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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Españoles. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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JOAN MIRÓ
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Londres


La cueva de Joan Miró

Una galería londinense y el nieto del artista recrean el estudio del mallorquín para una venta/exposición de obras tardías del pintor.



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Joan Miró, en su estudio, en un retrato que forma parte de la exposición 'Miro's Studio'. GALERÍA MAYORAL - EFE

"Nunca sueño de noche, siempre lo hago en mi estudio. Duermo como un tronco; en cambio, despierto y trabajando, sueño", así explicó Joan Miró (1893-1983), en cierta ocasión, la génesis de su producción artística. Y para captar el espíritu del estudio que le llevaba a soñar y a pintar, la galería Mayoral ha reconstruido parte del estudio mallorquín de Miró en una galería de Londres para una exposición que irá después a Nueva York. Cuadros expuestos en el mismo contexto y ambiente doméstico y personal que envolvió al pintor desde la década de 1950 cuando se estableció en Mallorca hasta su muerte el día de Navidad de 1983.

Joan Miró no hubiese podido tener un nieto más entusiasta en el proceso de creación de su abuelo que el que le ha salido con Joan Punyet Miró, empapado de la biografía del artista en varias lenguas, explica, como maestro que se sabe bien la lección, las influencias que convergieron en el pintor para generar sus cuadros. "Desde el hombre de las cavernas simbolizado en la pared de piedra (en Mallorca y en Londres) hasta Jackson Pollock y el lienzo blanco en el suelo (también en Mallorca y en Londres) sobre el que el americano arrojaba chorros de pintura, pero cada gota tiene un significado, y Miró le seguía en su maestría", explica el nieto recordando cómo, a los 10 años de edad, entró, cogido de la mano del abuelito, al estudio haciéndole ya preguntas inquisitivas sobre el porqué de la vida y el arte.

La galería Mayoral de Barcelona ha roto un molde con este montaje. En otras ocasiones se han reconstruido estudios de artistas, como el de Francis Bacon, trasladado de Londres a Dublín. La particularidad de esta recreación es, al fin y al cabo, presentar las obras, en venta, de forma distinta a la manera tradicional de colgarlas en las paredes para que los potenciales compradores las contemplen paseándose por delante de ellas. Aquí los cuadros, colocados sobre caballetes o de cualquier otra forma, como los tenía Miró en Mallorca, conviven con objetos que él recogía y guardaba, si no como fuente de inspiración, sí como referencia a su vida. Un porrón que guarda pintura en lugar de bebida, hojas secas que ya parecen plastificadas, postales de la Costa Brava previas a la llegada del turismo masivo, objetos obsoletos como la vara de desempolvar los colchones de lana, una peonza junto a un mortero de cocina de la cerámica tradicional catalana, un botijo, un molinillo de café de manivela... utensilios domésticos junto a imágenes de Marcel Duchamp, Pablo Picasso o su boda con Pilar Juncosa.


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El sol de Mallorca -el mar no lo han podido trasladar- recibe al visitante en la galería Mayoral de Londres en forma de un círculo hecho de paja desgalichado en los rayos solares y sólido en el centro colgando del techo. La impecable mecedora que mecía a Joan Miró tienta a sentarse y observar alrededor la cantidad de objetos que acumulaba en su espacio. El arquitecto Josep Lluís Sert, exiliado a Estados Unidos de América, tras la guerra civil española, fue quién le diseñó el estudio cuya esencia ha sido ahora trasladada a Londres. Joan Punyet Miró se adelanta a defender a su abuelo ante la sospecha de que le motivaron a instalarse en la España franquista mientras algunos de sus amigos comían el pan amargo del exilio. "Quiso ayudar a su madre porque ella estaba sola al acabar la guerra, por eso, optó por regresar a su país", atestigua Joan como si no fuese la primera vez que da explicaciones sobre el asunto.

El nieto del artista surrealista también sueña despierto y trabajando. Su sueño, a punto de hacerse realidad, es ver el triangulo (Barcelona-Mallorca-Mont-roig) de museos dedicados a Joan Miró. Uno en Barcelona, la ciudad en la que nació y donde ya dispone de un museo; el de Mallorca, donde residió la última etapa de su vida y murió, y el de Mont-roig (Tarragona) donde vivió de joven hasta salir al extranjero. "Este año 2016 veremos la inauguración del museo de Mont-roig y mi sueño se hará realidad", pregona ante la audiencia que le escucha en la inauguración de la muestra.

"Esta es una forma revolucionaria de presentar la obra de Joan Miró, nunca se había hecho una cosa así", cuenta Jordi Mayoral, director de la galería barcelonesa. La exposición de Londres, en el corazón del mercado del arte (Duke Street, 6) en el barrio de Saint James, permanecerá abierta del 21 de enero al 12 de febrero. Del 3 al 6 de marzo se presentará en la feria de arte Armory de Nueva York.


elmundo.es
 




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Miró: el amor por los objetos

CaixaForum Madrid recorre la heterodoxia artística del creador catalán en una exposición de 109 obras



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Algunas de las esculturas de Joan Miró que se muestran en la exposición 'Miró y los objetos'.

