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FORO DE XERBAR


Galería Museos y Palacios Españoles - Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)



j.luis [ Jueves, 25 Octubre 2007, 17:22 ]
Título del mensaje: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Este trabajo recopilatorio está dedicado al gran museo que alberga la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Es un tesoro escondido ubicado a unos pasos de la Puerta del Sol y es el gran desconocido para los madrileños y turistas que visitan la capital. No se sabe por qué recibe pocas visitas, cuando alberga auténticas joyas, especialmente pinturas y esculturas de grandes maestros. Siempre he pensado que está poco publicitado por las distintas instituciones culturales, que escasamente promocionan el arte.


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Cuna de muchos artistas españoles, con obras representadas de grandes maestros como: Velázquez, Goya, Murillo, Zurbarán, El Greco, José de Ribera, Vicente Carducho, Luis de Morales, Antonio de Pereda, Alonso Cano, Francisco Bayeu, Vicente López, Muñoz Degrain, Hermengol, Moreno Carbonero, de los Madrazo, Sorolla, Cecilio Plá, Ricardo Bellver, Mariano Benlliure, etc...

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fue promovida por Felipe V a instancias del escultor Juan Domingo Olivieri, y del primer Secretario de Estado, el Marqués de Villarias (1744), se erigió definitivamente en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por Real Decreto de 12 de abril de 1752 del monarca Fernando VI.

A las tres Secciones iniciales de Arquitectura, Escultura y Pintura, se han sumado más tarde las de Música (1873) y la de Nuevas Artes de la Imagen (2004), sumando en la actualidad un total de cinco.

Las siete Comisiones que componen actualmente el organigrama son las de Administración, Monumentos y Patrimonio Histórico, Museo y Exposiciones, Calcografía, Taller de Vaciados y Reproducciones, Archivo Biblioteca y Publicaciones, y Medalla de Honor.

Consta de 56 Académicos de Número de nacionalidad española, Académicos Honorarios y Académicos Correspondientes, españoles y extranjeros. Un Real Decreto de 13 de abril de 2004 aprueba una Reforma parcial de los Estatutos, que fija en 56 los Académicos de Número, añadiendo la mencionada Sección de Nuevas Artes de la Imagen, cuyas plazas quedan separadas de la de Escultura. Entre las novedades se contempla la figura del Vicedirector-Tesorero.

Cuenta entre sus fondos con Biblioteca y Archivo y con las colecciones del Museo, Calcografía y Taller de Vaciados.

El Museo de la Academia conserva obras maestras del arte español, italiano y flamenco. Alberga un patrimonio formado por más de 1.400 pinturas, 1.300 esculturas y 15.000 dibujos.

Espero que esta recopilación que he realizado, guste a los aficionados a las artes.




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El Palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá de Madrid, sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Página web de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Visita virtual a la Real Academia

Dirección: C/ Alcalá, 13 MADRID (Metro: Sol y Sevilla) Tel.: 915327343

Precio: Tarifa general: 6 euros y 3 euros reducida, a los titulares de carnet joven, carnet de estudiante o sus correspondientes internacionales, grupos vinculados a instituciones culturales o educativas constituidos entre 15 y 25 personas, miembros de patronatos u otros órganos de gobierno de museos públicos. Ciudadanos de la U.E. miembros de familia numerosa.



Un poco de historia


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Escudo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fue creada en 1752, con sede en Madrid. Sus orígenes se relacionan con la Ilustración. Sus primeros estatutos fueron aprobados en 1744, pero su constitución definitiva data de 1752, con el Rey Fernando VI, quien la llamó: Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando. En un principio las actividades se basan en Pintura, Arquitectura y Escultura. Su propósito era convertir la materia artística en materia universitaria. En 1873 recibió su denominación actual y se abrió una nueva sección de Música.

Se llevaron a cabo dos reformas: con la primera (1987) se ampliaba a 51 el número de académicos numerarios y se integraban televisión, fotografía, vídeo y cinematografía a la sección de Escultura, que pasó a llamarse Sección de Escultura y Artes de la Imagen; la segunda reforma (1996) elevó a 52 el número de académicos numerarios.

A lo largo de toda su historia la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha ocupado en Madrid tres sedes distintas. Actualmente se encuentra instalada en el Palacio Goyeneche (calle de Alcalá, 13). Con el arquitecto Fernando Chueca Goitia se llevó a cabo en 1972 la remodelación del edificio.

Al margen de su actividad docente, la Real Academia es célebre por sus colecciones de arte, que se exhiben (no sin limitaciones) en su sede de Alcalá. Abarcan más de cuatro siglos, desde Luis de Morales a Juan Gris y autores aún posteriores. Entre las muchísimas obras dignas de mención, destaca un Busto de Cristo de Giovanni Bellini, La Primavera, chocante puzzle floral de Arcimboldo, su único ejemplo en España, así como Susana y los viejos de Rubens, el famoso "Sueño del caballero" de Antonio de Pereda, varios ejemplos de Ribera, "Diógenes" de Luis Paret y una de las mejores colecciones de Goya, con cuadros famosos como El entierro de la sardina y un Autorretrato (del cual hay otro ejemplar idéntico en el Museo del Prado). El museo exhibe asimismo esculturas. Aunque no tan famoso como el Prado o el Museo Thyssen, es una de las pinacotecas más importantes de España.



Colección


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La colección permanente de la Academia incluye obras maestras del arte español, italiano y flamenco. Goya fue miembro desde 1780 y el Museo conserva 13 pinturas de su mano destacando los dos Autorretratos, la Corrida de Toros, los retratos de Moratín, Juan de Villanueva, la actriz La Tirana y la célebre escena del Carnaval conocida como Entierro de la Sardina.

Forman parte de la colección permanente del museo obras como el Agnus Dei y los Frailes Mercedarios de Zurbarán; una María Magdalena de Ribera, firmada en 1636; el único Arcimboldo conservado en España; la Riva degli Schiavoni en Venecia, firmado por Leandro Bassano; el espléndido cuadro el Sueño del caballero de Pereda; la escena del Antiguo Testamento de Susana y los Viejos de Rubens; la Marquesa de Llano de Mengs, el cuadro de Van Loo de Venus, Mercurio y Amor realizado en 1748; el siglo XIX está representado por el arte español con la serie de retratos de Vicente López, el magnífico retrato de Manuel Godoy, Príncipe de la Paz de José de Madrazo o el Retrato de Isabel II de Federico de Madrazo. También se muestran otras tendencias como el romanticismo de Esquivel y otros géneros como los paisajes de Haes.El siglo XX merece una especial atención ya que nos ofrece la obra de académicos actuales, permitiéndonos tener una visión del arte contemporáneo. Así se pueden seguir todas las tendencias artísticas del siglo con obras impresionistas de Sorolla y Cecilio Plá, el regionalismo de Sotomayor, los retratos de Vázquez Díaz y paisajes de Benjamín Palencia, Lozano, Genaro Lahuerta, etc...


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Una sala de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El museo ofrece también una colección importante de escultura que permite ver la evolución escultórica española desde el siglo XVII hasta nuestros días, con ejemplos tan sobresalientes como el San Bruno de Manuel Pereira o La Dolorosa de Pedro de Mena; Retrato de Fernando VI y Retrato de doña Bárbara de Braganza, relieves de Gian Domenico Olivieri; el Retrato de Alfonso Clemente de Aróstegui de Felipe de Castro; el Felipe V a caballo de Roberto Michel y el Felipe V a caballo de Manuel Francisco Álvarez de la Peña; el conjunto de la Degollación de los Inocentes realizado por José Ginés para Carlos IV; el Retrato de Antonio Teixeira Lopes por Mariano Benlliure y Gil, Sensitiva de Miguel Blay; Cabeza de mujer de Picasso; Academia de Pablo Gargallo. De gran interés son también las obras de alumnos de la Academia realizadas con motivos de Concursos Generales y becas, así como la sala de vaciados con una importante colección de obras en yeso.

En las salas del Museo también se puede contemplar obras adquiridas a través del Legado Guitarte, como la Vanitas de Michel Bouillon realizada en 1668, el Autorretrato de Francisco Bayeu; el magnífico Bodegón de limones de Juan de Zurbarán, la Cabeza de Apolo atribuida a Thorwaldsen, el Pintor en su estudio de Magnasco, pintura cubista a través del Bodegón con frutero, botella y periódico de Juan Gris, parte del conjunto de grabados de Picasso de la Suite Vollard etc.

Además se exponen dibujos y planos de arquitectura de forma rotativa.




Algunas obras


Goya en la Academia


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Goya - Autorretrato (1815). Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

Goya, pintor que maduró con la Ilustración y abrió paso a las formas y temas del arte contemporáneo, estuvo muy vinculado durante su larga vida a la Real Academia, que conserva un excepcional conjunto de pinturas muy representativo de sus distintas etapas.

Las 13 obras de Goya en el Museo de la Academia quedan encuadradas entre dos de sus autorretratos: el Goya joven ante el caballete, y el de busto, contemporáneo del que conserva el Museo del Prado con el pintor próximo a cumplir los 70 años.

Su relación personal con miembros ilustres de la cultura de su tiempo quedó plasmada en numerosos retratos, género en el que Goya fue profundamente innovador. La Aca­demia conserva excelentes retratos de tres figuras destaca­das y amigos personales del maestro: Leandro Fernández de Moratín, Juan de Villanueva y José Munárriz. A ellos se une el de la gran actriz "La Tirana", que refleja el amor de Goya por el teatro. De signo diferente es el retrato ecuestre de Fernando VII, encargo oficial de la Academia, así como el del favorito Manuel Godoy en el apogeo de su poder.

Especialmente significativo es el conjunto de las cinco tablas de pequeño formato: El entierro de la sardina, Pro­cesión de disciplinantes, Corrida de toros, La casa de locos, El Tribunal de la Inquisición. Son obras consideradas como "cuadros de gabinete" en los que Goya dejaba libre curso, en sus propias palabras, "al capricho y la invención".

Doce de estas pinturas llegan a la colección de la Aca­demia en el siglo XIX en diversas fechas y circunstancias (legados testamentarios, donaciones y, en el caso del retra­to de Godoy, desde sus propiedades confiscadas). Ya en nuestros días adquiere la Academia –gracias a la Herencia Guitarte – el espléndido Autorretrato ante el caballete.


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Sala Goya

El primer contacto de Goya con la Academia tiene lugar en 1763, cuando el joven pintor se presenta al concurso trie­nal convocado por la institución. Concurso en el que no tiene éxito, siendo su compañero Gregorio Ferro el que consigue la pensión para Roma. Este contratiempo le lleva a solicitar ayuda de su paisano Francisco Bayeu, amigo de su padre y pintor introducido en la Corte, como más tarde recordará el propio Goya.

Tres años después, se presenta nuevamente al concurso de la Academia, optando en este momento al premio de 1ª clase. Su estilo personal no es apreciado por el jurado, que otorga el premio en esta ocasión a Ramón Bayeu.


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Goya - Autorretrato ante su caballete (1785 aprox.)


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El entierro de la sardina. Francisco de Goya, 1812-1819. Óleo sobre tabla, 82,5 × 62 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid,

El entierro de la sardina es un cuadro de pequeño formato que pintó Francisco de Goya entre 1812 y 1819 y guarda relación con una serie de cuadros de gabinete de costumbres españolas, si bien estas están muy alejadas de los temas y la estética rococó y neoclásica de los cartones para tapices. El conjunto incluiría Corrida de toros en un pueblo, Procesión de disciplinantes, Auto de fe de la Inquisición y Casa de locos, todos ellos fechados entre 1815 y 1819. Todos ellos son óleos sobre tabla de parecidas dimensiones (de 45 a 46 cm x 62 a 73, excepto El entierro de la sardina, 82,5 x 62) y se conservan en el museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La serie procede la colección adquirida en fecha desconocida por el Corregidor de la Villa de Madrid en la época del gobierno de José Bonaparte, el comerciante de ideas liberales Manuel García de la Prada, cuyo retrato pintó el aragonés entre 1805 y 1810, y que legó a la Academia de Bellas Artes en su testamento de 1836.

Estas obras son responsables en gran medida de la forja de la leyenda negra romántica que se atribuyó a la pintura de Goya, pues fueron imitadas y difundidas en Francia y por artistas como Eugenio Lucas o Francisco Lameyer.

El entierro de la sardina refleja una tradición carnavalesca que celebra el último día de estas fiestas. Es el final del periodo de mundo al revés que supone el carnaval, con su transgresión de los valores vigentes, su interés por los instintos primarios, el protagonismo del pueblo llano frente a las instituciones y el predominio del caos frente al orden.


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Detalle del Entierro de la sardina donde se aprecia la pincelada suelta y el ambiente carnavalesco.

Análisis del cuadro. Pese a estar inscrito en un conjunto de cuadros de costumbres de la vida española, el cuadro, en su origen, tuvo un carácter muy subversivo con la religión católica. En un primer momento, en el estandarte que ocupa el centro del cuadro aparecía la palabra «Mortus» sobre una forma indefinida, que podía ser la sardina. Esta palabra se hace eco de la que aparece en frases típicas de los estandartes de las procesiones del Viernes Santo (como Christus mortus est hodie) aunque, funcionando como parodia (como toda la tradición del entierro de la sardina), referiría a la muerte del ayuno cuaresmal, simbolizado por el pescado.

Sin embargo, toda esta serie de alusiones, desaparecen en parte al haber sustituido la palabra por una grotesca máscara sonriente, lo que la relaciona con las actitudes del grupo de personajes, bailando, y con máscaras. Aun así, el hombre que baila a la derecha viste, al parecer, hábito de fraile, con lo que se mantiene cierta parodia o sátira del estamento clerical. Además, las dos mujeres centrales que bailan eran, en el dibujo, unas monjas; en el cuadro definitivo esta identificación ha desaparecido. Solo son mujeres jóvenes con un maquillaje de fantasía que hace función de máscara. En todo caso de la parodia religiosa se ha pasado a la presencia sin más del baile, la fiesta, la risa y la diversión popular, como protagonista absoluto del cuadro. Otros personajes, como el situado a la izquierda más o menos disfrazado de jaque o soldado del siglo XVII y que blande una pica en dirección a una de las mujeres, remitiría al instinto indirectamente sexual desatado en esta fiesta. Están así presentes en forma grotesca las dos instituciones decisivas en la configuración de la sátira por parte del imaginario popular: el ejército, la fuerza; la moral, la iglesia.

Hay que recordar además que, si bien el carnaval fue permitido durante la dominación francesa, el retorno al absolutismo fernandino (que es la fecha más probable de realización de esta obra) prohibía estas expansiones por los desmanes y burlas que a las instituciones que lo apoyaban se hacían, aunque tales represiones no tuvieron demasiado efecto. De todos modos, Goya, si pintó efectivamente el cuadro entre 1815 y 1819, como defiende Bozal (2005), llevaría a cabo un acto de talante ciertamente crítico y transgresor, mostraría con él su rechazo de la política reaccionaria de Fernando VII.

En cuanto a la composición, está muy cercana a las de la serie con la que forma conjunto, en particular Corrida de toros en un pueblo, pues se trata de un óvalo iluminado, alrededor del cual (como en un ruedo) se sitúa el público espectador, aunque en este caso participe de la fiesta y esté también disfrazado con máscaras. Aunque, en comparación con aquel, en El entierro de la sardina predomina la luz sobre la sombra y la alegría frente al drama; lo mismo que lo distingue de la Casa de locos, la Procesión de disciplinantes y Auto de fe de la Inquisición, obras todas ellas que muestran una gama cromática limitada y cuyos asuntos no permiten la expansión festiva.

Esta obra manifiesta la alegría de vivir del pueblo, y contrasta con las recientes escenas macabras de Los desastres de la guerra o la tragedia inminente de la serie de la Tauromaquia, así como se aleja de los autos de fe, las muestras sangrientas de las disciplinas de los flagelantes o el mundo absurdo y marginado de la casa de locos, los cuadros con los que se ha visto que se relaciona en el tiempo y asuntos. Se trata de destacar más allá de las circunstancias políticas y sociales la «vitalidad popular», según señala Bozal. Aquí las clases humildes gozan de libertad, se expresan sin trabas y no se ven abocados a restricciones, padecimientos e incluso guerras impuestas por circunstancias ajenas al deseo del pueblo. Este es el mensaje complementario de la denuncia que lanzaba la serie de estampas de Los desastres de la guerra, donde todo el énfasis se hacía en la lucha de la gente por su vida, por sus casas y donde las víctimas estaban despojadas de heroismo y de representación de causa alguna. Es este del entierro de la sardina el mundo feliz, aunque en su último día, o el que, por un tiempo, da rienda suelta a sus deseos vitales, sin hacer consideración moral alguna y mostrando la simple fiesta, abolidas las leyes, instituciones y ataduras de la autoridad.


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Corrida de toros. Francisco de Goya, 1812-1819. Óleo sobre tabla, 45 x 72 cm. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Procesión de disciplinantes. Francisco de Goya, 1812-1819. Óleo sobre tabla, 46 × 73 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Auto de fe de la Inquisición. 1812-1819. Óleo sobre tabla, 46 × 73 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid


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Casa de locos. Francisco de Goya, 1812-1819. Óleo sobre tabla, 46 × 73 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Casa de locos, representa un manicomio donde distintos enfermos mentales aparecen en actitudes diversas.
Análisis del cuadro

En el marco de una arquitectura piranesiana y claustrofóbica, cuya única luz al exterior es una alta ventana con barrotes, de carácter claramente represor, se encuentran locos que representan distintos personajes: uno —al parecer salvaje— tocado de plumas en la cabeza, otro con tricornio uno más con tiara papal que hace el gesto de bendecir hacia el espectador, muchos otros desnudos... todos ellos en actividades grotescas y patéticas.

El tema de los establecimientos psiquiátricos estaba en las tertulias de los ilustrados españoles, y podría este cuadro suponer una denuncia del estado contemporáneo de estas instituciones de beneficencia. En todo caso Goya siempre se siente atraído por la representación de la locura, la deformidad o las perversiones. También puede interpretarse en clave alegórica, como una galería paródica de los estamentos emblemáticos del poder social: el clero, militares —hay un hombre que pelea desnudo y porta un tricornio—. La escena desarrollaría el tópico del «mundo al revés», y se relacionaría con las estampas de Los disparates.

Goya ya había tratado el tema en otra pintura de 1793 titulada Corral de locos, pero ahora la variedad es mayor, los personajes son menos dementes y menos pintorescos, claramente caracterizados como tales que unas pobres víctimas de la marginación y el rechazo. Reviste a estos hombres que se afanan a principios del siglo XIX de una mayor humanidad y están más individualizados.


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Goya - La Tirana (1799). Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Goya - Manuel Godoy, príncipe de la paz (1801). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Goya - Leandro Fernández de Moratín. 1799. Óleo sobre lienzo. Legado testamentario, a la Academia, por parte del retratado, en 1828. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Goya - José Luis Munárriz (1815), retratado por Goya. La pintura se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de la que fue secretario y consiliario.


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Goya - Juan de Villanueva (1805). Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Goya - Retrato ecuestre de Fernando VII (1808). Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.



Otras pinturas


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Francisco de Zurbarán - Visión del Beato Alonso Rodríguez. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco de Zurbarán - Fray Pedro Machado, 1633. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco de Zurbarán - Fray Francisco Zumel, 1633. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco de Zurbarán - Fra Pedro Machado, 1633. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José de Ribera - El martirio de San Bartolomé. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José de Ribera - San Francis de Assisi y el ángel con la botella de agua, 1638-38. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José de Ribera - Transfiguración de Maria Magdalena, 1636. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco Pacheco - El sueño de San José. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio de Pereda - El sueño del caballero o Desengaño de la vida. Hacia 1670. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pereda realizó lienzos sobre diversos géneros, entre ellos, la naturaleza muerta con sentido moralizante o "vanitas". El Sueño del Caballero, tradicionalmente atribuido a este pintor, presenta una composición con una "vanitas", algo frecuente en el Barroco. Trata acerca de la vanidad del mundo, que nos llena de bienes efímeros que no proporcionan una ganancia trascendente: amor, belleza, dinero, placer... todo perece tras la muerte y sólo la esencia del ser humano permanece frente al mundo. La manera de hacer visible este complejo ideario moral estaba sistematizada por los pintores, que incluían un repertorio de objetos que simbolizaban las diferentes facetas de la vida que no permanecen más allá. Pereda sigue el estilo propio de la "vanitas" para realizar una de las más complejas y ricas composiciones sobre el mismo. El lienzo, que también se conoce como el Desengaño del Mundo, presenta a un joven y apuesto caballero, ricamente ataviado, que se ha quedado dormido y presumiblemente sueña con las glorias y miserias que se presentan sobre la mesa. La idea engarza con el tema de "la vida es sueño" y nos da a entender que la carrera de este joven no es más que un mero sueño sin sentido real. Los símbolos de la mesa son muy complejos, pero destacan algunos por su presencia continua en todas las "vanitas": la calavera que simboliza la muerte, la máscara de teatro sobre la hipocresía, las joyas y el dinero que son las riquezas que no podemos llevar al otro mundo, la baraja y las armas como el juego y los placeres de la caza, el reloj que indica el paso inexorable del tiempo, la vela apagada que indica la expiración de la vida... son innumerables los objetos y los múltiples significados engarzados que podemos entresacar de todos ellos.


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Antonio González Ruiz - Retrato de Gian Domenico Olivieri (c. 1755). Colección Joan J. Gavara, Valencia. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio González Ruiz - Retrato alegórico del rey Fernando VII como protector de las artes y ciencias, 1754. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Louis Michel van Loo - Fernando VI. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Andrés de la Calleja - José de Carvajal y Lancaster. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Anton Rafael Mengs - Retrato de la marquesa de Llano, 1770. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco Bayeu - Carlos IV, c. 1790. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco Bayeu - Manuel Godoy, 1790. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Carlos María Isidro de Borbón. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato de Francisco I de las dos Sicilias, 1829. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato de la reina de las Dos Sicilias, 1831. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato de Fernando VII (Retrato del rey Fernando VII de España, vestido de paisano y portando varias condecoraciones). Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato del marqués de de Castelldosríus, 1849 (Retrato del teniente general Francisco Javier de Oms y de Santa Pau, marqués de Castelldosríus, vestido con uniforme de teniente general de Artillería y portando varias bandas y condecoraciones). Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

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Vicente López y Portaña - Infanta María Francisca de Portugal (1800-1834), esposa del infante Carlos María Isidro de España e hija del rey Juan VI de Portugal y de Carlota Joaquina de España. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato del canónigo Manuel Fernández Varela, 1828 (Retrato del canónigo Manuel Fernández Varela (1772-1834), doctor en Teología, miembro de la Real Academia de la Historia y Comisario general de la Cruzada). Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Vicente López y Portaña - Retrato del infante Carlos María Isidro de Borbón. Principios del siglo XIX. Retrato del infante Carlos María Isidro de Borbón, con uniforme de capitán general y portando varias condecoraciones. Era hijo del rey Carlos IV de España y hermano de Fernando VII. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Retrato anónimo de Hernán Cortés, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Inventario 0031. Óleo sobre lienzo. Altura: 58 cm; anchura: 49 cm. Retrato basado en el cuadro enviado por Hernán Cortés a Paulo Giovio, tipo representado de perfil, con sombrero, que sirvió de modelo a muchas representaciones de su busto desde el siglo XVI. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Giuseppe Arcimboldo - La primavera. 1563. Óleo sobre tabla. 66,7 x 50,4 cm. Firmado en la parte inferior derecha. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Joaquín Sorolla - Baño en la playa, 1908. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jean-Honoré Fragonard - El sacrificio de Caliroe, 1765. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José Perovani - Retrato de George Washington, 1796. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Ginés Andrés de Aguirre - San Fernando recibe el tributo de Mahomad de Baeza. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Agustin Navarro - Anibal y su ejército en los Alpes. Encuentro de dos caudillos, 1778. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Alejandro de la Cruz - Mercurio y Argos, 1773, óleo sobre lienzo, 244 x 170 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Alonso Cano - Cristo en la Cruz. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Alonso Cano - Cristo en El Limbo, 1652. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Álvarez Enciso - Endimión y la Luna, segunda mitad del siglo XVIII, óleo sobre lienzo, 137 x 101 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Anton van Dyck - La Virgen y el Niño con los pecadores arrepentidos, c. 1625. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La Virgen María sostiene en los brazos al Niño Jesús. Los contemplan María Magdalena, el Hijo Pródigo y el rey David, que simbolizan tres pecados de sendos pecadores arrepentidos: prostitución, prodigalidad y adulterio. La obra fue propiedad del duque de Medina de las Torres, en el Nápoles virreinal. Pasó luego a Amberes y finalmente decoró la antesacristía del monasterio del Escorial con Felipe IV, a mediados del XVII. Más adelante llegó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, primero en sus almacenes y después abandonado (probablemente por considerarse una copia de Van Dyck) en uno de los peines donde se conservan las obras no expuestas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Antonio Gisbert - Venus Anadiómena, 1858. Óleo sobre lienzo, 225 x 119 cm. El lienzo representa a la diosa Venus (Afrodita) saliendo del mar, llamada Venus Anadiómena. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Dióscoro Puebla - Una Bacante y un Sátiro, 1859. El lienzo representa a una mujer que celebraba las fiestas bacanales, acompañada por un sátiro. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio Carneo - La Virgen con el Niño, óleo sobre lienzo, 107 x 84 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Arte de San Fernando


73antonio_de_pereda_el_sue_o_del_caballero

Antonio de Pereda - El sueño del caballero, 1665. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Mariano Ramón Sánchez - Dársena de Cartagena, 1793, óleo sobre lienzo, 73,50 x 112 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


139rufo_defensa_del_castillo_del_morro

José Rufo - Defensa del Castillo del Morro en La Habana, 1763, óleo sobre lienzo, 166 x 210 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Cornelis Saftleven - Escena de taberna, óleo sobre tabla, 36 x 54 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Diego Sánchez Sarabia - San Fernando recibe la embajada del rey de Fez, 1760, firmado "Didacus Sanchez Saravia sculpt. et arquit (...)ventor pingebat Granatae Ano MDC(...), óleo sobre lienzo, 125 x 168 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José Alonso del Rivero - Carlos III entregando las tierras a los colonos de Sierra Morena, 1805, óleo sobre lienzo, 168 x 126 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José Ribelles - Edipo y Antigona, 1843, óleo sobre lienzo, 210 x 167 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


74apuntes_de_la_playa_de_valencia_cecilio_pl

Cecilio Plá - Apuntes de la playa de Valencia, 1918. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Manuel Cará y Espí - Baile de Carnaval. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Bartolomé de San Antonio - Alegoría de Fernando VI y la Iglesia católica, 1753, óleo sobre lienzo, 128 x 148 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Bartolomé Esteban Murillo - San Diego de Alcalá, alimentando a los pobres, 1645-46. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Giovanni Battista Benaschi - Llanto sobre Abel muerto, óleo sobre lienzo, 115 x 115 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Bernardo Lorente German - Trampantojo con libro, grabados y caja, óleo sobre lienzo, 69 x 49 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Bouillon - Bodegón de vanitas con florero, 1668, óleo sobre lienzo, 114 x 85 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Giacomo Nani - Florero y hortalizas, óleo sobre lienzo, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Juan Bautista Romero - Florero, 1796, óleo sobre tabla, 55 x 37 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Juan Pedro Peralta - Bodegón de merienda con chocolate, jícara y azucarillo, caja dulce, vasos, pan, nueces, frutas y dos gatos, 1745, óleo sobre lienzo, 40 x 59 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José López Enguídanos - Bodegón, c. 1807, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


105juan_gris_frutero_y_peri_dico

Juan Gris - Frutero y periódico, 1920. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco Casanova - Proclamación de don Pelayo como rey de Asturias, 1753, óleo sobre lienzo, 106 x 126 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Cornelio de Beer - San Sebastián atendido por santa Irene (atribución), óleo sobre lienzo, 107 x 162 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Antonio da Correggio - San Girolamo, 1516-1517. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Cosme de Acuña - Abraham e Isaac camino del sacrificio, óleo sobre lienzo, 112 x 84 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Andrés Deleito - Bodegón de vanitas, óleo sobre lienzo, 91 x 202 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Dióscoro Puebla - Despedida de Cayo Graco de su familia, c. 1858. Óleo sobre lienzo, 167 × 125 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El lienzo de Puebla representa la despedida de Cayo Sempronio Graco (en latín Caius Sempronius Gracchus; 154 a. C. - 121 a. C.) de su familia. Fue un destacado político populista romano del siglo II a. C., perteneciente a una de las más ricas familias de Roma, los Sempronio Graco. Fue hijo de Tiberio Sempronio Graco y de Cornelia, hermano de Tiberio Sempronio Graco, además de primo de Publio Cornelio Escipión Emiliano. Las reformas políticas, judiciales y económicas que emprendió provocaron el asesinato de Cayo Sempronio Graco y de miles de sus partidarios en el año 121 a. C.


