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TIZIANO (Tiziano Vecellio)
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Mensaje Re: TIZIANO 
 
J.L Muchas gracias, que disfruten de esta obra.


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Crucifixión de Cristo, de Tiziano.




Nota del moderador: He reducido el tamaño, descuadraba el tema.
 



 
última edición por j.luis el Sábado, 21 Septiembre 2013, 09:58; editado 2 veces 
juan arango Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: TIZIANO 
 
juan arango, gracias por compartir virtualmente la obra de la crucifixión de Cristo. Sería interesante: que a poder ser, nos ofrecieras algunos datos técnicos.



 

Saludos.
 




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j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: TIZIANO 
 
J.L Buenas, muchas gracias por tu ayuda para poder compartir esta obra con ustedes,  las caracteristicas de la obra son, oleo sobre lienzo medidas 165 x 122 no tengo datos del año de ejecucion, es tribuida a este gran maestro.
 



 
juan arango Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: TIZIANO 
 
Coincidiendo con el 450 aniversario de la colocación de la primera piedra del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Patrimonio Nacional inaugurará una exposición centrada en el ornato artístico de este edificio y en el papel que desempeñaron artistas como El Bosco, Tiziano, Patinir, Navarrete “el Mudo”, Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro, Gerard David o Bernard Van Orley. Gracias a estos nombres y a las obras de arte allí depositadas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se convirtió en el mejor conjunto de arte y maravilla de la España del Renacimiento con el que solo podía competir el Vaticano de los papas del siglo XVI.


De el Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en Monasterio de El Escorial, en el Palacio Real de Madrid



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Fotografía de grupo de Su Majestad la Reina con las autoridades asistentes al acto de la inauguración de la exposición "De El Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial", en la Sala IXdedicada integramente a Tiziano.

Una de las salas más importantes de la muestra se dedica íntegramente a Tiziano, ya que el Monasterio era el edificio de Europa con más obras del artista en el momento de su muerte. Esa sala presentará parte de las obras cumbre de su período tardío, destacando un conjunto nunca expuesto como tal desde comienzos del siglo XIX, las tres obras maestras de Tiziano destinadas a la Iglesia de prestado de El Escorial: El Martirio de San Lorenzo, La Adoración de los Reyes y El Entierro de Cristo, esta última conservada en el Museo del Prado.


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Su Majestad la Reina presidió la inauguración de la Exposición "De El Bosco a Tiziano. Arte y Maravilla en El Escorial".​ Doña Sofía junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez Spíteri y el cated
Doña Sofía junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez Spíteri y el catedrático de Historia del Arte y comisario de la exposición, Fernando Checa

Durante el recorrido por la exposición, Su Majestad la Reina estuvo acompañada por la vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría; el presidente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri y el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, entre otras autoridades asistentes al acto.

Tras los saludos protocolarios, Doña Sofía visitó las diferentes salas que forman parte de la exposición:

- Sala I: Arquitectura y sabiduría.

- Sala II: Un monumento para la Casa de Austria.

- Sala III: Anatomías Sagradas.

- Sala IV: Liturgias monárquicas.

- Sala V: La Piedad privada de Felipe II.

- Sala VI: La Ceremonia de la Muerte.

- Sala VII: Archivo de la contrarreforma.

- Sala VIII: Roma y el clasicismo cristiano en El Escorial.

- Sala IX: Tiziano.

- Sala X: El Bosco y los flamencos en El Escorial.


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Doña Sofía atiende a las explicaciones del comisario de la exposición, Fernando Checa, en presencia de la vicepresidenta del Gobierno y Ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría

Patrimonio Nacional organiza esta muestra, coincidiendo con el 450 aniversario de la colocación de la primera piedra del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, centrada en el ornato artístico de este edificio y en el papel que desempeñaron artistas como El Bosco, Tiziano, Patinir, Navarrete “el Mudo”, Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro, Gerard David o Bernard Van Orley.

