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El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet
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Mensaje El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
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Sin rastro de las obras maestras de Muñoz Ramonet

Barcelona estudia iniciar acciones penales para que las hijas del empresario devuelvan las obras de Murillo, El Greco, Velázquez...



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Visita al palacete que perteneció a Muñoz Ramonet, en la calle Muntaner de Barcelona. / JOAN SÁNCHEZ

Si Julio Muñoz Ramonet viviera, esta mañana habría dejado impactados, como solía hacer con sus invitados, al mostrar las obras maestras de su palacete, en la calle Muntaner de Barcelona. Seguro que los habría hecho pasar a la sala del aperitivo en cuyas paredes había hasta 25 cuadros firmados por autores como Murillo, Rafael, El Greco, Mengs o Velázquez. La visita terminaría en la galería del primer piso, donde estaban los retablos góticos y renacentistas. Todo previo a una comida a la carta en la que no faltarían sus cubiertos de oro. Pero Muñoz Ramonet falleció en 1991 y con él desaparecieron sus cuadros. En la primera visita a la casa después de que el Ayuntamiento recibiera las llaves el pasado 25 de julio, este viernes se pudo comprobar lo que ya se sabía: las obras se han esfumado y en su lugar cuelgan otras de valor inferior. Incluso las paredes se han quedado vacías.

Sorprende la casa por el lujo de sus interiores, un poco decadentes, en la que no faltan alfombras cubriendo el suelo de todas las habitaciones, lámparas de cristal de enormes dimensiones, paredes enteladas con pinturas, jarrones y muebles en una especie de horror vacui. Incluso parece que no hay paredes para colgar tanto cuadro como hubo en su día. Entre las obras que continúan colgadas se puede ver un pequeño Rembrandt ovalado, una obra de Anglada Camarasa o un Joaquim Mir. O al menos eso es lo que pone en las cartelas. En otro se ve un ignoto Niño Jesús con la cruz firmado por Velázquez, aunque difícilmente se podría atribuir a alguna de sus etapas. Pero la mayoría de obras están firmadas por Jordi Curós, Josep Garí y Ramon Aguilar More, uno de los pintores preferidos de Muñoz Ramonet del cual compraba casi todas sus obras.

La sorpresa llega en el piso superior del palacete donde el Ayuntamiento se ha encontrado unos 300 cuadros, la mayoría paisajes y retratos, todos descolgados y apilados contra las paredes. Son pinturas de los años setenta y ochenta. En uno de ellos se puede ver al propio Muñoz Ramonet.

Coincide con lo que figura en los últimos inventarios que maneja el Ayuntamiento del año 2005. El concejal de Cultura de Barcelona Jaume Ciurana aseguró que los trabajos de inventario han relacionado un total de 1.015 registros en el interior de la vivienda. También que ha comenzado el inventario patrimonial, realizado por especialistas que podrá determinar qué obras y piezas son las que permanecen en la casa y así poder determinar cuáles son las que faltan con precisión, además de su valor artístico. Ciurana ha anunciado que el ayuntamiento está estudiando el iniciar acciones penales contra las hijas de Muñoz Ramonet para que devuelvan las importantes pinturas. “Queremos todas las obras que había en el interior de la casa en el momento en el que falleció Julio Muñoz Ramonet”, ha insistido Ciurana.

La sentencia de marzo de 2012 del Tribunal Supremo confirmada dos anteriores en los que daba la razón al Ayuntamiento de Barcelona frente a las cuatro hijas de Julio Muñoz Ramonet. El litigio era por la importante colección de obras de arte y el palacete que el industrial había dejado a su muerte en 1991 a la ciudad de Barcelona. Durante años las hijas han luchado contra la voluntad de su padre considerando que ellas eran las únicas propietarias de las obras y la vivienda. Según publicó EL PAÍS en agosto pasado tras acceder a un documento inédito, en 1992 se pagaron 300.000 pesetas (1.800 euros) a Lori Gross, experta estadounidense en arte, quien, entre octubre de 1991 y febrero de 1992, asesoró en la elección de las obras, planificó el traslado de Barcelona al palacete de Villanueva y, una vez en Madrid, supervisó su desembalaje.


elpais.com



 

Cosa de herencias... Cómo conocería Muñoz Ramonet a sus cuatro hijas que donó su valiosa colección de arte al Ayuntamiento de Barcelona, ya se imaginaba que estas dilapilarían su herencia si caía en sus manos, como parece haber sido, al menos han desaparecido del famoso palacete de la calle Muntaner de Barcelona las obras maestras más valiosas. ¿Dónde estarán?
 




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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
“Se llevaron las obras de arte de Muñoz Ramonet en dos tráiler”


Los mayordomos del palacete del magnate cuentan cómo sus hijas se llevaron la colección. Una experta americana supervisó la operación


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Los jardines del palacete de la calle Muntaner. / JOAN SÁNCHEZ

“Al volver un martes por la noche, después de nuestro día de libranza, nos sorprendió ver dos enormes tráiler en el jardín. Una de las hijas [de Muñoz Ramonet], nos dijo a mi mujer y a mí que nos fuéramos directamente al sótano donde vivíamos. Por la mañana, cuando nos incorporamos a nuestro trabajo, ya no había nadie. Los camiones se habían ido, también las hijas y muchas de las obras de arte de la casa habían desaparecido”. Pedro y su mujer Ana María estuvieron al cuidado del palacete de la calle Muntaner, la residencia en Barcelona del industrial Julio Muñoz Ramonet, desde 1980 hasta el 2001, año en el que él se jubiló.

Pese al tiempo transcurrido, Pedro recuerda esa noche con nitidez. “Pensamos que la presencia de los camiones nos iba a comportar trabajo y nos extrañó que nos dijeran que no teníamos que ocuparnos de nada, pero la mayor sorpresa fue ver que muchas de las pinturas habían desaparecido”. De lo que pasó aquel día, “tiempo después de la muerte de don Julio”, no le dieron importancia, ya que lo achacaron a “lo herméticos que eran tanto el padre como sus hijas”, asegura el mayordomo de esta vivienda tras 21 años.

La entrada de los traíler a la finca de la calle Muntaner fue el penúltimo acto protagonizado por las cuatro hijas del industrial fallecido en mayo de 1991, que siempre se han opuesto a la última voluntad de su padre, en la que designó a la ciudad de Barcelona heredera del palacete y la rica colección de arte de su interior; un conjunto artístico de primer orden con obras de autores de la talla de El Greco, Goya, Fortuny, Sorolla, Delacroix, Monet y un largo etcétera creada a partir de la colección de Rómul Bosch i Catarineu que compró en 1950.

En octubre de 1991, a los seis meses del fallecimiento de Muñoz, sus hijas contrataron a través de la empresa Culturarte, SA los servicios de la experta norteamericana en arte Lori Gross para “asesorar en la elección de las obras”, “planificar el traslado al palacete de Villanueva número 18” desde Barcelona, y una vez en Madrid “supervisar su desembalaje”, tal y como quedó reflejado en una factura por la que se le pagó por todo este trabajo 300.000 pesetas (1.800 euros) en febrero de 1992.

No está claro si la experta Gross estuvo presente la noche que los tráiler ocuparon el jardín. “No recuerdo haber visto ninguna americana”, asegura Pedro. Del contenido que se transportó a Madrid da fe una póliza suscrita por Cultuarte con la compañía de seguros Banco Vitalicio que ascendía a 1,8 millones de euros por el traslado de 325 obras a Madrid.

Coincidiendo con el traslado, una segunda póliza aseguraba en 21 millones de euros una colección de obras depositada en el palacete de la calle Villanueva de Madrid, el 13 de noviembre de 1991, por lo tanto, después de la muerte del industrial.

El testimonio de Pedro vinculado directamente con Muñoz Ramonet y su vivienda es fundamental al arrojar luz sobre el largo litigio de 17 años que mantienen el Ayuntamiento de Barcelona con las herederas del industrial. La clave es poder dirimir qué había en el interior de la casa cuando murió Muñoz Ramonet y por lo tanto qué es lo que dejó en herencia a la ciudad. En 2005 en confesión judicial, según recoge la segunda de las tres sentencias dictadas a favor del Ayuntamiento de Barcelona,la última del Tribunal Supremo, la representante legal de Culturarte afirmó que “ni antes ni después de la muerte de Muñoz se trasladó ninguna obra de arte”. Una afirmación, que visto lo anterior, queda en evidencia.

Las hijas de Muñoz Ramonet aseguran que nunca han sacado obras de la casa

Pero no fue la única vez que salieron obras a Madrid desde la barcelonesa calle de Muntaner. En diciembre de 1993, Santiago Escrivá de Romaní, hijo de Carmen, una de las hermanas Muñoz, se dirige “con urgencia” a Culturarte desde la correduría de Seguros del Grupo Nikols bajo el titular “inventario actualizado de los cuadros” para conocer “la relación de los nuevos cuadros a cubrir por el seguro”, sin duda fruto de una nueva remesa de obras.

Hay más. La sala de subasta Christie’s de Madrid encargó a una empresa barcelonesa estudiar y valorar el estado de conservación de un conjunto de tablas góticas que acababan de volver de Madrid en no muy buen estado, al parecer por el ambiente menos húmedo de la capital, y que se volvieron a colgar en la galería del primer piso donde estuvieron en vida de Muñoz Ramonet. Durante un mes los expertos acudieron a diario al palacete para llevar a cabo su trabajo. Pero un lunes, a la vuelta de un fin de semana, comprobaron que las obras góticas habían vuelto a desaparecer.

