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Tetsuya Ishida
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Mensaje Tetsuya Ishida 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Tetsuya Ishida Tetsuya Ishida (石田徹也 Ishida Tetsuya?, nacido en junio de 1973, Shizuoka) fue un pintor japonés, muerto en 2005 por posible suicidio.

Tetsuya Ishida pintó escenas de vida común en Japón, pero con los protagonistas siempre atrapados en un cuerpo similar a una máquina o tratado como producto de una cadena de producción.

Ishida forma parte de la denominada “generación perdida” de aquellos años, que creció embestida por la falta de expectativas, haciendo mella en una juventud cada vez más escéptica. Un artista de culto en su país, que en su corta carrera reflejó con incisiva lucidez las amargas consecuencias de las sucesivas crisis que perturbaron la economía mundial a partir de 1973 y, más concretamente, el momento de recesión que vivió Japón tras el estallido de la burbuja especulativa en 1991 que ha durado más de dos décadas.

Surrealismo japonés con una cruda y amarga visión del hombre en una sociedad que lo despersonaliza, convirtiéndolo en poco más que un engranaje al servicio del consumo y la producción. Rostros inexpresivos que parecen ser siempre el mismo, con una pátina de desolación y melancolía.


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Tetsuya Ishida fue un pintor japonés nacido en Yaizu, Shizuoka, en 1973, conocido por su retrato surrealista de la vida cotidiana japonesa. Se presume que se suicidó en 2005 a saltar de un tren.

Asistió a la Yaizu Central High School hasta su graduación en 1992. Ishida contó en entrevistas que fue durante este período que sus padres y el director lo presionaron para que tuviera un rendimiento académico lo bastante bueno como para desarrollar una carrera de química o un profesorado. Esta experiencia aparecería más tarde en sus pinturas, que exploran las expectativas sociales de los jóvenes.

Entró en la Universidad de Musashino, donde se graduó en Diseño de Comunicaciones Visuales en 1996. Los padres de Ishida, en desacuerdo con su elección de carrera, se negaron a financiarlo durante el período universitario, cosa que Ishida recordaba con humor en sus escasas entrevistas.


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Ishida y el director Isamu Hirabayashi, un amigo de la universidad, formaron una compañía multimedia para trabajar juntos como colaboradores en proyectos que fusionaban cine y arte. Tras experimentar dificultades económicas durante la recesión del Japón en los '90, su empresa conjunta se convirtió en una empresa de diseño gráfico. Ishida dejó la compañía para desarrollar su carrera como artista en solitario.

Entre 1997 y 2005 fue alcanzando a un público cada vez mayor, realizó algunas exposiciones y recibió críticas positivas sobre su obra, lo que le permitió trabajar como artista a tiempo completo hasta su muerte, que ocurrió el 23 de mayo de 2005 en el paso a nivel de Machida, Tokyo, en circunstancias nunca suficientemente esclarecidas. Tenía 31 años.

La obra de Ishida aborda principalmente tres temas: la identidad de Japón y su rol en el mundo actual, las estructuras sociales y de educación académica, y la lucha de los japoneses para adaptarse a los cambios sociales y tecnológicos en la vida contemporánea.


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Tetsuya Ishida - Sin título, acrílico sobre lienzo, 130 x 145 cm.

El 26 de noviembre de 2006, un cuadro de Ishida, "Untitled" 2001, se vendió en una subasta de Christie's en Hong Kong "Asian Contemporary Art" por 780.000 HKD (dólar de Hong Kong).

Transmite aislamiento, ansiedad, crisis de identidad, escepticismo, claustrofobia y soledad. Su incursión en estos temas se realiza a través de escolares y hombres de negocios convertidos en engranajes de producción y retratando a gente jóven, en su mayoría hombres, como físicamente integrados con objetos domésticos cotidianos; un lavabo, un radiador, una pila o un escritorio. Sus personajes tienen rostros que recuerdan al de Ishida. La similitud sugiere que son obras autobiográficas, pero Ishida lo negó siempre firmemente.

