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Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012)
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Mensaje Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, 1812-2012



En el Reino Unido se ha apoderado la 'dickensmanía', al igual que en medio mundo, por eso me permito en el Foro de xerbar, dedicar en la sección de literatura, un pequeño homenaje en el año del bicentenario de Charles Dickens, uno de los escritores que más admiro, a buen seguro que si alguien lee este trabajo recopilatorio, se dará cuenta de la trascendencia de su extraordinaria obra.


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El 7 de febrero de 2012 se celebra el bicentenario del nacimiento de Dickens. 2012 será el Año Dickens, con conmemoraciones en todo el mundo. Dickens consolida así su fama de escritor universal, cuya literatura traspasa siglos y fronteras. Su ingenio cómico, su capacidad fabuladora, su irrepetible talento para la creación de personajes son aún una referencia y un motivo de emulación para muchos novelistas.

Según he leído en La casa del libro; las editoriales se suman a este homenaje lanzando y reeditando algunas de las mejores obras del autor.


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Alba nos ofrece una nueva traducción de 'La pequeña Dorrit', en papel o en eBook y la reedición de otras obras.


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Espasa nos trae una edición especial de 'Cuento de Navidad' y 'David Copperfield'.


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Nocturna ediciones nos trae 'La Tienda de Antigüedades', una de las novelas de Dickens más desconocidas en España y de las que más fama dieron al autor.


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Clásicos Universales Castalia, nos trae la redición de las 'Aventuras de Pickwick', (en inglés: The Posthumous Papers of the Pickwick Club), fue la primera obra de Charles Dickens. Inicialmente fue publicada por entregas entre abril de 1836 y noviembre de 1837, y cada una de sus entregas se convertía en un acontecimiento literario. La novela fue traducida por Benito Pérez Galdós a finales de 1867 y por él mismo publicadas en el diario La Nación en 1868. Galdós se había decidido a hacer la traducción por considerar que Dickens era «el maestro de la novela inglesa»; y quizá Pickwick sea, a su vez, la obra maestra de un escritor excepcional.




Portada original de la edición de 1837 con la firma autógrafa de Dickens.

En ella se narran las aventuras de los miembros de un absurdo club, el Club Pickwick, que debe su nombre a Samuel Pickwick, filántropo-filósofo que prentende estudiar al ser humano. Para ello, junto con sus tres compañeros y su criado, Sam Weller, todos ellos extravagantes personajes, emprende diferentes viajes por Inglaterra, durante los que les sucederán un sinfín de disparatadas aventuras. Una historia disparatada y cómica, a la par que un gran fresco caricaturesco y una vivaz recreación de su tiempo; pero siempre con la mirada crítica, mordaz y, a la vez, tan actual del mejor Dickens.


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Por último, no os perdáis el libro que Impedimenta editó hace años 'Para leer al anochecer' una especial oportunidad para leer trece de las más célebres y espeluznantes historias de fantasmas escritas por Dickens.
 
Espero os resulte interesante la información que recopilo a continuación del genio Charles Dickens.

Según Galdós: "Dickens fue un escritor con una fuerza descriptiva admirable, con la facultad de imaginar, que, unida a una narración originalísima y gráfica, da a sus cuadros la mayor exactitud y verdad que cabe en las creaciones del arte.





Dickens y sus Fantasmas


Babelia dedica su portada a la 'dickensmanía' que se ha apoderado del Reino Unido

Una exposición sobre el autor de 'Oliver Twist y los espectros', uno de los acontecimientos del 200 centenario del escritor


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Entre los muchos acontecimientos que rodean el centenario de Charles Dickens, que se celebra el próximo 6 de febrero y al que el suplemento cultural Babelia dedica mañana su portada, se puede visitar una pequeña exposición en Londres, en la British Library sobre la relación del novelista con los fantasmas. Y no se trata sólo de la relación literaria. "Entre sus cosas buenas no podemos olvidar su capacidad para contar historias de fantasmas. Tenía una especie de enganche con ellos", escribió su primer biógrafo y amigo John Forster.

Dickens fue el escritor que marcó el XIX, el siglo de la novela con Balzac, Dumas, Stendhal, Zola, Tolstoi, Clarín o las hermanas Brontë. Obras como Oliver Twist o David Copperfield –sobre la que José María Guelbenzu asegura que es "la novela más novela de todas las novelas"– no sólo capturaron a millones de lectores en todo el mundo, sino que además transformaron la mirada de la propia sociedad hacia tragedias que hasta entonces eran invisibles, como la situación de los niños en los orfanatos o la pobreza que acompañaba el brutal desarrollo industrial y urbano del siglo XIX (este misma semana se ha sabido que, en China, por primera vez, hay más habitantes urbanos que rurales: eso es algo que ocurrió en Inglaterra en vida de Dickens).

Sin embargo, su libro más recordado y adaptado, el que confirmó su fama mundial –Dickens fue seguramente la primera estrella de la cultura global, que arrastraba multitudes en sus viajes y lecturas públicas– es una historia de fantasmas: Cuento de Navidad. Scrooge y el pequeño Tim, pero sobre todo los fantasmas de las navidades presentes, futuras y pasadas forman parte de nuestra memoria cultural colectiva, aunque sólo sea por las decenas de adaptaciones cinematográficas (son muchos los que piensan que la mejor versión es la de 1992 con Michael Caine y ... los teleñecos). Numerosos historiadores creen que la publicación de ese relato, en 1843, cambió la forma en que celebramos las navidades, una fiesta que estaba entonces en decadencia. "No sé si la idea de las navidades blancas convenció a Scrooge, pero desde luego nos convenció a nosotros", escribió Chesterton en una cita rescatada por la BBC para un reportaje titulado: Seis cosas que Dickens dio al mundo moderno.

"Dickens tenía un gran interés por los fantasmas. Supongo que forma parte de una vieja tradición literaria inglesa", explica su biógrafo Peter Ackroyd, entrevistado en su estudio londinense. Novelista, ensayista y autor de biografías memorables de Dickens –que acaba de editar Edhasa en castellano–, Shakespeare o Thomas Moro, además de una monumental historia de Londres, Ackroyd publicó el año pasado un homenaje a esa tradición, un pequeño volumen titulado The english ghost, en el que recogía historias de fantasmas que sus protagonistas creían reales.

La exposición de la British Library, una muestra pequeña de apenas cuatro expositores con originales y algunos documentos que difícilmente puede competir con la espectacular Londres y Dickens que se desarrolla en el Museo de Londres hasta el 10 de junio, incide en que Dickens no creía en los fantasmas como apariciones sino como fenómenos relacionados con la fuerza de la mente, un tema que le obsesionaba.

"Siempre he observado que se requiere una fuerte dosis de coraje, incluso entre las personas de mayor inteligencia y cultura, cuando de lo que se trata es de compartir las propias experiencias psicológicas, especialmente si éstas adoptan un cariz extraño". Así arranca su relato Juicio por asesinato, recogido en el volumen Para leer al anochecer. Historias de fantasmas, que Impedimenta publicó hace un par de años. Como ocurre con Cuento de Navidad, la mayoría de los relatos reunidos en este delicioso volumen hablan mucho más de apariciones relacionadas con el presente o con premociones, como el clásico El guardavías, que de espectros tipo El fantasma de Canterville o el tierno y gruñón capitán Daniel Cregg que acababa llevándose al huerto desde el otro mundo a Gene Tierney en El fantasma y la señor Muir, por no hablar de los terroríficos Jessel y Quint de Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

Los fantasmas de Dickens forman parte sobre todo del presente, son seres que encarnan historias morales y de redención, que nos avisan sobre lo que va a ocurrir o, incluso como en el relato Juicio por asesinato, que ayudan a arreglar el presente, son seres de ese mundo en constante y urgente cambio en el que se forjó su literatura.



Apunte Biográfico


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Charles Dickens nació en Portsmouth en 1812. De educación irregular, fue corresponsal parlamentario de The Morning Chronicle. Sus artículos tuvieron un gran éxito junto con los Papeles póstumos del club Pickwick. Oliver Twist, Estampas de Italia, David Copperfield o La pequeña Dorrit son algunas de sus mejores obras. Murió en Londres en 1870.

Nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, Inglaterra.
Su padre era alcohólico y su familia sufría de estrecheces económicas.
Fue un autodidacta. “El Quijote de la Mancha” fue uno de los libros que más le influyó. Tuvo que trabajar duro desde una edad muy temprana.
Recibió una herencia por parte de una abuela y pudo volver a la escuela. A los 15 años volvió a trabajar, como mensajero.
Consiguió hacerse redactor y emprender una carrera como periodista.
Se casó con Katherine, en 1836, y tuvo 10 hijos.
Viajó a estados unidos, realizando una denuncia sobre la esclavitud. Fue nombrado hijo adoptivo de Edimburgo.
Conoció a Alejandro Dumas y a Julio Verne en sus viajes.
Sufrió problemas de salud a partir de 1850, se divorció y tuvo que vivir la muerte de su padre, una hija y de su hermana.
En 1865 tuvo un terrible accidente de tren. En 1870 sufrió un derrame cerebral que le llevó a la muerte el 8 de junio.
En sus obras denuncia el trabajo infantil. Retrató con precisión las costumbres de la época victoriana.

Los novelistas continúan influenciados por sus libros; por ejemplo, escritores como Anne Rice, Tom Wolfe y John Irving evidencian conexiones directas con Dickens. El humorista James Finn Garner hasta escribió una versión «políticamente correcta» de Un cuento de navidad. De cualquier manera, Dickens se mantiene hoy como un brillante innovador y algunas veces defectuoso novelista cuyas historias y personajes se han convertido no sólo en arquetipos literarios sino también en parte de la imaginación pública.


Obras

    - Papeles póstumos del Club Pickwick (1836–1837), Publicadas en español como 'Aventuras de Pickwick'
    - Oliver Twist (1837–1839)
    - Nicholas Nickleby (1838–1839)
    - La tienda de antigüedades (1840–1841)
    - Barnaby Rudge (1841)
    - A Christmas Carol (1843) (conocida también como Canción de Navidad o Un cuento de Navidad)
    - Martin Chuzzlewit (1843–1844)
    - Dombey e hijo (1846–1848)
    - David Copperfield (1849–1850)
    - Casa desolada (1852–1853)
    - Tiempos difíciles (1854)
    - La pequeña Dorrit (1855–1857)
    - Historia de dos ciudades (1859)
    - Grandes esperanzas (1860–1861)
    - Nuestro común amigo (1864–1865)
    - El guardavía (1866)


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Uno de sus libros más conocidos es 'Cuento de Navidad' (A Christmas Carol en el original inglés) es una novela corta de carácter realista-gótica, escrita por el británico Charles Dickens en 1843. En ella se habla del relato de cómo una persona mala y huraña puede cambiar su actitud mediante la navidad.
Para escribir la obra, Dickens se basó en la realidad denigrante del Reino Unido durante la revolución industrial en el siglo XIX: el maltrato de los niños y jóvenes que trabajaban y estudiaban en las condiciones más crueles en la sociedad proletaria; para ello, leyó informes del parlamento británico sobre las condiciones de miseria en los menores de edad.
Dickens abogaba por una actitud más benévola y caritativa con los niños, pues las condiciones de la era victoriana les eran adversas como la prostitución, la mendicidad, el trato a los obreros y el aumento de la población a consecuencia de la industrialización del país y el colonialismo británico en el mundo.

En la parte literaria, Dickens escribió una obra similar a Cuentos de Navidad: Los papeles póstumos del Club Pickwick; publicada en diciembre de 1839.


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Charles Dickens, escribió sobre todo novela histórica, policial y humorística. Puede considerarse uno de los más grandes novelistas en la literatura moderna y un buen ejemplo de escritor de la corriente realista.



Enlaces interesantes dedicados a Dickens


En el PAÍS 'Dickens y sus fantasmas': http://cultura.elpais.com/cultura/2...525_698705.html

En EL MUNDO Especial Bicentenario: http://www.elmundo.es/especiales/20...ns/retrato.html

Ruta por Londres que todavía hoy nos recuerda las escenas de sus libros: http://www.elcorreo.com/vizcaya/oci...ens-ciudad.html


En la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Dickens



Fuentes y agradecimientos: elpais.com, elmundo.es, terra.es, es.wikipedia.org, albaeditorial.es, humbral.blogspot.com, 3.bp.blogspot.com, casadellibro.com, rincon-escritor.blogspot.com y academiaparaninfo.files.wordpress.com y otras de Internet.



 

Qué grande fue Charles Dickens... y es, sin duda un genio de la literatura; sus dotes para contar e inventar historias, eran infinitos. Es el autor inglés que más admiro, pues sus novelas son excepcionales. En el panorama internacional para mí Dickens, junto a Alejandro Dumas y Julio Verne, han sido los novelistas que más he admirado y leído
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: Dickens Y Sus Fantasmas 
 
Vida y genio de Charles Dickens


El bicentenario del nacimiento de Charles Dickens es la conmemoración del año en la literatura de todo el mundo. El autor de 'David Copperfield' <“nunca ha dejado de ser una fuerza viva”, afirma Peter Ackroyd, cuya biografía del escritor se publica ahora en español



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Peter Ackroyd, autor de <i>Dickens</i>. / JORDI ADRIÁ

Fueron solo unos meses, pero cambiaron la historia de la literatura. Acababa de cumplir 12 años cuando, el lunes 9 de febrero de 1824, empezó a trabajar en la fábrica de betún Warren, en el número 30 de Hungerford Stairs, en una zona industrial de Londres, insalubre e infestada de ratas. Las jornadas se prolongaban durante 10 horas, con una pequeña pausa para comer. El salario era de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros en la actualidad). “Fue el acontecimiento más importante de la vida de Charles Dickens”, explica el escritor Peter Ackroyd, cuya sólida biografía del novelista, Dickens. El observador solitario, acaba de editar Edhasa en España. “Es algo que siempre tuvo presente. Creo que gran parte de su energía creadora nace en esa infancia y su visión del mundo se forja en aquellos momentos”. “Todo mi ser se sentía tan imbuido de pesar y humillación al pensar en lo que había perdido que incluso ahora, famoso, satisfecho y contento, en mis ensoñaciones, cuando rememoro con tristeza aquella época de mi vida, muchas veces me olvido de que tengo una mujer y unos hijos, incluso de que soy un hombre”, le confesó a su amigo John Forster, autor de la primera biografía del escritor (The live of Charles Dickens). Forster ya señaló que el germen de David Copperfield surgió entre tarros de betún en aquellos talleres junto al Támesis. En el clásico ensayo de 1940, Dickens, The Two Scrooge, Edmund Wilson apuntaba también que aquel periodo de trabajo infantil, con su padre encarcelado a causa de las deudas, fue crucial en la formación literaria y humana del escritor.

