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Sabotaje (3ª Novela Serie Falcó), De Arturo Pérez-Reverte
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Mensaje Sabotaje (3ª Novela Serie Falcó), De Arturo Pérez-Reverte 
 
Pérez-Reverte recorre en París los escenarios de la tercera novela de su serie de Falcó

Pérez-Reverte: “Picasso no pintó el ‘Guernica’ por patriotismo, sino por muchísimo dinero”

El escritor recorre en París los escenarios de la tercera novela de su serie de Lorenzo Falcó, un agente del espionaje franquista sin escrúpulos



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Arturo Pérez-Reverte en París el 1 de octubre. / Jeosm

Que nadie busque lo que no hay en Lorenzo Falcó. Bajo la seductora sonrisa y los impecables modales del hijo díscolo de una familia andaluza adinerada, el agente estrella del servicio de espionaje franquista que protagoniza la última saga de Arturo Pérez-Reverte es un ser “sin conciencia, sin ética y sin remordimientos”. Un mercenario, insiste el autor, para quien matar no es más que una “herramienta de trabajo” que pone al servicio del mejor postor, que resulta ser el bando de los malos en una guerra que dejó unas heridas que no han cerrado aún del todo en España. “Quería hacer un perfecto hijo de puta”, sonríe el escritor al presentar en París Sabotaje, la última parte de la trilogía que comenzó en España recién iniciada la Guerra Civil, continuó en Tánger y, ahora, se traslada a la capital francesa.

Hace frío en París y Pérez-Reverte se cierra bien la chaqueta antes de emprender un paseo por algunos de los lugares en los que se desarrolla la trama de Sabotaje, como el histórico café Les Deux Magots, punto de paso casi obligado de buena parte de la intelectualidad del siglo XX y donde Falcó recala tras visitar el estudio donde Pablo Picasso pinta el Guernica, unas calles más abajo. O su puente parisino favorito, el Pont des Arts, desde donde Pérez-Reverte obliga al espía a tirarse a las aguas del Sena para huir de sus enemigos.

El escritor retrata una Ciudad de la Luz donde, a la habitual ebullición de artistas e intelectuales, se añadía en ese mayo de 1937 en que se sitúa la trama una explosiva mezcla de idealistas y republicanos en el exilio, fascistas que admiraban y colaboraban sin complejos con la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini y espías, muchos espías, de todos los servicios secretos de una Europa que no era consciente de la catástrofe hacia la que caminaba a marchas forzadas. Una situación no tan distinta, advierte Pérez-Reverte, de la actual.

“Me interesa mucho remarcar esa falsa seguridad de los que estaban aquí refugiados. Lo que venía era muy gordo y no todo el mundo lo sabía ver”, explica sentado en uno de esos falsos refugios de entonces y ahora, el Deux Magots, ante las fotos de dos invitados a su novela, Picasso y Ernest Hemingway. “Entre el París del 37 y la Europa de 2018 he querido, sin forzar, establecer algunos vínculos. Como ahora, pensaban que estaban a salvo, que no iba a pasar nada. Y no, la ola parda siempre está ahí, sea parda, azul, verde, amarilla o color butano. Y siempre llega. Quería, aunque tampoco con eso cambie la mentalidad de nadie, decir: ‘Cuidado con las certezas, con las seguridades y con las tranquilidades”.

Falcó, extraficante de armas, conquistador irreductible y mortífero para los enemigos de sus patrones —“no es un fascista ideológicamente, trabaja para ellos pero no es de los suyos, hace su propia guerra”, precisa el autor—, viaja a París para cumplir, una vez más, órdenes de la inteligencia falangista: desacreditar a un héroe del bando republicano, el intelectual y aviador Leo Bayard (inspirado sin complejos en André Malraux) y, a la par, evitar como sea que Picasso muestre en la Exposición Universal el Guernica que está pintando por encargo de la República. Una doble misión que le ha permitido a Pérez-Reverte recrear “sin caer en los tópicos” una ciudad y una época que, una vez eliminada la pátina de romanticismo y heroicidades —y Falcó alias Pérez-Reverte es un maestro en arrancarla a mordiscos— transpira un mensaje recurrente en las novelas del reportero de guerra reconvertido en escritor de éxito: “El mundo real nunca es blanco o negro, no es azul o rojo, es una gama de grises”. Y no todos son héroes ni actúan por motivos meramente altruistas, empezando por un Picasso que “no pintó el Guernica por patriotismo ni por democracia; lo pintó por muchísimo dinero”.