Gracias a estos nombres y a las obras de arte allí depositadas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se convirtió en el mejor conjunto de arte y maravilla de la España del Renacimiento con el que solo podía competir el Vaticano de los papas del siglo XVI. La base científica de la exposición parte de los Libros de entregas, cuyo intenso estudio a lo largo de los últimos años ha permitido documentar con precisión la llegada de las obras adquiridas por Felipe II durante la construcción del Monasterio.


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El Martirio de San Lorenzo de Tiziano, procedente del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Una de las salas más importantes de la muestra se dedica íntegramente a Tiziano, ya que el Monasterio era el edificio de Europa con más obras del artista en el momento de su muerte. Esa sala presentará parte de las obras cumbre de su período tardío, destacando un conjunto nunca expuesto como tal desde comienzos del siglo XIX, las tres obras maestras de Tiziano destinadas a la Iglesia de prestado de El Escorial: El Martirio de San Lorenzo, La Adoración de los Reyes y El Entierro de Cristo, esta última conservada en el Museo del Prado.

La entrada de los animales en el Arca de Noé, monumental cartón para tapiz de Michel de Coxcie, recientemente restaurado por Patrimonio Nacional, se expondrá junto a obras de El Bosco y Patinir.


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Su Majestad la Reina visitó las diez salas que componen la exposición, donde pudo disfrutar de obras de gran valor

La mayoría de las obras de la exposición pertenecen a las colecciones de Patrimonio Nacional y se complementarán con otras procedentes del Museo Nacional del Prado, de la National Gallery de Londres, de la National Gallery de Irlanda, del Museo del Louvre y de la Biblioteca Nacional de España. La muestra, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Banco Santander, podrá contemplarse hasta enero del próximo año.​


casareal.es / Borja Fotógrafos
 




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Mensaje Re: TIZIANO 
 
El Museo del Prado cierra el ciclo de las ‘Poesías’ mitológicas de Tiziano


El museo identifica en una obra de la Colección Wellington uno de los seis óleos que el pintor envió a Felipe II para el Alcázar de Madrid entre 1553 y 1562



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Las dos 'Dánaes' de Tiziano presentes en la muestra: la de la izquierda es la de la Colección Wellington; a la derecha, la del Prado. / JULIAN ROJAS

El Museo del Prado ha resuelto un enigma de proporciones mitológicas. La Dánae que obra en propiedad del Duque de Wellington desde las guerras napoleónicas es en realidad la que Tiziano pintó en 1553 en Venecia para Felipe II. A esa conclusión, que supone la identificación de la última de las seis Poesías del pintor, uno de los ciclos mitológicos más famosos de la historia del arte, ha llegado el conservador del Prado Miguel Falomir mientras la obra, cedida por su actual propietario, estaba siendo restaurada en el taller de la pinacoteca madrileña.

La primera consecuencia de este descubrimiento es que la Dánae de Tiziano que entró a figurar en los inventarios del Prado en 1827 y era uno de los lienzos claves de la colección italiana del museo pasa a ser otra cosa: una recreación autógrafa hecha unos 10 años después y comprada nada menos que por Velázquez en 1636 en su primer viaje a Italia. Además de un gesto de honestidad intelectual, la decisión podría contar como otra prueba de que al cuerpo de conservadores de la pinacoteca (y más concretamente a Falomir, a quien quizá recuerden por el descubrimiento de la Gioconda del Prado) no les tiembla la mano a la hora de emitir sus veredictos científicos.

Los frutos de estas pesquisas se muestran a partir de hoy (día del 195º aniversario de la fundación del museo) en una exposición titulada Dánae y Venus y Adonis. Las primeras poesías de Tiziano para Felipe II (hasta el 1 de marzo en la sala 40 del edificio Villanueva). Una cita “pequeña, pero de enorme trascendencia”, confía Falomir, jefe de departamento de Pintura Italiana. La componen, además de las dos dánaes (la local y la que después viajará de vuelta a la Apsley House, en Londres) Venus y Adonis, otra de las seis poesías pintadas para ser colocadas por Felipe II en el Alcázar de Madrid.