A lo largo de toda su vida, Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983) acumuló en sus estudios todos aquellos objetos que encontraba y habían llamado su atención: Conchas, esponjas, manillares de bicicletas, un trozo de alfombra o unos cubiertos. Por un lado, los usaba para decorar su lugar de trabajo, pero muy pronto empezaron a formar parte de sus collages, esculturas y cerámicas, como también hicieron dadaístas y surrealistas. En una carta enviada a su amigo Matisse, en 1936, habla de su afición: “Me siento atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna”.

De esa esa intensa relación trata la exposición Miró y el objeto que hasta el 22 de mayo se puede ver en las salas de CaixaForum Madrid. Realizada en colaboración con la Fundación Miró de Barcelona, la exposición muestra 109 obras fechadas entre 1916 y 1981, prestadas por coleccionistas públicos y privados de todo el mundo, en las que se narra como el artista perpetra su personal asesinato de la pintura y ensalza la obra de arte más allá del caballete y de las telas convencionales.

Comisariada por William Jeffett, responsable de exposiciones del Salvador Dalí Museum de Saint Petersburg (Florida), la impactante muestra guarda un orden cronológico y el espectador aprecia los dos grandes momentos en los que Miró decidió acabar con la pintura convencional. El comisario señala que el artista exploró por primera vez la idea de la antipintura en 1930. “En una serie de telas calculó con gran precisión la composición para luego eliminarla tachando la imagen. En 1974 Miró realizó una serie de telas quemadas para su gran retrospectiva en el Grand Palais de París. tiempo, propuso una serie de esculturas en bronce, hechas también a partir de assemblages de objetos, cerámicas y tapices, como expresiones poéticas más allá de la pintura”.

En el primero de los seis ámbitos en los que está dividida la exposición, se puede apreciar la atracción primigenia de Miró por los objetos y su primera relación creativa con ellos a partir de su representación pictórica. Incluye una selección de naturalezas muertas entre las que destacan dos de 1922-1923 procedentes del MoMA de Nueva York: supusieron sus primeros intentos conscientes de incorporar objetos humildes en su producción y reivindicar el valor de los elementos populares como materia artística.

Viene después el ámbito en el que se da cuenta de su batalla contra el arte convencional. Después de conocer a Breton y aliarse con los surrealistas crea algunas de sus obras más rompedoras, como su serie Bailarinas españolas (1928) y los collages Sin título (1929), compuestos con materiales no artísticos. En 1930 realiza una serie de (anti)pinturas, donde se presentan imágenes canceladas o tachadas. En esta línea de experimentación, un año después, Miró crea una serie de pinturas-objeto que son puros ensamblajes hechos con objetos encontrados en la calle.Es entonces cuando irrumpe en su obra el objeto físico para no abandonarla ya jamás.

La exposición avanza con obras realizadas en la década de los cuarenta, hechas con materiales inusuales y soportes no asociados a las técnicas tradicionales de bellas artes: conglomerado de madera, fragmentos de metal, fibrocemento. El comisario concluye explicando que el artista quebranta así los enfoques convencionales de la pintura mediante la incorporación de materiales no pictóricos o la selección de formatos inusuales, negando la función tradicional del arte como ilusión y, a la vez, afirmando su condición material como objeto. Estas investigaciones le conducirán, posteriormente, al mundo de la cerámica y de la escultura.

Intercaladas entre los diferentes ámbitos artísticos, se muestra una selección de algunos de los objetos encontrados en los estudios de el artista, junto a fotografías en las que se le puede contemplar trabajando sus nuevos materiales.


elpais.com
 




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‘La Masía’ de Miró y de Hemingway

Un libro reconstruye la relación entre el pintor y el escritor que compró la pintura en 1925 y no se separó nunca de ella



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El escritor Ernest Hemingway junto a 'La masia' y una amiga. JFK LIBRARY BOSTON

Si Plutarco viviera podría escribir una de sus famosas Vidas paralelas con dos de los iconos culturales del siglo XX como son el pintor Joan Miró y el escritor Ernest Hemingway. En ausencia del historiador griego, el periodista y profesor Àlex Fernández de Castro parece haber cogido el testigo en su libro La Masía. Un Miró para Mrs. Hemingway publicado por la Universitat de València, en el que, además de aportar un buen número de datos biográficos de estos creadores, reconstruye su relación a partir La Masía, una obra maestra del catalán que comenzó en 1921 en Mont-roig, Tarragona, en la casa de veraneo familiar y terminó en París al año siguiente. “Han sido nueve meses de trabajo constante y pesado... Sufría terriblemente, bárbaramente, como un condenado”, aseguró Miró. Una obra que tras verla Hemingway en el estudio parisino del pintor de Rue Blomet, no paró hasta conseguirla en 1925 y no se separó de ella nunca, convirtiéndose en su cuadro preferido, pese que el autor de Fiesta reunió una importante colección de arte, con obras de Paul Klee, Juan Gris, André Masson, entre otros. “No fue una amistad profunda, pero si duradera, pese a que Hemingway no se destacó por ser muy fiel a las mujeres y a sus amigos”, asegura el autor que ha empleado más de cinco años en escribir el libro, tras consultar fondos personales del pintor y el escritor, aquí y al otro lado del Atlántico.