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Gabriel Durán - San Sebastián y santa Irene, óleo sobre lienzo, 175 x 135 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio Muñoz Degrain - El coloso de Rodas, 1914. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio Muñoz Degrain - El coloso de Rodas (detalle), 1914. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José Elbo Peñuelas - La samaritana, 1834, óleo sobre lienzo, 169 x 126 cm, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco de Paula Van Halen - Elección de Wamba como rey. 1843, óleo sobre lienzo, 170 x 128 cm, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El lienzo representa la elección de Wamba (¿?-688) como rey de los Visigodos. Wamba rechazó el nombramiento debido a su avanzada edad, pero fue forzado por la nobleza a aceptar el trono el día 1 de septiembre del año 672 en la localidad de Gertici o Gérticos, después llamada Wamba en su honor, y en la que había fallecido su antecessor, el rey Recesvinto. Por iniciativa propia, a fin de que su elección no fuera considerada una usurpación, Wamba exigió ser coronado rey en Toledo, donde fue ungido el día 20 de septiembre por el obispo Quirico en la iglesia pretoriense de San Pedro y San Pablo. Wamba renunció al trono en el año 680 y falleció en el año 688. y Fue sucedido en el trono por el rey Ervigio.


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José López Enguídanos - Familia de esqueletos, c. 1800. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Faraona Olivieri - Autorretrato, primera mitad del siglo XVIII, primera mitad del siglo XVIII. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Faraona Olivieri - Retrato del arquitecto Marquet, 1759, pastel, 54 x 44 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Battaglioli Battaglioli - Fiesta en un palacio barroco. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Francisco Arnaudies - Tránsito de la Magdalena, 1768, óleo sobre lienzo, 168 x 112 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jacob Philipp Hackert - Paisaje con cascada y cazadores (la tarde) (Tivoli?), óleo sobre lienzo, 100 x 127 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jacob Philipp Hackert - Paisaje con mujeres y un borrico, óleo sobre lienzo, 98 x 136 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jean-Baptiste Tierce - Paisaje con cascada, óleo sobre lienzo, 40 x 53,50 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Orazio Borgianni - David decapita a Goliath, c. 1609-10. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio de Pereda - El sueño del caballero (detalle). Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio de Pereda - Saint William of Aquitaine, c. 1630. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Hans Mielich - Crucifixión. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jan Janssens - Caridad Romana. 1620-25. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jorge Manuel Theotokopoulos (Hijo de El Greco) - La familia de El Greco, c. 1605. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Jose Leonardo - La serpiente de metal. 1630-40. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


116jose_maea_resurreccion_de_lazaro

José Maea - Resurrección de Lázaro, 1790, óleo sobre lienzo, 158 x 110 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


117jose_ximeno_descanso_en_la_huida_a_egipto

José Ximeno - Descanso en la huida a Egipto, 1781, óleo sobre lienzo, 83 x 67 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Fray Juan Andrés Rizi - La Misa de San Benito. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José Casado del Alisal - La resurrección de Lázaro. 1855. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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José López Enguídanos - El emperador Heraclio carga con la Cruz, 1784, óleo sobre lienzo, 126 x 187 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Luis Antonio Planes - Salomé con la cabeza del Bautista, óleo sobre lienzo, 66,50 x 55 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Luis de Morales - Piedad. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Luis Paret - Circunspección de Diógenes, 1780. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Luis Planes - El señor de Hita y de Buitrago cede su caballo al rey Juan I en Aljubarrota, 1793, óleo sobre lienzo, 125 x 168 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Julio Romero de Torres - Mujer en oración o Nieves. Óleo sobre lienzo. 69 x 90 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Peter Paul Rubens - Susana y los viejos, 1609-10. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Juan Bautista Peña - Venus y Adonis, óleo sobre lienzo, 245 x 184 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Pieter Snayers - Portret van Antonio Servás korporaal-sappeur. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Juan Ramírez de Arellano - Proclamación de Pelayo como rey de Asturias, 1753, óleo sobre lienzo, 106 x 128 cm, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Joaquim Espalter i Rull (atribuido) - Retrato del rey Alfonso XII de España, vestido con uniforme de gala de capitán general. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Leopoldo Sánchez Díez - Retrato del rey Alfonso XII de España de medio cuerpo, vestido con uniforme de gala de capitán general. 1875-85. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Antonio Gisbert - Retrato de don Hilario Blanco. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Luis López Piquer - Retrato de Fernando VII. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Salvador Martínez Cubells - Retrato del rey Alfonso XII. 1876. Retrato del rey Alfonso XII de España, vestido con uniforme de gala de capitán general. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


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Lorenzo de Quirós - San Femando recibe el tributo de Mahomad de Baeza, 1760. Óleo sobre lienzo, 124 x 166 cm. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.


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Lorenzo de Quirós - Ornatos en la calle Platerías (calle Mayor) con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid, c. 1763, óleo sobre lienzo, 111 x 167 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Lorenzo de Quirós - Arco de triunfo de Santa María en la calle Mayor, óleo sobre lienzo, 112 x 163 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós. Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Lorenzo de Quirós - Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor o también conocido como: Ornato de Plaza Mayor con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid[/b], c. 1763. Óleo sobre lienzo, 111 x 167 cm. Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós. Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Lorenzo de Quirós - Arco de triunfo en la calle de Carretas, 1763, óleo sobre lienzo, 112 x 167 cm. Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós. Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Lorenzo de Quirós - Ornato de la Puerta del Sol con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, 1760, óleo sobre lienzo, 111 x 166 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (en depósito en el Museo Municipal). Obra atribuida a Lorenzo de Quirós.

La vista abraca una parte de la plaza. Se ve la fachada de la desaparecida iglesia del Buen Suceso entre las calles de Alcalá y la carrera de San Jerónimo, en cuyo inicio aparece el convento de la Victoria, también desaparecido. En la plaza un templete circular con zócalo rematado por ocho ninfas que sujetan tiras de laurel, cobija la fuente de la Mariblanca. En primer término, la Guardia de Corps con clarines y timbales, anuncia la inminente llegada del monarca por la calle de Alcalá.

La entrada de Carlos III en Madrid tuvo lugar el 13 de julio de 1760. Con este motivo una serie de artistas, entre ellos el arquitecto Ventura Rodríguez, recibieron encargos para realizar decoraciones e inscripciones para el recibimiento del nuevo soberano. El lienzo que nos ocupa forma conjunto con otros cuatro, que describen los ornatos de algunas de las calles de Madrid, por las que transcurrió la real comitiva. Son obras que en su tiempo fueron atribuídas a Luis Paret por la minuciosidad de la pincelada y la viveza de las figuras, pero que dificilmente pueden ser suyas.



Algunas esculturas

El museo ofrece también una colección importante de escultura que permite ver la evolución escultórica española desde el siglo XVII hasta nuestros días, con ejemplos tan sobresalientes como el San Bruno de Manuel Pereira o La Dolorosa de Pedro de Mena; Retrato de Fernando VI y Retrato de doña Bárbara de Braganza, relieves de Gian Domenico Olivieri; el Retrato de Alfonso Clemente de Aróstegui de Felipe de Castro; el Felipe V a caballo de Roberto Michel y el Felipe V a caballo de Manuel Francisco Álvarez de la Peña; el conjunto de la Degollación de los Inocentes realizado por José Ginés para Carlos IV; el Retrato de Antonio Teixeira Lopes por Mariano Benlliure y Gil, Sensitiva de Miguel Blay; Cabeza de mujer de Picasso; Academia de Pablo Gargallo. De gran interés son también las obras de alumnos de la Academia realizadas con motivos de Concursos Generales y becas, así como la sala de vaciados con una importante colección de obras en yeso.


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Amazona - Obra de Carlo Albacini. Escultor Neoclásico italiano activo entre 1770 y 1807. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San FernandoSu técnica en la ejecución de obras dentro de la tradición estética neoclásica es perfecta. Otra de sus actividades es la de copiar y restaurar obras antiguas. Restauró prácticamente todos los mármoles antiguos que pasaron a Inglaterra así como la colección Farnese de antigüedades que había heredado el rey de Nápoles. En 1780 realiza la tumba del pintor Rafael Mengs en San Pedro de Roma. Trabaja para el papa Pio VI. Fue académico de San Lucca en Roma en 1783. El Museo de Bellas Artes de San Fernando en Madrid contiene una buena muestra de su obra.


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Amor y Psique (Carlo Albacini, MRABASF)


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Baco y Ariadna (Carlo Albacini, MRABASF)


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Minerva (Carlo Albacini, MRABASF)


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La Dolorosa. Obra de Pedro de Mena. talla de madera policromada y vidrio (en los ojos), 68 x 65 x 54 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Academia. Escultura en mármol blanco de Pablo Gargallo (1881-1934) de 1934. 76 x 36 x 51 cm. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.


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San Sebastián y Santa Irene (Lluís Bonifàs, MRABASF)


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El martirio de San Lorenzo (Juan de León, MRABASF)


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Fernando VII (Fco. Elías Vallejo, MRABASF)


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Estatua de San Bruno (h.1030–1101), obra de de Manuel Pereira, esculpida en piedra. El santo medita sobre la muerte, sosteniendo una calavera


22antoninus_pius_mrabasf_matritum

Antoninus Pius (MRABASF Matritum)


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Aulus Vitellius (MRABASF Matritum)


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Cabeza de Apolo (MRABASF)


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Cabeza de Baco (Pascual Cortés, MRABASF)


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Cristo crucificado (Antonio de Morales, MRABASF)


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Cristo crucificado (Claudio Beissonat, MRABASF)


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El niño del pájaro (MRABASF)


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La niña del nido (MRABASF)


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Ensueño (Mateo Inurria, MRABASF)


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Ganímedes (José Álvarez Cubero, MRABASF)


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Óscar Esplá (Vicente Bañuls, MRABASF)


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Busto de Farinelli (anónimo neoclásico, MRABASF)


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La Fe (Luis Salvador Carmona, MRABASF)


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Fernando VI de España (G.D. Olivieri, MRABASF)


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Manuel Godoy (Juan Adán, MRABASF)


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Busto de Bernardo López (José Piquer, MRABASF)


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Cabeza de Vicente López (José Piquer, MRABASF)


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María Isabel de Braganza (José Ginés, MRABASF)


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María Josefa de Sajonia (Fco. Elías Vallejo, MRABASF)


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Jesús de Monasterio (Venanci Vallmitjana, 1880, MRABASF)


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Felipe V a caballo (Manuel Francisco Álvarez de la Peña, 1778, MRABASF)


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Busto de Antonio Ponce de León, XI Duque de Arcos (Roberto Michel, 1783, MRABASF)


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Federico V de Dinamarca (Jacques Saly, MRABASF)


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Felipe V de España (Roberto Michel, 1780, MRABASF)


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Retrato de Felipe VI, 2016. Óleo sobre lienzo, 146 x 114 cm. Obra de Rafael Canogar. Donado por el autor en 2016 a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Retrato de Pablo Picasso (Pablo Gargallo, 1913, MRABASF)


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Cabeza de Eduardo Rosales (Mateo Inurria, 1922, MRABASF)


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Busto de Francisco de Goya (1746-1828) en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Obra de Mariano Benlliure.


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Sensitiva, de Miquel Blay (1866-1936), Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Obra esculpida en mármol y donada por el artista en 1910


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El Ángel Caído, de Ricardo Bellver, en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid (España). Escultura inspirada en El paraíso perdido, de John Milton.


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Copia de la escultura 'Nióbide corriendo'- Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Una de las esculturas que se trajo Velázquez de su viaje a Italia como embajador y marchante de la corte.


En las salas del Museo también se puede contemplar obras adquiridas a través del Legado Guitarte, como la Vanitas de Michel Bouillon realizada en 1668, el Autorretrato de Francisco Bayeu; el magnífico Bodegón de limones de Juan de Zurbarán, la Cabeza de Apolo atribuida a Thorwaldsen, el Pintor en su estudio de Magnasco, pintura cubista a través del Bodegón con frutero, botella y periódico de Juan Gris, parte del conjunto de grabados de Picasso de la Suite Vollard etc.

Además se exponen dibujos y planos de arquitectura de forma rotativa.


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Salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Ver enlace en PDF de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el gran desconocido de los grandes museos, y tan solo a un paso de la Pueta del Sol.



Fuentes y agradecimientos: realacademiabellasartessanfernando.com, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, flickr.com, ceres.mcu.espintura.aut.org, sightswithin.com, elpais.com, almendron.com, ceres.mcu.es, propias y otras de Internet.


xerbar [ Jueves, 25 Octubre 2007, 17:50 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Gracias J.Luis por este nuevo museo, sin duda de bella calidad.

Un Saludo.


j.luis [ Jueves, 25 Octubre 2007, 18:53 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Gracias xerbar, este museo a pesar de estar muy próximo a la puerta del Sol, no es muy conocido por el público madrileño, no es demasiado grande, pero en sus estancias, además de la Academia de Bellas Artes, alberga como museo varias salas y galerías que rezuman con una gran representación del mejor arte español, con una gran representación algunos de los grandes maestros de la pintura y escultura, naturaralmente la inmensa mayoría son españoles.


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A continuación pongo unas fotos de mi visita que realicé hace a la Real academia de San Fernando, son imágenes de las estancias donde me lo permitieron, pues en las salas está prohibido y no te quitan ojo los vigilantes.


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Las fotos no son de mucha calidad, pero hice lo que pude.




Saludos.


j.luis [ Domingo, 16 Diciembre 2007, 13:38 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Un sublime marchante en escultura: Diego Velázquez


La Academia de Bellas Artes de San Fernando, expone los frutos de su segundo viaje a Italia



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Copia de la escultura 'Nióbide corriendo'- Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, es una de las esculturas que aún se conservan del famoso viaje del marchante de Velázquez.

A su cualidad de pintor universal Diego Velázquez puede añadir la de su sabiduría en el arte escultórico, más la condición de agente artístico y diplomático de admirable desenvoltura. Así lo pueden comprobar hasta el mes de febrero los visitantes que acudan a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la calle de Alcalá, 13. Su planta baja alberga una exposición de documentadas esculturas clásicas, adquiridas durante el segundo viaje del artista sevillano a Italia, por cuenta del Rey de España Felipe IV, desde el fin de 1648, en que partió de Madrid, hasta agosto de 1651, fecha de regreso a Barcelona. Comisariada por José María Luzón y su equipo, la exposición fue inaugurada ayer por César Antonio Molina, ministro de Cultura.


No hay precedente de un evento que ilumine en tan gran medida una faceta de la vida del artista sobre la que se proyectaban, aún, sombras de desmemoria o ignorancia. Hasta Italia se había desplazado el, desde 1642, flamante superintendente regio Diego Velázquez, con la encomienda del monarca de allegar arte suntuario para la Corte de Madrid, alojada entonces en el añoso Alcázar de los Austrias, donde hoy está el Palacio Real.

En menos de dos años Velázquez recorrió la Península itálica; pese a su envidiable talento evitador de celos de otros artistas, trabó relación con escultores, fundidores, formadores, broncistas; amén de diplomáticos, burgueses, nobles, cardenales y un Papa muy feo, Inocencio X, de la familia Pamphili, al que además retrató en inmortal lienzo; mantuvo también discretos amoríos con una dama de la que tuvo un Antoñito, muerto prematuramente a los nueve años; y, con todo, trajo a España casi un centenar de piezas de estatuaria clásica y renacentista, para decorar las salas Ochavada y de los Espejos del viejo palacio.

"Hoy sería casi imposible hacer tantas cosas y tan bien hechas como las que hizo entonces en Italia", explica José María Luzón con una sonrisa. El académico ha restañado las heridas que sobre las estatuas traídas por Velázquez causaron el fuego, primero, con el incendio del alcázar en 1734, y la ignorancia después, por la pérdida de las claves para interpretar su valía.

Porque Velázquez, con finísima mirada, se adentró en las villas de los Médici, Borghese, Farnesio y Ludovisi; conversó con las grandes familias prohispanas de Venecia, Módena, Nápoles y Roma y fue autorizado por ellas a copiar en yeso o fundir en bronce los mejores tesoros escultóricos que el Renacimiento había rescatado de las ruinas y guiado hasta sus jardines y quintas. Con la ayuda del agente Juan de Córdoba y el amparo de embajadores como el conde de Oñate, en Nápoles, y del marqués de Fuentes, en Venecia, Velázquez consiguió para Madrid un duplicado cabal del mejor arte de Grecia y de Roma interpretado por los cinceladores renacentistas y lo trajo aquí con la diligencia de su serena personalidad. Con tal arte nació la Real Academia de San Fernando en 1744 y de su belleza bebieron sus promociones, aunque de las 35 grandes piezas allegadas por Velázquez, íntegramente sólo quedan 13, dispersas por el Prado, el Palacio Real y la propia Academia, que ahora las ha reunido.

Madrileños y forasteros pueden ahora apreciar el gusto exquisito del pintor de los pintores no en dos, sino en tres dimensiones: en estatuas ciclópeas, como el Hércules y la Flora Farnese, que jalonan con majestuoso porte la propia entrada a la Academia tras una restauración in situ premiada por su bella hechura; en Sileno, Nióbide corriendo, el Hermafrodita... yesos o bronces fundidos en 1651, por Matteo Bonucelli o Cesare Sebastiani, muestran la espléndida selección. Dada la delicadeza de su gestión, nada impide conjeturar con base que su misión sirvió para prolongar la hegemonía aúlica hispana en Italia. Y ello sin litigar con nadie, más bien tendiendo amistosos puentes. (EL PAÍS)


EXPOSICIÓN: Velázquez, esculturas para el Alcázar. Martes a viernes, de 9.00 a 19.00. Sábados, matutino y vespertino. Lunes y festivos hasta 14.30. Alcalá, 13.


galarina [ Domingo, 16 Diciembre 2007, 23:50 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Dalí tambien estudió en esta academia durante un tiempo, hasta que le echaron porque se enfrentó al tribunal de evaluación.


j.luis [ Viernes, 23 Mayo 2008, 12:16 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
La esencia del 'Seicento' se exhibe en Madrid

La Academia de Bellas Artes de San Fernando expone 50 obras maestras




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Susana y los viejos, obra de José de Ribera

El siglo XVII, o mejor, el Seicento, es la auténtica Edad de Oro del arte napolitano. Es un siglo extraordinario para el arte que se hace en toda Europa bajo influencia italiana. La Academia de Bellas Artes de San Fernando (http://rabasf.insde.es/) acaba de abrir al público una gran exposición en la que a través de 50 obras se muestran, por primera vez en España, los grandes tesoros del barroco napolitano.

La exposición, organizada por la Fundación Banco Santander, se completa con obras de artistas de la talla de Ribera, Giordano, Gentileschi, Caracciolo, Guarino, Belvedere, Recco o Ruoppolo.

La muestra detalla el paso del realismo y el naturalismo hacia el barroco a través de una deslumbrante colección de bodegones, paisajes y retratos.

Nicola Spinosa, superintendente de los bienes artísticos e históricos y de los museos napolitanos, es el comisario de la exposición. Durante la presentación de la muestra bromeó a propósito de la pasada huelga de basura en las calles madrileñas. "No la he traído de Nápoles. Nosotros sólo venimos con cuadros".


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El óleo sobre lienzo Sátiro y ninfa, de Artemisia Gentileschi.

El trabajo del comisario ha consistido en mostrar las dos grandes líneas que marcan este periodo. Por un lado, destaca la potente influencia de Caravaggio. El maestro del claroscuro viajó en dos ocasiones a Nápoles. La estancia fue breve, pero suficiente para armar una escuela enorme de seguidores: Sellitto, Caracciolo o Vitale son algunos de los maestros representados en la exposición. Caravaggio había revolucionado totalmente la pintura. Hasta entonces, los artistas dulcifican los temas de sus obras. Con él, la dureza de la vida cotidiana llega al lienzo.

La segunda gran influencia surge de José de Ribera, el artista español afincado en el virreinato, impulsor de la corriente naturalista y uno de los máximos responsables de la implantación del barroco más veneciano y mediterráneo. Junto a cinco espléndidas obras de Ribera, se exhiben telas de Falcone, Fracanzano o Guarino.


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Búcaro con tulipanes, de Luciano Pedicini

Nicola Spinosa ha puesto especial interés en recoger cómo, a mitad de siglo, las tendencias clasicistas, Tiziano y Veronés, compartieron la hegemonía de la pintura napolitana. Esto puede verse en las pinturas del clasicista Stanzione o las pinturas más luminosas de Cavallino o Gargiulo. "La pintura solar y mediterránea se acabó instaurando en la última fase del siglo y la pintura napolitana se adentró definitivamente en el Barroco", detalla el comisario. Los principales representantes de esta tendencia fueron Mattia Pretti, Luca Giordano y Francesco Solimena.

Las obras de Luca Giordano ocupan un lugar de honor en esta exposición. "Giordano personifica el barroco Mediterráneo", afirma el comisario. "Los frescos que realiza para el Escorial logran que el sol entre en el oscuro monasterio".

La exposición se cierra con cuatro impresionantes obras de Ribera: Susana y los viejos, Magdalena penitente, San Antonio Abad y Santa María Egipciaca.


EL PAÍS.com


j.luis [ Jueves, 26 Marzo 2009, 10:09 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Setecientos: El fulgor de la pintura veneciana


Las joyas de la Venecia del Settecento deslumbran en la Academia de San Fernando


La Serenísima centra una muestra en Madrid que reúne telas de Tiépolo y Canaletto, entre otros, nunca expuestas fuera de Italia



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Sebastiano Ricci. (Belluno, 1659 – Venecia, 1734). 'Venus y Adonis'. Óleo sobre lienzo. 105 x 151,5 cm.Colección Terruzzi.

De las magníficas vedute de Canaletto a las estampas de Balestra, Sebastiano, Ricci y Pellegrini. El esplendor de Venecia, retratado a través de los mejores pintores de la ciudad que vivieron en el siglo XVIII, se exhibe en la muestra El settecento veneziano: del barroco al neoclasicismo, del 25 de marzo al 7 de junio, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La plaza de San marcos, el palacio Ducal, el templo de Santa Maria de la Salute, el paso de las góndolas bajo el puente de la Academia... Pocas ciudades hay en el mundo que arrastren un historial de seducción como la ciudad de Venecia. Las vedute, las vistas de la ciudad, forman todo un género dentro del mundo del paisajismo. Y en ningún momento de la historia la ciudad de las lagunas ha sido retratada con tanta fascinación como en el Settecento, el siglo XVIII italiano, un siglo en el que la ciudad de los Duces combinó su decadencia económica con un espectacular florecimiento artístico. Fue un siglo durante el que se contabilizan no menos de 350 artistas de los que más de cien están considerados de primer orden. Tiépolo, Canaletto, Ricci, Guardi y Cimaroli, son algunos de los nombres más conocidos, pero fueron muchos más.

La Academia de Bellas Artes de San Fernando abre hoy al público la exposición Settecento Veneciano. Del Barroco al Neoclasicismo. Organizada por la Fundación Banco Santander muestra 57 lienzos, auténticas joyas de este periodo. Las obras proceden de instituciones y colecciones privadas italianas, de forma que el 80% de ellas no se han expuesto nunca en España y, en general, nunca han salido de Italia.

La comisaria, Analisa Scarpa, explica que esta es la exposición más completa dedicada en España al Settecento. "Fue e un período de renovación de las fórmulas pictóricas", explica Scarpa .""La luz y el color adquieren a partir de este periodo un significado que hasta entonces no habían tenido".


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Giovanni Antonio Canal, llamado Canaletto (Venecia, 1697 – 1768). El Gran Canal y la Iglesia de la Salute (1730), Houston, Museum of Fine Arts.



EL PAÍS.com


j.luis [ Martes, 06 Octubre 2009, 16:14 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Antonio Bonet Correa, director de la Academia de San Fernando


"La Villa, ese fondo popular que no se ha perdido, gana a la Corte"

"Los 'grafiteros' expresan una inquietud que no acierto a entender"

"Madrid se desenvuelve entre lo sublime y lo cutre"

El historiador considera que la capital es una ciudad con vocación de cambio




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Antonio Bonet Correa, coruñés de 83 años, dirige desde el pasado enero la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con 52 académicos y 190 empleados, es una de las instituciones culturales de mayor solera entre las de Madrid, depositaria de los cánones estéticos. Perteneciente a una familia acomodada, con raíces en Lugo, Bonet pasó su mocedad en Santiago de Compostela, donde cursó Filosofía y Letras. "Viví feliz entre el mar y la montaña de Galicia", evoca.

Inclinado inicialmente a la literatura por antecedentes familiares -su madre publicaba libros con seudónimo -, el célebre periodista Borobó, director de La Noche, donde Bonet comenzó a colaborar casi adolescente, le indujo a seguir la carrera de las artes. A tal directriz se aplicaría con un entusiasmo por el saber artístico que no parece haberle abandonado desde entonces. Prosiguió estudios en París, donde vivió los que, a su juicio, fueron los años más prometedores de la Europa de posguerra, entre 1951 y 1957. "Estuve en el corazón intelectual del mundo", recuerda con satisfacción. Antonio Bonet Correa fue primero lector de español en varios liceos parisienses y luego ejerció como profesor ayudante de historia del arte en la Sorbona.

A su regreso a España, fue catedrático de esta misma asignatura en Murcia donde, según confiesa con orgullo, cuatro de sus alumnos de primer curso, entre ellos el recientemente fallecido Juan Antonio Ramírez, llegarían a ser catedráticos de arte o de historia del arte. Es considerado un divulgador incansable del arte.

Bonet Correa ha sido pionero del estudio del urbanismo desde una perspectiva histórico-artística. Tras su paso por diferentes cátedras, también en Sevilla, cuyo Museo de Arte Moderno dirigió, recaló en 1986 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde dirigió su museo, con pinturas de maestros universales, señaladamente representados por el mayor número de obras (13) de Francisco de Goya, a excepción de las que atesora el Museo del Prado -del que Bonet es patrono-. Bajo su mandato, el de la Academia amplió en 22 sus salas, con un panel de pintores contemporáneos desde Vázquez Díaz a Eduardo Chicharro o Pablo Picasso. Ahora, esas salas, que por razones de personal no podían visitarse durante los últimos dos años, son accesibles al público varios días a la semana. A su juicio, "la Academia no acredita a los artistas noveles, sino que incluye a los ya consagrados". ¿Es sensible a los nuevos movimientos artísticos? "Claro que sí. Hay académicos que proceden de las nuevas artes de la imagen, como la fotografía o el diseño, y antes, además de las plásticas, la Academia ya acogía las llamadas artes temporales, el cine y la música". ¿Considera artístico un movimiento como el de los grafiteros? "Expresa una inquietud que no acierto a entender". Pero ellos, los grafiteros, dicen que el espacio urbano está ocupado por la publicidad y nadie pide permiso a los ciudadanos para apropiárselo. ¿Qué piensa? "Creo que el grafiterismo sobre cantería no tiene valor ninguno, me duele profundamente la falta de respeto a la alta cultura que algunos de ellos muestran". Y pone un ejemplo. "Cuando Hernán Cortés tuvo problemas con su gente tras la Noche Triste [en la que fue derrotado por los aztecas], surgieron pintadas críticas contra él. Mandó encalarlas, pero reaparecieron. Entonces, en pasquines él escribió: 'Muros blancos, papel de imbéciles".

El director de la Academia de San Fernando es un conocedor privilegiado de Madrid. ¿Cuál es el rasgo más destacado de esta ciudad? "Toda ciudad vive en una disyuntiva perpetua entre la permanencia y el cambio, pero Madrid es una ciudad con vocación de cambio", explica. ¿Qué es lo que permanece? "Su trazado, la huella de un enclave histórico. Es una ciudad que se desenvuelve entre lo sublime y lo cutre. Ha ido creciendo de una manera muy anárquica, se ha ido articulando por adiciones. Antonio Ponz decía que esta ciudad tenía una herencia musulmana, pero también eso le da encanto". ¿Cree que aquí se respeta el paisaje urbano? "Madrid está mucho mejor que antes, ya es una metrópolis moderna". ¿Cuál es el elemento crucial? "El agua. Recuerde: Madrid, aguas mil. En eso se parece a Marrakech o a Teherán, porque su subsuelo está lleno de agua. Sin embargo, por fuera, llegando desde Somosierra y de lejos, Madrid es una ciudad teñida de rojo que parece oriental, se asemeja a Bagdad. Aunque, tras vivir algunos años en Sevilla, Toledo me pareció una ciudad nórdica".