Ishida compartía anécdotas de sus padres expresando desconcierto que les producía su estilo artístico y la naturaleza oscura de su obra. Su madre estaba particularmente molesta por uno de sus autorretratos que ella percibía como demasiado oscuro, pero él le aseguraba que estaba feliz, porque sentía que podía comunicarse mejor a través de su pintura de lo que lo hacía en persona. Más tarde contó que sus padres terminaron por aceptar su trabajo como parte de su personalidad y que ellos, particularmente su padre, fueron capaces de apreciar sus obras aún cuando no comprendían su arte.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






ALGUNAS OBRAS


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Tetsuya Ishida - Descendencia. Acrílico sobre panel, 206 x 291,2 cm., 1999. Gagosian Gallery


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Tetsuya Ishida - Quién ya no vuela, 1996


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Tetsuya Ishida - Fluidos corporales. Acrílico y óleo sobre lienzo, 45,5 x 53 cm., 2004


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Tetsuya Ishida - Prisionero, acrílico sobre panel, 103 x 145,6 cm., 1999


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Tetsuya Ishida - Recuperación, acrílico sobre panel, 145,5 x 206 cm., 1998


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Tetsuya Ishida - Equipamiento para ejercicios. Acrílico sobre panel, 103 x 145,6 cm., 1997. Gagosian Gallery


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Tetsuya Ishida - "Decidido por mí mismo. Óleo sobre panel de madera, 103 x 147 cm., 1999


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Tetsuya Ishida,1998


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Tetsuya Ishida,1998


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Tetsuya Ishida - Sin título, óleo sobre lienzo, 130 x 194 cm., 2001


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Tetsuya Ishida - Buscando, óleo sobre lienzo, 91 x 116,7 cm., c. 1998


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Tetsuya Ishida - Entrevista, 1998


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Tetsuya Ishida - Esperando una oportunidad. Acrílico sobre panel, 145,6 x 206 cm., 1999


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Tetsuya Ishida - Supermercado. Acrílico sobre panel, 103 x 145,6 cm., 1997


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Tetsuya Ishida, 2001


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Tetsuya Ishida - Sin título, óleo sobre lienzo, 145,5 x 194 cm., c. 2004


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Tetsuya Ishida, 1997


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Tetsuya Ishida - Rehabilitación, óleo sobre lienzo, 91 x 72,8 cm., 2003


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Tetsuya Ishida - Sin título, 2004. Acrílico y óleo sobre lienzo. 91 x 116,7 cm. Colección particular.Colección particular.


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Tetsuya Ishida. Cochinilla durmiendo, 1995. Acrílico sobre tabla. 72,8 x 103 cm. Colección particular


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Tetsuya Ishida. Invernadero, 2003. Acrílico y óleo sobre lienzo. 72,7 x 91 cm. Colección particular.


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Tetsuya Ishida. Cinta transportadora portadora de personas, 1996. Acrílico sobre tabla. 145,6 x 103 x 3 cm. Colección particular, Singapur.



Varias obras de Tetsuya Ishida sin rotular:


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Varias obras de Tetsuya Ishida sin rotular

Ver enlace interesante

 

Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Tetsuya Ishida, nacido en junio de 1973, Shizuoka) fue un pintor japonés, muerto en 2005 . Tetsuya Ishida pintó escenas de vida común en Japón, pero con los protagonistas siempre atrapados en un cuerpo similar a una máquina o tratado como producto de una cadena de producción.


Fuentes y Agradecimientos: elhurgador.blogspot.com, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, lazonadigital.com, cocteldemente.com, enkil.org, arsmagazine.com, elpais.com  y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Sábado, 13 Abril 2019, 09:51; editado 1 vez 
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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
Tetsuya Ishida

Autorretrato de otro

12 abril – 8 septiembre, 2019 / Palacio de Velázquez, Parque del Retiro
 


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Tetsuya Ishida, Kiro [Viaje de regreso], 2003. Acrílico y óleo sobre lienzo, 45,5 x 38 cm. Colección particular, fotografía: Takemi Art Photos, cortesía Kyuryudo Art Publishing Co., Ltd.

La obra del artista japonés Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973 – Tokio, 2005) pone rostro a la experiencia del sujeto contemporáneo, indagando en la incertidumbre y la desolación de la sociedad japonesa radicalmente alterada por el desarrollo tecnológico y por las sucesivas crisis que han afectado a la economía y a la política a escala planetaria. En concreto, Ishida retrata con precisión descriptiva el estado de ánimo de su generación, marcada por el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria y los despidos masivos que en 1991 sumieron a su país en una profunda recesión.