Esta última (como la de la colección Wellington) ha sido restaurada en los talleres del museo, cuyas iniciativas financia la Fundación Iberdrola, por Elisa Mora, que ayer ofreció a la prensa una explicación digna de alquimistas sobre las decisiones que la condujeron “a recuperar la pincelada original y la vibración lumínica de Tiziano”, que andaba oculta tras los “fondos cubiertos de revestimientos oscuros”, los “burdos repintes” y los “barnices oxidados”. Además de incidir sobre el lienzo se recortó el marco de Venus y Adonis para hacer desaparecer una prótesis parda de 10 centímetros que había desplazado hacia la izquierda el eje de la composición.

Antes, Falomir, que atribuyó a Paul Joannides, de la Universidad de Cambridge, el haber sido el primero en aventurar el verdadero valor la Dánae de Wellington, había explicado las diferencias entre las dos obras basadas en el mito de la joven sedienta a la que Júpiter posee con una fina lluvia de oro. Ambas comparten la belleza de las carnaciones del cuerpo de la chica (que Tiziano obtuvo con una inimitable mezcla de blanco, negro y minio), aunque en la primera, la recién atribuida, aparece cubierta con un paño de seda, mientras que en la otra, una mano entre las piernas transmite la sensualidad que solo encierran algunos gestos. También resultan distintas las viejas que acompañan las dos escenas, que cambiaron al ritmo que se fue “deshaciendo la pincelada” del genio.

Tales diferencias pueden apreciarse en directo por primera vez en dos siglos, el tiempo que hace que Fernando VII regaló al Duque de Wellington la Dánae original en pago por sus triunfos contra las tropas napoleónicas; la pintura viajaba en el galdosiano Equipaje del Rey José, que el noble inglés interceptó a tiempo en 1813.

Para entonces, la imagen, que tuvo el tamaño del resto de las Poesías, ya había resultado mutilada en su tercio superior por razones de conservación. Descripciones antiguas y una copia flamenca revelan que en esa parte, de unos 70 centímetros, se incluía el rostro de Júpiter y un águila con rayos divinos, elementos que no ha podido recuperar ni siquiera el taller de restauración del Prado, que tan acostumbrados tiene a los milagros a los amantes de arte.


Un conjunto legendario

    Fue probablemente el propio Felipe II, cuando aún era príncipe, quien encargó en Augsburgo a Tiziano la serie de las Poesías, que el artista pintó entre 1553 y 1562 partiendo de las Metamorfosisde Ovidio y dando rienda suelta a su imaginación lírica.

    Además de las dos que conciden en el Prado, el resto de las Poesías se hallan en la Wallace Collection de Londres (Perseo y Andrómeda), en la National Gallery of Scotland de Edimburgo (Diana y Calixto y Diana y Acteón) y en la Isabella Stewart Gardner Museum de Boston (Rapto de Europa).




elpais.com
 




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Mensaje Tiziano- 
 
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El Museo del Prado cierra el ciclo de las ‘Poesías’ mitológicas de Tiziano

El museo identifica en una obra de la Colección Wellington uno de los seis óleos que el pintor envió a Felipe II para el Alcázar de Madrid entre 1553 y 1562


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Las dos 'Dánaes' de Tiziano presentes en la muestra: la de la izquierda es la de la Colección Wellington; a la derecha, la del Prado. / JULIAN ROJAS

El Museo del Prado ha resuelto un enigma de proporciones mitológicas. La Dánae que obra en propiedad del Duque de Wellington desde las guerras napoleónicas es en realidad la que Tiziano pintó en 1553 en Venecia para Felipe II. A esa conclusión, que supone la identificación de la última de las seis Poesías del pintor, uno de los ciclos mitológicos más famosos de la historia del arte, ha llegado el conservador del Prado Miguel Falomir mientras la obra, cedida por su actual propietario, estaba siendo restaurada en el taller de la pinacoteca madrileña.