¿En qué medida se articula el arte con la ciudad? "El urbanismo es la vida", asegura el historiador. ¿En la polémica reñida siempre en Madrid entre la Villa y la Corte, quién gana la lid? "Creo que la Villa, ese fondo popular que, pese a todo, Madrid nunca ha perdido".


EL PAÍS


j.luis [ Miércoles, 28 Octubre 2009, 19:34 ]
Título del mensaje: Re: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNADO
Un rey entre Nápoles y España


Una exposición en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, rinde homenaje al rey Carlos III



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Dos óleos de Giuseppe Bonito que se muestran en la Academia de Bellas Artes de San Fernando

El 17 de octubre de 1759, Carlos III zarpó de Nápoles con destino a España para ser coronado. Detrás dejó a su hijo Fernando y un importante legado tanto político como artístico al que la exposición Carlos III. Entre Nápoles y España quiere rendir homenaje.

El rey Juan Carlos acompañado por el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, inaugura hoy en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la muestra, que reúne 48 destacadas obras, entre pinturas, esculturas, dibujos, cerámicas y piedras duras que reflejan la renovación integral realizada por el monarca durante su reinado en Nápoles, entre 1734 y 1759.

Organizada por la Embajada de Italia para conmemorar el 250 aniversario de la coronación de Carlos de Borbón como rey de España y con el patrocinio de Endesa, la muestra recorre la trayectoria vital del monarca desde una vertiente artística. Y pone especial atención en algunas de sus iniciativas como la construción y decoración de palacios o la creación de la Reales Fábricas de tapices y de cerámica. Su acertada política ante conflictos y situaciones claves, así como su dedicación a los proyectos de sentido social y a la cultura dejó a lo largo de la historia una huella que esta exposición quiere relatar a través del arte, con obras cedidas por el Museo del Prado, Patrimonio Nacional, los museos de Nápoles, Caserta y el Polo Museale Napoletano, el Palazzo Quirinale o la Galleria Cesare Lampronti.

Entre las obras seleccionadas por el comisario, Nicola Spinosa, para dar una visión completa y profunda de lo que ha sido el arte en Nápoles en tiempos de Carlos de Borbón, se encuentran los dibujos de los proyectos palaciegos firmados por Luigi Vanvitelli. Entre ellos el proyecto para el palacio de Caserta, Portici o el Teatro San Carlo, así como obras de inspiración mitológica de Corrado Giaquinto, Francesco Solimena o Francesco de Mura. La pasión del monarca y de su esposa, María Amalia de Sajonia, por la música, el teatro y la arquitectura, dio lugar a un largo periodo de espléndida producción artística. Especial importancia tienen en la muestra los retratos del monarca y su familia realizados por Giuseppe Bonito, Clemente Ruta, Francesco Liani, así como los de Giacinto Diano, Vanvitelli y Bernardo Tanucci.


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Una de las piezas de la exposición Carlos III. Entre Nápoles y España

Una obra de Antonio Joli representa las ruinas del templo de Paestum, mientras que Giovan Battista Rossi es el autor de Don Quijote y Sancho vuelven a casa, óleo destinado a los aposentos privados del monarca en el Palacio de Caserta, y de Carlo Bonavia es el que representa el Vesubio en erupción visto desde la Linterna del Muselle. Especialmente documentada, a través de los grandes lienzos de Antonio Joli y Pietro Fabris, aparece la partida de Carlos III acompañado de su familia desde la dársena de Nápoles con destino a España. El comisario ha querido también destacar la jura del infante Fernando IV, de ocho años, como rey de Nápoles a través de los óleos de Michele Foschini. Una mesa cedida por el Museo del Prado realizada por el Real Laboratorio de Piedras Duras de Nápoles, manufacturas del Buen Retiro y de Capodimonte, y grandes esculturas de Carlos III completan la muestra que permanecerá abierta hasta el 10 de enero.


EL PAÍS


j.luis [ Jueves, 28 Enero 2010, 19:45 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Las espigas surrealistas de Maruja Mallo


La Academia de Bellas Artes de San Fernando muestra una antológica con 140 obras



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Maruja Mallo con manto de algas, fotografía retocada en 1945 por Maruja Mallo a la que recientemente en este foro le dediqué un trabajo.

De ella decía Dalí que era mitad ángel, mitad marisco. Se la ha vinculado a la Generación del 27 y al Movimiento Surrealista. Pero Maruja Mallo (Viveiro, 1902-Madrid, 1995) fue mucho más que todo eso. Tremendista, meticulosa, mujer de gran carácter, su imagen está también ligada a la modernidad de los años 80. La Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que fue alumna, abre por primera vez sus puertas a una antológica protagonizada por una mujer. Son más de 140 obras que hablan de su forma de entender el arte y del papel que jugó en el mundo artístico.

Organizada por Caixa Galicia y SECC, la mayor parte de las obras las obras proceden de coleccionistas privados de España, Francia, Argentina y Estados Unidos. Fernando Huici y Ramón Pérez de Ayala han optado por el orden cronológico para montar la exposición. Arranca con una selección de las ilustraciones que en torno a 1927 realizó para la Revista de Occidente. Son lienzos protagonizados por escenas cinematográficas y por verbenas. Mallo, nacida Ana María Gómez González, se había trasladado con su familia a Madrid cuando contaba once años y muy pronto había mostrado su interés por el mundo de la pintura.

En la Escuela de Bellas Artes se hizo con una fama de rebelde que ya no abandonaría en toda su vida. Allí hizo amistad con Dalí y luego, en la Residencia de Estudiantes se integró desde el primer día con Buñuel, García Lorca, Pepín Bello y Rafael Alberti. Con este vivió uno de sus grandes amores de juventud hasta que el poeta gaditano la abandonó por María Teresa León. Pero es Ortega y Gasset quien le da la primera oportunidad para mostrar su talento. Varios ejemplares de la Revista de Occidente muestran escenas de vida urbana. Mallo retomaría esa colaboración a su vuelta a España después de décadas de exilio, ya en los años 60. Son años en los que además de fiestas populares, sus trabajos se centran en el deporte y en los objetos.

Siguen las escenas urbanas con barras de bar ocupadas por cócteles y los dibujos que realizó para ilustrar "La pájara pinta" de Rafael Alberti. Y de ahí se entra a una de sus etapas más inquietantes, la serie titulada Cloacas y campanarios, una colección de lienzos protagonizada por esqueletos retorcidos y pintada en tonos oscuros. La joya de este apartado es Antro de fósiles, pintada en 1932 y casi la única a la que se le había perdido la pista. Se sabía que existía porque la artista tenía fichadas cada una de sus obras. Tanto con los detalles técnicos como con su destino. De esta pieza en concreto no se sabía nada hasta que en la pasada edición de la FIAC de París la vio el galerista madrileño Guillermo de Osma, gran coleccionista y conocedor de la obra de Maruja Mallo. Estaba expuesta para ser subastada en diciembre y De Osma no dudó en pujar. Durante todo este tiempo había permanecido en manos de un coleccionista francés.

Antes de entrar en su etapa propiamente surrealista, se exponen varios retratos de Maruja Mallo en los que se la ve como la mujer sofisticada y un punto extravagante que siempre fue. Con el rostro intensamente maquillado, luce dos piezas de baño con estampados realizados por ella misma. Su forma de presentarse en el mundo y sus cuadros llenos de tétricos esqueletos y espantapájaros sedujeron tanto a los surrealistas franceses que el propio Andrè Bretón adquirió una de sus obras en la galería Pierre Loeb. Al volver a España, entra en lo que Fernando Huici considera que es, seguramente, su etapa creativa más importante. De la mano del uruguayo Joaquín Torres García indaga en las estructuras geométricas del crecimiento del mundo vegetal . Cree que hay que imitar la forma de crear de la Naturaleza y muestra un mundo lleno de interiores de frutas y flores que recuerdan los puros estudios de líneas de los constructivistas.

La Guerra Civil le sorprende en plenas misiones pedagógicas en Galicia. Intenta escapar por Portugal, pero su marido, miembro del POUM es devuelto a España. A ella le ayuda la poetisa chilena Gabriela Mistral, embajadora de Chile en Lisboa. En 1939 pinta la que para ella es su obra más importante, su particular Guernica. La titula El canto de la espiga y forma parte de la serie La religión del trabajo, unas pinturas de trazo muy definido en las que ensalza el mundo del trabajo en el campo. Como hace otras muchas veces, falsifica la fecha y pone 1929 para hacer ver que era un encargo de la República. De los años de América lleva a su obra los retratos de gente de otras razas, de flores ajenas a Europa, de objetos marinos encontrados en sus largos paseos por las playas. Pero ya no volverá a pintar con el entusiasmo de antes.


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El Espantapeces, de Maruja Mallo (SECC / 1931 Óleo sobre lienzo 155,5 x 104,5 cm Colección Particular. Cortesía Galería Montenegro)


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El racimo de uvas, de Maruja Mallo (SECC / 1944 Óleo sobre tablero de artista 66 x 55 cm Colección particular)


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Cabeza de mujer. (Cabeza de negra), de Maruja Mallo (SECC / 1946 Óleo sobre lienzo 56,5 x 46,5 cm Museo de Pontevedra)


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Elementos para el deporte, de Maruja Mallo. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acoge hasta el 4 de abril la mayor retrospectiva de Maruja Mallo. La muestra reúne 131 piezas.: óleos, dibujos, fotografías y documentación de la época.


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Antro de fósiles, de Maruja Mallo (SECC / 1930 Óleo sobre lienzo 135 x 194 cm Colección Guillermo de Osma, Madrid)



Sede y fechas: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando . C/ Alcalá, 13. Madrid. Del 27 de enero al 4 de abril de 2010. Horario: Martes a viernes: 10 a 14 y 17 a 20 h. Lunes, sábados, domingos y festivos: 10 a 14 h. Entrada gratuita


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j.luis [ Lunes, 07 Junio 2010, 10:26 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El secreto de la restauración en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Exposición hasta el 19 de Julio de 2010



La Academia de Bellas Artes expone 100 obras tratadas en sus talleres

Pintura, escultura, estampas, medallas y yesos perviven gracias a la técnica

Se muestra la única pintura de George Washington que hay en España




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Grupo escultórico del Laocoonte. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

La tricentenaria Real Academia de Bellas Artes de San Fernando abre al exterior el cofre donde celosamente guarda su arcano más secreto, la flor de su sabiduría: la correcta restauración de obras de arte. Es la misma clave que le ha permitido atesorar y exhibir, vivo, su fabuloso patrimonio.

"Bajo una idea esencialmente didáctica pensada para ser mostrada ante el gran público", subraya Antonio Bonet Correa, la Academia que preside exhibe en su sede de Alcalá 15 la muestra Restauramos: pintura, escultura, grabados, libros y estampas restaurados en sus talleres con las técnicas más perfeccionadas.

Ha querido así festejar el Día Internacional de los Museos, mediante la explicación enjundiosa de la secuencia material y la metodología que hacen posible el milagro de revivir las obras de arte dañadas por la erosión del tiempo o los efectos de perniciosas e incorrectas manipulaciones fruto de la ignorancia y del subdesarrollo técnico. Precisamente en ello hace hincapié Pedro Navascués, vicedirector y tesorero de la Real Academia. "El canon que hoy guía la restauración es científico, no artístico. No podemos ni debemos reinventar la obra de arte, sino más bien aplicarle técnicas que van a permitir devolverle la pintura, el color, la textura que en su día tuvo". La partida de la Academia para restauración es 100.000 euros, añade.

Ya en el zaguán del palacio neoclásico, dos enormes figuras restauradas del dios Hércules y de una espléndida Flora reciben al visitante. Puede en ellas contemplar con asombro las proporciones -seis metros de altura- de las dos estatuas, que se erguían en la napolitana Villa Farnese. Añaden a la magia de sus torsos restaurados el hecho de que ambas fueran reproducidas en yeso y traídas a España por Diego Velázquez en uno de sus viajes italianos, realizado entre 1649 y 1653 por encargo de Felipe IV. Un equipo formado por Silvia Viana, Ángeles Solís y Judith Gasca emprendió su restauración con una técnica basada en un látex especial.

Las dos colosales estatuas parecen anunciar lo que el interior de la Academia cobija: un legado decisivo en la instrucción de los artistas, en la difusión de sus creaciones y en la formación del gusto artístico en España y América. Para lograr los tres objetivos, la restauración fue la tarea invisible, pero imprescindible también, que consiguió consumarlos.

Una vez dentro del museo donde se expone la muestra, sorprende un dibujo a tinta y acuarela sobre papel verjurado. Muestra la fachada barroca que el propio palacio de la Real Academia tuvo en 1726. Fue obra de José de Churriguera y exhibía todo el repertorio del barroco madrileño; desde el almohadillado -brugnato- asentado sobre roca viva, hasta las ventanas cercadas con molduras y fraileros con casetones.

Luis Ramón Gullón, de 51 años, descendiente de Juan de Goyeneche, el prócer cuyo palacio compró la Corona para instalar en él la Academia, halló el dibujo y lo expuso en su casa hasta que un primo suyo, arquitecto, descubrió su enorme valor. Ahora la Academia puede evocar su primitivo rostro barroco, afeitado por Diego Villanueva, hermano del arquitecto del Museo del Prado, que lo rehizo con el estilo neoclásico que hoy muestra. Deslumbran por su belleza las restauraciones acometidas en el centenar de piezas que el visitante puede admirar sobre incunables, estampas bajomedievales o pinturas como la única existente en España sobre George Washington. Perteneció al valido real, Godoy. "Las claves de la restauración son la legibilidad de la obra, la reversibilidad de lo actuado y la estabilidad de la obra de arte", sentencia la restauradora Silvia Viana.


EL PAÍS


j.luis [ Jueves, 17 Marzo 2011, 12:41 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Recobrado y restaurado el lienzo 'La Virgen y el Niño y los pecadores arrepentidos', que permaneció olvidado en los almacenes de la calle Alcalá, 13 de Madrid



Van Dyck dormía en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Los análisis de pigmentos y de rayos X acreditan su autoría




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Restaurado el lienzo 'La Virgen y el Niño y los pecadores arrepentidos', hacia 1625. Obra de Anthonius van Dyck. Real Acamia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.

Un lienzo de Anthonius van Dyck, pintor flamenco del siglo XVII cuyas obras figuran hoy entre las más cotizadas del mundo, ha sido redescubierto, autentificado y restaurado en los sótanos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde dormía un sueño centenario. Se trata de La Virgen y el Niño con los pecadores arrepentidos, pintado por Van Dyck en Italia en torno al año 1625. Hasta ahora se creía que era una copia.

El cuadro representa a la Virgen María con Jesús en brazos y tres figuras que, arrobadamente, les miran: una central, femenina, María Magdalena, con ropaje blanco satinado, que evoca las inconfundibles masas cromáticas de Tiziano contempladas por Van Dyck en un juvenil viaje a Italia; otra figura encarna al hijo pródigo, en un segundo plano, y la tercera, al rey David, en una composición que la finura sentimental de Van Dyck supo magistralmente trenzar para dar idea de que frente a sus tres respectivos pecados, prostitución, prodigalidad y adulterio, ante la figura de la Virgen María y de su hijo mostraban su devoto arrepentimiento. Precisamente, algunos arrepentimientos -retoques introducidos por Van Dyck para enmendar sus obras- han permitido ahora atribuir esta joya al excelso artista flamenco. Así, un paño que recubrió inicialmente el regazo de Jesús fue retirado por Van Dyck con posteriores pinceladas que hicieron aflorar carnaciones hasta entonces inexistentes.

Desde el pasado julio, las restauradoras Silvia Viana, Judith Gasca y Ángeles Solís han acometido un esmerado trabajo que ha incluido contundentes análisis de pigmentos y pruebas radiológicas. El cuadro, pintado en torno a 1625, perteneció a la colección del Duque de Medina de las Torres, en el virreinato español de Nápoles. Siguió ruta hasta Amberes, primero, para recalar en España, concretamente a la antesacristía del monasterio de El Escorial, bajo el reinado de Felipe IV, mediado el siglo XVII. En el recinto escurialense permaneció abierto a la contemplación pública hasta la invasión napoleónica de 1808 en la que, de manera sorprendente, se salvó del expolio al que fueran sometidas por la soldadesca miles de obras de arte. Tiempo después, el cuadro fue a parar a la Real Academia de Bellas Artes, en la calle de Alcalá, 13. Allí pasó a ocupar un lugar recoleto de sus almacenes, para integrarse luego en un olvidado peine, soporte de obras de arte. En 1973, Matías Díaz Padrón, futuro conservador de Arte Flamenco del Museo del Prado y máximo especialista en Van Dyck, por indicación de su maestro Diego Angulo, comenzó a columbrar en su tesis doctoral que el autor de tan magna obra era el ubérrimo artista flamenco, atribución que ahora acaba de ser confirmada tras un minucioso proceso de análisis químicos y radiológicos, "avalado por exhaustivos estudios históricos y contrastado por especialistas", según confirma el historiador del Arte José María Luzón, director del Museo de la Real Academia.

Anthonius van Dyck nació en Amberes en 1599. Fue coetáneo de Diego Velázquez. Precisamente, se cree que el genial sevillano dejó su impronta en este cuadro del pintor flamenco. Es conocida la afección de Velázquez por redimensionar los lienzos que, como guardián de las colecciones reales, él custodiaba. "En esta obra de Van Dyck", explica José María Luzón, "se aprecia claramente que la tela fue prolongada hasta siete centímetros en su longitud inicial, hecho que permite sospechar que pudo deberse a Velázquez".


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El lienzo de Anthonius van Dyck, hallado y restaurado en la Real Academia de Bellas Artes.

El artista flamenco, huérfano de madre desde los ocho años, se había formado en el taller de Hendrick van Balen. Su vida coexistió con la de Pedro Pablo Rubens. Tras un fértil viaje a Italia, donde estudió la pintura de los grandes maestros, Van Dyck regresó a Amberes y fue llamado a la Corte de Londres por Carlos I. Allí descollaría como uno de los mejores retratistas de todos los tiempos, maestro a la hora de representar con sus pinceles emociones tan intensas como el amor, la fe o el arrepentimiento, que tan sublimemente refleja en este tesoro pictórico ahora recobrado. La fuerza plástica, la sutileza rítmica, la finura expresiva y la singularidad instantánea que capta en sus composiciones corroboran, con las credenciales de la analítica científica aquí empleada, la certeza de su autoría.


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La obra podrá ser vista en mayo en Madrid, en una exposición monográfica, Ecos de van Dyck, que la semana entrante visita la sede de Caja Murcia, entidad patrocinadora de la restauración.


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j.luis [ Miércoles, 18 Mayo 2011, 16:26 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Con ustedes, Anton van Dyck


La Real Academia de San Fernando muestra obras inéditas del gran pintor flamenco reunidas en España



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Medallón con retrato grabado de Anton van Dyck.

Madrid puede contemplar, hasta el 26 de junio, algunas de las mejores y principales obras inéditas de Anton van Dyck, artista flamenco culmen de la pintura universal. Las obras expuestas incluyen óleos, dibujos, grabados y estampas, así como libros sobre la obra y la vida del genial discípulo de Pedro Pablo Rubens.

Anton van Dyck había nacido en Amberes en 1599. Cooptado por la Corona española en Flandes, a punto estuvo de venir a la Corte de Madrid, mas llegaría a ser pintor de Cámara de Carlos I de Inglaterra hasta el regicidio del monarca que, en su juventud, fuera conocido como el Príncipe gorrón tras visitar Madrid para cortejar, sin éxito, a una hermana de Felipe IV.

El contenido de la muestra madrileña ha sido acopiado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con patrocinio de Caja Murcia, ciudad de donde procede la exposición. Ésta ha sido comisariada aquí por el académico José María Luzón, asesorado por el veterano conservador del Museo del Prado, Matías Díaz Padrón, uno de los principales expertos en arte flamenco a escala mundial. Díaz Padrón celebra como "muy feliz" el hecho de "haber reunido un florón de obras del propio Van Dyck existentes en España".

Las piezas tienen distinta procedencia, desde una colección particular que aporta el lienzo La Santa Cena, en que el flamenco evoca a Da Vinci en su celebérrimo fresco de la milanesa Santa Maria delle Grazie, hasta un San Sebastián, en insólito escorzo previo a su asaeteamiento, que presta el monasterio de El Escorial, que regenta Patrimonio Nacional. La misma institución ha cedido también de allí una espléndida Virgen y el Niño. De la biblioteca y de los archivos calcográficos de la propia Academia de San Fernando procede El Martirio de San Jorge, último boceto realizado por Van Dyck antes de su muerte en 1641, cuya figura central se inspira en otra de Bernini. Entre los lienzos que se exponen destaca por su singular elegancia Cristo y una mujer adúltera. Se trata de uno de esos tesoros semisecretos que Madrid esconde en alguno de sus más pintorescos rincones: el Hospital de la Venerable Orden Tercera franciscana. El cuadro, una de las telas más conmovedoras de Van Dyck, ha permanecido durante tres siglos en la escalera principal del edificio madrileño, que se ve rematado por una rural espadaña, casi paredaña de la basílica de San Francisco el Grande. A tan vetusta y aún activa asociación de seglares se asegura que pertenecieron literatos como Miguel de Cervantes o, ya en el siglo XIX, la escritora naturalista Emilia Pardo Bazán. Las pinturas de trasunto piadoso de Van Dyck revelan su ascendiente iconográfico sobre el arte posterior a la Contrarreforma, en fechas en que las guerras de religión seguían asolando los doloridos campos de Europa.


La exposición Ecos de Van Dyck gira sobre el lienzo La Virgen con el Niño y los pecadores arrepentidos. Tras ser identificado décadas atrás por Matías Díaz Padrón, fue recientemente descubierto en los almacenes de la Academia de San Fernando.


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'La Virgen y el Niño y los pecadores arrepentidos', h. 1625. Obra de Anton van Dyck. Real Acamia de Bellas Artes de San Fernando

El cuadro, pintado en Italia con soberbia hechura, expresa sentimientos como la arrobada devoción o la contricción profunda, que ningún pintor supo reflejar con pincelada tan sublime como Van Dyck. Fue adquirido en Nápoles por el Señor de Medina de las Torres, que lo regaló a Felipe IV, quien dispuso ubicar la tela en la antesacristía del monasterio de El Escorial.

Allí se exhibió durante dos siglos hasta que la batahola consecutiva al expolio napoleónico, en 1809, propició su extravío. Vino a dar luego a la Academia de San Fernando, donde quedó almacenada como propia del taller de Rubens hasta su reciente rescate y feliz restauración.

Ecos de Van Dyck. R. A. .B. A. S. F. Martes a sábado, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00. Domingo, horario matutino. 3 euros.


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j.luis [ Miércoles, 21 Septiembre 2011, 17:10 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Tachones sobre Goya por amor



La Academia de Bellas Artes de San Fernando expone la obra del vienés Arnulf Rainer sobre el pintor aragonés



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Grafito y tinta sobre página de libro (1990

Un acto de aparente violencia puede esconder una declaración de amor. Arnulf Rainer (Baden, 1929) lleva décadas tachando, repintando o deformando la obra de maestros como Leonardo da Vinci, Van Gogh o Rembrandt. Uno de los artistas sobre los que más ha trabajado es Goya y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha reunido una selección de piezas en la exposición Arnulf Rainer sobre Goya, que puede visitarse hasta el día 13 de noviembre. Entre 1983 y 2005, el artista austriaco creó varias series centradas, casi exclusivamente, en los grabados del pintor aragonés.

Pintor, grabador y fotógrafo autodidacta, en 1949 Rainer apenas pasó un día en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena: la abandonó tras una discusión con un profesor empeñado en que se ciñera a la pedagogía académica. "Además, todavía había vestigios de la época nazi", señaló ayer en las horas previas a la inauguración de la exposición, que ha contado con el respaldo de la Fundación Banco Sabadell. A finales de los años cuarenta participó de las corrientes surrealistas pero, durante una visita a París, en 1951, se dejó seducir por la abstracción gestual de pintores como Georges Mathieu, Jackson Pollock, Jean-Paul Riopelle y Wols (seudónimo de Alfred Otto Wolfgang Schulze). A partir de entonces empezó a pintar sobre obras ya existentes, a veces hasta casi hacer desaparecer el original bajo una espesa capa de material negro.


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Acrílico sobre impresión láser (2005).

Su trabajo sobre obras de maestros vino después. Pero no hay que hacer de ello una interpretación iconoclasta: "Es un acto de amor", declaraba mientras contemplaba el montaje de sus piezas, satisfecho de que compartieran techo con el Agnus Dei y los Frailes mercedarios de Zurbarán, con una María Magdalena de Ribera o con los 13 goyas que forman parte de la colección de la institución de la calle de Alcalá, de la que fue académico el pintor de Fuendetodos. "Tacho lo que deseo que no se vea. Es gesto negativo por excelencia. Sin embargo, aquello que tacho se hace más llamativo y mi tachadura, en lugar de ocultarlo, lo destaca", ha dicho Rainer.



Arnulf Rainer en 1982 empezó a trabajar sobre reproducciones de los 'Caprichos'

Con ese deseo de apropiación, mezcla de admiración y rechazo, se aproximó, en 1982, en sus primeros trabajos sobre Goya. Empezó realizando superposiciones -de tinta o grafito- sobre un libro de reproducciones de los Caprichos. Pronto se dio cuenta de que lo que más le interesaba era la fisonomía, las caras. Así nació la serie Rostros con Goya, 143 pinturas y 60 láminas, algunos procedentes de los Caprichos y otros de los Disparates. Rainer adquirió una edición de los primeros fechada en Múnich en 1918 para poder trabajar sobre ellos. "No es extraño ver que en algunos casos el trabajo de Rainer consiste en acentuar aquello que en el original goyesco estaba anunciado: las oquedades de la boca y de los ojos, de las fosas nasales, pero también las expresiones, tristeza, melancolía, exasperación, propias de muchas de las facciones creadas por el artista aragonés", escribe el historiador Valeriano Bozal en el catálogo de la exposición.


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Un acrílico sobre impresión laser por Arnulf Rainer entre 1980 y 1982.


Arnulf Rainer sobre Goya. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. De martes a sábado, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00. Domingos y festivos, de 10.00 a 14.00. Los lunes, cerrado.



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j.luis [ Viernes, 12 Abril 2013, 16:50 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Arte en estado de gracia


La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando homenajea con una exposición a Mariano Benlliure, el autor valenciano de la mejor estatuaria de las calles, museos y parques de Madrid



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Regalo al reino de Marruecos tras la firma de un tratado. / RABASF

Visitar la exposición que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando dedica al artista valenciano —madrileño de adopción — Mariano Benlliure (Valencia, 1862-Madrid, 1947), resulta una aventura tan grata como la que esconde y se reserva mostrar la perezosa primavera: todo un homenaje a la luz, la finura y a la alegría de un artista gozador, que se propuso hacer felices a cuantos contemplaran sus obras, más de 4.000, se asegura en el recinto académico.

Bajo el epígrafe El dominio de la materia, la muestra exhibe grupos escultóricos de dimensión reducida; bustos; retratos; bajorrelieves; bocetos; dibujos y, sobre todo, maquetas a escala en bronce, plata, terracota o cerámica, así como bellísimas reproducciones y modelados de sus mejores obras escultóricas. Muchas de ellas embellecen plazas y parques de Madrid.

Es el caso de la que, encaramada sobre un mausoleo único en Europa, en el Estanque Grande del parque del Retiro, modelaron las manos de Benlliure a la cera perdida para inmortalizar como pacificador al joven Alfonso XII; desde 1910 domina las copas de los árboles del parque desde su pedestal, a 27 metros de altura, sobre un mirador que culmina una peana columnada, ornamentada por los mejores escultores españoles. Apenas a unos centenares de metros, en el mismo parque, la efigie del general Arsenio Martínez Campos, considerada como una de las mejores piezas de estatuaria ecuestre de todos los tiempos, parece cabalgar en la historia, embutido en su capote con su ros coronado por palomas.

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Estatua del general Martínez Campos para el Retiro. / RABASF

En la Academia madrileña, la mirada discurre placenteramente por la obra del artista levantino, cuyos conocimientos pictóricos —la pintura fue su primera inclinación artística que estudió de su maestro Francisco Domingo Marqués— le aseguraron una soltura del dibujo y del color cruciales para procurarle la perfección plástica que poco a poco conseguiría, tras cruzar el pasillo hacia la escultura, verdadero hogar de su arte. Así lo demuestra en el busto en barro cocido de quien fuera su maestro, verdadero prodigio de realismo —y de afecto—, obra que le procuraría el Premio del Emperador Francisco José de Austria.