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Durante los escasos diez años de su trayectoria, Ishida produce un formidable corpus de trabajo centrado en la incomunicación y alienación en un mundo dominado por fuerzas incontrolables. La imaginería recurrente del escolar/oficinista le sirve para realizar una crítica acerada de los sistemas educativos y laborales regidos por los imperativos de productividad y competitividad. La metamorfosis del cuerpo humano fusionado con ciertas especies de insectos, dispositivos tecnológicos o medios de transporte; las situaciones claustrofóbicas en las que el cuerpo se halla físicamente atrapado en agujeros y construcciones, o forma parte de una cadena de montaje como si de un engranaje más se tratara; la búsqueda de la identidad ligada a la necesidad primaria del retorno a la niñez y al componente escatológico reprimido; el lustro perdido de los parques de atracciones y la tristeza que invade los terrenos baldíos funcionan como telón de fondo para la apatía de una sociedad que ha sucumbido a la maquinaria de la producción y del consumo infinitos.  


Mas info
 




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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
Tetsuya Ishida, un pintor entre Kafka y el manga

El Reina Sofía descubre la ácida y atormentada lucidez del malogrado artista japonés, que puso fin su vida con 32 años

 

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Cabe situar la pintura de Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973-Tokio, 2005) entre Franz Kafka y René Magritte, entra la poesía de Arthur Rimbaud y el manga. El pintor japonés, hasta ahora un perfecto desconocido en Europa, realizó el grueso de su obra en apenas diez años, antes de poner un abrupto final a su vida. El Museo Reina Sofía rescata ahora su potente e irónica pintura, tan crítica y lúcida como atormentada y melancólica, en la que los seres humanos se metamorfosean en máquinas, objetos, edificios o automóviles. Y lo hace en la primera retrospectiva en España y en Europa del raro artista nipón.

Sí Rimbuad dijo «yo soy otro» y abandonó la poesía con 18 años, toda la pintura de Ishida es un «autorretrato de otro» que anticipa su abrupto final. No en vano 'Autorretrato de otro' es el título de la muestra que el Reina Sofía ofrece hasta septiembre en el Palacio de Velázquez del madrileño parque del Retiro. Reúne más de 70 obras entre pinturas y dibujos de esta 'rara avis' del arte japonés que se miró el espejo del arte occidental para desentrañar lo más siniestro del alma nipona.

Es Ishida un incómodo, lúcido y atormentado testigo de una realidad alienante. Un pintor a contracorriente que optó por un lenguaje realista de corte onírico que recuerda a Magritte en lo plástico y a Kafka y su 'Metamorfosis' en lo narrativo. Entre el influjo de ambos alumbra una obra más que singular que, como en la de Frida Kahlo, lo crítico y lo emotivo conviven con lo irónico y lo trágico.

«Puso rostro a la crisis del capitalismo tardío, con un personaje atrapado en la rutina del presente, anónimo, sin futuro y dominado por la productividad, la eficiencia y la competitividad», dice Teresa Velázquez, comisaria de la muestra y que conecta la dolorida pintura de Ishida «con el manga y el anime», las formulaciones del cómic y la animación niponas.


Atrapado en sí mismo


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Tetsuya Ishida. Cinta transportadora portadora de personas, 1996. Acrílico sobre tabla. 145,6 x 103 x 3 cm. Colección particular, Singapur.

Fallecido a los 32 años, en un presumible suicidio, vivió Ishida a caballo entre lo que Japón se llama un 'karoshi' -«muerto por exceso de trabajo», literalmente- y un 'hikikomori' -quien vive voluntariamente «en aislamiento extremo»-. Entre uno de esos millones de trabajadores atrapados en la cadena productiva y la entrega plena y ácritica a su trabajo, al consumo y al sistema, y la solitaria vida que atrapa en sus hogares hipertecnificados a cientos de miles de jóvenes incapaces de la menor interacción social.

A todos les puso Ishida el mismo y único rostro que se inspira vagamente en sí mismo. El que repite una y otra vez en unas pinturas inquietantes. En unas críticas y ácidas escenas de la vida japonesa que seducen tanto como incomodan. «Refleja como como pocos la soledad del ser humano y la grave crisis de los noventa, que en Japón se convirtió en algo permanente», destaca Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía que se apunta el tanto de descubrir al gran público occidental a este perro verde de la pintura cuya obra cotiza al alza y está en los radares de grandes coleccionistas. Hasta 700.000 se han pagado en una sala de subastas por una de sus telas.

Unos óleos en los replica siempre al mismo atormentado personaje «sin identidad, atrapado en un tiempo opresivo y sin separación entre el trabajo y el ocio; un ser único y anónimo que tiene bastante que ver con un producto», resume Borja-Villel. «La aparente frialdad se su de su pintura realista, sin emociones, irónica y melancólica, le sitúan entre el manga el anime», dice también de un artista «único, de culto en su país y muy difícil de ver en Europa».