La primera consecuencia de este descubrimiento es que la Dánae de Tiziano que entró a figurar en los inventarios del Prado en 1827 y era uno de los lienzos claves de la colección italiana del museo pasa a ser otra cosa: una recreación autógrafa hecha unos 10 años después y comprada nada menos que por Velázquez en 1636 en su primer viaje a Italia. Además de un gesto de honestidad intelectual, la decisión podría contar como otra prueba de que al cuerpo de conservadores de la pinacoteca (y más concretamente a Falomir, a quien quizá recuerden por el descubrimiento de la Gioconda del Prado) no les tiembla la mano a la hora de emitir sus veredictos científicos.

Los frutos de estas pesquisas se muestran a partir de hoy (día del 195º aniversario de la fundación del museo) en una exposición titulada Dánae y Venus y Adonis. Las primeras poesías de Tiziano para Felipe II (hasta el 1 de marzo en la sala 40 del edificio Villanueva). Una cita “pequeña, pero de enorme trascendencia”, confía Falomir, jefe de departamento de Pintura Italiana. La componen, además de las dos dánaes (la local y la que después viajará de vuelta a la Apsley House, en Londres) Venus y Adonis, otra de las seis poesías pintadas para ser colocadas por Felipe II en el Alcázar de Madrid.

Esta última (como la de la colección Wellington) ha sido restaurada en los talleres del museo, cuyas iniciativas financia la Fundación Iberdrola, por Elisa Mora, que ayer ofreció a la prensa una explicación digna de alquimistas sobre las decisiones que la condujeron “a recuperar la pincelada original y la vibración lumínica de Tiziano”, que andaba oculta tras los “fondos cubiertos de revestimientos oscuros”, los “burdos repintes” y los “barnices oxidados”. Además de incidir sobre el lienzo se recortó el marco de Venus y Adonis para hacer desaparecer una prótesis parda de 10 centímetros que había desplazado hacia la izquierda el eje de la composición.

Antes, Falomir, que atribuyó a Paul Joannides, de la Universidad de Cambridge, el haber sido el primero en aventurar el verdadero valor la Dánae de Wellington, había explicado las diferencias entre las dos obras basadas en el mito de la joven sedienta a la que Júpiter posee con una fina lluvia de oro. Ambas comparten la belleza de las carnaciones del cuerpo de la chica (que Tiziano obtuvo con una inimitable mezcla de blanco, negro y minio), aunque en la primera, la recién atribuida, aparece cubierta con un paño de seda, mientras que en la otra, una mano entre las piernas transmite la sensualidad que solo encierran algunos gestos. También resultan distintas las viejas que acompañan las dos escenas, que cambiaron al ritmo que se fue “deshaciendo la pincelada” del genio.

Tales diferencias pueden apreciarse en directo por primera vez en dos siglos, el tiempo que hace que Fernando VII regaló al Duque de Wellington la Dánae original en pago por sus triunfos contra las tropas napoleónicas; la pintura viajaba en el galdosiano Equipaje del Rey José, que el noble inglés interceptó a tiempo en 1813.

Para entonces, la imagen, que tuvo el tamaño del resto de las Poesías, ya había resultado mutilada en su tercio superior por razones de conservación. Descripciones antiguas y una copia flamenca revelan que en esa parte, de unos 70 centímetros, se incluía el rostro de Júpiter y un águila con rayos divinos, elementos que no ha podido recuperar ni siquiera el taller de restauración del Prado, que tan acostumbrados tiene a los milagros a los amantes de arte.


