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[Alpinismo] Pedir Turno En El Everest
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Mensaje [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
Pedir turno en el Everest

Las expediciones turísticas saturan la cima del planeta, convertida en un negocio para quien puede pagar una ascensión sin necesidad de ser alpinista



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Ascensión a la cima del Everest, en 2018. / Getty

El récord de ascensiones al Everest (8.848 m) en una temporada se produjo en 2018: 802 personas pisaron el techo del planeta pero solo una no empleó oxígeno artificial. Es la estadística que exaspera a Reinhold Messner y a Peter Habeler, los primeros seres humanos que desafiaron a la ciencia y a la medicina, prescindieron del aire embotellado y demostraron que el ser humano podía sobrevivir tirando de pulmones en lo más alto del planeta. Fue en 1978, el 8 de mayo: los que no criticaron su osadía extrema se emocionaron y los convirtieron en héroes. 41 años después, Reinhold Messner observa espantado un dato que le sorprende: solo el 4% de las 4.833 ascensiones que observa el Everest se lograron sin la ayuda de oxígeno en bombona, una forma de dopaje bendecida, aceptada y recomendada por todas las instancias que no desean que el Everest sea un cementerio.

 “Son turistas”, dice Messner, uno que enseñó el camino, la manera ética de escalar las montañas más elevadas del planeta. Habeler y él soñaron un Everest limpio, ético, una forma de respetar la montaña más elevada. Pero hoy en día, la cima del planeta es un negocio más, cada vez más pujante, ordenado, aséptico y alejado de la aventura que vivieron los pioneros. Todos los grandes alpinistas de la actualidad siguen la senda dibujada por Messner: dificultad técnica, ligereza, escasez de medios, velocidad, osadía… pero su ejemplo no significa nada en las dos rutas normales que conoce el Everest, una desde su vertiente de Nepal, la otra desde Tíbet. Y esto es un dolor de muelas para Messner o Habeler, convencido este último de que “la mayoría de los que pisan el Everest jamás deberían hacerlo”. Cada año, 1.000 personas entre escaladores profesionales, guías y clientes tratan de escalar la montaña. Para ello hacen cola, como a la entrada de los estadios de fútbol. Casi hay que pedir turno para subirla.

Un 64% de las ascensiones se dan desde Nepal y el 36% desde China, estadística idéntica en cuanto al numero de muertes, según el Himalayan database. Y hasta 288 personas han fallecido en el intento. El Chomolungma (nombre de la montaña en tibetano) o Sagarmatha, en su nombre nepalés, es un asunto comercial, un premio que se paga caro y que cada vez exigirá un mayor desembolso: China, cuya vertiente es más austera que la de Nepal, quiere que su ruta sea igual de popular, busca clientes y la creciente demanda se los concede, lo que se traduce en una guerra de precios al alza.

Escalar la cima del mundo cuesta entre 26.000 y 115.000 euros: la primera es la tarifa baja, pero hay una intermedia de unos 60.000 euros.  Solo el oxígeno embotellado cuesta unos 5.300 euros y da para unas 20 botellas, la medida perfecta para no congelarse, dormir plácidamente y no comprometer el viaje de ida y vuelta a la cima.

En 1978 Habeler y Messner escalaron hacia lo desconocido. Habeler asegura que escaló concentrándose en colocar un pie por delante del otro, sin cometer errores, aunque en su fuero interno temía un colapso súbito, esperaba el momento en el que ya no pudiese seguir respirando. Los dos médicos que les aguardaban en el campo base les habían advertido de lo que había en juego y cuando los vieron desaparecer ladera arriba, todos pensaron que caminaban hacia su tumba. Ellos, en cambio, confiaban en su juventud, en su fuerza y en el beneficio de escalar ligeros, con una diminuta mochila a la espalda.