Ishida pone así un rostro único y clónico a la desolación generalizada de una sociedad radicalmente alterada por despidos masivos y la especulación y que guarda muchos paralelismos con la crisis que desde 2008 afecta a la economía y la política a escala mundial.

Su obra es para los responsables del museo público «un testimonio excepcional del malestar y la alienación del sujeto contemporáneo y en la que denuncia sin tapujos su deshumanización». Como se ven en 'Toyota Ipsum' (1996), un retrato feroz de trabajadores de la multinacional del automóvil con las extremidades convertidas en coches y las orejas en neumáticos, y que fue la primera obra Ishida que se vio en Europa, en la Bienal de Venecia de 2005.

Produjo casi toda su obra entre 1996 y 2004, creando ese mundo inquietante, plagado de máquinas y objetos antropomorfos y personajes híbridos «en el que el ser humano es apenas una pieza intercambiable de un complejo engranaje al servicio de la producción y el consumo». Murió encerrado con sus pinceles en sus telas en su casa de Sagami oono, un barrio de industrial de Sagamihara, en la periferia de Tokio. Tenía el turno de noche como guardia de una imprenta, un trabajo que le daba para pagar el material pictórico y la comida basura que consumía este 'hikikomori' de la pintura.

Museos japoneses como el Shizuoka y el Hiratsuka y la colección de los hermanos del artista han prestado las obras que desde Madrid viajarán al Wrightwood 659 de Chicago, donde se verán del 3 de octubre al 14 de diciembre de este año.


elcomercio.es
 




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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
Descubre la obra de Tetsuya Ishida en el Palacio de Velázquez



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El Museo Reina Sofía presenta en el Palacio de Velázquez del Retiro la primera gran antológica que se realiza fuera de Japón sobre el trabajo de Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973 – Tokio, 2005), un artista de culto en su país que en su corta carrera reflejó los devastadores efectos de las grandes crisis económicas acaecidas a partir de 1973.


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'Invernadero' (2003), de Tetsuya Ishida.

Bajo el título Autorretrato de otro, la muestra reúne un conjunto de 70 pinturas y dibujos que ponen rostro a la desolación generalizada de una sociedad radicalmente afectada por los despidos masivos y la especulación. Estas obras son un testimonio excepcional de la alienación del sujeto contemporáneo a través de un poderoso imaginario repleto de personajes híbridos y máquinas antropomorfas que habla de la soledad, la incomunicación y la profunda crisis de identidad.
Participa y descubre al artista de culto Tetsuya Ishida el próximo jueves 11 de abril a la 13:00 horas en el Palacio de Velázquez.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
La incómoda lucidez de Tetsuya Ishida, en el Museo Reina Sofía

El museo madrileño presenta la primera gran exposición antológica dedicada fuera de Japón a este artista, que reflejó los devastadores efectos de las grandes crisis económicas


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Bajo el paraguas del presidente de la Compañía, 1996. TETSUYA ISHIDA

Quizá su nombre no le diga (todavía) nada, pero las pinturas de Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973 - Tokio, 2005) necesitan pocos preámbulos. Algunas son como una mueca burlona con guiños kafkianos. Otras, como un puñetazo en la boca del estómago. La prometedora trayectoria de este japonés se vio irreversiblemente truncada a sus 32 años por un posible suicidio. Década y media después de su muerte, el Museo Reina Sofía presenta la primera gran antológica dedicada a este artista fuera de Japón.

El terreno que Ishida pisó es el que se vio sacudido por la voraz recesión económica que el país sufrió en la década de 1990. El mismo escenario que hoy contempla, con preocupación, cómo los casos de muerte por exceso de trabajo (karoshi) o de jóvenes que deciden vivir en un estado de aislamiento social casi absoluto (hikikomori) van en aumento. "Todo lo que él sufrió lo reflejó en sus obras. El hecho de que, en un contexto tan hipertecnificado, él recurra a un elemento tan tradicional como es la pintura, no deja de ser anacrónico", asegura Manuel Borja-Villel, director del museo. "Aunque los contenidos puedan ser terribles, el arte siempre tiene un elemento de cura". Un principio sanador que, en su opinión, reside en el hecho de que no regodearse en la desgracia, "como tampoco se regodeó Picasso en su Guernica".

