como cartas o escritos donde hable de su pintura y de su obra. Solía destruir toda su correspondencia. Y en las cartas salvadas por sus amigos, el artista sólo se refería a deudas que había saldado o debía saldar por su afición al juego o pedía disculpas por su comportamiento en una noche de borrachera. "Ese es el privilegio del artista: ser intemporal. La pasión te mantiene joven, ¡y la pasión y la libertad son tan seductoras!, Cuando pinto, no tengo edad. Sólo siento el placer o la dificultad de pintar", decía Bacon. Hasta la década de los setenta, no logra un gran reconocimiento internacional. Y fue clave su gran exposición en París de 1971. Fue el primer artista vivo, después de Picasso, al que el Grand Palais le dedicó una retrospectiva.

“No encontrarán florecillas, ni arbolitos”, reiteró Harrison haciendo de cicerone en el paseo por las amplias salas del museo diseñado por Frank Gehry, donde los enormes lienzos de Harrison no solo respiran estupendamente, como dicen los expertos, sino que incluso pueden hiperventilar. E incidió en que, a pesar de lo que se pueda pensar del cuadro de la violación anal (Figura tumbada en un espejo, de 1971, préstamo del Museo de Bellas Artes de Bilbao), la obra de Bacon no es especialmente violenta.

Sí existencialista, agregó, como se puede comprobar en buena parte de sus obras o en las afinidades electivas de este irlandés, británico de adaptación y afrancesado de formación y cultura (era un ávido lector de Baudelaire y Proust y un apasionado de Degas, Manet o Seurat), que vivió en Londres, París y Mónaco y pasaba temporadas en España. Sentía también verdadera admiración por los dibujos y pinturas de Giacometti, del que se exhiben dos obras en la muestra, pero no por sus más conocidas esculturas.

Una parte importante de la exposición se vio el pasado verano en Mónaco (la Fundación Grimaldi colabora en la organización), si bien esta selección se centraba más en la influencia francesa. El director gerente del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, y el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, saludaron la exposición como una oportunidad única para conocer algunas pinturas nunca vistas en España del creador.

Con préstamos de diversos museos, entre ellos el Prado o el Pompidou, y de colecciones privadas la muestra de Bilbao incluye también algunas rarezas en la trayectoria del pintor. Es el caso de una pintura prácticamente abstracta. Se trata de uno de los escasos paisajes de Bacon, Mar, de 1953, un espléndido lienzo con reminiscencias a Rothko. “Pero él odiaba que alguien le pudiera definir como expresionista”, apostilló el comisario.

Harrison rechazó de plano la opinión de que Bacon hacía arte abstracto desde su figuración. “No es verdad, tiene toda una iconografía, y los pájaros forman parte de ella", además de sus amantes y los hombres de su vida. "El pinta figuras”, remachó. “Bacon es un pintor figurativo, pero sus cuadros están impregnados de ideas abstractas”, ha declarado, por el contrario, David Lynch, confeso admirador de Bacon, como otros muchos cineastas, pintores y artistas en general, cuyas obras son deudoras de la visión existencialista y descarnada del ser humano de un pintor cuya influencia no deja de crecer, al igual que la cotización de su obra.


La exposición "Francis Bacon: De Picasso a Velázquez" permanecerá en el Guggenheim de Bilbao del 30 de septiembre al 8 de enero del 2017


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Una persona observa el cuadro "bañista con balón 1881-1973" del artista Pablo Picasso en el Museo Guggenheim Bilbao que forma parte de la exposición de "Francis Bacon: Picasso a Velázquez".


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Una pesona en el Museo Guggenheim Bilbao ante el cuadro "estudio de un toro" del artista Francis Bacon.


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El presidente de Iberdrola Igancio Sanchez Galán, (i) los comisarios Lucía Agirre y Martin Harrison (d) y el director del Museo Guggenheim Bilbao, Juan Igancio Vidarte (d), posan en la exposición de "Francis Bacon: Picasso a Velázquez".


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Una persona observa en el Museo Guggenheim Bilbao el cuadro "paiting 1950" del artista Francis Bacon.


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Una persona observa en realidad virtual el estudio del artista Francis Bacon en el Museo Guggenheim Bilbao dentro de la exposición de "Francis Bacon: Picasso a Velázquez".


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Varias personas en el Museo Guggenheim Bilbao en la la exposición de "Francis Bacon: Picasso a Velázquez".