Pese a todo, fue una pelea contra la aprensión y el cansancio extremo: Habeler sufrió alucinaciones y ambos se vieron arrodillados en la nieve, como animales, tratando de recuperar el aliento. Siempre miraron hacia la cima, como si la posibilidad de fallecer no existiese. Eran bestias motivadas, dos con una fortaleza psicológica desmedida. “Fue mi alma quien me condujo hasta la cima”, escribiría Messner. Cuatro décadas después apenas 200 alpinistas han querido seguir su ejemplo. Otros muchos son turistas en la cima del mundo.


Publicado por elpais.con el 14 de mayo de 2019




 

Esto ya no es un deporte es un espectáculo vergonzoso lo que están haciendo en el Everest. Pagan auténticas fortunas para que turistas ricachones presuman de la 'gesta' cuando los han subido en volandas varios ‘sherpas’ con oxigeno y entre algodones para que presuman de foto.
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
Seis muertos en el Everest en pleno atasco para hacer cumbre

Más de 200 alpinistas baten el récord de ascensiones en una misma jornada



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Alpinistas esperan su turno para llegar a la cumbre del Everest, el pasado miércoles. / Nirmal Purja - AFP

Hay días en que hace falta más paciencia y perseverancia para esperar el turno de tomarse una foto en la cumbre del Everest que para escalar la propia montaña. El miércoles fue uno de esos: más de 200 alpinistas hicieron cima, batiendo el récord de ascensos en una misma jornada. Los alpinistas formaron un atasco de varias horas mientras esperaban en un estrecho paso de la cresta sureste cerca del techo del planeta, como se ve en la fotografía superior. Dos de los que hicieron la cola murieron mientras descendían, tras haber hecho cumbre: el estadounidense Donald Lynn Cash y la india Anjali Kulkarni, ambos de 55 años. El organizador de la expedición de Kulkarni, Arun Trek, ha atribuido el accidente al excesivo flujo de montañeros, que retrasó su descenso, según ha declarado a la agencia AFP. En estos días han fallecido ya seis personas en el pico más alto del mundo.

Hoy viernes se ha informado de la muerte de otros cuatro alpinistas. Se trata de los indios Kalpana Das, de 52 años; Nihal Bagwan, de 27 años, y Dhurba Bista, de 33 años. Los dos primeros perecieron cuando descendían de la misma cima tras soportar horas de embotellamiento. El tercero falleció mientras guiaba a sus clientes a la montaña, según dijo su empleador, Anil Bhattarai, de Himalayan Ecstasy Treks, a France Presse. Un cuarto escalador, un austriaco de 65 años, murió en la ruta tibetana, menos transitada que la nepalí, según anunció el organizador de su expedición

"Ha sido un día de mucho tráfico. Las expediciones se quejan de que hay que esperar dos o más horas para llegar a la cumbre", ha afirmado Gyanendra Shrestha, representante del Ministerio de Turismo de Nepal. Unos 250 montañeros salieron del campo IV (7.900 metros) durante la noche del martes al miércoles, según explicó Shrestha a Efe. El estadounidense fallecido este jueves se desvaneció en la cumbre mientras inmortalizaba el momento. "Nuestros dos sherpas ayudaron a recobrar la conciencia [a Donald Lynn Cash], pero luego falleció cuando se lo traían de vuelta", ha explicado Pasang Tenje Sherpa, de la expedición Pioneer Adventure.

La pasada temporada se batió el récord de ascensiones al Everest (8.848 m): 802 personas pisaron el techo del planeta. Cinco alpinistas murieron en el intento. Con los seis fallecidos entre el miércoles y este jueves son ya ocho los montañeros que han perdido la vida en lo que va de la presente temporada. La semana pasada murieron un montañero indio y un irlandés que resbaló y cayó cerca de la cumbre.

Abril y mayo son los meses más favorables para escalar el Everest. Se pronostica, sin embargo, que las condiciones climáticas favorables que se han dado en estos días van a cambiar en menos de una semana. Un 64% de las ascensiones se dan desde Nepal y el 36% desde China, estadística idéntica en cuanto al numero de muertes, según el Himalayan database. En el intento han fallecido 288 personas. Escalar el Everest cuesta entre 26.000 y 115.000 euros: la primera es la tarifa baja, pero hay una intermedia de unos 60.000 euros. La diferencia es que las tarifas bajas son las fijadas por agencias de Nepal, mientras que las altas pertenecen a empresarios extranjeros que llegan a emplear varios guías para una sola persona.