Para consumar tan feliz tránsito hacia el arte de esculpir y modelar, Benlliure había tenido que familiarizarse con el bronce, el mármol, la madera, la escayola, la cerámica y la plata; reñir luego combate contra la entraña matérica y caprichosa de aquellos elementos; y, al cabo, domeñarlos y ponerlos al servicio de sus espléndidas manos. De tal modo lo consiguió que Roma, primero, París y Viena, después, a la sazón capitales europeas de la cultura, rendirían tributo admirado a su maestría otorgándole galardones máximos como el de la Exposición Universal de París de 1900.

El visitante puede no dar crédito a la anécdota, pero con solo 14 años de edad, le fue encargado a Benlliure ni más ni menos que un paso completo —concretamente un Descendimiento— para la austera y sacra Semana Santa de Zamora. En una filmación de la década de 1940 que se proyecta en la exposición madrileña, el veterano escultor relataba: “Mi entusiasmo era entonces tan grande que no reparé en que las dimensiones del paso superaban las propias del taller donde trabajaba: tuve que tirar el muro para poder sacarlo, con el consabido disgusto de los dueños del piso, que obligaron a mi familia a abandonarlo”.

Todas las obras que la exposición muestra, desde el busto de Goya que inspiraría su monumento al aragonés situado en la fachada Norte del Museo del Prado, hasta el semblante marmóreo de la bella Cléo de Mérode, o los perfiles en mármol de María Cristina de Habsburgo y sus tres hijos, son festivales de gozo estético. Deslumbra la belleza lograda en un Idilio en mármol de Carrara, que celebra el amor adolescente de una pareja a cuyos pies un macho cabrío mima a un corderillo; destella un ameno grupo escultórico en bronce, donde una ninfa dormida atrae a dos pequeñuelos que la contemplan extasiados, mientras la espuma del mar acaricia sus brazos y piernas.

Efectos como el de la espuma; el suave rizado de la testuz de toros bravos; la puntilla del alba del beato valenciano Juan de Ribera; la filigrana de la empuñadura de una espada del general Polavieja o el hacha de plata y oro empleado por la hermana del rey, La Chata, en la botadura del acorazado Alfonso XIII, expuestos por vez primera en Madrid, son algunos de los prodigiosos efectos que un buril como el de Benlliure consigue.

Pero no son menos sorprendentes sus cincelados rostros femeninos, entre los que destacan los de sus dos esposas, Leopoldina y Lucrecia, o el de su hijo Luis Mariano, que sirvió de modelo para la estatua en la que inmortalizó al diplomático, militar y dramaturgo Ángel Saavedra, duque de Rivas, emblema de un romanticismo literario que Benlliure perpetuaría en la escultura realista con una sorprendente desenvoltura, hoy al alcance de todas las miradas.


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Autorretrato de Mariano Benlliure a los 38 años.

El dominio de materia reúne 51 obras del escultor, la mitad de las cuales se exponen en España por primera vez. En Madrid residió gran parte de su vida, tuvo su estudio y acometió el mayor número de encargos oficiales y privados; y Valencia fue su ciudad natal.

La exposición recoge una selección de obras procedentes tanto de de colecciones particulares como de instituciones públicas, como Patrimonio Nacional, el Museo Nacional del Prado, el Congreso de los Diputados, el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Musée d’Orsay, la Real Academia de la Historia, la Embajada de España en París o la Embajada de Italia en Madrid, entre otras.

Mariano Benlliure. El dominio de la materia. De 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00, salvo lunes. Domingos horario matutino. Acceso gratuito. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Alcalá, 13. Madrid.

Web Real Academia de Bellas Artes de San Fernando



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j.luis [ Sábado, 13 Abril 2013, 13:05 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Goya, Godoy y el retrato perdido


Bellas Artes 'resucita' una copia de Agustín Esteve sobre el original del genio, desaparecido en 1808



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El óleo 'Godoy. Protector de la Instrucción', de Esteve, en sucesivas fases de su restauración. A la izquierda se aprecian las zonas donde había saltado la pintura. / academia de bellas artes

"¡Muera el choricero!”. El grito de la muchedumbre prologó el asalto al palacete de Aranjuez. Dentro, escondido, el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy. El Príncipe de la Paz y favorito del monarca (al parecer también de la reina) estaba a punto de ser arrollado por una turbamulta y con él todo lo que había en aquella casa: tapices, vasos de china, lienzos… Así contó la insurrección de la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales. Godoy fue apresado y sus casas y pertenencias arrasadas varios días por un gentío instigado por los partidarios del nuevo rey, Fernando VII.

Entre esas obras destrozadas había un retrato del político pintado por Francisco de Goya en 1806, Godoy. Protector de la instrucción, en el que el Generalísimo extremeño (1767-1851) sostenía en la mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi (1746-1827), que había inspirado su reforma educativa. También se aprecia detrás un edificio en cuyo dintel se lee A la educación de los españoles. Esa construcción era el Real Instituto Militar Pestalozziano, escuela erigida en noviembre de 1806 en Madrid para formar a futuros oficiales del Ejército. El cuadro de Goya colgó de las paredes de ese lugar.

"Queremos recuperar este óleo por su calidad artística y su mensaje de defensa de la enseñanza pública", dice Luzón

Sin embargo, la oposición de la Iglesia y reaccionarios había obligado a cerrar en enero de 1808 aquel instituto revolucionario. Del cuadro de Goya despedazado no se supo más pero quedaron dos copias, de 1807, del valenciano Agustín Esteve y Marqués (1753-1820?), "pintor de cámara, retratista de los duques de Osuna y copista de Goya", enumera el delegado del museo de la Academia de Bellas Artes, José María Luzón.

Una de esas copias lució en una casa de Godoy pero como otras obras de arte del derrocado, los franceses las reunieron al comienzo de su invasión en el madrileño palacio de Buenavista. "Después, en 1816, esos cuadros se trasladaron a la academia de Bellas Artes, única institución que había para almacenarlos", señala Luzón. Uno de los dos óleos de Esteve (de 2,50 por 1,76 metros), doblado, arrumbado después en un bastidor y con sucesivas y pésimas intervenciones permaneció almacenado hasta diciembre pasado, cuando se acometió su restauración. Ese Godoy idealizado, en traje de gala, está a punto de ver la luz otra vez gracias a tres restauradoras. "Queremos recuperarlo no solo por su gran calidad artística, sino también por su mensaje, la defensa de la enseñanza pública", afirma Luzón, exdirector del Museo del Prado.

"Como Goya no tenía tiempo de hacer sus copias, se las encargaba a Esteve. Ambos tenían buena sintonía", dice Arturo Ansón, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza y estudioso del valenciano. De este artista, "el que más retrató a Godoy", asegura que "llegó tarde a pintor de cámara porque no encontró hueco con sus obras religiosas, por lo que se especializó en el retrato". La grandiosidad de Goya le eclipsó, además del sambenito de retratista de Godoy. Con la guerra de Independencia se refugió en Valencia y cuando regresó a Madrid "ya eran otros tiempos y el suyo había pasado". El profesor Ansón niega que la fecha del fallecimiento de Esteve sea 1820, como se ha establecido siempre. "Murió entre 1830 y 1835. Lo que sucedió fue que a partir de 1820 se quedó ciego, fue a Valencia y apenas se sabía nada de él. Pero hay testimonios en 1825 que dan fe que seguía vivo".

Luzón explica que la segunda copia del goya no tiene la calidad de la que ellos están restaurando. "Además, presenta diferencias con la nuestra, como las piernas de Godoy". Lo que no se sabe es cuál de los reproducciones se asemeja más al original. "El esteve de la academia tiene detalles extraordinarios, como la cabeza del personaje", asegura Silvia Viana, una de las restauradoras (junto a Ángeles Solís y Judith Gasca, un equipo premio Nacional de Restauración).


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Detalle del retrato de Godoy en una imagen realizada con lámpara ultravioleta para comprobar los daños más internos del óleo. / REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

El segundo esteve viajó a Suiza porque Godoy quería regalárselo al mismo Pestalozzi. Sin embargo, cuando la obra llegó a su destino, el primer ministro había caído. Desde entonces comenzó una historia de ventas que acabó en 1989 con la compra por parte de la Generalitat Valenciana, que lo ubicó en el museo de Bellas Artes. José Gómez, conservador de esta pinacoteca, no quiere "entrar en comparaciones" sobre cual de los dos esteves es mejor. "Era normal que este pintor hiciera varias réplicas y no fueran todas iguales".

Del tercer protagonista de la historia, el lienzo de Goya, solo queda un pequeño trozo, el que muestra al grupo de niños de la zona inferior izquierda del cuadro y que se conserva en el Meadows Museum de Dallas. Sin embargo, el equipo de restauración de la Academia de Bellas Artes duda que sea auténtico: "Los rostros de esos críos son demasiado melosos para ser de Goya y además están vestidos como príncipes en vez de como alumnos", dice Silvia Viana.

La rehabilitación del esteve en poder de la academia se prevé que acabe a fines de mayo, cuando estará listo para exponerlo. Del proceso de recuperación, Viana detalla que "el cuadro se encontraba en muy mal estado por haber estado doblado, incluso tenía la marca de los pliegues". Eran visibles en el rostro de Godoy las huellas de una mala restauración. "La pintura saltó en algunas zonas", explica mientras pasa la mano por el óleo. La restauración ha llegado al estucado, en el que se aplica una masa que nivela las áreas donde se perdió pintura y que se repintarán. "Al final quedará muy bien, aunque lo hemos tenido en cuidados intensivos".


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j.luis [ Viernes, 13 Septiembre 2013, 15:27 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El segundo hogar de Goya


La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando alberga tres nuevos e ilustres huéspedes



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Retratos de los condes de Fernán Núñez.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando alberga, cedidos durante un año, tres nuevos e ilustres huéspedes: una dama noble, un aristócrata y un militar. Ella es María Soledad de Solís, condesa de Fernán Núñez; su esposo, el conde José Gutiérrez de los Ríos; y el militar, el célebre general Ricardos. Tienen en común su coetaneidad, vivida a finales del siglo XVIII, y su nombradía, paseada en los salones madrileños entonces, aunque adquirida por ambos caballeros en los campos de batalla.

Pero, sobre todo, las tres personas comparten el honor de haber sido magistralmente inmortalizadas por los pinceles Francisco de Goya, en su día académico director honorario, quien abriera la pintura mundial a la edad contemporánea desde Madrid, donde vivió gran parte de su fecunda vida.

La condesa está representada en el escorzo de una posición sedente, con un tocado de tul negro coronado por un adorno carmesí, el rostro levemente jaranero, coloretes en los pómulos y un atuendo negro y oro en el que destaca sobre su pecho un camafeo cuadrado con la efigie de un muchacho. Las puntillas de sus guanteletes y basquiña muestra hasta el más leve de los hilos de su encaje. El detallismo de Goya era proverbial.

El conde de Fernán Núñez, que en 1817 sería nombrado duque, toca su testa con sombrero de dos picos y, desprovisto de condecoración alguna: se ve envuelto en un manteo oscuro, poco diferente de los entonces lucidos por majos y petimetres. Su arrogante apostura preludia aquel turbión de pasión y sentimiento al que se denominaría Romanticismo.

En cuanto al militar, paisano aragonés del pintor de Fuendetodos, comparece uniformado junto a una pieza artillera, afablemente encarado con quien le observa gracias a una mirada cargada de actualidad, semejante a la de su vecino en la misma sala del académico museo, el arquitecto Juan de Villanueva, que parece que desde el lienzo mismo respirara, dada la cercana viveza de su semblante.

Junto al del alarife autor del edificio del museo del Prado cuelga el retrato del tímido literato Leandro Fernández de Moratín, amigo íntimo del artista aragonés. Dos autorretratos del propio Goya, uno en sus cuarenta años y el otro de setentón, confirman la evolución biológica del artista, llegado a Madrid en 1766. De veinteañero buen mozo se representó a sí mismo en un extremo de su lienzo San Bernardino de Siena predica ante Alfonso V de Aragón. Por encargo de su amigo el arquitecto, escultor y fontanero mayor de Madrid, natural de Ciempozuelos, Ventura Rodríguez, tal lienzo, destinado a la basílica madrileña de San Francisco el Grande, es considerado como el culmen de la pintura religiosa de Goya; honor éste que comparte con su Última comunión de San José de Calasanz, hoy custodiado —pero varado también— en una capilla de una residencia de las Escuelas Pías de la calle de Gaztambide, 65, solo visitable por grupos en las mañanas con cita previa.

Apenas a unos metros del lugar que ocupan los retratos de sus amigos Moratín, Villanueva y José Luis de Munárriz, la Real Academia de Bellas Artes muestra El entierro de la sardina. Se trata de un cuadro de reducidas dimensiones que el pintor convirtió en un canon del movimiento merced a un asombroso juego de diagonales formado entre la línea de los pies de varios danzantes enmascarados y un estandarte oblicuo que dialoga con su geometría: quien lo observa imagina escuchar asimismo el tam-tam que rítmicamente acompasa la danza.

Más de 300 obras

Según explica la conservadora del museo Mercedes González de Amezúa, componen el ajuar del museo de la Real Academia tanto escenas populares, como pintura de gabinete y retratos áulicos, como el Fernando VII a caballo, que la Academia no pagó en su día. “Pero, al satisfacer posteriormente su precio al heredero, único superviviente de los siete hijos de Goya con Josefina Bayeu, Francisco Javier Goya, éste regaló a Bellas Artes de San Fernando el genial Autorretrato ante el caballete, de su padre”.

Así pues, tras la colección del Museo del Prado, de cuyos muros cuelgan 134 telas del más genial, pendenciero y universal de los artistas españoles, la Real Academia de la calle de Alcalá posee lo más nutrido de su obra, ya que a los 15 magníficos óleos hoy mostrados del pintor —precisa Mercedes González de Amezúa— hay que sumar más de 300 obras, planchas y grabados de Goya que atesora la Calcografía Nacional en el mismo edificio de la Academia de Bellas Artes.

El Banco de España exhibe por su parte una valiosa colección de seis lienzos de Goya, entre los que destacan los retratos del marqués de Tolosa y del ministro Cabarrús, así como banqueros de aquella trepidante época, que quedaría rasgada por la Guerra de la Independencia. En la contienda, Goya sufriría el desgarro entre su libérrimo espíritu, cercano al de la Revolución francesa, y su acendrado patriotismo. Aquella escisión, mórbida e incesante, quedaría explícita en el óvalo del medallón alegórico que le fuera encomendado pintar por el Rey intruso, José I —Goya era pintor regio—, y que llevaría primero la efigie de Bonaparte y luego la de Fernando VII, una vez que las tornas cambiaron en Madrid.

El repintado medallón se conserva en el hoy Museo de Historia, en la calle de Fuencarral, vía en cuyo número 33, cerca de la calle de San Onofre, viviera Goya. Es preciso subrayar que el pintor de La familia de Carlos IV, los Fusilamientos del 3 de mayo, La carga de los mamelucos y Los desastres de la guerra, aquel cazador empedernido, taurófilo pertinaz y mal hablado, Francisco de Goya y Lucientes, adquirió por 60.000 reales una finca de 10 fanegas y 14 celemines en lo que hoy sería el barrio de Aluche, situada entre las calles de Caramuel, Doña Mencía y Saavedra Fajardo. Allí, a partir de 1822, plasmaría sus famosas Pinturas negras. Gracias a un prócer, el barón Emilio de Erlanger, aquellas pinturas, transcritas desde sus muros por el pintor valenciano Salvador Martínez Cubells, fueron salvadas de la ruina, ya que la finca, conocida como La Quinta del Sordo, fue demolida y en su ámbito se construyeron 1.400 viviendas.

El paseante local o forastero que se acerque a la ribera izquierda del río Manzanares puede completar su visión de la fascinante obra de Francisco de Goya y verse allí deslumbrado en una pequeña ermita, proyectada en 1792 por el italiano Carlo Fontana, donde el aragonés pintó al fresco el milagro de San Antonio de Padua. Se encuentra en el paseo que lleva el nombre del santo.

De martes a sábado, incluidos festivos, entre las nueve y media de la mañana y las ocho de la tarde, la ermita permanece gratuitamente abierta. En San Antonio de la Florida, la vista se alza hacia un excelso celaje donde cien figuras parecen dialogar de tú a tú, como el propio Goya se permitiera hacer, con la corte celestial. En el suelo del pequeño templo ribereño del río que tanto amó, yacen desde 1919 los restos, sin cráneo, de Francisco de Goya enterrado en 1828 en la ciudad meridional francesa de Burdeos. Desde allí, donde sufrieron profanación, fueron trasladados hasta un mausoleo del cementerio sacramental de San Isidro, compartido con Moratín, Meléndez Valdés y el pensador Donoso Cortés y, en 1919, hasta la ermita donde hoy reposan.


Los otros hogares de Goya en Madrid

- Museo del Prado. 134 lienzos: entre otros, La familia de Carlos IV, Los fusilamientos del 3 de mayo o La carga de los mamelucos.
- Colección de retratos de banqueros (Cabarrús). Banco de España, plaza de Cibeles.
- Frescos y sepulcro de Goya. Ermita de San Antonio de la Florida, paseo de San Antonio de la Florida, junto al río, en la ribera izquierda.
- San Bernardino de Siena predica ante Alfonso V de Aragón. Basílica de San Francisco el Grande. Plaza de San Francisco.
- Cenotafio (mausoleo funerario sin sus restos) con Moratín, Meléndez Valdés y Donoso Cortés. Cementerio de la sacramental de San Isidro. Paseo del Santo s/n.
- Pinturas negras. Quinta del Sordo (hoy inexistente) Entre las calles de Caramuel, Doña Mencía y Saavedra Fajardo, en Aluche.
- Óvalo alegórico de la guerra de Independencia. Museo de Historia. Fuencarral 78.
- La última comunión de San José de Calasanz. Residencia de las Escuelas Pías. Gaztambide, 65 esquina Joaquín María López.
- Cartones para tapices. Real Fábrica de Tapices. Calle de Fuenterrabía esquina a Andrés Torrejón.
- Carlos III, Fernando VII... Palacio Real.
- Retratos. Palacio de Liria.


Más Goya en la Academia. De martes a sábado, de 10.00 a 15.00. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Alcalá, 13. Entrada 5 euros.


Fuente: elpais.com


j.luis [ Viernes, 13 Septiembre 2013, 15:28 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
La Academia de Bellas Artes exhibe, temporalmente, dos nuevas obras de Goya


Se suman a su importante legado de pinturas, grabados y manuscritos, los retratos de los condes de Fernán Núñez, procedentes de una colección particular


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«Retrato de la condesa de Fernán Núñez» (1803), de Goya. Colección particular

Goya sigue creciendo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Si en mayo recibía el depósito del espléndido «Retrato de General Ricardos», otras dos obras del maestro aragonés, los retratos del Conde y la Condesa de Fernán Núñez, han sido cedidos ahora en depósito a esta institución. Estas tres obras se suman, aunque sea temporalmente, a su relevante colección goyesca.

Carlos José Gutiérrez de los Ríos fue el VII conde de Fernán Núñez (Fernando VII elevó su título a ducado). A los 15 años ingresó como académico de honor de San Fernando en 1794. En 1803, ya casado y con veinticuatro años, posa para este retrato de Goya, que forma pareja con el de la condesa, María de la Soledad Vicenta de Solís Lasso de la Vega. Ambos lienzos se conservan en una colección particular.

Según los especialistas, «la sobriedad predomina en el retrato del conde, de aristocrática sencillez, sin condecoraciones. Goya utiliza una paleta velazqueña de grises y azules en los fondos de paisaje, que enlazan ambos cuadros entre sí, y sólo el negro para el atuendo de Fernán Núñez: bicornio, capa y botas altas. Es una obra de extraordinario aplomo y energía, uno de los mejores retratos europeos de su tiempo».


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«Retrato del Conde de Fernán Núñez» (1803), de Goya. Colección particular


Otras novedades

Junto a estos retratos, se exhiben cuatro estampas de la primera edición de los«Caprichos», de los fondos de Calcografía Nacional, así como documentos del pintor conservados en el Archivo de la Academia, algunos de los cuales nunca habían sido expuestos. Entre ellos, la carta de Goya dirigida al viceprotector de la Academia, Bernardo Iriarte, en la que expone su parecer sobre el estudio de las artes, otra carta del pintor dirigida a José Munárriz, secretario general de la Academia, comunicándole la terminación del retrato de Fernando VII o el documento de donación de «La Tirana» (1816). Los visitantes podrán contemplar todo ello hasta el 31 de enero de 2014.

Goya fue teniente de Pintura y director honorario de esta Academia

La relación de Goya con la Academia ha sido siempre muy estrecha. Fue miembro de ella desde 1780 y llegó a ocupar el cargo de teniente de Pintura y más tarde el de director honorario. Atesora en su colección trece pinturas de Goya. Destacan especialmente dos autorretratos: uno, de joven, ante el caballete, y otro a punto de cumplir los setenta años. También, retratos de Moratín, Juan de Villanueva y José Munárriz, el de la actriz La Tirana, el retrato ecuestre de Fernando VII, y el de Godoy.


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«El entierro de la sardina» de Goya

La colección de Goya de la Academia también incluye cinco tablas de pequeño formato: «El entierro de la sardina», «Procesión de disciplinantes», «Corrida de toros», «La casa de locos» y «El Tribunal de la Inquisición». Son cuadros de gabinete, en los que Goya daba rienda suelta a su fértil imaginación. En su Archivo-Biblioteca custodia un importante conjunto de cartas y documentos manuscritos del artista. Y Calcografía Nacional conserva un tesoro: las planchas de cobre grabadas al aguafuerte por Goya: «Caprichos», «Desastres de la guerra», «Tauromaquia» y «Disparates», obras cumbres de la historia universal del grabado.

Fuente: abc.es


j.luis [ Lunes, 30 Diciembre 2013, 14:03 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Goya y Goñi, más cerca que nunca


Conversación por primera vez en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando entre dos artistas que sufrieron sordera



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'Disparate volante. Disparates' (1823) de Francisco de Goya. Aguafuerte 5 x 35,3 cm.


La sordera que Lorenzo Goñi (Jaén 1911-Lausana 1992), uno de los ilustradores más grandes que ha dado España, padeció desde la adolescencia a causa de un sarampión fue artífice de un aislamiento que influyó en su arte; también le ayudó a mantener una invisibilidad por la que pudo existir sin problemas durante el régimen franquista. Precisamente el tema de la guerra es el primero que sirve de nexo en la exposición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid hasta el 19 de enero Lorenzo Goñi y Francisco de Goya: dos genios singulares, una muestra que pone en diálogo a dos artistas a los que separan casi dos siglos pero que, según el comisario Juan Carlos Sánchez, presentan diversos paralelismos. Lo artístico se une con lo social. Este evento constituye además un ejemplo de cómo las instituciones culturales se pueden abrir a las personas discapacitadas. Habrá visitas guiadas específicas con lenguaje de signos, y la presencia de una cuidadora a diario que también lo domina.


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'Vuelo al aquelarre' de Lorenzo Goñi (1971). Tinta 40 x 52 cm.


El genial Francisco de Goya padeció sordera desde los 47 años. Asimismo, vivió un periodo de tránsito, y ese fue también el caso de Goñi, narra el comisario: el pintor de Fuendetodos experimentó el desarrollo de la Ilustración y el jienense, un agitado siglo XX, desde la dictadura franquista hasta la democracia. Ambos fueron testigos de dos momentos históricos cruentos: la Guerra de la Independencia (1808-1814) contra los franceses, el uno; la Guerra Civil española, el otro. Los carteles que diseñó Goñi para el Sindicat de Dibuxants Professionals de UGT en Barcelona, que se exhiben por primera vez y que dormían en los archivos de la Biblioteca Nacional, y cuatro aguafuertes de los Desastres de Goya sirven de bienvenida de la exposición para mostrar el conflicto bélico y la plasmación en el arte que de él hicieron estos dos hombres. Ambos artistas eran narradores de historias sobre todo, apunta Sánchez, desde un universo propio, y empleando un imaginario que se bate con la realidad y que escapa a las modas.

Lorenzo Goñi y Francisco de Goya: dos genios singulares, forma parte de un proyecto más amplio titulado Los multiversos de Goñi que pretende ser un homenaje a un artista que eligió vivir en la sombra, algo que marca un contraste con un Goya que se dejó mimar por las élites. La segunda sala de la exposición se centra solo en Goñi, en el concepto de “multiverso” que se deriva de la física precisamente para indicar “esta multitud de universos fantásticos y paralelos que se van abriendo a lo largo de toda su obra, que muchas veces discurren sin llegar a tocarse”. La idea por la que se ha comisariado esta parte de la exposición es dar cuenta de un artista que nunca se parecía a sí mismo. “No pertenece a ningún movimiento. La sordera le condena a una especie de ostracismo, y por preservar la libertad creativa no tiene grandes influencias de nadie”, añade el comisario. Los temas oníricos se plasman desde una multiplicidad de técnicas, algo que también lo enlaza con un Goya que destacó como pintor, grabador y dibujante.

Una aguada titulada El relojero preside esta segunda parte de Lorenzo Goñi y Francisco de Goya: dos genios singulares y refleja, según Sánchez, “la minuciosidad del trabajo en ese espacio pequeño, con esa dedicación y atención” que fue marca del ilustrador también famoso por sus representaciones del Quijote. Goñi, después de su trabajo como diseñador para UGT, pasó dos años en Navarra, y empleó su segundo apellido, Suárez del Árbol, con tal de que el régimen de Franco no lo localizara. “La sordera le marca en todos los sentidos, fue siempre un ser no visible, tanto es así, que se da cuenta de que ocultarse es igual, de que es absolutamente transparente…”. Más tarde, trabajó para el diario ABC en Madrid. “Convive con el franquismo con el que no comulga porque su pensamiento es mucho más liberal”, agrega el comisario de la exposición.

Camilo José Cela, amigo cercano de Goñi, llegó a decir: “Dibuja, graba y pinta con muy raro talento y muy firme pulso unos sueños que son parientes de los de Goya…”. La tercera parte de la exposición, Encuentros, marca una serie de paralelismos temáticos en torno a la tauromaquia y a figuras que aterrizan del mundo de los sueños: Vuelo al aquelarre (1971) de Goñi dialoga con Disparate volante (1823) de Goya; Banderillero. Tauromaquia onírica (1964) de Goñi conversa con El famoso Martincho. Tauromaquia (1816) de Goya; Picador (1964) de Goñi con Cid Campeador (1816) de Goya; o la desconcertante La cita del artista jienense (1964) con Bien tirada está. Caprichos, en la que el pintor zaragozano retrata a una mujer en el gesto de estirarse la media.



Tauromaquia y espectros en conversación


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Espectros de Cuenca' (1962) de Lorenzo Goñi. Aguafuerte/ aguatinta 49 x 63 cm.


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'El sueño de la razón produce monstruos. Caprichos' de Francisco de Goya (1799). Aguafuerte 16 x 11 cm.


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'Cogida. Tauromaquia onírica' de Lorenzo Goñi (1964). Aguafuerte/ aguatinta 25 x 32 cm.


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'La desgraciada muerte de Pepe. Tauromaquia' (1816) de Francisco de Goya. Aguafuerte 25 x 32 cm.


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'La danza de la yegua. Tauromaquia onírica' de Lorenzo Goñi (1964). Aguafuerte/ aguatinta 25 x 32 cm.


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'Mariano Ceballos. Tauromaquia' de Francisco de Goya (1816). Aguafuerte 25 x 32 cm.


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'El pase matemático. Tauromaquia onírica' de Lorenzo Goñi (1964). Aguafuerte/ aguatinta 25 x 32 cm.


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'El diestrísimo estudiante' de Francisco de Goya (1816). Aguafuerte 25 x 32 cm.


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'La cita. Taurmaquia onírica' (1964) de Lorenzo Goñi. Aguafuerte/ aguatinta 25 x 32 cm.


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'Bien tirada está. Caprichos' de Francisco de Goya (1799). Aguafuerte 16 x 11 cm.


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'Brujas volando' de Lorenzo Goñi (1950). Punta seca 21,5 x 35,4 cm.


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'Caballo raptor. Disparates' de Francisco de Goya. Aguafuerte 25,5 x 35,3 cm.



Ver página oficial de Lorenzo Goñi



Por Flor Gragera / elpais.com


j.luis [ Viernes, 10 Enero 2014, 13:12 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Óleos en alta definición


Cuatro videocreaciones de Bill Viola dialogan con los clásicos en la Academia de Bellas Artes

Las piezas del estadounidense se mezclan entre lienzos de Zurbarán, Goya y Ribera




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Uno de los vídeos de Bill Viola junto a un lienzo de Ribera. / SANTI BURGOS

Bill Viola, gurú del videoarte, recorre las salas de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, rodeado de una nube de cámaras, clicks y periodistas. De pronto, se detiene, y con él su séquito. Señala el Cristo en la cruz, de Alonso Cano (1640), a pocos metros de él, tan resplandeciente que parece retroiluminado por miles de pequeñas bombillas. Agita las manos, hace muecas, resopla y susurra al director del museo: “Eso…Eso… ¡Qué maravilla!”.