Un conjunto legendario

    - Fue probablemente el propio Felipe II, cuando aún era príncipe, quien encargó en Augsburgo a Tiziano la serie de las Poesías, que el artista pintó entre 1553 y 1562 partiendo de las Metamorfosisde Ovidio y dando rienda suelta a su imaginación lírica.

    - Además de las dos que conciden en el Prado, el resto de las Poesías se hallan en la Wallace Collection de Londres (Perseo y Andrómeda), en la National Gallery of Scotland de Edimburgo (Diana y Calixto y Diana y Acteón) y en la Isabella Stewart Gardner Museum de Boston (Rapto de Europa).



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Mensaje Re: TIZIANO (Tiziano Vecellio) 
 
Tiziano, el color del poder

Figura de 'El Renacimiento en Venecia' del Museo Thyssen.



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El último lienzo que pintó Tiziano fue una enorme Piedad en colores predominantemente grises y pétreos y en una atmósfera nocturna. El cuadro, fuera cual fuese la intención del artista, resulta fantasmagórico, casi violento. Hoy podríamos decir, saltándonos el rigor histórico, que presenta poco menos que un clima romántico, de novela gótica.

Tiziano quiso que ese cuadro presidiera su tumba, pero no fue así. No obstante, murió el mismo año en que lo pintó, en 1576, en Venecia, víctima de la peste negra.

El carácter sombrío y dramático de esta pintura es común al del Cristo crucificado, pintado 11 años antes, un Cristo agónico y solitario, que cierra intensamente la exposición del Museo Thyssen, El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura.

Tiziano había disfrutado de una vida larguísima, plena de fama, honores, encargos, riqueza y relaciones con las más altas instancias del poder civil y religioso. En 1560, tenía, como poco, 77 años -no se conoce con certeza la fecha de su nacimiento-, había enviudado tres décadas atrás de Cecilia Soldano, y la muerte durante un parto, ese año, de su adorada hija Lavinia -modelo en varios de sus cuadros-, fue apagando lentamente su ánimo y oscureciendo su pintura. Tanto más cuando cuatro años antes había fallecido su mejor amigo, el poeta erótico (Sonetos lujuriosos) Pietro Aretino, que tanto había contribuido a su éxito.

Fue Pietro Aretino quien fraguó el encuentro entre Carlos V y Tiziano, en Bolonia, en 1530. De ese encuentro surgieron varios encargos y retratos del emperador, entre ellos, Carlos V a caballo en Mühlberg (1548), absoluta sublimación de la majestad y del poder guerrero del hombre más poderoso de la tierra.

La relación preferente entre Carlos V y Tiziano propició el interés máximo del entonces príncipe Felipe II por el artista. Su encuentro personal tuvo lugar en Milán, en 1548, en los inicios del felicísimo viaje por Europa del luego (desde 1556) rey más grande del orbe. Se multiplicaron los encargos y los retratos, muchos con destino al Real Monasterio de El Escorial, para el que Tiziano fue el pintor favorito de Felipe II, en demérito del también contratado El Bosco. La relación profesional entre Carlos V, Felipe II -el mayor mecenas artístico de la cristiandad- y Tiziano -que nunca pisó Madrid- explica que el Museo del Prado disponga de más de 40 obras suyas.

Y muy variadas. Porque Tiziano, además de frescos y mosaicos para templos y palacios, cultivó toda clase de géneros pictóricos y en todos dejó patente su maestría: pintura de paisaje y naturaleza, mujeres (con frecuencia muy sensuales), mitología, pintura religiosa y, sobre todo, retratos. Se calcula que Tiziano ejecutó por encargo más de 100 retratos, fuente importante de sus ingresos y de su prestigio entre reyes, papas (Pablo III), nobles y toda clase de dignatarios. En los retratos de reyes y nobles guerreros dejó el detalle -marca de la casa- del brillo en las armaduras: el brillo del poder. Y, como retratista, fue pionero de la profundización en la psicología del retratado, del mismo modo que destacó en dos terrenos poco frecuentados en su época: la pintura de caballete y el retrato de cuerpo entero (eran más comunes los primeros planos y los planos medios).