Trocearla para venderla

En el exhaustivo libro aparecen infinidad de historias. Una de ellas recoge el relato de Hemingway de la noche que compró la pintura en septiembre de 1925 en la que, junto a John Dos Passos y Evan Shipman, recorrieron bares y restaurantes de París con la intención de pedir dinero a los amigos y conocidos. Tras reunir los 3.500 francos, Hemingway se llevó la tela en un taxi descubierto. “El viento infló el gran lienzo como si fuera una vela”, escribió en 1934 el autor de Por quién doblan las campanas. “En casa lo colgamos y Miró vino, lo vio y dijo ‘Estoy muy contento de que seas tú quien tenga La Masía”. No era de extrañar. El representante del pintor, Léonce Rosenberg no veía otra salida para venderlo que “trocear la pintura en ocho pedazos, porque era muy grande y venderla al por menor”.

Según Fernández de Castro la obra representa la esencia de lo que es Cataluña para Miró, un pintor enamorado del campo y sus valores por encima de lo urbano; algo en lo que coincide con Hemingway que escribió que la obra “contiene todo lo que sientes por España cuando estás allí y todo lo que sientes cuando estás lejos y no puedes ir”. La cita la escribió en 1934, el mismo año en que recuperó el cuadro después de haberse separado de la primera de sus cuatro mujeres, Hadley Richardson, por su 37 cumpleaños. “Hemingway se lo pidió prestado una temporada, pero nunca se lo devolvió”, explica el autor del libro que ha recopilado la correspondencia entre los dos creadores: “Unas 20 misivas, entre cartas, telegramas y postales”.

La relación entre “estos artistas tan diferentes, físicamente; uno alto y fuerte; el otro bajito, aunque siempre le gustaba la actividad física; también de carácter, ya que Hemingway era extrovertido, fanfarrón, con un ego despampanante, descuidado en el vestir, bebedor incansable y viajero; y el otro era tímido, sedentario, pulcro y bebedor moderado” tuvieron puntos de unión, según Fernández de Castro: “Los dos eran espíritus atormentados, compartían un sentimiento trágico de la vida; Hemingway se suicidó en 1961, mientras que Miró encontró el equilibrio gracias a la estabilidad familiar y se protegió mucho más, pero era un hombre muy pesimista, más allá de su aspecto sereno”. El libro recoge coincidencias curiosas, como que a los dos les gustaba boxear y que Miró hizo de sparring de Hemingway tal y como recordaba años más tarde: “Nos veíamos a menudo, no solo como amigos. A veces, nos veíamos cara a cara en el cuadrilátero, donde los dos asistíamos a clases de boxeo. Él era un gigante, un coloso y yo muy bajito. Era bastante cómico”, escribió el pintor.


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Hemingway con unos amigos en el comerdor de Finca Vigía presidido por 'La masía'.

El cuadro se hizo inseparable del premio Nobel, tal y como recogen las fotografías que acompañan el texto, y le acompañó allí donde vivió: Chicago, Florida y Cuba. “No fue una relación intima entre ellos, pero si larga en el tiempo. En 1959 Miró le escribió una carta pidiéndole permiso para restaurar la obra de forma exhaustiva, tras prestarla para la exposición antológica del pintor en el MoMA. Hemingway le hizo caso y amplió el plazo de préstamo de la obra al museo; por eso, tras estallar la revolución cubana la obra ya estaba fuera del país en manos de su cuarta esposa Mary Welsh”. Fue ella la que en 1986 la cedió a la National Gallery de Washington, donde es una de las obras maestras.


Donación de David Soul

En uno de los viajes que ha realizado Fernández de Castro para documentarse, visitó Finca Vigía, la casa cubana en la que Hemingway vivió 21 años. Desde el exterior vio una copia a tamaño natural de La Masía de Miró, objeto de su trabajo. Tras preguntar, las vigilantes de la vivienda le explicaron que la copia la había donado el actor y cantante David Soul, famoso por su papel como detective Kenneth Hutchinson, de Starsky y Hutch, un enamorado de Hemingway. El británico ha realizado un documental en la que se explica la restauración del legendario Chrysler New Yorker Convertible de 1955 del escritor. “He intentado ponerme en contacto con él, pero no he recibido respuesta”, explica Fernández de Castro.


elpais.com
 




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La corrupción tiene su museo en Brasil

La exposición de obras de arte de reputados artistas como Picasso, Miró o Dalí, requisadas en casos de lavado de dinero, desvela una práctica millonaria



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Obra atribuida a Miró y requisada por la justicia brasileña.

El éxito de la exposición Obras bajo la vigilancia del Museo Oscar Niemeyer, abierta en Curitiba (Brasil), ha obligado a sus organizadores a extenderla hasta noviembre. No todos los días se pueden ver juntos cuadros de Picasso, Dalí, Miró, Oiticica, Vik Muniz, Djanira y Heitor dos Prazeres o Renoir.

Es un lujo al que solo podía acceder Renato Duque, exdirector de la petrolera estatal Petrobras, quien escondía las obras detrás de un armario que se abría por control remoto, hasta que fueron requisadas por la policía en la Operación Lava Jato, que ha dejado al descubierto el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil, y, de paso, el lucrativo negocio que supone el lavado de dinero a través de piezas artísticas.