Hay que esperar aún algunos segundos para que Viola vuelva a la realidad. “Espero quedarme aquí, voy a construirme una casita en un rincón”, bromea el artista estadounidense entre óleos de Ribera, Zurbarán y Goya. Sus obras, al menos, sí lo harán: las cuatro instalaciones contenidas en la exposición Bill Viola [en diálogo] estarán entre los grandes maestros, charlando con ellos, entre este sábado y el 30 de marzo. “Siempre ha habido una separación entre ellos y nosotros. Y estamos equivocándonos en ver el arte como algo lineal. Los clásicos estarán aquí mucho después de que nosotros nos hayamos ido”, explica Viola. Tras él, su Quinteto de los silenciosos, se camufla entre los lienzos.

La Academia de Bellas Artes no está acostumbrada a la afluencia que, intuyen, atraerá la llegada de Viola, acentuada por el estreno de Tristán e Isolda en el Teatro Real. El museo no suele superar los 100.000 habitantes anuales, y su director, Javier Blas, está inquieto: “Se van a juntar los que vienen a ver a Goya y los que vienen a verle a él. Tenemos que estudiar cómo acoger al público, no sabemos qué puede pasar”.

Las piezas que verán los visitantes, creadas en 2000 y 2001, tratan de salvar los siglos que las separan de sus predecesoras para reflejar, no ya su estilo, sino su espíritu. En palabras del comisario, Jordi Teixidor, “no es una apropiación, sino una forma de adentrarse en un mundo de espiritualidad y reflexión”. Los personajes de Viola, detenidos en una cámara lenta interminable, lloran como piedades, se ocultan tras misteriosas sombras velazqueñas y llegan al éxtasis de una Santa Teresa. En alta definición.

Los clásicos estarán aquí mucho después de que nos hayamos ido

Bill Viola, gurú del videoarte


“Cuando era estudiante”, cuenta Viola, “pensaba en el futuro, no en el pasado. No podía comprender aún quiénes eran los maestros ni qué lugar ocupaban en la Historia. Entonces, mi madre murió”. Y narra su conversión, el derrumbamiento de su universo de píxeles, entre el busto de la Dolorosa de Pedro de Mena y su obra del mismo título, un díptico de plasma donde un hombre y una mujer se deshacen en lágrimas silenciosas. “Aprendí que había algo más allá de la tecnología. El valor de la vida. El misterio de ser parte de algo más grande que nosotros mismos”.

Tender la mano al clasicismo suponía abrazar la tristeza, el dolor, el drama (“Algo de lo que me habían enseñado a distanciarme”, se lamenta Viola). En Montaña silenciosa casi se escucha el estruendo del cuerpo humano rompiéndose en una catarsis pública. Los músculos tensados y las venas a punto de estallar contrastan con la calma de los retratos que la rodean. En la sala de Goya, una de las más visitadas del museo, las sombras del pintor se acentúan frente al díptico Rendición. Un hombre y una mujer se acercan a su reflejo en el agua —elemento habitual, como el fuego, en las composiciones del videoartista—, que se rompe y distorsiona cada vez con más fuerza, mientras se acrecienta la violencia del movimiento pendular. “La destrucción del yo, el proceso de eterno renacimiento que se ha repetido como un ciclo en el cosmos”, explica. Junto a él, el Entierro de la sardina, de Goya, con su celebración de la muerte y el cambio de ciclo, parece darle la razón.


j.luis [ Miércoles, 25 Febrero 2015, 11:56 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El triunfo de la imagen. Hasta el 12 de abril de 2015. Real Academia de Bellas Artes. Alcalá, 13.



Esplendor sacro en la Academia


‘El triunfo de la imagen’ reúne obras restauradas de templos de la comunidad




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Web de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Muchos de los principales tesoros que contienen los templos, monasterios y conventos de la región madrileña pueden ser vistos por primera vez en la exposición El triunfo de la imagen, inaugurada el pasado viernes en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Hasta el 12 de abril se exhiben 58 obras de arte, pintura, escultura, grabados, textiles litúrgicos y objetos suntuarios de culto. Proceden del patrimonio de la Iglesia católica y han sido seleccionados entre los restaurados por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid desde hace un cuarto de siglo. José María Quesada es el comisario de la exposición.

Las obras —expresión de la opción de la Iglesia de Roma por la imagen como vehículo cultural y evangelizador—, se remontan a la Edad Media y abarcan hasta el siglo XVIII. Una decena de ellas puede contemplarse por vez primera fuera de muros de sus conventos de origen, como el de las Carmelitas de la calle de Ponzano, las Mercedarias de la calle de Valverde o las Trinitarias de la de Lope de Vega, donde en estos días un equipo científico busca los restos de Miguel de Cervantes. Precisamente Sancho de Lacerda, marqués de Laguna y fundador del patronato del convento trinitario donde Cervantes yace, es uno de los efigiados de la muestra, en un imponente cuadro de Otto van Veen, maestro de Pedro Pablo Rubens.

Una decena de las piezas nunca habían abandonado sus conventos

Hay en la exposición tallas bajomedievales, como la Virgen del castillo, de Montejo de la Sierra; relieves de comienzos del siglo XVI, como los de Torrelaguna, de Calderón y Cerecedo, más una excelsa cruz procesional, del orfebre Marcos Hernández.

Sorprende por su coral monumentalidad una copia del Juicio final del renacentista Jean Cousin. En boca de José Luis Montes, Delegado episcopal para el Patrimonio Cultural del Arzobispado de Madrid, con rango de obispo, “la exposición muestra además algunas de las principales joyas del Barroco, la época en la que Madrid, gracias a su pintura, se situó a la cabeza del Arte europeo”.


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Nacimiento y Cristo Camino del Calvario, procedentes de un primitivo retablo de Juan Correa de Vivar que se conservan en la iglesia parroquial de Meco (Madrid), realizadas, hacia 1537 y 1538, ambas forman parte de la exposición de la Real Academia de San Fernando.

Barroco es, desde luego, el estilo dominante, con la presencia de telas bañadas de luz y policromía por Juan Carreño de Miranda, Francisco Rizzi, Eugenio Cajés, Vicenzo Carduccio y Alonso Cano, además de las de Juan de Toledo; el lienzo Santa Catalina de Alejandría, de Juan Antonio de Frías y Escalante, brinda su rostro al catálogo de la exposición. Destella con fuerza el lienzo de Anton van Dyck La Virgen y el Niño Jesús y ángeles. Esta tela, hasta hoy inaccesible al público, singulariza el grácil porte de María cubierta con un manto turquesa cuya luminosidad vivificó el pincel del gran pintor de la Corte de San Jaime; se asegura que Van Dyck se autorretrató en este lienzo, en el rostro de un ángel. No podía faltar una Anunciación, del infatigable Lucas Jordán, llamado a Madrid por Carlos II.

En el capítulo de escultura, La adoración de los pastores de Luisa Roldán, llamada la Roldana, es un prodigio de elegancia que, pese a hallarse inicialmente muy deteriorado, ha sido certeramente restaurado por el equipo Albayalde. Un Cristo yacente de Juan Sánchez Barba conmueve por su doliente realismo; Nicola Fumo talló la Transverberación de santa Teresa de Jesús, que data de 1725, a la que acompaña un manuscrito de la mística abulense. También del XVIII data Santa María Magdalena, de Luis Salvador Carmona.

Complementa la muestra un audiovisual que relata las intervenciones en la deslumbrante Capilla del Obispo, restaurada durante dos décadas por Javier Vellés y su equipo; la iglesia de las Comendadoras, bellamente recobrada por Emmanuela Gamibini; la catedral de Getafe, la iglesia de la Asunción de Meco, —con su cubierta de hechura naval— y Santa María la Mayor, de Colmenar de Oreja, objeto todas ellas de profundas restauraciones, que serán objeto de conferencias en la sede de la Academia. El presupuesto restaurador desde hace un cuarto de siglo frisa los 40 millones de euros, informó Isabel Mariño,consejera regional de Empleo, Cultura y Turismo.


elpais.com


j.luis [ Jueves, 26 Febrero 2015, 17:39 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El triunfo de la imagen: patrimonio sacro restaurado

Una nutrida embajada de piezas recuperadas se instala junto a la Puerta del Sol



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La exposición El triunfo de la imagen coloca en la Puerta del Sol una selección impresionante de tesoros artísticos religiosos restaurados por el Gobierno regional. Cerca de la mitad de las 60 piezas se exponen por vez primera. Son vestigios del enorme patrimonio de arte sacro aún existente a pesar de tanto expolio y tanta pérdida. Como casi nadie estaría dispuesto a realizar tan extenso periplo por las iglesias y conventos de la Comunidad, la Comunidad lo coloca en el centro de Madrid para que todos podamos verlo. Si la montaña no va a mahoma, mahoma vendrá a la montaña.


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Así se hace accesible a madrileños y visitantes una parte del valioso patrimonio que se custodia en monasterios, iglesias, catedrales y conventos, objeto de restauraciones a lo largo de los años. Entre las obras seleccionadas destacan tallas de madera, trípticos, textiles, pinturas, esculturas, relicarios o grabados, datados desde la Edad Media hasta la Guerra de la Independencia, realizadas por autores de muy diversa índole, desde anónimos hasta artistas relevantes como Lucas Jordán o Van Dyck, no sin poner de relieve la labor de mecenazgo realizada a lo largo de la historia por la Iglesia Católica. Se completa con reportajes videográficos sobre algunos de los proyectos de restauración en bienes inmuebles más relevantes realizados en los últimos años, como los acometidos en la Capilla del Obispo o el convento de las Comendadoras de Santiago de la ciudad, el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa, la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora en Meco, y la iglesia de Santa María la Mayor en Colmenar de Oreja.


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El título El triunfo de la imagen hace referencia, por una parte, a la labor evangelizadora desempeñada por la imagen a lo largo de la historia del catolicismo y, por otra, a las intervenciones de restauración promovidas desde el Gobierno regional con objeto de recuperar el esplendor de estas piezas.

Entre la decena de piezas inéditas antes vistas, destacan la cruz procesional de El Atazar, de principios del siglo XV, por ser la pieza de orfebrería más antigua que se conoce de la Comunidad de Madrid; la talla Virgen con el niño, del Taller de Malinas, fechada hacia 1500; el lienzo renacentista Juicio final, una copia del original de Jean Cousin; el lienzo barroco La Anunciación, de Luca Giordano; y la talla de la Transverberación de Santa Teresa de Jesús, firmada y fechada por Nicola Fumo en 1725.


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A nosotros particularmente la pieza que nos parece más sorprendente y atractiva es una talla de María Magdalena de tamaño natural, colocada al final del recorrido, que asemeja a una artista actual realizando una performance. La exposición discurre desde la Edad Media hasta comienzos del siglo XIX, desde obras del Gótico tardío y del Múdejar en la arquitectura, y piezas destacadas en imaginería y orfebrería, pasando por obras de Juan de Correa de Vivar, con sus tablas de Meco, y Francisco Giralte en la Capilla del Obispo. El recorrido sigue por la época barroca en sus diferentes manifestaciones, desde la sobriedad del estilo escurialense en los inicios del siglo XVII hasta la apoteosis churrigueresca del reinado de Felipe V, finalizando con la transición del Barroco al Neoclasicismo, con un pequeño reducto dedicado a Teresa de Ahumada y Cepeda en recuerdo de su 500º aniversario.

El comisario José María Quesada presenta un despliegue efectista y denso, que aprovecha al máximo eel espacio disponible sin llegar a ser abigarrado. A destacar las detalladas cartelas,, que detallan el proceso de restauración de cada obra y sus circunstancias concretas. Faltaría encuadrar la selección de obras expuestas en el conjunto del trabajo de restauración desarrollado, con fechas, datos y números que permitan evaluar si el gobierno autonómico trabaja seriamente en el tema o si se trata solamente de florones a enarbolar en fechas convenientes.


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Una exposición sumamente gratificante en la que se capta en toda su intensidad como el arte sacro ha perdido su referencia religiosa para convertirse en laico patrimonio cultural. Ni siquiera un tremendo Cristo yacente del barroco más realista consigue transmitir un remedo de aquella fe atormentada y fervorosa con que generaciones de nuestros antepasados miraron estas imágenes, en un tiempo poderosos símbolos celestiales.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: n/v
Documentación a los medios: 5
Programa de mano: 7


REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

El triunfo de la imagen
De 20 de febrero a 12 de abril de 2015
Comisariada por José María Quesada, director de Arte y Antigüedades de la Sala Fernando Durán.
Organizada por Comunidad de Madrid y Real Academia

Martes a sábado: 10 a 14 y 17 a 20 h; Domingos y festivos: 10 a 14 h; Lunes cerrado

Entrada gratuita.

Ciclo de conferencias con los arquitectos y restauradores que han llevado a cabo algunas de las actuaciones reflejadas en la muestra, en la Sala Guitarte de la Real Academia, 24 de febrero, 3, 10, 17 y 24 de marzo, 7 y 9 de abril.


José Catalán Deus / periodistadigital.com


j.luis [ Martes, 03 Marzo 2015, 11:42 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
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El domingo pasado tuve el placer de volver a visitar la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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En este caso solo visité la exposición temporal 'El Triunfo de la imagen'. La entrada es gratuita. Lo malo es que no se pueden hacer fotos. Por tanto compré un magnífico libro por 20 euros, que bien los valen pues nos habla con gran conocimiento y descripciones de grandes obras recuperadas. Además contiene magníficas fotografías de los tesoros del arte sacro restaurados por la Comunidad de Madrid.


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A continuación pongo algunas imágenes escaneadas, con el fin único de divulgar la exposición y dar a conocer las grandes obras de arte que alberga.


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Cáliz de Cisneros. Catedral Magistral de Alcalá de Henares


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Cruz procesional. Obra de Marcos Hernández, c. 1569-75. Plata en su color parcialmente sobredorada, cincelada y fundida torneada, 68 x 57 x 51 cm. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Valdeavero.


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Cruz procesional. Ánonimo epañol. Escuela burgalesa. Primera mitad del siglo XV. Cobre dorado y esmaltes policromados, 58 x 44 cm. Fundido, grabado y cincelado. Iglesia de Santa Catalina de Alejandría. El Atazar. Madrid.


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Cruz procesional. Ánonimo epañol, taller de Toledo, finales siglo XV. Plata en su color y sobredorada, 100 cm. Fundido, relevado, grabado, cincelado y calado. Marcas: TOLE, con corona sobrepuesta. Iglesia de San Estebán Promártir. Cenicientos. Madrid.


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Virgen con Niño (Virgen del Castillo) - Anónomo español. Último tercio del siglo XIII. Madra policromada, 112 x 36 x 30 cm. Iglesia de San Pedro in Cátedra. Montejo de la Sierra. Madrid.


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Virgen y San Juan (Calvario). Ánónimo español. Siglo XIV. Madera policromada, 110 cm. Iglesia de Santo Domingo de Silos. Prádena del Rincón. Madrid.


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Virgen con Niño. Anónimo flamenco. Taller de Malinas. Finales del siglo XV. Madera dorada, esgrafiada y policromada, 46 x 15 x 10 cm. Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Madrid.


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Tríptico de la Epifanía. Atribuido al Maestro de la Santa Sangre. Principios del siglo XVI. Óleo sobre tabla de roble, 140 x 200 cm. Catedral Magistral de Alcalá de Henares. Madrid.


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Juan Correa de Vivar - Nacimiento, 1537 - 39. Óleo sobre tabla, 133 x 98 cm. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Meco. Madrid.


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Juan Correa de Vivar - Cristo camino del calvario, 1537 - 39. Óleo sobre tabla, 133 x 98 cm. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Meco. Madrid.


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Pedro de Cisneros el Viejo - San Antonio de Padua, 1525 - 30. Óleo sobre tabla, 81 x 55 cm. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Valdemoro. Madrid.


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Pedro de Cisneros el Viejo - Imposición de la Casulla a San Ildefonso, 1525 - 30. Óleo sobre tabla, 81 x 55 cm. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Valdemoro. Madrid.


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Círculo de Juan Pantoja de la Cruz - Doña María de Villena, marquesa de la Laguna de Camero Viejo. Principios del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 210 x 115 cm. Convento de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. Madrid.


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Eugenio Cajés - San Antonio de Padua, 1623. Óleo sobre lienzo, 165 x 135 cm. Iglesia de San Pedro Apóstol. Madrid.


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Ángelo Nardi - Liberación de San Pedro. Primer cuarto del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 240 x 170 cm. Iglesia de San Pedro ad Víncula. Madrid.


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Vicente Carducho - Adoración de los Reyes Magos, 1619. Óleo sobre lienzo, 250 x 130 cm. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Algete. Madrid.


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Van Dyck - Vírgen con Niño y ángeles (Descanso en la Huída a Egipto). Hacia 1926 - 32. Óleo sobre lienzo 114 x 115. Monasterio de Mercedarias de Don Juan de Alarcón. Madrid.


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Alonso Cano - San Francisco de Asís. Mediados del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 150 x 112 cm. Palacio Arzobispal. Madrid.


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Alonso Cano - Inmaculada Concepción. Hacia 1665 - 75. Óleo sobre lienzo, 216 x 173 cm. Iglesia de Santa Cruz. Madrid.


185

Jerónimo Jacinto de Espinosa - San Pedro Mártir de Verona. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 109 x 86 cm. Monasterio de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. Madrid.


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Jerónimo Jacinto de Espinosa - San Vicente Mártir. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 109 x 86 cm. Monasterio de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. Madrid.


193

Cristo Llacente. Atrbuido a Juan Sánchez Barba. Hacia 1660. Madera policromada. 34 x 180 x 60 cm. Iglesia del Carmen y San Luis. Madrid.


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Juan de Toledo - San Pedro Nolasco. Hacia 1660. Óleo sobre lienzo, 355 x 181,5 cm. Monasterio de Mercedarias de Don Juan de Alarcón. Madrid.


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Juan de Toledo - San Pedro Nolasco. (Comparativa del estado de la obra, antes y después de la restauración) Hacia 1660. Óleo sobre lienzo, 355 x 181,5 cm. Monasterio de Mercedarias de Don Juan de Alarcón. Madrid.


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Juan Antonio de Frías y Escalante - Santa Catalina de Alejandría, 1660. Óleo sobre lienzo, 190 x 120 cm. Iglesia de los Santos Justo y Pastor, Las Maravillas. Madrid.


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San Juan Bautista Niño. Anónimo andaluz o madrileño. Segunda mitad del siglo XVII. Madera policromada, 77 x 31 x 26 cm. Monasterio de Benedictinas de San Plácido (en depósito). Madrid.


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Luca Giordano - (taller) Decapitación de San Juan Bautista, 1655 - 60. Óleo sobre lienzo, 159 x 200 cm. Tercer monasterio de La Visitación (Salesas, Madrid)


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Luca Giordano - Anunciación. Hacia 1685 - 90. Óleo sobre cobre, 32 x 31 cm. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas), Madrid.


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Claudio Coello - Ecce Homo. Hacia 1663. Óleo sobre lienzo, 64 x 53 cm. Iglesia de San Nicolás del Hervitas, Madrid.


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Pedro de Mena - Inmaculada Concepción, 1686. Madera policromada, 124 x 40 x 20 cm. Real Monasterio de Madres Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús, Madrid.


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Luisa Roldán, la Roldana - Adoración de los pastores - Nacimiento, 1689 - 1706. Terracota policromada, 195 x 150 x 40 cm (Escaparate). Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús, Madrid.


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Luisa Roldán, la Roldana - Adoración de los pastores - Nacimiento, 1689 - 1706. Terracota policromada, 195 x 150 x 40 cm. Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús, Madrid.


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Francisco Rizi - Martirio de San Ginés. 1681. Óleo sobre lienzo. 165 x 88 cm. Real Parroquia de San Ginés, Madrid.


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Juan Carreño de Miranda - Inmaculada Concepción. Hacia 1680. Óleo sobre lienzo, 194 x 139 cm. I E.S. San Isidro. Capilla de la Inmaculada, Madrid.


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Nicola Fumo - Transverberación de Santa Teresa de Jesús, 1725. Madera policromada, 104 x 70 x 30 cm. Real Monasterio de Madres Carmelitas Descalzas de Santa Teresa De Jesús, Madrid.


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Nicola Fumo - Transverberación de Santa Teresa de Jesús (detalle), 1725. Madera policromada, 104 x 70 x 30 cm. Real Monasterio de Madres Carmelitas Descalzas de Santa Teresa De Jesús, Madrid.


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Luis Salvador Carmona - San José con el Niño. Hacia 1945 - 48. Madera policromada, 161 x 89 x 60 cm. Iglesia de San José, Madrid.


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Luis Salvador Carmona - Santa María Magdalena. Hacia 1745 - 52. Madera policromada, 167 x 70 x 100 cm. Iglesia de Santa María Magdalena. Torrelaguna. Madrid.


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Isidoro Tapia - Inmaculada Concepción. Hacia 1755 - 70. Óleo sobre lienzo, 160 x 113 cm. Monasterio de Benedictinas de San Plácido, Madrid.


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Mariano Salvador Maella - Anunciación. Hacia 1775 - 70. Óleo sobre lienzo, 140 x 106 cm. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas, Madrid)


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Bernardo Martínez del Barranco - Aparición de la Virgen a San Vicente Ferrer. 1776. Óleo sobre lienzo 213 x 219 cm. Iglesia de Santa Cruz, Madrid.


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Francisco Camilo - Aparición de la Vírgen con el Niño a Santa Teresa de Jesús, 1660. Óleo sobre lienzo, 130 x 100 cm. Iglesia de San José, Madrid.


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Diego González de Vega - Cristo tras la flagelación reconfortado por dos ángeles, 1654. Óleo sobre lienzo, 187 x 137 cm. Monasterio Cisterciense del Santísimo Sacramento. Boadilla del Monte. Madrid.


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Cristo Crucificado. Anónimo italiano. Segunda mitad del siglo XVII. Márfil. Total, 73 x 33 cm., Cristo, 34 x 23,5 x 8 cm., Peana, 19 x 33 x 18,5 cm. Monasterio de Benedictinas de San Plácido, Madrid.


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Juan Antonio Savador Carmona - Cristo Varón de Dolores. Hacia 1780, 221 x 145 mm (recortado).


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Mariano Salvador Maella - Hacia 1785. Dibujo, 213 x 219 mm (recortado). Convento de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, Madrid.


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Antonio Carnicero, hacia 1805-10. Dibujo 197 x 142 mm (recortado). Convento de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, Madrid.


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Juan Pedro Arnal, 1769. Dibujo 179 x 126 mm (recortado). Convento de Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, Madrid.


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La exposición temporal se podrá ver hasta el 12 de abril de 2015. Entrada gratuita.



Fuentes: propias


j.luis [ Lunes, 09 Marzo 2015, 10:36 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Las seis cuerdas más mimadas


Un catedrático y musicólogo cuida en la Academia de San Fernando de una valiosa guitarra clásica que perteneció al mítico Andrés Segovia



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La guitarra Hauser de Andrés Segovia expuesta en la Real Academia de San Fernando. / Claudio Álvarez

Nunca una guitarra fue objeto de tanto mimo como la que se exhibe ante el público en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. José Luis Rodrigo, académico, catedrático y musicólogo del Conservatorio Superior de Música, se encarga de velar estrictamente porque su estado sea siempre impecable: acaba de culminar una fase de limpieza que ha incluido además la implantación de nuevas cuerdas, en sustitución del avejentado cordaje anterior. Rodrigo la observa regularmente y, cada cierto tiempo, la examina con un detenimiento que tiene mucho de unción. Una vez asentado este conjunto de nuevas cuerdas, a partir del próximo otoño, la guitarra podrá ser de nuevo rasgueada en un concierto.

Desde luego, no se trata de una guitarra cualquiera: perteneció al músico y académico de Bellas Artes Andrés Segovia (1893-1987), el concertista de guitarra más renombrado de todos los tiempos. Con su arte, Segovia llevó la guitarra hasta el seno mismo de las grandes orquestas, de donde permanecía excluida hasta entonces, los años 20 del siglo pasado, en que el músico jienense la acreditó con su arte de modo definitivo.

El caso es que una de sus mejores guitarras de concierto, fabricada para él por el luthier alemán Herman Hauser II en 1962 y cedida en 1988 por la viuda de Segovia, la marquesa de Salobreña, a la Real Academia, donde se expone al público. El bruñido instrumento, de valor incalculable, fue construido con madera centenaria de luminosas vetas, tres pequeñas cenefas en torno a su roseta, o boca, y un espléndido clavijero: así posa para los visitantes desde el interior de una vitrina en la Sala de Música de la Academia, en la calle de Alcalá, 13, a un suspiro de la Puerta del Sol. Junto a la vitrina, un lienzo del pintor José María López Mezquita muestra al músico universal con una guitarra del mismo artesano alemán pero anterior a la que la vitrina exhibe, ya que el lienzo data de 1954.

Un año antes había fallecido Daniel Fortea, el guitarrista castellonense alumno de Francisco Tárrega del que López Nieto asegura que halló en París la partitura del luego celebérrimo “Romance anónimo”, universalizado por Narciso Yepes. Fortea fue el maestro del arquitecto y guitarrista Fernando Higueras, así como de Marcelino López Nieto, intérprete y luthier madrileño, quien construyera asimismo algunas guitarras para Andrés Segovia. López Nieto, junto con su hijo Rubén Moisés, quizás el último luthier en emplear el barniz francés en sus obras, puso en cuestión el origen árabe atribuido a la guitarra, que él asignó a la civilización romana tras descubrir en el Museo Romano de Mérida una estela funeraria del siglo II hecha en mármol de Estremoz, dedicada a Lutatia Lupata, de 16 años de edad, que aparece efigiada junto con un instrumento musical extraordinariamente semejante a las guitarras posteriores, con su bordón y cuatro cuerdas más. La sexta cuerda de las guitarras fue añadida en el siglo XVIII.

Andrés Segovia había nacido en la jienense Linares en 1893. Los padres de Andrés querían que interpretara violonchello o piano, a la sazón considerados más nobles que la guitarra ya que, hasta entonces, en Andalucía se vinculaba el instrumento de seis cuerdas al señoritismo y a la juega. Pero el joven jienense, con apenas 12 años, debutó en Granada con ella y se inclinó de modo definitivo por interpretar exclusivamente con la guitarra.

Andrés Segovia visitó Madrid por primera vez en 1913. Atildado como un burguesito, con botonadura de plata y zapatitos de charol, acudió a la guitarrería que en la calle de Arlabán poseía el luthier Manuel Ramírez y le pidió en alquiler una de sus renombradas guitarras. Ramírez, cuya casa, con el tiempo, llegaría a vender algunos de sus instrumentos de cuerda a los mismísimos The Beatles, optó por regalarle al joven Segovia una de sus mejores piezas, que llevaría luego consigo a París, en 1924, donde cosechó su consagración internacional como guitarrista. Por sus dedos se deslizarían partituras y arreglos de obras de Weiss, Albéniz, Chopin, Villalobos, que desde su genio cobrarían una prodigiosa estatura. A París le siguieron las principales ciudades del mundo durante la década de los años 30 del siglo XX, en los que la nombradía del guitarrista rebasó todas las fronteras.

En boca del célebre crítico musical Enrique Franco, “Andrés Segovia nobilizó la guitarra”. Fue en 1937, durante la estadía de Segovia en Ginebra, cuando descubrió al guitarrero muniqués Herman Hauser, miembro de una saga de fabricantes de instrumentos que se remontaba a 1852. Adquirió una de ellas y posteriormente otras más, que le acompañaría durante varias décadas. Ahora, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se espera a que las cuerdas recién impuestas se asienten de manera tal que para el otoño la guitarra pueda ser sacada de su vitrina e interpretar con ella un concierto en el cual se cuente su historia, evocando al mismo tiempo la inalcanzada, aún hoy, sutileza del gran maestro jienense.


Real Academia de San Fernando. Sala de Música. Alcalá, 13. Entrada 6 euros. Miércoles no festivos, entrada gratuita. Martes a domingos y festivos, de 10.00 a 15.00


elpais.com


j.luis [ Miércoles, 29 Julio 2015, 12:27 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
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Lorenzo de Quirós en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


Lorenzo de Quirós (Los Santos de Maimona, Badajoz, 1717 - Sevilla, 1789) fue un pintor español.