En el momento de su muerte, Ishida residía en Sagami oono, un barrio localizado en la ciudad de industrial de Sagamihara, cerca de Tokio, donde había una gran tienda de materiales de pintura. Disgustado por el turno de noche que desempeñaba como guardia en una imprenta para poder sufragar los gastos de su vocación artística, algunos de sus amigos le recuerdan comiendo cada día platos baratos como pastas o curry para poder seguir pintando. "Cuando llamaba a la puerta, me acogía en su casa", rememora uno de ellos. "Ésta estaba tan llena de materiales de pintura y paletas de papel que no había ningún espacio libre en el suelo para sentarnos. Entonces, Ishida los movía para hacer un hueco y en una taza muy grande me servía té verde que estaba preparado en una voluminosa tetera. En la pared estaba apoyado el cuadro que estaba pintando. Hablábamos en voz baja mientras él no paraba de pintar".


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Cochinilla durmiendo, 1995. TETSUYA ISHIDA

Cuerpos encapsulados, interiores claustrofóbicos y una mirada perdida que persiste en muchas de sus obras son tres de las recurrentes metáforas más presentes en su trabajo. Aunque, en más de una ocasión, el propio Ishida negó que el rostro adolescente de semblante ambiguo y expresión ausente que se repite fuera el suyo, esta suposición es hoy una creencia de lo más extendida. De ahí que el título Autorretrato de otro se antoje especialmente oportuno para la muestra. Compuesta por un total de 70 piezas entre pinturas y dibujos, la exposición incide en su afán por retratar a una sociedad que, al colocarse frente al espejo, apenas ya se reconoce. "Analizando las pinturas de Ishida, me he dado cuenta de que el "autorretrato" que contienen no es exactamente realista, a pesar de la riqueza de la atmósfera que reflejan", dijo en cierta ocasión el psicólogo y crítico japonés Tamaki Sait. "No se trata de un problema de técnica. Poseía un dominio técnico suficiente para pintar retratos realistas, y por esa razón los "rostros" de sus pinturas tienen esa singularidad intrínseca".

Detallista y minucioso, sus escenas no se antojan fáciles de digerir. Entrañan demasiadas preguntas difíciles de plantear. Demasiadas contestaciones incómodas de responder. Su periodo de mayor actividad se sitúa en 1995, el mismo año en el que se lanzó en Japón el sistema operativo Windows 95 de Microsoft, con el que el ordenador personal comenzó a popularizarse y se incorporó a la vida cotidiana, modificando el entorno laboral y el sistema de producción. En una esfera en la que los límites antes firmemente asentados se diluyen, "todo se funde en un mundo absorbente que funciona como una máquina engrasada en la que somos esclavos de nosotros mismos", concluye Borja-Villel. "El arte, por principio, debe incomodar, pero no de un modo anecdótico o fácil, sino haciendo que percibamos el mundo de otra forma, creando comunidades de empatía, haciéndonos, en definitiva, ser más libres".


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
El Japón alienado de Tetsuya Ishida se muestra en el Palacio de Velázquez

La primera retrospectiva fuera del país del artista, muerto en 2005 a los 32 años, incluye 70 obras



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Repostar comida' (1996), una de las obras de Tetsuya Ishida en el Palacio de Velázquez.

Ver vídeo de la exposición

Aunque su nombre, Tetsuya Ishida, resulte desconocido en Occidente incluso para los expertos en arte contemporáneo, su pintura deja una huella indeleble. Es imposible enfrentarse a sus historias de alienación, automatización en el trabajo, consumo desaforado, capitalismo, especulación inmobiliaria... y salir indemne. Autorretrato de otro,inaugurada ayer en el Palacio de Velázquez del Retiro, en Madrid, es la primera retrospectiva del artista japonés que se realiza fuera de su país y reúne unas 70 obras fechadas entre 1996 y 2004, poco antes de su muerte —para muchos suicidio— a los 32 años. “Nosotros lo descubrimos en la Bienal de Venecia de 2015, donde había tres pequeñas obras, y apenas se ha visto fuera de Japón. Es un artista que refleja la distopía de la sociedad en la que vivimos con una precisión casi de cirujano”, apuntó ayer Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, del que depende el Palacio de Velázquez.


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Ishida, que terminó sus estudios en plena crisis de los noventa y lejos de vivir de la pintura empleó todos sus escasos recursos en poder seguir pintando, disecciona las lacras de la sociedad capitalista japonesa. “Desde el karoshi, la muerte por exceso de trabajo, hasta los hikikomori, jóvenes que se autorrecluyen y llevan una existencia virtual, en sus obras, la mayoría acrílicos sobre lienzo en los que predominan los tonos fríos, aparece siempre un hombre genérico, el mismo representado en todas las edades”, comenta Teresa Velázquez, comisaria de la exposición que podrá verse hasta el 8 de septiembre.