En 2012 se produjo otro atasco cuando 260 montañeros trataron de hacer cumbre en un mismo día aprovechando el buen tiempo, lo que causó una acumulación de gente en el famoso escalón Hillary, una roca vertical de 12 metros que supone el último gran obstáculo antes de hacer cumbre. En esa ocasión, 179 personas llegaron a los 8.848 metros y cuatro perecieron por cansancio y mal de altura cuando regresaban.


elpais.com



 

Vergonzoso.
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
Si que es una verguenza pero la gente que va es mas lamentable porque jugarse la vida así para subir de esa forma hasta poco mérito tiene.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
Cruzarse con muertos en el Everest

El montañero David Goettler relata a EL PAÍS su estupor al ver los cuerpos de los fallecidos en la cumbre más alta



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Policías nepalís y miembros de los servicios de rescate, con cuatro de los cadáveres rescatados, en Katmandú. / NARENDRA SHRESTHA - EFE

En 1992, los hermanos Iñurrategi, Alberto y Félix, escalaron el Everest sin ayuda de oxígeno artificial. El día de cima, 28 personas salieron desde el campo 4, a 8.000 metros, dispuestas a superar los 848 metros del desnivel que les separaba de la ansiada cima. “Solo llegamos cuatro a la cima. Recuerdo lo mucho que nos costaba avanzar, la lentitud extrema, fruto de la altitud y, por qué no decirlo, de la inexperiencia”, recuerda Alberto. Con 23 años, se convirtió en el hombre más joven en lograrlo. Tanto él como su hermano escalaron en estilo alpino: acarreando de campo en campo todo lo necesario sin ayuda de porteadores de altura. El pasado 22 de mayo, el guía de alta montaña alemán David Goettler, uno de los himalayistas más respetados, quiso escalar el Everest sin oxígeno embotellado: se lo impidió una marabunta de gente que no le permitía avanzar.

A 8.650 metros, atascado y con el tiempo empeorando rápidamente, entendió que podía morir, así que giró sobre sus crampones y desistió. Todos los que entorpecían la vía, más de 300 personas, viajaban chupando oxígeno embotellado y atadas a las cuerdas fijas situadas previamente por un equipo de sherpas. “Cuando nosotros abandonamos el campo 4 no había un metro de cuerda fija instalada. Fuimos sueltos y cuando decidimos encordarnos para superar el escalón Hillary [la última dificultad que defiende la cima] nos dimos cuenta de que habíamos olvidado la cuerda. Cortamos restos de cuerdas abandonadas y con eso superamos el paso”, recuerda Alberto.

Goettler escogió el peor día en la historia del Everest para escalarlo sin oxígeno: nunca antes se habían conocido tantas cimas en un mismo día y esto es porque esta temporada las ventanas de buen tiempo han sido muy escasas y el frío más acusado. Sabía que apenas tenía opciones de llegar a la cumbre. Arriba el embudo sería atroz: no todos caben en la pequeña cúspide, pero todos desean permanecer en ella, hacerse fotos o, como alguno, tocar el saxofón. Y mientras unos se regodean, otros esperan anclados a la cuerda milagrosa, enchufados a un chorro de oxígeno a plena potencia que evita que mueran congelados o fulminados por la altura y vigilados de cerca por sus sherpas. Pero esa espera no puede asumirla alguien que viaje sin oxígeno artificial.

Bajada en masa

“En el campo 4”, explica Goettler, “no dormí, pero pude descansar, aunque pasé frío porque para ahorrar peso prescindí del saco de dormir. Dentro de la tienda hacía 23 grados bajo cero, y no quiero ni imaginar a qué temperatura estuve a 8.650 metros”. David vio cómo la mayoría de los aspirantes a cima dejaban el campo 4 a las nueve de la noche, para ellos la única forma de disponer del tiempo suficiente para subir, esperar y bajar. “Pero yo no podía salir tan pronto, porque el frío de una noche tan larga habría podido conmigo, así que decidí salir a las dos y media de la madrugada”.
 