Tras iniciarse en el estudio de la pintura en Badajoz pasó a Sevilla, donde prosiguió su formación artística con Bernardo Lorente y Germán y en 1756 se trasladó a Madrid para realizar estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En Madrid trabajó en los ornatos callejeros para la entrada de Carlos III en 1760, y Gaya Nuño le atribuyó los cinco lienzos conservados en los que se recogen esos ornatos festivos y el ambiente de las calles al paso de la comitiva regia, propiedad de la Real Academia de San Fernando. El mismo año participó con un óleo en el concurso convocado por la Academia en Junta del 27 de enero, cuyo tema era: «El Santo rey don Fernando acompañado del Arzobispo de Toledo don Rodrigo, de los Maestres de Santiago, Calatrava y Alcántara, de muchos ricos-hombres y gran parte de sus tropas recibe en Sierra Morena de los Embajadores de Mohamed, rey de Baeza, el vasallaje que le ofrece este rey, con varios presentes y víveres para el Ejército», óleo conservado en los depósitos de la Academia, por el que obtuvo el segundo premio de primera clase, tras Ginés Andrés de Aguirre.

Según Ceán Bermúdez, no quiso trabajar con Antón Rafael Mengs «por extravagancia de su genio» y «por apreciar más su libertad que los honores y bienes de la fortuna», y retornó a Sevilla, donde se ganó la vida realizando numerosas copias de cuadros de Murillo. El propio Ceán informa de algunas obras pintadas por Quirós, entre ellas un San José de Calasanz ofreciendo unos niños a la Virgen, que pintó para las Escuelas Pías de San Fernando en Madrid, incendiadas en 1936, y diversas obras para la Cartuja de Cazalla de la Sierra (Sevilla), suprimida con la desamortización. En la Cartuja de Granada había un San Juan, el Niño y San Bruno, robado en 1843 según el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz.

En Sevilla se conserva La aprobación de las constituciones del Oratorio de San Felipe Neri, en la iglesia de San Alberto y los retratos de Carlos III y María Amalia de Sajonia pintados en 1784 para la Real Academia de Medicina de Sevilla.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor español, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.



Sus obras


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San Femando recibe el tributo de Mahomad de Baeza, 1760. Óleo sobre lienzo, 124 x 166 cm. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.


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Ornatos en la calle Platerías (calle Mayor) con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid, c. 1763, óleo sobre lienzo, 111 x 167 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.

Este cuadro de Lorenzo de Quirós muestra el aspecto que adquirió la Calle de Platerías de Madrid (actual Calle Mayor), con motivo de la entrada de Carlos III como rey de España, en 1760. La vista está orientada desde la Puerta del Sol hacia la Casa de la Villa, la cual se distingue al fondo a la izquierda. Enfrente suyo, a la derecha se ve la torre de la Iglesia de San Salvador, que era la sede del gremio de plateros que daba nombre a la calle. Actualmente es el número 70 de la Calle Mayor.

El espacio representado es uno de los ejes más emblemáticos del llamado Madrid de los Austrias. Esta zona no tiene una morfología urbanística planificada, las calles se disponen irregularmente, de manera un tanto arbitraria. El crecimiento sin control de la población, desde que Madrid fue designada capital de la monarquía en 1561, complicó la ordenación de las calles, plazas y espacios públicos, que se acomodaron a la trama medieval preexistente. En su lugar se construyeron pequeñas plazuelas y callejones estrechos e irregulares.

La Puerta del Sol, por ejemplo, fue una construcción sin ningún tipo de planificación, resultante de la demolición de la muralla en ese punto. Sirvió para conectar el centro con vías de acceso desde la periferia, como las calles de Hortaleza y Fuencarral, pero no lo hizo de manera lineal. En cambio, la Plaza Mayor sí fue construida de forma regularizada, como un espacio rectangular diseñado sucesivamente por Juan de Herrera, Juan Gómez de Mora y Juan de Villanueva, entre los siglos XVI y XVIII. Como resultado de ello, se convirtió en un espacio público muy representativo, en el que además de celebrarse fiestas y corridas de toros constituía el centro comercial, mercantil y financiero de Madrid.

A su llegada a Madrid, Carlos III se encontró una ciudad sucia, pobre, fea, sin alumbrado y con graves problemas de salubridad. Por consiguiente, diseñó un plan de reforma urgente que en menos de treinta años cambió la imagen de Madrid para convertirla en una capital emblemática. El plan de reforma, que programó junto con el arquitecto Francisco de Sabatini, consistió en la aplicación de numerosas mejoras. Una de ellas fue la instalación de un pozo séptico en las casas, el cual se limpiaba por las noches con unos carros que el pueblo llamó las “Chocolateras de Sabatini”. Otra fue la construcción de canalones para recoger las aguas de la lluvia. Las basuras se empezaron a trasladar a las afueras del casco urbano en vez de dejarlas en mitad de las calles. Se construyeron aceras, se prohibió que los animales anduvieran solos por las calles, se creó un alumbrado nocturno pagado por el pueblo.

Además de todo eso, se inició lo que podríamos considerar el primer ensanche de Madrid, trazando grandes avenidas como los paseos de las Delicias, Acacias y Choperas. En la zona Este se organizó un gran paseo, al estilo de los “salones” franceses, sobre el Prado de los Agustinos Recoletos. El futuro Paseo del Prado cerró de esta forma el Madrid de los Austrias, sirviendo de línea de fijación que separaba el casco antiguo de la futura ampliación urbanística. La zona, conocida como el Madrid de los Borbones, se embelleció con fuentes como las de Neptuno, Apolo y Cibeles, y otros monumentos como la Puerta de Alcalá.

La capital adquirió así una imagen monumental y a la vez emblemática, modificando no sólo su aspecto urbanístico y arquitectónico, sino también sus costumbres sociales y sus hábitos culturales y de ocio, acordes con las nuevas ideas de la Ilustración. La imagen que analizamos aquí, no obstante, recoge la tradición barroca de adornar los espacios urbanos con tablados y arquitecturas efímeras de cartón-piedra para celebrar algún acontecimiento importante. En el diseño y decoración de estos elementos participaban los principales artistas de la corte y se gastaban grandes sumas de dinero, transformando la imagen de la ciudad de forma espectacular... Más info


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Arco de triunfo de Santa María en la calle Mayor, óleo sobre lienzo, 112 x 163 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.

Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor o también conocido como: Ornato de Plaza Mayor con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid, c. 1763. Óleo sobre lienzo, 111 x 167 cm. Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.

Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Arco de triunfo en la calle de Carretas, 1763, óleo sobre lienzo, 112 x 167 cm. Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Obra de Lorenzo de Quirós.

Representa el festejo del 13 de julio de 1760 realizado con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid.


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Ornato de la Puerta del Sol con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, 1760, óleo sobre lienzo, 111 x 166 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (en depósito en el Museo Municipal). Obra atribuida a Lorenzo de Quirós.

La vista abraca una parte de la plaza. Se ve la fachada de la desaparecida iglesia del Buen Suceso entre las calles de Alcalá y la carrera de San Jerónimo, en cuyo inicio aparece el convento de la Victoria, también desaparecido. En la plaza un templete circular con zócalo rematado por ocho ninfas que sujetan tiras de laurel, cobija la fuente de la Mariblanca.

En primer término, la Guardia de Corps con clarines y timbales, anuncia la inminente llegada del monarca por la calle de Alcalá.

La entrada de Carlos III en Madrid tuvo lugar el 13 de julio de 1760. Con este motivo una serie de artistas, entre ellos el arquitecto Ventura Rodríguez, recibieron encargos para realizar decoraciones e inscripciones para el recibimiento del nuevo soberano. El lienzo que nos ocupa forma conjunto con otros cuatro, que describen los ornatos de algunas de las calles de Madrid, por las que transcurrió la real comitiva. Son obras que en su tiempo fueron atribuídas a Luis Paret por la minuciosidad de la pincelada y la viveza de las figuras, pero que dificilmente pueden ser suyas.



Fuentes: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, ceres.mcu.es, sites.cardenalcisneros.es y otras de Internet.


j.luis [ Martes, 29 Septiembre 2015, 21:24 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Memoria de Al Ándalus, a salvo

La Academia de Bellas Artes expone dibujos pioneros de La Alhambra y enclaves islámicos



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Dibujo de un jarrón nazarí de Diego Sánchez Sarabia.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando quiere homenajear a los precursores europeos de la conservación documental del patrimonio artístico. Para hacerlo, no ha tenido que acudir muy lejos. En sus propios fondos y archivos figura la gesta realizada por tres arquitectos ilustrados españoles, pioneros en tal cometido: José de Hermosilla, Juan de Villanueva y Juan Pedro Arnal, cuyas obras gráficas la institución académica hace aflorar ahora en la exposición El legado de Al Ándalus. Las antigüedades árabes en los dibujos de la Academia.

En pleno siglo XVIII, la visión de futuro de los académicos españoles se convirtió en la primera manifestación explícita en Europa del propósito de preservar para la posteridad, también documentalmente, la herencia del arte arabo-islámico que España atesoraba en La Alhambra de Granada y en otros enclaves de la región. Fue allí, durante el viaje cortesano de Felipe V a Andalucía, entre 1729 y 1733, donde el futuro Carlos VII de Nápoles y Carlos III de España, de tradición coleccionista familiar, entraría en contacto con el universo arqueológico. Y ello antes de fascinarse en Italia con Pompeya y Herculano, las joyas arqueológicas mundiales descubiertas en 1738 por el ingeniero aragonés Roque Joaquín Alcubierre.


Alerta

Una vez recibida la alerta de que algunos de los magnos escenarios monumentales andalusíes peligraban –como el salón de Reyes de la ciudadela granadina—, la Academia decidió en un primer momento, en febrero de 1756, reproducir las pinturas de la regia bóveda, que se hallaban en grave riesgo de desaparición. La encomienda de aquella tarea recayó en el pintor granadino Diego Sánchez Sarabia, que inició el trabajo. Pero, al poco, dada la extensión y entidad de la riqueza patrimonial amenazada, el ámbito de la actuación se amplió a la arquitectura y a la ornamentación de La Alhambra en su conjunto.

Hasta allí viajaron los tres arquitectos. Y lo hicieron con la intención de plasmar gráficamente, durante seis meses, algunos de los principales enclaves del arte andalusí. El desafío era enorme, ya que a la sazón se desconocían por completo la iconografía islámica y las técnicas de construcción y decorativas de los árabes. Pero José de Hermosilla (Llerena, 1715-Madrid, 1776), jefe del equipo, no se arredró. Sobre el terreno, él y sus compañeros trazaron dibujos, planos, alzados y plantas, que representaron con una precisión y expresividad casi inconcebibles para su época, sesgada por limitaciones técnicas colosales que solo su ingenio les permitió superar. “Aún hoy es difícil concebir cómo Hermosilla, arquitecto e ingeniero topógrafo militar, jefe de la expedición, fue capaz de diseñar la Planta General de la Fortaleza de La Alhambra, que aquí mostramos”, explica Antonio Almagro Gorbea, comisario de la exposición, arquitecto y miembro de una saga familiar de arqueólogos. Él mismo ha realizado una superposición fotogramétrica encima de la planta original de Hermosilla. “La exactitud de sus cálculos es aún hoy extraordinaria, a base de plancheta y cámara oscura, dos metodologías empleadas allí innovadoramente”, subraya.


Tesoro documental

Para interpretar aquel tesoro documental, la Academia recurrió a un monje sirio, Miguel Casiri, cristiano maronita; editó un libro de estampas y dibujos, con textos latinos traducidos al castellano por el clérigo que explicaban las inscripciones. Un arabista, Pablo Lozano, corregiría años después al maronita y perfeccionaría aquel primer texto, Antigüedades árabes de España, que vio la luz entre 1787 y 1804.

La muestra amplía su estela gráfica al siglo XIX, con dibujos y planos de construcciones de Toledo y Córdoba de Jerónimo de la Gándara, Ricardo Arredondo, José Picón o Francisco Contreras y grabadores como Lamberto Iranzo o Domingo Martínez. Capiteles, atauriques, mocárabes, surgen cincelados por las pinceladas de una deslumbrante cromática a base de panes de oro, tintas y temples, que han servido para preservar las representaciones monumentales y ornamentales andalusíes. El visitante percibe los principales hitos de aquel proceso académico de representación versado hacia la conservación patrimonial, que preludió posteriores desarrollos de orientalistas e hispanistas de toda condición.Todo ello, con miras al día en que la inclemente usura del tiempo nos arrebate herencia tan fascinante.

“El legado de Al Ándalus”. Hasta el 8 de diciembre de 2015. Martes a sábado, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00. Festivos: 10.00 a 14.00. Lunes cerrado. Academia de Bellas Artes de San Fernando. Alcalá, 13.


elpais.com


j.luis [ Domingo, 17 Enero 2016, 12:57 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Academia / 15 de enero de 2016 - 6 de marzo de 2016


Julio López Hernández. El camino inverso



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La exposición “El camino inverso” reúne noventa dibujos, treinta y una esculturas y dieciséis medallas del escultor Julio López Hernández (Madrid, 1930). Esta retrospectiva, comisariada por Marcela López, hija del artista, ha sido organizada por la Real Academia en colaboración con la Fundación Banco Santander.

El dibujo es materia ineludible en la formación, académica o no, de cualquier artista. Las biografías y otros testimonios escritos legados por los maestros así lo confirman; tanto como mencionan la importancia de esta disciplina en el proceso de creación. Julio López Hernández solía insistir a su hija cuando, de niña, buscando su aprobación, le enseñaba alguna de sus tareas escolares de dibujo. “Tienes que dibujar más. Dibuja a todas horas. ¡Dibújalo todo!”, le decía y era como si el motivo, el tema del dibujo, fuera lo de menos, como si el propio hecho de dibujar iniciara en sí mismo la vía, un encaminarse hacia el hallazgo de sentido.

Dibujar es también una forma de entrenamiento que mantiene a punto la habilidad para la transcripción del pensamiento creativo, no sólo visual o artístico. El dibujo es la mejor herramienta para la visualización de las ideas.


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A su vez, este ir devanando el pensamiento en forma de trazos que se entretejen en una imagen, mapa, huella o laberinto, proporciona un referente, guía y origen de nuevas ideas, fuente de sugerencias y abrigo de certezas que van consolidándose en el proceso, en el camino. En ocasiones, este camino se interrumpe, se tuerce o se borra y lo que finalmente queda de un proyecto son sólo los dibujos, cargados de posibilidades latentes y a la espera de alcanzar un último grado de realidad. Los artistas suelen hablar de ellos con cierta nostalgia y, así, Ingres nunca se desprendió de un pequeño y maravilloso apunte tomado de su esposa encinta, cuando esperaba un hijo que no llegó a nacer. El dibujo le consolaba de su pérdida, ya que preservó la memoria de un futuro incumplido pero, no por ello, menos valioso y soñado.

El sentido renovador de la escultura de Julio López Hernández es una cuestión que hoy está fuera de toda duda. Pues bien, en su obra los dibujos constituyen el fundamento en el que se asientan los principios renovadores de su escultura.

La idea de realizar una exposición de dibujos de un escultor acredita una valoración nueva de los diseños para un artista no dedicado de forma exclusiva a esta especialidad. Poner al alcance la trama y la urdimbre de la realización de la escultura revela la forma y capacidad de acometer el acto primario de la creación.

En efecto, en los dibujos de Julio López Hernández está el inicio y la base de la que partió para la realización de muchas de sus esculturas. Pero también existen muchos dibujos que no fueron después trasladados a esculturas. Son esculturas subyacentes, esculturas durmientes, esperando que el artista decida convertirlas en el cuerpo físico de una escultura. O, si no lo hace, dejarlos para siempre como dibujos que fueron pensados para esculturas, como ideas que podían haber dado lugar al nacimiento de una obra.

En la exposición se propone una experiencia de regreso, un desandar el camino de la obra a la idea, a través de las huellas que Julio López Hernández dejó en sus dibujos, para que pueda comprenderse mejor el curso de su pensamiento creativo.


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Catálogo en PDF


Fuente: realacademiabellasartessanfernando.com


j.luis [ Martes, 02 Febrero 2016, 13:11 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Julio López Hernández: «El realismo está hoy tan vigente como la abstracción»

El escultor madrileño centra una retrospectiva de sus esculturas y dibujos en la Academia de Bellas Artes, de la que es miembro desde 1986



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Julio López Hernández, el 8 de enero de 2016, en la Academia de Bellas Artes con algunas de sus obras durante el montaje de la muestra.

Para Julio López Hernández (Madrid, 1930), la retrospectiva que le dedica, del próximo día 15 al 6 de marzo, la Academia de Bellas Artes en colaboración con la Fundación Banco Santander, tiene mucho de sentimental. Está comisariada por su hija Marcela, a la que de pequeña le daba un sabio consejo:«Dibuja a todas horas. ¡Dibújalo todo!» Entre sus últimas piezas incluidas en la exposición se halla una koré en la que retrata a su esposa, la también artista Esperanza Parada, fallecida en 2011. Y, además, le emociona mucho regresar al lugar donde hace 67 años un joven con madera de artista se presentaba para hacer el examen de ingreso en la Escuela de Bellas Artes. Recuerda que tuvo que hacer un dibujo a carboncillo de una estatua griega. No le fue nada mal. Casi siete décadas después, 90 de sus dibujos se exhibirán junto a 31 esculturas y 16 medallas en aquel mismo lugar (el número 13 de la calle Alcalá), hoy sede de la Academia de Bellas Artes, de la que es miembro desde 1986.

A punto de cumplir 86 años, va a inaugurar dos exposiciones en Madrid y publicará un libro

En febrero cumplirá 86 años. A una edad en la que el común de los mortales disfruta de la jubilación, él sigue trabajando incansable e inaugura 2016 con dos exposiciones en Madrid: es uno de los protagonistas de la muestra que el Museo Thyssen dedicará al realismo madrileño. Pero eso será en febrero. Antes expondrá en solitario en la Academia de Bellas Artes bajo el título «Camino inverso». «Se llama así porque trata de desandar el camino de la escultura a la idea, al dibujo previo. Mis esculturas se reencuentran y dialogan con los dibujos que las originaron. Yo hago dibujos muy acabados, que no son bocetos, y de grandes dimensiones. Son la esencia de la creación de un escultor». Al quedarse viudo empezó también a escribir. Publicará, coincidiendo con la muestra, un libro, «Notas a pie de obra», en el que hace comentarios sobre «la médula de mis creaciones». No faltarán en la exposición algunas de sus piezas más conocidas, como «El pintor del Prado» o los homenajes a Lorca que lucen en la madrileña Plaza de Santa Ana y el Teatro Español. Ha hecho un nuevo tributo al poeta, «Víznar».

Se lamenta de que se ha establecido una especie de rutina: reconociendo a su gran amigo Antonio López, cabeza visible del grupo realista, «nos reconocen a todos los demás, que somos unos parias. En el arte abstracto las personalidades se marcan más que en el realismo, donde parece que todos somos lo mismo. Y somos tan diferentes como pueden serlo los abstractos. A Feito nadie lo compara con Saura ni con Palazuelo. En la figuración parece que se diluyen las personalidades. Pero hay diferencias muy claras. Yo no soy un realista nato, me meto más en el terreno simbólico, poético». ¿Se ha arrinconado al realismo en el arte contemporáneo? «No. El realismo está hoy tan vigente como la abstracción. Algunos de los movimientos más actuales (las perfomances, las instalaciones) casi necesitan el lenguaje identificable del realismo: la figuración. Aunque hubo un tiempo en que fue apabullado por la exuberancia y sublimidad de lo abstracto».


abc.es


j.luis [ Martes, 26 Abril 2016, 08:57 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Goya, ¿pionero del movimiento antitaurino?

Una exposición relaciona la serie 'La Tauromaquia' del pintor aragonés con obras animalistas



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Estampa de la serie 'Tauromaquia'. Grabado de Goya, en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid.

Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746- Burdeos, 1828) publicó su célebre serie de La Tauromaquia hacia 1816. Es una cruda visión del toreo que resultó ser un fracaso comercial. Casi al final de su vida, el artista añadió cuatro estampas a la serie con una iconografía similar a la de Los Desastres de la Guerra, con una visión muy alejada del disfrute de la fiesta. Los toros, erguidos y esbeltos, aparecen rodeados de gentes embozadas o rostros emborronados que más que contemplar un espectáculo parecen rodear una fosa común, muy distinto a lo que durante mucho tiempo se ha manejado del trabajo de Goya y que ha dado pie a una exposición en la que se valora su defensa del toro y se le presenta como un pionero del animalismo.

La exposición, que se podrá ver hasta el 20 de mayo, tiene como escenario uno de los templos de la obra goyesca: la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y bajo el título Otras tauromaquias, su famosa serie se expone junto a la de una veintena de dibujantes y artistas como El Roto, Forges, Marina Vargas, Santiago Talavera, María del Barro, Niño de Elche y Chus Gutiérrez, Elena Fernández Prada, Eider Agüero, Ruth Montiel Arias, Gladiadores por la Paz, Jon Amad, María Cañas, José Antonio Reyes, Miguel Ángel Rolland y Kike Carbajal, Paco Catalán, Tras los Muros, Eva Máñez, Lino Lago, Malagón o Miguel Scheroff.

Integrada dentro de la programación de Madrid, Capital Animal (plataforma de gestión de proyectos de arte, cultura y pensamiento centrados en la defensa de todos los animales), la exposición está comisariada por Rafael Doctor y se plantea como una rotunda protesta contra la fiesta de los toros. “Se ha utilizado hasta la saciedad la obra de Goya a favor de las corridas de los toros. Pero hay otras lecturas que una institución como la Academia ha tenido la valentía de dar cabida”, explicó Doctor, rodeado de casi todos los artistas que participan en el proyecto. “Sabemos que, en origen, la serie fue un gran fracaso desde el punto de vista comercial porque la gente estaba acostumbrada a estampas más dulces, y lo que se ve en esos grabados es sin duda dolor, espanto, sufrimiento por una condición humana que le atormentó hasta el final de sus días”.

Doctor reivindicó a Goya como un gran avanzado y se declaró convencido de que, si viviera en la época actual, sería muy crítico con la tauromaquia, como lo fue contra todas las miserias que tuvo que vivir en un mundo que se le escapaba.


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Un hombre fotografía una obra de Manuel León, de la exposición 'Otras tauromaquias'. / CARLOS ROSILLO

Juan Bordes, académico delegado de la Calcografía Nacional, reconoció que las interpretaciones o lecturas sobre la serie de la Tauromaquia pueden ser diferentes, pero que hasta el momento solo se ha dado una que él cree errónea. El experto está convencido de que es estos grabados y, en especial en los últimos realizados en Burdeos, no hay ninguna sobre su rechazo frontal a la fiesta de los toros. "No hay más que ver la belleza con la que dibuja al animal y el entorno oscuro que le rodea para entender cuál era su pensamiento".

Reconoce Bordes que pueden surgir críticas a la exposición por parte de quienes mantienen viejas lecturas, pero responde que la Academia es un organismo vivo, abierto a los debates. El académico añade que en 2008 se hizo una exposición similar con Los Desastres de la Guerra porque “nos molestaba la utilización que se hacía de esa obra dándole “un significado patriótico exclusivamente cuando sus acusaciones se dirigían tanto a franceses como españoles, en un discurso mucho más complejo, mucho más universal contra la guerra”.

La exposición mezcla fotografía con dibujo, instalación o vídeo y confine una fuerte presencia de ilustradores. En palabras de Doctor, son una auténtica avanzadilla de los movimientos más respetuosos con la de todos los seres vivos.

Junto al dintel de la puerta, el visitante es invitado a una acción promovida por la asociación Gladiadores por la Paz en la que se pide un libro para conseguir 629 ejemplares y enviarlos al pueblo de Tordesillas. Cada libro representa el millón de euros con los que, según aseguran, las administraciones públicas financian la tauromaquia en España.

Ya dentro, la muestra arranca con los cuatro grabados realizados por Goya en Burdeos y expuestos por primera vez dentro de las paredes de la Calcografía. Junto a las contundentes ilustraciones de El Roto o Forges, las piezas se suceden reclamando respeto por los toros, “esos rumiantes —dice Doctor— que podrían pasar su vida tranquilos en el campo pero que son torturados a centenares en las plazas de toros”.

Una de las piezas más espectaculares se titula Cante a Fadjen, un vídeo de 11 minutos firmado por la cineasta Chus Gutiérrez en el que el cantaor Niño de Elche canta con su bellísima voz al toro Fadjen para pedirle perdón por la tauromaquia. En la película se les ve a ambos en el campo, cara a cara, conociéndose, mirándose, oliéndose o lamiéndose. Explica Doctor que el cantaor representa a todas las personas que defienden a los toros y a los activistas contra la tauromaquia. El toro, aquí liberado de su fatal destino en el ruedo, es el representante “de los miles de animales de su especie que cada año son torturados y asesinados en todo tipo de espectáculos y festejos”.

Otra de las piezas más sorprendentes es una instalación firmada por Ruth Montiel Arias. En ella vemos un cartel de la película Blancanieves, de Pablo Berger, y en el suelo una lápida con los nombres de los nueve toros que, según la artista, fueron sacrificados durante el rodaje de la película. “Se puede rodar sin hacer daño real a ningún animal”, explica Montiel. “Nosotros hemos denunciado a la productora y aquí adjuntamos los documentos del sumario”.

Ya al final, junto a la gran sala donde se exponen las estampas de la Tauromaquia, un vídeo de José Antonio Reyes produce cierto sosiego. Se titula Un proyecto para Cataluña y en las imágenes vemos escenas de una corrida tradicional en la que la imagen del toro ha sido suprimida; un final que los promotores de la exposición esperan que se produzca cuanto antes en la vida real.



'Otras tauromaquias', una exposición animalista


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Un momento de la visita la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Obra de la fotógrafa Eva Máñez, en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando.


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El comisario de la exposición Rafael Doctor explica una obra de la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Una obra de Santiago Talavera en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid.


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Dos personas observan una obra de la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Obra de Malagón, en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid.


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Una obra de la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Obra de El Roto, en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid.


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Varias personas en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid. / CARLOS ROSILLO


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Obra de Manuel León en la exposición 'Otras tauromaquias', en la Real Academia de San Fernando, en Madrid.



elpais.com


j.luis [ Jueves, 12 Mayo 2016, 10:02 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Exposición organizada por la Fundación Mapfre, titulada; I segni nel tempom, se puede ver en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta 24 de julio de 2016.


El ADN del arte español estaba oculto en los Uffizi

Madrid acoge el resultado de un estudio sobre los dibujos del museo florentino



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Fragmento de Estudios de siete cabezas femeninas (1659-1660), de Antonio del Castillo. / Cristian Ceccanti - EL PAÍS

Entre borrones y rasguños, los dibujos cuentan las dudas, los empecinamientos, las puertas de entrada y los callejones sin salida de su proceso de creación. Y no solo dejaron sus huellas sobre ellos los artistas, que los tomaron como germen de algo posterior o sencillamente como lugar de ensayo. También cargan en muchas ocasiones los trazos de los coleccionistas que los atesoraron durante siglos. El conjunto construye un complejo ADN cuyo estudio ha permitido la reconstrucción, por vez primera de la historia, del dibujo español de los siglos XVI al XVIII con 129 obras, 70 de ellas inéditas. Los fondos pertenecen a la Galería de los Uffizi. Allí estaban guardados con atribuciones y anotaciones erróneamente interpretadas. Una relectura de esas señales del tiempo, realizada por el experto Benito Navarrete a lo largo de casi dos años, ha permitido reconstruir una narración que desde hoy y hasta el 24 de julio se puede ver en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Titulada I segni nel tempo, la exposición es una oportunidad única de ver reunidas unas obras cuya fragilidad hace que raramente salgan de los archivos del museo florentino. La muestra, organizada por la Fundación Mapfre, se acompaña de una extensa publicación financiada por Ayuda García Viñolas, en la que cada dibujo se reproduce junto a su historia, la técnica con la que fue realizado y la obra de arte que acabó siendo: óleos, retablos, molduras o tapices. Entre los artistas incluidos se encuentran herederos de la maniera italiana como Alonso Berruguete, Gaspar Becerra o Luis de Vargas, o los más prolíficos dibujantes del Siglo de Oro: José de Ribera, Alonso Cano, Francisco de Herrera el Mozo, Antonio del Castillo, Vicente Carducho, Juan Carreño, Francisco Rizi o Claudio Coello, para culminar en la obra de Miguel Jacinto Meléndez.

Benito Navarrete, profesor de la Universidad de Alcalá y experto en pintura y dibujos españoles del Siglo de Oro, explica que el origen de la investigación se remonta en realidad a una exposición que su gran amigo y maestro Alfonso Pérez Sánchez, director del Prado entre 1983 y 1991, realizó en 1971. Fue entonces la primera vez que se trazaron las líneas para el estudio del dibujo madrileño y andaluz.