Ocurrió alrededor de junio de 1995 cuando se dio a conocer que la Generalitat había empezado a investigar si las hijas del industrial habían eludido el fisco tras hacerse con el control de Interservi, la sociedad patrimonial de su padre, y el Ayuntamiento de Barcelona creaba la Fundación Julio Muñoz Ramonet para luchar por la herencia que había recibido cuatro años antes y que las hijas le había ocultado hasta entonces. Son muchas las personas que aseguran que estas obras góticas no están lejos de Barcelona guardadas bajo llave en un almacén.

Christie’s Madrid no ha querido explicar a este periódico detalles de esta desaparición acogiéndose a que “nunca realizamos declaraciones sobre nuestros clientes”. La relación de Christie’s y las hermanas Muñoz se ha alargado en el tiempo. En septiembre de 2005, en el último inventario realizado por orden judicial de los bienes de la casa, asistió en calidad de experto en arte por parte de “las codemandadas hermanas Muñoz” Juan Varez, consejero delegado de Christie’s España desde el año 2000.

El Ayuntamiento no tuvo noticia de que había heredado esta fortuna artística de uno de los personajes más polémicos del franquismo —acabó huyendo de la justicia española y refugiándose en Suiza, donde murió— hasta finales de 1994. Las hijas habían ocultado el testamento de su padre, a pesar de que Mercedes Muñoz, hermana del magnate, era concejal del Partido Popular en esos años. En el consistorio se enteraron cuando el artista alemán Bernd Walter se lo comunicó por carta y EL PAÍS publicó la primera información tras recibir una copia de la misiva sobre el asunto. Walter estaba disgustado porque las hijas no le devolvían un préstamo de 15.600 euros que él había hecho años atrás al financiero.

Con el paso del tiempo la localización y recuperación de las obras de la colección desaparecidas se vuelve más complicada. Poco a poco las obras de importancia han ido desapareciendo quedando solo las de menor valor, como han podido comprobar los expertos designados por el Ayuntamiento de Barcelona. Además, el 21 de octubre de 2013 las cuatro hermanas Muñoz dejaron de ocupar los órganos de dirección de Culturarte, pasando a dirigirla dos de los nietos del industrial: María Escrivá de Romaní (hija de Carmen) y Manuel Castelo (hijo de Isabel).

Por si fuera poco, el palacete de la calle Villanueva, situado en el exclusivo barrio madrileño de Salamanca, adonde según las pólizas de seguros fueron a parar las obras de arte desde Barcelona, está a la venta desde hace meses. Propiedad de Isabel tras la muerte de su madre Carmen, se puede adquirir por 15 millones de euros tras rebajar en 10 el precio inicial. Difícilmente las obras de arte se encontrarán hoy en día allí.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Una colección de arte en ‘sfumato’


Barcelona posee ya el legado Muñoz Ramonet tras años de litigio, pero los ‘goyas’, ‘grecos’, ‘murillos’ o ‘rembrandts’ han desaparecido



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Vestíbulo del palacete de la calle de Muntaner, en una imagen de la película 'Blancanieves' rodada allí; las paredes vacías de cuadros están cubiertas por grandes tapices. / Yuko Harami

Esta historia familiar no es como las demás. Este es el relato de una asombrosa colección de arte de incalculable valor propiedad de un industrial del franquismo barcelonés de turbio pasado. El de cuatro hijas desheredadas de ese fenomenal tesoro a favor del Ayuntamiento de Barcelona. Y el de un litigio iniciado entre este y aquellas hace dos décadas y del que aún quedan fascinantes capítulos por escribir. El último se vivió, como la mayoría de los de esta historia, en el señorial palacete que Julio Muñoz Ramonet, hombre hecho a sí mismo en el fango del estraperlo de algodón y de los favores del régimen, tenía hasta su muerte en 1991 en el número 288 de la calle Muntaner. El 25 de julio, técnicos del consistorio pudieron acceder al fin a una propiedad largamente ansiada por la ciudad. Y legítimamente deseada, según una sentencia de marzo de 2012 del Tribunal Supremo que daba por bueno lo establecido en la última voluntad del empresario. En el testamento, escrito en alemán en 1988 y que ni siquiera hace mención a la existencia de las hijas, Muñoz Ramonet legó a Barcelona el edificio y todo lo atesorado en su interior en el momento de la muerte.

Lo que Jaume Ciurana, concejal del Ayuntamiento de Barcelona, encontró tras abrir la intimidante verja y atravesar la isla verde del jardín de 3.000 metros cuadrados en plena agitación urbana, dista mucho de lo que le habría satisfecho hallar. Las joyas más importantes de la colección de arte —y eso incluye goyas, rembrandts, grecos o murillos— no están en el legendario palacete, que recientemente sirvió de escenario para el rodaje de la película Blancanieves, de Pablo Berger. En las paredes vacías se sucedían las marcas de lo que estuvo y ya no está. En muchos casos los huecos habían sido burdamente rellenados con piezas de escaso valor. “Queremos todas las obras que había en el interior de la casa en el momento en el que falleció Julio Muñoz Ramonet”, se limita a comentar con contundencia Ciurana. “No nos conformaremos con una compensación económica”.

Aunque el Ayuntamiento se conformara con el dinero, sería prácticamente imposible fijar una cantidad. La colección Muñoz Ramonet es una de las mejores de España conservada en manos privadas, pero no existen cálculos fiables sobre el valor en el mercado de las obras que la componen (suponiendo que el mercado estuviese en condiciones de absorber tanto tesoro). Lo que es seguro es que hablamos de decenas de millones de euros. El germen de este acervo está en la adquisición por parte del industrial de la colección de Rómulo Bosch Catarineu. Fue en 1950, cuando Muñoz Ramonet la compró como parte de Unión Internacional Algodonera, propiedad de Bosch, amante del arte en apuros.

Así entraron en el patrimonio del empresario más de dos millares de obras, entre pinturas, esculturas, piezas arqueológicas, jarrones de porcelana china o Sévres. Entre el más de centenar de artistas representados en la colección, destacan maestros como Fortuny (que aporta 26 piezas), Goya (18) El Greco (12), Sorolla (siete), Rembrandt (cuatro), Murillo y Zurbarán (con tres obras cada uno). Mengs, Monet, Berruguete, Carreño de Miranda, Corot, Delacroix, Renoir, Ribalta, Tiepolo, Tiziano, Zuloaga... La interminable lista, que bien podría servir para trazar una historia del arte occidental, incluye también a Velázquez, Botticelli, dos rafaeles y una exquisita pieza del escasamente prolífico Matthias Grünewald: Boceto de las tentaciones de San Antonio, una de las pocas, sino la única obra del autor alemán atesorada fuera de su país.

El industrial legó a la ciudad el palacete y lo que había en su interior

¿Qué queda de todo ello en la casa de Muntaner? Ciurana se escuda en razones de seguridad para evitar confirmar lo que otras fuentes consistoriales aseguran: prácticamente ninguna de las piezas maestras de la nómina de autores recién mencionada sigue en Barcelona. “Hay obras de pintores catalanes y españoles. El edificio está vigilado por seguridad privada porque a partir del día 25 es nuestra responsabilidad”, explica el concejal, que reclama tiempo para acabar el inventario de todo lo del interior: vajillas, muebles, ropa de cama, cortinas, alfombras y un largo etcétera, para luego cotejarlo con los listados elaborados durante la larga causa judicial. “El proceso será lento. No queremos especular sin tener todos los datos”.

El inventario será la próxima parada de un viaje que arrancó en 1991 en Suiza, donde Muñoz Ramonet murió como prófugo de la justicia española. Huyó en 1986 para evitar hacer frente a cargos de estafa y falsedad documental que le podían haber acarreado una condena de 11 años. Tenía 79 cuando falleció. Las hijas ocultaron el testamento desfavorable hasta que una información de EL PAÍS de mayo de 1995 alertó al Ayuntamiento de Barcelona sobre una fenomenal propiedad que ignoraban. Después, lo impugnaron; alegaron su invalidez por estar escrito en alemán, idioma que no dominaba el padre, que dictó 11 voluntades diferentes en vida. Desde un principio las hijas —solo se ha podido contactar con una de ellas para que ofreciera su versión y ha preferido no hacerlo— siempre defendieron que el palacete y las pinturas no eran del padre, sino de Culturarte, S. A., una de la treintena de empresas del industrial.


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'La Anunciación' de El Greco, una de las obras de la colección Muñoz Ramonet.

Al accionariado de esa compañía habían accedido ellas tras una ampliación de capital realizada tres meses antes de fallecer el progenitor. De ahí que, en su versión, no necesitasen heredar algo de lo que eran dueñas legítimamente: una fortuna valorada en más de 120 millones de euros en 1991. Tres sentencias de otros tantos tribunales han echado en estas dos décadas por tierra esos argumentos. En la creencia de esa legitimidad, las hijas fueron trasladando en estos años, casi con toda seguridad a Madrid, las obras que ahora se echan en falta en Muntaner.

En los diferentes inventarios manejados por la causa judicial se hace evidente la disminución de las obras albergadas en el palacete. Si en 1968 en el anexo de una escritura sobre la venta de parte de Inmobiliaria Alós a Culturarte, dos de las firmas del entramado empresarial del financiero, constaban unos 500 cuadros, 50 retablos y cinco grandes tapices, en el siguiente, realizado en 1998, la cifra ya se había visto reducida a menos de 300 obras.