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Semblantes hieráticos de hombres clonados en cadenas de montajes, cuerpos cosificados que se transforman en objetos cotidianos o seres híbridos que recuerdan la iconografía del surrealismo pueblan las obras de Ishida. Lienzos en los que el artista se autorretrata como un ser anónimo, como parte de una comunidad adocenada y en la que solo aparecen dos mujeres.


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El director de cine Isamu Hirabayashi, el mejor amigo de Ishida y compañero de estudios en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad de Musashino (Tokio), hace un retrato de los gustos y la personalidad del artista que vivía solo para la pintura. “Tenía un trabajo a tiempo parcial en un turno nocturno y se mudó a un barrio de Sagamihara, porque allí había una gran tienda de materiales de pintura a la que podía ir andando sin gastar dinero en tren. Su máxima prioridad eran los utensilios de pintura, compraba alimentos baratos y comía cada día lo mismo”, escribe Hirabayashi en el catálogo. Su amigo recuerda su carácter introvertido y cómo encontraba un componente estético en el suicidio.


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Obra del artista japonés Tetsuya Ishida


elpais.com / youtube.com
 




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Mensaje Re: Tetsuya Ishida 
 
Tetsuya Ishida, el pintor japonés que retrató el capitalismo más brutal como un mundo kafkiano

Autorretrato de otro es la primera gran retrospectiva del pintor que llega a nuestro país, un recorrido por una fascinante obra oscura y crítica con el capitalismo

La exposición, organizado por el Museo Reina Sofía de Madrid, reúne 70 de sus obras y se podrá ver en el Palacio de Velázquez del madrileño Parque del Retiro hasta el 8 de septiembre




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'Cochinilla durmiendo', 1995. Acrílico sobre tabla. Colección particular. © Tetsuya Ishida, 2019

Es bastante habitual en la Historia del Arte que la obra del artista se revalorice demasiado tarde. Como si la parca fuese el mejor marchante de arte existente, se cuentan por centenares las carreras que alcanzan un valor muy superior al que nunca tuvieron cuando quien las creó vivía. Con Tetsuya Ishida pasó lo mismo, pero en este caso, su aislamiento fue en parte cosa suya.

Este pintor japonés aborrecía el mercado del arte y tenía problemas para tratar con el mundillo. Renegaba de Takashi Murakami, de Yayoi Kusama. Realmente tenía dificultades para relacionarse con los demás, perteneciesen o no al panorama pictórico nipón de los noventa. Vivía solo, en la ciudad de Sagamihara, cerca de Tokio. Trabajaba en el mismo sitio en el que habitaba: un pequeño piso de un barrio obrero al que se mudó porque en los aledaños había una gran tienda de materiales de pintura llamada Sekaido. Según él, era el hogar ideal porque podía ir a comprar allí lo que necesitaba para su arte sin tener que gastarse dinero en el metro o el tren.

Pintaba de día y trabajaba como guardia en una imprenta de noche. Sufría en sus propias carnes el nivel de explotación y alienación del salary man japonés. Más acuciante en los noventa, con una crisis económica brutal que barrió esperanzas de progreso de toda una generación por culpa del estallido de una burbuja inmobiliaria y financiera en Japón. En sus cuadros, la alienación y la precariedad son un personaje más entre personas transformadas en cajas de supermercados y bestializadas en sintonía con cierta metamorfosis kafkiana.

Ahora llega a nuestro país la primera gran retrospectiva del pintor bajo el título Autorretrato de otro. Un estimulante, fantástico y oscuro recorrido por su carrera que no duró más de diez años. Ishida falleció en 2005, atropellado por un tren. La exposición, organizada por el Museo Reina Sofía reúne 70 de sus obras y se podrá ver gratuitamente en el Palacio de Velázquez del madrileño Parque del Retiro hasta el 8 de septiembre.


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Repostando comida, 1996. Acrílico sobre tabla. Shizouka Prefectural Museum of Art © Tetsuya Ishida, 2019
 

Trabajar o morir, quizás ambas

En Japón existe un concepto para referirse a cómo el exceso de trabajo mina la salud e incluso puede ser causante de muerte. Karōshi  significa "muerte por exceso de trabajo" y se usa habitualmente para describir un fenómeno puramente capitalista cuyas consecuencias humanas suelen derivar en ataques cardíacos, complicaciones cardiovasculares o derrames cerebrales que terminan complicando o acabando con la vida de muchas personas. Es un cuadro clínico reconocido por el Ministerio de Sanidad nipón desde 1987.