Navarrete estudió más de 40.000 piezas de las muchas que atesora la Galería de los Uffizi y descubrió que el conjunto tenía patrones que permitían reconstruir su origen por pequeñas pero determinantes señales incluidas en los papeles. “Ante mí, tenía la posibilidad de descubrir el mundo íntimo y secreto de cada obra”, cuenta el experto. Con esas señales y su conocimiento del tema pudo demostrar que muchos de los dibujos guardados como de autores alemanes, franceses o italianos eran en realidad españoles. Una primera parte de este conjunto había sido comprada por un comerciante florentino, Giovanni Filippo Michelozzi. De ahí, pasaron al museo florentino. El otro bloque, 12.704 papeles en total, se lo quedó el escultor Emilio Santarelli, quien también los donó a la institución.

“Históricamente”, explica Navarrete, “han estado divididos. Nada menos que un 20% de los que se tenían por italianos eran españoles”.

El carácter de documento personal y privado del dibujo implicaba que los artistas no se desprendían de tan personales apuntes. Si en estos papeles había ideas que no servían para el proyecto que tenían en marcha, podían ser de utilidad para el futuro. “Estamos hablando de artistas ya valorados en el mercado del momento y celosos de sus proyectos, exactamente igual que ocurre ahora”, reflexiona Navarrete. Algunos querían conocer las carpetas secretas de los otros, pero raras veces se compartían.

En la búsqueda de esas pruebas de talento participaron pronto los coleccionistas más finos, conscientes de que aunque las obras de arte definitivas son joyas más acabadas, los dibujos ofrecen valiosas pistas sobre el talento de sus autores.


Ángeles García / elpais.com


j.luis [ Jueves, 12 Mayo 2016, 12:10 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
'I segni nel tempo' de dibujos españoles de las Gallerie degli Uffizi

Se pueden ver hasta 24 de julio de 2016 en la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando


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La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Fundación MAPFRE y el Gabinetto Disegni e Stampe de las Gallerie degli Uffizi organizan conjuntamente la exposición 'I segni nel tempo', que reúne un importante número de dibujos españoles de las Gallerie degli Uffizi.

Esta muestra es el resultado de un proyecto de investigación que ha permitido profundizar en el conocimiento de la colección de dibujos de los Uffizi y descubrir muchas autorías, desconocidas hasta ahora. El origen de la colección se encuentra en los dibujos reunidos en Madrid por el comerciante florentino Giovanni Filippo Michelozzi como consecuencia de una estancia en torno a 1745-1746, que refleja un temprano gusto y aprecio de los coleccionistas italianos por el dibujo español.


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La exposición estará disponible hasta el 24 de julio de 2016. El precio de las entradas es de 3 euros.


madridiario.es


j.luis [ Martes, 17 Mayo 2016, 12:23 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Dibujos en de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Los trazos reencontrados

La exposición 'I segni nel tempo. Dibujos españoles de los Uffizi' reúne una impresionante colección de dibujos españoles del Siglo de Oro

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acoge esta muestra hasta el 24 de julio




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Como un Iradier de los trazos, sombras y esfumetos, Benito Navarrete Prieto, investigador de la Universidad Alcalá considerado uno de los mayores expertos del dibujo español, ha explorado a lo largo de dos años la jungla de ilustraciones perdidas en la Gallerie degli Uffizi. El resultado es la magnífica exposición I segni nel tempo. Dibujos españoles de los Uffizi, organizada conjuntamente por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Fundación Mapfre con la colaboración del museo florentino.

Enfrentado al reto de desvelar algunos enigmas de tan magno conjunto gráfico, como comisario de la muestra, el experto madrileño se ha estrujado las meningues en busca de las pistas de un trazo perdido, el perfil difuminado en la memoria o aquella composición vista hace tiempo. "La colección de dibujos españoles de la Gallerie degli Uffizi es la más importante del mundo, pero estaba poco explorada", reconoció ayer en la presentación.

Hecha la luz sobre todas las piezas, Navarrete las ha recolocado en el lugar que les corresponde en la historia. "Hemos revisado más de 40.000 dibujos y la totalidad del archivo fotográfico de la institución", ha señalado ha propósito de su encomiable labor, cuyo resultado es una muestra doblemente magnífica. En primer lugar por la importancia y volumen de la obra que se expone, mucha nunca antes vista en España. En segundo, por una nueva catalogación que aporta luz a la historia del Arte español entre los siglos XVI a XVIII. La exposición presume del más que notable mérito de desvelar más de setenta nuevas autorías de dibujos, hasta ahora mal catalogados o atribuidos de manera errónea a otros autores.


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Dibujos en de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Colección de dibujos extraordinarios

Se considera que la colección de dibujos españoles de la Gallerie degli Uffizi es la más importante de todas las que existen fuera de nuestro país, incluyendo las del Louvre, The British Museum y el Metropolitan Museum. Su origen está en los dibujos reunidos en Madrid por el comerciante florentino Giovanni Filippo Michelozzi quien vivió, y los adquirió, en la capital de España en la mitad del siglo XVIII. Parte de ellos fueron comprados por la Real Galería de Florencia a finales de aquella centuria, mientras que el resto forma parte del enorme legado, compuesto por 12.704 dibujos, del escultor Emilio Santarelli legado a la institución florentina en 1866.

Un total de 129 de estos dibujos se muestra en la exposición que cuelga en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su conjunto constituye un magno periplo a través de los trazos de los mejores lápices y carboncillos que mancharon el papel en la España de los siglos XVI al XVIII. Alonso Berruguete, Luis de Vargas, José de Ribera, Alonso Cano, Francisco de Herrera, Vicente Carducho, Juan Carreño, Gaspar Becerra, Francisco Rizzi, Claudio Coello y Antonio del Castillo son algunos de aquellos primeros espadas.

Entre las nuevas autorías merece citarse un importante hallazgo del valenciano Juan de Juanes. Se trata del boceto del lienzo perdido Cristo muerto sostenido por ángeles, una de cuyas copias realizada por Francisco Ribalta, se conserva en el Museo del Prado. "Estaba entre los dibujos anónimos de artistas alemanes, pero al ver ambas obras juntas es difícil negar su autoría", señala el experto.

El encuentro con obras de Alonso de Berruguete, camufladas entre las atribuidas a Domenico Beccafumi, o de Francisco Pacheco, suegro y maestro de Velázquez, cuyos dibujos estaban mezclados con obras de Barocci y Frans Floris, son ejemplos singulares de la agotadora búsqueda que ha precedido a esta exposición.

Bocetos de Alonso Cano localizados en cartas del artista; tres dibujos de Jacinto Meléndez, los primeros retratos hechos a Felipe V y que permanecían mal ubicados entre dibujos franceses, y las nuevas obras que incrementan el catálogo de Alonso de Berruguete y muestran la génesis de alguna de sus creaciones, son otras deslumbrantes sorpresas de la muestra.


elmundo.es


j.luis [ Miércoles, 23 Noviembre 2016, 13:31 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Museo como máquina de exponer y de divulgar

Especialistas de todo el mundo se reúnen en Madrid para reflexionar sobre museología y museografía



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Una de las mesas del Congreso Internacional Museográfico en la Real Academia de San Fernando. / Kike Para

En un periódico no debería tener hueco la elucubración y, en muchas ocasiones, las predicciones lo son. Pero si lo predicho se cumple hay que contarlo y este martes, en el marco del Congreso Internacional de Museografía que se celebra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) desde el lunes, se han corroborado dos asuntos de los que se lleva hablando mucho tiempo. Por un lado, la ubicuidad del arte que anunció Paul Valéry (1871-1945) diciendo: “El arte llegará hasta nosotros a través de un flujo permanente de imágenes auditivas y visuales que podremos convocar o hacer desaparecer a un gesto mínimo”. Ya no hay que ir a buscarlo, sale a la calle, se lleva encima, en esa ventana al mundo que puede ser el móvil. Y por otro lado, la Conferencia de Museos de 1934 que se recuerda y homenajea estos días en Madrid.

Dos simposios separados por más de ochenta años, ocho décadas en las que se habrán celebrado infinidad de actos similares y con temas comunes: arquitectura, iluminación natural y/o artificial, salas de exposición y su mantenimiento, distintas maneras de presentar las colecciones, organización de almacenes, particularidades de los fondos escultóricos o numismáticos, conservación de las piezas. Estos asuntos sobre los que se reflexiona y se avanza hoy, ya lo fueron en la Conferencia celebrada en 1934, durante ese periodo de efervescencia que fue la Segunda República, cuando se tenía la intención de organizar una enseñanza nueva y acercar los tesoros culturales.

El Museo ambulante de las misiones pedagógicas fue una de las herramientas que se utilizó para acercar al pueblo las obras de arte a las que no tenían acceso. Impulsado por Manuel Bartolomé Cossío, director del Museo Pedagógico Nacional, se hicieron copias de distintas obras del patrimonio y desde 1932 visitó más de cien pueblos de toda la geografía española. Un programa con claras similitudes a El Prado itinerante y que hacía partícipe en algunos de sus aspectos al municipio que lo alojaba, como en la decisión del lugar donde se mostrarían las obras o la ayuda al montaje y al desmontaje.


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Foto de archivo del Congreso Internacional de Museografía: la Conferencia de Museos de 1934.

El público comienza a tener importancia en el mundo de los museos a principios del siglo XX, pero nunca ha jugado el papel protagonista que ejerce en la actualidad —compartido con las obras—. Tampoco se han tenido las herramientas con las que se trabaja hoy. Así, en una de las mesas redondas organizadas en las jornadas, han tomado la voz los medios de comunicación, en tanto que son, de manera tradicional, los intermediarios entre las colecciones y el público. Pero en este aspecto sí que hay diferencia entre las conferencias de 1934, que se conocen y están totalmente documentadas en los diarios de la época: El Sol, ABC, El Heraldo de Madrid, La Vanguardia, La Voz, La Libertad.

Ahora el público tiene muchas maneras de acceder a los museos, que ya llegan a cualquier parte del mundo en la que haya conexión a Internet y, sin embargo, ¿qué tienen que hacer para ocupar un lugar tan preeminente en un periódico como es la portada?, preguntaba Iker Seisdedos, redactor jefe de la sección de Cultura de EL PAÍS. El periodista ha explicado algunos de los motivos por los que esto podría ocurrir: inauguraciones, escándalos —tanto de personal como con los fondos—, censura —que se retire alguna obra de una muestra—, nuevas exposiciones, los números de visitantes... El Guernica, que es un motivo por sí solo, y todo lo que le ocurra o le rodee es susceptible de ser noticiable. A esto, Teresa Sesé, periodista de La Vanguardia, ha unido “los artistas imán” entre los que ha nombrado a Picasso, Renoir, Dalí... Ella aboga por fijarse en lo que se sale de los blockbuster. “Las mejores historias nunca llegan en una nota de prensa de un museo”, pero para buscarlas hay que “tener tiempo para perder el tiempo encontrándolas”, ardua tarea.

La pugna entre medios tradicionales y redes sociales también ha tenido su hueco. Quizá en esto se diferencie estas jornadas de las de 1934, porque en otros asuntos como conseguir que un edificio histórico conviva en sintonía con una colección o cómo lograr la mejor iluminación manteniendo la perfecta conservación de los fondos, no hay enormes diferencias, solo las que da la tecnología. Mientras, queda la esperanza de que una sociedad cada vez más preparada tenga mayor interés por los museos. Y que para disfrutar de las colecciones y de los pequeños detalles que no abren telediarios, ni secciones de cultura en los periódicos, basta con encontrarse La primavera de Arcimboldo, como les ha ocurrido a los asistentes al congreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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j.luis [ Martes, 21 Febrero 2017, 17:25 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Eduardo Costantini: “La culminación del coleccionismo es la donación”

El fundador del Malba inaugura una muestra en Madrid con obras de su propiedad



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Eduardo Constantini, fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, posa en la Real Academía de San Fernando ante 'Baile en Tehuantepec' de Diego Rivera. / Kike para EL PAÍS

Gracias a la generosidad de Eduardo Costantini (Buenos Aires, 1946), Buenos Aires disfruta del mejor museo de arte latinoamericano del mundo. El Malba se creó en 2001 gracias a la donación de 200 obras procedentes de su colección. Por eso, no es de extrañar que considere que “la culminación del coleccionismo es la donación”. “No entiendo que el fin de coleccionar sea acumular para guardar en almacenes o pasillos. Soy de los que cree que el público, el máximo posible, tiene que disfrutar de la obra de los artistas. La sociedad tiene derecho a aprender y a disfrutar”.

En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se inaugura hoy, coincidiendo con el protagonismo de Argentina en Arco, una exposición con 13 obras de la colección personal de este empresario. Elegidas por la académica y crítica Estrella de Diego, la muestra incluye a algunos de los artistas más representativos de la colección, de Lucio Fontana a León Ferrari, Xul Solar, Víctor Grippo, Lidy Prati, Yente y las fotógrafas alemanas Grete Stern o Annemarie Heinrich.

En la exposición queda demostrado que Costantini es un coleccionista con alma de cazador. Es capaz de esperar años con su elegante silencio hasta que la pieza esté en su punto de mira para lanzarse a por ella. En la Academia se materializó ayer un sueño que perseguía desde 1995: encontrarse con el Baile en Tehuantepec (1928), una de las obras más imponentes de Diego Rivera que consiguió adquirir hace un año pero que no había disfrutado hasta ayer por el largo proceso de adquisición. La compra constituyó un récord para el arte latinoamericano, 14,8 millones de euros. En Buenos Aires, el rivera formará parte de su colección personal de más de 600 obras que atesora, aparte de las del Malba, museo en el que luce Autorretrato con loro y chango de Frida Kahlo, que el financiero sí pudo adquirir por 2,8 millones de euros en la subasta de 1995.

Sobre el destino de ese conjunto de más de 600 obras (muchas se han mostrado temporalmente en el Malba), explica: “No puedo predecir cual será el destino de estas pues tengo siete hijos. Eso sí, hay una parte que es de mi libre disposición con la que exclusivamente yo puedo decidir”, explica antes de añadir que, como visitante habitual de Arco, advierte que está dispuesto a comprar.


El reencuentro con Diego Rivera

El empresario argentino Eduardo Constantini es un coleccionista con alma de cazador. Es capaz de esperar años con su elegante silencio hasta que la pieza esté en su punto de mira para lanzarse a por ella. Ayer, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, escenificó un sueño que perseguía desde 1995: encontrarse con el Baile en Tehuantepec (1928), una de las obras más imponentes de Diego Rivera que consiguió adquirir hace un año pero con la que no se había reencontrado hasta ayer. La compra constituyó un récord para el arte Latinoamericano, 15,7 millones de dólares, no demasiado si se compara con la emoción que ayer embargaba al coleccionista. En Buenos Aires, el Rivera formará parte de la colección personal de más de 600 obras de Constantini, pero estará cerca del MALBA de cuyos fondos forma parte el Autorretrato con loro y chango de Frida Kahlo que el financiero sí pudo adquirir por 3 millones de dólares en la subasta de 1995.

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j.luis [ Lunes, 06 Marzo 2017, 17:45 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Con sabor a Roma

Una exposición en Madrid muestra las creaciones de 24 artistas becados en la Academia de España en la capital italiana



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'Montorio', pieza de Juan Zamora expuesta en la muestra 'Hecho en Roma'.

Roma es esa ciudad en la que el tiempo se para y avanza a la vez. Se detuvo en los primeros siglos de nuestra era, luego en el Renacimiento, en el Barroco... y transcurre cada día en el barullo de sus calles. Se frenaron las vidas de los 24 becarios de la Academia de España en Roma durante los nueve meses del curso 2015-2016 que disfrutaron su estancia allí y, simultáneamente, su actividad creativa se aceleró. Fruto de esto surge Hecho en Roma, la exposición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) que, hasta el 2 de abril, muestra algunos de los trabajos que realizaron estos artistas en ese privilegiado lugar que es San Pietro in Montorio con el templete de Bramante como elemento único.

El peso de la arquitectura en la residencia, de alguna manera, también se ha trasladado al diseño expositivo y ha marcado el discurso de la exposición, ya que su comisario, el arquitecto Manuel Blanco Lage, ha querido acordarse de Brunelleschi, jugando con los módulos y las retículas. Prueba de ello es la contraposición o conjunción -depende de cómo se mire- de algunas obras, como las de Jorge Conde que muestra una serie de seis fotografías en las que se ve cómo algunos mendigos de la ciudad han hecho de las arcadas del acueducto Acqua Felice su hogar. A los restos de la Roma clásica le dan vida y sigue dando vida, sobre todo cobijo. En frente, como si la sala de la Calcografía Nacional fuera una basílica de una nave y estas obras marcaran el transepto, una suerte de políptico de vídeos: entrevistas con los directores o responsables de los centros y museos de arte contemporáneo, instituciones poco frecuentes hasta hace unos veinte años en Italia.

Una doble mirada, hacia el pasado y hacia el futuro, un tránsito, que se vuelve a materializar en la cabeza de Jano bifronte que Juan Zamora usa para su altar-instalación, Montorio, en la que rodea a este dios de pequeños objetos biodegradables: palitos, piedras, hojas secas, algún fruto seco y conchas... encontrados en los alrededores de su residencia, en la colina de Gianicolo. Y es que Roma ofrece lo que los becados de cualquier disciplina demandan: constantes estímulos para los sentidos tanto de la ciudad, como de los compañeros con los que conviven y la beca les proporciona tiempo para pensar, construir, equivocarse, reformular los proyectos presentados y, sobre todo, para trabajar. Dos de ellos, la escultora Clara Montoya y el poeta Andrés Catalán, coinciden en la importancia de ese tiempo, como oportunidad solo para crear. "Saber que tienes nueve meses cubiertos", señala Montoya. Catalán, que además de poeta es traductor, incide en esa idea, en la libertad que le dio saber que iba a poder escribir sin tener que traducir, que es de lo que vive.


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Fotografías de Jesús Madriñán conviviendo con las obras de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Los becarios comparten ideas, temáticas y elementos: el Tíber está presente en Eternotevere, una pieza de Juan Zamora; en Andante (Sinfonía),la creación poética de Catalán; el mármol sin cuya textura no sería la misma ciudad como se observa en las dos grandes fotografías de José Guerrero. Además, esta roca es claro testigo del paso de los siglos, lo que ha plasmado Montoya en un vídeo de 56 minutos en el que compacta una grabación de 24 horas en las canteras de Carrara. "Una de las grandes piezas de land art de la humanidad”, como las define el comisario, “y de las que ha salido media Roma”, añade. Pero no cesa ahí su trabajo con el mármol, justo en la entrada -y salida- de la muestra, hay dos cubetas con sendos experimentos. Metamorfosis son dos procesos que Montoya controla pero no decide sobre ellos, en uno se está formando una escultura de cobre y en el otro, al contrario, se está destruyendo un bloque de mármol, ella acelera la erosión con un ácido pero desconoce cómo crecerá la grieta que ya se ha formado.

La incesante construcción de Roma a lo largo de los siglos es otra de las constantes: el arquitecto Jaime J. Ferrer Forés está trabajando sobre los edificios de Luigi Moretti y Susana Arenilla, sobre los inmuebles de época fascista, intentando feminizar las grandes esculturas de cuerpos viriles símbolos de ese momento. Con la estructura de la Academia de San Fernando dialogan directamente las fotografías de Jesús Madriñán, que Blanco Lage ha querido sacar de la sala y situarlas en la escalera de la institución y en las que hablan de tú a tú con el resto de las obras que están siempre en este espacio.

El futuro no ha hecho más que empezar para estos artistas, también para los actuales becarios que duermen vigilados por el templete de Bramante y para los futuros ganadores de esta oportunidad, cuyo plazo de solicitud de estancia para el próximo curso ya está abierto. Tres momentos de futuro y de presente romano.


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j.luis [ Martes, 04 Septiembre 2018, 10:23 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Ayuntamiento y Canalejas no ven relación entre las obras y los daños en el Museo de Bellas Artes

El Consistorio envió el lunes una inspección para comprobar los daños denunciados por la institución cultural



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Fachada de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que da a las obras en la calle de Alcalá.

El Museo de Bellas Artes sufre. La institución (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), fundada en el siglo XVIII y ubicada en pleno centro de Madrid (al lado de la Puerta del Sol), lleva varios años rodeada de obras: primero fue el complejo Canalejas, que estará terminado el próximo verano; siguieron las mejoras de la línea 2 de Metro, que se encuentran en plena ejecución. Tras pasar el mes de agosto de vacaciones, la institución reabría al público el sábado. Los responsables de la misma se acercaron un día antes de la apertura para preparar el museo: descubrieron que el polvo cubría varias obras, también que algunas esculturas estaban dañadas y que una pared se había rajado. Idearon un plan de contención: descolgaron cuadros, cubrieron obras y dieron la voz de alerta.

Ayer, la sociedad Centro Canalejas Madrid, participada al 50% por OHL y Mohari Hospitality —Villar Mir participaba en el proyecto con un 38% de las acciones, pero las vendieron en agosto— emitió un comunicado: “La sociedad lleva a cabo reuniones informativas y de seguimiento periódicas con vecinos, comercios e instituciones relativas a la evolución de las obras. […] No existe, a día de hoy, ningún informe técnico que confirme la responsabilidad de los daños recogidos en las diferentes informaciones [publicadas]”.

Ante la alarma suscitada —el museo alberga obras de, entre otros ilustres nombres, Rubens, Goya, Arcimboldo o Sorolla—, el Ayuntamiento de Madrid se interesó por el asunto y quiso “dar la cara”, según dijeron en un comunicado interno. Lo hizo a través del Área de Desarrollo Sostenible, al frente de la que está José Manuel Calvo y de quien dependen los permisos de la obra. Así, el Consistorio envió ayer a la zona al director general de control de edificación, Juan Carlos Álvarez. Tras la inspección del experto, que acudió con un equipo de técnicos, se concluyó que “no hay ningún daño estructural que se pueda achacar a las obras”.

Sí que reconocieron que se perciben vibraciones —a las que la institución achaca los daños sufridos—, pero que estas no eran lo suficientemente potentes para afectar a la estructura del edificio. Con respecto a las fisuras en las obras de arte, dijeron que “bien pueden ser de una cosa, bien puede ser de otra o pueden estar ahí [desde] hace un montón de tiempo”. También lanzaron otra idea: “Se ha comprobado que los problemas se han generado por las obras vinculadas a la mejora de la línea 2 de Metro [responsabilidad de la Comunidad]”. Y concretaron que podría ser por “una zanja de esas obras”. “Este Ayuntamiento, sea o no responsable de las obras, responde a todo lo que ocurra, sea o no una falsa alarma; sea o no una obra del Consistorio, que en este caso no lo son. Canalejas es una obra privada”, argumentaban desde Desarrollo Urbano Sostenible en un comunicado.


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j.luis [ Martes, 05 Marzo 2019, 09:21 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
La Academia de Bellas Artes abre una sala de fotografía

La institución dará a conocer su colección de casi 3.000 piezas de grandes autores españoles



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'Retrato de Maruja Mallo' (1936). VICENTE MORENO

La pintora surrealista Maruja Mallo, en su taller rodeada de sus cuadros, retratada por Vicente Moreno en 1936; un boxeador en sombra, recuperando el aliento en su esquina del ring, una toma de Ramón Masats en blanco y negro para el libro Neutral Corner (1962), o los volúmenes de las casas modestas de La Chanca (Almería), retratadas en color por Carlos Pérez Siquier en 1965… son tres grandes fotografías de la veintena con las que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf) inaugura este martes, 5 de marzo, su primera sala dedicada exclusivamente al arte de la imagen. Un espacio que se renovará cada tres o cuatro meses, por motivos de conservación del papel, con copias de la creciente colección de la Academia, ahora cerca de 3.000, pero cuyo valor está, sobre todo, en el afán por reunir una liga de campeones de la historia de la fotografía española. En este estreno preside la sala la imagen que tomó el galés Charles Clifford del puente acueducto de Amaniel, en Madrid, de 1856, en papel de albúmina. Alrededor de su vitrina, piezas de Cualladó, Isabel Muñoz, Chema Madoz o Castro Prieto.


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'Neutral Corner' (1962). RAMÓN MASATS

La pelea, porque ha habido que vencer reticencias internas para que la Academia posea su colección de fotografía, la inició el fallecido Alberto Schommer hace diez años. El singular retratista de personajes de la Transición era miembro, desde 1998, de esta institución, creada en 1752 para fomentar, estudiar y proteger las artes. Schommer propuso formar una “colección sistematizada de fotografía, porque las instantáneas que había entonces estaban en legajos, expedientes de obras, como la construcción del Canal de Isabel II, fotografiada por Clifford, álbumes de la escuela de arquitectura…”, explica el también académico y fotohistoriador Publio López Mondéjar.

Sin embargo, la crisis económica frenó estos planes y ha habido que esperar a tiempos mejores y al mecenazgo del coleccionista Adolfo Autric, “que ha ayudado en los momentos difíciles y ha donado imágenes”, añade López Mondéjar, que subraya “la inmensa generosidad” de los fotógrafos que inauguran la sala, en la planta tercera: “Isabel Muñoz nos ha regalado cuatro de sus platinos, todos han ofrecido sus negativos desinteresadamente y, en algunos casos, como García-Alix y Outumuro, han realizado sus propias copias”. También han sido dadivosos archivos públicos y privados, y particulares, como Laura Terré con el material de su padre, Ricard Terré.

Las fotografías que se expondrán en la sala saldrán del archivo de la casa, situado una planta más arriba. Allí resulta emocionante contemplar, despojándolas de sus fundas flexibles de acetato, obras de los mejores, copias en papel que se manejan con guantes, como el retrato de Miserachs a Dalí de 1958, con el pintor cubriéndose el ojo izquierdo con una pequeña estrella de mar; o un elegante desnudo de mujer de los años cincuenta, del húngaro nacionalizado Nicolás Muller. Se abre otro planero y aparece una imagen en sepia del francés Jean Laurent de la Ermita de San Isidro, en Madrid, donde se estableció a mediados del siglo XIX. De este pionero se conserva una maravillosa rareza: 30 negativos en cristal emulsionados al decimonónico preparado del colodión.


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La nueva sala de fotografía de la Academia de Bellas Artes. JAIME VILLANUEVA



Calotipos

En el lento proceso de recopilación hay lugar para ejemplos que, con menos valor artístico, sí lo poseen como fuente de memoria de una institución que cuenta con 44 académicos (solo cinco mujeres): las fotografías de las clases de modelado y pintura en la Academia, de mujeres jóvenes posando desnudas con las manos cruzadas en la nuca para ser dibujadas por los alumnos. Junto a estas, unos 40 calotipos (negativos en papel), un método predecesor de la fotografía moderna, usado entre 1840 y 1860.

"El propósito es cubrir las distintas etapas, que estén representados los maestros de la placa de cristal como Marín, Alfonso o Escobar, hay adquisiciones de los miembros de la Escuela de Barcelona y de la de Madrid, como Català-Roca, Maspons… continúa con autores como Cristina García Rodero, Juan Manuel Díaz Burgos, Miguel Trillo, Marisa Flórez o Chema Madoz, hasta los más jóvenes: Samuel Aranda, Paco Gómez, Sofía Moro y Cristina de Middel", añade.

También se han incorporado unos 30 documentales, 18 realizados por José Luis López Linares y López Mondéjar y el resto por distintos fotógrafos. En esa línea, se buscará que la fotografía no sea un mero objeto expositivo, sino que, a la manera que ha hecho Josefina Molina con el cine en esta institución, se celebren seminarios de formación y de historia para profesionales y aficionados. Cuando hoy se inaugure la sala, con la asistencia de algunos de los autores representados en ella, se habrá dado un paso más en la presencia de la fotografía en los museos, un proceso que, como recordaba el crítico de arte de EL PAÍS Francisco Calvo Serraller, “es homologable al de cualquier otro objeto artístico tradicional”.