Una cantidad que se mantiene en el último inventario de 2005. Si en el primero aparecen obras de grandes autores, en los dos últimos no hay rastro de ellas. En su lugar, sí constan un buen número de pinturas figurativas y paisajes adquiridos por Muñoz Ramonet a artistas de los años setenta y ochenta. Es el caso de las 71 pinturas de Jordi Curós, las 30 de Josep Garí o las 52 marinas firmadas por Ramon Aguilar More, un pintor hermano del cardiólogo de la familia y cuya obra adquiría por sistema. De las grandes firmas que dieron fama a la colección solo aparecen dos piezas en los inventarios recientes. Una, un cuadro dorado con la inscripción Príncipe Jesús y firmado por Velázquez. Y otra, una pieza ovalada consignada como de Rembrandt. También se citan dos dibujos de Ramon Casas y un retrato firmado por Nonell. Nada más.

Abundan las pruebas de que la colección conservada en Muntaner se ha visto disminuida en este tiempo. Algunas están al alcance de cualquier espectador de la exitosa Blancanieves: la casa sevillana de la madrastra que interpretaba Maribel Verdú, es, cosas del cine, el palacete de la discordia, cuyas paredes lucían en blanco y negro y prácticamente vacías. Otros indicios son más secretos. En un documento de los años sesenta al que ha tenido acceso este diario se puede contemplar un croquis del vestíbulo en el que se especifica que en esa zona hay 46 cuadros, cinco retablos y tres tapices. Se detallan los autores de las obras y dónde están colocadas. La lista impresiona: Boticelli, Goya, Rembrandt, Monet, Murillo, Tiziano, Ribera, Fragonard, Madrazo, Zurbarán, Veronese, Renoir, Grünewald y Tiepolo. En la sala de al lado, llamada “del aperitivo”, aparecen otros 24 óleos, salidos del pincel de Murillo, Rafael, El Greco, Rigaud, Mengs o Velázquez. El inventario de 2005 solo contabiliza siete cuadros en estas mismas salas.

Ya en la sentencia favorable al Ayuntamiento emitida por la Audiencia Provincial de Barcelona en 2007 se certificaba que la salida de obras de la casa ha sido una práctica habitual. Según la ponente Maria Sanahuja, que redactó el fallo, Culturarte contrató varios seguros en octubre de 1991 (y por tanto, después de la muerte de Muñoz Ramonet). Una póliza de la empresa Zurich ascendía a 1,8 millones de euros por el traslado de 325 obras a un palacete de la calle Villanueva de Madrid propiedad de la familia. Al mes siguiente, siempre según la jueza, las hijas suscribieron otra póliza, por la que aseguraban la colección depositada en este palacete de la calle Villanueva por valor de 21 millones de euros. Aquella sentencia establecía que debe considerarse “que el legado lo componen los inventarios de 1968”, extremo confirmado en la sentencia del Tribunal Supremo. Otro documento al que ha tenido acceso EL PAÍS de febrero de 1992 recoge el pago de 300.000 pesetas (1.800 euros) a Lori Gross, experta estadounidense en arte, quien, entre octubre de 1991 y febrero de 1992, asesoró en la elección de las obras, planificó el traslado de Barcelona al palacete de Villanueva y, una vez en Madrid, supervisó su desembalaje.


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Finca, con el palacete, situada en la calle Muntaner. / Tejederas


El litigio se ha prolongado durante más  de dos décadas

En este gigantesco embrollo hay al menos dos de las joyas de la colección que sí están localizadas. Obran en poder desde 2011 del juzgado de Alcobendas (Madrid) y han sido reclamadas por la Fundación Julio Muñoz Ramonet, creada en 1995 para defender los intereses del Ayuntamiento en esta historia. Se trata de La Anunciación, de El Greco, y La aparición de la Virgen del Pilar, de Francisco de Goya, peritadas judicialmente en siete millones de euros. Fueron recuperadas por la Guardia Civil en Alicante dentro de la Operación Creta, cuando iban a ser vendidas. La operación, algo confusa, partió de la denuncia de una de las hijas de Muñoz Ramonet a su exmarido, acusado de robar en 2000 las obras, además de joyas y relojes del domicilio conyugal. Nadie fue detenido. Según Ignasi Domènech, museólogo y experto en coleccionismo de arte, las dos obras son muy importantes. “Sobre todo La Anunciación de El Greco. En el Prado se expone otra versión, pero la de Muñoz Ramonet es mucho mejor y más grande”.

Cuando acaben los trabajos de identificación de lo que falta, la posible reclamación la tendrá que llevar a cabo el consistorio. Todo apunta a que las piezas acabarán depositadas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en cuyo patronato figura el Ayuntamiento de Barcelona. Ciurana no descarta que parte del legado pase a otros centros. El director del MNAC, Pepe Serra, niega que haya habido contactos con el Ayuntamiento por este asunto. El concejal, que ha explicado que el edificio puede acabar siendo una biblioteca municipal para el barrio, se vuelve a mostrar cauteloso: “Tendremos que atenernos a la última voluntad de Muñoz Ramonet y no incumplirla”.


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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Los expertos acreditan el expolio de las hijas de Muñoz Ramonet


El Ayuntamiento certifica que las obras de los grandes autores han desaparecido del palacete. Solo 85 de los 1.364 objetos hallados son valiosos



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Cuadros localizados en uno de los pasillos del palacete de Muñoz Ramonet / JOAN SÁNCHEZ

Nada de nada. Los expertos del Ayuntamiento de Barcelona han comprobado lo que los inventarios ya dejaban entrever: que la fabulosa colección de arte que dejó en herencia el industrial Julio Muñoz Ramonet a Barcelona en mayo de 1991, ha desaparecido de su palacete de la calle Muntaner.

En el informe que los especialistas han entregado al patronato de la Fundación Julio Muñoz Ramonet, reunido el 6 de febrero, suscriben que de los 1.364 objetos inventariados que permanecen en la casa —pinturas, alfombras, jarrones, muebles, cubiertos, ropa de cama...—, apenas 85 tienen valor patrimonial. Y lo más destacable es que entre ellos no se encuentra ninguna obra de los grandes maestros de la pintura como Velázquez, El Greco, Goya, Murillo, Rembrandt, Fortuny, Sorolla, pero también Delacroix, Monet, Berruguete, Ribalta, Tiepolo, Tiziano e, incluso, Boticelli, que atesoraba la colección original. Tampoco han encontrado ninguna de las tablas góticas que durante años lucían en la galería del primer piso y que tanto impresionaban a los visitantes de la casa de Muñoz Ramonet. Según los expertos, sólo han quedado “las piezas de menor atractivo decorativo y las de calidad más baja”.

La mayoría de las obras del palacete son de autores comerciales de los 50

Tras recibir las llaves del juzgado, el pasado 25 de julio, el Ayuntamiento pudo acceder por primera vez a la casa tras 17 años de litigio con Carmen, Isabel, Alejandra y Helena Muñoz Villalonga, las cuatro hijas del industrial. Los responsables municipales se encontraron con un paisaje desolador: pese a que en el interior del edificio había cerca de 600 cuadros repartidos por toda la casa, colgados en las paredes y acumulados en pasillos y habitaciones, pocos tienen un valor relevante.

Tras el “inventario de presencia” de los objetos realizado por la empresa Veraicon, el Ayuntamiento encargó a un equipo de técnicos coordinados por Núria Rivero, jefa de proyectos de la Dirección de Patrimonio, Museo y Archivos del Icub, la elaboración de un informe para saber qué valor patrimonial tenían todos estos objetos. Después de seis meses de trabajo se ha podido determinar que el 50% de las obras son del siglo XX y el resto, casi todo pinturas, esculturas y dibujos del XIX. Tan solo hay un grupo reducido de obras de cronología anterior. Entre ellos: siete tapices realizados entre los siglos XVI-XVIII situados en el vestíbulo y los salones de la planta baja creados en Bélgica y Francia; nueve obras del siglo XVIII; diez del siglo XVII; una escultura del siglo XVI y un Cristo crucificado del siglo XIV.


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Escalera principal del palacete de la calle de Muntaner / JOAN SÁNCHEZ

Los expertos, de todo el conjunto de objetos que llenan la casa en una especie de horror vacui, destacan un conjunto de ocho obras con un valor mayor. Se trata de cinco pinturas de gran formato con escenas de la Historia de José en Egipto, atribuidas a Antoni Viladomat (1678-1755), el pintor más importante del barroco catalán, un autor de moda porque protagonizará cuatro exposiciones este año, una de ellas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, coincidiendo con la celebración del 1714. Las otras tres son pinturas realizadas por Pascual Bailon (muerto alrededor de 1691), uno de los maestros de Viladomat, que representan escenas de la Historia de Moisés en su regreso a la tierra de Canaán, según ha determinado Francesc Miralpeix, uno de los mayores expertos en estos pintores, consultado para identificar y situar estas obras. Sin duda, son pinturas importantes para la historia del arte catalán, pero obras menores comparadas con las de las grandes firmas que han desaparecido. El informe ni menciona, por considerarlas falsas, obras como un pequeño rembrandt ovalado y las pinturas de Anglada Camarasa, Ramon Casas, Joaquim Mir y el grotesco Príncipe Jesús atribuido a Velázquez, por mucho que en las cartelas se puedan leer el nombre de estos artistas.