Los 200 años del nacimiento de Dickens, que se conmemoran el próximo 7 de febrero, se han convertido en el acontecimiento literario de la temporada. Exposiciones, nuevas versiones en cine y televisión de sus libros, biografías, ensayos, representaciones. El mastodóntico Waterstone’s de Bloomsbury, una de las librerías más grandes de Londres, situada en el barrio literario y universitario por antonomasia —y en el que residió Dickens gran parte de su vida—, recibe al visitante con un escaparate lleno de títulos sobre el narrador, algunos tan contemporáneos como Charles Dickens in Cyberspace, de Jay Clayton, y otros tan sugerentes por sus ramificaciones políticas como La situación de la clase obrera en Inglaterra, de Friedrich Engels (Marx escribió sobre el autor de Grandes esperanzas que “había proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos”).

Sin embargo, todo este despliegue tiene algo de innecesario, porque Dickens jamás se ha ido. “Siempre ha estado presente, nunca ha dejado de ser una fuerza viva de la cultura británica”, señala Ackroyd, autor de numerosas biografías, de Shakespeare y de Londres (ambas en Edhasa), entre otras. “Sus novelas han sido llevadas al cine de manera constante, se han rodado series de televisión desde que tengo memoria, sus libros son reeditados y leídos una y otra vez. No creo que haya habido ningún periodo desde su muerte en que no haya sido admirado universalmente”. “Dickens está en todos los ámbitos de la cultura británica”, asegura el historiador Alex Werner, conservador del Museo de Londres, comisario de la exposición Dickens y Londres, que puede verse hasta el 10 de junio, y coautor junto a Tony Williams del libro que acompaña la muestra, Dickens’s victorian London (1831- 1901). Desde su muerte en 1870, se han publicado cerca de cien biografías, empezando por la de Forster en 1872. Estas últimas semanas han aparecido reseñas en casi todos los grandes diarios anglosajones de las dos últimas, Charles Dickens, A life, de Claire Tomalin —que ya había publicado un relato de la vida de la esposa del novelista, Catherine—, y Becoming Dickens. The invention of a novelist, un ensayo literario de Robert Douglas-Fairhurst.

Una forma de explicar la vigencia de Dickens es su presencia en una de las grandes series de televisión de la década. En la quinta temporada de The Wire, el director adjunto del Baltimore Sun pide a sus reporteros que busquen el “aspecto dickensiano” de la ciudad. De hecho, los blogueros Joy Delyria y Sean Michael Robinson lograron un considerable éxito en las redes sociales con una reconstrucción de la serie de David Simon al modo de un folletín victoriano. Recientemente, la BBC publicó en su página web un reportaje titulado Las seis cosas que Charles Dickens dio al mundo moderno: la celebración de las navidades gracias al impacto que tuvo Canción de Navidad, la denuncia de la pobreza, los personajes de la comedia moderna, el cine (no, no le confunden con los hermanos Lumière, Eisenstein dijo que los cimientos del séptimo arte fueron edificados por Griffith basándose en ideas de Dickens como el montaje paralelo o los primeros planos), los nombres de los personajes llenos de simbolismo y nuestra visión de la ley y el derecho. A esto podríamos añadir que Dickens fue un precursor de la defensa a ultranza de los derechos de autor, harto de que en Estados Unidos pirateasen sin contemplaciones sus obras, y la primera estrella de la cultura global, como explica Peter Ackroyd. “Fue muy popular entre públicos muy amplios y convocaba a multitudes cuando realizaba las giras de lectura de sus libros. En la época en que nacía la fotografía, ya era muy reconocido popularmente, y cuando realizaba sus giras por América era seguido por multitudes en la calle y se concentraban masas frente a los hoteles en los que se alojaba. En ese sentido, podemos decir que fue la primera celebridad global”.

Una búsqueda en el ISBN revela 420 títulos de Dickens vivos en todas las lenguas nacionales, publicados por editoriales tan diversas como Gadir, Nocturna, Alba, Periférica, Alianza, Planeta, Impedimenta, Ediciones B, Cátedra, Valdemar, Belaqva, Edhasa, Destino, RBA, Alfaguara, Espasa Calpe, Cátedra o Círculo de Lectores, por solo citar unas cuantas. “Su habilidad para crear personajes creíbles es una de sus grandes virtudes, junto a su enorme habilidad como narrador, su capacidad para contar historias”, explica Ackroyd. “Su talento para inventar es increíble: publicaba cada semana, cada mes, historias, esperando siempre hasta el momento mismo del cierre. Y siempre lograba mantener el interés de sus lectores”. Según su biografía, llegó a crear 2.000 personajes en sus 14 novelas (15 si contamos la inacabada El misterio de Edwin Drood), sin tener en cuenta sus numerosos relatos, ni toda su producción periodística; aunque el Diccionario de Personajes Literarios Británicos recoge solo 989 nombres. Como destaca el historiador Alex Werner, su retrato más famoso, El sueño de Dickens, firmado por su contemporáneo Robert Williams Buss, muestra al escritor, en su estudio, dormido, rodeado por sus creaciones. Oliver Twist, Ebenezer Scrooge, David Copperfield, Jacob Marley, Bill Sikes, Fagin, Pip, Miss Havisham y su mugriento vestido de novia, el señor Pickwick, la pequeña Nell, Florence Dombey, Uriah Heep, Joe Gargery, Sydney Carton, Mister Gradgrind forman parte de un gigantesco legado que vive mucho más allá de la literatura. Su herencia incluye tramas, historias e imágenes, fantasmas de las navidades pasadas, futuras y presentes, principios como: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y de la tontería, la época de fe y la época de la incredulidad, la estación de la luz y de las tinieblas, era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”. Según sus biógrafos, todo ese mundo ficticio tiene dos anclajes reales: su propia vida y la ciudad de Londres.

“Su genialidad no puede separarse de su vida. Es imposible estudiar a Dickens de forma aislada, tiene que ser observado en el contexto de su época y de su vida en Londres. De hecho, su casa estaba a unos pocos metros de aquí”, señala Peter Ackroyd, que recibe en su despacho de Bloomsbury, con su mesa de trabajo llena de libros sobre Chaplin y sobre la historia de Inglaterra, los dos temas en los que este inagotable investigador y novelista de 62 años está trabajando actualmente. Su biografía de Dickens se publicó en inglés en 1990, en dos volúmenes, con casi 1.400 páginas. Edhasa ha editado una versión posterior, acortada (700 páginas).


Dickens fue muy popular y convocaba a multitudes. En ese sentido, podemos decir que fue la primera celebridad global

En su libro de viajes por Australia, Bill Bryson relata una visita al museo dedicado al más famoso de los bandidos del outback, Ned Kelly, situado en una polvorienta localidad perdida. Y escribe: “Era tan malo que era bueno”. Siendo un poco exagerados, podríamos decir algo parecido del Museo de Charles Dickens en Londres. Es cierto que alberga la mejor colección de manuscritos y objetos del escritor y que, además, vivió allí con su familia durante dos años (entre 1837, una fecha muy simbólica porque es cuando empezó también la era victoriana, y 1839, época durante la que terminó de escribir Los papeles del Club Pickwick y comenzó Oliver Twist), lo que no se puede decir siempre de las casas-museo de los artistas. Pero no es lo que un visitante espera de un creador de la magnitud de Dickens. En su descargo se puede decir que esta vivienda, situada en una clásica calle de edificios georgianos, es museo desde 1925, lo que explicaría en parte su aire vetusto, y que las otras dos casas de Dickens en Londres, en Marylebone y en el cercano Tavistock Square, han desaparecido. En abril el museo se someterá a una ambiciosa reforma. El hecho de que cierre durante la celebración del segundo centenario del escritor y durante los Juegos Olímpicos ha provocado una cierta polémica en el Reino Unido, pero sus responsables han señalado que, si retrasan las obras, perderían los dos millones de libras concedidos por el fondo de la lotería para el mantenimiento de bienes culturales. Aparte de algunos momentos de una intensidad kitsch muy divertida —la cocina con sus quesos y pasteles falsos no tiene precio— y bastantes recuerdos y piezas interesantes, además de contribuir a la Dickens Fellowship, la casa del 48 de Doughty Street merece una visita porque permite un rápido recorrido por la vida del autor. Nació en 1812, su familia se mudó a Londres en 1820, trabajó durante un periodo de entre seis meses y un año cuando su padre se encontraba en prisión por sus deudas —“es una cosa muy desagradable el sentirse avergonzado del propio hogar”, escribe en Grandes esperanzas—, comenzó a ejercer como periodista en 1828 (un oficio que nunca abandonaría). El éxito de Los papeles del Club Pickwick le permitió dedicarse a la literatura desde 1836. Su fama alcanzó su cénit en 1843 con Cuento de Navidad. Los viajes —dos a América, además de a Italia y Francia bastante a menudo—, la participación en diferentes causas filantrópicas, la afición al teatro, las lecturas públicas que le convirtieron en un hombre muy rico —ganar dinero fue una de las grandes obsesiones de su vida—, un divorcio tardío de Catherine, con la que tuvo diez hijos, y una relación nunca aclarada con la joven actriz Nelly Ternan —Ackroyd cree que nunca llegó a consumarse sexualmente mientras que otros biógrafos consideran que sí—, sus maratonianos paseos nocturnos —caminaba durante horas y horas, a veces hasta 30 kilómetros seguidos, como quedó reflejado en uno de sus ensayos más conocidos, Night walks—, las charlas y las complicidades con amigos como Wilkie Collins y el periodismo ocuparon gran parte de su tiempo. Además, claro, de la literatura: compuso por entregas 14 novelas que desde su publicación entraron a formar parte de la conciencia colectiva de Occidente. Falleció, tras una extenuante gira de lecturas, en la tarde del 9 de junio de 1870, a los 58 años, en su casa de Kent. Como escribió recientemente en The New York Times el ensayista Verlyn Klinkenborg, “doscientos años después de su muerte, Charles Dickens sigue guardando su mayor secreto: la esencia de su energía”.


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The Charles Dickens Museum, London, detalle de la biblioteca.

Una parte muy importante de esa fuerza se la dio la ciudad en la que vivió y en la que situó la inmensa mayoría de su obra. “Londres y Dickens van juntos”, afirma Alex Werner. “Londres influyó tanto a Dickens que se puede decir que su genio dependió del entorno londinense, fue un gran visionario que vio en las calles de Londres un universo entero, de alegría, de sufrimiento. Los dos estaban profundamente conectados y entre los dos crearon el más maravilloso retrato de la humanidad en el siglo XIX”, explica Ackroyd. Pero Dickens no se limitó a describir y a captar la esencia de esa transformación: luchó por cambiar las condiciones de vida. Y en cierta medida lo logró. Como explica Steven Pinker en su magnífico e influyente ensayo The better angels of our nature, una investigación sobre el descenso de la violencia en Occidente, “Oliver Twist y Nicholas Nickleby abrieron los ojos de la sociedad sobre los malos tratos a los niños en los albergues y orfanatos”. La exposición del Museo de Londres permite percibir la ciudad en la que Dickens vivió y escribió: a principios del XIX tenía apenas un millón de habitantes, en los años setenta de ese siglo alcanzaba los 3,5. Como relata Werner, era la capital del mundo —con 1851, el año de la exposición universal, como epicentro—. Justo en esa época, la población urbana se convirtió en mayoritaria en el Reino Unido, con miles de personas llegando cada día a la megalópolis para vivir en condiciones muchas veces de una pobreza atroz (no es ninguna casualidad que Dickens, Marx y Engels escribiesen lo que escribieron en aquellos años en Londres). Ackroyd, autor de la más conocida historia de la capital británica (Londres, Edhasa, 2002), señala: “Durante su vida Londres cambió más que en ningún otro momento de su historia”. En Dickens’s victorian London, Alex Werner y Tony Williams escriben: “Supo captar todos los cambios que ocurrían a su alrededor y cuando leemos sus obras somos testigos del crecimiento y desarrollo de la ciudad moderna, con todos sus problemas asociados”.

En esa ciudad de las grandes esperanzas de Pip, la miseria infantil de Oliver Twist y David Copperfield, un joven se vio obligado a trabajar en una fábrica de betún en una sociedad que cambiaba a toda velocidad y un escritor trató de construir todo su mundo sobre ese vértigo. Como escribe Ackroyd: “En su obra lo real y lo irreal, lo material y lo espiritual, lo concreto y lo fantástico, lo mundano y lo trascendente conviven en precario equilibrio, solo resuelto por el vigor de la palabra creada. En eso consiste la magia de Charles Dickens”.

Dickens. El observador solitario. Peter Ackroyd. Edhasa.
Dickens’s victorian London. Alex Werner y Tony Williams. Ebury Press, 2011. 288 páginas.
Dickens and London. Museo de Londres. Lunes a domingo. 10.00 a 18.00. Hasta el 10 de junio. www.museumoflondon.org.uk/london-wall.
Charles Dickens Museum. 48 Doughty Street. Londres. Lunes a domingo, 10.00 a 17.00. Cerrado a partir del 10 de abril.


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Charles Dickens Museum, enlace: http://www.dickensmuseum.com/



Fuentes: cultura.elpais.com / Guillermo Altares / Peter Ackroyd y elitechoice.org
 




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Mensaje Re: Dickens Y Sus Fantasmas 
 
Dickens. El observador solitario


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Autor: Peter Ackroyd / Traducción: Gregorio Cantera / Editorial: Edhasa. Barcelona, 2011 / Nº de páginas: 704 páginas / Precio: 44,50 €



Dickens. El observador solitario de Peter Ackroyd
 
Charles Dickens (1812-1870) se libró de iniciar una incierta vida como actor teatral por culpa de un resfriado, y con ello los lectores ganaron una de las voces más poderosas, originales y talentosas que ha dado la literatura universal. Como pone de manifiesto esta excelente biografía de Peter Ackroyd, la vida del narrador más emblemático de la era victoriana es en realidad tan interesante y amena como la mejor de sus novelas.