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Un visitante en el Museo Guggenheim Bilbao el cuadro "tríptico-tres estudios para Crucifixión 1909-1992 " del artista Francis Bacon.



ELPAIS.COM / LUIS TEJIDO - EFE
 




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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
La policía recupera tres de las cinco obras de Francis Bacon robadas en Madrid

Los cinco cuadros están valorados en unos 30 millones de euros



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Dos de las obras de Francis Bacon robadas en Madrid.

La policía ha recuperado tres de las cinco obras de Francis Bacon que fueron robadas en 2015 en una casa señorial en una de las zonas más seguras de Madrid, han informado fuentes cercanas al propietario. Está considerado el mayor robo de arte contemporáneo en España. Los cinco cuadros del pintor, nacido en Dublín y fallecido en Madrid en 1992, están valorados en unos 30 millones de euros, según algunas estimaciones.

Las obras son propiedad de José Capelo, de 59 años, un amigo de Bacon que las recibió en herencia y es aficionado al arte. El pasado enero, la policía detuvo en Madrid a tres personas relacionadas con el robo, por el que ya habían sido arrestadas otras siete personas el año pasado. Los tres últimos detenidos son presuntamente los delincuentes que utilizó la banda para abrir la casa donde estaban las obras de arte, explicaron entonces fuentes policiales a este diario. Los implicados más importantes en el robo, los que realmente organizaron toda la trama, incluido su cerebro, según la policía, ya fueron detenidos en mayo de 2016 y se encuentran en libertad condicional bajo fianza.

El robo se perpetró en julio de 2015, en la vivienda de Capelo, situada muy cerca de la Plaza de la Encarnación, a escasos metros del Senado, una zona muy vigilada y poco transitada. Los ladrones accedieron a la casa mientras el dueño estaba en Londres. Los arrestos del pasado enero fueron posibles a raíz de la investigación de la consulta telemática realizada a una entidad privada británica dedicada a la búsqueda de obras de arte robadas o desaparecidas y de las pesquisas sobre unas fotografías inéditas incluidas en esa consulta.

Los presuntos ladrones detenidos en 2016, quienes organizaron la trama, intentaron vender sin éxito las obras en España al menos en dos ocasiones. La última, durante una reunión celebrada en febrero del año pasado en el número cuatro de la calle Duque de Alba de Majadahonda, una casa moderna de tres alturas situada a escasos metros del paseo principal de esta localidad madrileña, según pudo acreditar la investigación policial y describe el sumario judicial al que tuvo acceso EL PAÍS.
 




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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
Christie´s no consigue vender un Bacon valorado en 55 millones de euros

La subasta del cuadro 'Estudio para Papa Rojo, segunda versión de 1962' se queda sin comprador



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'Estudio para Papa Rojo', segunda versión de 1962, de Francis Bacon.

Las expectativas de récord que había generado la subasta del último de los retratos de la famosa serie papal de Francis Bacon, escondido de la luz pública desde hacía 45 años, se han visto frustradas esta noche en Londres al no conseguir la sala Christie´s sellar su venta. El cuadro Estudio para Papa Rojo, segunda versión de 1962 salió a la puja por 50 millones de libras (55 millones de euros) y llegó a alcanzar en su desarrollo una oferta de 58 millones (64 millones de euros), pero esa cifra resultó insuficiente para cubrir el precio de reserva.

El desenlace de la subasta ha sorprendido a quienes especulaban que la obra podía rebasar los 60 millones de libras (66 millones de euros), batiendo de ese modo un récord europeo aunque no mundial: la sede de la misma casa Christie´s en Nueva York vendió hace cuatro años un tríptico que el artista anglo-irlandés (1909-1992) ejecutó de su colega y amigo Lucien Freud por 89,3 millones de libras (el cambio de la época de 142 millones de dólares desembolsados).
Otra pintura de Bacon ofertada en en el mismo lote y también integrante de su obsesiva serie inspirada en la obra de Diego de Velázquez Retrato del Papa Inocencia X sí selló su venta por 10 millones de libras. Titulado Head with Raised Arm y fechado en 1955, el cuadro permanecía todavía más tiempo (medio siglo) lejos del ojo público y a resguardo en una colección privada.

Estudio para Papa Rojo x (de casi dos mettos de altura y 1,5 de ancho) es uno de los títulos más singulares de la serie papal, que integra en la composición del pontífice un reflejo de George Dyer, amante y muso del artista durante ocho años. La dramática escena que recoge la obra fue completada por Francis Bacon tan sólo 36 horas después de que Dyer se suicidara, y seis meses después de su primera exhibición pública en el Grand Palais de París. El portavoz de Christie's Francis Outred ha calificado la obra como “una trágica premonición que une a las dos grandes musas de Bacon, el Papa y George Dyer, por primera y única vez”.