Pero la Historia ya dice, que junto a sus muchas habilidades, Tiziano dejó cátedra perenne en dos aspectos: el uso del color (mancha, luz) frente al predominio del dibujo y el empleo de la pincelada suelta (que, a veces, da a sus lienzos la apariencia de inconclusos), técnica que luego determinó la pintura de Velázquez, Goya y tantos otros hasta hoy mismo.

Aquí ya va siendo hora de citar al pintor y arquitecto Giorgio Vasari, quien, en su celebérrimo (y farragoso) libro Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos cuenta algo (poco) de una visita que Miguel Ángel y él mismo hicieron a Tiziano en su estudio veneciano. Vasari, reticente, dice que Miguel Ángel elogió después a Tiziano, pero que, también reticente, echó en falta en ella más dibujo. Previsible.

La pintura renacentista que se hacía en Florencia y Roma, la pintura de Rafael y Miguel Ángel, ponía el acento canónico en el dibujo. Sin embargo, la pintura de Venecia -con Tiziano a la cabeza- puso el acento en el color y, con la colaboración inmediata de Tintoretto -también presente en la exposición del Thyssen- y otros manieristas, arrebató predicamento a la que se hacía en las otras dos ciudades. De ahí que Miguel Ángel frunciera un poco el ceño ante Tiziano.

Nacido en Pieve di Cadore, junto a los Alpes, en fecha imprecisa -se da como límite el año 1490-, cuarto hijo de un acomodado político y militar, el niño Tiziano, que disponía de un "bello espíritu y viveza de ingenio" (según Vasari), fue enviado, por sus precoces dotes, a casa de un tío suyo en Venecia. Tenía 10 años. Aunque se movió lo suyo por temporadas (Padua, Roma, Urbino etc.), Venecia fue ya para siempre el centro de su vida y de su obra.

En Venecia tuvo Tiziano dos maestros principales: el cuatrocentista Giovanni Bellini y, por poco tiempo -debido a su muerte prematura, también por la peste- el más moderno Giorgione, discípulo a su vez de Bellini y también presente en la exposición del Thyssen. De la lectura del libro de Vasari, se infiere que Bellini forjó a Tiziano en las reglas más estrictas del dibujo y que, cuando éste quiso soltarse la mano y volar algo más libre, se fue a aprender con Giorgione, algunas de cuyas pinturas llegó a terminar.

Y, lamentablemente, no hay espacio para más, salvo para decir, por si acaso, que cuando Carlos V reclamó al pintor, Tiziano ya era, como parece lo lógico, un pintor consagrado y en plena madurez. Y un apunte final de Vasari: Tiziano vivió sus últimos años rico y tranquilo, seleccionando sus encargos y, atención, con muy poco empeño por enseñar y tener discípulos.

elmundo.es / MANUEL HIDALGO
 




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Mensaje Re: TIZIANO (Tiziano Vecellio) 
 
La eternidad del arte atrapada en una piedra

El Prado rescata en una delicada muestra la fugaz tendencia del Renacimiento veneciano de la pintura sobre mármol y pizarra



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Sala de la exposición 'In lapide depictum. Pintura italiana sobre piedra, 1530-1555'. MUSEO DEL PRADO

Fueron los maestros del mundo clásico los primeros en utilizar el mármol y las piedras calizas en unas obras que por fuerza (de la naturaleza) estaban concebidas para ser eternas. El brillo del mármol, su resistencia y su óptima absorción del color, convirtieron a este soporte en una piel que permitía entablar un “diálogo con los dioses”. Pero fue en el Renacimiento, a comienzos del XVI, cuando algunos de los grandes artistas que creían haber superado todas las metas, tuvieron conocimiento de las sofisticadas técnicas utilizadas por los maestros griegos y romanos y no dudaron en utilizarlas. El Museo del Prado muestra algunos sobresalientes ejemplos de aquella técnica hasta el 5 de agosto en In lapide depictum. Pintura italiana sobre piedra 1530-1555. Una pequeña exposición por el número de obras (nueve), que gana en envergadura por cuanto se explica un capítulo poco conocido en la historia del arte, según asegura Ana González Mozo, restauradora del museo y comisaria de la exposición.