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David Goettler, en el Everest.

Perfectamente entrenado y aclimatado, Goettler tardó mucho menos que la comitiva que le precedía en alcanzar los 8.650 metros, pero ahí la realidad vino a cortarle el paso: “Lo bueno de salir más tarde es que fui solo, sin gente en la dirección en la que yo iba, pero en ese punto todos llegaron en dirección contraria”. Como un tsunami. “Así que aunque no tuve que adelantar a nadie, sí me vi obligado a dejarles bajar, con lo que acabé encontrándome con el mismo problema: no podía avanzar”, recuerda.

Hasta ese momento, Goettler escalaba “de forma lentísima”, pero sentía bien todos sus dedos y el frío no había hecho mella en su organismo. Entonces el viento frío empezó a sacudirle y comenzó a nevar ligeramente. El valor auténtico de un alpinista viene dado por su capacidad para tomar decisiones adecuadas en situaciones de estrés. Goettler no dudó: decidió abandonar. “Seguir implicaba un riesgo mucho más elevado del que deseaba asumir, sobre todo porque la situación ya no estaba en mis manos, sino que dependía de otros, de los que estaban aún arriba y tenían que bajar, y eso era meterme en una trampa”, explica el alpinista alemán.

Goettler vio los cadáveres de dos alpinistas, lo que sirvió para ponerle en guardia. “Es un sentimiento extraño. Intentas hacer una de las cosas más bellas de tu vida, y te cruzas con muertos. Uno entiende lo mortíferas que son las montañas, la importancia de hacer bien las cosas. Viendo esos cuerpos uno recuerda lo completamente perdidos que están aquí arriba la mayoría a poco que falle la mínima cosa”.

Hoy en día, un alpinista sin oxígeno embotellado en el Everest es un marciano. “Muchos guías y conocidos me animaron a seguir, me transmitían su complicidad. Pese a no haber hecho cima, recuerdo momentos preciosos: bajando de noche desde el campo 4 no encontraba mi frontal y dos sherpas que también descendían me iluminaron todo el camino. Reímos, charlamos y fue un bello momento”, cuenta Goettler , quien escaló el Shisha Pangma en estilo alpino hasta los 8.000 metros a la carrera, junto a Ueli Steck.

Pese a todo, Goettler desea aclarar que no está “enfadado con nadie, ni siquiera con las aglomeraciones: simplemente esperaba que hubiese más ventanas y que todo quedase repartido, pero no ha sido así y solo me queda volver a intentarlo. Quizá si hubiese arrancado antes, el mal tiempo no me habría afectado… pero quizá el frío sí habría podido conmigo. Parece que el 22 de mayo 200 personas hicieron cima y 300 el día que lo intenté yo, es decir, el 23, pero son cifras por confirmar. Creo que la francesa Elisabeth Révol hizo cima sin oxígeno”. Es la novena mujer en lograrlo.

Seis montañeros murieron entre el 22 y el 23 de mayo. Ninguno se accidentó.

elpais.com
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
Cuando tienes que esperar al mal tiempo para poder subir el Everest

Entre su proyectro de subir seis 'ochomiles' sin oxígeno en un año, cifra récord, el alpinista español se encontró esta semana con un atasco en el techo del mundo



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Sergi Mingote, el año pasado, en la primera parte de su proyecto 3x2x8000. SERGI MINGOTE

A principios de esta semana estaba en el Campo Base del Everest, a más de 5.000 metros de altitud, rodeado por 700 o 800 personas y lo pensaba: se necesita una regulación ya. El Everest es un sueño legítimo, la montaña siempre está para cualquiera que quiera conocerla, pero no se pueden permitir los atascos de estos días de buen tiempo. Las tragedias se suceden, hay gente que no vuelve con sus familias... Es una situación que no se puede seguir repitiendo.