Ackroyd consigue desenmascarar al respetable adalid de la rectutud victoriana, de la confortable vida familiar y de las normas de cortesía para mostrarnos a un hombre que arrastró toda su vida un enigmático sentimiento de pérdida, y que además de acompañar a Wilkie Collins en turbias escapadas nocturnas, llevó una vida amorosa tan complicada y poco convencional como la de cualquiera de los grandes genios del siglo xx.

Sin embargo, todo ello, así como la constante preocupación por el dinero o sus enfados por la piratería de sus libros, no tendría un genuino interés si no fuera por el modo en que los aspectos biográficos inciden en la obra creativa de Dickens, aspecto que Ackroyd se ocupa de analizar de un modo riguroso, trazando al mismo tiempo un espléndido panorama del Londres en que vivió uno de los escritores más importantes de todos los tiempos.

Por fin ha encontrado Charles Dickens un biógrafo a su altura.

En el segundo centenario de Charles Dickens, todos volveremos los ojos hacia un escritor que aúna la condición de clásico con el enorme éxito popular (que se pone de manifiesto, por ejemplo, con la contínua adaptación teatral y cinematográfica de su obra). La actualidad y vigencia de su legado está fuera de toda duda, y se ha visto con la reiterada referencia a sus luchas legales con los impresores cuando se han discutido cuestiones de derechos de autor, porque puede decirse que Dickens fue el primer escritor profesional consciente de lo que ello comportaba (por ejemplo, la necesidad de promocionar su obra y percibir una retribución acorde con su éxito).

Además, probablemente la de Dickens no es sólo la vida más intensa e interesante de entre los escritores victorianos, sino también una de las más apasionantes y peor conocidas del siglo XIX.



 
 
La vida de Dickens, sin duda tuvo que ser muy apasionante, el libro tiene buena pinta, pero el precio se me hace caro.



edhasa.com
 




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Mensaje Re: Dickens Y Sus Fantasmas 
 
Un relato paso a paso

 

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"Londres y Dickens van juntos", afirma Alex Werner / "Londres y Dickens van juntos", afirma Alex Werner. "Entre los dos crearon el más maravilloso retrato de la humanidad en el siglo XIX", explica Peter Ackroyd.
 
Hay que celebrar la muy oportuna edición de esta biografía de Charles Dickens que, aunque ya tiene veinte años a sus espaldas, es, sin duda, la más completa y rigurosa hasta la fecha. Peter Ackroyd tiene una merecida fama como biógrafo, pero, además, es un excelente novelista, lo cual beneficia notablemente al libro, tanto por la calidad de su escritura como por la atractiva comprensión del personaje y de su obra. En una ocasión califiqué a David Copperfield de "la novela más novela de todas las novelas" y me atrevo a decir que su autor es el novelista por excelencia del siglo XIX, es decir, del siglo en que la novela sentó su canon a partir de lo que, en el fondo, no era sino literatura popular. La lectura de esta biografía no hace más que reafirmar mi convicción pues de ella se desprende que la suya es la imagen del narrador por antonomasia. Peter Ackroyd ha centrado su trabajo en dos asuntos primordiales. De una parte, es de admirar el modo en que reúne vida y obra sin dejarse llevar por una rígida interpretación biográfica de sus novelas sino que, mucho más ampliamente, acompaña el relato de su vida, de su vocación y de su ambición aplicando de manera oportuna y significativa los textos y referencias que dan cuenta de su creación y elaboración. Podríamos decir que sigue a Dickens a través de sus obras y a sus obras a través de Dickens. De hecho, el testimonio de Dickens enseñando a los Fields, sus editores americanos, los lugares donde transcurren escenas de algunas de sus novelas es el apoyo de lo que Ackroyd utiliza con habilidad a lo largo del libro. De otra parte, es decisiva la atención que dedica a lo que llamaríamos el hercúleo esfuerzo y la entrega total de Dickens a su obra, dejándose la vida en ello. No sólo por lo que respecta a las novelas sino también a su labor de editor de revistas literarias y de lector en público. La popularidad de Dickens en Europa y América se debe tanto a sus libros como a sus giras de lectura "en vivo", a menudo de dos horas, él sólo en escena, aliviándose del esfuerzo con una copa de champán y una docena de ostras apuradas en el entreacto.


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El sueño de Dickens, obra inacabada de Robert Williams Buss (1804-1875).- THE CHARLES DICKENS MUSEUM

El retrato de Dickens muestra la admiración que por él siente el autor, pero también el rigor con que templa esa admiración. No es complaciente, pero es luminoso. E incide con acierto en la cualidad de observador de Dickens. "El horizonte de la portentosa imaginación de Dickens era bastante limitado", afirma; por eso la mirada que el autor concentra sobre sus escenarios y personajes es tan aguda, porque extrae todo lo que es imaginativamente significativo dentro de ese mundo limitado, lo cual, unido a una memoria fotográfica de lugares y personas cercanos y a su tremenda disciplina, da lugar a una obra tan extraordinaria. Dickens es un superviviente que nunca olvidará su pasado de pobreza y humillaciones; es testarudo, obsesivo, minucioso, no siempre objetivo. Como niño desamparado, su atención se volcará siempre en favor de los desamparados. Es un radical en lo social y un hombre de peso en la opinión pública. Ackroyd marca muy bien los tiempos de su evolución. Los inicios, marcando ya territorio con el tono satírico y el relato lineal de escenas de Pickwick y el tono melodramático, que incluye romanticismo y misterio, de Oliver Twist. El cambio hacia una mayor complejidad a partir de Copperfield, en el que también tiene que ver la aparición de una estimulante competencia (las Brönte, Thackeray...). Los miedos del pasado, las decepciones familiares (que no la falta de amor por ellos) que van oscureciendo cada vez más sus temas (Casa desolada, Grandes esperanzas), la injusticia social que ve a su alrededor... La evolución de su vida y obra va apareciendo ante los ojos del lector paso a paso, de manera fascinante, porque Ackroyd consigue -y este es su gran mérito- colocarnos en la perspectiva del escritor sin perder la distancia que se exige al biógrafo. "En cuanto a la tranquilidad, algunos desconocemos el significado de esa palabra". Lo que corresponde a esta afirmación es la entrega, tanto a su obra como a su público, que lo adoraba. Pero su vida no es sólo una dedicación que acabó por agotarlo; es también -y está muy bien contado- el desasosiego íntimo que le hace pasear, salir de casa, internarse en la noche, las caminatas de kilómetros, el corsé de la vida doméstica, la tremenda separación de Catherine, la decepción de los hijos -salvo Henry- y el cariño con que los apoya a pesar de todo, las distancias y los reencuentros, los amigos, acabamiento físico... Este libro es, en verdad, una vida contada, y de nuevo agradecemos que Ackroyd sea novelista y sea a la vez tan riguroso. Su lectura, inexcusable para amantes de la literatura, es el merecido homenaje que podemos rendir, dos siglos después -dos siglos que lo acreditan-, al más grande de los narradores.



Fuente: cultura.elpais.com / JOSÉ MARÍA GUELBENZU
 




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Mensaje Re: Dickens Y Sus Fantasmas 
 
Dickens contra la piratería



Vampirizado por la industria, el autor era una estrella en Estados Unidos.



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Charles Dickens (1812-1870).- LEBRECHT / CORDON PRESS

Cuando regresó de visitar Estados Unidos por primera vez, Charles Dickens dio rienda suelta a su desilusión con el país en dos libros, la mezcla de ensayo y libro de viajes Notas americanas y el melodrama familiar Martin Chuzzlewit. La segunda gira de Dickens por el país norteamericano se produjo aproximadamente 25 años más tarde, en 1867. Al volver a casa en esa ocasión, Dickens se puso a escribir (pero no terminó) El misterio de Edwin Drood. Este libro no hace mención alguna de Estados Unidos. La mayor parte de la acción se desarrolla en la ficticia ciudad inglesa de Cloisterham. Sin embargo, al examinarlo con detalle, ¿se advierten huellas de la última experiencia americana de Dickens en su última y famosa novela?

La relación de Dickens con Estados Unidos fue lo bastante conflictiva como para que un estudio de los años ochenta del siglo XX se titulara Charles Dickens's Quarrel with America (La disputa de Charles Dickens con América). Podríamos calificarla más bien de negociación, una negociación que se prolongó durante 30 años, y que nunca se resolvió del todo. Por un lado, Dickens contaba con muchísimos lectores en Estados Unidos y, en su primer viaje con su esposa Catherine, le agasajaron con mucha más extravagancia de lo que había vivido en Inglaterra. Hubo un "baile en honor de Boz" (seudónimo que utilizaba a veces), con un surrealista decorado formado por actores vestidos como personajes de Dickens y dispuestos en retablos sacados de sus libros. El propio escritor, que adoraba la adulación, pensó que aquello era exagerado.

Los problemas entre el novelista y mi país tenían sus orígenes en las leyes de EE UU. La ley sobre derechos de autor protegía solo a los escritores estadounidenses; los editores tenían libertad para publicar libros de autores británicos sin pagar derechos. Dickens perdió un dinero incalculable, pero su fama se extendió por todo el país como un reguero de pólvora porque el precio barato de los libros hacía que los pudiera comprar todo tipo de lectores. Aun así, Dickens, como es lógico, se lanzó a la ofensiva y, durante su primera visita, pronunció varios discursos sobre la necesidad de cambiar la ley. Ni esas charlas ni la posterior publicación de Notas americanas sentaron bien en la prensa, que acusó a Dickens de codicia. Cuando el novelista regresó a su país, vio una manera inteligente de vengarse de sus adversarios. Consciente de que los periódicos estadounidenses iban a piratear automáticamente las entregas de su novela Martin Chuzzlewit, empezó a escribir nuevos capítulos en los que su protagonista iba a Estados Unidos y sufría allí una serie de cómicas desventuras en las que los mismos periódicos que estaban publicando la novela quedaban como ladrones.

Resulta interesante pensar que, entre Chuzzlewit y las Notas, los sentimientos de Dickens sobre Estados Unidos le dieron material para escribir durante dos años. Por eso, al observar su segunda gira por Norteamérica, que duró cinco meses entre 1867 y 1868, es lógico preguntarse si algún elemento de sus experiencias más recientes contribuyó también a inspirar su siguiente novela. Cuando le preguntaron en Boston si quería ver algún sitio, pidió que le llevaran al escenario del asesinato de Parkman, en la Facultad de Medicina de Harvard. Se trataba de un famoso incidente ocurrido en 1849: se suponía que el profesor de Harvard John Webster había asesinado a un acreedor suyo, Francis Parkman, que además era benefactor de la universidad, y luego había escondido el cuerpo en la caldera. La visita de Dickens a su laboratorio -"horriblemente siniestro, privado, frío y silencioso", según dijo- pudo inspirar tal vez algunas ideas para la historia de John Jasper y Edwin Drood.

El nexo más fascinante entre la gira y la novela inacabada no es quizá lo que hizo Dickens en Estados Unidos, sino dos cosas que no hizo. Cuando Dickens partió hacia América quería llevarse con él a Nelly Ternan, la joven con la que mantenía una relación desde que repudiara a Catherine Dickens, casi diez años antes. Seguramente todos, menos Dickens, eran conscientes del enorme escándalo que se crearía si se paseaba por Estados Unidos acompañado de una actriz de 28 años. Dickens escribía sobre valores hogareños, y ese fue uno de los motivos por los que nunca quiso divorciarse. Pese a su arrogancia, ni siquiera él estaba seguro de qué hacer; había acordado una clave telegráfica secreta con su colega Wills para hacer saber a Nelly cuándo podía reunirse con él. Pero, después de su llegada, el telegrama que envió fue negativo: Nelly debía quedarse en Europa. Quizá tuvo una epifanía la primera noche, cuando un camarero del hotel en Boston dejó abierta la puerta mientras Dickens cenaba para que la gente pudiera verle. Aquel pequeño instante le resultó tan memorable como para incluirlo en El misterio de Edwin Drood, cuando una alumna de Miss Twinkleton, ansiosa por ver a Edwin, "le observa entre las bisagras de la puerta abierta, dejada así a propósito". La segunda omisión notable en la gira de Dickens está relacionada con su hermano menor, Augustus Dickens, que de niño pronunciaba mal su apodo, Moses, y así había dado lugar al sobrenombre Boz con el que se conoció a Dickens en los primeros tiempos de su fama. Augustus, que murió el año anterior a la última gira americana de Dickens, había abandonado en Inglaterra a su esposa ciega, Harriet, para irse a vivir a Chicago con una mujer más joven. Cuando Dickens renunció a visitar dicha ciudad, probablemente porque su salud estaba empeorando y estaba agotado, los periódicos de Chicago criticaron al novelista y dijeron que lo que había querido evitar era la vergüenza de ver a la viuda de Augustus y que se negaba a ayudarla a pesar de los beneficios de sus conferencias (Dickens ganó 150.000 dólares en la gira). El escritor replicó que sí ayudaba a la señora de Augustus Dickens, la auténtica, la abandonada en Inglaterra por el hermano descarriado. La viuda de Chicago se suicidó al año siguiente.