En opinión de los expertos, la mayoría de las obras conservadas son de pintores contemporáneos figurativos calificados de “comerciales”. Abundaban en los inventarios que se han ido conociendo y realizando durante la larga causa judicial, como los de 1968, 1989 y 2005. Entre los autores: Jordi Curos, con más de cien obras, Jordi Rollàn (22), Arcadi Orpí (84), Michelle Broeders (14) o Joan Josep Garí (41). El informe califica el conjunto de “irregular” ya que las obras no “parecen haber estado escogidas por criterios de excelencia o rareza que tendría en cuenta un coleccionista auténtico, sino seguramente con un afán meramente decorativo, y en algunos casos determinados, de relación personal con sus autores”. Llevan razón. Durante años, Muñoz Ramonet compró todas las obras que pintaba Ramon Aguilar More (se han identificado 69), hermano de un famoso cardiólogo que evitó con un certificado médico que Muñoz tuviera que presentarse ante un juez en Suiza.

Entre los pocos cuadros destacados hay cinco pinturas de Antoni Viladomat

En cuanto a los muebles, la mayoría son de alrededor de 1945 cuando la casa se decoró por la empresa madrileña de Antonio Herraiz. Muchas de las cerámicas son porcelanas de Sevres con poco valor artístico, siendo la típica, destaca el informe, que usó la alta burguesía de los años cuarenta del siglo pasado para decorar sus casas. Como curiosidad, las alfombras que cubren el suelo fueron realizadas a medida por la empresa Aymat de Sant Cugat que también fabricó las de la Generalitat o las del Palacio de Pedralbes.

Además de Rivero, han elaborado el informe Francesc Fontbona, especialista en pintura y escultura del siglo XIX y XX; Bonaventura Bassegoda, especialista en pintura y escultura de los siglos XVI al XVIII; Mónica Piera, especialista en muebles y los conservadores del Museo del Diseño de Barcelona Josep Capsir (artes decorativas), M. Antònia Casanovas (cerámica) y Silvia Ventosa (textil e indumentaria).

A partir de ahora, el siguiente paso es determinar qué patrimonio había en el interior de la casa en el momento de morir Muñoz Ramonet y determinar qué se ha perdido. Entonces se reclamará judicialmente por vía penal su devolución a las cuatro hijas de Muñoz Ramonet, algo que ya anunció en agosto el concejal de Cultura Jaume Ciurana: “Instaremos a ejecutar hasta el final la sentencia conseguida por la vía civil y estudiamos usar además la vía penal para recuperar los bienes que faltan”. Todavía hay mucho camino legal por recorrer.


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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
El palacete de Muñoz Ramonet


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 El 25 de julio, técnicos del consistorio pudieron acceder al fin a una propiedad largamente ansiada por la ciudad.


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Jaume Ciurana, concejal del Ayuntamiento de Barcelona, encontró tras abrir la intimidante verja y atravesar la isla verde del jardín de 3.000 metros cuadrados en plena agitación urbana, dista mucho de lo que le habría satisfecho hallar.


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En el testamento, escrito en alemán en 1988 y que ni siquiera hace mención a la existencia de las hijas, Muñoz Ramonet legó a Barcelona el edificio y todo lo atesorado en su interior en el momento de la muerte.


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Las joyas más importantes de la colección de arte —y eso incluye goyas, rembrandts, grecos o murillos— no están en el legendario palacete, que recientemente sirvió de escenario para el rodaje de la película Blancanieves, de Pablo Berger.


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El inventario será la próxima parada de un viaje que arrancó en 1991 en Suiza, donde Muñoz Ramonet murió como prófugo de la justicia española.


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La colección Muñoz Ramonet es una de las mejores de España conservada en manos privadas, pero no existen cálculos fiables sobre el valor en el mercado de las obras que la componen (suponiendo que el mercado estuviese en condiciones de absorber tanto tesoro).


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Entre el más de centenar de artistas representados en la colección, destacan maestros como Fortuny (que aporta 26 piezas), Goya (18) El Greco (12), Sorolla (siete), Rembrandt (cuatro), Murillo y Zurbarán (con tres obras cada uno). Mengs, Monet, Berruguete, Carreño de Miranda, Corot, Delacroix, Renoir, Ribalta, Tiepolo, Tiziano, Zuloaga... La interminable lista, que bien podría servir para trazar una historia del arte occidental, incluye también a Velázquez, Botticelli, dos rafaeles y una exquisita pieza del escasamente prolífico Matthias Grünewald: Boceto de las tentaciones de San Antonio.


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Las hijas ocultaron el testamento desfavorable hasta que una información de EL PAÍS de mayo de 1995 alertó al Ayuntamiento de Barcelona sobre una fenomenal propiedad que ignoraban.


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En la sentencia favorable al Ayuntamiento emitida por la Audiencia Provincial de Barcelona en 2007 se certificaba que la salida de obras de la casa ha sido una práctica habitual.  


Publicado pr elpais.com el 11/10/2013 / Fotos: Joan Sánchez
 




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última edición por j.luis el Lunes, 17 Febrero 2014, 17:58; editado 1 vez 
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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Hola J.Luis te pido disculpas porque creo que me he cargado las fotos de esta noticia    estaba restaurando una copia de ayer y sólo quería hacerlo de un directorio pero al parecer lo ha hecho con todos y claro las imágenes de hoy se han borrado.    Siento la torpeza por mi parte.  
 




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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
No te preocupes xerbar, a ver si tengo un rato y las vuelvo a subir.



 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
j.luis escribió: [Ver Mensaje]
No te preocupes xerbar, a ver si tengo un rato y las vuelvo a subir.



 

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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
El Ayuntamiento de Barcelona se querella contra las hijas de Muñoz Ramonet


El consistorio confirma que faltan 853 obras de artistas como el Greco o Sorolla en el Palacete que el industrial dejó a la ciudad



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Varias pinturas apoyadas en las paredes del palacete del coleccionista Julio Muñoz Ramonet, en la calle de Muntaner, en el centro de Barcelona. / JOAN SÁNCHEZ

El Ayuntamiento de Barcelona ha interpuesto una querella contra las cuatro hijas del industrial Julio Muñoz Ramonet para reclamar el legado no recibido de su padre, que donó a la ciudad en herencia y que no ha aparecido en los inmuebles de los que el consistorio tomó posesión en julio de 2013. Tras un largo proceso judicial civil, el ayuntamiento barcelonés recibió las llaves de los dos inmuebles de las calles Muntaner 282-288 y Avenir 26-28.

La querella responde a la constatación de la sustración y falta de entrega de la mayor parte del legado pictórico que Muñoz Ramonet constituyó a favor de su fundación y en beneficio de la ciudad de Barcelona. Entre las ausencia pictóricas, que el consistorio cifra en 853, destacan Escena de la vieja tauromaquia, de Eugenio Lucas; Busto de dama, de Sánchez Coello; Retrato del Conde de la Nova y Retrato de condesa de Figueiro, de Juan Pantoja de la Cruz; así como tablas góticas de maestros como Lluís Borrassà, cuatro obras de Goya, varias de El Greco, Alonso Cano, Ribera, Lucas Giordano, Sorolla o Marià Fortuny.

También reclama el ayuntamiento Retrato de Felipe V, de Jacint Rigaud; un retablo gótico de Gonçal Peris, el tríptico de Santa Caterina de Mateu Ortoneda (siglo XV); Retrato del emperador Napoleón III de Francia, de Winterhalter; Olivares, de Anglada Camarasa; o Retrato del cardenal Pascual de Aragón, de Juan Carreño de Miranda.

elpais.com
 




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Mensaje Re: Sin Rastro De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Las hijas de Muñoz Ramonet no entregan el ‘goya’ ni el ‘greco’


El Ayuntamiento pide que una comisión judicial busque las obras y una multa de 100.000 euros por cada mes de demora



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Fragmento de 'La Anunciación' de El Greco, una de las obras en litigio.

A las 24 horas del pasado lunes concluyó el plazo fijado por el juez —un mes que en realidad eran dos, al ser agosto un periodo no hábil judicialmente—, pero ni eso ha sido suficiente para que los herederos del industrial Julio Muñoz Ramonet entregaran dos de las pinturas más destacadas que su padre y abuelo dejó en testamento a la ciudad de Barcelona: La Anunciación de El Greco y La aparición de la Virgen del Pilarde Francisco de Goya, unas obras valoradas en más de siete millones de euros, que no han aparecido.

Por eso, en este largo litigio entre las cuatro hijas y el Ayuntamiento por la colección formada por obras que llevan la firma de autores como Velázquez, Ribera, Berruguete, Rembrandt, Sorolla o Fortuny, se ha puesto en marcha un nuevo proceso judicial: La Fundación Muñoz Ramonet, que lucha por el legado, presentó ayer un escrito en el juzgado pidiendo que una comisión judicial vaya al domicilio de la fotógrafa Isabel Muñoz Vilallonga, una de las cuatro hijas, que tiene en depósito judicial las obras, para que tome posesión de las mismas. La actuación, que se realiza mediante exhorto al juzgado de primera instancia de Madrid contará con “auxilio de la fuerza pública”, si es necesario.

En caso de que las obras no se localicen en esta vivienda se pide que se interrogue a su dueña o a las personas que allí se encuentren advirtiendo que “pueden incurrir en desobediencia”. La fundación solicita, además, otra medida excepcional: que se imponga una multa de 100.000 euros por cada mes en que se demore la devolución de estas dos obras.

