La 'cara B' de Goya y Ribera
Una muestra sobre los grabados de Goya y otra de los dibujos de Ribera evidencian los lazos que unen a estos dos genios de la pintura
Disparate femenino (1816-1824). Aguafuerte de Goya.
Estos días pueden encontrarse murciélagos, torturados, testimonios callejeros, dolores y disparates tanto en el Museo del Prado, de la mano de José Ribera (1591-1652), como en el Lázaro Galdiano, si los prefieren de Francisco de Goya (1746-1828). Se trata de obras realizadas sobre papel, dibujos en el caso de Ribera y grabados en el de Goya. Las piezas recogidas en ambas exhibiciones son especiales y muy delicadas porque no pueden exponerse más de dos meses seguidos (la luz daña mucho este soporte) y tampoco pueden prestarse ni volver a mostrarse hasta pasados al menos cinco años. Los dibujos de Ribera han corrido este riesgo porque se ha editado un catálogo exhaustivo sobre ellos mientras que las estampas de Lázaro Galdiano son rarezas. Por ejemplo, las pruebas de estado (impresiones que se hacen para ver cómo va el diseño por si necesita cambios) están hechas por el propio Goya. Algunas de ellas fueron modificadas y otras desechadas de modo que son copias únicas.
Puntos de unión
Pese a los dos siglos que les separan, Goya y Ribera tienen mucho en común. Lo más importante quizá sea el temperamento que les condujo a interesarse por ciertos temas, a querer ser testigos de prácticas crueles y a adoptar un tono satírico y disparatado en ocasiones.
Disparate de Bestia (1815-1824), aguafuerte de Goya.
En Goya esta exploración del absurdo, del jeroglífico o de la furiosa denuncia moral se plasma en la serie de los Caprichos y sobre todo en la de los Disparates. Disparates de Bestia, de Tontos o toritos, Disparate Puntual se titulan algunos que muestran, respectivamente, un elefante, toros volando y un caballo funambulista sobre el que se sitúa una grácil joven. Igualmente misterioso es el murciélago entre dos orejas humanas donde se lee "La virtud refulge siempre", de Ribera, o los titulados Caballero con hombrecillos encaramándose a su cuerpo o Cabeza grotesca con figuritas en el sombrero, de las cuales una es un ahorcado y otra un señor que cuelga boca abajo. Pero lo verdaderamente chocante en estos extraños motivos es que el mimo con el que están tratados los detalles los acercan al ámbito de lo cotidiano, como si fueran posibles, como si que los toros volasen no fuera nada comparado con las cosas que nos pasan todos los días.
Cabeza grotesca con figuritas en el sombrero (1630), dibujo de José de Ribera.
En este sentido, es difícil averiguar qué es más real para Ribera, si las figuras alargadas que dibuja concienzudamente para componer sus cuadros o las personas que luego coloca en la misma posición que los personajes del dibujo para pintarlos del natural. Y es que, pese a que los modelos de las telas son más correctos anatómicamente, resultan menos convincentes que los dibujos que expresan mejor la vulnerabilidad del cuerpo humano. Hasta tal punto esos martirios y suplicios públicos resultan inconcebibles.
Un murciélago y dos oreja (1620), dibujo de José de Ribera.
Qué: Ribera. Maestro del dibujo
Dónde: Museo del Prado (Paseo del Prado, s/n. Madrid)
Cuándo: hasta el 19 de febrero
Qué: Goya. Obra gráfica. Colección Lázaro
Dónde: Museo Lazaro Galdiano (Serrano, 122. Madrid)
Cuándo: hasta el 12 de febrero
Fuente: elmundo.es
