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'Yo, Leonardo', Ilustrado Por Ralph Steadman
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Mensaje 'Yo, Leonardo', Ilustrado Por Ralph Steadman 
 
El arte y la personalidad de Da Vinci en un maravilloso libro ilustrado


Ralph Steadman recorre la vida y la obra del artista en Yo, Leonardo

Destacan sus fabulosas ilustraciones, influídas por el famoso pintor




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Portada de 'Yo, Leonardo'. / Libros del zorro rojo
 
Ha habido muchos grandes artistas en la historia de la humanidad pero si tuviésemos que elegir al artista total sería Leonardo da Vinci (1452-1519), porque además de pintor, escultor, ingeniero, matemático, inventor y arquitecto también fue científico, escritor, filósofo, músico, poeta, botánico, urbanista... Todo un prodigio de imaginación que sigue influyendo a artistas y científicos de hoy en día. Como al ilustrador Ralph Steadman que, en 1983, dedicó un fabuloso libro ilustrado al pintor, Yo, Leonardo (Libros del zorro rojo) que ahora se edita en español en una preciosa edición.

Un libro que se basa en los pensamientos del propio Leonardo, recogidos en sus famosos cuadernos que contienen dibujos, diagramas científicos y reflexiones sobre la naturaleza de la pintura.  Un volumen que reconstruye su vida de una forma muy original y prestando especial atención a su obra.
 

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Páginas de 'Yo, Leonardo'

Y en el que destacan las espectaculares ilustraciones de Ralph Steadman, que homenajean a Leonardo pero, a la vez, crean su propio universo en el que destaca el gran sentido del humor del dibujante y su gusto por la caricatura.

Destacar que Ralph Steadman, considerado uno de los mejores ilustradores del mundo, realizó este libro en 1983, pero sigue tan fresco y original como el primer día, al igual que le pasa a los dibujos y cuadros de Leonardo, que siguen excitando nuestra imaginación, como sólo pueden hacerlo los grandes genios del arte y la ciencia.
 

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Ilustración de 'Yo, Leonardo'


Una obra de arte

Las ilustraciones de Ralph Steadman son auténticas obras de arte que imitan a los dibujos y bocetos de Leonardo, añadiendo un genial toque de humor a través de la caricatura (ver a Leonardo y a Miguel Ángel tirándose los trastos es impagable). Incluso imita los bocetos del pintor.

El autor confiesa que se obsesionó tanto con Leonardo que llegó a pintar su propia versión de La Última Cena en la pared de su dormitorio; a construir una máquina equivalente a la de Da Vinci que logró alzar el vuelo; y a recorrer aquellas ciudades y paisajes italianos transitados por el pintor, tratando, así, de imaginar cómo era habitar la mente imaginativa de un espíritu sin límites.

Destacar su dominio de la tinta con la que recrea a la perfección el Renacimiento, el ambiente artístico de la época y la situación política. Siempre de una forma realmente imaginativa.
 

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Ilustración de 'Yo, Leonardo'


La vida de Leonardo contada por él mismo

El libro se basa en los escritos de Leonardo y en los acontecimientos históricos que rodearon a su figura. De esta forma asistimos a un apasionante relato de la época a través de las obsesiones de Da Vinci, sus inventos, los encargos artísticos de los monarcas, su obsesión por volar,  la rivalidad con Miguel Ángel, la génesis de La Última Cena, los encuentros con la Mona Lisa...

Su obsesión por el conocimiento comenzaría desde muy pequeño: "Sentía el anhelo de mover montañas e inventé diversas máquinas destinadas a tal proeza, lo que puso a mi madre al borde de la desesperación en numerosas ocasiones".

En el libro se recrean esos primeros inventos, como una catapulta para gatos o un despertador que parece sacado de los inventos del TBO (siempre con mucho sentido del humor). Una imaginación desbordada que no tardó en llamar la atención de los grandes artistas de la época, por lo que da Vinci ingresó en el taller del gran artista Verrochio (que trabajaba para Lorenzo de Medici) donde enseguida despuntó. Por ejemplo, si le pedían un color de pintura que no existía, él lo creaba. Y durante esa época también se ganaba un dinero extra dibujando retratos.

 
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Ilustración de 'Yo, Leonardo'

Su inquietud también lo llevó a diseccionar el cuerpo humano (literalmente), a pesar de que en aquella época estaba prohibido, lo que explica sus enormes conocimientos anatómicos. También destacaron sus estudios de la perspectiva y su pericia como pintor que lo llevó a perfeccionar la técnica del "sfumato".

Tras abandonar a Verrochio (con 26 años) a Vinci se puso a las órdenes de Ludovico Sforza que le encargó una impresionante estatua ecuestre de su padre, Francisco I Sforza, que estuvo varios años inacabada (era común que la mente de Leonardo saltara constantemente de un proyecto a otro dejando muchos de ellos sin terminar). Para cuando Leonardo quiso terminar la estatua, el bronce fue utilizado para la fabricación de cañones para defender Milán de las tropas francesas. En esa época tan convulsa a Leonardo también le pidieron que creara máquinas de guerra.

 
Su rivalidad con Miguel Ángel


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La rivalidad entre Leonardo y Miguel Ángel

En el libro Leonardo también nos cuenta su rivalidad con Miguel Ángel (1475 -1564) el otro gran pintor y escultor de la época, que incluso lo retó para pintar unos frescos, con el objetivo de demostrar quién de los dos era mejor.

"Miguel Ángel se puso a trabajar con tal fervor que incluso instaló una cama allí mismo. Lo irritaba que yo hubiera comenzado mi obra meses antes que él; para él aquello era peor que un insulto y procuró ganarme no solo en excelencia, sino también en rapidez de ejecución".

Sin embargo sus compromisos hicieron imposible que ninguno acabase sus respectivas obras.
 

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Ilustración de 'Yo, Leonardo'

En el libro también queda patente su obsesión por volar, para lo que ideó máquinas con las que estuvo a punto de conseguirlo e incluso inventó un paracaídas.

Su pericia en todas las artes y las ciencias le llevó a ser solicitado por otros grandes personajes de la época como Maximiliano Sforza (en Milán) o el Papa León X, de la poderosa familia de los Medici (en Roma). Y sus últimos años los pasó en Francia al servicio del rey Francisco I.

Por supuesto, el libro también presta especial atención a la creación de las dos obras más famosas de Da Vinci: La  última cena ("La pintura de La Última Cena se convirtió en un espectáculo que todo el mundo quería ver") y La Gioconda ("Había aceptado pintar el retrato de una dama cuyo rostro era de otro mundo […]. Para contentarla y hacerla sentir a gusto, contraté a un grupo de juglares para que, en su rostro -pero sobre todo en su corazón-, hubiera siempre una sonrisa").
 
 
Por JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo) / rtve.es
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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