La pintura de El Greco —considerada una obra excepcional que seguro que habría sido una de las joyas de las exposiciones que este año se han organizado con motivo del cuarto centenario de la muerte del pintor cretense— y la de Goya permanecen en depósito judicial en el domicilio de Isabel Muñoz desde 2011, tras ser recuperadas por la Guardia Civil en Alicante, dentro de la Operación Creta, en una casa de su ex marido Jesús Castelo, al que Isabel había denunciado de haberlas sustraído del domicilio conyugal. El juzgado de Alcobendas, que llevaba el caso, acabó depositándolas en casa de Isabel por no ofrecer sus depósitos garantías suficientes para su óptima conservación.


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Fotograma de la Guardia Civil de la 'Operación Creta', con un agente delante del goya

El 24 de julio el juzgado de Primera Instancia de Barcelona dictó una interlocutoria que, cuatro días después, fue notificada a Carmen, Isabel, Alejandra y Helena Muñoz Villalonga y a la empresa familiar Culturarte, para que entregaran las obras. El juez no tuvo en cuenta, por no aportar pruebas documentales, las declaraciones realizadas por Manuel Castelo Muñoz el 12 de mayo en las que aseguraba que los cuadros le pertenecían solo a él desde el 3 de enero de 1991, después de que su madre Isabel se los donara al cumplir la mayoría de edad. Castelo explicó que los cuadros “habían sido restaurados en su misma casa por personal del Museo del Prado, y expuestos en diferentes museos nacionales e internacionales”. El juez hizo notar en su auto que en enero de 1991 Julio Muñoz no había fallecido y recordaba la sentencia firme de 2007 de la Audiencia Provincial en la que quedaba claro que los dos obras son parte del legado en litigio entre las hermanas y Barcelona en estos últimos 19 años.

Según fuentes de la familia, al día siguiente del auto, Castelo presentó ante el juez la documentación requerida, demostrando, aseguran, que desde 2005 existe otro procedimiento sobre la propiedad de los cuadros dentro de la familia. Castelo explicó que su madre Isabel se fue del hogar familiar dejando los cuadros en casa, donde él continuó viviendo con su padre Jesús. Este, que fue administrador de Culturarte, nunca admitió que la empresa fuera la propietaria de los mismos, sino él.

El caso es que en 2010, cuando Jesús Castelo falleció, dejó como herederos de las obras a sus dos nietos, los hijos de Manuel. Por si esta maraña-culebrón fuera poco, después de esta fecha, han nacido otros dos nietos que, según explicó Manuel, “pueden también disputarse la herencia”. Estas desavenencias familiares son las que se alegan para no entregar las obras en el plazo previsto por el juzgado. Eudald Vendrell, el abogado de la Fundación Muñoz Ramonet que desde el comienzo, hace 19 años, defiende los intereses municipales en el pleito, explicó ayer que la fundación se ha personado en este procedimiento civil el pasado 2 de septiembre “para estar informados”, pero que el procedimiento “ni se suspende ni se modifica”.

Por su parte, la familia Muñoz Ramonet, según su portavoz , “dado que siguen los procedimientos, no va a facilitar mas noticias al respecto hasta que haya sentencia firme”.


elpais.com
 




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Mensaje Re: El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Hay obras que están a la espera de volver a casa



El legado 'envenenado' del rico estraperlista

Goyas, Velázquez, Grecos... y un palacete. Todo eso legó el legendario Muñoz Ramonet a Barcelona desde Suiza, hasta donde lo persiguió el juez Garzón.

Lourdes, la novia desconocida de Ramonet, nos ayuda a reconstruir su historia




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Cuadros de la colección que el empresario Muñoz Ramonet cedió poco antes de su muerte a la ciudad de Barcelona.

El legendario estraperlista textil y especulador financiero Julio Muñoz Ramonet (1915-1991) no se contentaba con los millones y las propiedades que acumuló en la Barcelona de los 40. Él suspiraba por el reconocimiento de una burguesía catalana que nunca le perdonó su éxito. Como un Rockefeller de los telares, el aborrecido rey de la posguerra siempre barajó la idea de una fundación que le diese un barniz de respetabilidad. El momento llegó poco antes de morir en Suiza, reclamado por el juez Garzón por una quiebra fraudulenta, al legar en testamento a los barceloneses su colección de pintura, un suntuoso palacete (el Palau Alella) como museo para exhibirla, y un dilema moral. Porque ni un genio de los embrollos legales como Muñoz podía augurar que a Ada Colau, una alcaldesa de izquierdas que promete hacer de la memoria histórica su campo de batalla, le tocaría decidir sobre un proyecto museístico a mayor gloria de un industrial arribista y arquetípico del franquismo.

"En el cielo manda Dios y en la Bordeta, Muñoz", se decía señalando la fábrica Sobrinos de Juan Batlló S.A., un pequeño Manchester a la salida de Barcelona que nuestro hombre anexionó a su imperio textil en 1944. Julio Muñoz ejemplificaba una nueva clase adinerada surgida del franquismo y es comprensible que su donación fuese recibida en los 90 por el ayuntamiento socialista con un imperceptible interés. El consistorio tardó años en pleitear por los cuadros contra las propias hijas de Muñoz, quienes impugnaron el testamento por estar redactado en alemán, un idioma que su papá desconocía. Y cuando empezaron a sufrir continuos varapalos judiciales, ya había desaparecido de la calle Muntaner más de una obra en litigio (un Goya, un Greco, preciadas miniaturas...), aunque ahora alguna esté en un juzgado de Alcobendas a la espera de volver a casa. El alcalde convergente Xavier Trias tomó el asunto con más ímpetu, pero su regidor de Cultura llegó a proponer, para no incumplir las claúsulas testamentarias (la colección debe llevar el nombre de Muñoz Ramonet) ni la verdad histórica, que el museo explicara cómo vivía un burgués de toda la vida, precisamente lo que Muñoz nunca fue.

El malentendido sobre Muñoz, hijo de un dependiente de los almacenes El Barato que ascendió en la empresa al casarse con la sobrina del dueño, reside en que atesoró símbolos burgueses como quien colecciona cromos (la citada can Batlló, el Palau Robert o el Ritz), y que ansiaba perpetuarse en una dinastía económica, entroncada con la del presidente del Banco Central. El sueño se truncó al no tener descendencia masculina y esto acabó por enturbiar su matrimonio en 1946 con la hija del banquero Ignacio Villalonga y afectó a la relación con las cuatro hijas de la pareja. Cuando hace un par de años Trias abrió las puertas del Palau Alella presentando la futura fundación, la prensa echó el resto. Al día siguiente varios periódicos reprodujeron un retrato del empresario tirado en un pasillo, lo que simbolizaba a la perfección el desdén de las cuatro hermanas Muñoz Villalonga hacia la última voluntad paterna.
 

La forja de un imperio

Hay que puntualizar que aquel retrato cortesano no era de Julio, sino de su hermano mayor Álvaro. El halo de leyenda que siempre lo rodeó hace que sus costumbres y trapisondas empresariales se mitifiquen hasta el exceso. Suele afirmarse que, recién acabada la guerra, contactó con fabricantes que no disponían de materias primas y que, a cambio de cederle un porcentaje de sus empresas, accedían milagrosamente al "cupo". Pero el dietario inédito de un concejal barcelonés confirma, en 1943, que aquello sólo era la primera parte de la estrategia: "Me explica Fernando (Muñoz Parcerisa, primo de Julio y futuro presidente de la patronal del género de punto) las andanzas de sus primos: (...) cómo tienen organizada la caza de incautos ofreciendo la compra y alquiler de sus industrias sin discutir precio pero pagando una pequeña parte en metálico y la otra con papel Muñoz. Cómo será la firma Muñoz la que quebrará pero quedarán todas las otras compradas y alquiladas (...). El cerebro de la casa es el pequeño (28 años) mientras el mayor (31) es una nulidad completa. Hoy controlan 10.000 obreros, 12 o 13 fábricas y 70 u 80 millones".

Este imperio sólo era posible, añade la versión popular, porque Muñoz gozaba del favor de militares de alta graduación, como los alcoholes con que los obsequiaba en su salón familiar. "A mí no me gustaba cenar allí pero entonces me llamaba su hermana Mercedes y me decía que no quería estar a solas con aquellos generales que fumaban montecristos y discutían de negocios. Su madre repetía: "Hay que hacerlo! ¡Tenéis que conseguirlo!". Son palabras de Lourdes Rosés Turull (1922), la hasta hoy ignota novia de Muñoz y probablemente su único gran amor, quien nos recibió hace unos años en el principal de la Diagonal donde antes vivieron los Muñoz, aunque ella negaba que fuese un regalo de Julio. Con hábil ojo de negociante, éste se fijó en aquella jovencita de una acrisolada saga banquera y textil, e iba a esperarla a la salida de la academia de corte y confección con un Ford Deluxe con chófer. El problema era que su tío, Tomàs Rosés Ibbotson, monárquico, aliadófilo y ex presidente del Barça, era consejero de la empresa que tenía la exclusiva del cultivo de algodón en rama en el suroeste de España (CEPANSA), y los Rosés no debían demasiados favores a los Muñoz. La relación con el parvenu, con el advenedizo, fue prohibida hasta nueva orden.