La obra no logró convertirse en la estrella de la subasta, pero su exhibición en Christie´s días antes de la sesión de hoy ha sido especialmente apreciada por los expertos. El arte singular, perturbador y brutal de Francias Bacon le convirtió en una de las figuras esenciales del arte del siglo XX, pero el legado que hoy se expone en los museos del mundo apenas alcanza el tercio de su producción. Una buena parte de su obra permanece en manos privadas, a ménudo reacias a la hora de sacarlas a la luz o cederlas en préstamos a instituciones públicas.

Tal es el secretismo de algunos propietarios que el autor del último catálogo razonado de la obra del genio anglo-irlandés, Martin Harrison, explicaba el año pasado a El País que sólo pudo incluir una imagen antigua del cuadro Head with Raised Arm (tomada de un antiguo catálogo editado en Turin), pero no determinar su localización. Chritie´s se había marcado un gran tanto exponiéndo a esos dos papas ocultos antes de la subasta, pero a la postre no ha podido esta noche rematar la venta del más valioso.

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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
“Bacon estuvo rodeado de personas que se aprovechaban de él”

Cristiano Lovatelli, "amigo íntimo" del artista dublinés, lleva al Niemeyer una selección de los dibujos que el pintor le regaló durante una década



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Desde la izquierda, 'Pope' (1992), 'Pope' (1979), 'Pope' (1991), dibujos de Francis Bacon. Colección Cristiano Lovatelli Ravarino

Esta orgía de dibujos con ojos que quieren salirse de las órbitas, rostros deformes y bocas retorcidas los recibió Cristiano Lovatelli Ravarino durante los años ochenta por correo ordinario de su "amigo íntimo" el artista Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992). Un legado de cientos de obras de las que este periodista italiano ha enviado 73 —18 no vistas antes en España— al Centro Niemeyer (Avilés) para la exposición Fran@is Ba@on. La @uestión del dibujo, abierta hasta el 8 de abril de 2018. Parte de estas obras ya recalaron en Madrid y Valencia este año.

Lovatelli, en declaraciones a EL PAÍS por teléfono (no ha podido acudir a la inauguración por un accidente de coche) asegura que Bacon le hizo entrega de estos dibujos por su gran relación y “por venganza hacia las terribles personas que rodeaban al artista en Londres, que se aprovechaban de él y vivían de su dinero”. Entre estas piezas a lápiz y pastel sobresale la serie de más de 20 Papas, nacida de su obsesión con el Inocencio X que retrató Velázquez en 1650. Una fijación de la que Lovatelli asegura haber sido testigo. Una de las veces que se vieron en Roma, Bacon le pidió que le llevase a la galería Doria Pamphlj para ver el cuadro. “Se pasó siete horas observándolo”. Las reinterpretaciones de Bacon muestran al sumo pontífice vestido con colores kitsch y con un acusado contraste entre las bocas retorcidas que expresan horror y la quietud del cuerpo y las manos, que descansan una sobre otra.

La sacudida emocional se intensifica al contemplar la serie de crucifixiones, con seres carnales de pene al aire y pose agresiva. Escenas espantosas fruto de su fascinación por los cuadros de mataderos. “Un martirio de la carne”, en palabras del comisario de la exposición, Fernando Castro Flórez, que puede hacernos pensar que el autor era un ser atormentado, expulsado del hogar a los 16 años porque su padre no aceptaba su homosexualidad y que vio el suicidio de uno de sus amantes, George Dyer, en 1971 por una sobredosis de somníferos.

Sin embargo, Lovatelli lo desmiente con rotundidad. “Aunque estas obras reflejen una tragedia vital, Bacon era una persona encantadora, muy viajada, a la que le gustaba mucho salir de fiesta aunque lo hacía secretamente. Pero se ha proyectado una imagen de él trágica, cuando en realidad era muy alegre". En este punto de la conversación, Lovatelli señala como responsables de crear ese sambenito a la galería londinense Marlborough, con la que Bacon trabajó prácticamente toda su vida artística. “Ellos lo presentaban como alguien que vivía en el drama y el dolor”.