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Obra de Amircal de Castro requisada.

Las Obras bajo vigilancia suman una pequeña selección de trabajos que Duque compró para lavar dinero, y que, tras su detención, se muestran ahora al público. En lugar de El salón de los rechazados de los impresionistas parisinos de 1863, se puede hablar de El salón de los confiscados, lienzos requisados en operaciones delictivas.

Retratos de los corruptos



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Retrato del político Jose Dirceu pintado por Gabriel Giucci, para El salón de los corruptos, que exhibe en São Paulo.

Al tiempo, en la galería Portes Vilaseca de São Paulo, se abre El salón de los corruptos, una serie de retratos pintados por Gabriel Giucci de los implicados en la Operación Lava Jato, muchos de ellos defensores del proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Como dice el texto que acompaña a la exposición, la serie no está finalizada.

Gracias a las gestiones del juez Fausto Martin de Sanctis, que ha ordenado las principales operaciones en las que se requisaron obras de arte, junto con el juez Sérgio Moro, por primera vez la policía brasileña no pone su mirada solo en coches de lujo, joyas o cajas fuertes en las casas de los detenidos. Ahora, además, se fija profesionalmente en los cuadros que cuelgan de las paredes.

El magistrado también está detrás del cuidado de las obras requisadas, su correcto almacenaje, catalogación y distribución por distintos museos del país. La donación de las piezas a las pinacotecas ha logrado un cambio de actitud por parte de directores, coleccionistas y galeristas. De aceptar en algún caso sin objeciones maletines cargados de billetes por la venta de su catálogo o sonreír en las fotografías junto con los hoy arrestados que donaban sus obras para exposiciones temporales han pasado a facilitar información sospechosa al juez.

Millones de dólares

De Sanctis publicó en 2013 un libro —Money laundering through art: A criminal justice perspective— en el que ya abordaba el modus operandi de los criminales y por qué se decantaron por el lavado de dinero a través del arte. Entre los motivos más tentadores, figuran la facilidad para su transporte, el desconocimiento del valor de las obras y la escasa vigilancia que existe sobre las transacciones artísticas.

“Una vez requisamos unas estelas mayas, y México las reclamó. Me puse a investigar y les pude responder que no, que al ser mayas podían ser de Honduras, de Guatemala… Yo no tenía ni idea de arte. Entré en un mundo que me acabó apasionando”, afirma Martin de Sanctis desde su despacho en el Tribunal Regional Federal de São Paulo.

Él fue quien dirigió las pesquisas en el primer gran caso de lavado de dinero usando piezas artísticas. Ocurrió en 2006 y el principal culpable fue el director del brasileño Banco Santos, Edemar Cid Ferreira. Fue condenado a 21 años de cárcel.

En su mansión se encontraron desde trabajos de artistas contemporáneos como Damien Hirst Basquiat, Lichtenstein o Kiefer, hasta arte medieval, como los dos pórticos barrocos que decoraban el comedor de la vivienda. “Incluso los azulejos de la piscina eran obra de un artista, Volpi, y los del garaje, de Athos Bulcão, el autor de los azulejos de Brasilia”, recuerda el magistrado. Era una de las mayores colecciones privadas de arte de Brasil: más de 2.000 piezas, valoradas en unos 30 millones de dólares (unos 26,3 millones de euros al cambio actual).

A nadie le parecieron extrañas las compras en efectivo y por precios desorbitados de obras por parte de Ferreira, quien llegó a ser el presidente de la Fundación de la Bienal de São Paulo, hasta que se vieron en 2010 sus adquisiciones decorando los muros del Museo de Arte Moderno de São Paulo, en otra exposición de trabajos en cuyas cartelas figuraba la frase en portugués “obra requisada por la justicia brasileña”.

Han sido en conjunto millones de dólares y miles de obras usadas para lavar dinero. Las consecuencias son la inflación del valor del arte y la potenciación del mercado brasileño. El comercio del arte sigue al alza en Brasil pese a la crisis económica y política. Mientras, la Operación Lava Jato sigue destapando delitos y Edemar Cid Ferreira disfruta de su libertad provisional en una casa vecina a su anterior mansión y visita museos cuando puede. Ahora es un espectador más.


elpis.com
 




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Miró ya tiene casa en Oporto

La ciudad portuguesa alojará la colección del pintor catalán que salió a la luz al quebrar el Banco Portugués de Negocios



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Una especialista da los últimos retoques a una de las obras del artista.

“Es feo, muy feo, diría que deliberadamente feo. El cuadro más feo de Miró”. Robert Lubar contempla Cabeza de hombre. Es el comisario de Joan Miró, materialidad y metamorfosis, la exposición de la Fundación Serralves, en Oporto, que recoge las obras del artista mallorquín guardadas en un banco que se fue a la quiebra.

El carácter inédito de la muestra, que se mantendrá hasta final de enero, atrajo ayer a las primeras autoridades de Portugal y España: el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, el primer ministro António Costa y el presidente español en funciones, Mariano Rajoy. La muestra ocupa dos pisos de la Casa art decó, declarada monumento nacional, y hoy se abre al público.