El ambiente que rodea gran parte de las pinturas de Tetsuya Ishida está marcado por la influencia cultural de este término: una sociedad explotada y cansada en la que la experiencia humana ha quedado transformada en mera herramienta mecánica del sistema, sin aliento vital.

"Yo creo que eso tiene mucho que ver con el imaginario del salary man", cuenta a eldiario.es Teresa Velázquez, comisaria de la exposición. "En base a esa clásica representación del trabajador oficinista, Ishida explora lo interiorizado que lo tienen los japoneses, lo arraigado que está en su subconsciente la cultura del trabajo".


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'Sin título', 2001. Acrílico sobre lienzo. Colección particular. © Tetsuya Ishida, 2019

En muchas de las obras que se pueden ver en Autorretrato de otro, el ser humano -normalmente una figura masculina-, aparece como una repetición de sí mismo. Una fotocopia de un patrón que carece de autonomía, de identidad. La persona se mecaniza a la vez que se vuelve absolutamente anónima como engranaje de producción. No es más que el diente de una rueda dispuesta a encajar en otras para mover quién sabe qué.
"Mientras que aquí el hombre de traje y corbata representa alguien de negocios, o de un trabajo de alto rango, allí es al contrario: el traje es el uniforme por excelencia del trabajador medio e incluso precario", cuenta Velázquez. "En cualquier ciudad de Japón, vas a una estación de trenes y te enfrentas a marabuntas de señores con traje, corbata y maletín. Es lo que les uniformiza". Lo que les convierte en masa y, en la obra de Ishida, lo que les hace anónimos.


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'Despertar', 1998. Acrílico sobre tabla. Shizouka Perfectural Museum of Art. © Tetsuya Ishida, 2019

 
Hikikomori y la adolescencia programada

Atada a su concepción del trabajo está, en la obra de Tetsuya Ishida, su visión de la juventud. Para el pintor, el sistema educativo se mueve y opera en consonancia con la ya mencionada despersonalización del individuo. En lugar de alimentar espíritus libres con criterio propio, se premia una visión puramente mecanicista del futuro.

En sus pinturas, el joven está atrapado en las paredes del instituto -de forma literal en Prisionero (1999)- o bien se ha transformado ya en un instrumento del mismo, como esos alumnos convertidos en microscopios de Despertar (1998).
De esa educación que prepara para convertir en salary man a su talento joven, en lugar de educarlo en las relaciones sociales y la empatía, deriva otra expresión cultural japonesa: el hikikomori, fenómeno sociocultural que describe el comportamiento de jóvenes que deciden vivir en un estado de aislamiento social casi absoluto. Máxima expresión de la alienación capitalista.

"Realidades profundamente enraizadas en la contemporaneidad que dan cuenta a nivel global de un nuevo modo de alienación que tiene un carácter integral", explica  Manuel Borja-Villel, Director del Reina Sofía, en el catálogo de la exposición. "Alienas tu tiempo, tus relaciones sociales... incluso tu propio cuerpo, bloqueando cualquier posibilidad de devenir en sujeto político".


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'Prisionero', 1999. 'Despertar', 1998. Acrílico sobre tabla. Fred Eychaner Collection. © Tetsuya Ishida, 2019
 

Un mundo tan kafkiano como el nuestro

Atrapados en procesos de formación o en eterna construcción de una carrera laboral sin meta, a menudo el sujeto retratado por Tetsuya Ishida aparece atrapado entre estructuras que le superan, como en Soldado (1996). Como si del Josef K. de El Proceso de Kafka se tratase.

"El imaginario kafkiano se traslada a gran parte de las piezas aquí representadas", cuenta la comisaria de la exposición. "Pero si hubiese un título especialmente relevante sería La metamorfosis". Según Teresa Velázquez, esta influencia no se significa tanto por lo evidente -ambiente opresivo y deprimente y personas convertidas en cucarachas-, como por lo temático.

"Subyacen dos ideas en su obra: la condición humana despreciada hasta rebajarla al nivel de un insecto que puede ser pisoteado en cualquier momento, y la idea del individuo como una larva, un estado temporal en el que aún no ha revelado su verdadera forma, su potencial", detalla.