En EE UU la ley protegía solo a los estadounidenses. Los editores podían publicar a autores británicos sin pagar derechos

Dickens evitó la controversia en su segundo viaje a Estados Unidos, no solo manteniendo al margen a Nelly, sino también evitando toda agitación sobre la ley de derechos de autor. La publicación de El misterio de Edwin Drood iba a tener un papel importante en ese tira y afloja constante con los editores estadounidenses. Dickens anunció que la editorial de Boston Fields, Osgood & Co. tenía autorización para publicar Drood en Estados Unidos y que él iba a recibir los derechos de las ventas del libro. Hasta entonces, los editores solían pagar un adelanto por las pruebas de imprenta, pero nada más. El acuerdo respecto a Drood desató en la prensa una ola de encendidos debates que denominaron la "Controversia de Dickens" y aumentó las expectativas ante la publicación de la obra. Sus gastos familiares se habían disparado, por la necesidad de mantener a Catherine, en virtud de su acuerdo de separación, y en cierta medida a sus ocho hijos vivos, "mis chicos, condenados a tener mala salud", e incluso a su hija casada, Kate, cuyo marido era un pintor también enfermizo. Las posibilidades económicas de Estados Unidos -que Dickens llamaba "un territorio dorado para ir de gira"- y la publicación de El misterio de Edwin Drood formaban parte de sus ambiciosos planes para asegurar el futuro de su familia.

Antes de que Dickens se fuera a EE UU, le habían despedido con una cena sus amigos y familiares, entre ellos su hijo Sydney. Igual que Drood, que está deseando, con apropiado espíritu colonialista, "despertar ligeramente a Egipto", e igual que otros hijos de Dickens, Francis, Alfred, Plorn y el difunto Walter, Sydney se dedicó a viajar por el mundo. Había heredado la maldición de su abuelo paterno, John Dickens, y dejaba enormes facturas sin pagar. Entonces, los acreedores iban en busca del famoso novelista. Las deudas se acumularon hasta tal punto que Dickens prohibió a Sydney que volviera a casa, y llegó a escribir sobre él en una carta: "Empiezo a pensar que desearía que estuviera muerto". El contraste debía de ser impresionante: Dickens, que agotaba su salud viajando para ganar dinero con el que mantener a su familia, y Sydney, que navegaba por el mundo dejando a su paso deudas y ruina, aprovechando su nombre. Quién sabe si la desaparición de Edwin Drood fue un intento consciente de plasmar una especie de recreación ficticia -como alivio o como penitencia- de su deseo de que estuviera muerto, o de la desaparición y muerte anteriores de otro hijo también dado a las deudas, Walter; en cualquier caso, la violenta ruptura que sufre la familia en Drood es un reflejo de su desintegración familiar.

¿Habría servido para mantener unida a su familia la combinación de la gira por Estados Unidos y la esperada publicación de Drood? Independientemente de cuál iba a ser el final de la novela, este es el misterio que Dickens no pudo ver resuelto.


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Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Matthew Pearl (Nueva York, 1975) reedita su libro El último Dickens. Alfaguara, 2012. 488 páginas. 22 euros.

Ver comentarios de 'El último Dickens' en el foro de xerbar: http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=10143



Fuente: cultura.elpais.com / MATTHEW PEARL
 




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Joyas traducidas de Dickens



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Oliver Twist de Charles Dickens. Alba Editorial
 
Dickens ha sido traducido a nuestra lengua con variada fortuna, pero en todo caso puede decirse que la mayoría de su obra ha sido objeto de atención por los editores españoles. De entre todas las traducciones que pueden encontrarse en las librerías destacan en primer lugar las que ha llevado a cabo Alba Editorial, a cuya espléndida colección de clásicos pertenece la mejor y más completa publicada hasta ahora de David Copperfield, firmada por Marta Salís, que incluye las ilustraciones originales de Phiz.

También destaca la traducción de Oliver Twist a cargo de Josep Marco Borillo y el equipo de la Universitat Jaume I de Castellón, con las ilustraciones originales de George Cruikshank. Grandes esperanzas está a cargo de R. Berenguer y acaba de aparecer una espléndida versión de La pequeña Dorrit a cargo de Carmen Francí e Ismael Attrache. El primero y el tercero se encuentran también en la edición popular denominada Alba Minus.

Dos editoriales de bolsillo han sido pioneras en la difusión de la obra del gran narrador inglés: Austral y Alianza Editorial. En Austral hay un David Copperfield traducido por Carmen Abreu con prólogo de un fan irredento, Juan Tébar. Castalia ofrece un Copperfield en versión del más dickensiano de nuestros autores: Benito Pérez Galdós, aunque traducido del francés. Alianza ofrece un buen Pickwick traducido por M. Ortega y Gasset y existe otra versión más moderna, debida a José María Valverde, en DeBolsillo, ciertamente apreciable y que también se encuentra en tapa dura en Clásicos Mondadori. Alianza ha publicado, además, Historia de dos ciudades, en buena versión de Salustiano Masó, y Tiempos difíciles, en traducción impecable de José Luis López Muñoz, entre otras.

Otras obras mayores encontrables en librerías son: Tiempos difíciles, en RBA, bien traducida por Ángel Melendo con una excelente introducción de Dámaso López. Casa desolada, a elegir entre la estupenda y pionera versión de Fernando Santos en Alfaguara y la muy reciente de José Rafael Hernández Arias en la cuidada edición de Valdemar. Su última novela, Nuestro común amigo, tiene también dos traducciones a elegir, la de C. Miró en Espasa y la más reciente de Damián Alou en Clásicos Mondadori, ambas recomendables. No he encontrado traducciones, ni fiables ni no fiables, de Nicholas Nickleby, de Martin Chuzzlewit y de Dombey e hijo.

En cambio, acaba de aparecer una cumplida versión de Bernardo Moreno Carrillo de La tienda de antigüedades en Nocturna y otra de Barnaby Rudge por Ramón González Férriz en La Otra Orilla, las únicas existentes. Y ahora vamos con unas pequeñas joyas pretendidamente menores. La primera, claro, Canción de Navidad, la encontramos en edición bilingüe en Homo Legens y firmada por un valor seguro: José Luis López Muñoz. No debe confundirse con la titulada Canciones de Navidad, que Espasa ha extraído (y revisado) de sus inagotables fondos y que contiene los estupendos relatos con que anualmente obsequiaba Dickens a los lectores.

Y no menos estupendos son los relatos de fantasmas reunidos bajo el título Para leer al anochecer, editados por Impedimenta y bien traducidos por Marian Womack y Enrique Gil-Delgado. Como curiosidad, la edición de Páginas de Espuma de Memorias de Joseph Grimaldi. Además, se pueden encontrar las Estampas de Italia, bien traducidas por Ángela Pérez para Alba, y las Notas de América en Ediciones B.

Por último, dos volúmenes de cuentos de los colaboradores de su revista, incluido él mismo (Una casa en alquiler y La señora Lirriper, en Alba) y Escenas de la vida de Londres (Abada editores) con las legendarias ilustraciones de George Cruikshank.



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David Copperfield. Colección: Minus / Traducción: Marta Salís / Encuadernación: Rústica / ISBN: 97884-84286783 / Páginas: 1027

Para conmemorar el Año Dickens 2012 Alba publica en edición de bolsillo la monumental obra de Charles Dickes, David Copperfield. Una obra clave de la literatura universal. Desde su publicación por entregas entre 1849 y 1850, David Copperfield no ha dejado más que una estela de admiración, alegría y gratitud. El lector tiene ahora la ocasión de recuperar esa experiencia secreta gracias a la nueva y excelente traducción íntegra de Marta Salís, la primera en español en más de cincuenta años de una obra de la que, sin ningún género de duda, cabe afirmar que es clave en la literatura universal.

Ver la obra de Dickens en Alba Editorial, enlace: http://www.albaeditorial.es/php/sl....qry=86&pagout=0



Fuentes: elpais.com / J. M. Guelbenzu y albaeditorial.es
 




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Inglés, de los pies a la cabeza



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Retrato de Charles Dickens. Museum of London

Su universo se redujo a Londres, Yorkshire o Brighton y, sin embargo, 200 años después de su nacimiento, Charles Dickens (Portsmouth, 1812-Londres, 1870) sigue ocupando uno de los primeros puestos en la literatura universal. Su prosa, clara aunque con los circunloquios propios de su época, denunció sin ridiculizar las condiciones de vida de una metrópoli que seguía siendo capital del mundo. Pero en la que muchos morían de hambre y de miseria.

El padre de David Copperfield, de la pequeña Dorrit o del Señor Scrooge supo reflejar esos años a la manera de un cronista, como había hecho en su labor como taquígrafo del Parlamento. Desde la cómoda perspectiva de su fortuna —dejó a sus hijos una herencia de ocho millones trescientas mil libras de 1870—, a Dickens no le contaban lo que ocurría fuera ni fantaseaba con lo que podría ser. Salía a las calles para verlo. Famosos son sus largos paseos, muchas veces nocturnos, por las zonas menos recomendables de Londres y su viaje, por ejemplo, a Yorkshire para ver por qué morían tantos jóvenes en la residencia de ese condado. Una visita, también al cementerio, que le costó un pleito y que fue germen de Oliver Twist.

En su última biografía publicada en España, 'Dickens. El observador solitario' (Edhasa), el británico Peter Ackroyd hace un retrato del genio inglés que no oculta sus manías ni su ego desmedido (el que le llevó a hacer giras interminables con lecturas de sus relatos en la última parte de su vida), pero que nos revela a alguien que se preocupó por las clases más humildes y que, a la vez, estaba fascinado por los progresos tecnológicos de una sociedad que recibía a la modernidad. «Cuando iluminan las calles con farolas de gas, Dickens lo compara con la llegada de Julio César o la firma de la Carta Magna», explica Gregorio Cantera, traductor precisamente de esta biografía y de 'Cuentos de Navidad' (los cinco relatos originales) y 'Oliver Twist' para la misma editorial.

Su denuncia provenía de sus orígenes y también de su adhesión a lo que entonces se llamó radicalismo, una corriente en la que también estuvieron sus compatriotas Percy Shelley (esposo de Mary Shelley, autora de 'Frankenstein') o Lord Byron. Dickens tuvo que pasar muchas horas de trabajo malpagado en una fábrica de betún para llevar algún dinero a casa y sobrevivir en una fonda de mala muerte. En unos momentos, además, que el hogar de los suyos era la prisión en la que su padre, John, penaba por sus deudas. Porque, en aquellos días, toda la familia se iba a vivir con el preso.

Este trabajo formó su conciencia (lo dejó cuando su padre salió de la cárcel) y dio consistencia a la manía que siempre sintió por su madre, Elizabeth, que fue quien insistió en que ganara el sustento de todos. Por otro lado, el radicalismo denunciaba que las estructuras estaban caducas, que la Justicia era un proceso tortuoso e interminable y que había que reformar un sistema totalmente injusto. Que no podía permitirse el hacinamiento ni que los más pobres tuviesen que vivir de los robos o de la prostitución de sus hijos. Él lo hizo a través de sus personajes: «Están totalmente encarnados. Al final de su vida, vienen a verle sus editores americanos y les enseña los sitios reales: dónde ha situado determinada escena de 'Oliver Twist' o de 'David Copperfield'».

«En 'Cuentos de Navidad', por ejemplo —recuerda Cantera—, los niños son indigencia e ignorancia. 'Oliver Twist' está situado en las zonas más insalubres de Londres, en los focos de la peste». Miseria hasta un grado hoy difícil de imaginar: el Támesis era la tumba de muchos cuerpos y foco de un hedor repugnante (en 1858, el Parlamento tuvo que hacer acopio de sábanas con lejía porque nadie podía respirar). Y, al mismo tiempo, los pobres comían restos de animales muertos, como perros o caballos, que había en su cauce.

A Charles Dickens, además, lo leyeron los más poderosos y los más humildes. La reina Victoria era su seguidora y quiso hacerlo Sir. En una entrevista personal con ella, hablaron de los precios de la carne y de lo caro que estaba el servicio (Dickens no dejaba de ser una persona rica). Pero también tenía cautivadas a las clases populares: «La gente más humilde, aunque no supiera leer, reunía el dinero para comprar el folleto (las novelas eran por entregas) y que alguien se lo leyera en grupo», recuerda el traductor. «Veían que era como ellos vivían, pero sin burlarse ni adornarlo. Nunca perdió el espíritu de cronista».

Como en 'Tiempos difíciles', cita Cantera, donde refleja la huelga patronal de los telares («El primer 'lockout'») en la que los obreros no podían llevar comida a sus hijos porque llegaban a la fábrica y las máquinas no funcionaban. «Al mismo tiempo, idealiza un poco su propia vida, como hizo en 'David Copperfield'». ¿Y qué tenía su prosa para seducir a unos y a otros? Gregorio Cantera cita la elegancia de la primera frase de 'Grandes esperanzas' [«Como mi apellido es Pirrip y mi nombre de pila Felipe, mi lengua infantil, al querer pronunciar ambos nombres, no fue capaz de decir nada más largo ni más explícito que Pip»]. «Yo creo que era un inglés puro. Ese espíritu reservado, sardónico y a veces irónico; pero poniendo siempre el dedo en la llaga con educación. Es un inglés de la cabeza a los pies, hasta en la forma extravagante de vestirse y en su pasión por el teatro. Ackroyd lo dice en el prólogo, al igual que hay escritores que reflejan el alma rusa, este señor los reflejó a ellos».


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Busto de John Dickens ante un cuadro de su hijo, Charles, en la Casa Museo natal del escritor.



Fechas clave de Charles Dickens


- 7.02.1812. Nace en Portsmouth Charles John Huffam Dickens, segundo hijo de John y Elizabeth Dickens.

- 1820. La familia se traslada a Londres.

- 1824. Comienza a trabajar en la fábrica de betún mientras su padre está encarcelado.

- 1831. Cronista parlamentario.

- 1833. Primer relato: 'A dinner at Poplar Walk'.

- 1836. Primeras series de 'Los papeles del club Pickwick' y boda con Catherine Hogarth.

- 1837. Inicia 'Oliver Twist' y nace su primer hijo, Charley.

- 1839. Primeros capítulos de 'Nickolas Nickleby'.

- 1842. Visita EEUU y publica 'Notas de América'.

- 1843. 'Cuentos de Navidad'.

- 1849. Empieza 'David Copperfield'.

- 1853. Primera lectura pública.

- 1854. 'Tiempos difíciles'.

- 1857. Publica 'La pequena Dorrit' y conoce a la joven actriz Elle Ternan.

- 1858. Se separa de su esposa.

- 1860. Publica 'Grandes esperanzas'.

- 1864. Se edita 'Nuestro común amigo'.

- 1868. Tour de lecturas en EEUU.