Lubar no ha dejado fuera de la selección a Cabeza de hombre, una mancha ocre con trazos grises. “Es una pieza insólita; casi toda la obra de Miró tiene algo de representación, esta no”. Las obras reunidas van de 1924 a 1981, dos años antes de su muerte. La muestra, con la colaboración de la Obra Social La Caixa, no sigue un orden cronológico y sí el diálogo entre las obras, técnico o estético. Nada más entrar, uno de los primeros impactos es La fornarina (1929), la versión imaginaria del retrato realizado por Rafael cinco siglos antes.

La colección se mantendrá unida y en Oporto, creándose un triángulo mironiano entre esta ciudad, Barcelona y Palma de Mallorca. “Los tres polos se complementan”, señala Lubar. “La fundación catalana es impresionante y tiene un fondo documental riquísimo, la mallorquina brilla en la obra de los últimos años del artista. Aquí hay piezas de gran valor estético e histórico”.


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Mirada de una visitante a 'Mujeres y pájaros' en la exposición 'Joan Miró, materialidad y metamorfosis'.

La ciudad portuguesa disfrutará de esta colección y de su jugosa historia: el Banco Portugués de Negocios compró en 2006 los 85 cuadros al coleccionista japonés Kazumasa Katsuta y después entró en quiebra. Nacionalizado, el Gobierno la quiso subastar pero hubo mucha resistencia popular y se paralizó. El nuevo Gobierno socialista ha decidido que Oporto se queda con Miró.

En la planta baja, Lubar destaca la cubista Bailarina española (1924), pintada tres años después de la picassiana que descansa en el Louvre. Más allá, los exuberantes Personajes y estrellas en la noche (1965) y La fiesta de los pájaros y las constelaciones (1974), tan potentes que parece increíble que no estuvieran en algún museo. Lubar recuerda el descubrimiento de esta colección, hace tres años. “Me llamaron de Christie’s para dar una conferencia antes de su subasta. Me quedé paralizado al verlos todos juntos”.

La muestra contiene trabajos inusuales de Miró, como su obra en celotex de 1937 o seis realizadas con masonite, un material industrial para la construcción, y algunas de sus telas quemadas creadas para la antológica del Grand Palais de París en 1974.

Experto en arte del siglo XX, Lubar siempre se inclinó por este artista. “El impacto que tuve hace tres años al descubrir esta colección fue el que tuve a los 10 años y vi por primera vez uno de sus cuadros. Me impresionó la fuerza de sus colores, sus formas. Esa reacción primaria es lo más importante en el arte”.


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Mapfre abre en Madrid un Espacio Miró con 65 obras cedidas por la familia del artista

Las pinturas, valoradas en unos 150 millones de euros, corresponden a los años finales del creador catalán



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Asistente a la inauguración del espacio Miró. / David González - EFE
 
A partir de hoy, Madrid suma un nuevo espacio dedicado a Joan Miró (Barcelona, 1893- Palma, 1983) gracias al depósito que de manera gratuita ha realizado los cinco herederos españoles en la Fundación Mapfre. Son 65 obras, firmadas en su mayor parte a partir de 1960, que están aseguradas en 45 millones de euros y cuya valoración en el mercado fonda los 150 millones, según estimaciones de Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura de la Fundación Mapfre. El nuevo espacio, recuperado de dos plantas de la sede principal, jugará el papel de colección permanente para la institución. El depósito se ha firmado por el plazo de cinco años, renovable por otros cinco, aunque Jiménez Burillo está convencido de que todas las obras se quedarán de manera indefinida.

Joan Punyet Miró, nieto del artista y portavoz de la Sucesión Miró explica por teléfono a EL PAÍS la decisión de él y su familia de depositar estas obras en Madrid forma parte de su deseo de difundir la obra de su abuelo por todo el mundo. “Mi abuelo era un catalán partidario de una nueva España sin diferencias. Tenemos obra depositada en Barcelona y Palma de Mallorca. En el Reina Sofía está perfectamente representado gracias al pago de los derechos de sucesión. Pero queríamos un lugar propio para su obra en la ciudad de Madrid. Nosotros pensamos, como él que hay que construir puentes que nos unan. Y esta es una buena manera”.


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Dos visitantes frente a un cuadro de Miró. David González - EFE

El portavoz de la familia explica que las obras que ahora se pueden ver en Madrid de manera permanente estaban en los diferentes domicilios familiares de las islas baleares y que, salvo excepciones, no se han sido expuestos al público.
Pablo Jiménez Burillo, quien durante la presentación a la prensa prefirió no decir quienes eran los propietarios (“cinco coleccionista españoles anónimos”), explicó que el depósito se hace con el único compromiso de exponer y difundir la obra de Miró. “Podemos prestarlas o intercambiarlas para otras exposiciones en el extranjero o en España. Nos comprometemos a investigar y conservar cada obra. Durante el tiempo de cesión, los propietarios nos legan los derechos de reproducción de las pinturas”.

Robert Lubart Messeri, estudioso de la obra de Joan Miró, aseguró en la presentación que durante sus décadas el artista realizó su obra más salvaje, brutal y luminosa. “Este espacio da acceso a una nueva visión. Es el Miró de siempre, y también el más sorprendente”.