La pareja siguió viéndose clandestinamente... A comienzos de 1943, Julio tiró de chequera para conseguir la mayoría accionarial de UNITESA, el consorcio algodonero creado por el patricio Rómulo Bosch i Catarineu, una operación que culminó en 1944 y que le concitó nuevas enemistades. Ello no le impidió controlar otra docena de fábricas, así como la colección de pintura española y flamenca que en 1934 don Rómulo depositó como aval, a cambio de un préstamo institucional, en un almacén del ayuntamiento. A ello Julio sumó el palacete de los marqueses de Alella (donde se rodó la reciente Blancanieves de Pablo Berger) diseñado por el arquitecto Enric Sagnier para la misma familia que, acabada la Guerra Civil, rehusaba alquilar su proscenio del Liceo a los Muñoz. "El día que consiguió la casa de Alella", anota el concejal barcelonés, "admirado por la suntuosidad de la lámpara del hall, pidió precio para quedársela también, y Peláez (actual Marqués consorte) se la regaló como obsequio de su próxima boda. Muñoz inmediatamente fue a su casa y volvió con una espléndida petaca de oro macizo como obsequio de tornaboda", apunta.

Solamente fallaba en el imparable ascenso social de Muñoz su endeudamiento con los bancos, notoriamente el Central, lo que le obligó a negociar con su presidente, Ignacio Villalonga. Guido Hugelshofer, secretario de Julio y patrono de la fundación, cree que llegó a disponer del 10% de las acciones del banco y que Villalonga lo veía como una amenaza. Sabemos que los contactos estaban ya en marcha en julio de 1944, por un detalle trágico que evoca Lourdes Rosés: "En una visita a la capital, Villalonga le invitó a tomar una copa en su casa y, al llegar, se encontraron con que una de las hijas adolescentes, que sufría insomnio, se había tirado por la ventana. Julio me describió la horrorosa escena, con la policía, el padre desesperado... Más adelante, don Ignacio le propuso casarse con su hija Carmen, mientras otra de las hijas lo haría con Ricardo (Sarret Ramonet, primo-hermano y uno de los secretarios de Julio), pero éste se negó porque ya estaba prometido". Una versión que confirmaron Manuel García Ranzini, a quien Muñoz nombró gerente de Hilados y Tejidos Comas en 1942, y la viuda de Sarret, Pilar García Cid.

"Yo en un primer momento no supe nada", sigue Lourdes, "pero un día mi hermana leyó en una revista que Julio se había prometido con Carmen Villalonga. Hubo quien se me ofreció para ir a San Sebastián a reventar la boda pero, al retorno de la ceremonia, me encontré con uno de sus pocos amigos, el doctor Rocha, y le dije que estaba en su perfecto derecho de haber ido". Se tiende a pensar que la boda, escriturada el 17 de julio de 1946, fue el gran triunfo social de Julio, pero, según nuestra confidente, de Barcelona sólo acudió "genteta".

Durante el viaje de bodas, le llamaba desde Nueva York para decirle "que estaba arrepentido, que había destrozado su vida...". "Supongo que quería seguir viéndome a espaldas de su mujer. Yo devolví las joyas que me había regalado a uno de sus abogados, Estanislao Durán Reynals, todo un caballero, quien me dijo en catalán: "Julio dice que no las quiere, que te las regala. No seas tonta. ¿Yo ahora que tengo qué hacer con ellas?". Las dejé en una caja en el banco y no me las he vuelto a poner", asegura la misma a quien Muñoz había encargado elegir los muebles para su nueva mansión. No me aclaró si volvió a ver regularmente a Julio, aunque reconoció que fue a despedirse de él a Suiza, poco antes de morir.

A pesar de la moralina con la que había repudiado tiempo atrás a sus hermanos Mercedes y Álvaro por sus elecciones matrimoniales, ya separado no le importó pasearse por el pueblo residencial de San Andrés de Llavaneras (el mismo en el que una nonangenaria Lourdes Rosés pasa aún largas temporadas), con una mujer que no era la suya, una antigua chica de alterne. Eso sí, de belleza tan pictórica como las anteriores. Al parecer, el matrimonio con Carmen Villalonga se fue distanciando al ritmo de las desavenencias con la junta del Banco Central. Aparentando normalidad, aún a finales de 1956 contrató una portada de la revista de alta sociedad Liceo, en la que aparece una esplendorosa Carmen Villalonga retratada al óleo por Ramon Pichot. Este no fue el único de los artistas de la moderna tertulia de La Puñalada a quien Muñoz compró obras. Si algo habría de valor sentimental para él en el castillo de los Alella sería la colección de pintura, a la espera de que una hada buena reconozca sus méritos de filántropo.


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Julio Muñoz Ramonet y Carmen Villalonga en su boda, en julio de 1946.


Misterios de una colección

Cuando los técnicos municipales entraron al fin en el Palau Alella, allí ya no había Botticellis ni Zurbaranes, pero sí un recibo que acredita cómo, a los pocos meses de morir Muñoz, alguien encargó transportar hasta Madrid dos cajas blindadas del empresario. Un año después, según ha rastreado el ayuntamiento, empezaron a ser subastadas en Londres y Ginebra docenas de miniaturas de la colección. En una estrategia presuntamente diseñada por Jesús Castelo, el ya fallecido esposo de Isabel Muñoz Villalonga: se trataba de alejar los cuadros de su hábitat, el palacete de Muñoz, para así burlar su testamento. Si bien dictó que los centenares de piezas de la mansión se entregasen graciosamente a Barcelona, los inventarios previos al fallecimiento carecen de validez jurídica. Nadie puede asegurar a ciencia cierta lo que allí había en 1991. El magnate, con delirios de grandeza, no lo ponía fácil. El pintor Jordi Curós explica:"Hacia 1966 me invitó a visitar el palacete y me enseñó satisfecho un Brueghel, diversos Goyas, mucho bodegón castellano y un cuadro que atribuyó (sic) a Rafael". La estrategia filial se tambaleó con el divorcio de Castelo y la hija artista de Muñoz. El proceso que enfrentaría a los hijos de Castelo y su viuda en los juzgados de Alcobendas por un Greco y un Goya auténticos marcará el camino de otras pinturas. Con todo, es inevitable sospechar que, reeditando sus triquiñuelas contables, Muñoz legó una colección menos jugosa de lo previsto. Como explica José Ángel Montañés en sus crónicas, la colección de miniaturas atesorada por Rómulo Bosch i Catarineu, en la que habría piezas de Velázquez, El Greco o Jacques Augustin, ya fue tasada en 1958 por más valor que los cuadros.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
El juez obliga a devolver el ‘greco’ y el ‘goya’ de Muñoz Ramonet en un mes


Una nueva sentencia establece una multa de 2.000 euros semanales hasta que los cuadros vuelvan a Barcelona




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Imagen captada de la Guardia Civil, cuando la obra de El Greco y de Goya que desaparecio de la casa de Julio Muñoz Ramonet, fueron recuperados en 2011.

Suma y sigue. El pleito entre las cuatro hijas del industrial Julio Muñoz Ramonet y el Ayuntamiento de Barcelona continúa en los juzgados con una nueva sentencia, como las anteriores, a favor de la ciudad. El pasado jueves el Juzgado de Primera Instancia número uno de Barcelona acabó con cualquier duda sobre a quién pertenecen dos de las obras más importantes del legado que Muñoz Ramonet dejó a los barceloneses cuando murió en 1991 y que todavía no se ha cumplido por la fuerte oposición de las hermanas. Según el juez, La Anunciación de El Greco y La aparición de la Virgen del Pilarde Francisco Goya, dos obras que han sido valoradas en siete millones de euros, han de estar en manos del Ayuntamiento en el plazo de un mes y, en todo caso, da un plazo de diez días para que se informe si los cuadros han cambiado de ubicación.


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La Anunciación" de El Greco, una de las dos obras que han de entregar las hermanas Muñoz Villalonga, hijas de Muñoz Ramonet.

En el caso de que no sea así, el juez asegura que se entenderá que continúan en el lugar del depósito realizado por los agentes de la Guardia Civil en 2011, que no es otro que la vivienda de la fotógrafa Isabel Muñoz Villalonga, una de las hijas. Si pasado el plazo no se entregan estos cuadros, “podrá ejecutarse la entrada autorizada en la presente resolución por vía de auxilio judicial”. Además, la justicia establece multas coercitivas a Culturarte, la empresa de las hermanas, de 2.000 euros por semana hasta que los cuadros queden a disposición del juzgado.

Esta resolución se produce tras un primer auto de 24 de julio de 2014 en la que el juez obligaba a devolver los cuadros también en un mes, advirtiendo que en caso contrario podría pedir el auxilio de la fuerza pública. Pero no se ejecutó la devolución porque entre medias se cruzó otro pleito sobre quién era el verdadero dueño de estos dos cuadros: Las hermanas Muñoz VillalongaRamonet y su empresa Culturarte o Manuel Castelo, hijo de Jesus Castelo, el marido de Isabel Muñoz, que se los había dejado al morir en herencia. Un asunto que se acabó dirimiendo un juzgado de Alcobendas donde se había presentado una denuncia de Isabel Muñoz contra su ex marido por el robo del greco, el goya y alguna obra más que acabaron recuperadas en abril de 2011 dentro de la operación Creta.