- 1870. Primeras entregas de 'El misterio de Edwin Drood', su novela inacabada. Muere el 9 de junio y lo entierran en el Rincón de los Poetas de la abadía de Westminster (fechas seleccionadas para la exposición 'Dickens and London'. En el Museo de Londres hasta el 10 de junio de 2012).


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Dickens leyendo a sus hijas, Mamie y Katey, en el jardín de Gad's Hill. (Cortesía de Edhasa)


por VIRGINIA HERNÁNDEZ / elmundo.es
 




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Modales de pre-indignado



deromanpolanskide2005

Cartel del filme 'Oliver Twist' de Roman Polanski de 2005.

Charles Dickens es uno de esos escritores convencidos de que antes de sentarse a untar el folio hay que dar una vuelta por la vida. No exactamente entregarse con locura a vivir, basta con rodear el presente por los adentros y regresar después a casa a contarlo como más o menos lo has visto.

A Dickens, probablemente, no le entusiasmaban los vaivenes y peajes del tiempo en que le tocó estar aquí. Es una cuestión de óptica. Hay días que miras la calle y ésta aparece desenfocada. Y no hay remedio. A Dickens le sucedía a menudo. Observaba aquella sociedad victoriana, sus modales de almidón, su cinismo envasado, los vicios de su cháchara, su impostura, qué sé yo... Contemplaba todo aquello, decíamos, y entonces le salían unas páginas muy enfadadas que no estaban pensadas para educar sobre nada, sino para denunciar todo eso de afuera que malformaba el espíritu de la gente. Por ejemplo, recordad 'Oliver Twist'. Uno sólo puede entender este libro inflamable si asume que su autor estaba en verdad mosqueado. Indignado, que es una palabra comodín con usos múltiples, como las navajas suizas. (Su eficacia es igual para una soflama antisistema que para levantar acta de un gin tonic 'cortado' con un chorro letal de Pulco/limón para las paellas).

Sabía Dickens de lo que hablaba en la que fue, junto a 'Cuento de Navidad' y 'David Copperfield', su novela talismán. Vino a descerrajar en 'Oliver Twist' un hostión vergonzante contra aquel Londres encharcado de clase media —incipiente burguesía— que asentaba sus líneas de conducta en un rencor de clase del que hasta no hace demasiado aún no nos habíamos repuesto del todo (ni ellos, ni nosotros). Un muchachito de suburbio es quien nos taquigrafía ahora el mundo. El estado de las cosas. Y nos sube la temperatura. Algo así como el 'Lazarillo' de esa otra hambruna o miseria de las urbes que se disponen a ser modernas sin marcha atrás. Víctima del expresionismo feroz de los guetos, donde sobrevivir exige chapodar al pobre de al lado. Dickens hizo la primera novela social donde un niño denuncia. Dickens trazó un rap de polígono muy siglo XIX, antes del rap y de los polígonos. Un poema en crudo.

Volver a esta novela es comprobar el grado de resistencia y aceptación del mal. Y la tiranía de los desagües de la vida. De las letrinas de la sociedad. Su ambigüedad. Su hipocresía. Su ceguera. El velcro en boca de la peña. Dickens es aquí una suerte de indignado puntual, de descontento a tiempo completo. Un escritor que pone en limpio lo monstruoso con la pólvora de una prosa bien armada, sacándole a las escenas lascas de ironía. Dejando a veces en lo alto de la tristeza un pájaro de risa que escuece y canta en contra. Por 'Oliver Twist' cruza un convoy de pedigüeños, usureros, desdentados, barraganas, hombres/rata... Toda la desmemoria de las sociedades industriales. Los invisibles. Los olvidados (por decirlo a lo Buñuel).

Y todo eso que cuenta Dickens es su propia infancia rehabilitada en literatura. El desprecio. La miseria. La danza minuciosa y tentadora del robo, del homicidio, del extravío. Aquello que deja marcas en la piel y adultera el corazón. La suya es la mirada contrapuesta a esa presunta generosidad todavía romántica de las grandes ciudades. Él atravesó de niño este infierno insalubre, huroneó en la basura con un gancho casero. Se tiznó las manos de limosna y manipuló silenciosamente los mendrugos en los callejones para no ser asaltado por la turba despierta del hambre.

Hay que leer a Dickens. Este 'Oliver Twist' es un hip hop abrasivo. Sin soflamas. Sin pancartas. Sin sentadas. Sin manifas. Sin ánimo redentor. Tan sólo da cuerda a la exaltación de la mierda moral de aquella sociedad victoriana que no ha dejado de mutar hasta nosotros, para que nos avergoncemos un rato. Y lo hace sin desplegar sugerencias constructivas. Sencillamente apuntando con el índice, describiendo al galope. Para que intuyamos lo que siente un niño al echar a la altura de tu bolsillo su gorrita de pordiosero, mientras el espíritu gentil de la infalible economía despliega sobre nuestras biografías, tan zumbonas, un 'zeitgeist' de domingos con buen sol, un 'alto sentido del compromiso', un éxtasis de paseantes por el lado amable de la vida y una excelente calidad en los pañuelos de papel para los mocos.


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Portadas de distintas ediciones de Oliver Twist



por ANTONIO LUCAS / elmundo.es
 




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Mensaje Re: Dickens Y Sus Fantasmas 
 
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La realidad más dura, ayer y hoy




dibujo2pv


Algunos los sufrió. Otros los vivió. Todos los denunció. Dickens plasmó la realidad más dura de la naturaleza humana

dejando paso a sus tormentos. Males que azotaban la sociedad del XIX y que hoy la siguen zarandeando.



Explotación infantil

Humillación, abandono, soledad, todo ello aderezado con la losa del trabajo. Sí, un niño es el protagonista de esta secuencia. «Yo no recibía ningún consejo, ningún apoyo, ningún estimulante, ningún consuelo, ninguna asistencia de ningún tipo, de nadie que me pudiera recordar. ¡Cuánto deseaba ir al cielo», reza David Copperfield. El hijo predilecto del autor vio la luz en 1849; más de un siglo y medio después, desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertan de que más de 215 millones de menores están trabajando —un 40,2%—. De las condiciones mejor ni hablar. O sí. 115 millones realizan trabajos forzosos, tareas peligrosas como siervos o son sometidos a explotación sexual.


Delincuencia

Dickens disecciona y saca a la luz lo peor del ser humano; también lo mejor. En 'Oliver Twist' —anterior a 'David Copperfield'—, el escritor fue un paso más allá. A la soledad del huérfano y al trabajo infantil, añadió la delincuencia. No hay necesidad de mirar hacia la Inglaterra victoriana para enfrentarnos con esta realidad, basta con echar un vistazo a la prensa. Los abusos y la explotación de menores por mafias no se reducen a carteristas. Utilizados como piezas clave para introducir droga, unos; como gancho para despertar la conciencia de la gente, otros. Y en el extremo, los niños soldado —según datos de Unicef y otras organizaciones, se estima que hay 300.000 niños y niñas menores de 18 años que participan en más de 30 conflictos armados en todo el mundo—. Al igual que 'Oliver Twist', demasiados menores siguen buscando hoy su lugar en la sociedad.


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Escenas de 'David Copperfield' (1935), de George Cukor, y 'Oliver Twist' (2005), de Roman Polanski.



Prostitución

La muerte Nancy en 'Oliver Twist' no dejó  mucha huella en los lectores. Fue años después cuando Dickens decidió elevar el asesinato (real) de esta prostituta a categoría de novela ('Murder of Nancy'). Dickens humaniza a estas mujeres y las muestra como víctimas del sistema de la época. Pero de nuevo, no hablamos de épocas. La vulnerabilidad de este colectivo sigue latente, a merced de proxenetas, mafias o de la necesidad económica. Invisibles para la sociedad, medio millón de mujeres son explotadas en los mercados europeos de prostitución, según la Asociación para la reinserción de la mujer prostituida (APRAMP), que recoge datos de la Organización Internacional de Migraciones.


Desigualdad, ambición, dinero...

Podría ser el argumento de cualquier novela ambientada en el siglo XXI. Pero no, son los ingredientes de 'Grandes Esperanzas', considerada por muchos expertos la obra más perfecta del británico. Cuestión de valores, de esencia. En ella, Dickens desgrana el precio que hay que pagar para ascender en la escala social. Dos siglos después, los estratos sociales no están tan marcados por la sangre, o el abolengo, pero sí por el dinero. Elemento que tampoco se le escapó a Dickens y que mueve su obra 'Nuestro común amigo'.


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Leanne Rowe fue Nancy en el filme de Polanski. Jean Simmons y Martita Hunt, en 'Cadenas rotas', de David Lean (adaptación de 'Grandes esperanzas').



La avaricia y sus consecuencias

Enriquecerse a costa de lo que sea o de quien sea es la meta de Ebenezer Scrooge, el protagonista de 'Canción de Navidad'. De nuevo la denigrante situación de la clase proletaria y el maltrato a los niños y jóvenes trabajadores, bajo su pluma. La avaricia sin límites y la insolidaridad enmarcan este relato, donde su protagonista se diferencia poco o nada de algunos empresarios actuales. Trabajadores sin papeles, sin contratos, en condiciones deplorables... No hay cifras ni estadísticas exactas, pero según datos manejados por la UE, entre 1,9 y 3,8 millones de irregulares residían en los 27 estados en 2008. Gran parte de ellos trabajando sin papeles, siendo así más vulnerables a la explotación y la discriminación. Dejando a un lado los extremos, hay otras situaciones laborales también cuestionables. En 2009, un estudio cifraba en más de 2 millones las personas que padecían en España acoso psicológico habitual en su ambiente laboral.


Desgobierno y corrupción

Un gobierno incompetente, una sociedad hipócrita y un sistema caduco. La ineficiencia y la corrupción no entienden de siglos. Ya los denunciaba Dickens en 'La pequeña Dorrit', la sátira que también le dedica su espacio a la banca. Dickens centra la acción de esta obra en la cárcel de deudores y evidencia el absurdo de encerrarlos, sin posibilidad de trabajar, hasta que no pagaran sus deudas. Pone en la picota la «innecesaria» burocracia de la Hacienda británica creando un 'Departamento del Circunloquio' para 'no hacer nada' y describe cómo uno de los protagonistas pierde su fortuna tras invertir en el banco Merdle, supuestos visionarios de las finanzas, que resultaron no serlo tanto. ¿Suena familiar?


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Jim Carrey fue Scrooge en 2009. Y Claire Foy fue 'La pequeña Dorrit' en la serie televisiva de la BBC.



La (in)justicia

Dickens arremete contra el sistema judicial y sus fallos en 'La casa desolada'. Leyes obsoletas, procesos lentos y eternos... La frustración social con este poder era tal, que el autor no dudó en emplear mano dura —algo en lo que también influyó su experiencia como empleado de justicia—. Años después, en 1870, llegó una reforma. La decepción con el sistema judicial sigue de actualidad: el 64,5% de los españoles no confía en la Justicia, según una encuesta realizada en 2012 por Sigma Dos. La Ley del Menor, polémica tras los asesinatos de Mari Luz y Marta del Castillo, junto a los numerosos casos de corrupción y su resolución, han provocado una reacción negativa y de desconfianza en la sociedad. La ley del aborto, la elección del CGPJ o las tasas para los recursos también están en el ambiente y en la agenda de prioridades del recién nombrado ministro, Alberto Ruiz-Gallardón.


Conflictos y revueltas

En 'Historia de dos ciudades', Dickens olvida a los niños para sumergirse en la Revolución Francesa. Detalla el terror, las ejecuciones, la violencia y las víctimas del conflicto. Confronta las realidades de Inglaterra y la Francia revolucionaria en la historia del doctor Manette (entre otros), un noble inocente, que tras pasar años encarcelado, logra salir y viaja a Londres. Salvando las distancias de la época y del origen de las revueltas, el horror de la guerra y la venganza sobre los vencidos sigue ahí. En la actualidad, hay más de 30 conflictos armados, a los que hay que sumarle las más de 80 zonas de tensión. En la obra de Dickens, el doctor Manette pudo regresar a Francia. Hoy, ACNUR cifra en 48 millones el número de refugiados en el mundo —muchos huyendo de estos conflictos—, que no saben si algún día podrán regresar a su país.


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Gillian Anderson (Scully, en 'Expediente X'), en la miniserie 'La casa desolada', de la BBC de 2005. Y cartel de 'Historia de dos ciudades', de 1935.


por MARÍA JESÚS HERNÁNDEZ / elmundo.es
 




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Novias despechadas, malos entrañables... y sombrillas



Arquetipos que saltaron del papel. Alrededor de 1.000 creaciones salieron de la pluma de Dickens —el Diccionario de Personajes Británicos recoge 989—. Ésta es una selección de las que más lejos llegaron.



David Copperfield


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Ilustración de Frank Reynolds en la novela. | Musson Book Co.

Se ha ganado el título de alter ego de Dickens. David Copperfield relata su vida en primera persona y muchas de sus desgracias de juventud remiten a las de su inventor: las largas jornadas en una fábrica, el trabajo en un bufete de abogados, los sueños con escribir... La figura de Copperfield sirve para entender la personalidad de su autor, y su ejemplo, el de ambos, cautivó a muchos: cuentan que fue la novela favorita de Freud, a Dostoievski le acompañó en prisión y hasta Kafka la imitó en 'Amerika'... El propio Dickens quedó enamorado de su creación, que reconoció como su «debilidad», su «hijo predilecto».

Junto a él, en las mismas páginas, 'vivieron' otros personajes que también hicieron historia: el corrupto Uriah Heep, la enamoradiza Agnes Wickfield o el señor Micawber—cuya habilidad para acumular deudas y ser encarcelado por ellas copió Dickens de su propio padre— son sólo algunas muestras. La obra fue su gran 'best seller' —vendió más de 100.000 ejemplares en apenas unos meses de 1850—, y en 1911 ya se versionó en el cine. Después vendrían más.



Oliver Twist y el judío Fagin


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George Cruikshank firma esta ilustración de la primera edición.