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La Dolorosa con las manos abiertas, de Tiziano. Óleo sobre mármol, 68 x 55 cm | 1,9 x 2 cm grosor. 1555. Madrid, Museo Nacional del Prado

Situada en la sala D del edificio de Jerónimos, el montaje de la muestra tiene como piezas estrella las dos únicas obras realizadas por Tiziano sobre estos soportes, propiedad del Prado y restauradas para la ocasión con la ayuda de Iberdrola. Son La Dolorosa con las manos abiertas (óleo sobre mármol, 1555) y Ecce Homo (óleo sobre pizarra, 1547).


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Piedad, de Sebastiano del Piombo, Óleo sobre pizarra, 124 x 111,3 x 3,5 cm | 145 x 132 x 12 cm (con marco) | 103 kg. 1533 - 1539. Madrid, Museo Nacional del Prado

También del Prado es La Piedad, de Sebastiano del Piombo (óleo sobre pizarra, 1533-39), artista al que se le reserva el honor de haber reintroducido en el arte las complicadas técnicas del mundo antiguo. “Él es el primero en redescubrir aquellos secretos artísticos”, advierte la comisaria, “aunque se considera que es Tiziano quien demuestra haber aprendido perfectamente la lección”.


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Cristo con la cruz a cuestas, de Sebastiano del Piombo,m1532 - 1535. Óleo sobre pizarra, 43 x 32 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

La sala incluye dos préstamos llegados de Nápoles: Retrato de joven (óleo sobre pizarra, 1553), de Daniele da Volterra y Teseo y el centauro, una pintura sobre mármol blanco fechada entre el año 20 antes de Cristo y el 37 después de Cristo.

González Mozo recordaba ayer el protagonismo que en el siglo XVI tuvo Venecia en la renovación de las técnicas artísticas debido al interés por el mundo clásico y la llegada de nuevos materiales procedentes del incipiente comercio con Oriente. “En las imprentas se editaban textos grecorromanos en los que se hablaba del arte del pasado. Los artistas querían que sus obras fueran eternas y supieron que la estabilidad de la piedra les podía permitir hacer posible esa necesidad de trascender”.


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La Coronación de espinas de Leandro Bassano. 1590 - 1598. Óleo sobre pizarra, 54 x 49 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

El mármol fue la roca preferida del mundo clásico para la policromía por su brillo, su resistencia y su buena absorción del color. Pero fue la pizarra, mucho más asequible, el soporte habitual en el Renacimiento para pintar. “El tono grisáceo de la superficie arcillosa y las hojitas de mica de su estructura producen, al incidir la luz, un resplandor que armoniza la imagen pintada y crea la ilusión de que los cuerpos emergieran de su interior. Estas propiedades permiten ampliar la gama cromática trabajando con menos pigmentos”.


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'Ecce Homo' de Tiziano. Óleo sobre pizarra, 69 x 56 cm | 1 cm – 3 mm grosor. 1547. Madrid, Museo Nacional del Prado

Ante las piezas expuestas, la comisaria recuerda que Tiziano regaló el Ecce Homo que aquí se expone a Carlos V, y que la Dolorosa fue el último encargo que le hizo el emperador. “Tiziano dominó de manera genial este soporte. Estas dos obras le permitieron experimentar con métodos con los que no había trabajado nunca y medirse con los mármoles antiguos a la vez que satisfacía los gustos devocionales de su mecenas”.


Ángeles García / elpais.com / museodelprado.es
 




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