Este “amigo íntimo” de uno de los grandes artistas del siglo XX, encuadrado en lo que se dio en llamar, tras la Segunda Guerra Mundial, la nueva configuración, añade que el pintor “ni siquiera tenía el papel adecuado para su trabajo, y él se lo enviaba de forma secreta a la secretaria de Bacon porque los Marlborough lo controlaban todo”. Lovatelli ahonda en sus invectivas contra los galeristas de su amigo porque solo le daban “el 20% de lo que generaba con sus obras”. Lovatelli añade que cuando alguien le advertía al genio irlandés de que podía aumentar sus márgenes de ganancias, él decía que “con lo que le daban ya tenía bastante”.

Volviendo a lo que se exhibe en el Niemeyer, el comisario de la exposición, Fernando Castro Flórez, subraya la técnica: “Muchos dibujos están realizados con unas ceras casi escolares, con una gran insistencia en las cabezas. En los retratos, lo más trabajado son los ojos y la boca, que transmiten mucha angustia”. El propio Bacon manifestó que no sabía lo que significaban esas imágenes que construía y que la primera ministra Margaret Thatcher tildó de “cuadros espantosos”.

Unas 15 cabezas de rostros fantasmagóricos se suceden en otro apartado de la exposición, cuyo nombre, Fran@is Ba@on. La @uestión del dibujo, alude a la polémica, con juicios incluidos, que durante años ha acompañado a las piezas de la colección de Cristiano Lovatelli. El comisario explica que “primero se discutió la firma de las obras, cuando se decidió que esta era auténtica, se discutió si lo eran los dibujos. La fundación de Lovatelli ha ido ganando todos los procesos y para ello ha sido importante que se demostrase que el papel sobre el que están hechas estas obras es el mismo que se encontró en su estudio”. Un estudio que, como se recuerda en la exposición, era como un basurero de recortes de periódicos, trapos manchados, hojas arrancadas de libros y polvo.

Otra “leyenda” que Lovatelli quiere enterrar con la muestra en Avilés, es la de que Bacon no era dibujante. Castro Flórez apostilla que este cliché sobre el artista se debe a los malentendidos en algunas de las entrevistas que dio. “Él señaló que no hacía esquemas preparatorios, pero no dijo que no dibujara. Son piezas en las que se advierte el empeño por que tengan sentido en sí mismas”. Lovatelli concluye este debate con una anécdota: “Una vez, en un restaurante en Bolonia, Bacon se vio implicado en un pequeño incidente. Para salir del paso, tomó papel y lápiz e hizo un retrato en solo unos segundos”.

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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
Santander expone ocho pinturas de maestros del siglo XX cedidas por Jaime Botín

El banquero cede al Centro Botín el núcleo de su colección: retratos de Bacon, Matisse, Vázquez Díaz, Gris…




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'Self Portrait with injured eye', de Francis Bacon. EFE

El centro Botín de Santander ha presentado esta mañana ocho cuadros cedidos por Jaime Botín, ocho joyas del siglo XX, retratos todos que el banquero tenía en su casa de Madrid, en su entorno más cercano y que ahora celebran el primer aniversario de la enorme nave que sirve de centro de arte y que el arquitecto Renzo Piano asentó en la bahía de la capital cántabra. Los ha cedido por cinco años con vocación de quedarse para siempre y se acompañan de un millón de euros anuales para su mantenimiento, que también dona el banquero. Bacon, Matisse, Solana, Vázquez Díaz, Sorolla, Nonell, Gris y Cossío. Todos singulares.

Por el lado pictórico faltaba Cabeza de mujer joven, un óleo de Picasso, también propiedad de Botín, pero que permanece guardado en el Reina Sofía hasta que los juzgados sentencien. Fue requisado del barco privado del banquero porque no podía sacarlo de España y el caso está en los tribunales. Su ausencia hoy en la presentación de la nueva sala con los retratos se ha hecho notar. “Él siempre es un ausente, no le conocemos casi, es su personalidad”, ha disculpado la conservadora de Reina Sofía María José Salazar, encargada de estos cuadros desde el domicilio familiar donde estaban hasta colgarlos en el Centro Botín. Salazar explicó que Botín es un “gran humanista que ha estado muy pendiente de cada detalle del proceso”. “Me ha asombrado su sensibilidad por el arte, su gusto exquisito. Compró estos cuadros porque todos ellos tienen expresión, cercanía con el espectador”, dice Salazar. Es en ese entorno en el que Jaime Botín leía sus libros y admiraba la paleta de sus favoritos. Y lo que se podrá ver ahora, a partir de este sábado, con ventanas al mar.