Una paliza

Hacer navegar a Falcó por esa paleta de grises también le ha permitido a Pérez-Reverte darse licencias como ajustar cuentas con un Hemingway al que oculta, con muy poco celo, tras el personaje del borrachuzo escritor Gatewood. “Como no me cae bien Hemingway, sí como escritor, pero no como persona, decidí que en esta novela Falcó le diese una paliza en los lavabos de un cabaret de Pigalle”, el mismo lugar donde transcurre otra de sus escenas favoritas: un fugaz encuentro entre el canalla agente y una Marlene Dietrich que, ella sí, aparece con nombre y apellido reales en esta ficción de espías que tantos placeres le ha dado a su autor.

Aun así, por el momento, la de París será la última aventura de Falcó. Pérez-Reverte tiene otros proyectos en mente y el pese a todo irresistible agente secreto falangista tendrá que “hibernar” por un tiempo aún indefinido. Pero no es, promete, un punto final. “Cierro la trilogía pero tengo proyectos para el personaje”, asegura. Y conflictos, con una Guerra Civil inacabada y una mundial por empezar, hay de sobra para revivir a Falcó en nuevos escenarios y aventuras.


Una injusticia histórica

Arturo Pérez-Reverte no se cansa de repetir que las de Falcó no son obras sobre la Guerra Civil, sino “novelas canónicas de espías” que tienen como escenario el conflicto español. Lo que no quita que le sirvan al escritor, que como periodista vivió muchas guerras, para denunciar lo que considera una “injusticia histórica”. “El problema que tiene toda guerra, y las civiles más, es que al final se apropian de ella los intelectuales”, señala el autor, que no duda en reflejar esta situación en Sabotaje a través de algunos personajes en los que, tras un nombre ficticio, se esconden individuos reales y fácilmente identificables, más allá de Hemingway.

“Y cuando hay una guerra como la española, protagonizada por los desgraciados de ambos bandos, incultos, campesinos, o gente que realmente tenía fe, como el comunista, el socialista o el falangista, una vez pasado el conflicto o incluso durante, es el intelectual el que se adueña de la historia”.

Todo ello cuando “había intelectuales que no pisaban el frente más que para hacerse fotos. Gente que se paseaba por la retaguardia con pistola, y en los bares y los cafés”. “En ambos bandos”, subraya, refiriéndose a una “injusticia” que, dice, pervive.


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última edición por j.luis el Miércoles, 14 Noviembre 2018, 20:15; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Pérez-Reverte Recorre En París Los Escenarios De La Tercera Novela De Su Serie De Falcó 
 
La verdadera historia de lo que costó el ‘Guernica’ a la República

Una reconstrucción histórica de la compra del mural de Picasso a raíz de unas declaraciones de Pérez-Reverte arroja luz sobre las motivaciones del artista



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El Gobierno republicano español vio en la Exposición Internacional de París de 1937 una gran oportunidad para buscar adhesiones en su lucha contra la sublevación militar encabezada por Franco. Por eso se marcaron como gran objetivo la participación en su pabellón de grandes artistas de vanguardia, como Pablo Picasso. Este aceptó el encargo, por el que acabó cobrando 200.000 francos, a pesar de su “resistencia” a “aceptar subvención alguna de la Embajada por la realización del Guernica, ya que hace donación de este cuadro a la República española”, según explicó el escritor Max Aub el 28 de mayo de 1937 en una carta al embajador Luis Araquistáin. En ella contaba que había conseguido que el artista aceptase un cheque de 150.000 francos; los otros 50.000 los había recibido unas semanas antes como adelanto para cubrir gastos.