Este último auto destaca “la contradictoria conducta de Culturarte en el proceso, en el que interesa un pronunciamiento de dominio respecto de los cuadros y al mismo tiempo aporta documentos en sentido contrario”. El juez destaca además, que se han mantenido hasta cinco tesis distintas: que las obras son de Culturarte; de Jesús Castelo por compraventa y luego por préstamo; de Manuel Castelo Muñoz su hijo como donatorio o como heredero. También precisa que la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 2009 dejó claro que en vida de Muñoz Ramonet no salió “ningún cuadro de los palacios de Barcelona ni se aprobó ninguna venta”, por lo que estos dos cuadros forman parte del legado que pertenece por testamento a Barcelona.

El pleito por el magnifico legado artístico entre las hijas de Muñoz Ramonet y el Ayuntamiento comienza en 1995, cuatro años después de la muerte del industrial en Suiza. Fue entonces cuando el Ayuntamiento, tras publicarlo EL PAÍS se enteró de su herencia, ya que las hijas lo habían ocultado y lo había impugnado. El legado consistía en un palacete de la calle Muntaner y todo su contenido, en concreto más de mil obras de arte firmadas por grandes maestros de la pintura como Fortuny, Goya, El Greco, Sorolla, Rembrandt, Murillo, Zurbarán, Mengs, Monet, Berruguete, Carreño de Miranda, Corot, Delacroix, Renoir, Ribalta, Tiepolo, Tiziano, Zuloaga, y un largo etcétera.

Después de casi dos décadas de litigios el Ayuntamiento tomó posesión del palacete y al entrar descubrió lo que ya se imaginaba. En su interior habían desaparecido las grandes obras y solo quedaban otras de menor valor. Tras un inventario se determinó que habían desaparecido 853 objetos y obras de arte.


elpais.com
 




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Mensaje Re: El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Muñoz Ramonet, las pruebas

Unas fotografías muestran parte de las 350 obras de arte que salieron de la casa barcelonesa del industrial en 1991



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Una de las fotografías de cuadros y de un retablo embalado del legado de Muñoz Ramonet

En septiembre de 2005 Lucia Escrivá de Romaní Muñoz, representante legal de la empresa Culturarte, aseguró ante el juez que desde el fallecimiento de Julio Muñoz Ramonet, el 9 de mayo de 1991 (hoy hace 25 años), el industrial que dejó en herencia tras fallecer su casa y la rica colección que contenía a Barcelona, no se había procedido a ninguna enajenación de obras de arte por esta sociedad, y que ni antes ni después de la muerte de su abuelo —Lucía es hija de la mayor de las cuarto hermanas Muñoz Villalonga—, se había trasladado ninguna obra de arte fuera del palacete del número 288 de la calle Muntaner de Barcelona para llevárselas a Madrid, a otra propiedad de las hermanas Muñoz. Pero hay pruebas que demuestran lo contrario.

En un informe para asegurar 350 obras aparecen fotos de pinturas embaladas

En octubre de 1991, seis meses después del fallecimiento de Julio Muñoz, las hermanas, a través de la empresa Culturarte habían contratado los servicios de la experta americana, Lori Gross, para “asesorar en la elección de las obras”, “planificar el traslado al palacete de Villanueva número 18” y, una vez en Madrid “supervisar el desembalaje”, un trabajo en el que empleó ocho días y dos viajes a Barcelona y por el que se le pagaron 300.000 pesetas (1.800 euros) en febrero de 1992. Se sabía, por el testimonio de Pedro y Ana María, dos de las personas que trabajaron al cuidado de la casa barcelonesa de Julio Muñoz entre 1980 y 2001, que tras el fallecimiento del industrial dos tráileres ocuparon el jardín y durante la noche se llenaron de obras que a la mañana siguiente habían desaparecido, tal y como relataron a EL PAÍS por primera vez y luego ratificaron ante el juez en octubre de 2014, cuando declararon como testigos de la Fundación Julio Muñoz Ramonet en la querella criminal presentada contra las cuatro hermanas por apropiación indebida y estafa procesal por no entregar 672 obras de arte, entre ellas 367 pinturas, muchas firmadas por grandes de la pintura europea.

No se habían visto las imágenes de los cuadros en Madrid, después de su traslado desde Barcelona. Las instantáneas forman parte del Informe sobre los cuadros pertenecientes a Culturarte S.A. y depositados en Madrid en la Calle Villanueva número 18 elaborado el 15 de octubre de 1991 por Santiago Escrivá de Romaní, esposo de Carmen Muñoz y presidente de la correduría de seguros Central Técnica. El informe estaba dirigido a Jesús Castelo, casado por entonces con Isabel Muñoz y que, entre 1988 y 1999, se ocupó de los asuntos empresariales de Julio Muñoz en España.

El informe buscaba poder asegurar unas 350 obras de arte, 325 pinturas de “primitivos catalanes y otros pintores clásicos, cuyas fotografías, inventario, certificado de autenticidad o de expertización y valoración aproximada existen y se pueden incorporar al contrato” y otras 25 obras de arte “de menor importancia, tales como esculturas en madera y bronce”. Según explica el documento, el inmueble madrileño (de unos 900 metros cuadrados construidos de superficie total) estaba vacío desde el fallecimiento de Carmen Villalonga, madre de las cuatro hermanas, ocurrido dos años antes, por lo que “actualmente no hay más contenido que el de las obras de arte mencionadas”, por lo que se deduce que la vivienda está vacía de mobiliario.

El documento enumera las medidas de seguridad que presenta el palacete, como la valla metálica que rodea el edificio de tres metros de altura terminada en lanza y especifica que cuenta con “un servicio de vigilancia armada las 24 horas del día”.

En uno de los párrafos del documento se asegura que el cuadro de más valor puede estimarse “en aproximadamente 150 millones de pesetas” y el valor de todo se sitúa en 2.500 millones de pesetas (900.000 y 15 millones de euros respectivamente de 1991) y que “las pinturas como puede verse, continúan con el embalaje que se les hizo para su traslado desde Barcelona, lo que creemos es un factor más de seguridad”, por lo que no hay duda del origen de los cuadros. Frente a los 2.500 millones de pesetas del valor de los cuadros, el único contenido del palacete, el continente se fija que tiene un valor muy inferior, tan solo de 300 millones de pesetas. La prima fijada para la suma de estos dos valores, según la propuesta del seguro, era de 4,6 millones de pesetas anuales.


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Cuadros embalados del legado de Muñoz Ramonet.


Ocho fotos

En el informe que acompaña la propuesta de ocho páginas, se adjuntan 14 fotografías, seis con vistas exteriores del edificio, de sus cuatro fachadas y del vial que lo rodea, el garaje y la casa de los guardeses. Las ocho restantes son de cientos de pinturas repartidas por siete estancias diferentes de la casa. En el salón central, junto a una enorme chimenea, el hall y las habitaciones colindantes de la planta baja y en la primera, en las habitaciones y el corredor principal. Todas las obras aparecen envueltas en papel y cinta de embalar, como dice el informe, apiladas unas junto a las otras y agrupadas, al parecer, por tamaño. En una de las fotos de la planta baja se adivina lo que tiene que ser un retablo por su forma apuntada. En la primera planta y en el corredor se colocaron los cuadros más grandes.

No fueron los únicos cuadros que salieron para Madrid. Dos años más tarde, a finales de 1993, volvieron a viajar más desde la calle Muntaner a la de Villanueva. El 9 de diciembre Santiago Escrivá vuelve a dirigirse a Jesús Castelo desde Central Técnica para “conocer la relación actualizada de los cuadros a cubrir por el seguro… La urgencia se debe a que los cuadros nuevos no están a cubierto por la póliza en cuestión hasta que no tengamos la aceptación de la aseguradora”.


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Cuadros embalados del legado de Muñoz Ramonet.


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Mensaje Re: El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Los herederos de Muñoz Ramonet entregan 12 de las 22 obras que pide el juez

Las obras se enviaron envueltas en plástico sin medidas de conservación preventiva ni personal especializado



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Un técnico sostiene la obra de Winterhalter. Y a la izquierda, una Virgen de Escuela Valenciana del siglo XV. / Carles Ribas  

Los herederos de Julio Muñoz Ramonet: sus cuatro hijas y sus nietos, han vuelto a incumplir la orden del juez que les obligaba a entregar de forma inmediata, parte de la rica colección de arte —formada por unas 370 piezas firmadas por Goya, El Greco, Fortuny, Sorolla o Rembrandt, entre otros muchos— que la ciudad de Barcelona reclama tras heredarla en 1991. Ayer entregaron solo 12 de las 22 obras previstas que conservaban en una finca familiar de Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona). Las pinturas llegaron alrededor de las 11 de la mañana incumpliendo también todos los requisitos del traslado de obras: las trajo en su furgoneta la persona que se cuida del mantenimiento de la casa, sin la compañía de especialista alguno en movimiento de obras. Las esperaban en el lugar que había fijado el juez: uno de los edificios de la calle Muntaner que Julio Muñoz dejó en herencia a Barcelona. Nada de cajas de transporte, ni otras medidas de seguridad. Tan solo, estaban envueltas en plástico transparente. No se sabe si por esto una de las obras, Retrato de una dama,de Barón Gérard, llegó con una enorme raja en uno de sus lados.