Efectivamente, todos los lienzos tienen en común cierta melancolía en la expresión, intimismo en la mirada. Comparten también los artistas su paso por París y varios experimentaron el rechazo de su obra, una característica que también es común al arte cuando es pionero. El más antiguo es un Isidre Nonell de 1907, con brochazos vanguardistas, que presenta a una mujer de medio cuerpo y mirada caída, que recuerda a sus maestros Degas y Toulouse Lautrec. Al pobre pintor “le pusieron verde”, demasiado moderno para su tiempo.

El cuadro más valioso de la pequeña sala de planta desigual es un bacon de 35,8 por 30,8 centímetros y tiene una triste historia. Lo pintó el británico en 1972, unos meses después de exponer su obra en el Grand Palais de París. Aquel día, el pintor tuvo éxito y se rodeó de gente, pero cuando llegó a su casa, su amante de entonces, George Dyer, se había suicidado. Se conocieron porque Dyer había entrado a robar en el domicilio del pintor tiempo atrás. El golpe fue terrible para Bacon. La pequeña pintura es un autorretrato con la cara deformada como si hubiera acabado un combate de boxeo: el ojo herido, la mandíbula desplazada, la carne hinchada y rojiza. Bacon en todo su dolor.

María José Salazar no ahorra anécdotas. El matisse, Mujer española, es fruto de un viaje de dos meses por Andalucía que devolvió color y luz a la paleta del francés y muestra una mujer con mantilla. Botín no quiso prestarlo al MoMA para una exposición porque jamás se desprendía de sus cuadros. Por esa razón, la nieta de Vázquez Díaz se ha llevado una sorpresa mayúscula al enterarse de que uno de los cuadros favoritos de su abuelo, Mujer de rojo, lo tenía el banquero en su colección. El onubense Vázquez Díaz también pensaba que se comería el mundo cuando llegó de París con un arte nuevo, pero más bien fue el mundo el que se le comió a él, dice Salazar. Lo mismo le pasó a Juan Gris, “que se murió de hambre”. En esta exposición el pintor madrileño figura con un arlequín cubista, interesante porque es su último cuadro de este estilo, por tanto revela ya la inflexión hacia otra modalidad. También el cuadro de Solana, El constructor de caretas, es una obra de madurez, con toda la riqueza de sus colores empastados. Y el sorolla, de gran formato, son tres figuras, quizá sus hijos, caminando por la playa, todos con la mirada en la arena.

Merece, quizá, una dedicación especial el retrato de la madre de Pancho Cossío, porque los coqueteos del pintor con la Falange, sugiere Salazar, apartaron al olvido a un hombre de gran talento. Este óleo oscuro, de formas curvas y gran expresión significó su vuelta a la pintura en 1942 después de una década dedicado a la política. Fue fundador del Racing de Santander, porque aunque nació en Cuba en 1894 siempre estuvo muy vinculado a esta ciudad.

Presentando estas joyas del salón de Jaime Botín han estado también Paloma Botín, Íñigo Sáenz de Miera (presidente de la Fundación Botín, que ha organizado el viaje), Bejamin Weil; director artístico del Centro Botín, que acaba de reformular su colección de arte contemporáneo. Faltaba el banquero, de quien Sáenz de Miera alabó su “enorme generosidad para desprenderse de estas obras a las que tienen tanto cariño” y dijo que ha sido un hombre que ha “generado una enorme riqueza para este país”. “Esta de coleccionista es quizá su faceta menos conocida”, dijo. En efecto, se le conoce más estos días por lo que cuentan los medios de comunicación: que está en problemas con la justicia por su presunto intento de sacar de España el picasso en su barco. El fiscal pide cuatro años de cárcel y una multa de 100 millones de euros. Y por la supuesta elusión de impuestos tras la compra de un avión privado. Nadie sabe aún dónde acabará la Cabeza de mujer joven, de Picasso, pero mientras tanto, los visitantes pueden encontrar disfrute en estas ocho joyas que al banquero le pueden proporcionar alguna redención.