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'Soldado', 1996. Acrílico sobre tabla. Shizouka Perfectural Museum of Art. © Tetsuya Ishida, 2019

Otra deriva, un tanto kafkiana, y de evidente tratamiento en la obra de Ishida, es la maleabilidad del cuerpo. Esas transformaciones, a veces cercanas al body-horror, a veces fusionadas con máquinas y herramientas de trabajo. "En eso puede que tenga una influencia el manga y el anime", explica la comisaria. De hecho, Isamu Hirabayashi, su mejor amigo en la universidad, contaba que en su estantería había un manga que destacaba entre otras obras: el Akira de Katsuhiro Ōtomo al completo, obra en la que máquina y cuerpo se fusiona en más de una ocasión.

"Recuerdo que en su casa había novelas de Kobo Abe, Osamu Dazai. También El idiota, de Dostoievski y Flores para Algernon de Daniel Keyes", añadía Hirabayashi en un texto especial del catálogo de la exposición. Referentes que Teresa Velázquez completa con otros: "no solo le influye la novela y el manga, también ensayos como The Mole People, un texto de Jennifer Toth sobre la gente que vive en los túneles del metro en Nueva York y cuyo título se puede apreciar en un cuadro suyo. O a nivel pictórico, por supuesto, Ben Shahn en su etapa más realista y sus temáticas obreras".


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'Pubescencia', 2004. Acrílico y óleo sobre lienzo. Colección particular Y++ Wada Fine Arts. © Tetsuya Ishida, 2019

 
Huir, descansar, protegerse de la vigilancia

Aunque nunca le diagnosticaron enfermedad alguna, en sus últimos días de vida, Ishida se sentía permanentemente vigilado. Paranoide, se encerraba en su casa y bajaba las persianas para que no le hiciesen fotos o grabasen.

"Decía que los estudiantes de una universidad de arte le sacaban fotos a escondidas", cuenta Isamu Hirabayashi. "Según me comentó, en la universidad les habían encargado la tarea de investigar la vida diaria de un artista. Por este motivo fotografiaban desde las ventanas", explica su amigo en el catálogo de Autorretrato de otro. "A pesar de que fue a contar el caso a la policía, no hicieron nada por él, según comentaba en un correo". Tiempo después, Hirabayashi se enteró de que ningún alumno tuvo nunca un encargo semejante en la universidad. "Lamento no haber ido a verle en ese momento. Ese correo electrónico podría haber sido una llamada de socorro".

En varias de sus obras expuestas en el Palacio de Velázquez, la escena principal centra la atención del espectador y la composición del cuadro. Pero a menudo, en alguna esquina, a través de una ventana, podemos atisbar figuras humanas. Personas dibujadas solo parcialmente que parecen observar o transitar la escena del cuadro -como podemos ver en Invernadero (2003) y Búsqueda (2001)-. Quién sabe si reflejo último de las personas que creía que le espiaban.
 

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'Invernadero', 2003. Acrílico y óleo sobre lienzo. Colección particular. © Tetsuya Ishida, 2019

Sin embargo, en ambas escenas -y en muchísimas más de lo que cabría esperar entre las setenta que se exhiben en nuestro país-, el protagonista del relato pictórico está recostado. Con o sin los ojos abiertos, el personaje de la imagen suele aparecer dormido o bien en ese punto exacto de la vigilia en el que la realidad es indistinguible del sueño -otra característica kafkiana-.

"Dormir", opina Teresa Velázquez, "parece ser una estrategia casi de rebeldía. Descansar es una defensa legítima para Ishida". Por eso, muchos de sus personajes duermen, tal vez sueñan con un presente mejor.

La obra de Tetsuya Ishida nos acerca al reverso del éxito en el capitalismo de una forma muy directa, nada sutil. Ofrece a quien le observa un salto al otro lado del espejo de una sociedad -la suya-, que cada vez se parece más a la nuestra. Una en la que los temas de ayer son los de hoy -explotación laboral, precariedad, alienación, soledad-, porque no hemos cambiado un ápice en los últimos treinta años. Si acaso hemos ido a peor.

Autorretrato del otro, de hecho, podría ser eso: el espejo de un imaginario anclado al japón de los noventa, que capta de forma sorprendente los dilemas de hoy. Ese 'otro' del título, se parece a ti, a mí y a todas. Y es entonces cuando el arte, por surrealista que fuese, se nos revela como ese golpe de realidad que a veces olvidamos que también podemos ver en un museo.


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'Búsqueda', 2001. Acrílico sobre lienzo. The Dai-Chi Life Insurance Company Limited. © Tetsuya Ishida, 2019



Francesc Miró / eldiario.es
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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