No es tarea de los alpinistas, es tarea de las autoridades de los países correspondientes, pero para mí hay varios métodos para asegurar la seguridad en el Everest. Por ejemplo, para dar permiso para ascender, se podría pedir que antes se haya hollado otra montaña de más de 8.000 metros. Así se certificaría cierto nivel de los aspirantes y el número bajaría quizá hasta un 90%. Hoy en día la mayoría de los que lo intentan no son alpinistas, son turistas de altura. Pagan a una empresa, forman una expedición comercial, siguen sus líneas de ascenso y están asistidos desde muy abajo.

En ello, el oxígeno embotellado es clave. El oxígeno no cambia una ascensión un 10%, un 20% o un 30%, la cambia al 100%. Diría que las bombonas rebajan 2.000 metros al Everest. Pero no quiero banalizar. Pese a las ayudas, el riesgo sigue estando ahí y pensar que subir un ochomil es fácil es un grave error que provoca muertes.

En mi caso, la masificación me afectaba de una manera muy clara: debía esperar.

Me encuentro en los últimos pasos de un proyecto solidario llamado 3x2x8000 con el que busco ascender sin oxígeno seis ochomiles en un año. Son seis cimas porque colaboro con seis asociaciones como por ejemplo APINDEP, con los que pude organizar hace unas semanas un trekking hasta Namche con personas con discapacidad. Después de coronar el Broad Peak, el K2 y el Manaslu entre julio y septiembre del año pasado, la semana pasada ascendí al Lhotse y esta semana me había propuesto ascender el Everest.

El planteamiento ante los atascos era más o menos sencillo: renunciar a subir en los días con mejor tiempo, esos días en el que las expediciones comerciales se agolpan en el techo del mundo, e intentarlo unos días después, cuando las condiciones no fueran tan, tan buenas. Qué remedio. Era la única manera de poder ascender sin oxígeno y no exponerme a los riesgos de verme frenado en la cima.

Pero una lesión me obligó a cambiar los planes. En el Lhotse me cayó una piedra antes de hacer cumbre, sufrí una fisura en las costillas que se complicó con una infección de pecho y en el Campo Base del Everest decidí no intentar el ascenso.
 
Me volví a casa también triste por ver la cara más amarga de la montaña [el alpinista Ivan Tomov falleció en el Lhotse cuando Mingote intentaba rescatarlo]. Pero igualmente no renuncio al proyecto. El 13 de junio planeo marcharme a Pakistán para intentar encadenar Gasherbrum I y Gasherbrum II y completar así los seis ochomiles. Si no hay prescripción médica en contra, estoy decidido.
Y allí, seguro, que no habrá problemas de masificación ni nada parecido.

Porque me gustaría recordar algo muy obvio: hay otras montañas. El Lhotse, por ejemplo, está muy cerca del Everest, pero en la subida no me encontré a nadie y pude disfrutar de la cumbre solo. Lo que ocurre en el montaña más alta del mundo no ocurre en ningún otro lugar. Lo pensaba en el Campo Base:se necesita una regulación ya.

SERGI MINGOTE / elmundo.es
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
El peligroso ‘servicio VIP’ del Everest

Las excesivas ayudas en las cumbres, como el oxígeno artificial, disfrazan la realidad: muchos suben sin estar preparados



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Una expedición afronta el Paso de Hillary en su ascensión al Everest. STR - AFP

En el mundo de la montaña tienden a disiparse cuestiones fundamentales. Antes de que algunos abrazasen el montañismo como un objeto más de consumo, la mayoría trataba de colocarse a la altura de la montaña, esto es, sin buscar atajos y trampas para lograr lo contrario: degradar la montaña a la altura de su incapacidad. Si el Everest representa el triunfo de este artificio, su triste realidad se explica por cuestiones de ego y de simple y puro engaño o ingenuidad. Por ejemplo, muchos de los que estos días han colapsado el techo del planeta aceptaron anuncios como este: “Si desea descubrir qué se siente en el punto más elevado del planeta y dispone del capital suficiente para compensar su edad avanzada, su deficiente condición física o su miedo al riesgo, puede apuntarse al servicio VIP del Everest ofrecido por…”.