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Mensaje Re: BACON, Francis 
 
La pasión literaria de Francis Bacon

El Centro Pompidou analiza las referencias poéticas y filosóficas que marcaron la producción tardía del artista británico



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'Tres retratos. Póstumo de George Dyer; autorretrato y retrato de Lucian Freud. DACS / ARTIMAGE 2019 / P.C. ASSOCIATES

Presente en las colecciones de los mayores museos del mundo y protagonista de innumerables retrospectivas desde su muerte en 1992, la obra de Francis Bacon parece haber sido examinada desde todos los ángulos posibles. El Centro Pompidou se opone ahora a ese lugar común a través de una nueva exposición que vuelve a leer su producción desde un punto de vista inesperado: la poderosa influencia de la literatura en la concepción de las obras. “Los grandes poetas son formidables detonantes de imágenes. Sus palabras me resultan indispensables, me estimulan y me abren las puertas del imaginario”, reza una frase de Bacon recogida en la muestra.

La idea de la exposición, concebida por el comisario Didier Ottinger, que ya se encargó de las recientes monográficas sobre David Hockney y René Magritte en el museo parisiense, consiste en descubrir a un pintor distinto al conocido, más cerebral y letraherido, en cuya obra no todo fue entraña y desgarro biográfico. No el de la carne trémula de sus modelos deformados y los rostros descompuestos de papas velazquianos, sino el de referencias eruditas escondidas en párrafos abstrusos de las obras de Esquilo, Nietzsche, T. S. Eliot, Joseph Conrad, Georges Bataille y Michel Leiris. Bacon tradujo esas frases en atmósferas y motivos pictóricos, hilo conductor de la exposición Bacon con todas sus letras, que se podrá ver en el Pompidou hasta el próximo 20 de enero.

Si la literatura fue una de las fuentes de inspiración principales en su obra, Bacon aborrecía la idea de narración, que consideraba antitética a su disciplina, prefiriendo la imagen poética o la noción filosófica a la burda idea del relato. “Quiero evitar a toda costa que, al ver mis cuadros, se crea que he querido contar una historia. Para mí, la narración es una forma de matar la pintura, una confesión de impotencia”, dijo en otra ocasión. En su biblioteca personal, que hoy es conservada en el Trinity College de su Dublín natal, figuran más de 1.300 referencias, según un inventario realizado en su taller londinense a finales de los noventa. Muchas de ellas las aprendía de memoria. Devenían el magma del que surgía su obra.
La escenografía de la muestra es poco habitual. El visitante se adentra en el interior de seis cubículos oscuros, en los que se escucha la voz de conocidos actores franceses, como Mathieu Amalric o Jean-Marc Barr, que recitan fragmentos de seis de los libros que inspiraron a Bacon. Al lado, una vitrina custodia el volumen del que surgen esas líneas, extraído de la gigantesca biblioteca del artista. Tras esa lectura dramatizada, se puede inspeccionar el rastro de esas imágenes literarias en una selección de cuadros colgados alrededor.

La exposición prescinde de cartelas y otras muletas, por lo que la búsqueda de esas correspondencias resulta ardua y confusa. Por ejemplo, el tríptico dedicado a George Dyer, el amante suicida de Bacon, esconde una discretísima referencia a una cerradura que aparece citada en un poema de Eliot, cuyo lenguaje fragmentado también inspiró cuadros concebidos como si fueran collages. En otros casos, el parecido es más evidente. Los textos de Leiris sobre la tauromaquia encuentran un reflejo en su Estudio de un toro (1991), pintado pocos meses antes de fallecer. Otro punto de anclaje permanente es la tensión nietzschiana entre la belleza apolínea y el exceso dionisiaco, que después retomará la prosa de Bataille presentando un conflicto entre energía vital y destrucción arrolladora. Esas fuerzas contrarias se expanden a lo largo y lo ancho de 60 cuadros donde abundan tonos inéditos de amarillo, naranja y rosa.

La muestra sirve para revalorizar la producción tardía de Bacon, que durante décadas se ha tenido por menos innovadora e interesante. Está dedicada a las últimas dos décadas de su producción y arranca simbólicamente en el año 1971, cuando Dyer muere en una habitación de hotel de París solo dos días antes de la inauguración de la gran exposición en el Grand Palais que supondrá su consagración definitiva. Según Ottinger, ese doble acontecimiento marca el comienzo de una nueva etapa “en la obra y la visión del mundo” de Bacon. “Es la primera vez que se enfrenta al conjunto de su producción. Es un momento capital en el que reflexiona sobre lo que ha conseguido y en lo que va a hacer a partir de ese momento”, comenta Ottinger. En las fotos de la época, Bacon posa erguido y orgulloso: es el segundo pintor vivo que expone en el lugar, después de Picasso. Aunque exista en su mirada una sombra de dolor entre tanta gloria.

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