El espacio Miró está distribuido en dos plantas y dividido en cinco secciones. La primera es un homenaje a la relación que mantuvieron Miró y Calder, como muestra el Retrato de Joan Miró, realizado en alambre de acero por Alexander Calder. Este conjunto de obras expuestas son regalos con los que el propio Calder obsequió a Miró.

La segunda parte , titulada El signo y el gesto, muestra piezas posteriores a las series de las Constelaciones. Hay obras como La mujer española (1972), donde ya se puede ver como el artista utiliza materiales propios del informalismo europeo: arpillera, cartón o lienzo sin bastidor. Viene después una tanda de obras con motivos clásicos en su trayectoria, Mujeres, pájaros y estrellas, sobre los que estudia lo que hasta entonces ha sido su propia pintura. Los monstruos o Personages que emergen del lienzo y sus desafíos a la pintura a base de telas rotas o pegotes dispersos a propósito, cierran el nuevo espacio Miró.


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Miró y el silencioso influjo sumerio

Una exposición aborda el impacto de Mesopotamia en artistas como Henry Moore, Alberto Giacometti o Willem de Kooning



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La estatuilla del sacerdote de Assur del II milenio a.C. junto a 'Girl', de Henri Moore, de 1931. Joan Sánchez

Joan Miró clavó con chinchetas en las paredes encaladas de su taller de Son Boter, en la actual Fundació Pilar i Joan Miró, una docena de fotografías, en realidad, recortes de una revista que mostraban las estatuas del valle de Diyala y la icónica mascara de Warka, la mona lisa sumeria, que con sus 5.300 años de antigüedad pasa por ser una de las obras de arte más destacadas de la primera civilización de la historia que se extendió por el sur de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates hace seis milenios. No es la única relación de Miró con obras de esta cultura. No se sabe cuándo el artista tuvo su primer “impacto visual” con el mundo sumerio, pero en una visita que realizó al Museo del Louvre en 1963 junto a Pierre Schneider le dijo al historiador “vayamos a mis barrios” en referencia a la zona de Sumeria, confesándole que antes iba más al museo por las pinturas y “ahora, cada vez más, vengo por esto”.

La fascinación de Miró por estas piezas, el primitivismo de sus formas y sus grandes ojos no es único en el mundo del arte. A este influjo silencioso está dedicado la exposición Sumeria y el paradigma moderno (hasta el 21 de enero) que inaugura la Fundación Joan Miró de Barcelona en el que las obras creadas hace miles de años conviven y dialogan con algunas de las esculturas, pinturas y proyectos arquitectónicos de artistas contemporáneos.

Todo comenzó en la primera mitad del siglo XIX cuando las grandes potencias occidentales, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, comenzaron a excavar en el Próximo Oriente; una zona con un interés estratégico, ya que su control permitía la conexión con la India e Indochina, pero también permitía estudiar las ciudades que aparecían en un libro fundamental como era la Biblia, algo que se aprovechaba para legitimar el interés sobre estas tierras, consideradas zonas cristianas.

La exposición, comisariada por el especialista Pedro Azara (Las casas del Ánima en 1997 y Mediterráneo. Del mito a la razón, en 2014, entre otras muchas), explica, de forma didáctica, cómo se produjo el descubrimiento y la exploración del Próximo Oriente, cómo las publicaciones científicas se hicieron eco, pero también cómo los periódicos recogían las conferencias que permitían difundir al gran público los nuevos hallazgos —como la que se celebró en marzo de 1929 en Ateneo Barcelonés sobre las tumbas reales de Ur—; unos hallazgos que se difundieron también en exposiciones como la Universal de Chicago de 1933 o las coloniales de París, Londres y Marsella, entre 1859 y la Segunda Guerra Mundial. También puede verse cómo estas tierras exóticas, cuna de muchos de los avances de la humanidad como la agricultura y la ganadería, aparecían en cromos coleccionables que ofrecían marcas comerciales o en novelas como Asesinato en Mesopotamia escrita por Agatha Christie, una historia que la inglesa conocía de primera mano porque estaba casada con Max Mallowan, segundo de Charles Leonard Woolley, director de las excavaciones en Ur.


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En primer plano, figura femenina de la Edad del Bronce Medio, detrás, maqueta de 'Monumento' de Joan Miró, de 1964. Joan Sánchez
 
Figuras votivas

La exposición tiene su punto culminante en la sala donde se percibe de forma clara cómo algunos artistas, entre ellos Miró, quedaron impresionados, se empaparon e hicieron suya la estética de estas obras primitivas y anónimas que fueron vistas como obras primigenias y no mediatizadas. Entre los artistas, Henri Michaux, Paul Klee y Juan Batlle que a partir de los signos cuneiformes inventaron una escritura personal que llevaron a sus lienzos. Herni Moore, Alberto Giacometti, Willem de Kooning y el propio Miró que quedaron impresionados por las esculturas de Gudea y de figuras votivas de orantes que llevaron a alguno como Giacometti a tener en su taller una copia. Junto a un sacerdote barbado con una pesada falda de lana de oveja de Assur se exponen tres figuras de un joven Moore con volúmenes, miradas y poses semejantes. Por su parte, Kooning vio en el MoMA de Nueva York en los cincuenta un orante masculino de Tell Asmar que reflejó en las seis obras de su serie Women (una de ellas está en la exposición) tal y como se ve en el tamaño de los ojos, la posición de las manos y la frontalidad de la figura, mientras David Smith creó sus obras tras descubrir en 1936 en Atenas las posibilidades de los sellos cilindros grabados al rodar por una superficie blanda.