En las montañas más elevadas del planeta existen trucos de magia, ninguno tan poderoso como el uso de oxígeno embotellado o las cuerdas fijas. Si allá arriba cuesta respirar, basta con enchufarse un buen flujo de oxígeno embotellado. Si puedes caer y morir, basta con ir atado a kilómetros de cuerda fija para que nadie caiga o se extravíe. Con todo, en apenas tres días 10 personas han fallecido en el Everest. Ninguna se accidentó. Chupando a pleno rendimiento el oxígeno artificial, los 8.848 metros quedan en apenas 6.000. Aún con todo, la gente cae muerta de forma súbita. Xabier Leibar, médico y director del Centro de Perfeccionamiento Técnico de Getxo (Bizkaia), considera que las muertes se dan “por un fallo multisistémico causado por fatiga extrema que genera problemas cardíacos, renales, edemas, pero como nunca se van a hacer autopsias nunca se sabrá la causa objetiva de la muerte. Pero es evidente que aún con el oxígeno artificial, no se está como al nivel del mar, y la mayoría tampoco está bien preparada y esto les afecta mucho porque les coloca en una situación límite. Salvando las distancias, pasa lo mismo en las maratones: algunas de las muertes se dan en individuos que corren por encima de sus posibilidades”.
Sherpas y cuerdas

En un estudio publicado en 1999 en el American Alpine Journal y firmado por Xabier Eguskitza y Raymond B. Hue, se recogía una estadística que venía a validar en parte el uso de oxígeno embotellado en el Everest: entre 1978 y 1999, el 3% de los que habían alcanzado el techo del mundo con la preciada máscara había fallecido. En cambio, el 8% de las cimas sin ayuda de oxígeno embotellado había acabado encontrando la muerte. El estudio, previo al boom turístico en dicha montaña, sugería que el uso de bombonas restaba peligro a la ascensión pero advertía de que su uso generalizado pondría en peligro a los sherpas que trabajan en el Everest y que dispararía el número de candidatos a exponerse a una altura crítica. Es decir, habría más muertes. Si hasta 1999 se contaban 165 fallecidos en el Everest, los 10 montañeros fallecidos esta semana elevan la cifra hasta los 307.

Si, como reconocen los alpinistas de pedigrí, usar oxígeno embotellado es trampa, dicha trampa empieza a revelarse mortal porque pese a todos los artificios, trucos y ayudas, el hecho es que ni siquiera las cuerdas, la ayuda inestimable de los sherpas, las comodidades impensables del campo base y todo el dinero del mundo permiten soslayar una realidad: allá arriba hasta los mejores alpinistas tratan de sobrevivir. Y hasta los más preparados física y técnicamente reconocen que sin la ayuda del oxígeno artificial no caminan, se arrastran. Tal y como explica el alpinista alemán David Goettler, “la indefensión de los que hacen cola es terrible” porque el más mínimo desajuste derivará en tragedia. Solo aquellos que deciden pagar sumas ingentes para disponer de tres o cuatro sherpas profesionales, pueden aspirar a que ellos tomen en su lugar una decisión: renunciar antes de que sea demasiado tarde. Pero todos saben ya que puede que su organismo no soporte el reto.

elpais.com
 




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Mensaje Re: [Alpinismo] Pedir Turno En El Everest 
 
La historia detrás de la famosa foto del fatídico atasco en el Everest

El alpinista nepalí Nirmal Purja cuenta cómo captó la imagen de la aglomeración en el techo del mundo e intentó organizar ese caos



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En vídeo, atasco en el Everest el 22 de mayo. IRMAL PURJA Vídeo: Atlas

“Sí, yo hice la foto”. Nirmal Purja (Myagdi, Nepal; 1984) estaba ahí el pasado 22 de mayo. Cerca de la cima del Everest. El alpinista nepalí había coronado la cumbre del mundo (8.848 metros) y se encontraba en pleno descenso cuando se vio atropellado por la marabunta. Más de 200 personas intentaban el ascenso en un atasco humano jamás visto en el techo del planeta. Purja no podía avanzar. La aglomeración amenazaba con convertirse en una trampa mortal. Entonces se quitó los guantes y tomó una fotografía espectacular, tremendamente significativa de aquello en que se ha convertido el Everest: un destino para turistas que las compañías comerciales ofrecen a precio de oro sin importar la preparación física o técnica de los clientes. Hasta 10 personas murieron en el intento.