Es la víctima del sistema por excelencia. Un joven huérfano que crece en el campo y huye de una vida que le aterra para topar con otra peor. Oliver Twist, segunda novela de Dickens, es considerada la primera en inglés con un niño protagonista; un personaje de buen corazón que acaba convertido en ratero. Ahí entra en juego otro arquetipo crucial, el del 'judío' Fagin, líder del grupo de ladrones que castiga a los niños y provocó más de una crítica por antisemita a su autor.

Las reacciones llegaron hasta más de 150 años después, cuando el escritor de cómics Will Eisner publicó 'Fagin el judío' (2003) para rehabilitar su figura, presentándole como una persona maltratada por la vida. Versionado hasta la saciedad, incluso Roman Polanski se atrevió con él en 2005. Eso sí, obviando referencias raciales. Y el propio Dickens trató de resarcir su imagen en 'Nuestro amigo mutuo', donde incluyó a otro personaje judío, Riaj, pero en versión positiva.

Una curiosidad: un equipo médico de Northampton (UK) ha analizado la dieta del Oliver Twist —«tres pequeñas raciones de gachas diarias, una cebolla dos veces por semana y medio panecillo los domingos»— para concluir que a un niño de nueve años le provocaría anemia, escorbuto y otras patologías. Ahí tiene más elementos para imaginarse la vida del huérfano que Disney convirtió en gato en 'Oliver y su pandilla'.



Ebenezer Scrooge


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Ilustración original restaurada por Carlos de Miguel. | Ed. Edhasa

¿Quién representa mejor el espíritu de la Navidad, o la falta de él, que Ebenezer Scrooge, el viejo tacaño que inventó Dickens en 1843? El personaje y su leyenda traspasaron con creces su historia. Nariz afilada, labios delgados, cara angulosa... Su apellido se convirtió en sinónimo de avaro y hoy todos conocen a esta figura, 'resucitada' en diversos formatos: desde el pato animado de Disney —el Tío Gilito— al Sr. Burns de The Simpsons. Eso sí, no es tan probable que sepan su origen.

Con este relato de un hombre al que sólo le importa el dinero, Dickens quería lanzar una crítica sobre las condiciones de vida de la clase obrera, pero la visita de los tres fantasmas traspasó su lectura. Dickens encontró la inspiración en 1814 en la lápida de un cementerio de Edimburgo. Pertenecía a un tal Ebenezer Lennox Scroggie, al que se definía como 'meal man', 'hombre de la comida', en referencia a su oficio, comerciante de maíz, pero el escritor leyó 'mean man', 'hombre egoísta'. Ya tenía la idea.

También sus pensamientos tenían base real. Dicen los estudiosos que caricaturizaba las teorías del demógrafo Thomas Malthus, llevando al extremo la idea de economía 'inhumana'. Y es que el Scrooge de Dickens era un 'malthusiano' estricto que pensaba que la pobreza y el hambre servirían para «reducir el exceso de población» humana.



Mrs. Gamp y Martin Chuzzlewit


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La señora Gamp. | victorianweb.org

Cierras los ojos y ves a una mujer entrada en años, y en kilos, con la voz áspera, apenas sin cuello y un paraguas negro como complemento eterno. La señora Gamp es uno de esos personajes de Dickens que se escaparon de las páginas —de 'La vida y aventuras de Martin Chuzzlewit'— e incluso ocuparon su espacio en la lengua: en la Inglaterra victoriana se llamó a las comadronas 'Gamp' en honor a su oficio y el término se acabó instaurando como acepción de sombrilla.

Gamp fue uno de los personajes de Martin Chuzzlewit, novela que, como casi todo Dickens, se lanzó en entregas mensuales. El resultado inicial no fue bueno, así que el escritor envió al protagonista a América en busca de tramas —inspirado en su propio viaje a EEUU—. Y regresó con una crítica social al continente, que no queda bien parado en sus consideraciones.

Aunque ésta fue una de sus novelas menos populares, dejó personajes inolvidables como los miembros de la familia Chuzzlewit y dos de los grandes villanos de Dickens: Seth Pecksniff y Jonas Chuzzlewit. Incluso la amiga imaginaria de Mrs. Gamp, la señora Harris, pensada para respaldar sus opiniones, supo ganarse un sitio entre los lectores.



Pip y Miss Havisham


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Bonham Carter es Miss Havisham en la adaptación de la BBC.

Philip Pirrip, el huérfano Pip de 'Grandes Esperanzas', tiene también mucho de Dickens. Vivió una infancia humilde y se preparaba para ser herrero cuando el respaldo de un benefactor anónimo le abre las puertas de una madurez de 'snob', como la que vivió el escritor. La novela tiene lectura moral, ya que a medida que el protagonista se aleja de la pobreza, olvida también la alegría. Y al final, moraleja.

Pip cohabita en la novela con personajes inolvidables como Miss Havisham, estereotipo de la novia despechada tras ser plantada la mañana de su boda —por lo que odia a los hombres y desea vengarse—. Esta creación mítica decide parar el tiempo el día de su frustrado enlace: detiene los relojes, mantiene la mesa puesta, el pastel servido e incluso viste para siempre las galas que llevaba el día que supo que su marido nunca llegaría. Estudiosos de Dickens cuentan que Havisham tuvo inspiración real: una mujer de Nueva Gales del Sur, Australia, que en 1841 sufrió una experiencia parecida con similar reacción.

La obra ha sido adaptada al cine y al teatro más de 200 veces. Por ejemplo, la que en 1998 protagonizaron Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow, dirigidos por Cuarón. O la última en televisión de la BBC, con Helena Bonham Carter. Y el personaje de Pip ha sufrido una de las transformaciones más bizarras de los 'personajes Dickens': un muñeco de South Park nació inspirado en él.



Sam Weller y Samuel Pickwick


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Pickwick da un discurso en esta ilustración de Robert Seymour.

Es un caballero anciano, elegante, de rostro redondo y afeitado impecable... Mr. Samuel Pickwick, el fundador y presidente del Club Pickwick, dio vida a una novela que se centraba en sus viajes junto a personajes como Mr. Nathaniel Winkle, Mr. Augustus Snodgrass o Mr. Tracy Tupman. Pero, como ocurría a menudo con Dickens, el verdadero protagonismo se lo llevó un secundario: Sam Weller, su caricaturesco criado.

A medida que avanza el texto, Pickwick evoluciona de bufón a comerciante serio. Y gran parte de culpa en la catarsis la tiene su criado. En él se refleja el pueblo inglés; es él quien sabe cómo es de verdad la vida, mientras que su amo, el alma del Club, vive en la inocencia y la ignorancia. Son una especie de Don Quijote y Sancho.

La trascendencia de ese joven glotón, obeso y constantemente adormilado debido a sus problemas de sueño, llegó incluso a la medicina: doctores británicos bautizaron como 'síndrome Pickwickian' a ese perfil de enfermo con sobrepeso e insuficiencia respiratoria que sufre transtornos del sueño, algo parecido a apneas. La novela fue filmada en cine mudo, se llevó a la ópera, y la BBC, muy dada a adaptar a Dickens, la transformó en productos radiofónicos y televisivos.



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Gradgrind y sus hijos en la edición original de 'Tiempos difíciles'.

Encarna el espíritu del utilitarismo. Este personaje de 'Tiempos difíciles' representa a un hombre de negocios que sólo entiende el mundo a base de realidades. Dickens le presentó como «un hombre de hechos y de números. Un hombre que arranca del principio de dos más dos son cuatro y no puede entender que a veces no sea así». Para él, lo único que existen son las cosas tangibles y mesurables. ¿Les suena el estereotipo? Y no se conforma con asumirlo así, sino que se propone convencer a todos los que le rodean de que no busquen más allá, instaurando rígidas normas de comportamiento a su paso. La premisa es clara: hay que educar a la razón y dejar de lado la imaginación.

De nuevo en Dickens, el arquetipo traspasó las páginas y su nombre sirvió en Reino Unido para definir a este tipo de personas. El propio novelista jugó con la sátira describiendo a su rígido y pragmático personaje como «un púgil bien entrenado, siempre con una doctrina a mano para hacérsela tragar a la gente, acorralando a su contrincante contra las cuerdas». Este caballero que sólo concibe su fábrica y su escuela como un espacio limitado y vigilado ha dado paso a muchas escuelas de pensamiento. «Lo real, lo real, lo real...» era su frase predilecta.



La pequeña Nell y Quilp


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La pequeña Nell y su abuelo. | Fred Barnard

Las desdichas de Little Nell vinieron inspiradas por la muerte de la cuñada de Dickens, Mary Hogarth, de 17 años, a quien el escritor adoraba. Dickens escribió 'La tienda de antigüedades' en forma de tragedia. El desenlace estaba anunciado. Los lectores, que se lo temían, pidieron al novelista que rectificara el ritmo en cada nueva entrega, pero no pudo ser: él admitió que no quería matarla, pero debía completar la estructura. E Inglaterra rompió en lágrimas. Qué mayor prueba de la fuerza de sus personajes. Nell vivía junto a su abuelo y ambos huían del enano Quilp, un personaje repulsivo, más detestable que otros 'malos' de Dickens, como Fagin o Scrooge. Pero lo cierto es que es él quien anima la historia con sus salidas de tono, su humor salvaje y su trato cruel.

Nell no fue la única 'little' de Dickens: en 'La pequeña Dorrit' nos cuenta la historia de William Dorrit, un antiguo caballero que lleva tanto tiempo en la cárcel para deudores de Marshalsea que sus hijos —Fanny, el vago Edward y la sacrificada Dorrit— han crecido en ella. En esta novela, Dickens hace una descripción detallada de la vida en prisión, fruto de su propia experiencia cuando su padre fue encarcelado por impago y la familia tuvo que vivir allí.



Nickleby y Wackford Squeers


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El tío Ralph, junto a sus pobres parientes. | Hablot Browne

Nicholas Nickleby es el héroe de la novela, un joven que disfruta de una vida acomodada hasta que su padre fallece y se ve obligado a cuidar de su madre y su hermana. El propio Dickens lo describe como «un joven de genio impetuoso y poca experiencia». «Y no veo ninguna razón por la que un héroe no pueda ser así», añadió en sus notas. Tras la muerte del progenitor, la familia viaja a Londres para pedir ayuda a su tío Ralph Nickleby, que juega el papel de antagonista. De nuevo un 'malo' estereotipado que pone el contrapunto: a Ralph sólo le preocupa el dinero, piensa que el idealista Nicholas nunca llegará a nada y lo único que quiere es aprovecharse de su situación.

Lo primero que hace es enviar a Nicholas a trabajar a Dotheboys Hall, una escuela para niños problemáticos dirigida por el cruel Wackford Squeers, un personaje muy típico de Dickens. El tuerto Squeers golpea y maltrata a los niños, pero Nicholas logra escapar. La novela se ha adaptado en varias ocasiones para teatro, cine y televisión. Quizás la versión más extraordinaria fue la de 1980, cuando la Royal Shakespeare Company impulsó una producción a gran escala de más de 10 horas en el West End de Londres. Luego se trasladó a Broadway.



por RAQUEL QUÍLEZ / elmundo.es
 




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Por la senda de Dickens


Para emular fielmente a Dickens, lo más correcto sería lanzarse a la calle a medianoche y caminar hasta 20 kilómetros por el laberinto londinense, o siguiendo el curso del Támesis, por aquello de entretener el insomnio e irnos familiarizando al mismo tiempo con «el desasosiego de la gran ciudad, y el modo que se tambalea y se arrastra antes de dormir».



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Cruz Eleanor, en Charing Cross. | www.CGPGrey.com

Dickens cuenta su propia experiencia en 'Night Walks', la crónica de uno de tantos paseos nocturnos, al encuentro de la masa de desposeídos que dormían a la intemperie en la primera gran metrópolis de los tiempos modernos, que a los ojos de un visitante actual parecería más bien una megaciudad del tercer mundo.

El Londres 'dickensiano' habría que buscarlo quizás hoy por hoy en Tottenham, Hackney o Brixton, donde prendieron los disturbios sociales el pasado verano, o tal vez en los decrépitos 'council estates' que salen a nuestro paso en los rincones más insospechados de Londres, eternos recordatorios de las lacerantes desigualdades sociales. Aunque ya puestos, la ruta Dickens podría empezar a la salida de la estación de Charing Cross, donde estuvo la fábrica de betún Warren. Allí llegó a trabajar de niño con 12 años, mientras su padre, John Dickens, cumplía condena por no poder pagar sus deudas en la prisión de Marshalsea, en la otra orilla del Támesis.

«Pude haber acabado siendo un pequeño ladrón o un vagabundo», escribió tiempo después Dickens, en el momento de recordar las experiencias de su trágica infancia, recreadas sobre todo en 'David Copperfield'. Pero Dickens terminó siendo periodista, cronista de tribunales y corresponsal parlamentario, con un pie siempre en Fleet Street, el punto neurálgico del primer Londres mediático. En el número 145 sigue en pie el pub Ye Olde Chesire Cheese, donde se supone que reponía fuerzas al acabar la jornada.


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Edificio que inspiró 'La tienda de antigüedades'. | C.F.

En la vecina The Strand, que no es sino la prolongación de Fleet, el escritor abrió las oficinas de sus dos semanarios, 'All the Year Around' y 'Household Words'. Aficionado al teatro, siempre quiso estar cerca de sus queridas floristas de Covent Garden, donde en sus tiempos se llegaron a estrenar versiones escenificadas de 'Oliver Twist' y otras novelas. Por allí escondido, en el 'codo' de la calle Sheffield, sobrevive aún el edificio blanco con maderos pintados de verde (fechado en 1567) que se supone inspiró 'La tienda de antigüedades'. Un enorme letrero nos lo recuerda en la fachada, aunque el interior lo ocupe ahora una tienda moderna de zapatos a la última. En esa misma zona, en la madeja de callejuelas entre Snow Hill y Saffron Hill, se encontraba la Field Lane Ragged School, la escuela para familias pobres donde acabó estudiando y que dejó también una huella indeleble, reflejada en 'Canción de Navidad'.

A los 15 años, el chaval inquieto empezó a trabajar como pasante en el bufete de Ellis and Blackmore, en Gray's Inn Road. Cuenta la leyenda que para combatir el tedio, ejercitó sus dotes de observación mirando desde los cristales y comprobando el efecto sobre los paseantes de las chinas que lanzaba desde las ventanas.