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j.luis [ Martes, 05 Marzo 2019, 09:27 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
La nueva sala de fotografía de la Academia de Bellas Artes de San Fernando

El espacio supone un nuevo reconocimiento en los museos al arte de la imagen



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La conservadora del museo de la Academia de Bellas Artes Ascensión Ciruelos, manipula una copia de un retrato de Dalí (1958), obra de Miserachs. / Jaime Villanueva


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'Naturaleza muerta', otra de las imágenes para la inaugurar la sala de fotografía de la Academia. / CASTRO PRIETO


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Una de las fotografías de gran formato guardadas en el almacén de la Academia. / Jaime Villanueva


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Copia de una foto de la Ermita de San Isidro, de Laurent, tomada por el fotógrafo francés afincado en Madrid a mediados del siglo XIX. / Jaime Villanueva


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Imagen de Chema Madoz, uno de los autores representados. El objetivo de la Academia es tener representantes de todas las etapas de la fotografía española. / CHEMA MADOZ


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Ciruelos muestra 'Desnudo', del fotógrafo húngaro nacionalizado español Nicolás Muller, una fotografía realizada en los años cincuenta del pasado siglo. / Jaime Villanueva


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j.luis [ Domingo, 14 Abril 2019, 11:49 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El juego de encontrar la obra de arte latinoamericana

La Academia de Bellas Artes de San Fernando inserta en su exposición permanente piezas de la colección del empresario peruano Eduardo Hochschild



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'La caza in situ' (1976), de Beatriz González, expuesta en el museo de la Academia de Bellas Artes. COLECCIÓN HOCHSCHILD

El juego consiste en ir descubriendo obras de artistas latinoamericanos del siglo XX, en especial peruanos, entre los maestros del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf). A veces es fácil localizarlas, por el fuerte contraste con las que les flanquean, otras están más diluidas y, en algunas ocasiones, hay que prestar especial atención porque pueden pasar inadvertidas por estar entre coetáneos. Para facilitar la búsqueda a lo largo de las tres plantas del museo, se incluye un mapa del tesoro, en este caso, el folleto de la exposición En orden de aparición: arte peruano y latinoamericano de la colección Hochschild, en el que se indica dónde están cada una de las 48 piezas de la muestra, visitable hasta el 21 de abril.

El desembarco de estas obras, que se ven por primera vez en España, formó parte de la programación paralela de la última feria Arco, en la que Perú fue el país invitado. "La colección del empresario Eduardo Hochschild, con base en Lima, es la más importante de Perú de arte contemporáneo y, además, en los últimos tiempos, se ha convertido en latinoamericana”, señala la colaboradora de EL PAÍS y la catedrática de Arte Contemporáneo Estrella de Diego, comisaria de la exposición junto al poeta e historiador Luis Pérez-Oramas. El objetivo, según De Diego, “ha sido romper la mirada habitual con la que se puede visitar el museo. No se ha quitado ninguna obra de la [colección] permanente, solo se han retocado salas en algunos casos”.

Esta muestra “supone la vuelta a la Academia de artistas que la visitaron, como Diego Rivera, para dialogar con grandes maestros”. Este primer encuentro entre dos mundos llega con la obra que da título a la exposición, el óleo En orden de aparición, intento de autorretrato I (2012), de la peruana Sandra Gamarra, en la que se ve a una artista de espaldas. Flanqueada por el Cristo ante Pilatos, de Luis de Morales; y una Sagrada Familia de Juan de Juanes


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'Formas abstractas ensambladas' (1937), del uruguayo Joaquín Torres García. COLECCIÓN HOCHSCHILD

Esta clase de contraposiciones “le viene bien a colecciones clásicas, que las tambalee, en museos como este, que se visita poco”, subraya De Diego sobre la exposición permanente de la Academia de Bellas Artes, y añade otro factor que justifica esta apuesta, el histórico: “España, tradicionalmente, ha tenido a América Latina fuera de las colecciones de sus museos, así que también hay una idea de unión”. Entre los diálogos más logrados, según la comisaria, está el retrato de La india del Collao (1925), pieza indigenista del peruano José Sabogal, con su mirada inquieta, rodeada de goyas, que se cruza con un autorretrato del genio de Fuendetodos, Casa de locos o El entierro de la sardina. Otras inserciones interesantes están en las salas de retratos. Junto a un joven Godoy, de Folch de Cardona, posa sarcástico el peruano Fernando Gutiérrez junto a célebre militar de su país.

“Hay varios puntos de especial interés”, destaca De Diego, en este recorrido en el que, reconoce, hay ocasiones en las que se pueden “perder las relaciones” por transitar durante varias salas sin ver las obras latinoamericanas. Ella destaca una joya de la pintura virreinal peruana, Nuestra señora de Cocharcas, obra anónima de mediados del XVIII, ubicada entre maestros del Siglo de Oro, especialmente el Cristo en la cruz, de Alonso Cano. Otro es, en la sala de paisajes, donde irrumpe La caza in situ (1976), de la pintora colombiana Beatriz González, que combina “de forma extraordinaria” con lo que hay a su alrededor. El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, obra maestra del siglo XVII, adquiere una nueva visión junto a los objetos del colombiano Rosemberg Sandoval y el bodegón moderno del chileno Adolfo Couve. El recorrido se cierra con la témpera sobre cartón Formas abstractas ensambladas (1937), del uruguayo Joaquín Torres García, que se ve en tal armonía entre los bronces de sus coetáneos Picasso, Gargallo y Julio González, “que habría que dejarlo ahí para siempre”.


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j.luis [ Lunes, 24 Junio 2019, 08:47 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Alicia Koplowitz, reivindica su libertad y eclecticismo como coleccionista

La empresaria ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando como miembro de honor por su labor de mecenazgo



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Alicia Koplowitz, este domingo en la Academia de Bellas Artes, entre Gregorio Marañón -a la izqiuierda- y Rafael Moneo. EFE

Alicia Koplowitz sabe bien lo que es comprar una obra de arte. Por eso acudió a ese sentimiento cuando este domingo pronunció su discurso de entrada como miembro de honor en la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Lo tituló La emoción de una coleccionista y no se basó solo en ese primer flechazo que te lleva a adquirir una pintura o una escultura. También en la evidencia de que se compra como se es. Y en ese aspecto, Koplowitz se reivindicó libre, ecléctica y con una especial atención a las mujeres. “En mi colección no hay pasos ni directrices, sino la libertad en cada elección. Cada pieza irá encontrando su sitio en algo que fluye buscando un espacio abierto”, confesó. Así es como la empresaria ha ido conformando un catálogo con piezas que datan de tres siglos antes de Cristo hasta la actualidad, con obras de Zurbarán, Tiepolo, Canaletto, Goya, Picasso, Van Gogh, Schiele, Modigliani, Rothko, Ai Weiwei, Anselm Kiefer, Barceló o Chillida.

“En mi colección no hay pasos ni directrices, sino la libertad en cada elección. Cada pieza irá encontrando su sitio en algo que fluye buscando un espacio abierto”, confesó Koplowitz

Recordó la primera vez que visitó el Museo del Prado. Así comenzó el idilio, que personificó en La meninas, de Velázquez. También en Goya. De hecho, por tanto donde poder escoger, debía centrarse en un artista especial de su colección. Alguien con quien se identifica, precisamente, “por ser abogado de las mujeres”, dijo Koplowitz y del que mostró obras propias como Maja y celestina al balcón, Hércules y Onfala o La condesa-duquesa de Benavente, duquesa de Osuna.

Su discurso fue una memoria personal atada al arte. Primero como aspirante a pintora. Después, como una de las grandes coleccionistas mundiales. Comenzó hace alrededor de 30 años, fiel quizás a ese impulso que vivió esa vertiente en las España de los años ochenta, avivada por algunos presentes en el acto del domingo, como Plácido Arango. Así lo comentó Carmen Giménez en la réplica al discurso de la nueva académica, que también vio en la huella de aquella primera visita al Prado la influencia cosmopolita de la pinacoteca en su trayectoria.

La empresaria y dueña de Omega Capital ingresa en la Academia como mecenas. Según la institución, su entrada responde al perfil de las personas a las que se destina la categoría de académico honorario: “De gran reputación artística, intelectual o en el campo del mecenazgo, con una intensa y continuada acción filantrópica en los ámbitos social, médico y cultural”.

Koplowitz fue aceptada en diciembre tras ser propuesta por el arquitecto Rafael Moneo, el crítico de EL PAÍS, experto en arte y exdirector del Museo del Prado Francisco Calvo Serraller –fallecido el pasado noviembre-, Gregorio Marañón, la artista Carmen Laffón y la propia Giménez. Ella piensa acudir los lunes a cada sesión semanal. Su ingreso fue aprobado por los académicos el pasado diciembre en votación, y su prioridad será, como ha confesado a este periódico, “escuchar para aportar”.


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j.luis [ Viernes, 05 Julio 2019, 09:49 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
Los colores de Susana vuelven a seducir

El Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando presenta la restauración de una obra de Rubens



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Dos visitantes observan 'Susana y los viejos', la obra de Rubens que comenzará una segunda fase de restauración. R. G.

Que una imagen de una "violación en grupo" sea uno de los temas más representados en los siglos XVI y XVII y que hoy solo pensarlo cause repugnancia y rechazo es síntoma del paso del tiempo para bien. El concepto "violación en grupo" lo ha usado José María Luzón, director del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf) de Madrid, para explicar la historia bíblica de la casta Susana acosada por unos ancianos, tema que Rubens pintó en 1610 en una obra que cuelga del museo y del que este jueves han presentado su restauración.

El paso del tiempo siempre deja su huella, pero el estudio y la intervención sobre Susana y los viejos ha borrado parte de esa impronta para devolverle los vivos colores originales característicos del artista, se hicieron visibles detalles ocultos del ropaje de los viejos y la obra recobró la vitalidad y la agitación del momento que representa. Durante la primera fase del trabajo (entre 2016 y 2017) se limpiaron los barnices y la suciedad —que daban un tono amarillento al cuadro, “como visto a través de un cristal ámbar”, ha explicado la restauradora Silvia Viana—; se retiraron los repintes —muy visibles, sobre todo, en las uniones de cada una de las cuatro tablas horizontales que forman el soporte de la obra— y se realizaron análisis químicos de los materiales, radiografías y gammagrafías (más potentes que los rayos X, permite localizar los nudos de la madera, las microgrietas). En breve, aún no tienen fecha, pero posiblemente después del verano comenzará una segunda etapa. Todo el proceso sufragado gracias a la donación de la Fundación Callia: 10.000 euros recaudados en la gala de entrega de los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo el pasado febrero.

En esta fase, por fin, se podrá descolgar el cuadro e intervenir el reverso del soporte, comprobar que los movimientos de las tablas no se salen de lo habitual de la madera (la dilatación y contracción natural). Es un cuadro muy pesado, de un tamaño considerable (190 x 223 centímetros) y no se quería mover hasta no conocer su estado; incluso, no se prestaba para las exposiciones temporales. El trabajo anterior se realizó in situ, sobre un andamio en la sala y a la vista de los visitantes. Algunos, en ocasiones, interactuaban con las restauradoras, Judit Gasca y Silvia Viana. Ahora analizarán la estructura de madera añadida a la trasera original, el estado de los clavos y demás metales, para ver su grado de oxidación y si afecta a la pintura. El reverso de las obras da mucha información, Luzón señala que el van dyck que cuelga al lado de Susana y los viejos conserva hasta el sello de la casa de Amberes que proporcionaba las tablas.

El marco de madera, que tiene entidad de obra de arte en sí mismo, también ha sido intervenido. Todos los elementos decorativos están tallados, no son añadidos aparte. Comenta el director como anécdota el momento en que la restauradora fue a notificarle que era dorado, porque no parecía de ese color. Se ha recuperado el pan de oro (finísimas láminas de este metal noble aplicado sobre la madera). Continúan estudiándolo, tienen un posible autor aunque no lo han revelado aún. Hay uno similar en el Louvre que data de la segunda mitad del siglo XVIII.


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Detalle de la limpieza de 'Susana y los viejos', de Rubens. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En este Susana y los viejos, no es la única vez que Rubens (Siegen, Westfalia, 1577-Amberes, 1640) representa este tema, se puede ver un resumen de la primera etapa del artista: los colores y la sensualidad de la figura femenina de influencia veneciana, las huellas miguelangelescas en el cuerpo, sobre todo, en la musculatura del anciano de primer término. Tonos y manera de tratar la anatomía que vienen de su estancia en Italia pero que su genio reinterpreta, no en vano es uno de los principales artistas del Barroco. El tema, que se narra en el Libro de Daniel del Antiguo Testamento, también fue repetido y repetido por grandes maestros como Tintoretto, Guercino o Artemisa Gentileschi… Les daba la opción de demostrar su virtuosismo ya que en él cabían el tratamiento del cuerpo de hombres ancianos, la sensualidad de una joven y, además, la representación del jardín en que Susana es representada y asaltada por los hombres mientras se estaba bañando. Al rechazarles, la acusaron de adulterio y fue condenada a la lapidación porque no creyeron su versión. El joven Daniel consiguió que los ancianos dieran su versión de los hechos por separado, entonces se descubrió que mentían y la mujer quedó liberada.

Una escena bíblica que permitía la representación de un desnudo femenino: un motivo más para que este tema fuera reiteradamente pintado y por el que el de Rubens de la Rabasf tiene pintado un 92, que no salió de los pinceles del artista flamenco, sino que es un número que se le dio a principio del siglo XIX en la institución —que lo adquirió por 60.000 reales en 1778—, para indicar que debía estar en la Sala Reservada (la dedicada a los desnudos). Este 92 aunque también es un añadido, por supuesto, no se retira ya que forma parte de la historia y de los tiempos en los que ha vivido esta obra.


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Diferencia del estado dorado del marco una vez intervenido y oscuro, sin limpiar. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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j.luis [ Sábado, 06 Julio 2019, 12:01 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
LA VIDA POR AQUÍ por JUAN CRUZ


Velázquez único, academia pobre

Una institución de fondos insólitos vive en la penuria presupuestaria. Sus responsables se sublevan y lo dicen




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Paula y Antonio le dan vida al vaciado de una venus en la Academia de Bellas Artes. R.G.

Un Velázquez único refulge como una vela encendida en medio de los aguafuertes de Goya en la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Alrededor suenan las máquinas que cambian la fisonomía de los alrededores, y el clima de recogimiento que reclama este sitio que Carlos III mimó como suyo se ve asaltado por el estrépito del suelo.

Ese Velázquez sigue frágil e impertérrito. Lo pintó a lápiz el artista que inspiró a Goya, y a tantos, y ahora convive con los aguafuertes del maestro. Es uno de los tesoros públicos de esta Academia que lucha por sobrevivir en una pobreza que haría temblar a Carlos III. Es un cuadro estremecedor y mínimo, mide 188 por 116 milímetros. La cabeza del obispo Borja retratado reta desde hace siglos, y Velázquez lo dejó para que esos ojos de lápiz resistieran el tiempo. No se conoce otro Velázquez así pintado.

Hay más tesoros. Están, en el museo, los vaciados que trajo Carlos III de las ruinas de Pompeya. Ese dramatismo blanqueado por el yeso fascinó al soberano. Y como fue quien decidió excavar entre aquella devastación volcánica, él quiso tener cerca el grito salvado de las cenizas.

Junto a esas reliquias la Academia conserva un taller de vaciado que le sirve para recaudar fondos de quienes quieren que las venus o los niños o los caballos sean como esculturas nacidas en talleres tan antiguos.

Antonio Martín, que parece un vikingo en la blancura, retoca una Venus; la escayola domada devuelve también la figura de un gatito egipcio, un niño desnudo reposa a la entrada de esta catacumba blanca. Aquella escultura antigua, dice Antonio, daba empleo a ebanistas, marmolistas, broncistas. Con él está ahora, "estudiando y trabajando", Paula Alonso Elbaile, que luego le ayudará con esta Venus en trance de ser perfecta.

Más allá, en el rincón más alejado de este subsuelo, Javier Blázquez maneja las estampaciones que prolongan la luz de la que Goya hizo leyenda. Cerca, los caprichos (son 228, cuatro están en el Louvre: Ismael Fernández de la Cuesta, vicedirector-tesorero,tenía el cheque para recomprarlos, pero los franceses los declararon invendibles). Esta calcografía en la que Javier funge de factotum muestra con la técnica de siempre un lenguaje de siglos. Es un privilegio habitar entre tantos misterios.

Antes el presidente de la Academia, el arquitecto Fernando de Terán, y el vicepresidente José Luis García del Busto, musicólogo y excrítico de EL PAÍS, han hablado de las riquezas y de las penurias. “No tenemos dinero”. Les han retirado el 60% de las subvenciones. Con lo que queda, algo más de tres millones de euros, es imposible pagar el mantenimiento de un palacio del siglo XVIII convertido en museo.

Lo que se vive dentro es rico, extraordinario, pero la pobreza amenaza con oscurecer el sueño de Carlos III. La escasez de personal, el coste de la energía, el mantenimiento, obliga a cerrar a las tres. Una riqueza a media luz. ¿Qué les falta para salir de pobres? “Medio millón de euros”. El cuadro que le pintó Canogar a Felipe VI sonríe suave desde la fila de reyes quietos en la Sala de Juntas.


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Retrato de Felipe VI, 2016. Óleo sobre lienzo, 146 x 114 cm. Obra de Rafael Canogar. Donado por el autor en 2016 a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Es lamentable que el ministerio de Cultura le haya reducido la subvención anual en un 60 % el presupuesto a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


j.luis [ Sábado, 03 Agosto 2019, 16:27 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
El genio de Galileo y Pietro Tacca en la Plaza de Oriente

Felipe IV fue un desenfrenado sexual pero también un rey capaz, trabajador, pendiente de los asuntos de gobierno y protector de las artes y las letras



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Estatua ecuestre de Felipe IV en la Plaza de Oriente. KIKE PARA.

Ese señor a caballo que nos mira con chulería desde el centro de la plaza de Oriente de Madrid, dando la cara al Teatro Real y el culo a Palacio, era un bandarra. Literalmente, un “cierrabares” que se pasó el reinado donjuaneando y dedicado a coleccionar amantes (de treinta o cuarenta dicen que disfrutó) y a desparramar bastardos por la villa y corte (más de cincuenta, también dicen). Por eso, aun habiendo situado la estatua ecuestre de Felipe IV así, sin segundas intenciones, la orientación es acertadísima: de cara a su gran pasión, el espectáculo y las actrices, y dando la espalda a los asuntos de Estado.

El llamado a ser el cuarto de los Felipes vino al mundo en la noche del 8 de abril, el Viernes Santo de 1605, y decía una antigua superstición que los nacidos en tan sacrosanto día llegaban con el don de ver las aguas bajo la tierra; que eran zahoríes por naturaleza. Los ignorantes dedujeron entonces que el niño Felipín, precisamente por ser zahorí, acabaría siendo un gran rey. Pues no dedujeron tan mal, la verdad, porque vistos los estudios más recientes sobre su figura (Geoffrey Parker y Alain Hugon), Felipe IV fue un desenfrenado sexual, cierto, pero también un rey capaz, trabajador, pendiente de los asuntos de gobierno y protector de las artes y las letras.

El pintor Diego Velázquez, ese que tenemos despistado, quizás, bajo el empedrado de la plaza de Ramales, fue pintor de corte y el que recibió del rey un encargo ciertamente engorroso: el boceto de una estatua ecuestre con el caballo encabritado. No podía el rey conformarse con la imagen de su real persona subida a un penco con las cuatro patas en el suelo para asegurar la estabilidad del conjunto. O con tres pezuñas en el suelo y la cuarta elegantemente elevada. Al menos así era la estatua ecuestre que le hicieron a su antecesor y progenitor, Felipe III, esa que fotografían ahora todos los guiris en mitad de la Plaza Mayor.

Pero precisamente Felipe IV no quería una estatua como la de papá. La quería especial. Dado que el oficio artístico de Diego Velázquez era secundario, y que su puesto oficial en la corte era el de aposentador real, encargado de cuestiones logísticas, el rey le dijo algo así como…


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Copias de la cabeza del caballo de Pedro Tacca para la estatua ecuestre de Felipe IV, una de las piezas que serán exhibidas en las nuevas salas de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.

—Diego, quiero una estatua regia, más chula que la de papá, donde se me vea más machote que a papá y con un caballo encabritado. Me la haga alguien.

—Majestad —debió responder el aposentador Velázquez-, eso no se va a sostener ni en broma.

—¿Qué parte de “que me la haga alguien” no ha entendido vuesa merced? Por si no lo has pillado, Diego, yo soy el rey y tú el conseguidor. Yo pido, tú consigues.

Y lo consiguió. El proyecto que pudo diseñar Diego Velázquez sobre el papel acabó convertido en la figura que hoy vemos plantada en mitad de los jardines de la plaza después de haber pasado por distintas ubicaciones a lo largo de los últimos tres siglos y pico.

Hay que fijarse bien para comprobar que la obra es un prodigio de equilibrio. Todo el peso se aguanta sobre las dos patas traseras del caballo, aunque hay una pequeñita trampa muy bien disimulada: el final de la cola, apenas dos puntitas de las crines, también apuntalan el pesado conjunto sobre el pedestal.

La estatua la realizó en Florencia Pietro Tacca, el mismo que hizo la de papá Felipe III, pero de acuerdo a una pintura que le envió Velázquez. No estamos en condiciones de afirmar que el monumento ecuestre de Felipe IV lo acabara matando, pero algo de salud debió costarle porque fue su última obra. Trabajó en ella desde 1634 a 1640, y fue facturarla para Madrid, y cascar aquel mismo año.

Porque Velázquez tenía razón. Aquello no se iba a sostener. Un caballo de bronce sobre dos patas, por mucho que las crines hicieran las veces de muleta, y encima con un tío encima, se iba a vencer por la propia ley de la gravedad que Newton ni siquiera había descrito pero que todo el mundo sabía que estaba ahí.

Seguramente, cuando Tacca recibió la pintura que Velázquez (puede que el lienzo fuera en realidad de Rubens) con el rey y su maldito caballo encabritado, debió pensar “¡Sí, hombre! ¿Qué será lo siguiente? ¿Un caballo en el aire en plan cabriola?”. Una cosa era plasmar al rey y a su caballo encabritado sobre el lienzo y otra poner aquello en tres dimensiones.

Pero el escultor Tacca acabó aceptando el reto y buscando al mejor de los asesores, Galileo Galilei, confinado por la Inquisición en su casa de Florencia por decir que la Tierra ni se estaba quieta ni era el centro del universo. A quién se le ocurre…

Pietro Tacca le pidió al matemático que le echara un cable con los cálculos para que aquel conjunto no se desplomara de morros. Atribuyen la siguiente respuesta al mismísimo Galileo: “Necesitaréis más de ocho toneladas de bronce para vuestra obra, ya que la parte trasera ha de ser maciza. La inclinación, ángulos y cálculos para el vaciado os los haré llegar a la mayor brevedad posible”.

Y lo hizo. Y ahí sigue la estatua del ligón a caballo, tan tiesa como el primer día gracias a que de la mitad para atrás está bien rellenita para contrarrestar el peso. Eso sí, el rey quedó guaperas gracias a que desde Madrid se le envió una cabeza de Felipe IV bien moldeadita por el escultor Juan Martínez Montañés (Tacca no había visto en su vida al rey y lo mismo le quedaba chungo de facciones).

Así que tenemos que el caprichito engorroso de Felipe IV fue un trabajo en equipo entre un pintor, dos escultores y el mismísimo Galileo. Los reyes dan muchos quebraderos de cabeza y aún no está claro que compense.


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j.luis [ Lunes, 09 Diciembre 2019, 18:20 ]
Título del mensaje: Re: Real Academia De Bellas Artes De San Fernando (Madrid)
La Academia de Bellas Artes de San Fernando desafía la ortodoxia

Una nueva puesta en escena de la vasta colección de la institución, creada hace casi tres siglos, reivindica lecturas que van más allá de la cronología y la historia



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El director del museo de la RABASF, José María Luzón, muestra una de las nuevas salas.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) es hoy ortodoxa en todo menos en la ortodoxia. Quiere impugnar la fórmula tradicional de mostrar las obras de su colección, y que la Historia del Arte sea superada por las historias del arte. La venerable institución, creada en 1752 aunque su museo se inaguró oficialmente en 1986, ha decidido saltarse los manuales y los cánones cronológicos para apostar por salas temáticas, que hacen referencia a su propia historia y a su importancia en el desarrollo de la historia del arte español. José María Luzón es, además del director del museo, el académico revolucionario que, “horrorizado” con los museos de bellas artes que muestran sus contenidos por escuelas y fechas, ha ideado otra manera de llegar a un público que se resiste a descubrir esta joya en el centro de Madrid.

Luzón está reordenando, poco a poco, sin hacer ruido, las casi 600 piezas, que se exhiben actualmente en las 59 salas, para rejuvenecer una de las insituciones artísticas más antiguas de España. Como escuela de formación, la Real Academia instruía a jóvenes en dibujo, escultura y pintura y para ello empleaba tanto obras de los profesores, como cuadros procedentes de la Compañía de Jesús expulsada en 1769 y de las colecciones reales de Carlos III. La historia de la Real Academia se remonta más atrás que la del Prado, que este año ha celebrado su bicentenario, y quiere apartarse de la sombra de la pinacoteca. “No quiero poner en orden el arte. Mi criterio es diferente de la catalogación decimonónica que todavía se mantiene y que considero un error. ¿El visitante del Prado acude para que le den una clase de historia del arte? No. Aquí, tampoco”, sostiene Luzón. Tiene previsto incorporar la opción de que los visitantes escuchen, a través de sus teléfonos, música frente a ciertos cuadros, un proyecto para el que contara con la colaboración de la SGAE.


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'Apolino', del escultor José Ginés, realizado como alumno de la Academia, en 1784.

La Real Academia inaugurará en los próximos días (no hay fecha cerrada) una sala decisiva en esta nueva lectura de su colección. Está dedicada al papel de esta institución como centro de formación, con los trabajos de jóvenes artistas en formación y en su madurez.El más llamativo es una versión del Apolino de Praxíteles, de barro cocido, hecho por el escultor José Ginés (1768-1823), a los 16 años. Pero también hay ejercicios de los alumnos que han sido premiados con estancias en Roma. La idea es proponer una mirada al margen de las obras consagradas, mitificadas y canonizadas por la historia del arte tradicional.

Los académicos han decidido así sanear una colección histórica invisible hasta el momento, con piezas que jamás habrían visto la luz si no se hubiera optado por mirar de soslayo al canon. En los almacenes duermen más de 1.400 pinturas, más de 600 esculturas, unos 15.000 dibujos, decenas de miles de grabados y una valiosa colección de artes decorativas formada por tapices, platería, cerámica, porcelana, relojes y muebles. “Si no explicamos esto, desaparece. Estoy contra el popurrí de cosas. Con la idea de salas temáticas podemos explicar y contextualizar mucho más que un museo tradicional”, apunta Luzón. En la nueva puesta en escena se podrán ver casi 600 piezas en tres plantas, donde hasta los colores eléctricos de las paredes parecen distanciarse del discurso pretérito.

Puede que la historia académica, como dice Luzón, ya no interese a nadie, pero la historia de la Academia, sí. Porque aquí venían a formarse los pintores y escultores, mientras contemplaban, por ejemplo, los vaciados que trajo Velázquez de Italia. “Eso es lo más interesante de este nuevo relato”, comenta Estrella de Diego, académica y catedrática de historia del arte. “El museo de la Academia fue un lugar donde los artistas iban a aprender y a reflexionar sobre las grandes obras”, cuenta. Por eso, para el director del museo, lo importante es más el porqué de esta colección de colecciones que el qué: “Si ordenásemos las obras por escuelas seríamos raquíticos, pero presentando las piezas de esta manera temática emergen obras valiosas que si no estarían olvidadas”, reconoce.

La Academia cambiará este verano con la Fundación Beyeler de Riehen (Suiza) pinturas de Goya por Picasso, para exponer durante tres meses

La sala dedicada a Francisco de Goya es una de las que acaba de ser reformada por completo para centrarse en su papel como maestro. Fue miembro de la Academia desde 1780 y el museo conserva 13 pinturas suyas, entre las que se encuentran dos autorretratos y el retrato de la actriz La Tirana, además de la famosa escena del Carnaval, conocida como El entierro de la sardina. Luzón adelanta que la Academia ha llegado a un acuerdo con la Fundación Beyeler de Riehen (cerca de Basilea en Suiza) para intercambiar este verano pinturas de Picasso a cambio de seis goyas de la colección de la Academia. El intercambio durará tres meses, en los que Goya dejará a Picasso su sala para participar en una de las citas más importantes del mundo del arte.

La Academia pretende romper con el anacronismo de adorar al genio sin más. Más allá de la obra, hay que desarrollar el contexto en el que fue creada. Y también superar el filtro masculino. Una de las nuevas salas estará dedicada a las mujeres académicas y pintoras. Se inaugurará con una investigación y exposición temporal de Estrella de Diego sobre el medio centenar de artistas de las que tiene obra la Academia en sus almacenes. “Va a sorprender ver tanta obra de las académicas del siglo XVIII y XIX. En el XX, lamentablemente, no hubo tantas”, dice De Diego.

Lo cierto es que la Real Academia de Bellas Artes conserva un elevado número de obras de pintoras ocultas. Algunas de esas obras serán vistas por primera vez en marzo en la exposición Las invitadas, en el Museo del Prado, comisariada por Carlos G. Navarro. La Academia ha decidido acabar con la invisibilidad de las artistas y académicas. Ahora quiere hacer emerger personalidades que demuestren que la historia del arte tiene pendiente un relato por escribir y contar, en femenino plural.


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