“Me encontré totalmente atascado en ese tráfico de gente ahí arriba”, cuenta Nirmal Purja a EL PAÍS. “Yo estaba bajando. De repente, me quedé parado, sin poder moverme. Había más de 200 personas intentando subir. Miré alrededor y tomé la fotografía. Me quité los guantes. Tenía las manos heladas y los dedos entumecidos, pero quería hacer la foto como prueba de lo que pasaba. Claro que estaba preocupado cuando vi esa gigantesca cola. El viento era de unos 35 km/h. Si hubiera sido cinco kilómetros más, habría habido más muertos ese día”.

En un escenario en que hasta los mejores luchan por sobrevivir, el pelotón de montañeros acabó siendo una ratonera. A 8.000 metros, no hay espacio para un carril de ida y otro de vuelta. “Me encontré allí como si fuera un policía de tráfico. Estuve tratando de dirigir ese atasco humano durante hora y media. Todo el mundo quería subir y todo el mundo quería bajar. Lo que hice fue pararme y controlar el tráfico. Iba mandando gente arriba y abajo continuamente”, prosigue Purja su relato.

Curiosamente, la foto de denuncia del alpinista nepalí —que lamenta que algunos medios hayan usado sin citarle— ilustra una realidad de la que él mismo participa. Purja está inmerso en Project Possible 14/7, su reto de escalar los 14 ochomiles en siete meses cuando el anterior registro es de siete años y 10 meses, propiedad del coreano Kim Chang-ho (murió en 2018 por una avalancha), un mes menos que el polaco Jerzy Kukuczka, que enlazó las cimas entre 1979 y 1987 sin pensar jamás que estaba en una competición. Ahora hay un alpinismo que mira hacia los récords. “Estoy intentando lo imposible”, explica Nirmal Purja, “romper la marca de los 14 ochomiles y romper otros récords como el del ascenso más rápido al Everest. Quiero probar lo que puede conseguir el ser humano, su potencial”. Y para ello, toda ayuda es poca: cuerdas fijas, oxígeno embotellado, sherpas, helicópteros para los desplazamientos... Todo para conseguir una marca o, en el caso de esos turistas hacinados en el Everest, el simple sello de haber puesto los pies en la cima del mundo.

En su carrera, Purja ha subido desde abril seis cumbres en tiempo récord: Annapurna, Dhaulagiri, Kanchenjunga, Makalu, Everest y Lhotse (tiene el registro más veloz de encadenar estas dos últimas cimas en 10 horas, en 2017). En junio lo intentará en el Nanga Parbat, Gasherbrum I y II, Broad Peak y K2, y para otoño le quedarán Manaslu, Cho Oyu y Shisha Pangma. Un maratón.

“Creo que la montaña es para todos. Si la gente quiere subir el Everest, tiene derecho. Hay muchas rutas diferentes por las que se puede subir. Simplemente, hay que saber gestionar bien esa cantidad de gente”, afirma Purja, un alpinista con alma de militar. Fue soldado de la Marina Real Británica, condecorado el año pasado como miembro de la Orden del Imperio por la reina Isabel II. “Yo estuve con los gurkhas [pueblo combatiente nepalí] y fui a la guerra. Provengo de las fuerzas británicas. Ahí te crees que eres invencible, te crees el más grande. Y cuando estás en la montaña, te hace poner las cosas en perspectiva. Te das cuenta de que no eres nadie”. O uno más en el atasco del Everest. Eso sí, autor de una foto histórica.



as.com / EFE
 




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