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Ye Olde Chesire Cheese, en Fleet Street. | Banjobacon

La senda Dickens nos lleva inevitablemente hacia el norte, a Bloomsbury, en la casa del número 48 de Doughty Street a donde se mudó en 1837, al año de casarse con Catherine y con su primer hijo bajo el brazo. Allí nacerían sus hijas Mary y Catherine, y allí vio morir a su jovencísima cuñada, Mary Hogarth, con la que se supone tuvo un intenso romance. Se trata de la única casa del autor que ha sobrevivido a la neblina del tiempo, convertida desde 1925 en Museo Dickens, de estilo 'georgiano' y todo un lujo de cuatro pisos para aquella época, incluido el sótano donde se hospedaban la niñera, la cocinera, la ama de llaves y un criado. Dickens se refería a ella como «una mansión de primera clase, con un montón de terribles responsabilidades».

Allí, en un recoleto estudio con vistas al patio interior, escribió su tercera novela, 'Nicholas Nickleby', publicada en 20 entregas ilustradas por 'Phiz' (aunque el ilustrador predilecto de Dickens fue sin duda John Leech, cuyos dibujos pueblan las paredes del museo). En el estudio, junto a una de las mesas usadas por el escritor, como prueba la inscripción, se encuentran varias plumas y ornamentos que le gustaba tener cerca.

Dickens escribía también en la habitación principal del primer piso, aprovechando muchas veces los momentos en que su mujer despachaba a las visitas. Hay constancia de que aquí, ante la presencia de varios amigos, remató al menos uno de los capítulos de 'Oliver Twist', con la excusa de que la fecha de entrega era inminente.


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Fachada de la casa-museo, en Doughty Street. | Efe

Al Museo Dickens han venido a parar numerosos recuerdos de sus dos casas posteriores, la de Devonshire Terrace (en Marylebone) y la Tavistock House (también en el barrio de Bloomsbury). Así vemos el despacho de caoba donde escribió casi hasta el final de su vida, y el butacón en el que se sentaba para la lectura pública e itinerante de sus propias obras, y hasta la ventana por la que se asomaba con diez años en su primera casa en la ciudad, en el 16 de Bayham Street, también demolida.

Los retratos del escritor desde 1830 (con 18 años) salpican por doquier las paredes de la casa-museo, donde ocupa un lugar privilegiado 'Dicken's Dream', el cuadro inacabado [puede verlo en la parte superior de esta página] de Robert W. Buss (un ilustrador que nunca fue santo de su devoción). Sentado en su silla, ensimismado en sus pensamientos, el escritor fabula sobre situaciones y personajes que parecen tomar forma según se los contempla, como si volvieran a cobrar vida propia al cabo de dos siglos.



Otra fotografías relacionadas con Dickens


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Fotografías y pertenencias del escritor en DickensMuseum y Charles Dickens Birthplace




por CARLOS FRESNEDA | Corresponsal de EL MUNDO en Londres y archivo elmundo.es
 




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Pinceladas en prosa



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Dickens, a los 24 años. Retrato de Samuel Laurence. | Cortesía de Edhasa


La narrativa directa de Dickens le hizo merecedor de un puesto especial entre los novelistas británicos. Las siguientes citas han sido escogidas por los organizadores de la exposición 'Dickens and London' (excepto la de 'Dombey e Hijo'). La traducción ha sido gentileza de Gregorio Cantera.


    «… El gran corazón de Londres palpita en su pecho de gigante. La riqueza y la miseria, el vicio y la virtud, la culpa y la inocencia, la abundancia y el hambre más acuciante, atropellándose, agolpándose con tal de hacerse notar. Basta con trazar una pequeña circunferencia sobre los tejados arracimados de las casas y, en ese círculo, ocasión habrá de ver todo eso, más todo lo contrario y su contradicción».

('El reloj de maese Humphrey', número XLV, 1841)



   «Niebla por todas partes. Niebla río arriba, que fluye entre verdes islotes y praderas; niebla río abajo que, como una mancha, se esparce entre las hileras de embarcaciones y la inmundicia que una ciudad grande y sucia deposita en sus orillas».

('Casa deshabitada', capítulo 1)



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Retrato del escritor por Daniel Maclise (1839). | Cortesía de Edhasa



    «Sin más explicaciones nos dirigimos a las 'salas de infecciosos'. Un antiguo caserón que, apartado del edificio principal del asilo más moderno y espacioso, a duras penas se abría paso en uno de los extremos de un patio pavimentado. Una edificación monstruosamente anticuada…, una sucesión de buhardillas o altillos distribuidos para no escatimar inconvenientes y obstáculos, a los que sólo se llegaba por unas escaleras empinadas y estrechas, las más oprobiosas que uno imaginarse pueda a la hora de subir a los enfermos o bajar a los muertos».

(El asilo de Wapping. 'Un viajante, y no de comercio', capítulo III)



    «Vi cómo, tras llevar una vida emponzoñada en los sótanos más inhóspitos de una ciudad de la que nadie se ocupaba, al exhalar su último aliento, ni uno solo de aquellos pobres desdichados permitía que se echase a perder alguna partícula de sus males, aun cargadas como iban con el insoportable castigo que la culpa, más si colectiva, acarrea».

(Una visión de diciembre. 'Palabras del Hogar', 1852)



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Edición de 'Grandes esperanzas' en el Museo de Dickens en Londres.



    «Entre los gritos que llegaban del barco, los furiosos resoplidos del vapor, la agitación que allí reinaba y la nuestra, al principio no distinguía el cielo del agua, ni una orilla de la otra; mas los tripulantes del bote lo enderezaron con celeridad y, tras unos rápidos y vigorosos golpes de remo para alejarse de la nave, se quedaron inmóviles, al acecho y en silencio, sin apartar los ojos del agua por la parte de popa. Al poco, se divisó un bulto negro que se dirigía hacia nosotros arrastrado por la corriente. Nadie abrió la boca; el timonel alzó la mano y remaron despacio de nuevo, sin desviarse del rumbo que los llevaba a su encuentro. A medida que el bulto se acercaba, reparé en que era Magwitch que, a duras penas, venía nadando. Lo izaron a bordo y, al instante, lo maniataron y le aherrojaron los tobillos».

('Grandes esperanzas', capítulo LIV)



    «Esta noche las ventanas están resplandecientes, el rojizo resplandor del fuego de las chimeneas se refleja cálido y luminoso en las colgaduras y en las mullidas alfombras, la comida espera ser servida, la mesa del comedor está espléndidamente adornada, aunque sólo sea para cuatro personas, y en el aparador se amontona la vajilla. Esta es la primera vez que se ha preparado la casa para ser ocupada por sus moradores después de los cambios últimamente realizados, y se espera de un momento a otro a la feliz pareja».

('Dombey e Hijo', capítulo XXV. Traducción es de José Méndez Herrera (Aguilar)



    «¿No es asombroso que quienes viven en esas callejas estrechas puedan soportar ese constante ir y venir, ese interminable ajetreo, esos pasos que, sin cesar, desgastan y pulen el tosco empedrado? ¡Imagínense a un enfermo en un lugar como la plazuela de Saint Martin's Court, condenado a oír esos pasos aun a su pesar, y que, sumido en el dolor y el aburrimiento (como si de una carga impuesta se tratase), está obligado a distinguir los pasos del niño de los del adulto, los del mendigo andrajoso y los del petimetre bien calzado, los del gandul y los del trabajador, los pasos desganados del zangolotino de los andares rápidos y agitados de quien va en busca de placeres! ¡Pensemos por un momento en el zumbido y el estruendo que asedian sus sentidos, en esa corriente de vida que no se detendrá, que se cuela de continuo en sus sueños agitados, como si estuviera condenado a yacer, muerto pero dándose cuenta de todo, en un cementerio bullicioso, sin esperanza de reposo por el resto de los siglos!».

('La tienda de antigüedades', capítulo 1)



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Caricatura del novelista (1861). En la frase, dice: «Gracias a él, albergamos grandes esperanzas». | Cortesía de Edhasa




El pueblo natal de Dickens desafía su última voluntad al erigirle una estatua

Pese a que el novelista Charles Dickens dejó muy claro antes de su muerte que le parecían 'abominables' las estatuas en recuerdo de grandes personalidades, y pidió expresamente que nunca se erigiera una en su memoria, su pueblo natal desafía ahora su última voluntad en aras de la promoción turística.


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Estatua de Dickens en Sydney (Agencia: EFE)

El autor de obras como 'Oliver Twist' o 'Historia de dos ciudades', uno de los escritores más reconocidos de la literatura universal, señaló en una carta fechada en 1864 que sentía 'escalofríos ante la idea de una estatua o de un grabado' con su imagen.

En su testamento de 1869, escrito un año antes de su muerte, no dejó lugar a las dudas: 'Pido a mis amigos que eviten que yo sea el protagonista de cualquier tipo de monumento o placa conmemorativa en ningún lugar', sentenció el mayor representante de la literatura victoriana británica.

A pesar de los ruegos de Dickens, el ayuntamiento de Portsmouth, en el condado de Hampshire (sur de Inglaterra), donde nació el escritor, proyecta inaugurar una estatua en su honor el 7 de febrero de 2012, cuando se cumplirán 200 años del su nacimiento. 'Esperamos que la estatua y las celebraciones que organizaremos el año que viene darán a Portsmouth la misma relevancia que tiene Stratford gracias a Shakespeare', aseguró al diario 'The Times' uno de los miembros de la asociación de admiradores del novelista 'Dickens Fellowship', fundada en 1902.

El alcalde de la localidad, Gerald Vernon-Jackson, defendió una iniciativa que 'atraerá el turismo' y sostuvo que el pueblo natal del escritor 'debe hacer todo lo posible por su memoria, no sólo recordarle, sino también atraer dinero y puestos de trabajo'. 'Se han recolectado fondos en todo el mundo para erigir esta estatua', aseguró Vernen-Jackson.

Entre quienes se oponen al monumento en honor del autor de 'David Copperfield', que quería ser evocado únicamente a través de sus obras publicadas y de los 'recuerdos' que de él tuvieran sus amigos, destaca el ayuntamiento de la ciudad de Rochester, en el condado de Kent.

En esa localidad Dickens pasó gran parte de su vida, y su consistorio desaprueba la iniciativa de Portsmouth, ya que asegura que 'si hay que hacerle algún tributo, tendría que ser aquí, donde estableció su morada espiritual'.

'Aún así, él no quería ninguna estatua, así que sería más adecuado construir una representación de alguno de los personajes de sus libros, como Oliver Twist', puntualizó una portavoz del consistorio de Rochester.


retratodecharlesdickens

Retrato de Charles Dickens



Fuentes y agradecimientos: elmundo.es / terra.es

Ver el trabajo "El cronista insomne" de EL MUNDO que dedica a Charles Dickens: http://www.elmundo.es/especiales/20...ns/retrato.html
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Vaya currada con Dickens, j.luis, aunque haya sido en varias etapas  

Tenemos más información aquí que en la Wikipedia  

Salut
 




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Peter
 
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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Gracias Peter, el personaje lo merece, pues como comento, al menos para mí Dickens está entre los más grandes novelistas que la literatura ha dado. Hace tiempo que no leo nada de él, a ver si tengo tiempo, tengo en casa 4 o 5 libros. Sería interesante releerlos. Además ahora con esto del Bicentenario de su nacimiento están reeditando su obra, incluso algunas nuevas, que en castellano hasta la fecha no estaban publicadas.

El que en los 2 o 3 últimos años ha comentado algunas obras del genio inglés es Ultimos, que por cierto no sé qué pasará, pero entra poco en el foro ¿Sabes algo? espero que no haya pasado nada, y sea por sus nuevas ocupaciones como papá no le dejan tiempo libre.


 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Sobre el tema de últimos, j.luis, coincido contigo en que lleva mucho tiempo sin dar señales de vida pero no creo que sea por nada personal si no más bien por una acumulación de actividades que a buen seguro le deben de impedir participar como hacía antaño  

Salut
 




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Peter
 
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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Dickens sigue diciendo la verdad


A los 200 años de su nacimiento, nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo: la condición de vida de los trabajadores, la usura, el desequilibrio entre ricos y pobres



charlesdickens

Lector. Dickens, a pesar de su trabajo en una fábrica y de haberse formado como autodidacta, leía grandes novelas, como “Robinson Crusoe”.Comenzó su carrera como cronista parlamentario y sus historias se pulicaban por entregas en los medios gráficos. (clarin.com)

Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist o Historia de dos ciudades, entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes pero con los mismos problemas. ¿O es que no podrían estar dentro de Oliver Twist, junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente? ¿No nos recuerdan los convictos de La pequeña Dorrit, presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos? ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en Cuento de Navidad o a los del avaro Uriah Heep en David Copperfield? Dickens fue uno de los abanderados del realismo, junto a Balzac, Tolstói, Stendhal o Benito Pérez Galdós, y un escritor social que denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Su contemporáneo Carlos Marx dijo de él que "en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos". Y sin ninguna duda, el autor de Grandes esperanzas es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo. Para comprenderlo, no hay más que leer el principio de Historia de dos ciudades: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".

En Tiempos difíciles, Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.

Es muy posible que el lector se asombre al ver cómo 'Tiempos difíciles' describe la actualidad

Cuando Dickens retrata en Los papeles póstumos del club Pickwick, David Copperfiel o La pequeña Dorrit a unos seres sin escapatoria y de la familia de los pícaros españoles, el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo o El buscón, sabía de qué hablaba, porque él mismo había sufrido en su infancia los latigazos de la miseria, cuando su padre estuvo tres meses encerrado en la prisión de Marshalsea, por una deuda con un panadero que hoy equivaldría a 3,50 euros y que hizo que él fuese enviado a trabajar en una infernal fábrica de betún. Su batalla contra la injusticia ya anticipaba el fracaso de un sistema que se basara en la explotación, aunque sus advertencias a los poderosos fuesen voces en el desierto: "¡Oh, economistas utilitarios", escribe, "comisarios de realidades, elegantes incrédulos... si seguís llenando de pobres vuestra sociedad y no cultiváis en ellos la esperanza, cuando hayáis conseguido arrancar de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren a solas con su vida desnuda, la realidad se convertirá en un lobo y os devorará". Se equivocó, y no hace falta más que volver una vez más los ojos hacia la Grecia de hoy, verá que los dos extremos siguen en su sitio: las televisiones hablan de niños que a media mañana se desmayan en los colegios a causa del hambre y los diarios dicen que mientras el país solicitaba un rescate de la Unión Europea, sus potentados se llevaban a Suiza más de 200.000 millones de euros. En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del Inem y en los comedores de beneficencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar.