Las obras que se han entregado, sin ser grandes piezas como la de el Greco y el Goya que desde junio de 2017 están en manos de la fundación municipal que gestiona el legado, llevan la firma de Antoni Caba, Ernest Santasusagna, que firma una pintura de 1948 precisamente de la boda de Muñoz Ramonet y su mujer, Ommeganck, el citado de Gérard, Winterhalter. Hay una atribuida a Alonso Cano, otra a Reynolds, un calvario anónimo del siglo XV-XVI y otra pintura gótica sobre la Consagración de Sant Agustí.

El resto de las pinturas hasta 22 tendrán que esperar. La familia Muñoz que siempre se ha caracterizado por poner trabas a la justicia para no entregar las piezas ha encontrado un aliado inesperado en un fallo cometido por el secretario judicial que levantó el acta con la relación de piezas. “Al copiarla se saltó de línea y se han quedado seis obras que no aparecen en la relación”, explicó Eudald Vendrell, el abogado de Barcelona en este largo pleito que dura ya 23 años. “Se había acordado entre las partes que estas seis obras se entregarían el día 26, pero el abogado de la familia ha llamado hace un momento y ha dicho que no se entregarán hasta que no se lo vuelva a exigir el juez”, siguió Vendrell a la puerta de la vivienda mientras los técnicos continuaban quitando el plástico a las pinturas. “Es una maniobra dilatoria más por parte de las hijas de Muñoz Ramonet. Un acto de mala fe, desprecio y falta de colaboración”, explicó el teniente de alcalde Jaume Asens, convencido de que “acabarán estando aquí más tarde o más temprano”. El lunes presentaremos un escrito en el juzgado para reclamarlas, establecer una fecha de entrega y pedir multas coercitivas a la familia por obstrucción a la justicia y desobediencia", explicó Vendrell.

El juez también tiene que acabar de resolver el litigio sobre otras cuatro piezas que se reclaman, pero que la familia alega que no se corresponden con las que aparecen en los inventarios usados en la reclamación. A comienzos de año se aseguró que una de las pinturas estaba atribuida a Alonso Berruguete, pero esta atribución ahora se ha perdido. “En una antigua relación aparecía esta autoría. Todas las obras están pendientes de estudio”, aseguran desde la fundación municipal.

Las obras volvieron a viajar una segunda vez ya que acabaron depositadas en el MNAC como las dos que les precedieron. “Allí serán examinadas y sometidas a los tratamientos necesarios de conservación. Volverán cuando la casa reúna condiciones de exhibición”, prosiguió el abogado.

Las pinturas se encontraban hasta hoy en la finca de Ca L’Isard, (aunque la familia de Muñoz Ramonet que la adquirió en 1951 la llaman Los Cedros), una casa de estilo neoclásico de grandes dimensiones y otras dos edificaciones anexas situadas en medio de casi siete hectáreas en el entorno forestal del parque natural del corredor Montnegre de Llavaneres. En su testamento de mayo de 1991 el industrial legó la finca a sus cuatro hijas en “usufructo vitalicio y gratuito”, pero no en propiedad. Y añadía que si las cuatro hermanas no llegaban a un acuerdo respecto de las posibilidades de utilización, cada una de ellas tendría derecho exclusivo de uso durante tres meses al año; según determinara el albacea testamentario. Doce días después de morir, las hermanas impugnaron las últimas voluntades de su padre y ya aparecen como las administradoras de la Inmobiliaria Llavaneras S. A., constituida solo para gestionar la enorme finca de Los Cedros.


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La obra Barón Gérard, rajada, al fondo. A la izquierda la pintura de Satasusagna de la boda de Muñoz Ramonet. / Carles Ribas


Pesimistas con el resto

Este viernes llegaron 12 obras más de la rica colección de Muñoz Ramonet. Vendrell, el abogado que lleva casi dos décadas peleando en los juzgados por recuperar las obras, tras la euforia de poder contar con estas nuevas pinturas, se mostró pesimista de cara a la recuperación del resto de las obras. “Será difícil”, dijo de forma escueta. En caso de que no se devuelvan el juez decretó que se pagara su valor en la actualidad. Por eso sigue adelante la tasación de las obras, que en breve estará en manos del letrado.


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Mensaje Re: El Misterio De Las Obras Maestras De Muñoz Ramonet 
 
Litigio entre las herederas y el Ayuntamiento



Otro capítulo del "culebrón" Muñoz Ramonet



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Un «error humano» del secretario judicial retrasa la entrega de otras seis piezas que el consistorio esperaba y una de las 12 obras devueltas está rasgada. Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía en 2016, es una de las hermanas más beligerantes en todo el proceso.

Al fallecer en 1991, el empresario Julio Muñoz Ramonet dejó escrito en su testamento que dejaba a la ciudad de Barcelona una espectacular finca con jardines y dos casas de la calle Muntaner y la colección de arte que había dentro, un tesoro compuesto por centenares de obras de arte entre las que había lienzos de Goya y El Greco. Desde entonces, las cuatro hijas del industrial barcelonés, Carmen, Alejandra, Helena e Isabel Muñoz Vilallonga han pleiteado sin descanso en los juzgados para evitar que lo que ellas consideran su herencia pase a manos públicas. Isabel Muñoz, una de las hermanas más beligerantes en todo el proceso, es una reconocida fotógrafa famosa por su trabajo en África que en 2016 recibió el Premio Nacional de Fotografía.

El caso Muñoz Ramonet acumula 23 años de intensa batalla judicial que debería haber llegado a un punto decisivo en 2012, cuando el Tribunal Supremo dio la razón al Ayuntamiento de Barcelona estableciendo que la finca, los edificios y el contenido especificado en varios inventarios (uno de compra venta del año 1971 y otros dos judiciales realizados en 1998 y 2005) eran de propiedad pública. En teoría, las hijas de Muñoz Ramonet están obligadas a entregar todas las obras de arte al consistorio, pero su oposición es manifiesta y las medidas coercitivas (como por ejemplo, una que debía obligarlas a una multa de 2.000 euros semanales por no cumplir la sentencia) han sido dejadas en suspenso por el juez.

El último capítulo se vivió este viernes, cuando el Ayuntamiento recuperó doce obras del legado que habían sido localizadas en el domicilio familiar en Sant Andreu de Llavaneres en junio de 2016. Entre las piezas figuran lienzos como Retrato de una dama del Barón Gerard, una pieza del siglo XIX que estaba rasgada; Niño Jesús con la cruz del siglo XVII atribuido a Alonso Cano; la tabla Virgen orante de la segunda mitad del siglo XV o Retrato de caballero, atribuida a Reynolds. También hay un lienzo de Ernest Santasusagna sobre el enlace de Muñoz Ramonet de 1948.

El comisario de Cultura, Joan Subirats, explicó que la mayoría pertenecen al periodo gótico y a principios del siglo XX y forman parte de la colección Bosch Catarineu, que fue adquirida por Muñoz Ramonet tras la Guerra Civil. «Hoy hemos recuperado 12, pero faltan unas 370 piezas más», recordó Subirats. Las piezas fueron trasladadas a la sede de la Fundación Muñoz Ramonet y luego viajarán hasta el Mnac, donde serán catalogadas y conservadas.

En realidad, la entrega prevista no era de 12 piezas, sino de 18, pero un «error humano» del secretario judicial provocó que seis piezas no fueran trasladadas a Barcelona. Un error en principio subsanado, explicó el tercer teniente de alcaldía Jaume Asens, ya que el fallo consistió en el que el secretario había apuntado mal la lista de las obras que debían trasladarse, omitiendo un párrafo del escrito del juez. Sin embargo, las herederas de Muñoz Ramonet han aprovechado este fallo en la tramitación para retener dichas obras y se han negado a devolverlas cuando el Ayuntamiento se ha percatado del fallo. Además, hay otras cuatro obras en litigio que las herederas se niegan a entregar al alegar que no encajan con lo especificado en el inventario.

Subirats recordó ayer que si no aparecen las 370 piezas restantes, «se habrá de pagar su valor», y será el juez quien decida calcularlo con párametros de 2018 o 1971, cuando se realizó el primer inventario. «Hay relaciones de poder que todavía funcionan», admitió ayer el director de la Fundación Muñoz Ramonet, Eudald Vendrell, quien reconoció que se está investigando en galerías de arte cercanas a la zona de Sant Andreu de Llavaneres, que algunos delitos han prescrito por lo mucho que se ha alargado el proceso judicial y que existen grabaciones telefónicas efectuadas por la Guardia Civil en las que se escuchan conversaciones sobre la posible venta obras. Pese a la sentencia del Tribunal Superior, las herederas siguen sin acatarla.

Entre los lienzos devueltos este viernes no están los de más valor de la colección Bosch Catarineu, un importante conjunto de retablos góticos de artistas como Pere Serra, Lluís Borrassà o Gonçal Peris, pinturas de Juan Pantoja de la Cruz, Carreño de Miranda y artistas del siglo XX como Marià Fortuny y Anglada Camarasa.

En marzo de 2014, la Fundación interpuso una querella criminal contra los herederos y empresas familiares por apropiación indebida y falsedad documental. Hace un año, en junio de 2017, se entregó en depósito judicial al Mnac dos obras importantes de gran valor de la colección que en la actualidad se pueden ver en la exposición permanente del museo, la Anunciación de El Greco, y la Virgen del Pilar de Goya. «Barcelona sufre un saqueo constante por parte de las hijas de Muñoz Ramonet. Hoy hemos dado un paso más para recuperar lo que es de la ciudad», afirmó Asens, que definió la recuperación de las 12 piezas como un capítulo más de un «culebrón» judicial y una «victoria moral».


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