“A Picasso se le pagó el Guernica, y muy bien para la época, pero lo hizo porque le salió del alma, no por dinero”, asegura la historiadora del arte Josefina Álix, una de las personas que más ha estudiado aquel episodio, en referencia a las recientes declaraciones del escritor Arturo Pérez-Reverte recogidas en este diario: “Picasso no pintó el Guernica por patriotismo, sino por muchísimo dinero”, dijo el pasado martes en París durante la presentación de su última novela, Sabotaje.
Y es en el contexto de esa obra —“Fuera de la novela, no tengo nada que decir”— en el que Pérez-Reverte enmarcaba ayer, en conversación telefónica, sus palabras. “Que Picasso cobró 200.000 francos por el Guernica y no pisó España en toda la Guerra Civil es un hecho concreto, real, que yo utilizo en mi novela, que no es sobre Picasso, sino sobre un espía franquista en la que Picasso sale como secundario. Yo soy un escritor profesional y me reservo el privilegio —el divertido privilegio— de novelar lo que me dé la gana. No como el historiador del arte que no soy, sino como el novelista que soy. Si alguien hace de esto un debate político, ideológico o artístico, lo agradezco por la publicidad que me hacen, pero me importa un rábano. Sabotaje solo es una novela”, dijo.

Pero en ese juego de ficción que se asoma la realidad, algunos historiadores —como la profesora de la Autónoma de Madrid Nere Basabe, que difundió en Twitter la carta de Aub al hilo de las palabras del escritor— creen que conviene dejar claro qué es lo que dicen los estudios y los especialistas, sobre todo cuando se trata de uno de los cuadros más importantes de la historia de España, explica por teléfono Basabe.

Así, Álix empieza explicando que Picasso aceptó desde el principio la petición que le habían hecho en diciembre de 1936. La misma que le reiteró en los primeros días de enero de 1937, en una visita a su taller de la calle de Boétie, una delegación formada, entre otros, por los escritores Max Aub, Juan Larrea y Louis Aragon, y los arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert, encargados de levantar el espacio expositivo. Sin embargo, durante meses el artista no hizo absolutamente nada —“o apenas unos apuntes”— porque, inmerso en sus problemas personales, no se le ocurría qué hacer.

Hasta que se produjo el bombardeo de la villa de Guernica por parte de la aviación nazi, suceso al que siguieron grandes manifestaciones de repulsa en París el 1 de mayo de 1937. “Ese mismo día se puso a trabajar en el mural”, señala Álix. Y lo hizo, continúa, “absolutamente revuelto por la situación y las circunstancias”, sin pedir dinero alguno para sufragar los importantes gastos que su trabajo suponía; aparte de las pinturas y el lienzo, tuvo que alquilar un taller más grande para contener el enorme tamaño de la obra: 7,7 metros de ancho y 3,49 de alto.


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Carta en la que José Gaos da cuenta a Juan Negrín del adelanto de 50.000 francos.
 

Testimonio de Max Aub


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Carta de Max Aub al embajador Luis Araquistáin sobre el pago de los otros 150.000 francos.

El comisario del pabellón, José Gaos, menciona los 50.000 francos de adelanto en una carta en la que da cuenta al presidente de la República, Juan Negrín, de los gastos de los preparativos hasta el 21 de mayo. Añadía que, en todo caso, ese pago no era suficiente: “La pintura mural hecha expresamente para nuestro pabellón debe ser adquirida por el Estado y por lo tanto a este le toca fijar en qué cantidad considere conveniente completar, como precio de esta adquisición, los 50.000 francos que se le han adelantado, teniendo presente que hasta ahora tampoco se han reembolsado especialmente a Picasso los gastos considerables de ejecución de esta pintura y sobre todo de las cuatro esculturas hechas también especialmente para el pabellón”.

Y de la entrega de los otros 150.000 francos deja testimonio Max Aub, delegado cultural de la embajada, en una carta del 28 de mayo. En ella anuncia a Araquistáin que había conseguido que el artista aceptase, al menos, “los gastos en que ha incurrido en su obra”. Y continúa: “Le he extendido un cheque por valor de 150.000 francos franceses, por los que me ha firmado el correspondiente recibo. Aunque esta suma tiene, más bien, un carácter simbólico, dado el valor inapreciable del lienzo en cuestión, representa no obstante prácticamente una adquisición del mismo por parte de la República”.

El propio Araquistáin recordaba ese episodio en una misiva que le envió a Picasso en 1953, en la que lamenta la pérdida tras su salida de la embajada de muchos documentos. “Entre ellos, el recibo que firmó usted a Max Aub de la suma que este le entregó a usted —pese a su resistencia a no aceptarla— en concepto de gastos incurridos en la realización”.