Le Corbusier, otro de los grandes, tampoco quedó al margen del influjo de esta nueva civilización. Su proyecto no construido de 1929 para la Sociedad de Naciones de Ginebra, el Mundaneum, incluía un enorme edificio escalonado inspirada en el zigurat, la mítica torre de Babel bíblica.


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Uno de los dibujos de Giacometti 'Nature morte dans l'atelier', de 1927 y, en primer plano, la cabeza del rey Gudea del Louvre. / Joan Sánchez


Menos arte egipcio y griego

En la biblioteca personal de Joan Miró abundaban, sorprendentemente, las publicaciones dedicadas a Mesopotamia. Mucho más que las de arte egipcio, cicládico, griego u oriental. Entre las obras , una primera edición de La historia empieza en Sumer, de Samuel Noah Kramer de 1957, y una edición española de Assur,de André Parrot (1961).

Según desvela Marc Marín en uno de los artículos del magnífico catálogo que acompaña la exposición, los recortes sumerios que el artista colocó en las paredes de su estudio —que Francesc Català-Roca captó en 1968— provienen de un artículo que escribió el asiriólogo francés Jean Bottéro en Arts & Loisirs, de 1966, que se publicó con motivo de la exposición Tesoros del Museo de Bagdad que se inauguró en el Louvre.


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Post Re: JOAN MIRÓ 
 
Joan Miró, por primera vez a solas en Buenos Aires

Una muestra exhibe en el Bellas Artes 50 obras de las últimas dos décadas de la vida del artista catalán



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"Mujer, pájaro y estrella", el plato fuerte de la muestra de Miró en Buenos Aires.

En 1956, el artista catalán Joan Miró se traslada a un nuevo estudio en Son Abrines de Mallorca. En ese taller-vivienda reúne por primera vez en su historia la totalidad de su producción anterior. Allí es que revisa y redefine toda su obra. Desde ahí hasta su muerte en 1983, sus cuadros, dibujos y esculturas expandieron sus límites conceptuales a través del cuestionamiento de su propia naturaleza. Ese valioso legado fue depositado en el Museo Reina Sofía de Madrid y hoy llega a la ciudad de Buenos Aires en lo que es la primera exposición enteramente dedicada al surrealista, que estará abierta al público en forma gratuita hasta el 25 de febrero en el Museo Bellas Artes.

Miró: la experiencia de mirar es el nombre que recibe la muestra, que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, en Perú, y juega en su título con el verbo conjugado en pasado del nombre propio del artista catalán. La mayoría de estas obras encadenadas por el misterio de la analogía muestran personajes abstractos a los que se ha sustraído deliberadamente el drama que los habita. Es el pasaje del dibujo a la escultura. Y a la imagen en movimiento. Y trae a Argentina una de las obras plásticas más querida por grandes y chicos: Mujer, pájaro y estrella, el sentido homenaje del artista a Pablo Picasso.

“Los argentinos van a tener oportunidad de ver obras que a lo mejor no son tan conocidas, como el homenaje a Picasso, que ha sido muy difundida por el merchandising, y van a entrar muy bien en el Miró final, que es un resumen de toda su trayectoria y que está muy vivo”, expresa a EL PAÍS Carmen Fernández Aparicio, una de las curadoras, junto a Belén Galán Martín, ambas del Museo Reina Sofía.


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La exhibición tiene una fuerte presencia de esculturas.

La muestra exhibe 50 obras de las últimas dos décadas de la vida del artista. Son 18 pinturas, seis dibujos, 26 esculturas y dos filmes: Miró parle (Miró habla), de 1974, del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot, que incluye una profunda entrevista al artista, de 1972. El otro es el cortometraje Miró l’altre (Miró, otro), de 1969, dirigido por Portabella, que documenta la composición y posterior destrucción por parte del artista de un mural.

La etapa tardía de Miró mantiene un relativo ocultamiento, dado que sus obras más conocidas refieren al período de entreguerras y posguerra. “Para nosotros es una oportunidad porque uno de los fines del museo es difundir su colección y como no todo puede estar expuesto en el Reina Sofía, conformamos exposiciones que puedan itinerar. Nos hace muchísima ilusión porque esta exposición estuvo antes en cuatro museos norteamericanos, pero con Argentina tenemos muchísima afinidad”, agrega Fernández Aparicio.
 

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Carmen Fernández Aparicio, curadora de la muestra.

“Miró es dueño de un lenguaje más gestual”, describe el director del Museo Bellas Artes, Andrés Duprat, “Es un pintor que ha tomado mucho del arte abstracto del Siglo XX, y en general, el arte abstracto aleja, pero en el caso de él hay un misterio, puede ser el uso de los colores primarios, la composición, la gestualidad que hace referencia a los dibujos de los niños o no sé qué puede ser, pero en Argentina hay mucha empatía con su obra”.