Otra de sus obsesiones es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial

Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mejor expresión en Casa desolada, donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados y causas de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en Oliver Twist, donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con los fuertes y abusiva con los débiles por el modo en que el juez Fang insulta y castiga con desproporción a su desventurado protagonista. O, una vez más, en Tiempos difíciles, donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en un supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es "hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada". En un país como España, donde solo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.

En junio de 1865, Dickens viajaba en un tren que sufrió un accidente terrible cuando cruzaba un puente en obras. Los siete vagones que precedían al suyo se despeñaron por un precipicio y él pasó horas atendiendo a los heridos hasta que llegaron las ambulancias y pudo ocuparse de regresar a su asiento y recuperar el manuscrito, aún sin acabar, de su penúltima novela, Nuestro común amigo. No hay que tener una gran imaginación para ver en esa escena una metáfora de esta Europa que hoy descarrila poco a poco, primero Grecia, luego Irlanda, después Portugal... Tal vez el derrumbe se detenga a tiempo, y los que nos conducen a la catástrofe recuperen el sentido común igual que lo hizo el tacaño señor Scrooge en Un cuento de Navidad, que al ver el negro porvenir que le anunciaban los espíritus del Pasado, el Presente y el Futuro, donde podía verse una tumba con su nombre y sin ninguna flor encima, supo cambiar a tiempo y convertirse en un hombre generoso. Es una parábola que, hoy más que nunca, merece la pena no olvidar.


Fuente: el pais.com / Por Benjamín Prado (Benjamín Prado es escritor).
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
El mundo conmemora los 200 años del nacimiento del autor de 'Oliver Twist'. Varias muestras exhiben el universo 'dickensiano'



El universo Dickens revive en Londres



Hoy se conmemoran 200 años del nacimiento del autor de 'David Copperfield' y 'Oliver Twist'

Varias exposiciones en Londres exhiben el universo dickensiano con obras de arte y objetos

Un maestro de la literatura que mostró los rincones del mundo que se abría con la era industrial




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Camila, duquesa de Cornualles, y su esposo, el príncipe Carlos de Inglaterra, observan como Rob, el tataranieto de Charles Dickens, y Rachel Dickens Green, hija del tataranieto del escritor, dejan flores sobre la tumba de su antepasado, durante la ceremosnia del dicentenario de su nacimiento en la abadía de Westminster.

Desde su condición de superventas en la era victoriana hasta el sinfín de reediciones y adaptaciones de las que sigue siendo objeto hoy, la obra de Charles Dickens ha logrado conectar con sucesivas y multitudinarias audiencias a lo largo de los últimos dos siglos. Oliver Twist, Canción de Navidad, David Copperfield, Casa desolada, Historia de dos ciudades, Grandes Esperanzas… El vasto legado literario del autor inglés, con su impresionante dominio narrativo, la fuerza de unos personajes y unas historias cargadas de crítica social, nunca ha faltado en las librerías. Pero el recién llegado 2012 ha decidido convertirlo en protagonista absoluto, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento del escritor, un 7 de febrero de 1812 en la localidad inglesa de Portsmouth. Aunque la expresión pueda resultar extraña cuando se trata de todo un tesoro nacional, puede decirse que el autor está de moda en su tierra natal.

Carteles de diversa índole con su retrato en sepia anuncian en el concurrido metro londinense un alud de exposiciones, nuevas ediciones biográficas, reposiciones teatrales, programas de televisión y estrenos de cine consagrados a su producción. El aperitivo pudo catarse ya a finales del pasado año, con la emisión de una moneda conmemorativa del natalicio que lleva grabado el rostro del autor, sus grandes títulos y la optimista sentencia de uno de sus personajes: “algo surgirá” (el Wilkins Micawber de David Copperfield).

Dickens compartía ese talante esperanzado, a pesar de los conflictos que alumbró la era moderna y sobre todo de las miserias de la Revolución Industrial desnudadas en sus libros. No era un insurrecto, pero confiaba contribuir con esas obras a operar un cambio social gradual. La “linterna mágica” de su inspiración fue ese Londres que en el siglo XIX se erguía como capital del imperio británico y centro del mundo, con el motor de grandes inventos como el correo postal o el ferrocarril, y la cara sombría de la injusticia, la explotación y el trabajo infantil. A esa relación de amor-odio con la ciudad dedica una exposición el Museo de Londres (hasta el 10 de junio), en la que a través de pinturas y efectos audiovisuales se recrea el universo dickensiano. La muestra despliega el escritorio y otras piezas del estudio del autor, junto a algunos de sus manuscritos como el original de Grandes Esperanzas, donde caligrafió en tinta una narración sobre el precio de escalar los peldaños sociales.

El también londinense museo Victoria & Albert centra su atención (hasta el 1 de abril) en los tintes biográficos de David Copperfield, examinando el desarrollo del libro desde el texto original que allí se exhibe hasta su publicación e influencia en tantas obras infantiles, comics y producciones teatrales. Nacido en la costa sudeste de Inglaterra en el seno de una familia numerosa de clase media modesta, los problemas económicos de su padre condujeron a Charles Dickens a vivir con otros parientes, a trabajar desde muy joven en una fábrica de tintes y finalmente a mudarse a la capital británica. Aunque retomó sus estudios, la formación de uno de los grandes autores universales fue principalmente autodidacta.

En Londres conoció la corrupción política como secretario de la Cámara de los Comunes, puesto que acabó abandonando para dedicarse al periodismo y al relato de novelas serializadas en capítulos mensuales. Paladeó la gloria en vida tras convertirse en un pionero del género y en uno de los escritores más populares del momento, aunque al menos en una ocasión fue acusado de plagio. El objeto de la discordia fue en el año 1861 uno de los relatos de Cuatro Historias de Fantasmas, publicado por Dickens en su revista All the Year Round, y que su coetáneo Thoma Heaphy reclamó como propio. Uno de los ejemplares de la revista se muestra estos días (hasta el 4 de marzo) en la La British Library de Londres, en el marco de una exposición dedicada a la fascinación del escritor por lo sobrenatural y lo oculto.

Si Dickens (fallecido en 1870) fue en su tiempo un autor de tremendo éxito, que realizó varias giras por Europa y Estados Unidos recitando sus obras, la posteridad ha consagrado la ubicuidad de su obra a través del tiempo y de diversas culturas. A esas audiencias internacionales se dirige el ramillete de exposiciones, debates, lecturas y proyecciones organizadas por el British Council –organismo destinado a la promoción de la cultura y lengua inglesa en el mundo- en cinco cincuenta países, con ocasión del bicentenario del autor.

La BBC cerró el 2011 con el enorme éxito de audiencia de su versión de Grandes Esperanzas, una prueba de que el universo literario dickensiano sí puede competir con otras ofertas televisivas más mundanas. Y de nuevo este año, los actores británicos Ralph Fiennes y Helena Bonham-Carter van a protagonizar una réplica del mismo título en clave de thriller. El filón del novelista británico más adaptado en la pantalla parece no agotarse, gracias a la caligrafía cinematográfica de sus obras. Pero quienes priorizan el placer de la lectura pueden contar con la cadena de biografías y nueva ediciones de sus libros que han inundado el mercado a modo de celebración de un año especial. Porque 2012 no va a encarnar únicamente la cita con los Juegos Olímpicos de Londres, o el Jubileo de Diamante que conmemora los 60 años del ascenso de Isabel II al trono. Este año pertenece también a Charles Dickens y su maravilloso legado.


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Libros del escritor en el Museo Charles Dickens de Londres. / CARL COURT (AFP)



Carlos y Camila homenajean a Charles Dickens


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El príncipe Carlos de Inglaterra corta la tarta del bicentenario del nacimiento del Charles Dickens, junto a su esposa Camila, durante la visitia al museo londinense dedicado al escritor.


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El alcalde de Londres, David Wootton, y el príncipe Carlos de Inglaterra, observando el retrato de Dickens durante la visita al Museo Charles Dickens de Londres.


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El alcalde de Londres, David Wootton, y el príncipe Carlos de Inglaterra, observando el retrato de Dickens durante la visita al Museo Charles Dickens de Londres.


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Camila, duquesa de Cornualles, observa cómo su esposo, el príncipe Carlos, deposita una corona de flores sobre la tumba de Charles Dickens, en la abadía de Westminster, en Londres.



elpais.com
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
'Dickens enamorado' recorre la vida privada del escritor a través de cartas inéditas en español



Amelia Pérez de Villar firma esta biografía epistolar de Dickens. Comienza en 1830, año en que conoce a Maria y termina en 1870



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Ellen Ternan, la última mujer en la vida de Dickens.

Cuando alcanzó la mayoría de edad, Charles Dickens consiguió un carnet de lector en la Biblioteca Nacional y un primer amor de largo recorrido. Poco después de cumplir los 18 años conoció a Maria Beadnell. Fue su primer amor: breve, intenso y extenso en el recuerdo.

Ambos seguirían escribiéndose cartas después de que sus caminos se separaran. Podemos seguir con detalle su relación y otros aspectos privados de la vida del más importante literato inglés del XIX, en Dickens enamorado (Fórcola Ediciones).  En este libro, la filóloga Amelia Pérez de Villar ha construido un relato biográfico apuntalado en esas y otras cartas inéditas hastaa ahora, en español.

No son tantas las cartas que Dickens escribió a Maria ni las que ella a su vez le dirigió, pero cuentan mucho del carácter del escritor y de sus sentimientos más íntimos, aquellos que ocultaba en público para que no dañaran su imagen de hombre íntegro según la moral victoriana. En ella, sólo una relación -su matrimonio de 22 años con Catherine Hogarth, madre de sus diez hijos- podía figurar.
De la primera primavera al último verano

Con esas cartas dirigidas a Maria Beadnell - e incluso a ella ya como señora Winter y su marido- y otras misivas colaterales dirigidas a personajes secundarios de esta historia (amigos de Charles y/o Maria), Pérez de Villar ha elaborado una biografía en el que las cartas serían el esqueleto del relato. Comienza en la primavera de 1830 (o quizás 1829) cuando el alma de Dickens se incendia de pasión por Maria. Tiene 18 años. Un año más tarde se definiría en un poema como "un merluzo sin corazón", "no es que no tenga alguien se lo robó".

Mucho años más tarde -cuando tenía 43- escribió recordando aquella época, que esa historia le apartó de su cabeza cualquier otro pensamiento "durante cuatro años en un momento de la vida en el que cuatro es igual a cuatro por cuatro".

Y termina el libro en los últimos días del verano de 1870, los últimos días de la vida del escritor, junto a la actriz Ellen Ternan. La  conocióen 1857, cuando él tenía 45 años y ella 18. Estuvieron juntos casi 13 años. Sin embargo ocultaron con tanto celo la relación a sus propios hijos que hoy sólo la conocemos por casualidad (al parecer también por una carta encontrada años después de la muerte de Ternan).

El sol de mis días más inocentes

También es azarosa (como la propia vida amorosa de Dickens)  la historia de las cartas intercambiadas entre el escritor y Maria Beadnell, que constituyen el esqueleto de esta biografía privada, y -que como cuenta Pérez de Villar en el prólogo -se publicaron por primera vez en Boston porque su edición en Inglaterra era "inviable". Por ello, Pérez de Villar define esta etapa como "una historia triste", en un último capitulo titulado "El amor invisible, El hijo inexistente"

De todas las cartas de Dickens a Beadnell aquí reproducidas quizás una de las más intensas y hermosas es la fechada en abril de 1855, que encontrareis a la izda en forma de audio. Está escrita muchos años después cuando los dos están ya casados y tienen sus propios hijos con otros (él con Catherine, ella con Mr Winter) y parece que se produce un amago de reencuentro entre los dos antiguos amantes.

En ella Dickens escribe: "es posible que haya visto en algún detalle de Dora (de David Copperfield) pequeñas pinceladas de lo que usted era. Estoy seguro de que sus gracias se habrán perpetuado en sus niñas y volverán loco a otro joven amante, aunque éste nunca sea tan devoto como lo fuimos Copperfield y yo". Y le confiesa que ella fue "el sol" de "los días más inocentes, más ardientes y más desinteresados" de su vida.


deameliaprezdevillar

'Dickens enamorado' de Amelia Pérez de Villar



JON BANDRÉS / elpais.com
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Gracias por el extenso reporte, J.Luis.

La verdad es que es un genio de las letras y, lo más importante, clásico entre los clásicos, pues a pesar de los años, siglos transcurridos desde su nacimiento, para disfrutar de sus novelas no es necesario hacer un ejercicio de imaginación para situarse en el contexto histórico, porque desgraciadamente no hemos cambiado tanto, e incluso nos acercamos peligrosamente hacia una nueva época "dickensiana".

Me quedo con:

Algunos los sufrió. Otros los vivió. Todos los denunció. Dickens plasmó la realidad más dura de la naturaleza humana dejando paso a sus tormentos. Males que azotaban la sociedad del XIX y que hoy la siguen zarandeando.

 

Salut!!!
 




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Mensaje Re: Charles Dickens (Bicentenario 1812-2012) 
 
Gracias Ultimos. Me alegro que te haya gustado este pequeño homenaje que dediqué a Dickens coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento.


 

Como bien dices: Dickens conocía a la sociedad en la que vivía, como nadie. Era un gran observador de la vida y sus gentes, lo que hacía que sus relatos fueron muy apreciados, por auténticos, a pesar de las muchas situaciones un tanto peculiares que nos contaba, eso sí con su sello personal.



 

Saludos.
 




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