Aunque simbólica, 200.000 francos era una gran suma: “Pues sí, era dinero, si bien es muy difícil explicar a cuánto equivaldría actualmente”, dice Álix. Una herramienta de la página oficial de estadísticas del Gobierno francés dice que equivaldrían a unos 11 millones de euros actuales. También puede dar una idea al respecto el coste total del pabellón español para la Exposición Internacional de París: dos millones de francos, con lo que el pago a Picasso se habría llevado el 10%. “Es una buena cantidad, pero hay que tener en cuenta que es un trabajo bestial, que hace el artista más importante del mundo. Lógico es que se pagara. Pero de ahí a decir que lo hizo por dinero va un abismo”, termina la historiadora.


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Visitantes en torno al 'Guernica', de Picasso, en el Museo del Reina Sofía. / ANDREA COMAS


Una compra crucial

“Yo creo que en Picasso había ya un compromiso político y, además, con la República”, añade la historiadora de la UNED Genoveva Tusell, autora, entre otros, del libro El Guernica recobrado. Picasso, el franquismo y la llegada de la obra a España (Cátedra, 2017) Tusell menciona el cargo de director honorífico de director del Museo de Prado —“Que él siempre recordó con orgullo”— y la gira que hizo el Guernica tras la Exposición de París para recaudar fondos para la República en Gran Bretaña y, después, en Estados Unidos, donde permaneció el cuadro durante décadas hasta que el Gobierno español lo recuperó en 1981.

Tusell insiste en que en el proceso, el hecho de haber pagado por el cuadro en su día fue crucial, lo que vino a dar de alguna manera la razón a quienes se esforzaron tanto por formalizar la compra.     A pesar de la pérdida de los recibos, la carta de Max Aub en la que deja constancia de la entrega de un cheque y otros documentos —varias hojas de gasto, por ejemplo— fueron suficientes para demostrar la propiedad y para dar, de paso, la razón a quienes se esforzaron tanto por formalizar la compra.

La profesora de la UNED explica, además, cómo se consiguieron buena parte de esos papales gracias al diplomático Rafael Fernández Quintanilla, nombrado a finales de los setenta embajador en misión especial para recuperar la obra de Picasso. Fernández Quintanilla conocía al hijo de Luis Araquistáin, quien conservaba el archivo de su padre. Tras una complicada negociación, el diplomático logró hacerse con esa documentación que finalmente resultó crucial.


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Mensaje Re: Sabotaje (3ª Novela Serie Falcó), De Arturo Pérez-Reverte 
 
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SABOTAJE (SERIE FALCÓ 3) (En papel)
ARTURO PEREZ-REVERTE , 2018
Editorial: ALFAGUARA
Encuadernación: Tapa dura
Nº de páginas: 376 págs.
Precio: 20.90 €



Sinopsis

«La luz declinante de la ventana y su efecto óptico en el cristal daban una tenue pátina rojiza al enorme lienzo; como si éste, antes de ser realidad, ya empezase a ensangrentarse lentamente. Y de pronto, todo adquirió sentido.
-Se llamará Guernica -dijo Picasso.»

Mayo de 1937. La Guerra Civil sigue su sangriento curso en España, pero también lejos de los campos de batalla se combate entre las sombras. Una doble misión lleva a Lorenzo Falcó hasta París con el objetivo de intentar, de cualquier forma posible, que el Guernica que está pintando Pablo Picasso no llegue nunca a la Exposición Universal donde la República pretende conseguir apoyo internacional. Aunque ya se adivinan en Europa los vientos de la nueva guerra que asolará el continente, la música alegre sigue sonando, y el arte, los negocios, la vida frívola ocupan todavía a intelectuales, refugiados y activistas. Acostumbrado al peligro y a las situaciones límite, Falcó debe enfrentarse esta vez a un mundo en el que la lucha de ideas pretende imponerse sobre la acción. Un mundo que a él le es ajeno, y al que aplicará sus propios métodos.

Arturo Pérez-Reverte construye en Sabotaje una trama magistral que envuelve al lector hasta la última página, y completa con esta novela la trilogía protagonizada por Falcó, el personaje literario más fascinante de los últimos tiempos.


Comentario

Sabotaje es la tercera entrega de la serie Falcó. Arturo Pérez-Reverte sigue poniendo a su peculiar espía del bando Nacional en una nueva misión. esta vez en París, donde narra la curiosas aventuras para ejecutar su doble misión, no falto de muertes y persecuciones, aderezadas con los ligues de turno. La novela es entretenida, de fácil lectura. Recomendable.


Del 1 al 10 de doy un 8
 




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