La muestra había sido preparada para Estados Unidos, incluso se presentó en Seattle y luego volvió a España. Se emplearon diversos vuelos para trasladarla, para que en caso de un accidente no se pierda la colección entera. El Bellas Artes de Buenos Aires firmó con el Reina Sofía de Madrid un convenio de colaboración para intercambiar obras, pero también profesionales y técnicos y la instalación de Miró: la experiencia de mirar es resultado de ese acuerdo. “Argentina es un país al que España le es muy cerca y hay un trio mágico que son Picasso, Dalí y Miró que son artistas, además de muy conocidos, muy familiares y queridos para el país”, afirma Duprat.

“En Miró hay un modo de trabajar el color que es fascinante, entonces atrae a los niños. Sus trazos tienden a la simplificación y tienen mucha fuerza. Esta exposición demuestra que es un hombre que trabaja con entera libertad y los niños también lo hacen, sin prejuicios. El acto de la creación también es un juego y el artista es un poco un niño. Es el que hace algo sin ninguna funcionalidad, simplemente por el acto y la belleza de crear”, cierra Fernández Aparicio.
 

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"Miró: la experiencia de mirar" continúa hasta el 25 de febrero.


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Post Re: JOAN MIRÓ 
 
El IVAM mostrará al Miró más heterodoxo en una exposición con más de 100 obras

El museo valenciano dispondrá de 7,3 millones de euros de presupuestos para 2018


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El director del IVAM, José Manuel G. Cortés y el consejero de Cultura, Vicent Marzà. / MÒNICA TORRES

El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) dedicará una de las 11 exposiciones programadas para 2018 al genial artista Joan Miró. Es la primera vez que este museo valenciano organiza una muestra dedicada al pintor, cuya inauguración está prevista para el próximo febrero, y que reunirá más de un centenar de obras cedidas por unos 15 museos y fundaciones y colecciones privadas. Será la más amplia que se ha organizado nunca en Valencia, destaca el director del IVAM, José Miguel G. Cortés.

Es la primera vez que el centro museístico, que cumplirá sus primeros 30 años de vida en 2019, afronta una muestra de estas características. Antes había sido imposible por limitaciones económicas, ha confesado García Cortes, quien, con el consejero de Cultura a su lado, ha precisado que el IVAM contará en 2018 con 7,3 millones de euros de presupuesto, un millón de euros más que el anterior.

La muestra titulada Miró. Orden y desorden ofrecerá una visión diferente del artista surrealista a traves de pinturas, esculturas, dibujos, cerámicas, cateles o producción vinculada con las artes escénicas. La exposición será comisariada por el doctor en Historia del Arte y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Maria Minguet Batllori. "Veremos un Miró menos conocido que impacta por su modernidad", ha añadido el director.

Las otras dos grandes exposiciones de la temporada será la dedicada a la artista francesa Annette Messager, último premio Julio González que otorga el museo, y perteneciente a una generación de mujeres que en los años 70 reivindicaron la igualdad y un protagonismo en la esfera pública.

La tercera gran muestra, Habitar el Mediterráneo, se sumergirá en las raíces mediterráneas y en los grandes asentamientos humanos, las ciudades o redes de ciudades; y relacionará obras arqueológicas traídas del British Museam de Londres o del Louvre de París con obras de arte contemporáneo. Artistas como Ellsworth, Marwan Rechmaoui, Hrair Sarkissian o Sergi Aguilar, entre otros.

En línea con la filosofía establecida por la nueva dirección del IVAM, en 2018 habrá un espacio dedicado a mujeres y género, cuya muestra estrella será Mujeres y vanguardia en València (1930-1980). En la muestra se repasarán las aportaciones de las mujeres al mundo del arte en estas décadas. "Un grupo de mujeres cuyo trabajo no es suficientemente conocido", apuntan desde el museo.

El Institut organizará en octubre de 2018 su segundo congreso internacional, dedicado al futuro papel de los museos.

García Cortés ha repasado las grandes cifras del museo y los inversiones previstas en las instalaciones "para que el IVAM sea lo que tiene que ser", ha apostillado el consejero valenciano Vicent Marzà. La entidad invertirá el año próximo en la cámara acorazada donde se custodien las obras del museo, en mejorar la climatización de sus salas e implantar el wifi o unas mejoras en la explanada de de entrada al recinto. 

El IVAM, que según Marzà fue rescatado por el actual Gobierno valenciano de "las cenizas" en que lo dejó convertido la anterior administración del PP, cerró 2014 con unos 70.000 visitantes reales y en 2016 la afluencia ascendía a 125.000. "Son buenas cifras pero queremos más", ha dicho García Cortés.

La Generalitat proporciona más del 90% del museo del IVAM, mientras el Ministerio de Cultura aporta unos 170.000 euros anuales y la esponsorización -todavía incipiente- otros 150.000 euros. El centro de arte trabaja en la apertura de una especie de subsede en la localidad alicantina de Alcoi en colaboración con la Fundación de la CAM.

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